Estoy en proceso de reinstauración en mi vida de instrumentos musicales. En su momento, y durante años, tuve en casa una flauta dulce soprano en Do de plástico Hohner, un armónica Hohner Preciosa de 24 orificios en Do, y una guitarra Serrallonga, comprada al mismo Antonio en su tienda de la calle Loscos de Zaragoza. Pero tras diversas cesiones, se supone que ya sólo tengo en casa la armónica. Y el domingo la estuve buscando. Encontré la caja, donde esperaba encontrarla. Pero no la armónica. A cambio, encontré un paquete de negativos fotográficos en color expuestos en los años 80 y principios de los 90. Los reservé para empezar a digitalizarlos, porque encontré cosas interesantes. Y he empezado por un rollo de Kodak Gold 400 procedente de una cámara de un solo uso, también de marca Kodak, de la primavera de 1992. Creo que fue en mayo cuando la usé. Pero podría ser principios de junio.
Cuando he ido a mirar qué recomendaciones fotográficas tenía recogidas de esta última semana, me he encontrado con que sólo había una. Tres enlaces, pero todos relacionados con el mismo fotógrafo. Y es que esta semana he estado centrado en otros aspectos de mi tiempo libre de los que espero contaros algo en las próximas semanas. Quizá en los próximos días. No sé. Igual me estoy embarcando en algo que no lleva a ninguna parte. Salvo gastar algo de dinero. Nada exagerado,… y además uno de los objetos implicados es en la práctica un regalo… pero bueno. Ya os contaré.
Así que para no dejar en blanco el domingo en mi Cuaderno de ruta, os pondré unas cuantas fotografías realizadas ayer en el Parque Grande de Zaragoza. En realidad, salí a pasear con un objetivo principal que tenía que ver con mi Leica M6 y un rollo de película de un tipo que no he usado nunca. Pero por si acaso, eché también una cámara digital a la mochila. Y cuando me encontré con el evento Zaragoza Florece en el Parque Grande, dejé la Leica, que no era conveniente por ir en blanco y negro, para fotografiar el colorido del evento floral, y saqué la cámara digital que iba con un objetivo de focal variable bastante competente.
El evento me pareció un poco… no sé… caótico. Como planificado con cierta premura en torno a la avenida de San Sebastián, el quiosco de la música y la escalinata del Batallador. Puede que haya influido el problema de la pandemia. Pero se me antoja que al concentrar instalaciones en poco terreno, acumulan más a la gente que si estas estuvieran dispersas por todo el parque. No sé. Es lo que se me ha ocurrido. Porque gente había bastante. Y la que llegaba cuando me fui. Porque yo soy relativamente «madrugador». En fin, lo dicho. Os dejo con las fotos. Por cierto, estaría bien que hubiese puesto cartelitos de interpretación sobre qué tipos de flores contemplábamos en cada momento. Y el busto de Goya, no hice foto, me pareció un horror.
Hace unas semanas me reencontré con Luis. No es su verdadero nombre, pero por motivos que no vienen al caso no lo voy a dar, y modificaré ligeramente sus circunstancias personales, de forma pactada con él, cuando me dio permiso para hablar un poco de su historia personal en esta entrada sobre fotografía. A Luis lo conocí cuando hice mi primer curso de fotografía. Yo había empezado a trabajar recientemente en mi «empresa» actual, tenía 29 años. Luis es más joven. Todavía estudiaba. Tendría entonces 22 o 23 años.
Luis estaba estudiando todavía, pero tenía posibles. Y se había comprado un capricho. Él mismo lo reconoce. Es un caprichoso. Sus compras, más allá de la necesidad o el interés funcional que tengan los objetos, siempre tienen un punto de capricho. Eso nos sirvió para conectar, aunque nuestra amistosa relación no duró mucho, porque se fue a trabajar y a vivir a otra ciudad. Ahora nos hemos reencontrado. Y siguiendo su tradición de persona caprichosa, se compró en su momento una de las mejores cámaras que Canon realizó para su gama de cámaras de enfoque automático para película tradicional. Y la tiene y me la ha dejado. Los detalles técnicos están en La Canon EOS 3 de Luis, con un EF 50/1,4 USM e Ilford FP4 Plus. Aquí os dejo algunas fotos.
