En las dos últimas semanas, ni he tenido ocasión para ir al cine, ni la cartelera ha estado lo suficientemente estimulante como para esforzarme en buscar esa ocasión. Para colmo, la llamada «fiesta del cine», para la «promoción de la cultura» vuelve a hacer de las suyas. Parece que la «promoción de la cultura» pasa por suprimir prácticamente todas las sesiones de versiones originales, a las que acudimos fieles clientes de las salas de cine, para sustituirlas por versiones dobladas a las que irán aquellos clientes que sólo van en estas fechas y el resto del tiempo o ven sus películas en casa. O en las plataformas de contenidos o pirateándolas. Qué absurdamente lamentable es la actitud de desprecio de la cultura y el cine que tienen los distribuidores y los exhibidores de este país. O al menos, de esta ciudad, Zaragoza. Lamentable.
En fin. Que por decir «voy a ver algún estreno», he tirado de plataforma de contenidos en línea. Pero escamado con los bodrios y mediocridades de Netflix, me fijé en una película de Apple TV+ con un reparto (aparentemente) de campanillas. Dirigida por Jon Watts, que la verdad sea dicha no es una referencia entusiasmante, está protagonizada por George Clooney y Brad Pitt, con la presencia de la siempre interesante, aunque excesivamente breve en este caso, Amy Ryan. Esta última interpreta a la fiscal del distrito del lugar, que se va de picos pardos a un hotel con un jovencito, y allí, el muy destalentado sufre un accidente y queda inconsciente y ensangrentado en el suelo. Por lo que la fiscal, llama a un contacto para que le mande a un «solucionador» de «situaciones» (Clooney). Pero aparecen dos (Pitt), porque la dirección del hotel, que tiene cámaras en las habitaciones ¡¡¡??? ha querido «solucionar» también el problema. A partir de ahí, los «solucionadores» y el «cadáver» del jovencito (Austin Abrams) iniciarán una noche muy movida, cuando aparezca en la habitación del hotel un importante alijo de droga.
Sinceramente, no voy a perder mucho tiempo en el comentario. No es ningún bodrio. Pero no es nada de especial. Con un guion mínimamente decente y algo de imaginación, aprovechando el potencial del reparto, se podría haber hecho una comedia de acción bastante entretenida. Pero obviamente los actores se lo toman como un trabajo alimenticio, ponen de si lo justito, el guion es formulaico, de manual, sin imaginación, y la dirección pues… de un técnico, muy alejada de esa imagen que algunos tenemos del directo de cine como autor. Nada… un encargo para rellenar el catálogo de la plataforma de contenidos en línea. Inane. Entretiene un rato… lo justo. Mientras cenas y en la sobremesa, luego te vas a la cama, y ya te has olvidad. No hay más. Punto. Es lo que hay. O mejor dicho, es lo que NO hay. Aprueba… pero por los pelos.
Sí… la película es española, pero el título oficial está en inglés. La película está rodada en inglés. No es la primera de Pedro Almodóvar en este idioma, pero si es el primer largometraje. Ya rodó un interesante corto no hace mucho, con una de las protagonistas de la película que nos ocupa hoy. Que está basada en una novela de una autora norteamericana. Rodada en Nueva York y otras localizaciones de Nueva Inglaterra, y con unos temas que tal y como se plantean pueden ser universales, pero están muy vinculados a la realidad estadounidense.
Si no recuerdo mal, hace más de una semana que vi la película, las primeras imágenes me parecieron tomadas desde la isla de Roosevelt, como las fotografías con las que acompaño esta publicación.
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Una escritora (Julianne Moore), mientras firma libros en un acto de promoción, un libro sobre el miedo a morir y el rechazo a la muerte, se entera de que una buena amiga suya (Tilda Swinton), de la que se encuentra extrañada desde hace años, está enferma de cáncer y pasándolo mal, por la dureza del tratamiento. Esto le lleva a contactar de nuevo con la amiga y retoman la relación, sirviendo de fuerte apoyo a la enferma, especialmente cuando las cosas van a peor. Pero un día la enferma le confiesa que no está dispuesta a que la enfermedad se adueñe de su destino, que se suicidará con un fármaco antes de que las cosas se pongan mal, y que precisa de su compañía y apoyo, aunque no de su ayuda física para el suicidio.
Los temas que más han destacado en los comentarios sobre la película son la libertad y la autonomía personal, y el derecho a una muerte digna, la eutanasia. Pero creo que hay que insistir que hay un tema muy importante en la película, la amistad genuina, la que implica comprensión y aceptación del otro, incluso cuando en ocasiones sus valores entran en conflicto con los nuestros. No hace falta decir que la película está rodada con infinito esmero, y con la estética habitual del director, más matizada y menos estridente que en su juventud. Estridencias de color que nunca me molestaron, todo he de decirlo. Al contrario. Pero el valor principal de la película está en las dos protagonistas del largometraje, en su presencia, saber estar, en sus diálogos, en los sentimientos y sensaciones que transmiten. Con la colaboración puntual, pero destacable, de un simpático y humanista John Turturro. Excelente trabajo interpretativo, al servicio del cual Almodóvar pone todo su saber cinematográfico.
