Lejos de la tierra quemada (2008)

Cine

Lejos de la tierra quemada (The Burning Plain, 2008), 16 de marzo de 2009.

Este filme es el primer largometraje como director de Guillermo Arriaga, autor de los guiones de películas tan interesantes como Amores perros, 21 gramos, Los tres entierros de Melquiades Estrada y Babel. Por supuesto, también es el guionista de su propia película, y esto nos da una pista de por dónde pueden ir los tiros. Si a esto se añade que en su reparto encontramos gente tan interesante, desde muchos puntos de vista, como Charlize Theron o Kim Basinger… no cabía duda, era la película de elección para esta semana. Por lo menos, para mí.

En lo que se refiere a la historia, comenzamos la misma en lo que parece ser la fría y lluviosa ciudad de Portland, con el personaje interpretado por Charlize Theron, una mujer guapa pero fría, como la ciudad, huyendo de todo compromiso, indiferente a las relaciones que mantiene con los hombres. También nos sitúa en Méjico, seco y caluroso, donde un piloto fumigador sufre un grave accidente. A partir de ahí una serie de flashbacks que salpican los hechos del presenten, nos llevan a los acontecimientos que sucedieron más de 12 años atras en el pasado. Algunas veces nos presentan la relación adúltera entre el padre del piloto (Joaquim de Almeida) y la madre de ella (Kim Basinger). Otras veces, nos presenta la relación que se establece entre el piloto y la mujer, ambos adolescentes, tras la muerte de sus padres. Con el tiempo nos enteramos de lo que les une todavía, así como del drama que oculta la mujer en su pasado.

Como en sus anteriores películas como guionista, Arriaga nos vuelve a confrontar con una historia que no es lineal, que nos va dosificando la información sobre las personas y sus circunstancias, pero permitiéndonos vivir con ellas sus angustias y sus sentimientos, hasta que alcanzamos la plena comprensión de lo sucedido. En esta película, quizá se ve venir demasiado pronto el punto trágico de la historia… la causa de la muerte de los padres.

Desde el punto de vista de la realización, el director nos ofrece un producto adecuado a la historia que ha diseñado y  que es pivotal en este filme. Más que correcta.

Las interpretaciones de ambas protagonistas están muy bien. Hay una tercera protagonista, Jennifer Lawrence, ese clon adolescente de Charlize Theron que han encontrado para interpretar al personaje en sus años más jóvenes. No desmerece en nada lo ofrecido por sus compañeras más veteranas. Por supuesto, encontramos a una pléyade de secundarios, los personajes masculinos, que están ahí y lo hacen muy bien. El ya mencionado Almeida, J.D. Pardo, Danny Pino, José María Yazpik, Brett Cullen, etc. Hay niña, Tessa Ia, pero está contenida, y colabora en el trabajo global sin robar los protagonismos, como suele pasar con los niños en el cine. Bien.

En resumen, una buena película que puede gustar a cualquiera que aprecie un buen drama, con un guion bien construido, y un buen trabajo artesano en la dirección y la producción, pero sobre todo, una excelente interpretación de dos guapas mujeres, que no necesitan ponerse fear para ser solventes actrices dramáticas. Y pensándolo bien, a pesar de la dureza de alguna situación, es una película de amor; básicamente es una película romántica. Lo que no quiere decir que tenga exceso de azucar, precisamente; al contrario, que hay bastante amargura. Yo le pongo un siete, con un ocho en la interpretación y otro siete en la dirección.

Hoy de foto, pongo un paisaje suburbano,… o periurbano… no sé muy bien como definirlo. Pero paisaje. En Zaragoza.

Grafitti

Cerca del Canal Imperial, cuando va abandonando Zaragoza - Pentax K10D, SMC-A 100/4 Macro

Gran Torino (2008)

Cine

Gran Torino (2008), 10 de marzo de 2009.

Indudablemente, Clint Eastwood es uno de los grandes directores. Es de los pocos que, aun en vida y en activo, se han convertido en un clásico. Lo peor de Eastwood suele ser equiparable a lo mejor de la mayoría. Y ya os puedo adelantar que esta película no es precisamente de lo peor del director californiano. Después de haber visto lo que he visto en las últimas semanas, todavía no entiendo cómo ha podido ser ninguneada de tal forma a la hora de las tradicionales entregas de premios diversos en los primeros meses del año. Pero bueno…

Eastwood, que también hace el papel protagonista principal, nos ofrece una historia con componentes que no son originales. Viejo trabajador, luchador en antiguas guerras que lo marcaron profundamente, gran patriota con origen en la inmigración, ve cómo su mundo se derrumba cuando su mujer muere, cuando su entorno es progresivamente ocupado por nuevos inmigrantes, asiáticos de la etnia Hmong, y también ve cómo su declive físico esta ahí y es imparable. Como vecinos una familia Hmong, honesta, que trata de sobrevivir sin caer en los peligros que acechan a la juventud inmigrante o de las minorías sin un futuro claro, a quienes rechaza inicialmente por su origen racial, pero con los que entrará en contacto a través de los miembros más jóvenes dos hermanos, adolescentes, chico y chica, ella es muy asertiva y decidida, él es tímido e inseguro. El chico entrará en un camino de iniciación y reafirmación de la mano del viejo gruñón de origen polaco, aunque el drama es inevitable.

