[TV] Cosas de series; en la esencia de lo británico

Televisión

Pues sí… dos elementos tan distintos como Doctor Who y la Casa Real de los Windsor están en la esencia de lo británico. Para bien o para mal. Y como han estado en el candelero televisivo, los Windsor también en el candelabro, durante las fechas navideñas, vamos a ocuparnos de ellos. En un caso para echar el cierre a una de las series más prestigiosas de Netflix en los últimos años. En el otro, porque nos advierten de un cambio de ciclo en las aventuras del más estrafalario viajero del espacio-tiempo de la televisión, así como el más longevo. Es lo que tiene,… tener dos corazones y ser capaz de regenerarse.

Buckingham Palace y los soldaditos de plomo que adornan las dependencias reales de los Windsor y otros entes públicos londinenses.

The Crown, una ficción histórica basada inspirada en hechos reales de la vida y de la historia de la familia real británica, ha sido durante años una de las series más prestigiosas de Netflix y de la televisión en general. Seis temporadas de diez episodios cada una, con tres protagonistas distintas en el papel de Isabel II del Reino Unido, en tres épocas de su vida, o en tres intervalos de edad distintos. En realidad cuatro. En los últimos episodios, en un flashback, se nos presentó a la Isabel adolescente de 19 años, al final de la guerra mundial en Europa. Como he dicho… FICCIÓN. Aunque esté basado en lo que la prensa y los historiadores saben de los acontecimientos que han protagonizado durante la segunda mitad del siglo XX y en los primeros años del XXI, la mayor parte de lo que aparece ante nuestros ojos es ficción, más o menos plausible, sobre lo que pudo pasar en la esfera privada de la familia real o en sus interacciones con otras personas, públicas o privadas. Hay quien no tiene en cuenta esto a la hora de valorar la serie, y la considera como una especia de docudrama, que no es. Los grandes activos de la serie han sido sus excelentes interpretaciones y la grandísima calidad de la dirección de producción.

La sexta y última temporada nos la han presentado en dos partes, separadas por algunas semanas, aunque ahora se puede ver de tirón. Los primeros cuatro episodios nos marcan el camino que llevó a la muerte de Diana de Gales (Elizabeth Debicki) y sus consecuencias inmediatas, mientras que los últimos seis episodios recorre el salto de siglo hasta el jubileo de la reina y el matrimonio de Carlos de Gales (Dominic West) con su amante de largo recorrido, Camilla Parkes Bowles (Olivia Williams). Han dedicado cierta atención a los hijos de Diana de Gales, especialmente al príncipe Guillermo (Ed McVey), actual Príncipe de Gales. Y sí… probablemente sea la más floja de las temporadas de la serie. Aunque hay que manifestar que la misma había acumulado un cierto agotamiento, a lo que hay que sumar que el fallecimiento de la reina, punto al que no llegan, y la historia mediática posterior y reciente de los Windsor también han restado interés a lo que contaba esta temporada. Y las críticas sobre cómo se cuenta la muerte de Diana de Gales… pues si tenemos en cuenta que es FICCIÓN… tan válido como cualquiera otra forma. Pero sigue siendo una buena serie; otra cosa es que haya dejado de interesar en la misma medida en la que lo hizo en su inicio. Pero bueno. Punto final. Y creo que de forma adecuada. Ah… se me olvidaba… Imelda Staunton está al mismo nivel o superior al de sus predecesoras en el trono. ¿La más verosímil de las «tres reinas»?

Y hemos tenido cuatro especiales de Doctor Who. Uno de ellos el especial navideño. Los tres primeros han sido la transición del decimotercer(a) Doctor(a) al decimoquinto (Ncuti Gatwa). Síp… el decimocuarto Doctor sólo ha durado tres especiales de una hora de duración, con el mismo rostro y personalidad que el décimo Doctor (David Tennant). Por lo tanto, hemos podido tener en pantalla, durante unos minutos simultáneamente, al que probablemente sea la regeneración más popular del personaje, Tennant, sin duda alguna, nos ha ofrecido siempre una de las personalidades más interesantes y exuberantes, con el futuro protagonista de la serie durante un par de años por lo menos. De forma similar, se recupera a una de las compañeras más populares y con más perosnalidad, Donna Noble (Catherine Tate) y se nos presenta a la futura, Ruby Sunday (Millie Gibson), una expósita con un misterio a cuestas, que ha protagonizado el especial navideño. Y sobre estas novedades, lo que puede marcar más la serie en un futuro, creo que ya lo ha hecho en estos especiales, el regreso como showrunner a la serie de Russell T. Davies. En mi opinión, Davies ha sido responsable junto con Steven Moffat de los mejores arcos de la serie. Aunque yo prefiero a Moffat.

Los cuatro especiales han sido muy divertidos. Lejos quedan las pajas mentales sobre el sobre Flux de la temporada anterior. Los tres especiales con Tennant y Tate al frente han ido a esquemas clásicos pero bien hechos. Realizados para celebrar el 60º aniversario de la llegada al universo televisivo del primer Doctor, hemos tenido una buena invasión alienígena en Londres, una nave espacial varada en el fin del universo con un «monstruo» invisible que amenaza a los protagonistas y a todo el universo conocido, y un siniestro y avieso juguetero (Neil Patrick Harris), uno de esos rivales tradicionales del Doctor, amenazando Londres y al planeta. Afortunadamente, nada de Daleks o Cybermen, que me parece muy cutres… Muy entretenidos. En el mismo nivel o muy cerca de mi especial favorito. Y el especial navideño también ha sido muy divertido. La serie precisaba una renovación o estaba condenada a languidecer. Ya estaba languideciendo. Frente a quienes criticaban a los protagonistas por ello, creo que el problema han sido los guiones. Por ejemplo, los tres especiales del 60º aniversario han mostrado cómo se puede integrar la necesaria diversidad humana en las historias, sin que resulte forzada o chirriante. Por supuesto, a los sectores más conservadores e intolerantes toda integración de la diversidad les parecerá mal. Davies señala que a partir de ahora debemos considerar como un nuevo ciclo completamente nuevo. Algo como lo que supuso el regreso de la serie en 2005… aunque con un poco más de continuidad. Veremos. Ncuti Gatwa promete. Viene de bordarlo en Sex Education, es un intérprete muy versátil. Aunque hasta ahora con cierta tendencia a la sobreactuación. Y si se confirma el regreso a un sólo acompañante principal, frente a los grupetes de los últimos tiempos… también puede ser bueno. Favorece que el espectador empatice con quien le representa en la serie… el ser humano común. Confiemos en el futuro.

[TV] Cosas de series; animación de la buena… y de la realmente buena, buena buena

Televisión

Dos series de animación que no proceden del País del Sol Naciente cayeron durante el mes de diciembre. Y he de decir que me lo pase muy bien con ellas. Con la primera… muy divertida, muy bien. Pero es que la segunda roza el concepto de obra maestra. De verdad. Y al parecer no soy el único que opina lo mismo. En fin, vamos con ellas.

El principio de la serie de ambiente japonés que comento hoy transcurre en Kioto… y allí es donde nos iremos para ilustrar fotográficamente la entrada de hoy.

Scott Pilgrim takes off es una nueva versión de la historieta de éxito Scott Pilgrim en forma de animación. En primer lugar, una serie de aclaraciones. La historia original ya se adaptó al cine trece años antes en acción real, una película que yo no he visto, y que fue razonablemente bien recibida. Muchos de los intérpretes de aquella ponen la voz a los mismos personajes en esta versión animada. He dicho que no procedía de Japón, que no era un anime, pero eso es parcialmente cierto. Es una coproducción en la que hay una importante participación de animadores nipones. Pero directores, guionistas y puestos importantes son norteamericanos, incluyendo Canadá. Y la animación del movimiento de la boca está pensada para que coincida con el guion en inglés. También he dicho que es una «nueva versión» de la historieta, pero parece que en realidad cogen la premisa de partida y los personajes de aquella, y narra una historia nueva, diferente en alguna medida. Como no conozco el material original, no puedo juzgar las diferencias. Así que aclarados los puntos esenciales.