Ya digo que para mí el tema principal es esa amistad, esa solidaridad interpersonal, basada en el respeto al otro y a sus valores, incluso cuando no coinciden exactamente con los propios. Sobre el derecho a una muerte digna, la legislación actual sobre eutanasia, con sus virtudes y sus defectos, por motivos profesionales estoy muy familiarizado con ella y con las personas que solicitan la prestación de ayuda para morir, nos pone varios escalones sobre la situación en muchos estados de Estados Unidos y en muchos países del mundo. Por ello, de alguna forma, el debate que plantea al respecto la película lo tengo más superado. Para algunos será fundamental… pero a mí me parece más un macguffin para hablar de esas relaciones interpersonales basadas en el respeto y en la autonomía personal, en la capacidad de decidir. Que no es poco. En cualquier caso, una película más que recomendable. Y que puede interesar tanto a los aficionados al cine del director, como a quienes no lo son. Frente a otras películas de Almodóvar que dividen más las opiniones de los espectadores, creo que esta debería concitar más consenso. No obstante, aquellos que ideológicamente no esté por la libertad personal por motivos políticos, religiosos, generalmente gentes poco tolerantes, que se abstengan. No lo pasarán bien.
Por cierto, que hay una escena de la película en la que el personaje de Swinton lanza una potente diatriba contra determinadas actitudes sobre la enfermedad grave, sobre el cáncer en especial, actitudes de postureo social que están imperando en la sociedad y en las redes sociales, con la que me siento fuertemente identificado, porque hace mucho que me siento un tanto asqueado sobre determinadas actitudes públicas, especialmente de famosos, que están causando mucho daño en el ánimo y en la forma de afrontar la enfermedad de muchos pacientes y sus familias. Lo he vivido con frecuencia profesionalmente. No voy a entrar con detalle en estos momentos, no tengo el tiempo, ni es el lugar para ello… pero me alegro de que esas ideas se lancen con claridad desde la película.
Desde hace ya unos cuantos años, mi relación con el cine español es difícil. No voy a entrar en detalle de cuáles son las causas por las que habitualmente no acudimos a ver las producciones de carácter nacional. Pero el cansancio por los temas que trata, el bajón en el nivel interpretativo por ser la televisión la «escuela» de muchos actores y actrices, la desconfianza en la objetividad de los críticos y comentaristas sobre estas películas (hace tiempo que sospechamos una coalición de intereses para empujar a estas películas al espectador) y algún otro que ahora no caigo hace que normalmente sean títulos que no nos motiven. En principio, con esta película pasó lo mismo. Hasta las narices de darle vueltas al tema de ETA… Y la desconfianza ante las valoraciones positivas,… ya nos hemos encontrado con demasiadas pifias alabadas por los «listos» de la cosa como «maravillosas». Pero algunos comentarios de medios poco acomodaticios, bien razonados, y la falta de otras ofertas de interés, nos llevó a una matinal en el último día de las fiestas del Pilar.
Dirigida por Arantxa Echevarría, la historia que se nos cuenta se basa en hechos reales. Aunque hay que asumir un grado de ficcionalización importante por diversos, y justificados, motivos, nos lleva a los siete u ocho años en los que estuvo infiltrada entre las filas del movimiento independentista vasco una muy joven agente de la policía nacional, interpretada por Carolina Yuste, y que le llevó a entrar en contacto con elementos importantes de la organización «militar» de ETA y a participar en la desarticulación del llamado Comando Donostia de la banda terrorista.
La película, realizada con sobriedad y con realismo, se distancia mucho de las películas sobre infiltrados a los que estamos acostumbrados, que nos llegan principalmente desde los Estados Unidos. Suelen ser películas de acción, más o menos vertiginosas, más o menos inquietantes. Pero en esta película, Echevarría nos lleva a la vida cotidiana de la agente infiltrada, que transcurre entre diversos trabajos y en las tabernas abertzales de la Parte Vieja de San Sebastián, hasta que tras siete años consigue entrar en contacto con agentes terroristas. Vive entre la angustia de ser descubierta y la inquietud de tener que permanecer pasiva cuando suceden actos violentos para no comprometer la operación. La historia invita a reflexión sobre los aspectos psicológicos y éticos de este tipo de operaciones. No obstante, en la medida que avanza hacia una resolución activa de la situación, el tercer acto de la película avanza hacia una mayor tensión y una mayor acción en la pantalla. Pero siempre con buen ritmo y bien dosificada.
La película tiene no pocas virtudes, como ya he adelantado en el párrafo anterior. Pero se ancla con firmeza en el trabajo de su protagonista, bien flanqueada por los personajes secundarios. Yuste sobresale en su actuación, aportando mucha verosimilitud al personaje y a las situaciones. Desconozco en qué medida han contado con la colaboración de los auténticos protagonistas de los hechos históricos, pero tienes la sensación de que lo que estas viendo, si no pasó exactamente como se nos cuenta, pudo ser así.
