[Cine] Where’d You Go, Bernadette (2019)

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Where’d You Go, Bernadette (2019; 40/20200817)

Segunda semana con versiones originales en la cartelera zaragozana. Varias más que la única de la semana anterior. Han abierto más salas, y hay más posibilidades. Pero eso no quiere decir que la cartelera esté especialmente lucida. Así que optamos por ir un lunes a la hora del café a ver una película que, aunque no viene precedida de buenas críticas, tiene director, Richard Linklater, y protagonista, Cate Blanchett, de postín

No he visitado todavía la Antártida. Ni Groenlandia. Donde más hielos y glaciares he fotografiado ha sido Islandia. Así que con eso os quedáis. Que no es poco.

Se trata de una adaptación de una novela éxito de ventas en Estados Unidos, en la que una madre de familia de Seattle (Blanchett), en su juventud prometedora artista y arquitecta, ahora agorafóbica y excéntrica, tras una serie de calamitosos malos entendidos acaba desapareciendo, fugándose presumiblemente a la Antártida, donde la van a buscar su confuso marido (Billy Crudup) y su fiel hija adolescente (Emma Nelson), con quien está muy unida.

Realmente, este es el tipo de película al que Linklater NO nos tiene acostumbrados. O no es el tipo de película de Linklater que a mí me convence. Muy buenrollista, todo el mundo es bueno y con un gran corazón, hasta los malos. Salvo la china, que parece que no tiene ocasión de redimirse. Pero con poco fondo real. Convencionalmente dirigida, la película tiene un planteamiento inicial válido y del que podría haber salido algo interesante. Quizá, menos tiempo en Seattle planteando el conflicto, demasiado explicado para mi gusto, y más tiempo en la Antártida permitiendo un desarrollo en profundidad de los personajes. En lugar de uso, la película se dedica a jugar al escondite con ellos hasta alcanzar un final previsible y convencional.

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Con muy buenas interpretaciones incluso en los personajes que a penas tienen su oportunidad, confiando en que parece difícil que Blanchett haga algo mal, la película va naufragando poco a poco entre los bellos paisajes y luces de la Antártida… bueno… está rodada en Groenlandia, pero tampoco nos vamos a parar en tontadas. No vamos a decir que nos aburriéramos, y de hecho la “nota” que le doy está a caballo entre el suspenso y el aprobado, pero realmente se me hace cuesta arriba recomendarla. Quizá para un día tonto cuando se pueda ver en alguna plataforma de vídeo bajo demanda.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: **/***

[Libros de fotografía] Paisajes humanos, humanos y paisajes… de nuevo

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Aquí valdría perfectamente lo que dije hace poco menos de un mes sobre la editorial Another Place Press. Era así es como se definen ellos…

“… a small independent publisher showcasing contemporary landscape photography”

Another Place Press https://anotherplacepress.bigcartel.com/

Pero como ya lo dije entonces… ahí lo dejo. Simplemente, decir que si en ese momento comentaba la llegada de los libros y cuadernos de fotografía que había encargado antes del comienzo de la epidemia de covid-19, ahora llega el momento de comentar las novedades que sacaron con posterioridad y que me han llegado recientemente.

He recibido los tres siguientes cuadernillos de la colección Field Notes (cuadernos de campo). Estos son:

  • El número 4, Ask the sea de Peter Iain Campbell (instagram), en el que, inspirado en parte por la obra de los Becher, dirige su mirada hacia los menguantes y cada vez más decrépitos campos de plataformas petrolíferas británicas en el mar del Norte.
  • El número 5, Cornucopia de Panos Charalampidis y Mary Chairetaki (instagram) nos lleva a la meseta de Lassithi, en el interior de la isla de Creta, un lugar fértil y rico, cuando la economía se basaba en la agricultura, claro, y lleno de referencias mitológicas. Recordemos que una cornucopia es el cuerno de la abundancia, que provee indefinidamente de riquezas a su poseedor.
  • El número 6, último por el momento, aunque ya están anunciados los tres siguientes, FarmerFlorist, de Tessa Bunney (instagram), en la que esta se pone de parte de los pequeños productores, cultivadores y comerciantes local de flores en el Reino Unido, que está poniendo en jaque a los grandes productores que traen sus productos de otros países.

De los tres, el que más me ha gustado por su temática es el número 5, pero el que tiene las fotos estéticamente más interesantes para mí es el número 6… aunque con muy poca ventaja sobre el anterior. Es más una cuestión de homogeneidad.

