Libro: Claro de Tierra

Literatura

Este verano me está costando centrarme en libros de cierta trascendencia. Los comienzo, los interrumpo, casi los abandono. Por ello, cojo algún otro título más intrascendente, más relajado. Algo que mi «atormentada» y dura «cabecita» acepte con menos problemas. Y un campo con el que acierto con bastante seguridad es la ciencia ficción. Aunque no cualquier ciencia ficción, ya que en los últimos años también he desechado algún que otro pestiño con ínfulas de trascendencia e intelectualidad. Así que estando en estas, me refugio en una novela que podríamos llamar clásica de Arthur C. Clarke.

Claro de Tierra
ISBN: 9788497110983
Quinteto, Barcelona

Lo cierto es que esta novelita pertenece a un tipo de novela en la escritura de Clarke que me parece muy agradable. Novelas de carácter sencillo, en el que no se realizan alardes aventureros. Donde las cosas pasan a su ritmo, y en la que enfrenta alguno de los dilemas éticos que a juicio del autor pueden derivarse del continuado progreso científico y técnico de la raza humana. Para mí, está en un mismo tenor que algunas novelas excelentes como son Cita con Rama, donde se reflexiona sobre el primer encuentro con un objeto de origen extraterrestre, o Cánticos de la lejana Tierra, donde enfrenta a la humanidad con la inexorable realidad de que la vida en el planeta no será siempre posible y tal vez sea necesario, si es posible, emigrar. En menor medida con El fin de la infancia, que por su carácter de final de la especie humana tal y como la conocemos, es más desasosegante.

En este caso, tras doscientos años de progreso espacial, se afronta el primer conflicto entre la Tierra y sus ahora independientes colonias espaciales, conocidas como la Federación. El motivo del conflicto es el monopolio que la Tierra ejerce sobre materias primas que sólo se dan en abundancia en el planeta madre y, al parecer, en su satélite, la Luna, que políticamente pertenece a la Tierra. Si estalla una guerra, nadie sabe como puede ser. En este escenario, llega a la luna bajo la tapadera de ser un auditor contable un hombre que ha asumido una labor de contraespionaje. Se supone que en una de las bases científicas de la luna, un espía está suministrando información a la Federación.

No hay una descripción de la acción desenfrenada. No hay persecuciones ni enfrentamientos. El objetivo del autor parecer ser ilustrar al lector sobre cómo imagina el hábitat humano en una futura colonización de nuestro satélite. A Clarke le gustaba la ciencia ficción dura, por lo que el rigor científico intenta ser máximo… dados los conocimientos existentes en el año 1955. Así, como cosas que chirrían, parece que resultaba difícil concebir la miniaturización de los sistemas informáticos, o de sus sistemas de almacenamiento de memoria, o de sus sistemas operativos… los operadores de los mainframes con los que trabajan los astrónomos del año 2150 siguen manipulando las tarjetas perforadas, desconocidas por completo para la mayor parte de los usuarios de computadoras actuales. Tampoco parece que se previese el desarrollo de la telefonía móvil, o el desarrollo de los satélites artificiales que resolverían de forma más eficiente algunos de los problemas cotidianos que se plantean en la narración.

El climax de la novela llega cuando se produce la primera batalla espacial en la historia de la humanidad, donde se pone de manifiesto la capacidad del hombre para llegar a la destrucción. No comentaré los detalles ni hablaré del desenlace. Aunque diré que la novela está teñida de esa idea que tenía Clarke de que el ser humano es esencialmente bueno si le dan la oportunidad de ser racional y científico. Vamos. Un eterno optimista.

A mí me ha agradado la lectura de esta novela. Quizá no esté a la altura de la imprescindibles Cita con Rama o de la poesía que subyace en los Cánticos de la lejana Tierra, pero indudablemente tiene su interés. Así que ánimo. Si os gusta el género, no os la perdáis.

Luna sobre el canal

Un poderoso creciente lunar luce sobre el Canal Imperial de Aragón a su paso por Zaragoza - Panasonic Lumix LX3

Lecturas de vacaciones: un tostón alemán y una entretenida introducción a la fotografía

Fotografía, Literatura, Viajes

Para el viaje a Berlín y alrededores me llevé de lectura la primera novela de la trilogía de Los Sonámbulos del escritor vienés Hermann Brock, Pasenow o el romanticismo:

Pasenow o el romanticismo
ISBN: 978-8-497-93926-3
Contemporánea DeBolsillo, Barcelona

Se supone que es una parodia de las novelas románticas, en la que encontramos a un joven militar alemán de la época imperial a finales del siglo XIX sumido en las dudas que le provocan sus relaciones por un lado con un prostituta checa y por otro lado, más formales, con la hija de un terrateniente prusiano. El joven mismo es también hijo y heredero de un terrateniente prusiano. Sin embargo, a mi no me llega a enganchar y me sume en un desinterés similar a una auténtica novela romántica del siglo XIX como las que intenta parodiar. Así que, aun transcurriendo en Berlín, motivo por el que la elegí, hacia la mitad le he mandado a freir espárragos porque sinceramente me da igual lo que le pase al tontochorras de Pasenow.

Mientras tanto, en nuestro deambular por Berlín dimos con una sucursal de la Librería Walther König en Burgstrasse 27. Una librería dedicada a los libros de arte en la que estuvimos más de media hora curioseando, y si no estuvimos más tiempor es porque dieron las ocho de la tarde y era la hora de cerrar. He ido un momento a su página web y no parece tener versión en inglés, sólo en alemán; tengo que confirmarlo. También tengo que comprobar si sirven al extranjero, porque puede ser n lugar donde encontrar cosas interesantes. Allí compre varios libros, uno de ellos un librito de la coleccion Very Shorts Introductions de la Oxford University Press, cuyo autor es Steve Edwards, y que se titula Photography: A Very Short Introduction.

Photography: A Very Short Introduction
ISBN: 978-0-19-280164-7
Oxford University Press, Oxford.

