[Libro] Terminal boredom – Izumi Suzuki

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. ….

Último libro que leí en 2025. Y que me llevó más tiempo del que pensé cuando empecé a leerlo. Porque el primero de los siete relatos que componen esta colección de la japonesa Izumi Suzuki, me pareció bastante interesante. Suzuki fue una escritora y actriz de pinku eiga, películas eróticas en Japón que serían hasta cierto punto equivalentes de las «clasificadas S» de nuestra transición. A priori películas de contenido sexual, pero con sexo simulado, frente a las pornográficas en las que es explícito. Llevó una vida tormentosa, y se suicidó con 36 años. En cualquier caso, en los años 70 del siglo XX tuvo un cierto éxito con relatos de ciencia ficción que trataban de temas muy actuales sobre la identidad personal, la libertad y la alienación que la sociedad impone. Este último un tema muy apreciado por los escritores nipones. Con un estilo emparentado con las estética punk que se fue desarrollando en aquellos años, recientemente encontré la recomendación de este libro, como una colección de relatos muy actual, a pesar de los cincuenta años que han pasado desde que se concibieron.

El libro lo he leído en inglés, porque es lo que tenía disponible en mi tienda de libros electrónicos habitual. Pero por lo que veo a finales de diciembre de 2025, cuando ya llevaba yo muy avanzada su lectura, se publicó la versión electrónica del libro en castellano bajo el título Aburridísima. Me gusta más lo de Aburrimiento terminal, por la connotación de fatalidad que conlleva el término. Las historias son diversas, todas tienen un componente de ciencia ficción o anticipación, generalmente con tonos negativos. La hibernación masiva de la población en un mundo que se queda sin recursos, una sociedad femenina con los hombres viviendo en reclusión y mantenidos con fines reproductivos, una pareja cuya única ocupación y aliciente es ver la televisión en un estado de aburrimiento crónico (el que da título a la colección), relaciones con extraterrestres que pueden desembocar en una guerra interestelar como metáfora de las xenofobias y los racismos, la identidad sexual de una japonesa cuando no está en su represivo país natal… En fin, una variedad de temas, pero todos alrededor de lo que deshumaniza a la persona cuando vive en sociedad presuntamente avanzada y urbanizada.

Como ya he mencionado, las primeras historias que leí me atrajeron. Esa primer en la que se presenta la falacia que hibernar a gran parte de la población puede ser la solución a los problemas de recursos, como si estos fueran a mejorar en un futuro y con un número de personas todavía mayor al despertar… O quizá nunca despierten. Al mismo tiempo que reflexiona sobre el sentido de la amistad y de la proximidad entre personas distintas en carácter y aspiraciones. Pero luego la cosa se desinfló un poquito. La escritura de Suzuki, en lo que se pueda apreciar en una traducción del japonés al inglés, parece muy solvente. Pero los temas y los argumentos son irregulares, unos más interesantes que otros.

¿Se puede recomendar este libro? Creo que no con carácter general. Aunque es cierto que sus tema son plenamente actuales, su estilo es fruto de una época, y puede no atraer a muchos de los lectores actuales. Pero quien quiera arriesgar un poco leyendo otros estilos, otras culturas, otros momentos históricos, otros enfoques, sí que podrá encontrar cuestiones interesantes. Ya digo que algunos de los relatos son francamente interesantes. Aunque creo que también pudo influir en mi lenta progresión con el libro el que quizá mi estado de ánimo no estuviera en el lugar adecuado para leer este tipo de historias. Eso es algo que influye. Creo que tengo que acostumbrarme a dejarme para navidades lecturas más ligeras. Pero sinceramente pensé que lo terminaría antes de esas fiestas.

[Libro] 2001: A Space Odyssey – Arthur C. Clarke (relectura)

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Un acontecimiento astronómico familiar, pero siempre bello, la puesta de Sol .

Cuando hace unos días comentaba Le Petit Prince y decía que estaba considerando como muy probable que siguiese releyendo libros que son «clásicos» para mí, independientemente de si lo son para otras personas o para los «eruditos», realmente no pensaba que hoy estaría ya comentando otra de esas relecturas. De hecho, ya comenté que me quedaban algunos libros por comentar de los que leí en el 2025. Y después se añadió el primero de los 2026. Pero el segundo del 2026 es una de esas relecturas. Y tras terminarla hace un par de día, decidí que tenía que comentarla ya. Ahora me explico.

En su momento, os hablé de la experiencia de volver la película de Kubrick, 2001: A Space Odyssey. Realmente, esa experiencia me marcó mucho más de lo que esperaba. Yo nunca he «sufrido» eso que se da en llamar síndrome de Stendhal, conjunto de síntomas vasovagales y cognitivoemocionales que se dan cuando se siente una fuente impresión ante una obra de arte u otros conceptos sublimes del saber humano. Algunos psiquiatras lo han estudiado y lo han descrito, pero en estos momentos no está oficialmente incluido en las clasificaciones de enfermedades más reconocidas y utilizadas en medicina. Pero sus síntomas se asocian con frecuencia a los trastornos de ansiedad o de pánico, y estaría ahí incluido. En cualquier caso… a mí no se me ha dado. Pero reconozco que la contemplación de determinadas obras de arte, lugares del mundo, o conocimientos del saber humano, no sólo en las artes y las humanidades, también en las ciencias, me han impresionado y han modificado mi forma de entender algunas cosas. Pero sin síntomas vasovagales. Y esta visualización de la película de Kubrick me afectó. Positivamente. Me hizo recuperar las motivaciones por las que soy aficionado irredento al arte cinematográfico desde mi infancia, incluso si Hollywood y las plataformas de contenidos se empeñan con denuedo en evitarlo. Y una de las derivadas de esa sensación es que decidí volver a leer el libro, la novela, que Arthur C. Clarke publicó unos meses después del estreno de la película. A finales de 1968. Meses antes de que el ser humano pisase por primera vez la Luna. Pero en plena carrera espacial entre los imperios dominantes de la época, el USAmericano y el Soviético.

La historia que cuenta Clarke en el libro es muy similar a la que cuenta Kubrick en su película, de la que Clarke, al fin y al cabo, fue coguionista. Se dice con frecuencia que la película está basada en la novela de Clarke. Y no es así. La película es un proyecto original conjunto de Kubrick y Clarke, según creo a iniciativa del primero, aunque sería el segundo el que propondría inspirarse en uno de sus relatos cortos. Clarke trabajó simultáneamente en ambos proyectos, pero la película se estrenó antes de la publicación de la novela. Varios meses antes. Y presenta diferencias. Algunas más importantes que otras.

Algunas de las diferencias son cosméticas y no entraré en ellas. Entre las esenciales, considero que la película es una obra más filosófica. Aunque se da por hecho la existencia de una civilización extraterrestre que interviene en la evolución de la especie humana, no hay un debate sobre esta civilización. Simplemente es el macguffin que permite plantear la naturaleza y las consecuencias de esta evolución. Inicialmente biológica, como la de cualquier otra especie, pero después también cultural, por la capacidad del ser humano de comunicar conceptos complejos y de conservar memoria del pasado, así como ser capaz de prever el futuro, hasta cierto punto. Si la película empieza con el salto del simio a los primeros eslabones de la humanidad, el final simboliza el nacimiento de una nueva especia, un Homo stellaris, como tantos autores han especulado. Un concepto muy en auge en los años 60 como consecuencia de la carrera espacial que he mencionado. Cuando el salto del ser humano al espacio exterior se percibía como inmediato. El libro especula menos sobre el concepto de evolución, aunque esté ahí, y se enfoca más sobre la existencia de especies inteligentes de ámbito galáctico, consecuencia de diversos saltos evolutivos. Y el punto en el que el ser humano se encuentra en una disyuntiva que puede llevar, o no, a seguir avanzando en ese camino, dentro de un experimento de ámbito también galáctico.

