[TV] Cosas de series; calamares, y otras cosas, a la coreana

Televisión

Estoy encantado con las ironías de la vida, incluso en algo tan intrascendente como mis preferencias televisivas. Quien siga este Cuaderno de ruta sabe de mi «afición/adicción» a los dramas coreanos en forma de serie de televisión, popularmente conocidos como k-dramas, que tiene Netflix en cartera. La mayor parte de ellos son auténticos placeres inconfesables, ya que sus «defectos» son notorios. Pero a pesar de ellos, o quizá por ellos, acabas pasándotelo pipa con estos culebrones en 16 episodios de promedio. Suelo dedicar mi tiempo televisivo a los k-dramas en los fines de semana, en los que prefiero dejar mi mente en estado de evasión intrascendente. Pero este domingo, me decía Netflix que uno de ellos era tendencia en todo el mundo, y el número 1 de la cadena en España ese mismo día. ¡Cuántas veces mis amigos y conocidos no me habrán tomado el pelo por mi «afición/adicción» a los k-dramas! Bien, quien ríe último, ríe mejor. Y a mandíbula batiente. Pero vamos con ellos de menos a más. Que quiero dejar cuatro de ellos comentados antes de pasar al modo «solo fotos» en este Cuaderno de ruta durante unos días.

Pues si en Corea del Sur, en Seúl concretamente, queréis buenos moluscos, mariscos y pescados, seguro que calamares también, os recomiendo el mercado del pescado de Noryanjin. Para quienes nos gustan los frutos del mar, un lugar maravilloso.

Entre los k-dramas de hoy, Neoneun naeui bom 너는 나의 봄 [Eres mi primavera], es uno de los más típicos y tópicos. Comedia romántica con dramón de fondo, en el que de una forma u otra están implicados todos los protagonistas de una forma que parece absolutamente inverosímil, en torno a un vecindario tenemos traumas infantiles, personas con trasplantes de corazón, víctimas de maltrato doméstico y de género, crímenes truculentos, y un bonito romance entre una jefa de conserjes (Seo Hyeon-jin) de un hotel de lujo en Seúl con un psiquiatra que vive en el piso de abajo. Aunque reúne muchos de los elementos que hacen de los k-dramas pecados inconfesables, lo cierto es que está bien hecho, bien interpretado, y con una protagonista, la ya mencionada que es una actriz bastante carismática y que ya me he encontrado en alguna otra serie.

Seo Hyeon-ji era de las protagonistas destacadas en la primera temporada de Dr. Romantic. O como se titula en coreano, Nangmandakteo Gim Sabu 낭만닥터 김사부 [El doctor romántico, profesor Kim]. Como ya conté, es una serie que encontré en Netflix Suiza, que me descargué, y me dio a ver antes de que caducaran las descargas la primera temporada que ya comenté y un par de episodios de la segunda. Luego me he tenido que buscar la vida para ver la segunda temporada completa. En las peripecias del peculiar hospital de provincias donde transcurre la acción, se mantiene el protagonista (Han Suk-kyu) y buena parte del reparto habitual. Pero cambian los médicos jóvenes que son coprotagonistas de la acción. Lo cierto es que en gran medida es una repetición con breves alteraciones argumentales de la primera temporada. Y por ello, resulta menos satisfactoria. Es excesivamente melodramática, funcionando mejor cuando adopta tono de comedia, y es la típica serie pedagógica, donde además de instruir a la audiencia sobre temas médicos y de salud, se propone un sistema de valores positivos y éticos frente a otros negativos y codiciosos. En general los valores positivos son correctos, aunque un tanto paternalistas y patriarcales. Pero es Corea… qué podíamos esperar de un país en el que hasta después del año 2000 es sistema social era oficial y legalmente patriarcal. Y estas cosas no se curan de la noche a la mañana.

