Quinta del ciclo de películas restauradas de Wong Karwai, que abarca todos sus largometrajes de ficción realizados entre los años 1988 y 2004. Menos uno. Estamos también ante el único de ellos que trata de relaciones homosexuales entre hombres. También estamos ante una película no ambientada fundamentalmente en Hong Kong. Otras películas del ciclo recorren otras localizaciones distintas de la antigua colonia británica, pero siempre es esta la localización principal. Incluso si están rodadas en Tailandia. En esta nos vamos a mover en Argentina, principalmente en la Boca de Buenos Aires. En el mundo, la mayor parte de las antípodas de las tierras caen en el mar, pero una buena parte de China tiene sus antípodas en América del Sur; así que, de algún modo, Buenos Aires representaría las antípodas de Hong Kong… en realidad más las de Shanghai… pero no nos vamos a poner quisquillosos.
La película termina con Yiufai volviendo a Hong Kong. Aunque no lo vemos llegar. Antes se detiene en los «night markets» de Taipei, donde los padres del tranquilo Chang tienen su puesto de comida, y con un recorrido en un metro elevado por las calles de la capital taiwanesa. Así que nos trasladaremos a Taipei para ilustrar esta entrada.
La película acompaña las peripecias de dos hongkoneses, a mitad de los años 90 del siglo XX, que son pareja, y que se van a Argentina, el punto más lejano posible de su lugar de origen. Y mientras tratan de llegar a las cataratas de Iguazú, se pierden, discuten y se separan. Luego encontraremos a uno de ellos, Yiufai (Tony Leung Chiuwai), trabajando de portero en un bar de tangos de la Boca, mientras que el otro, Powing (Leslie Cheung), ejerce de acompañante para otros hombres en el mismo entorno. Cuando este recibe una paliza, Yiufai lo cuidará y volverá su tormentosa relación. Mientras, Chan (Chen Chang), un joven taiwanés se cruzará con Yiufai poniendo un contrapunto sereno a este ambiente tormentoso.
Rodada con párrafos visuales en blanco y negro y en color alternándose, con la magistral dirección de fotografía de Christopher Doyle, con una sobria pero acertada banda sonora con temas que nos llevan desde boleros entonados por Caetano Veloso, una variedad de tangos y milongas y temas procedentes del rock, estamos ante una intensa historia de relaciones, de amores y desamores, que componen una de las más potentes historias y una de las mejores películas del director chino. Me ha impresionado, mucho más de lo que pensaba. Y especialmente por las potentísimas interpretaciones de sus dos protagonistas, en definitivo estado de gracia actoral, como ya habían adelantado en anteriores películas con o sin el director.
Total y absolutamente recomendable, probablemente la mejor película del ciclo hasta el momento tras la inicial.
Segundo libro del 2021. Un año en el que empecé fuerte las primeras semanas, pero que, siguiendo la tónica del año pasado, ya vuelvo a encontrar problemas para concentrarme en la lectura. Sin embargo, hace una semanas comencé con esta novela de la japonesa Imamura Natsuko, os recuerdo que en japonés el apellido va delante, en lo que es una historia de acosador(a) voyeur extrañamente fascinante.
Tanto la narradora de la historia, la mujer de la rebeca amarilla, como la protagonista de la misma, la mujer de la falda violeta, viven en el mismo barrio. La mujer de la falda violeta parece mayor de lo que es. Está desmejorada. Mantiene unas rutinas, pero tiene altibajos en su vida. No tiene trabajo. Y cuando le surge son trabajos cortos, a tiempo parcial y mal pagados. Y la gente la mira de reojo. Hasta que un día encuentra un trabajo mejor. Todavía modesto. De empleada en un hotel, limpiando y haciendo las habitaciones. Y pasa a tener relaciones, amigos, a estar integrada. Aunque no sabemos cuánto va a durar. Y uno sospecha que de alguna forma, todo se torcerá al final…
La novela funciona a dos niveles. Por un lado está el misterio de la mujer de la falda violeta, que progresivamente se va convirtiendo en el misterio de la narradora, de la que vamos descubriendo que no es una mera observadora, que va más allá, que acosa e interviene. Una línea narrativa que nos mantiene en vilo, y nos ofrece ese enganche a la historia que no podemos soltar hasta el desenlace.
