El «dogma» de la fotografía callejera es usar películas de sensibilidades relativamente alta, para poder seguir fotografiando en cualquier circunstancia de luz que nos encontremos. Pero si privilegias el paisaje urbano, y conseguir un buen detalle de edificios y otros elementos de este paisaje, consigues más nitidez con películas de baja sensibilidad.
Si usas una cámara de sistema, con amplias prestaciones, de objetivos intercambiables, con elección de focales y aperturas, el problema es menor. Pero si usas una cámara sencilla, ligera, que no pese al caminar durante más de 10 kilómetros por la ciudad… más limitada en sus prestaciones, la cosa empieza a ser más delicada para conseguir ese objetivo de obtener paisajes urbanos detallados y nítidos.
Pero no necesariamente es imposible. Y hace unas semanas lo comprobé con una cámara de prestaciones muy sencillas, pero con una óptica bastante nítida, dentro de su sencillez. Los datos y argumentos técnicos los podéis encontrar en Olympus Trip 35, Rollei Ortho 25 Plus, SPUR Acurol N y la regla «sol f16». Pero como de costumbre, para quienes no estéis interesados en las cuestiones técnicas, aquí os dejo las fotos.
Si bien es cierto que las cámaras telemétricas de enfoque manual se prestan más y mejor a trabajar con focales cortas en modo reportaje, nada impide usar un teleobjetivo corto o medio para retratos, paisajes selectivos o aislamiento de escenas u objetos.
Para paisajes urbanos, un teleobjetivo corto va bien para captar detalles, seleccionar motivos despejando elementos que no aportan nada, y evitar el exceso de líneas convergentes en edificios tomando una cierta distancia, si es posible. Va muy bien.
Parece mentira lo que cambia la luz en Zaragoza entre diciembre y enero. Lo llevo observando desde hace varios años. Y cuando contemplo las fotografías de los últimos cinco o seis años, también lo noto. La atmósfera es distinta. Aunque enero todavía es invierno, y el sol todavía no se levanta demasiado sobre el horizonte, sin embargo esas semanas de alejamiento sobre el solsticio de diciembre se notan. Y el resultado es que la luz es más dura. Menos agradable para hacer fotos.
El otro día, unos profanos de la fotografía con quienes conversaba se sorprendían. Llevamos bastantes días de temperaturas frías y tiempo despejado y claro. Soleado. Y creían que yo estaría encantado con tanta luz, a la hora de hacer fotos. Y les tuve que explicar que no. Que tanta luz incrementaba el contraste y la dureza de la imagen. Que añoro algo de bruma, nubes que tamicen la luz del sol… la luz de finales de otoño.
Este fin de semana lo he dedicado en gran parte a mi formación como fotógrafo. Aunque llevo muchos años, más de tres décadas, dedicándome a la fotografía como afición, a distintos niveles, no sólo a la realización de fotografías, en esto último siempre considero que me faltan muchas cosas. Y que no necesariamente tienen que ver con lo que más preocupa a la gente. Que es cómo manejar sus sofisticadas cámaras o como torturar sus archivos de imagen en Photoshop o cualquiera otra aplicación que usen para ello. Estas dos cosas… me aburren. Lo que necesitas saber de tu cámara para obtener una foto decente es mucho más elemental y básico de lo que muchos creen. Si tu foto es decente desde el momento en que se crea en la cámara, no necesitas mucho trabajo ni dedicación ante el ordenador para obtener tu copia final. Así que hay que centrarse en otras cosas.
En el taller de fotografía, en la sede de la Agrupación Artística Aragonesa, en la calle Lagasca de Zaragoza.
