[Fotos] De principios de agosto… todavía

Fotografía

Hoy no hay fotocomentario. Solo las fotos. Hace cinco minutos se me acaba de liar la mañana. Y probablemente también la tarde. Así que me limitaré a ir rápido y compartir algunas de las fotografías de un rollo que hice a principios del mes de agosto, y que comento en Las ISO 100 son para el verano… y más – Canon EOS 650 con Lomography Color Negative 100.

[Libro] El final del affaire – Graham Greene

Literatura

Graham Greene es un autor hasta cierto punto discutido. Por un lado, muchas de sus novelas fueron consideradas obras de entretenimiento, aventuras de viaje y espionaje que, aunque con un nivel literario superior al de otros autores del mismo género, no gozan del mismo prestigio que otras obras de más calado. Creo que un ejemplo claro de esto es The Third Man, cuya traducción al castellano leí en su momento. Pero cierto es que esta historia ha alcanzado más reconocimiento a través del guion que el propio Green escribió para el cine en una de mis películas favoritas del género negro. También leí en su momento una traducción al castellano de The Quiet American, otras de sus novelas más célebres, también llevada al cine, aunque en este caso no fue Greene quien escribió el guion.

Por otro lado, está la cuestión de sus creencias religiosas. Greene era católico, y en algunas de sus novelas, como la que hoy nos ocupa, se exploran los dilemas a los que se enfrenta el creyente de esta denominación cristiana. Por ponernos en contexto, no olvidemos que Greene era británico, y que en el Reino Unido hubo una fuerte legislación anticatólica durante siglos que sólo empezó a suavizarse hacia mitad del siglo XIX cuando se permitió el establecimiento de nuevo de diócesis católicas en el país. Curiosamente, hay varios famosos escritores británicos cuya obra siempre ha sido analizada desde la particularidad de su fe católica, como algo singular, de lo que no se suele hablar para aquellos escritores anglicanos o de otras denominaciones protestantes. He de decir que, en lo que yo conozco de la fe anglicana, sus diferencias de la católica son mucho menores de lo que nos quieren vender. Cosas que pasan.

En la novela que hoy comento, Greene nos traslada al periodo comprendido entre los años inmediatamente anteriores a la Segunda Guerra Mundial y los inmediatamente posteriores a este conflicto bélico. El narrador, en primera persona, coprotagonista de la historia, nos habla de su relación adultera con la mujer de un funcionario del gobierno, de apariencia gris, pero exitoso, que terminó bruscamente tras un bombardeo con V1 sobre Londres, y que es recordado y, hasta cierto punto, reavivado, poco después del final de la contienda.

Los protagonistas de la novela son británicos al uso de la época, alejados de la religión, más allá de los convencionalismos sociales. El narrador se declara no creyente. Y asume la misma posición en su amante y el marido de esta, con quien relaciona de forma relativamente cordial. Pero en un momento dado, aparece la sospecha de que la mujer abriga creencias religiosas, vinculadas al catolicismo, incluso con la posibilidad, ignorada incluso por ella misma, de que fuese bautizada como católica al nacer. Todo ello provocará en un momento dado dudas y arrepentimientos, a pesar de no llevar un vida «ejemplar» en lo que se refiere a su fidelidad matrimonial. El narrador no es el único amante que ha tenido, puesto que, aunque nunca ha considerado la separación de su marido por quien abriga ciertos sentimientos, este es aburrido y no la satisface en muchos aspectos.