Este libro es un pequeño ensayo en 6 capítulos que pone las bases para una compresión de lo que es la fotografía como medio de documentación y como medio artístico. Ejerce una crítica clara y sistemática, pero en absoluto destructiva, sobre las diversas concepciones que a lo largo de su historia las sociedades han tenido sobre el uso y el significado de las fotografías. Salvo por el hecho de que está inglés, es un libro claro y fácil de comprender en sus conceptos, sin los cultimos que podemos encontrar en otras obras similares. También huye en la medida de lo posible de adoptar la forma de una historia de la fotografía, aunque cierto recorrido sobre la misma es inevitable. Me falta todavía un capítulo. No tardará en caer. Creo que es un librito muy interesante, que cabe en cualquier bolsillo, y que cumple perfectamente su objetivo. Eso sí, que nadie espere un libro que le explique cómo se hacen la fotografías.

Bueno. Me despido con la última fotografía tomada en el viaje. Desde el AVE que me traía a Zaragoza. Llegando a la capital aragonesa, al atardecer.

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El AVE entra en el Valle del Ebro ya en las proximidades de la ciudad de Zaragoza - Panasonic Lumix LX3

Un viaje por el sistema solar, una exposición de arquitectura alemana, y nos hablamos desde Berlín

Arte, Televisión, Viajes

Esta semana, en la que celebran en Huesca, donde trabajo, su fiesta grande, yo he optado por celebrar mi fiesta particular. Me he cogido unas mini-vacaciones. Hasta el próximo lunes 17, nada de curro. Así que este fin de semana me lo he tomado con especial relax, animada por la agradable bajada de temperaturas.

Una de las cosas que he hecho ha sido ver con ansiedad los dos primeros episodios de una nueve serie yanqui de ciencia ficción, Defying Gravity. Tras la finalización de Galactica y otras, estábamos un poco huérfanos de aventuras por el espacio, y como a mí es un género que me gusta… pues a ver. Los dos primeros episodios no están mal. Ocho astronautas del dos mil cincuenta y tantos en un viaje de 6 años por el sistema solar. Visitando siete planetas. El primero Venus. Y con un misterio de fondo. Que algunos conocen y otros no. Visualmente y conceptualmente heredera de 2001, una odisea del espacio y Sunshine, tengo miedo de que por algunos detalles de la trama pueda convertirse en una anatomía de Grey espacial. Pero después de que la prometedora Virtuality, con la que tiene muchos parecidos, se quedará en el episodio piloto, habrá que mantener la esperanza.

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Iapetus, satélite de Saturno, fue uno de los protagonistas de la edición literaria de 2001, una odisea del espacio (imagen publicada en Astronomy Picture of the Day, NASA).

Por otra parte, como hago de vez en cuando, ayer me pasé dando una vuelta por el Centro de Historia de Zaragoza, para ver si había algo nuevo en exposiciones. Y me encontré con una interesante exposición sobre la arquitectura alemana de la posguerra, con interesantes muchas maquetas, fotografías y explicaciones. Estaba enfocada a explicar la evolución paralela entre la arquitectura de la República Federal de Alemania y la extinta República Democrática de Alemania.

Exposición Arquitectura Alemana

Exposición 2 Arquitecturas Alemanas en el Centro de Historia de la Zaragoza - Panasonic Lumix LX3

Exposición Arquitectura Alemana

Maquetas en la exposición 2 Arquitecturas Alemanas - Panasonic Lumix LX3

Todo lo cual me viene al pelo para contaros que me voy. Cinco días. De escapada a Berlín. Estuve no hace mucho. Pero me ha surgido la ocasión de volver. La excusa, una serie de exposiciones celebrando el 90 aniversario de la Bauhaus. Así que a partir de mañana, os iré contando cosas en estas páginas, dependiendo de cómo me vaya encontrando las conexiones a internet. Y si no os lo subo cuando vuelva. Que tampoco me voy a dar mucho mal. Hasta la vuelta.

Universidad de Humboldt

Universidad Humboldt en Unter den Linden, Berlín - Pentax *ist DS, SMC-DA 21/3,2

Libro: The Devil’s Eye

Literatura

Como es tradicional en mí durante los veranos, siempre dedico la parte central de esta calurosa estación a alguna lectura que sea fácil de leer, entretenida y refrescante. Y con frecuencia opto por el género de la ciencia ficción. Tiendo a elegir alguna space opera, que frecuentemente son más ficción que ciencia, y en esta ocasión ha sido así. Me he leído The Devil’s Eye de Jack McDevitt. Y aquí va el comentario.

The Devil’s Eye.
ISBN: 978-0-441-01635-8
Ace Books, New York

Conocí las novelas de Jack McDevitt hace unos años cuando leí Las máquinas de Dios. Con un estilo sencillo, al alcance de cualquiera, bastante ameno, mezclaba elementos estrictamente científicos, relacionados con lo que pasa en el espacio profundo, con las aventuras que un grupo de seres humanos pasaban en sus travesías espaciales. Travesías para las que, por supuesto, hay que inventar alguna forma de superar el límite de la velocidad de la luz, porque si no no hay acción que valga ante la gran duración de los viajes interestelares. Y esto hace que en la space opera tenga un mayor peso la parte ficción que la parte ciencia. Pero era muy entretenido. En un viaje a Londres, encontré en una librería algunas obras más en edición de bolsillo y, desde entonces, he ido tirando de Amazon.co.uk para ir comprando las novelitas de este autor, que son una excelente evasión, aunque con calidad irregular. Alguna ha flojeado.

