La novedad en esta ocasión es el uso de una cámara de formato medio, para película fotográfica tradicional, que ofrece unos negativos cuatro veces y media más grandes que los negativos habituales del formato pequeño estándar. Por lo que la calidad es mucho mayor, si la técnica fotográfica es adecuada, por la mayor cantidad de información disponible. A costa de obtener menos de un 30 % del número total de fotos. Nada es perfecto, todo es cuestión de compromisos. En cualquier caso, como de costumbre, los detalles técnicos los tendréis en la correspondiente publicación en Substack.
Esta semana ha sido más «normal». Desde que volví de vacaciones a principios de junio, muchas cosas en mi vida habían ido un poco «estresadas». Lo entrecomillo porque no me he sentido realmente estresado. Pero sí muy liado con cosas que me han impedido hacer otras. Nada grave. Por eso, y porque la semana pasada dediqué la publicación del domingo de este Cuaderno de ruta a comentar un libro de fotografía, tenía bastantes recomendaciones acumuladas. Lo que pasa es que he tirado a la papelera y me he quedado con unas cuantas. Las fotografías, de ayer. Como hace mucho calor, madrugo, veo amanecer, lo fotografío y camino con la fresca, ayer fotografiando también algún martinete común, algún ruiseñor jovencito y alguna gaviota argentea, también jovencita, aunque esa no la he puesto.
Ha comenzado los Juegos de la XXXIII Olimpiada moderna. Hace unos días, la Fundeu consideraba que, de acuerdo al diccionario de la RAE, Olimpiada/Olimpíada/Olimpiadas/Olimpíadas y Juegos Olímpicos eran sinónimos. A mí, siempre me ha gustado diferenciar ambos conceptos, al estilo de las antiguas olimpiadas griegas. Los juegos olímpicos son el conjunto de competiciones deportivas que se celebran al final de una olimpiada, que es un periodo de cuatro años que comienza tras finalizar unos juegos y termina con la celebración de los siguientes. De hecho, la cuenta en números romanos, el XXXIII, se refiere a las olimpiadas como periodos de cuatro años, y no al de juegos celebrados, ya que al final de la VI, la XII y la XIII Olimpiadas no se celebraron juegos por estar el mundo sumido en sus guerras mundiales. Es decir, ha habido 33 olimpiadas y 30 juegos. No cuento los de invierno, para no liarnos. Eso sí, la I Olimpiada moderna sólo duró dos años, desde la conferencia de la Sorbona en 1894 a la celebración de los juegos en 1896 en Atenas. Los griegos habían organizado de todos modos algunos juegos olímpicos durante el siglo XIX en los que participaban griegos y otomanos. Y en otros lugares de Europa se organizaban competiciones deportivas que se denominaban también juegos olímpicos.
El caso es que, con la cosa de los juegos, nos van a inundar de imágenes fotográficas más o menos espectaculares, generalmente muy vistosas y coloridas, en las que las marcas fotográficas cederán sus mejores equipos a algunos fotógrafos selectos o llegarán a acuerdos con algunas agencias, para sacar pecho con sus buques insignia, las cámaras más profesionales, rápidas y resistentes de sus gamas. Y generalmente las más caras. Pero yo me he ido a las páginas de Magnum Photos para leer y ver las fotografías de un francés, Raymond Depardon (Instagram), en los primeros juegos que se celebraron estando yo en este mundo, los de Tokio 1964. Las fotografías de Depardon eran en blanco y negro, lo propio de la mayor parte de los reporteros gráficos de la época. Y quizá no sean tan espectaculares como las actuales… pero eran mucho más humanas. Hace años, en París, compré un librito de Depardon en el que narraba su vuelta al mundo en quince días. No recuerdo todas las etapas que hizo. París, Nueva York, San Francisco, Tokio, Sidney,… algún otro destino en Asia occidenta, y vuelta a París, o algo así. Hubo un tiempo en que fantaseé en hacer algo parecido. Un agotamiento. Pero oye… la vuelta al mundo.
Desde las redes sociales de la Tate Foundation que, entre otros museos y establecimientos, gestiona la Tate Modern Gallery de Londres, uno de mis museos favoritos, nos llega una vídeo con Mari Katayama (Instagram), artista japonesa que utiliza principalmente la fotografía como uno de sus principales medios de expresión, aunque no el único.