El narrador, en primera persona como ya he dicho, no es fiable. Su visión y su versión de los hechos vienen alteradas por las emociones, que oscilan entre el amor y el odio, por la rabia de haber sido abandonado. La mujer, en una de las partes del libro, se convertirá también en narradora, también en primera persona, a través de las páginas de su diario, donde conoceremos la otra visión de los hechos. Y al final, el narrador entra en una serie de sentimientos contradictorios cuando una serie de… ¿coincidencias sorprendentes?, planteen la posibilidad de que una conversión final de la mujer a la fe católica, conlleve su intercesión por gente necesitada de ayuda. De donde viene el debate de que el libro, más allá de ese romance tormentoso que se nos cuenta, es una reflexión moral y religiosa. Me cuesta pronunciarme sobre cuál fue la intención de Greene con este libro. ¿Poner de manifiesto sus propias dudas, sus propios dilemas internos? ¿Se encontró él también en situaciones similares, entre las exigencias de la fe y las relaciones con las mujeres? No lo sé. La novela, que empecé a leer hace un año o más, y que abandoné porque en aquel momento no me llegó. Sin embargo, cuando la volvía a empezar a leer desde el principio durante mis vacaciones, me atrapó, y en dos días, no es muy larga, estaba terminada. Eso habla del interés que despertó en mi. Me parece muy interesante.

[Fotocomentario] Mi «alergia» a las fiestas populares,…

Cultura, Fotografía

… al menos las de Zaragoza, es bien conocida entre mis amistades. Cuando tenía 26 años, y ya ha pasado tiempo de eso, tuve la oportunidad de irme a Lisboa durante el «puente del Pilar», en aquellos momentos estudiaba en la Escuela Nacional de Sanidad en Madrid, y me lo pasé estupendamente. Y descubrí que no había echado de menos en absoluto las fiestas del Pilar. Pero nada. Desde entonces, sinceramente, siempre que puedo, intento estar fuera de la ciudad el mayor número posible de días durante las fiestas. Como suelo cogerme mi segunda parte de vacaciones desde finales de septiembre, no suelo tener mucho problema para ello. Este año, en San Sebastián.

Pero como los recursos no son infinitos, y hay que acomodar fechas y disponibilidades de las personas, es inevitable que algunos días de las fiestas los pase en Zaragoza. Entonces me hago el propósito de no pasar al norte de la plaza de Paraíso y voy sobreviviendo. ¿Por qué esta «alergia» a las fiestas? Os aseguro que no estoy en contra, en absoluto, de que la gente disfrute de unos días de celebración. Creo que es algo, que bien orientado, es positivo. Pero desde hace ya mucho tiempo, las fiestas en Zaragoza, y en muchos otros sitios por lo que he podido ir entendiendo, se basan en que haya mucha mucha mucha gente y mucho mucho mucho ruido en determinados lugares. En el barullo, en el bullicio. Sin muchas sutilezas. En lugar de atomizar y distribuir a la gente en actividades diversas, por toda la ciduad, para grupos interés distintos y diversificados,… ale… todos al mogollón, a lo mismo. Y soy incapaz de disfrutar de ese concepto de fiestas.

No obstante, el domingo último de las fiestas, salí a pasear con unos amigos que viven «en el exilio» desde hace 30 años. Antes venían casi siempre para estas fechas. Ahora no tanto… los padres se hacen mayores, fallecen, y cada vez quedan menos lazos con la ciudad de origen. Ley de vida, como muchos sentencian. Nos dimos una vuelta, pero a una hora temprana, y nos retiramos a tomar un aperitivo antes de que hubiese mucho follón de gente. Esas fueron todas «mis fiestas populares». Me llevé la Polaroid conmigo, como cuento en Comprender el fotómetro de la Now+ – Polaroid Now+ con Polaroid Color i-Type. Llamó la atención la «torii» en Torrero, cerca del puente de América. Yo lo conozco de toda la vida. Había, o hay, no lo sé, un gimnasio de artes marciales japonesas; judo, karate y esas cosas. Y también percibimos el anticipo del otoño, a pesar de las temperaturas, altas para la época del año.

[TV] Cosas de series; ronda de series coreanas tras las vacaciones

Televisión

No redacto una entrada dedicada a las series televisivas desde el 21 de septiembre. Casi cuatro semanas, casi un mes. Y lo que he ido viendo mientras tanto, durante las vacaciones, más los cierres de varias temporadas de series que se emiten un episodio a la semana, y han coincidido en estas últimas semanas, han hecho que se me hayan acumulado muchas. Así que comentaré más allá de las dos habituales por entrada para ir quitándome cosas de encima. Y lo haré con unas cuantas series de origen surcoreano.