Como drama médico, más bien comedia en su mayor parte, Seulgiroun uisasaenghwal 슬기로운 의사생활[Hospital playlist; la traducción literal es la vida inteligente del doctor, lo quiera significar esto] es mucho más majo e interesante. Y ha llegado a su segunda temporada. Primero, porque no hay maniqueísmos. Simplemente, cinco amigos, médicos en torno a los 40 años de edad, que llevan una vida dedicada a su profesión al mismo tiempo que salen adelante con sus problemas familiares y con su vida personal en general. Es una serie de las que te dejan bien, a gusto con el mundo. Segundo, porque no la incluyo entre los placeres inconfesables, ya que me parece recomendable por derecho, especialmente si quieres mejorar tú estado de ánimo. Buenas interpretaciones, personajes entrañables, tanto en los cinco protagonistas, como algunos de los secundarios. Si en la primera temporada era la residente mayor de cirugía general la que nos enganchaba emocionalmente (Shin Hyon-bin), en esta segunda ha sido la de obstetricia (Han Eun-jin), cuyo único problema es que el nombre del personaje puede dar lugar a mucho cachondeo entre el público hispanoparlante. Episodios largos, entre los 90 y los 120 minutos, pero que transcurren en un vuelo. Y te dejan con ganas de más. Y además es de las menos patriarcales y rancias de Corea, ya que tiene personajes femeninos afirmativos, con carácter y en puestos significativos, más poderosos y decididos emocionalmente que los masculinos. Aunque sospecho quedo veremos más… Si el final de la primera temporada dejaba abiertas las tramas, el de la segunda temporada las deja bastante cerradas. Aunque por la naturaleza de la serie, se podría retomar en cualquier momento.

Y vamos con la sensación del momento, Ojing-eo Geim 오징어 게임 [El juego del calamar], que ha trepado a todas las listas de éxitos y tendencias en quince días. Y en un primer momento, en el primer episodio, en un análisis superficial, da la sensación de que es un cruce entre dos series de la propia Netflix, una española, por determinados elementos estéticos, y otra japonesa, por determinados elementos argumentales. Luego te das cuentas que más que una influencia de estas series, ya he dicho que la comparación era superficial, todas ellas comparte influencias, pero la que tenemos delante, esta serie coreana, es muy superior a las anteriores. Dentro del género de los juegos mortales, en los que los participantes o ganan o mueren, es una de las producciones realizadas con más inteligencia y dedicación que he visto. No es difícil comprender que estamos ante una metáfora de la sociedad capitalista, y si no lo es se parece mucho, en la que unos poco plutócratas deciden sobre el destino de las gentes, estando condenado a ser un marginado si no eres un alienado entre los «perros», usando nomenclaturas de Vargas-Llosa, es decir los cuerpos armados que defienden el status quo, o entre los trabajadores, dóciles y cumplidores, pero sin voz ni rostro. El diseño de producción es ambicioso y muy conseguido. Los guiones, por mucho que los amigos del defectillo anecdótico quieran magnificar las pequeñas incoherencias sin trascendencia real que pueda haber, están muy cuidados y muy trabajados. Y sobretodo, el cuadro de personajes, junto con los intérpretes que los encarnan, está muy bien definidos y dan lugar a trabajos actorales de mucho mérito, incluso en intérpretes poco conocidos o noveles. Uno de los personajes mas populares, la joven desertora norcoreana Kang San-byeok, está interpretada por una modelo de pasarela popular en su país, Jung Hoyeon, que nunca había actuado, e incluso le habían dicho que no valía. Pero es una de las actrices cuyo trabajo va claramente de menos a más. Aunque su más de metro setenta y cinco de estatura, la haga un poco inverosímil para encarnar a quien huye de las hambrunas de la monarquía comunista norcoreana, por muy delgaducha que esté. Las hambrunas en la infancia no ayudan a alcanzar grandes estaturas. En cualquier caso, es una producción notable. Muy por encima de los k-dramas habituales, mucho más engarzado en el cine surcoreano, que con cierta frecuencia nos ofrece producciones muy notables de gran nivel, tanto en su realización como en su interpretación. Muy recomendable.

[Libros de fotografía] Michals y lo conceptual, y Fukushima

Fotografía, Literatura

Esta entrada tendría que haber ido ayer, como mis recomendaciones fotográficas habituales de los domingos. Pero después de una mañana de caminata, tuve una tarde bajón anímico, que sólo me permitió apañar cuestiones prácticas pendientes para un viaje inminente y hacer un maratón del drama coreano de Netflix, del cual, igual os hablo mañana. Muy interesante. Pero hoy vamos con un par de libros de fotografía que me han llegado a casa en los últimos días… por orden de llegada.