Como podréis comprobar en el vídeo, Katayama carece de piernas porque, habiendo nacido con una malformación congénita, prefirió amputarlas para poder caminar con prótesis en lugar de ir en silla de ruedas. La malformación también le afecta a la mano izquierda. Conozco la obra de Katayama desde hace años, y me parece muy interesante.
Desde My Morning Muse, el Substack de Susanne Helmert, me llegan noticias de Rose Mandel, una fotógrafa polaca que huyó a Estados Unidos cuando la guerra mundial. En San Francisco, Mandel estudió en la Escuela de Bellas Artes de California, donde Ansel Adams dirigía el departamento de fotografía, con una nómina de profesores absolutamente impresionante. No es especialmente conocida, pero lo que he podido ir viendo de su obra me parece muy interesante. Aunque tan apenas se interesó en promocionar su trabajo personal o venderlo, trabajó como fotógrafa para la Universidad de California en Berkeley, sí que participó en exposiciones, y algo se dio a conocer. Pero yo no, hasta ahora.
Esta mañana… mejor dicho,… a primeras horas de la tarde, en las extrañas sesiones de domingo a las 14:00 horas que se han inventado ahora en los cines de Zaragoza, hemos visto una película de la que hablaré otro día. Pero lo más interesante desde el punto de vista fotográfico es que está inspirada por la obra de Danny Lyon (Instagram), The Bikeriders. Es una obra célebre, de un fotógrafo humanista muy interesante que conozco hace muchos años, ya que tuve ocasión de visitar una exposición sobre esta obra en su momento. Muy recomendable conocer su obra. Así que continuaré dentro de unos días como he dicho con este comentario, hablando de la película.
Hace casi 30 años hubo un cierto intento de resucitar el cine de catástrofes, tan de moda en los años 70, y hubo una primera entrega dedicada a los cazadores de tornados, producida por Steven Spielberg y con guion de Michael Crichton. Tuvo bastante éxito en taquilla. Con una recepción algo más fría en la crítica, pero no mala. Puso en el candelero a su actriz protagonista, que luego lo petó en compañía de Jack Nicholson, llevándose un Oscar, aunque luego no hizo grandes cosas en el cine, y creo que se ha movido en el mundo de las series de televisión,… pero no he visto sus series que yo recuerde. Aquella película… no recuerdo verla en pantalla grande, pero sí en algún pase televisivo. Y no me gustó en especial. Un producto formulaico, sin más interés que el de funcionar como un mero entretenimiento… si te va este tipo de cine. Así que cuando anunciaron para este año una película con el mismo título pero con una ese de más, producida también por Spielberg,… con un recién fallecido Crichton entre los guionistas… pues ni se me ocurrió que iría a verla. Pero cosas del destino,… y de algunos amigos y conocido… el domingo pasado… fui. Me resistí. Pero algunas críticas muy positivas y que el director fuera Lee Isaac Chung, que tan buen sabor de boca nos dejó hace unos años con una película con varias nominaciones a los Oscar de las cuales una fue premio,… pues cedí y fui.
Como no he tenido la ocasión de visitar los estados del corredor de los tornados… o de las tormentas,… o como lo llamen, en el Medio Oeste americano, me tendré que conformar con la niebla del Golden Gate como fenómeno meteorológico de los usamericanos.
Bueno… esta película no tiene que ver con esa película tan bella de Chung de hace cuatro años. Esto es un producto comercial, de encargo, para, en un Hollywood carente de propuestas, exprimir la cosa de los tornados, haciendo la misma película que en la vez anterior, pero con modificaciones para que parezca que es otra. El trauma de la protagonista (Daisy Edgar-Jones) no viene de la infancia sino de sus tiempos de estudiante. Y los rivales, el rival (Glen Powell), acaba siendo el compañero de elección, mezclando un poco de mensaje social simplón y facilón. Pero lo tipo. Una científica que va a resolver los problemas de tornados gracias a su instinto y a ideas geniales que se le van ocurriendo sobre la marcha, acompañada de un machote guaperas y algo canalla, aunque sólo en apariencia, que le cubre las espaldas. Con un poquito de tensión romántica no resuelta, pero sin que la cosa vaya del romance en absoluto. Y final… feliz. Supongo.
