A Weimar, donde la república aquella, y cosas mucho más interesantes

Viajes

Pues eso, que hoy hemos madrugado un poquito para hacer las dos horas y poco que a una combinación de modernos ICEs les cuesta llegar a Weimar desde Berlín, haciendo una escala de no más de 5 minutos en Leipzig. Efectivos estos ferrocarriles alemanes. Seguimos un poco tras las huellas de la Bauhaus, y Weimar es el lugar donde se fundó esta escuela hace ahora 90 años. Pero nuestro gozo en un poco, el museo está en obras y abre al público el día 16 de agosto. O sea, que llegamos con tres días de antelación. Maldita sea.

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El paisaje pasa raudo por la ventanilla del ICE camino de Leipzig.

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Cerrado hasta el día 16 estaba el Museo de la Bauhaus,... ¡qué decepción!

Menos mal que la ciudad es muy bonita en sí misma. En principio, una ciudad bastante civilizada que a lo largo de su historia se ha dedicado más a las artes que a otras cosas. En su momento, dos famosos escritores alemanes, Goethe y Schiller, fueron vecinos del lugar y han dejado abundantes restos de su paso por aquí. También el compositor Liszt vivió aquí, y tuvo su casita. Además de diversos pintores, sus mecenas y otros relacionados con las artes y las letras. También estuvieron los comunistas y dejaron sus Trabants.

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Coqueta la casita que tenía Schiller en el centro de la ciudad de Weimar.

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Un Trabant en la Plaza de la Democracia... ¡esto sí es ironía!

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La Plaza de la Democracia que es muy bonita, aunque demasiado atestada de chiringuitos por el mercadillo.

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El altar de los Kranach es el principal atractivo de la Stadtkirche de Weimar.

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Goethe tenía más categoría que Schiller... o por lo menos su casa...

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Viejas edificaciones junto al Stadtschloss.

Después de comer, nos hemos ido a pasear por el Park an der Ilm, estupendo parque que flanquea el río Ilm a su paso por la ciudad. Allí hemos visto el «chabolo» campestre que se tenía agenciado Goethe, y hemos subido a ver la Haus am Horn, bonita casa de puro estilo Bauhaus.

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Paisaje característico del Park an der Ilm.

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Cortacesped ecológico en el Park an del Ilm.

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La casita de campo de Goethe en el Park an der Ilm.

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Tras las rejas y sin poder verla por dentro tienen a la Haus am Horn.

Y luego también hemos ido un rato de cemnterios, que a mí siempre me han parecido muy fotogénico. Primero nos hemos encontrado con el cementerio soviético, en un rinconcito del Park an der Ilm. Luego, ex profeso, hemos ido a ver el cementerio viejo de la ciudad, con tumbas del siglo XIX en un frondoso parque, realmente bonito. Un paseíto por la ciudad comiendo algo de fruta o repostería, y a por el ICE, que se nos hacía tarde.

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Algunos soldados sovieticos, como el pobre Karlov, no tenía ni apellidos, ni sabían cuándo nacieron o murieron; pero en el Park an der Ilm están enterrados.

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Abundantes Koch de los Kock de toda la vida de Weimar, que vivieron en el siglo XIX.

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Bajo un cielo nuboso entra en la estación de Weimar el ICE procedente de Francfort del Meno con destino Dresde, y que nos dejará en Leipzig.

Hoy ha sido el día estrella; hemos visitado la exposición Modellbauhaus

Viajes

Lo cierto es que el día no ha salido exactamente como estaba previsto. Alguien ha tenido la idea de cambiar el plan, que mira a ver si vemos unas tiendecicas a primera hora de la mañana, que luego cunde mucho el día,… Y luego no ha cundido. Nos hemos dejado el Schloss Charlottenburg en el tintero. Entre el ir de tiendas y una metedura de pata colosal al coger un metro,… se nos ha hecho tarde. Bueno… los que no hemos tenido la idea de cambiar de plan, ¡ya conocíamos el Schloss Charlottenburg!

Así que a primera hora de la mañana nos hemos dividido. Como no me apetecía lo de las tiendas, me he cogido el S-Bahn hasta Zoologischergarten, y me he ido a ver el Museo de la Fotografía de Helmut Newton. Me ha encantado, oye. Este fotógrafo, que al principio me tenía un poco frío, cada vez me gusta más. Especialmente en sus fotos menos conocidas.

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Me gusta bajarme a mirar en la estación de Savignyplatz del S-Bahn; ese miliciano republicano me hipnotiza.

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Las altísimas y esbeltísimas modelos desnudas de Newton presiden el museo.

Después de pasar un momento por el hotel (a dejar las compras), nos hemos ido al Martin Gropius Bau a ver la exposición dedicada a la Bauhaus. Yo tenía una cierta idea de este movimiento. Pero lo que he aprendido, que ha sido mucho, me ha encantado. Una exposición magnífica. Pintura, escultura, diseño, arquitectura, fotografía,… todo. De todo. Impresionante. También hemos aprovechado para ver una exposición temporal de la fotógrafa alemana Herlinde Koelbl. No la conocía. No está mal. Durante la guerra fría, el edificio que alberga el Martin Gropius Bau quedó de cara a la pared, o sea, de cara al infame muro. Justo al lado, está el único lienzo del mismo que han dejado en pie.