De los universos en los que se mueve el autor, la novela que aquí nos ocupa es la última de las aventuras de Alex Benedict. Este es un arqueólogo de dentro de 10.000 años, en una Vía Láctea parcialmente colonizada por el ser humano, que vive en un planeta, Rimway, no muy alejado del borde galáctico, y que se dedica a pillar objetos antiguos para luego conseguir pingües beneficios con su venta a los ricachones de la galaxia. Tiene como ayudante a Chase Kolpath, una mujer de la que te enamoras de inmediato, que ejerce un doble papel como asistente y como piloto de la Belle-Marie, la nave espacial que les lleva en sus correrías por la galaxia. En sus aventuras siempre hay un punto de misterio a desentrañar, momentos de peligro, e incluso no faltan los alienígenas con quienes los humanos comparten la galaxia de formas no totalmente pacífica. Eso sí, siempre se incluye en el centro del misterio algún elemento astronómico científico sobre el que pivota la acción.

En la novela que aquí nos ocupa, nuestros héroes reciben la petición de ayuda de una escritoria de terror, que en sus investigación en Salud Afar, un planeta exterior a la galaxia, que aterrada por un tremendo descubrimiento y sin poder hacer nada por evitar las consecuencias del mismo, pide un borrado de su personalidad para poder llevar una vida distinta sin tener que soportar la carga. Nuestros héroes parten para Salud Afar donde se convierte en investigadores, son acechados por una facción corrupta de las fuerzas de seguridad del planeta, son presos, escapan, se convierten en embajadores ante los alienígenas,… de todo.

Como fondo científico, las peculiaridades de un sistema solar que por razones desconocidas se ha visto expulsado del cuerpo central de la galaxia, en la que una única estrella, una gigante, probablemente una estrella de Wolf-Rayet, situada a cientos de años-luz del planeta, es el único cuerpo celeste que brilla en las noches además del halo difuso de la galaxia. Estas estrella de gran masa, extremadamente brillantes, son fieles a aquella expresión de la cultura popular que dice «vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver».

No es la novela más dinámica y entretenida del autor. Le cuesta entrar en acción, aunque hay una parte central muy entretenida. Atentos al intento de llegar a ponerse en órbita con un aero-taxi. También el final me ha resultado un poco pesadote. Poco a poco nos vamos dando cuenta que el auténtico protagonista de la novela no es Benedict sino la guapa Kolpath. Y lo que el final depara a esta eficaz piloto estelar no es acorde a su discreta personalidad. Pero bueno, es verano, y es entretenimiento. Nadie pretende sacar grandes conclusiones de este tipo de lecturas. Se trata de entretener las neuranas en las calurosas tardes de verano hasta que las temperaturas permiten salir a pasear un poco por las recalentadas calles de la ciudad.

Observatorio de Jungfraujoch

Los observatorios astronómico, como el que encontramos en Jungfraujoch, son necesarios para evitar las sorpresas estelares que deparan a los protagonistas de las novelas de McDevitt - Pentax K10D, SMC-DA 40/2,8 Limited

Un fotógrafo, David Bailey, y un relato, Las babas del Diablo

Cine, Fotografía, Literatura

Después de ver Blowup, la película que recomendaba ayer, y para elaborar la reseña sobre la misma, me dediqué a buscar información sobre la misma. Y leí cuales eran los referentes que Antonioni tomó para elaborar su relato.

En primer lugar, quiero comentar algo sobre el fotógrafo en el que se inspiró el director para componer su personaje principal. Se trata del fotógrafo británico David Bailey, cuya época de mayor actividad y creatividad coincidió con el Swinging London de los años sesenta en el que se enmarca el filme. Con un estilo directo, muy limpio, básicamente en blanco y negro, fue fotógrafo de modas y de celebridades desde esa época y a lo largo de su carrera. También colaboró con frecuencia en la realización de las fundas y carátulas de los álbumes de música pop y rock. Podéis ver algunas de sus imágenes en PDN Gallery. Abarcan un período comprendido entre 1964 y 1999. El estilo del fotógrafo no parece variar mucho. No sé si fue tan mujeriego y se benefició a tantas modelos como se insinúa en la película… pero se ha casado en cuatro ocasiones. Vive todavía.

En segundo lugar, el argumento de la película está basado en un relato corto del escritor argentino, afincado durante mucho tiempo en París, Julio Cortázar. El relato se titula Las babas del Diablo y la acción transcurre en París. El protagonista es un fotógrafo, pero aficionado. Utiliza una Contax I o Contax II (probablemente, en el texto que he encontrado con el relato dice «una Contax 1 1.2»), una cámara telemétrica, rival en su momento de las Leicas. Y al igual que en la película utiliza su cámara para pasear y tomar imágenes que le resulten llamativas o interesantes en las calles de la capital. Y en un momento dado presenta lo que puede ser una escena de seducción. En una pequeña plaza de la Île Saint-Louis, hoy llamada Plaza de Julio Cortázar, y en la que en algún momento he estado comiendo algún helado de chocolate con naranja de  Berthillon. La escena de seducción es distinta no es un hombre mayor con una mujer joven; es una mujer adulta con un adolescente. También hay un tercer personaje en un discreto segundo plano. Pero el crimen que se está fraguando es distinto. Os dejo que lo descubráis vosotros mismos. El relato es cortito y es fácil de encontrar haciendo una búsqueda en Google.

Para la foto de hoy, lo tengo fácil. Me voy al París de Cortázar.

Pont des Arts e Ile de la Cité

El Sena, el Pont des Arts y uno de los extremos de la Isla de la Cité, París - Panasonic Lumix LX3

PhotoEspaña 2009,… o un día de calor en Madrid

Arte, Fotografía

Hacía años que no iba a visitar las exposiciones de PhotoEspaña. Este festival de fotografía comenzó hace unos 11 ó 12 años, y en sus primeros años fui en un par de ocasiones a ver las exposiciones. Pero luego me empezó a dar pereza. La verdad es que en Madrid, en junio y julio, hace un calor horrible. No peor que en Zaragoza, pero es que en mi casa no me pego el día de una lado para otro viendo fotos sin sentarme durante horas. Pero este año me ha apetecido ir. Y como todavía estoy de vacaciones… pues ayer estuve de exposiciones de fotografía.

