Lecturas de vacaciones; algo serio y algo «menos serio»

Literatura

Siempre las vacaciones son un buen momento para leer. Incluso cuando uno se va de viaje con el correspondiente ajetreo de los desplazamientos y las visitas, es posible encontrar momentos para enfrascarse en la lectura de buenos libros.

Es mi costumbre llevarme dos libros a los viajes, en formato de bolsillo, y al menos uno de ellos procuro que esté relacionado de alguna forma, directa o indirectamente, con el destino del viaje. Con esta filosofía, a mi reciente viaje por Munich y alrededores me he llevado un clásico del siglo XX de la literatura alemana. No es otro que Sin novedad en el frente de Erich Maria Remarque. Como segunda opción, he optado por algo menos trascendente, en concreto El restaurante del fin del mundo de Douglas Adams.

Hacía tiempo que quería leer algo de Remarque, de quien conocía su obra por las adaptaciones al cine de algunas de sus novelas. En concreto, la interesante Tiempo de amar, tiempo de morir (el título original de la novela es Tiempo de vivir, tiempo de morir, pero ya se sabe que las cosas del cine…), la floja adaptación Arco de triunfo, y la más que interesante y temprana adaptación Sin novedad en el frente. Me encontré en una librería una versión de bolsillo de esta última novela, y me dije… «para el viaje a Munich».

No diré otra cosa más que me la merendé en el viaje de ida. En un día. Es una novela poco extensa, que con gran acierto va narrando diversos episodios en la vida de un soldado reservista alemán de apenas 20 años cuando comienza el relato, durante la Primera Guerra Mundial. El estilo es directo y claro tanto en la narración de la acción como en las descripciones de las personas y los ambientes. Pero sobretodo, es claro y directo en sus opiniones y en sus sentimientos puestos en boca del soldado protagonista. Remarque participó también como soldado en esa contienda, y se ve que sabe de lo que escribe. La novela es una de las piezas fundamentales de la literatura antibelicista, ya que expone sin ambages el sinsentido de la guerra. Pero también es una obrá básicamente antimilitarista, al describir la deshumanización y la alienación del soldado en una estructura, la militar, donde todo lleva a la eliminación de la personalidad del individuo que si no no podría enfrentar la idea de la muerte en un acto tan absurdo e irracional como la guerra. Después de leerlo, creo que es un imprescindible. Absolutamente recomendable.

El otro libro, al que le dediqué algunos ratos esporádicos del resto de las vacaciones, es la continuación de la acción narrada en La guía del autoestopista galáctico. No sé muy bien porque la elegi, porque la obra original que continúa me divirtió pero no me entusiasmó. Siempre he bordeado el friquismo en los temas de ciencia ficción, pero siempre he conservado un punto de escepticismo y de racionalidad que me ha impedido caer en «el vicio». Reconozco que el cachondeo sobre los vogones, el 42, o el campo de improbabilidad me divierten mucho… y que quedé enamorado de Trillian en su adaptación cinematográfica… pero, tampoco esta novela nunca me pareció para tanto (la película me parece incluso bastante fallida).

La cuestión es que, tal vez por las bajas expectativas, esta continuación me ha parecido divertida y entretenida. No entraré en mucho detalle. Humor absurdo basado sobre diversas teorías científicas reales o hipotéticas, que sirve al interés del autor por criticar los comportamientos más estandarizados de la especie humana, y en especial de eso que se ha dado en llamar «la clase media». Bueno. Para los que gusten de un poco de ciencia ficción entretenida, recomendable. Los que no, que lean otra cosa.

La imagen de hoy, una belicosa escultura en la Frauenkirche de Munich, Alemania.

Frauenkirche

(Pentax K10D, SMC-DA 40/2,8)

Última mañana en Munich; Deutsche Museum, sopa y de vuelta a casa

Viajes

Hoy nos hemos dividido al principio de la mañana. A mí no me apetecía ver tiendas. Así que entre las 10 y las 12 de la mañana, me he dirigido al Deutsche Museum para echar un vistazo al que dicen que es uno de los mejores y el más grande de los museos de la ciencia y de la técnica de Alemania, o sea de Europa. Tan grande es que apenas he paseado someramente por alguna de sus salas.