En esta versión de la historia, nuevamente, Scott Pilgrim (Michael Cera, voz) el bajista de los Sex Bob-omb, grupo canadiense de rock, de Toronto, a un nivel más bien aficionado, se encuentra sin oficio y beneficio, cuando queda prendado de una repartidora sobre patines en línea, Ramona Flowers (Mary Elizabeth Winstead, voz). Pero cuando empiece a ser correspondido, se las tendrá que ver contra la coalición maligna de los exnovios de Ramona, resultando en que desaparece, presuntamente muerto, en una pelea con uno de ellos en un concierto. Y Ramona iniciará la búsqueda, reencontrándose con los presuntos culpables. Y en general, esto es muy divertido. Siendo la premisa inicial una comedia romántica entre veinteañeros de edad universitaria, acaba siendo una aventura de ciencia ficción, con viajes en el tiempo, paradojas temporales, llena de personajes muy divertidos, muchos de ellos merecedores de su propia serie. Ciertamente una serie generacional, apropiada para gente mucho más joven que yo, pero que por sus buena factura, su guion, su buen diseño de caracteres, Ramona es un personaje absolutamente fenomenal y auténtica protagonista de la fiesta, y por su ritmo general, aunque tenga algún pequeño bajón, es recomendable para todos los amantes a la animación/comedia romántica/ciencia ficción/viajes en el tiempo (táchese lo que no proceda y quédese con lo que le valga). Los ocho episodios de apenas media hora de duración saben a poco. Pero no parece que esté prevista una segunda temporada. En Netflix.

Y luega esta Blue eye samurai. Tampoco es japonesa, aunque su historia transcurre, al menos en esta primera temporada, en una versión ficticia de lo que serían las primeras décadas del shogunato Tokugawa en el denominado periodo Edo de la historia de Japón. Ficticia… porque el shogun no es un Tokugawa y otras cosas. Es una coproducción francoamericana. La concepción y los principales productores proceden de Estados Unidos, pero la animación sea realizado en Francia. La acción transcurre en una Japón que ha cerrado las fronteras a los extranjeros, algo que sucedió en realidad, al mismo tiempo que se prohibió el cristianismo en general, el catolicismo en particular, tras conocer la colonización de las Filipinas por los españoles a través de la introducción de misioneros portugueses y españoles (no olvidemos que en aquellos tiempos los reinos hispánicos, incluido Portugal, tenían el mismo rey de la rama española de los Habsburgo, o Austrias). En este ambiente, un extraño samurái al servicio de ningún señor y que oculta sus ojos tras unas gafas de cristales ambarinos, va buscando a los cuatro europeos que supone siguen en el país. Sus ojos están ocultos por ser de color azul. Por ser mestizo. Por lo que es considerado un demonio y una aberración. Y va buscando a estos europeos para matarlos. Uno de ellos es su padre. Y ha ocasionado la ruina y la muerte de su madre. Y aun esconde algún que otro secreto más, que no voy a desvelar. Es duro. En ocasiones, despiadado. Y temerario.

Esta producción de Netflix ha recibido una unánime consideración por crítica y público como una serie excelente, con valoraciones altísimas por unos y por otros. Con unos dibujos y una animación muy expresivos, muy cuidados, con momentos que parecen verdaderas obras de arte, se acompaña de un diseño de caracteres absolutamente impecable, y de unos guiones de altísima calidad. La historia y las aventuras de Mizu(*), que así se llama el personaje principal, enganchan muchísimo y son de las que no puedes dejar. Son duras. Es animación para adultos y bien adultos. Hay mucha violencia. Hay prostitución. Hay abusos sexuales. Hay manifestaciones de odio racial. Y Mizu (Maya Erskine, voz) no es el único personaje interesante. Además del malo de la serie, el irlandés Abijah Fowler (Kenneth Branagh, voz), uno de los caracteres más interesantes es el de la princesa Akemi (Brenda Song, voz), una consentida hija de un noble que ha sido prometida al hijo menos del shogun, y que está enamorada de un samurái bravucón, inicialmente un antagonista del personaje protagonista, aunque eso evolucionará. Esperemos saber más de ella en futuras temporadas. Hay algunos de los ocho episodios que son absolutamente antológicos. Muy muy buenos. El sexto tiene una doble versión. En Netflix, bajo suscripción, en color pleno. Pero en Youtube, en abierto, en el canal oficial de Netflix, está el mismo episodio pero en blanco y negro, con acentos aquí y allí de color. Y con la banda sonora diferente. Por si queréis probar antes de consumir. Os lo dejo aquí incrustado.

(*) En la versión japonesa escriben el nombre en katakana, ミズ, como si fuese una palabra extranjera. Pero mizu 水, escrito con kanji, significa agua.

Realmente, estamos ante la mejor serie de animación que he visto en el 2023, y probablemente una de las mejores series de animación que se puedan ver en general. La primera temporada ha dejado cerrado un arco argumental, pero ha abierto la serie a un nuevo arco argumental y a nuevos escenarios por el mundo. Los ocho episodios de entre 35 y 62 minutos de duración saben a poco. Pero esta serie no será sencilla de hacer y supongo que habrá que tener paciencia para la segunda temporada. Y es material original, no se basa en manga, novela o historia previa alguna. Como curiosidad, dentro de las tendencias en integración de la industria del cine y la televisión, todos los personajes japoneses tiene actores/actrices de voz norteamericanos pero de origen asiático. Aunque hablan un ingles americano típico y tópico como lo podría hablar cualquier otro actor o actriz de la misma nacionalidad. El personaje europeo ya he mencionado que es Kenneth Branagh.

[TV] Cosas de series; amor en tiempos de pandemia y otras cosas

Televisión

La serie más destacada de hoy nos llega en Netflix desde Taiwán. Pero antes comentaré cosas de otras dos que he visto o voy viendo recientemente.

Recorriendo el estanque del Loto de Zuoying en Kaohsiung, Taiwán.

Me llamó la atención una serie documental en Netflix sobre la Segunda Guerra Mundial, realizada a partir de material audiovisual restaurado o inédito de la época. Se titula World War II: From the frontlines (La II Guerra Mundial: desde el frente). Narrada por John Boyega, actor que saltó a la fama por su aparición en la tercera trilogía de la franquicia Star Wars, vi que estaba muy bien valorada en diversos ámbitos y parecía prometer. No negaré que visualmente es muy atractiva. Básicamente han restaurado mucho metraje de filmaciones del conflicto, recuperando también metraje inédito, y lo han sometido a un proceso de coloreado que… funciona la mayor parte de las veces. Cuando funciona, impresiona. De repente las personas que tenemos en pantalla no parecen antiguas… irreales. Es más eficaz. Es de las pocas veces en que me ha parecido justificable el proceso de coloreado, al que soy contrario cuando se trata de obras no documentales, por su falta de respeto a la creación original. Pero sin duda, quienes realizaron estas filmaciones en los años 40 del siglo XX, si lo hubieran podido hacer en color, lo hubieran hecho. Por ello no me parece mal. El problema de esta serie es que se apoya tanto en el aspecto visual,… que se olvida narrar con cierta profundidad el conflicto. Es una narración histórica de trazo rápido y grueso. Se detiene un poco en eventos puntuales del conflicto, aquellos que consideran más importantes, pero pasa por alto o resume de forma excesivamente somera otros que hubieran dado fondo y consistencia a la narración. Y además, resulta obvio que las imágenes que cuentan no siempre proceden de los hechos que se están narrando en esos momentos. Creo que el momento más claro es cuando aparecen imágenes de un B-29 cuando hablan del comienzo de los bombardeos sobre las ciudades alemanas. Los B-29 aparecieron con la guerra muy avanzada y actuaron en el Pacífico. Hay otros ejemplos. Es obvio que para una buena narración de la historia hubieran hecho falta por lo menos 12 o 13 episodios. Pero eso sería caro. El proceso de restauración y coloreado consumirá muchos recursos. Por lo tanto es una serie más orientada al «espectáculo», de ahí su buena valoración entre muchos espectadores, que al comentario histórico y social en profundidad, de ahí mi cierta decepción.

Netflix ha incorporado a su catálogo algunas prestigiosas series procedentes del catálogo de HBO. Y muchas de ellas son de gran calidad. Y me he puesto con una de ellas que me durará… no sé hasta cuando, porque son cinco temporadas de 12 o 13 temporadas. Se trata de Six feet under, una de las mejores series de ficción de la historia de la televisión, siempre oscilando entre la comedia y el drama. En su momento vi algunos episodios, hace mucho tiempo. Pero entonces no era tan cómodo como ahora. Y ya llevo vista la primera temporada. Impresionante. Buenísima. Con el aspecto 4:3 en la televisión, y una realización clásica de este formato, con reglas muy distintas en la colocación en escena de los personajes y el escenario, es una maravilla. Recuerdo que las dinámicas de los personajes, tan intensas y conseguidas me recuerdan a otra maravilla, I, Claudius. En fin… que a lo largo de los próximos meses iré viendo toda la serie. Ahora estoy descansando tras la primera temporada. La retomaré después de Año Nuevo.

