Libros: Revisitando Agatha Christie y sus Diez Negritos

Literatura

Como todo hijo de vecino, en su momento leí varios libros de Agatha Christie, especialmente algunos protagonizados por el ínclito Poirot o por la peculiar Miss Marple. Pero acabé aburriéndome un poco. Los encontraba repetitivos; pareciera que leído uno, estaban leídos todos. Y además, me daba la impresión de que había poca imaginación en la escritoria para el tratamiento de los personajes, basándose en tópicos absolutos sobre como debiera ser cada cual.

Pero tenía curiosidad por leer una de sus más famosas novelas. Muchos dicen que la mejor. Hasta el momento sólo me había gustado algo Asesinato en el Orient Express. Viendo un edición de bolsillo un poco mona en una librería, compré pues Diez Negritos.

Este es el típico crimen de la isla desierta, o de la habitación cerrada por todos lados, en la que no parece haber forma de que haya un criminal que haya llegado, entrado, matado a alguien, y luego desaparecido. En este caso, porque todos los personajes parecen víctimas y ninguno criminal. La acción transcurre efectivamente en una isla, donde son invitados diez personas, sin relación entre sí, y que todos parecen culpables de una muerte pero a los que la justicia en ningún momento podría haber juzgado y condenado. Un misterioso justiciero se encarga de ir dándoles matarile al son de la letra de una canción infantil que da nombre a la novela.

Pues bien… será de las mejor consideradas, pero me ha dado la misma impresión que antaño. Aunque la trama está bien, mejor que otras de la escritora, la acción está muy basada en los caracteres de los personajes. Pero estos son muy tópicos. Un tipo que es un canalla es descrito con la serie de facciones que el imaginario colectivo adjudica a un canalla. Un mayordomo tiene aspecto servil. Un militar tiene aspecto de seguro de sí mismo. Un antiguo policía tiene aspecto de… lo que sea. Es como si esta señora, que escribió la novela en 1939, viviera todavía en el siglo XIX donde se creía que la maldad o la bondad se heredaban y se asociaban a una serie de rasgos físicos.

Finalmente, tanto tópico me desmotiva, y llego al final del libro, por ver que pasa. Y me da igual.

Definitivamente, dejé de leer a esta señora porque no me gustaba. Y sigue sin gustarme. A otra cosa mariposa.

Os dejo con una fotillo de mis andanzas lusitanas.

Monumento a los descubridores

Un punto de vista poco habitual para fotografiar el Monumento a los Descubrimientos en el barrio lisboeta de Belem - Canon EOS 40D, EF 28/1,8

Recapitulando,… Lisboa…

Viajes

Finalmente, un resumen de mis impresiones finales, no excesivamente ordenado, absolutamente subjetivo, sobre mi estancia en Lisboa, una ciudad que siempre ha sido una de mis favoritas, a la que visité con frecuencia en la década de los 90. Ahora llevaba 11 años sin volver, y creo que ha habido cambios.

Ahora, desde luego estamos en una ciudad mucho más moderna. Aunque estos signos de modernidad ya se apreciaban en 1998 cuando celebraron su Exposición Internacional. Pero están ahí. La ciudad está limpia y arreglada. Casi toda ella. Luego me explico. Posee unos transportes públicos razonablemente eficientes, que combinan tradición con modernidad. Un metro rápido y cómodo hace que alojarte en un hotel céntrico no sea una prioridad, ya que llegas al centro en pocos minutos. Así, puedes conseguir hoteles más modernos y confortables. Y probablemente algo más baratos.

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Estos no son los tranvías que uno espera encontrar en Lisboa, pero son modernos, rápidos y eficaces para llevar a la gente hasta Belem

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Estos, estos son los tranvías más deseados y fotografiados por todos

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Tampoco vienen mal los elevadores para salvar las cuestas de la ciudad; eso sí, cumplen rigurosamente un horario, y el conductor mientras, se echa una siestecica... diez minutos son diez minutos

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La apertura de varias líneas de metro y su progresiva extensión ha mejorado mucho la movilidad en la ciudad

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Para subir de la Baixa al Chiado ya no es necesario el ascensor de Santa Justa; ahora uno puede coger las impresionantes escaleras mecánicas que unen las bocas del metro

Como decía, la ciudad esta limpia y arreglada. No es que antes estuviese sucia; pero el desaliño de casas y calles daban ese aspecto. La excepción está quizá en el Barrio Alto. Los monos «elevadores» vandalizados por grafiteros sin arte, las casas más descuidadas también pintarrajeadas, deslucen el resto de la ciudad. Antes era un lugar idóneo para pasear, especialmente por la noche, con sus restaurantitos típicos donde degustabas lo mejor de la cocina portuguesa a precios razonables. Ahora, es algo distinto. O son restaurantes para turistas, donde te encuentras lo de en todos lados, no necesariamente malo, pero más despersonalizados, o son modernos restaurante, que van de pijos, pero en los que el menú no varía mucho de los anteriores. Apenas platos un poco más elaborados. Ricos. Pero te clavan. Mucho. Por su puesto, la excepción en el entorno del Barrio Alto es el entorno del Chiado. Y la bajada por la Rau Garret y la Rua do Carmo, antaño víctimas de un triste incendio, de la que están totalmente recuperadas habiendo recuperado su pasado esplendor.