Con una de las series paseando por Taiwán, y otra basada en una serie taiwanesa, elijo este no-país para ilustrar la entrada. Un paseo por Tamsui, al atardecer.

Riské Business: Taiwan es la segunda entrega del recorrido que están haciendo el cantante Sung Si-kyung y el cómico Shin Dong-yup por distintos países asiáticos, para conocer cómo se trata el sexo y el erotismo en ellos, desde el punto de vista de las relaciones interpersonales, pero también desde el punto de vista de las industrias que se basan en estas cuestiones. Hubo una primera serie dedicada a Japón, que me dejó un poco frío por la forma en que se trataban temas como la pornografía, o determinadas actividades que rozan la cuestión de la prostitución. No obstante, me animé a ver esta segunda serie dedicada a Taiwán, donde han cambiado un poquito el enfoque, dentro del mismo formato, han dado menos presencia a la industria, y han destacada más las libertades de preferencia afectiva e identidad sexual, en las que el país isleño que no es oficialmente un país anda a la cabeza en esa parte del mundo. Al fin y al cabo, no siendo un país reconocido internacionalmente, resulta ser la democracia más desarrollada de la región. Cosas que pasan en el mundo. Hemos de recordar que Corea del Sur es un país muy conservador en sus costumbres, no hay más que ver sus series de ficción, que hasta hace pocos años era un patriarcado establecido legalmente en su sistema social y político, donde hay muchos tabús todavía. Me ha gustado más que el anterior, el cambio de temas le ha sentado bien.

Neoui sigan sog-euro [너의 시간 속으로, literalmente en tu tiempo], internacionalmente, A time called you, o en castellano, Tu tiempo llama, es un drama romántico, en Netflix, versión surcoreana de una serie de gran éxito taiwanesa, que he intentado localizar, sin éxito hasta el momento. Porque hay muchas afirmaciones de que es mejor. Y el caso es que esta no está mal. Con su protagonista, Jeon Yeo-been, que lo hace bastante bien, haciendo un doble papel, y con a modo de viajes en el tiempo. Un bucles en el tiempo, con romances intertemporales e intergeneracionales, con el tema de los abusos y del aislamiento de los adolescentes de fondo, y con su trama de intriga y crimen de por medio. Es mejorable, pero me resultó muy entretenida, y muy visible gracias al trabajo de sus intérpretes, que están a buen nivel.

Melloga Chejil [멜로가 체질, literalmente lo melodramático me va], y conocida internacionalmente como Be melodramatic, es una serie que encontraréis, aunque muy posiblemente escondido, sólo os aparezca si configuráis la interfaz de la plataforma en idioma inglés. No está traducida al castellano. Y la vi por dos motivos. Una de las protagonistas es la de la serie anterior, y está muy bien valorada. Tres amigas que viven juntas, con el hermano más joven y gay de una de ellas. Una es directora de documentales, de éxito, con mucho dinero, pero vive en una profunda depresión por el duelo de su prometido fallecido prematuramente. Otra es una guionista principiante, es la principal protagonista de la serie (Chun Woo-hee), y comienza una compleja relación con un director de teleseries de éxito que ha aceptado en llevar a la pantalla un guion de la chica. La tercera trabaja en una productora de televisión (Han Ji-Eun), es madre soltera, y tiene problemas para compaginar su maternidad con su vida de relación y su trabajo. Las tres tienen 30 años. El tono es de comedia, fundamentalmente, aunque haya sus momentos de drama. Y realmente está muy bien. Se aleja de aquello que comentaba hace tiempo de las series surcoreanas como guilty pleasures. Se ve porque está bien hecha, bien interpretada, empatizas con los personajes y lo pasas bien.

