[TV] Cosas de series; cuando la ciencia ficción nos habla de nosotros mismos, a propósito de «El eternauta»

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Lamentablemente, no he tenido aún la oportunidad de visitar Argentina, y Buenos Aires, claro está. Así que supliré el ambiente porteño por el palermitano. Al fin y al cabo, la cultura argentina, en gran medida es una mezcla de herencias españolas e italianas, mezcladas con otras influencias.

El eternauta es un cómic. Un clásico del cómic que no he tenido ocasión de leer, aunque ganas no me han faltado. Ni me faltan. Algo que tengo que resolver de algún modo. Su publicación original data de mediados los años 50, en forma de serie. Con Héctor Germán Oesterheld como escritor, uno de los desaparecidos de la dictadura militar argentina en 1977, y Francisco Solano López como ilustrador, es una de las obras más conocidas y de referencia de la historieta argentina y de la escrita en español en general. Cuando se anunció que Netflix iba a estrenar una adaptación en forma de serie de televisión, tuve sentimientos encontrados. Por un lado, sabía que la iba a ver. Por otro lado, me daba mucho miedo lo que me iba a encontrar. La plataforma de contenidos es responsable de adaptaciones muy notable, pero no faltan las pifias que desvirtúan por completo la obra original. O de adaptaciones que, tras una temporada, por buena que sea, quedan canceladas porque no les salen las cuentas.

De momento, tenemos una primera entrega de seis episodios, creados por el director y guionista Bruno Stagnaro, y protagonizada por un valor seguro como es Ricardo Darín, en mi opinión uno de los mejores actores contemporáneos, todas la nacionalidades incluidas. Pero sería injusto atribuir el mérito de la serie a Darín, al menos en la dimensión de las actuaciones, por excelente que sea su trabajo, que lo es. La serie es mucho más, con muchas otras virtudes, con muchas otras interpretaciones excelentes, y con una historia tremendamente multidimensional, que nos traslada a una lugar en el mundo que nos habla de muchas cosas. Actuales. Del mundo real.

La historia es la de una invasión alienígena. Pero al principio no lo parece. Simplemente, un día de verano, con calor asfixiante, de repente se nubla y empieza a nevar. Y todos aquellos expuestos a la nieve, mueren. Localizada en el área metropolitana bonaerense, la gran metrópoli del Cono Sur queda convertida en un lugar desolado, cubierta de un ominoso manto blanco. Y con unos supervivientes que se las tendrán que ingeniar para desplazarse aislados de la nieve letal, y que tendrán que aprender a sobrevivir en un mundo donde la sociedad humana, tal y como la conocemos, se ha desestructurado por completo. Ha desaparecido. Con el macguffin inicial de la búsqueda por parte del protagonista de su mujer y su hija, lo cual nos permitirá evaluar el apocalíptico escenario en el que la historia se desenvolverá. Son seis episodios, de los cuales, el más impresionante, el que definitivamente te engancha, si es que como yo no te has enganchado desde el minuto primero, es un magnífico y dramático episodio cuatro. Absolutamente antológico.

Pero el Buenos Aires de la historia televisiva no es el Buenos Aires de la historieta. Es un Buenos Aires contemporáneo, en el que el protagonista es un veterano de la guerra de Las Malvinas, un joven soldado de reemplazo que fue llevado a una trampa mortal por aquella junta militar criminal, sin escrúpulos y sin conciencia, que lanzó aquella aventura militar, una huida hacia adelante, cuando vio que su criminal experimento de «regeneración política» hacía aguas por todos los lados, llevando a aquella generación de jóvenes a las desoladas islas del Atlántico sur, a enfrentarse con uno de los ejércitos profesionales mejor preparados del mundo. Y lo que en aquellas islas pasó no se ha contado con la suficiente claridad, muchos murieron, sin oportunidad, en una batalla desigual y con el mayor grado de la sinrazón de la guerra. Y eso es algo que pesa constantemente en la adaptación televisiva de la serie.