Pero por otro lado, como muchas autoras japonesas, asiáticas en general, nos habla de la precariedad de muchas mujeres en las sociedades actuales. Sociedades en las que es demasiado fácil acabar viviendo en soledad. Sociedades prósperas, pero donde hay muchas personas al borde de la pobreza, muchas de ellas mujeres. Y sociedades donde además la homogeneidad se premia, pero la diferencia se castiga. El clavo que sobresale recibe el martillazo.
Quizá no sea una novela perfecta, pero sí que engancha e interesa. Más compleja de lo que inicialmente se nos presenta, es susceptible de lecturas e interpretaciones diversas. Me parece bastante recomendable.
Netflix es consciente de que la pandemia llevará un tiempo. Que la vuelta a la normalidad de las salas cinematográficas no vendrá de la noche a la mañana. Que durante este tiempo nuestros hábitos cinéfilos van a variar, han cambiado ya de hecho. Y que es muy posible que algunos de esos cambios hayan venido para quedarse. Y va al ataque anunciando estrenos de largometrajes de producción propia o concertada prácticamente todas las semanas. ¿Cuántos van a merecer la pena? No sé. Ni siquiera creo que los veo todos. Ni siquiera la mayoría. No me basta tener la película disponible… tiene que haber algo en ella que me interese, que me lleve a darle una oportunidad. Como es el caso de esta película dirigida por el relativamente novel Simon Stone, que lleva en su reparto algunos pesos pesados de la interpretación británica como Ralph Fiennes, Carey Mulligan o Lily James.
Sólo tengo fotos de un sitio arqueológico importante en Inglaterra. Y no es Sutton Hoo. Es Stonehenge. Más antiguo, bastante más, que los túmulos anglosajones de East Anglia. Pero bueno… es lo que hay.
La película se fundamenta en una novela que ficcionaliza un hecho real, el descubrimiento de las tumbas de Sutton Hoo, uno de los principales yacimientos arqueológicos de la época inmediatamente posterior al derrumbe del Imperio romano y el establecimiento de los anglos, sajones y jutos, pueblos germánicos, en la isla de la Gran Bretaña. El acontecimiento real ofrece claramente dos líneas dramáticas engarzadas con la realidad y que merecen la pena ser exploradas, y así se hace en la película. Por un lado, el drama de la terrateniente, Edith Pretty (Mulligan), que enferma (de lo que en la película se dice que es una valvulopatía reumática, pero que en la realidad parece que fue una diabetes), busca dar sentido a sus últimos años de vida dejando algo al mundo que a la vez satisfaga su apetito intelectual. Por otro lado, el perfilado de carácter del excavador arqueológico sin formación académica, pero con mucha experiencia en el campo, Basil Brown (Fiennes), que se ha de mover en un mundo de inflados egos académicos entre los arqueólogos de universidad y los conservadores de los museos. Y esta alianza de caracteres distintivos bastaba para una película de época amable, con sus tonos dramáticos, muy bien y académicamente hecha.
Flojea en el momento en que se introduce con calzador una tercera línea dramática, el ficticio romance no consumado entre la joven arqueóloga Peggy Piggot (James) y el primo de la terrateniente, que hizo de fotógrafo de las excavaciones. Este último carácter es totalmente ficticio. Al igual que el presunto romance. Y no hay forma de explicar racionalmente qué pinta en la película. O en la novela original si es que se encuentra en ella también. Supongo que satisfacer el ego del novelista, John Preston, sobrino de la arqueóloga, de soltera Margaret Preston, a la que le apeteció dar protagonismo en una historia donde sólo era un personaje secundario.
