Iglesias barrocas (o no) de Génova – Fotografía y otras artes visuales.
Con un poquito de esfuerzo, este fin de semana me puse al día con el retraso que llevaba después de las vacaciones de Pascua. Lo cierto es que en las dos últimas semanas ha habido pocas novedades. Ha aparecido un drama médico, Black Box, sobre una neuropsiquiatra que también es una paciente bipolar. Mira tú que originales. No acabó de convencerme, aunque le daré al menos una segunda oportunidad. Un poco histriónica la interpretación, poca miga en los casos a resolver, y una serie de situaciones de tensión sexual excesivamente tópicas. Por otro lado, he decidido dejar a los espías de la guerra de independencia norteamericana de Turn. No lograba empatizar con ninguno de los personajes y me daba igual lo que les pasase a todos ellos. Fuera.
La mayoría de las series que estoy siguiendo en la actualidad corresponden a cadenas de cable norteamericanas o a cadenas minoritarias, con alguna excepción en las sitcoms y en algún guilty pleasure.En el terreno de lo que creo que va flojo son el principio de Mad Men, sobre el que pesa esa repartición en dos semitemporadas de la temporada final. No sé. Creo que ha comenzado un poco al ralentí, aunque el episodio con la hija estuvo bastante bien. También creo que ha empezado un poco floja la temporada final de Californication. A pesar de la aparición de Heather Graham, una de esas actrices que parece que han firmado un pacto con el diablo, porque no aparentan ni de lejos la edad que tienen. Habría que verlas al natural claro, pero… Se contrarresta por el infumable hijo ficticio de la mencionada. Nurse Jackie, sin embargo, ha vuelto con buen tono.
A punto de terminar la primera temporada de Resurrection, todavía no tengo claro si voy a pensar en ella para una segunda temporada o no. Dedicarse toda una temporada, por corta que sea, a presentar un problema… Y ha tenido claros altibajos. No sé. También va avanzando Cosmos, y desde luego está muy lejos de ser la serie con el carisma de su predecesora. Incluso ha habido episodios que se han hecho pesados.
Vamos con algunas cosas positivas. Desde luego esta Game of Thrones, pero este es un valor seguro en la cartelera. Está habiendo algunas variaciones con respecto a los libros, lo cual está bien para quienes los hemos leído, porque introduce sorpresas. Especialmente en el Muro y en el este. Sólo queda esperar las nuevas sorpresas que la historia tiene por ahí preparadas. A ver si avanzan con la historia del «pequeño» de los Lannister, que es la que más jugo puede dar a corto plazo. Y la que merecería tener más tiempo, tanto en la tele como en los libros es Margaery (Natalie Dormer), especialmente por la habilidad de la actriz que la encarna para dotarla de una picardía y una doble intención absolutamente seductoras. Además de ser una de las mujeres más guapas y atractivas de la serie. Como he leído por ahí, merecería un spin off sólo para ella.

He empezado a explorar las riberas del Canal Imperial de Aragón entre los depósitos de Casablanca y la carretera de Madrid.
La que está entrando despacio pero con buena dirección es Fargo. Después de un piloto que parecía una versión descafeinada de la película original, está desarrollando sus propias tramas, y ya tiene un plantes del personajes, con muy buenos intérpretes que la están dotando de un innegable interés. Una serie a seguir con atención.
Pero para mí, lo mejor en estos momentos en mi cartelera particular es The Americans. La familia de espías soviéticos encubiertos en la capital norteamericana nos está ofreciendo grandes momentos. Con su doble trama, la de los espías y la familiar, no faltan las emociones. Ni el inagotable repertorio de pelucas y disfraces. Estos son como si Mortadelo fuese un personaje serio y dramático en el tema de los disfraces. Quedan cuatro episodios para el final de la temporada, y como empiecen a ir las tramas en ascenso, nos puede dejar al borde del infarto. Realmente, muy recomendable. Y excelente trabajo interpretativo tanto de protagonistas como secundarios. En el tema de espías, puede dejar bastante por detrás a Homeland.A partir de la semana que viene, y durante los dos próximos meses irá habiendo un goteo de finales de temporada, por lo que daremos detalle de la evolución final de las distintas producciones.