A principio de mes ASAFONA Asociación aragonesa de fotógrafos de naturaleza anunció un taller de Fotografía de autor a cargo de la fotógrafa vasca y bióloga marina Isabel Díez (Instagram, muy reciente esto, primera foto de 7 de diciembre de 2021). ASAFONA es un lugar con buen rollo para aprender fotografía, puesto que les suele interesar más el tema que los aparatos (que también gustan, todo hay que decirlo, pero con ideas muy prácticas). Y eso es importante. Independientemente de que el tema de la naturaleza sea tu tema principal o sea secundario. Así que, aunque no participo en la vida asociativa tanto como otros, estoy a gusto como socio. Entre sus galerías de asociados tengo una colgada sobre el paisaje alterado por el ser humano a lo largo de la historia.
Las fotografías que he presentado para revisión, de mi proyecto personal de paisaje alterado por el ser humano, en los montes Huangshan en China y con una de las bocas secundarias de la erupción del volcán Teneguía en la isla de La Palma.
El taller ha ocupado el sábado por la mañana de 9:30 a 13:30, por la tarde de 15:30 a 20:00 y el domingo por la mañana de 9:30 a 14:30. Lo que más me ha interesado fue el sábado por la mañana, cuando Isabel se centró en los características que debe tener un proyecto fotográfico, y el domingo por la mañana en la que ha realizado una revisión de fotografías de los asistentes. Esta actividad parecía a priori que iba a ser monótona… pero se me ha pasado la mañana en un vuelo, así que no. El sábado por la tarde no es que estuviera mal; Isabel comunica razonablemente bien y habla desde la experiencia y el convencimiento, y por lo tanto es amena y clara. Pero los conceptos tratados lo han sido en varios otros talleres o cursos. Por cierto, el estilo de fotografía de Isabel Díez es poco documental y busca más las virtudes estéticas y emocionales de la fotografía. Procede de la pintura… y eso se nota. Me gustan sus fotos, aunque yo sea más documentalista, y aunque el pictorialismo no sea mi plato favorito. Aunque tampoco es un pictorialismo como el que se trata a veces en los textos o en los libros de historia de la fotografía, es más moderno y abstracto en no pocas ocasiones.
Dentro del tema, había considerado llevar un díptico de los búnkeres que construyó el ejército de la Alemania nazi en las costas de Jutlandia durante el tiempo que en invadió y ocupó Dinamarca, así como las alteraciones en las riberas del río Ebro cerca de la ciudad de Zaragoza.
Cuando he ido a mirar qué recomendaciones había marcado durante la semana, para ver qué podía acompañar al taller en esta entrada… no he encontrado mucho. Poca naturaleza, poco paisaje. Como yo he llevado alguna foto de mi viaje a China del 2019, que por aquí se ve, puedo hablar de unas interesantes fotografías históricas del gigante asiático que el arquitecto alemán Ernst Boerschmann tomó a principios del siglo XX. Las hemos visto en Photography of China.
También podríamos hablar del fotógrafo británico Stephen Gill (instagram), de quien nos han hablado en Blind. Sus fotografías son muy diversas, y muchas de ellas han sido realizadas con cámaras muy primitivas y básicas, sin ninguna sofisticación, con procesos fotoquímicos. E incluyen algunos paisajes y fotografías de animales. Es un fotógrafo al que le gusta experimentar con diversos medios y puntos de vista, así como con los temas. Merece la pena darse una vuelta por su página web. Y creo que con esto lo dejaré por hoy, que estoy cansado.
Al revisar las fotografías de China, me ha dado por convertir a blanco y negro algunas de las fotografías de Huangshan que realicé con la pequeña compacta Fujifilm Finepix XF10. Siempre me genera una dualidad de emociones esta cámara entre las negativas, por su mala ergonomía, y las positivas, por su buena calidad de imagen.
Sigo familiarizándome con mi reciente adquisición en fotografía digital. Y en concreto, probando el formato panorámico, útil por el tamaño y la resolución elevada del sensor, que permite un recorte considerable, manteniendo un tamaño de la fotografía razonable. Y también usando una lente de aproximación para permitir la fotografía de aproximación; es una de las escasas carencias notables del objetivo adquirido… que tiene una distancia mínima de enfoque un poco larga.