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Considerados Monumento Nacional, los elevadores que tienen que dormir a la intemperie son vandalizados, lamentablemente

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Muchas de las casas del Barrio Alto serían muy vistosas y bonitas, pero no se encuentran en las mejores condiciones

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No faltan las tiendas curiosas en los alrededores del Chiado

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Algunos teatros presentan vistosas y aseadas fachadas

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Estaba yo contemplando la elegancia de esta "para la felicidad de las señoras", 'O boner de dam' (poner morritos para la e de boner), cuando oigo a un lugareño mencionar no se qué de un "boñeur"...

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El elevador de Santa Justa se eleva dominante en una de las calles de la Baixa

Pero claro, lo que sí que se nota mucho es el aumento notable del número de turistas. Con anterioridad, hasta en dos ocasiones visité la ciudad en el mes de agosto, más bien a finales. Y aunque hubiera turistas, nosotros entre ellos, podías visitar los distintos monumentos, o pasear entre las calles, o coger el tranvía de línea 28, sin grandes agobios. En la actualidad, cualquier tranvía o «elevador» se han convertido en una atracción turística multitudinaria, especialmente el mencionado «28». Es difícil tomar fotografías en los principales monumentos sin que te invadan las cabezas de la gente. Y en ocasiones, los propios turistas se convierten el objeto de interés. Y eso que estamos ya con septiembre muy avanzado. No me imagino cómo será en temporada más alta.

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Dos cabezotas asoman en el altar mayor de Santa María de los Jerónimos

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Es motivo de cachondeo generalizado cuando la grúa municipal se lleva a un coche con matrícula de Sevilla, causando, con la colaboración del tranvía, un cierto caos circulatorio

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Aunque no lo parezca, el tranvía de la línea 28, no sólo lo cogen los turistas; también lo usan los lugareños para desplazarse por las empinadas cuestas de la capital portuguesa

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O las tres dignas señoras que pensaban disfrutar de un viaje tranquilo en el ascensor da Bica hasta que llegaron un peña de adolescentes holandeses

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Recuerdo haber tomado antaño alguna cervecita junto a Pessoa en A Brasileira departiendo con algún lugareño; ahora es imposible, pues no hay más que turistas

Hay varios museos que merecen la pena en Lisboa. El de Oriente, el de Arte Antigua, los relacionados con el mar,… todos ellos interesantes. Pero yo siempre recomiendo el de la Colección Calouste Gulbekian. Tanto por la calidad de las piezas expuestas, como por el detalle y el cuidado que tienen a la hora de exponerlas, así como el bello entorno del que se rodea.

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¿Quien mira a quien? Por el del cuadro le está echando una mirada a la japonesita...

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Cuidados los detalles; el reloj marcaba la hora, con su sonoro tic-tac, y la daba puntualmente

De las visitas a Sintra y Cascais, más o menos todo quedó dicho ayer. Si no fuera porque lo han llenado todo de tiendas, Sintra, la población, merece más la pena que la simple visita a los palacios. El entorno en su conjunto merece la pena. Y parece que ya se han dejado de vender albornoces y mantelerías a los españoles en la costa de Cascais. Todo eso queda ya reducido a algo residual. Mejor. Más bonito.

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Peculiar el señor de la gorra que "dirigía" el tráfico junto a la bonita capilla en el centro de Sintra

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Para los portugueses, este autobús que acarreaba turistas por las cuestas del Palacio da Pena, debe ser un tren, porque en la delantera ponía Tschu-Tschu en la delantera...

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La venta de zarrios... digo... mantelerías, toallas y albornoces en la Boca do Inferno en Cascais es testimonial comparado con lo que vi hace casi 19 años

Entre «comboios» y buses, recorriendo la «naricilla» de la Península Ibérica

Viajes

En la «naricilla» de la Península Ibérica se encuentra uno de los sitios más monos de la misma. Sintra con sus palacios y sus caseronas, sumado a los bosques que la rodean, con sus castillos y sobrecargados palacetes, es un placer para pasear. Aunque nunca había visto tanto turista junto por estos alrededores. Para ir allí, nada mejor que coger un tren en la estación del Rossio, un pedazo de estación de tamaño impresionante, y que actualmente sólo acoge a los trenes de cercanías que van a Sintra. Cosas.

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El "comboio" que me llevará hasta Sintra en la inmensa estación del Rossio

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Palacio Real de Sintra con las características chimeneas de sus cocinas

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Realmente, las cocinas es una de las dependencias del Palacio Real de Sintra que más me gustan

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La mezcla de fortaleza, rocas y bosque del Castelo dos Mouros me gusta; mucho

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Sin embargo, el estilo del Palacio da Pena me parece un poco pastiche pasteloso; y además no dejan hacer fotos en el interior del palacio

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Foto del interior del Palacio da Pena

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Esto sí que me gusta; los estupendos bosques que rodean al Palacio da Pena

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Un poco de arte escultórico entre las calles y los parques de Sintra

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Mientras esperábamos al "directo" para Cascais, me ha encantado la Casa das Queijadas

Tras coger lo que la chica de información turística llama un autobús directo, nosotros diríamos el que va por la ruta corta pero haciendo más paradas que todos los autobuses de Zaragoza juntos, me llego a Cascais, con la noble intención de ver el mar. Lo que está muy bien. Además con la tarde tan estupenda que hacía.