Esta historia romántica lastra buena parte de la película, robando protagonismo al desarrollo de las historias importantes. Y da inconsistencia a la historia, que por otro lado está fenomenalmente bien ambientada, con el ambiente melancólico propio de la fatalidad de la guerra mundial que en el verano de 1939 se ve venir. Algunos de los planos y el tono de algunos párrafos de la película recuerdan a Terrence Malick, lo cual no le sienta mal a la película, en la cual destacan las contenidas interpretaciones de Carey Mulligan y Ralph Fiennes. Chirrían un poco las edades de los pesonajes, no tanto la de Fiennes, actor que acaba de cumplir los 58, mientras que el personaje tendría en 1939 unos 50 o 51 años, como la de Mulligan, actriz de 35 años, interpretando a una mujer que en el momento de la acción estaría en los 55 años o así. Tampoco entiendo muy bien por qué le modifican la enfermedad a Pretty, es raro que una valvulopatía reumática no se hubiera presentado antes en la vida de la mujer, impidiéndole llegar a esa edad (como le sucedió a mi abuela que murió en 1938 con menos de 40 años). Sin embargo, la diabetes que parece que padeció… tiene una historia lógica. Estos cambios de la realidad siempre me sorprenden y me extrañan.
Globalmente es una película correcta que se deja ver perfectamente y con agrado. Y perfectamente recomendable para todos aquellos que disfruten o sufran, según cada cual, de una suscripción a Netflix.
Es en realidad el penúltimo, porque el último lo terminé a caballo entre el 2020 y 2021 y fue en blanco y negro. Y ya os presenté algunas fotos de aquel… que fueron tomadas antes que las que hoy traigo aquí. Por lo que las fotos de hoy son las últimas del 2020. En película negativa.
Esta semana voy a avanzar un poquito más deprisa mi comentario de series, con tres de ellas en lugar de las dos habituales. Son tres series que podrían haber sido más, que partían de premisas más o menos interesantes, pero que se han quedado cortas respecto a las expectativas. Aunque la valoración final es diversa.
Lupin es una serie de francesa que, como podemos deducir de su título, está inspirada por el aventurero Arsène Lupin, un ladrón de guante blanco creado por el escritor francés Maurice Leblanc a principios del siglo XX. Ambientada en la Francia actual, en el París actual, el protagonista de la acción es un inmigrante subsahariano de nombre Assane [cuasi homófono con Arsène], interpretado por Omar Sy. Convertido en ladrón de guante blanco como el personaje que le sirve de referencia, da un golpe en el Louvre, robando una joya que en su infancia desapareció de la mansión dónde trabajaba su padre de chofer, de la que fue acusado y condenado, suicidándose en prisión. Las historia del nuevo «Lupin» es más una historia de venganza que de aventuras osadas, rocambolescas y románticas. El problema es que cuanto más se aleja del encanto del personaje original y más entra en la oscuridad de los misterios que le llevan a la venganza, menos clara tiene la serie lo que quiere ser. Y la limitación de los cinco episodios de la primera temporada tampoco ayuda a un desarrollo pausado del personaje y sus motivaciones. No obstante, la podemos considerar como una serie entretenida e interesante, cuya primera termina con un enorme cliffhanger que prácticamente obliga una segunda temporada.
Taiwán, un país que no es un país, con un complejo pasado, un futuro incógnito, y un presente en el que es muy agradable de visitar.
Chilling adventures of Sabrina ha llegado a su cuarta y última temporada. Esta reinvención del cómic que ya fue llevado en su momento a una serie de dibujos animados y una serie de televisión de acción real, en aquella ocasión con carácter de comedia amable, ha optado por un mezcla de comedia y terror, con predominio de este progresivamente. Liderada la serie por la joven actriz que gustó encarnando a la niña, luego adolescente, Sally Draper en Mad Men, Kiernan Shipka, es una serie que prometía mucho y que empezó con mucha fuerza. Pero que por algún motivo se agotó muy pronto, entrando en una dinámica repetitiva, en la que la mayor parte de los personajes secundarios, teóricamente importantes para la protagonista, iban perdiendo su interés y su razón de ser. Sin encontrar del todo su tono, puesto que no acaba de decantarse por la comedia, buscando el lado terrorífico de la historia, pero con unos malos ultraterrenos que en no pocas ocasiones eran más bien ridículos y risibles. La última temporada ha confirmado esta tendencia a la baja. No me atrevería a recomendarla.