Os dejo con algunas fotos que realicé el sábado pasado por la tarde por el Parque Grande de Zaragoza, aunque las condiciones de luz no eran muy buenas. Mucho contraste y demasiado frío para hacer fotografías a mano alzada… o con guantes. En fin, los detalles técnicos en Fujifilm GFX 50R con Fujinon GF 50 mm R LM WR – Acortando distancias y modo panorámico.
Después de las primeras fotos del año, que fueron con la cámara para película instantánea, y el eventual uso de cámaras digitales, especialmente mi autorregalo de fin de año, el primer rollo de película del año ha sido uno de blanco y negro sobre motivos arquitectónicos y otros paisajes urbanos que me parecen interesantes en mi deambular por la ciudad.
Entre unas cosas y otras, hace unas semanas que no había una entrada de recomendaciones fotográficas. O estas habían tomado la forma de recomendaciones sobre libros que recientemente han entrado en mi biblioteca. Pues nada aquí tenemos unas cuantas. Pero antes de eso comentar una cuestión sobre las fotos acompañantes. Llevaba mucho tiempo sin usar mi compacta digital, la Fujifilm Finepix XF10. Y la he vuelto a poner en marcha. Desde que volví de mi viaje a China en la primavera de 2019, la considero una cámara fallida pero utilizable. Algunas reflexiones sobre mi nueva puesta en marcha las encontraréis en Fujifilm Finepix XF10 «Reboot».
Y ahora sí, vamos con las recomendaciones. He mencionado mi viaje a China. Desde 2014, en el que hicimos nuestro primer viaje a Japón, hasta el 2019, último año en el que se pudo viajar libremente por el mundo, realizamos un viaje al año de promedio al Asia más oriental. Y la verdad es que la consideramos una de las regiones del mundo donde más divertido es viajar. No entraré ahora en los porqués… pero así nos parece. Y lo echamos de menos. Quizá por ello, me fijo con frecuencia en enlaces a fotografía y fotógrafos relacionados que esa parte del mundo.
Por ejemplo, sigo habitualmente la página Photography of China, desde nos llegan recomendaciones sobre fotógrafos de aquel país, o sobre fotógrafos de otras partes del mundo que le dedican todo o parte de su trabajo al gigante asiático. El último que me ha llamado la atención es Maleonn, fotógrafo nacido en Shanghái, del que he leído un par de artículos en esas páginas recientemente. La primera nos habla del estudio portátil con el que se ha recorrido kilómetros y kilómetros de su país, fotografiando a las gentes de formas muy divertidas, y a la vez alusivas a algunas de las características del país o de sus acontecimientos históricos más o menos recientes.
La segunda nos habla de los montajes que realiza en torno a antiguas fotografías con diversos objetos, como flores, otras imágenes fotográficas o no, animales, u otros objetos, que digitaliza en un escáner, obteniendo una nueva imagen de alta resolución que cambia o modifica el significado de la fotografía original, en origen sencillas fotografías de recuerdo de alguna familia o grupos de amigos, en formato cuadrado, en blanco y negro. Curioso e interesante.
A este tipo de fotografías, que no están realizadas con un interés documental profesional o con un interés artístico, en las que el fin principal no es la fotografía en sí misma sino recordar, evocar, o lo que sea a un nivel particular, en la que la fotografía es un medio instrumental sin más, los anglófonos la llaman vernacular photography. Lo que pasa es que la definición de la palabra vernáculo,a que ofrece la Real Academia, no satisface el concepto de la cognada del idioma inglés. El Wiktionary en español ofrece otra acepción de la palabra vernáculo,a que define como «vulgar, corriente»… y que se acerca más a lo del inglés. Pues bien, en Lensculture dedican un interesante artículo a la «fotografía vulgar y corriente», en la que también es posible encontrar imágenes de gran interés estético, poético o documental. Por lo que no merece la pena desdeñarla simplemente por su falta de pretensiones iniciales, o por su ámbito privado.
