Salí hace un par de sábado a pasear por el Parque Grande de Zaragoza. Iba con una cámara de formato medio para película tradicional, con el fin de hacer fotos tranquilas. Pero me encontré con el «Hanami [花見 ]» o fiesta para ver flores, las de los cerezos ornamentales japoneses que se van plantando año a año en el parque, que celebraba la Asociación Cultural Aragón-Japón.
Unas «sakura» en los cerezos ornamentales japoneses del Parque Grande de Zaragoza, excusa para esta fiesta.
No llevaba el equipo más adecuado para hacer un reportaje, porque mis intenciones al salir de casa eran muy distintas. Pero bueno, quien quiera los detalles técnicos están en Ilford Delta 400 a IE 200 y gente que juega a japoneses.
La noticia científica de la semana ha sido la publicación de la primera fotografía de un agujero negro, precisamente el masivo agujero negro que se encuentra en la masiva galaxia elíptica M87, en la constelación de Virgo.
Empecemos con una imagen y un vídeo sobre este evento, que no están realizados por mí, pero tienen que ver mucho con él y con su comprensión.
Fotografía de la galaxia M87, a la izquierda, con el chorro de plasma, gas ionizado, que sale despedido del activo agujero negro, cuya primera representación gráfica, a la derecha, hemos visto esta mañana.
Aunque han participado unos 200 científicos, ingenieros e informáticos en el proyecto, se ha puesto cara en una mujer joven de 29 años, Katie Bouman, que no es astrofísica, pero que es una de las responsables del algoritmo que ha permitido obtener la imagen a partir de la ingente cantidad de datos recogidos por EHT [Event Horizon Telescope].
Conferencia TED de hace un año, antes de todo el revuelo del hallazgo, de la doctora Bouman en la que nos explica cómo se trabaja este tipo de imagen.
El caso es que de inmediato han sucedido dos cosas. En el mundo de la ciencia, alegría y parabienes. En el mundo de la fotografía, un montón de chorradas que demuestran que muchos fotógrafos no entienden las bases científicas o técnicas de su afición o profesión.
La cuestión es que de repente hay una serie de gente que dice que esta imagen no es una fotografía, sino otra cosa. Incluso que es una invención ingeniosa para dar una realidad visible a una serie de datos que no tienen que ver con la fotografía. Y luego está la tonta del haba que dice que no les ha quedado muy bien, que no es muy bonita. No voy a enlazar ninguno de estos artículos que han aparecido en internet… por estúpidos.
Primero, entendamos lo que es una fotografía. Sobre una superficie sensible, incide la luz del objeto u objetos escogidos por el fotógrafo. Se forma una imagen latente y, posteriormente, mediante métodos físicoquímicos o eletrónicos convertimos esa imagen latente en una imagen que todos podemos ver. Si no hemos perdido el sentido de la visión, claro.
Generalmente, como buscamos en esa imagen una representación más o menos precisa del mundo que nos rodea, usamos superficies sensibles a las longitudes de onda de la luz similares a las que son sensibles nuestros ojos. Pero la luz visible no es más que una pequeña franja de lo que es la radiación electromagnética, la luz en el sentido amplio de la palabra. Dicha radiación electromagnética va desde los energéticos rayos cósmicos, la radiación gamma, de cortísima longitud de onda (10 EE(-12) metros), y muy peligrosos por la capacidad que tiene de ionizar las átomos cuando colisiona con ellos, hasta las ondas de radio de onda larga (1000 metros), absolutamente inocuas. Pero independientemente de su energía, es decir de su frecuencia y longitud de onda, toda esta radiación tiene la misma naturaleza. Y el cuanto del campo electromagnético que transporta la información es para todas estas radiaciones el mismo, el fotón.
Ya he dicho que normalmente fotografiamos en el espectro de la luz visible. Pero no siempre. Yo mismo os he mostrado fotografías realizadas en el espectro infrarrojo, que nuestros ojos no ven, pero que las superficies sensibles que utilizamos en fotografía sí que ven. Si se bloquea el espectro visible y sólo dejamos pasar el infrarrojo,… ya tenemos una fotografía que ve el mundo de forma distinta a la que nos muestra nuestros ojos. Pero tan real como este, y al mismo tiempo tan incompleto. Y tan fotografía es una como otra. A continuación os muestro un par de mis fotografías en el infrarrojo.