Creo que estamos ante una película de notable interés. Echevarría no se enrolla a la hora de contar su historia. 100 minutos más o menos. Una estructura lineal en el relato con algunos flashbacks que aportan contexto, y centrarse en cuestiones esenciales. Sin discursos y sin demoras en la narración. Con una buena gestión de las elipsis. Al fin y al cabo pasan muchos años entre el principio y el final de la acción policial de la agente. Y un desenlace que, no podemos negarlo, es conocido porque es historia. No está en ello la emoción de la trama. En cualquier caso, creo que aporta un nuevo enfoque a los temas tratados, con razonable frescura. Y aun situando claramente a la banda terrorista como el elemento negativo de la historia, no duda en plantear las pequeñas miserias del día a día de las gentes y las instituciones, sin olvidarse de reivindicar a las personas, a los gentes que se lo curran para hacer las cosas lo mejor posible. Merece la pena verse.
Este estreno reciente de Netflix procedente de Corea del Sur me interesó e intrigó por la presencia en Park Chan-wook en los créditos de la película. Park tiene títulos muy interesantes en su carrera. Por indicar algunos de los que he visto en pantalla grande en los últimos años, podemos hablar de este muy reciente, de un clásico del cine coreano de este siglo, de una película de intenso y elegante erotismo, y… menos interesante, una incursión en el cine norteamericano. Park aparece como guionista de la película, y nos decían las crónicas que su intención era dirigir este drama de acción histórica, pero otros compromisos hicieron que esa tarea pasase al más bisoño Kim Sang-man. Así pues… el aliciente estaba ahí. El mismo viernes que la estrenaron, por la noche, me dispuse a verla.
La acción nos traslada a finales del siglo XVI, durante las invasiones japonesas de la península de Corea. Y nos habla de la rivalidad entre un joven noble (Park Jeong-min) y su criado/esclavo (Gang Dong-won) de edad similar. Entre la amistad y el odio, ambos quedarán separados justo antes de las invasiones niponas por la crueldad en el trato de los esclavos por parte de la familia del joven noble. Tras la expulsión de los japoneses del país, el reino de Joseon se encuentra arruinado, hay hambre, y las población siente que los gobernantes no les prestan atención, por lo que es terreno abonado para los levantamientos e insurrecciones. Y ambos jóvenes, ya no tan jóvenes, volverán a encontrarse enfrentados.
El reino de Joseon fue un reino muy encerrado en sí mismo cuya sociedad fue configurada en torno a un confucianismo extremo. Frente a los muchos papanatas que ven las filosofías asiático-orientales como siempre estupendas, espirituales y superiores al materialismo occidental. Pero lo cierto es que el confucianismo promueve una fuerte estratificación social, prácticamente un sistema de castas, donde el que nace siervo o esclavo así permanece, no existe ascensor en la escala social, y los nobles «eruditos» conservan perpetuamente sus privilegios. Teóricamente la filosofía de Confucio predica la prevalencia del estudio y el mérito, pero en la práctica sólo los hijos de los nobles «eruditos» pueden convertirse en la siguiente generación de privilegiados. Además es profundamente patriarcal, reservando a la mujer un papel pasivo y absolutamente dependiente del hombre. Por lo tanto, en la base de la película hay material para una reflexión social importante. Especialmente en un momento de la historia del país especialmente revuelto. Pero al final, el desarrollo de la historia queda como un conjunto de peripecias aventureras, con luchas de capa y espada, siempre tan excesivas en el cine asiático, con idas y venidas en el tiempo, mal engarzadas, la película no está correctamente construida. Y el resultado es más bien confuso y banal. A pesar de que se han introducido medios.
Las interpretaciones son correctas. Entre los intérpretes coreanos hay bastante más oficio de lo que las teleseries del país nos muestran, y eso se aprecia. Pero no bastan para levantar la calidad de una película que tenía muchos mimbres para ser interesante, incluso bastante buena, y se queda en una mediocridad absoluta con pretensiones. Allá cada cual si es suscriptor de Netflix si se anima o no con ella.
Otra película pendiente de comentario vista antes de salir de viaje de vacaciones, en una matinal de sábado. Una película que llegaba acompañada de polémica y división de opiniones, un proyecto muy personal de Francis Ford Coppola, que sufrió muchas vicisitudes hasta que se hizo realidad, en las cuales no voy a entrar, y que antes de estrenarse pasó por diversos festivales, generando una división de opiniones notable entre la crítica, y aventurando un posible pinchazo en la taquilla, como así parece que ha sucedido. Una película relativamente larga, de dos horas y cuarto algo largas, y que podría haber sido más larga todavía, dado que hubo mucho metraje rodado.