Un tema común y que, más allá de algunas diferencias argumentales, se trata de forma similar es el de la inteligencia artificial representada por HAL 9000. Inteligencia que entra en conflicto ético entre las instrucciones recibidas, el objetivo de la misión y su relación con seres humanos ignorantes del alcance de la misma. Y que siendo incapaz de hipocresía como el ser humano, sin mecanismo de defensa del yo como los adquiridos por la inteligencia biológica a lo largo de milenios y milenios, acaba entrando en una espiral de errores intencionados o no que llevan a la crisis argumental de la novela. He de decir que tanto me gusta la variante argumental de la película como la del libro. Y desconozco que aspectos prácticos de la realización de la película llevaron a que fuese diferente. Aunque como ya he dicho, equivalente en la práctica.

Y luego está la cuestión de que la Discovery-1 viaja a Júpiter en la película, mientras que en el libro llega hasta Saturno y hasta quedar aparcada en órbita de Jápeto, la luna del gigante anillado, con extraña órbita y fuertes diferencias de albedo entre uno y otro hemisferio, que son ingeniosamente aprovechadas por Clarke para dotar de simbolismo al cuerpo celeste. Como curiosidad, la parte sur del hemisferio más brillante se denomina Saragossa Terra (tierra de Zaragoza, mi ciudad), ya que estos accidentes geológicos del satélite tienen una nomenclatura extraída del Cantar de Roldan, en la que Zaragoza tiene un cierto papel de importancia en la trama. La verdad es que siempre me ha gusto mucho esta variante del argumento. Junto con las que le acompañan. El encuentro con el asteroide, el impulso usando la asistencia gravitatoria de Júpiter para alcanzar la órbita de Saturno, la maniobra de frenado usando la asistencia gravitatoria de este último, y el encuentro con Japeto… qué bella anticipación a lo que con posterioridad ha venido sucediendo con las diversas sondas que se han enviado a los diversos confines del Sistema Solar y más allá. Pero también entiendo que en la película se simplificase la historia… que se podría haber hecho eterna, sin aportar nada esencial a la historia. Es la diferencia entre las formas narrativas en cine y en literatura.

Me hacen gracia algunas ideas que aparecen en la novela de Clarke basadas en los conocimientos científicos de la época. Aunque la novela ha aguantado muy muy bien el paso del tiempo. Mucho mejor que otras de los años 60. Hay varias, en las que no voy a entrar por no extenderme demasiado. Pero hay una que me ha hecho mucha gracia. Asegura Clarke en el texto que las muestras recogidas en la Luna confirmaron que el satélite terrestre no tiene el mismo origen que el planeta y que debió formarse en otra región del Sistema Solar, siendo capturado por la Tierra un tiempo después. Por el uso de esta idea en otras obras de los años 60 y de principios de los 70, esta hipótesis debía ser la más popular en aquel momento. Lo cierto es que el análisis de las muestras recogidas en la Luna por las misiones Apollo llevaron a la hipótesis contraria. Hoy en día se considera como más probable que la Luna sea el resultado del impacto de un cuerpo celeste del tamaño de Marte contra una proto-Tierra más pequeña que la actual, formados en la misma órbita alrededor del Sol y que colisionaron. El cuerpo pequeño alcanzó al mayor, formándose la Luna como resultado de los escombros que quedaron alrededor del planeta Tierra tras la colisión. La hipótesis se había planteado ya en 1946, pero no se hizo caso de ella, hasta que el análisis de las muestras lunares la puso de moda, se relanzo a mediados de los años 70 y la aupó como preferida en los años 80 del siglo XX. Pero cuando Clarke escribió la novela… pues no.

La novela de Clarke no es la mejor de las que le he leído. Probablemente, Cita con Rama sea mi preferida. Y hay otras como Cánticos de la lejana Tierra, que me resultan más emotivas. Pero está muy bien, y la considero muy recomendable. Me lo he pasado muy bien. Y me he dado cuenta que el conocimiento acumulado a lo largo de mi vida en diversas áreas de la ciencia y las humanidades me ha hecho disfrutar de la novela mucho más que cuando la leí en la adolescencia o en mi juventud temprana. Sin duda. Uno se da cuenta con el tiempo que la madurez tiene sus ventajas a la hora de leer obras de cierto calado. Y esta es una de estas.

[TV] Cosas de series; de muchos, uno

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. Últimas horas de la tarde y primeras de la noche en Bilbao; donde de alguna forma acaba en un momento dado nuestra protagonista de hoy.

Muy probablemente, Apple TV+ está realizando algunas de las series más estimulantes de la actualidad. Especialmente en el ámbito de la ciencia ficción y las distopías. Si ya es un evento largamente esperado las nuevas temporadas de Severance, hay otras varias, aunque yo no haya visto todas, que merecen el aplauso de crítica y público. No mucho público, porque de las plataformas de contenidos que existen en la actualidad no es de las que tengan más número de suscriptores. Pero globalmente estos reciben un plus de calidad. Y en esas estamos cuando llega en el último trimestre del año una de las más sorprendentes e interesantes; Pluribus.

La serie venía precedida de cierta expectación puesto que su creador y uno de los productores es Vince Gilligan. Si os vais al enlace y comprobáis en que otras series ha participado, lo entenderéis. Aunque son series que, por mucha calidad que tengan, a mí nunca me habían enganchado. Cosas mías. En cualquier caso, si sumas estos antecedentes con la premisa original, desde luego tenía que probar a ver. Y probé y me quedé. Es una de las series con las que mejor me lo he pasado este año. Una vez más, la buena ciencia ficción es aquellas que nos habla, no de marcianos o aventuras interestelares y cosas de esas, sino de nosotros mismos. De la naturaleza, de las fortalezas y debilidades del ser humano. Aunque para hacerlo incluya marcianos, o aventuras interestelares, o cosas de esas.

La premisa de la serie que he mencionado… Mmmmm… Pluribus procede de uno de los lemas de los Estados Unidos, E pluribus unum. O en castellano, De muchos, uno. Originalmente hace referencia a la naturaleza federal de los Estados Unidos en el momento de su independencia del Reino Unido. A partir de las treces colonias de la costa atlántica de Norteamérica que se rebelaron, se conformó un único y fuerte país, que ganó su independencia. Pero se ha aplicado en otros contextos. No se va mucho filosóficamente del lema belga, L’union fait la force; la unión hace la fuerza. Lo curioso es que parece que la frase original en latín, hacía referencia a una receta de cocina, indicando que un determinado plato resulta mejor o más exquisito que el conjunto de sus ingredientes por separado. Qué cosas no.

