[Fotografía] Recomendaciones semanales – del 6 al 13 de noviembre de 2016 – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía

Una semana más, os traigo las recomendaciones que sobre fotografía que he encontrado en la red de redes. Hoy no son muchas, pero espero que os resulten interesantes. Como de costumbre empiezo con el tablero en Pinterest que colecciona las fotografías de la semana.

Después el enlace a las recomendaciones propiamente dichas. Las fotografías acompañantes, tomadas con la pequeña Olympus Pen EE3 el día de las flores del azafrán.

Origen: Recomendaciones semanales – del 6 al 13 de noviembre de 2016 – Fotografía y otras artes visuales.

 

[Libro] Alex

Literatura

En los últimos años he descubierto un escritor francés que realmente me gusta bastante. Se trata de Pierre Lemaitre, a quien descubrí leyendo su incisiva, mordaz y a ratos delirante novela sobre la posguerra de la Gran Guerra en la victoriosa Francia de principios de siglo. Me gustó tanto que decidí que tenía que conocer más de la obra de este escritor del país vecino. La sorpresa me la dio el hecho de que su carrera se había desarrollado en el ámbito de la novela de género, en concreto el «polar» que dicen los franceses, la novela negra policiaca. Género que consumo con mucha moderación, porque a lo largo de mi vida por cada novela del mismo que me gusta me he encontrado diez que me han dejado con una sensación de

«-¿Qué te ha parecido la novela?»

«-¡Meh…!»

No en su totalidad, pero la mayor parte de la novela transcurre en las calles y los suburbios parisinos,... y allí me voy fotográficamente, entre la luz y los colores de la ciudad cosmopolita y la nostalgia de la ciudad milenaria.

No en su totalidad, pero la mayor parte de la novela transcurre en las calles y los suburbios parisinos,… y allí me voy fotográficamente, entre la luz y los colores de la ciudad cosmopolita y la nostalgia de la ciudad milenaria.

Por lo tanto, no me lancé inmediatamente a por nuevas novelas de Lemaitre. Tardé unos meses en animarme a lanzarme en la lectura de la primera de las novelas dedicadas a uno de sus personajes más característicos, el bajito comandante Camille Verhoeven. Y realmente me volvió a encantar. Novela con giros inesperados que nos sorprende, dura, bien escrita… El único «pero» que le pude poner es el título de la novela en su versión española.

Por lo tanto, no he tardado tanto en volver a reencontrarme con el peculiar comandante de la policía francesa en su «caso» «Alex», editado por Alfaguara en su serie Alfaguara Negra, y traducido al castellano por Artur Jordà.

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Novela que se desarrolla en tres actos bien diferenciados, el primero de los cuales comienza con el cruel secuestro de la mujer que da nombre a la protagonista del libro, secuestro cuya resolución se encomendará al comandante Verhoeven y a su peculiar equipo. Pero el final de cada acto, especialmente los dos primeros, supondrá un cambio de enfoque y de rumbo de la novela que finalmente tendrá una lectura muy distinta de la que imaginábamos al principio.

Nuevamente, Lemaitre hace habilidad de una capacidad notable para sorprender, para llevar la historia y con ella al lector por caminos absolutamente insospechados en un principio. Todo ello con un tono que no pocas veces sorprende por la crudeza de sus descripciones, por la «sangre fría» que demuestra el escritor a la hora de exponer la realidad de los hechos… cuando toca. No antes de que lo que conviene para mantener al lector absolutamente agarrado a la narración. Porque independientemente del género de la novela que tenemos entre manos, lo que es evidente es que Lemaitre es un narrador de primera, que domina las claves de la novela como pocos escritores actuales. A mi me encanta.