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Estos pavos son los prohombres de la Bauhaus; la gente se ponía en los huecos para la foto... pero me han hecho más gracia con los óvalos amarillos.

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Contemplando uno de los diversos audiovisuales de la exposición.

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Una declaración de principios: "Lo que la gente necesite, no lo que dicte el lujo". Unos rojos, eso es lo que eran estos de la Bauhaus... y qué bien vendría en el mundo un poco de esa "rojez".

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Admirando las fotografías de Herlinda Koelbl.

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Lo que queda del famoso muro.

Después, tras los titubeos sobre si llegamos o no llegamos al Schloss Charlottenburg, y cuando hemos visto que no, nos hemos ido a visitar distintos puntos característicos de la ciudad. Para hacer las fotos, que se note que hemos estado en Berlín.

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Mira que es fea por fuera la iglesia esta "conmemorativa"... pero por dentro tiene algo... azul.

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Alguien se ha empeñado en que fueramos al archivo de la Bauhaus; yo he dicho, "estará cerrado por que mira que hora es... y ten en cuenta que mucho de lo que exponen estará en exposición que hemos visto"... y tenía yo razón. Cerrado.

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Otro de mis monumentos favoritos en Berlín; el memorial del Holocausto. Y encima con la luz del atardecer...

Y conforme ha caído la tarde, nos hemos ido a mirar escaparates y librerías por Mitte, antes de acercarnos a la Hauptbanhof para sacar billetes para mañana. Nos vamos de excursión a Weimar. Tras las huellas de la Bauhaus, un día más. Pero eso, sí, antes hoy hemos cenado estupendamente a orillas del Spree. Me he tomado una sopa fría de pepino con gambas ahumadas que es de lo mejor que he comido en mi vida. Sí, de pepino; y estaba excelente. Ideal para el verano.

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Los siempre animados aledaños de la estación de Friedrichstrasse.

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Un S-Bahn se dispone a salir de la estacion de Friedrichstrasse al atardecer.

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El Dom iluminado a orillas del Spree con la noche casi cerrada.

Nos hemos retirado pronto. Mañana vamos a madrugar un poquito.

Tras un viaje accidentado, llegamos a Berlín, y pasamos nuestro primer día

Viajes

No voy a contar las vicisitudes del viaje. Hubo un par de ellas, o tres si contamos la llegada al hotel,… pero no merece la pena. El caso es que estamos aquí, y pasándolo bien.

Nos ha salido el día nublado, muy nublado. Incluso amenazando lluvia. Por lo que hemos decidido pasar la mañana visitando museos. En la Museuminsel (la Isla de los Museos), que para eso están todos junticos. Nos hemos sacado un bono para todo el día… Y ale. En primer lugar, y visitándolo casie entero el Pergamonmuseum. Este es una brutalidad que construyeron alrededor de una serie de edificios que se trajeron enteros de Asia Menor en tiempos del Kaiser. Luego nos hemos ido a la Alte Nationalgallerie, a ver un poquito de pintura mona del siglo XIX, y finalmente hemos visitado el Alte Museum, a decir hola a Nefertiti y a Pericles.

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El altar de Pergamo, una de las principales atracciones en la Museuminsel.

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El Pergamonmuseum exponía una monográfica dedicada a los dioses de la Griega clásica; en la fotografía, la diosa Atenea.

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No podía faltar un vistazo a los frisos de los leones de Babilonia; impresionantes.

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En la Alte Nationalgallerie, un poquito de pintura y escultura del siglo XIX.

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Me gustaba más cómo quedaba Nefertiti, alias "la Tuerta", en el antiguo Museo Egipcio de Charlottenburg; pero su actual ubicación en el Alte Museum parece provisional.

Después de comer hemos seguido paseando bajo el cielo gris y nublado por los alrededores de Alexanderplatz, y luego paseando por Unter den Linden hasta llegar a la puerta de Brandemburgo, casi invisible porque a su alrededor están instalando todo tipo de escenarios y cosas para algún espectáculo. Por lo menos, mientras tanto, nos ha salido el sol.

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Un paseo después de comer por las orillas del Spree.

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Poco respeto se le tiene ya a Marx por estas tierras.

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La línea de metro más querida por los amantes del rock de todo el mundo.

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Buscando nuevas formas de fotografíar la Neue Wache (me estaba copiando mi punto de vista, de una toma anterior).

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Esto es lo más que hemos podido ver de la Puerta de Brandemburgo.

Con más sol, hemos mirado de subir a la cúpula del Reichstag. Pero la espera era larga, así que, aprovechando que la tarde estaba buena, hemos decidido pasear por el Tiergarten hasta la estación de S-Bahn de Bellevue.

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Muy agradable y soleada la tarde en los alrededores del Bundestag (antiguo Reichstag).

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La Casa de las Culturas del Mundo, conocida por los berlineses por el prosaico nombre de "la almeja".

Desde allí, hemos vuelo hacia los alrededores de la Museuminsel, donde por la mañana habíamos encontrado una librería de arte estupenda. Yo me he comprado algún libro de fotografía. Qué variedad tenían, oye. Después nos hemos ido a tomar unas cervezas, en los chiringuitos bajo las vías en las cercanías del Spree. Como los intentos de hacer fotos después de las cervezas no tenían mucho éxito… no sé por qué será… nos hemos ido a cenar, y luego al hotel. Mañana más.