Dicen de Clint que es conservador, que está afiliado al Partido Republicano, que… Lo que sabemos de él, lo que nos cuenta, lo que nos propone en estos momentos es que aboga por un mundo de tolerancia, por la resolución no violenta de los conflictos, por el respeto, y lo hace con arte. Filmando arte. Ha sido capaz de ponerse en el lugar del otro, para tener una nueva visión de la guerra. Nos ha hablado con gran ternura y sensibilidad de la eutanasia. Ha defendido la vida y la alegría de vivir, y la libertad para vivir, en las cálidas tierras del sur de los Estados Unidos. Es muy difícil creer que es un conservador. Un liberal, puede. Pero también para las buenas cosas de la vida, para todo aquello que implica respetar la libertad de los demás. Cosa que los conservadores no suelen hacer.

En la interpretación, encontramos al austero y parco Eastwood de siempre. Pero también encontramos a esos jóvenes asiáticos que le dan la réplica, especialmente a Ahney Her, que da vida a la joven decidida y resolutiva, pero también a Bee Vang, dando vida al «aton-Thao«. En la versión en español, tenemos que agradecer a Constantino Romero el excelente trabajo para dar vida al duro Clint; pero el doblaje de los actores más jóvenes me parece muy flojo, y habrá que conseguir un copia original para poder disfrutar más intensamente de la película.

Como es una película que me ha tocado muy dentro, mi valoración subjetiva es muy alta… pero para eso es subjetiva, y le pongo un nueve. A la dirección y a la interpretación les pongo un ocho. Y recomiendo a todo el mundo que la vaya a ver. Pero por favor, las palomitas,… que se las coman en casa.

A falta de imágenes propias de las orillas del Lago Michigan, donde sucede la acción, os dejo las orillas de la Laguna Veneta.

Burano

Coloridas casas en Burano - Pentax K10D; SMC-DA 21/3,2

The Reader (El lector) (2008)

Cine

The Reader (El lector) (The Reader, 2008), 16 de febrero de 2009.

Una semana más tarde voy al cine a ver una película en la que se analiza una relación entre un hombre y una mujer que dura casi una vida. También en esta ocasión existen diferencias en la edad de los dos protagonistas. Pero el carácter de este filme nada tiene que ver con las andanzas de Benjamin Button. En absoluto.

El filme dirigido por Stephen Daldry se plantea en tres fases, revisitadas en forma de flashbacks a partir del personaje masculino principal.

En la primera, nos transporta a la Alemania de posguerra, a una ciudad no bien especificada (Neustadt, nos dicen; hay muchas ciudades alemanas con este nombre). Allí asistiremos a la relación iniciática entre una mujer madura, Hanna (Kate Winslet), hacia la mitad de sus treinta, y un adolescente de quince o dieciséis años, Michael (David Kross; de adulto, Ralph Fiennes). Conocemos a un joven lleno de vitalidad, pero profundamente enamorado de la mujer, y a una mujer con un aire triste, que sólo recupera algo de alegría en sus encuentros con el joven. Un ascenso de la mujer en su lugar de trabajo provoca su marcha a no sabemos dónde, finalizando una etapa para el joven. Algo esconde esta mujer que desconocemos; hay dos secretos que sólo constataremos más tarde.

Años más tarde, Michael es un estudiante de derecho que acude con su profesor y algunos compañeros a un juicio contra unas cuantas mujeres, antiguas guardianas de las SS en el campo de concentración de Auschwitz. Una de las mujeres es Hanna. Todo va mal para ella en el juicio, y es Michael quien conoce lo suficiente de la mujer para saber que no son ciertas algunas de las cosas que se «demuestran» en el mismo. La mujer es condenada a cadena perpetua.

En la tercera fase, asistimos a la relación en la distancia entre ambos personajes, uno un abogado de éxito con una vida familiar no excesivamente afortunada. La otra una triste presa en una cárcel alemana. El espectador ya tiene las claves para entender lo que ha pasado, y asiste a la resolución personal de los defectos vitales y de la relación entre ambos personajes.