Y terminamos con Detention, una serie taiwanesa basada en un original juego que mezcla el comentario político con el terror sobrenatural, del que ya se hizo una película largometraje. Ambas producciones se basan en el mismo juego, pero siguen su propio camino argumental, nos advierten, pudiéndose ver independientemente. Y la premisa de partida es la misma. En un instituto taiwanés a principios de los 60, algunos de sus profesores y alumnos sufren la represión dentro de lo que se llamó el Terror blanco, en el régimen dictatorial que Chiang Kaishek impuso en la isla tras su huida de la China continental, derrotado la facción nacionalista del Kuomingtan por la comunista de Mao. En la serie, la acción principal sucede a principios de los años 90, con la isla en su transición a la democracia, cuando una nueva estudiante del instituto en el que sucedieron los hecho 30 años antes llega transferida al mismo. Y donde tras experimentar el extraño ambiente represivo del mismo, entra en contacto con el espíritu vengativo de una de las alumnas involucradas en los sucesos de los 60. Y donde parece condenada a revivir algunas de las experiencias de entonces. Así pues, terror fantasmagórico mezclado con denuncia o reflexión política, una premisa que podría ser interesante, pero que no se mantiene del todo, resultando en un balance final de… no está mal, pero podría haber sido mejor.
Cuando visité Viena en octubre de 2015, en pleno bajón personal por eventos laborales, que vistos en la distancia tenían una importancia relativa, me traje mi primer libro de la Photography Workshop Series de la editorial Aperture. Me encantó. Tanto así, que inmediatamente me dispuse a hacerme con el resto de los libros de la colección. Tres hasta ese momento aunque un cuarto no tardó en aparecer. Alex Webb y Rebecca Norris Webb, Todd Hido, Mary Ellen Mark y Larry Fink, fueron los fotógrafos que en aquellos libros nos mostraban sus fotografías y al mismo tiempo nos proporcionaban un taller práctico de cómo ver y fotografiar. Potentes libros con un contenido de calidad, tanto en lo que se refiere a las fotografías como a lo didáctico.
Un poquito de fotograf´ía urbana, con mi Olympus Pen F y un rollo de Fujifilm Neopan 100 Acros, durante el mes de diciembre.
Hace algo más de un año me enteré de que había salido un nuevo libro de la serie, casi cinco años después del primero. Yo ya la hacía como una serie muerta, limitada a los cuatro primeros volúmenes. Pero parecía que no, que la habían reactivado. El nuevo libro estaba dedicado a Dawoud Bey, un fotógrafo afroamericano que ha destacado por varias facetas. Como fotógrafo, ha sido un autor preocupado por las comunidades afroamericanas, y ha intentado trasladar el alma y el sentimiento de las mismas a través de proyectos de largo recorrido a base de retratos de personas y comunidades. Precisamente ese es el tema del libro-taller de Aperture. Como retratar personas y comunidades… o personas en sus comunidades. Hice un pedido del libro… pero no me llegó nunca, empezó a acumular retrasos hasta que me llegó una notificación de que no se podía entregar. Y ya… lo dejé estar.
Recientemente pude saber que Aperture tenía en marcha un sexto libro, dedicado a Richard Misrach, aunque todavía no está disponible. Volví a comprobar el estado de venta del libro de Bey y del de Misrach… y bueno, el jueves pasado recibí el libro de Bey. Y dentro de unas semanas espero el de Misrach.
Desde que recibí el libro de Bey, todos los días dedicó un rato a su lectura. Porque como ya podéis intuir de mis comentarios iniciales es un libro de fotografía en el que tanto hay que contemplar y analizar las fotografías como leer los textos en los que nos invitan a desarrollar nuestra mirada y nuestros proyectos. Como dije en algún momento, cursos avanzados de fotografía al alcance de todos. Siempre y cuando nos manejemos en inglés, claro. Es lo que hay.