La cosa es que, en un planeta Tierra muy similar al nuestro, se recibe en un momento dado una señal de radio potente y claramente extraterrestre, que es descifrada, comprobándose que se trata del código en bases púricas y pirimidínicas de una secuencia de ARN. El ARN, ácido ribonucleico, tiene distintas funciones en la biología de las células vivas, pero en algunos casos, especialmente en virus, es el código genético de los mismos. En las células procariotas y eucariotas, el código genético viene codificado en el ADN, ácido desoxirribonucleico. Y claro, en lugar de desconfiar y tomar extremas precauciones, alguien monta la mencionada cadena de ARN y da lugar a una infección vírica que se extiende por todo el mundo y cuyos efectos, aparte de matar a unos cuantos millones que reaccionan mal a la infección, es que hace que todos los seres humanos del planeta queden integrados en un única mente colmena, perdiendo su individualidad. Afirmando que nunca han sido tan felices. Toma ya distopía sin necesidad de un dictador.

Pero hay trece personas no afectadas. Que reaccionan de forma muy distinta. Puesto que los «otros» están dispuestos a satisfacer sus intereses, alguno (Samba Schutte) decide llevar adelante una vida hedonista de placeres. Parece que la mente colmena, muy ética en determinados aspectos, no mata animales o plantas para alimentarse, lo cual es un obvio problema de subsistencia a medio y largo plazo, no tiene inconvenientes en prostituir a algunas de sus miembros al servicio del individuo. Qué cosas. Otros de los trece, quieren integrarse en la mente colmena. Pero hay dos que no, y que quiere resistirse y revertir la situación. Una de ellas, una americana de Nuevo Méjico (Rhea Seehorn), la protagonista, además está muy cabreada porque uno de los muertos en el proceso de infección es su pareja, su esposa. Aunque algunas de sus percepciones se modificaran cuando conozca a una mujer (Karolina Wydra) que actúa como interlocutora, y por la que se sentirá atraída. El otro es un paraguayo (Carlos-Manuel Vesga), con una actitud casi paranoica. Y a partir de este punto de partida, cualquier cosa puede pasar.

Lo primero que hay que considerar es que los creadores de la serie, inspirándose en diversos clásicos de la ciencia ficción, en lo que se producen invasiones de cuerpos por entes extraterrestres, o situaciones posapocalípticas con un único superviviente, consiguen hacer un producto realmente original. A partir de ahí, los temas que trata la serie son diversos unos más claros que otros, y algunos susceptibles a la interpretación del televidente. Puede ser una situación muy abierta, no siempre dirigida por los creadores. Obviamente, en lo inicial está el duelo y la ira por lo perdido por parte de la protagonista, que mueve sus primeras reacciones y motiva sus principales decisiones. Matizadas por otras cuestiones como es la necesidad de interacción humana, la difícil carga de la soledad, incluso en una mujer tan ferozmente individualista como es esta escritora de Albuquerque.

Por otro lado, como ya he mencionado, estamos ante una sociedad tremendamente distópica. No hay dictadores, no hay sufrimiento, aparentemente existe la felicidad, pero no hay individuo y no existe la libertad. Las acciones vienen determinadas por el deseo de los lejanos creadores del virus, a 640 años-luz de distancia, de crear una única mente biológica. Al cabo, el objetivo final de la nueva situación es desarrollar las nuevas herramientas para seguir propagando el virus por la galaxia, por el universo. El fin del individuo y del libre albedrío, suponiendo que desde el punto de vista físico este exista. Una mente colectiva que se presenta como ética, pero que dará suficientes muestras de que el fin justifica los medios para llegar a su objetivo final. Muchos pueden ver en ese virus una metáfora de los distintos regímenes o ideologías políticas que pretenden negar la individualidad del ser humano, o incluso podría verse como una metáfora de la inteligencia artificial que llegaría a suplantar y suprimir la toma de decisiones por parte de los individuos. Como digo, es muy susceptible a interpretaciones.

Todo lo anterior viene apoyado por una realización impecable, unos guiones milimetrados y por unas interpretaciones más que notables. La serie tiene garantizada una segunda temporada. Y como en muchas de estas producciones, la primera temporada es un establecimiento de la situación. Lo que venga a continuación es la autentica lucha, en este caso entre dos individuos, muy dispares entre sí, contra la mente colmena en que se ha convertido el resto de la humanidad. Y los últimos minutos del noveno y último episodio son una declaración de principios de que, a partir de ahora, todo vale. Altamente recomendable.

[Cine] Una odisea espacial, 48 años después, a lo grande

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Una tarde de finales de invierno, cerca de Almudévar, en la que hubo un eclipse de luna; la película de hoy juega con eclipses, alineamientos, conjunciones, oposiciones… astronómicas, claro.

2001: A space odyssey (1968; extra/20251128)

Debió ser en 1977. Un año en el que en España pasaran muchas cosas, después del referendo de la ley de reforma política en el més de diciembre de 1976, y de la convocatoria de cortes constituyentes en junio de ese 1977. No sé llamó así a la convocatoria. Simplemente elecciones generales. Pero bueno, todo el mundo sabía que tenían que redactar una constitución nueva. Y por aquel entonces, no recuerdo exactamente la fecha, supongo que al socaire de los nuevos tiempos y las nuevas tolerancias, el cine Rialto, tradicional cine de reestreno, lo que en otros ámbitos se llamaba un cine de barrio, se convirtió para asombro de un vecindario de clase obrera, en cine de arte y ensayo. Ahí es nada. La cuestión es que, estando yo acostumbrado a ir al cine los domingos por la tarde al Rialto, en la cuesta de la avenida de San José de Zaragoza, a cinco minutos escasos de mi casa, cuando era un cine de reestreno, de péplums y espagueti-westerns, seguí yendo a ver las películas que de repente allí empezaron a proyectarse.

Tengo el recuerdo de que fue allí donde vi por primera vez, en una sala de cine, la película 2001: A space odyssey, aunque doblada al castellano, o sea, 2001: Una odisea del espacio. Y tengo el recuerdo muy nítido… aunque no puede ser. Porque el Rialto se convirtió en sala de arte y ensayo en octubre de 1977. Yo acababa de empeza 1º de BUP, el bachillerato unificado y polivalente del ministro tecnócrata franquista Villar Palasí. Que conste que todavía hay muchos que piensan que aquella EGB y aquel BUP eran mejores que casi todo lo que ha venido después. No tengo criterio. No soy ducho en pedagogía y no tengo hijos que me lo pongan en perspectiva. Pero lo que sí recuerdo es que, unos meses antes, cuando todavía estaba en 8º de EGB, u octavo de básica, el profesor de ciencias, el señor Ibarra, quien sabe si había llegado todavía a los 30, pero era serio y con la barba me parecía muy mayor, nos preguntó una tarde si alguien había visto la película. Y yo levanté la mano. La había visto. Luego no pudo ser el Rialto. Fui el único que levanté la mano. Me preguntó que me había parecido y qué había entendido. No recuerdo qué respondí, pero sonrió levemente, ya he dicho que era serio, y dijo que muy bien. Existe la posibilidad que viese la película en el cine Arlequín, que había recibido este nombre en 1976, antes era el Fuenclara, por estar en el palacio de este nombre. Y que aunque formalmente no era de arte y ensayo, recuperaban películas prohibidas durante la dictadura, para estrenarlas con los nuevos tiempo. Recuerdo perfectamente El gran dictador de Chaplin. Pero no estoy seguro. Me gustaba ir al Arlequín con las personas que iba…