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[Fotografía] Fujifilm Neopan 100 Acros con Olympus Pen EE3 – Digitalización con cámara y objetivo macro – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía

En el último mes y medio he llevado conmigo a cuestas buena parte de los días la pequeña Olympus Pen EE3 que compré por poco dinero a principios de verano en «La Placica Vintage» de la calle de las Armas. En el último carrete de 36 me han salido 79 fotogramas,… ¡viva el medio formato!… de Fujifilm Neopan 100 Acros, película negativa en blanco y negro de grano fino. Os dejo algunos ejemplos del casco viejo de Zaragoza. Pero hay más cosas que ya iré poniendo.

Quien quiera detalles más técnicos, que siga el siguiente enlace.

Origen: Fujifilm Neopan 100 Acros con Olympus Pen EE3 – Digitalización con cámara y objetivo macro – Fotografía y otras artes visuales.

[Cine] Que Dios nos perdone (2016)

Cine

Que Dios nos perdone (2016; 572016-0211)

Nos llega una propuesta de cine español liderada por el director Rodrigo Sorogoyen, y con un guion del propio Sorogoyen y de la guionista Isabel Peña, que ya formaron equipo en un largometraje anterior que recibió buenas críticas, que yo no vi en las salas de cine pero sí después en vídeo… y que no me gustó demasiado. Además, habíamos visto el avance de la película unas semanas antes, y nos quedamos con la duda de que lo que parecía una película de acción policiaca testosterónica nos fuese a apetecer. Aunque sí comprobamos que el reparto parecía interesante. Especialmente, la presencia de Antonio de la Torre, que últimamente le he visto haciendo muy buenos trabajos, incluso sosteniendo películas que por otra parte daban poco de sí. Si a esto sumamos una serie de circunstancias curiosas que se han dado alrededor de los responsables de la película que no voy a comentar aquí… decidimos ir a verla, incluso si a priori teníamos nuestras dudas.

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Película española, con elementos castizos que suceden en Madrid pero podrían suceder en cualquier rincón de la geografía peninsular. Así que no es Madrid, en las fotos, es cualquier rincón de la geografía peninsular… cerca de mi casa.

La película resulta que no es de acción propiamente dicha, aunque alguna escena de este tipo hay. Alguna persecución y esas cosas. Está más emparentada con el thriller y el suspense que con otra cosa, con la figura del asesino en serie, en este caso de ancianas y con componente sexual, que con lo que llamamos «película de acción». La película intenta penetrar más en las complejas relaciones entre una pareja de policías absolutamente improbable, la formada por los inspectores Velarde (Antonio de la Torre) y Alfaro (Roberto Álamo), totalmente disfuncionales como personas y, probablemente como policías. Por otro lado, un criminal totalmente tocado del bolo, no digo el actor por no desvelar trama, por diversos temas más o menos freudianos.

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La película es bastante entretenida y tiene un pase bastante amplio. Aunque se aleja de las maravillas que se han podido leer en algunos medios supuestamente especializados. Por algún motivo, Sorogoyen cae bien y se le trata bien en la prensa y otros medios. Lo cierto es que la película es larga… innecesariamente. Por ejemplo, la relación entre Velarde y la limpiadora de su casa no nos aportó nada a la historia. Es superflua. La información que nos da podría haberse proporcionado al espectador de forma eficaz, adecuada cinematográficamente y con más economía de medios. Toda la historia de la visita del Papa sólo parece tener un fin,… justificar el entorno de la única persecución de acción que hay en la película. Y a mí, el final… que se hace evidente si uno tiene una cierta cultura literaria (también ha sido casualidad), también es poco arriesgado… se me ocurren otras formas de terminar con el embrollo. Lo de la comisaría y el conjunto de policías que trabajan en ella… si eso tiene que ver con la realidad me sentiría más seguro en compañía de los delincuentes que de estos inspectores de policía.