Hay un epílogo en dos partes, que sirven de catársis para el personaje masculino. Una notable escena con una mujer (Lena Olin), que estuvo en el campo de concentración bajo la guarda de Hanna cuando era niña, y que cierra de algún modo, siempre incompleto, las heridas derivadas de ese episodio de la vida de Hanna. La otra es la escena final en la que Michael comienza a contar la historia a su hija, lo cual debemos entender como una acción de confesión liberadora.

A priori, es una historia de amor. Amor imposible, cronológicamente disléxico. Pero la película tiene otros temas, no todos ellos bien resueltos. Por un lado se toca de forma poco profunda pero que está ahí, presente en determinados comentarios de los compañeros de facultad de Michael así como de su profesor (estimable Bruno Ganz), el tema de la culpabilidad y del sentimiento de culpabilidad de los alemanes ante los crímenes del nazismo. Es un tema controvertido y no del todo resulto. Históricamente apasionante. Pero la película se centra en la relación entre ambos protagonistas, y queda como una cuestión tangencial.

El otro tema, que desde mi punto de vista es más importante que la relación amorosa es el miedo, la vergüenza y la cobardía que asalta a los dos protagonistas en el punto central de la historia, en el que ambos dejan de hacer algo, y como consecuencia, una vida queda totalmente arruinada, y la otra queda marcada y atormentada. Un cuaderno en blanco con un lapicero encima representa ese momento para la mujer. Una fría tarde de invierno en el patio de una cárcel alemana es el momento para el joven. Ambos tienen una oportunidad para que se haga justicia… ninguno actúa.

La dirección y la producción de la película es excelente, con una notable ambientación de la época de la posguerra alemana. Es una película de tiempos y realización marcadamente europea, a pesar del respaldo de capital norteamericano en la producción. Creo que todo ello redunda en la credibilidad del filme, en que nos llegue con más facilidad que si todo estuviese visto bajo el prisma norteamericano.

Las interpretación son también excelentes. El trabajo de todos ellos nos hace a los personajes más que creibles. Vemos a las personas, de una determinada época a las que representan. Además de los actores mencionados, hay una pléyade de secundarios, actores y actrices alemanes que contribuyen al alto nivel del filme en lo que se refiere a la interpretación.

En resumen, una película altamente recomendable, que a mí me ha gustado mucho. No me atrevo a extrapolar este gusto a todo el mundo, ya que algunos de los temas que se tocan han sido de mi interés personal en los últimos años. Temas como las historia alemana del siglo XX y de la posguerra europea me han interesado, y he leído. En cualquier caso, yo a la película le doy un nueve, con la misma nota en interpretación y un ocho en la dirección.

La foto de hoy, algo tiene que ver con la profesión de Hanna en la película.

Tranvia en Alexanderplatz

Tranvía en Alexanderplatz, Berlín (Alemania) - Fujifilm Finepix F10

El curioso caso de Benjamin Button

Cine

El curioso caso de Benjamin Button (The Curious Case of Benjamin Button, 2008), 10 de febrero de 2009.

Dos advertencias. La primera, me parece que por determinados motivos esta película me ha gustado más de lo que me gustaría en otros tiempos o en otras circunstancias. La segunda, desde bastante pronto durante la proyección de la película no pude evitar pensar y comparar con la tan celebrada por muchos Forrest Gump.

Empecemos por esto último. Forrest Gump es una película muy bien realizada, pero que a mí no me gustó. Soy una persona que siente respeto por las personas que puedan nacer con cierto grado de discapacidad intelectual; sin embargo, el papel protagonista de aquella celebrada película me produjo un intenso rechazo. Sólo podía ver en el a un tonto instrumentalizado para transmitir una serie de valores, sumamente conservadores, propios de la sociedad norteamericana, que hemos sufrido durante años en las tres últimas décadas y que no creo que hayan llevado al mundo a nada especialmente bueno. Sencillamente, nunca soporté el maniqueismo y la hipocresía de la película. Pero una de las características de aquel largometraje era su capacidad para recorrer visualmente la historia reciente de los Estados Unidos, conviertiendo el espectáculo visual en un fresco de la evolución de una sociedad. Sesgado, pero no necesariamente irreal o falso. Con el personaje de Benjamin Button, bajo la dirección de David Fincher, volvemos a asistir a un fenómeno similar, pero distinto. Siguiendo la vida del protagonista, volvemos a asistir a una exposición de la historia norteamericana del siglo XX, nuevamente en un ambiente del sur de los Estados Unidos (lo que en Forrest Gump es Alabama y otras localizaciones sureñas en esta película es Nueva Orleans), desde el final de la I Guerra Mundial hasta la catástrofe del huracán Katrina. Pero aquí los valores que se transmiten no son colectivos, no son ilustrativos, no pretenden ser educativos. Los personajes, que por supuesto caen simpáticos, no son perfectos. Intentan vivir sus vidas como mejor pueden con las cartas que les han tocado, intentan sobreponerse, y sus andanzas son una constante reflexión sobre el paso del tiempo, la vida y la muerte. Y esto, me gusta mucho más que con la celebrada película antes comentada.