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El Océano Atlántico ante Cascais

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Celebraban una jornada de promoción del deporte en Cascais, y estaba muy animado

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Una de las atracciones de Cascais son los acántilados de lo que llaman la Boca del Infierno... bueno... se estaba bien

Un nuevo comboio me deja en el Cais do Sodré, desde donde me llego al Chiado para desde allí mirar el ambiente por la rua do Carmo, con sus zonas comerciales y esas cosas. Me entrado a la FNAC de los Almacenes del Chiado. Por ver si había algún libro de fotografía portuguesa… pero lo poco que había no me ha convencido. Pero he encontrado una monada del libro sobre el mundo del teatro y la escena en general de Angus McBean al que no me he podido resistir. Una cena en la Baixa, y al hotel que mañana es día de vuelta.

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Ante Luis de Camoes, en el Barrio Alto, estaba organizada una sesión de lectura colectiva

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Los Armazens do Chiado... con lo quemadicos que estaban hace 19 años cuando los vi por primera vez...

Con esto de los comboios (trenes en portugués), he ido tarareando todo el día No comboio descendente, que no sé exactamente de qué cantautor portugués es, tal vez Zeca Afonso, pero que yo tengo cantada por Cristina Branco,… y me gusta. Ahora la estoy escuchando mientras escribo esto. Lo he mirado en Google. La música es de Zeca Afonso, pero la letra es nada más y nada menos que de Fernando Pessoa. Jo.

Tras una mañana en el museo, a recorrer Lisboa de abajo a arriba, de arriba a abajo, de abajo a arriba… bueno está lleno de colinas…

Viajes

Pues eso, que por la mañana me he pasado a visitar la Fundación Calouste Gulbekian, que es un sitio que me gusta mucho, donde además de excelente piezas de arte, he descubierto algunas muy divertidas, y donde hay un parque a su alrededor absolutamente encantador, y en el que se rezuma cultura y bienestar por todos los lados.

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Un musculoso centauro pilla por la teta a una rolliza centaura; cómo se lo pasaban estos centauros

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Qué agradables paseos entre árboles, césped, arbustos, juncos... de todo, en el parque de la Fundación Calouste Gulbekian

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Textos literarios hasta en los toldos para aplacar el sol lisboeta

Después he cogido el metro para dirigirme hacia el centro. Antes de subir al Barrio Alto, donde tenía la intención de pasear, comer, y volver a pasear, a ser posible en «elevador», he pasado por la Rua de Portas de Santo Antao a ver si todavía estaba la cochambrosa pensión, Residencial Florescente, donde me alojé en mi primera visita a la capital lusa. Y sí. Todavía está. Pero parece que no tan cochambrosa. Incluso parece tener aire acondicionado en las habitaciones. Prefiero no describir el «aire» que teníamos en aquel puente del Pilar de 1990.

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Residencial Florescente, el nombre ya se las trae... pero la tendríais que haber visto hace 19 años

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Elevador da Gloria saliendo de su parada junto a Avda da Liberdade

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Miradouro de Sao Pedro de Alcantara, con sus fadistas y todo

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Elevado de Bico, bajando hacia el Cais do Sodré, o cerca, vamos

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En el Miradouro de Santa Caterina, comprobamos que el concepto de antena colectiva todavía no es popular en Lisboa

Tras mis paseos por el Barrio Alto, un viaje en el tranvía de la línea 28, y un paseo por la colina de enfrente. Especialmente por el Castelo de San Jorge y por la Sé, que mira tú por donde hasta ahora no había visitado por dentro. Y el claustro no está mal.

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Cruce de tranvías en la Baixa

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Castelo de San Jorge, con sus almenas y torreones, y un nublado de preocupar

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El claustro de la Sé incluye excavaciones arqueológicas que se remontan a tiempos de los romanos

Tras estas visitas, y con un nublado que ha llegado a chispear en algún momento, me he dado una vuelta por la Alfama. Lugar único, al que hay que ir de vez en cuando. Es como pasar a otra dimensión social y cultural. Y con el inefable olor a sardinas asadas. El paseo ha culminado en el mirador de Santa Clara donde me ha sorprendido (gratamente) la puesta de sol, que se ha abierto paso entre las nubes.

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Casas azulejadas en la Alfama

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"Fado To Day's"; todavía no tengo claro si el fado era hoy o "a días"

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Qué bonita puesta de sol desde el Miradouro de Santa Clara... ¡ay!

Después ya todo ha sido pasear un poco más hasta ir a cenar al Barrio Alto un bacalhau que estaba estupendo. Mañana más.

