[Fotografía] Recomendaciones semanales; esta semana flirteando con lo anecdótico
Sí. Lo reconozco, puesto que diversas cuestiones me han tenido la cabeza un poco atribulada esta semana pasada, diría que mi atención en las cosas de la fotografía se ha dirigido a cuestiones un poco más anecdóticas que en otras ocasiones. Os pondré algunos ejemplos.
Aunque vistosas, las fotografías dedicadas al Comandante Hadfield que publicó In Focus de The Atlantic no es la recomendación típica que traigo por aquí. Ya os hablé de Hadfield y sus habilidades musicales hace unos días. En cualquier caso, están bien.

Sigo recuperando fotografías de antaño, y estas de hoy son de abril de 1996, tomadas en el Serrablo, en el valle del río Gállego, entre Sabiñánigo y Biescas.

Fue una tarde de sábado, visitando las iglesias románicas mozárabes que hay en el valle. El primer lugar donde estuvimos fue Lárrede.
Con el mismo origen, podemos encontrar algunas fotografías del concurso de fotografía viajera de National Geographic 2013. Nuevamente, fotos bonitas, en las que lo exótico y la curiosidad son los componentes principales que hacen que nos gusten.
En diversas ocasiones he hablado de los fotógrafos minuteros, cuya forma de procesar “al instante” las fotografía ya he comentado. En Photoflue nos comentan cómo en Afganistán esta es todavía una profesión en boga. Incluso con un sitio en internet para conocer el fenómeno.
Nos habían contado que el actor Brad Pitt era aficionado a la fotografía, y se le había visto en algunas ocasiones con alguna flamante Leica. Pues bien. Realmente lo es. Y en Exposure Guide nos lo cuentan. Y envidian la modelo, que no es otra claro que Angelina Jolie. Pero lo mejor es que nos enseñan fotos. Y mira tú tienen su cosa. Blanco y negro, contrastadas.

Quizá sea la iglesia más espectacular del valle, San Pedro de Lárrede, y en la que se observan las características propias del estilo.
En alguna ocasión he comentado que si Andy Warhol se hubiera dedicado específicamente a la fotografía podría haber sido uno de los grandes. En American Suburb X (ASX) nos muestran una amplia colección de polaroids realizadas por el artista, con retratos de todo tipo de gente, muchos famosos.
Me fascina la imaginación de los japoneses en el arte y en concreto en la fotografía. Lo mismo que su cultura me llena de dudas para otras cosas. En cualquier caso, en Le Journal de la Photographie nos proponen un repaso a la obra de Hiroshi Hamaya y Kansuke Yamamoto, que me ha parecido interesante.
Como consecuencia de mi registro como comprador de una cámara Leica, me están enviando gratis a casa durante un tiempo la revista LFI, que aparte su finalidad propagandística, está bien hecha y muestra artículos sobre fotógrafos interesantes. En el último número que me han remitido aparece un artículo sobre Peter Cornelius, fotógrafo alemán poco conocido que durante unos años documentó la vida parisina con la entonces innovadora película negativa color Agfacolor CN17. He encontrado también un artículo sobre el tema en Terra de Ningú. Me hace gracia la carrera de los ISOs de la actualidad, cuando este señor a finales de los 50, con sus leicas hacía fotos de noche con una película de 40 ISO de sensibilidad. Público un libro, imposible de encontrar, Paris in Colour. En sus primeros años del proyecto usó una Leica II con un Elmar 50/3,5, es decir lo más barato del sistema Leica. Luego los patrocinadores le permitieron conseguir una Leica M2 con un par de Summicrones de 35 y 50 mm. Un lujo, vamos.
Finalmente, ha habido un cierto revuelo sobre el grado de manipulación de la fotografía ganadora del World Press Photo 2013, aunque se ha confirmado su integridad. Como alguien ha dicho, no recuerdo quien, si me entero lo citaré, cuando todos debiéramos fijarnos en los niños muertos, hay nos tienes mirando los raws.
[Fotos] Usando una cámara “moderna” en el aeródromo de Monflorite
Ayer hacía referencia a las fotografías tomadas en el aeródromo de Monflorite hace 17 años, cuando un buen amigo se sacó su título de vuelo sin motor, con una cámara clásica, la Zeiss Ikon Contessa. Como comentaba ayer, aunque me llevé aquella cámara como diversión, yo tenía el encargo de hacer un pequeño reportaje, en diapositivas que se quedaría él, con una cámara “moderna”. Entrecomillo lo de “moderna”, porque lo era entonces pero han pasado unos cuantos años. Se trataba de la Canon EOS 100, cámara réflex para película tradicional que salió al mercado en agosto de 1991, y que yo compré en febrero de 1993. O sea. Hace 20 años. En cualquier caso, una cámara que en aquellos momentos tenía mucho de puntera, de innovadora. Canon tenía entonces un halo de marca innovadora que contrasta con su conservadurismo actual.