Fue el 21 de abril del año pasado, 2020, cuando subí la primera entrada de esta serie [Nostalgia], que me ha llevado más de un año completar, aunque con esta última son sólo 12 entradas. Os recuerdo que durante las vacaciones de Semana Santa del 2020, en pleno confinamiento por el estado de alarma decretado por la epidemia de covid-19, cogí mi Hasselblad 500cm, un rollo de Ilford Delta 400 caducado que tenía en la nevera, y me puse a hacer fotos de objetos, documentos y fotografías del baúl de los recuerdos familiar. Un baulito de latón en el que mi madre ponía este tipo de objetos, de alguna forma representativos de la historia y las peripecias familiares. Desde la infancia de nuestros padres hasta algún momento indefinido de los años 80 tras el cual no hay más incorporaciones.
De hecho, esta última entrada «nostálgica» contiene en su fotografía un objeto, la cámara Kodak Pocket A-1 que usé entre los 15 y los 20 años de edad, y algunas fotos tomadas con ella. Son de unos días de vacaciones en la Semana Santa de 1982 en los montes de Covaleda, en la provincia de Soria. Las fotos están echas con la Pocket A-1, que usa, la tengo todavía y funciona, con un cartuchito de película negativa en color de formato 110. O por lo menos lo hacía en 2015. Pero como la Delta 400 es en blanco y negro, así es como las vemos aquí. Estas fotos descansaron un tiempo en el baúl de los recuerdos familiar hasta que decidí montarme mis propios álbumes de fotos de recuerdos personales en 1987, a la vuelta de mi viaje de estudios a Rumania, cuando las saqué de allí. Pero esa ya es otra historia, nostálgica también, y debe ser contada en otra ocasión. Éramos diez personas en aquella excursión de vacaciones a los montes de Soria. Sólo mantengo el contacto con una de ellas. Creo que es el que más merecía la pena y con ventaja, visto en retrospectiva. Aunque en aquel momento éramos más conocidos que amigos. Hoy día nos gusta quedar y vernos con cierta frecuencia. Y yo, muy agusto. Cosas que pasan.
Fotos realizadas en marzo de 2015 con la Kodak Pocket A-1
Hace dos domingos era el Día Internacional de los Museos, era día de entrada libre en algunos de ellos, y hacían actividades especiales. Así que agarré la Hasselblad 500CM con el visor PM 51 y el Planar 80/2,8 CF, abrí la nevera, vi un rollo de Bergger Pancro 400, lo cogí, y me fui al Museo Pablo Gargallo, donde el artista plástico Steve Gibson estaba «soltando palomas» por todo el museo.
En primer lugar, las fotos de la entrada de hoy son de un rinconcito de los pinares de Venecia de Zaragoza en el que crecen unas varas de una orquídea de larga lengua, Himantoglossum hircinum u orquídea lagarto, que tiene florecen en largas espigas que constituyen un conjunto estéticamente atractivo, pero no tan fácil de fotografiar como podría parece, porque el conjunto queda relativamente abigarrado. Me chivó el lugar una compañera de trabajo, el viernes fui a explorar, el lugar está a unos 30 minutos caminando desde mi casa, e hice algunas fotos a mano alzada con la Panasonic Lumix G100 y el Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8 ASPH OIS.
Ayer sábado fui con un equipo más completo, ya que me fui con la Lumix G9, algún objetivo añadido, el trípode, algún filtro y lente de aproximación, etcétera. Lo malo es que se levantó una tormenta, con pocas consecuencias en términos de agua caída, pero que me robó luz y tiempo, y me añadió algunas ráfagas ligeras de viento, suficientes como para que tuviera que subir el ISO de la cámara para compensar con un aumento de la velocidad de obturación el movimiento del sujeto. Resultado, unas fotos no tan nítidas como me hubiera gustado.