Finalmente, me llamó la atención otro estreno reciente en Netflix. Cǐ shí cǐkè [此時此刻, en este momento], titulada en inglés como At the moment, y en castellano como Amor, aquí y ahora, es una serie taiwanesa que responde a lo que he puesto en el título de la entrada; amor (y desamor) en tiempo de pandemia. Con diez episodios, en los que se narran historias de romances durante los años en los la pandemia de covid estuvo más en auge, es colección de historias protagonizadas por personas con vidas cruzadas. Es decir, quienes son protagonistas en un episodio son secundarios en otro. Hay correlaciones y correspondencias entre todos. Pero cada episodio se centra en una historia distinta. Amores fingidos en un reality show, amores homosexuales, amores perdidos y recuperados, matrimonios que se rompen, matrimonios con los roles cambiados,… Una variedad. Taiwán, que oficialmente no es un país, con toda seguridad es la democracia más avanzada de Asia, la que tiene un mayor nivel de derechos reconocidos, con mayor nivel de libertad de expresión, con mayores niveles de tolerancia, al mismo nivel que las democracias liberales más avanzadas del mundo occidental. Y no es un país… que oficialmente es una provincia rebelde de China… una dictadura totalitaria sin paliativos. Ironías. Y este talante tolerante y de libertades, sobre el fondo de una sociedad que conserva todavía muchas tradiciones de antaño, es lo que domina los relatos. Nadie es perfecto, pero todos tienen una oportunidad. De salir adelante… o de redimirse. Algunos no la aprovechan. A mí me ha gustado. Y voy confirmando algo. De los países asiáticos, no tiene tanta productividad como Corea o Japón,… pero quizá de promedio pueda tener más interés real que los anteriores. Más allá de los guilty pleasures a los que me he vuelto adicto.

[TV] Cosas de series; como protagonista,… Park Bo-young o similar

Televisión

Vamos con una dosis periódicas de drama surcoreano. Mi «droga» audiovisual para evadirme en los fines de semana cuando no salgo a ver algo de cine, a tomar unos chismes con las amistades, o a realizar paseos fotográficos, solo o acompañado. Las tres tienen que ver en mayor o menor medida con la actriz Park Bo-young, protagonista de dos de ellas, y con un cameo en la otra, por ser una secuela de una serie que protagonizó. Las tres se pueden ver en Netflix. Dos de ellas son estrenos relativamente recientes.

La primera vez que vi una serie de Park Bo-young fue allá por 2017 cuando empezaba a engancharme con las series del país asiático. Una serie simpática sobre una chica con una fuerza sobrenatural, que hacía de la serie un curioso híbrido entre superheroína vestida de chica normal y comedia romántica. Por aquel entonces vi otra de esta actriz, que me gustó menos, y un tiempo después otra comedia romántica con intriga sobrenatural, que tampoco me convenció mucho. La actriz es muy popular en su país, al parecer, y tiene un físico menudo y simpático, el típico de la «vecinita de enfrente», más o menos dicharachera. La primera serie de la que hablo hoy, Himssenyeoja gang nam-sun [힘쎈여자 강남순, Strong girl Gang Nam-soon] es una derivada, una especie de secuela, de la primera de ellas. Otra chica superfuerte, de forma natural. En ambos casos, el nombre de la protagonista está relacionado con el distrito de Seúl donde vive la protaginista. Bongsoon en la primera, un distrito obrero, Gangnam en la segunda, un distrito pijo y de moda. La protagonista de la secuela es Lee Yoo-mi, que se ganó el corazoncito de los espectaculares en la afamada serie del calamar. La serie es más de lo mismo con respecto a la que protagonizo Park Bo-young, que hace un cameo. Aquí es la hija menor de una familia richacho, en la que las mujeres son superfuertes, muy ricas, pero muy honradas, y luchan con el crimen. Se pierde en un viaje a Mongolia, donde es criada por una familia del país, pero vuelve a Corea para localizar a su familia, lo hace, se enamora de un policía y lucha contra una organización criminal que distribuye una droga peligrosa. Es… peor que la anterior. Claramente. Un intento de explotar una idea,… pero floja. Y la chica, a la que he visto actuar con dignidad en otras ocasiones, está muy cargante.

Eoneu Nal Uri Jip Hyeon-gwaneuro Myeolmang-i Deureowatda [어느 날 우리 집 현관으로 멸망이 들어왔다, Un día la destrucción entró por la puerta principal de mi casa, vaya título] se conoce en inglés como Doom at your service. Es una serie que no está entre los «originales» de Netflix, pero que rescaté en esta plataforma. En esta ocasión Park Bo-young es una chica que recibe la noticia de que tiene un tumor cerebral y que le quedan 100 días de vida. Pero también conoce a una deidad, Destrucción que tiene la misión de poner fin a su debido tiempo a las personas o las cosas. Y hace un pacto con ella, en la que puede salvarse a costa de perder a quien más quiera. Lo que pasa es que Destrucción tiene la pinta de un señor alto y muy guapo, y ya os podéis imaginar. Es una serie que funciona a ratos, que se lía en ocasiones y que no acaba de explotar del todo la premisa inicial, que tenía sus posibilidades. Y es una serie que me empieza a demostrar que su protagonista funciona mucho mejor en la comedia que en el drama.

Desgraciadamente, la tercera de las series, un estreno reciente con Park Bo-young como protagonista, es fundamentalmente dramática. Jungsinbyeongdong-edo achim-i wayo [정신병동에도 아침이 와요, Las mañanas llegan a la planta de psiquiatría], traducida al castellano/inglés como Una dosis diaria de sol/Daily dose of sunshine, nos habla de la peripecia de una enfermera en un gran hospital. Aunque buena profesional, no es enfermera vocacional, lo es por la necesidad de asegurar unos buenos ingresos para mantenerse a sí misma y a su hermano menor, y no acaba de llevar bien el ritmo de la planta de medicina interna, por lo que es transferida a psiquiatría. Donde sí que acabará por encontrar su sitio por su buena actitud profesional y por su capacidad para conectar y comunicarse con los pacientes. La serie tiene un buen comienzo, y los primeros seis episodios de los doce que consta la serie se plantean como un procedimental en los que se combinan los casos de los enfermos ingresados con el progreso de la protagonista como enfermera de psiquiatría. Pero a partir de ahí, convierten a la chica en paciente, y entramos en un melodramón que no siempre me convence. En paralelo hay otros dramas personales con otras enfermeras de la planta, y un par de romances, uno de el de la propia chica protagonista. La serie está muy bien valorada por muchos espectadores, pero a mí no me acaba de convencer. En un momento dado pierde el norte, y con ello además el rigor sobre como ver o tratar el trastorno mental. La serie busca educar al espectador en una mayor tolerancia y comprensión hacia la salud mental, lo cual es loable. Pero acaba cambiando falsas creencias por otras. En fin… hasta cierto punto un esfuerzo fallido, diga lo que diga la mayoría.

[TV] Cosas de series; guerra, sexo y viajes en el tiempo… con muerto

Televisión

Algunas series más o menos interesantes de los últimos tiempos, que nos llegan desde Europa… suponiendo que podamos considerar al Reino Unido como Europa y no como un raro microcontinente insertado en un mundo irreal en el que viven los propios británicos.

Oficialmente, All the light we cannot see es una microserie de producción norteamericana, en Netflix, de cuatro episodios, pero con un fuerte peso en el reparto de intérpretes europeos, y rodada en Europa. Adaptación de una novela de éxito de un autor norteamericano, nos traslada a Saint-Malo, en la Bretaña, tras el desembarco de Normandía, con los aliados en las puertas de la ciudad y con las posiciones alemanas sometidas a constantes bombardeos, guiados por las transmisiones de radio de los patriotas franceses de la resistencia. Entre ellos, Marie-Laure (Aria Mia Loberti) joven ciega que huyó de París en 1940, y que usa un viejo equipo de su tío (Hugh Laurie) para emitir sus indicaciones, disfrazadas de lectura de las 20000 leguas de viaje submarino de Verne. En el lado alemán, el joven oficial de transmisiones, encargado de localizar el origen de las transmisiones, Werner (Louis Hofmann), un huérfano que tiene motivos personales para NO localizar ese origen. Y un fanático oficial alemán sin escrúpulos (Lars Eidinger), que va tras la piedra preciosa con poderes «mágicos» que el padre de la chica (Mark Ruffalo) sacó de su museo de París en 1940. Sinceramente, una serie que prometía mucho, pero que al final es una aventureta bastante inverosímil, donde los malos son muy malos, los buenos son muy buenos, y la piedra preciosa es un macguffin lamentable. No sé como será la novela de origen, pero no me han quedado ganas de leerla. Curiosamente, la serie está recibiendo buenas valoraciones en muchos lugares, y la actuación de la joven actriz protagonista está siendo especialmente alabada,… aunque yo no veo que sea para tanto. Hace un trabajo digno… y ya está. Por cierto… que no reconocí a Hugh Laurie, que está caracterizado como muy mayor.