Las salas más visitadas probablemente sean las de la navegación y de la aeronáutica, por la espectacularidad de las naves expuestas. A parte de barcos y aviones diversos, me ha llamado la atención que, de alguna forma, presumen de ser inventores del cohete. Y por ello, exponen una V2. Una de aquellas bombas volantes que los nazis usaron para bombardear Gran Bretaña. Curioso avance. Eso sí. Ninguno de los vehículo de la época aquella luce la cruz gamada. Está prohibida en Alemania.

No dispone de salas dedicadas al ferrocarril como sí tiene el museo de Berlín, hay que contentarse con modelos ferroviarios a escala. Eso sí, disponen de una maqueta funcional que ponen en marcha tres veces al día que hace las delicias de grandes y pequeños. Controlada digitalmente, también tiene cámaras en todo el circuito, incluido en alguno de los trenes que se desplazan, y que emiten por diversas pantallas.

Camino de la sección de fotografía, obligatoria para mí, me he entretenido un rato viendo como trabajaba un vidriero. Luego, he consumido el resto de mi tiempo admirando todo tipo de aparatos fotográficos. Pensaba que estaría más dedicado a los aparatos alemanes, pero había una buena selección de diversos hitos de la fotografía de todo el mundo. Bien.

A mediodía, nos hemos reunido en el Viktuelmarkt, donde hemos tomado un piscolabis muy muniqués a base de sopa y weißbier (la alternativa hubiese sido weißwurst y weißbier, pero era demasiado weiß, y ya la probamos en el Spitze).

Tamibén he admirado allí a un ciudadano que lejos de tirar de cámara digital, se mantenía fiel a su Leica con montura de rosca, con un teleobjetivo y un visor múltiple de revolver. Que estupendo.

Después, a recoger las maletas al hotel, coger el S-Bahn al aeropuerto,… y para casa. Se acabó.

Salzburgo: Mozart, sonrisas y lágrimas, y lluvia, mucha lluvia

Viajes

La primera vez que supe algo de Salzburgo fue una de las varias en las que siendo niño mi madre me llevó/obligó a ver Sonrisas y lágrimas, en las que una virginal novicia acaba liando a un «pobre» viudo con una caterva de hijos a cual más ñoño. Eso sí, parecía ser todo muy bonito, con muchos montes, y con calles y paseos muy monos para montar en bicicleta y cantar canciones sobre el do, re, mi,… etc, etc.

Bueno, sí, muy bonito, pero hoy todo con un nublado de preocupar. Y tan de preocupar que lo que ha hecho ha sido llover casi todo el día. A ratos, con cierta intensidad. Si hasta se estaba produciendo una invasión de babosas. Me refiero a los limacos,… había también muchas señoras y señoritas de diversas partes del mundo invadiendo la ciudad, pero no me atrevo a calificarlas con tan grosero adjetivo.

La ciudad es bonita en sí. Tiene sus jardincitos bien cuidados, sus casas monas, su río, sus puentes,… vamos lo que toca. Hay una calle, la Gedartegasse, llena de tiendas. Y por consiguiente llena de turistas. Los cuales hoy andaban muy decepcionados porque al parecer es fiesta. Supongo que en Austria, o al menos en Salzburgo, también celebran la Virgen de agosto. Son muy católicos ellos. Hasta el punto de que durante gran parte de su historia, Salzburgo fue un electorado del Sacro Imperio, cuyo príncipe elector era el arzobispo de la ciudad. Estos curas nunca han entendido bien qué quiso decir el Cristo con aquello de «al Cesar lo del Cesar, y a Dios…», lo que fuere.