Finalmente, Dojeok: Kar-ui sori [도적: 칼의 소리, más o menos literalmente, bandido, el sonido de la espada], conocida como Song of the bandits o La canción de los bandidos. Son nueve episodios en Netflix de los que a mí me da la impresión que nos es una primera temporada sino más bien la mitad de la primera (o única) temporada), porque al final queda totalmente abierta a una continuación. Es un drama de aventuras situado en los años 20 del siglo XX, durante la dominación japonesa de la península de Corea. Pero con un giro formal que es que la acción se desarrolla principalmente en Gando, la región china fronteriza con Corea, donde se han refugiado muchos desposeídos coreanos y muchos insurgentes contra el dominio japonés. Y todo ello en un paisaje árido… que hace que se convierta en una versión asiática del Far West americano. Con duelos, asaltos al tren, robo de bancos, bandidos malísimos, y bandidos buenísimos. Intrigas, balaceras, traiciones, amistades incondicionales y algún romance que otro, con un antiguo oficial coreano del ejército japonés (Kim Nam-gil), que renunció y ahora lidera una banda de bandidos tipo Robin Hood, robar a los ricos para sostener a los desposeídos. Qué más puedes querer. Es muy muy muy divertida y te enganchas. Aunque constantemente ponen a prueba tu suspensión voluntaria de la incredulidad. Es de estas en las que los buenos nunca mueren, y los malos, especialmente los japoneses, mueren por decenas. Da igual. Es pura evasión, los intérpretes lo hacen bien, los caracteres son interesantes, y te enganchas como para verla de tirón en una maratón televisiva.

[Cine] Programa doble; el más que probable adiós a dos directores significativos

Cine

Víctor Erice tiene 83 años, y es un director de referencia, fundamental, del cine español. Uno de los maestros, de los imprescindibles. Ha llevado una vida aparentemente normal, discreta, dedicada sobretodo a la docencia. Sólo ha estrenado cuatro largometrajes a lo largo de su vida.

Woody Allen tiene 87 años, y también es un director de referencia, fundamental, del cine universal. También lo podríamos considerar magistral, y algunas de sus películas pueden figurar sin lugar a dudas entre las más estrictas y selectas listas de mejores películas de la historia. Aunque fíjate tú, no necesariamente mejor que Erice. Sus últimos años y su última etapa creativa ha venido salpicada por sus escándalos familiares y sobre su cuestionable ética en las relaciones con los miembros femeninos más jóvenes de su familia. Nunca ha sido condenado por ningún delito, y mi punto de vista es que el problema es más ético que delictivo. Lo cual no es banal. Esto ha afectado a su capacidad para producir en Estados Unidos, obligándose a buscar producciones desde Europa. No llevo la cuenta de sus películas; pero es muy probable que el número de largometrajes de ficción para la gran pantalla, no cuento los telefilmes y demás, sea 50.

Ha de ser París. Porque una de las dos películas transcurre íntegramente en París. Y la otra, parcialmente. O al menos en algún lugar de Francia.

Hay obvias diferencias entre ambos directores. Diferencias muy significativas que hacen, que a día de hoy, quien despierte nuestras simpatías sea Erice. Aunque no podemos negar que de Allen nos quedarán sus películas, aunque su persona haya quedado borrosa, desenfocada, como aquel Harry deconstruido, una de su mayores genialidades. Octogenarios ambos, han estrenado en la cartelera española prácticamente al mismo tiempo las que pueden ser con muy muy muy alta probabilidad sus últimas películas, sus despedidas. Y decidimos aceptar la «invitación» a estas despedidas, y en sendas matinales de fin de semana, en días consecutivos, las vimos antes de salir de viaje hacia San Sebastián.