Para empezar, hay que decir que hay un montón de exposiciones, y que en un día no da tiempo a todas. Desde luego no a ver las que este año han puesto en Lisboa o en Cuenca. Y no porque no apetezca ir a estas ciudades. Es que no pillan tan a mano como Madrid, que llegas en 1h 20m en el AVE. También hay muchas exposiciones en lo que llaman Festival Off, fundamentalmente en galerías de arte. Pero es difícil seleccionar, así que finalmente te dedicas a la sección oficial, que ni siquiera esto te da tiempo a verlo en un día. Lo que he visto es lo que se puede ver haciendo un circuito que empieza y termina en torno a Atocha, y cuyos extremos más alejados están en la FNAC de Callao y en el Teatro Fernán Gómez de la Plaza de Colón.

No voy a entrar a detallar con detalle todo lo visto. Me voy a dedicar un poquito a lo anecdótico. Es que es verano y estoy un poco tierno. La visita comenzó por el Centro de Arte Reina Sofía donde, aunque sólo vayas a visitar las exposiciones temporales, te cobran los seis euros de rigor de la entrada. Mucho morro. Puestos en estas, te paseas un poco por la salas de exposición permanente. Algo que pagas luego, cuando te das cuenta de que no te va a dar tiempo a ver todo lo que quieres en un día.

Centro de Arte Reina Sofía

Audiovisual de la exposición de Walid Raad, The Atlas Group, en el Centro de Arte Reina Sofia - Panasonic Lumix LX3

Centro de Arte Reina Sofía

Famoso cuadro de Dalí en el Centro de Arte Reina Sofía - Panasonic Lumix LX3

La segunda etapa, el Jardín Botánico, lugar ideal para visitar al final de la tarde, pero que en el bochornazo del mediodía madrileño, pues… bueno,… menos.

Jardín botánico

Las exposiciones del Jardín Botánico no despertaron mucho mi interés, pero las plantas estaban bonitas - Panasonic Lumix LX3

Tras pasar por el Museo de Colecciones ICO para admirar las siempre interesantes imágenes de Dorothea Lange, me dirijo hacia la Plaza del Callao para ver lo que se presenta en la FNAC, que es muy interesante, Olivia Arthur mostrándonos la realidad de las mujeres iraníes, más allá de lo que significa el velo. Y después a comer.

FNAC Callao

Cuando visito las exposiciones de la FNAC de Zaragoza nunca hay nadie,... y en Madrid,... pues tampoco - Panasonic Lumix LX3

Después de comer, selecciono tres salas que no cierran al mediodía. La Fundación Telefónica, una sala que no me gusta nada, presenta a Gerhard Richter con sus fotografías pintadas. A este autor lo vi en Viena como pintor y me gustó mucho. Pero esta historia de las fotografías pintadas no me ha convencido gran cosa. Después a la Casa de América y al Teatro Fernán Gómez. En este último, la exposición sobre los años 70 me recuerda lo visto en París este invierno sobre los años 70 en la fotografía americana. La de ayer no está mal… pero sin el nivel de aquella.

Sala de Exposiciones del Teatro Fernán Gómez

Bajada a la sala de exposiciones del Teatro Fernán Gómez en la Plaza de Colón - Panasonic Lumix LX3

Una vez abiertas el resto de las salas a partir de las 17 horas, visito la Sala Alcalá 31 con una exposición estelar dedicada a Annie Leibovitz. No es nueva para mí esta exposición ya que tengo el libro en la que se basa, A Photographer’s Life. Pero siempre es una gozada ver las imágenes de la fotógrafa norteamericana en gran formato. Una vuelta por las salas de exposiciones del Círculo de Bellas Artes, y termino mi jornada fotográfica en el Instituto Cervantes, con una exposición llamada Resiliencia, que nos presenta el trabajo de varios fotógrafos del otro lado del charco, y que me gustó bastante. Me compré el catálogo de esta última exposición. Y ya está… hasta otro año.

Sala Alcalá 31

En la Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid encontramos la exposición estelar de Annie Leibowitz; la más concurrida con ventaja - Panasonic Lumix LX3

Círculo de Bellas Artes

Yo mismo con mi mecanismo en el Círculo de Bellas Artes - Panasonic Lumix LX3

Instituto Cervantes - Resiliencia

De lo que más me gustó, esta Resiliencia en el Insitituto Cervantes - Panasonic Lumix LX3

Libros de vacaciones: El otoño alemán y 97 segundos

Literatura

Para este viaje a Suiza que ya ha pasado me llevé dos libros para los ratos muertos y, especialmente, para los desplazamientos. Los dos de autores españoles, aunque de tono muy distinto. Ahí va el comentario.

En primer lugar, me leí El otoño alemán de Eugenia Rico.

El otoño alemán.
Sevilla: Algaida Eco, 2009.
ISBN 978-84-987-7221-0

Se trata de un drama, en el que una mujer alemana en sus treintaytantos recuerda en flashback los acontecimientos que sucedieron cuando era una joven que acababa de terminar la universidad, en Alemania a finales de verano principios de otoño, en el que se reúne con otros amigos en una fiesta que acaba durando una semana, y que culmina con la trágica muerte de su mejor amiga, una española que conoció de Erasmus en Francia. Paralelamente, esta mujer alemana va narrando sus descubrimientos de aquella época sobre la vida de su abuela en tiempos del nazismo, con un pretendido paralelismo entre el pasado y el presente.

La novela se lee bien, pero la verdad es que comienza fuerte y luego va perdiendo intensidad conforme va narrando lo sucedido en aquella semana alemana. También sufre en parte de abusar de los tópicos sobre el carácter de las personas en función de su nacionalidad, lo que de alguna forma hace que los personajes pierdan fuerza al perder parte de su personalidad diluida en ese tópico. El final dramático de la joven española también resulta un poco desconcertante, tanto por la naturaleza de su muerte como por las reacciones del resto de los personajes.

No obstante, es un drama que se lee bien, que tiene su interés y que puede valer para la temporada veraniega.

