Nine (2009)

Cine

Nine (2009), 10 de febrero de 2010.

Aunque oficialmente se trata de la adaptación del musical del mismo nombre, en la práctica, una vez que alguien decide llevarlo al cine, no deja de ser un remake de , una de las películas más especiales y personales de Federico Fellini. Y la verdad, a priori, no sé si tiene mucho sentido una nueva versión de algo tan personal. Esta consideración puede originar cierto miedo en el espectador conocedor de los antecedentes cinematográficos. Entre los aspectos motivadores, el espléndido antecedente de Rob Marshall dirigiendo Chicago, un espectacular reparto y… bueno, a mí me gustan los musicales.

Tanto el original como esta copia tratan de la crisis creativa de un director de cine, a quien hay que suponer un alter ego del propio Fellini, que se retira a un balneario para intentar sacar adelante la idea para una nueva película. Pero sus interacciones con el mundo que le rodea, especialmente con las mujeres, esposa, amante, actriz, etc., van a suponer un obstáculo más que la necesaria y perdida inspiración necesaria para el proceso creativo.

La película original, que tuve ocasión de volver a ver recientemente, motivado por mi visita a la exposición que pude ver sobre el director italiano en París, me parece un filme difícil de ver. Con una duración larga, con una elevada densidad de metáforas, con la necesidad de conocer muy bien el lugar, la época y las personas que la originaron, puede ser mal digerida y comprendida por el espectador actual. No obstante, a mí me parece una delicia visual, un verdadero repertorio de como utilizar los encuadres, de como iluminar, de cómo situar a los personajes en la escena, un tratado de cine desde muchos puntos de vista a pesar de sus dificultades.

Jeu de Paume (Fellini)

Fellini en el Jeu de Paume de París - Panasonic Lumix LX3

En cuanto a la película actual,… pues falla. Falla en el guion, que está mal hilvanado. La historia no está correctamente contada y parece más un amontonamiento de situaciones que se suceden como excusa para ir introduciendo los distintos números musicales. Falla en los números musicales que, con alguna excepción, son realmente flojos. O muy vistos. Volver a jugar con sillas en un número se puede considerar de dos formas. Los optimistas dirán que está homenajeando al maestro, a Bob Fosse, y a su excepcional Cabaret. Los pesimistas dirán que es obvio que la imaginación y la creatividad han abandonado al cine americano, y este se basa en al actualidad en la repetición con más medios y espectacularidad de las ideas que ya han sido. Es curioso que los mejores números correspondan a las actrices de menos relumbrón y cuyos personajes podrían ser incluso prescindibles en la historia, pero es cierto que tanto Stacy Ferguson como Kate Hudson lo hacen bien en sus números. Signo de la incoherencia global del proyecto que los mejores números se los lleven los personajes prescindibles..

Hablando del reparto, el protagonista absoluto es Daniel Day-Lewis, que hace lo que puede con el papel que le dan y con la debilidad de la historia. Al fin y al cabo tiene oficio de sobra; pero tiene que lidiar con la imagen del Guido de hace casi 50 años, interpretado por el estupendo Mastroianni. O a lo mejor no, porque los espectadores actuales, especialmente los más jóvenes ignoren el trabajo del italiano. Entre las chicas, y dejando de lado las ya mencionadas que lo unico que hacen es poner chicha y picante, Nicole Kidman está de florero y poco convincente en su papel de diva y musa. Judi Dench está ahí y se lo pasa más o menos bien en un papel más ligero y con canción. También le sobra oficio para esto y para más. Y nos quedan las dos principales, la esposa, interpretada por la francesa Marion Cotillard, y la amante, encarnada por la hispánica Penélope Cruz. La prensa española no ha dejado de dar coba a Pe con su participación en este filme y con su candidatura a los Oscar. Ya adelanto que en comparación con otras candidatas, ni siquiera entiendo que lo sea, aunque su papel en el filme sea digno. Pero es que además la Cotillard, mucho más contenida y sobria, pero sobre todo elegante y buena actriz, es muy superior, al menos en esta película. Es de lo que más vale.

