[Cine] If I had legs I’d kick you (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Un paseo por la High Line en Nueva York.

If I had legs I’d kick you (2025; 05/20260121)

Un comentario rápido de esta película que vimos la semana pasada. Será rápido porque tengo poco tiempo, pero no quiero dejar pasar la oportunidad, porque estos días corro el riesgo de dejar pendientes demasiadas cosas por comentar. Así que vamos con ella. Dirigida por Mary Bronstein, de quien no recuerdo haber visto nada, y protagonizada de forma casi absoluta por Rose Byrne, es una película que probablemente es mejor de lo que la disfruté. Quizá no la vi en el momento y con el estado de ánimo de ánimo.

Una mujer (Byrne) casada, con un marido que está siempre ausente, y con una hija enferma, se encuentra de repente en la situación de tener que abandonar su hogar cuando una inundación sucede en el piso de arriba y se hunde el techo y se inunda a su vez su piso. Alojada con la hija en un motel, se encuentra con la impotencia de que los contratistas que han de arreglar el piso no trabajan. Y psicóloga de profesión, atiende en su consulta a una serie de pacientes que le incrementan constantemente su nivel de estrés. Hasta tal punto que se encuentra en un momento al borde del pánico.

Bronstein plantea los retos de la mujer casada, madre de familia y profesional, actual, de este primer cuarto del siglo XXI, que se encuentra sometida a una serie de presiones constantes para desempeñar de forma correcta sus múltiples roles, con menor nivel de tolerancia al fallo que el que se permite a otras mujeres que no asumen los múltiples roles, o a los hombres en general. Tal es la tesis. Pero lo hace llevándola al extremo, cuando todos los problemas se exacerban y se convierten en una hipérbole. Alguien ha definido la película como Rose Byrne con una ataque de ansiedad crónico.

El principal triunfo de la película, que está correctamente realizada y dirigida con ritmo, porque la situación demanda además un ritmo rápido, es la interpretación de Byrne. Una actriz que en su momento pensé que iba a dar más de sí, pero que ha mantenido una carrera constante y consistente, pero más discreta de lo que yo hubiera imaginado. Realiza su labor con algo más que oficio y consistencia, es lo mejor del largometraje. No obstante, si se planteó la película como una plataforma para el Oscar como he leído por ahí, difícil lo va a tener tras la interpretación que vi en la película que comentaré dentro de pocos días.

Globalmente considerada, es una película correcta, pero que a mí me abrumó en el exceso. Quizá esa hiperbolización de los problemas «resta» validez al planteamiento de la historia. Entrecomillo el «resta» porque estoy de acuerdo que a la mujer que pretende mantener una actividad profesional y conciliarla con una vida familiar se le exige mucho más que a los hombres en la misma situación, o a las mujeres que optan por una cosa o la otra. Pero cuando llevas las cosas al extremo corres el riesgo de que parezca que las cosas no son así. Pasarse de frenada. De todos modos, es razonablemente recomendable.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

[Libros] Mujeres de la noche y el «placer» en Japón

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Tokio, alrededores de Senso-ji, en Asakusa.

Decidir en agosto que en los primeros días de octubre nos íbamos a Japón, determinó que leyera una serie de libros procedentes del País del Sol Naciente seguidos. Uno ya lo comenté recientemente. Y, como tengo muchos pendientes de comentar, hoy voy con los dos siguientes. Y especialmente me viene bien combinarlos en la misma entrada porque ambos tienen en común que sus protagonistas son mujeres que viven en el entorno del entretenimiento, la noche y el «placer». «Placer» entrecomillado, por que es el placer de los hombres y no de las mujeres, como ya comprobaremos. En cualquier caso, dos libros muy distintos, pero que nos perfilan muy bien algunas cosas de cómo ha sido la relación de los japoneses con el «mundo flotante» ukiyo 浮世, como se le llamó tradicionalmente. Vamos con historias de geisha 芸者, oiran 花魁 y otras mujeres de menor rango en los servicios de ese placer, fundamentalmente masculino.