Las regiones afectadas por el terremoto de Tōhoku (literalmente «nordeste») se encuentran al norte de Tokio. Y en mis dos viajes al País del Sol Naciente sólo he ido al norte de Tokio para visitar Nikko. Pero está en nuestros planes que, cuando se normalicen los viajes al amainar la pandemia, haremos un viaje por el norte de la isla de Honsu.

Duane Michals es uno de mis fotógrafos favoritos. Y además, es el fotógrafo con el que aprendí realmente qué es la fotografía conceptual y lo muy interesante que puede ser. «Fotografía conceptual» es un término muy maltratado y es usado por mucha gente como le interesa. Las más de las veces para atribuir a su fotografía un interés que no tiene. Pero en Michals los conceptos están claros, a través de sus sencillas, que no simples, imágenes, pero llenas de significados. Hace unas semanas vi anunciado el último libro publicado del autor, muy recientemente, bajo el título bilingüe The Idiots Delight / Plaisirs ridicules, en el que el fotógrafo juega con el absurdo en una serie de retratos escenificados, que son acompañados por breves frases o expresiones. Fotografías en blanco y negro en un tamaño más que respetable, a doble página en un libro cuyas dimensiones externas son unas notables 34 x 26 cm. Es un libro divertido, del que todavía he oído hablar poco, pero que a mí me ha encantado. Eso sí… se asume la inteligencia del «lector», ya que sólo están las fotos con sus breves frases. Ni introducciones, ni sesudos comentarios complementarios por algún sabio de la fotografía… la «lectura» de la fotografía conceptual necesita de palabras las justitas. Lo importante son las imágenes.

El otro libro nos habla de las consecuencias del seísmo de Tōhoku de 2011 en Japón, más conocido por la catástrofe nuclear de la central de Fukushima que tuvo como consecuencia. Hablo de Out of Sight, Fukushima à l’abrí du regard, en japonés 曖昧な喪失 Aimaina sōshitsu [pérdida ambigua] ,un libro tetralingüe, japonés, inglés, francés y alemán, realizado mano a mano entre una fotógrafa francesa que vive y trabaja en Japón, Delphine Parodi, y una escritora y poetisa japonesa, Yōko Tawada, que vive y trabaja en Alemania. El libro conjuga un serie de dípticos fotográficos de Parodi, retratos ambientales y paisaje de naturaleza, con los textos que Tawada, para hablarnos de las gentes que se han pegado a la tierra a pesar de la catástrofe y de los riesgos, tratando de humanizar a aquellos que se han quedado tras la tragedia. Incluye testimonios vitales de estas gentes. Son muchos los autores, tanto visuales como literarios, que han dirigido su mirada y pensamiento hacia esta tragedia. Pero en su aparente sencillez, este trabajo es uno de los que más me han llegado y convencido. Y tiene poco de espectacular, pero no carece en absoluto de profundidad. Necesitaré mi tiempo para ir leyendo y reflexionando sobre todos los textos que en el aparecen.

[Fotos] Instax Monochrome, paisaje ferroviario y Goya

Fotografía

Justo hoy ha surgido una oportunidad para exponer con la Fujifilm Instax SQ6 un cartucho de película instantánea Instax Square en color. Pero el comentario sobre ese cartucho tendrá que esperar, porque esta semana, de vacaciones hasta dentro de dos más, tuve ocasión de exponer otro de Instax Square Monochrome con la misma cámara. Y esas son algunas de las fotos que voy a presentar aquí.

En esencia, algunos paisajes ferroviarios e industriales de los barrios de la margen izquierda del Ebro, y algunos «retratos» a los Goyas que el ayuntamiento de la ciudad ha colocado para conmemorar el 275º aniversario del nacimiento del pintor de Fuendetodos. Los detalles técnicos en Instax Square Monochrome para el entorno ferroviario industrial y para Goya.