Coppola nos lleva a una Nueva York alternativa, bajo el nombre de Nueva Roma, inspirada por la inestabilidad de la Roma republicana en sus últimas décadas, en la que las instituciones republicanas fueron amenazadas constantemente por la corrupción, la crisis económica, y las amenazas golpistas de dictadores de origen militar o apoyados por los militares, tanto entre los patricios como entre los plebeyos, de tono más populista estos. En concreto, se inspira la historia en los enfrentamientos entre Cicerón y Catilina, aunque el argumento que plantea Coppola no reproduce la famosa conspiración de Catilina contra la República. Algo que hubiera sido muy complejo, ya que nunca tendremos certeza de los que sucedió por aquello de que la historia la escriben los vencedores, y todos los relatos fueron sesgados y afines a Cicerón, así que muy contrario a Catilina. Aquí nos encontramos que Cicerón (Giancarlo Esposito) es el alcalde de la ciudad, un pragmático dispuesto a hacer compromisos para que las cosas funcionen aunque sean con deficiencias, y con un cierto grado de corrupción. Mientras, un torturado Catilina (Adam Driver), por la muerte de su esposa de la que fue acusado por el primero, y con la capacidad para parar el tiempo, tiene visiones de una Roma distinta, más estética, más artística y más equitativa y pensada para sus gentes. Pero el entorno que les rodea es de intereses contrapuestos y corruptos, lo que amenaza el gobierno de uno y las visiones de futuro del otro. Un elemento, Julia (Nathalie Emmanuel), la hija de Cicerón, podrá servir de puente, cuando se enamore y se case con Catilina.
La película ha suscitado las reacciones tan contrapuestas, en mi humilde opinión, más por las polémicas que han rodeado su rodaje, su promoción y su distribución que por sus cualidades cinematográficas. Obviaré esas polémicas y me centraré en la historia que nos cuenta, la forma en que nos la cuenta y en el trabajo interpretativo.
Basar la historia en la República Romana tardía es complejo. Establecer paralelismos entre ese periodo de la historia en la que la pequeña y expansiva república mediterránea se transforma en un imperio de ámbito casi continental, y la evolución de los Estados Unidos que surge de la ilustración como una república con valores democráticos, pero que acaba convirtiéndose en una potencia global, con las dosis de corrupción moral y política que acompañan a ambos, es complejo. Los estadounidenses siempre han sentido una cierta fascinación por Roma, y son muchos los que se han comparado con las principales figuras de la Roma republicana. Pero es arriesgado. Las semejanzas me parecen cogidas por los pelos. Los Cicerón y Catilina históricos pueden tener muy poco que ver con los de la película. Más cuando el Catilina original pasó a la historia como un villano golpista (ya he mencionado lo de la historia escrita por los vencedores), mientras que el Cicerón original ha pasado a la historia como una figura de prestigio, de la élite de la República tardía. No son esos los papeles que representan sus alter ego de la ficción de Coppola. Es complicado. Y es complicada esa tesis de fondo de que el arte y la belleza acompañan los valores de equidad y justicia, tal y como las plantea Coppola a través de su Catilina de ficción. Por lo tanto, la tesis planteada por Coppola y su reflejo en el argumento de la película no me parece que quede totalmente resuelto, y presenta diversas goteras.
Donde la película destaca, y a veces abruma, es en un representación visual. Coppola plantea un espectáculo visual llamado a impactar y a dejar una herencia de lo que es su visión artística y cinematográfica, que a veces acompaña bien, y otras no tan bien, a la historia. Es peligroso confiar en las formas y en el espectáculo lo que no está bien hilado en el concepto y la historia que estamos contando. Y eso que la película tiene un activo importante, y es el buen trabajo, en mi opinión de sus intérpretes. Incluso si en ocasiones no está claro el camino que llevan sus personajes. Pero me parece que el esfuerzo es destacable. El reparto es muy amplio para mencionar a todos los que participan de forma destacada. Pero el trío protagonista actúa con solvencia.
Globalmente creo que la película sólo puede merecer un juicio duro desde el punto de vista de las pretensiones con las que se presenta; un espectáculo magno con una tesis política, testamento de la visión de su director. Y no llega a cumplir con esa misión. El desequilibrio entre virtudes y defectos afecta a esas pretensiones de forma grave. Pero no podemos negar algunas cuestiones, sin esas elevadas expectativas, la película es una producción muy interesante. Tiene ideas interesantes, tiene momentos interesantes, tiene atractivo visual, tiene buenas interpretaciones. Lo que falla es la integración. Y en algunos momentos falla la metáfora. Pero no creo que sea la calamidad que muchos han visto ni mucho menos, al contrario, creo que es un producto cinematográfico que merece la pena contemplar, incluso si sus defectos puedan dar la sensación de que es un producto fallido, al menos hasta cierto punto.
Antes de irme de viaje a Singapur dejé pendientes de comentario dos películas de estreno. Curiosamente, de ninguna de las dos teníamos expectativas altas, y curiosamente las dos nos aportaron cosas. Y en concreto, la película de animación japonesa que nos ocupa hoy nos gustó bastante más de lo que pensábamos, ha ido creciendo en la memoria, y en estos momentos mi opinión es que está francamente infravalorada.