Geishas rivales – Kafū Nagai

Kafū Nagai fue un escritor japonés activo en la primera mitad del siglo XX. Procedente de una familia de intelectuales, estuvo activo como escritor y como académico hasta que sus posturas contrarias al militarismo de los años 20 y 30 que culminó en la Guerra del Pacífico hizo que fuera relegado. En ese período de lúcida actividad intelectual y creativa escribió el libro que aquí nos ocupa, entre 1916 y 1917, en el que recorreremos el mundo de las geisha de Shimbashi y Asakusa, de los actores de teatro, de los hombres de negocio que mantenían a estas mujeres y las rivalidades entre ellas, cuando su carrera era corta pues estaba condicionada por el inevitable envejecimiento, cuando envejecer es llegar a los treinta o treinta y pocos años.

El relato se centra en una joven geisha de 23 años que se retiró unos años antes por un matrimonio con un rico provinciano… que falleció muy tempranamente dejándola viuda en una ciudad de provincias, muerta de aburrimiento, y con una familia política con la que empatizaba/simpatizaba poco, y sin haber tenido un hijo que garantizase su posición. Así que vuelve a Tokio, donde conecta con viejos conocidos, mientras navega entre el interés hacia aquellos hombres que la pueden mantener económicamente, y el enamoramiento por aquel actor de fama que le atrae. Pero es un mundo traicionero, donde surgen rivales entre las jóvenes de su gremio, y donde nunca hay nada seguro en el terreno de las relaciones y los sentimientos.

Hoy en día nadie confundiría en Japón a una geisha con una prostituta como tanta gente en occidente hace. Pero aunque en el Japón de antaño también había notables diferencias, había elementos difusos. Como se nos cuenta en la novela, no era infrecuente que una geisha fuera mantenida por un hombre, con el correspondiente intercambio de favores sexuales. Incluso por más de uno. No obstante, el negocio de la geisha era el entretenimiento; la compañía, el canto, la danza, la preparación del té, con refinamiento. Pero ese principio de siglo es tiempo de cambios, y la competencia es feroz, con nuevas geishas que abandonan el refinamiento por la voluptuosidad y la atracción sexual. Un mundo duro, donde ganarse el sustento, no sólo para comer sino para mantener la presencia, el vestuario y el estilo no es tan fácil como parece. Y comprobamos de forma espléndida en esta novela las dificultades de la joven Komayo para navegar en ese mundo, en el que sobra esa fondo de idealismo y romanticismo que tiene. Aunque la vida se encargará de ponerla en su sitio y encarrilarla. Me gustó mucho esta novela, en la que se aprende mucho del ambiente de la noche tokiota de principios del siglo XX.

A woman of pleasure – Kiyoko Murata

Esta novela es muy distinta. Kiyoko Murata es una escritora contemporánea, aunque de largo recorrido ya que nació en 1945. La novela, no obstante, es reciente. Tiene un fuerte componente feminista, dentro del concepto de sororidad que tan de moda se ha puesto en las últimas décadas. Y nos traslada al barrio rojo de Fukuoka, ciudad importante, portuaria, del norte de la isla de Kyushu, la más sureña de las cuatro islas principales del archipiélago nipón. Una historia de ficción inspirada en un hecho real, ya que fue el lugar donde se realizó la primera huelga de prostitutas del País del Sol Naciente, en protesta por las condiciones abusivas en las que se realizaba su trabajo. Unas condiciones que eran una servidumbre prácticamente a una esclavitud.

La protagonista es una adolescente de quince años, originaria de una pequeña isla del pescadores al sur de Kyushu, que es vendida por sus padres a un prostíbulo ante la imposibilidad de mantener a todos sus hijos. Tras un período de aprendizaje con una de las oiran del establecimiento, las prostitutas de primera fila, de lujo, que estaban en la cúspide de la sociedad de castas de la prostitución, comenzará a trabajar, a conseguir sus primeros clientes, para pagar la onerosa deuda que ha contraído con el propietario por el dinero que este dio a su padre. La relación con otras compañeras, y con la maestra, una antigua prostituta, también vendida por su padre, un samurái venido a menos por la restauración Meiji, la pondrá en el camino de rebelarse con el sistema de servidumbre con pocas esperanzas en el que ha entrado. Más siendo una joven inculta, que habla un dialecto difícil de entender para la mayor parte de la gente.