Poco después de terminar la serie, en un taller de iluminación con flash en fotografía coincidí con una de mis colegas más apreciadas de afición fotográfica. Argentina, establecida en España, nacida el mismo año que yo, que me contaba la emoción que supuso para ella la serie, y los recuerdos que le trajo, porque esa generación de soldados de reemplazo que sufrió en aquella estúpida aventura bélica, que convierte la expresión «inteligencia militar» en un macabro y triste oxímoron, fue la de los nacidos en ese año en el que nací yo y nació ella. No puedo trasladar aquí algunas de sus impresiones, comentarios y recuerdos. Le haría injusticia. Pero ella, mejor que la mayoría, pudo apreciar las referencias a la Argentina de aquellos tiempos, y a la actual. Que no por casualidad buena parte de los dos últimos episodios de esta primera temporada transcurren en Campo de Mayo, uno de los lugares de más triste recuerdo de aquella cruel dictadura fascista.

Para muchos no aficionados a la ciencia ficción, literaria, televisiva, o cinematográfica, este género es anecdótico y de bajo prestigio. Propio de inmaduros y friquis. Y se equivocan. Es cierto que, como en todos los géneros literarios, hay mucha obra de calidad discutible. Pero la buena ciencia ficción se caracteriza porque a través de su especulación científica, de sus cronologías alternativas, de su capacidad de anticipación, nos habla de nosotros mismos. De lo más profundo de lo que constituye ser persona, de los males de la sociedad humana, en ocasiones también de lo más brillante y esperanzador. Y esta serie no defrauda en este aspecto. Una de las mejores series que he visto en Netflix, quizá lo mejor de lo que llevamos de año… e incluso de década. Es difícil decir. Pero por ahí andará. Seis episodios que han sabido a poco. Una introducción a una historia de la que queremos, necesitamos, saber más. Y todo indica que lo haremos. Aunque quizá tengamos que esperar con paciencia. Es una serie de compleja producción. Algo que probablemente no podría rodarse en Argentina, y menos con la que cae por allí en lo social, político y económico en estos momentos, si no fuera por el dinero que ha llevado Netflix para que se produzca. Pues esperaremos con paciencia.

[Libro] When we were orphans – Kazuo Ishiguro

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Las últimas fotografías que realicé en Shanghái en el viaje de 2019.

Kazuo Ishiguro es un autor que se ha convertido en un habitual en mi lecturas. Y poco a poco voy recuperando su bibliografía. No tremendamente extensa, pero que me dará para un tiempo. Japonés de nacimiento, británico de adopción, vive en Inglaterra desde niño, por lo que su lengua literaria es el inglés, y premio Nobel en 2017, sus relatos tienen siempre situaciones imprevistas o sorpresas para el lector. Especialmente cuando opta por un relato en primera persona. Técnica literaria que siempre nos debe hacer dudar de la veracidad de lo que se nos está contando. Y que a mí, cuando está bien desarrollada, me encanta.

Y este es uno de esos casos. El narrador es un hombre cuya infancia transcurrió en Shanghái, donde fue feliz, hasta que sus padres desaparecieron. Al parecer secuestrados. Trasladado a Inglaterra al cuidado de una tía con dinero, llevará una buena vida hasta, que ya graduado en la universidad, optará por dedicarse profesionalmente a las labores de investigador privado. Ámbito en el que alcanzará el éxito. Pero siempre con una obsesión; volver a la ciudad asiática a buscar a sus padres. Cosa que hará en 1937, justo cuando los invasores japoneses y los defensores chinos se disputan la ciudad en los primeros compases de la Segunda Guerra Chino-japonesa, uno de esos conflictos que salpicaron el mundo en el final de los años 30, y que si no fuese por la visión eurocentrista de la historia situarían el comienzo de la Segunda Guerra Mundial varios años antes a su comienzo oficial en 1939. Durante sus años de juventud, en sus 20 y sus 30, se irá encontrando con otra joven con un ansia desesperada por triunfar en sociedad. También huérfana. Y a pesar de su obvia atracción mutua no reconocida por ninguno de los dos, sus vidas se cruzarán repetidamente, pero sin llegar a cuajar una relación.