Se supone que la película se desarrolla en el mismo universo que la anterior,… pero ya digo que es más bien como contar lo mismo, pero cambiando los personajes y algunas situaciones. Si ya la principal crítica de la película de 1996 fue que buscaba el entretenimiento a base de efectos especiales a costa de un guion bastante flojo, aquí estamos en una situación parecida… pero no tan mala. Porque la película es mejor. Y se deja ver. El guion sigue siendo elemental y simplón. Pero está mejor contado. Y los efectos especiales, se nota que han pasado casi tres décadas, son más realistas. Pero sigue siendo una película que en mi opinión aprueba por la mínima. De hecho, la suspensión temporal de la incredulidad se ve puesta duramente a prueba durante las secuencias del cine y las paralelas de la heroína de la película metiéndose en un tornado enorme. Cualquier que sepa de física relativamente elemental pensará que es una película de fantasía y que las protagonista no es científica sino alguna especie de hechicera o maga.
Las interpretaciones son… anodinas en su mayor parte. El protagonista masculino tiene un primer tercio de la película que hace que me caiga mal… y aunque luego se supone que te tiene que caer bien… pues ya no lo consigue me sigue cayendo un poco gordo. En parte por la pobreza del desarrollo del personaje. En parte porque la pose del actor siempre es la misma, vaya de cretino o de buen tipo, pareciéndome siempre un chulito un tanto cretino. La chica protagonista salva muchas situaciones, no está mal. Salvo cuando las situaciones son tan inverosímiles que… bueno. Ya he comentado antes.
Aprueba la película. Se deja ver. Pero por la mínima. El director es mucho mejor que el de la anterior. Pero tiene un talento que queda desperdiciado en este producto tan alimenticio. Fui a verla, y no salí con remordimientos ni lamentaciones. Pero si se me presentase la ocasión en otras circunstancias… no creo que fuese. Eso sí… dicen que está «salvando» la taquilla del verano. Pero es que la cosa de la distribución y la exhibición de películas de cine, especialmente durante este verano está… ¿por los suelos? ¿Nos dará esta semana para ver algo? La cosa está dudosa. Ya veremos.
Hoy voy con algunas de las series de la temporada de primavera de animación japonesa. Con algunas series que se encuadran dentro de los placeres inconfesables o guilty pleasures (placeres culpables) como los llaman los aficionados a los anglicismos. Series que no debería dedicar tiempo a ver, porque no son para mí, o tienen problemas serios en su concepción y desarrollo, pero que a pesar de todo me lo paso bien viéndolas.
Hananoi-kun to Koi no Yamai 花野井くんと恋の病 (traducción, Hananoi-kun y el mal de amores) es un romance de instituto destinado fundamentalmente al público femenino adolescente. Al principio la empecé a ver porque los dos primeros episodios me parecieron curiosos. Pero luego se volvió bastante monótona en su desarrollo; la jovencita que no entiende porque un chico tan guapo y atento se interesa por ella… y tal. Una serie de clichés frecuentes en la ficción adolescente japonesa a los que no suelo prestar atención. Pero tampoco supe desengancharme y acabé viendo la temporada completa. Pero no es nada recomendable salvo para su público diana.
Astro Note es una serie que roza el absurdo o la parodia. Y quizá ese es el motivo por el que me la he visto entera. Por su capacidad paródica, aunque creo que no es la intención de sus creadores ser paródicos. Un romance entre un cocinero en paro con la joven que regenta una pensión… pero que es una extraterrestre, princesa de un lejano planeta, con un perro que no es un perro, y con una casa que en realidad es una nave espacial. Y en la pensión una serie de extraños personajes, un pastiche de gentes que parecen extraídos de otras series. Pero tiene momentos de diversión. Tampoco es especialmente recomendable, salvo como guilty pleasure.
