[TV] Cosas de series; la diversidad en la animación japonesa

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Entre finales de octubre y principios de enero fui siguiendo algunas series de animación de estreno en Netflix, así como recuperando en la misma plataforma alguna otra relativamente antigua que en su momento tuvo bastante éxito y tuve curiosidad por el motivo de ese éxito. Y me encontré con una serie de impresiones contradictorias,… lo cual es frecuente que me pase con la cultura nipona. Entre las cosas que me gustan, a veces muchos, y las cosas que no… o incluso me horrorizan. Pero un tema recurrente en estas series es que tienen un componente pedagógico importante sobre la diversidad… y esa es la parte buena.

Para ilustrar una entrada de producciones japonesas, un paseo por los alrededores de monte Kurama, al norte de Kioto.

Fruits basket [フルーツバスケット, Furūtsu Basuketto] es una serie de 2001 que, como muchas otras está basada en una serie de historietas. Esta serie de historietas fue muy popular y ha dado lugar no a una sino a dos adaptaciones animadas. Narra las aventuras y desventuras de una joven adolescente que ha quedado huérfana que es acogida por una extraña familia de gente,… que son la encarnación de los signos del horóscopo chino, popularizado por toda el Asia oriental. Y con una trama principal a propósito de porqué la rata forma parte de los signos del horóscopo y no el gato. En sus aspectos positivos, la serie trata de la aceptación de los demás, con sus diferencias y particularidades, y no importando sus orígenes o su pasado. En sus aspectos negativos… es patriarcal como no te puedas imaginar. A la chica la acogen en la casa… pero porque les trabaja de chacha a los tres maromos que allí residen, limpiando, haciendo la comida, cuidándoles enfermos… al mismo tiempo que tiene que estudiar en el instituto y trabajar limpiando en un edificio de oficinas para sacar algo de dinero, porque de ellos nada. Y encima ¡está encantada! No sé cómo será la versión más reciente… pero la de hace 20 años combina buenas intenciones y pedagogía con una cierta casposidad.

Komi-san wa, Komyushō desu (古見さんは、コミュ症です; Komi no puede comunicarse) también está basada en una serie de historietas japonesas. Su personaje central es una joven adolescente, atractiva, inteligente, deportista, admirada por todos sus compañeros… pero que padece un trastorno de ansiedad social que le impide comunicarse correctamente con el resto de las personas, incluidos sus compañeros. Hasta que conecta con un compañero de clase, aparentemente anodino, pero que la comprende. Y que será el vínculo para ir adquiriendo otros contactos en su entorno escolar. La serie funciona como una serie de sketchs, entre dos y cuatro por cada episodio de 23 minutos, cómicos en general, al final del cual la joven supera alguna situación o contacta con alguna nueva persona, por lo que es muy dinámica. Y está planteada de tal forma que muestra que no existe una persona diferente y el resto «normales»… sino que todo el mundo tiene sus puntos débiles o sus variantes de carácter más o menos acusadas, más o menos aceptadas socialmente. Y que incluso la chica más popular y con más amigos tiene sus momentos en los que mete la pata y la caga. Es por lo tanto una serie pensada para orientar en la tolerancia y en la diversidad, en la aceptación del prójimo con sus peculiaridades, más allá de los aspectos superficiales que percibimos de los demás, que nos atraen o nos repelen. Es más moderna que la anterior. Aunque con elementos culturales que pueden resultar más o menos marcianos desde el punto de vista occidental. En general, está bastante bien. Y parece que tendrá una segunda temporada. Teniendo en cuenta que su público diana son los niños mayores y los adolescentes más jóvenes, me parece que es recomendable.

La tercera y última serie de hoy tiene un tono algo distinto. Aunque también trata el tema de la diversidad, pero como un elemento secundario. Blue Period (ブルーピリオド, Burū Piriodo – Periodo azul), por supuesto, también está basada en una serie de historietas. Muy prolífica la industria del manga, que suministra material para todo tipo de adaptaciones. Y nos cuenta la historia de un adolescente, popular, fiestero, no mal estudiante, pero desorientado en su vida. Hasta que un encuentro con la obra de una compañera perteneciente al club de arte del instituto hace que le entre el gusanillo de la pintura. Su interés irá progresando hasta el punto que aspirará a superar las difíciles pruebas de ingreso a la Geidai (Universidad Nacional de Bellas Artes de Tokio, un centro muy prestigioso en este ámbito). En el camino se relacionará con un conjunto de jóvenes con su misma meta, pero con personalidades y objetivos muy diversos, y con formas de entender el arte y la expresión artística muy diversa. Creo que esta serie, que no está mal, resume en exceso los posibles contenidos de la historieta original, que no conozco, en los 12 episodios de 23 minutos que dura. Y no consigue profundizar de forma adecuada en los diversos conflictos que presenta, tanto del protagonista como de su entorno.

[TV] Cosas de series; chica pizpireta que se nos pone seria y aventuras en las montañas coreanas

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Hola, soy Carlos y soy adicto. Adicto a las series surcoreanas. Sean buenas o malas. Hasta no hace mucho las calificaba de placer inconfesable, o guilty pleasure como dicen los anglófonos. Pero hoy en día también hay series de buena o gran calidad. Y todo empezó con las cinco chicas de la residencia para universitarias Belle Époque en la serie que internacionalmente se conoció como Hello my twenties!, pero cuyo título original fue Cheongchunsidae 청춘시대, o sea, Años de juventud. Fue mi primera serie de esta nacionalidad, la primera que vi en Netflix allá por 2016, su primera temporada, y nunca la he considerado un placer inconfesable. Tenía su punto, aunque no fuera perfecta, y a ratos, no acostumbrado todavía a las peculiaridades culturales del país asiático, un poco marciana. A parte de ser responsable de mi adicción, también lo fue de que me animara a irme yo sólo en octubre del año siguiente de vacaciones a Corea del Sur, en un momento en que me quedé colgado sin planes de vacaciones bien definidos, y cuando comprobé que podía tener un coste adecuado para el viaje en solitario. Las fotos que acompañan esta entrada son de ese viaje, claro.

Entre las protagonistas de aquella serie, del quinteto inicial de chicas compañeras de residencia, estaba la actriz Park Eun-bin, que interpretaba a una chica alocada y un tanto fantasiosa, estudiante de periodismo, muy animada, pero que también arrastraba sus problemas por dentro. Como todas. Pues bien, esta actriz desde entonces ha ido adquiriendo impulso y ha llegado a ser protagonista principal de algunas series, estando muy bien considerada en su país, donde opta a premios diversos, y algunos los gana. Decidí comprobar si aquellas pizpireta joven, que provocaba no pocos de los contrapuntos cómicos a los aspectos dramáticos de la serie de 2016, funcionaba también como parecía en otro tipo de papeles.