En ambas hay una historia de amor. Pero en la primera, aunque importante, no es central. E incluso es confusa en sus intenciones. La muerte de Jenny por el sida parece muy vinculada al concepto de castigo por su vida de crápula, con atenuante de abusos infantiles, pero castigo al fin y al cabo; no es más que una exposición más de los valores conservadores de la historia. En la segunda, la historia de amor es el pivote del conjunto. No es maniquea como la anterior; la desgracia de la chica, cuando queda incapacitada para la danza, queda claramente mostrada como efecto del azar, y no de sus decisiones personales. Es una historia de amor triste. Ambos protagonistas se van encontrando a lo largo de sus cronológicamente contrariadas vidas a lo largo de 80 años de historia. Pero sólo alcanzan cierta plenitud y comprensión mutua en los extremos de sus vidas y en el punto central, cuando ambos son pares en edad y madurez.

La realización es notable. La dirección es un poco fría, pero no distante. A mí por lo menos, me llegan los sentimientos. El diseño de producción es impecable. La película es muy bonita de ver. La banda sonora es discreta, pero está ahí acompañando sin molestar. La iluminación perfecta.

En cuanto a la interpretación, hay que hablar de los dos protagonistas. Brad Pitt, que me perdonen sus admiradoras, es un actor con limitaciones interpretativas. No puedo dejar de opinar esto ni aun considerando que este es uno de sus mejores trabajos; un papel que le queda como un guante, y en el que resulta convincente. Considero muy superior a su partenaire, la australiana Cate Blanchett, siempre consistente en sus interpretaciones, no siendo este caso una excepción. Además, sale muy guapa… aunque en muchos momentos se deba a la caracterización rejuvenecedora propia de la historia. Hay muchos secundarios que lo hacen estupendamente. Me gustan mucho las apariciones de Tilda Swinton como la aburrida esposa inglesa en Murmansk, Taraji P. Henson como madre adoptiva, o Jared Harris como pícaro capitán de remolcador. Pero quizá merezca un comentario el discreto pero eficaz papel de Julia Ormond como hija de la protagonista.

En resumen, una película que me ha gustado bastante, que me ha conmovido, y que he visto con mucho gusto y recomiendo. Yo le pongo un nueve, con un ocho en la interpretación y otro ocho en la dirección.

Varias importantes escenas de la película transcurren en una habitación de hospital… así que la foto de hoy es de otra.

Torre

La torre de la Cámara de Comercio de Zaragoza desde el Hospital Miguel Servet - Panasonic Lumix LX3

Revolutionary Road (2008)

Cine

Revolutionary Road (2008), 27 de enero de 2009.

El director de este filme, Sam Mendes, nos ofreció en 1999 una cáustica descripción de las interioridades de los matrimonios y las familias norteamericanas, en una de la mejores operas primas que he visto de cualquier director. En esta ocasión, vuelve a incidir sobre los problemas de las parejas y las familias, pero desde un punto de vista mucho más dramático, sin dar concesiones al humor o la ironía, llevándonos a un final poco apto para gente sonriente y bienintencionada que piensa que las historias de amor siempre acaban bien.

Las historia nos presenta al matrimonio Wheeler, interpretado por Kate Winslet y Leonardo diCaprio. Tras conocerse en una fiesta, a los ojos de todo el mundo son la pareja ideal, envidiada por sus vecinos y amigos. Guapos, jóvenes, simpáticos, amables,… viven en una bonita casa en un barrio residencial cerca de Nueva York, donde el marido trabaja como burócrata en una empresa de cajas registradoras. Pero todo esto es fachada. Bohemios y con aspiraciones de comerse el mundo, esa vida de ama de casa o la falta de interés por el trabajo de oficina, están corroyendo lo que son por dentro, y está ocasionando la crisis que cambiará para siempre sus vidas. Una crisis mucho más marcada en ella.

La realización de Mendes me parece impecable, pareciéndome especialmente importante su habilidosa su forma de centrar la atención en los sentimientos del personaje que importa, independiente de quien hable. Lo que importan no es lo que se dice, sino lo que se siente en cada momento.

Todo ello está basado en la interpretación de ambos protagonistas que está a alto nivel, especialmente la de la Winslet, como ya se había ido poniendo de manifiesto a lo largo de sus últimas películas. DiCaprio también está a buena altura, pero su personaje es más ingrato, más antipático al espectador. De acompañamiento una serie de secundarios que cumplen, incluyendo entre ellos como más conocida a Kathy Bates.