En segundo lugar, no he terminado de leer, ni creo que lo haga, 97 segundos de Ángel Gutiérrez y David Zurdo.

El otoño alemán.
Sevilla: Algaida Eco, 2009.
ISBN 978-84-987-7221-0

Me parece mentira que para escribir semejante tontada hagan falta dos autores, dos escritores. Estos dos autores perpetran un relato a medias entre la ciencia ficción y las novelas de espionaje, a propósito de un presunto y sorprendente descubrimiento hecho en la luna por la tripulación del Apollo XI durante el primer alunizaje del hombre en nuestro satélite. El hecho de que estemos a punto de celebrar el 40º aniversario de aquel suceso, hizo que me pareciera adecuado el acercarme a este título.

Pero es una catástrofe. Los personajes son tópicos y lineales. Las situaciones vulgares. Parece sacado de una película barata de espías. Es como un refrito de telefilmes de tres al cuarto con sus situaciones estandarizadas y sus personajes tipo de cartón piedra. Y algunas situaciones ridículas. ¿Alguien se puede imaginar que una joven de los años 60 en España que se queda sin novio porque lo matan torturándolo acabe casada con un tipo que se dedicaba a torturar? Y más tonterías… agujeros negros, viajes en el tiempo, los malos de los militares americanos,…

Llegó un momento que me dio tanta vergüenza las tontadas que estaba leyendo que lo mandé a paseo. Así que ya sabéis. Huid de esta novela como de la peste.

Ferrocarril de Gornergrat y Matterhorn

El ferrocarril de Gornergrat tiene como fondo el espectacular Matterhorn - Panasonic Lumix LX3

Exposición: Entre dos siglos – España 1900

Arte

Aunque tengo grandes lagunas en mi conocimiento sobre el arte de la pintura, de vez en cuando me siento atraído por alguna exposición. Es una buena forma de ir abriendo los ojos a este arte, de ir adquiriendo algún conocimiento y experiencia, ya que no tengo ocasión de dedicar tiempo a su estudio. Y en un mañana tórrida como la de ayer domingo, después de tomar un chisme para refrescarnos, nos acercamos al Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, en la céntrica Plaza de Basilio Paraíso, para ver la exposición dedicada a pintores españoles de principios de siglo.

Don Santiago...

Un mayestático Don Santiago Ramón y Cajal nos recibe al entrar al edificio del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza - Panasonic Lumix LX3

La exposición se titula Entre dos siglos. España 1900 y pretende ser un muestrario de distintas tendencias en la pintura española en el paso entre el siglo XIX y el siglo XX. Podéis encontrar más información sobre la misma en la página de Exposiciones MAPFRE Arte.

Como no me siento cómodo comentando un arte en el que considero que tengo todavía mucho que aprender, diré que junto a pintores de los que ya conocía algo como el muy popular Joaquín Sorolla, y los también conocidos Santiago Rusiñol e Ignacio Zuluoaga, que realmente me gustan bastante, de los muchos más que había el que más me llamó la atención fue Ramón Casas.

Desnudos múltiples

Algunos cuadros en la exposición del Paraninfo - Panasonic Lumix LX3

Entre los cuadros que me llamaron la atención de Sorolla,… pues cualquiera. Como aficionado que soy a la fotografía, siempre he pensado que por la forma que tiene de componer sus escenas el estudio de sus obras es útil también para cualquier fotógrafo aficionado. El estudio de sus luces, de sus puntos fuertes, de cómo recorre la mirada sus cuadros es igualmente válido para quien quiera entender cómo funciona una fotografía.

De Rusiñol me dejó notablemente impresionado el rostro de la mujer que aparece en el cuadro titulado La morfina, mientras que dediqué un buen rato a analizar cómo Zuloaga había pintado una señorita con un cuerpo desnudo tan armonioso y una cara no excesivamente fina o delicada… no sé, tal vez criterios estéticos de la época. Pero ya digo que el descubrimiento fueron algunos cuadros de Ramón Casas, ya que tanto su desnudo Flores deshojadas, una alegoría de las violaciones de adolescentes a principios de siglo por ciertas creencias sobre la curación de la sífilis mediante el sexo con vírgenes, como la serenidad del titulado Entre dos luces.

Un paso atrás para observar mejor

Una paso atrás para contemplar el desnudo de Zuloaga - Panasonic Lumix LX3

Sala de Expoosiciones - Paraninfo

Vista de la sala de exposiciones con Flores deshojadas de Ramón Casas en primer plano - Panasonic Lumix LX3

Después, también me pasé por la sala de exposiciones del sótano donde se pretendía explicar los conceptos de Fernando Sinaga y sus Pantallas espectrales sobre el Ebro. Más allá de la curiosidad sobre algunos efectos en superficies especulares, no me dijo gran cosa. Es lo que pasa.

God Dog

Dios Perro,... pero en inglés que queda más capicúa, por Fernando Sinaga - Panasonic Lumix LX3

Silueta

Una superficie reflectante, una de mis cámara y yo... la tentación me puede - Panasonic Lumix LX3

Spam y danzas

Arte, Televisión

Se va terminando el mes de junio. Y eso, en mi caso, significa que se acerca el momento de coger las vacaciones. Parte de ellas. Pero lo cierto es que la modorra estival se ha ido apoderando progresivamente de mí. Y la intensidad de mis diversas actividades parece que se ralentiza un poco hasta el momento de hacer la maleta dentro de unos días y reactivarme para viajar un poco por el mundo. Ya hablaremos de eso.

De momento, ayer sábado por la tarde di un empujón para terminar de ver la quinta temporada de Northern Exposure, que aquí conocimos como Doctor en Alaska. Indudablemente, una de mis series favoritas de todos los tiempos. Su mezcla de humor, drama y poesía la hacen casi única. El surrealismo del comportamiento de sus personajes los convierte también un poco en la familia que a uno le gustaría tener. Es cierto que en sus últimas temporadas la serie perdió un poco de ritmo y se dejó sumir en un ambiente más melancólico… pero bueno; a ver cuando sacan a la venta la sexta y última temporada para cerrar un ciclo.