Resumiendo, un filme decepcionante que puede resultar válido como mero entretenimiento sin trascendencia. Lo que pasa es que nadie espera intrascendencia si uno se dedica a adaptar o repensar a Fellini. Y por lo tanto, fallido.

Las notas:

Dirección: **
Interpretación: ***
Valoración subjetiva:
**

Foro Romano, vista

Para despedirnos, como no, Roma, ciudad felliniana por excelencia, en este caso el Foro Romano - Canon EOS 40D, EF 50/1,8

Fin de semana de rugby,… en HD

Deporte

Tras la celebración ayer del quinto aniversario del blog, vuelvo a los temas que tenía pendientes. Que se me acumulan un poco. Hoy, deporte. Sí. Porque este fin de semana ha comenzado la edición de 2010 del Torneo de las Seis Naciones de Rugby.

Para mí, este torneo es ideal. Va de un deporte que me entretiene, y está autolimitado en el tiempo a cinco fines de semana cada año, por lo que no me cansa. Porque lo que me pasa a mí con el deporte como espectáculo, es que me cansa pronto en el tiempo. Aunque me gusta el baloncesto, me aburrí en su momento de seguir las diversas competiciones por televisión. Ya no me llama la atención la fórmula 1 como hace unos años. Juego al tenis, pero no lo sigo al día en sus competiciones, aunque puntualmente pueda seguir alguna de ellas… No soy fiel a los deportes en televisión. Pocos más me entretienen. Y el más popular, el fútbol, me aburre soberanamente. Soy así.

Este año tengo otro aliciente, y es que lo puedo ver en televisión con alta definición. Ya sabéis; la famosa HD. Y, oye tú, ¡menuda diferencia! Se nota. ¡Ya lo creo que se nota! ¡Si me han puesto perdido el salón de casa de sudor y sangre!

Bueno; pues vamos a lo que pasó el fin de semana que ya se fue. El partido más interesante era Inglaterra Gales, a priori el más igualado, aunque los ingleses siempre se supone que salen como favoritos. La verdad es que los de la rosa salieron con ganas en el centenario de su estadio, Twickenham, y marcaron diferencias en la primera parte, con algún ensayo que otro, y la implacable fiabilidad de Wilkinson al tirar a palos. En la segunda mitad, los galeses apretaron el acelerador, se pusieron a tres puntos de los ingleses, pero se desinflaron en los últimos minutos para dejar la cosa en un 30-17 para los blancos.

Los otros dos partidos fueron menos interesantes, ya que dos de las selecciones favoritas, Irlanda y Francia se enfrentaban a los dos candidatos a la Cuchara de madera, Italia y Escocia respectivamente. Ambas cumplieron sin apretar mucho el acelerador, resultando en partidos más anodinos que el presenciado desde Londres.

Así que la primera conclusión es que Gales ha dado el primer tropiezo, lo cual lo empieza a descartar como favorito, salvo tropiezos del resto, que todo puede ser porque falta mucho. Pero todavía habrá que ver lo que dan de sí las otras tres selecciones que realmente optan al título.

Tower Bridge

Londres, aquí Tower Bridge en 1989, se les atragantó a los galeses este último fin de semana - Pentax P30N, SMC-A 50/2

5 años de blogging; 768 + 600 entradas originales

Páginas personales

En un momento indeterminado, en algún año indeterminado, probablemente entre 2002 y 2003, abrí una cuenta en Blogger, donde quise iniciarme en las cosas del blogging. Como borré las entradas de aquella época por sosas e indiferentes, no puedo recordar el momento en que abrí la cuenta. Supongo las fechas aproximadas, porque el servicio no había sido comprado todavía por Google, pero no fue mucho antes. Pero aquello no funcionó. No tenía las ideas claras de qué escribir, cuándo y cómo. Y tampoco había desarrollado lo suficiente mi interés por la fotografía digital, aunque sí por la fotografía en general, que produjo una explosión en el número de fotografías mías que me apetecía mostrar al mundo.