[Fotos] Los interminables rollos de las Olympus Pen en verano

Fotografía

Lo que son las cosas, estamos ya en el primer día de octubre y aun me queda por comentar un rollo que comencé en agosto y terminé el 1 de septiembre. Mi verano ha sido muy activo fotográficamente con la #CrappyCommieCameraParty, dedicada a la fotografía con cámaras (u otros equipamientos fotográficos en mi caso) fabricados en países comunistas. Pero aunque esta «fiesta» fotográfica estaba convocada entre el 1 de julio y el 30 de septiembre, a finales de septiembre estaba cansado y empecé a usar otros equipos más agradecidos en su diseño y manejo. Y por ello, en los últimos días de agosto decidí sacar a pasear la estupenda Olympus Pen F con su Zuiko 38 mm f1,8 al que le puse un filtro amarillo de Hoya para mejorar el contraste de las fotografías en blanco y negro.

Las Olympus Pen son cámaras en las que el fotograma tradicional de 24 x 36 mm está dividido en dos, por lo que de un rollo de 36 fotos se obtienen 72. O más, habitualmente. Los detalles técnicos en Último rollo de película de agosto – Olympus Pen F con Fujifilm Neopan 100 Acros II. Aquí os dejo unas pocas de esas más de 72 fotos.

[Cine en TV] Je8ileui bam 제8일의 밤 [La 8ª noche] (2021)

Cine

Je8ileui bam 제8일의 밤 (2021; 63/20210929)

Semana paradójica en lo que al cine se refiere para mí. Estando de vacaciones, con más disponibilidad de tiempo y horarios, sin embargo, no hemos encontrado momento, película y motivación para ponernos de acuerdo para ir al cine. Y no ha habido nada que por su tema o supuesta calidad me incitase a ir yo sólo a las salas de cine. Antes me importaba menos ir por mi cuenta al cine. Pero ahora… si no voy con alguien con quien compartir mis sensaciones… me da pereza. Así que este miércoles decido que después de cenar no hay teleserie y opto por una película en alguna plataforma digital. Como últimamente el cine surcoreano está con muy buen tono, me atrevo con una de terror fantástico en Netflix dirigida por Kim Tae-hyoung. En general había visto críticas positivas de ella, aunque alguna no tanto. Es una de esas películas afectadas por la pandemia, que no son realmente originales de Netflix, pero que acuden a esta plataforma por su difícil distribución internacional.

Los antiguos templos de Seokguram, cerca de Bulguksa, Patrimonio de la Humanidad según la Unesco, en una zona montañosa, nos servirán para representar el ambiente de monasterios budistas de la película de hoy.

La cosa va de una profecía de origen budista, por la que si en un momento dado los dos ojos de un demonio que Buda enterró separados en el oeste y en el este del mundo conocido (o sea, el continente asiático) se reuniesen, sería el caos y tal. Para ello, un supuesto monje budista (Lee Sung-min) que practica exorcismos y su novicio (Nam Da-reum) inician la búsqueda de una chamana virgen (Kim Yoo-jeong), que será la última portadora del ojo que viene del oeste antes de que se reúna con el del este. Pero el ojo demoniaco va dejando un rastro de víctimas, y la policía sospecha de los protagonistas, interfiriendo en su búsqueda.

Resumiéndolo por la vía rápida. La película está razonablemente bien hecha, con oficio, y los intérpretes son más que decentes. Cuando menos, lo hacen mejor que los habituales intérpretes de las series de televisión coreana. Es algo típico de ese país, y de algún otro, un mismo actor o actriz es lamentable en televisión y hace un buen trabajo en el cine. Supongo que son las formas de trabajar de ambos medios, aunque uno pensaría que es algo que debería estar superado. Pero la historia y las cosas que pasan en pantalla no dejan de ser más que una serie de tropos previsibles, menos uno estilo «sexto sentido», que hacen que el interés por la historia vaya decayendo conforme pasan los minutos para llegar a un final en el que, bueno, pasan las cosas que tienen que pasar.

Esta película, por lo tanto, no deja de ser un pastiche de elementos típicos de este género de películas, y difícilmente recomendable. Una pena. Supongo que en su país de origen tienen más interés, puesto que estas producciones parecen frecuentes. Pero a mí me dejó… somnoliento y con ganas de irme a dormir.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

[TV] Cosas de series; un poco de animación oriental, sobre todo Star Wars a la japonesa

Televisión

Que en los últimos tiempos veo menos televisión es una obviedad. Desde mayo estoy en una pelea cotidiana por conseguir eliminar todos los kilos que me sobran, o por lo menos la mayor parte de ellos. Y de momento no voy mal. Pero eso conlleva, además de una dieta rigurosa, procurar dedicar suficientes horas al día a realizar ejercicio cardiosaludable. No es que haya tenido problemas de salud específicos. Es que no quiero tenerlos en el futuro. O al menos, disminuir ampliamente la probabilidad de sufrirlos. En salud, nada es seguro, todo es posible, aunque unas cosas sean más probables que otras. Así que llegados a este punto tenía poco que comentar. Poquito. Habrá que contentarse con algo de animación oriental.