Y finalmente la segunda, o tercera, temporada de Konosuba. El título completo es Kono Subarashii Sekai ni Shukufuku wo! この素晴らしい世界に爆焔を!(Una bendición para este maravilloso mundo) y es un isekai, género fantástico en el que una persona del mundo normal, corriente y moliente es trasladada a un mundo alternativo de fantasía y magia. Pero como ya comenté en el pasado, esta serie tiene dosis enormes de parodia desvergonzada, con un fan service no excesivamente extremo, pero que sitúa su público diana claramente en los adolescentes masculinos, y en el que los aventureros son más bien catastróficos independientemente de que triunfen (o no) en sus misiones. Ya he perdido la cuenta de las veces que el protagonista ha muerto y ha sido resucitado. Es decir, altamente tramposa en sus recursos argumentales. Pero es muy divertida. Sobre si es la segunda o la tercera temporada… parece que oficialmente la consideran tercera, aunque es continuación directa de la primera, siendo la segunda una precuela centrada en una protagonista distinta. Esta sí que tiene calidad de factura y guiones, pero es una desvergüenza que hace que sea también un guilty pleasure en el fondo.
Hace unas semanas ya publiqué en estas páginas un par de entradas, esta y esta, con fotografías en blanco y negro realizadas con la Pentax Spotmatic con la que me hice para aprovechar los objetivos que tengo de montura M42. Las cuestiones más técnicas las publico en Substack. Hoy voy con las primeras fotografías con película en color que hice con la cámara, y que me llegaron reveladas hace un par de semanas. Pero como he priorizado el comentario de los viajes a Madrid y Pamplona, no había tenido la ocasión de hablaros de ellas todavía.
Por supuesto, en Substack, el comentario técnico de turno. En el cual aprovecho para dar un repaso a un objetivo muy interesante, fabricado por Asahi Pentax hacia finales de los años 60 o principios de los años 70, y que es el más adecuado para usarlo con esta Pentax Spotmatic. Todas las fotos que muestro están hechas con esa combinación de cámara y óptica.
Fue la actriz Kim Minhee, una de las protagonistas de una de las películas surcoreanas más celebradas de la década pasada, quien me llevó a conocer el cine de Hong Sangsoo, del mismo país asiático. Kim Minhee es protagonista, de varias de sus películas, entre ellas la que me llamó más la atención, o aparece en el reparto de otras, o ejerce tareas de producción o de otros tipos en las películas de este director. De quien además es pareja. No voy a entrar en la estupidez del público surcoreano que parece que echó la culpa a la actriz de la infidelidad del director a su anterior esposa. Propio de sociedades conservadoras y patriarcales, culpar a la mujer de los problemas de los hombres. Pero bueno… el caso es que la carrera de esta excelente y elegante actriz se vio gravemente alterada por los boicots de esta sociedad tan interesante desde ciertos aspectos,… y tan repelente desde otros.
El caso es que desde entonces soy asiduo de las frecuentes películas, de muy bajo coste, de este director, pero que me parecen muy interesantes. Incluso aproveché mi suscripción a Filmin durante la pandemia para ponerme al día con las películas anteriores. Durante el año 2023, Hong Sangsoo realizó dos películas. ¿Dos largometrajes…? Bueno, una de ellas entra casi más en la categoría de mediometraje. En estas semanas atrás, ambas se han estrenado en versión original de forma consecutiva en una de las multisalas de Zaragoza, y la semana pasada dedicamos dos tardes a ver ambas películas que hoy comento.
En esta película, cuyo título en castellano es traducción directa del original en coreano, Nuestro día, acompañamos a lo largo de un día, desde el momento del despertar hasta que anochece, a dos grupos de personas. En uno de ellos, una actriz de éxito, con carrera internacional, que se está planteando la retirada a pesar de ser relativamente joven (Kim Minhee) pasa unos días en casa de una amiga, cuando recibe la visita de una joven sobrina que se está planteando seriamente la carrera como actriz. En otro de ellos, un poeta ya mayor, pero de éxito entre los jóvenes, participa en el rodaje de un documental sobre su persona, un proyecto de una estudiante de producción audiovisual, que lo acompaña a lo largo del día, y recibe la visita de otro joven, que también quiere ser actor y quiere inspirarse en las vivencias y las obras del poeta.