Yeonmo 연모 (traducción, afecto o cariño), pero presentada internacionalmente como The King’s Affection, en español El afecto del rey, es un drama de época situado en la dinastía Joseon o Choson, en el siglo XV. El reina del momento da a luz a dos gemelos, algo que parece que era de mal augurio, por lo que en secreto deciden matar a la niña recién nacida. Pero la madre la salva y la entrega para su cuidado a unos monjes budistas. Años más tarde, con trece o catorce años, vuelve a la capital y entra al servicio del palacio real, donde se encuentra con el príncipe heredero, con quien, aparte de ser de distinto sexo, comparte un mismo aspecto. Descubierta por los asesinos originales, deciden enmendar el error, y se disponen a matarla. Pero a quien matan es al príncipe. A partir de ahí, la reina su madre decide que para salvar a la chica lo mejor es hacerla pasar por el príncipe heredero. Entre medias,… pues hay un romance adolescente… y tal. Y años más tarde, ya un «joven príncipe adulto», todos se vuelven a encontrar. La historia es absolutamente ficticia, pero es obvio que se inspiran en el corto reinado de uno de los reyes de Joseon en ese siglo. Incluso el nombre es similar, si no igual, siendo las diferencias un problema de transcripción. La serie esta bien… a ratos. Combina romance, comedia, intriga palaciega y drama, con alguna tendencia momentánea a la tragedia. Y es muy irregular en su desarrollo. La protagonista, Park Eun-bin, tiene un papel que le obliga a estar muy seria y estática, lo cual no le sienta bien. Los momentos en los que hay acción y se mueve con más libertad son cuando muestra que tiene calidad. Irregular todo en general, aunque tiene una nota muy alta entre los votantes de IMDb… que suelen ser fanáticos del género.

Mientras veía la anterior, supe que la protagonista había protagonizado un drama romántico el año anterior, Beuramseureul Joahaseyo? 브람스를 좋아하세요?, literalmente, ¿Te gusta Brahms?, o por el título internacional de la serie, Do you like Brahms?. Al coprotagonista masculino lo vimos haciendo de enfermero en uno de los muchos dramas médicos del país asiático (también en este enlace, previo al anterior). Y nos narra las dificultades de una estudiante universitaria de música, de violín en concreto, que ha llegado a la carrera habiendo empezado muy tarde, por lo que le cuesta mucho más que a quienes empezaron con sus instrumentos de niños. Y además es incomprendida. Y las dificultades aumentan cuando conoce a un joven pianista de éxito, niño prodigio, que arrastra sus propios problemas personales. Todos ello en medio de un drama romántico con tres triángulos amorosos entre seis personas. Esta serie tiene algunos de los problemas de interpretación que he comentado en la anterior. Y no son frecuentes en los dramas románticos coreanos, frente a las mucho más animada y libres comedias románticas. Las interpretaciones son muy estáticas, muy rígidas y poco expresivas. Creo que más que un problema de calidad de los actores es de la forma en que se dirigen y se conciben. Una pena, porque el lío de triángulos amorosos que se plantea al principio de la serie hubiera podido dar para mucho… y poco a poco se desinfla de forma un poco desvaída. También irregular.

Voy a comentar brevemente Jirisan 지리산, que es el nombre de una de las montañas más famosas de Corea, y del parque nacional que la rodea. Jirisan sería «monte Jiri«. San, u otras variantes parecidas, es una palabra de origen chino que significa monte o montaña, y encontramos en otros idiomas orientales. También en japonés… véase Fujisan (monte Fuji, nunca Fujiyama), Koyasan, o Shoshazan, tres lugares estupendos que he visitado en mis viajes a Japón. O Huangshan, maravillosas montañas que visité en China. O Namsan (Seúl) y Jangsan (Busán), también visitas que hice en Corea del sur. La serie se emite en iQIYI, un canal chino similar a Netflix pero con producciones asiáticas exclusivamente. Lo probé. Pero no me interesó más que como curiosidad, porque su oferta no me parece de gran calidad, y porque no me fío nada en absoluto de entregar datos personales a plataformas de servicios en internet de esa nacionalidad. Y vi la serie por que está protagonizada por la actriz que protagonizó la estupenda película, precuela de la serie Kingdom, Jun Ji-hyun. Son las aventuras de los guardas del parque nacional, rangers los llaman, protegiendo a los visitantes y al propio parque, mientras se enfrentan a un asesino en serie, y con elementos sobrenaturales. Una mezcolanza curiosa. Ficción con elementos de publirreportaje destino a concienciar a la gente sobre los peligros de la montaña, y la necesidad de respetar la naturaleza. Tiene momentos muy entretenidos, cuando hay acción, y los intérpretes lo hacen bastante bien. Pero por lo demás es anecdótica. Dan ganas de visitar el parque y sus montañas. Eso sí.

Y esto es todo por hoy.

[TV] Cosas de series; Hailee Steinfeld está de moda

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Hasta tres series que he estado siguiendo en los dos últimos meses y que he terminado recientemente tienen como protagonista, de una forma u otra, a la actriz norteamericana Hailee Steinfeld. Esta chica que ahora debe rondar los 24 o 25 años, pero que conocimos con doce o trece cuando coprotagonizó con Jeff Bridges, Matt Damon y Josh Brolin la nueva versión de True Grit (Valor de ley) dirigida por Ethan y Joel Coen. Quizá una de las menos «coenescas» películas de estos hermanos, pero que a mí me gustó bastante. Y me gustó ella. Aunque lo que ha hecho después y hasta la fecha me ha pasado totalmente desapercibido. Y sinceramente… no me interesa gran cosa recuperarlo… Lo cierto es que aquella adolescente se ha convertido en una mujer joven con gran presencia física, y con buenas mañas interpretativas.

Nos iremos a Nueva York,… la ciudad que parecen odiar los de Marvel… porque la destrozan continuamente. La deben odiar.

En Arcane, el último gran éxito de Netflix en animación adulta, la oímos pero no la vemos. Da la voz a Vi, el personaje protagonista de la serie. Una serie que además de éxito entre los espectadores, está recibiendo desde su estreno grandes alabanzas de parte de la crítica. De estilo steam punk, en un mundo en el que se mezcla la ciencia con la magia, asistimos a las disputas entre una ciudad superior, rica y privilegiada, y una inferior, enterrada, pobre y necesitada. Y cada una de las dos con su propia dosis de corrupción entre los poderosos. Y está el conflicto entre dos hermanas separadas en la adolescencia y convertidas en rivales, Vi y Powder/Jinx (Mia Sinclair Jenness/Ella Purnell). Rodada en una mezcla de animación plana y tres dimensiones, diseñada por ordenador, de indudable mérito,… a mí me costó entrar en ella. Creo que lo que cuenta, una historia basada en un videojuego, no da para tanto como para los nueve episodios, divisibles en tres grupos de tres episodios, a modo de tres actos en el desarrollo de la historia. Y por lo tanto, uno de los actos, el segundo, me costó sacarlos adelante. Empieza muy bien, y tiene un final bastante conseguido, al que casi no llego… por aburrimiento. El estilo de animación, como ya he dicho, tiene mucho mérito… pero no es de los que más me gustan.

Hawkeye es una serie del universo Marvel dedicada a uno de los Vengadores menos vistosos, el que tradicionalmente se ha denominado en España, en traducción directa del inglés, Ojo de halcón. Un tipo sin poderes, pero que tira muy bien con arco. Si lo pensáis bien, puestos a pensar en un universo de superhéroes,… mmmmm… resulta más bien sosete. Protagoniza, teóricamente, la serie de seis episodios Jeremy Renner. Pero la serie resulta interesante cuando está el personaje de Kate Bishop (Steinfeld) en pantalla. Ahí, la chica es una auténtica robaescenas. El personaje en sí, pero sobretodo el carácter que le da la actriz, es mucho más interesante que el taciturno personaje protagonista. La chica pija que sueña con ser una gran arquera… pero que es gamberra, movida, poco reflexiva, aunque buena persona, da mucho más juego. Y por ella… porque si no, esta serie que ha resultado razonablemente entretenida, no me hubiera interesado nada en absoluto. Sale por ahí también Vera Farmiga en una papel muy poco aprovechado, y Florence Pugh, en una subtrama paralela que no va a ninguna parte y que claramente sobra. Quizá para tentar si merece la pena dedicarle una serie a su personaje o no. Hay otras caras conocidas, pero sin más interés. La serie me parece muy maja… cuando no se dedica a referenciar al resto del universo Marvel. Cuando lo hace se convierte en un tostón sólo apto para los aficionados con el cerebro lavado. Por lo tanto, irregular.