Ambos días pude encontrar en una de las varas de orquídeas una arañita, Synema globosum o araña Napoleón, tímida, pero no huidiza. Y con un abdomen de un vistoso color rojo.
Pero vamos con las recomendaciones fotográficas de hoy. En primer lugar, algo que me encontré en el Instagram de Leire Etxazarra y que luego amplié en su estupendo blog sobre fotografía, Cartier Bresson no es un reloj. Richard Avedon fue un fotógrafo, uno de los más reconocidos del siglo XX y de la historia de la fotografía, que desde Nueva York trabajó fundamentalmente en el ámbito de la moda y el retrato del famoseo. Retratos estupendos… pero que siempre son más reconocidos por el gran público si en ellos sale gente guapa y famosa. Es lo que es. El caso es que en un momento dado, coge el montante, una cámara de gran formato de 8 x 10 pulgadas y un fondo blanco, y se va al oeste de los Estados Unidos a fotografiar a la clase trabajadora. Y le sale un trabajo que técnicamente se basa en sus retratos del famoseo de toda la vida, pero cuyo contenido tiene más que ver con los retratos de gente «rara» de Diane Arbus. Hoy en día está reconocida como una obra fundamental. Pero en su momento recibió muchas críticas por la forma en que mostraba a la clase trabajadora, o por la imagen que transmitía del oeste americano. Y entre los más crítico, Larry Clark, que dedicó mucho tiempo a bregar con los menos afortunados, intentando comprenderlos y humanizarlos. Leire lo explica mejor. Me ha parecido un artículo muy interesante.
Otra recomendación que surge de Instagram, del de Photography of China, y que luego completo en la pagina web, es la del trabajo de Hua Weicheng (instagram). Sus fotografías son el resultado de caminar, errando, un poco al azar, dando la espalda a la gran ciudad, y tomando nota fotográfica de los hallazgos que se encuentran allí donde la ciudad termina o ha quedado atrás, pero la huella del ser humano está presente. Paisajes sencillos, pero con un mensaje claro sobre el desarrollo, las más de las veces desordenado, de las ciudades. Y más en un país como China, de impresionantes niveles de crecimiento en las últimas décadas. Por algunas de mis costumbres fotográficas, esta serie ha resonado mucho en mi interior, al mismo tiempo que me ha dado mucha envidia.
Es difícil que en Pen Magazine ペン no haya un par o tres recomendaciones a la semana relacionadas con la fotografía, u otros ámbitos culturales, que no atraigan mi atención. Por ejemplo, esta semana me ha parecido muy interesante la visión sobre la catástrofe de Fukushima, como reflejo del conjunto de la sociedad japonesa, que nos muestra el fotógrafo Shin Yahiro (instagram).
En otro orden de cosas, la fotógrafa Fumiko Imano (instagram) se inventa en sus fotografías una hermana gemela, para lidiar con el concepto de identidad y con la soledad. Fotografías realizadas con corta y pega, pero que dan una dimensión curiosa al vagar de una persona por el mundo.
Los trastornos mentales graves son muy perros. Especialmente en sus formas intensas. Que como sucedió con Christine Gössler, una joven austriaca casada con un fotógrafo japonés, puede conducir al suicidio. Su viudo, el fotógrafo japonés radicado en el país centroeuropeo Seiichi Furuya intenta convivir con el duelo y la ausencia, incluso décadas después, reproduciendo a su modo las fotografías que tiene de Christine.
Hace muy poquitos días os comentaba el rollo de película negativa en color que usé en la Leica Minilux durante el mes de abril de este año, en su uso cotidiano de esta cámara como bloc de notas fotográfico. Como una herramienta que me permite mantener entrenado el ojo cuando algo me llama visualmente la atención. En ocasiones un mismo motivo, con distinto ambiente, distinta luz, a distintas horas del día… es una forma que considero válida para mantener entrenada la visión. Y la focal de 40 mm del Summarit de la Minilux es una buena opción como objetivo polivalente para este ejercicio.