Por lo que he visto, podría ver otros dos libros en preparación; uno dedicado a Catherine Opie (junio, 2021) y otro a Graciela Iturbide (octubre, 2021). Qué bien. Qué ganas.
Llega la cuarta película del ciclo de películas de Wong Karwai. Y aquí, en lo que a mí se refiere, entraba en terreno desconocido, en el ámbito de lo que no sabía muy bien qué iba a ver. Puesto que no había oído hablar de ella. Ni siquiera en los últimos días, previos a la sesión de cine, busqué a ver de que iba. En esta ocasión, el título en cantonés viene a significar lo mismo que el título internacional en inglés. Ángeles caídos.
Hong Kong de noche. No necesariamente los paisajes de la película… pero es que entre los más de 20 años entre la película y mis fotos, y los distintos ambientes que un turista visita, va un trecho muy amplio.
La película nos presenta dos historias paralelas, que tan apenas se mezclan entre sí. Un par de momentos, y la sospecha de que una Blondie mencionada en una de ellas es la prostituta teñida de rubio que aparece en la otra, interpretada por la cantante pop hongkonesa Karen Mok, una celebridad en China, que recibió algún que otro premio por su papel en esta película. En la primera historia que se nos presenta, se van entrecruzando ambas, conocemos de un asesino a sueldo (Leon Lai), cuyos trabajos son preparados y organizados por una joven secretamente enamorada de él, aunque nunca se ven (Michelle Reis). Para presentar la otra historia, conocemos a su protagonista, un joven expresidiario mudo (Takeshi Kaneshiro), porque vive en el mismo edificio que la anterior junto con su padre sexagenario. Se dedica a entrar en negocios ajenos por las noches y buscar clientes para los mismos. Así acabará relacionándose con una joven un tanto desequilibrada, que podría ser (o tal vez no, tal vez esté en su imaginación), su primer amor (Charlie Yeung)
Hay dos elementos que resaltan en la película. En primer lugar, no se puede decir que haya un argumento o una historia bien definidas. Más bien vamos contemplando momentos en las vidas de estos personajes, de los que al final podemos pensar que conocemos más o menos que al principio, o que lo que hemos visto es la realidad o lo que ellos imaginan su realidad. En segundo lugar, la potencia visual de la película. Rodada con grandes angulares, siempre de noche, colores muy saturados, encima del rostro de los personajes en muchas ocasiones,… algunos veo que la definen como «estilo videoclip».
Con buenas interpretaciones, quizá el que menos me llama la atención es el asesino a sueldo, Lai, y la que más la rubia prostituta, Mok, y esta fuerte impresión visual, sin embargo hasta ahora es la película del director que más frío me ha dejado. También es cierto que, dentro de que es un director poco convencional, es la menos convencional del ciclo hasta el momento. He leído que se pensó en ella como una misma película que Chunking Express, que se estrenó un año antes… tendré que ver esta otra película, mucho más célebre y valorada, para opinar.
Me he regalado a mí mismo una accesorio para la Hasselblad, un visor de prisma con fotómetro, para hacer más cómoda la fotografía en entorno urbano con esta gran cámara,… que además es grande. Y parece que va bastante bien.
Vamos con el comentario del primer libro que he leído en 2021. Ya llevo tres… o sea que voy con algo de retraso en los comentarios…
Según mis cálculos, a 1 de enero de 2021 hacía como mínimo treinta años que no leía una novela de Agatha Christie, a la que no será necesario presentar para la mayor parte de los lectores, siendo como es la reina casi absoluta del whodunit. Puede que hace algunos años menos, no muchos, leyera la compilación de relatos que incluye Testigo de cargo… porque me suena que estaba trabajando ya de médico residente, y eso fue en… bueno. Puede que haga más o menos de 30 años. Por ahí.