He dejado para el final la publicación con más entidad y que más me ha gustado o interesado personalmente. El fotógrafo escocés John Irvine (instagram), especializado en fotografía de paisaje, que en un momento dado deja las bellezas naturales de su país y se va a buscar… otros paisajes. Irvine lo explica muy bien en la introducción del mundo. Alguien, en 2017, declaró que Escocia era el país más bello del mundo. No sé si apoyar con rotundidad esta afirmación, pero indudablemente cualquiera que lo hayamos visitado sabemos que ciertamente tiene paisajes bellísimos. Pero todo país tiene su trastienda oculta y sus miserias. Sus zonas pobres, degradadas, industrializadas, desindustrializadas… y el fotógrafo lo encuentra en el estuario del Forth, o como lo denomina él en nórdico antiguo Myrkvifiörd, lo cual le sirve de título para el libro. Este lugar es característico por que en él encontramos buena parte de la población escocesa, con Edimburgo, Stirling y otras ciudades en sus orillas. El lugar mezcla la belleza y la riqueza natural con la degradación de las periferias urbanas e industriales. Y a mí, estos temas siempre me han interesado. Y creo que Irvine los trabaja muy bien.

[Libro] Los dieciséis árboles del Somme – Lars Mytting

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Tres elementos se dieron en su momento para que me decidiese a comprar este libro en formato electrónico y, eventualmente, a leerlo. Por un lado, las buenas experiencias en los últimos años en lo que se refiere a autores noruegos, siempre fuera del machacado y sobreabundante nordic noir. Que no va de eso la cosa. Por otro lado, la oferta para comprar el libro electrónico por menos de dos euros cuando normalmente se vende a casi diez euros. Y finalmente, que encontré bastantes referencias positivas en una revisión rápida sobre su autor, Lars Mytting, y en concreto sobre la novela que nos ocupa hoy.

La novela tiene un título en noruego totalmente distintos, Svøm med dem som drukner, que se traduciría por algo así como Nada con quienes se están ahogando. Nunca he sido partidario de los cambios en los títulos; por algo el autor les puso el que les puso a sus obras. Pero bueno, tampoco me voy a poner pesado en esta ocasión sobre el tema, y sobre las “ocurrencias” y “genialidades” de los editores y editoriales a la hora de poner títulos “adaptados” al lector de otros países. Como creo que ya comenté en algún momento respecto a la obra de otro nórdico, un sueco, no es lo mismo “odiar a las mujeres” que “no amar a las mujeres”. Y sí… es una diferencia sustancial.

La Noruega que conocemos en la novela no es la más turística de paisajes con fiordos, nieves o montañas espectaculares. Es la interior, de granjas, bosques y salpicada de lagos, que tuvo tiempo de esbozar en mi mirada en el trayecto ferroviario entre Oslo y Bergen hace unos años.

En esta ocasión, nos trasladamos a los primeros años 90 del siglo XX, al interior de Noruega, a un ambiente rural y granjero, donde vive Edvard, un joven que vive marcado por una serie de hechos. Sus padres murieron prematuramente en Francia al explotar una bomba de gas de la Primera Guerra Mundial cuando él tenía sólo cuatro años. El estuvo desaparecido durante cuatro días cuando eso sucedió. Fue criado por su abuelo, que es odiado por sus vecinos por haber sido simpatizante de la Alemania nazi durante la guerra. Su abuelo vive extrañado de su hermano, que parece que luchó en el otro bando, y de quien le separan antagonismos no bien comprendidos. Y en estas estamos cuando la muerte repentina del abuelo, abre el camino a la posibilidad de desvelar las razones y los motivos de todas estas situaciones. Dando lugar a un recorrido que nos llevará de la Noruega interior a las islas Shetland, y de allí a los campos del valle del Somme. Y a la vez a las herencias que las tribulaciones históricas del siglo XX, especialmente sus dos guerras globales, dejó en las vidas de muchas personas.

Al terminar de leer la novela, esta me dejó un cúmulo de sensaciones. Mytting abre un pastel en los primeros capítulos que ofrece una infinidad de historias, todas ellas interesantes, todas ellas potencialmente trascendentes. Hay muchas posibles novelas en el universo que crea el autor. La de la reflexión sobre la sinrazón de las guerras. La del joven despistado que buscan encontrarse y saber quién es y con quién quiere estar. La de la historia del desarraigado, que cuando pierde su razón de ser principal, su pasión, pierde el rumbo y navega por su vida sin arribar a ninguno de los puertos que se le ofrecen. La del anciano que tiene que cuidar a su nieto, sufriendo por las consecuencias de sus decisiones de juventud. La de la mujer que nace en un infierno y en muere por las consecuencias de otro y cuya historia debe ser contada y recordada. La de una historia de amor, improbable, y tal vez, sólo tal vez, realmente imposible.