Y finalmente, Dickinson, serie de Apple TV+ que cuenta en tres temporadas una versión reimaginada de la vida de la celebrada poetisa norteamericana Emily Dickinson. Cuando la cogí había empezado a emitirse, con un episodio a la semana, la tercera y última temporada. Así que me vi las dos primeras de forma ágil, con algún episodio, de media hora de duración, casi todos los días, para llegar a los dos últimos teniendo que esperar al viernes correspondiente para verlos. Como digo, es una reimaginación de la vida de la poetisa. Se basa en lo que se conoce o lo que se supone de la vida de esta mujer que vivió toda su vida retirada, y sin publicar prácticamente nada, escribiendo continuamente, en la casa de sus padres Amherst, cerca de Boston, Massachusetts. Fue su hermana, interpretada por Anna Baryshnikov, quien se encargó de sacar a la luz su obra, convirtiéndola en una de las más grandes autoras de la lengua inglesa… postumamente.

La serie juega constantemente con esta paradoja. Y nos presenta una mujer joven, tremendamente imaginativa, con una mente inquieta, muy activa, constantemente creando, mientras a su alrededor, los dramas familiares, sociales y políticos de mediados del siglo XIX sirven para reflexionar sobre los problemas de principios del siglo XXI. Al fin y al cabo, ambos siglos solo parecen diferenciarse en la posición del palo, I. Sexismo, feminismo, homosexualidad, racismo, desigualdades, las guerras, familias prósperas y felices que quizá no lo sean… Todo ello con una buena ambientación de época, pero con personajes que hablan, o bailan, u otras cosas, al estilo contemporáneo. Entre la realidad y la fantasía… quizá en el realismo fantástico, la serie tiene unos guiones suficientemente inspirados para que, gracias un reparto mucho más inspirado, liderado con gran resolución por su protagonista, llegue a buen término, en una apuesta con cierto riesgo, que podría haber resultado más chirriante. Pero nó… resulta una comedia seria, fresca y atractiva. Desde mi punto de vista, muy recomendable.

[TV] Cosas de series; animación norteamericana entre la conspiradora y la aventura espacial

Televisión

La mayor parte de la animación que traigo a estas páginas es de origen japonés. Y esto se debe a dos motivos. El primero es que los nipones son mucho más prolíficos y estrenan mucho más títulos en las diversas plataformas digitales, especialmente Netflix y Amazon Prime. El segundo es que tienen una panoplia de temas y situaciones mucho más curiosa, «marciana» e intrigante que la animación occidental. Muchas veces no tienes ni idea de qué te vas a encontrar. La próxima vez que hable de animación japonesa intentaré recordar que tengo que ampliar esta idea. Pero si hay animación occidental interesante entre las series de las plataformas tampoco la rechazo. Ni mucho menos. Como las dos series que vienen a continuación.

Creo que la agencia de Reagan, la protagonista de «Inside Job» está en Washington DC. Pero podría estar en Nueva York, donde también da para mucha conspiranoia.

Por un lado, la segunda temporada de Star Trek: Lower Decks. Os voy a poner un gráfico.

Como podéis ver, para los votantes en IMdb, la valoración de los episodios de cada temporada van en aumento sistemáticamente. Y no sólo es eso. Para mí, en este sistema de votación hay que acercarse al siete para que la cosa merezca la pena, aunque hay excepciones. La mayor parte del excelente cine de autor tiene valoraciones discretas. La fast food cinematográfica tipo Marvel o DC tiene valoraciones altas y es entre floja y mala. Pero en este caso, creo que la cosa se ajusta. La primera temporada empieza en lo que yo considero un discreto aprobado. Pero el final de la segunda serie es un sostenido sobresaliente. Y esto me permite resumir mi opinión. Esta segunda temporada sobre la tripulación del montón de una nave espacial del montón es uno de los más divertidos productos que he visto en mi vida de la franquicia Star Trek. Muy recomendable. Se puede ver en Amazon Prime.

Inside Job, Ultrasecretos en España, es una serie reciente de Netflix con la que me lo he pasado bien. Coge la idea de las conspiranoias habituales de los pirados de los extraterrestres, el asesinato de Kennedy, los misterios de la Luna, a la que según algunos pirados no fuimos nunca, según otros fuimos y había marcianos, o la del círculo de misteriosos magnates que realmente gobierna el mundo, y nos busca como protagonista una antiheroina asocial (Lizzy Caplan, voz). Una chica que es un genio, pero que no se sabe relacionar socialmente, en parte por pertenecer, de alguna forma, al espectro autista, tipo Savant syndrome, en parte por la nefasta pareja de progenitores que le tocaron en suerte. Y la rodeas de tipos absurdos y extremadamente freaks, y situaciones no menos absurdas dentro del género conspiranoico, para hacer una divertida burla de los problemas políticos y sociales actuales. No es una genialidad, pero es muy divertida y merece la pena. Yo tengo ganas de una segunda temporada.

[TV] Cosas de series; «nordic noir» y ¿adaptando a Asimov?

Televisión

Para esta semana traigo dos series que, sinceramente… no sé muy bien si se pueden recomendar o no. Probablemente la respuesta a este dilema es recomendarlas a sectores de espectadores específicos, pero no con carácter general. He de decir que una de ellas me venía generando bastante «ansiedad» desde que supe que se nos venía encima… Pero vayamos por partes, como dijo Jack the Ripper.

Buena parte de la acción de una de las series de hoy transcurre en Copenhague, y en el distrito gubernamental de la capital danesa, así que paisajes urbanos de esos barrios servirán de ilustración de la entrada de hoy. Es que no tengo fotos de Trantor o de Terminus.

Kastanjemanden (el hombre castaña), o como se ha denominado en España, El caso Hartung, es una serie de sólo seis episodios de ese género que se ha dado en llamar el nordic noir. Tiene todos los elementos clásicos. Ambiente frío, policías en conflicto con su vida y con el mundo, un asesino que parece un maniaco pero con una motivación desconocida detrás, y una resolución con sabor agridulce. Y en este caso… un final que resuelve, pero deja abierto a nuevas temporadas. Un mujer madre de familia es asesinada y junto a ella aparece un hombrecito hecho con castañas que contiene una huella dactilar de la hija de una ministra danesa, secuestrada un año antes y dada por muerta por las declaraciones del presunto secuestrador y asesino. Una policía (Danica Curcic) que ha pedido el traslado para poder dedicar más tiempo a su hija y un policía de Europol (Mikkel Boe Følsgaard), temporalmente destinado en Copenhague, tendrán que resolver el misterio. Pero con grandes costes. Para los amantes del género, una cita ineludible. Para quienes no lo sean tanto y no lo conozcan, hay otras que se deberían ver con preferencia, mejores. Para quienes conozcan el género y no les entusiasme… pueden pasar de ella. En Netflix.