Transcurriendo la acción en algún hotel costero, vacacional, de la costa inglesa, opto por irme fotográficamente a mis experiencias semejantes. Sin cadáveres en bibliotecas. En la península de Cornualles, en Ilfracombe, no lejos de donde se debía encontrar el castillo de Tintagel, lugar de nacimiento del rey Arturo. Que en aquellos días de principios de julio de 2006, se encontraba entre la niebla.
El whodunit no tiene porqué ser una novela de suspense, ni de genero negro, ni siquiera policiaca. Simplemente… ¿quién ha sido? Y alguien lo resuelve. Teóricamente, el escritor da pistas para que el lector lo pueda deducir,… pero suele guardarse ases en la manga. Y aunque al final parezca que la solución era evidente… pues con los datos suministrados no lo era. Habitualmente… luego está cuando, si has leído suficientes novelas de estas, ya te imaginas por dónde va los tiros. O los estrangulamientos, o los venenos, o las puñaladas…
La primera novela que leí de Christie, en mi adolescencia, fue un caso de Miss Marple, El tren de las 4:50. Injustamente considerado como de Miss Marple, porque la auténtica heroína es Lucy, la joven que se introduce en la mansión de la familia esa tan desagradable. Debe ser porque me la imaginaba atractiva, a Lucy, digo, o porque realmente la novela tuviera su cosa, me gustó. Después de eso sólo otra novela de la escritora me gustó, la más famosa, también con trenes implicados. Puede que alguna otra me pareciera tolerable… pero poco a poco perdí el interés… porque todas me parecía igual. Y llegué un momento en que sencillamente dejé de entender porqué esta escritora gustaba tanto. Así de claro. Todo era igual. Todo era lo mismo. Y la mayor parte de las situaciones y personajes me parecían marcianas. Además de ser la reina del prejuicio clasista y del tópico más vulgar sobre los seres humanos. Una esnob de marca mayor.
Por una serie de causas y azares, y tras mucho insistir, fui convencido para enfrentarme al cadáver de una joven en la biblioteca de un matrimonio mayor tan esnob como la escritora o la propia Miss Marple, a la que conocen. Y debo reconocer una cosa. En las primeras páginas o capítulos de la novela… me interesó. Aquello parecía lleno de ironías. Diríase que Christie estaba autoparodiándose. Y tenía su gracia. Falsa alarma. Pronto llegó la dinámica eterna de unos investigadores entrevistando gente, abundancia de tópicos, de individuos prefabricados,… y con un agravante. En el momento en que aparece el segundo cadáver… la solución al caso se presentó como obvia. Con lo cual, la gracia, el único aliciente de la whodunit, creer que puedes resolver el caso, pero que al final te sorprendan con ingenio, se perdió por completo.
Creo que pasarán otros 30 años antes de que vuelva a abrir otra novela de Agatha Christie. O nunca. Espero no caer muy antipático por ello.
La pandemia y las condiciones de vida impuestas por la misma siguen haciendo difícil nuestra asistencia a las salas de cine. Por fortuna, estoy consiguiendo llevar al día el ciclo de cine de Wong Karwai, todos los martes. Pero no es fácil acceder a otras películas en versión original. Suelen ser la última sesión, las salas donde las programan no están bien comunicadas con mi hogar, y te metes directamente en las horas tras el toque de queda en las que malditas las ganas que tienes de darles explicaciones a cualquier guardia que te pare. Así que seguiremos tirando de estrenos vía plataformas en internet. Di que los estrenos en pantalla grande están siendo escasos y nada llamativos. Y espera…
Tratándose de una película francesa… nos daremos un paseo por París. Tras el empacho de color de esta película francesa… descansaremos con placenteras fotografías en blanco y negro.
Hoy me pongo experimental. Y me chupo en Filmin un mediometraje de Gaspar Noé. Sólo he visto previamente en salas de cine una película de este director, en los tristemente desaparecidos Multicines Buñuel de Zaragoza. Tristemente, porque contribuyeron notablemente en mi juventud a mi formación cinematográfica. A pesar del infame sonido que gastaban. Pero vi tantas cosas interesantes allí, con tan estupendas compañías… Y también vi allí la que es probablemente la película más famosa de Noé, con una de las más terroríficas escenas de violación que probablemente se hayan filmado. Mucha violencia… que nos dejó un cuerpo horrible, que probablemente machacó otros mensajes y otros valores de aquella película.