Cerrar los ojos (2023; 56/20231007)

Erice se despide por todo lo alto. Lo cual no quiere decir que su película vaya a ser un taquillazo, o tampoco que vaya a tener la repercusión o el reconocimiento que debería. Los temas por los que circula hoy en día el cine español son otros, a veces de forma cansina, o mal enfocada, por lo que el sabor a clasicismo, a referencias de largo recorrido a su propia obra o la de otros escritores y cineastas que Erice plantea puede pasar desapercibida. Pero hacía tiempo que una película española no me absorbía tanto. Simplemente con las primeras secuencias de la película filmadas en película de 16 mm y estupendamente iluminadas por el director de fotografía, Valentín Álvarez, la película ya me tuvo de su parte. ¿Quién lo dijo? ¿Lubitsch? ¿Más probablemente Wilder, su discípulo? En las primeras secuencias, sé contundente, deja al espectador bien pegado a su butaca, y luego tómate tu tiempo en contar tu historia. Pues eso. Pero con estilo, sin fuegos artificiales, a base de luz, granos de plata y José Coronado y José María Pou en un peculiar mano a mano homenajeando a Marsé. O recordando el intento de Erice de adaptar a Marsé, algo que al final haría Fernando Trueba, en una película que no me acabó de convencer en su momento.

Y la historia es una historia de nostalgia. El director de éxito fugaz (Manolo Solo), que terminó 30 años atrás cuando su mejor actor (Coronado) desapareció nada más comenzar el rodaje de su película en común, y que comienza una búsqueda de su antiguo amigo, una búsqueda que le llevará a reconectar con su antiguo ayudante (Mario Pardo), con la antigua amante de ambos (Soledad Villamil), o con la hija del desaparecido (Ana Torrent), hasta recalar en una residencia de ancianos del litoral andaluz, donde puede que se encuentre un hombre desmemoriado que podría ser el antiguo galán.

Más o menos, las cosas importante de esta película ya las he dicho. Obra de autor, clasicismo, buen hacer técnico, y excelentes interpretaciones, al servicio de un auténtico maestro del cine, del que sólo lamentaremos que no se haya prodigado más y nos haya ofrecido más ejemplos de su capacidad y sabiduría. Pero esta película es una excelente despedida, un auténtico testamento de una forma de entender el cine. Desgraciadamente, alejada de las tendencias actuales, en las que todo el mundo es un «creativo», pero pocos crean auténtico arte.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

Coup de chance (2023; 57/20231008)

La que puede ser, muy probablemente, última película de Woody Allen tiene un tono muy distinto. Muy probablemente será calificada, como tantas otras, como una «obra menor» del director. Con una filmografía tan amplia, es difícil que todo sean obras maestras o grandes películas. Quizá por ello se ha inventado el término «obra menor» para hablar de obras que, denotando las capacidades de su autor, las buenas o excelentes capacidades de su autor, no alcanzan ese nivel de gran película u obra maestra. Heredera de Match Point, película que rodó casi 20 años antes en Londres, y que fue una gran película, se mezclan ciertas dosis de comedia, con el romance, con los celos y el crimen.

Con una encantadora Lou de Laâge al frente del reparto, encarnando a una mujer treintañera, profesional, casada con un hombre de éxito en los negocios (Melvil Poupaud), con la etiqueta de mujer florero, y que encuentra una salida a la monotonía de su vida burguesa y convencional en el reencuentro con un antiguo compañero de instituto (Niels Schneider), convertido en escritor, nos encontraremos con una historia de intriga y crímenes, siempre con un tono más ligero del esperado por el tema.

Con un crítica a la burguesía acomodada, monótona y esnob, Allen vuelve a reflexionar sobre el efecto del azar, de la suerte, en nuestras vidas, como ya sucedía en la película mencionada con antelación. La película es agradable de ver, las interpretaciones son correctas, y cuenta con la estupenda iluminación de Vittorio Storaro en la dirección de fotografía, más una banda sonora de jazz clásico, con especial presencia de los particulares ritmos de Dave Brubeck, entre otras grabaciones clásicas de jazz. En fin, una serie de elementos que han hecho que haya sido fiel al neoyorquino a lo largo de mi vida, incluso si hoy en día ya no lo miro con la misma simpatía que antaño. La película se ve con agrado, pero tampoco será de las que perduren de forma indeleble en nuestra memoria. Una pena que no hay encontrado un mejor para el final de su carrera, quien ha sido un excelente director, pero en el que han pesado demasiado sus propias contradicciones personales.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Viajes/Fotos] 25 años después, me llevo de viaje una óptica de otros tiempos