De los autores norteamericanos contemporáneos, indudablemente John Irving es uno de los que más me ha impactado en un momento dado. Entendámonos, hasta que llegué a esta novela, sólo había leído dos de sus obras, y había iniciado una tercera que en algún momento habré de retomar. Pero Principes de Maine, Reyes de Nueva Inglaterra, libro al que llegué tras haber visto su adaptación cinematográfica, marcó mucho mi forma de orientar ciertos comportamientos éticos. No es que revolucionase mi forma de pensar ni nada por el estilo, porque para entonces ya tenía establecidos los valores básicos de mi existencia. Pero sí la forma de enfocarlos, la forma de argumentarlos y de defenderlos. Es curioso cómo hoy en día, el análisis del conflicto de valores como elemento básico de los conflictos éticos es algo que me resulta natural no como consecuencia de haberme formado específicamente sino de haber leído, entre otros, algunas de las obras de Irving.
Así que cuando vi la posibilidad de leer el último libro de este autor de Nueva Inglaterra, no lo dudé. En inglés, que cuesta la mitad de dinero, y es el doble de rico por ser el idioma original de la obra. Y por favor, evitad la entradilla propagandística que la editorial que lo ha traducido al castellano utiliza para su promoción. Es una memez.
In One Person: A Novel
John Irving
Simon & Schuster, 2012
Edición electrónica

El protagonista de la novela nace y crece en una ficticia ciudad pequeña del estado de Vermont; pero desarrolla buena parte de su vida como escritor en Nueva York, donde también pasa los años más amargos de su trayectoria vital.
Cuando conocemos a Bill, está entrando a su adolescencia en una pequeña ciudad de Vermont. Nacido poco antes de la entrada en la guerra mundial de los Estados Unidos, su padre se divorció de su madre tras su participación en el conflicto, de tal modo que en algún momento ha dudado de la identidad o de la existencia del padre tal y como se lo han contado. El nuevo novio de su madre, con quien se acabará casando y que adoptará a Bill, le anima a ser un lector y a sacarse el carné de la biblioteca pública. Y allí conocerá a Miss Frost, la espectacular bibliotecaria. Y pronto conocerá lo que es estar enamorado de la persona equivocada, y sobretodo no tener claro quién, qué o cómo son las personas equivocadas. A partir de ahí seguiremos su vida en determinados momentos importantes hasta que se aproxime a los setenta años de edad.
Estamos ante una novela que nos relata una vida, la de Bill, y como consecuencia la de las personas que lo acompañan. Una vida que viene marcada por algo muy importante. Sus elecciones en materia sexual. Su decisión de vivir su sexualidad de la forma que prefiere. Estamos también ante una reivindicación potentísima de la diversidad humana, en este caso de cómo se expresa la sexualidad humana. Estamos ante una reivindicación de la tolerancia hasta las últimas consecuencias. Contra los prejuicios tengan la naturaleza que tengan. Para ello, Irving dota a su personaje principal de una orientación bisexual bien definida. Alguien que decide que puede disfrutar de la compañía, de la afectividad y del sexo con una persona por la que se sienta atraído, sea hombre, mujer, o cualquier estado intermedio. Porque es un libro contra las etiquetas, las definiciones tajantes o los apriorismos. Todo ello con una prosa muy fluida, muy viva, que nos transporta a momentos de absoluta hilaridad, a momentos de gran emoción, y a dramas profundos que nos hundirán en la butaca en la que estamos leyendo el libro.