Dirigida por Yoshimi Itazu, está basada en el manga del mismo título. El título original en japonés se traduce como La conserje de los Grandes Almacenes del Polo Norte. Y nos habla de las peripecias de una nueva empleada de estos grandes almacenes, cuya inspiración clara son los primeros grandes almacenes parisinos del siglo XIX, de los que por ejemplo nos hablaba Zola en Au bonheur des dames, una novela que también trata de una joven que entra a trabajar en los grandes almacenes que dan nombre a la novela. Pero la historia de esta película se aparta pronto del naturalismo del escritor francés, y entra de lleno en el ámbito de la fantasía. Los clientes de estos grandes almacenes son animales… animales extinguidos principalmente. Muy torpe al principio, la bondad natural de Akino, la protagonista, la hará desvivirse por atender las necesidades de los clientes, y orientarlos hacia aquellas secciones del establecimiento que más les convienen
Película de muy buen rollo, en la que es muy fácil coger cariño a la protagonista, esa joven un tanto atolondrada de gran corazón, que acabará siendo querida por todos, compañeros y clientes. Pero las peripecias de la joven es un macguffin para trasladar los riesgos que la vida salvaje tiene ante la acción depredadora, invasiva y modificadora de los ecosistemas del ser humano. Durante buena parte de la historia de forma inconsciente, pero hoy en día de forma egoísta, codiciosa, y al mismo tiempo previsible. Con una animación totalmente basada en el manga de origen, de líneas claras, sencillas, pero muy expresivas, es una película que nos enganchó, y que como ya he dicho, en mi caso, ha ido creciendo en el recuerdo.
Por todo lo anterior, la encuentro muy recomendable. No obstante, está pasando relativamente desapercibida. Y quizá por la ausencia de espectacularidad en su planteamiento o en sus aventuras, está injustamente infravalorada por el público. Aunque el material de origen, el manga, fue muy apreciado y premiado en su momento, lo que debió influir para proceder a la adaptación a largometraje de animación. Que también goza de cierto aprecio por la crítica y por los festivales dedicados al género.
Esta semana parece que se ha animado un poquito la cartelera cinematográfica en salas de pantalla grande. Aunque probablemente tarde un tiempo en comentar las películas de estreno, porque voy a hacer un paréntesis, y el Cuaderno de ruta entrará en modo de «sólo fotos». No obstante, el miércoles pasado dejé las series que veo después de cenar en favor de una película estrenada directamente en plataforma en línea, con un reparto sumamente atractivo. Dirigida por Azazel Jacobs, de quien sólo he visto episodios de teleseries, creo, tiene sabor a teatro adaptado al cine, aunque es una obra original para el cine escrita para Jacobs, que yo sepa.
Tres hermanas se reúnen en un apartamento de Nueva York, donde vive su padre (Jay O. Sanders) con una de ellas (Natasha Lyonne), para esperar el fallecimiento de este que se encuentra en cuidados paliativos terminales en su casa. La mayor (Carrie Coon) vive también en Nueva York con su propia familia, pero pasa poco a visitar a su padre y a su hermana. La menor (Elizabeth Olsen) vive también con su propia familia en la costa oeste, por lo que aún visita con menos frecuencia. La que vive con el padre no es hija biológica, ya que era hija de su segunda esposa, aunque la adoptó y la crio como propia. Durante estos días surgirán las diferencias entre las tres hermanas, con distintos caracteres y distintos valores, a las que sólo parece unirles una cosa. Su padre. Que ahora está muriendo.
Como ya he comentado, tiene sabor a teatro. Prácticamente sólo hay un escenario, el apartamento. Hay unas pocas escenas exteriores, en un banco delante del edificio donde se encuentra el apartamento. Y básicamente lo que hay son diálogos. Los diálogos entre las tres hermanas, y eventualmente con los secundarios que aparecen. Los temas son previsibles. El principal está claro; qué es ser familia. La familia es un grupo de personas en las que sólo dos, cuando existe una pareja fundadora, han decidido ser familia. Los demás han llegado ahí sin ser preguntados. Y a pesar de ellos, se supone que existen unos vínculos, unas relaciones de afecto, una red de apoyo mutuo. Pero, ¿cuáles son sus límites? Y, ¿cómo conciliar los diferentes valores y perspectivas de quienes forman la familia?
Ya he mencionado que decidí ver la película por su reparto. Las tres actrices han mostrado una solvencia y una profesionalidad actoral más que sobrada a lo largo de su carrera, independientemente de que unas u otras hayan hecho otro tipo de trabajos más alimenticios o lucrativos. Son buenas actrices dramáticas, y en esta película son el principal aliciente. El director/guionista les ofrece una buena base, no especialmente original, es una historia que resuena, que tiene elementos de «esto ya lo he visto en alguna ocasión», pero ellas se encargan de darle alma y hacer que merezca bastante la pena dedicar estos 100 minutos a ver cine. Si tenéis Netflix, no os la perdáis.