Pero en febrero de 2005, en concreto un día como hoy, decidí que sería bueno para mi salud mental el dedicar 20 minutos o media hora una buena parte de los días, para pararme, relajarme, escribir sobre algo, y mostrar un fotografía. Y bueno, hasta la fecha.

Durante tres años, fui fiel a Blogger en lo que ahora denomino el Cuaderno de Ruta V.1. Fueron 768 entradas, poco más de 21 al mes de promedio, que no está mal para mis pretensiones iniciales. Sin embargo, el servicio de blogging de Google se me quedó pequeño, en lo que se refiere a determinadas cuestiones de diseño y flexibilidad. Por ello, hace poco más de dos años, comencé con WordPress en lo que se llama Cuaderno de Ruta V.2. Mucho mejor. Por ejemplo, en su capacidad de elaborar páginas independientes de la serie temporal de entradas del blog, algo que hasta hace poco no ha introducido el servicio original. Si descontamos las entradas duplicadas en los dos servicios que se produjeron entre el 25 de enero y el 8 de febrero de 2008, esta es la entrada original número 600 en WordPress (610 si contamos las duplicadas). Un promedio de 25 al mes. Mucho mejor.

Este es un blog modesto, sin pretensiones de gran difusión. Un espacio de esparcimiento personal, un medio de comunicación con algunos amigos, y un lugar de acogida de algunos desconocidos que se interesan eventualmente por lo que yo  cuento. Los considero también amigos, especialmente aquellos que se conectan habitualmente a través de la páginas principal. No sé quienes son, pero sé que están ahí, y son más que los amigos que si conozco. Las estadísticas me lo dicen.

Así que nada, seguiré con ello. Que me viene bien. Faltaría más. Y os dejaré algunas fotos más. Claro está. Y gracias por estar ahí.

Chartres - Catedral

El tema me ha puesto un poco nostálgico, así que rescato una fotografía de hace casi 20 años; la catedral de Chartres, Francia - Pentax P30N, probablemente con un Sigma 28-79/3,5-4,5

Libro: El factor humano

Literatura

Si habéis seguido los últimos días de este Cuaderno de Ruta, sabréis que el lunes pasado estuve viendo Invictus, la película de Clint Eastwood sobre la reconciliación sudafricana y la Copa del Mundo de Rugby de 1995. La película me interesó aunque dista mucho de ser de los mejores trabajos de su director, pero sobre todo sirvió para que me picase la curiosidad sobre cómo fue la transición a la democracia en la difícil situación de partida de la Sudáfrica tras el apartheid. Y pensé que sería una buena idea comenzar leyendo el libro en el que estaba basado el filme. Y dicho y hecho. Aquí están mis impresiones.

El factor humano. Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación.
John Carlin.
Seix Barral, Barcelona, 2009.
ISBN: 9788432209109.

En primer lugar, hay que decir que el libro no es un libro de historia ni está escrito por un historiador. Por otra parte, quizá falte todavía un poco de distancia temporal para tener una visión histórica del conjunto de una de las transiciones a la democracia exitosas más difíciles que ha habido. El autor es un periodista, y el tono del libro es periodístico. El autor nos dice que lo que escribe, además de sus propias vivencias, ya que estuvo destinado en el país sudafricano desde 1989 hasta 1995, está basado en entrevistas con los distintos actores de aquellos acontecimientos.

En segundo lugar, mientras que la película que motiva mi curiosidad se sitúa en torno al partido final de la Copa del Mundo de Rugby, comenzando la narración un año antes de dicha final, el libro nos sitúa en 1985, con eventuales flashbacks a acontecimientos anteriores. Y el elemento central indiscutible es la estrategia de Nelson Mandela para conseguir una transición lo más suave y pacífica posible desde la enrocada dictadura afrikaner hasta un estado multirracial, social y de derecho.