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Difícil enfocar después de unas "weissbier" mientras paseamos a orillas del Spree.

Un viaje por el sistema solar, una exposición de arquitectura alemana, y nos hablamos desde Berlín

Arte, Televisión, Viajes

Esta semana, en la que celebran en Huesca, donde trabajo, su fiesta grande, yo he optado por celebrar mi fiesta particular. Me he cogido unas mini-vacaciones. Hasta el próximo lunes 17, nada de curro. Así que este fin de semana me lo he tomado con especial relax, animada por la agradable bajada de temperaturas.

Una de las cosas que he hecho ha sido ver con ansiedad los dos primeros episodios de una nueve serie yanqui de ciencia ficción, Defying Gravity. Tras la finalización de Galactica y otras, estábamos un poco huérfanos de aventuras por el espacio, y como a mí es un género que me gusta… pues a ver. Los dos primeros episodios no están mal. Ocho astronautas del dos mil cincuenta y tantos en un viaje de 6 años por el sistema solar. Visitando siete planetas. El primero Venus. Y con un misterio de fondo. Que algunos conocen y otros no. Visualmente y conceptualmente heredera de 2001, una odisea del espacio y Sunshine, tengo miedo de que por algunos detalles de la trama pueda convertirse en una anatomía de Grey espacial. Pero después de que la prometedora Virtuality, con la que tiene muchos parecidos, se quedará en el episodio piloto, habrá que mantener la esperanza.

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Iapetus, satélite de Saturno, fue uno de los protagonistas de la edición literaria de 2001, una odisea del espacio (imagen publicada en Astronomy Picture of the Day, NASA).

Por otra parte, como hago de vez en cuando, ayer me pasé dando una vuelta por el Centro de Historia de Zaragoza, para ver si había algo nuevo en exposiciones. Y me encontré con una interesante exposición sobre la arquitectura alemana de la posguerra, con interesantes muchas maquetas, fotografías y explicaciones. Estaba enfocada a explicar la evolución paralela entre la arquitectura de la República Federal de Alemania y la extinta República Democrática de Alemania.

Exposición Arquitectura Alemana

Exposición 2 Arquitecturas Alemanas en el Centro de Historia de la Zaragoza - Panasonic Lumix LX3

Exposición Arquitectura Alemana

Maquetas en la exposición 2 Arquitecturas Alemanas - Panasonic Lumix LX3

Todo lo cual me viene al pelo para contaros que me voy. Cinco días. De escapada a Berlín. Estuve no hace mucho. Pero me ha surgido la ocasión de volver. La excusa, una serie de exposiciones celebrando el 90 aniversario de la Bauhaus. Así que a partir de mañana, os iré contando cosas en estas páginas, dependiendo de cómo me vaya encontrando las conexiones a internet. Y si no os lo subo cuando vuelva. Que tampoco me voy a dar mucho mal. Hasta la vuelta.

Universidad de Humboldt

Universidad Humboldt en Unter den Linden, Berlín - Pentax *ist DS, SMC-DA 21/3,2

Algunas estadísticas… de mis fotos en Suiza

Fotografía personal, Viajes

No sé si son fruto del azar, de un patrón consciente, del capricho que me invade en cada momento o de qué, pero a partir de los datos EXIF de las fotos «válidas» de mi viaje a Suiza, he sacado unas estadísticas de mi forma de fotografiar. En primer lugar, para entender algunas cosas veamos qué equipo he llevado.

Son fotos «válidas» aquellas que tras revisar todos los fotogramas tomados en formato RAW han sido procesadas para obtener un formato de «exhibición» por decirlo de alguna forma.

En total, en mi carpeta correspondiente tengo 428 imágenes.

En el bolsillo, me he llevado la Panasonic Lumix DMC-LX3, una cámara de la que desde mi viaje a París de este invierno donde fue mi cámara principal, me he separado muy poco. Antes, las cámaras compactas las llevaba un poco como de reserva o como cámaras secundarias para determinados momentos del viaje. Pero ahora le concedo bastante protagonismo. Esta cámara tiene un objetivo con focales equivalentes al formato de 35 mm entre 24 mm y 60 mm. En ella se pueden utilizar tres formatos de imagen: 3:2, 4:3 y 16:9. Ya adelanto que el 3:2 no le he usado en esta cámara.

En total, 231 imágenes (54%) están tomadas con la LX3.

Conjunto funerario

La gran luminosidad del objetivo, su razonable buen comportamiento a ISOs moderamente altas, y su discreción hacen de la LX3 una cámara ideal para interiores, como en la catedral de Friburgo.

Como cámara presuntamente principal he llevado una Pentax K10D, con cinco objetivos de focal fija (entre paréntesis la focal equivalente en 35 mm): 21 (32), 40 (60), 70 (105), 100 (150) y 200 (300) mm. Estos dos últimos, viejos objetivos de enfoque manual, me los lleve con la intención de usarlos esporádicamente, especialmente en los Alpes.

En total, 197 imágenes (46%) están tomadas con la K10D.

Jungfrau

Si quiero fotografiar con focales largas, la K10D es obligatoria como a la hora de obtener detalles de la Jungfrau.