Saludos desde el estuario del Tajo

Viajes

Esta semana estoy de vacaciones. Me quedaba algo después del verano, y había que irse cogiendo poco a poco. Aunque planes, tampoco es que hubiera muchos. Así que, con la excusa de que hacía 11 años que no visitaba Lisboa, una de mis ciudades favoritas, y dado que encontré un vuelo realmente barato desde Madrid, me he escapado unos días a orillas del Tajo. No gran cosa. Pero por airearme un poco.

He llegado a Lisboa a primera hora de la tarde, y como esta estaba soleada y agradable, he decidido darme una vuelta por Belem. Que con la brisa que sube por el estuario del Tajo, se está muy bien. Por supuesto, eso implica una visita a los Jerónimos, un monasterio muy mono. Muy manuelino, quiero decir.

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Interior de la iglesia de Santa María de Belem en el Monasterio de los Jerónimos

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Turista, pintura y prócer muerto en la iglesia de los Jerónimos

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De estilo gótico manuelino, el claustro del monasterio s realmente vistoso

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Como en todo los claustros, la gente se hace fotos desde todos los lados hacia todos los lados

Después sí que ha venido el paseo por la orilla del estuario, visitando los típicos monumentos del lugar. Uno dedicado a los descubridores, un poco pastiche y ostentoso. Pero también esa cucada que es la Torre de Belem, a modo de barquito varado, controlando la entrada al puerto de Lisboa. Y sus barquitos, y sus pescadores, y su todo.

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Como diría Gil y Gil, pues si que es "ostentóreo" el monumento a los descubridores, sí

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Una mala información en la guía, y he llegado tarde para poder visitar la Torre de Belem; menos mal que ya lo había hecho alguna otra vez

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Pescadores con caña a la sombra de la Torre de Belem

Emprendiendo poco a poco la vuelta, he paseado por el barrio de Belem. Desde luego, no han faltado los horribles trenes de cercanías que pasan constántemente en dirección a Estoril y Cascais. Pero afortunadamente, también se podía disfrutar de las coloridas casas al sol de la tardecer, o de la silueta del puente del «nomeacuerdoquefecha», que domina todo el estuario, para bien o para mal.

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Más feos que pegar a un padre, son los comboios que van a Cascais

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El colorido de las casas en Belem se acentúa con la luz del atardecer

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El colosal puente sobre las vías del tranvía a orillas del estuario del Tajo

De vuelta en el centro de Lisboa, me ha dado tiempo a hacer algunas fotografías nocturnas de los bonitos y diminutos tranvías que recorren las colinas lisboetas. O de presenciar después de cenar el ambiente del Chiado, ahora más animado con su boca de metro que parece que sube desde el centro de la Tierra. Y luego a dormir. Que yo todavía llevo la hora española.

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Un minúsculo tranvía de la línea 28 pasa a los pies de la Sé lisboeta

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En el Largo do Chiado nunca faltan artistas callejeros

Visitando a Robert Capa y Gerda Taro en el MNAC de Barcelona

Arte, Fotografía

No sé si lo he comentado en estas páginas, pero esta semana estoy de vacaciones. No tenía planes especiales, aunque los he ido construyendo poco a poco. El caso es que ayer cogí el AVE, sin madrugar, y me fui a Barcelona con dos objetivos. Por la mañana, casi al mediodía en realidad, y hasta la ahora de comer, visitar el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), cuya sede es el ostentoso Palacio Nacional de la Exposición Universal en Montjuic. Después, visitar algunas tiendas y librerías, antes de volver a Zaragoza a una hora prudente. Y a Barcelona llegué en un día gris y ligeramente lluvioso.

Av Reina María Cristina

La lluvia cae lentamente sobre la Avenida de la Reina María Cristina - Panasonic Lumix LX3

Cúpula

Cúpula del Palacio Nacional, sede del MNAC - Panasonic Lumix LX3

No había visitado todavía el MNAC, pero lo que me llevó hasta allí fueron la doble exposición ¡Esto es la guerra! de fotografías de Robert Capa y Gerda Taro, dedicada a su compañera, tristemente fallecida durante la Guerra Civil Española. Como yo ya había visto en varias ocasiones las imágenes de Capa de quien tengo también algún libro, me interesaba especialmente la parte dedicada a Taro. Una fotógrafa quizá menos desarrollada, con un estilo estético menos definido, pero con una visión muy intensa, y condicionada ideológica sin duda, sobre determinados colectivos como la mujer, los refugiados, los niños. Los que realmente sufren las guerras. Me interesó.

Gerda Taro

Un gran cartel con la foto de unas milicianas haciendo la instrucción en Barcelona ilustra el principio de la exposición de Gerda Taro - Panasonic Lumix LX3

¡Esto es la guerra! Robert Capa

La exposición dedicada a Robert Capa atrae mucho más interés, incluso con visitas guiadas - Panasonic Lumix LX3

Después de ver las exposiciones temporales de fotografía, decidí que tenía un rato para visitar el conjunto del museo pero no para visitarlo entero. Me había informado de la importante colección de fotografías que posee, así que busqué esta sección y visité las que estaban a su alrededor en la primera planta. Es decir, parte de la exposición permanente dedicada al Barroco y la exposición permanente dedicada al Arte Moderno. Tengo buenísimas referencia de la exposición dedicada al Románico, pero eso queda para otra ocasión.