La principal virtud del libro es también su principal defecto. Básicamente se trata de un panegírico al talante del dirigente africano, tolerante y dispuesto al perdón frente a la intransigencia inicial de sus enemigos afrikaners, y su habilidad para conseguir lo que quiere de estos últimos para plegarse a los deseos y conveniencias de Mandela, incluso durante su estancia en la cárcel. Pero claro, también nos presenta un personaje excesivamente libre de defectos, una especie de santo moderno, un líder político y espiritual sin fallos, y por lo tanto, aun en vida, mítico. Porque es un mito la persona líder que carece de defectos. Eso no existe. Todos tenemos debilidades. Aquí se obvian. Apenas se mencionan algo las dificultades en el plano familiar, que quedan perdonadas o explicadas por la complejidad de su tarea política. No soy yo de héroes y santos; tiendo más a admirar a la persona común con sus defectos presentes y notorios, pero que trabaja para que las cosas salgan adelante a pesar de todo.

Pero por lo demás, la lectura del libro es muy entretenida y agil. Cumple de sobras para situarse en el ambiente del país en momentos tan difíciles. La personificación de los conflictos en una serie de personas reales y trascendentes en los sucesos de la época ayuda al lector a situarse y humanizar las situaciones.

En cuanto al tema del rugby, en realidad sólo es central en los últimos capítulos del libro. Lo realmente importante en la historia ha pasado antes. El campeonato de rugby y la unión de todas las comunidades sudafricanas en torno a la selección springbok, que previamente había sido un símbolo de la supremacía blanca, no es más que un corolario a la difícil transición del país y a los esfuerzos y concesiones que todas las parte tuvieron que hacer para sacar adelante la situación.

Resumiendo, un libro interesante para quien quiera conocer algo más de la historia de esa parte del mundo con una lectura cómoda y entretenida, a falta de una mayor matización o rigor histórico. Que no digo que no lo tenga, pero el tono periodístico es como es.

Buckingham Palace

El libro establece comparaciones entre los sentimientos de los negros de 1990 con los de los boer de 1902, derrotados por los británicos, cuando perdieron su república independiente y pasaron a formar parte del Imperio Británico; aquí vemos a los casacas rojas británicos desfilando ante Buckingham Palace - Pentax P30N, SMC-A 50/2

De “Perdidos” al río

Televisión

En la semana en la que vuelve Perdidos para darnos todas las soluciones, de aquí al mes de mayo, voy a dar un repaso, algo telegráfico del estado de la cuestión de las series de televisión. Sin profundidades.

Las de ciencia ficción:

Dejando a un lado la serie mencionada, que tiene vida propia, ninguna de las nuevas series me está resultando especialmente llamativa. Son prescindibles tanto Flashforward, como V y Stargate Universe. De hecho, están las tres en parón prolongado desde hace más de un mes y no las hecho nada de menos. Bastante rollos. Queda por definir por dónde va a tirar Caprica, el spin-off de Galactica. El piloto, ya visto el año pasado, estuvo bastante bien; pero sólo han echado un capítulo más, y no dijo nada. Ni bueno ni malo. Veremos. Queda por ahí Fringe, que ya lleva un tiempo, que es entretenida. Sin más.

Ha terminado Dollhouse,… afortunadamente. No sé porque la he aguantado hasta el final. Qué actores más malos, empezando por su desafortunada protagonista.

Las procedimentales (las de detectives, vamos):

Además de ver algún capítulo de las entretenidas The Mentalist y Bones, sólo he añadido White Collar. Es igualmente entretenida, sin más. Pero engancha algo más porque hay una historia transversal más intensa. Lo dicho, entretenidas. Pero se podría vivir sin ellas. Los que más simpáticos me caen son los chicos de Bones.

Incluiré aquí Damages, aunque realmente es una cosa totalmente distinta. No sé como irá. Tendrá que verse si la misma fórmula sigue dando resultado. Sólo he visto un capítulo.