Cuando los astrónomos mira al universo con sus telescopios, es raro que lo hagan pasando horas mirando por un ocular. Lo normal es que tomen imágenes, fotografías, del universo. Dejan que durante horas se acumule la radiación electromagnética sobre sus superficies sensibles, con el fin de obtener la mayor cantidad de información posible, para poder interpretar el universo. Y no sólo es eso. Suelen filtrar la luz que reciben sus instrumentos con filtros que bloquean determinadas longitudes de onda y dejan pasar selectivamente otras. Hay que saber que no toda la luz visible de los objetos estelares llega a nosotros, ya que se encuentra por el camino otros objetos opacos a la misma. Pero que dejan pasar la luz que viene en otras longitudes de onda distintas de la visible. Y luego estudian por separado estas imágenes filtradas o las combinan en una única con más información.
También debemos entender cómo funciona uno de los captores electrónicos que son la base de la fotografía digital actual. Son receptores que registran la frecuencia y la energía de la radiación electromagnética, generalmente, pero no únicamente, la del espectro visible, generando diferencias de potencial, que luego mediante algoritmos de cálculo transforma en el archivo digital que usamos para generar la imagen en una pantalla o en una impresora.
Pues bien, el EHT y los algoritmos en los que ha trabajado la doctora Bouman que he mencionado antes hacen algo similar. El EHT está formado por una red de radiotelescopios distribuidos por la superficie terrestre para aumentar de forma muy notable la capacidad de resolución del sistema. Lo sabemos perfectamente. Cuanto más grande es el captor de la imagen en fotografía digital, o más grande es la superficie del fotograma de película en la fotografía fotoquímica, más nivel de detalle fino seremos capaces de reproducir en nuestra imagen final. Pues lo mismo. El telescopio efectivo conformado por la red de radiotelescopios del EHT, es de un tamaño planetario. Única forma de ver un agujero negro. Lo único es que no trabajan con la luz visible, sino con la luz que llamamos ondas de radio milimétricas o submilimétricas. Con longitudes de onda de unos pocos milímetros hasta unas pocas décimas de milímetro. Si cogemos una onda de luz visible de 500 nm, el color verde, es lo mismo que decir de 5 diezmilésimas de milímetro.
Con toda la información recogida, en forma inicialmente de las diferencias de potencial generadas en las antenas/radiotelescopios del sistema, sensibles a esta radiación, se aplican los algoritmos en los que ha trabajado la doctora Bouman y se genera la fotografía del agujero negro. Todo es de una escala enorme y mucho más complejo que la de nuestras cámaras digitales,… pero esencialmente es lo mismo. Por lo tanto, yo que creo comprender bien la naturaleza de la luz y de la fotografía no tengo la menor duda, la imagen del agujero negro es nuestra primera fotografía de un agujero negro. Sólo la gente de mente estrecha o que no entienden los fenómenos físicos subyacentes pensarán de otra forma.
Ya hace más de un mes de este paseo vespertino entre el puente sobre el río Gállego en el barrio de Santa Isabel y el azud sobre el Ebro, pasando por la desembocadura del afluente en el río principal. Paseo un poco nostálgico porque suponía el usar, quizá por última vez, un carrete de Fujifilm Neopan 100 Acros, una película en blanco y negro que me gusta mucho, pero cuyo cese de producción y de comercialización ha sido anunciado ya.
Va a ser breve. Como vengo diciendo en las últimas semanas, no ando con mucho tiempo. Como en años anteriores, el domingo salí a caminar un poco por la mañana, y me acerqué al recorrido de la edición de 2019 de la Maratón de Zaragoza. No pasa lejos de mi casa. Pero me levanté con tiempo y recorrí caminando unos cuantos kilómetros de su recorrido, entre el 17 y el 21, más alguno más intercalado, con el fin de encontrar algún punto donde quedarme a tomar algunas fotos.
La cámara que llevé, como otros años, la Canon EOS 5D Mark II, que me permite usar el teleobjetivo EF 200/2,8 USM II, que con el duplicador me proporciona un 400/5,6. También me llevé el Tamron 35/1,8, que utilicé en alguna toma. Con este equipo suelo quedar satisfecho.