Dominando la ciudad, una imponente fortaleza con sus torreones, sus almenas y sus cañones. Se sube en funicular. También puedes subir andando, pero la gente que lo hacía llegaba bastante cansadica. Así que lo mejor es caminar cuesta abajo, y que te suban tirando de la cuerda. En cualquier caso, teniendo en cuenta que las vistas estaban poco vistosas por culpa del nublado y la lluvia, la fortaleza en cuestión tampoco tenía mucho de donde rascar.

Más majetes son dos antiguos cementerios, el de la Iglesia de San Pedro y el de la Iglesia de San Sebastian. Muy recoletos y muy cuidados. El primero me ha gustado más por lo recogido y lo vistoso de sus tumbas. El segundo más seriote, hecho para más gloria de uno de los príncipes-arzobispos de la ciudad, tenía alguna celebridad enterrada. La que más me ha llamado la atención ha sido la tumba de Paracelso, de los médicos el más excelso. El epitafio, en latín, miente bastante. Ni harto de vino era aquel buen hombre capaz de curar la lepra. Pero eso es lo que dice, según las traducciones que por allí han puesto.

Finalmente, el rollito de Mozart. Porque el famoso músico nació en el lugar. Y allí le han puesto una estatua todo serio y majestuoso. Nada que ver con el descerebrado que retrato Milos Forman en su excelente película Amadeus. Pero nada. Eso sí, luego su música hay quien se la toma en serio, y otros la tocan con balalaicas. Si el bueno de Amadeo levantara la cabeza…

Bueno. Mañana es día de regreso. Aún podremos dedicar la mañana ha ver algo por Munich. Quizá nos acerquemos al enorme Deutsche Museum, el mayor museo de ciencia y tecnología del país y de Europa. O quizá no, y si eso nos dedicamos a pasear si sale bueno. Ya os contaré.

Aire fresco, sol, montañas, lagos,… los Alpes, el Zugspitze

Viajes

Después de todos estos días de patear medio urbano, nos apetecía un poco de aire libre. Desintoxicarnos, y aspirar un poco de oxígeno del de verdad. Y chico, teniendo los Alpes tan cerca… Claro que el pronóstico meteorológico no lo ponía nada claro. Podíamos encontrarnos un mar de nubes ocultando las montañas… pero ha habido suerte. Empiezo por el principio.

Lo primero, nos hemos acercado a la Hauptbanhof de Munich para coger un tren que nos llevara a la olímpica ciudad de Garmisch-Partenkirchen. La de los saltos de esquí de Año Nuevo. Como casi todas las estaciones alemanas, un hervidero de gente. Claro que aquí no se llevan las tontadas de las estaciones españolas, y así, puedes encontrarte un ICE primo hermano de los AVEs que hacen la ruta Madrid-Zaragoza-Barcelona, estacionado en el andén con unas mochileras en bici a su lado. Sin controles de billetes, sin restricciones de acceso a los  andenes, sin segregación de viajeros pobres y ricos; nada, aquí todo el mundo se mueve por donde quiere. Eso sí, si ve esto el responsable de comunicación e imagen de Renfe igual sufre una ataque de corazón. Con lo elitistas y soplapollas que se han vuelto con sus AVEs.

Y no sólo es eso. Junto al tren que ibamos a coger estaba estacionado uno de la compañía Arriva-Alex en dirección al Lago Constanza, Bodensee en alemán. Hasta el monopolio de la todopoderosa DB se acaba.

Una vez llegados a Garmisch-Partenkirchen la cosa era llegar hasta el Zugspitze, el pico más alto de Alemania con algo más de 2960 metros de altitud. Y para ello había que coger una combinación de tren de cremallera, cuyo trayecto incluye más de 4 kilómetros subterráneos en la montaña, y teleférico hasta casi la cumbre. Impresionante obra de ingeniería en su conjunto.

El enclave junto al pico está a caballo entre el Estado Libre de Baviera en Alemania, y el Tirol austriaco. Eso sí, la mayor parte de las instalaciones están en el lado alemán, con otro teleférico que sube desde el Eibsee y otro desde el lado austriaco.