En esta ocasión, una película de cine que nos habla del rodaje de una película de cine. Aunque cuan distante de ejercicios como los que nos dejó Truffaut. Y sin embargo, de alguna forma nos habla de lo mismo. De las interioridades, de las dificultades del rodaje de una película, de las vanidades de las gentes del cine… con una visión menos amable, con algunas reflexiones sobre cuestiones de actualidad,… Béatrice Dalle, fille terrible del cine francés, interpreta cierta versión de sí misma, rodando por primera vez una película con Charlotte Gainsbourg, también interpretando cierta versión de sí misma. Esta última ha de interpretar a una bruja que será quemada en la hoguera. Pero alrededor, todo el set de rodaje es un caos absoluto que nos lleva a… allá cada cual si ha de atreverse con esta película. Eso sí,… epilépticos abstenerse. Riesgo de desencadenamiento de una crisis.
Me resulta difícil hacer una valoración de la película. En las estrellitas del final me situaré en un punto medio… pero porque quizá esta producción no se acomoda a ese sistema de valoración ni a ningún otro. Como digo, estamos en el ámbito de los excéntrico, de lo cuasiexperimental, y de lo autorreferencial. Recomendada para cinéfilos impenitentes, el resto del público que se acerque a ella con la prudencia que se quiera autoimponer. Eso sí… dura sólo 50 minutos. Ni siquiera los 70 que indica la reseña dentro de la propia plataforma.
Una nota al margen: el infame episodio de la quema de brujas en Europa no fue un fenómeno medieval, como dicen en la película. Se dio entre los siglos XVI y XVII. Y a pesar de las infamia que arrastra la inquisición española, fue un fenómeno que afectó mucho a las mujeres de países protestantes.
Cuando terminé con el rollo de película en color que le puse a la Leica Minilux en diciembre pasado, puse otro rollo para negativos en color en la Canon EOS 650 y la calcé con un venerable Takumar 35 mm de Pentax… que sirve para dar miedo a los incautos diciendo que es radiactivo. Y es cierto. Aunque carezca de peligro para la salud.
Hay series que tienen especiales navideños. Especialmente las británicas. Suelen ser episodios amables. Eso… navideños. Aunque en ocasiones pueden hacer avanzar la trama de la serie de forma importante. Algunas lo han hecho. Pero en esta ocasión es una serie norteamericana la que nos ha ofrecido dos especiales… «alrededor» de la Navidad, más que navideños. Se trata de una de las series de moda en HBO, Euphoria. Especialmente después del reconocimiento interpretativo en los eventos de premios para su protagonista, Zendaya.
Hace ya año y medio que pudimos ver la primera temporada de este drama que explora las complejidades de la adolescencia, especialmente contemplando el consumo de drogas y los problemas de identidad sexual, o de identidad en general. Entre otros problemas de esa edad. Lo cierto es que es una serie que crece en el recuerdo. Hoy día, la aprecio más que cuando acababa de terminar de ver esa primera temporada. Todavía no hay, que yo sepa, fecha para la segunda temporada. Pero se nos han ofrecido dos especiales en torno al fin de año reciente. Uno, unas semanas antes (subido a HBO el 6 de diciembre de 2020), el otro, unas semanas después (subido a HBO el 23 de enero de 2021). Rodados con las precauciones necesarias por la pandemia con un equipo mínimo, el primero nos presenta una conversación de café de Rue (Zendaya) con Ali (Colman Domingo), un consumidor de drogas sobrio desde hace un tiempo, en el que eventualmente se apoya. Este episodio me pareció antológico; me dejó clavado al sillón. Excelente desde todo punto de vista. En el segundo encontramos a Jules (Hunter Schafer) en sesión de terapia, la primera, con una psicóloga (Lauren Weedman). No me ha impactado tanto, pero está también a un nivel muy elevado. Ambos nos han dejado con ganas de que vuelvan Rue y Jules con una segunda temporada que pueda mantenerse en los altos niveles que ha alcanzado la serie poco a poco.