Probablemente en su momento haré un comentario extenso sobre la serie, cuando termine de verla en su integridad, en versión original, lo que me está llevando varios años, lo que tardan en salir las distintas temporadas a la venta. Pero dejando de lado estas consideraciones, ayer me hizo gracia una escena.

Seguramente, todos los que manejamos asiduamente el correo electrónico estamos familiarizados con el concepto de spam. Ese correo publicitario, no deseado, que invade nuestros buzones electrónicos. Este tipo de correo fue denominado así en honor a una famosa escena cómica de los británicos Monty Python, que con toda seguridad podréis encontrar en YouTube con una mínima habilidad a la hora de buscar. Pues bien, originalmente el spam fue un tipo de carne enlatada y el nombre se origina en que en inglés se llama a este tipo de carne SPiced hAM. Y en una de las escenas del episodio titulado Fish Story (Histora de Peces), vemos a Chris Stevens (John Corbett) en la tienda de Ruth Anne (Peg Phillips) detrás de una pila de latas de spam. Me hizo gracia. La imagen a continuación.

Chris Stevens en la tienda de Ruth-Anne tras una pila de latas de Spam

Chris Stevens en la tienda de Ruth-Anne tras una pila de latas de Spam

Tras esta pequeña e intrascendente anécdota televisiva, quedé con unos amigos a tomar unos chismes pero salí pronto de casa y, dando una vuelta por el centro de la ciudad, me encontré con una de las actividades de Trayectos, pequeños espectáculos de danza en la calle, que estaban programadas para este fin de semana, mezclada con las acciones reivindicativas de los colectivos de gays y lesbianas para normalizar en la escuela la consideración hacia estas minorías. Llevaba una cámara a mano, pero no estuve muy inspirado. Y además, preocupado porque la batería estaba en las últimas. No se pueden hacer fotos con estrés. Pero bueno, os dejo algo. Son de la Compañía Fernando Hurtado de Andalucía.

Tras los espectadores de la danza, una bandera reivindica los derechos de los gays y lesbianas

Mientras los espectadores esperan el comienzo del espectáculo de danza, se despliega una bandera de los colectivos gays y lesbianas.

Cada danzante a su rincón

Los danzantes evolucionan en lo que pretende ser un cuadrilátero de boxeo, realizando su particular versión de un "combate".

Saludando al público

Al finalizar el espectáculo, los danzantes saludan y brindan con "champán" por el público que les aplaude.

El «kitsch» se muere, o parte de él

Cine, Música

En la entrada en español de la Wikipedia encontramos la siguiente definición de kitsch:

La palabra kitsch se origina del término alemán yidis etwas verkitschen. Define al arte que es considerado como una copia inferior de un estilo existente. También se utiliza el término kitsch en un sentido más libre para referirse a cualquier arte que es pretencioso, pasado de moda o de muy mal gusto.

Yo, qué queréis que os diga, desde ese punto de vista tanto la figura de Michael Jackson como la de Farrah Fawcett siempre he pensado que cuadraban bastante bien dentro del concepto de kitsch. Y los dos han fallecido con pocas horas de diferencia.

La música de Jackson en su momento de mayor gloria nunca me atrajo mucho. Era el pop más discotequero, superficial, realizado con abundancia de medios; un producto comercial, como muchos otros que recibió una especial atención mediática, y una abundante promoción por parte de su empresa discográfica. Contra todo esto no tengo nada. Supongo que en su estilo tenía calidad. Así que no merece la pena discutir más.

Pero el cantante de Indiana era mucho más que eso. Era una imagen. Y desde mi punto de vista, una imagen negativa. La imagen de quien no quiere ser lo que es. Quien tiene la necesidad de ser otra cosa, no necesariamente mejor. También es una parafernalia. Una parafernalia que lo encuadra perfectamente en ese concepto de kitsch. Y que a mí siempre me dio un poco de grima.

El personaje también tenía su lado oscuro. Siempre existió la sospecha de que su pasaje bíblico favorito fue aquel de «dejar que los niños se acerquen a mí». Y no precisamente para obras de caridad. Aunque nunca hubiese un juicio penal contra él, el hecho de que hubiese un acuerdo económico con sus acusadores no elimina precisamente las sospechas. En cualquier caso, fuera inocente o culpable de prácticas pedófilas, su excentricidad no colaboró a aclarar las cosas.

A estas alturas de su carrera, tengo serias dudas de que pudiese aportar nada nuevo a la música. Pero indudablemente sus muchos seguidores se sentirán tristes y abandonados. Pues nada. Lo siento por ellos.

Farrah Fawcett tuvo que arrastrar tras de sí la gloria y el lastre de haber sido uno de los tres ángeles de Charlie originales. Como tal ángel, no me queda más remedio que reconocer que a mí me pilló en la plenitud de mis picores hormonales adolescentes, y por lo tanto, inevitablemente, la serie suponía una «poderosa atracción». Aunque reconozco que mi ángel favorito siempre fue Kelly, interpretado por esa estupenda morena que era Jaclyn Smith. Digo el lastre, porque son muchos los actores televisivos cuya carrera posterior se ha visto condicionada por la imagen del personaje que los encasilló. Y con el tiempo, los ángeles de Charlie se han convertido en un producto absolutamente kitsch, algo que no ha podido ser borrado ni con las nuevas versiones cinematográficas, que si acaso han profundizado en los defectos del producto.