El problema es que muchas de estas historias quedan esbozadas, pero no bien desarrolladas, mientras vamos acompañando a un protagonista principal que carece de suficiente carisma como para que realmente nos importen sus cuitas. Nos interesan más todos aquellos que le rodean o con los que se encuentra, que él mismo. Y además, que la novela no encuentra un ritmo adecuado. Avanzando a trompicones, con distintas velocidades en cada momento, sin que encontremos un motivo para ello.

No os confundáis. No me parece una mala novela. Al contrario, globalmente me ha resultado muy interesante. El problema es que se queda en algo que está bien, cuando había material, ideas y posibilidades para ser apasionante. Y al final, no llega a tanto, ni mucho menos. De lo que más te quedan ganas es de visitar los lugares por donde pasa. Y de conocer a Gwen.

[Cine en TV] Jusqu’au declin (2020)

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Jusqu’au declin (2020; 27/20200523)

Este fin de semana pasado estuve muy apático. Tanto en cuestiones televisivas como cinematográficas. Y no dediqué mucho tiempo a rastrear en las distintas plataformas en internet para buscar algún estreno interesante. El sábado, después de comer, vi en Netflix esta película de acción canadiense, francófona, dirigida por el desconocido (al menos para mí) Patrice Laliberté.

La acción, bastante previsible, una de las características de la película que lastran la película, se centra en torno a un grupo de supervivencialistas que se reúnen en algún lugar boscoso, más o menos remoto, frío y nevado, para una especie de seminario en el que van a aprender técnicas de supervivencia en caso de catástrofe apocalíptica. Como conseguir comida y recursos y como defenderse de los otros. Pero poco a poco las cosas empezarán a ir mal, y esas técnicas se van a ir volviendo en contra de los “alumnos”.

Imágenes del viaje a Canadá de hace cuatro años… ¿Cuándo de nuevo?

Correctamente realizada desde un punto de vista técnico. La historia es muy previsible, los diálogos muy planos, y los personajes muy estereotipados. En algún momento en concreto funciona como película de acción modesta, destinada a matar ratos en los que no apetece pensar. Con un guion tan plano, los intérpretes poco pueden hacer para destacar.

Así pues, película no demasiado recomendable, aunque tampoco pasa nada especial se la ves, cosas peores han tenido éxito. De fondo, por ser benevolentes, subyace el mensaje sobre el hecho de que motivaciones egoístas, ver a los demás como rivales o enemigos, complican más la supervivencia que la búsqueda de colaboración, ver a los demás como potencial apoyo mutuo en situaciones difícil. Pero estos movimientos, tan propios de Norteamérica, parecen nutrirse de gentes de pensamiento ultraconservador y no especialmente cultivados. Yo pienso dos cosas. Que según cómo sean las condiciones de una catástrofe, igual vale más terminar pronto que intentar seguir adelantes. Que el egoísmo que muestran estas gentes es fácil ver en las calles de nuestras ciudades hoy en día, cuando la gente no ha entendido que el secreto para frenar la epidemia vigente es realizar acciones para proteger a los demás y no la visión egoísta de protegerse a sí mismo y allá cuentas los demás.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

[Cine en TV] El silencio del pantano (2019)

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El silencio del pantano (2019; 25/20200517)

Sinceramente, ahora que estamos a punto de entrar en la fase 2 del retorno a cierta normalidad tras la primera onda epidémica del covid-19, y con la emoción de ver si funciona o si desencadenamos la segunda, uno de mis mayores deseos es el de volver a las salas de cine. A ser posible, con algún estreno respetable. Porque el balance de los estrenos en plataformas en internet está siendo bastante pobre. Y hoy vamos con una producción estrenada en Netflix, dirigida por Marc Vigil uno de los implicados en El ministerio del tiempo, que recientemente a vuelto a RTVE/HBO en su cuarta temporada. Cuenta en su reparto con uno de los viajeros temporales del “ministerio”, Nacho Fresneda, y con uno de los “héroes” que atracan casas de la moneda y tesoros nacionales, Pedro Alonso, en concreto el que interpreta a un violador. Y a pesar de todo, uno de los “héroes” de la serie, parece ser. Todavía me hago cruces por la ambigüedad ética de la serie, cuya cuarta temporada me he negado a ver. Que conste que mi reproche va contra la serie y sus responsables, no contra el actor, cuya persona y trabajo respeto, reservándome mi derecho a opinar si en una determinada producción lo hace mejor o peor.

La acción transcurre en Valencia, paradigma de las Españas corruptas, donde un asesino justiciero (Alonso), se dispone a hacer “justicia” con un profesor universitario y político involucrado en una trama de corrupción y tráfico de estupefacientes que implica a otros políticos destacados de la sociedad. Al justiciero lo persigue un matón burdo y brutal (Fresneda), para evitar que se desmonte el entramado criminal. Pero todo esto, desde el punto de vista de que es un escritor de fama (interpretado también por Pedro Alonso), quien está escribiendo la trama. Supongo que jugando con la ambigüedad entre la realidad y la ficción.