Hace mucho que no uso la Canon EOS 100, que tengo guardada con un Sigma 28/1,8 montado, que tampoco uso por no ser compatible con las EOS digitales desde la EOS 10D hasta la fecha. Las fotografías que veréis están tomadas con un EF USM 28-80/3,5-5,6 y un EF USM 70-210/3,5-4,5. El primero hace años que lo cambié por algo mejor, aunque no era malo. El segundo lo conservo. Y tiene el problema, se nota en las fotos, que con el diafragma abierto del todo se oscurecen mucho las esquinas. A f/8 es excelente.
El caso es que estos días hemos estado intercambiando imágenes con aquel amigo piloto, que sigue siendo un excelente amigo, y nos hemos divertido recordando por correo electrónico aquellos días. Como las diapositivas, aunque las tiene él porque pertenecen a uno de sus días importante, las hice yo, las pongo aquí como mías. Tal y cual me las ha pasado él digitalizadas, con alguna reducción del grano/ruido y corrección del color. Las diapositivas, por su elevado contraste, son más difíciles de digitalizar que los negativos en color.

Con el tele a tope, el 70-210 a plena abertura viñetea bastante, como se puede ver en esta toma del momento del despegue del velero arrastrado por la avioneta.

Mucho más agradecido el 28-80 diafragmado a aberturas medias, como cuando aterrizó la avioneta de arrastre después de haber soltado al velero en altura.