Como ya he dicho, es una novela de superación y de solidaridad entre estas mujeres que, a pesar de legislaciones recientes que deberían protegerlas, vivían en ese estado de semiesclavitud. Estamos en la primera década del siglo XX, todavía en la era Meiji. El país está cambiando, y las influencias extranjeras se hacen notar, pero muchas costumbres permanecen, y la sociedad no ha roto todavía con la sociedad de castas que dominó el período Edo. La novela ofrecerá esperanza; pero es una novela dura. Las descripciones del proceso, humillaciones y degradación de estas mujeres, de la joven protagonista, poco más que una niña, sin recrearse en ellas son lo suficiente duras como para que de vez en cuando pares de leer y dejes un tiempo a la digestión. No en vano, a pesar de la excelente calidad de la obra y del interés que me despertó, me llevó casi tres semans en terminarla. Pero indudablemente es de lo mejor que he leído este año, y es muy recomendable. Que yo sepa no está disponible en castellano, y la leí en inglés. Merece la pena.

[Libro de fotografia] Yōko – Masahisa Fukase

Fotografía

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Yōko Wanibe, la que fue esposa del fotógrafo japonés Masahisa Fukase, era originaria de Kanazawa, y allí nos vamos fotográficamente.

No es infrecuente que un fotógrafo haga de su esposa el motivo principal de su trabajo fotográfico. De forma esporádica, en alguno de sus proyectos o de forma sistemática. Hay varios nombres que se me vienen a la memoria. Elliot Erwitt fotografió a su esposa en escenas familiares en alguna ocasión, sola o con su bebé, June Newton, conocida también con su nombre de fotógrafa Alice Springs, la esposa de Helmut Newton, también aparecía con cierta frecuencia en la obra de este. Alfred Stieglitz fotografió con frecuencia a su esposa, la pintora Georgia O’Keeffe. Emmet Gowin es bien conocido por los retratos íntimos de su esposa Edith. Siempre me ha gustado mucho la obra de Harry Callahan, que fotografió repetidamente a su esposa Elleanor como principal sujeto de interés durante quince años.

Si nos centramos en Japón, pues al fin y al cabo el fotógrafo cuya obra nos interesa hoy es japonés, es bien conocido el Sentimental Journey de Nobuyoshi Araki, una inmensa declaración de amor a su esposa, Yōko. Obviamente, este nombre de mujer fue muy popular en una determinada época en el País del Sol Naciente. Cuando esta enfermó y falleció, volvió a ser el sujeto de la cámara de Araki, que publicó su Winter Journey en la que añade el duelo a esa declaración de amor hacia su esposa. No son pocos, por lo tanto, los fotógrafos que han dirigido su cámara hacia la persona más cercana. También encontraríamos la inversa, fotógrafas que dirigen su visión hacia su pareja. Sea hombre como hace Pixy Liao, en un trabajo subversivo sobre los roles tradicionales de la pareja, o sea mujer, como las fotografías más íntimas y familiares de Annie Leibovitz en la que aparece con frecuencia Susan Sontag. Quizá sea más frecuente en las fotógrafas que dirijan su cámara hacia otros miembros de la familia, especialmente los hijos, como hacía Sally Mann.

Masahisa Fukase es un fotógrafo que nunca me ha dejado indiferente. Por supuesto, la obra de Fukase que primero conocí fue Karasu 烏 (Cuervos), una serie que muchos consideran una de las obras maestras de la historia de la fotografía, y que fue provocada por la separación de su esposa, cuando tras trece años conviviendo, la pareja se separó y se divorció. Una monumental manifestación de duelo de carácter expresionista, muy poderosa. Sin embargo, el único libro que tenía del autor japonés hasta el momento es Kazoku 家族 (Familia), una serie de retratos familiares realizados a lo largo de los años, y que a mí me parece otra genialidad absoluta. En estos retratos aparece también Yōko, siempre de una forma que denota que es el miembro «apegado» o «extraño» de esa familia. Uno de mis libros favoritos en mi biblioteca de libros fotográficos.