En cualquier caso, aquella visualización de 2001… fue uno de los hitos que me marcó en mi afición al cine. En lo que se refiere a 1997, también fue el estreno de La guerra de las galaxias, pero también, como he dicho, el año del Rialto como cine de arte y ensayo, lo que me condicionó mucho. Les vacances de monsieur Hulot, Solyaris,… y otras muchas, película impensables para un adolescente, entonces y ahora, pero que devoraba con pasión… y me convirtieron en un «raro» de por vida. Fíjate tú que forma de enfocar mi afición a las aventuras espaciales; 2001… de Kubrick, la galaxia de Lucas y Solyaris de Tarkovsky, en un espacio de dos años. Dos de arte y ensayo, aunque la de Kubrick se estrenó en salas convencionales en todo el muno y una supercomercial. Dos norteamericanas y una soviética. Y tres estilos totalmente distintos.

Con el tiempo, volvía a ver 2001… en salas de cine varias veces más. Al menos dos veces en los cineclubs universitario mientas estudiaba en la facultad. Y en los años 90 algún reestreno con versiones restauradas. Desde el momento en que salió al mercado la película en formato DVD la compré, la tengo por ahí, muerta de asco, pero la vi con frecuencia, una vez al año durante varios años. Y en su momento compré, con más calidad, la versión blu-ray, aunque probablemente sólo la viese un par de veces en ese formato cuando compré en 2007 el televisor de plasma que todavía tengo y uso, al que estoy acostumbrado. Y siempre encontraba algo nuevo. Algún detalle que ampliaba mi comprensión de la película. No sólo eso, en casa de mis padrinos, con una de cuyas hijas iba al cine arlequín, siendo ella una veinteañera cuando yo tenía 13 o 14 años, tenían la biblioteca Salvat, una colección que se vendió por entregas de 100 libros de la literatura mundial. Y allí estaba la novela de Arthur C. Clarke, escrita tras la película, en la que la Discovery, en lugar de a Júpiter, se dirigía a Japeto, una de las lunas de Saturno. Como me gustaba el capítulo sobre la maniobra de aceleración en la órbita de Júpiter. La leí varias veces. De las secuelas que escribió Clarke nada diré, porque no pegan ni con cola. Además, son secuelas de la película y no de la novela. Todo pasa en Júpiter.

En estos momentos, en Zaragoza, en el cine Palafox, se está emitiendo de nuevo la película en pantalla grande. En la sala 4, que es la tradicional del cine Palafox, antes de que se convirtiera en multicines. Una proyección de una copia de época, de los años 60, en buen estado, en formato 70 mm, para ver la película en toda su gloria visual, como la vieron los espectadores de la época del estreno mundial, y con la banda sonora incorporada, con sus defectillos acumulados. Qué espectáculo más maravilloso. Qué grande era Kubrick. Hacía tiempo que no me sentía tan emocionado por una experiencia cinematográfica. De las que son raras en estos momentos. Donde algunas cosas ya no maravillan… porque se dan por descontado. Pero en aquellos momentos… qué maravilla. Y qué historia. Qué momentos. Ganas me dan de volver a ir antes de que la quiten para siempre… o hasta el próximo evento dentro de unos lustros o décadas. Quién sabe.

Valoración

Dirección: *****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: *****

[TV] Cosas de series; terceras temporadas de universos e historias reimaginados, entre «jedis» y «Alicias»

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. En los alrededores y cerca del gran santuario de Izumo.

Hay historias literarias o cinematográficas que llegan para quedarse. Atrapan el imaginario de los lectores o los espectadores, y pasan al acerbo de las historias «de siempre». Leyendas cuyo origen conocemos perfectamente, quién las imaginó. Y cómo otras personas, otros creadores, las acogen, las reimaginan, cambian la perspectiva, expanden esos universos, a veces las elevan, a veces las hunden. Hoy tenemos dos de esas historias y universos. Muy distintos. Pero cuyas reimaginaciones han sido llevadas a la pequeña pantalla, a series que, en este caso, ambas han llegado a su tercera temporada.

La primera de ella es una serie de animación, que podéis ver en Disney+, porque al fin y al cabo es una iniciativa de esta megaproductora que tiene los derechos del universo Star Wars. Se trata de Star Wars: Visions. Cada temporada es una antología de historias cortas de animación, nueve en cada temporada, que duran entre los 10 y los 25 minutos, generalmente más cortos que un episodio de animación japonesa al uso, de 22-23 minutos. Y son realizados por autores de animación japonesa que, libremente, pero con la venia de Disney, idean y realizan una historia que transcurre en algún momento de línea temporal del universo Star Wars. Antes de la república, durante la república, en las guerras clon, durante el imperio, durante la rebelión… cuando sea. Y con personajes que no aparecen en las historias clásicas. Y con estilos de animación diversos, muy diversos, con libertad creativa para los autores.

La calidad y el interés de estas pequeñas historias es muy diversos. Algunas son más previsibles, otras son más arriesgadas, unas más accesibles, otras más experimentales, unas más fieles al canon del universo oficial, otras exploran situaciones y posibilidades más divergentes. En cualquier caso, el nivel general de creatividad es alto. Y hay varias que me dejan con las ganas de más. De eso que te quedas pensando que ojalá Disney dejase de lado alguna de las tonterías que ha estrenado en los últimos años y que están quemando a los aficionados, y adoptase algunos de estos enfoques para renovar la frescura del universo de ficción, e incluso atraer nuevos espectadores. Pero supongo que seguirá siendo una rareza. Una simpátíca y afortunada anécdota cuyo previsible final sucederá en cualquier momento. Algunas de las de esta temporada han sido continuaciones de las anteriores.

Y luego ha estado la tercera temporada de Imawa no Kuni no Arisu [今際の国のアリス, Arisu en la frontera], más conocida como Alice in Borderland. Recordemos que el nombre del protagonista (Kento Yamazaki), Arisu 有栖/アリス, es homófono con Alice en japonés. Pero no es una niña. Es un hombre joven que en la primera temporada se encontraba repentinamente en una realidad alternativa, con un Tokio despoblado, en el que los que allí se encuentran se ven obligados a jugar a una serie de juegos para sobrevivir. Aunque pueden perder la vida en esos juegos. Me intrigó mucho. Una extraña versión japonesa del Juego del Calamar, inspirada por la historia de Alice in Wonderland. Recordemos que la protagonista femenina (Tao Tsuchiya) se apellida Usagi 宇佐木/ウサギ, conejo en japonés. Así que ya tenemos dos personajes de la historia de Carroll. A partir de ahora, posibles espóileres de las dos primeras temporadas, quedáis avisados.