A la cima se puede subir, pero hay que trepar un poco. Y aunque han puesto escalerillas y agarres en los pasos más dificiles… pues nos hemos abstenido. Cuando uno va de dominguero… pues va de dominguero. Aunque sea un jueves. Pero no faltaban los valientes.

El regreso lo hemos hecho por el teleférico que baja al lago de Eibsee, donde nos hemos montado en una barquita para un modesto pero majo recorrido de 25 minutos. El patrón iba dando datos… pero en alemán. La verdad es que era un soso de mucho cuidado. En cualquier caso, los paisajes, con los montes y la abundancia de bosque, han sido realmente bonitos.

Hasta ese momento, el día ha estado radiante, pero al llegar de regreso a Garmisch-Partenkirchen con el cremallera, se ha nublado a base de bien. Pensábamos pasar la tarde en esta cuca población formada por dos obligadas a unirse por Hitler para la celebración de los Juegos Olímpicos de invierno del año 1936.

Todo muy turístico. Un centro de veraneo, más que otra cosa. Por lo menos Garmisch, que en Partenkirchen no nos hemos atrevido a pasear porque se estaba preparando una buena que se ha desatado nada más coger el tren de regreso a Munich.

Lleva toda la tarde lloviendo. Hemos descansado un rato en el hotel, nos hemos bajado a cenar y tomar un chisme por los alrededores, y nos hemos vuelto al hotel a charrar tranquilamente. Mañana excursionamos a Salzburgo. Esperemos que con lo que está lloviendo hoy mañana se lo tome con más calma, porque si no en Austria… ¡nos vamos a mojar!

Un bonito día en Munich, que empezó con lluvia y acabó con sol radiante

Viajes

Lloviendo se pegó toda la noche pasado. Poco, pero lloviendo. Y lloviendo estaba cuando hemos salido del hotel camino del Schloss Nymphenburg. Un palacete estilo Versalles pero en pequeño que se hicieron los Duques de Baviera.

El día se ha ido aclarando muy poco a poco. Así que hemos recorrido los bonitos jardines del Schloss, con un nubladillo suave. La verdad es que mejor para no pasar calor. A la hora de comer, ya hemos disfrutado de un almuerzo bávaro al aire libre, rodeados de conspicuos señorones y señoronas del país.

Por la tarde, nos hemos impregnado del espíritu olímpico visitando el Parque Olímpico de Munich 72. Por supuesto, obligado subir a la Olimpiaturm de muchoscientos metros de altura. Luego nos hemos ido a subir una de las colinas del parque. No son naturales. Son la consecuencia del desescombro de la ciudad tras la Segunda Guerra Mundial. No parecía muy alta, no. Pero lo era. Las vistas, también bonitas.

La tarde estaba a esas alturas tan estupenda, tan soleada y agradable, que nos hemos ido de cabeza a un Biergarten que fichamos ayer en el Englische Garten. Se estaba de muerte. Y lo mismo opinaba el montón de muniqueses que habían ido allí a beberse sus weißbiers y a empujarse sus buenas salchichas y codillos.

Después, una paseo (largo, más de lo que imáginábamos) por las orillas del Isar, con sorpresa en forma de puesta de sol desde un monumento con similitudes a la Siegesaule berlinesa. Así, una especie de victoria alada y dorada sobre una columna. Pero más chiquita. Estaba mono. Con mucha gente joven viendo ponerse el sol. El momento ha estado muy bien.

En la cena, palique con una catalana y un valenciano que llevaban un par de semanas viajando por el país. Un pis y a la cama. Mañana más.

Visitando Munich, con sol, lluvia y nublado… y gente, bastante gente

Viajes

Por lo menos en el centro megaturístico en los alrededores de la Marienplatz y del Neue Rathaus. Pero es así. Qué se le va a hacer. La mañana ha sido muy agradable. Soleada. Casi con calor. Pero muy llevadero. Hemos ido caminando desde el hotel, haciendo la primera parada en la catedral, la Frauenkirche, que por fuera es un talabarde de ladrillo, pero por dentro no está mal.