Cuando hace unos meses me enteré de la edición del libro que nos ocupa hoy, dedicado integralmente a Yōko, y tras haber visto algunas muestras de lo que iba a ser su contenido, decidí que tenía que ser mío. No ha sido tan fácil como parece. Publicado en Japón, me ha costado encontrar una librería dentro de la Unión Europea, evitando demenciales costos de transporte y el riesgo del sablazo en la aduana, que lo tuvieran disponible y con un precio razonable y no desmesuradamente inflado. Y ya puedo decir que también ha pasado a formar parte de mis libros de fotografía favoritos en mi biblioteca. Con fotografías procedentes de diversas series del fotógrafo, como las ya mencionadas Karasu y Kazoku, hay otras muchas que nos hablan de su vida cotidiana, y especialmente de la personalidad vital y compleja de esa mujer que probablemente fue el centro de la vida del autor desde el principio de los años 60 del siglo XX y hasta mediados de los años 70, y más allá si contamos el largo período de duelo que sufrió el fotógrafo. Un libro, que en estos momentos, me parece imprescindible.

[Libro] La carne – Rosa Montero

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Unas Impossible Project (actualmente Polaroid) Spectra, cuando se podía comprar todavía este formato para algunas de las mejores cámaras de Polaroid, tomadas en Madrid durante una visita a las exposiciones de PhotoEspaña.

Me cuesta leer ficción en español. No es que no haya buenas cosas, claro que las hay. La literatura en español, si uno lo analiza bien, no es ni mejor ni peor que la de otras lenguas. Y por supuesto que hay muy buenos escritores… y tampoco faltan, como en otras lenguas, los que venden mucho y se llevan la fama… pero no son especialmente buenos. Hay viene otro problema, la calidad de la industria editorial en España, un jardín en el que no me voy a meter hoy, pero que deja mucho que desear, especialmente entre los grandes grupos editoriales. Mi problema con los buenos escritores españoles no es su calidad al escribir sino de lo que hablan. Y con el tiempo, cada vez me ha interesado menos. O se retrotraen a las típicas historias de la guerra civil y la posguerra, cayendo una y otra vez en tópicos muy similares, sin que, a la vista de los resultados electorales, esto haya hecho mella en la percepción de los españoles sobre aquellos tiempos, o me hablan de pijos madrileños que tienen siempre los mismos perfiles, que parecen que son los mismos, siempre con nombres parecidos y con actitudes similares, trasplantados de una a otra novela.

Abogados, médicos y profesores universitarios entre ellos, frente a historiadoras del arte y otras licenciadas en humanidades o letras, clase media aburguesada siempre con los mismos problemas. ¿No se han dado cuenta los escritores patrios de su tendencia a contar constantemente historias tan similares unas de otras? ¿Que los caracteres que aparecen en ellas se parecen casi como gotas de agua? Que sí, que de vez en cuando alguno se desvía por los barrios obreros y los polígonos industriales, pero igualmente llenando la situación de lugares comunes. El caso es que desde la primera mitad de los 2000 y hasta este 2025, en esos 20 años, cada vez me han ido interesando menos y he ido dejando de leerlos. Y si hablamos de las novelas de género, como el policiaco y otros… pues tres cuartos de los mismo. Aunque en la literatura de género el tópico y las similitudes casi se dan por descontado, no importa la lengua que se use, y por eso soy poco aficionado. El auténtico aficionado a la novela de género (policiaco, terror, fantasía, ciencia ficción,…) muchas veces está encantado con pasear una y otra vez por los mismos territorios. Al único género que le dedico espacio lector de vez en cuando es la ciencia ficción, y cada vez me cuesta más encontrar satisfacción en él.