En esta ocasión, la película se ha comercializado con el título internacional en inglés, In water, que es traducción directa del original en coreano. Y en un mediometraje de 60 minutos de duración seguimos la peripecia de tres jóvenes en un localización costera. Uno es un estudiante de dirección que quiere realizar un cortometraje, que se está financiando a sí mismo con mucho sacrificio, pero que está sumido en dudas y en una crisis de ideas. Los otros dos son la actriz que le va a ayudar interpretando su proyecto, y un amigo y compañero que hará de camarógrafo durante la filmación. Para simbolizar la crisis creativa del joven, buena parte del metraje esta desenfocado en mayor o menor medida, solo algunas secuencias en interiores se perciben nítidas. En esta película Kim Minhee no es actriz principal y sólo pone su voz a una llamada de teléfono y una canción que estará en la banda sonora del cortometraje.
Como curiosidad, la chica que rueda el documental en la primera película y la actriz de la segunda película es la misma actriz, Kim Seungyun. Ambas están rodadas con un mínimo de recursos, los títulos de créditos apenas incluyen diez o doce personas, incluyendo el reparto. Hong Sangsoo, dirige, escribe el guion, filma, compone la música y hace el montaje de las películas. Kim Minhee está en el reparto en mayor o menor medida, realiza tareas de producción y es la fotógrafa de plató de la película. Aparte de algún técnico de sonido y los intérpretes, prácticamente no participa nadie más. Son películas de bajo presupuesto de y de realización rápida. Hong reduce al mínimo los movimientos de cámara, aunque son marca de la casa los repentinos movimientos del zoom del objetivo, acercando o alejando el sujeto enfocado.
Como es habitual, los temas de este director suelen ser los procesos creativos (intérpretes, directores de cine, novelistas, poetas,…) y las crisis que se dan. Habitualmente en personas con recorrido en sus carreras, aunque en esta ocasión, una de las películas, fija su mirada en los nuevos creadores y sus dudas iniciales. Es un tipo de cine que no se puede medir o calificar según los criterios habituales, porque se sale, como habréis visto en los detalles que he dado sobre su producción, de los estándares y usos habituales de la industria. No busca grandes audiencias, busca satisfacer unas necesidades creativas y unas reflexiones. Sin duda, entra de lo que antaño se calificaba como cine de arte y ensayo. Especialmente como ensayos cinematográficos sobre el proceso creativo. Si este tipo de propuesta te va, pueden resultar películas muy satisfactorias, pero si no, si lo tuyo es el entretenimiento o el espectáculo, no merece la pena que te esfuerces. Es lo que hay.
Yasunari Kawabata es uno de los dos premios Nobel de literatura japoneses, y el primero de ellos. Le concedieron el premio en 1968. El otro es Kenzaburō Ōe, de quien hablaré en la siguiente entrada sobre libros que redacte. Exite otro premio Nobel de literatura nacido en Japón, Kazuo Ishiguro, de quien hablé recientemente. Pero este último se crio en Inglaterra, es británico de nacionalidad y ha desarrollado su carrera literaria en inglés. No obstante, fue por casualidad el que leyese de forma consecutiva libros de estos tres autores entre finales de mayo, cuando estaba de viaje en el País del Sol Naciente, y principios de junio. El libro de Ishiguro lo terminé en el viaje de vuelta de Japón, el de Kawabata lo leí íntegramente en el viaje, y el de Ōe lo empecé a leer, tranquilamente, un par de días después de regresar.
Ya he leído varios libros de Kawabata. Cinco con el que ahora nos ocupa. Entre la novela, la novela corta y la crónica periodística, es un escritor versátil, pero que nos habla siempre desde sus experiencias personales, sin que quiera decir por ello que sean libros autobiográficos. Y siempre da un tratamiento especial, a veces misterioso, a las mujeres. Se dice que que su relación con las mujeres quedó marcada por uno de sus primeros amores, una joven con la que estuvo comprometido formalmente, pero que rompió su compromiso con él por razones que no están claras. Por ello, las mujeres tienen siempre una aura especial en sus escritos.