Volvamos al Asia oriental. En esta ocasión a otra página dedicada a otro de los países del entorno. Pen ペン Magazine dedica sus páginas a la cultura japonesa o relacionada con el País del Sol Naciente. Y ha habido un par de artículos que me han interesado sobre el tema en las últimas semanas. Por un lado, la exploración del entorno natural del ciervo shika en la isla de Hokkaido por parte de Chieko Shiraishi, una fotógrafa que sigo desde hace un tiempo en Instagram (creo que ya había mencionado este trabajo), y por otro lado el expresionismo en la fotografía de flores por parte de la fotógrafa Mika Ninagawa. En su cuenta en Instagram descubrimos que este estilo expresionista lo aplica también a otros temas o motivos. Dos trabajos que se encuadran plenamente en las tradiciones visuales y estéticas niponas. Siempre interesantes.
Me llama la atención el artículo en Blind dedicado a las últimas líneas ferroviarias que utilizan la tracción con vapor, con carbón como combustible, de forma habitual. No me refiero a los ferrocarriles históricos que son puestos en la vía con fines promocionales o turísticos. Sino al uso comercial para el transporte de viajeros o mercancías de forma regular. Si ya otras formas de tracción ferroviaria más eficientes habían arrinconado al vapor a una nicho testimonial, la lucha contra la crisis climática hace imperativa la necesidad de acabar con la quema de combustibles fósiles, entre ellos el carbón. Pero he de reconocer que la estética de las viejas locomotoras de vapor es irresistible fotográficamente. El trabajo es del italiano Pietro Pietromarchi, que se ha recorrido lugares remotos en Asia, África y América del sur para documentar estos restos de otra época.
También en Blind publicaron un artículo dedicado a la ciudad de Pittsburgh, tal y como la vio en los años setenta el fotógrafo David Aschkenas. Las fotografías, con paisajes urbanos y fotografías de arquitectura muy interesante, están muy bien. Pero no han dejado de recordarme el trabajo de W. Eugene Smith sobre esta ciudad, un trabajo que lo agotó, pues tal fue su intención de exhaustiva documentación que Smith pretendió. Obviamente, algo tendrá, o tendría, la industrial ciudad norteamericana para que le dedicaran estos esfuerzos.
El título lo dice todo. Si en Japón la tradición habla de levantarse a ver el primer amanecer del año el uno de enero,… en Zaragoza hubiera sido una tontería gracias a la niebla. No hubo primer amanecer del año. Pasó simplemente de una lechosidad oscura a una lechosidad clara.
El año 2021 ha terminado; pero tengo pendientes varios rollos fotográficos del mes de diciembre. Especialmente los negativos en color; que tardarán unos días en estar listos. Y tengo novedades en mi fotografía digital. Notables novedades. Y ya tengo mi primer cartucho de fotografía instantánea del 2022. Del primer día del año. Así que tengo materia para este diario fotográfico para unos cuantos días. Poco a poco. De momento, hablaré del último rollo de película fotográfica del año 2021. El día de Navidad. En Zaragoza, lo pasamos inmersos en una densa niebla.
Las navidades han sido muy tranquilas. Aunque todos en la familia y allegados estamos vacunados, y casi todos con la dosis de refuerzo puesta, aún consideramos que eso no nos «autoriza» a dejar de tomar otras medidas preventivas. Para no fomentar o favorecer la transmisión del virus. A pesar de la sensación o de las creencias de mucha gente de que la enfermedad, la covid-19, se ha convertido en algo «banal», realmente existe esa creencia, todavía hay muchas personas que enferman de gravedad y acaban en cuidados intensivos. O peor. Así que hicimos en Nochebuena una cena tranquila y no pesada ni excesiva, en un très petit comité de tres.