Como ahora están en fiestas en Huesca, me he acordado de ellos, y les mando a San Lorenzo que estaba ahí con su parrillica en la catedral de Munich. Aunque a mí lo que me ha hecho gracia han sido las niñas gemelas que correteaban por el templo.

Después hemos salido a Marienplatz dónde hemos visto a unos monigotes bailar al son de un carrillón. Pues eso. Como lo que se puede ver las ciudades de media Europa Central. Que conste que este no esta mal, que hay hasta una justa a caballo… gana el bávaro claro.

Para ver mejor la Marienplatz y el Neue Rathaus nos hemos subido a la torre de la Peterkirche. Allí, además de disfrutar de las vistas, hemos disfrutado de codazos y empujones, así como de alguna otra que otra discusión ya que… no se cabe. Es muy estrechito. Y había mucha gente… claro que con lo que vale… sólo cobran 1,50 euros.

Hartos de los codazos, nos hemos ido al Viktualienmarkt, donde hemos visitado varios puestos y hemos empinado un poco el codo en una de las muchas cervecerías que sirven para refrescar el gaznate de compradores y vendedores, en los días de calor… y en los otros. Por cierto, hemos comenzado nuestro romance apasionado con esas bávaras rubias que tanto me gustan. A la weißbier, o cerveza de trigo, me refiero, claro. ¡Qué buenas están!

Hemos comido unas salchichas típicas y tópicas… con más weißbier, claro,… y luego hemos ido a ver la Residenz. Es el palacio ducal, y sopongo que también real durante el siglo XIX, de los mandamases bávaros. No está mal. Hay alguna sala que es muy aparente.

Mientras visitábamos la Residenz, se ha puesto el sol tras unas feas nubes que nos han traído un chaparrón que había parado al salir. Pero ya no ha vuelto a salir el sol. Así que con ánimo más sombrío hemos emigrado hacia el norte, hacia el barrio de Schwabing, donde nos habían dicho que había buen ambiente. De camino, un arco del triunfo y algo de música callejera. De buen nivel, tanto musical, como… bueno, eran majas. Lo del buen ambiente, debe ser en época no vacacional. Ahora, muchos de los garitos, mucho más monos que los turísticos del centro, estaban cerrados por vacaciones.

Antes de cenar, y a pesar de lo tristona que estaba la tarde hemos vuelto recorriendo el Jardín Inglés. Este es un parque grande del copón, que ya me gustaría ya que tuvieramos en Zaragoza uno la mitad de aparente, con tanto arbolito, estanque, praderas de cesped impoluto, y sobretodo unos hermosos biergartens que hoy estaban casi vacíos al no acompañar la tarde. Supongo que con sol y buen tiempo estarán de culo en bote.

En fin, mañana seguiremos un rato. Pero al siguiente, sospecho que nos iremos de excursión a algún sitio. Lo que pasa es que no sabemos dónde todavía. Lo de irse a los alpes, con el tiempo tan indeciso… está un poco crudo.

Estamos en Munich; está muy animada,… y llueve

Viajes

He salido solico en un AVE hasta Barcelona, donde me he unido en la estación de Sants con el resto de la (pequeña) expedición. Destino, Munich, la capital bávara. Salchichas, cerveza y mocetonas (y mocetones, para quien esté interesada) recias y rubias. Suponíamos.

Munich nos ha recibido con un bonito sol… que en poco rato se ha escondido detrás de unas feas nubes, y ¡ale! a llover cada tanto. Así que nada, chubasquero y paraguas y a pasear. Claro que las nubes y la lluvia no han impedido que en una ciudad que fue olímpica allá por el 72, ¡qué barbaridad, cuánto tiempo!… ¡y me acuerdo de cosas!, como decía, esta ciudad se manifieste contra los desmanes chinos en el Tibet. Pues vale.