Visité Saint-Malo en 1991, pero no tengo muchas fotografías aprovechables. Y las pongo en esta entrada.

Bodies es una mini serie británica de ocho episodios para Netflix, que también está recibiendo comentarios muy favorables, y dicen que está siendo muy vista en la plataforma. En «un momento dado» aparecen cuatro cadáveres, en un mismo lugar de Londres, pero en distintos momentos del tiempo, y localizados por cuatro detectives distintos. En la Inglaterra victoriana de finales del XIX (Kyle Soller), durante el blitz en la Segunda Guerra Mundial (Jacob Fortune-Lloyd), en 2023 (Amaka Okafor) y en algún momento dentro de unas décadas (Shira Haas). Los cuatro cadáveres están desnudos, son la misma persona, y tienen un misterioso tatuaje en la muñeca. Todo indica que proceden de un futuro distópico, donde todo lo controla un tipo (Stephen Graham) que parece que conoce todo lo que está pasando, y pasó. La serie tiene unos comienzos un tanto confusos. Es obvia la relación entre todos los cuerpos, pero los cambios y transiciones entre épocas resultan un tanto confusas. Sin embargo, a partir del cuarto episodio, y especialmente en los últimos cuatro episodios, las piezas empiezan a encajar, y lo que parecía un whodunit intertemporal, se convierte en una aventura de acción a través del tiempo, que tiene su enganche, y momentos buenos. Por ello, con tal de que tengas un poco de paciencia en los primeros episodios, puede ser recomendable a los aficionados al género distópico y a los viajes en el tiempo… con los riesgos que conllevan las paradojas en el tiempo.

Y ha llegado a su final Sex education, la inteligente serie británica que explora la sexualidad y las relaciones entre adolescentes, y también las de los adultos de forma colateral, y que ha supuesto un filón para el descubrimiento de nuevos intérpretes jóvenes que ya están dando que hablar en otras series y películas. Decir que Asa Butterfield, Gillian Anderson, Ncuti Gatwa, Aimee Lou Wood, o Emma Mackey especialmente, entre otros muchos lo hacen bien… a estas alturas ya es una obviedad. Su cuarta temporada es su última. Es habitual que las series sobre adolescentes tengan cuatro temporadas. En muchos países, especialmente anglosajones el último ciclo de la educación obligatoria tiene cuatro años, entre los 14 y los 18 años, y suele corresponder cada temporada a un curso. Y los chicos y chicas de este instituto británico han terminado sus estudios. Y con ello, hasta cierto punto, su maduración emocional. Su última temporada, que se traslada a otros entornos, quizá no sea la de mayor nivel, desde mi punto de vista, pero sigue estando a un nivel muy alto. Entre la comedia y el drama, la serie va resolviendo las situaciones de cada uno de los chicos y chicas. No siempre con finales «felices» al uso; pero sí con finales esperanzadores. Puesto que a pesar de los problemas, la serie es optimista. Muy muy recomendable. Desde el primer episodio en la primera temporada, hasta el final.

[TV] Cosas de series; ídolos del K-pop en serie

Televisión

No tenía claro sobre qué series iba a comentar esta semana. Tenía varias posibilidades. Así como varias formas de agruparlas más o menos coherentemente. Al final, ha sido la última miniminiminiserie coreana que he terminado de ver la que ha decidido la cuestión.

Hace unos años pude ver una antología de cuatro cortometrajes rodados para Netflix, protagonizados por IU/Lee Ji-eun, bajo el título global de Persona, que me pareció interesante. Irregular, pero interesante. En aquellos momentos, hace más de cuatro años, no me di cuenta de que los cuatro cortometrajes estaban protagonizados por la misma actriz. Pero esta chica empezó a salir en otras series, algunas más recientes, otras recuperando sus primeros trabajos como actriz. Y también ha empezado a aparecer en largometrajes, algunos muy destacados, incluso de la mano de Kore-eda. Y lo hace bien o muy bien. Generalmente, aparece como IU cuando se presenta como cantante, y con su nombre real, Lee Ji-eun, en los créditos como actriz. Curiosa… y acertada elección, desde mi punto de vista. Es una personalidad en su país, una de las cantantes con más éxito y con más ingresos, con una imagen pública impecable, para una chica que obviamente se lo ha tenido que currar. Canta bastante bien, aunque muy convencionalmente pop, salvo alguna cosa aislada más interesante o divertida, y puede avanzar hacia una carrera como actriz muy muy muy sólida. Probablemente, es un espejo en el que se miran muchas adolescentes de su país para orientar una carrera de éxito, fama, dinero… esas cosas. Pero…

Netflix estrenó hace unas semanas una segunda parte de esta antología de cortometrajes bajo el título Persona: Sulli. Pero no son varios cortometrajes como aquella. Es un documental basado en entrevistas a la cantante pop coreana Sulli/Choi Jin-ri, y un cortometraje de media hora titulado 4: Clean Island, protagonizado por esta joven que tenía 24 o 25 años cuando lo rodó. El cortometraje, que se mueve por los terrenos del surrealismo, tiene su interés. El documental, que además de materiales recogidos de otras fuentes, gira en torno a una entrevista que le hicieron mientras estaba rodando esta serie, que tenía que ser similar a la que rodó IU, me impresionó mucho. Choi Jin-ri se suicidó en octubre de 2019, ahorcándose en su domicilio, cuando estaba rodando el segundo cortometraje de la serie. Todo indica que sufría una profunda depresión. O que está fingiendo, actuando, lo cual parece improbable, dado que se suicidó poco después. En la entrevista principal del documental nos encontramos con una chica emocionalmente inestable, con un pensamiento enlentecido, probablemente expresando ya alguna llamada de auxilio por su situación emocional. Se insiste con frecuencia en el documental en que la joven había sido objeto de abundantes comentarios de odio o censura por su estilo y su forma de hacer en internet. Realmente algunas de las cuestiones que se plantean como objeto de censura por parte de la audiencia surcoreana parecen marcianas. ¿Porque lleve o deje de llevar sujetador? ¿Porque diga que es feminista? ¿Por su aspecto físico? Probablemente la joven padecía una depresión endógena, agravada por la presión social y por un hecho del que se habla insuficientemente. La mayor parte de estas jóvenes, que empiezan de adolescentes jovencitas, son consideradas por la industria del entretenimiento como meros productos que hay que explotar y sacar beneficio. No voy a entrar ahora en las oscuridades que tiene la industria del entretenimiento en el país asiático, tan de moda en estos tiempos, y que presenta elementos muy tóxicos, muy nocivos, propios de una sociedad que oscila entre un profundo conservadurismo social y un capitalismo muy poco regulado. En cualquier caso, llama la atención el contraste entre IU y Sulli, dos chicas que según cuentan eran muy amigas, pero que representan extremos opuestos, aparentemente, del fenómeno cultural/industrial de la industria del entretenimiento coreana. Para pensar.

Curiosamente, en estos últimos meses, en Netflix se estrenó otra serie en la que la protagonista está también en el mismo ambiente. Doona [이두나, Li Du-Na en el original coreano] es una serie de nueve episodios de 50 minutos de duración, un drama romántico, en el que el personaje principal que da título a la serie es miembro de un grupo femenino de K-pop, que en un momento entra en crisis, y es apartada temporalmente de sus actividades. En esa situación, aislada y sin saber que hacer, se instala en una residencia para universitarios, donde se creará un particular microcosmos de amistades, y conocerá a un joven estudiante de ingeniería con quien iniciará una relación romántica. No está mal, pero no es mi serie favorita. Hay que decir que la protagonista es Suzy/Bae Suzy o Bae Suji, que también es una cantante reconvertida en actriz. Que utiliza el apellido, Bae, cuando hace de actriz. Esta chica aparece con frecuencia en series de Netflix… pero más allá de ser una chica realmente muy guapa, no me convencen tanto sus capacidades interpretativas. Empezó su carrera como actriz en la misma serie que IU; Suzy como protagonista y IU como secundaria. Pero me resultó bastante cargante,… casi insoportable. Tanto la protagonista como la serie, bastante mala. La serie actual, mucho mejor, no incide en exceso en los problemas de las jóvenes involucradas en la industria del entretenimiento surcoreana; toca algún tema, pero de forma más superficial.