Al final de la segunda temporada quedó claro que la intención de la serie no es la crítica social como en la reconocida serie surcoreana. Y que ese país fronterizo en el que se encuentran los personajes de la historias es el país que está entre la vida y la muerte. Algunos de aquellos que estuvieron en esa situación próxima a la muerte, han seguido sus vidas. Arisu y Usagi se han casado y son felices. Pero tienen la inquietud de que algo pasó durante el tiempo que estuvieron en coma, algo vivieron, que apenas recuerdan, que es trascendente. Y acabarán volviendo al país fronterizo y a los juegos. Mmmmm… Lo voy a resumir. Aunque bien hecha, con nuevos juegos muy currados, me parece una temporada superflua. La historia ya estaba contada y cerrada. Estos es meramente intentar ordeñar la vaca aprovechando la buena acogida de la serie. Y la cosa es que al final de esta tercera temporada nos amenazan con secuelas localizadas en otros países del mundo… Dudo que me apunte. Esta temporada, de sólo seis episodios, me ha costado un horror terminarla. Sobre todo por que los dos últimos episodios duran ochenta minutos y nunca encontraba el tiempo suficiente para verlos. Pero si hubiera estado más motivado…

[Cine] Bugonia (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. El entorno en que suceden las cosas, tiene algo de anodino, así que voy con unas fotos de un entorno que a muchos les parecerá anodino, en la estación de tren de Casetas, próxima a Zaragoza.

Bugonia (2025; 52/20251108)

Desde hace un tiempo soy habitual de las películas de Yorgos Lanthimos. Desde Lobster, yo creo. No siempre tengo claro dónde quiere ir. Pero me parece que sus propuestas son muy estimulantes, que siempre tienen algo, que son buen cine y, además, te obligan a ser un espectador activo de la película. Especialmente frente a las propuestas comerciales más habituales, que son productos de digestión rápida para públicos pasivos. Para mí, por muy caras que cuesten, las exitosas películas de superhéroes y similares son el equivalente a comer en una hamburguesa con carne de origen desconocido, procedente de una cadena de comida rápida. Y ese tipo de comida, si alguna vez me gustó,… hace mucho que me cansó.

Y en esta ocasión viene acompañado de un corto reparto, pero con dos intérpretes que en los últimos años me han parecido excelentes. La más famosa Emma Stone, que aquí hace de empresaria de moda de una empresa biotecnológica, y al menos famoso, pero igualmente imprescindible, Jesse Plemons, que lleva una racha de películas con interpretaciones excelentes que ya quisieran muchos impresentables con Oscar honorífico. Y aquí hará de un tipo, entre activista y descerebrado, que secuestrará a la anterior con el fin de detener, según su paranoia de la conspiración, las actividades de unos invasores extraterrestres que controlan la Tierra, y de la que, según sus deducciones, la empresaria es una líder destacada. Y no nos olvidemos que hay un tercero en discordia, interpretado por Aidan Delbis, primo del anterior y coautor casi silencioso del secuestro.

La película es una peculiar adaptación de una película surcoreana del año 2003, dirigida por Jang Joon-hwan, que aparece como coguionista en los créditos de la película que nos ocupa hoy. Me gustaría ver la película original. Y según me dicen los buscadores, está disponible en Netflix EE.UU., pero no la encuentro en Netflix España… Si la encuentro por alguna parte… ya os lo contaré. El caso es que, aunque su premisa es relativamente original, he de decir que llegado un momento de la película, lleno de chispa, empecé a sospechar por dónde iban a ir los tiros. Será que soy médico… pero me pareció una pista muy descarada. Pero parece que muchos otros espectadores fueron sorprendidos. En cualquier caso, sin ser exactamente igual que a películas previas del director en su estilo, no deja de tener su punto de absurdo, al mismo tiempo que de crítica social. Lanthimos rueda bien. Y los intérpretes están estupendos. Pero…

Pero a la corta y a la larga, ya hace diez días que la vimos, la película deja poco poso. Sí. Nos intrigó. Pasamos algún momento bueno. Y alguno no tan bueno. Porque no faltan dosis de violencia y sangre en el filme. Pero tampoco aportar mucho más a lo que ya se ha dicho sobre muchos temas. Y en cuanto a su punto de absurdo… pues los hay más agudos, más ingeniosos. Por eso me gustaría ver el original. Saber cómo se planteó ahí el argumento y su resolución. Ver que llamó la atención de Lanthimos para adaptarla a su propia mirada. En cualquier caso, no me parece mala película. Tiene virtudes cinematográficas de sobra. Pero sin más. Normal.

Valoración

Dirección: *****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

[Libro] Orbital – Samantha Harvey

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Si no recuerdo mal, la astronauta japonesa es de alguna isla o lugar costero del mar interior de Seto… o algo así. Así que Honmura, en la isla de Naoshima, servirá para ilustrar la entrada.

Había leído muy buenas críticas de este libro de Samantha Harvey. Que no sé si llamar novela. Es ficción. Pero se ajusta poco a la mayor parte de las narrativas. Aunque tampoco es que sea una rareza. Ciencia ficción. Porque la ciencia tiene un papel importante en este relato. Pero va de otras cosas, en realidad. La parte científica es una excusa o un medio para hablarnos de los temas que realmente preocupan a la autora. En cualquier caso, un libro muy premiado de esta autora inglesa, entre otras cosas el Booker Prize, uno de los premios más prestigiosos en lengua inglesa.

Este relato es un libro reciente, publicado en 2023, y que he leído en su idioma original. El libro nos emplaza a acompañar a seis astronautas en la Estación Espacial Internacional, procedentes de distintos países. Cuatro hombres y dos mujeres procedentes de Japón, Estados Unidos, Reino Unido, Italia y Rusia. Y los acompañaremos durante 24 horas mientras cobren una órbita alrededor del planeta cada 90 minutos, 16 órbitas en 24 horas, con distintos paisajes apareciendo a su vista en cada órbita. Conoceremos sus rutinas y sus obligaciones. Y la autora reflexiona con ellos sobre diversos temas filosóficos tradicionales como el sentido de la vida, la trascendencia del ser humano o los riesgos y peligros existenciales, tanto los naturales como los que emanan de la propia actividad humana.

Dicen que este relato es heredero de los planteamientos de Carl Sagan en lo que se refiere a la relación del ser humano con el universo, y a la posición que ocupamos en el mismo y que nos sirve para relativizar muchos conceptos. Puede ser. Desconozco si la autora se ha pronunciado al respecto. Lo que percibo yo es que la autora, a través de la mirada y el pensamiento de los seis astronautas de su creación, mira más hacia abajo, hacia el planeta que orbitan sin cesar, que hacía arriba, hacia las estrellas y el resto del universo. Temas como la muerte, el duelo, la añoranza del ser querido, los desastres humanos como son la guerra, o los riesgo ambientales, surgen constantemente.

Personalmente, los primeros compases del libro, las primeras órbitas en las que acompañamos a los seis astronautas, cosmonautas si nos referimos a los rusos, me resultaron interesante y estimulantes. Simultáneamente conocemos y nos familiarizamos con el entorno de estas seis personas, al mismo tiempo que nos maravillamos de su experiencia, de su observación del universo, del planeta, de sus experimentos. Pero eso tiene un límite en el tiempo. Conforme avanzan las horas de ese día en la estación espacial, las situaciones empiezan a ser más repetitivas, y la escritora se centra en los pensamientos de los astronautas, o lo que es equivalente, se centra en filosofar, en poner en sus bocas o en sus mentes sus tesis personales. Y a veces me engancha, pero las más de las veces… me desengancha. Un libro que empecé con ganas, lo terminé un poco a la fuerza. No es que esté mal escrito ni nada de eso,… es que a veces las filosofadas de la autora me resultan un poco simples… pero les dedica mucho tiempo. No lo sé… no acabó de engancharme en su reflexiones. No porque no sean válidas, si no porque, como he sugerido,… son obvias.