En resumen, una película muy interesante, de buen nivel, de un director que me gusta y muy bien interpretada. Una película adulta, que debería ser recomendada para todo aquel que tenga interés en ver algo más que productos palomiteros. Le pongo un ocho en valoración subjetiva, con la misma nota en dirección e interpretación.

En la foto de hoy, una imagen de mi escapada a Madrid el pasado sábado.

Caixaforum - fachada

La fachada de Caixaforum de Madrid atrae la atención de los visitantes - Panasonic Lumix LX3

Aritmética emocional (2007)

Cine

Aritmética emocional (Emotional Arithmetic, 2007), 23 de junio de 2008.

Esta película me tenía mosca desde hace varias semanas. Por un lado, el reparto es de campanillas, con actores muy soventes. Susan Sarandon, Gabriel Byrne, Max von Sydow, Christopher Plummer,… Por otro lado, este filme canadiense ha sido recibido de forma muy fría tanto por la crítica como por el público. Así que… Bueno, ayer, ante el bajón de la cartelera, que empieza a tomar los tristes tintes veraniegos en cuanto a interés y calidad, nos animamos a verla.

La historia narra el reencuentro de Melanie, personaje interpretado por la Sarandon, con sus dos compañeros en el centro de detención de Drancy, durante la Segunda Guerra Mundial; centro de tránsito antes de ir a parar a los campos de exterminio nazis. De entrada, el espectador tiene una información limitada; poco a poco va conociendo que la vida para los tres ha sido difícil por diversos motivos. Lo que pretende la historia es llegar a una catarsis en la que las cuestiones pendientes queden aclaradas, y tal vez eso dé algo de paz a los personajes.

Y digo que es lo que pretende, porque creo que no lo consigue. Creo que hay dos problemas básicos. Por un lado, que el espectador no consigue meterse en la piel de los protagonistas, que aparecen siempre muy lejanos. Se genera poca empatía. El sufrimiento queda muy lejos de esos idílicos paisajes de la campiña canadiense. Por otro, las imágenes del pasado, en un blanco y negro muy difuminado, con una estética un poco orwelliana, te dan la impresión de que estás viendo algo más de fantasía que de realidad. Las motivaciones quedan poco claras, y no siempre encuentras que los actos de los personajes sean la consecuencia de lo que te están contando. Creo que al director, Paolo Barzman, se le ha ido de las manos una historia interesante pero difícil de contar. Se ha quedado en el esteticismo, y se ha olvidado de dar alma a la historia.

Los intérpretes son buenos, como todos sabíamos a priori. Pero aunque ponen todo de su parte para lidiar con el filme, no consiguen salvar algo que tiene una base muy endeble. Christopher Plummer, que está bastante bien, tiene que lidiar con un personaje que está especialmente mal definido en algunos momentos.

En resumen, película fallida, que sólo es recomendable para apreciar los destellos de calidad interpretativa, pero que ni aun por esas sirven para realizar una recomendación franca de esta película. Un siete a la interpretación, pero un cinco a la dirección y a la valoración subjetiva global del filme.

Siendo los paisajes lo más destacado de la película, os dejo uno desde el Alto de Alcubierre.

Paisaje al atardecer

(Canon EOS D60; EF 28-135/3,5-5,6 IS USM)

Antes que el diablo sepa que estás muerto (2007)

Cine

Antes que el diablo sepa que estás muerto (Before the Devil Knows You’re Dead, 2007), 25 de mayo de 2008.

En el día en que todo el mundo se fue a ver la última de Indiana (que no tardará en caer), veo una buena crítica de este film de Sidney Lumet, y a ello que nos vamos. Para empezar, porque Lumet empieza a ser uno de los pocos clásicos vivos que queda; además, porque el reparto prometía y mucho.

El filme parece un drama. Situado alrededor del atraco a un joyería, en el que mueren dos personas. A partir de ahí, y con una estructura temporal no lineal, en el que vamos hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, vamos conociendo los hechos que desencadenan la situación del atraco y sus consecuencias. Algunos hechos los conocemos desde el punto de vista de distintos personajes. Poco a poco, vamos comprendiendo que lo que estamos viendo no es una drama. Es una tragedia. Una tragedia que va envolviendo a los personajes de forma inexorables, ya que son incapaces de controlar las consecuencias de sus propias y nefastas decisiones.