La historia de esta novela corta de Kawabata se desarrolla entre Kamakura y Tokio, y su protagonista es un joven pudiente, que trabaja en la administración de una empresa, cuyo padre ha fallecido, que lleva una vida libre de preocupaciones, y al que Chikako, una antigua amante de su padre, quiere comprometer con una bella joven, Yukiko. Pero a la ceremonia del té donde son presentados asisten también sin ser invitadas, la señora Ota, otra antigua amante de su padre en sus cuarenta y tantos, pero muy atractiva aún, y su hija de 20 años, Fumiko. A partir de ahí, el protagonista se debate entre las dos jóvenes con vistas al matrimonio, pero sobretodo atraído por la sensualidad y la experiencia de la señora Ota con la que pasan una noche de sexo. A partir de aquí, la confusión reina en la mente del joven, y entre las mujeres, especialmene por las malas artes de Chikako, y todo se encamina hacia un final potencialmente trágico.
A pesar de su corta longitud, el relato no es precipitado. Y se toma su tiempo en recrear con fidelidad las atmósferas adecuadas para reflejar las cualidades de unas y otras mujeres. La deformidad de la intrigante Chikako. La belleza de Yukiko, de la que poco más sabemos… porque tal vez no haya más. De la sensualidad y experiencia de la señora Ota. Y de la rabia subyacente a su relación final con Fumiko. Con las características de las mujeres y de sus relaciones simbolizadas por las tazas de té de su padre. A pesar de que las relaciones entre unos y otros con más frecuencia son carnales, productos del deseo, que auténticamente románticas, no falta la sensación de poesía. Y el conjunto de la historia tiene un aura de fatalidad envolviendo a todos los personajes.
Creo que es un magnífico relato, que he pensado en volver a leer, porque quizá el entorno en el que lo hice, la cabina de un avión intercontinental durante horas de viaje, no sea el más adecuado para apreciar a fondo las calidades del mismo. En cualquier caso, la lectura de los relatos de Kawabata es siempre recomendable. Sabiendo que hay que arriesgar y dejarse llevar por las virtudes literarias de una cultura que no necesariamente sigue las reglas de la narración tradicional occidental.
Ya hace un mes del viaje en el día a Pamplona para cuestiones particulares, pero que aprovechamos para visitar con tranquilidad, dedicando la tarde para ello, el centro histórico de la ciudad. Una ciudad, que como ya comenté, había visitado en diversas ocasiones, pero que no había tenido la ocasión de recorrer con calma todavía.
Por supuesto, además de las fotografías digitales que me sirvieron para comentar en los días siguientes cómo fue el viaje, me llevé también una cámara con unos rollos de película fotográfico. Como es habitual, las cuestiones técnicas de las fotografías las podéis conocer en la correspondiente publicación en Substack. Ya he tomado la decisión de abandonar los blogs que dedicaba a esto, y utilizar sólo Substack, que va muy bien, es cómodo de usar, y rápido. Con el tiempo, el contenido anterior se perderá de la web… pero realmente casi nadie echa la vista atrás en internet, por lo que tampoco me penará. Y si algo quiero que esté, ya realizaré una publicación en Substack. Como hice ayer sobre la Leica D-Lux (Typ 109). Os dejo con unas cuantas fotos de Pamplona.
Hoy voy en plan breve comentando un libro de fotografía que me llegó recientemente, tras comprarlo a través de la red de redes. Se trata de un libro de Todd Hido, uno de los fotógrafos contemporáneos que poco a poco han ido encontrando un hueco importante en mi corazón de aficionado a la fotografía, hasta convertirse en uno de mis favoritos. Así que os cuento de qué va este último libro que ha sacado a la venta, y que tanto me está gustando. Las fotografías acompañantes proceden de un comentario que he hecho en Substack a propósito de esas cámaras compactas digitales que se vende como churros hasta tal punto que es prácticamente imposible comprar una.
A Todd Hido empecé a seguirlo en Tumblr hace muchos años. Me gustaban sus paisajes. Especialmente los nocturnos. Pero mi impresión de su obra cambió cuando me hice con uno de los libros de Aperture de la serie The Protographer Workshop. Una serie de la que tengo varios ejemplares, en las que destacados fotógrafos nos muestran sus fotografías, y nos hablan de porqué y cómo las hacen. Muy interesantes, se aprende mucho, realmente. Inspiran. Uno de los que más hojeo de esa serie es precisamente el de Hido. Por eso, cuando me enteré de la publicación del que nos ocupa hoy, me puse alerta para cuando estuviese disponible.