No obstante, a la mañana siguiente decidí que tenía que hacer un par de horas de ejercicio caminando. Cargué un cámara pequeña y ligera con película negativa en blanco y negro y ejecuté el plan. Los detalles técnicos del rollo los tenéis en Día de Navidad en la niebla – Olympus Trip 35 y Kodak T-Max 400. Para lo no interesados, aquí, las fotos.
Ya es el 15º día de Nochevieja en el que presento mis 12 fotos para los 12 meses del año que se va. Más la de mi saludo personal en el encabezado.
Como de costumbre, no he buscado fotos representativas. Aunque alguna hay. Ni que fuesen las “mejores” fotos de cada mes, signifique lo que signifique eso. Simplemente, pequeños momentos, emociones, cosas que pasaron, o simplemente una foto que me había pasado desapercibida en su momento…
Hubo algún momento en que, puesto que el día 30 de diciembre abro un muestrario de fotografías realizadas con cámaras para película tradicional y otros procesos fotoquímicos, reservaba para esta despedida del año fotografías realizadas con cámaras electrónicas digitales. Pero lo cierto es que en estos momentos me conviene más una mezcla de ambas. Especialmente porque lo que más uso, dejando a un lado los viajes, son las veteranas cámaras para película tradicional.
Y aquí van.Sin pies de foto explicativos. Simplemente, el mes en que fueron hechas las fotos. En esta ocasión, sólo una por mes.
Como ya he dicho en años anteriores, puede que el número disparos individuales, el número de fotos que he realizado en digital durante 2021 sea superior al de fotos procedentes de película tradicional. Es algo propio de la dinámica propia de cada tipo de fotografía. Al con consumir fungibles… para hacer una foto, accionas más el obturador de la cámara cuando estás en digital. Pero fuera de los viajes, he dedicado bastante más tiempo a las cámaras de antaño y a la película fotoquímica que a los sensores digitales. E incluso en los viajes, ha habido alguno de ellos en los que al final, en la selección que ha ido al album físico, en papel, de recuerdo del viaje, ha habido más representación de las fotos procedentes de la película que de la cámara digital. Como ya he dicho anteriormente, disfruto más de las viejas cámaras con su rollo de acetato, o el material que sea que sirva de soporte a la emulsión sensible a la luz.
Vamos por meses… 12 meses, 12 fotos… más los autorretratos que sirven para identificarme al principio de la entrada. Y en los que dejo constancia que también he usado la película instantánea este año. Tanto Instax de Fuji, como las nuevas Polaroid. Para ver más sobre ello, visitad mi cuenta en Instagram dedicada a este tipo de fotografía.
Enero – Una gran tormenta de nieve, bautizada como Filomena, marcó el primer mes del año. También en mis fotografías, con estos rollos de Bergger Pancro 400 expuestos a un índice de exposición de 1600, y prolongando el revelado, para aumentar el contraste de las tomas.Febrero – Durante el año he usado cámaras de una diversidad de formatos. Desde el más pequeño, de 17 x 24 mm, como esta foto realizada con la Olympus Pen F sobre Fujifilm Neopan 100 Acros II, al 6 x 9 cm. Aquí, jugando con el grafismo y el contraste entre el positivo y el negativo en la pasarela del Voluntariado de Zaragoza. Un recuerdo de la Expo 2008.Marzo – Con distintas cámaras y técnicas, he dedicado su tiempo al paisaje industrial de Zaragoza. Y todo comenzó con una exploración del polígono de Cogullada con la Hasselblad 500CM y un rollo de Kodak Portra 800.Abril – El dicho popular afirma que mayo es el mes de las flores. Pero fue marzo y abril en el Parque Grande de Zaragoza cuando más tiempo dediqué a fotografiarlas. Como esta «sakura», flores de cerezos ornamentales japoneses, fotografiadas con mi vieja amiga Canon EOS 100 y el EF 200 mm f2,8L USM II sobre Kodak Ektar 100. Una película que cada vez