La sección de fotografía me decepcionó. Por su limitada extensión. Y porque estoy seguro que tienen más cosas interesantes. Parece que la fotografía sigue siendo considerada un arte menor. Pero bueno. Es lo que ahí. La exposición dedicada al Arte Moderno realmente me gustó bastante a pesar de que fue bastante deprisa.

Fotografía

Coqueta aunque limitada sección de fotografía en el MNAC - Panasonic Lumix LX3

Durmiente

La muerte de Cleopatra de Damià Campeny - Panasonic Lumix LX3

Torso

Torso de Eva, de Enric Clarasó - Panasonic Lumix LX3

Vidriera

Detalle del vitral Pozo Azul de Joaquim Mir - Panasonic Lumix LX3

Después comí allí mismo en el museo, en el restaurante Oleum, muy mono y muy pijo, aunque el carpaccio de pescado que pedí no me acabó de convencer. Después, me fui de tiendas y librerías como ya he comentado. Y compré libros en una librería de caracter general y en otra especializada en fotografía. Que están muy bien.

Restaurante Oleum

Grandes espejos sobre lso comensales del Restaurante Oleum - Pansonic Lumix LX3

Y si todo va bien, mañana me voy a pasar unos pocos días, hasta el domingo, a Lisboa. Plan improvisado. Pero vi el domingo un vuelo barato desde Madrid… Y como hace 11 años que no visito una de mis ciudades favoritas… Que no me llueva mucho.

District 9 (2009)

Cine

District 9 (2009), 14 de septiembre de 2009.

En los últimos años, una película de extraterrestres o era una película de terror, o era una película de cachondeo. Eventualmente, una excusa para grandes efectos especiales, muchos fuegos artificiales, y heroismos a la americana. En general, películas malas, sin originalidad alguna, muchas veces nuevas versiones innecesarias de antiguas películas.

Pero en esta ocasión nos encontramos con la propuesta firmada por Neill Blomkamp, con un tono totalmente distinto, y probablemente una de las películas sobre extraterrestres más humanas que se han visto. Una gran nave extraterrestre, queda varada sobre el cielo de Johannesburgo, en Sudáfrica, y unos extraterrestres parecidos a artrópodos (en la versión española se les llama «bichos», en la original se ven pancartas donde se les llama «prawn», gambas), son «acogidos» en un suburbio de la capital sudafricana, que acaba convirtiéndose en un gueto chabolista, con muro y todo. A partir de ahí, una multinacional privada que se encarga de la gestión de los extraterrestres, con oscuros intereses, encarga al yerno del jefe para llevar a cabo una operación de realojo, en el cual el tipo en cuestión sufre un accidente que le lleva a una odisea tremenda en la que nunca sabrá quienes son sus verdaderos amigos/enemigos.

La película está rodada en tono de documental en su primer tercio hasta que se va centrando en las aventuras de nuestro héroe/antihéroe, tratando de resolver sus propios problemas, y de paso los de los «bichos». El tono le va. A través de las declaraciones que realizan los personajes secundarios, uno va comprendiendo no tanto lo que está pasando en la acción, sino la hipocresía humana general que rodea las acciones del ser humano cuando tiene que tratar con los que son diferentes. No es banal elegir Sudáfrica como escenario. Estamos viendo una nueva forma de appartheid, una nueva de discriminación. En esta ocasión, de una especie inteligente aunque no humana. A quien no se presta auxilio. Pero que sigue reproduciéndose y causa tensiones. También implica una crítica hacia las organizaciones gubernamentales, aunque en esta ocasión se lavan las manos y quedan representadas por una supuesta multinacional del negocio de armas.

La película trata al espectador de forma inteligente. No intenta explicar quienes son los extraterrestres, de dónde viene, cuáles eran sus intenciones, qué les pasó. Nada de esto se explica. Tampoco se conoce cuáles serán las consecuencias para ellos y para la humanidad del final de los hechos que se narran en la película. Todo esto queda a la inteligencia del espectador. No creo que en ningún momento se planteen segundas partes. Esto va de lo que va. Una reflexión puntual sobre nuestra actitud hacia el distinto, hacia quien no entendemos.

No hay nombres conocidos en el reparto, aunque el protagonismo principal es Sharlto Copley interpretando a ese Wikus Van De Merwe, que evoluciona del ser servil y sin personalidad, prepotente con el débil y temeroso con el poderoso, a una liberación, doloroso, y a convertirse en una forma peculiar de héroe.

Resumiendo, un filme recomendable para quien guste de un poco de ciencia ficción inteligente. Yo le pongo un siete, con la misma nota en interpretación y dirección.