En cualquier caso, encontré de oferta hace unos meses esta novela de Rosa Montero en mi tienda de libros electrónicos habitual y decidí darle una oportunidad. Por qué no. Y además a muy buen precio. En su momento, hace tiempo, leí con cierta frecuencia sus artículos y me gustaban. Quizá por esa asociación de Montero con el periodismo no me atrajo en su momento, cuando más dispuesto estaba a leer obras de autores españoles, cuando estos suponían el 75 % de mis lecturas, no leí nada suyo. No suelen atraerme los periodista reconvertidos en novelistas. Hay algo en su estilo que no me suele convencer. Aunque no lo sé definir bien. Quizá sea algún tipo de prejuicio… porque al fin y al cabo cada será diferente… pero es lo que hay. Bueno. Pues tras unos meses teniendo la lectura de esta novela en espera, hace unas semanas me puse a ella. No me duró mucho… tampoco es muy larga. Pero siempre he pensado que no es necesaria mucha extensión para contar una buena historia. Pocas veces están justificadas las gran extensión de mucha de la narrativa actual. A veces sí. Pero pocas veces. Siempre he sido partidario de la economía de medios.

Montero, no descubro nada nuevo, nada que no supiese, escribe bien. Con soltura. Y eso favorece coger ritmo en la lectura. Nos presenta de forma rápida y clara a la protagonista. Una licenciada en historia del arte (ya estamos con el tópico), de 60 años, soltera, con una ruptura reciente con un amante, con un proyecto nuevo expositivo en la Biblioteca Nacional que va a comisariar, y con una crisis importante porque empieza a sentir de forma amenazadora el paso de los años. Siente que pierde la capacidad de atracción para los hombres, siente que profesionalmente viene gente joven que le esta pisando los callos. Y vamos descubriendo una inseguridad profunda en su interior por sus antecedentes familiares, que no destriparé. Y en estas está cuando toma la ¿descabellada? ¿absurda? ¿inmadura? decisión de contratar un «acompañante» masculino de 30 años para ir a un concierto en el que sabe que va a estar su ex-amante con su joven, flamante y embarazada esposa. Y algunas cosas pueden ir mal a partir de ese momento. Y como dice la ley de Murphy, si algo puede ir mal, eventualmente irá mal.

Habiendo establecido de antemano, y habiéndolo confirmado durante la lectura del libro, que Rosa Montero es una escritora dinámica y muy capaz, mi problema con el libro es que aunque me obligué a marcar un ritmo de lectura razonable, leyendo todos los días, parando un poco cuando la evolución de la trama así lo pide para su correcta digestión, pensando un poco en lo que está pasando y lo que nos quiere contar la autora… lo cierto es que empecé a desinteresarme por su protagonista. He leído una diversidad de libros en los que la protagonista está en una situación vital similar a esta protagonista. Esa llegada a las estribaciones de la séptima década de la vida, la inseguridad de la decadencia física, el miedo a la soledad,…

No hay que desdeñar una reflexión sobre las actitudes sociales que suelen empezar a invisibilizar a estas mujeres simplemente porque yo no resultan atractivas físicamente o no puede «cumplir» los «roles» que esa sociedad impone a las mujeres en general. Es un tipo de crítica necesario. Pero desde muchos puntos de vista, la protagonista de esta novela, que ha pasado lo suyo como tantas mujeres, y también tantos hombres, es una privilegiada. Ha tenido una carrera profesional en la que ha recibido el respeto de sus pares, no tiene estrecheces económicas, hay que suponer que hasta ese momento no le ha importado llevar una vida en solitario (que no es lo mismo que estar en soledad), es culta y tiene capacidad para enriquecerse personalmente a través de la cultura… ¿Realmente es la realidad de las mujeres de 60 años en este país? ¿Puede ser representativa de algo? ¿O volvemos una vez más a lo que señalaba al principio, de que los escritores españoles tienen una preferencia para hablar de un sector de la población… que…? «Ahora» caigo… Dados los perfiles habituales de los lectores en España estamos ante un ejercicio de mirarse al ombligo una y otra vez de una determinada clase social en este país. Y son los consumidores de estas obras, puede haber un sentido comercial ahí. Y fuera de ese mirarse al ombligo… hay poco. Y mira que yo estos en los 60 años, soy un profesional universitario, razonablemente culto, viajado… y se supone que están hablando, en parte de mí. Pero me siento tan poco identificado… Por eso suelo arriesgarme con otras literaturas, que hablan de otras cosas, de otras gentes, de otros lugares, en otras lenguas… Es lo que hay.