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Buenas interpretaciones de todas formas, y como digo una película que a pesar de sus defectos es entretenida y se deja ver.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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[Libro] Cómo visitar un museo de arte

Arte

Este librito publicado por la Editorial Gustavo Gili en este 2016 y escrito por el holandés Johan Idema me lo regalaron hace ya un tiempo, junto con otra serie de objetos, en una situación de desenfadada y amable. Pero se me había quedado debajo en la pila de cosas para leer y no había encontrado momento para ello. Lo cuál es curioso, porque se lee en un periquete. De hecho, es uno de esos libros que no tienes porque leerlo de tirón. Ni siquiera tienes que leerlo en orden. Al fin y al cabo son un conjunto de reflexiones que puedes leer o recordar cuando creas conveniente. Pero la semana pasada, y ante la perspectiva de la visita en Madrid de una serie de exposiciones, como os conté ayer, lo cogí y en un día me lo ventilé.

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Si ayer os hablaba de que estuvimos visitando el Museo Thyssen-Bornemisza, fotografías de esta visita servirán para ilustrar esta entrada.

Como digo, no es un libro organizado para una lectua continua de principio a fin. No es un ensayo sesudo sobre la museística y cómo los usuarios de los museos de arte deben confrontar las obras de arte expuestas en ellos. Más bien son ráfagas, ideas o propuestas, que se nos presentan en dos a cuatro páginas o poco más, fotografías o ilustraciones incluidas, que pretenden guiarnos ante la «responsabilidad» de visitar un museo y sacar algún provecho de él.

El punto de partida, o la necesidad sentida por el autor que le lleva a escribir el libro, es que visitar un museo se ha convertido en algo que puede resultar intimidante a distintos niveles. La seriedad, excesiva, con que se trata el tema del arte, el lenguaje enrevesado, abstruso y oscuro que utilizan los «expertos» para «explicar» las exposiciones que comisarían o las obras que en los museos se conservan, los dogmas sobre las actitudes ante estas obras de arte, son para el autor barreras que se levantan entre el espectador y la obra de arte. Paradójicamente en un momento en el que la elevada movilidad de las personas a la hora de viajar por el mundo les impone «la obligación» de visitar algunos museos que suelen ser calificados como «visitas obligadas» en sus viajes. Eso sí, aunque nunca hayan visitado el museo de bellas artes de su ciudad.

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Idema propone romper las barreras. En primer lugar facilitando el diálogo y la conversación. Frente al «por favor, guarden silencio», hay que hablar ante la obra de arte, sobre ella y las emociones o dudas que nos suscita. Hay que dialogar con los guias, que deben mostrarse menos académicos y más cercanos a la peripecia humana. Hay que fomentar el diálogo y la interacción entre los visitantes, frente al susurro y el silencio, y la distancia entre ellos. Hay que permitir la interacción con la obra de arte… permitir las fotografías, dejar que los modernos «smartphones» se usen en el museo para adquirir información complementaria, incluso, cuando sea posible, combinar la experiencia visual con experiencias auditivas, tactiles, olfativas o gustativas. Hay que favorecer los cafés y los restaurantes en los museos como lugar de intercambio de ideas. Y hay que cambiar la actitud con la que se acude al museo. De un comportamiento pasivo, «a ver que me enseñan», a un comportamiento proactivo, «a ver que me encuentro y me sorprende», tomar notas, dibujar o realizar esbozos. Arriesgar… no acomodarse ante los estilos que nos agradan de siempre y osar la interacción con aquellos que nos incomodan o no entendemos bien. Visitas orientadas, qué quiero ver y qué no quiero ver. Evitar visitar el museo con cansancio… En fin… muchas cosas.

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Me atrajo la vista inmediatamente, Kiki de Montparnasse, musa y amante de tantos artistas, con final triste y trágico, en esta ocasión inmortalizado por Keen van Dongen.

Más que un libro de recetas, ese «cómo visitar un museo» es más bien un libro de propuestas sobre el estado de ánimo que debemos tener a la hora de confrontar la obra de arte. Lo cual a mí me ha convencido. Así que si tenéis inquietudes en el campo del arte, no dudéis en leeros este librito.