Una conclusión que se puede sacar es que cuando una compacta es buena, pensada para el fotógrafo, en muchas ocasiones es suficiente para obtener las imágenes que quieres, y además es más discreta y más cómoda de llevar. Por eso, la usado bastante.

En cuanto a las focales utilizadas, utilizaré como referencias los extremos del objetivo de la compacta y los objetivos fijos de la réflex. Siempre daré las focales equivalentes en 35 mm, para estandarizar el asunto:

Entre 24 y 28 mm (gran angular): 97 imágenes (87 de ellas a 24 mm).

Entre 30 y 39 mm (angular): 40 imágenes.

Entre 41 y 60 mm (estándar): 171 imágenes (79 con la LX3 en 60 mm y 68 con el objetivo fijo de la K10D).

105 mm: 68 imágenes.

150 mm: 8 imágenes.

200 mm: 31 imágenes.

Mi sensación es que para mí, las focales de interés serían un gran angular entre 24-28 mm, una focal estándar y un teleobjetivo en torno a los 100 mm. No hace falta que me vuelva a llevar dos teleobjetivos. Con uno es suficiente. También se nota que cuando tienes un objetivo de focal variable o zoom, lo que más se usan son las focales extremas. Con la focal con la que me siento más cómodo (esto ya lo sabía, es con la estándar, entre 40 y 60 mm. Pero evidentemente, el gran angular tiene siempre un gran interés en viaje.

Spreuerbrücke

Mis focales reinas, las focales estándares, como el 40 mm (60 mm equivalente 35 mm) que obtuvo esta imagen de uno de los puentes de Lucerna.

En cuanto a la orientación de la imagen, 381 son apaisadas y 47 verticales.

En lo que se refiere al formato, teóricamente todas las de la K10D tendrían que ser 3:2, pero no es así porque muchas de las verticales las recorto a 4:3. El 3:2 no me gusta en vertical. Así que el conjunto queda así:

3:2 – 147 imágenes, casi todas ellas apaisadas.
4:3 –  65 imágenes, las dos terceras partes de ellas aproximadamente verticales.
16:9 – 213 imágenes, casi todas ellas de la LX3, aunque también algún recorte de la K10D y alguna composición panorámica de varias fotos.

Probablemente, todo esto a la mayor parte de vosotros os haya parecido un rollo. Pero a mí me ha hecho pensar. Sobre todo, de cara a lo que viene siendo mi obsesión últimamente. ¿Cuál es el equipo idóneo a llevar de viaje que de la mejor calidad con el menor volumen y peso posible? ¿Alguna idea?

Olympus E-P1 y Leica D-Lux 4 (Casinoplatz)

El clon de Leica de mi LX3 y, en primer plano, la novísima Olympus Pen E-P1. ¿Irán por aquí los tiros del equipo ideal del viajero comodón?

Viajando en tren por Suiza

Trenes, Viajes

En mis vacaciones por Suiza, hemos utilizado fundamentalmente el ferrocarril para movernos por el país. Esta opción depende mucho del tipo de viaje que quieras hacer. Introducirte en zonas rurales, detenerte más en el conjunto del paisaje del país quizá lleve a considerar el coche como una mejor opción. Pero dada la rapidez, eficacia y abundancia de los trenes suizos, utilizando el transporte público te puede llevar a conocer muchas partes del país.

Zürich Hauptbahnhof

Dos trenes Intercity estacionados en Zürich Hauptbahanhof - Panasonic Lumix LX3

En Suiza hay una compañía grande de ferrocarril, los Ferrocarriles Federales Suizos (SBB). Pero también hay un sinnúmero de compañías que realizan servicios locales o regionales, o bien, con anchos de vía métrica en los paisajes más accidentados.

Estación

Interregio con destino Berna y Ginebra aeropuerto dispuesto para salir de la estación de Lucerna - Panasonic Lumix LX3

Hacia Zermatt en el Matterhorn Gotthard Bahn

Ferrocarril de vía métrica, con tramos de tracción a cremallera, del Matterhorn Gotthard Bahn que une Visp con Zermatt - Panasonic Lumix LX3

También hay que considerar los ferrocarriles locales de cremallera para ascender por los terrenos más escarpados para ascender los terrenos más elevados como puede ser al Gornegrat o al Jungfraujoch.

Gornergrat Bahn

Unidad eléctrica con motores trifásicos y tracción de cremallera del Gornergrat Bahn en la estación de Gornegrat a 3.089 metros de altitud - Pentax K10D, SMC-DA 21/3,2 Limited

Berner Oberland Bahn en Lauterbrunnen

Trenes del Bern Oberland Bahn en la estación de Lauterbrunnen con el Breithorn al fondo - Panasonic Lumix LX3

Jungfraubahn

Unidad eléctrica con motores trifásicos y tracción de cremallera del Jungfraubahn en la estación de Kleine Scheidegg - Panasonic Lumix LX3

Todos estos ferrocarriles comparten esas características de eficacia, puntualidad y frecuencia. Y todas están integradas en un sistema tarifario común, que en algunas ocasiones incluyen otro tipo de transportes como los barcos que recorren los principales lagos del país comunicando las localidades ribereñas. Uno puede consultar cómodamente los horarios y las relaciones en la página en internet de la SBB. También, todas las estaciones tienen en sus servicios de información pequeños folletos con las tablas horarias que unen esa estación con casi todo el resto del páis.