El aeródromo de Monflorite a pleno sol era un lugar que podía hacerse duro; así que para hidratarse nada mejor que un invento genuinamente hispano, el botijo.
[Fotos] Usando una cámara clásica en el aeródromo de Monflorite
Hacia mediados de los años 90 me empezó a entrar el gusanillo de las cámaras clásicas. Afición que tardaría mucho en eclosionar, pero que de la que hoy disfruto. En 1995, Julio Álvarez de la Galería Spectrum Sotos de Zaragoza, donde hice los cursos de fotografía que me introdujeron en el mundo de la fotografía con cierta seriedad a principios de los 90, montó el certamen de fotografía Huesca Imagen, que se vino celebrando en la primavera oscense durante unos diez años. No sé exactamente. Había exposiciones, seminarios, cursos,… y en torno al 1º de mayo se organizaba una feria de material clásico y de ocasión. La mayor parte de quienes venían a vender eran franceses. Al principio se hacía en casetas en el bonito parque de Huesca, luego pasó a los porches de la Diputación, y finalmente en una iglesia en el Coso Alto, desacralizada, cuyo nombre ahora se me escapa y no lo encuentro en Google.
Cuando asistí por primera vez en 1995 a la feria, me apetecía mucho tener alguno de aquellos venerables aparatos clásicos. Pero no tenía ni idea de cuál sería el adecuado. Así que me abstuve de comprar. Por aquel entonces, la editorial Omnicon (esta gente tiene una página web como si todavía estuviéramos en aquella época, en los 90) publicó la versión en castellano de Cómo coleccionar y usar las cámaras clásicas de Ivor Matanle. Y me lo compré. Y al año siguiente, nuevamente a primeros de mayo, en la feria, compré una Zeiss Ikon Contessa que desde entonces utilicé de vez en cuando. Tarde años, en decidirme a seguir adquiriendo y probando cámaras clásicas.
El caso es que a las dos semanas de la compra, un buen amigo se examinó como piloto de vuelo sin motor en el aeródromo de Monflorite, actualmente convertido en aeropuerto sin sentido de los que salpican la geografía española. Y me pidió que hiciera las fotos del evento. Con la Canon EOS 100 hice unas diapositivas que se quedó él. Pero con la Contessa hice unos negativos en color que ahora he recuperado. Y os enseño algunas de las fotos que hice con tan divertida cámara.
[Televisión] Cosas de series: finales vengativos, médicos, y de múltiples adolescentes treintañeros
Estamos en plena semana de finales de temporada. O series completas. Sólo tengo una novedad que me haya dado tiempo a ver, y es una miniserie británica protagonizada por la interesante Hayley Atwell. Se titula Life of Crime, y no tiene mala pinta. Son tres capítulos. Supongo que la veré completa. Y más de crímenes británicos, con crímenes en serie de mujeres morenas guapas en Irlanda del Norte, esta vez protagonizada por Gillian Anderson, The Fall. Todavía tiene mejor pinta, aunque empieza a estar un poco manido ya el género del “¿quién mató a…?”. Bueno, en el caso de la segunda, ya sabemos “quién mató a…”
Pero vamos con los finales de temporada. En algún caso, final definitivo por cancelación de la serie.
Revenge – Segunda temporada
Este es uno de mis guilty pleasures, culebronazo de gente guapa y rica, más retorcidos que la cuerda de amarrar al Titanic. Totalmente traicioneros, tres cosas son importantes. Quién va a ser el siguiente en caer, cuándo vamos a tener otro encuentro con miradas asesinas entre las dos protagonistas, Victoria (Madeleine Stowe) y Emily/Amanda (Emily VanCamp), y cuando le van a colocar a estar última otro de esos vertiginosos escotes venga a cuento o no.
Uno les pide a estas series lo que les pide. Entretenimiento, situaciones increíbles, gente guapa, glamour, y alguna risa ante el exceso de drama, tragedia y traición. Pero así como la primera temporada consiguió mantener un equilibrio entre el ritmo inicial de la venganza de Amanda y las posteriores complicaciones que mostraron que no todo iba a ser tan fácil como parecía, esta segunda temporada ha sido algo distinto. Desconcertante. Durante la primera mitad de la temporada se dedicaron a quemar trama a velocidades superlumínicas. En todos los episodios pasaba algo tremendo, algo que tu pensabas que duraría buena parte de la temporada, sino toda entera. Y ese es un ritmo difícil de mantener durante 22 episodios. He empezado a notar signos de agotamiento. Ya no me divierte tanto. Veremos lo que pasa en la tercera temporada. Especialmente ahora que claramente lo que era un triángulo puede convertirse en un cuadrángulo. Esta Amanda es insaciable a la hora de abarcar hombres… Si conmigo tendría bastante… Aiggggg… Que escotes… ;-)
Monday Mornings – Primera temporada (y última)