La ciudad es grande, y se ve que tiene vida propia, que no depende del turismo. Se nota mucho porque los bares y los restaurantes suelen tener las cartas y los carteles sólo en alemán. El que venga de fuera que se espabile. Si dependieran del turismo, seguro que serían más políglotas. Sin ánimo de ofender.

En cuanto a lo de las mocetonas rubias… pues lo que más se ven son islámicas más o menos (más bien más) veladas. Burka no hemos visto, pero cosas parecidas sí. No sé si es la colonia inmigrante, o es que los acomodados de los países islámicos se vienen de vacaciones por aquí. Puede que una mezcla de ambas.

Así que nada, después de echar algún vistazo a algún monumento, y a alguna calle típica nos hemos ido a cenar. Nos hemos moderado. Nos ha tentado alguna taberna de estilo bávaro… pero era empezar a entocinarse en exceso. Así que hemos buscado algo más moderado.

Luego hemos vuelto paseando al hotel, encontrándonos aquí y allí con animosos grupos de música callejera, todos ellos con muy buen nivel, acomodándose donde pudieran guarecerse de los esporádicos chubascos. Ale, mañana más.

Algo de Juegos Olímpicos y… ¡me voy de viaje!, escapadita por Alemania

Deporte, Política y sociedad, Viajes

Creo que voy a ver poco de los Juegos Olímpicos. Creo que salvo que uno esté de vacaciones y tenga mañanas para ver pruebas en directo, o se contente con retransmisiones en diferido, con los horarios chinos, no es cómodo dedicar el ocio a ver las retransmisiones.

En mi caso, esta próxima semana sí que voy a estar de fiesta, pero… me voy de escapada al sur de Alemania. Hotel en Munich y desde allí alguna excursión a Salzburgo o algún otro sitio dependiendo de la climatología. Nos gustaría acercarnos a Garmisch-Partenkirchen, donde los saltos de esquí de Año Nuevo, y coger el cremallera y los teleféricos al Zugspitze, pero no anuncian muy buen tiempo para esta semana, así que ya se verá. Como viene siendo habitual, si las brujas de internet y la infraestructura de los hoteles son favorables, iré subiendo entradas del viaje, con las fotos correspondientes. Aunque tampoco me voy a dar mal. Si no está muy favorable, las subiré «en diferido». Con la fecha correspondiente, pero a la vuelta.

Así que esta semana, pocos Juegos voy a seguir. Y la semana siguiente volveré a currar… así que… pues nada. Ya hace tiempo que veo poco de estos acontecimientos. Aunque me gustan. Sobre todo porque uno puede ver algún deporte poco habitual.

Este fin de semana he visto alguna cosica. Por satélite están retransmitiendo hasta por tres cadenas. He de decir que el nivel de las retransmisiones es muy bajo. Ayer, vi el final de la prueba de ciclismo en carretera. En un momento dado, opté por seguir los comentarios por la radio ante el aburrimiento que producía RTVE y Eurosport. Pero la retransmisión de la SER tampoco era muy allí, y además con el problema de que iban adelantados con respecto a la imagen de la televisión. Un rollo. Alguna retransmisión desde las piscinas por Teledeporte ha resultado también otro rollo. Muchas interrupciones publicitarias, en momentos poco apropiados, y cortando el ritmo de la retransmisión. Además, anuncios muy cutres. No sé si se darán cuenta las empresas anunciadas que con esta estrategia se convierten en marcas odiosas. Vamo que causan rechazo por la molestia que producen. Dudo de que así se venda más; aunque para todo hay.

La fotografía de hoy corresponde a mi último viaje por Alemania, hace 10 meses. Dresde, en concreto.

Puente de Albert

(Pentax *ist DS; SMC-A 50/2)

Hancock (2008)

Cine

Hancock (2008), 7 de agosto de 2008.