Zürichsee

Pequeño vapor de línea regular en el Zürichsee - Pentax K10D, SMC-M 200/4

Pero, ¡ay!, también comparten todos estos idílicos ferrocarriles otra característica común. Y es que son caros. Muy caros incluso cuando nos metemos en los ferrocarriles de montaña. Por poner un ejemplo, el trayecto ida y vuelta entre Berna y el Jungfraujoch a 3.471 metros de altitud, vía Interlaken Ost – Lauterbrunnen/Grindelwald – Kleine Scheidegg, cuyo billete podemos comprar tranquilamente en cualquier dispensador automático de Berna, y que implica coger un mínimo de cuatro trenes distintos, cuesta la friolera de 233,80 CHF. En euros, nada más y nada menos que 153,86 EUR. Más de 25.000 de las antiguas pesetas. Por ello, conviene prever la adquisición con antelación del Swiss Pass, con distintos períodos de validez, que permite viajar por la mayor parte de las líneas normales sin más costes que el de compra de la tarjeta, 376 CHF para la de ocho días (247,45 EUR). También suele proporcionar descuentos del 50% en muchas de las líneas más turísticas, así como en teleféricos y telecabinas de destintos lugares. Así, en el ejemplo puesto, no habríamos de pagar nada más por el trayecto Berna – Lauterbrunnen/Grindelwald, y la mitad entre Lauterbrunnen/Grindelwald y el Jungfraujoch.

También es válida para los transportes urbanos de las principales ciudades, o permite el uso de los mismos con sustanciososo descuentos.

General Guisan Quai

Tranvía urbano a orillas del Zürichsee en la ciudad de Zürich - Panasonic Lumix LX3

Drahtseilbahn Marzili

Funicular de Marzili en el centro de Berna - Panasonic Lumix LX3

Para finalizar, un paseo por alguna ciudad francófona; Friburgo y Neuchâtel

Viajes

Ayer fue el último día del viaje. Por la mañana me despedí en la estación de Berna de mis compañeros de andanzas. Mientras ellos cogían un Cisalpino con destino al otro lado de los Alpes, yo pillaba un tren hacía Friburgo. Una mona ciudad situada a media hora de Berna, y donde para variar, se habla mayoritariamente francés. Mucho más cómodo para mí, la verdad, el hablar a la gente en su idioma natal, y no depender los dos de un tercer idioma, aunque sea uno tan extendido como el del imperio, el inglés. La ciudad vieja, situada en un recodo del río Sarine, es realmente bonita y muy agradable para pasear.

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Una estatua llorosa me recibe nada más bajar del tren en Frinburgo.

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En la catedral de Friburgo encontramos en las cristaleras las escenas de sado-maso que tanto gustan a los católicos.

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La calle de las esposas fieles y los maridos modélicos... dime de lo que presumes y te diré de qué careces.

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Como algunos ya sabíamos, aunque en España se ignora bastante, el Camino de Santiago es algo que se extiende por todo el continente y no sólo entre Roncesvalles y Santiago.

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Recoleta la ciudad antigua de Friburgo, ¿verdad?

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Y para finalizar la visita a Friburgo, un funicular que nos sube hasta la estación.

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Una como ésta está en el museo del transporte de Lucerna; aquí están en exposición en la estación de Friburgo, pero pintadas de rojo en vez de verde.

Tras pasar la mañana en Friburgo, cogí un tren hacia Neuchâtel, también perteneciente a la Suiza francófona. También una ciudad muy mona, situada junto a un gran lago, aunque el paseo por su orilla me tocó bajo un nublado y un vientecillo fresco. Pero previamente había paseado por su bonito y colorido casco antiguo, y había subido al conjunto formado por el castillo, actualmente sede del gobierno cantonal, y una colegiata aneja.

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Unos pasean, otros leen, en las tranquilas calles de Neuchâtel.

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El castillo de Neuchâtel, sede del gobierno cantonal.

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Altar mayor de la colegiata de Neuchâtel.

Hacia las cinco de la tarde cogí un tren de vuelta a Berna, había que hacer alguna compra de última hora, y si el tiempo no lo impedía dar una última vuelta por Berna, por algunos de los lugares que en la primera visita nos pillaron con lluvia y que ahora podían estar soleado.

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El oso, emblema de la ciudad de Berna, lo podemos encontrar hasta en el azud del río Aare.

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En el mismo lugar donde en ese momento tomaban el sol los adolescentes, días atrás caía el diluvio.

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Y antes de irme, un paseo entre las policromadas fuentes bernesas.

Y ya, a las nueve de la noche, tren de vuelta. Pero eso ya es otra historia… y será contada en otra ocasión.

Top of Europe llaman estos suizos al tinglado que tienen montado en la Jungfrau

Viajes

Por fin, tras varios retrasos por miedo al mal tiempo. Nos encaminamos hacia el Jungfraujoch. Es un complejo turístico científico situado a unos 3500 metros de altitud en la cresta que une dos de los picos del macizo de la Jungfrau, el Jungfrau propiamente dicho y el Mönch. El tercer pico en discordia del macizo es el famosísimo Eiger y su terrible cara norte que tantos alpinistas se ha llevado por delante. Uno de los motivos también para intentar garantizar un poco de buen tiempo es que los sucesivos trenes, entre normales y de cremallera, que hay que coger hasta semejante altitud, cuestan en su conjunto un huevo y parte del otro. Pero bueno, el viaje es entretenido.