Aunque no tiene que ver con las anteriores, aprovecho para comentar el drama romántico-policial, Agui kkot [악의 꽃] que significa lo mismo que su título en inglés, Flower of evil, una recuperación de un drama que venía muy recomendado, tiene una puntuación muy elevada en IMDb, que no lleva el sello de Netflix, pero se puede encontrar en la plataforma siempre que configures la interfaz para el idioma inglés. Creo que si la configuras en español, no aparece como disponible. Es la historia de un fugado de la justicia, asesino, sociópata, que vive bajo una identidad falsa (Lee Joon-Gi), y que está casado con una policía (Moon Chae-Won), con quien tiene una hija y forman una familia aparentemente perfecta. Hasta que el pasado del presunto criminal reaparezca entre los casos de su mujer. Es entretenida, pero sufre de algún problema de guion, como muchas series de esta nacionalidad, y sobretodo, el protagonista masculino, cuando tiene que parecer un sociópata, es decir frío e inexpresivo, estupendo. Pero cuando tiene que mostrar alguna emoción… lo hace muy mal. No me ha convencido nada. Y por su importancia, lastra mi apreciación de la serie. Que como tantas de esta nacionalidad, tiene un exceso de capítulos, los 16 de costumbre. Y los capítulos tienen un exceso de metraje, los 70 minutos malditos de la televisión coreana… o española, más pendientes de cómo integrar la publicidad en un espacio de dos horas, que de la coherencia y la calidad de la narración.

[TV] Cosas de series; comedia y crítica social en menos de media hora

Televisión

Hoy traigo un mixto de acción real y animación. Hay dos géneros importantes en la ficción en serie que comparten objetivos en muchas ocasiones. Aunque no es infrecuente que sean minusvalorados por el espectador como géneros menores, frente a las series dramáticas con episodios próximos a la hora de duración. Estoy hablando de la comedia de situación y de la animación para adultos. La animación sigue viéndose por gran parte de la sociedad como un género menor, o como algo para niños y adolescentes. Lo cual es paradójico por la existencia de series de animación adultas, con mala baba, muy irreverentes en ocasiones, desde hace décadas. Y hace tiempo que la comedia de situación dejó de ser el relleno amable, de carácter familiar o romántico, para ser un género más incisivo, independientemente de que mantenga o no la amabilidad con la que nació. Veamos por lo tanto tres ejemplos, muy interesantes, de series con miga, que nos transmiten su mensaje cotidiano en dosis de no más de 20 a 30 minutos.

Cuando me enteré que volvía Futurama, me vi inundado por sentimientos realmente contradictorios. Es una de mis series de animación favoritas de toda la historia. Heredera del espíritu de The Simpsons, con Matt Groening como creador de la serie, o al frente del equipo de creativos, encandiló inmediatamente a ese grupo de gente que tiene un lado friqui, al mezclar la crítica social con la ciencia ficción, y dosis de humor, ironía y mala baba por arrobas. Hulu la ha traído de vuelta al mundo de las plataformas de contenidos, en España retransmitida desde Disney+. Pero la serie ya tuvo sus momentos de esplendor y cierta decadencia durante la primera década del siglo XXI y los primeros años de la segunda. Decadencia que no vino del hecho de que se convirtiese en un mala serie, sino de la dificultad de mantener la originalidad de las tramas y el agotamiento natural en el espectador. A veces, las series no saben echar el cierre a tiempo. Entonces, ¿en la nueva temporada? La undécima temporada según IMDb, la octava según Wikipedia, la décima según otras fuentes,… es difícil saber cuando y cómo termina una temporada, o se debe considerar que es una primera parte o una segunda parte de una temporada,… pues esta primera mitad de la temporada 2023-2024… quizá,… ha estado muy bien. No sé si para conseguir una éxito arrasador y multitudinario, pero sí para satisfacer y contentar más que suficiente a sus incondicionales, entre los que me encuentro. Con actualizaciones de temas, mi favorito probablemente es el último de la temporada o semitemporada en el que se explora el concepto del universo como simulación, habrá encantado especialmente al sector más friqui de sus partidarios. Y así,… ya tengo de que ven la próxima temporada… o la segunda parte de la temporada… o, simplemente, los nuevos episodios. En fin… Hulu la considera la undécima temporada.

Y claro… obligado a hablar de Disenchantment, de las aventuras de la princesa Tiabeanie Mariabeanie de la Rochambeau Grunkwitz, rebelde y propensa al alcoholismo, más conocida como Bean, y de sus fieles amigos y aliados, el medio elfo Elfo y su demonio personal Luci. Serie que surge también de la factoría de Groening, como serie original de Netflix, y que comparte elementos con las mencionadas, nunca ha gozado del mismo nivel de popularidad. Sin embargo, esta serie, que no deja de tener un tono y elementos melancólicos a la hora de poner en solfa al género humano a través de estas aventuras mágico-medievales, con toques de steampunk, ha ido creciendo en cariño en el ánimo de muchos de sus fieles entre los que me encuentro. Ha sido una serie de desarrollo lento. Una auténtica aventura de corte tradicional en el fondo, en la que el héroe, la heroína en este caso, pasa de ser pasota a encontrar una redención para sí misma, y para redimir a su propio reino y a sus gentes de los males que los azotan. No difiere en el fondo tanto de Luke Skywalker, de Frodo o de tantos héroes de aventuras más o menos fantásticas. Pero ese sí, con la mala baba marca de la casa. No me calentaré mucho los cascos sobre si ha terminado tras cinco temporadas de diez episodios, o si lo ha hecho tras tres temporadas, las dos primeras divididas en dos partes de diez episodios y la última sólo de una parte de diez episodios. ¡Qué calvario! La cuestión es que me lo he pasado bien y echaré de menos a la princesa Tiabeanie Mariabeanie de la Rochambeau Grunkwitz y a sus amigos y enemigos.

Y en un cambio brusco de género, en los últimos tiempos me he merendado, a buen ritmo, porque es muy divertida, la comedia de situación canadiense Kim’s Convenience. Episodios cortitos, episódicos, aunque haya algunos arcos argumentales de largo recorrido, nos habla de la familia Kim, formada por un matrimonio de coreanos (Paul Sun-Hyung Lee y Jean Yoon) que inmigraron en su momento de su Corea del Sur natal buscando una mejor vida. Poseen y regentan un tienda de conveniencia en Toronto, popular entre sus vecinos, y son fieles de una parroquia protestante del barrio. Y están sus dos hijos de veintitantos años. Jung (Simu Liu), que arrastra las consecuencias de haber tenido una adolescencia díscola, con paso por algún centro de reforma, y que se gana la vida en una agencia de alquiler de coches. Y la menor, Janet (Andrea Bang), más responsable, algo cuadriculada para su vocación artista de fotógrafa. La serie es una derivada de una obra de teatro del mismo título, que gozó de éxito y popularidad. Los dos intérpretes que interpretan al matrimonio protagonista ya lo hicieron en la obra de teatro. Los hijos no, lógico por el mayor cambio que se produce en una persona en su veintena, que hace que quien hizo el papel en 2011 sea difícil que lo haga casi una década más tarde. En cualquier caso, es una serie amable, en la tradición de la comedia de situación familiar, pero que no elude los temas trascendentes de la integración de las familias inmigrantes en su sociedad de acogida. Constantemente surge el contraste entre los padres, que ni siquiera han conseguido dominar totalmente la gramática del inglés, el hijo mayor que representa las dificultades de adaptación de la primera generación, y la hija menor en la que predomina la cultura y los modos de la sociedad canadiense.

Las primeras temporadas son brillantes, debiendo también en gran medida su dinamismo a los personajes secundarios, fijos o recurrentes, que sirven con frecuencia para encender la chispa que resulta en las vergonzosas situaciones en las que los cuatro miembros de la familia se ven metidos ellos solos, las más de las veces. Los intérpretes no son muy conocidos. Jean Yoon, por lo que he visto, ha aparecido en personajes recurrentes o esporádico, pero secundarios, en una diversidad de películas y series. Lo mismo Paul Sun-Hyung Lee, aunque es una presencia popular en las últimas series del universo Star wars, interpretando a un veterano piloto rebelde. Perso se han fogueado abundantemente en el teatro, y tienen mucho oficio. Sólo le puedo poner un pero a la serie… siguió abriendo melones argumentales hasta su última quinta y última temporada… y luego los dejó totalmente en el aire. Irresueltos de una forma que nos habla de que en la mente de alguien se imaginaba una mayor duración y progresión de la serie. Por ejemplo, introduciendo el tema de la diversidad sexual y afectiva, hasta ese momento poco tratada en la serie. O la progresión de la enfermedad crónica de uno de los miembros de la familia. Indudablemente, Janet es el personaje peor resuelto en los momentos finales de la serie. Pero está muy bien. Muy bien. Por ello, dedico las fotografías de la entrada a la ciudad de Toronto, donde transcurre la serie.