Las de médicos:

House está de capa caída. Supongo que la seguiré hasta el final, pero creo que está pasada de vueltas ya. A Scrubs la deberían haber matado hace tiempo. No hay nada más que me interese ni que vea en este género.

Las comedias:

Sigo fiel a las dos comedias de situación más divertidas de los últimos años, How I Met Your Mother y The Big Bang Theory. Pero ambas han conocido tiempos mejores y ahora sólo tienen destellos de lo que fueron. O las reavivan, o quizá sería bueno que las fueran finiquitando aunque parece que no va a ser así. 30 Rock se mantiene, tiene unas bases más sólidas y un humor más incisivo y más borde; pero ya veremos cuánto aguanta.

De lo nuevo en este campo, reconozco que me gusta bastante Modern Family. Su corta duración, es también una comedia de situación, hace que sea muy dinámica para explorar las aventuras de las tres familias diversas que son una sola. Que siga, que siga.

Con más empaque está Glee, de duración más estándar, que tiene un punto de acidez que unido a sus excelentes números musicales hace que me guste bastante. De todos modos, está parada hasta dentro de unas semanas.

Las británicas:

En el primer capítulo de sus nuevas temporadas abandoné a Survivors y Being Human. Paso. Me aburrieron. Pero sigo entretenido con Hustle, porque es una procedimental entretenida con unos caraduras muy simpáticos, y probablemente voy a seguir a Secret Diary of a Call Girl, porque también es entretenida y porque me encanta Billie Piper. Pero todavía no he visto los primeros capítulos de la nueva temporada.

Conclusión:

Empiezo a pensar que es como si estuviese pasando a la historia una breve edad de oro de las series de televisión. Cada vez me entusiasman menos. Creo que estoy a punto de cambiar de hábitos, las voy a mandar poco a poco a paseo, veré de vez en cuando alguna procedimental en la tele por satélite, y voy a dedicarme al cine clásico.

Se que hay por ahí otras series que están gustando. Pero mis experiencias con ellas no han sido satisfactorias, o no me gustaron lo poco que vi de ellas, o lo que fuera. Además voy dedicando cada vez menos tiempo a esto de las series. Un ratito después de comer y otro ratito después de cenas. Algo más los fines de semana. Pero poco más. Así que…

En cualquier caso, dejaremos que nos decepcione el final de Perdidos, nos reiremos de vez en cuando con alguna comedia de situación, y esperaremos que vuelva algunas de las que están ahora en suspenso para que nos vuelvan a ilusionar (que será de Dexter,… o de In Treatment,… o de United States of Tara,…)

Alegría en bote

"Alegría en bote"... no sé por qué me ha venido a la cabeza este grafitti en el Tubo de Zaragoza cuando hablo de la televisión - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Libro: La Alemania de Weimar

Literatura

Indudablemente, Alemania fue uno de los actores dominantes de la política y de la historia del mundo en la primera mitad del siglo XX. Protagonista de dos guerras mundiales, curiosamente es un país que no existió como tal hasta bien entrado el siglo XIX, cuando la belicosa Prusia unificó a todos los estados alemanes, salvo Austria y los cantones germanófonos de Suiza. Pero en el período de entreguerras hubo un período poco conocido, pero apasionante por muchos motivos que fue el régimen llamado la República de Weimar. Con este ensayo histórico, podremos aprender un poco más sobre este país, y probablemente más sobre todos nosotros.

La Alemania de Weimar: Presagio y tragedia
Eric D. Weitz
Turner, Madrid 2009
ISBN: 9788475068718

Reconozco que la historia de Alemania me fascina. Nunca existió como tal país hasta la creación del Deutches Reich, traducido incorrectamente como Imperio Alemán, en 1871. A partir ahora preferiremos la expresión Reich Alemán. Durante siglos existió el Sacro Imperio Romano Germánico, que en realidad fue más una unión de estados, muy diversos entre sí, con el denominador común de una relación directa o indirecta con los pueblos y la cultura germánica, que reconocían como cabeza visible a un emperador electo, y que sufrió muchas variaciones en su forma y contenidos entre el año 962 con la coronación de Otón I y su disolución en 1806 en las guerras napoleónicas. Sin embargo, entre 1871 y 1945, menos de un siglo, fue una potencia europea y mundial, actor principal en la I Guerra Mundial, y desencadenante absoluto de la II Guerra Mundial, poniendo en jaque el orden mundial.