Supongo que es la ciudad donde pasan buena parte de las cosas importantes en la sociedad norteamericana. Y si en la anterior fotografía vemos el arco de Washington Square, en esta vemos los alrededores de Union Square y Broadway.
De fondo tenemos un fresco de la sociedad norteamericana de la segunda mitad del siglo XX, que va del conservadurismo de la sociedad rural de los años de posguerra, a los años de experimentación y libertad sexual de los setenta, al mazazo de la epidemia de sida y la ola neoconservadora de los ochenta y los noventa, para terminar en la posibilidad del reconocimiento formal, oficial y legar de la variabilidad sexual en la sociedad civil de los últimos años.
Este es un libro con el que he disfrutado mucho, con una serie de personajes, todos ellos imperfectos, pero muchos de ellos entrañables en su imperfección, que nos van llevando a través de diversos dilemas éticos para los que no siempre hay una respuesta única o correcta. Salvo quizá aquellas que pasan por la comprensión, la tolerancia y la aceptación. Desde mi punto de vista, totalmente recomendable.
No tengo por costumbre escribir sobre políticas y otras opiniones en este Cuaderno de Ruta. No creo que nuestra sociedad esté especialmente bien preparada para el intercambio de ideas, con tolerancia y sin acritudes. Somos un país democrático en las formas, pero distamos bastante de serlo en el fondo. Así que me limito a comentar mis actividades de ocio y tiempo libre, punto en el que salvo algún destalentado de vez en cuando que se toma «demasiado en serio» algunas cosas u opiniones, no hay mayor problema.
Pero de algún modo, forma parte de mi tiempo libre el informarme de asuntos diversos que tienen que ver con la actualidad social y política de mi entorno. Tan malo es vivir obsesionado por estas cuestiones como darles totalmente la espalda a las mismas. Pero si en algo me parece que hay un rigor escaso es en cómo se conforman las opiniones sobre cómo deben conducirse los países y los estados. Quien aseguró que el ser humano era «un animal racional» o era un ingenuo de tomo y lomo o iba puesto hasta las trancas de bebidas espirituosas u otras sustancias distorsionantes de la realidad. Tenemos tendencia a los «dogmas», a seguir «líderes carismáticos», a afianzar nuestras ideas a priori leyendo a aquellos autores que son afines,… incluso hay estudios que indican que podría haber una predisposición genética a que las personas sean «de izquierdas» o «de derechas», «progresistas» o «conservadores», «creyentes» o «escépticos». Como queráis usar las etiquetas.
Personalmente, llevo años intentando conformar mis decisiones o mis opiniones basadas en al información. En datos. Intento no dejarme llevar alegremente por aquellas ideas o posturas que me son simpáticas «por naturaleza», supongo que como todo hijo de vecino llevo mi lastre genético y ambiental a cuestas, y evitar también los escritos de autores excesivamente filosóficos, que no basen sus afirmaciones en datos contrastables. Hay muy poco de estos últimos. Sobran «iluminados» en el mundo que están convencidos de sus verdades.
En las próximas semanas nos enfrentamos en toda Europa a un proceso electoral. Elecciones al parlamento europeo. Lo cierto es que son unos comicios que interesan poco. A pesar de la cantidad de decisiones importantes que se toman en la Unión Europea, esta institución no es democrática ni en las formas. Sus principales órganos de gobierno no salen de la voluntad popular, de la soberanía del pueblo expresada en las urnas, sino del pasteleo de los distintos gobiernos nacionales. Hay un parlamento que no tiene el poder legislativo, ya que las leyes de ámbito europeo, las directivas de obligado cumplimiento, no necesariamente surgen de este órgano. Pero ahí está, y toca elegir a los eurodiputados.