Y por fin llegó a Apple TV la esperada/temida adaptación de la obra más conocida y famosa de Isaac Asimov, Foundation. Yo debía de tener 17 o 18 años cuando la leí por primera vez, en la primera traducción al castellano de la obra. Me refiero a los tres libros iniciales. Las secuelas y precuelas escritas en años muy posteriores… las voy a ignorar, porque creo que son superfluas y poco interesantes, y de inferior calidad conceptual y literaria. Aunque no son pocos quienes discrepan de mi opinión. La lectura de esta obra me impactó notablemente y siempre ha condicionado mis gustos dentro de la ciencia ficción. Y si sumamos esta obra literaria con el fenómeno Star Wars que surgió en mi adolescencia, más algunas películas como las odiseas espaciales de Kubrick o de Tarkovski, ambas las pude ver en aquella época en la breve etapa del cine Rialto de Zaragoza como cine de arte y ensayo, determinaron también para siempre mi afición a la space opera, las aventuras espaciales. Pero con algo más. Llevo cuarenta años fiel al género, que me ha deparado muy buenos momentos, pero también unas cuantas decepciones. También leí con el tiempo las nuevas traducciones de la trilogía original de Asimov… que me parece que no aportan nada. Tienen un lenguaje más actual, pero son literariamente inferiores. Y tengo pendiente leerlas en el original en inglés. Quizá me ponga a ello estas navidades.

Muchos han considerado la trilogía de Asimov como inadaptable a un formato audiovisual. Aunque muchos han tenido claro que de hacerse, tendría que ser en forma de serie. Bien una serie de largometrajes o, por la estructura del primero de los libros, una serie televisiva. Y así ha llegado a Apple TV. También estaba la cuestión de en qué medida se podía ser fiel a la historia original. Y qué modernizaciones razonables habría que plantear en la ambientación de una historia que empezó a escribirse en 1942, hace casi ochenta años, y a publicarse en 1951, hace setenta años. Y ya tenemos una propuesta. Una primera temporada que «adapta» dos capítulos, originalmente novelas cortas o relatos relacionados, del primero de los libros. Siempre había supuesto que cada uno de estos relatos del primer libro daban como mucho para un episodio o dos de una posible serie. Pues me quedé muy corto. La serie inventa mucho. Tramas que no existen en absoluto en la obra de Asimov. Y algunas de ellas rompen con la filosofía inicial de la obra, en mi opinión, especialmente aquellas que introducen elementos místicos o religiosos. Asimov imaginó una obra impulsada por propuestas científicas, aunque fueran altamente especulativas. Incluso sus denominaciones no son coherentes con lo que conocemos en la actualidad. Su «psicohistoria» no sería otra cosa que una disciplina de la sociología, una sociometría matemáticamente avanzada y con un asignación de probabilidades a determinados acontecimientos sociales con una precisión extremadamente superior a lo que en la actualidad se puede realizar. Por supuesto, los acontecimientos del individuo serían impredecibles. En aquellos momentos, las teorías del caos actualmente en vigor se habrían desarrollado con posterioridad a la escritura de la serie, y no hay que desdeñar una naturaleza caótica en los procesos causales sociales y las predicciones sobre la evolución de las poblaciones. Así que habría margen para jugar con una modernización de los conceptos de Asimov sin ser infiel a los mismos.

Y luego está la serie como divertimento en sí mismo. Aun considerando que la fidelidad al original es lo suficientemente baja como para considerarla «inspirada» y no «basada» en el mismo, la serie podría ser muy entretenida, divertida, emocionante, interesante, o lo que queráis, para perdonar las infidelidades. El cambio en el sexo de los personajes o en la diversidad étnica de los mismos me parece inconsecuente, no tiene la menor importancia en mi valoración. Que Salvor Hardin sea una mujer de piel negra, en lugar de un hombre cuya piel nunca se describe en el libro, si no recuerdo mal, me resulta indiferente o me parece bien, si la actriz lo hace bien. Pero que se cambie el carácter de Hardin, una persona inteligente que aborrece por sistema el uso de la violencia, y acabe siendo una soldado armada y que se ve envuelta en peleas con frecuencia… pues eso es ser infiel al original. Aunque supongo que han considerado que era más vistoso para los espectadores.

Desgraciadamente, a pesar de la enorme cantidad de medios puesta al servicio de la realización de la serie, las tramas dejan que desear. Y en algunos momentos las acciones presentadas resultan un tanto caricaturescas o ridículas. Es cierto que también tiene algunos momentos inspirados, el germen de una buena serie, fiel o infiel al original da igual, estaba ahí. Pero no acaba de germinar. Y la sensación al terminar el último episodio de la primera temporada es de insatisfacción. Que no mejora con el tiempo. Al contrario… vas viendo las incosecuencias internas de las tramas y lo forzado de las interacciones entre ellas. Seguiré viéndola… pero salvo a gentes como yo, que han bebido del género con avidez a lo largo de su vida, y quieren saber en qué resulta al final, me resulta difícil recomendarla en estos momentos. Es lo que hay.

[TV] Cosas de series; la oscuridad desciende sobre nuestras pantallas

Televisión

No tenía muy claro cómo seguir hoy con mis comentarios televisivos. Seis series, tres de animación, una de cortos conceptuales y tres de ficción de acción real de distintas nacionalidades tenía en cartera. Podría agruparlas de distintas formas de modo coherente, y hacer como de costumbre, empezar por las que vi antes. Pero no estoy de humor para eso. Estoy de un humor oscuro, y oscuridad hay en las series que traigo hoy. Dos de ellas, una coreana de seis episodios que me ha impresionado mucho, y la sudafricana de cortos conceptuales. Ambas dirigidas por directores conocidos y reconocidos. Vamos con ella.

Oats Studio es una antología de cortos conceptuales que han sido agrupados y están siendo emitidos en Netflix. En IMDb no lo encontraréis agrupado como tal serie, y habréis de ir buscando cortometraje por cortometraje. Puesto que están dirigidos principalmente por el sudafricano Neill Blomkamp, y repasar los cortometrajes más recientes de su filmografía, y entre ellos encontraréis los títulos de esta antología. Cortometrajes que van desde los pocos minutos, 6-8 minutos, hasta la media hora. Oats Studio es la productora creada por el director, y el fin de los cortometrajes es explorar ideas que, eventualmente, puedan devenir en largometrajes para la gran pantalla. De ahí el carácter experimental o conceptual de los cortometrajes. Recordemos que Blomkamp sorprendió al mundo con la interesante District 9, en la que se servía de unos pobres alienígenas para denunciar los regímenes de apartheid y los problemas de los refugiados. Después, su filmografía me ha parecido irregular.

De ahí el carácter experimental o conceptual de los mismos. Casi todos los episodios tratan de un futuro o un universos de carácter apocalíptico o postapocalíptico, aunque también tiene cabida el humor negro, o las realidades alternativas a la historia conocida. La fantasía, el terror y, en ocasiones, la ciencia ficción son ingredientes que de una forma u otra forman parte de la receta para estas pequeñas producciones, que por otra parte cuentan con algunos intérpretes destacados como Sigourney Weaver, liderando los rebeldes humanos que resisten a una sistemática invasión alienígena de la Tierra, o Dakota Fanning, como una de los dos únicos supervivientes de un desastre en una base comercial en el Ártico, donde un extraño y monstruoso ser se ha desarrollado. Entre otros. No me importa ver este tipo de antologías. Sabes que te vas a encontrar de todo. Cosas estupendas y cosas que no tanto. Pero si no arriesgas te pierdes lo bueno. Eso sí… tiran a deprimente. Y muchas no tienen resolución, ya que actúan como gérmenes de posibles producciones más amplias que desarrollarían la historia.