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Foto a través de la ventanilla del tren; calidad floja, pero de las pocas ocasiones que han surgido de fotografiar la cara norte del Eiger.

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Trenes de cremallera de la Jungfraubahn, dispuestos a subir a lo alto.

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Una de la estaciones del tren de cremallera es Eigergletscher, el glaciar del Eiger; y aquí vemos cómo termina.

Una vez allí, pues a fotografíar montes se ha dicho. Hacía relativamente bueno. -3ºC, pero con sol y sin viento. Así que no se notaban mucho. Pero algunas nubes ligeras pasaban de vez en cuando por las cumbres. Una incluso nos ha dejado cinco minutos de nevada. Ni un minuto más. El Jungfrau estaba tímido y apenas se ha dejado ver entre las nubes. El Mönch estaba mucho más aparente. El Eiger, tapado por el Mönch. Pero lo que más me ha impresionado ha sido el inmenso glaciar que fluía, muy lentamente, a nuestros pies. Como anécdota, hay un palacio de hielo, muy frío, con distintas esculturas. Una de ellas, con sorpresa… pues para mi gusto un poco cutre. Pero yo soy así.

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El Jungfrau se asoma tímidamente entre las nubes.

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La mole del Mönch se despeja ante nuestros ojos.

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La zona que vemos la llaman la plaza de la Concordia, pues recoge tranquilamente tres glaciares que se reunen en una única lengua al fondo.

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Sí, es cierto, la alineación de España en la final de la Eurocopa que ganaron embutida en el hielo... aggggg.

Hemos vuelto por Grindelwald con el fin de admirar la cara norte del Eiger, pero estaba cubierta por las nubes casi por completo. Mala suerte. Nos hemos tenido que conformar con lo vislumbrado por la mañana subiendo. Eso sí, en Grindelwald, una banda musical de niños animaba la tarde, y lo hacían muy bien.

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Horribles nubes nos impiden ver la impresionante cara norte del Eiger.

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Pues tocaban bien estos chavalillos en Grindenwald.

Finalmente, llegados a Interlaken, la tarde era muy bonita por lo que nos hemos dado un amplio paseo antes de cenar, observando la bonita ciudad turística entre dos lagos.

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No sabemos muy bien, pero a estos vistosos y cuidados edificios en Interlaken les llaman el castillo.

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Vuelos en parapente con instructor aterrizan en pleno centro de Interlaken.

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Veteranas locomotoras las que todavía usa el Bern-Loschberg-Simplon Bahn.

Para volver, un ICE alemán. Toma ya. No sé hasta donde iría. Estos suizos son muy suyos y ponía destino Basilea. Pero siendo ésta una ciudad fronteriza, seguro que seguiría hasta alguna ciudad importante alemana.

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ICE de la DB alemana que nos llevará de vuelta a Berna.

Lucerna: aviones, trenes, un barco de 1901,… y un paseo al atardecer

Viajes

Llevamos varios días demorando la vuelta a los Alpes por culpa del tiempo. Sigue con la tónica de intervalos de sol y lluvia. Mañana es nuestra última oportunidad. Haga bueno o malo. Pero hoy,… hoy nos hemos ido a Lucerna, que es un sitio de lo más entretenido.

La ciudad es mona. Especialmente el casco antiguo que está entorno al desagüe del Lago de los Cuatro Cantones. Esto es más o menos lo que significa su complicado nombre en alemán. Así que cuando hemos llegado nos hemos dado una vuelta de situación, y viendo que estaba más bien nublado nos hemos ido el muy recomendado Verkherhaus, o sea, el Museo del Transporte. Para que nos hemos de engañar, sólo dos tercios de la compañía estaba entusiasmado con el tema. Un tercio con los aviones y un tercio con los trenes. Así que eso es lo que hemos visitado.

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La pasarela de madera con su torre, el elemento más característico de la ciudad de Lucerna.

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A ver quién adivina la nacionalidad del avión.

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Normalmente, en los museos ferroviarios las estrellas son las antiguas locomotoras de vapor; en Suiza, no. En Suiza sólo pueden ser sus estupendas locomotoras electricas "cocodrilos".

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Cómo mola el quita nieves; es en sí misma una locomotora de vapor con estas cuchilas en aspa en su delantera.

Cuando hemos salido lucía el sol, así que nos hemos acercado otra vez al casco histórico. Pero simplemente con la duración del trayecto en trolebús, vuelta el nublado. Como hicimos en Zurich, viendo que en el lago, hacia el sur, hacía bueno, hemos vuelto a embarcar para dar una vuelta de un par de horas largas. El paisaje es más bonito y más agreste que el del Zurichsee. Y nos ha pillado una de las tormentas. En momentos hemos pasado de estar calentitos en cubierta a tener que recogernos en el interior por el viento y el frío. Lo que nos ha permitido percatarnos que el barco, un vapor de 1901 en perfecto estado de mantenimiento, tiene sus máquinas a la vista, y hemos estado disfrutando con sus evoluciones.

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Escarpadas las orillas del lago de Lucerna. Y bonitas.

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Uno de los marineros de agua dulce arría las banderas para evitar que se estropeen con la tormenta que vamos a atravesar, y que al fondo se ve.