Fotografía, Viajes

Existen dos motivos por los que sigo usando cámaras Canon. Una de ellas es que… funcionan. Eran punteras e innovadoras a finales de los años 80 y principios de los 90 del siglo XX cuando el desarrollo y comercialización de sus cámaras EOS (Electro-Optical System) y sus objetivos EF (Electronic Focus) impulsó a la marca a los puestos de liderazgo durante décadas. Aun hoy en día, pese al empuje de otras marcas como Sony, es la marca que más cámaras de objetivos intercambiables vende. Hoy en día, es una marca muy conservadora, arriesga poco. No se siente obligada a ello. Y por ello sus cámaras actuales resultan… ¿aburridas? Pero funcionan, son efectivas. Y eficientes. No te cuesta esfuerzo hacerte con ellas. Especialmente si has venido usando este tipo de cámaras durante treinta años.

El otro motivo es que con el parque de objetivos que fui acumulando a lo largo de este tiempo, es la opción más lógica, seguir fieles a la marca que permite seguir usándolos sin problemas. Y cuando digo sin problemas es sin problemas de compatibilidades ni historias, más allá de la necesidad de un adaptador para los objetivos EF en las modernas cámaras RF. Pero claro, los tiempo evolucionan y hay objetivos que quedan viejunos y acabas arrinconándolos.

Uno de estos es el EF 70-210 mm f3.5-4.5, que entre 1994 y 1999 se vino conmigo a todos los viajes de vacaciones, y lo usaba con frecuencia, siempre sobre la Canon EOS 100, mi primera cámara del sistema EOS. Pero desde el año 2000, tan apenas lo he usado. Que en la primera década del siglo XX conformara un dupla de ópticas de gama superior, el EF 24-105 mm f4L IS USM y el EF 200 mm f2.8L USM II, hicieron que me olvidara de él en gran medida. Muy de vez en cuando lo he sacado a pasear.

Pero por distintos motivos, que explico más extensamente en Canon EF 70-210 mm f3.5-4.5 USM – 25 años después vuelve a salir de viaje, me lo he llevado al viaje a San Sebastián y sus alrededores de la semana pasada. Y no me quejo de los resultados, que más o menos podréis apreciar en las fotos que aquí os muestro.

[Libro] At the end of the matinee – Keiichirō Hirano

Literatura

Sinceramente, decidí adquirir este libro y leerlo porque el título me gustó. Al final de la «matinée» en su semitraducción al castellano. Ni siquiera sabía que tipo de matinée sería. Las más tradicionales son las de cine, a las que últimamente somos aficionados los fines de semana. No este, en el que la cartelera de Zaragoza está probablemente alterada por las fiestas populares. El caso es que cuando llegó el principio de mis vacaciones, una vez terminado el libro de Lagerlöf que comenté hace unos días, me dispuse a leer esta romántica novela de Keiichirō Hirano, en la que no me costó mucho comprender que la matinée iba a ser musical. El libro lo leí en su traducción al inglés, no me consta que exista una traducción al castellano.

La populoso y popular entorno de la estación de Chibuya en Tokio me servirá para ilustrar una entrada para la que también podría haber usado fotografías de París y Nueva York. De lo más cosmopolita.

Nos encontramos con una peculiar historia de amor en la que sus protagonistas, a lo largo del libro, sólo se encuentran cara a cara en tres ocasiones, además de intercambiar mensajes de correo electrónico y estas cosas. Ella es una periodista de agencia de noticias, hija de una japonesa y un director de cine yugoslavo/croata, de 40 años. Él es un prestigioso guitarrista clásico japonés de 38 años. Y se conocen en Tokio tras un concierto de este último. Conectan. Pero ella vive en París, y tiene que ir destinada una temporada a Bagdag, un lugar peligroso, donde estará a punto de morir en un atentado. Y el vive en Tokio, en una época de incertidumbres para su carrera. Cuando se vuelvan a encontrar meses más tarde, en París, la cosa seguirá adelante y harán planes de futuro. Pero cuando llega el momento del tercer encuentro, una serie de imprevistos y la mano «perversa» de la «villana» de la novela, harán que no se produzca. Los malentendendidos que surgirán los separarán durante unos años, en los que seguirán con sus vidas. Hasta el momento en que tengan una segunda oportunidad para ese tercer reencuentro en el que… Y hasta ahí puedo contar.