Finalmente, encontré un buen sitio para quedarme en el paseo de los Bearneses del Parque Grande de Zaragoza. Algunos lo conocen como el paseo de los Plátanos, por la especie de árbol dominante en el mismo. La combinación de luz de la mañana, con eventuales nubes pasajeras, más la matización de la misma que producían las ramas y las incipientes hojas de los árboles, me parecieron adecuados. Hice también fotos en un par de lugares más de vuelta a casa. En esta entrada, sin más, os dejo unas cuantas fotografías de las que hice.
En más de una ocasión he comentado recomendaciones que proceden del blog Oscar en fotos, del mejicano Óscar Colorado Nates. Recientemente actualizó uno de sus artículos sobre la teoría fotográfica, en concreto sobre los elementos del lenguaje fotográfico. La fotografía, tanto en su uso documental como en su uso artístico, o cualquiera de los otros usos que se le quieran dar, no deja de ser una forma de comunicación, visual, entre los seres humanos. Como otras artes. Como otros medios visuales. Y para que la comunicación sea efectiva, el emisor del mensaje y el receptor deben compartir un mismo lenguaje, un mismo código. Y esto no siempre es así; por lo menos, no siempre. Por lo tanto, bien vendrán artículos como este para dar un repaso a la gramática del lenguaje fotográfico.
Los cerezos ornamentales del jardín japonés del Parque Grande de Zaragoza han florecido, y la Asociación Cultural Aragón-Japón ha celebrado su «hanami«, la fiesta para ver los cerezos en flor, para contemplar las «sakura». Y yo coincidió que pasaba por allí. Ya había fotografiado las flores del cerezo unos días antes. Y esta mañana, antes de dedicarme a la maratón de Zaragoza, también.
En otro blog muy interesante, que publica con menos frecuencia de la que me gustaría, es Cartier-Bresson no es un reloj. Y recientemente, creo que el mismo día que el anterior, publicó un artículo que ha repercutido notablemente en algunos grupos de amantes de la fotografía en las redes sociales. Y todo a propósito de un diálogo que encontramos en Los puentes de Madison (The Bridges of Madison County). No en la película que conoce la mayor parte de la gente, sino en el libro de Robert James Waller (1939 – 2017) en el que se basa el filme. Y en él, el ficticio fotógrafo Robert Kincaid afirma que la comercialización de la fotografía, entendida como una de las bellas artes, conlleva la uniformidad de los estilos por exigencia de los editores (o de los marchantes, de paso), produciendo una regresión a la mediocridad del medio, penalizando el riesgo, la originalidad y la experimentación. Lo cierto es que eso es algo que sucede en la mayor parte de los órdenes de la vida. Las sociedades avanzan mucho más despacio de lo que podrían por las tensiones conservadoras que valoran más la seguridad que la innovación. De todas formas, la ventaja de los fotógrafos aficionados es que pueden hacer lo que quieran; están menos sometidos al mercado que los profesionales. Así que, dejad de imitar a otros y haced lo que os dé la gana.
En Magnum Photos publicaron un artículo con un par de fotografías del británico Chris Steele-Perkins, que trata sobre su trabajo sobre las nuevas familias británicas, en el que pone de manifiesto la diversidad creciente en la sociedad de su país, un poco a la contra de las tendencias aislacionistas de una parte de su sociedad y sus políticos que han llevado al desbarajuste del Brexit. Pero creo que podría haberme pasado desapercibido si no fuera porque inmediatamente la fotografía de presentación me recordó a las meninas de Velazquez. Y es que las artes dialogan constantemente entre sí, a veces de forma manifiesta, otras de forma subconsciente. Y eso es hermoso. Después, una vez hecha la parada en el artículo e investigados los enlaces hipertextuales, resultó que el trabajo en conjunto me pareció muy interesante.
En Cada día un fotógrafo/Fotógrafos en la red nos proponen visitar la obra de la fotógrafa griega Stefania Orfanidou que, aunque actualmente radicada en Atenas, en su país natal, está vinculada a nuestro país, pues estudió en Bellas Artes en Madrid. He estado mirando un rato en su página web y la verdad es que, dejando aparte de que a veces no se cargan las imágenes correctamente, es muy interesante y recomendable.