Estamos ante un libro complejo, en su planteamiento y en su desarrollo. Como ya he dicho, o insinuado, es el propio protagonista quien narra la historia. Pero siempre con la duda de si lo que nos cuenta es cierto o no. ¿Nos podemos fiar de sus recuerdos infantiles, cuando sucedió la tragedia de sus padres? ¿Nos podemos fiar de cómo vive su vida social, ante la inseguridad perpetua del huérfano que no tiene clara su lugar en el mundo? Este es un tema central. Él es huérfano. La joven que aparece y desaparece de su vida es huérfana. La niña canadiense que acoge y cría como si fuera su padre es huérfana. Y sobre todo, en las sobrecogedoras escenas de la guerra en Shanghái, ¿nos podemos fiar de que lo que nos cuenta es lo que realmente sucede? Incluso cuando conocemos el desenlace de lo que sucedió con los padres, algo que no esperas, algo con un punto tremendo, todavía más dramático que lo que creíamos conocer, te planteas dudas de qué es verdad y qué es mentira. Quien dice o cree decir la verdad y quien no. Como digo un relato complejo.

La novela, indudablemente bien escrita, tiene un argumento que nunca sabemos claramente dónde nos lleva. A mí me desconcertó en varias ocasiones. Y quizá por ello sea una de las obras más discutidas del autor. Alguno la califican de las más flojas, el propio Ishiguro dice no estar del todo satisfecho de ella, aunque la mayor parte de las revisiones la sitúan bien. Ishiguro es buen escritor, muy buen escritor, por lo que incluso sus obras más flojas pueden tener más interés y ser mejores literariamente hablando que las mejores obras de otros autores, bien conocidos, pero claramente inferiores. Por mi parte, cuando fui superando los desconciertos, y teniendo en cuenta que hace más de un mes desde que la terminé, lo cierto es que es una novela que ha ido creciendo poco a poco en mi memoria, y caba vez valoro mejor los valores que contiene. Así que me parece muy recomendable. En fin, llevo mucho retraso comentando cosas leídas, después de este comentario me quedarán cuatro lecturas pendientes, y voy por la mitad de otro libro… pero no me quiero precipitar acumulando comentarios, no vaya a ser que me entre algún parón lector de los que me suceden de vez en cuando y me quede sin libros de los que hablar.

[Viaje] Resumen del viaje a Sicilia, mayo de 2025

Viajes

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. La fotografía digital durante el viaje a Sicilia a mediados de mayo de 2025.

Hace dos semanas se producía la catástrofe que nos impidió iniciar el viaje programado de dos semanas a China. Un viaje que ya suspendimos en 2020 por culpa de la pandemia de covid-19, y que cinco años más tarde hemos suspendido por culpa… nunca sabremos de quien, aunque la aerolínea está dispuesta a compensar de forma razonablemente adecuada el trastorno. No nos vamos a hacer ricos. Pero vamos a cubrir los gastos y a recibir una propinica para irnos a cenar y olvidar las penas. Pero agua pasada no mueve molino. Aquel mismo martes, por la tarde, me monté un viaje de una semana, ocho días y siete noches, a Sicilia, y ayer volví del mismo. Sin incidencias. Todo perfecto… salvo un día. Por el mal tiempo.

Llevaba ya bastantes años queriendo visitar Sicilia. Pero nunca conseguía ponerme de acuerdo con mis compañeros/as habituales de viaje, menos atraídos/as por las presuntas bondades de la isla mediterránea. En esta ocasión, dadas las circunstancias que desencadenaron el viaje, no he tenido que ponerme de acuerdo con nadie. Porque me he ido sólo, a mi aire. Un viaje directo, ida y vuelta, de Barcelona a Palermo, siete noches de estancia en la capital siciliana, y viajes en el día en transporte público a alguno de los lugares más destacados de la mitad occidental de la isla. La oriental habrá que dejarla para otra ocasión.