uso más.Mayo – Este año no he usado el filtro infrarrojo tanto como pensaba. Pero la llegada a casa de una Leica M6 me llevó a probar suerte con este tipo de fotografía a mano alzada, con un Zeiss Biogon-C 35 mm f2,8 como objetivo, sobre película Rollei Superpan 200. No le cogí del todo el punto al enfoque, obligado a usar f4 como diafragma más cerrado posible, incluso a pleno sol.Junio – Me agencié un adaptador y unas máscaras para usar película de 35 mm con la Hasselblad 500CM, aquí sobre un rollo de Ilford FP4 Plus. Y no quedaron mal. Pero es muy incómodo usar la cámara para tomas horizontales… y no lo he vuelto a usar.Julio – Durante el verano me metí en un dinámica… que creo que no volví a repetir. En Twitter existe lo que se llama la #CrappyCommieCameraParty, que básicamente consiste en usar durante dos o tres meses que dura las viejas cámaras realizadas en los países del antiguo bloque soviético. Y como tengo un par, más unos cuantos objetivos, 50 mm de focal diversos, me puse a ello. Pero los resultados pueden ser inciertos. Como demuestran las rayas causadas por la Zenit 3M con su Mir-1 37 mm f2,8 sobre un rollo de Lomography Metropolis. Que es una película en color con los colores mal definidos, que a veces funciona bien, pero puede cansar. Todo el experimento de la «party» acabó cansándome.Agosto – Dicho lo dicho para el mes anterior, cuando estas viejas ópticas las usas adaptadas a cámaras más decentes, como ese mismo 37 mm soviético sobre una Canon EOS 650, los resultados pueden estar bien, incluso sobre una película de dudoso origen como la Lomography Color 400.Septiembre – Volviendo a los paisajes industriales, la combinación de entorno ferroviario e industrial del polígono de Cogullada, próximo al Arrabal de Zaragoza, resulta muy atractiva fotográficamente hablando. Aquí con Hasselblad 500CM y Carl Zeiss Sonnar 150 mm f4 C T* sobre Kodak Ektar 100.Octubre – En septiembre aparecieron dispersos por Zaragoza unos coloridos Goyas para conmemorar un aniversario de los redondos de su nacimiento. Y también me llegó una Olympus Trip 35, que es un cámara muy sencilla pero bien construida de hace 50 años, con la que me lo paso muy bien. Aquí con un rollo de Kodak ProImage 100, la alternativa más económica de la marca americana a la Kodak Ektar 100. Bueno… son dos películas muy distintas que sólo coinciden en su sensibilidad nominal.Noviembre – Y otro de los paisajes urbanos de Zaragoza que también he explorado fotográficamente varias veces este año es el tramo del Ebro entre los puentes de la Almozara y de Santiago. Al atardecer, con buena luz otoñal. En este caso con la Hasselblad 500CM, una vez más, con el Sonnar 150 mm, otra vez, sobre Kodak Ektar 100, de nuevo. Una combinación interesante para el paisaje urbano.Diciembre – Y con las copiosas precipitaciones de principios de diciembre, llegaron las avenidas del Ebro. Y en otra tarde de sábado, por fin empecé a encontrar buenos resultados con la Holga 120N. Su calidad técnica es horrenda. Pero con la luz adecuada, me gustan las fotos. En esta ocasión sobre un Ilford Delta 400 caducado hace un par de años.
Como todos los años desde 2007, llega el momento de comenzar con el resumen del año. En aquel momento, era simplemente una entrada que publiqué el 31 de diciembre bajo el título «12 meses, 12 fotos». Y fue en 2012 cuando por primera vez extendí esa entrada a dos más; la dedicada a la fotografía con película tradicional y la dedicada a los viajes del año, grandes o pequeños. Y aquí estamos terminando este 2021,… que algunos consideran como 2020 temporada 2ª. Quizá hay demasiada gente que piensa que el final de un año y el comienzo de otro es algo significativo, cuando la realidad es que el tiempo es un continuo, y el universo sigue adelante sin importarle gran cosa nuestras arbitrarias divisiones del calendario.