Tras el rollo de Kodak ProImage 100 que os comenté hace tres días, le puse uno de los rollos de Fujifilm Neopan 100 Acros II que me llegaron hace unas pocas semanas. Los detalles técnicos, como de costumbre, están en otro artículo, en Bloc de notas fotográfico en mayo de 2021 – Leica Minilux y Fujifilm Neopan 100 Acros II. Y aquí os dejo una selección de fotografías del rollo en blanco y negro.
Una vez más como sucede con frecuencia desde el otoño pasado, la Leica Minilux, con su estupendo Summarit 40/2,4, me ha acompañado buena parte de los días del mes de abril de 2021, siempre dispuesta a funcionar como bloc de apuntes, bloc de notas, en forma de fotografías, de las escenas cotidianas que la ciudad ofrece en mi deambular por la misma. Muchas veces son las mismas o similares escenas, pero con elementos nuevos, con una luz distinta, o bajo una nueva mirada que no se había producido previamente.
Cuando se anunció el final de la vigencia del estado de alarma para el 9 de mayo de este 2021, segundo año de pandemia, se dio una circunstancia peculiar. Determinados municipios o comarcas de una comunidad autónoma podía estar confinadas por motivos epidémicos, pero no podía haber límites al tráfico entre comunidades autónomas. Algunas lo intentaron… porque cuando sucedió este final del estado de excepción, la última onda epidémica, ya no llevo la cuenta… porque todo depende de cómo se cuente, todavía hacía estragos. Pero los tribunales, que muchas veces han demostrado en el último año y medio que el derecho a la salud y la vida lo consideran por debajo en jerarquía a la economía y las finanzas, han ido anunlando estos intentos en buena parte de las comunidades autónomas. El caso es que… de perdidos al río. Con una dosis de vacuna ya puesta, y con unas razonables precauciones a la hora de tratar con los indígenas de la comunidad de Madrid, me planteé hacer un viaje en el día a la capital del reino.
Había varias cuestiones que me inclinaban a ello, de las cuales sólo comentaré una, puesto que las otras me parece faltas de interés en general o entran en el ámbito de los estrictamente privado, de lo que no suelo hablar aquí. Pero una de las que se puede comentar es que desde hacía tiempo sabía de una exposición en una de las salas de la Fundación Mapfre de la fotógrafa japonesa radicada en Francia, Tomoko Yoneda.
No son fotografías coloreadas como las de Kazusama Ogawa, de quien hablo más abajo, pero me ha parecido adecuado al tema traer estas fotografías de la rosaleda del Parque Grande de Zaragoza.
Yoneda me ha llamado la atención desde hace tiempo. Es una fotógrafa versátil, que utiliza cualquier medio fotográfico que le venga bien para sus intenciones. Lo mismo puede utiliza cámaras de gran formato o medio formato, que coger la pequeña Olympus Pen de su padre, con sus negativos subminiatura, la mitad de lo que se considera el negativo estándar que se consigue con película de 35 mm. Pero sobretodo me interesa por sus temas. Entre la antropología y la reflexión sobre el pasado, es una fotógrafa que basa muchas de sus series en la memoria histórica. En el regreso a los lugares que forman parte de hechos transcendentales, bien en la historia de la humanidad o de los países en general, o de la historia personal, un punto de vista más particular. Y estes es un enfoque que me atrae mucho.
Finalmente, no viajé a Madrid. Aparte de lo antipática que se está poniendo últimamente esa comunidad por diversos motivos, me encontré conque la exposición terminó sus días al mismo tiempo que el estado de alarma. Y algunas de las personas, amistosas y queridas, con las que pretendía encontrarme, no iban a estar disponibles con un margen de tiempo suficiente como para que nos pusiéramos al día en tranquila charla. Lo que sí hice, a cambio, fue comprar a través de internet el catálogo de la exposición. Fundación Mapfre siempre hace unos catálogos sencillos pero muy bien presentados. Y os lo recomiendo.