Cuando viajo solo me da mucha pereza alquilarme un coche. Veréis. No me ha gustado nunca mucho conducir. Como «macho ibérico» soy más bien rarito. No me gusta el fútbol, no entiendo de coches,… y otras cosas que no voy a mencionar que se supone que son propias de mi género y nacionalidad. Siempre me he sentido algo desubicado con respecto a mi pasaporte/DNI. Así que transporte público ha sido. Autobús y trenes. No tan frecuentes y convenientes como en otras regiones italianas, pero convenientes a pesar de ello. Estoy demasiado acostumbrado al norte de la península itálica, y esto es otra cosa.

En tren llegué a Agrigento, y su estupendo sitio arqueológico, el Valle de los Templos, patrimonio de la Humanidad según la Unesco, y a Cefalú, más próximo a Palermo. En autobús urbano, del área metropolitana palermitana, a Monreale. La catedral de Monreale, la de Cefalú, varias iglesias y capillas y palacios de Palermos constituyen la herencia árabe-normanda en la cultura y edificios de esa parte de la isla de Sicilia, también patrimonio de la Humanidad según la Unesco. Y también en autobús a Trapani y Erice, en el extremo occidental de Sicilia. Trapani lo disfruté, y mucho, con la luz de la tarde. Pero Erice fue un pinchazo por culpa del tiempo. Aunque estuve allí un rato, en un día de tormentas, se había instalado una niebla que impedía ver mucho más allá de unos metros. Aunque deambulé por el lugar, no me hice a la idea de lo que estaba viendo. Desde la base de la catedral y su campanile, no se veía el extremo superior de los edificios en la práctica.

Dicho lo cual, ha sido un viaje muy agradable, aunque hubiese preferido hacerlo en compañía. Se disfrutan más las cosas. Buen tiempo, en general, buena comida, buen trato con los lugareños, lugares bellos, ganas de volver en algún momento, quizá de alguna otra forma. Desde luego, al extremo oriental de la isla; nombres como Catania, Taormina, Siracusa o el Etna no dejan de sonar constantemente en mi cabeza. Ya veremos cómo y cuándo. A no mucho tardar.

[Cine] Yeohaengjaui Pilyo [여행자의 필요] (A traveler’s needs) (2024)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Detalles del palacio Hwaseong en Suwon.

Yeohaengjaui Pilyo [여행자의 필요] (2025; 23/20250505)

Aprovecho estos extraños días en los que estoy en casa, cuando debería estar varios husos horarios al este del continente euroasiático, para dejar el contador de estrenos cinematográficos pendientes de comentario a cero. Tengo que confesar que en esta ocasión, la última película Hong Sang-soo no ha llegado a la cartelera zaragozana, una cartelera que poco a poco se va degradando en lo que se refiere a oferta que no proceda del cine más comercial. Y en la que ademas cada vez es un poco más difícil encontrar buenos momentos para ver las películas en su versión original, sin adulterar con doblajes espantosos, y que sin embargo parecen ser el «orgullo» de tantos críticos y comentaristas del solar ibérico. Reminiscencias de la cerrazón cultural heredada de la dictadura fascista del siglo XX.

Pero yo me las apañé para no perderme el tradicional estreno anual del peculiar director surcoreano. En la que es su tercera colaboración con la francesa Isabelle Huppert (creo), nos vuelve a traer uno de sus largometrajes de apenas 90 minutos de duración realizados con escaso dinero, con un equipo mínimo. Hecho de menos la presencia de Kim Min-hee en estas películas, ya que en la actualidad sólo participa en ellas en el equipo de producción. Huppert es una francesa que no habla surcoreano, que esta viviendo acoplada en el apartamento de un joven surcoreano, y que se saca unos dineros enseñando francés a algunas alumnas con un peculiar método. Pero poco sabemos de ella, de dónde viene, adónde se dirige y cual es trasfondo vital.