El libro tiene un formato grande. Páginas de 42 x 30 cm en las que la fotografía muchas veces ocupa casi toda la superficie de la página. En su mayor parte, paisajes nocturnos o crepusculares. Muchas veces invernales. En ocasiones, como en otras series suyas, mezclando la luz natural y la artificial. Y con frecuencia, también, elementos que delatan la presencia humana en esos paisajes, aunque sin la figura humana. Las fotografías están tomadas en las zonas agrestes de las islas Hawai, en las tierras a orillas del estrecho de Bering, y en otras tierras al norte del círculo polar ártico. Y como tantas veces están tomadas desde la ventanilla del coche. Es muy parco en palabras. No hay textos, ni del propio autor, ni de invitados, o de un colaborador que nos guíe en la comprensión de las imágenes. Solamente, de vez en cuando, adheridas a las páginas del libro, pequeñas fotos en papel fino, o desplegables, o un cuadernillo con fotografías en las que aparecen retratos de personas, y objetos, que parecen haber salido de un álbum de fotografías familiar.
El libro está bellamente impreso en papel de muy alta cualidad. No sólo es un placer contemplar las imágenes, sino también la sensación táctil de pasar las hojas para que vayan apareciendo ante nuestros ojos. No es un libro para hojear en un sillón. Es para sentarse cómodamente en una mesa despejada, y detenerse contemplativamente en cada fotografía. En cualquier caso, uno de los mejores libros de fotografía que tengo. No es barato, cuesta sus buenos 85 euros.
Agradable e imprevista sorpresa esta sencilla, que NO simple, del director francés Stéphane Brizé, protagonizada por Guillaume Canet y la italiana Alba Rohrwacher, a la que hasta ahora creo que sólo había visto en papeles de las películas de su hermana Alice. No me había llamado la atención hasta que el domingo por la mañana me propusieron ir a la matinal de turno para verla. Y no me arrepiento nada en absoluto.
Un exitoso actor de cine (Canet), se refugia en un hotel balneario de la costa bretona tras dar la espantada a cuatro semanas del estreno de la que iba a ser su primera obra de teatro, sumido en profundas dudas sobre quién es y qué va a ser de sí mismo, que contrastan con el optimismo cuasipatológico de su esposa, a quien no vemos, sólo escuchamos en conversaciones telefónicas (voz de Marie Drucker, coguionista de la película). Y en estas está cuando en el hotel se planta Alice (Rohrwacher), un antiguo amor del actor, música que no llegó a destacar, y que se trasladó a la costa bretona a vivir cuando rompió con el actor, donde se ha casado, tiene una familia y un trabajo como educadora musical. Y quizá resulte que lo que iba a ser un mero reencuentro amistoso… puede convertirse en otra cosa.
Como ya he comentado, sin tener expectativas a priori, ni a favor ni en contra, me encontré con un pequeño drama romántico, con buen rollo en general, que nos hace reflexionar sobre si es posible volver atrás, recuperar los sentimientos perdidos, deshacer lo que quizá vivamos como un error, o si por el contrario es imposible librarse de la mochila que vamos adquiriendo por el camino en la vida, que nos condiciona y nos compromete. Compromisos, en todos los sentidos de la palabra. De eso va en buena medida una película de factura sencilla, pero elegante y eficaz, y con unas interpretaciones de muy alto nivel. Particularmente me ha sorprendido el trabajo de Rohrwacher, sin desmerecer en absoluto el de Canet. Altamente recomendable.
Hoy ando, como suele suceder últimamente, con el tiempo un poco escaso. Y tengo mucho de lo que podría hablar. Un montón de libros en espera de comentario. Tres largometrajes vistos en salas de cine de los que no he hablado. Y otras cuestiones de las que quizá me gustaría hablar. Pero no encuentro el momento ni la ocasión para ordenar mis ideas. Hace un tiempo que quería diversificar este Cuaderno de ruta con otros temas… pero no me centro.
En cualquier caso, por lo menos muestro algo de lo que hago en fotografía en los tiempos recientes. Porque sigo intentando encontrar momentos para caminar, y para hacerlo con una cámara de fotos al hombro. El fin de semana pasado, fotografías instantáneas para alimentar mi cuenta de Instagram dedicada a este tipo de fotografía. Y aunque rápida, mi publicación en Substack sobre las cuestiones técnicas de las fotografías.