El libro que nos ocupa analiza el estado que surge como consecuencia de la derrota en el primer conflicto bélico global, y de los procesos revolucionarios que acabaron con la monarquía de origen prusiano que gobernaba el país. Aunque formalmente parlamentario, el Reich Alemán de antes de 1919 difícilmente se podía considerar un régimen democrático, dados los amplios poderes que se reservaba el Kaiser, a la hora de nombrar gobierno o de tomar decisiones de gobierno. En 1919, aparece la que posteriormente se conoció como República de Weimar. El nombre oficial del país no se modificó, ni los alemanes de la época utilizaban dicho apelativo. Este deriva del hecho de que los trabajos de la asamblea constituyente se realizaron en la ciudad de Weimar, para evitar el difícil y conflictivo ambiente del Berlín de 1919. La elección de Weimar no fue al azar, ya que esta ciudad fue tradicionalmente una de las más cultivadas política, cultural y artísticamente del mundo germánico.

Bajo la Constitución de Weimar, el Reich Alemán se dotó de una de las constituciones más adelantadas en el reconocimiento de los derechos ciudadanos y sociales de las que existían en aquel momento, convirtiendo potencialmente al estado alemán en uno de los más democráticos.

Potencialmente. Todo terminó con la llegada al poder en 1933 de Adolf Hitler, que nunca derogó la Constitución de Weimar, pero que la despojó de todo contenido y sentido, creando un estado autoritario fascista de triste recuerdo.

Las secuelas y la desmoralización colectiva producidas por la guerra, la oposición de los extremismos de izquierda y derecha a la democracia, el rechazo de la derecha conservadora a las nuevas formas republicanas, la deslealtad de las iglesias luterana y católica, los tremendos altibajos en la economía que sucedieron, culminando con la terrible depresión que siguió al crack del 29, todos estos factores llevaron al derrumbe del régimen y a la catástrofe nazi. Todo ello se cuenta con todo detalle en el libro que nos ocupa.

Pero no sólo hubo cosas negativas en aquel período. Además del innegable adelanto que supuso el reconocimiento de los derechos sociales de los ciudadanos, algo que se extendería por toda la Europa Occidental después de 1945, creándose el llamado estado del bienestar, también fue un período de inmensa actividad cultural, artística y creativa. Términos como expresionismo, nueva objetividad, Bauhaus,… representan muchas de las inquietudes que surgieron y prosperaron en aquella época. El papel de las mujeres en las sociedad, en la cultura, en el trabajo y en la política, una nueva cultura sexual, la actividad física, los deportes, el aire libre, los espectáculos audiovisuales, la radio, la música,… todo fue nuevo y todo influyó en aquella contradictoria sociedad.

Todos esos elementos tienen su espacio en el libro que nos ocupa, y son tratados con bastante profundidad y abundancia de referencias. El capítulo final trata sobre el fin del régimen. El autor carga las tintas contra los sectores más conservadores de la sociedad, que se aliaron con la extrema derecha, dando lugar al régimen nazi. El partido nazi por sí sólo nunca consiguió la mayoría en ninguna elección. Necesitó la ayuda de otros sectores conservadores, de las iglesias, del ejército, para poder alzarse con el poder. Los partidos más partidarios de la república, la socialdemocracia o los moderados de centro cometieron muchos errores, pero el autor delimita bien las responsabilidades. En algunos puntos, a pesar de las notables diferencias sociales, culturales y económicas, me recuerda a algunos aspectos del final de la república en España. También fue el fascismo con la colaboración necesaria de las derechas conservadoras y la iglesia católica. Quizá venga bien leer estos ensayos. Quizá podríamos aprender algo.