Algo más críptica de lo que es habitual, la factura de esta película es la típica del director. Planos estáticos mientras los personajes dialogan (y trasiegan ingentes cantidades de soju y makgeolli), con eventuales movimientos bruscos de zoom que cierran o abren los planos en un momento dado de la conversación. Y los temas son habituales en el cine del surcoreano; relaciones personales, familiares, la creatividad… Pero en este caso con un personaje que parece total y absolutamente fuera de lugar. Una viajera de paso, que se ha acoplado un tiempo a un lugar en el país asiático. Que no habla el idioma de los lugareños, y que tampoco se preocupa en adaptarse a las costumbre del lugar. Sigue saludando a todos aquellos con los que se encuentra con los dos típicos besos en las mejillas, algo que resulta excepcional y extraño en la mayoría de los países asiáticos, pero que aceptan con una mezcla de sorpresa y curiosidad. Un pez fuera del agua que sirve si acaso para revulsionar las mentes de sus interlocutores; el sentido de la música, el sentido de un poema, el sentido de aprender un nuevo idioma, el sentido de lo que significa ser madre de un joven veinteañero…

Nunca me atreveré a recomendar en sentido absoluto las películas de Hong Sang-son, aunque a mí me aporta bastante en sus pequeñas dosis de reflexión en forma de comedias (o dramas) tranquilos, regados de alcohol de baja graduación y de muchas y variadas conversaciones. No es esta la película de Hong que más me haya impactado, lo cual puede tener que ver también con el momento y las circunstancias en las que la vi. Pero siempre me viene bien estas dosis de otro tipo de cine. Y Huppert siempre es una presencia interesante en pantalla. Una actriz septuagenaria ya pero que se mueve en pantalla como si siguiera teniendo treinta y tantos.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***

[Viajes/Fotos] Últimas fotos de Tudela, amaneceres y maratones

Fotografía, Viajes

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre la fotografía con el teleobjetivo Leica en la excursión a Tudela y en algunas escenas en Zaragoza.

Ye he mostrado en entradas pasadas fotografías de la escapada de una tarde a Tudela a finales de marzo, tanto realizadas con una cámara de formato medio digital como de formato medio para película fotográfica tradicional. Pero también me llevé otra camarita con película fotográfica en color y un teleobjetivo corto, para complementar. No me hizo papel. No hice una buena selección de la película. Pero bueno, os dejo algunas fotos de aquella tarde.

Como la cámara no me hizo buen papel en Tudela, no llegué a exponer ni la mitad del rollo de película. Así que la terminé unos días más tardes. Un sábado por la mañana, disfrutando del amanecer, aunque no tuviéramos una salida del sol clara, y el domingo siguiente en la Maratón de Zaragoza.

[Cine] Shinkansen Daibakuha [新幹線大爆破] (Pánico en el tren bala) (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Kamakura es uno de mis lugares favoritos en Japón. Y no sólo por el Gran Buda del templo Kōtoko-in.

Shinkansen Daibakuha [新幹線大爆破] (2025; 22/20250505)

En vísperas de salir de viaje (frustrado, como ya he contado), el lunes pasado, añadí un par de estrenos que pensaba comentar a la vuelta del viaje. Pero aquí me tenéis con la oportunidad y el tiempo para hacerlo. Por lo menos una hoy. Otro estreno directo en plataforma, en Netflix, que si no hubiese sido por una serie de antecedentes quizá no me hubiera atraído mucho. Con un título original que se traduce como Explosión en el «Shinkansen», el título en ingles, Bullet train explosion, es mucho más atinado que el anodino título en castellano, es una secuela de una película de los años 70 que alcanzó cierto grado de celebridad, o al menos de popularidad. En aquel entonces, la denominación de tren bala para los trenes de alta velocidad que circulaban en la línea Tokaido estaba más justificada por la forma del morro de la locomotora. En los más modernos esta forma está inspirada por la aerodinámica del martín pescador.