Ya comenté hace poco porqué me enganché a esta serie. Cosas “profesionales”. Lo cierto es que no le dedicaré mucho tiempo. Aparte del interés de la ética de algunos de los casos médicos, especialmente al principio de la serie, creo que este drama médico ha pecado de melodramático, de efectista, y de irregularmente interpretado. Creo que en estos momentos este tipo de dramas están superados, y salvo que aporten algo especial o de calidad, no tienen interés. Y de hecho, no ha sido renovado. Así que la cosa termina con los diez episodios de su primera y única temporada.
New Girl – Segunda temporada
Aunque con algún momento divertido que otro, siempre he reconocido que el principal atractivo de de esta sitcom es el encanto de su actriz protagonista, Zooey Deschanel, que no de su personaje, que puede llegar a ser muy cargante. La que merece un monumento por guapa y estilosa es su amiga Cece (Hannah Simone) esta sí que es constantemente interesante. El resto, lo de siempre, tíos tontos que meten la pata constantemente y chascarrillos más o menos previsibles pero que entretienen. Podría prescindir de ella. Pero es de las típicas comedias, con episodios de poco más de 20 minutos, que te sirven para rellenar un rato muerto, mientras comes o cosas por el estilo. Supongo que seguiré con ella, salvo mejor oferta la próxima temporada.
How I Met Your Mother – Octava temporada
Comenzó esta temporada con el enganche de que iba a haber una boda y de que Ted (Josh Radnor) iba a conocer a “la madre”. “La madre”, el mcguffin, la excusa para contarnos las peripecias de este grupo de amigos, que cuales peterpanes del siglo XXI se niegan en redondo a crecer y madurar, se iba a hacer real. Lo cual nunca hemos sabido si era algo bueno o malo. Mi balance es que no era necesario, y que quizá ha condicionado demasiado ese final, y mientras tanto… pues una de las temporadas más desnortadas y más flojas de la serie. Sigue siendo divertida, pero no es lo de antaño. Parece que la novena será la última temporada. Quizá le ha sobrado una. Esperemos que cierren la serie con dignidad.
Por cierto, todavía no se ha celebrado la boda, y Ted no ha conocido a “la madre”. Aunque los demás, sí. La del paraguas amarillo, digo.
[Ciencia y entretenimiento] Simpáticos astronautas y sinceras (y simpáticas también) modelos
No soy muy aficionado a andar viendo vídeos en internet. Es algo que consume mucho más tiempo que lo que viene escrito. Es más fácil decidir qué guardas para leer despacio que qué vídeos quieres ver completos. Es una cosa de eficiencia. En la mayor parte de los casos, ver vídeos por internet lo acabo asociando con perder el tiempo. Aunque sea mi tiempo de ocio. Que también tiene un valor. Aunque no sea pecuniario.
Pero de vez en cuando uno se encuentra con algún vídeo que tiene su gracia, o su valía, o su curiosidad. Y estos días atrás he encontrado un par, que os traigo aquí que me sirven para hablar de otras cosas.
Por un lado está Chris Hadfield, el que para muchos es el astronauta más simpático de la historia de la actividad espacial. Durante los últimos meses, este canadiense ha estado trabajando en la Estación Espacial Internacional de la que ha sido comandante. Desde casi el principio de su misión he estado siguiendo su twitter, en principio por las excelentes fotografías que publicaba de nuestro planeta tomadas desde la órbita de la estación. Lo que pasa es que esta actividad social en la red nos ha permitido descubrir mucha más cosas, ya que ha realizado una actividad divulgativa muy simpática e interesante. Un excelente relaciones públicas y un excelente pedagogo. El caso es que en su despedida, ya está de vuelta en la superficie terrestre, grabó un vídeo con un tema emblemático; el Space Oddity de David Bowie. Apropiado. Me gusta la elección, aunque parezca obvia.
Por otro lado está la supermodelo Cameron Russell. Sí, es fácil que a un tipo como yo “le caiga bien” una supermodelo. En general, están estupendas. Son, o aparecen, sexualmente atractivas. Pero el caso es que a mí Russell me ha caído realmente bien. Porque en una conferencia TED titulada Looks aren’t Everything. Believe me, I’m a Model (en traducción libre, Las apariencias engañan. Créanme. Soy modelo), nos viene a contar, con gran franqueza, que si ella es una mujer admirada y de éxito se debe a dos factores fundamentales. Primero a que en la “lotería genética” ha acabado con un fenotipo que le abre todo tipo de puertas; segundo, porque disponía de los contactos adecuados para llamar a las puertas adecuadas. Y a partir de ahí hace una reflexión ética bastante sincera y clara, aunque con simpatía y sin acritud, sobre las falsas apariencias que rodean el mundo de la moda y, por extensión, cualquier actividad del ser humano moderno. Y probablemente no tan moderno.
El vídeo está en inglés. Puedes forzar los subtítulos de Youtube, que funcionan más o menos en inglés. La traducción al castellano que hace es un catástrofe absoluta. En cualquier caso, en el enlace que he puesto en el título de la conferencia, se puede acceder a la transcripción en castellano de la intervención de Russell. Pero por lo demás, muy interesante.