Los santuarios y los barrios antiguos de Ise nos servirán para ilustrar una entrada con una serie que combina las tradiciones niponas con el universo Star Wars.

Desde China llega a través de Netflix Xian wang de richang shenghuo 仙王的日常生活, que se traduciría como La vida diaria del rey de las hadas, aunque oficialmente le han dado el título en español de La vida diaria del rey inmortal. La serie no es gran cosa en su realización y en sus argumentos, que tiran más bien a la comedia adolescente, pero curiosamente de forma global resulta entretenida. Sin más. Es una producción china por parte del mismo estudio que una razonablemente interesante antología de tres historias cortas que ya vimos no hace mucho, en la que se confirma que en China hay interés por copiar las fórmulas de éxito del anime japonés. Con tradiciones propias. En esta ocasión, cogen a una serie de seres del mundo fantástico, mágico o celestial, y los ponen en lo que sería el «Hogwarts» chino. Ya digo, nada especialmente memorable, pero suficientemente entretenido para colar uno de sus episodios de poco más de 20 minutos en ratos muertos hasta que te ves la serie. En dos meses, como me sucedió a mí.

Mucho mucho mucho más interesan es Star Wars: Visions. O quizá debiéramos decir Sutā Wōzu: Bijonzu スター・ウォーズ:ビジョンズ. Pero bueno,… esto último no es más que la forma en que los nipones pronuncian el título en inglés. Después de darle una vuelta al pensamiento, he llegado a la conclusión que esta es la producción del universo Star Wars más interesante y estimulante, junto con The Mandalorian y su Baby Joda, desde The Empire Strikes Back. Es lo que hoy en día se llama una antología, de nueve episodios, de corta duración, creo que se mueven entre los 13 y los 23 minutos, por lo que se ve enseguida, realizados con libertad creativa en estilo y guion por una serie de estudios y directores orientales, en su mayoría japoneses, aunque hay uno español y otro coreano, que trabajan para estudios japoneses. Las historias no tienen porqué adherirse al canon de la franquicia, siendo libres sus creadores de situarlas en el tiempo y entorno de su preferencia. Y lo que han conseguido es una delicia animada, que demuestra claramente que salirse de los caminos mil veces recorridos es mucho más positivo que insistir sobre ellos. De varios de los episodios, a mí me gustaría ver series completas dedicadas a esos personajes y a esas historias. Fenomenal, sobresaliente. Altamente recomendada. No sé a que estáis esperando… Y mandar a tomar viento fresco a las tontadas que dirige sin ninguna originalidad el mamón de J. J. Abrams, que tanto daño han hecho a las historias de nuestro universo de ficción favorito hasta que el propio George Lucas hace 20 años y Abrams recientemente decidieran destrozarlo.

[Fotos] Un rollo de prueba para ver qué iba mal con unos objetivos

Fotografía

Pues eso. Que es un rollo de película en blanco y negro sin más consecuencias que comprobar porqué determinados objetivos iban mal con determinadas cámaras. Los detalles técnicos están en Problemas con los adaptadores M42 a Pentax K – Pentax MX con Fomapan 100 Classic. Pero probablemente a muchos no os interesen demasiado. Lógico.

[Recomendaciones fotográficas] Un obituario y unas cuantas cosas más

Fotografía

Como la semana pasada dediqué mis recomendaciones fotográficas a comentar la obra de una artista groenlandesa, a propósito del catálogo de la exposición que le dedicaba Louisiana Museum, tengo unas cuantas cosas acumuladas desde casi que volví de Copenhague. Vamos con ello.