Y ya que estamos con una fotógrafa japonesa, añadiré algunas recomendaciones más sobre fotógrafos de esa nacionalidad:
En el Tumblr de Gacougnol, muy interesante para ver fotografías y conocer fotógrafos, pude ver la obra de Ayako Takaishi, realizada sobre medios fotoquímicos tradicionales. Lo que más me gustó e impresionó fue las naturalezas muertas. Pero no hay que desdeñar otros temas en la obra de la fotógrafa que se mueve a caballo entre Tokio y París. Su página web, que he enlazado antes, está todavía en desarrollo. Pero tiene dos cuentas en Instagram recomendables. Una para su trabajo más artístico, especialmente las naturalezas muertas, y otra para sus viajes y desplazamientos. Aunque el estilo visual de ambas es similar.
En Pen ペン Magazine me llamó la atención el artículo con las fotografías coloreadas a mano por Kazumasa Ogawa. Fundamentalmente, fotografías de flores. Ogawa fue un fotógrafo de la era Meiji. En aquella época las fotografías coloreadas a mano eran muy populares en Japón, aunque la mayor parte funcionaban como recuerdos de viaje, y escenificaban atuendos, personas o lugares más típicos del periodo Edo que de la época en que se hicieron. Pero las de Ogawa tenían un sentido en sí mismas, como reproducción de la realidad, complementando la fotografía con la pintura para una reproducción adecuada de las flores que interesaron al fotógrafo. Fue un fotógrafo prolífico, por lo que su obra abarca más ámbitos y géneros. Pero este es el que me ha interesado.
No es fácil encontrar en Zaragoza buena luz en cuanto empieza la primavera. Al alba y al ocaso… que suelen durar muy poco. Y con el tiempo tan seco que «disfrutamos», pocas veces hay nubes que animen el cielo sobre nuestras cabezas o que maticen la luz cuando el sol se alza más vertical sobre nuestras cabezas. Pero hace unos días los hados se conjuraron para procurarnos a los aficionados a la fotografía una luz adecuada.
A pesar de alguna metedura de pata a la hora de componer el equipo, los detalles técnicos en Una buena luz para la Kodak Portra 400 – Hasselblad 500CM, el resultado quedó en general bastante agradable. Os dejo algunas fotos. No hice muchas, eso sí. En plan tranquilo.
La primavera está muy avanzada y el verano climatológico, teniendo en cuenta las progresivas elevaciones del termómetro por culpa del calentamiento global, está cercano. Y si a eso sumas las numerosas horas de sol y la modificación de los horarios para el verano,… quedan pocas horas en el día con una luz agradable o adecuada para la fotografía. Salvo que buscas miradas alternativas a lo que las «reglas», «cánones» y «sabios» de la materia nos dicen. Y una de las alternativas es mirar en el espectro del infrarrojo. Ya he publicado en estas páginas bastantes entradas sobre este tipo de fotografía, así que no la voy a explicar en esta ocasión.
El primer rollo de este año ha tenido su parte de prueba y experimentación. Pero como de costumbre no voy a extenderme sobre ello aquí. Los datos técnicos, esta vez más abundantes que en otras ocasiones, lo tenéis en Empezando la temporada del infrarrojo – Leica M6 con Rollei Superpan 200. Pero si no os interesan u os aburren, aquí os dejo algunas fotos.
Así es. Últimamente no he tenido mucho tiempo para fijarme en los artículos de los sitios de fotografía que sigo en internet y componer un conjunto coherente de recomendaciones fotográficas para un domingo. Y eso que llevo varios rellenándolos con libros, revistas y otras cosas. Por lo que lo que tenía acumulado… acumula un tiempo. En fin. No obstante os dejaré algunas cosas que me han llamado la atención. Las fotografías son de este mismo fin de semana… que no ha sido muy boyante, pero alguna foto he hecho.