El filme comienza con una sorprendente (en el cine americano) escena de cama, cuyo sentido se va entendiendo a lo largo del desarrollo de la trama, y poco a poco nos introduce en los elementos necesarios para comprender el desenlace final. El ritmo es lento al principio, y progresivamente se acelera, pero permitiendo al espectador asimilar las situaciones. La imagen es poderosa, con una iluminación dura, que nos envuelve en una atmósfera muy determinada.

La interpretación es de lo mejor que se puede ver hoy en día. Philip Seymour Hoffman, como ya he comentado en otras ocasiones, se muestra como uno de los mejores actores del momento, capaz de interpretar registros muy diversos con gran competencia. Y aquí lo demuestra una vez más. Ethan Hawke y Albert Finney, que son el resto de personajes protagonistas, componen asimismo personajes convincentes, llenos de matices. Saliéndose de cualquier ensillamiento. En un papel más pequeño, y no especialmente agredecido por la personalidad del personaje, Marisa Tomei nos muestra también que es una actriz sumamente capaz y desaprovechada en el cine actual.

En resumen, buen cine; muy buen cine. Altamente recomendable. Yo le pongo un ocho a este filme, con la misma nota en la dirección y un nueve en la interpretación.

La imagen de hoy, la lluvia en la ciudad de Trieste, en mi último viaje.

Piso mojado

(Fujifilm Finepix F10)

Una chica cortada en dos (2007)

Cine

Una chica cortada en dos (La fille coupée en deux, 2007), 18 de mayo de 2008.

Me quedaba pendiente de comentar esta película francesa de Claude Chabrol, que se me quedó en el tintero por salir de viaje durante toda la semana. A mí, las películas de este director francés me dejan siempre una sensación rara. Tiene cosas que me gustan, pero por otro lado son películas que no me acaban de resultar redondas.

En este caso nos encontramos con la historia de Gabrielle (Ludivine Sagnier), una chica del tiempo en una televisión local de Lyon, que se debate entre elegir a un viejo escritor, algo calavera (François Berléand) o a un rico heredero de extraño y violento pasado (Benoît Magimel). Se decide por el primero, que le lleva por una relación poco comprometida y, podríamos decir, libertina, y que terminará cuando ella pida más compromiso. A continuación, será recogida por el joven heredero y todo transcurrirá dentro de una historia de extraños celos hacia una tragedia con extrañas resoluciones.

A mí, el conjunto de la historia me parece que no tiene mucho sentido, o tal vez, no tiene gran interés. El personaje central es el de Gabrielle, que para concitar la atención de semejantes pretendientes, debería tener una personalidad notable. Pero al fin te planteas que todo lo que le pasa es simplemente porque está buena, que lo está, y es algo tonta, que a mí me parece que lo es. Y claro, la historia de una chica mona y tonta,… pues tiene un interés muy limitado.

Los actores son buenos, aunque siempre penalizados en la versión doblada por el mal doblaje que tradicionalmente tienen las películas francesas. Pero como la película tampoco me da mucho más de sí, tampoco me entusiasman.

En resumen, lo del principio. Se ve alguna cosa interesante, pero sin que me llegue a interesar el tema. Ni veo a quien el puede interesar. Le pongo un cinco, con un seis en la dirección y otro seis en la interpretación.

En la imagen, sigo con alguna de las que he tomado en estos días de viaje. En concreto, la ciudad de Trieste, en la orilla del mar.

(Pentax K10D; SMC-DA 21/3,2)

Mil años de oración (2007)

Cine

Mil años de oración (A Thousand Years of Good Prayers, 2007), 27 de abril de 2008.

Nos encontramos ante el último filme que llega a las carteleras españolas del director de Hong Kong, Wayne Wang. Este director me agradó notablemente  en los años noventa con realizaciones del tipo de Smoke, Blue in the Face o La caja china. Pero luego dejó de interesar, introduciéndose en el tonto terreno de la mediocre tirando a nefasta comedia romántica o familiar actual. Por lo cual, lo tenía yo metido por ahí en un rinconcito de la memoria, cerca del olvido.

En este nuevo largometraje, cambia de registro. Nos encontramos ante una historia mínima, sobre un reencuentro entre un padre, chino, que viaja a los Estados Unidos donde vive su única hija, en una pequeña ciudad del oeste americano. El ha enviudado, ella se ha divorciado. Pronto se hace evidente que hay un profundo desgarro en la relación entre padre e hija. La comunicación es escasa, frecuentemente banal o convencional. Poco a poco descubrimos los motivos. Ambos viven sus mentiras. Pero todo conduce a que la hija por fin conoce que realmente su padre ha vivido en una mentira, pero no la que ella cree. Y esto lleva a un final esperanzador, en cierta medida.

La producción es austera, pero bien hecha. El director tiene oficio. Los actores, Henry O y Feihong Yu, están más que solventes en unos papeles con muy poco diálogo, con muchas miradas y muchos silencios. Siendo una historia mínima, el filme dura poco, porque poco más hay que contar.