La novela me ha parecido una estupenda novela imperfecta, como ya comenté brevemente cuando terminé de leerla. Tiene algún altibajo en el ritmo de la narración. Hay sensación de que hay ideas que se repiten con demasiada frecuencia. Todo lo que pasa entre el fallido tercer encuentro y el tercer encuentro real… se me hizo algo prolijo. Entra en un detalle que no es preciso para entender la situación. Pero sin embargo, constantemente estás en vilo sobre lo que sucederá con esta pareja, que parece tener en contra al destino. Y las partes importantes están bien escritas, con elegancia. Por otro lado, empatizas con los personajes. Y a un cierto nivel, mi vida no es ni la cuarta parte de cosmopolita que la de estas gentes, hay elementos en la historia que resuenan mucho en mi memoria. Por lo que en general, me gustó.

Me gustó también algunas de las ideas que propone. Quizá la más evidente no es la que más me llama la atención. Las relaciones puntuales, de personas que se encuentran, que se gustan, que se enamoran, pero que no parecen estar destinadas a ser… las hay. Y muy interesantes. Pero la idea de que el presente y el futuro modifican constantemente el pasado, que este no es inmutable… es una de esas ideas que se ha metido en mi cabeza en estas últimas semanas y que me hace pensar mucho. Obviamente, los hechos del pasado no pueden cambiar. Pero las experiencias posteriores cambian su significado, su interpretación. Incluso pueden modificar sustancialmente el sentido de una vida. Por último, el final… no conozco a muchas personas que lo hayan leído. Pero casi todas dan un sentido a ese final… ¿abierto? Y yo no tengo tan clara en coincidir con ellas. Hay mochilas que vamos adquiriendo en la vida de las que es muy difícil desembarazarse.

[Viajes] Resumen del viaje a San Sebastián y otros lugares del País Vasco

Viajes

El primer lugar que visité en mi vida del País Vasco fue San Sebastián. Mi padre y mi padrino, socios en el taller de mármol que tenían, iban cada tres meses a Usúrbil, cerca de la capital guipuzcoana, a comprar tableros de mármol para trabajarlos en su taller. En alguna ocasión fueron a algún proveedor en Cataluña o Valencia, pero la mayor parte de las ocasiones iban al País Vasco. A mí me llevaron en alguna ocasión. Cogíamos un tren expreso nocturno hacia las tres de la madrugada de un sábado, llegábamos a Tolosa donde los de la empresa nos salían a buscar. Después de hacer las gestiones, nos invitaban a comer en Lasarte, entonces un barrio de Hernani, si no recuerdo mal. Y nos acercaban a primera hora de la tarde a San Sebastián, donde pasábamos la tarde hasta que íbamos a la estación de Atocha a coger el expreso de regreso, que nos dejaba en Zaragoza en la madrugada del domingo. En esas tardes conocí el barrio viejo de San Sebastián, la playa de la Concha, el Acuario, y subí en alguna ocasión al monte Urgull y al monte Igueldo. Lo básico de la visita a la capital guipuzcoana, hecha por entregas.

Pues bien, desde los años setenta y muchos, no había vuelto a visitar San Sebastián. En unas vacaciones de Semana Santa sí que visité algunas otras localidades vascas, próximas. Y en un viaje por trabajo a Bilbao, paré en una ocasión en el museo del ferrocarril de Azpeitia. Todo esto lo contaba hace un año cuando estuvimos en Bilbao, y entonces surgió la idea de repetir la experiencia que estábamos teniendo en ese momento en la capital vizcaína, escaparnos del bullicio de las fiestas del Pilar, pero en San Sebastián. Lo pusimos en nuestras agendas, y hemos cumplido. Las mismas cuatro personas que hace un año estuvimos en Bilbao y alrededores, este año hemos visitado San Sebastián y alrededores.