En primer lugar, han marcado las dos últimas semanas los homenajes de los medios especializados, e incluso de alguno generalista, a Carlos Pérez Siquier (1930 – 2021), uno de los fotógrafos españoles más interesantes de la últimas décadas del siglo XX y del principio del XXI, con una mirada inquisitiva sobre las carencias y las peculiaridades de la realidad social española, que nos venía muy bien. Y esperemos que otros fotógrafos cojan el relevo, aunque cada vez cuentan con más trabas para difundir sus fotografías al gran público. Pérez Siquier, un fotógrafo cuya obra es de obligado conocimiento por parte del aficionado a la fotografía. Un par de artículos, aquí y aquí, en Clavoardiendo Magazine, representando los muchos y diversos que se han escrito estos días.

Sin duda, las fotografías más conocidas de otro clásico de la minuciosa observación social, Bruce Davidson, son en el clásico blanco y negro del reportero del siglo XX, probablemente sobre la sempiterna Kodak Tri-X. Pero Davidson empezó a fotografiar también en color tan tempranamente como en 1949, cuando todavía es un adolescente. Y de alguna forma consigue impregnar de los mismos valores un medio que en aquellos momentos se manejaba de forma muy distinta al blanco y negro. Nos lo han contado en Blind Magazine, y merece la pena echar un vistazo.

Es un hecho que yo considero demostrado que de entre los aficionados pueden surgir grandes fotógrafos. Y en On this date in photography, James McArdle nos habla de la obra de John Blakemore, un aficionado a la fotografía que parecía destinado a ser granjero en las Midlands inglesas y que acabó desarrollando una actividad como reportero muy interesante, pero que fue más allá, visitando y experimentando en una diversidad de géneros. Una mente inquieta y un excelente ojo fotográfico.

Un par de artículos interesantes en Booooooom. El primero, dedicado a Alex Huanfa Cheng y a su serie Chinese Wonderland, en la que se reflejan las complejidades de la cultura china en los tiempos contemporáneos, con fotografías, que cuando contienen seres humanos, muestran una interesante empatía. Me encanta su serie dedicada a su esposa, Zhiyu. El segundo, dedicado a la fotógrafa Rosie Brock, en una serie donde repasa su relación con sus padres y hermana, al regresar al hogar de su infancia en interludios de sus estudios académicos. También es una obra bella y llena de empatía.

Recientemente vi un interesante vídeo en el canal de Youtube de Smarthistory sobre el momento a Robert E. Lee en Monument Avenue, Richmond, Virginia, la que fue capital de los Estados Confederados de América durante la guerra civil en los Estados Unidos. Os lo pongo aquí.

Poco después, me encuentro en PhotoBook Journal la recomendación a un libro de Brian Rose dedicado a esta controvertida arteria monumental de la capital virginiana, que homenajea a los líderes de aquel fallido estado que pretendía mantener la institución de la esclavitud, base de la «riqueza» económica de unos estados eminentemente agrícolas y con valores no justificables a mediados del siglo XIX. Aunque ellos justifiquen su lucha con argumentos alejados del problema de la esclavitud, lo que llaman la «causa perdida».

En Blind Magazine, nos vamos brevemente a Corea del sur, en una serie de fotografías de la fotógrafa Anna Lim, fotografías escenificadas, en las que la fotógrafa reflexiona sobre la angustia de la sociedad coreana por el miedo a todo tipo de catástrofes, en gran medida influida por el trauma de la guerra civil que mantuvo dividida la península y el belicismo de sus parientes del norte. No es difícil encontrar en producciones televisivas y cinematográficas reflejos de esta angustia catastrofista.

[Cine] Benedetta(2021)

Cine

Benedetta (2021; 62/20210923)

Paul Verhoeven es un director que odias o amas. O mejor dicho. Es un director que hace películas que, o las odias mucho o te gustan mucho. El problema es que, cuando repaso la filmografía del holandés, me resulta un director muy arriesgado. Porque por mi parte hay más de odiar que de gustar. Recuerdo perfectamente la primer película que vi de Verhoeven. Flesh+Blood, titulada en España Los señores del acero, por cierto… se rodó en exteriores españoles principalmente, era un exceso de violencia y sexo sin mucho sentido argumental sobre el cual mi jurado interno está todavía deliberando. O por lo menos, así me quedé a mis ventipocos, cuando la vi. Nunca he osado verla de nuevo, por si acaso.

No he estado en Pescia, aunque sí he pasado por su estación, en la línea ferroviaria entre Florencia y Lucca, ciudades toscanas que sí conozco. Esta última me servirá para representar el ambiente de la ciudad italiana.