En las últimas semanas he estado muy entretenido con algunas series surcoreanas absolutamente intrascendentes, sin ninguna pretensión, y que de alguna forma vuelven a reivindicar su papel en mi vida como guilty pleasures, frente a una época en la que parecía que iban llegando series del país asiático con calidad suficiente como para defender la recomendación de verlas por sus méritos. Estas, no.
Byeolttongbyeol [별똥별, estrellas fugaces], con título en inglés Shooting stars, es una comedia romántica de 2022 que se puede ver en Netflix, aunque no lleva el sello de la casa. El escenario es una agencia que representa a actores y cantantes, en la que el actor estrella (Lee Sung-kyung) y la jefa de relaciones públicas (Kim Young-dae), que fueron novios en los tiempos de la universidad, se llevan a matar, por una serie de eventos y malentendidos del pasado. Pero por supuesto… acabarán uno en los brazos de otros. Hay otras tramas paralelas, también de corte romántico. La serie no tiene mayor trascendencia, pero funciona por la buena química entre los protagonistas y el trabajo de otros secundarios que, como de costumbre, suelen ser todos muy guapos. A ratos se vuelve un tanto empalagosa. Pero bueno,… sin más. Y sin menos. Para fans del género. Bien valorado en IMDb, pero sin destacar sobre otras.
Sinderellawa ne myeong-ui gisa [신데렐라와 네 명의 기사, Cenicienta y los cuatro caballeros], con título en inglés Cinderella and the four knighs o Cinderella with four knights, también se puede ver en Netflix, sin llevar el sello de la plataforma, y es otra comedia romántica, en esta ocasión de 2016. Me entró la curiosidad porque fue el papel protagonista de Park So-dam, una de las actrices jóvenes de la oscarizada película surcoreana en la que, desde mi punto de vista, hacía un trabajo muy notable. Recientemente la vimos en un drama sobrenatural interpretando a la muerte. La serie no es nada original, porque recuerda mucho a otras anteriores y de similar planteamiento. Una chica en su último año de instituto, criada por una madrastra abusiva, y que aspira a ir a la universidad, en medio de una serie de adversidades, acaba contratada para vivir con cuatro jóvenes ricachones y caprichosos, con el fin de meterlos en vereda, dado que a la chica no le falta carácter. Por supuesto, un par de ellos acabarán peleándose por los favores de la chica. Más allá de que la protagonista está muy mona con el pelito corto, la serie es bastante floja. Y la chica protagonista ha recorrido mucho en madurez y calidad interpretativa con posterioridad… afortunadamente. Me entero de que Park So-dam, que actualmente tiene 32 años, se acaba de recuperar del tratamiento de un cáncer de tiroides. Pobre. A mí me cae bien. Me parece una actriz con mucho potencial, no en esta serie, y muy mona, pero sin ser el enésimo clon de las muchas actrices surcoreanas. Pero bueno, no es una serie especialmente recomendable.
Dunoegongjo [두뇌공조, cooperación cerebral], conocida en inglés como Brain works, es más reciente, de 2023, mucho menos orientada en los aspectos románticos, aunque algo hay, en la que un científico investigador del cerebro, excéntrico y de personalidad compleja, cae en desgracia al «robar» un cerebro de un psicópata, pierde su trabajo, y entra a trabajar en la brigada de investigación neurocientífica de la policía. Un grupo de extraños policías que investigan casos en los que alguien puede tener un problema de carácter neurológico, psicológico o psiquiátrico. Extraños porque el subcomisario es un tipo mayor altamente incompetente, la «capitana» es extraordinariamente tímida y retraída, hasta que deja de serlo, y el inspector es un buenazo simplón. Lo que pasa es que es el «culpable» del despido del científico, que busca venganza mientras trabajan. Un procedimental en tono de comedia, por supuesto se basa entre el antagonismo entre los dos protagonistas masculinos antagonistas. Que no funciona mal. Hay una trama de fondo, con un psicópata y con la muerte «accidental» de los padres del científico en su infancia, que se acaba resolviendo prematuramente dejando unos episodios finales sin mucho sentido. Serie también intrascendente, aunque divertida en no pocas ocasiones.