En este oficio tan complejo de ir al cine en verano, por la falta generalizada de calidad de los productos cinematográficos, tomamos la decisión de hacer evasión total, y contentarnos con lo que nos pudiera ofrecer el director Peter Berg en una película de superhéroe, aunque no al uso. Las ventajas a priori, la presunta originalidad del personaje y la presencia de la guapísima Charlize Theron, en un papel aparentemente de florero, aunque… ya veremos después. Los inconvenientes a priori, el progonismo del muchas veces insoportable Will Smith, y bueno,… es una de superhéroes en verano. Qué más se puede decir.

La verdad sea dicha, tenía unas expectativas tan bajas, que casi me pareció bien. Casi. La ídea de la película está bien. Un superhéroe cutre, casi antiheroico, borracho, depresivo. Pero el desarrollo tiene graves lagunas. El guion es muy poco consistente. Y el protagonista, poco adecuado. Esta película tendría que haber sido más adulta, menos preocupada en llegar a todo el mundo, niños incluidos, para que hubiese tenido miga. Por otro lado, el papel de la Theron no es de florero… el papel florero resulta el del marido. Pero no está bien desarrollado. Y la relación con el protagonista es muy inconsistente, y en algunos momentos, muy metida con calzador.

En resumen, una buena idea, mal aprovechada, con un mal protagonista, y con carencias en todos los frentes, que a pesar de todo te entretiene en una tarde de verano. Le pongo un seis, con un cinco en interpretación y un seis en dirección.

En la fotografía de hoy, ¿monstruos malos amenazando a una niña pequeñita? ¿llamamos a Hancock? No, símplemente esculturas de Manolo Valdés en el Paseo de la Independencia de Zaragoza.

Cabezas grandes, niña pequeña

(Canon Digital Ixus 860 IS)

A Huesca en tren

Política y sociedad, Trenes

Hoy tenía el coche en el taller. Revisión rutinaria. Así que he tomado un transporte público. Para ir de Zaragoza a Huesca a primera hora de la mañana, y volver tras la jornada continua de mañanas. 76 kilómetros. Un trayecto regional. Casi de cercanías.

Una vista del tren en la estación de Zaragoza-Delicias.

Avant en Delicias

(Canon Digital Ixus 860 IS)

Pues bien. Una vez más el papanatismo de este país. ¿Os podéis creer que para un viaje tan simple, la Renfe monta control de accesos como si estuvieramos embarcando en un vuelo al extranjero, poco menos? Un gasto tremendo en gente, una pérdida de tiempo para los viajeros que tienen que tener en cuenta esta estúpida liturgia a la hora de prever su llegada a la estación,… y curiosamente, con todo este aura de cosa especial y de calidad, el tren vacío.

¿Algún día, a estos inútiles engreidos, responsables políticos y gestores de empresa, les dará por viajar por el mundo para ver cómo los trenes son utilizados con comodidad por los viajeros, y cómo entonces van llenos? Cualquier parecido con nuestra realidad, es pura coincidencia.

Papanatas; que son una panda de papanatas. Tontos.

Emocionante carrera en Hungaroring

Deporte

Hacía bastantes semanas que no veía entera la retransmisión de un Gran Premio de Fórmula 1. Soy muy poco constante con los deportes. Aquellos que me interesan, los sigo durante un tiempo, pero enseguida encuentro otras cosas que hacer y pierdo ese interés.

Curiosamente, la carrera en Hungaroring, un circuito que tiende a ser soso, fue emocionante. Los percances que sufrieron algunos de sus principales protagonistas, abrió las posibilidades a otros, y ahí tenemos al aleman Timo Glock colocado en segunda posición del podio con su Toyota.

Pero quizá lo más sorprendente fue la rotura del motor del Ferrari de Felipe Massa a falta de tres vueltas para el final de la carrera. Una carrera que el brasileño merecía más que de sobras. Nos regaló un bonito adelantamiento en la salida de la prueba, dejando a Hamilton con un par de narices, y con una rabia que probablemente le pasó factura en forma de pinchazo.

Al final, victoria de un anodino Kovalainen, que estuvo hay sin más, corriendo con lo que le da su buen coche, aprovechándose de las desgracias ajenas. Una pena. Pero esto es así.