A San Sebastián le dedicamos un día entero, incluyendo la visita a Tabakalera, centro de cultura contemporánea, y al Museo San Telmo, un museo que mezcla historia, etnología y arte vascos, que estaría realmente muy bien, sino fuera por el toque de adoctrinamiento nacionalista al que las instituciones vascas someten a estas instituciones, incurriendo en ocasiones en garrafales errores conceptuales sobre el mundo y la historia, pero que como buenos doctrinarios dogmáticos que son los nacionalistas de todo tipo, bandera o nación, se lo creen a pies juntillas. Pero en fin dejémoslo. Así que lo dejaremos en que es un museo que esta simplemente bien, especialmente si lo miras con una mirada crítica, alejada de panfletos ideológicos. Muy maja la exposición de carteles. Además de ese día, paseamos y tapeamos la tarde en qué llegamos, e hicimos algunas compras por la mañana del día que nos volvíamos. El viaje lo hicimos en tren. Más largo que por otros medios, penoso el estado de las comunicaciones con Renfe en el País Vasco, pero mucho más cómodo y a horas convenientes.

Otro día nos dirigimos a Fuenterrabía, que yo ya conocía, en parte. Nos gustó mucho, en general, aunque la excursión que hicimos hasta el cabo de Higuer nos defraudó un poco a pesar de que nos la habían recomendado.

Había varias opciones para la tarde, yo estaba en la de visitar otros pueblos de Guipuzcoa, pero ganó la opción de cruzar el Bidasoa en un barquito y pasear por la playa de Hendaya, ya en la orilla francesa de la bahía de Txingudi. Como ya suponía, porque Hendaya la conocía mejor las poblaciones del País Vasco español, fue una experiencia con un interés limitado. Hendaya me parece una población aseada y agradable, especialmente si no es temporada alta de turismo, pero tampoco tiene mucho más que rascar. Se nos hizo tarde para ir a su principal atracción.

Para el día siguiente, el anterior al regreso, nos marcamos cuatro etapas a ir cubriendo, como todo el viaje, con los transportes públicos. Todos nos sacamos un tarjeta MUGI anónima, típica tarjeta de recarga que, aunque hay que pagar 5 euros a fondo perdido por ella, sale a cuenta porque con las medidas de incentivación del transporte público que hay en toda España, el precio por trayecto sale mucho más barato que si pagas el billete normal. Y así te despreocupas de si llevas cambio o no para pagar al conductor y esas cosas. Es similar a la LAZO en Zaragoza, pero en las líneas de tren, Renfe o Euskotren, no permiten la multivalidación, es decir el uso por varias personas. Ahora no sé como está la LAZO en esas cosas. Así que por la mañana visitamos el museo al aire libre Chillida Leku, nos gustó.

Antes de comer nos desplazamos a Zarautz, que apenas tiene nada que ver más allá de su generosa playa, un palacete y tal, pero recorrimos caminando el paseo costero que lo une con Guetaria, donde nos dimos una vuelta y comimos. Tuvimos mucha suerte de encontrar un sitio, porque siendo el día del Pilar, festivo en toda España por motivos absurdos, estaba lleno de gente aprovechando el tiempo anómalamente cálido, y eran muchos los que se habían acercado a la costa y a las playas.

Por la tarde nos acercamos a Zumaya, para visitar su parte del Geoparque UNESCO de la Costa Vasca, que nos pareció muy interesante, especialmente todo lo que se refiere al flysch. Estuvimos un buen rato intentando adivinar cual era el estrato correspondiente al límite K-T (Cretácico-Terciario), el de la extinción de los dinosaurios. Pero con las indicaciones que había en el cartel de interpretación sólo pudimos especular sobre cual era. Y finalmente, fotos en los afloramientos de estratos en la playa de Zumaya, Y más o menos, ya os lo he contado todo.