Segunda parte del paseo del que ya os hablaba hace un par de días. Después de pasear por La Cartuja Baja, nos dirigimos a la pasarela del Bicentenario, en el camino de Zaragoza al galacho de la Alfranca. Y allí disfrutamos de un magnífico atardecer. Aquí os dejo algunas fotos realizadas con película tradicional en blanco y negro, Más un par de fotos extras de ambiente urbano. Dentro de unos días vendrán las realizadas con película negativa en color.
Fue una tarde fotográfica, pero llena de despistes en mi técnica fotográfica que ha impedido que consiguiera una serie más lucida de fotografías de un paseo vespertino el sábado pasado, caminando desde mi casa en el barrio de San José de Zaragoza hasta la pasarela sobre el Ebro en el camino de la Alfranca.
Las FP4Party son «fiestas» fotográficas organizadas a través de las redes sociales en las que los participantes realizamos fotografías con película tradicional, pero de un determinado tipo. En concreto, la Ilford FP4 Plus 125, y en caso de que alguien disponga de algún carrete antiguo, caducado, de sus predecesoras como la FP4 (sin Plus, 1968 – 1990, sensibilidad 125 ASA), la FP3 (1942 – 1968, sensibilidad 40, 64 o 125 ASA según fechas), la FP2 (1939 – 1942, 80 ASA), o la FP (Film Panchromatic original, 1935 – 1939, 28 ASA). Lo normal es que todos usemos la primera, la actual, con sensibilidad ISO 125, aunque yo la uso a un índice de exposición de 200 o 250. Otros detalles técnicos en De «party» con la Ilford FP4 Plus.
Participé en enero y febrero, y de las 21 fotografías seleccionadas en febrero de las más de 200 subidas a las redes sociales, en la votación final, una de mis fotos quedó clasificada como tercera. Es esta.
En marzo he participado con un carrete de película de 35 mm biperforada, la más popular y que conoce todo el mundo que ha hecho alguna vez fotos con película tradicional. Dípticos a partir de fotos realizadas con la Zenit 3M (no sin problemas).
Y también con dos rollo de formato medio, expuestos con la Fujifilm GS645S Wide60. Estos, sin problemas.
Últimamente he cambiado un poco mi estrategia a la hora de comprar libros de fotografía. En primer lugar, por si no ha quedado claro con anterioridad, no me refiero a libros de técnica fotográfica, aquellos que nos enseñan, con mayor o menor fortuna, los principios técnicos, más o menos básicos o más o menos avanzados, para obtener nuestras fotografía. Hace tiempo que llegué a la conclusión de que, aunque hay muchos y muy variados, muchos de ellos tienen carácter muy especializado, para determinados tipos de fotografía, y que si dominas unos cuantos principios básicos sobre exposición, control de la luz de la calidad de la luz y composición… puedes enfrentarte al 90 % de las situaciones. La clave no es adquirir más conocimientos, sino aplicarlos con frecuencia, hacer fotografías y, también, fijarse en los mejores. En ocasiones, intentar replicar las condiciones de toma de aquellas fotografías que nos llamaron la atención, aunque introduciendo siempre variaciones, diferencias, que sean lo que poco a poco definan nuestro estilo. No pasa nada por copiar, el problema es plagiar. Incluso de forma inconsciente. No comparto la filosofía de quien, cuando ve una foto que le gusta, quiere replicarla a la perfección. Prefiero la filosofía de quien, cuando ve una foto que le gusta, intenta reproducirla pero con un estilo propio.
Ayer exploramos nuevos paisajes entre el puente sobre el Cuarto Cinturón de Zaragoza y la pasarela sobre el Ebro en el camino de la Alfranca. Pero como fuimos caminando desde mi casa, en el barrio de San José, y atravesando la huerta de Las Fuentes y Montemolín, calculamos mal el tiempo y llegamos media hora más tarde de lo que debíamos. No obstante, estuvo bien. Volvimos por la Cartuja, donde cogimos el autobús urbano. Me queda por revelar lo que hice con película tradicional.