Jiok 지옥 (Infierno; en inglés, Hellbound o Rumbo al infierno en castellano) viene también de la mano de un director, Yeon Sang-ho, surcoreano, que ha alcanzado cierta fama y prestigio internacional en los últimos años. Principalmente por su Busanhaeng 부산행 (Tren a Busan), una de las mejores películas de zombis que conozco, y su interesante precuela de animación y su secuela de acción, que en realidad no pasa de entretenida. Y ahora se lanza en Netflix con una serie de terror, de la que nos han presentado sus primeros seis episodios, aunque con un final abierto a una futura segunda temporada. Pertenece a estas series del país asiático que buscan romper moldes respecto a los populares k-dramas y sus tópicos prefabricados, y está más emparentado con el estupendo cine dramático y de terror que saben hacer los surcoreanos.

La presentación de la trama se hace dentro del género fantástico, con grandes dosis de terror, realmente general mucha angustia, no es de sustos, con algún toque de policíaco, al menos en sus primeros tres episodios. En la Tierra comienza a producirse una serie de apariciones de «ángeles terribles» que anuncian a algunas personas que día y a que hora morirán, para ir al infierno. En el día y en la hora prevista, tres monstruos, que tienen algo de Lovecraftianos por su inhumanidad, aparecen, apalean y brutalizan duramente al condenado, para finalmente reducirlo a cenizas y restos calcinados. La inquietud se instala en las gentes, y es aprovechado por algunos grupos para generar grupos religiosos que se apropian de la interpretación de los hechos, creando nuevas religiones que van transformando la sociedad en un cierto tipo de teocracia, o sociedad tutelada por estos grupos religiosos, donde el «condenado» y su familia pasan a ser objeto de vergüenza y humillación. Aunque no faltan las gentes que ven en estos fenómenos un patrón aleatorio y ningún significado religioso, aunque no puedan explicar el origen de este fenómeno. El anuncio de la «condena» a un niño recién nacido que nadie puede considerar un pecador parece darles la razón y generar una tensión entre los grupos implicados.

Dividida en dos partes, los primeros tres episodios nos narran la aparición del fenómeno y el ascenso de los grupos religiosos y su influencia. Los tres últimos nos muestran una sociedad dominada teocráticamente, con un sistema de dogmas y verdades establecidos por los grupos religiosos, contra quienes algunos se revelan. Por lo tanto, bajo el disfraz de serie de terror, encontramos lo que realmente genera más terror, y no es otra cosa que una crítica feroz hacia la forma en que las religiones han adquirido poder, influencia y control sobre las sociedades a lo largo de la historia. Un pequeño grupo de personas, generalmente hombres, que se apropian de la explicación de fenómenos inexplicados por la razón, e imponen sistemas morales arbitrarios, sistemas inquisitoriales y condicionan los modos de comportarse de los ciudadanos. Es una serie que me dejó gran desasosiego por la arbitrariedad y la dureza de la violencia supranatural, pero sobre todo por la arbitrariedad y la dureza de los religiosos que se apropian de la idea de un Dios que nunca se comunica directamente con los seres humanos, si es que siquiera existe. Qué cosas más interesantes están haciendo estos coreanos. Muy recomendable, salvo que te angusties mucho con el terror de verdad. Por cierto, el título original coreano, Infierno, me parece mejor que las variantes en otros idiomas. Porque nos habla del auténtico infierno que se monta en la faz de la Tierra

[TV] Cosas de series; sexo en Inglaterra e ingleses en Grecia

Televisión

Si todo va razonablemente bien, mañana ya tendré operativo mi ordenador de sobremesa en casa. Quizá hoy viernes. No obstante, esta es una de las entradas que he ido redactando y programando a priori a través de mi tableta, con cierta paciencia. Aunque poco a poco voy adquiriendo agilidad al hacerlo. Quizá el principal problema es que mi modelo de tableta es demasiado antiguo para conectarle un teclado por conexión inalámbrica a través del protocolo Bluetooth, o yo no sé hacerlo. Da igual. El caso es que hoy toca, por fin, hablar de televisión. Y traigo dos buenas series británicas. Una en su tercera temporada, la otra al completo.

Stratford-upon-Avon, la ciudad natal del Bardo, en las Midlands inglesas, servirá para ambientar la «inglesidad» de las series de hoy.

Sex Education no baja el listón. Es cierto que la originalidad de la propuesta en su primera temporada, el peculiar consultorio sexológico que el protagonista de la serie (Asa Butterfield) junto con una conflictuada compañera (Emma Mackey) ofrecían a sus compañeros, sorprendió y sacudió a los aficionados a la ficción televisiva por entregas. Pero la serie sigue adelante con una tesis muy clara, concreta y concisa, aunque su desarrollo sea amplio, diversos y multidimensional; los adolescentes tienen sexualidad, la viven con desconcierto y no hay dos iguales. Vamos como [mode irony/] si fuesen personas [/mode irony]. Si el macguffin de la segunda temporada fue la intervención de la sexóloga madre (Gillian Anderson) del protagonista en el instituto. En la tercera es la llegada de una nueva directora (Jemima Kirke), que viene a implantar un conservador sistema basado en la disciplina, en la negación de la diversidad y en las prohibiciones. Con la habilidad de los creadores de la serie de impactar todavía más en el respetable, colocando a una mujer joven en el papel que, para más ironía, se llama Hope (Esperanza en inglés). Por lo demás, sigue siendo una serie muy interesante y disfrutable.

Dicen que el éxito de The Durrells se debe a la mezcla entre la calidad intrínseca de la propuesta y la pandemia de covid-19. También conocida como The Durrells in Corfu, como tantas otras propuestas británicas y de otros países distintos de los Estados Unidos, no encuentra camino en las principales cadenas de televisión o plataformas en internet fuera de su país de origen, y acaba alojada en plataformas menos populares como Filmin, donde la he visto yo, y otras. Pero las suficientes para que mucha gente tenga acceso. Si sumas el aumento del consumo televisivo debido a los confinamientos y a las restricciones al funcionamiento de los espectáculos de masas y otros establecimientos de ocio, más una transmisión boca-oído efectiva, se convierte en una serie mucho más vista y apreciada de lo que hubiera sido en condiciones normales fuera de su país.

Basada en una serie de libros escritos hace ya unas décadas por el naturalista británico Gerald Durrell (el jovencito Milo Parker en la serie), hermano del escritor Lawrence Durrell (intepretado por Josh O’Connor, prince Charles en una celebrada serie de Netflix), nos presenta un versión humorística, casi paródica, de su propia familia en los años en los que tras la muerte del padre, la madre, Louisa (Keelye Hawes en un papel clave y memorable), decide llevarse a todos sus hijos a vivir a la isla griega de Corfú, porque es más barato y hace mejor tiempo que en Bournemouth, Inglaterra. A partir de ahí, durante cuatro temporadas de seis episodios, menos la tercera que tiene ocho, contemplamos un desfile de personajes y situaciones que generan una sinfín de situaciones que oscilan entre lo cómico y los dramático, potencialmente trágico, pero que constituyen un canto a la alegría de vivir, a la tolerancia, a la amistad y a la familia, por atípica que esta sea. Yo la he disfrutado mucho. Y es muy recomendable. Su nivel se mantiene alto durante las cuatro temporadas. Incluso diría que va subiendo poco a poco durante las dos primeras hasta alcanzar una meseta de calidad, hasta llegar a un inevitable melancólico final en las vísperas del desastroso conflicto mundial que de la mano de los fascismos y otros extremismos llevó al mundo, y especialmente a Europa, a un desastre humano colectivo. Entre las biografías reales y la ficción basada en la realidad, necesitamos más propuestas como esta y con esta calidad. Menciones especiales al resto de los hermanos Durrell, Margo (Daisy Waterstone) y Leslie (Callum Woodhouse), así como a los intérpretes griegos Alexis Georgoulis como Spiros, el taxista más que amigo de la familia, y Anna Savva como Lugaretzia, la criada de la familia, que nos ofrece expresiones y momentos inolvidables.