[TV] Cosas de series; tradicional ronda de aventuras galácticas, con flotas estelares y fundaciones varias

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Carlos en plata. En el recinto de la Exposición Zaragoza 2008 con Hasselblad 500CM y película experimental Harman Phoenix, primera generación.

Como la aventura espacial ha sido un género que siempre me ha resultado atractivo, no es de extrañar que me apunte a ver, al menos en sus primeras temporadas, las series que se estrenan de este género. Miedo me da… que me acabo de enterar que va a haber una tercera versión de Battlestar Galactica, con lo estupenda que fue la segunda, y con lo entrañable que resultó la cutredad de la primera. Qué se le va a hacer. Pero hoy vamos con dos series que van más o menos a la par, y ambas han llegado este verano a su tercera temporada. Eso sí, dos series muy muy muy diferentes.

Empecemos por la que menos me interesa. Se trata de Star Trek: Strange New Worlds, que viene a ser la precuela de la serie original, o una de ellas. La Enterprise, pero con otra tripulación, aunque algunos de sus miembros ya estaban aquí… en edades más jóvenes. Nunca he sido un especial aficionado a Star Trek, lo he comentado en más de una ocasión. Le tengo un cierto cariño a la serie original, algunos de cuyos episodios vi en la infancia. En aquella época, cierto grado de cutredad, desde el punto de vista actual, era inevitable. Pero estaba bien para los estándares del momento. Y yo era un niño al que aquellas aventuras atraían mucho. Pero a partir de los largometrajes que se hicieron después desde finales de los años 70 y durante los años 80 y 90… esa cutredad me resultó chirriante. Porque eran cutres. Y decidí que no era mi cosa. Diversos relanzamientos posteriores tampoco me interesaron por distintos motivos. Pero en las últimas décadas ha habido alguna serie que me ha parecido curiosa, y he seguido en mayor o menor medida.

La que hoy nos ocupa, siendo fiel a los esquemas de tiempos pasados, lo cual no necesariamente es una buena referencia salvo que sea la serie original, no me disgustó en sus dos primeras temporadas. El reparto trabajaba de forma bastante competente, con algunos personajes que generaban cierto grado de empatía, algo indispensable que un producto de mero entretenimiento que recorre caminos trillados atraiga. Sin embargo, en esta tercera temporada… algo no ha cuajado. Y aunque ha habido algún episodio entretenido, he vuelto a tener en no pocos momentos la sensación de apatía que me despertaban muchas de las producciones del universo Star Trek en el pasado. Incluso algunos personajes que me resultaban especialmente simpáticos en el pasado… han empezado a resultarme antipáticos. Creo que tienen previstas al menos dos temporadas más, pero en estos momentos no puedo asegurar que me enganche a la serie de nuevo.

Seguiremos por Murderbot, una serie de aventuras planetarias en el espacio, que se puede ver en Apple TV+, de capítulos cortos, que oscila entre la aventura, la comedia y la parodia. Un robot androide, aficionado a los culebrones televisivos espaciales, que se libera en un momento dado de sus restricciones para hacer daño a los seres humanos, siendo un potencial asesino, que es asignado para garantizar la seguridad de una expedición científica a un planeta. Un grupo de científicos idealistas, pacíficos, cándidos, bienpensantes, sin jerarquías, dialogantes, y un tanto flower power, que se ven obligados a enfrentarse a amenazas imprevistas en el planeta, cuando se encuentran que no están solos, que hay otras expediciones en el planeta, y que los miembros de una de ellas han sido asesinados. No creyendo en la violencia, siempre a desconfiado de su androide de seguridad; pero tendrán que aprender a confiar en él si quieren sobrivivir. Porque en su candidez, son presas fáciles, muy fáciles.

Sinceramente, me asomé a esta serie porque era una aventura espacial, y porque me generó cierta curiosidad. Aunque no sabía qué me iba a encontrar. Al final resultó una sensación ambivalente. Mejor de lo que esperaba, pero con la sensación de que podía estar mejor todavía. Pero no está mal. Se deja bien. Tiene buenas críticas, y con razón. También los votantes en IMDb la apoyan. No será un exitazo, pero contenta a crítica y público. Parece que habrá una segunda temporada. Veremos que derroteros lleva. Está basada en unas novelas de Martha Wells, y la serie de libros es bastante extensa. Material tienen en abundancia.

Mucho más interés me despertaba la tercera temporada de Foundation. La serie inspirada, y hasta cierto punto basada, en la obra original de Isaac Asimov me enganchó mucho en su segunda temporada, que me pareció excelente. La primera no estuvo mal. Pero fue una temporada de «aclimatación» para los que habíamos leído (repetidamente) los libros de Asimov. Porque obviamente… no era lo mismo. Y como esperabas algo,… muy parecido,… pues hubo que aclimatarse. En la segunda temporada, asumiendo ya que se trata de una historia distinta, aunque los nombre de los personajes y los lugares se parezcan o sean los mismos que en los libros, aunque ni siquiera se parezcan, lo que nos estaban contando era interesante. Y además estaba bien contado. Lo cierto es que fue una temporada que disfruté bastante. Lo cual estaba bien… Pero también, preocupante. ¿Sería posible mantener el nivel?

El nivel de realización y de interpretación de la tercera temporada a estado al mismo nivel que las anteriores. Pero se enfrentaba a uno de los arcos argumentales más importantes de la trilogía de Asimov, la segunda parte de Fundación e Imperio, el segundo libro de la trilogía, con el surgimiento del Mulo desbaratando el plan Seldon. No pongo a idea los nombres de los intérpretes que actúan, para no destripar las sorpresas de la trama. No. No suceden las cosas como en los libros. Se desvían bastante. En varios aspectos principales. Quien es el héroe o la heroína en los libros puede convertirse en villano o villana en la serie, y viceversa. Los cambios, que quizá indignen a los puristas de la versión literaria, me parecen aceptables. Aquellos relatos empezaron en los años 40 del siglo XX. Desde 1942, hace 80 años aproximadamente, en forma de relatos cortos, y como novelas integradas a partir de 1951. Que se hayan actualizado las historias, los personajes, los perfiles,… me parece bien. El personaje del Mulo, aunque no conserva su personalidad, ni siquiera es el mismo personaje, si que conserva la esencia. Y ese arco argumental está bien. Pero en el arco argumental de los emperadores clones… tengo miedo de que hayan desbarrado algo, e incluso que, para mí por lo menos, tal vez no para otros, en el último extremo hayan saltado el tiburón. Quizá no sea para tanto… pero en varias ocasiones la historia de los Cleon y Demerzel me rayó un tanto. Este último personaje, Demerzel,… o R. Daneel Olivaw, es probablemente el que peor llevo que se haya modificado tan profundamente su personalidad… Sip. Mucho cariño le tuve a R. Daneel Olivaw en mi juventud. Pero seguiré fiel a la serie. Seguro.