Si ayer mostraba las imágenes en blanco y negro tomadas en el antiguo soto de la Almozara con un carrete de película en blanco y negro, hoy traigo alguna a partir de los archivos de una cámara digital.

Los resultados pueden ser también muy satisfactorios; pero el aspecto es muy distinto. E incluso si intentas llevarlo a replicar el aspecto de los obtenidos por el método tradicional, pues no es lo mismo.
[Fotos] Película en blanco y negro por el antiguo soto de la Almozara
Hace 10 días, con el fin de tomarme con tranquilidad la tarde del sábado después de una víspera de cena y trasnochar, me fui a dar un paseo por la ribera del Ebro a la altura de donde estaba el antiguo soto de la Almozara. Ahora, más que un soto se ha quedado en un parque más o menos agradable en ese lugar, pero ha perdido cualquier resto de asilvestramiento que pudiera tener. Por supuesto, me llevé alguna cámara de fotos. Dos, exactamente. Algunas de las fotografías tomadas con la cámara digital, en color, las habéis podido ver en las entradas publicadas los días 7 de mayo y 10 de mayo. Pero hubo más.

Todavía con luz abundante, a la altura del Pabellón Puente. Muy buena gradación de tonos en la umbría corteza del arbol, pero conservando perfectamente también la materia de los edificios del fondo más iluminados.
Ese día me llevé también la veterana Pentax MX con el objetivo SMC Pentax-M 1:2,8 40mm, un objetivo de tipo “pancake” con 5 lentes en 4 grupos. No es el objetivo más nítido que ha diseñado Asahi Opt. Co., pero forma un conjunto extraordinariamente compacto con la MX. Cargué un rollo de Ilford FP4 Plus, película negativa en blanco y negro con una sensibilidad nominal ISO 125, expuesto en su mayor parte a este valor IE (índice de exposición). Aunque conforme la luz fue desapareciendo, dejé fija una velocidad de obturación que evitase la trepidación de la imagen, y la apertura de diafragma a f/4 o f/2,8 según el motivo. Esos fotogramas estarán expuestos a IE de 200 o 400. Como hago últimamente, utilicé un revelador compensador, el R09 One Shot, cuya fórmula es la misma que el tradicional Rodinal de Agfa, ya no comercializado; revelado desatendido durante 90 minutos, con un minuto inicial de suaves inversiones, y un par de inversiones a los 30 minutos.

Sin problemas para controlar los brillos de estas pantallas; este tipo de revelado da unos negativos con unos contrastes muy suaves.
El resultado fueron negativos con un grano un poco más marcado de los esperable para este tipo de película pero no resulta intrusivo en copias con impresora digital a tamaño de DIN-A4 (con 2 cms de margen), tras escaneado en un Epson Pefection V600 Photo, y de contraste muy suave. Muy fáciles de escanear y luego de ajustar en Lightroom 4. Os dejó en la entrada algunos ejemplos.

En algunas zonas del paseo, la vegetación del antiguo soto se ha conservado más, aunque por el fondo asoman las más características construcciones de la exposición internacional.

Un 40 mm con enfoque más próximo a 60 cm no es precisamente la mejor herramienta para la fotografía de aproximación, pero aun se puede uno acercar a los grupos de flores silvestres.

Con luz todavía abundante pero ya muy suave por estar el sol muy bajo ya, no tiene problema la combinación de óptica y película para captar los detalles del reflejo de los edificios de la antigua expo en el agua tranquila del Ebro.