El caso es que el director del filme, Shinji Higuchi, ha dedicado buena parte de su carrera en los últimos 20 años a recrear nuevas versiones o secuelas de clásicos del cine de acción nipón. Desde el clásico Godzilla, a varios mangas/animes muy populares. Y en un momento dado se decidió por recrear el clásico ferroviario de los años 70. Al contrario que otros largometrajes en Netflix, este no ha pasado previamente por las salas de cine en Japón. Fue directamente un estreno en la plataforma en todo el mundo el 23 de abril pasado. Y esto es algo que, ya adelanto, está justificado y es una pena al mismo tiempo. Está justificado porque la película no deja de tener cierto tono general de telefilme de entretenimiento. Pero es una pena porque algunas de las muy conseguidas escenas de acción con el tren como protagonista estaría bien verlas en pantalla grande. Por cierto, shinkansen 新幹線 no significa tren de alta velocidad, Kōsoku tetsudō高速鉄道 en japonés, sino nueva línea troncal (o principal), que es el nombre genérico de las líneas de alta velocidad en el País del Sol Naciente. Luego, cada una tiene su nombre. La que sale en la película es la Tōhoku Shinkansen, nueva línea troncal del nordeste, mientras que en la película de los años 70 la acción transcurría en la Tōkaidō Shinkansen, nueva línea troncal de la ruta del mar oriental. Tōhoku es el nombre de la región japonés que ocupa el nordeste de la isla de Honsu. Tōkaidō era el nombre tradicional de la ruta que comunicaba Eda (hoy en día Tokio) con Kioto y Osaka.

El argumento es muy sencillo. Y muchos pensarán que es copia de una película norteamericana en que el vehículo era un autobús en lugar de un tren, y que a mí me pareció mala, aunque gozó de cierta popularidad. Pero no. En realidad fue la película yanqui la que copió el concepto de la película japonesa de 1975 en la que un tren con una bomba a bordo no debía bajar de los 80 km/h si no querían que explotase. En la actual, que se plantea como una secuela de aquella, décadas más tarde, el tren no debe bajar de los 100 km/h. Y como ya he comentado, el recorrido del tren es otro. En realidad es una de estas secuelas que se presentan como tales, introduciendo referencias a la película de antaño, pero que no dejan de ser nuevas versiones de lo mismo. Pasó lo mismo con cierta película reciente de tornados en el medio oeste americano.

La película tiene varias peculiaridades. Una de ellas es que está realizada con la colaboración activa con JR東日本 o JR East, que es la empresa que gestiona la mayor parte de los ferrocarriles, antiguamente estatales, que sirve la región nororiental de la isla de Honsu, con base en Tokio. Una de las cosas de las que me he enterado en la película, otra curiosidad, es que las líneas Shinkansen de esta compañía no están conectadas físicamente, no hay continuidad en las vías, con las de JR東海 o JR Central, a pesar de que ambas comparte la estación de Tokio como estación terminal. Como consecuencia de esta colaboración, los empleados de la compañía ferroviaria, especialmente el revisor principal del tren (Tsuyoshi Kusanagi) y la maquinista del tren (Non), aparecen como los héroes de la película. Siempre impecables, muy profesionales, eficientes y efectivos, cumplidores del deber. Algunas escenas casi son de publirreportaje. Pero no molestan. Y estos dos personajes generan empatía en el espectador.

Con los mimbres mencionados hasta el momento, uno pensaría que la película no daría mucho de sí. Que tendría un tono muy de telefilme y un argumento cuestionable. Bueno… pues ciertamente un tono de telefilme tiene. Pero lo cierto es que está bien hecha. Que las escenas de acción, si bien improbables, tienen cierta verosimilitud comparada con las sobradas inverosímiles de productos similares norteamericanos. Que como ya he dicho los personajes generan empatía y está razonablemente bien interpretada. Así que sus dos horas y cuarto de duración se me pasaron en un vuelo, y me entretuvo mucho. Lo cierto es que la encuentro recomendable para los abonados a la plataforma. Especialmente si son aficionados al mundo ferroviario. Por lo que tengo entendido se rodó con abundancia de maquetas a escala… con gran verosimilitud. Los japoneses están demostrando que con medios sencillos y tradicionales se pueden conseguir cosas estupendas sin necesidad de recurrir a los gráficos generados por ordenador, tan cantosos en muchas ocasiones. Mirad lo que paso con la última versión de Godzilla de los japoneses, tan estupenda.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***