Leí hace unas semanas un artículo en Nada es gratis, un blog sobre economía que intenta guiar la formación de opinión mediante datos y rigor metodológico, algo que ya intuía. La incertidumbre actual sobre la intención de voto de los españoles es tremenda, una situación que no se había dado nunca desde que se analizan las tendencias electorales. Nadie sabe cómo interpretar, en qué dirección, esta incertidumbre; por lo tanto, cualquier previsión está sometida a una probabilidad de error muy notable. Las causas de esta incertidumbre… bueno,… si no estáis absolutamente en la inopia, no es fácil que se de dada la profunda crisis económica, la falta de credibilidad de los políticos, tanto por su falta de eficacia como por los casos de corrupción, la desconfianza en los empresarios y en las entidades financieras, la deriva en el fondo y en las formas de los medios de comunicación, sumidos además en una profunda crisis,… Lo que queráis. Reflexionaban por lo tanto en Nada es gratis, que las últimas predicciones sobre intención de voto del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), tradicionalmente respetado a pesar de su dependencia gubernamental, eran imposible de enjuiciar. Nadie nos cuenta cuál es la metodología para predecir intención de voto sobre datos que acumulan tanta incertidumbre. Porque esa interpretación y no otra. Pero nadie conocer la fórmula o fórmulas aplicadas para eso que algunos, torticeramente, llama «la cocina de los datos».
Contrasta esto con otras iniciativas que pasan por la transparencia total. Aunque no sea en los alrededores de la Península Ibérica. En el mismo blog nos comentaban más recientemente una iniciativa de The New York Times, con el fin de predecir los resultados de sus próximas elecciones parciales al senado de los Estados Unidos. Con una presentación clara y sencilla, presentan sus predicciones y su grado de incertidumbre de forma claramente comprensible. Pero no sólo es eso. Las rutinas programadas para establecer las predicciones son púbicas, en código de R, un programa de análisis estadístico, para que cualquiera con conocimiento pueda conocer cómo se hace, utilizarlo para sus propios datos, y emitir una crítica sobre la idoneidad o carencia de la misma del método utilizado. Probablemente no sea perfecto. Pero este intento, comparado con la forma en qué funcionamos en la vieja Hesperia, está a años luz en rigor y transparencia.
Decididamente, para saber que papeleta es la más adecuada para que caiga en la urna, tendremos que seguir usando «rigurosos métodos», como la bola de cristal o las cartas del tarot. Por que lo que es la información veraz y la ciencia… vamos dados.
Esta película ha sido vista en versión original subtitulada en castellano y por ello conserva su título original. En la cartelera española es posible encontrarla en versión doblada bajo el título El viento se levanta, mientras que según tengo entendido en buena parte de la América hispanohablante ha optado por el título Se levanta el viento.
Nos dice Hayao Miyazaki, gran maestro del cine de animación, que esta es su última película como director. Que se retira. Que está mayor. Que su vista ya no es lo que era. Y se despide con una adaptación de una de sus historietas sobre la vida del ingeniero aeronáutico Jirō Horikoshi, la cual a su vez está inspirada en una novela corta de Tatsuo Hori. Es por lo tanto una mezcla de la realidad de la vida de Horikoshi y la ficción que nos cuenta Hori en su novela.
La película nos cuenta los años de juventud del ingeniero aeronáutico Jirō Horikoshi, un inquieto y despierto joven que entró a trabajar en Mitsubishi tras su paso por la universidad, y fue el responsable de varios aviones de combate japoneses que intervinieron en la Segunda Guerra Mundial, entre ellos el famoso Zero. En paralelo, y esta es la parte relativa a la ficción de la novela, tras un encuentro fugaz con la niña Nahoko Satomi durante el gran terremoto de Kanto de 1923, la volverá a encontrar años más tarde durante unas vacaciones en un refugio de montaña, enamorándose ambos jóvenes intensamente, y comprometiéndose, a pesar de que Nahoko advierte a Jirō que está enferma de tuberculosis, como lo estuvo su madre, ya difunta.