Bajón tremendo en el interés de la cartelera de cine, cuando en septiembre uno esperaría que se fuese recuperando poco a poco del sopor veraniego. Y bajón todavía más acusado si tenemos en cuenta que la oferta en versión original ha sido la más escasa de lo que llevamos de año, si no recuerdo mal. Prácticamente nos habíamos hecho a la idea de que no íbamos a acudir a las salas de cine. Incluso había empezado a revisar los estrenos directos en plataforma en línea, por si podía encontrar algún sustituto digno allí. Sin muchas esperanzas por los antecedentes más recientes. Y en esto estábamos cuando alguien nos propuso una sesión restringida esta película francesa dirigida por Élise Girard y protagonizada por Isabelle Huppert. Eso sí… sólo apta para personas que comprendan el francés hablado, puesto que sólo había subtítulos para los diálogos en japonés que se producen en la película. La película está disponible para cualquier espectador en Zaragoza exclusivamente en versión doblada. La cual, tras ver la película, no tiene sentido. Salvo que el francés hablado sea jerga coloquial muy extrema, lo comprendo bastante bien. Así que me apunté a esta sesión especial y restringida.
La película nos narra el viaje de Sidonie (Huppert) a Japón para promocionar la reedición de su primer y exitoso libro, que publicó originalmente muchos años atrás. En su periplo japonés va acompañada por Kenzo (Tsuyoshi Ihara), su editor en japonés. Sus primeros días en el País del Sol Naciente están llenos de equívocos y situaciones de choque cultural. Pero cuando por fin se va acostumbrando, algo alterará profundamente su viaje. Se le empieza a aparecer el fantasma de su marido, Antoine (August Diehl), fallecido años atrás en un accidente de tráfico del que ella es superviviente, con sentido de culpa, por lo que dejó de escribir. Kenzo le dirá que es normal. Que Japón es el país de los fantasmas, y que si sigue con ella es porque tienen asuntos pendientes que resolver. Al mismo tiempo, la fría relación inicial con Kenzo, un hombre que arrastra cierta desilusión y cinismo en su vida, irá cambiando y haciéndose más cálida.
He de confesar que los primeros compases de este corto largometraje, sólo 95 minutos, de sencilla factura formal, no me convencieron mucho. Daba la sensación de que Girard y Huppert estaban jugando a un Lost in translation con toques de Nouvelle vague. Pero después de tres viajes a Japón, hay ciertos equívocos culturales y ciertas actitudes de los japoneses que atienden al viajero, generalmente en los servicios hosteleros, que ya no me creo. La mayor parte de los profesionales japoneses ya se han hecho hace tiempo a los visitantes extranjeros, y hay poquitos problemas de equívocos y malos entendidos, especialmente si ambas partes pone su granito de confianza y amabilidad entre sí. Y este es el ambiente en el que se mueve Sidonie. Aterriza en Kansai, con destino a Kioto, inicialmente, y de ahí nos lleva de paseo por Nara y otras localizaciones características, hasta acabar el periplo en Tokio. Pero poco a poco la película va entrando en materia. Especialmente conforme la presencia del fantasma de Antoine se va haciendo más manifiesta y comienzan las interacciones con Sidonie. En ese momento, la película coge profundidad. Y además, el humor que busca sazonar desde el principio la película, pero que en sus compases iniciales no me convence por los motivos que he dicho, de repente, en situaciones más personales, más íntimas, se hace más auténtico. Y gusta. Por lo menos a mí. A lo que hay que añadir que Huppert, una actriz por la que siento un enooooorme respeto e incluso admiración, tiene profesión y experiencia de sobras para sostener prácticamente cualquier situación cinematográfica.
No conocía el trabajo previo de Girard. No voy a decir que sus planteamientos me convenzan del todo. Pero el minimalismo y economía de medios, el realismo fantástico en el que se sumerge la historia, la intimidad de las cosas importantes que cuenta y la presencia de Huppert hacen que valore positivamente la película, que me dejó muy buen sabor de boca y que además ha crecido en el recuerdo. La pena… eso. Que no esté disponible para todo el mundo en versión original. Porque si ya soy nulo partidario del doblaje en general, cuando hay choque intercultural e idiomático en una película, me parece fundamental.
Después del día de excursión a Sigüenza el viernes, el sábado me levanté al ralentí. Sin muchas ganas de apresurarme por nada. Sin tareas domésticas pendientes que requirieran necesariamente mi atención, simplemente a pasar un día relajado. Cuando sonó el aviso de llegada de un mensaje proponiendo una matinal cinematográfica. La segunda parte de una de las películas más divertidas que recuerdo. No un películón ni nada por el estilo, sino una comedia para pasarlo realmente bien, con personajes entrañables y buenas actuaciones. Un recuerdo agradable de las visitas a las salas de cine cuando éramos veinteañeros e íbamos en grupo de amigos. Antes de decir que sí a esta segunda parte, revisé lo que decían los comentarios y las críticas. Es que estaba realmente vago, y para motivarme necesitaba argumentos.
No tenía nada claro que fuese necesaria un secuela de aquella película 35 años más tardes, cuando fue una película que quedó redonda y cerrada. No me fío de la películas que tienen toda la pinta de ser un sacaperras basado en la nostalgia. Y, últimamente, no me fío de Tim Burton. Director que en los años 80 y 90 me parecía estupendo y necesario… pero que ya no tanto. El caso es que la mayor parte de los voceros habituales, críticos y comentaristas de la cosa cinematográfica alababan la película. Bien es verdad que mi lugar de referencia, el más fiable que tengo, aunque no sea perfecto, no se ha pronunciado al respecto. En fin. Que me apunté. Fui a ver la película. Versión original. 12:30 del mediodía. Poca gente en el cine. Pero era un sábado. Y versión original… en Zaragoza,… donde la gente suele tener alergia a los productos cinematográficos no adulterados.