[TV] Cosas de series; utopías, distopías, apocalipsis, robots y otras cosas de anticipación

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia está de moda como escenario de dramas de ciencia ficción.

Desde que leía,… o devoraba,… las novelas de Jules Verne en mi niñez y adolescencia temprana he sido aficionado a las ciencias. Bueno. Yo soy un chico de ciencias. Escéptico por naturaleza, lo cual es una buena cualidad para alguien de ciencias, lejos de admitir dogmas y verdades absolutas conviene poner en duda lo que creemos saber e impulsarse a buscar nuevas explicaciones, la literatura, el cine o las series televisivas de ciencia ficción han satisfecho el afán de soñar sobre lo que es el futuro de eso que llamamos humanidad, civilización, universo, o como lo queramos ver cada uno. Que no haya malos entendidos. No soy un friqui del asunto. Lo mismo que me gusta, también soy muy crítico con muchos de los productos, especialmente series y sagas, que entusiasman a muchos friquis del asunto, pero que son banales, estereotipados, formulaícos, y sin mucho fondo. La buena ciencia ficción tiene que entretener, pero también tiene que hablarnos, con una suficiente profundidad, de quienes somos. Para bien o para mal. Por dejarlos claro, Star Wars no es ciencia ficción. Es fantasía. Y por eso, tanto en sus mejores momentos, como en los peores… que son demasiados ya, no nos habla de lo que a algunos nos gustaría que hablara. Hay alguna excepción. Y creo que pronto hablaré de una de ellas.

Existe la tendencia en ciencia ficción de publicar, literaria o audiovisualmente, en forma de series o sagas. Las famosas trilogías. Trilogías que han acabado siendo, no de tres, sino de cuatro, cinco y hasta ocho partes. Formas de ordeñar la vaca cuando se produce un éxito, un pelotazo de ventas o de audiencias. Pero hace tiempo que miro las sagas con escepticismo. Las segundas, terceras,… enésimas partes no suelen ser buenas. Miren ustedes Dune, lo estupenda que es la novela original, y el plomazo que son las continuaciones. Por eso, suele suceder que leo la primera entrega. Asumo que que ya está bien, que ya me han contado lo esencial de lo que me querían contar… y paso de lo siguiente. Aunque no sea ciencia ficción, pero sí una distopía, palabra que aparece en el título, leí The Handmaid’s Tale, vi la primera temporada de la serie… y no he vuelto a ver más. Lo importante que había que decir y transmitir estaba ahí. No hacía falta seguir. Para nada. Incluso si sus continuaciones están bien hechas.

Pero está el extremo opuesto. El relato corto. Y en el medio televisivo, el ultracorto. Una historia que literariamente puede ocupar menos de 100 páginas, incluso bastante menos, pero que de forma sucinta y concreta lanza potentes mensajes, siendo potencialmente muy entretenidas. Su equivalente,… los episodios autoconclusivos de series antológicas, que es como llaman ahora a las series con episodios non relacionados entre sí. Y en el ámbito de la ciencia ficción y anticipación, he visto recientemente sendas temporadas de dos de las más interesantes. Y que sepáis que las colecciones de relatos cortos es algo que cada vez me atrae más en la cosa de leer.

Ya comente un poco que había comenzado a ver la séptima temporada de Black Mirror, una serie británica (al menos en origen) que ha marcado de forma clara el género en los últimos años. Y sigue estando muy bien hecha. Y sigue contando cosas interesantes. Pero… Sí, con un pero. Que ya no tiene el impacto que tuvieron sus primeras y originalísimas series. Ya conocemos la fórmula. E incluso hemos visto como han ido surgiendo otras series y películas que desarrollan temas a través del impacto que las tecnologías de la información están teniendo en nuestra civilización. Generalmente en forma de distopía. Esta serie es fundamentalmente distópica. Siempre unas presuntas ventajas y progresos, para encontrarnos a unos seres humanos con sus miserias, y sus cosas buenas, de siempre. Y con esa deriva hacia el dramón o el terror que… bueno… yo prefiero los episodios en clave de comedia. Pero seguiré viendo nuevas temporadas si llegan. Supongo.

Y en forma de microdosis llenas de ingenio, la tercera temporada de Love, Deaths & Robots, esas antologías de ficción conceptual en formato de animación, o formatos, muy diversos, de animación. Una historia que se cuenta en cinco, diez, quince minutos… no mucho más. Pero que están llenas de sustancia, y que al mismo tiempo nos maravillan por la capacidad de imaginar mundos de sus diversos creadores. Estos sí que son creadores, y no los «creadores (de contenido)» de las redes sociales. Disfruto mucho con estas píldoras de imaginación. Lo que contaba al principio. La ciencia ficción y la anticipación como escape soñador de alguien que, habitualmente, en lo cotidiano, es, básicamente, un escéptico.

[Libro] Antimatter blues – Edward Ashton

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Las cárcavas de los alrededores de Daroca me servirán para ilustrar la geología de Nilfheim, el planeta que colonizan Mickey Barnes y sus «amigos».

Sinceramente, no voy a perder mucho tiempo comentando este libro. Que, ya adelanto, es un entretenimiento razonable, pero poco más. Terminé de leerlo en el viaje de ida a Sicilia. Aunque como digo es entretenido, se me había atascado, y llevaba arrastrándolo desde el viaje de vuelta de Berlín. Un montón de semanas para lo que es. Y lo que es no es otra cosa que la segunda parte, la continuación o una aventura más de Mickey 7, un libro que comenté hace unos meses, y cuya adaptación cinematográfica comenté hace unas semanas. Escrito por supuesto por Edward Ashton, el mismo autor que su aventura predecesora.

Y cogemos a Mickey, su novia y algunos otros conocidos personajes más un par de años después del final de la anterior aventura, cuando las cosas parece que van bien para la colonia humana, que está en paz con los aborígenes del planeta. Parecen. Porque en realidad, unos problemas con la fuente de energía de la colonia hace que las cosas pinten mal, especialmente si el buen tiempo actual termina y vuelven los fríos gélidos que se encontraron los colonos al llegar. La única solución será recuperar la bomba de antimateria que Mickey entregó a los aborígenes. No les llaméis alienígenas. Que en este planeta los alienígenas son los humanos. Y el encargado de recuperarla será Mickey con unos cuantos más, que lo tendrán complicado cuando descubran que en el planeta hay una guerra latente entre distintos grupos alienígenas. Y que establecer pactos y compromisos con unos o con otros es muy muy muy complicado.

Sinceramente, este libro no aporta gran cosa a las propuestas de su predecesor. Para mí es simplemente un intento de ingresar unos buenos dineros aprovechando el éxito del libro original, y la expectación generada por su adaptación cinematográfica. Así que mantiene ese tono de aventura entre la comedia y el drama, y nos encontramos ante el típico viaje del héroe y sus compañeros de ida y vuelta en territorio hostil, para conseguir un fin que parece imposible de conseguir. Entretenido. Sin más. Si este hubiese sido el primer libro de la saga, no hubiese repetido. Tampoco me arrepiento de haberlo leído. Pero si se aventura el autor en una tercera entrega, tampoco me ha dejado con ganas de más. Es lo que hay.

[TV] Cosas de series; rebeliones contra el poder establecido en el anime

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Una de las series de hoy está localizada principalmente en Tokio, así que fotográficamente nos iremos a la capital japonesa.