La película levantó desde el principio gran expectación. Miyazaki es uno de los grandes nombres de la animación mundial. Sus películas, junto con otras del Studio Ghibli del que forma parte, están entre mis favoritas de este género. Películas divertidad, imaginativas, sensibles, con compromiso social con los valores de paz y respeto por el medio ambiente. Sin embargo, estamos ante una película cuyo «héroe», cuyo personaje principal es un ingeniero al que se deben la concepción de máquinas de destrucción y muerte. Lo cual ha levantado no poca polémica.

A mí no me gustan los aviones de guerra. Ni aun los de la película. Prefiero los airosos veleros sin motor como estos que descansaban en 1996 sobre la antigua pista del aeródromo de Monflorite.
Tras haber visto la película, y pensando por mi mismo, llego al convencimiento de lo siguiente. Primero, no es una película infantil. A pesar de que Miyazaki no renuncia a mantener los rasgos infantiloides de sus personajes, incluso de adultos, los temas a tratar son para una reflexión madura. Segundo, no traiciona sus mensajes antibélicos y medioambientales. Es cierto que la historia termina justo cuando comienza el gran conflicto armado. Pero a mi modo de ver, la historia de amor con Nahoko, ficticia, es una gran metáfora sobre un ideal, un país, un modo de ser o pensar, que están condenados, que van a desaparecer en medio de la vorágine bélica. Algunas escenas del final así lo indican. Nada de lo que es bello en los años jóvenes y productivos del protagonista va a sobrevivir. Estamos ante una última película, salvo arrepentimiento posterior, y estamos ante una película llena de nostalgias, llena de reflexión sobre mundos reales o idealizados que se acaban.
La película no carece de crítica o de compromiso social. Se exponen los contrastes de la confusa sociedad japonesa. Se van a construir y volar los más adelantados aviones de guerra, pero son desplazados al aeródromo en carros de bueyes. Hay un desarrollo de la industria y la tecnología, pero hay un gran impacto de la gran depresión con muchas personas pobres en el país. Se quiere ser un país moderno, una potencia, pero las casas de madera de las grandes ciudades arden con facilidad y con gran destrucción ante los fuegos ocasionados por el terremoto. Un adelanto de lo que sucederá luego durante los grandes bombardeos con bombas incendiarias a las grandes capitales japonesas en la guerra. Se construyen bellos aviones, pero se nos advierte que ninguno volverá. Es una película, por lo tanto, en la que se ponen sobre la mesa una serie de temas serios sobre un período difícil de la historia japonesa.
Y se hace con delicadeza, entre las ensoñaciones del protagonista, entre las terriblemente bellas imágenes del terremoto, en los contrastes en su visita a Alemania, en esos personajes reales o imaginarios que van poniendo sobre aviso al protagonista del triste destino que se cierne sobre sus creaciones, su vida o su país.
De las críticas que se le han hecho a la película, es cierto que una que comparto y me sorprendió es la del carácter de los personajes femeninos. En las películas de Miyazaki, con frecuencia son las mujeres los personajes importantes, proactivos y definitorios de las ideas del autor. Son las que ponen freno a la violencia, son las sanadoras, son las que buscan la integración con la naturaleza, frente a la agresividad y el instinto predador o destructor del hombre. Aquí tenemos algún guiño a eso. La ficticia hermana del protagonista convirtiéndose en médica, con su carácter, es un reflejo de ese tipo de personaje femenino. Pero tan apenas tiene importancia en la historia, podría ser incluso prescindible. Y Nahoko, y el romance con Nahoko, es una gran metáfora, desde mi punto de vista.