En el blog sobre (mayormente) fotografía con película tradicional 35mmc, publicaron hace unos días un artículo sobre una cámara de formato medio relativamente tardía. Recuerdo ver artículos sobre ella o una de sus derivadas en Chasseur d’images en los años 90. Era el sistema Rolleiflex 6000, en el que destacaba algún objetivo muy luminoso para el formato, teleobjetivos muy cortos o focales estándar largas. Como un Planar 110 mm f/2. Lo normal es que los objetivos más luminosos del formato medio abriesen como mucho a f/2,8. Pero se hicieron algunos objetivos en el intervalo de aperturas f/1,9 – f/2 que son muy apreciados por su capacidad de separar el sujeto retratado del fondo. Y a propósito de ello, mencionan en el artículos a Erich Salomon, un ingeniero y zoólogo alemán que devino fotógrafo, y que obtenía unos retratos espontáneos ambientales estupendos usando una Ermanox con un objetivo tremendamente luminosos para la época, un Ernostar 85 mm f/1.8, sobre placas de vidrio de 6 x 4,5 cm. He visto algún ejemplar de estas cámaras Ermanox en algún museo de la fotografía y siempre me han fascinado. Las fotos de Salomon están muy bien. Pero tuvo mal fin. Después de ser haber peleado para su país, Alemania, en la Primera guerra mundial, fue «premiado» siendo llevado a Auschwitz en la Segunda por su origen judío. Es lo que hubo… y en cierta medida, lo que hay.
En color, distintos modelos de Ermanox en el Museo del Aparato fotográfico de Vevey, Suiza. En blanco y negro, el ejemplar del Centro Portugués de Fotografía en Oporto.
Me gusta mucho el ya fallecido fotógrafo Peter Hujar. Una exposición sobre él pude ver hace pocos años en PhotoEspaña. En Lensculture nos hablan de una iniciativa de la escritora y fotógrafa Moyra Davey que ha reunido en un libro algunos textos propios, algunas de sus fotografías y fotografías de Hujar. Me entra cierta curiosidad por el libro. Ya veremos… Pero en general la cosa me ha interesada. Porque las fotos de Davey me han parecido que entonaban con las de Hujar.
El japonés Issei Suda ya ha aparecido en estas páginas. Fallecido recientemente, en 2019, Suda combinaba su mirada sobre las costumbres ancestrales del país isleño asiático, con una mirada crítica e incisiva sobre el Japón de su tiempo. En AnOther Magazine le han dedicado una entrada a propósito de un par de exposiciones en Amberes, una de ellas la primera gran retrospectiva fuera de su país. Pues debiera haber más porque es un fotógrafo realmente muy interesante.
En Pen Magazine han hablado de otro fotógrafo japonés cuya mirada me ha llamado mucho la atención. Se trata de Ryōji Akiyama. Por lo que se ve, en su momento realizó un trabajo sobre la niñez en su país, Japón, encontrando lo que llamó una infancia triste, con niños cansados, muy sometidos a presión en su entorno escolar y familiar. Estoy tratando de encontrar algo sobre ella. Sin embargo, la que se hizo más célebre fue una serie, muy amplia, de los años 80, en el ámbito de la apertura de relaciones entre China y Japón, muy deterioradas por la guerra de los años 30-40, en la que recogía la vida de la infancia en China… encontrándose una infancia feliz, de niños mucho menos presionados, que jugaban, que leían por placer… mostrándolo en unas fotografías que rebosan esponataneidad y alegría. Recientemente se ha publicado un nuevo tomo sobre inéditas de aquel trabajo que no se publicaron en su tiempo.
En Booooooom me ha llamado mucho la atención una serie de la fotógrafa norteamericana, joven, veinteañera, Meghan Marin (instagram). En ella refleja un viaje realizado en mayo de 2019 con su madre y su hermana menor, una adolescente. Su madre padece un trastorno mental grave, y tras el viaje sufrió una recaída y no han vuelto a verse. Por lo que estas imágenes, fotografías de un viaje familiar, pero magníficas en forma y fondo, adoptan una relevancia especial. A mí me han tocado el alma.
Por último, en Photography of China, me han gustado los retratos de Ye Fan (instagram), una shangainesa establecida en Nueva York, que ha trabajado con otras artistas de todo tipo, mujeres jóvenes nacidas en China y establecidas en los Estados Unidos. Este es uno de esos trabajos que me llama la atención más por la forma que por el fondo. Pero algunos de los retratos me han gustado mucho.