[Libro] Audition – Katie Kitamura

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Más neoyorquinos, de forma un tanto tópica, no pueden ser los personajes de esta novela, así que nos iremos al paisaje del bajo Manhattan al anochecer, como se ve desde la orilla de Brooklyn del East River.

La autora de este libro, Katie Kitamura, como se podrá deducir del apellido, es de origen japonés. Pero nacida y educada en Estados Unidos. En sus cuarenta y tanto, ha escrito media docena de novelas, un libro autobiográfico, y ha colaborado en diversos medios de comunicación escritos como crítica de arte. Y está radicada en Nueva York. Y allí se sitúa la acción de esta novela, que me ha interesado más por su estructura y desarrollo que por el interés intrínseco que pueda producir el devenir de los personajes de la misma. Que ha sido más bien poco. Son gentes que me han resultado un tanto pedantes, y con «males» de ricos (o al menos de acomodados), más que otra cosa. Iremos quizá otra vez a ese tema cuando comente la novela española que estoy terminando de leer en estos días.

La protagonista de la novela es una actriz de mediana edad, que ya ha dejado atrás sus años jóvenes, y que cuando empieza la acción está en plenos ensayos de una obra de teatro que le causa cierto estrés por las inseguridades que le genera el tiempo que va pasando, la edad, la competencia con actrices más jóvenes… los sospechosos habituales. Está casada en un matrimonio cómodo, sin (para lo bueno ni lo malo) demasiados altibajos, con un marido con quien comparte intereses intelectuales y con quien se lleva bien. Y en estas está cuando aparece un joven que quiere hablar con ella y con quien se reúne. Y que le plantea la posibilidad de que sea su hijo; el joven no conoce a sus padres biológicos. No lo es. No lo puede ser. Pero el joven entra a trabajar en la compañía como ayudante de la dirección. Esta es la primera parte del libro. Sobre la segunda parte, me han entrado dudas sobre hasta que punto comentar o no. Digamos que el joven se ha trasladado a vivir con el matrimonio, la obra de teatro ha sido un éxito, y los tres viven como si fueran un familia… incluso contradiciendo algunos de los hechos establecidos en la primera parte. Y que la situación será estable hasta que aparezca en escena la novia del joven.

Como ya he dicho, si la novela me atrapó, fue más por la estructura y el desarrollo de lo que sucede que por el interés que me suscitan los caracteres de la misma. Que es muy poquito. Gente acomodada, que vive vidas cómodas en Manhattan, intelectuales que en algún momento corren cierto peligro de caer en la pedantería… o así los percibo yo. Las inseguridades de una mujer que, siendo respetables, probablemente no tienen nada que ver con las de muchas mujeres que en el mundo son y han sido y que tienen problemas más graves de subsistencia, reconocimiento social, discriminación y todo lo que quieras. Y que parece que basa sus inseguridades en que el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos, como cantaba Silvio Rodríguez, y en el posible arrepentimiento sobre acontecimientos de su juventud, incluido alguno relacionado con una posible maternidad. Como decía el título del culebrón mejicano, los ricos también lloran.

Pero la estructura y el desarrollo de la novela tienen su miga. Hay unos misterios que van surgiendo. Hay unas dudas sobre la realidad a la que estamos asistiendo. Está narrada en primera persona. La protagonista, cuyo nombre no conocemos, es la que va desgranando sus pensamientos y los hechos que suceden en la narración. Y como narradora en primera persona, no es fiable. Y aun lo es menos, o así lo siento yo, cuando abordamos la segunda parte, que de entrada nos resulta rara. La dinámica entre los tres (o cuatro) personajes principales de la narración ha cambiado. Mucho. Es como si estuviéramos en un universo paralelo donde las cosas son parecidas pero distintas. No sabemos si estamos ante una realidad alternativa, o bien estamos ante un desiderátum de la narradora, o de su pasado, que en su imaginación ha convertido en realidad. Al final de la novela, es una duda que no queda resuelta. Por lo tanto, el esfuerzo narrativo de la autora supera la falta de interés que me producen sus personajes, y consigue que la novela me atrape, cada vez más conforme se avanza. Me ha gustado bastante, y me parece recomendable, salvo para lectores vagos que quieren que se lo den todo mascado y bien mascado.