[TV] Cosas de series; misterios policiales, romances y relaciones familiares

Televisión

Aunque hay algunas series surcoreanas que se estrenan completas, todos sus episodios a la vez, en Netflix, lo más habitual es que las series distribuidas por Netflix en exclusiva, pero no producidas por la plataforma aunque lleven su sello, se estrenen al ritmo del país de origen. Un par de episodios a la semana, en días consecutivos. Por ejemplo, sábado y domingo. O miércoles y jueves. Lo que sea. Por lo tanto, se da que se acumula el final de las mismas en algunas fechas. Es lo que ha pasado con dos de ellas. La otra, es una serie que me salté en su momento, pero que ante las buenas críticas, he recuperado.

Hipage [힙하게, algo así como en la cadera o a propósito de la cadera], internacionalmente Behind your touch, o en castellano Con tacto especial, es una comedia romántica con misterio policial. Los protagonistas son una joven veterinaria (Han Ji-min) que se hace cargo de la clínica de su abuelo en una pequeña ciudad de provincias, y un policía (Lee Min-ki) que es destinado a la misma ciudad tras meter la pata en un caso estando destinado en una unidad de prestigio en Seúl. Durante una tormenta, mientras exploraba a una vaca en sus ancas, la chica adquiere la capacidad de ver el pasado de las personas cuando les toca en sus glúteos (de ahí lo de la cadera del título). Y aunque ambos se llevan mal, colaborarán para descubrir a un asesino en serie. Por supuesto, acabarán desarrollando una tensión romántica no resuelta, Aunque hay otro cateto, un sospechoso (Kim Jun-Myon), que conforma el típico triángulo junto la hipotenusa el cateto mencionados. Predominantemente comedia, tiene algún momento dramático, es entretenida, pero sin más. Un producto de consumo fácil y olvido más fácil todavía, que se salva por la gracia y la empatía con sus personajes y el razonable buen hacer de sus intérpretes. Una de las cuestiones más graciosas es una metedura de pata, no sé si en el guion original o en la traducción al inglés/castellano; denominan a los poderes de la chica y otros psicometría. La psicometría es la rama de la psicología que estudia las variables de la psique humana usando elementos de medida como tests y pruebas que usan valores cuantitativos para describir estas variables. Algo de lo más prosaico y muy poco extraordinario.

I yeon-aeneun bulgahangnyeok [이 연애는 불가항력, este amor es una irresistible], internacionalmente Destined with you, en castellano Un amor predestinado, es una comedia romántica. También con un peligroso criminal de por medio. Y algo de fantasía. Una funcionaria de parques y jardines de una ficticia ciudad (Jo Bo-ah) y un abogado que deja su bufete para trabajar en el ayuntamiento (Kim Ro Woon) acaban en un romance que parece originario por una poción mágica contenida en un viejo libro de conjuros, elaborado por la chica para enamorar a otro funcionario de alto nivel del mismo ayuntamiento. Y así, entre enredos, misterios criminales, vengativas exnovias y corrupciones políticas y empresariales se desarrolla serie. Un poco lo mismo que la anterior. Es entretenida, predomina la comedia sobre el drama y el misterio, y también se salva, como la mayor parte de estas series, por la simpatía de los personajes y el razonable buen hacer de los intérpretes que participan.

En su momento dejé pasar esta serie; estaba muy liado entonces. Pero es la que tiene una valoración más alta y está más reconocida por la crítica, entre las series de 2023. Así que me apunté a ver Nappeun-eomma[나쁜엄마, mala madre], conocida internacionalmente como The Good bad mother, o en castellano, La buena mala madre. Aunque tiene algunos elementos de comedia, esta serie habría calificarla más bien de drama. El padre y esposo de los protagonistas es asesinado por unos intereses derivados de la corrupción política y su relación con organizaciones criminales. La mujer (Ra Mi-ran) sale adelante con su granja de cerdos; el hijo (Lee Do-hyun), nacido de forma póstuma a la muerte del marido, es criado de forma muy estricta, para que llegue a ser un abogado, a ser posible un fiscal, importante. Y lo consigue pese a las dificultades. Para acabar mezclado él mismo en asuntos turbios de corrupción, hasta que sufre un accidente que lo deja amnésico y discapacitado, volviendo al pueblo con su madre. Entre medias, está su relación con su amiga de toda la vida (Ahn Eun-Jin), nacieron a la vez, relación amorosa que terminó bruscamente. Ahora la joven, madre de dos mellizos, vuelve al pueblo con su familia también, después de una serie de eventos desafortunados. Y a partir de ahí, hay que reconstruir la vida de todos y descubrir qué es lo que pasó en realidad en el pasado. Esta serie, de 14 episodios en lugar de 16 como las anteriores, tiene más enjundia. E interpretaciones más profundas. No deja de ser un producto eminentemente televisivo, pero con más enjundia. Y con buenas interpretaciones. La chica hacía un secundario en una de mis series surcoreanas favoritas que era de mis favoritos. Y aquí sigue haciéndolo bien y siendo encantadora.

[TV] Cosas de series; galaxias, whodunits, piratas y crímenes patrios

Televisión

Variopinta selección de series que se me han ido acumulando en el último mes, más o menos. Alguna puede que esté esperando desde septiembre. Pero bueno, poco a poco iré sacando lo visto en los últimos meses, y que no he podido comentar por vacaciones y otras cuestiones.

Mi serie preferida de hoy transcurre en Nueva York, por lo que será a la Gran Manzana adonde nos dirigiremos fotográficamente.

Dentro del universo Star Wars, había curiosidad por ver Ahsoka, incluso si es un personaje que no me decía nada a priori, por haber surgido en las series de animación que no he visto. De hecho, para ponerme al día, me vi algunos episodios de la series de animación Star Wars: Rebels, para conocer los antecedentes de lo que nos narra la serie actual. Establecer una continuidad en mi imaginario. No es absolutamente necesario, pero no viene mal. Las ganas venían dadas del buen trabajo realizado con Andor, una serie con la que, teóricamente, tarde o temprano se cruzarán de alguna forma. El personaje principal, Ahsoka (Rosario Dawson), es una jedi que sobrevivió a la persecución lanzada por Palpatine contra la orden, y que fue aprendiz de Anakin Skywalker. En esta serie se lanzan a la búsqueda de otro proto-jedi perdido y abren un gran arco argumental con el Gran Almirante Thrawn (Lars Mikkelsen) como oponente, un personaje que conocí en una novela, secuela de la primera trilogía de películas, hace 30 años o así. Se ha conservado el personaje, pero no el hilo argumental. Y por supuesto, hay una aprendiza, Sabine Wren (Natasha Liu Bordizzo), cuya misión es… bueno… cagarla. Pero con mucha seriedad. No está mal, pero no ha acabado de engancharme. Es una de estas series de la franquicia que se toman demasiado en serio a sí mismas, y que han olvidado que el espíritu inicial de la saga era una sabia mezcla de aventura, drama y comedia.

Hemos podido ver la tercera temporada de Only murders in the building. La serie que, al igual que la anterior, se puede ver en España en Disney+, sigue la estela de las anteriores temporadas. Quizá un poquito más seria, con la parte de comedia más matizada, algo más amarga. Pero en el mismo tono. Esta whodunit de corte clásico, pero con un tono de humor, un género que se ha puesto de moda últimamente, es de lo mejor que se hace al respecto, y seguiré siendo fiel a futuras temporadas. Si siguen emitiéndose, que creo que sí.

One Piece es uno de los estrenos más publicitados, esperados y celebrados en Netflix en los últimos tiempos. Adaptación en acción real de un manga que lleva publicándose desde hace más de 25 años, desde 1997. También fue adaptada a una serie de animación que lleva emitiéndose desde hace 20 años, desde 2003, en Japón. Así pues, las aventuras de Monkey D. Luffy (Iñaki Godoy) y su tripulación son muy populares y la serie se esperaba con expectación, pero también con miedo. Especialmente después del fiasco de alguna otra adaptación de series de animación muy queridas por el público. Así pues… ¿qué puedo opinar después de los muy trabajados y costosos ocho episodios de la primera temporada? Pues no está mal. Es entretenida. Pero está muy lejos de ser una serie que enganche totalmente y que te sumerja totalmente en el universo de este particular mundo de piratas. Y, especialmente, creo que tengo un problema con el protagonista,… que me parece un poco cargante. No sé si es cosa del actor que lo encarna, del tono que le han dado a la serie o del personaje original. Pero no empatizo, ni simpatizo, con él. Probablemente siga viendo temporadas futuras, ya digo que entretiene. Pero también puede que no, si hay cosas más interesantes que ver o que hacer.

