[TV] Cosas de series; una miscelánea porque ya tocaba

Televisión

Con lo que tengo a la espera, y con un ritmo de una entrada televisiva a la semana, tengo garantizado rellenar todo el mes de noviembre con cosas vistas hasta finales de octubre. Es decir… llevo mucho acumulado. El caso es que también tenía una miscelánea de cosas que quería comentar, algunas se remontan a hace casi cinco semanas, y es hora de que las ponga por escrito. Aquí van.

Me llamó la atención que en Netflix añadiesen a su oferta durante el mes de septiembre un documental sobre ciencia que nos hablase del concepto de infinito. Con una hora y veinte minutos de duración aproximadamente, A trip to infinity (Un viaje al infinito) puede dar mucho de ser o quedarse muy corto, porque el tema da para mucho; aunque sólo el situar a los profanos en el concepto de infinito ya puede ocupar ese tiempo. Y eso es lo que yo imaginaba yo; que sería un documental para profanos. El concepto de infinito siempre me ha parecido apasionante. No sólo en el ámbito de las ciencias, donde curiosamente, una vez que alcanzas unos conocimientos mínimos es donde más fácil es de asumir y manejar, sino en el de la filosofía y otras áreas del conocimiento, donde es más complejo de encajar. La negación del infinito, la incapacidad del ser humano en sus estados más básicos de evolución y cultura, especialmente el miedo a no ser para siempre, durante un tiempo infinitamente largo, es decir, a morir, está detrás del origen de no pocas religiones. Generando una pasmosa ironía; por miedo a unos infinitos, crean los dioses también infinitos de por sí, salvo aquellas religiones con götterdämmerungs diversos. Aunque incluso estas suelen tener ciclos infinitos de regeneración del mundo divino y humano. La cuestión es que el documental, que vi en un viaje en tren durante mis vacaciones por el sur de Francia, me dejó un tanto frío. No me aportó nada nuevo, y hubo demasiadas cabezas parlantes hablando «muy emocionadas» sobre «lo guay que es todo esto del infinito», mientras desgranaban los contenidos más habituales de los vídeos que sobre el tema se encuentran en Youtube, sin especial profundidad ni aplicación a la vida y al pensamiento cotidiano de las personas. Hay mejores sitios donde comprender el concepto. Pero puede venir bien a mucha gente.

Es raro que cuando se habla de infinitos, no aparezca aquello de lo de las líneas paralelas que se cruzan en el infinito… o cosas así. Y el mejor ejemplo de líneas paralelas son las vías del ferrocarril. Ayer estuve de viaje en el día a Haro, en la Rioja, mañana os cuento más, y tuve mucha dosis de ferrocarril.

Me lo he pasado bien con una serie documental-musical, también de Netflix, realizada en Corea del Sur y con músicos surcoreanos. Se trata de Take1, en el que se narra el como se hicieron cinco actuaciones que se grabaron en un vídeo, con cinco músicos o grupos musicales del país asiático, pero que tenían una serie de condiciones. Tenían que elegir una canción que fuese la que elegirían como la última y más especial de su vida, y la actuación con la grabación habría de hacerse en una sola toma. Me divirtió bastante, aunque en general el interés fue diverso. Los artistas iban de la música clásica hasta el K-pop más total y absolutamente comercial, desde gente en activo en las listas de éxitos a gente retirada, desde veinteañeros a sesentones. Pero, ¿por qué me dio por ver esto? Durante los meses de enclaustramiento covidiano, los fines de semana y la semana santa en las que tuve que pasar mucho tiempo en casa, yo no estuve confinado en días laborales por ser profesional sanitario y tener que ir a trabajar, tiré mucho de Youtube. Ahora paso mucho menos tiempo, por el abuso con la publicidad que está tirando a la basura la plataforma. Y allí encontré un canal de música japonesa actual, J-pop, The F1rst Take, en el que diversos cantantes graban una actuación en estudio en una sola toma, sobre un fondo en blanco, y muchas veces, los de más nivel, con unos arreglos musicales distintos de sus grabaciones comerciales, más sencillos o acústicos. Un directo en condiciones. Durante unos meses en la pandemia se convirtió en The Home Take, porque grababan desde sus casas en confinamiento. Entendámonos, es un tema de promoción comercial de una discográfica perteneciente a un conglomerado empresarial muy conocido. No hay más que fijarse en la marca de los auriculares, que siempre se ve muy clara. Pero está hecho con gracia. Y me ha permitido conocer a algunos músicos de pop japonés que realmente lo hacen muy bien. Luego he visto otros canales similares. Por lo que es un tipo de iniciativa de moda. Y Netflix ha buscado explotar la fórmula, incluyendo también un largo make-off, antes de reproducir al final de cada episodio la actuación de turno. Curioso, me he divertido.