[Cine] All we imagine as light (2024)

Cine

All we imagine as light (2025; 04/20250123)

Este tipo de películas que llegan de países como India, en este caso dirigida por la directora nacida en Bombai Payal Kapadia, siempre dan un poco de miedo. Por un lado atrae tener un visión distinta y propia de la realidad de estos países. Por otro lado, siempre hay un riesgo de no ser capaz de salvar el abismo de comunicación y valores entre culturas o, por el contrario, de caer en el lugar común Por ello nos cuesta decidirnos a acudir a las salas de cine. Pero en este caso salvamos las perezas y nos dispusimos a sumergirnos en la compleja realidad de Bombay.

No he visitado India. Los más próximo ha sido el barrio de Little India en Singapur. Así que utilizo la multiétnica ciudad-estado del Sudeste asiático para ilustrar la entrada.

La película sigue las andanzas de dos enfermeras compañeras de apartamento y de hospital de etnia malayali. Una, Prabha, la mayor (Kani Kusruti), casada por un matrimonio concertado con un hombre al que conoció poco antes de la boda y que se marchó a trabajar a Alemania poco después. Desde entonces no se han vuelto a ver, y cada vez son más esporádicas las noticias que le llegan. La otra, Anu, la más joven (Divya Prabha), está enamorada de un joven… musulmán. Por lo que se ven prácticamente de forma clandestina. Otros personajes los rodean, como un veterano doctor que se siente atraído por Prabha. O la vieja cocinera del hospital, a la que van a desahuciar porque no puede demostrar que es la propietaria del pequeño apartamento en el que vive y que compró su difunto marido, largo tiempo fallecido ya.

Es una película sobre el día a día de estas personas, sobre lo cotidiano, recuentos de la vida, sobre sus problemas y sobre sus eventuales alegrías. Básicamente enfocada en las mujeres y su papel, difícil, en la sociedad bombaití. O india en general. Con una puesta en escena que mezcla el colorido de las calles de la metrópoli, con la semioscuridad, los profundos claroscuros, de los interiores del hospital o de los apartamentos de las protagonistas. Una puesta en escena que invita a situarse en la introspección de dos mujeres preocupadas por su presente y por su futuro, mientras intentan mantener una dignidad en su día a día.

La película se apoya fuertemente en el trabajo de su reparto, especialmente de sus actrices protagonistas. Que nos muestran con eficacia dos personalidades muy diferentes. La de la persona que ya está dejando atrás su juventud, afrontando la madurez con la amenaza de al soledad, pero firme en sus valores y actitudes. Y la de la joven enamorada, llena de ilusiones por el futuro, pero insegura por los fosos de incomprensión en la sociedad multiétnica de la ciudad. No obstante, la película busca dar una visión optimista, de esperanza en el futuro, con esas escenas finales, en la playa, reunidos cuatro personajes tan diversos, pero capaces de entenderse y de tomar decisiones sobre su futuro. Esta bien. Es maja. Es una película que, en mi memoria y en mi parecer, ha ido claramente de menos a más. Si hubiera hecho esta reseña al día siguiente de verla, igual hubiera dado una valoración más baja, aunque dentro del aprobado. Pero dejándola reposar, creo que es claramente una película notable. La vimos antes de conocer las candidaturas a los Oscar, y yo pensaba que entraría en algunas de ellas… pero no. Cosas que pasan.

Por cierto, no me gusta el título en castellano. La luz que imaginamos no es lo mismo que el título original, Todos lo que imaginamos como luz. Esos detalles que se pierden en la traducción en demasiadas ocasiones.