[TV] Cosas de series; calidad coreana más allá de los «calamares»

Televisión

Como ya comenté hace unas semanas, una de los recientes estrenos de Netflix entre los k-dramas, o sea, las series surcoreanas, se ha convertido en un fenómeno mundial, y una de las razones, hay otras, es que tiene una notable calidad, nada que envidiar a producciones de otras latitudes del mundo con más prestigio. Pero no es la única. Hoy voy a comentar tres series, de peor a mejor, siendo una de ellas muy notable y otra, muy sobresaliente. Desde mi punto de vista, con una calidad similar a la de los «calamares». Pero vamos en progresión ascendente.

Uno de los episodios más entretenidos y divertidos de la serie sobre desertores del ejército transcurre en Busán,… así que fotos de esta ciudad.

Algoitjiman [알고있지만, literalmente, ya lo sé pero…], titulada en España Aun así, en inglés Nevertheless (Sin embargo), es un drama romántico entre estudiantes universitarios de una facultad de bellas artes. La protagonista (Han So-hee) acaba de sufrir un ruptura con un novio de más edad, un artista consagrado, está algo quemada. Y entra en contacto con un cínico de las relaciones (Song Kang), un joven atractivo, monógamo secuencial, con un nivel bajo de compromiso con sus novias. Y aun así, comienzan una relación mal definida en su nivel de compromiso por ambas partes. La serie… no es un placer inconfesable como tantos dramas/comedias romanticos coreanos. Es un poco más actual. Se tratan las relaciones con algo más de normalidad que en otros. Incluso se plantea con cierta normalidad, entre los personajes secundarios, una relación homosexual. Y el sexo entre novios o amigos con derecho a roce se asume con más normalidad. Se aleja del conservadurismo en el fondo y en las formas, risible en muchos casos, que plantean estas series del país asiático. A pesar de todo, peca de un exceso de esteticismo y de reflexión, de hacerlo todo bonito, incluso cuando hay conflicto… que resulta un poquito irreal. La chica protagonista es mona y se defiende interpretativamente, aunque sin más. El chico protagonista es un poco limitado, y se limita a poner todo el rato cara de guapo e interesante. Una serie que se sale de lo más habitual entre las series románticas surcoreanas, pero que no termina de convencer. Pero son sólo 12 episodios de 70 minutos y no los 16 episodios de 80-90 minutos que constituyen otras series románticas de este país.

Con esos antecedentes, con cierta reluctancia me asomé a My Name [마이 네임, transcripción en coreano del título en inglés, mai neim, o sea, mi nombre], porque la chica protagonista es la misma que en la anterior, Han So-hee. Su papel es una joven que presencia el asesinato de su padre, presuntamente un mafioso, aunque no sabe por quien, supone que por la policía. Quedando huérfana todavía cuando está en el instituto, pasa a ser protegida del jefe mafioso, se integra en la organización criminal y, con el tiempo, entra en la policía para encontrar al asesino de su padre. Pero las cosas son más complejas de lo que imaginaba, y no todo es lo que parece. El único problema que le he encontrado a esta serie es la inverosimilitud de algunas peleas, en la que una joven de 1,65 de estatura es capaz de derribar a una docena de hombres que le pasan por lo menos 10 cm en estatura y no digamos en corpulencia, a pesar de recibir numerosos golpes. Por lo demás, aunque relativamente previsible, bastante en realidad, es muy entretenida,… y aquí resulta que la actriz protagonista, y en general todo el elenco, muestran un mayor nivel interpretativo. Lejos de entrar en la categoría de placer inconfesable como tantas series surcoreanas, casi me atrevería a decir que es relativamente recomendable si te interesa el género.

Y así llegamos a D.P., acrónimo de deserter pursuit, persecución de desertores; en castellano se la ha titulado D.P.: el cazadesertores. En Corea del Sur, como consecuencia de las tensiones constantes con sus vecinos del norte, hay un servicio militar obligatorio, muy duro, que obliga a todos los jóvenes varones. Sin tener reconocido el derecho a la objeción de conciencia, por lo que hay presos de conciencia en el país asiático. No olvidemos que nunca se firmó un tratado de paz después de la guerra de Corea, sólo un acuerdo de armisticio que se mantiene en nuestros días, 68 años después del final de las hostilidades. Esta serie está basada en un webtoon, género muy popular en ese país, más que en cualquier otro del mundo, y que está sirviendo de material para series televisivas, lo mismo que el manga en Japón. Nos cuenta la historia de un soldado de conscripción obligatoria (Jung Hae-in), muy disciplinado, que no busca meterse en problemas, y quizá por ello acaba siendo destinado a la policía militar. Y junto con un compañero, a buscar y detener desertores de su área de responsabilidad. Desde este punto de vista, la podemos considerar una serie de acción, pero donde nadie tiene habilidades especialidad de lucha, donde todo tiende a ser más chapucero, más realista. Y por otro lado está el verdadero objetivo de la serie, que no es otro que un crítica feroz al sistema de conscripción militar, a la corrupción sea pequeña o grande dentro de las escalas y los rangos del ejército, del problema de las novatadas y de abusos sobre los más débiles, de todos los problemas, vamos, que se han asociado de siempre a estos sistemas de organización de un ejército. Con el agravante de que la tensión política, obliga a un servicio militar más duro que en otros países. La serie no tiene desperdicio. Es concisa, seis episodios de 50 minutos, aunque se esperan más temporadas, tiene ritmo, excelentes guiones, y magníficas interpretaciones; fenomenal el protagonista, pero no es el único. Más en la tradición del buen cine coreano que de las series de televisión habituales. Excelente y muy recomendable. Desde mi punto de vista, tan buena o mejor que los «calamares», pero con un contenido menos popular y no tan vistoso. Me dejó encantado.

[TV] Cosas de series; un poco de animación oriental, sobre todo Star Wars a la japonesa

Televisión

Que en los últimos tiempos veo menos televisión es una obviedad. Desde mayo estoy en una pelea cotidiana por conseguir eliminar todos los kilos que me sobran, o por lo menos la mayor parte de ellos. Y de momento no voy mal. Pero eso conlleva, además de una dieta rigurosa, procurar dedicar suficientes horas al día a realizar ejercicio cardiosaludable. No es que haya tenido problemas de salud específicos. Es que no quiero tenerlos en el futuro. O al menos, disminuir ampliamente la probabilidad de sufrirlos. En salud, nada es seguro, todo es posible, aunque unas cosas sean más probables que otras. Así que llegados a este punto tenía poco que comentar. Poquito. Habrá que contentarse con algo de animación oriental.