Antena

¿Que haríamos y sentiríamos si una nave extraterrestre se posase en los cielos sobre Zaragoza durante 20 años? - Panasonic Lumix LX3

Cajas y USA en el Centro de la Historia de Zaragoza

Arte

Ayer paseé por la mañana en dirección al Centro de Historia de Zaragoza. Para ver qué novedades traían las exposiciones con el fin del verano. Pero no había mucho. Las principales salas de exposición en las plantas 1ª y 2ª estaban vacías.

Pero bueno, en el sótano había una curiosa y razonablemente interesante exposición de acercamiento al arte contemporáneo llamada USA Today, y que no está mal.

Camisetas y deportivas

Las prendas habituales de vestir como objeto de manifestación artística - Panasonic Lumix LX3

Y tú, ¿qué miras?

Tú, sí, el de la barba; ¿qué miras? - Panasonic Lumix LX3

En el EspacioTránsito, hay una curiosa presentación a base de cartón y cajas de Chikita que se llama Todo EnCaja. Curioso y entretenido.

EnCaja

EnCaja - Panasonic Lumix LX3

Ojos

Ojos que se mueven - Panasonic Lumix LX3

Rostro

Rostro - Panasonic Lumix LX3

Mariposa

Mariposa EnCaja - Panasonic Lumix LX3

In memoriam, Willy Ronis

Fotografía

Decir que una persona que muere a la avanzada edad de 99 años es una gran pérdida para el ámbito creativo en el que se manejó, siempre me ha parecido una tontería. Dudo mucho que el bueno de Willy Ronis estuviera en los últimos años aportando mucho más a la fotografía de lo que aportó en su época más creativa, fundamentalmente en la posguerra mundial. En cualquier caso, esta mañana me he encontrado con varias noticias en la blogosfera, la primera de ellas me la he encontrado en The Online Photographer, anunciándome el fallecimiento del excelente fotógrafo francés. Y creo que se merece un recordatorio desde estas páginas.

Hace un par de meses encontré en una librería de Zaragoza, perteneciente a una cadena muy implantada en Madrid pero que también se ha extendido por otras ciudades de España, algunos ejemplares de un libro dedicado al fotógrafo de la editorial Taschen. Todavía está en stock al moderadísimo precio de algo menos de 10 euros. Con la combinación de precio ajustado y más que razonable calidad de impresión de esta editorial, es un «hay que tener» para cualquier aficionado a la fotografía.

Ronis es de alguna forma un fotógrafo costumbrista. Quizá menos conocido que otros como Doisneau, Cartier-Bresson, Brassaï, Lartigue o Sabine Weiss, fotografió la vida y las calles de París con la misma empatía y habilidad que cualquiera de los anteriores. También paseo su cámara y su mirada por otras regiones francesas como la Provenza. A mí me gusta. Me gustan sus imágenes. Me gusta lo que me transmite. Y lo recomiendo.

Espero que nadie se moleste porque incluya ahora una imagen del artista, ya que no lo hago con interés económico sino como homenaje. A conituación incluyo una de las imágenes más emblemáticas del autor.

Le nu provençal (Desnudo provenzal)

Le nu provençal (Desnudo provenzal) - Willy Ronis

Hay varios sitios por ahí por internet para ver sus obras. Pero una forma sencilla de encontrarlas es hacer una búsqueda en Google Imágenes. Encontraréis bastantes.

Hoy, claro está, me tengo que despedir con una imagen de París. Cómo no.

Tour Eiffel entre la bruma

La Tour Eiffel asoma entre la bruma vista desde el Parque de las Tullerías - Canon Digital Ixus 860IS

Li Mi De Cai Xiang (2008)

Cine

Li Mi De Cai Xiang (2009), 10 de septiembre de 2009.

Pues sí. El título está en mandarín. Y es que hemos vuelto a aprovechar mi falta de compromisos deportivos los jueves, no volverán hasta octubre, para ir a la versión original de los Renoir, que para este mes es una película china cuyo título internacional traducido al castellano es La ecuación del amor y de la muerte, aunque el significado del título en mandarín sería La suposición de Li Mi (Nota: todos los nombres propios chinos están escritos al estilo de su país, por lo que el apellido va en primer lugar, y el nombre propio en segundo lugar).

Para empezar, esta película china es de gente normal. No hay artes marciales, ni es de época, ni es de miedo, ni nada de lo que habitualmente nos llega del cine oriental. Es de gente corriente. La protagonista, interpretada por Zhou Xun, es una joven taxista que fue abandonada por su novio cuatro años atrás, y que se dedica a enseñar a los pasajeros las fotografías del antiguo novio para localizarlo y hablar con el de nuevo. Sigue enamorada. En una de estas, hace una carrera para dos tipos incultos, que resultan ser unos camellos de poca monta y que la secuestran con el objeto de conseguir un dinero para coger un avión. Y a partir de aquí se desata un curioso drama de historias entrecruzadas, en el que no falta algún destello de humor en la primera parte de la película, y que nos hace reflexionar sobre distintos sentimientos humanos entre los que por supuesto está el amor, pero también la soledad, la solidaridad o la incomunicación.