Espero que se acaben las desgracias para Ferrari y sus pilotos, y alcancen la regularidad que necesitan para imponerse en el mundial.

La imagen de hoy, la «recta principal» de las calles de Zaragoza, el Paseo de la Independencia, al atardecer.

Atardecer en el paseo

(Canon Digital Ixus 860 IS)

El incidente (2008)

Cine

El incidente (The Happening, 2008), 2 de agosto de 2008.

Extraña sesión de cine. Por varios motivos. Primero, porque me habían dicho que la película podía ser de miedo, que en el cine actual suele querer decir de sustos. Y no me gustan. Me lo paso mal cuando me sobresalto. Segundo, porque hacía mucho tiempo que no iba al cine un sábado por la tarde. Si ya normalmente el público de Zaragoza es comilón y hablador en las salas de cine, ruidoso en una palabra; lo de los sábados puede ser insufrible. Y así fue. Tercero, porque me había propuesto NO ir a ver esta película ante la avanlancha de malas críticas. El cine de M. Night Shyamalan me produce sensaciones muy contrapuestas, habiendo películas que me han gustado, sin llegar al entusiasmo, mientras que otras me han aburrido o me han desagradado. Y no necesariamente en el mismo sentido que la mayoría del público.

Bueno, pues dos de tres. La única de las condiciones a priori que no se cumplió fue la primera. No te asustas nada. De hecho, todo el es tan plano, desde la sucesión de acontecimientos a las interpretaciones de los actores y actrices que llega un momento que te importa un rábano lo que sucede o lo que les sucede a los personajes. He leído en algún sitio que la película tiene un cierto tufillo a las películas de fantasía o ciencia ficción de la serie B de los años 50. Puede, en algunas cuestiones. Pero aquellos filmes, en su limitación de medios, tenían una mezcla de imaginación para salvar los obstáculos derivados del limitado presupuesto y de ingenuidad en los planteamientos que las hacen muy simpáticas. Aquí no hay nada.

Evidentemente, no soy tan superficial como muchos críticos o espectadores que se sienten defraudados ante la naturaleza del macguffin que provoca la situación de la película y su desenlance. Pero para ellos si no han entendido que la naturaleza del macguffin es secundaria. Lo importante es la naturaleza de las emociones que produce en los personajes y como estas se trasladan al espectador. Y la angustia que deberíamos sentir, no la sentimos. Debieramos tener miedo. Ante una muerte cuya naturaleza conocemos pronto, terrible, sin monstruos o sustos por el miedo, autoinfligida. Pero no tenemos miedo. Los cadáveres nos dejan fríos. Y el final, que hace que el argumento tenga un carácter cíclico, no nos aterra. Nos deja con la sensación de que menos mal que no tenemos que volver a aburrirnos. Que nos vamos a bebernos unas cervecitas y a olvidarnos de la cuestión.

La interpretación no puede con el planteamiento de la película. El peso principal lo lleva Mark Wahlberg, que no consigue apañar los fallos del filme. Es un actor relativamente inexpresivo; lo cual no es malo en determinados filmes, pero muy inadecuado en un largometraje que debería trasmitirnos sensaciones y sentimientos. La acompañante, la guapa Zooey Deschanel, tiene un papel mal definido. Se supone que es un personaje en crisis, especialmente en su matrimonio, pero no nos creemos nada, no nos transmite nada. Hay niña, pero esta vez no roba la película. Otros actores, como el interesante John Leguizamo, tienen un papel demasiado limitado para influir en el resultado final del filme.

En resumen, una película fallida. Técnicamente, correctamente realizada, pero que fracasa en el objetivo de transmitirnos la angustia y los miedos que debería transmitir. Un cinco y va que chuta, con otro cinco en la dirección y un seis en la interpretación.

Buena parte del filme transcurre en la campiña de Pensilvania. La foto de hoy, no pertenece a esa commonwealth norteamericana, sino a la campiña en los alrededores de Almudévar, Huesca.

Casita en la Violada

(Canon Digital Ixus 860 IS)