Los santuarios y los barrios antiguos de Ise nos servirán para ilustrar una entrada con una serie que combina las tradiciones niponas con el universo Star Wars.

Desde China llega a través de Netflix Xian wang de richang shenghuo 仙王的日常生活, que se traduciría como La vida diaria del rey de las hadas, aunque oficialmente le han dado el título en español de La vida diaria del rey inmortal. La serie no es gran cosa en su realización y en sus argumentos, que tiran más bien a la comedia adolescente, pero curiosamente de forma global resulta entretenida. Sin más. Es una producción china por parte del mismo estudio que una razonablemente interesante antología de tres historias cortas que ya vimos no hace mucho, en la que se confirma que en China hay interés por copiar las fórmulas de éxito del anime japonés. Con tradiciones propias. En esta ocasión, cogen a una serie de seres del mundo fantástico, mágico o celestial, y los ponen en lo que sería el «Hogwarts» chino. Ya digo, nada especialmente memorable, pero suficientemente entretenido para colar uno de sus episodios de poco más de 20 minutos en ratos muertos hasta que te ves la serie. En dos meses, como me sucedió a mí.

Mucho mucho mucho más interesan es Star Wars: Visions. O quizá debiéramos decir Sutā Wōzu: Bijonzu スター・ウォーズ:ビジョンズ. Pero bueno,… esto último no es más que la forma en que los nipones pronuncian el título en inglés. Después de darle una vuelta al pensamiento, he llegado a la conclusión que esta es la producción del universo Star Wars más interesante y estimulante, junto con The Mandalorian y su Baby Joda, desde The Empire Strikes Back. Es lo que hoy en día se llama una antología, de nueve episodios, de corta duración, creo que se mueven entre los 13 y los 23 minutos, por lo que se ve enseguida, realizados con libertad creativa en estilo y guion por una serie de estudios y directores orientales, en su mayoría japoneses, aunque hay uno español y otro coreano, que trabajan para estudios japoneses. Las historias no tienen porqué adherirse al canon de la franquicia, siendo libres sus creadores de situarlas en el tiempo y entorno de su preferencia. Y lo que han conseguido es una delicia animada, que demuestra claramente que salirse de los caminos mil veces recorridos es mucho más positivo que insistir sobre ellos. De varios de los episodios, a mí me gustaría ver series completas dedicadas a esos personajes y a esas historias. Fenomenal, sobresaliente. Altamente recomendada. No sé a que estáis esperando… Y mandar a tomar viento fresco a las tontadas que dirige sin ninguna originalidad el mamón de J. J. Abrams, que tanto daño han hecho a las historias de nuestro universo de ficción favorito hasta que el propio George Lucas hace 20 años y Abrams recientemente decidieran destrozarlo.

[TV] Cosas de series; mujeres asesinas y mujeres universitarias

Televisión

Para esta semana, tengo dos series con gran protagonismos femenino. Una segunda temporada y una miniserie, realmente mini.

Los estudiantes universitarios de una de las series de hoy, que representaremos con los grupos de jóvenes que se divierten en Copenhague cuando hace bueno como si nunca hubiésemos estado metidos en una pandemia, sólo tienen un papel similar al de los coros de las tragedias griegas, mientras sus protagonistas se ven abocados a la tragedia impulsados por su destino… aunque sea en clave de comedia.

La primera temporada de Why women kill, serie que se puede ver en España en HBO, pero creo que es un producción de otra plataforma o cadena de televisión, fue un hallazgo. Con sus tres historias en paralelo, separadas 20 años en el tiempo, mezclando el humor con posibles crímenes, nos ofrecía una estupenda visión de las relaciones matrimoniales, o simplemente de pareja, cuyos problemas quizá sean más atemporales de lo que creemos. Sólo son las formas las que cambian. Una segunda temporada iba a ser compleja de hacer para mantener el nivel. Pero al mismo tiempo, apetecía mucho. Sobre las dificultades… bueno, han optado por una estructura más convencional. Una única historia contada de forma lineal. Menos arriesgado… pero podría resultar. En esta ocasión, trasladándonos en el tiempo hasta finales de los años 40 del siglo XX, en la que un ama de casa de clase media que cuida de un jardín (Allison Tolman) aspira a entrar en un exclusivo club de esposas de clase alta que tienen jardines, los cuiden o no, y que está liderado por una notable arribista social (Lana Parrilla). Aderezado todo por el hecho de que la convencional ama de casa de clase media está casada con un convencional y anodino veterinario (Nick Frost), con una peculiar forma de ejercer la caridad hacia sus clientas que desafortunadamente adquieren enfermedades graves e incurables. Y además, una pléyade de caracteres alrededor de estos tres, que llevan a un profundo enredo de mentiras, tramas y engaños que no pueden acabar bien para casi nadie,… salvo para el espectador que contempla una historia que mezcla el humor negro, con una crítica relativamente mordaz hacia las convenciones sociales, hacia el matrimonio, nuevamente, y hacia los ascensores en la escala social. No está al mismo nivel que la primera temporada… pero sigue siendo una serie muy divertida y muy recomendable.

The chair es algo totalmente distinto. Una miniserie de seis episodios de 30 minutos, que casi podría verse como una película de 180 minutos, si no fuera por la clara diferenciación en episodios televisivos de la historia. Creada por la actriz Amanda Peet, que cuenta con el apoyo como productores de los responsables (para bien y para mal) de Game of Thrones, cuenta con el apoyo de la consistente y fiable Sandra Oh y de Jay Duplass, junto con otros buenos personajes secundarios para sacar una historia de ambiente universitario. En una prestigiosa universidad de lo que puede ser Nueva Inglaterra, se estrena como directora del departamento de inglés la primera mujer «de color» (Oh) en su historia [De verdad que no alcanzo a imaginar en qué medida una mujer de origen coreano es de «distinto color» que buena parte de las mujeres de origen europeo; creo que los norteamericanos tienen un problema muy serio con lo de los «colores». Pero es que así viene en algunas sinopsis que se pueden leer de la serie]. Un departamento con un claustro lleno de «dinosaurios» que no atraen alumnos (y por lo tanto tampoco dinero), y cuyo profesor estrella (Duplass) está pasando por un mal momento. Por lo que los problemas van a complicar mucho la vida de la nueva directora, que tampoco tiene del todo cubierto el flanco familiar. Una anécdota en la clase de su profesor estrella se traslada a las redes sociales, convirtiéndose en el disparador de una crisis fenomenal para la directora novata. La serie merece mucho la pena por las interpretaciones de su elenco. Pero creo que no acaba de dejar claro el mensaje. Está claro que pone en la picota todos los «ismos» de la sociedad norteamericana, y de la universitaria en particular [sexismos, racismos, xenofobias,…]. Pero no me queda claro si también lo hace con las respuestas que los sectores presuntamente progresistas de la sociedad, global o universitaria, que en un momento dado pueden llevar también a la distopía orwelliana por el camino de las buenas intenciones. Creo que la forma adecuada de mirarla es como un sátira de la sociedad universitaria, en todos sus niveles y sin dejar títere con cabeza. Pero le falta algo de ambición en entrar a saco del todo. Afortunadamente, Sandra Oh está fenomenal, bien acompañada y seguida por el resto del reparto, que hace de ella una serie muy recomendable. En Netflix. Y la subtrama de la hija adoptiva de la protagonista tiene momentos espléndidos.