No obstante, es difícil que el libro interese al lector general sin especial interés por los temas históricos. Quien se sienta interesado por ellos, disfrutará.

Stadthaus

El Stadthaus (ayuntamiento) de Weimar en la actualidad - Panasonic Lumix LX3

Invictus (2009)

Cine

Invictus (2009), 1 de febrero de 2010.

Yo vi la Copa del Mundo de Rugby de 1995 por televisión en directo. Recuerdo que hacía dos años que vivía en mi piso, que un año antes aproximadamente me había dado de alta en Canal + para poder ver cine sin cortes y el entonces Cinco Naciones de rugby, y me encontré con las retransmisiones de la Copa del Mundo de Rugby de 1995. Entonces no lo sabía, porque el rugby es un deporte ignorado y minoritario en España, pero la Copa del Mundo de Rugby es el acontecimiento deportivo con más seguimiento televisivo después de los Juegos Olímpicos y del Mundial de Fútbol. Así que algunas de las cosas que acontecen en el nuevo filme de Clint Eastwood yo las viví en directo. Así que si a la calidad habitual del director le sumas una motivación personal, la visión de esa película era obligatoria.

Adaptación del libro El factor humano (Playing the Enemy) de John Carlin, que me apetece leer, la película nos cuenta como el recién elegido presidente Nelson Mandela utiliza el campeonato de rugby que se celebró en la Sudáfrica post-apartheid para aumentar la cohesión de un país altamente dividido racialmente, y con muchos odios y rencores en el ambiente, con una economía maltrecha, con una gran desigualdad social, con alta criminalidad, etc. Para ello, pide la colaboración de François Pienaar, capitán de los Springboks, la selección sudafricana de rugby, con el fin de intentar un éxito que ilusionase a todo el país en su conjunto. Hay que tener en cuenta que el rugby se consideraba un deporte de blancos, y la selección de rugby era odiada por el resto de los grupos étnicos. En aquella selección sólo había un jugador negro.

La película en su conjunto, dirigida con el habitual buen oficio del director, es un homenaje a Mandela. El entonces presidente sudafricano nos es presentado como una persona afable, muy cordial, con un intenso deseo de reconciliar a enemigos irreconciliables, entre el odio de los blancos y la incomprensión de los suyos. Con una voluntad férrea y la colaboración de otros, consiguen un éxito imprevisto en un acontecimiento deportivo de alcance mundial. La película nos cuenta los hechos fundamentales de la historia, centrándose sobretodo en los parlamentos de Mandela, tanto en público como en privado, salvo en la última parte del filme, cuando se nos narra el emocionante partido final contra los All Blacks de Nueva Zelanda, que llevaban al jugador revelación del momento, el aparentemente imparable Jonah Lomu, que había pasado por encima de todos sus rivales con autoridad, incluida una de las favoritas, Inglaterra, en semifinales. Yo recuerdo perfectamente aquellos partidos. Me gusta como se han rodado las secuencias del partido final.

Pero, pasándonos a lo que es la interpretación, la película es también un homenaje a ese íntimo amigo de Eastwood que es Morgan Freeman, a quien le regala un papel hecho a su medida, y en el que el actor demuestra que es uno de los grandes de la interpretación actual, aunque me gustaría haber visto la película en versión original. Todo llegará. Junto a él tenemos a un Matt Damon, interpretando a Pienaar, que aparece un poco hierático, no sé muy bien si debido a la personalidad/carencias del actor, o a que realmente el personaje real es así. Queda deslucido en comparación con el anterior, pero tampoco importa mucho, puesto que aunque el principal de los secundarios no deja de ser un secundario.