La Pasarela del Voluntariado se presta al grafismo en la composición; y el revelado compensador permite suaves transiciones en los tonos de grises. Quizá no sea el tipo de fotografía en blanco y negro más moderna, con fuertes contrastes, y la extrema nitidez de los modernos captores digitales, pero a mí me resulta más agradable.
[Cine] Stoker (2013)
Stoker (2013), 10 de mayo de 2013.
En la cartelera primaveral reina una apatía de niveles considerables. Por algún motivo, los títulos que llegan a Zaragoza son poco atractivos. Porque algunos de los que podían sonar un poco mejor, no están llegando. Mientras, claro está, el movimiento mercadotécnico de exprimir las aventuras de un pez de los arrecifes de coral de las que ya disfrutó al público mediante su reconversión a la tercera dimensión disfruta de hasta seis salas de cine de la ciudad. En fin. Cosas que pasan. En este panorama, en el que productoras y distribuidoras pretenden exprimir las formas fáciles de hacer dinero, descuidando por completo la formación de consumidores de cultura cinematográfica informados que puedan mantener el mercado a largo plazo y de forma sostenible, la decisión de qué ver es difícil. Y en estas, llega a carteleras un película firmada por Park Chan-wook (*), director surcoreano del que vi en televisión dos película que tienen su aquel, Sympathy for Mr Vengeance y Sympathy for Lady Vengeance. La peculiaridad es que es su primera película producida y dirigida en occidente con intérpretes occidentales. La curiosidad por ver si consigue trasladar los inquietantes mundos en los que desarrolla sus historias a los EE.UU. es notable. Y el reparto no deja de ser razonablemente llamativo.
India Stoker (Mia Wasikowska) es una adolescente que el día de su 18º cumpleaños sufre el duro golpe de la golpe de su padre, Richard (Dermot Mulroney), con quien estaba muy unida. En el funeral aparece un hermano de su difunto padre, Charles (Matthew Goode), de quien no sabía nada, y que se presenta como alguien que lleva años viajando por el mundo. Y este se queda con India y su algo perturbada madre, Evelyn (Nicole Kidman), a vivir en la mansión de la familia. Sin embargo, pronto se empezará a formar una opresiva atmósfera alrededor de este trío familiar, en el que además se producirán algunas desapariciones, así como algunos incidentes entre la joven y alguno de sus compañeros de instituto. Y pronto nos daremos que la salud mental de esta familia deja bastante que desear.
La película crea un ambiente muy opresivo, especialmente en el interior de la mansión familiar, donde los tonos verdosos con los que se crean decorado e iluminación no colaboran precisamente a dar esperanza y tranquilidad. Park nos presenta una historia que está entre el suspense, el drama psicológico y la historia de terror con algún toque gore. Estamos por definición ante personas que mantienen todas ellas comportamientos patológicos, personas que parecía tener un curso de vida normal en la medida en que existiese el fallecido Richard, pero que desaparecido este, ven discurrir sus vidas hacia la descomposición social y psicológica. Acompañada como hemos dicho de un cinematografía y un montaje muy personales, con una banda sonoro que también aporta su grado de inquietud, parece que el director tiene todos los elementos para un producto a la moda pero de calidad. Sin embargo, encuentro que las situaciones aparecen muy forzadas, la historia no acaba de fluir con naturalidad, y yo no me enganchó a ella de forma completa en ningún momento.
Aunque los aspectos visuales y argumentales son importantes, el trabajo de los intérpretes parece clave en el desarrollo del filme. Y aquí tenemos una diversidad de valoraciones. Wasikowska es una actriz joven que, por su aspecto frágil, se integra perfectamente en su papel de adolescente trastornada, y menos frágil de lo que parece. Quizá no sea el mejor papel de esta prometedora actriz, pero cumple. Goode, que interpreta el otro personaje importante del filme, también aparece sólido, equívoco, desconcertante e inquietante, en la medida justa. No será una interpretación magistral, pero razonable. Quien en mi opinión hace tiempo que pincha en sus papeles es Kidman, que llega a un grado de inexpresividad y artificialidad en sus interpretaciones que a mí me empieza a molestar bastante. El resto de intérpretes tienen papeles muy pequeños.
La verdad es que estamos ante un tipo de filme que no es precisamente de las que más me suelen enganchar. Este tipo de terror que combina lo psicológico con la charcutería, que parece que tiene su bastión en extremo oriente, y que poco a poco se filtra en occidente con la migración de sus directores, o con la adaptación de las historias por realizadores occidentales, no acaba de entrarme salvo excepciones muy aisladas. Y aunque reconozco algunas virtudes cinematrográficas en este largometraje, lo cierto es que no acaba de engancharme del todo en ningún momento. Durante toda la sesión me situó en una posición muy externa y escéptica, lo que hizo que problemas de guion que normalmente serían menores me chirriaran más. No soy muy explícito por no destripar la trama. En fin, una película que puede que guste a los amantes de este tipo de filmes, pero que para mí queda en un pasable sin más.
Valoración
- Dirección: ***
- Interpretación: ***
- Valoración subjetiva: **
(*) Para el nombre del director, coreano, se respeta la convención de su país en la que el apellido va en primer lugar.






