Y la frialdad del ambiente en la sala se nos contagió enseguida. En ningún momento nos animamos. Algunos de los personajes significativos de la primera película, como la entonces adolescente (Winona Ryder) convertida en madre de otra adolescente (Jenna Ortega), con conflicto intergeneracional incluido. Y los escenarios y dinámicas que, supongo, se esperaban. Ciertamente, la historia que cuenta es lo de menos. La película es un vehículo para rescatar al entrañable diablillo Beetlejuice (Michael Keaton) y para repetir uno tras otros, vengan a cuento no, los mismos gags que hicieron célebre la película original. Un ejercicio de nostalgia vacío, porque sí, donde incluye una subtrama con un malvado que está mal encajada y que se resuelve sin especial emoción y sin que trascienda en lo más mínimo. Ni siquiera la referencia al Day-O de Harry Belafonte, una de las escenas que más me ha hecho reír en mi historia cinéfila, me animó lo más mínimo.
No entiendo que pintan nombres como Monica Bellucci o Willem Dafoe, qué necesidad tienen con su prestigio acumulado, para participar en esta película. Ni aportan, ni suponen diferencia. Cualquiera podría haber hecho lo que hacen. Así que… globalmente considerada, esta película me ha dejado frío, sus gags humorísticos no me generaron me parecieron repetidos, ya vistos, previsibles, y me parece una película absolutamente superflua, por mucho que esté correctamente realizada y poco más. Desconozco por qué ha generado la aprobación general de la crítica. Puedo entender mejor el éxito de público… porque quizá esperábamos repetir la experiencia de hace 35 años.
Todavía no tengo muy claro porqué acepté ir a ver esta película. Bueno… de alguna forma sí lo sé. No encontré en toda la semana otra ocasión de ir al cine, y si quería ir con gente tenía esta opción… o ir a ver otras cosas, pero sólo. Y tampoco encontré en la cartelera muchas alternativas claras que realmente me apeteciese ver. Así que acepté la invitación. Es la tercera entrega de una trilogía dirigida por Ti West, con Mia Goth como protagonista, que empezó con una película que sí vi, y que me dejó un tanto frío. Hubo una segunda película, una precuela, que no vi, dado el antecedente, y que recibió muchas alabanzas de crítica y público, creo. Y fue este antecedente y las alabanzas que la película actual estaba recibiendo las que me animaron, no sin cierta reticencia, a sumarme a la sesión de cine.
Lo más cerca que he estado de Los Ángeles, donde transcurre la película, es San Francisco. Pero eso sí, lo ilustro con el toque setentero de usar fotos realizadas con la Kodak Pocket A-1 y película en formato de cartucho 110.
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Típico producto de A24, productora cada vez más grande e influyente, aunque juegue a pequeña e independiente, y que sigue haciendo propuestas atrevidas, en ocasiones agresivas. Tanto en cine como en televisión. Con el mismo personaje protagonista que en las anteriores, la actriz pornográfica de éxito Maxine Minx (Goth), que se plantea el salto al cine comercial de la mano de una directora (Elizabeth Debicki) que ha dado el pelotazo con alguna película éxito de taquillo, pero que quiere demostrar que también pueden hacer buen cine. Pero las cosas no van a ser sencillas. Algunas chicas del entorno de Maxine o de la película desaparecen o son asesinadas. Se habla de un asesino en serie. Y su pasado en Tejas (lo que se ve en la película inicial de la trilogía), parece alcanzarle. Pero a estas alturas Maxine sabe cuidarse por sí misma.
La película sigue con la misma fórmula. Unos malos se meten con la chica equivocada. Una cuidada imagen que evoque las películas de los años 70 y 80. Y una mezcla de violencia y sexo, especialmente violencia más que sexo, ya que la cosa de la pornografía funciona más como macguffin que como tema de las películas. Con un reparto razonablemente competente, aunque tampoco hay maravillas de la interpretación. El problema es que me resulta muy previsible dados los antecedentes. Es obvio como van a ir los derroteros de la película en rasgos generales. El esquema estaba marcado de antemano.
Estamos ante una película de género, que satisfará a los aficionados al mismo. Pero que no va gran cosa conmigo. Por eso, al igual que me sucedió con la primera entrega de la serie, el resultado final me deja frío. Si a la previsibilidad del argumento sumas una falta de empatía o de cualquier otro sentimiento de afinidad o rechazo ante los personajes que desfilan por la pantalla… pues estuve constantemente a punto de salirme por completo de la película. Si no sucedió es porque tampoco hay que tener mucha concentración para seguirla. Está razonablemente bien hecha, sin ser la maravilla de la que algún comentarista habla, gustará a determinado tipo de público, pero no es lo mío. Es lo que hay.