Finalmente, El cuerpo en llamas. Serie española con un reparto a priori interesante, que lleva a la pequeña pantalla una reconstrucción del crimen de la guardia urbana de Barcelona de 2017, en el que, según el criterio del jurado y el tribunal que juzgo los hechos, los agentes de la guardia urbana de la capital condal Rosa Peral (Úrsula Corberó) y Albert López (Quim Gutiérrez), asesinaron a la pareja de aquella, también policía local, Pedro Rodríguez (José Manuel Poga), y quemaron su cuerpo y su coche en el pantano de Foix. La serie, que fundamentalmente se centra en la mujer, narra además las vicisitudes de su matrimonio anterior y otros eventos de la atribulada vida que llevaba todo este grupo de gente. El principal atractivo de la serie es el trabajo de su reparto, que en líneas generales es entre muy bueno y correcto. No todos los intérpretes están al mismo nivel, pero al menos los principales, especialmente Corberó y Gutierrez, están a buena altura. Pero el conjunto de la serie… no sé… no acaba de alcanzar el ritmo y la tensión que merece la trama. Una trama en sí misma que en la vida suena a gente cutre, primaria, muy básica; que necesita más fango y menos distancia aséptica. A la serie le falta la sordidez propia del género negro. Quizá venga penalizada por ser una historia real, aunque sobre la base de las reconstrucciones de los hechos, ya que probablemente nunca conoceremos como sucedieron muchas cosas. Se deja ver. Pero podría ser mejor.

[TV] Cosas de series; mucha animación pendiente, procedente de Japón

Televisión

Hoy sábado no voy a estar. Si todo va bien, me voy a pasar el día a los Pirineos aragoneses con un grupo de aficionados a la fotografía. Pero llevo tanto retraso a la hora de comentar cosas, especialmente cosas televisivas, literarias y cinematográficas, que he decidido dejar programada una entrada televisiva con algo de la animación que he visto en los últimos meses. Vamos a ello, de forma un tanto resumida.

En Kioto, como en una de las series que comento hoy.

Comente hace unas semanas mis impresiones sobre KonoSuba!, un entretenido isekai de 2016 disponible en Netflix. Pues bien, después se han hecho un largometraje y una serie spin-off que no están en esa plataforma. Pero los he buscado, he visto el largometraje y estos viendo el serie derivada. El largometraje, Kono Subarashii Sekai ni Shukufuku wo!: Kurenai Densetsu [この素晴らしい世界に祝福を!紅伝説, título larguísimo del que nos quedaremos con la última parte para distinguirlo de la serie, que significa leyenda del carmesí, o algo así]. Es una introducción de una hora y media al lugar de origen de Megumin, una de las acompañantes del protagonista, y que será la protagonista del spin-off que estoy viendo. Es más de lo mismo respecto a la serie, así que muy entretenida, pero sin más.

Hinotori: Eden no sora [火の鳥: エデンの空], o internacionalmente Phoenix: Eden17 es una corta serie de cuatro episodios, situada en el universo Phoenix del mangaka Osamu Tezuka. Un universo que se extiende por el espacio y el tiempo, que reflexiona sobre el deseo de inmortalidad. En esta ocasión con una Tierra arruinada por las guerras y la polución y una humanidad en la diáspora espacial. Nos centramos en el surgimiento y caída de una colonia humana, donde surge una raza mestiza con otra especie alienígena, que representa la oportunidad de una sociedad perfecta, pero que acabará corrompida por los vicios de la humanidad. No está mal. Está en Disney+ y se puede ver de una sentada como un largometraje.

También nos llega en Disney+ Sinduality: Noir, una serie de animación del universo Sinduality, una creación reciente destinada a una diversidad de entornos de distrubución, anime, manga, novelas, en un entorno posapocalíptico, en el que una humanidad refugiada en ciudades protegidas lucha contra unos seres extraños que vienen asociados a la lluvia y las tormentas. Se han emitido doce episodios, y al menos hay doce más,… que no sé si veré. No ha acabado de engancharme del todo.

Mononoke [モノノ怪] no tiene nada que ver con la famosa película de Miyazaki. Es una serie de 2007, con una peculiar producción en la que los dibujos reproducen incluso la textura del papel sobre el que se han dibujado y pintado, calificada como avant-garde anime, muy expresiva. Por avant-garde entendamos una obra experimental, innovativa, que se sale de las corrientes comúnmente aceptadas. Pertenece al género de terror, y en ella acompañamos a un vendedor de medicinas en Japón, en diversas épocas, desde las feudales hasta principios del siglo XX, y en que en arcos argumentales de dos o tres episodios, vemos como desentraña y elimina esos seres monstruosos sobrenaturales que llaman mononoke. No es fácil de ver, pero si entras en ella, es una de las mejores series de animación de este siglo que podrás ver. Está en Netflix, sólo para gentes con ganas de arriesgar en lo que ven.

Finalmente, Watashi no Shiawase na Kekkon [わたしの幸せな結婚], literalmente Mi matrimonio feliz o My happy marriage en inglés, es una adaptación reciente de una novela ligera, estrenada en Netflix. Una peculiar versión de Cenicienta ambientada en el Kioto de principios del siglo XX, una Kioto alternativo, en el que todavía reside el emperador, y en el que existe la magia, que poseen unas élites que la transmiten genéticamente. Está siendo muy valorada, pero estuve a punto de abandonarla… porque dedican muchos episodios a algo que se podría contar en uno. Al final, pasa del género romántico al de acción, y se pone más interesante. Ya veré si veo temporadas futuras. Está claramente dirigida a un público femenino.

[TV] Cosas de series; ronda de series coreanas tras las vacaciones

Televisión

No redacto una entrada dedicada a las series televisivas desde el 21 de septiembre. Casi cuatro semanas, casi un mes. Y lo que he ido viendo mientras tanto, durante las vacaciones, más los cierres de varias temporadas de series que se emiten un episodio a la semana, y han coincidido en estas últimas semanas, han hecho que se me hayan acumulado muchas. Así que comentaré más allá de las dos habituales por entrada para ir quitándome cosas de encima. Y lo haré con unas cuantas series de origen surcoreano.

Con una de las series paseando por Taiwán, y otra basada en una serie taiwanesa, elijo este no-país para ilustrar la entrada. Un paseo por Tamsui, al atardecer.

Riské Business: Taiwan es la segunda entrega del recorrido que están haciendo el cantante Sung Si-kyung y el cómico Shin Dong-yup por distintos países asiáticos, para conocer cómo se trata el sexo y el erotismo en ellos, desde el punto de vista de las relaciones interpersonales, pero también desde el punto de vista de las industrias que se basan en estas cuestiones. Hubo una primera serie dedicada a Japón, que me dejó un poco frío por la forma en que se trataban temas como la pornografía, o determinadas actividades que rozan la cuestión de la prostitución. No obstante, me animé a ver esta segunda serie dedicada a Taiwán, donde han cambiado un poquito el enfoque, dentro del mismo formato, han dado menos presencia a la industria, y han destacada más las libertades de preferencia afectiva e identidad sexual, en las que el país isleño que no es oficialmente un país anda a la cabeza en esa parte del mundo. Al fin y al cabo, no siendo un país reconocido internacionalmente, resulta ser la democracia más desarrollada de la región. Cosas que pasan en el mundo. Hemos de recordar que Corea del Sur es un país muy conservador en sus costumbres, no hay más que ver sus series de ficción, que hasta hace pocos años era un patriarcado establecido legalmente en su sistema social y político, donde hay muchos tabús todavía. Me ha gustado más que el anterior, el cambio de temas le ha sentado bien.

Neoui sigan sog-euro [너의 시간 속으로, literalmente en tu tiempo], internacionalmente, A time called you, o en castellano, Tu tiempo llama, es un drama romántico, en Netflix, versión surcoreana de una serie de gran éxito taiwanesa, que he intentado localizar, sin éxito hasta el momento. Porque hay muchas afirmaciones de que es mejor. Y el caso es que esta no está mal. Con su protagonista, Jeon Yeo-been, que lo hace bastante bien, haciendo un doble papel, y con a modo de viajes en el tiempo. Un bucles en el tiempo, con romances intertemporales e intergeneracionales, con el tema de los abusos y del aislamiento de los adolescentes de fondo, y con su trama de intriga y crimen de por medio. Es mejorable, pero me resultó muy entretenida, y muy visible gracias al trabajo de sus intérpretes, que están a buen nivel.

Melloga Chejil [멜로가 체질, literalmente lo melodramático me va], y conocida internacionalmente como Be melodramatic, es una serie que encontraréis, aunque muy posiblemente escondido, sólo os aparezca si configuráis la interfaz de la plataforma en idioma inglés. No está traducida al castellano. Y la vi por dos motivos. Una de las protagonistas es la de la serie anterior, y está muy bien valorada. Tres amigas que viven juntas, con el hermano más joven y gay de una de ellas. Una es directora de documentales, de éxito, con mucho dinero, pero vive en una profunda depresión por el duelo de su prometido fallecido prematuramente. Otra es una guionista principiante, es la principal protagonista de la serie (Chun Woo-hee), y comienza una compleja relación con un director de teleseries de éxito que ha aceptado en llevar a la pantalla un guion de la chica. La tercera trabaja en una productora de televisión (Han Ji-Eun), es madre soltera, y tiene problemas para compaginar su maternidad con su vida de relación y su trabajo. Las tres tienen 30 años. El tono es de comedia, fundamentalmente, aunque haya sus momentos de drama. Y realmente está muy bien. Se aleja de aquello que comentaba hace tiempo de las series surcoreanas como guilty pleasures. Se ve porque está bien hecha, bien interpretada, empatizas con los personajes y lo pasas bien.