Este año no he hecho excursiones. Durante buena parte del año todavía hubo muchas restricciones al tráfico. Las actividades asociativas no se han reactivado a los niveles anteriores. A mí me da mucha pereza coger el coche y conducir. Y gente con la que solía salir en pequeñas excursiones de día,… pues no están a mano. No están cerca o no están disponibles. Las consecuencias de la pandemia nos han afectado más de lo que creemos, incluso a aquellos que no hemos sido diagnosticados de la enfermedad. Vete tú a saber si nos hemos infectado o no. Mañana tengo «excursión» al centro de salud para el refuerzo vacunal. Con un poco de «suerte» pasaré el final de año con fiebre y modorro en la cama.
Viajes, grandes o pequeños
Hasta que no llegó el verano, no pudimos tener claro en qué medida podríamos viajar o no. Fuera de Europa siempre estuvo difícil. Y a la Europa «unida» le costó llegar a acuerdos sobre el certificado COVID y su aplicación en el movimiento de gente transfronterizo. Y la onda epidémica del verano colocó a España en los peores colores del semáforo de advertencia.
No obstante, con sólo una semana de antelación, conseguimos montar un viaje a Suiza, con tres viajeros desde España, y otros tres desde Italia en parte del viaje. Un viaje que nos supo a gloria. En el que por fin sentimos algo de libertad. En parte por la racionalidad de las medidas contra la covid en el país helvético, adecuadas pero no agobiantes, en parte por el aire fresco de los Alpes, en parte por los reencuentros entre personas que se quieren, que llevan tiempo sin verse, salvo a través de las pantallas de ordenadores, tabletas y teléfonos móviles, y que se alegran de abrazarse por fin. Dado que todos estábamos vacunados en ese momento.
Una de las consecuencias de la apertura de fronteras europea fue que una de mis amistades con las que más viajo, pudo hacer un breve viaje a Dinamarca, a Copenhague, por motivos de trabajo. Y fui de acompañante. Si en Suiza las medidas de prevención entraban en lo razonable, en Dinamarca estaban convencidos que ya podían hacer vida normal, y nada era obligatorio, salvo para entrar al país. Aunque nunca nos pidieron que mostráramos nuestro certificado COVID. El caso es que hizo unos días excelentes, todo estaba racionalmente animado y lo pasamos realmente bien.
Entre finales de septiembre y la primera quincena de octubre llegó mi segunda parte de vacaciones reglamentarias. Y organizar el viaje fue algo azaroso. En principio reservamos para ir a Lanzarote en las islas Canarias. Pero mi acompañante al viaje tuvo una cuestión que atender y lo suspendimos. Tuve que buscar una alternativa. Otra vez con poco más de una semana de antelación. Y fue bien. Italia fue el destino. La costa de Amalfi, el golfo de Nápoles, Roma y Tívoli fueron los lugares que visitamos. Italia siempre es un buen destino viajero.
Y a finales de octubre, igual que el año anterior, surgió la oportunidad de visitar a una de mis amistades, que vive en Sevilla y además tiene un nuevo piso, más amplio y acogedor. Por lo que no viajé solo desde Zaragoza. Recorrimos Jerez de la Frontera, Río Tinto, la sierra de Aracena, Ronda y, cómo no, Sevilla misma. Empezamos a acostumbrarnos a esta escapada andaluza a finales de octubre, antes del cambio de horario de otoño.
Mañana lo dedicaré a hablar en exclusiva de la fotografía con película tradicional. Pero ya llevo unos años en la que este tipo de fotografía tiene su importancia a la hora de documentar mis viajes. Todas las fotografías en color mostradas hasta ahora son digitales… menos uno. Adivinad cuál es. Cerraré la entrada con cuatro fotografías en blanco y negro, realizadas con al fiel compacta que me ha acompañado en todos mis viajes en este año que se cierra.