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Impecables y relucientes lucen las viejas máquinas de vapor del barco que nos lleva de vuelta a Lucerna.

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Y también es bonito y estilizado por fuera.

Finalmente, una vez de regreso en Lucerna, esta vez sí que nos ha permitido recorrer la ciudad antigua con una agradable luz de sol de atardecer. Hemos hecho unas cuantas fotos, hemos cenado en un italiano, pero que muy bien, y nos hemos ido a coger el tren para volver a Berna.

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La pasarela de madera con su torre lucen impresionantes al sol de la tarde.

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Una nueva vista del centro de la ciudad de Lucerna.

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Características casas pintadas en una de las plazas de la ciudad antigua.

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El InterRegio que nos devolverá a Berna está dispuesto para salir.

Pues no ha estado mal cómo hemos conseguido torear el mal tiempo oye. Si hasta nos ha cundido.

Un poco de ruinas romanas, y mucho pasear por Basilea

Viajes

Hoy ha sido un día tranquilo. Nos esperábamos lo peor, ya que en Berna ha amanecido lloviendo, pero camino de Basilea ha parado y simplemente se ha quedado muy nuboso. El tema es que para matar el rato en la hora que cuesta ir entre las dos ciudades, nos hemos puesto a consultar la Guía Michelín, y me encuentro que a 11 kilómetros de Basilea están las ruinas romanas de Augusta Rurica, en la ciudad de Kaiseraugst… ¡Coño, si por aquí también hay una Caesaraugusta! Y yo que vengo de la española y sin enterarnos. Pues fuera de programa, nos cogemos la línea S1 de cercanías y nos plantamos.

No había mucha animación, no. Pero el tiempo ha ido mejorando e incluso a salido el sol. Como la actual Kaiseraugust es muy chiquitita comparada con la actual Zaragoza, las ruinas están desperdigadas por la campiña. Y también nos hemos acercado al Rin, que pasa por la población, para ver Alemania desde fuera.

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Por la estación de Kaiseraugst, a 11 kilómetros de Basilea, pasa raudo un tren de mercancías.

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Además de las ruinas de un templo en Augusta Raurica, al fondo se ven las defensas construidas en el 39 ante una hipotética invasión de los alemanes.

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En el museo romano tienen reconstruida una Villa con su "caganet" y todo.

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En un día gris, al otro lado del Rin, Alemania; vista desde fuera.

Después, hemos vuelto a Basilea para la hora de comer. Queríamos hacerlo sentadicos y tal. Nada de comida basura como la salchicha de ayer. Pues casi no lo conseguimos. A las dos, casi todos los restaurantes tenían ya la cocina cerrada. Nos hemos empezado a dar cuenta de que la ciudad es bonita pero no vive del y para el turismo.

En cualquier caso, la tarde se resume fácil. Ha estado nublado, ha llovido y ha hecho sol. Hemos visto el Rin, hemos cruzado sus puentes, hemos visitado alguna iglesia, hay un ayuntamiento muy colorado y llamativo, y el conjunto de las calles y casitas de la ciudad vieja está muy bien, con sus edificios monísimos y cuidadísimos de los siglos XIV y XV. Ale, os dejo unas fotos. Y hasta mañana.

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Qué habrá hecho el pobre tranvía que cruza el Rin en Basilea para merecer eso.

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Entre los varios puentes que cruzan el Rin en Basilea, hay barcas transbordadoras para peatones; muy vistosas, con sus banderitas y todo.

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Paseando por el claustro de la iglesia Münster.

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Llamativo el ayuntamiento de Basilea, ¿verdad?, todo rojo él.

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Son bonitas las casas que hay por el casco antiguo de la ciudad, y muy cuidadas.

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En muchas casas está inscrito el año en que fue construida o arreglada la casa y a quién perteneció.

Hoy era el día de «los maletines»; hemos ido a Zurich, la capital mundial de la banca

Viajes

Bueno, sí que hemos ido a un banco. Al cajero automático. Por lo demás, hemos llegado por la mañana con tiempo incierto. Y sensaciones encontradas. Nada más llegar, sales de la estación a la Bahnhofgasse, y te encuentras con una calle llena de tranvías y de tiendas en las que están encantados de servirte si tienes una Visa del tamaño de Siberia. Si vas con menos, no vayas. ¡Coño, qué precios! Pero es que cuando nos hemos salido, nos hemos encontrado con una ciudad muy mona, pero muy sosa. Calles recoletas, vacías. Alguna sosa iglesia protestante… Y encima, cada vez más gris y más cubierto hasta que se ha puesto a llover.

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La Bahnhofgasse repleta de gente, tranvías y tiendas detrás de los árboles.

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Por las mañanas, las callejuelas alrededor de Lindenhof estaba casi desiertas.

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Pintura exterior en la Fraumunster; en el interior había unas vidrieras de Marc Chagal, que no dejaban fotografíar.

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Conforme nos acercábamos al Zurichsee, la cosa se iba poniendo gris y "húmeda".

Visto lo cual, y percatándonos de que en el Zurichsee, o lago de Zurich, hacia el sur el tiempo era soleado. Hemos decidido embarcarnos en dirección a Rapperswil. Y qué a tiempo, porque al poco de salir de puerto, hemos visto como caía sobre Zurich un tromba de agua de mucho cuidado. Nosotros hemos ido tomando el sol, y admirando el paisaje. Nos ha recordado en cierta medida a los grandes lagos italianos, aunque no tan mono. Pero por razones que ahora no vienen a cuento, ese recuerdo nos ha parecido apropiado.