En resumen, una historia que tiene su interés sobre relaciones familiares, dignamente realizada, que quizá tiene su punto más débil en que tampoco tiene mucho más que rascar. Le pondremos un siete en la valoración subjetiva, y otro tanto en dirección e interpretación. Amantes de la acción desenfrenada y del parloteo constante, abstenerse. Ya he dicho, pasan muy poquitas, muy poquitas cosas.

En la fotografía de hoy, una imagen con autorretrato el pasado día de San Jorge, en la Plaza de los Sitios de Zaragoza.

Marionetas y reflejo

(Canon EOS 40D; EF 50/1,8)

Elegy (2008)

Cine

Elegy (2008), 20 de abril de 2008.

Ayer nos dirigimos a ver la última película de Isabel Coixet. La directora catalana se ha puesto a sí misma el listón muy alto tras sus dos últimas películas, por lo tanto siempre da un poquito de morbo ver si va a ser capaz de mantener el nivel. El filme también tiene el aliciente de sus dos protagonistas. Se ha vendido como una película de la española Penélope Cruz, aunque comprobamos tras su visualización que el auténtico protagonista es el solvente Ben Kingsley.

El filme tiene tres partes bien diferenciadas. Por una lado, comienza con el rollete de un maduro profesor con una joven estudiante cubana que asiste a uno de sus cursos. Un rollete que poco a poco va a más, pero que termina cuando nuestro maduro profesor es incapaz de dar ciertos pasos hacia adelante. Es una fase que está bien realizada, pero que a mi me produce ciertas dudas… entiendo por qué el profesor quiere enrollarse con la alumna… ¡está buena!… pero no acabo de entender por qué querría ir más allá. Lo que conocemos del personaje de la alumna, en mi opinión, no justifica el nacimiento de sentimientos más profundos.

La senguda parte, tras la ruptura, creo que es la más lograda. Nos enfrenta con las sensaciones que el maduro profesor recibe, como consecuencia de su propia sensación de evolución y de envejecimiento, unido a lo que les pasa a sus amigos y familiares. El maduro profesor entra además en un estado de «duelo» ante la pérdida de su joven alumna. Empieza a entender que ha perdido bastante más de lo que pensaba.

La tercera parte supone un reencuentro, y…

ATENCIÓN: DETALLES DEL ARGUMENTO QUE PUEDE QUE NO QUERÁIS CONOCER.

la película se convierte en una variante de Love Story. O si lo preferís, de aquel rollo aburrido que fue Otoño en Nueva York. Cierto es que este filme creo que es superior a los dos mencionados, por muy diversos motivos; planteamiento, dirección, interpretación, sentimientos en juego, etc. Pero lo que nos pasa es que tenemos la sensación de recorrer terreno trillado.

FIN DE LOS DETALLES DEL ARGUMENTO QUE PUEDE QUE NO QUERÁIS CONOCER.

En su conjunto, la realización del filme muestra el buen oficio y saber hacer de la directora, que no deja lugar a la improvisación, que hace una puesta en escena cuidadosísima, meditando y componiendo cada plano con un detalle magnífico.

La interpretación de Kingsley es excelente, y se pone de manifiesto especialmente cuando interactúa con los secundarios del filme, algunos tan prestigiosos como Dennis Hopper, la «blondie» Deborah Harry, o los menos conocidos, como la excelente Patricia Clarkson, o Peter Sarsgaard. La española «Pe» cumple con su cometido, no está mal, aunque no la encuentro al mismo nivel que su oponente masculino. No sé muy bien porque no han buscado alguien de la edad que correspondía al personaje. Bien es verdad que como es menuda, da el pego… pero no sé… algo faltaba en el carácter que interpretaba.

En resumen, un filme que no está al mismo nivel que los anteriores largometrajes de la directora, pero que probablemente podemos considerar de lo mejor que hay en estos momentos en la cartelera, y por lo tanto, recomendable. Aunque a mí, subjetivamente, hubo cosas probablemente inherentes a la historia que no me acabaron de convencer. Por eso le pongo un seis, aunque con un siete en la dirección, y un ocho en la interpretación.

Por cierto, que la historia está basado en un libro de Philip Roth, titulado The Dying Animal.

Para la foto de hoy, me voy a un rincón intimista en El Tubo de Zaragoza.

Ortopedia La Francesa

(Canon EOS 40D; EF 50/1,8)

La familia Savages (2007)

Cine

La familia Savages (The Savages, 2007), 13 de abril de 2008.