Pero a veces nos lanzamos a contemplar la fotografía de artistas complejos, tanto en sus conceptos como en sus realizaciones. Y pasamos por alto la de aquellos que nos pueden guiar en el camino de fotografías sencillas de realización, cuya calidad se ve condicionada más por el concepto o la idea que reside tras ellas, sin desdeñar, nunca, la calidad técnica. Hay fotógrafos que editan pequeños libros, por su cuenta, o apoyados por pequeñas editoriales independientes, que nos pueden convenir para adquirir ideas.
Another Place Press es una de estas editoriales que apoya a los fotógrafos mediante ediciones de pequeña tirada, en formatos modestos pero bien presentados, y en los que el tema más frecuente es el paisaje. Aunque muchas veces un paisaje con significado. Hace unos años empecé a seguir su blog en Tumblr, pero por algún motivo, que debe tener que ver porque esta plataforma, independientemente de la polémica de la censura, cada vez tiene menos interés en favor de otras más dinámicas. El caso es que en su momento adquirí un par de libros de paisajes que me gustaron, de sus primeras ediciones; Føroyar de Kevin Faingnaert, y Cascadia de Coby Cobb.
Recientemente he vuelto a prestar atención a esta editorial, pero siguiendo su perfil en Instagram. Y eso me llevó a visitar su página principal y comprobar que había un cierto número de libros que me interesaban, aunque no pocos estaban agotados. No obstante, encontré un par de publicaciones que me interesaron y que pude adquirir. Siempre dentro del tema principal de la editorial, el paisaje.
El primero es The Moor de Robert Darch [Instagram], que debuta en la publicación de libros de fotografía con este título. En el libro, Darch recorre el paisaje natural y humano de los páramos del condado de Dartmoor, un paisaje áspero, frío, pero indudablemente bello, que rompe con las ideas habituales que tenemos del paisaje de la campiña inglesa. Donde Conan Doyle situó una de las más célebres aventuras del detective Sherlock Holmes. Esto último es anecdótico.
El segundo es un libro doble, aTAcaMa y El Tatio, del chileno Luis Lazo [Instagram]. Chileno hemos dicho, pero creció y se desarrolló como persona y artista en el exilio, por culpa del golpe militar y fascista que asoló el país sudamericano. Estos dos libritos, son pequeños, más bien cuadernillos, como muchos libros de la editorial, recorren áridos paisajes, inhóspitos, pero indudablemente bellos, en un viaje de descubrimiento, de reencuentro con el país de origen. El primero dedicado al famoso desierto del norte del país, pero también escenario de los asesinatos del régimen militar fascista; el segundo, el tercer mayor campo de géiseres del mundo, también en el norte, en la región de Antofagasta. Están muy bien.
Finalmente, una fotógrafa de la tierra, Vicky Méndiz [Instagram], cuya obra podemos contemplar en dos exposiciones activas en estos momentos en Zaragoza. Es una de las seleccionadas para la exposición Cierta luz – De fotógrafas aragonesas que ya he comentado, en la Lonja de Zaragoza, y también una de los artistas que exponen en el Torreón Fortea, en la exposición Lugares significantes. En esta última, estuve hojeando un librito de Méndiz con un título en japonés, Honne/Tatemae [本音/建前], dos términos hasta cierto punto contrapuestos, o quizá, complementarios. El primero representaría el natural ser de las cosas, el segundo, la apariencia, la fachada con la que se presentan. Y en cierto modo es un libro que está en la línea de otros que he comentado recientemente de fotógrafas europeas atraídas por el País del Sol Naciente, como pueden ser los de Lena C. Emery o el de Jitka Hanzlová.
Este último está autoeditado por la propia fotógrafa, y aquí en Zaragoza se puede encontrar en la Galería Librería La Casa Amarilla, que representa a la fotógrafa y donde lo compré. Además pude visitar la exposición actualmente en marcha, de Almalé y Bondía, Jesús Almalé y Javier Bondía, también ambos fotógrafos zaragozanos, en el que en dos series distintas, pero mucho más relacionadas de lo que parece a primera vista, reflexionan sobre el impacto sobre el planeta de los vertidos y de los plásticos. La persona al cargo en ese momento de la galería conversó un ratito, no pude estar mucho tiempo, comentando la exposición y fue muy interesante.