Recuerdo haber visto a la Fawcett en cuatro largometrajes cinematográficos. La fuga de Logan fue una película que vi hace mucho tiempo y de la que no recuerdo mucho la intervención de la actriz. Saturno 3 nos ofreció una interesante historia de ciencia ficción en el espacio, que tenía su interés, pero que tuvo un desarrollo desigual. En cualquier caso, en dicha película la actriz mostraba sus carencias interpretativas al mismo tiempo que mostraba sus encantos más atrayentes en algún fugaz desnudo. En Extremities tenía el papel estelar, y entraba en el terreno del drama, pero tampoco fue un éxito precisamente, y a partir de ahí dejó de ser una protagonista en el cine e incluso en televisión. Finalmente, la recuerdo en una de las pocas películas fallidas de Robert Altman, El Dr. T y las mujeres, donde hacía un papel secundario.

En resumen, una actriz que no supo trascender al de por sí intrascendente personaje de Jill Monroe, el primer angel rubio de Charlie. Pero me caía bien. Así que,… un poquito más triste sí que estoy hoy.

La muerte siempre se asocia al ocaso de la vida… así que hoy os pongo un ocaso en el Golfo de Nápoles.

Capri

El sol se pone en el Golfo de Nápoles, con la Isla de Capri vista desde la capital partenopea - Canon Digital Ixus 860IS

Libro: La reina en el palacio de las corrientes de aire

Literatura

Era inevitable. Después del tremendo cliffhanger con el que terminaba el segundo libro de la trilogía Millenium, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, el impulso por leer cuanto antes el tercer libro de la saga era tremendo. Y esto habla de lo adictiva que me ha resultado la lectura de estos libros. Por lo que algo bueno deben tener. Así que voy a comentar el tercero y definitivo, por defunción del autor, libro de la saga. Aunque probablemente resulte un comentario sobre la saga en su conjunto.

La reina en el palacio de las corrientes de aire.
Barcelona: Destino, 2009.
ISBN 978-84-233-4161-0

En primer lugar, cuestionaré las traducciones de los títulos de las novelas al castellano. Entre el título en sueco del primer libro y el título en castellano había una «pequeña» diferencia. Pongo las comillas porque a mí no me parece que sean los mismos los hombres que «no aman» a las mujeres que los hombres que «odian» a las mujeres. Creo que conceptualmente hay una diferencia, pero pase.

En el segundo libro, frente a la chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y que tiene bastante que ver con la trama actual del libro, el original sueco nos habla de la niña que jugaba con fuego… que tiene bastante que ver con el trasfondo histórico del personaje principal. Dos títulos que parece que tienen que ver, pero que no, que son distintos. Buff… no sé muy bien…

Pero es que en el tercero, el título en castellano no tiene que ver casi nada con el título original ni con lo que pasa realmente en el libro, salvo que uno le quiera ver contenidos filosófico-metafóricos raros. Lo de la reina en no se qué palacio con corrientes de aire… pues no sé; a ver si se nos va a resfriar la susodicha reina por estar en medio de las corrientes. Sin embargo, en sueco, el título original significa el castillo de aire que explotó. Y esta sí que es una metáfora sobre lo que pasa en el libro. Este sí que es un título adecuado. Vaya por delante que si muchas veces he opinado que habría que aplicar la máxima pena posible a esos delincuentes que ponen los títulos en castellano a las películas extranjeras, empiezo a pensar que con lo que ponen los títulos a los libros extranjeros habría que hacer lo mismo. Encima en este caso ni siquiera son originales, porque parece que se limitan a traducir los títulos con los que aparecieron en su versión francesa. Otros que también bailan, los gabachos,…

Pero vamos al contenido. Desde que estaba terminando el tercer libro de la trilogía, no pure dejar de pensar en La Guerra de las Galaxias. Me refiero a la trilogía de los años 70 y 80, no a la tontada más reciente. Veamos a ver cómo se me puede ocurrir a mí tan peregrina idea…

Aviso: En los siguientes párrafos puede haber indicaciones que desentrañen algunas fases de la trama. No mucho, pero algo.

  1. En el primer libro, nos encontramos un tipo relativamente mayor y una tipa relativamente joven que se ven involucrados en una aventura en la que colaboran y adquieren una confianza. La aventura se resuelve, pero queda abierta a nuevas peripecias, especialmente con el pasado familiar de la joven. Pensemos en Lisbeth Salander como una peculiar reelaboración de Luke Skywalker y en Mikael Blomqvist como su particular Obi Wan.
  2. En el segundo libro, comienza de lleno la lucha contra el lado oscuro. Además de nuestros héroes, se suman nueva gente al bando rebelde, mientras nuestra heroína comienza un recorrido para conocer la verdad sobre su pasado y sobre sí misma. De alguna forma, tenemos un paralelismo entre las aventuras de los rebeldes en el Halcon Milenario contra el Imperio, mientras Skywalker trata de encontrarse a sí mismo en Dagobah… para al final acabar saliendo al encuentro del malo,… que es su padre. Y todo termina en un tremendo cliffhanger, con las cosas que se han puesto muy negras, pero sin una resolución definitiva al conflicto. El papel de Yoda en la trilogía sueca probablemente haya que adjudicárselo al primer tutor de Salander, el abogado bueno.
  3. En el tercer libro, van confluyendo las acciones de todos, malos y buenos, para un enfrentamiento final en el que la «fuerza» alcanza su equilibro, y de alguna forma se hace justicia.

Definitivamente, encuentro sus paralelismos. Qué se le va a hacer. Estoy marcado por George Lucas de por vida. No sé si sentirme aterrorizado o celebrarlo.

Hasta aquí los posibles «destripes» del argumento.

Por supuesto, en estos libros hay mucho más. Así, tenemos el contenido de crítica social y política hacia la sociedad sueca, que por otra parte puede ser extrapolada a cualquier país con una democracia parlamentaria basada en uno o varios textos constitucionales. La falta de ética en las empresas, la decadencia de los medios de comunicación impresos tradicionales, la utilización de herramientas del estado para usos fraudulentos o para amenazar incluso el propio sistema de libertades de los ciudadanos,… Son diversas las aportaciones que realiza para la reflexión el autor de estos libros, un tipo evidentemente comprometido con las libertades ciudadanas, y que ha terminado por caerme muy bien. Lástima que esté criando malvas. Si realmente está representado en la historia por Blomqvist, además supongo que debe ser motivo de envidia por su éxito con las mujeres. Claro que a mí el personaje de Monica Figuerola creo que me produciría más miedo que deseo,… 1,86 de estatura, musculosa, policía… ufff. Pero honrada, la chica, eso sí.