Probablemente por las circunstancias que rodean mis recuerdos personales y mi memoria histórica, esta película me ha llegado mucho más que si estas circunstancias no se hubieran dado. Evidentemente, no es una de las grandes obras del director; pero claro, volvemos a lo de siempre, una obra normalita de Eastwood está a la altura de las buenas de muchos otros. Mis notas son:

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva:
***

Trinity College

Campo de rugby en el Trinity College de Dublín; Irlanda es una de las favoritas para adjudicarse el Trofeo Seis Naciones que comienza este sábado que viene - Canon Powershot G6

Un tren moderno; una gestión antigua, absurda, surrealista,… la de Renfe

Política y sociedad

Me ha llamado la atención un incidente que ha sucedido este fin de semana en la estación de ferrocarril de Zaragoza-Delicias, en el AVE que por la tarde viene de Madrid con destino Huesca. Al parecer, al llegar a la moderna y fría estación de Zaragoza, en dos de los coches las puertas no se abrieron. Y el tren, pasado el tiempo determinado, arrancó llevandose a unos cuantos viajeros que querían y debían haberse apeado en Zaragoza. Que suceda esto, de por sí, ya es un despropósito.

No entraré en las discusiones que parece que tuvieron los viajeros con algún empleado de Renfe en el tren; hay elementos subjetivos difíciles de valorar en una noticia de presa. Pero lo sorprendente es cómo les arreglaron el desaguisado. Parece que les hicieron bajar en Tardienta, y allí esperar a que viniese un autobús desde Huesca, y llevarlos a Zaragoza de nuevo. Cualquiera que conozca la situación de estas poblaciones sabe que es una solución más rápida y mucho más eficiente que los viajeros se bajaran en Huesca, donde podría estar esperándoles en la estación intermodal ese autobús que se desplazó a Tardienta, y haber salido directamente a Zaragoza. Con toda seguridad, hubieran llegado antes a su destino original. Parece incluso que los viajeros, que se conocían la situación, así lo sugirieron. Pero nadie les hizo caso; aumentando el despropósito.

En la actualidad, Renfe, que pese a las directivas europeas de liberalización del transporte ferroviario sigue siendo un monopolio del estado, basa su propaganda de prestigio en lo modernos que son los trenes. Los más modernos de Europa. Pero no son conscientes de que su gestión es antigua. Porque sigue sin estar basada en las necesidades de los viajeros; está más basada en la esclavitud de las nuevas tecnologías que en dar un servicio humano y flexible a las eventualidades. No tienen capacidad de respuesta ante contingencias. Montar en tren ya tiene elementos surrealistas. Cuando uno está en Alemania, o en Bélgica, o en Francia, y va a coger un tren de alta velocidad, saca su billete, va al andén, se despide de sus familiares y monta. Como se ha hecho siempre. Y todos tan contentos. Aquí, hay que llegar con no sé cuanto tiempo, para pasar sucesivos controles de seguridad y billetes, impidiendo el acceso de los acompañantes, lo cual genera intranquilidad cuando los viajeros son personas mayores. Ha sucedido en más de una ocasión que un viajero discapacitado, no ha recibido ayuda adecuada porque no se había avisado con antelación. Claro… ¿tiene el viajero discapacitado obligación de saber que tiene que avisar con antelación? ¿No puede esperar que en una estación moderna y en un tren moderno la supresión de barreras va a estar constantemente prevista?

Y luego, cuando entras en el tren, estás preso. Cualquier contingencia obliga a permanecer horas sin salir, sin explicaciones, sin derechos…

No. Renfe no es una empresa moderna. Lo son sus trenes, pero no su gestión ni su filosofía. No se orientan al cliente. Tampoco se pueden considerar ya servicio público. Cada vez funcionan más mirando su cuenta de resultados y no la necesidad de vertebración del territorio y apoyo a la sociedad. Y cada vez circulan más autobuses por las carreteras. Por que son más baratos, por que son más flexibles… pero también son incómodos, y contaminan más…

Este país ha estado reñido de siempre con sus ferrocarriles. Y eso forma parte de nuestras desventajas competitivas. Alguien debería promover algún tipo de cambio.

Pasado Pamplona

Dos trenes Alvia se cruzan en algún lugar de Navarra entre Pamplona y San Sebastian; trenes modernos para un servicio anticuado - Panasonic Lumix LX3