Dos series de animación japonesa en Netflix me lleva a comentar el tema de la rebelión contra el poder establecido. Son dos series enmarcadas en el amplísimo paraguas de la ciencia ficción, pero muy diferentes entre sí. Primero vamos con el resumen de cada una de ellas.

Zankyō no Terror [残響のテロル] conocida también como Terror in resonance (una traducción aproximada del original) o Terror in Tokyo/Terror en Tokio (una traducción muy poco aproximada del original) es una serie de animación de 2014 que recientemente entró a formar parte, supongo que temporalmente, del catálogo de Netflix. Dos jóvenes, Nueve y Doce, que nadie sabe de dónde proceden, empiezan a amenazar con acciones terroristas en Tokio. Aunque siempre dan pistas para que estas acciones queden desactivadas. El espectador sabe que tienen relación con una misteriosa instalación donde criaban niños especiales en el norte de la isla de Honsu. Un detective, por libre, al margen de sus superiores, intentará encontrar las claves de esta situación, al mismo tiempo que determinados intereses gubernamentales y no gubernamentales están interesados en acabar con estos jóvenes sin que nada trascienda sobre sus orígenes.

Moonrise es un estreno reciente, actual, de animación japonesa en Netflix. Al igual que el anterior es una serie original. No basada en manga, novelas o películas o series previas. En esta ocasión estamos en un futuro en el que el ser humano ha comenzado la colonización espacial. Más concretamente la colonización de la Luna. Pero se han generado desigualdades enormes entre los habitantes, privilegiados, de la Tierra y los trabajadores de la Luna. Por lo que se produce una rebelión, un alzamiento para conseguir la independencia, y una guerra civil. Aunque presentada como una serie de 18 episodios, estos se agrupan en tres partes que podrían funcionar como una trilogía de largometrajes.

Es un clásico de la ciencia ficción utilizar los elementos de anticipación o de ficción científica para realizar críticas sobre las realidades sociopolíticas de la realidad. Bien sea las desigualdades sociales, los grupos oprimidos, la existencia de oligarquías políticas o plutocráticas, o las prácticas inmorales del poder económico y político para manipular a las poblaciones y a la opinión pública. Como ya he comentado en otras ocasiones, la buena ciencia ficción suele hablarnos de nosotros mismos. Bien a un nivel personal, a un nivel social, o sobre lo que es la humanidad en su conjunto. Estas dos series, como muchas otras, lo intentan.

La más reciente, no con mucho éxito. Aunque hay un esfuerzo de producción notable, es una serie que se pierde en el efectismo y la espectacularidad, olvidándose de contar adecuadamente lo que se supone que quiere contar. No tenemos que irnos muy lejos para ver en formato de serie televisiva una historia de rebelión de colonias espaciales contra la Tierra, como es The Expanse, serie de libros que fueron llevados con éxito a la pequeña pantalla en una de las mejores series de aventura espacial de las últimas décadas. Esta animación, buscando un público más juvenil, se pierde en la aventúreta de los jóvenes protagonistas, y pierde fuerza en el mensaje.

La serie de hace once años, es mucho más interesante. Implica un mayor grado de reflexión. Para empezar, sus protagonistas son a la vez fracasados y brillantes, cada uno a su manera y en su entorno. La exploración psicológica de los personajes es mayor y mejor. Y aunque son claros quienes actúan como villanos y quienes como héroes, no hay maniqueísmo, hay una mayor gradación de sentimientos y opiniones disponibles. Es muy recomendable. Seguiremos a la espera de series de este tipo. Me llaman más que las más recientes y más espectaculares pero superficiales. Que conste que Zankyō no Terror también está muy bien hecha, habiendo salido de la capacidad creativa de Shin’ichirō Watanabe, a quien debemos tantas excelentes series.

[Cine] I Byeol-e Pil-yohan [이 별에 필요한] (Lo que le falta a esta estrella) (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Cuando no están en Marte, o en Florida, cerca de cabo Cañaveral, las cosas transcurren sobretodo en Seúl. Pero yo he optado por unas fotografías de Busan para ilustrar la entrada.

I Byeol-e Pil-yohan [이 별에 필요한] (Lo que le falta a esta estrella) (2025; 24/20250530)

Nuestra crisis cinematográfica, especialmente la mía, no sólo la del grupito de amigos que solemos ir juntos al cine, es importante. No encuentro motivación para desplazarme a las salas de cine para ir al cine. Es cierto que este mes estuve una semana de viaje por vacaciones. Pero también estuve dos semanas de vacaciones en casa, con tiempo para ir al cine, a cualquier hora que me fuese, sin miedo a que al día siguiente tuviese que madrugar. Y aun así, no encontré ocasión para ir al cine. Y seguro que alguna de las películas que se han emitido durante el mes de mayo habrá merecido la pena, aunque suele ser un mes flojo habitualmente. Ayer no obstante me vi un estreno de animación… pero en plataforma de contenidos en internet, en Netflix. Una animación surcoreana dirigida por Han Ji-won. Con la voz en el personaje protagonista de Kim Taeri, actriz muy popular y que ha aparecido en estas páginas con cierta frecuencia.

La película, de poquito más de hora y media de duración, es un drama romántico ambientado en la ciencia ficción, en la exploración espacial, específicamente la exploración de Marte. Año 2051, la protagonista es una bióloga que aspira a formar parte de la próxima misión a Marte, 25 años después de que su predecesora fuera destruida por el terremoto producido por la caída de un asteroide en el planeta rojo. Y de la que formaba parte, también como bióloga, la madre de la científica. Lo cual le ha generado un trauma que pone en peligro ser aceptada en la misión. En estas está cuando en Seúl conoce a un músico, que abandonó la música por un desencanto y desencuentro con la cantante y líder del grupo en el que trabajaba. Y se enamoran. Pero la relación y la vida de la astronauta coreana estarán en riesgo cuando sea admitida en la misión y vaya a Marte.

Durante buena parte del metraje, la película es una producción bastante digna. Un poco pastelón, con exceso de merengue dulce en ocasiones, y un exceso de melodrama. Pero no está mal. La animación es correcta tirando a bastante bien, el diseño de producción es interesante, las situaciones un poco tópicas, pero llevaderas,… pero… Siempre hay un pero en las películas de Netflix. En el tramo final empieza a haber una sobredosis de melodrama y de merengue, hasta el punto de un riesgo enorme de diabetes visual, y sobretodo empiezan a pasar cosas que no tienen ni pies ni revés, en el sentido que ponen duramente a prueba la suspensión voluntaria de la incredulidad del espectador, con el fin de forzar un happy end, que tal y como iba la película… no tocaba.

El intento es encomiable. Se lo han currado. Pero las películas románticas surcoreanas más comerciales son… cursis y excesivamente melodramáticas. Las comedias se salvan. Al fin y al cabo, son comedias. Pero cuando planteas un drama en el que mezclas la ciencia ficción, a un nivel en que cabe la ciencia ficción plausible, con la separación o el conflicto romántico… pues creo que hasta cierto punto descarrila. No la he suspendido… porque entiendo que esta película puede tener su público, y yo no formo parte de ese público. Pero… En fin. Que allá vosotros. Yo aviso de lo que hay.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***