La película está hecha con medios sencillos. Es la segunda obra de su director, Cao Baoping, un desconocido por estos lares. La realización es correcta. La ambientación es buena, nos permite introducirnos en la China real, no en la de las historias fantásticas o en la de lo puramente folclórico. Descubrimos que los que haceres de sus habitantes y de sus ciudades no son tan distintos de los del resto del mundo. La historia avanza un poco a golpes. Tiene sus momentos altos y sus momentos bajos, pero en líneas generales a mí me enganchó.

Si bien los personajes pertenecen al común de la población, son peculiares. Todos tienen defectos en su personalidad. El policía engañado y abandonado por su mujer. El novio con sentido del fracaso y que huye para intentar encontrar el éxito por otros medios. Los desdichados tipos de provincias, desarraigados en la gran ciudad, que recurren al crimen para volver a sus orígenes. El amor perdido de uno de ellos. El amor perdido de la protagonista. Y aquí radica lo mejor del filme. Todos ellos nos llegan, todos nos interesan gracias a la excelente interpretación de los actores y actrices. A Zhou Xun ya la había visto en Balzac y la joven costurera china, una película absolutamente deliciosa y recomendable para todo el mundo.  Pero todos los demás aportan su granito de arroz a este guiso oriental de tan agradable digestión.

Para resumir, esta película que se proyecta en versión original subtitulada no supondrá una opción para buena parte de los potenciales espectadores, por culpa del tradicional prejuicio a la versión original de este país. Pues ellos se lo pierden. A mí me parece una opción mucho más interesante que la mayor parte de lo que se ve habitualmente por ahí. No es perfecta ni mucho menos, pero nos abre un poco los ojos al mundo de una forma agradable. Yo le pongo un siete, con un ocho en la interpretación y un seis en la dirección.

Afortunadamente, como se ve en la foto, cada vez son más frecuentes los intercambios entre Oriente y Occidente.

Sonríe

Turistas orientales se fotografían en la Fontana de Trevi, Roma (Italia) - Canon Digital Ixus 860IS

Cámaras y más cámaras, pero ¿y las fotos?

Fotografía, Fotografía personal

Es curioso lo de este fin de agosto y principio de septiembre. Desde hace un tiempo, me venía yo alejando de esa manía de estar enterado de todas las novedades en el mundo de la tecnología fotográfica. Qué cámaras hay en el mercado, cuáles son sus características, qué calidad de imagen ofrecen, el ruido,… La verdad es que, satisfecho con los chismes que tengo por casa, que son bastantes demasiados, no tenía yo especial interés en perder mucho tiempo en enterarme de estas cosas.

Pero de repente, un número no despreciable de amigos o conocidos han sentido la necesidad de hacer mejores fotos. Y en general todo ellos bajo la estúpida falsa premisa de que para ello es necesario una cámara más cara, más grande, «mejor»,… Así que he vuelto a sumergirme en el mundo de los chismes fotográficos para intentar ofrecer algún consejo sensato, que racionalizara su inversión gasto. Con poco éxito. Lo cierto es que la mayor parte de ellos no hacen caso. Vienen con un prejuicio, han echado sus ojos sobre algún objeto, y buscan más la confirmación sobre su elección que una nueva perspectiva que le complique la vida al tener que replantearse sus decisiones. Y en realidad, me parece bien esta postura suya. Al fin y al cabo, en el 99,9% de los mortales, una cámara fotográfica es un objeto suntuario; no es una necesidad vital. Y en ese caso, cada uno se compra lo que le da la gana. Faltaría más; forma parte de la diversión. No obstante, siempre me queda la intensa pena de saber que muchos de esos nobles chismes quedan arrinconados en un cajón de un armario, sin cumplir la bella misión que se les encomendó. Tomar fotos.

Rue du Pas de la Mule

La Panasonic Lumix LX3 en la Rue du Pas de la Mule, París; la cámara que más he utilizado en los últimos 10 meses

En medio de toda esta historia, ha surgido algo que haya hecho que me empiece un picor en el monedero. Desde hace tiempo soy consciente que cuando salgo de viaje, cuanto menos pese el equipo fotográfico, más a gusto hago las fotos y mejor me salen. Los kilos pesan. También los de los chimes. A París, hace unos meses, y a Berlín, hace unas semanas, sólo llevé la pequeña Panasonic Lumix LX3 y la más pequeña Canon Digital Ixus 860 IS como respealdo. Y estoy contento con las imágenes. A Viena en Semana Santa y a Suiza en Julio, llevé el equipo réflex de Pentax con los pequeños pancakes, ya que abultan mucho menos y son más discretos que el equipo Canon EOS.

Castel Sant'Angelo (Mausoleo de Adriano)

Castel Sant'Angelo en Roma, octubre 2008, la última ocasión que llevé de viaje la Canon EOS 40D, en esta ocasión calzada con un EF 50/1,8

Y resulta que ahora sale una nueva generación de cámara pequeñas con grandes captores, que se suponen que van a mejorar notablemente la calidad de las imágenes que se pueden obtener con un LX3. Pero aquí viene la trampa. Hay una calidad intrínseca de la imagen en forma de nitidez, ausencia de ruido/grano, fidelidad del color, etc que tal vez sea mejorada. Pero la composición, el elegir el momento adecuado y el punto de vista adecuado para hacer la foto, saber qué calidad de la luz conviene a un objeto, preocuparse por el momento del día más adecuado para visitar ese sitio que nos interesa retratar,… todo eso depende de las elecciones del fotógrafo, y muchas son independientes de la cámara.