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[Arte/fotografía] Entre la pintura de Renoir y las fotografías de tres grandes en Madrid – Fotografía y otras artes visuales

Arte, Fotografía

Son las diez y media de la mañana aproximadamente del viernes 4 de noviembre de 2016 cuando desembarcamos del AVE que nos deja en la estación de Madrid-Puerta de Atocha. Llego a la capital del reino acompañado de una amiga con la intención de visitar la exposición de Pierre-Auguste Renoir en el Museo Thyssen-Bornemisza y las de tres grandes fotógrafos, Bruce Davidson, Castro Prieto y Robert Capa, en distintas salas de exposiciones madrileñas. En el enlace a continuación os lo cuento. Para quienes no estén interesados, unas fotografías del día.

Origen: Entre la pintura de Renoir y las fotografías de tres grandes en Madrid – Fotografía y otras artes visuales

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[Televisión] Cosas de series; de resucitados y distopías tecnológicas

Televisión

Hoy traigo como platos fuertes dos temporadas de seis capítulos de dos series muy distintas que se pueden ver actualmente en Netflix, y que me han ocupado principalmente mis ratos de asueto televisivo en las últimas semanas.

La primera merece poco comentario. Es la primera temporada de una serie australiana, Glitch, que se apunta como parece estar de moda al tema de los muertos que resucitan misteriosamente. Moda que iniciaron los franceses con la interesante Les revenants, y que ha dado lugar a nuevas versiones reconocidas o no de la historia o del tema en distintos países. Con sólo seis episodios en esta primera temporada, y un ritmo pausado, les ha dado para plantear el misterio y poco más. No aporta novedades al tema, parece que se decanta más por el lado «ciencia ficción» que por el lado «místico», pero sin más. Eso sí, es razonablemente entretenida; si no no creo que le hubiera dado muchas oportunidades.

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Aunque no tengan que ver necesariamente con las nuevas tecnologías, las zonas suburbanas de las ciudades siempre han simbolizado para mí ese contraste entre lo bueno y lo malo que nos trae el progreso. Por ello, estas recientes fotografías de una de esas zonas suburbanas en Zaragoza, me han parecido apropiadas para ilustrar esta entrada.

La segunda temporada de serie que he visto, también con seis capítulos, ha sido la muy esperada tercera temporada de Black Mirror. La serie ha cambiado de «casa» ya que se ha ido de su cadena de televisión británica original a ser un original de Netflix. Afortunadamente, ha mantenido las características que han hecho de ella una serie imprescindible para el aficionado a la ficción televisiva en estos momentos. Como hasta ahora, sigue con su serie de episodios con historias independientes unas de otras, que se pueden ver en cualquier orden o en cualquier momento sin que haya tramas entrelazadas. Todas ellas analizan las consecuencias de la introducción de nuevas tecnologías en la sociedad, especialmente en el ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación. Y presta atención concretamente en las consecuencias negativas que pueden aparecer detrás de la aparente felicidad de la innovación tecnológica. No deja de ser una exploración de lo que de distopía tiene la sociedad actual y sus posibles rumbos futuros. La serie no es antitecnológica, como algunos han propuesto, sino que más bien está interesada en analizar los comportamientos humanos, que son los que hacen que una herramienta tecnológica, un avance científico con aplicaciones prácticas, tenga consecuencias positivas o negativas para la sociedad.

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El tono de cada capítulo va variando. En algunos casos estamos en situaciones cómicas o paródicas. En otros flirtea con el suspense, y en algunos casos, directamente con el terror. Las consecuencias no siempre son negativas. Quizá, dos de los episodios más celebrados de esta temporada, Nosedive, y San Junipero, admiten consecuencias finales de las situaciones que se nos presentan. El logro de una libertad perdida en un caso, la posibilidad de vivir la vida que ha sido imposible en el otro. Pero los tonos son francamente negativos en el resto, especialmente en el duro episodio bélico, Men Against Fire, que reflexiona con dureza sobre algunos aspectos relacionados con el soldado combatiente, o Hated in the Nation, profunda reflexión sobre las actitudes de odio, linchamiento o «bullying» social.