Al igual que los anteriores volúmenes, y a pesar de su extensión, el libro se lee bien. Te induce a mantener la lectura. Te engancha. Es menos trepidante que el segundo volumen, la acción es más contenida. Es menos detectivesco que el primer volumen. Pero tiene mayor contenido político y social. Y globalmente está bien equilibrado.

Uno de los miedos que supongo que tendría la gente que leyó el segundo volumen es que, conociéndose la intención del autor de seguir escribiendo libros sobre estos personajes, podría terminar en un nuevo cliffhanger cuyo desenlace nunca podríamos conocer. Pues no. La historia se cierra. El ciclo iniciado en el primer volumen ha terminado. Sí es cierto que hay alguna trama secundaria y muy poco desarrollada que podría ser el inicio de nuevas historias. Por seguir con el ejemplo de Star Wars, en aquella historia de fantasía espacial, sabíamos perfectamente que fue de la hermana gemela del protagonista. Pero en la historia que ocupa, no sabemos que ha sido de ella (sí, también en esto hay paralelismos). Y en el último tramo del libro conocemos algún nuevo personaje, cierto abogado, que podría ser aprovechado en el futuro. Pero las tramas quedan cerradas.

La histora ha terminado; quizá nos gustaría haber sabido más de las aventuras futuras de Lisbeth, pero no va a ser posible. Por lo menos no nos quedaremos con las ganas de saber cómo termina. En su conjunto, una lectura muy entretenida. Muy recomendable.

Las andanzas de Lisbeth la llevan a visitar en París a su amiga Miriam Wu, un personaje secundario que tengo ganas de conocer en la gran pantalla. A ver si la sacan como me la imagino. Así que una foto de París.

Rue de New York

¿Me habré cruzado con Miriam Wu en mi último viaje a París? - Panasonic Lumix LX3

Libro: Ligeramente desenfocado

Fotografía, Literatura

Cuando Robert Capa desembarcó con las tropas norteamericanas en Omaha Beach, una de las playas normandas donde se realizó el desembarco aliado en Francia, fotografió lo que pudo aquel infierno, hasta completar cuatro carretes; 144 imágenes. Estos carretes fueron inmediatamente mandados a revelar y a procesar, y un laborante de Life los sometió a una temperatura excesiva estropeando la emulsión. El fatídico resultado fue que sólo pudieron ser aprovechados 11 fotogramas, que no se veían con excesiva nitidez. En los pies de foto, Life puso que las fotografías estaban «slightly out of focus«, ligeramente desenfocadas, como consecuencia de la azarosa situación en la que se encontraba el fotógrafo, inmerso en una batalla durísima y sangrienta. Ese «slightly out of focus» es el título que eligió el propio Capa para el libro en el que relató su crónica personal de su intervención como reportero gráfico en la II Guerra Mundial.

Ligeramente desenfocado.
Madrid: La Fábrica Editorial, 2009.
ISBN: 978-84-92498-87-1

Robert Capa, judío exiliado húngaro, quiso ser en primera instancia periodista, redactor. Pero acabó tomando en sus manos una cámara fotográfica, donde encontró su auténtico destino. No obstante, quiso tomar la máquina de escribir en 1947 para ofrecernos en palabras lo que de alguna manera ya nos había ofrecido en imágenes. Su visión y su vivencia de ese gran fracaso de la humanidad que fue la II Guerra Mundial.

La crónica se lee fácil, el estilo es directo; no hay alardes literarios. Va a contar lo que quiere contar, y ya está. Pero lo que es realmente importante es el tono. La ironía es constante. Capa hace gala de un humor excelente, incluso cuando está narrando los momentos más duros, aquellos que comprometían su integridad física, moral o sentimental. Sí, también sentimental. Porque en paralelo a su historia como reportero gráfico discurre la relación que tuvo con Pinky, apodo que le puso a la pelirroja Elaine Justin (en el libro aparece como Elaine Parker). Pero no sólo hay amor, también hay mucha tristeza. Y un reflejo del miedo que se siente cuando tu vida está en peligro constantemente.

Aunque la acción no abarca más que el período en el que participó en la contienda mundial, en el escenario europeo, no se olvida de España, donde comenzó su carrera como reportero de guerra en 1936. Según nos cuenta, entró en París subido en un carro de combate bautizado con el nombre de Teruel, lugar que visitó durante nuestra contienda nacional, y tripulado por republicanos españoles que peleaban en la 2ª División Acorazada del General Leclerc. También nos cuenta como, una vez liberado el sur de Francia, bajó al sur del país, y acompañó a un grupo de antiguos milicianos republicanos a una incursión en el Valle de Arán. El final de este episodio es uno de los que destilan mayor tristeza en el libro. Realmente, estoy seguro que Capa pensaba que a los aliados se les olvidó liberar Madrid tras Roma y París. Es de los que piensan que la lucha contra el fascismo no empezó en el 39, sino el el 36 en España. Poco agradecidos se mostraron los aliados ante este hecho.

No me quiero alargar mucho más. Encuentro la lectura de este libro muy recomendable. Tanto por su estilo, como por su tono, como por las reflexiones se suscita. Además esta ilustrado con una abundancia de fotografías del autor, de los acontecimientos que narra. Mejor que mejor.

La imagen más icónica de las que tomó Capa fue la muerte de un miliciano español en Cerro Muriano, Córdoba. Uno se la encuentra hasta en el S-Bahn de Berlín.

Savignyplatz (Estación)

Miliciano español en la estación de Savignyplatz, Berlín (Alemania) - Fujifilm Finepix F10