Considerado todo lo anterior, no estamos probablemente ante una de las grandes obras de Miyazaki. No alcanza los niveles de Nausicaä, de Mononoke, de Chihiro,… No alcanza el dramatismo de los tiempos de guerra y el antibelicismo de su compañero en el Studio Ghibli, Isao Takahata, en 火垂るの墓 (La tumba de las luciérnagas). No tiene el sentido de aventura y romanticismo de Porco Rosso en dentro del tema aeronáutico. Pero es una buena película. Y es que estamos en lo que estamos. A los genios siempre les exigimos más que a los demás. Y si no nos dan una genialidad tras otra, parece que nos fallan. Pero no. Simplemente son humanos. Y no deja de ser una buena película. Y convenzámonos, aunque sea de dibujos animados, es una película para adultos. Adultos con capacidad para pensar.
En esta ocasión, mi semana fotográfica abarca dos semanas, debido al interludio debido a mis vacaciones de Pascua por Italia. Os recuerdo que mis contenidos sobre fotografía vienen desarrollados de forma extensa en carloscarreter.es, y que aquí resumo lo que ha ido apareciendo en los últimos días.
En primer lugar, todas aquellas entradas relacionadas sobre mi último viaje se agrupan bajo el epígrafe Génova 2014, reunidas con una etiqueta común, y que constituirá cuando esté terminado mi diario de viaje. No está terminado. Todavía tardaré unos días.
Antes de salir de viaje me dio tiempo a repasar las características y el funcionamiento de una de mis cámaras históricas, la Zeiss Ikok Ikonta (521/16), cámara de formato medio para negativo cuadrado de aproximadamente 54 x 54 mm de tamaño.
Y os tengo que recordar que entre los artículos dedicados al viaje hay uno que nos habla de las exposiciones fotográficas que he podido visitar durante el viaje, con especial atención a los dos importantes fotógrafos italianos que pudimos conocer; Ferdinando Scianna y Gianni Berengo Gardin.
Finalmente, un resumen de las abundantes recomendaciones semanales que han aparecido hoy mismo:
La masacre de Ruanda hace 20 años por Alexis Cordesse.
Dos interesantes fotógrafos documentales, Eugeni Forcano y Garry Winogrand.
El mundo de la infancia visto por Nan Goldin.
La fotografía estenopeica de Alan Thoburn y Benjamin Postlewait.
Las bellas fotografías en color de la fotografía documental de Gueorgui Pinkhassov.

Se dice que es Vernazza el pueblo de las Cinque Terre más bonito, pero a mí Manarola y su entorno me parecieron que estaban muy bien.
La fotografía propogandística en la antigua República Democrática de Alemania.
El desnudo de la mano de Marie-Claire Montanari y Jean-Pierre Domingue.
La fotografía conceptual de Kenneth Josephson.
El reportaje del espectáculo burlesco de Giovanni Cocco.
La fotografía de viaje en Bangladesh de Sarker Protick.
Las misteriosas salas de cine de Hiroshi Sugimoto.
La «humanidad» de los robots de Luisa Whitton.
Las posibilidades creativas de los archivos GIF.
Como veis, muy denso. Han sido dos semanas acumuladas.
Tengo un par de libros que comentar. Iré en orden cronológico a como los he ido terminando de leer. Aunque ya aviso que el más interesante con mucho es el siguiente de la lista. Este de ahora lo comencé algunos días de salir de vacaciones, y lo terminé a poco de empezar el viaje de ida hacia Italia. Algunos sabréis que desde hace unos meses he ido sacando adelante una lista de space operas, libros de ciencia ficción basados en el viaje espacial, que pensaba había dejado ya atrás. Pero justo hace unas semanas oí hablar de un libro de un autor español, Miguel Santander, que también entraba en el tema. Y decidí contemplar el ciclo con algo de producción nacional. Aunque nunca he acabado de estar convencido del todo de las habilidades patrias en este género.