Hay episodios con más nivel y otros con menos. Pero todos ellos merecen la pena y están por encima de la media de la ficción televisiva común. Como digo, una serie imprescindible.

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[Fotografía] Recomendaciones semanales – del 30 de octubre al 6 de noviembre de 2016 – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía

La gente de L’Oeil de la Photographie siguen sin recuperarse. Sin embargo, siendo como eran fuente de numerosas recomendaciones, parece que el número de potenciales recomendaciones que he recogido esta semana no ha disminuido gran cosa. O nada en absoluto. Bueno. De momento, el tablero en Pinterest de la semana.

Para aquellos nos interesados en las recomendaciones sobre el mundo de la fotografía del enlace que pongo a continuación, os dejo unas cuantas fotografías de tema ferroviario. La mayor parte de ellas realizadas con cámaras de formato medio para película tradicional.

Origen: Recomendaciones semanales – del 30 de octubre al 6 de noviembre de 2016 – Fotografía y otras artes visuales.

[Cine] Maggie’s Plan (2015)

Cine

Maggie’s Plan (2016; 562016-3010)

Hasta ahora sólo había visto una película dirigida por Rebecca Miller, hija del escritor Arthur Miller y de la fotógrafa Inge Morath,… se le suponen genes capaces de escribir y de visualizar. Lo cierto es que no me gustó demasiado. Tampoco fue ninguna catástrofe… pero… En cualquier caso, la película que nos ocupa hoy, y que vimos ya hace casi una semana, venía con alguna que otra crítica positiva y con el aliciente de un reparto muy interesante encabezado por la enésima musa del cine «indie» americano, Greta Gerwig, que últimamente nos había ofrecido algunos trabajos interesantes.

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Al igual que en la película, fotográficamente nos damos un paseo por los parques de Nueva York,… Central Park, Union Square, Madison Square, Washington Square,… ese tipo de lugares donde se producen en el cine constantemente encuentros improbables, pero necesarios para que la trama avance.

La película nos plantea un curioso triángulo entre una serie de personas del mundo académico. Por una lado, una joven que acaba de cumplir los treinta, Maggie (Greta Gerwig), a la que le persigue el reloj biológico, y que se plantea la maternidad por inseminación artificial «artesanal». Pero justo en ese momento, conoce a John (Ethan Hawke), profesor de antropología, con quien conecta a diversos niveles, y que está pasando una cierta crisis con su dominante esposa, Georgette (Julianne Moore), también profesora de antropología, pero con más nivel académico, y que siente le está cortando la posibilidad de convertirse en escritor. Y el divorcio, subsiguiente matrimonio y nacimiento de bebé sucederán… pero el triángulo seguirá ahí.

No sé muy bien cómo explicarlo. El planteamiento tiene su aquel. Da la impresión de que hay mimbres para construir algo. Los intérpretes, todos ellos de buen nivel, hacen lo que pueden. La película, con sus diálogos, sus localizaciones mayoritariamente neoyorquinas y su aspecto visual, tiene un sabor a Woody Allen. Pero hay algo que no acaba de funcionar. Desde luego, la película es previsible. Pero algunas situaciones, que podrían haber dado juego con un poco más de ironía, sarcasmo o, directamente, mala leche, se pierden y se diluyen en lo políticamente correcto, aunque quizá este fuera uno de los elementos a poner en solfa en este conjunto de personajes tan parodiables.

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En general, a la película le falta alma, y un saber aprovechar de forma más aguda las situaciones que se plantean. Ya digo que la película es previsible, y puesto que de alguna forma es inevitable, se podría haber jugado con esa previsibilidad. Hay películas muy divertidas cuando se plantea que el público que la ve sabe cosas de los personajes que ellos no, y que dan dobles o triples sentidos a las situaciones. No se aprovecha. Creo que la principal responsable es la directora del cotarro, que no sabe muy bien por dónde llevar la historia.