Y finalmente, durante el mes de octubre, hemos podido ver un especial de Doctor Who, The Power of the Doctor, un especial de hora y media que ha servido de despedida, ya anunciada, a la primera reencarnación femenina, de la mano de Jodie Whittaker, en la historia del estrafalario héroe espaciotemporal de modales tan británicos. Se les ha olvidado a sus productores que el Reino Unido tiende en la actualidad a aislarse del espacio-tiempo convencional para encerrarse en una desenfrenada actividad de mirarse al ombligo, soñar con glorias pasadas, e imaginar que regresan en el futuro, sin hacer nada para ello, y eligiendo una serie de ineptos y desafortunados primeros ministros, a cual peor. A pesar de que los contrincantes de la enésima vez en que la Doctora y sus compañeros salvan el mundo son los más tradicionales, es decir, los que menos me gustan, el episodio es entretenido. Esta etapa de la serie ha gustado menos. Y a mí también. Pero no por el motivo por el que a muchos cerriles les ha gustado menos, a saber, que el Doctor sea Doctora. Creo que Whittake podría haber sido una excelente protagonista, incluso de las mejores o la mejor… siempre que hubiera habido unos guionistas del nivel del de tiempos pasados. Y eso no ha sucedido. Desde que la era actual de la serie volviese en 2005, ha pasado mucho tiempo y eso conlleva un desgaste evidente. Necesita cambios más profundos que los más recientes, muy cosméticos, basados en lo políticamente correcto. Pero no sé que me dice que van a seguir con lo mismo. Y no digo que proponer una integración y una presencia de las minorías esté mal. Me parece perfecto y necesario, pero hay que hacerlo con un cuidado a la escritura del guion y sin que convierta el entretenimiento que una serie de este tipo debe proporcionar en algo secundario. Para el año que viene se anuncia un especial 60 º aniversario, ya adelantado por algunas de las cosas que han aparecido en este último episodio. En fin… ya veremos, que dijo un ciego a otro ciego.

[Libro] Como un espectro / Miao Dao – Joyce Carol Oates

Literatura

Este es el segundo libro que dedico este año a las novelas cortas de Joyce Carol Oates. Dos de ellas reunidas en un único volumen. Ya hace unos meses, a primeros de junio, leí otra edición similar de dos novelas cortas. Aquellas estaban dedicadas a dos mujeres que se ven metidas en unos misterios que emparentar con la Rebecca de Du Maurier, pero con una visión más moderna, más actualizada, y más feminista. Y eso que en la novela de Du Maurier había más chicha de lo que parecía a este respecto. En la pareja de relatos que traigo hoy, nos vamos a introducir en el ámbito del… ¿realismo fantástico? ¿terror? Hay que reconocer que Oates es una escritora polivalente, camaleónica, que se adapta perfectamente a cualquier género para contar su mensaje, y sin olvidar enganchar al lector con historias atractivas.

Comencé a leer estas novelas cortas en el último tramo de mi viaje al sur de Francia, y las terminé de leer poco después de regresar. Elijo por lo tanto algunas fotos del día más lluvioso del viaje para ilustrar estas desasosegantes historias.

En el primero de los dos relatos que componen este volumen seguimos las andanzas de una estudiante de una universidad de algún lugar de la costa este de los Estados Unidos. Estudiante dedicada y modélica, poco destacada desde un punto de vista físico, vive angustiada por el posible embarazo como consecuencia de una relación con un joven profesor que después de unos breves encuentros la ignora. Todo ello en épocas de abortos clandestinos. La aparición de prestigioso poeta sexagenario puede procurar alivio a la joven… o no. Sobre todo porque quizá su punto de vista de la realidad esté un poco desviado…

Una jovencita preadolescente vive angustiada en un entorno familiar en la que el padre/marido les abandonado por otra mujer y otra familia, y por los abusos que sufre por parte de algunos compañeros del colegio. Y las cosas no mejoran cuando su madre se case con un tipo, aparentemente simpático, pero que le dirige unas miradas preocupantes. De fondo… misteriosas muertes empiezan a producirse en el vecindario.