El legado de Prometeo
Miguel Santander
Libralia – Letras apócrifas; 2012
Versión electrónica
En el planeta Tierra a finales del siglo XXI, la situación es mala. Tras una serie de conflictos bélicos a mitad de siglo, el avance del calentamiento global producido por el cambio climático producido por la actividad humana, especialmente la emisión de gases con efecto invernadero y la destrucción de recursos naturales, la civilización se encuentra en un precario equilibrio, sometida a racionamientos energéticos y de otros tipos, con un poder político que guarda secretos de todo tipo, y un poder económico en las grandes corporaciones, especialmente Atlas, que puede socavar el equilibrio mundial. Ante esta situación se reconvierte una gigantesca estación espacial en una gran nave espacial con quinientos tripulantes que se dirigirá hacia un agujero negro recién descubierto a 2 años luz de la Tierra. En un viaje de ida y vuelta que durará cuarenta años, viajando de promedio a un décimo de la velocidad de la luz, la misión tratará de encontrar un forma de aprovechar la energía del objeto astronómico como fuente inagotable para el moribundo planeta. Pero muchas cosas pueden pasar entre tanto, tanto en la nave espacial, la Exodo, como en el proyecto en sí mismo, el proyecto Prometeo, como entre los que se quedan en la Tierra.

Supongo que en la época en la que sucede la acción, ya no habrá nieve en las estribaciones de los Alpes que sobrevolamos hacia el aeropuerto de Turín. A estas alturas, ya había terminado el libro, y estaba empezando el que os comentaré dentro de unos días.
Un intento de desarrollar una historia con ciencia ficción dura o semidura, sin quebrar, o por lo menos no demasiado, las leyes de la física tal y como las conocemos, nos lleva a una historia que comienza de forma un poco morosa, aunque poco a poco se va animando conforme pasan las páginas, especialmente en la segunda mitad del libro. Sin embargo, es un libro flojo en el desarrollo de caracteres. Muchos personajes estereotipados, no excesivamente tridimensionales, que hace que sea muy difícil empatizar con ellos y que te importe lo que les pasa. Por otra parte, su estructura y desarrollo recuerda mucho a cierta ciencia ficción norteamericana que no se encuentra necesariamente entre mis favoritas. Demasiados tópicos utilizados en el desarrollo de la historia y los caracteres.
El libro se deja leer para los aficionados al género, y desde luego es loable el esfuerzo por no convertirse en una historia más fantástica que de anticipación. Sin embargo, es improbable que pueda interesar más allá. Creo que recientemente el autor ha publicado alguna otra cosa que está disponible en formato electrónico por poco dinero, y que ha recibido cierto reconocimiento en la convocatoria de algún premio. Quizá le dé alguna otra oportunidad, siempre que varíe el tema. Veremos. Y ya os contaré, si eso.
Poca cosa tengo que comentar esta semana. Teniendo en cuenta que me he pasado seis días viajando por el mundo… pues he cogido un retraso notable en la cosa de las series. No obstante me da para comentar una novedad y una despedida temporal.
La novedad no es en realidad tal, porque no me ha convencido y no se va a quedar en mi cartelera televisiva. En medio del follón de series y películas con tema sobre natural para adolescentes, alguien a decidido hacer Salem, con el mismo tema, evidentemente alrededor de brujas y diablos en esta ocasión, pero para adultos. Pues bien… el primer episodio me ha parecido un tostón. Así que nada. Si alguien quiere probar, que sepa que sacan algún culo para tentar al público masculino. Supongo. Pero ni por esas.
Así que de lo que hablaremos es del final de la quinta temporada de Archer. Esta serie de animación, libre de prejuicios, cínica, muy políticamente incorrecta, hace años que me parece una de las cosas más divertidas que hay para ver en televisión. Esta panda de extraños seres que constituyen la agencia de espionaje I.S.I.S., en una perfecta parodia de un conjunto de productos sobre espías de lo más diverso, causarían la hilaridad de un muerto. Y el invento de este año en el que las circunstancias les han llevado a tomar el camino de la delincuencia internacional ha tenido momentos inspiradísimos. Parece que los volveremos a ver al año que viene. Ya les echo de de menos.
Bueno. La semana que viene más.