Se deja ver, pero no me animo a recomendarla con carácter general, aunque puede interesar a los aficionados a este tipo de cine y a los intérpretes que la protagonizan.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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[Libro] La chica mecánica

Literatura

Se me está acumulando el trabajo para este Cuaderno de ruta. Contando el de hoy, tengo dos libros pendientes, dos películas de cine, un par de temporadas de series de televisión, cuatro carretes de blanco y negro de medio formato para revelar y una escapada prevista para mañana a Madrid. Así que nada… iré intentando hacer comentario de todo poco a poco.

De momento, vamos con esta chica mecánica, enésimo descendiente de los replicantes de Blade Runner que nos ofrece Paolo Bacigalupi, escritor que a pesar de sus nombre no es italiano sino de Colorado Springs. Supongo que de ascendencia italiana. En cualquier caso, su novela, publicada por Plaza & Janés (Random House Group Editorial), 2011, en formato electrónico, con traducción de Manuel de los Reyes García Campos, se clasifica en el género de la ciencia ficción, aunque es en realidad una mezcla de géneros y subgéneros, como sucede muchas veces con la Ci-Fi.

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De alguna forma, Emiko, la «chica mecánica», reúne las virtudes superiores de la mujer japonesa según el punto de vista de los propios nipones. Una «tontá» como otra cualquiera, porque las mujeres japonesas son tan diversas como las de cualquier otro sitio, aunque compartan más o menos una cultura común. Unos cuantos ejemplos en las fotos, de esta diversidad.

La acción nos lleva a Bang Kok en algún momento del futuro no excesivamente lejano. En algún lugar he leído que si en el siglo XXIII… aunque no soy consciente de que ese dato venga así de claro en el libro. En cualquier caso, la situación es cuasiapocalíptica debido a las guerras y a la catástrofe medioambiental, que ha producido numerosos patógenos descontrolados, hambrunas, crecimiento de las aguas marinas, la ciudad apenas se defiende del mar por unos potentes diques, y una compleja situación en el reino de Tailandia que mantiene su histórica independencia frente a los agentes exteriores. En una mezcla de tramas políticas y económicas, donde se mezclan distintas facciones políticas tais, los intereses de las corporaciones alimentarias occidentales, la biotecnología nipona y todo tipo de mafiosos del inframundo, una «chica mecánica» («windup girl» en el original), producto biológico de inteligencia artificial nipón va a ser el centro que llevará a una violenta crisis.

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Mezcla de steampunk, ciberpunk y biopunk, este último término no lo había leído hasta hace poco, encontramos un futuro en el que una mezcla de tecnologías ultramodernas y antiguas ha configurada una sociedad con dificultades tremendas para su sostenibilidad energética, alimentaria, política y económica. Todo ello, con algún tono paranormal, cuando hasta los espíritus que según los budistas buscan donde reencarnarse, tienen algún papel. Por supuesto, la enésima reflexión de fondo sobre la humanidad de una inteligencia artificial de tipo biológico y con un aspecto y comportamientos muy similares a los de los seres humanos, pero al mismo tiempo con caracteres que pueden fomentar el «síndrome de Frankenstein» del que hablaba Asimov en sus relatos de robots.

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La novela mereció en su momento varios premios importantes, entre ellos el prestigioso Premio Hugo. Desde mi punto de vista, el relato es muy moroso en su desarrollo aunque alcanzado la mitad de su extensión, quizá un poco excesiva, pero a la moda, empieza a animarse llevando hacia el final a una sucesión de clímax y anticlímax, de sucesivos finales, que supones que no van a ser los definitivos porque siendo un producto americano, al final tiene que haber algún tipo de justicia y los malos castigados. Aburren un poco los norteamericanos con esta manía del «final feliz» o «infeliz pero poco».

Resumiendo, buenos e interesantes mimbres para un producto final que se deja leer, que entretiene, pero que no es para tanto.