Oates sigue analizando las complejas relaciones de las mujeres con los hombres, en los que estos tienen un papel dominante o determinante en las vidas de estas, especialmente en la medida en que estas se lo permiten. Como ya he comentado en otras ocasiones, Oates es feminista. Pero no se anda con paños calientes a la hora de atribuir a las propias mujeres una buena dosis de responsabilidad sobre sus problemas. Y todo aderezado con unas historias inquietantes, agobiantes en ocasiones, dignas del mejor suspense de Hitchcock, con finales que pueden sorprender al lector que no ha estado atento a los detalles y a las metáforas del texto.

Joyce Carol Oates es una autora prolífica, diversa, y siempre recomendable. Y si bien estas dos novelas cortas no destacan tanto como otras obras más conocidas o prestigiadas de la autora norteamericana, no por ella dejan de estar a una buen altura. Siendo además una lectura que se acomoda bien a un viaje o a una tarde de mal tiempo para salir a caminar. Especialmente si el tiempo es tormentoso y agitado…

[Cine] The Good Nurse (2022)

Cine

The Good Nurse (2022; 52/20221026)

Sinceramente… las películas «basadas en hechos reales», que no necesariamente son películas históricas, cada vez me apetecen mucho. Para empezar, porque tarde o temprano te enteras que no son fieles a los hechos reales, por mucho que lo insinúen, aunque nunca lo afirmen. Y en segundo lugar, porque siempre acabas con una sensación de déjà vu… que acaba cansando. Por ello, cuando vi anunciada está película de Tobias Lindholm… no me apeteció mucho. Pero luego me lo pensé mejor (o peor, ya veremos). Con Eddie Redmayne y Jessica Chastain al frente del reparto, la cosa apetecía bastante más. Y luego… el danés Lindholm ha sido guionista de películas absolutamente excelentes en su país natal, tanto propias como de otros, en el cine y en televisión. Así que… el mismo día que apareció en la parrilla de Netflix, me la cené.

En alguna de estas vistas desde, o alrededor del, Roosevelt Island Tram, un teleférico y no un tranvía a pesar del nombre, se ve algún importante hospital de Nueva York. No me consta que en el sucediesen las horribles cosas que se narran en la película de hoy.

El guion no es de Lindholm en esta ocasión, y nos habla del enfermero estadounidense Charlie Cullen (Redmayne), cuando se convierte en compañero de trabajo de la enfermera de UCI Amy Loughren (Chastain), momento en el que se producen algunas muertes sospechosas de pacientes. Mientras dos policías (Noah Emmerich y Nnamdi Asomugha) son llamado a investigar unos hechos, que no parecen interesar en realidad a nadie, la propia Loughren, que lo está pasando muy mal por su salud y por su situación familiar, y que ha encontrado consuelo en la amistad y el compañerismo de Cullen, empieza a sospechar de este.

La película no se cuenta desde el punto de vista del asesino, sino de su compañera. La película contiene un fondo de denuncia hacia una serie de cuestiones que padece el sistema sanitario norteamericano, fundamentalmente basado en el aseguramiento y provisión privados de servicios sanitarios, que ocasiona que muchas personas carezcan de cobertura sanitaria y de dinero para costearse los cuidados. A Loughren nos la presentan sufriendo el hecho de que carece de seguro sanitario por no haber trabajado el suficiente tiempo en la empresa, al mismo tiempo que sufre una miocardiopatía que le genera una insuficiencia cardiaca que le hace difícil trabajar. También nos muestra a las direcciones de los hospitales más dispuestos a tapar las muertes indebidas, por miedo a las repercusiones, que a solucionar los problemas de seguridad de los pacientes. Cullen confesó 29 asesinatos de pacientes, pero se sospecha que pudo haber matada a cerca de 400 en dieciséis años de carrera. Uno cada dos semanas de promedio.

Las interpretaciones son realmente buenas, nadie puede dudar de la calidad y oficio de los intérpretes, tanto protagonistas como secundarios. Y de alguna forma eso salva la película. Que por otra parte, avanza en su trama de forma un tanto morosa, con una realización que garantiza un ambiente convencionalmente frío y agobiante. Muy de manual. Es correcta, pero sin más. Una opción razonable para los suscritores de Netflix, eso sí. Lo de Noah Emmerich y su encasillamiento en papeles de policía/agente del FBI/CIA o lo que sea… ya casi es de chiste.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***