[TV] Cosas de series; adolescente india egoísta y musical simpático

Televisión

Hoy quería sacar adelante una entrada televisiva, pero no ando con mucho tiempo disponible, así que iré rápido. Con dos series muy diferentes. Una segunda temporada que tenía un interés… relativo… por verla, y una miniserie musical que me había picado la curiosidad.

«Brigadoon», aunque tenía como protagonistas a unos neoyorquinos, transcurría en Escocia, no como Schmiggadoon… que debe estar en algún lugar de Nueva Inglaterra. Y de la costa oriental de Escocia proceden las fotos de hoy.

Never I ever… ha puesto en emisión hace pocos meses su segunda temporada. Recordemos que trata de una joven adolescente de origen indio en algún lugar de California, que perdió a su padre recientemente, y que tiene una gran follón montado en su vida, básicamente porque se mueve más por interés y egoísmo que por otros motivos. Lo que va a poner constantemente en riesgo su relación con sus amigos y con sus posibles intereses amorosos. He de decir un poco lo que ya me pareció en la primera temporada. Con interpretaciones razonablemente aceptables, y algunos momentos entretenidos, este dramedia con episodios de una media hora o así… entretiene,… pero a mí no me entusiasma. Di que para rellenar algunos huecos de las tardes de verano está bien.

Schmiggadoon!… está claro que con ese nombre homenajea uno de los musicales clásicos más simpáticos de la historia del cine, Brigadoon. Con un reparto que procede más de los musicales de Broadway o del Off-Broadway que de la televisión o el cine, afronta en seis simpáticos episodios de corta duración, la ruptura, nuevos escarceos amorosos y… no desvelaré el final… de una pareja de neoyorquinos que se pierden en un pueblo de Nueva Inglaterra fuera del tiempo y el espacio común, anclado en finales del siglo XIX o principios del XX. Como digo, es una serie simpática, que si se prefiere se puede ver de tirón como un largometraje, aunque tampoco tiene muchas pretensiones. Los intérpretes lo hacen bien y son competentes cantantes y bailarines. Y algo diverso, si te gusta el cine musical, es tratar de adivinar en qué musical se inspira cada uno de los números musicales de la serie. Algunos son muy evidentes, otros no tanto. Y ya está, que ya voy tarde.

[TV] Cosas de series; series coreanas al uso o en el extremo de los «guilty pleasures»

Televisión

Llevaba un tiempo sin hablar de teleseries coreanas. Probablemente, como ahora dedico menos tiempo a la televisión, y las series del país asiático pueden tener muchos episodios,… pues cuesta. Pero a lo tonto, en las últimas semanas he acumulado tres series. Vamos con ellas.

En mi viaje a Corea del Sur, no visité el exclusivo de distrito de Gangnam, lugar soñado por los protagonistas del más infumable placer inconfesable de esta semana. Me interesó más el estilo tradicional del Bukchon Hanok.

Black (título original también en coreano, donde lo escriben 블랙) es una serie que lleva ya un tiempo en el catálogo de Netflix, que cuando se estrenó empecé a ver, pero que como es de entre sobrenaturales,… no me arrastró mucho y lo dejé. Pero la he retomado… y me ha entretenido. Con un problema… sus dieciocho episodios son a todas luces excesivos y mucho para lo que realmente ha de contar. Y la cosa va de una chica que ve manchas negras en torno a las personas que van a morir, lo cual lo lleva muy mal, y de un policía que muere y su cuerpo es ocupado por una parca, uno de los seres encargados de llevarse las almas de los que mueren (según la serie, en la mitología grecorromana, las parcas o moiras eran otra cosa). Y juntos, se dedican a resolver una serie de misterios sobre determinadas muertes, todas ellas relacionadas. La trama está muy enmarañada, con muchos falsos finales o resoluciones y eso le pesa al conjunto, que como digo se hace excesivamente largo. Pero la dinámica entre los personajes está bien. Los intérpretes coreanos tienen una calidad muy superior a la de los guiones de las teleseries. Sólo para aficionados a las series surcoreanas.

Nangmandakteo Gimsabu [낭만닥터 김사부, el romántico maestro Kim], titulada internacionalmente Dr. Romantic. Pero no romántico en un sentido de romance amoroso, sino de un tipo, un gran cirujano que después de que le hacen varias putadas en un gran hospital de Seúl, se ha refugiado en un pequeño hospital de provincias para ejercer su profesión con una visión romántica de la profesión, de dedicación a los pacientes, de bienhechor, por encima del dinero y la fama. Y en ese pequeño hospital se reúnen una serie de parias de las profesiones sanitarias para hacer su trabajo, aunque con la amenaza constante del malvado presidente del gran hospital de Seúl, del que es filial el pequeño hospital de provincias. La serie es muy simpática. En algunos aspectos se inspira en una divertida serie japonesa que pude ver hace unos años, aunque es una inspiración muy superficial y que más se nota en la realización y la banda sonora de la serie. Pero por lo demás tiene su propia historia, en la que se incluye algunos romances además de la lucha contra los malos, y las complicadas operaciones en situaciones imposibles. Está en Netflix, pero no en España. Me la encontré buceando en la oferta de la cadena en Suiza durante las vacaciones, y me descargué los episodios para verlos desconectado. Tenía un mes para ello antes de que caducara la descarga y me dio a ver la primera temporada de 20 + 1 episodios (20 episodios para la historia y un epílogo que funciona como precuela). De la segunda vi alguno, pero ya no me dio tiempo a más. No sé si la veré buscándola por ahí… porque parece más de lo mismo pero con otros pupilos para el maestro. Es simpática. Y volvemos a lo mismo. La calidad de los intérpretes supera a la calidad de los guiones. Más recomendable que la anterior,… pero no está en el catálogo de Netflix para España.

Y luego tenemos la segunda temporada de la serie más demencial de lo que he visto en series surcoreanas desde que me suscribí a Netflix. Se trata de Gyeolhonjaksa Ihonjakgok [결혼작사 이혼작곡, que sería algo así como canción de matrimonio y música de divorcio], que internacionalmente se titula Love (ft. marriage & divorce), y que desarrolla una serie de conceptos sobre el papel de la mujer y el hombre en el matrimonio, o sobre las consecuencias de un matrimonio fracasado y un divorcio, que pueden producir fácilmente graves infartos de miocardio, no solo a feministas o fervientes progresistas ideológicamente hablando, sino a cualquier persona en posiciones normalitas tirando a poco comprometidas, pero que viva en el siglo XXI y no en el XIX. Salvo que te lo tomes como una gran parodia disfrazada de producción de lujo… que entonces puedes entrar en la carcajada segura. Y de hecho, en algún episodio de esta segunda temporada de otros dieciséis episodios sólo seis meses después de la primera, las situaciones son claramente cómicas en las relaciones entre los personajes. Pero, ¡madre mía!… las cosas que dicen y oyes. Qué conceptos tan anacrónicos, patriarcales y rancios. Eso sí… todas muy guapas y todos muy apuestos. Puro placer inconfesable, porque sabes que es absolutamente demencial… y a pesar de todo lo ves todo. Tremendo. Para colmo, el episodio final, no tiene sentido, ni pies ni revés… salvo que haya una tercera temporada. Difícil de recomendar, salvo que te vaya la marcha de los guilty pleasures más culpables. Increible… si realmente estos son los conceptos sobre el matrimonio y la familia de los surcoreanos… es como volver atrás en la evolución de civilización un siglo o más. Asumamos que se trata de una parodia. Es el único sentido que le encuentro.