Finalmente, Dojeok: Kar-ui sori [도적: 칼의 소리, más o menos literalmente, bandido, el sonido de la espada], conocida como Song of the bandits o La canción de los bandidos. Son nueve episodios en Netflix de los que a mí me da la impresión que nos es una primera temporada sino más bien la mitad de la primera (o única) temporada), porque al final queda totalmente abierta a una continuación. Es un drama de aventuras situado en los años 20 del siglo XX, durante la dominación japonesa de la península de Corea. Pero con un giro formal que es que la acción se desarrolla principalmente en Gando, la región china fronteriza con Corea, donde se han refugiado muchos desposeídos coreanos y muchos insurgentes contra el dominio japonés. Y todo ello en un paisaje árido… que hace que se convierta en una versión asiática del Far West americano. Con duelos, asaltos al tren, robo de bancos, bandidos malísimos, y bandidos buenísimos. Intrigas, balaceras, traiciones, amistades incondicionales y algún romance que otro, con un antiguo oficial coreano del ejército japonés (Kim Nam-gil), que renunció y ahora lidera una banda de bandidos tipo Robin Hood, robar a los ricos para sostener a los desposeídos. Qué más puedes querer. Es muy muy muy divertida y te enganchas. Aunque constantemente ponen a prueba tu suspensión voluntaria de la incredulidad. Es de estas en las que los buenos nunca mueren, y los malos, especialmente los japoneses, mueren por decenas. Da igual. Es pura evasión, los intérpretes lo hacen bien, los caracteres son interesantes, y te enganchas como para verla de tirón en una maratón televisiva.

[TV/Libro] Revisitando a Isaac Asimov de una forma u otra… todos estos años después

Sin categorizar

En su momento, entre los 18 y los 26 años, si no leí todo lo escrito por Isaac Asimov en el ámbito de la ficción, poco lo faltó. Incluso leí algún ensayo sobre historia. De la historia de Roma, si no recuerdo mal. Realmente, me gustaba. Aunque hace mucho mucho mucho tiempo que ya empecé a comprender que dentro de su obra había que diferenciar las cosas realmente buenas, las cosas interesantes… aunque menos buenas, y las cosas… meh. Pues bien, en estas semanas atrás he revisitado algunos elementos de la obra de Asimov de un modo u otro. En televisión y en libro. Vamos con ello. Aunque intentaré no enrollarme mucho.

Cuando se imaginan civilizaciones extrañas de colonias humanas establecidas en planetas dispersos por la galaxia, es frecuente que alguna de ellas se inspire en culturas asiáticas, especialmente Japón. Pero creo que no ha salido nadie vestido con indumentarias inspiradas por los kimonos. Como los que podemos ver desde ayer expuestos en el Museo de Zaragoza y hasta el mes de noviembre.

TV – Segunda temporada de Foundation

Pues sí. Aunque la primera temporada de esta serie no me acabó de cuadrar, uno de los proyectos estrella de Apple TV, decidí darle una segunda oportunidad, y me puse a ver la segunda temporada. Que sí que me ha gustado. Bastante. Mucho, a ratos. ¿Qué ha pasado? Mmmmm… Nada y muchas cosas. Veamos.

Primera. Una de las cuestiones que más me molestó en la primera temporada es que la serie se aparta tanto de la famosa trilogía de Asimov en la que se inspira, pero que decididamente NO ADAPTA, que mi opinión en ese momento es que desvirtuaba las esencias de aquellas novelas escritas en los años 40 del siglo XX, pero que aguantaban notablemente el paso del tiempo. Y aquellas novelas no me parecen la octava maravilla en calidad literaria, aunque la tienen en suficiente cantidad, pero sí que proponían conceptos muy interesantes que en esta serie se perdían, se han perdido, por completo. Pero en esta segunda temporada he aceptado que es una propuesta dispuesta, y he decidido aceptar esta propuesta. Y de repente, simplemente, es una historia nueva, con algunos parecido superficiales con aquella, que usa los nombres de los personajes y de los planetas de aquella, pero nueva. Distinta. Y me vale.

Segundo. No conseguí empatizar con ninguno de los personajes principales. Ni Gail Dornik, ni Hari Seldon, ni Cleon, ni Demerzel (que no debería aparecer por aquí), ni Salvor Hardin… Nop. Me daban igual. Si se hundía el Imperio Galáctico, como si llegaba la muerte térmica del Universo entero. Sin embargo, de repente, en esta segunda temporada, toda esa gente, que ya no tiene gran cosa que ver con los personajes de Asimov, se han convertido en los protagonistas de una aventura espacial de acción de lo más interesante. Adiós a la filosofía de la trilogía literaria, pero bienvenido un universo espacial estupendo. Flop. Ahora hay un montón de gente en pantalla que me interesa un montón. Los anteriores más Poly Verisof, Hober Mallow (nombres tomados del original), una tal «Brother» Constant, o una tal reina Sareth, que son inventados para la serie. Estupendos.

Tercero. La serie está bien hecha. Está muy bien hecha. Hay unos mundos estupendos. Hay unas estupendas naves espaciales. Hay un efectos especiales/visuales decentes para ser televisión, siempre menos vistosos que en el cine. Y oye; que los que salen actúan bien. Son buenos intérpretes.

Así pues,… ¿necesito decir más? No es realmente Asimov, aunque tome cosas de él y a veces se le parezca. Pero está bien. Decían que la Trilogía de la Fundación o Ciclo de Trantor, cuando se incluyen las secuelas y precedas tardías, era inadaptable. Puede ser, de momento nos quedamos sin saberlo, porque esto es otra cosa. Aunque muy interesante.

Libro – The Gods Themselves

Leí hace muuuucho tiempo esta novela, en la época que he mencionado al principio, en castellano, con el título Los propios dioses. Es una novela de 1972, y fue muy reconocida y premiada. Fue escrita más de veinte años después de Foundation y sus secuelas originales. Y en ella Asimov se ponía al día con los últimos (para la época) hallazgos en física, aunque hoy en día nos parezca que está bastante superada. Su principal motivo, el intercambio de materia entre universos (para que diga que el multiverso es una moda actual) se relacionaba con la interacción nuclear fuerte, que se suponía e intuía desde tiempo atrás, pero que estaba recibiendo sus fundamentos más potentes desde los años 60. Creo. A partir de ahí, se especula con las consecuencias para los distintos universos si se intercambia energía/materia entre ellos, partiendo de la base de que tienen distintas constantes físicas universales. Consecuencias catastróficas, claro, para que haya emoción. Por otro lado, se nota que hay conceptos que no han madurado lo que han madurado hoy en día. El estado inicial del universo tal antes del Big Bang no tiene que ver cómo se propone en el libro a cómo se propone hoy en día. O los cuásares, que hoy en día sabemos que son galaxias lejanas con un núcleo extraordinariamente activo y energético, y para Asimov era algo parecido a una supernova, u otro cataclismo similar.

El título viene de una cita extraída de una obra de teatro de Schiller sobre Juana de Arco; «Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens.» O en castellano, «Contra la estupidez, los propios dioses se afanan en vano.» Desde hace un tiempo, con la estupidez reinante en las organizaciones, laborales incluidas, esta expresión me ha parecido dogma de fe. Y es que en la obra, dividida en tres partes 1) Against stupidity, 2) The gods themselves y 3) Contend in vane?, trata el tema de las mezquindades humanas, también en el ámbito de la ciencia, que hace que se perpetúen los errores, se desprecie el valor y el saber de hacer de algunos de los mejores, y se ponga en peligro el avance inmediato del conocimiento científico y el progreso humano.

Este es uno de esos libros que considero… literariamente no tan buenos, aunque con propuestas interesantes. Y creo que, aunque no es muy extenso… para lo que cuenta, podría serlo menos. Hay conceptos sociales y morales que hoy en día parecen bastante ingenuos, especialmente en la última parte que transcurre en un colonia lunar, y eso hace que no, paradójicamente, por ser más moderno, me parezca que hay envejecido peor que la Trilogía de la Fundación. Pero me ha alegrado volver a leerlo, con una nueva perspectiva. No está mal.