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Desde el barco hemos visto como descargaba una tromba de agua sobre la ciudad.

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Coquetos embarcaderos a orillas del Zurichsee.

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Algunas islas y penínsulas en el lago sirven de parque para los ciudadanos.

Una ver en Rapperswil, nos hemos dado una hora para ver sus calles y, en lo alto, alguna iglesia pequeñita y mona, y un castillo donde estaba Bambi y su mamá. Parece que todavía no se han encontrado con «el simpático» cazador.

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Pero que c.ñ.... ¿Marco's? ¿Flamenco? ¿Pasta-Bar?

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Una de las iglesias que hay junto al castillo de Rapperswil.

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El interior de la otra iglesia junto al castillo de Rapperswil.

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Bambi y su mamá... ¿huyendo del "simpático" cazador

Finalizada la visita, regreso a Zurich, donde también había salido el sol. Y también la gente. Todo estaba muy mono y muy animado, lo que ha mejorado nuestra impresión de la ciudad. Y a las nueve, el tren de vuelta a Berna. Otro día de vacaciones cumplido.

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De vuelta en el barco, a punto de llegar a Zurich aumenta la expectación de los viajeros.

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Los viejos rockeros nunca mueren, y estos, a orillas del Zurichsee, debían ser por lo menos de la quinta de los Rolling.

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El atardecer ha sido muy agradable en Zurich, lo que nos ha permitido dar una amplio paseo hasta la salida del tren.

Dejamos la montaña, y nos vamos a la capital, o así, a Berna quiero decir

Viajes

Ayer por la noche, aún hubo alguna cosa interesante antes de cenar, paseando por Zermatt. La primera es que, oh sorpresa, el Cervino mostró por un instante su cumbre soleada por el sol del atardecer. No me pillo con la mejor cámara para inmortalizar el suceso, pero algo es algo. Después  visité el cementerio de los alpinistas muertos en las montañas de los alrededores.  Jo, qué cantidad de ingleses la han palmado por aquí. Y finalmente, después de cenar, me encontré con un coro de estos que hacen gorgoritos tipo tirolés. Pero sin el gorro con la pluma.

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La cima soleada del Cervino asoma entre jirones de nubes.

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Tumbas de los alpinistas muertos subiendo o bajando las cimas de los Alpes en los alrededores de Zermatt.

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Pues cantaban bien los veteranos miembros de este coro.

Hoy ya he cogido el tren de vuelta a Berna, la presunta capital del país. Digo presunta porque aquí no se toman muy en serio estas cosas. Esque estan muy descentralizados, ellos. Y sin que pase nada, oiga. La principal atracción es el conjunto de calles formado por la Marktgasse y sus continuaciones por ambos extremos. Tiene un par de torres con sus relojes y esas cosas, y hay un montón de estatuas policromadas con diversos motivos que alegran el ambiente. Es peligrosa, te puede atropellar un autobús, o un trolebús, o el tranvía, o te puedes caer a una zanja con agua. ¡Y eso que son peatonales!

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Un amenazador tranvía enfila por la Marktgasse de Berna.

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Si no mueres atropellado, caes en alguna zanja.

También hemos visto que en las paredes de las casas hay todo tipo de cosas entretenidas. Desde marcianos de videojuegos a señoritas que leen atentamente en posiciones que a nosotros no nos han parecido del todo recomendables. ¡Y encima fumando!

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¡Un marcianito! ¡De los de antaño! Bip, bip, bip...

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No creáis, no, que no estaba a ras de suelo; igual era un tercero o un cuarto piso.

Después, hemos subido a la rosaleda, donde además de rosas, que no parecen rosas en ocasiones, hemos contemplado las vistas del casco antiguo de Berna que se encuentra en un meandro del río Aare. Mientras, se empezaba a organizar una buena tormenta. ¿Caería?

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Dicen que esta flor de la rosaleda de Berna es una rosa; pues bueno, es bonita.

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Un amor con vistas... a Berna; y con nubarrones en el horizonte.

Pues sí. Y de lo lindo. Esto nos ha tenido un rato entretenidos buscando donde guarecernos. Menos mal que Berna está lleno de calles porticadas. Estos suizos, que lo tienen todo previsto. Hasta las tormentas. En una de estas, hemos caído junto a un escaparate, donde había un objeto del deseo.

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Los porticos de la Jurgensgasse con sus cucas tiendas.

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Un grupo de turistas prepara sus paraguas para defenderse de la lluvia.

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La lluvia es demasiado fuerte, y las calles y plazas se quedan vacías.

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Una Olympus E-P1, recién salida; en España no se ven. Detrás una Leica... que en realidad es igual que la cámara que ha hecho la foto, pero en pijo.

Una vez finalizada, a salido un ratito el sol, por lo que hemos vuelto a dar otra vueltecica, antes de cenar algo e irnos al hotel. A descansar un rato. Por cierto, que estamos en la última planta… ¡y hace calor!

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Tras la tempestad viene la calma, y se aprecian mejor los policromados de las figuras en las calles de Berna.