Nos encontramos aquí ante una película de lo que se ha dado en llamar cine independiente, realizada por la directora Tamara Jenkins, y que nos traslada a los problemas de dos hermanos ante la enfermedad sobrevenida de su padre, que le discapacita, le vuelve dependiente y exige a ambos hermanos una atención que no prestaban, al encontrarse alejados del progenitor, que no se hizo cargo adecuadamente de ellos en la infancia.

Sin embargo, conforme avanza el filme comprobamos que el proceso del padre sirve para mostrarnos los auténticos problemas de ambos hermanos que son propios, intrínsecos a su forma de ser y a su desarrollo personal, dos personas que están mucho más solas y desorientadas de lo que se reconocen a sí mismas, que están en el salto de los 40 y sin que tengan claro que son o van a ser en la vida. El reconocimiento de esas carencias que se produce en paralelo a la evolución del padre, especialmente en el personaje femenino interpretado magistralmente por Laura Linney, es la columna vertebral del largometraje.

La ambientación de la película es dura, sin concesiones, desde la artificiosidad de los barrios residenciales de una ciudad en el desierto de Arizona, hasta el rigor del invierno en Buffalo, en la frontera con el Canadá, nos mueve por ambientes desolados, poco acogedores para el ser humano. Incluso la humanización que la protagonista pretende en la habitación de su padre está basada en componentes mas bien horteras, vulgares y poco humanos.

Sin embargo, aquí y allí van apareciendo elementos humanos (o animales), pequeños personajes secundarios que van dotando de cierto sentido al viaje de los dos hermanos y que permiten que el final del filme se dote de cierta esperanza y optimismo.

La base de la interpretación está en los intérpretes. Si ya hemos destacado el papel de Linney, no menos magistrales están Philip Seymour Hoffman como hermano, y Philip Bosco como padre. Todos ellos ofrecen unos registros notables en los que se alterna el dramatismo de las situaciones con ciertos toques de humor que provocan inesperadas sonrisas en el espectador, que de esta forma ahuyenta el fantasma del deseo de suicidio ante la catástrofe personal que está presenciando.

En resumen, una película altamente recomendable, no apta para palomiteros ni amantes de la acción, pero que sin duda gustará y mucho a los amantes del buen cine, y especialmente del buen trabajo actoral. Yo le pongo un ocho a todo, dirección, interpretación y valoración subjetiva.

La fotografía de hoy, un grafitti con personajes tras las rejas, paradójicamente en la Calle de la Libertad de Zaragoza. Salud y república.

Tras las rejas

(Canon EOS 40D; EF 50/1,8)

El último gran mago (2007)

Cine

El último gran mago (Death Defying Acts, 2007), 6 de abril de 2008.

Si el título que le ponen en castellano a una película cuando varía del original o de su traducción correcta fuese un indicador de lo que viene a continuación, es evidente que tendríamos que haber evitado este filme. Parece que la distribuidora de este título en España no se ha enterado que El Gran Houdini fue famoso por sus números de escapismo y no por ser mago o prestidigitador. Pero bueno, es lo de menos.

La película dirigida por Gillian Armstrong está basada en la cruzada contra el espiritismo y los fenomenos paranormales que el artista desplegó a partir de un intento de estafa de una presunta medium que dijo conocer las últimas palabras de su madre. A partir de ahí, se crea una trama en la que interviene el personaje interpretado por la galesa Catherine Zeta-Jones, que pretende conseguir el dinero que el escapista, interpretado por Guy Pierce, ofrece a quien pueda demostrar que los fenómenos paranormales son reales. La trama tiene muy poquito sentido y en determinados momentos se me antoja absurda. El amorío entre los protagonistas me resulta forzado e irreal, y la historia en su conjunto no consigue interesarme en ningún momento. A pesar de durar poco más de 90 minutos, se me antojó eterna.

La interpretación de ambos protagonistas es muy floja. Por lo menos, la Zeta-Jones está guapa, lo cual apenas justifica el desplazamiento a la sala de cine. Curiosamente, quienes mejor actúan, quienes salvan algún momento puntual del filme son los dos secundarios, la joven Saoirse Ronan, a quien ya pudimos apreciar recientemente en Expiación, y el veterano actor británico Timothy Spall, casi siempre solvente en sus papeles. Pero vamos, tampoco bastan para salvar la película.

En conclusión, una película claramente fallida, en la que una correcta realización técnica no basta para que me parezca de gran interés. Por supuesto que hay cosas mucho peores… pero vamos. Le pongo un cinco, con otro cinco en la dirección y un seis en la interpretación para reconocer el trabajo de los secundarios.

Sucediendo la acción en Edimburgo, la foto de hoy es… pues eso… de Edimbugo.

(Canon EOS 100; EF 28-80/3,5-5,6 USM)