No voy a perder mucho tiempo comentando esta película dirigida por el coreano Lee Myung Hoon, quien al parecer no es conocido por nada más que por haber dirigido y participado en el guion de esta película. En IMDb no se cuenta nada más sobre él. Es un estreno directo en plataforma en línea, en Netflix, de estos que he osado ver en verano ante las incertidumbres que también trae la cartelera en salas de cine, muy floja en su oferta de las últimas semanas.
Es una película de acción de esas en las que en un matrimonio, uno de los conyuges, en este caso la esposa, una inspectora de policía (Yum Jung-ah), no sabe que el otro cónyuge, el esposo (Hwang Jung-min), tiene un pasado oculto. En este caso como espía especializado en operaciones especiales. Pero un día, la investigación de un asesinato por la policía se cruzará con los apuros de su esposo cuando su pasado vuelva a su vida… y se la complique mucho.
Resumiendo. Aunque la factura de la película no es mala, y sus intérpretes ponen todo lo que tienen de su parte por hacer algo digno con lo que les ponen delante, el producto no deja de ser un pastiche escasamente original de cosas que ya se han visto en diversas ocasiones. Y que incluso cuando aparecían en las película y series en los que eran originales, eran de calidad limitada y a veces dudosa. Película de acción al servicio del lucimiento de unos intérpretes ya maduritos, como queriendo demostrar que no están todavía para que los encasillen en papeles secundarios, pero que no deja de ser mediocre desde muchos puntos de vista. Si sois suscriptores de Netflix, pues igual os rellenan un par de horas tontas en las que no sepáis que hacer. Como muchas otras cosas de la oferta de la plataforma. Allá vosotros.
Casi dos semanas he tardado en comentar esta película, que fui a ver con cierta reluctancia. En mi infancia y adolescencia, las novelas aventureras de Alexandre Dumas me atraían. Bueno.. no. Una novela de Dumas me entretenía mucho. Estaba por casa, era de lectura fácil, era entrenida… y había adaptaciones al cine y a la televisión que también eran obras de aventuras muy entretenidas. Y luego estaba la historia que adapta la película de hoy… que nunca leí. Nunca me atrajo lo suficiente. Pero me la sé. Me enteré de ella por primera ve en algún momento de finales de los años 60. En aquella época, TVE, la única que había en nuestro país, en su primera cadena, programaba asiduamente Novela, un espacio en el que se adaptaban en formato serializado obras literarias diversas. En algún momento de 1969 se emitió la adaptación de la novela de Dumas en 17 episodios de 30 minutos de duración, máximo. Pero tengo recuerdos muy nítidos, y en 1969 yo era muy niño todavía… ¿La volverían a emitir con posterioridad? No sé. Pero que sepáis que se puede ver en el archivo de RTVE. Igual me animo. No sé. Ya veré. O no.
Pues estamos en 2024, y los franceses, bajo la dirección de Alexandre de La Patellière y Matthieu Delaporte, han adaptado por enésima ver el culebrón de venganzas que llevan una vida realizar de Edmond Dantès (Pierre Niney), contra los malvados Fernando de Morcef (Bastien Bouillon), Danglard (Patrick Mille) y Villefort (Laurent Lafitte), despechado en especial por haber perdido a su amor amorísimo, la catalana Mércèdes Herrera (Anaïs Demoustier). El argumento sigue más o menos los tiempos de la novela original, la traición, el penal de la isla de If, el tesoro del cardenal Spada, y la venganza en París. Aunque en la adaptación modifica algunas cosas del argumento, como la chica con la que se queda al final y otras cosas. Pero bueno… es lo de menos.
Para ello, los franceses se han gastado una pasta. Es una producción cara. A lo mejor no tanto si la comparamos con las sobradas que se marcan los usamericanos. Pero para cualquier otra filmografía, una pasta gansa. Una película con todo lujo de detalles, con esplendores y fastos, con mucho vestuario, con grandes localizaciones. Pues eso… que viva los dramones del siglo XIX. Y con un reparto… que no lo hace mal. Aunque también tiene sus debilidades. Irregular, pero aceptable.
Lo que me pasa a mí es que hace tiempo que le perdí las ganas a las novelas de Dumas. Que he evolucionado mucho desde los años de mi adolescencia. En concreto, estas venganzas culebronescas, en la actualidad las asocio a mis placeres inconfesable televisivos. En los últimos años he visto varias en los dramas coreanos. Algunos muy interesantes. Otros… pues eso… puro culebrón. Ya he dicho que fui a la sala de cine con cierta reluctancia. A ver. No está mal. Y lo cierto es que está teniendo buena acogida por la crítica y por el público que ha ido a verla. Está bien valorada en Imdb y tal. Aunque desde mi punto de vista, más allá del espectacular diseño de producción, tampoco aporta mucho más. Un entretenimiento. Por lo tanto, si le queréis dar una oportunidad y os van este tipo de historias, no os arrepentiréis. Pero eso… que a mí… en las últimas décadas… lo de Dumas… pues que ni fu ni fa.