Y digo “supongo”, porque es la única forma que esta trama tenga algún sentido. Por un lado, es muy básica; los malos, el justiciero, las persecuciones, y unas cuantas violencias, más o menos brutales, para repartir un poco de salsa de kétchup entre los espectadores. Sinceramente, el ritmo de la película es deslavazado, las interpretaciones son estereotipadas y poco matizadas, probablemente porque los actores no tienen mucho material sobre el que trabajar. Y la sensación que da es que todos estos éxitos televisivos españoles recientes son mucho más vacuos en sus cualidad artísticas de lo que sus éxitos apuntan, y que su presunta calidad no se traslada a esta mediocre película.

Sinceramente, si lo hubiera imaginado, no hubiera perdido el tiempo. Pero bueno, a lo hecho pecho..

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

[Cine] Öndög (El huevo del dinosaurio) (2019)

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Öndög (2019; 13/20200218)

En idioma mongol, uno de esos idiomas o familia de idiomas que nos parece remoto, y desde luego totalmente inescrutable, pero que luego resulta que hablan un buen puñado de gente, muchos más de los que creemos, öndög significa huevo. Sin dinosaurio. Lo del lagarto terrible es un añadido de la distribuidora porque los del huevo no les parecería comercial. Que conste que sale un huevo de dinosaurio. Fósil. Claro.

No he visitado Mongolia. Me gustaría. Tal vez saliendo desde Moscú, primero en el Transiberiano, hasta “poco” después de Irkutsk, y luego en el Transmongoliano hasta Ulán Bator, o quizá algo más allá. En fin… tierras elevadas, escasamente pobladas, frías en invierno y cálientes en verano, esteparias en ocasiones, y con dinosaurios… visite Teruel.

Hace unos meses, me dio por comentar aquí y allá, entre la familia, entre las compañeras de trabajo, entre diversos grupos de amigos, que había visto una película surcoreana en el cine que estaba muy bien. No la obra maestra que algunos dicen ahora ver, pero que realmente estaba muy bien. Se me quedaba la cara de haba viendo las caras de pena con las que me miraban pensando algo así como “pobre chico, no tendrá mejores cosas que hacer que ver una película coreana…” Ahora, muchos de esos, se han hecho expertos en cine coreano después de ver aquella película, porque en Hollywood le han dado un premio. Y me siguen mirando con cara de pena cuando les digo, lo que decía hace unos meses, que está muy bien, pero no que no me parece una obra maestra. Que en algunos puntos se le ven las costuras. Claro que es “una obra maestra”. Si la han visto todos, en un alarde de intelectualismo cinematográfico… siendo coreana,… cómo no va a ser “una obra maestra”. Entonces a mí se me ocurre decir que un año antes se pudo ver una película japonesa que discutía las consecuencias de la sociedad capitalista en determinados sectores de la sociedad a la vez que reflexionaba sobre el significado del concepto de familia, que estaba mejor. Y entonces, sus miradas de pena se dirigen hacia el teléfono, tentados de llamar a las urgencias de salud mental. Pero qué dice este… qué habla de una película japonesa. Si la buena es coreana.

Pues ahora imagino si cuento en voz alta que me he ido a ver, sin que nadie me obligue, una película mongola, dirigida por el chino Wang Quanan. Ya partimos de un hecho. En castellano, “mongol” suele ser usado más como insulto que como gentilicio. Aunque curiosamente, es el único gentilicio que recuerdo que rima con “español”. Cosas extrañas de nuestro idioma. Luego viene el tema de los “listos”. Y si son de internet, más “listos” todavía, que se entusiasman diciendo que es el “fargo” mongol. Sí, Fargo, como la de los hermanos Coen. Es que sale una pradera inabarcable, hace frío y hay un crimen. Hasta ahí, el parecido. No hay nieve. La protagonista no es policía. El crimen no supone ningún misterio ni importa un rábano. Lo que realmente es… pues es una película de amor y desamor, de crecimiento personal, y de mujeres… lo siento, voy a decir la palabra,… empoderadas. Aunque no bajo los cánones y los clichés del mundo occidental.

No os voy a resumir el argumento. Si os queréis enterar, os vais a verla. Que merece la pena. Que nadie se acordará del nombre de sus intérpretes, pero lo hacen también como los que sirven para vender entradas de cine o ropa del Corte Inglés. O mejor. Y está bellamente rodada. Aunque lo tengo que reconocer, el conjunto… me dejó un poco frío al final. Aun así, me parece muy recomendable. Eso sí, si no queréis que os miren con cara de pena, luego no contéis que la habéis visto. Salvo que le den un premio en forma de eunuco dorado. Entonces sí. Ya pasaréis a ser respetables.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***