El caso es que si recuerdo aquella película de hace unos 35 años es porque Verhoeven vuelve a la Europa, Toscana en concreto, de una época imprecisa entre el medioevo y el renacimiento para adaptar a su modo y manera una historia real que sucedió ya a principios del siglo XVII en tiempos de la contrarreforma. Y es la historia de una monja teatina, sor Benedetta (Virginie Efira), una joven abadesa de un convento en Pescia, que fue despojada de su cargo cuando cayó en una serie de éxtasis místicos, oyendo voces y siendo cuidada por una monja del convento, sor Bartolomea (Daphne Patakia), que posteriormente confeso haber mantenido relaciones lésbicas con la abadesa. En la película de Verhoeven hay más lío, involucrando a una abadesa mayor previa, sor Felicita (Charlotte Rampling) y su hija, también monja del convento, sor Cristina (Louise Chevillotte), así como un nuncio papal (Lambert Wilson) y una epidemia de peste de las que corrieron por Europa desde la gran peste negra de 1384 hasta el siglo XVIII, aunque en la historia real el episodio no pudo coincidir con ninguna. Cosas que mira quien como yo es epidemiólogo de formación, aunque me dedique a otros temas, y le entra curiosidad por estas cuestiones. Epidemiólogo de verdad,… no de los muchos aficionados que han surgido con la pandemia del nuevo coronavirus.

Vimos la película en un evento especial de preestreno, no está todavía en cartelera de forma continua, que no atrajo a mucho personal, la verdad sea dicha, en versión original, francés, aunque hubiera quedado más propia con actores italianos y en el idioma toscano, o sea el italiano oficial actual. En el lado de lo positivo, tenemos unas excelentes interpretaciones, por parte de todo el reparto, aunque Efira, por guapa que sea, y lo es mucho, a estas altura de la película no pasa por una mujer de 30 años. Y menos si hay que mostrarse en pantalla en traje de Eva. Pero bueno, con tal de haberse ahorrado el cartelito de «dixhuit ans plus tard», hubiera quedado perfecta. Al fin y al cabo, Verhoeven no hace una película que busque reflejar la realidad de lo sucedido, sino que se monta su propia película, lo más escandalosa y anticlerical que ha podido salirle, porque evidentemente la iglesia católica no es «santa» de su devoción. No se lo reprocho.

Verhoeven demuestra que va sobrado de oficio a la hora de rodar y de narrar, por lo que desde el punto de vista de la puesta en escena y de la historia que dura algo más de dos horas, no hay nada que objetar, y unas cuantas cosas que alabar. Es cierto que se presentan ciertas inverosimilitudes en la historia y en la producción. Vamos a ver… si la pobre Bartolomea es sometida a tortura por la inquisición con el instrumento que se muestran en pantalla, que producía horribles desgarros y la muerte de la torturada con más o menos retraso, y con los gritos que se oyen por todo el convento, que dos secuencias más tarde aparezca en pantalla, nuevamente desnuda, caminando por su propio pie y sin un mísero cardenal sobre su blanca piel… es absolutamente inverosímil. O tendrían que haber dejado claro que estaba montando un teatro con el torturador, cosa que no tal, puesto que el principio de la tortura sí que aparece en pantalla. Este hecho, anecdótico quizá, se da con alguna que otra cuestión durante el largometraje, y hacen que se tambalee hasta prácticamente desplomarse mi suspensión temporal de la incredulidad, lo que hace que se caiga al menos una estrella en mi valoración subjetiva final. A ver, Paul…, si te propones escandalizar con ese y otros detalles al respetable, por lo menos hazlo bien y con todas las consecuencias. Y además te podrás ahorrar la peor escena de la película, al final de la misma, en la cabañita de pastores derruida en medio de la bella campiña toscana.

Mi valoración final… pues una película con mucho esfuerzo y trabajo, con muchos elementos positivos, pero que determinados descuidos, o esas cosas que tiene este director que no sabes si es que anda pasado de alguna sustancia o si simplemente le gusta reírse en algunas películas del respetable, si no en su conjunto, sí en algún momento de la misma, hacen que baje mi impresión favorable final hasta un «meh»… cuando podría haber sido un «cool».

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***