No tengo fotos que se ajusten a las series de hoy, así que pongo algunas de un rollo que comentaré pronto en mi blog específico de fotografía. Paisajes urbanos, a este lado del Misisipí. Y del Ebro.
En el entorno de las fiestas de fin de año, sentí la necesidad de la intrascendencia. Hace unos meses hubiera apostado por una serie surcoreana. Un buen placer inconfesable perfecto. Pero no tenía ninguna a mano de las que me hubieran apetecido. Así que me fui a por una serie de la que me llegaban avisos constantemente en Netflix, aunque a priori no me había interesado. Era Virgin River, en español con el cursi título de Un lugar para soñar, que es un drama romántico culebronesco, que yo hubiera apostado que sólo se pueden ver en el canal Cosmo, pero que ya veis. Un enfermera altamente cualificada que, tras perder una niña en el parto y un marido en un accidente de tráfico del que se culpa… (culebronesco, os decía), opta por dejar Los Ángeles por ir a trabajar a un pueblo perdido en las montañas y los bosques del norte de California, donde… bueno. Da igual. Hay un tipo guapo y rudo con el que bueno… ya os imaginaréis. Pues eso… puro placer inconfesable. Si tuviera más sentido del humor, podría ser recomendable… pero le falta. Y no, por favor, que nadie lo compare con Northern Exposure (Doctor en Alaska). De verdad. Semejante comparación debería ser considerada crimen de lesa humanidad.
Y he visto la temporada cuarta de Fargo. Que me ha llevado muchas semanas. Y no porque sea mala, ni mucho menos. No sé si llega al nivel de las tres precedentes, pero sigue siendo una producción televisiva notable. Tradicionalmente, las historias de esta serie transcurrían en las frías llanuras del medio oeste americano, entre Dakota del norte y Minnesota, en cuyo límite está la ciudad de Fargo. Pero esta vez nos hemos desplazado a Kansas City, en el límite de los estados de Misuri y Kansas. Hay dos ciudades con este nombre, totalmente contiguas, perteneciente cada una a cada uno de estos estados. Por lo que entiendo, hemos estado en Misuri. Y allí hemos asistido al enfrentamiento entre la mafia italiana, ya establecida, a cuyo frente encontraremos a Josto Fadda (Jason Schwartzman) tras la extraña muerte de su padre bajo los cuidados de la excéntrica enfermera Oraetta Mayflower (Jessie Buckley), contra la mafia afroamericana, emergente, a cuyo frente encontraremos a Loy Cannon (Chris Rock). A ambos bandos dará abundante servicio la funeraria regentada por los padres de la joven e inteligente diecisieteañera Ethelride Pearl Smutny (Emyri Crutchfield), procedente de una familia multirracial. No voy a entrar en detalles de la trama, que es lo suficientemente enrevesada como para justificar que sea una serie de episodios. Últimamente vengo pensando que hay series innecesarias. Que lo que cuentan se puede contar en un largometraje. Y no necesariamente largo. Pero bueno. Las interpretaciones de los mencionados, así como de otros caracteres como los de Timothy Olyphant o Jack Huston o Ben Whishaw, son notables. Encontramos también curiosidades como el episodio 9 de los 11 que consta la temporada, rodado en su mayor parte en blanco y negro… con curiosas referencias al mago de Oz. Y lo único que encuentro a faltar es que esta temporada es la más seria de la serie, la que menos combina el absurdo o el humor negro con la seriedad de los argumentos. ¿Por qué me ha llevado semanas ver estos 11 episodios? Porque no se pueden ver de cualquier forma. Hay que centrarse en lo que ves. Y no siempre tengo la cabeza lo suficientemente en su sitio últimamente para ello.