Por último, recordar un artículo de Oscar Colorado en su blog que me ha aparecido hoy mismo en el agregador de noticias sobre el encuadre fotográfico, mucho más concreto, preciso e interesante que los rollos que sueltan algunos iluminados sobre la composición y el encuadre en fotografía.
La primavera se nos ha adelantado mucho este año, y las tardes de los sábados de febrero fueron muy agradables. Dedicamos un par de ellas a recorrer el paseo entre el azud del río Ebro y el puente de Santa Isabel, por la desembocadura del río Gállego. Y en una de las ocasiones usé película diapositiva en color. Os dejo algunas fotos. Un comentario técnico lo podéis encontrar en Pentax MX + Fujichrome Provia 100F en la desembocadura del río Gállego.
También nos juntamos los estenopeicos de la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ para hacernos las fotos de grupo para la exposición que inauguraremos el 9 de mayo en la Casa de los Morlanes de Zaragoza. Y allí, terminé de exponer el carrete.
El domingo dimos un paseo de esos que aprovechan una mañana de razonable buen tiempo, a mí me sirvió para probar mi nuevo objetivo fotográfico, y acaban en un agradable vermú antes de ir a casa a comer.
Durante el paseo, atravesamos la plaza de San Felipe, una de las más agradables de Zaragoza, y pudimos comprobar que la sala de exposiciones del Torreón Fortea estaba abierta. Es de dependencia municipal, y en ese momento había una exposición colectiva con nombres muy interesantes. Bajo el título de Lugares significantes, los fotógrafos y artistas visuales Albert Gusi (instagram), Bleda y Rosa (instagram), Orencio Boix, Ricardo Calero, Sara Álvarez y Vicky Méndiz (instagram)(esta también tiene obra expuesta en la Lonja de Zaragoza en estos momentos). Varios de ellos muy vinculados a Aragón. Proyectos fotográficos o visuales asociados a un lugar y a un momento, que les da significado. Sabe a poco. Pero está muy bien.
El lunes teníamos que comprar un regalito. Algo sencillo. Y decidimos probar suerte con la tienda de Caixaforum. No compramos nada, pero visitamos las dos exposiciones que hay en activo.
La primera de ellas está dedicada a los diseños de arte para las películas de Disney. Cuidado con traducir concept art, que es la expresión americana, por arte conceptual (conceptual art). Son cosas distintas. No estamos ante arte conceptual. Estamos ante el trabajo de dibujantes, diseñadores gráficos y otros artistas que hacen el trabajo previo sobre cómo luego será el aspecto visual de las películas. Y hay verdaderas maravillas. Dividida en secciones, mitos, fábulas, leyendas, historias americanas y cuentos de hadas, va a haciendo un repaso de algunos trabajos significativos. No siempre me ha gustado la forma en que la factoría Disney ha trasladado a la pantalla algunas de estas historias, desvirtuándolas o introduciendo ideologías, a veces muy casposas. Pero el trabajo artístico realizado para muchas de ellas es notable, y hace que la exposición merezca la pena.
La segunda de las exposiciones se centra en torno al proceso de concepción y realización de uno de los cuadros más notables de Salvador Dalí. Se trata de Leda Atómica [https://tinyurl.com/leda-atomica], una pintura que realmente me gusta mucho. De estilo surrealista, tiene no obstante diferencias notables con la obra anterior del artista, al mismo tiempo que enlaza con su obra posterior, influida por según el artista por el acontecimiento del lanzamiento de las primeras bombas nucleares sobre ciudades japonesas. Pero con Dalí me pasa siempre algo similar. Sus obras me parecen muy interesantes y muchas me gustan, pero cuando habla y se explica me parece un tipo presuntuoso, vacío, rimbombante, que no tiene ni idea de lo que habla. Y que se apunta a las modas o tendencias del momento como quien se apunta a cualquier fiesta. Pero como a veces digo, admiremos la obra, pero no necesariamente al obrador.
Hacía tiempo que me comía el gusanillo la posibilidad de disponer de un objetivo super gran angular para mi equipo micro cuatro tercios. Y finalmente encargué uno, que me llegó el sábado por la mañana. Así que, además de las fotos que pudisteis ver en la entrada de ayer, os dejo algunos paisaje más, esta vez en color, y alguna foto de reportaje callejero, en blanco y negro.