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[Arte] Exposición de Iris Lázaro en La Lonja

Arte

En las últimas semanas me he paseado por varias exposiciones. Un par de ellas de fotografía, ambas en visita colectiva organizada por Fotógraf@s en Zaragoza, y otra de pintura, la que hoy os presento aquí, de la pintora Iris Lázaro que se puede visitar desde hace unas semanas en La Lonja.

Sobre las exposiciones de fotografía, por llevarme la contraria a mi mismo respecto a lo que suelo hacer, no voy a decir gran cosa. Me pillaron en la semana a continuación de mis vacacione, un poco saturado de ir con la cámara a todas partes, y asistí a ellas con una actitud más pasiva de lo habitual. No obstante, de la más interesante para mí, «Albino» de Ana Palacios, que se encuentra en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, fue ampliamente reseñada en el blog de Fotógraf@s en Zaragoza, y os animo a visitar este artículo. Fue especialmente interesante por contar con la propia fotógrafa como guía de excepción de la visita.

La otra, «Zaragoza años 20», organizada por la Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza, tuvo un carácter un poco más anecdótico. La curiosidad de comparar la ciudad de hace casi 100 años con la de ahora.

Pero el domingo de final de mis vacaciones, sin tiempo para pararme con detalle, vi que estaba la exposición de pintura que aquí os traigo en La Lonja de Zaragoza. La pintora, Iris Lázaro.

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Es esta una pintora nacida en un pueblo de la provincia de Soria, Trévago, en 1952, que como muchas personas y familias de esa provincia abandonaron su lugar de origen. Y se vino a Zaragoza, donde se forma en la escuela de artes… con lo cual de alguna forma, «nos apropiamos» de la figura.

En la exposición veo dos partes, las obras más antiguas, más de juventud, que muestran un cierto descaro conceptual. Muy centradas sobre el universo femenino, tienen sus puntos de surrealismo o simbolismo subyacente. Y sobretodo marcan algo que parecerá una constante en lo que vemos de la obra. Su perfeccionismo. Trazos suaves finísimos, gran detalle en los objetos que pinta. Sin llegar, afortunadamente desde mi punto de vista, al hiperrealismo que a mí me aburre.

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Luego, conforme pasan los años, el tono de la obra cambia, y predomina una sensación nostálgica. Evidentemente, la pintora no ha olvidado sus raíces y pinta repetidamente el paisaje de su pueblo. U otros lugares que evidentemente nos trasladan un cierto grado de calma melancólica. Esa nostalgia por algo que mencionaba, sea o no sea su pueblo.

Toda esta parte de la exposición, sin negar el virtuosismo técnico de la pintora, me parece menos interesante, si os he de decir la verdad. Pero en términos relativos; sigue pareciéndome una exposición interesante de visitar.

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Hacia el final de la exposición hay algunas marinas muy interesantes, un par de bodegones que me llaman la atención, y un retrato de sus padres… que me deja muy frío. Quizá no sea el retrato el fuerte de la pintora… En cualquier caso, una exposición interesante y agradable que se puede recomendar ver a quien esté por Zaragoza, sin dudarlo.

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[Fotos] Formato medio en color – Parque del Agua con FeZ y la Hasselblad y el Pilar con la Makina 67 – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía

Recién cogidas mis vacaciones de principios de otoño, un par de días antes de salir de viaje a Hong Kong, participé en un paseo fotográfico por el Parque del Agua de Zaragoza en compañía de la buena gente de FeZ (Fotógraf@s en Zaragoza). Utilicé la Hasselblad 503CX.

Después del viaje, probé mi «nueva» Plaubel Makina 67 con unos carretes en color. Los resultados por aquí. Siguiendo el enlace, los detalles. Para quien no le interesen, aquí dejo unas cuantas fotografías.

Origen: Formato medio en color – Parque del Agua con FeZ y la Hasselblad y el Pilar con la Makina 67 – Fotografía y otras artes visuales.