¿Se adaptarán esas Olympus Pen E-P1, o esas Panasonic Lumix GF-1, o esa carísima Leica X1 a las fotos que quiero hacer como sorprendentemente se ha adaptado la LX3, aunque seguro que la «calidad de imagen» que ofrece  es menor? ¿Merece la pena el gasto? O acaso quedaré hipnotizado como otros ante el aparato que se configure como objeto del deseo, independientemente de lo que la razón aconseje.

No sé. La respuesta, en los próximos meses. Si puedo, a principios de octubre iré a Sonimagfoto, a Barcelona. Allí, tal vez pueda echar mano de alguno de estos bellos objetos fotográficos. A ver si las sensaciones son buenas. O no.

Fontana y turista

Las modestas compactas, como la Ixus 860IS de Canon, también pueden ser útiles para recorrer el mundo; como el buen servicio que me realizó para tomar discretas imágenes entre la multitud que rodeaba la Fontana de Trevi en Roma

Enemigos públicos (2009)

Cine

Enemigos públicos (Public Enemies, 2009), 8 de septiembre de 2009.

Dos consideraciones previas. Del director de este  filme, Michael Mann, es una de mis películas favoritas de «polis y cacos» de los años 90 y de la historia del cine en general. Luego no ha habido tanto que me guste de él, pero recordar aquella estupenda película me motiva a acudir al cine. Por otro lado, con las películas de gánsteres me pasa una cosa; o me gustan mucho o me aburren. No tengo término medio. Así que acudimos al cine a ver este filme con una mezcla de expectativa y recelo.

En esta ocasión, nos cuentan la histora de John Dillinger, interpretado por Johnny Depp, al modo de un moderno Robin Hood de la Gran Depresión, que roba a los ricos pero no a los pobres. Y en vez de ser un chulo prepotente con su chica, la francesa Marion Cotillard, la quiere mucho y la respeta mucho. En frente, el agente federal de la Oficina de Investigación, nombre original del actual FBI, Melvin Purvis, interpretado por Christian Bale, que hará todo lo posible por detenerlo.

La película tiene, como no podía ser menos, una realización muy cuidada. En algunos momentos, el aspecto visual recuerda al de los docudramas televisivos que reconstruyen hechos históricos. Lo cual no sé si me gusta mucho, pero es así. Con frecuencia, especialmente en las escenas de acción, la cámara en mano acompaña a los personajes metiéndose en el centro de la acción. En cualquier caso, técnicamente pocos peros se pueden poner al fin. Pero existe un grave problema. Por lo menos para mí. El conjunto de la película resulta frío. No sientes emoción. Ni en las tensas relaciones entre los policías, o entre los delincuentes, ni en la historia de amor. Todo queda como muy aséptico. Incluso las muertes resultan clínicamente convincentes, pero visualmente relativamente poco impactantes. A esta película, en mi opinión, le falta alma. Tampoco se controlan bien los tiempos. Es una película larga, y en algún momento da la impresión de que entre los hechos del principio y los del final han pasado unos cuantos años. Pues no. La acción comienza en mayo de 1933 aproximadamente y termina en septiembre de 1934.

Las interpretaciones hay que separarlas en dos. Por un lado Johnny Depp, que lo hace muy bien y que sostiene el filme a pesar de la frialdad general. Curiosamente, es una de las interpretaciones más contenidas y sobrias que le hemos visto en muchos años, y le sienta muy bien. El resto están correctos, salvo en mi opinión Christian Bale, que esá excesivamente frío. Parece que en su papel de lider policial, la cosa no vaya mucho con él en algunos momentos. Es evidente que hay algunas cuestiones éticas sobre el comportamiento y los métodos policiales planteadas en la película. Pero en ningún momento ayuda a que sepamos con claridad que piensa, salvo probablemente en el maltrato a la chica. Hay algún caso curioso de apariciones de actores conocidos que prácticamente hacen cameos como Giovanni Ribisi o Leelee Sobieski. O Diana Krall cantando en un night club, mientras el chico y la chica se enamoran.

En resumen, una película que se deja ver pero que tampoco dejará un gran recuerdo en el espectador. Yo le pongo un seis en mi valoración subjetiva, con un siete en la interpretación y un seis en la dirección.

Por cierto, lo que no se debe perder ningún aficionado al jazz, especialmente al jazz vocal, es la banda sonora. Mucho de Billie Holiday y otros ilustres del género. Para mí, de lo mejor del filme.

Ayer recibí de Blurb el primero de los libros de mi escapada berlinesa; el dedicado a la Bauhaus. Ha quedado muy majo.

Haus Klee/Kandisky

Haus Klee/Kandinsky en las Meisterhäuser de Dessau, Alemania - Panasonic Lumix LX3