Valoración

Dirección: ****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ****

[Libro] Ella en la otra orilla – Mitsuyo Kakuta

Literatura

Si todo va bien, dedicaré la mañana del día de Reyes a hacer un repaso a lo que he leído en el 2024. Pero dejo constancia que aun me quedarán tres lecturas por revisar en este Cuaderno de ruta; un relato corto, un manga en dos volúmenes y una entretenida aventura espacial. En total, cuatro libros, más un quinto que no comentaré porque pertenece a una serie de manga de la que he hablado en varias ocasiones, y no tendría mucho más que aportar. Pero hoy vamos con una novela de la autora japonesa Mitsuyo Kakuta, cuya lectura terminé allá por el 10 de diciembre, en el tren durante el viaje en el día a Barcelona.

La mujer japonesa, con demasiada frecuencia, es vista desde una perspectiva muy estereotipada, afectada por los prejuicios y los tópicos. Y así es difícil conocer exactamente cual es su naturaleza real.

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Ya leí una novela de Kakuta hace unos pocos meses, una novela que me despertó sentimientos encontrados, algunos muy positivos, otros no tanto. Kakuta es una escritora que vende bastante en su país. Algunos de sus libros han vendido un millón de ejemplares en la edición en idioma original. Eso es algo rarísimo en una autor español. Sí, la población española es 2.5 veces inferior a la de Japón, 48 millones frente a 124 millones. Pero claro… hay casi 500 millones de hispanohablantes como lengua materna en el mundo, y unos 100 millones como segunda lengua. Y el japonés… pues los hablan esos 124 millones y poco más. Evidentemente, quien visite una librería en Tokio y otra en Madrid entenderá que el vigor del ámbito editorial del País del Sol Naciente es mucho mayor que el español. Según algunas estadísticas, no siempre fáciles de precisar, en Japón se publicaría del orden de 140 000 libros al año entre novedades y reediciones, mientras que en España sería la mitad. Bueno… si lo miras bien, el número de libros editados por persona sale a favor de España… pero no sé. El caso es que el éxito de la escritora en su país, y que poco a poco se hayan publicado en nuestro país sus libros más destacados, me llevó a adquirir algunos de ellos. Este que comento hoy es el segundo.

Me ha gustado más. Aunque el planteamiento del libro es muy distinto, los temas no se van muy lejos. Kakuta nos presenta a dos mujeres trabajadoras. Una de ellas, Sayoko, la protagonista, es una mujer de 35 años que quiere dar un cambio en su vida. Madre de un hija, ama de casa, siente que no se integra bien con otras madres, y que su hija no se integra con otros niños. Así que decido que ella se va a poner a trabajar y a llevar a la niña a la guardería. Ante la frialdad del marido, y la oposición de otros familiares. Aunque de joven tuvo empleos interesantes, ahora, con su edad y falta de experiencia reciente, apenas puede aspirar a trabajos en servicios de limpieza, pero lo acepta. La otra es Aoi, la propietaria de la empresa. En miradas retrospectivas, conoceremos la vida escolar y cómo se lanzó a la vida laboral. Ambas coincidieron en la universidad, aunque no se conocieron. Y su vidas han sido muy distintas, porque Aoi ha sido una mujer independiente y emprendedora. Aunque de dudoso éxito. La cuestión es que ambas están en crisis y quizá la solución esté en una colaboración mutua. Aunque esa solución no será evidente desde el principio.

Kakuta sigue reflexionando sobre el papel de la mujer en la sociedad japonesa. Un papel difícil. La brecha de género en el país nipón es grande. Las diferencias de consideración salarial, de capacidad de realizar una carrera, la dificultad para abandonar roles tradicionales de amas de casa. Al mismo tiempo, la escasa disponibilidad de los maridos, absorbidos por una cultura laboral que les obliga a hacer muchas horas desatendiendo sus familias, dando por hecho que las mujeres se encargan de ellas, también producen brechas en el interior de las familias. No por nada cada vez hay más mujeres japonesas que no quieren saber nada de casarse.

En cualquier caso, Kakuta nos presenta algunos de esos problemas de una forma amena a través de estas dos mujeres. Sayoko es la mujer común, con la que se pueden identificar más fácilmente una mayoría de lectores de una forma u otra. Aoi es la mujer más conflictuada, la opción alternativa. Y entre ambas se generará una dinámica. Como ya he dicho, de alguna forma son complementarias y se necesitan. Pero tendrán que hacer cesiones mutuas. Y además, poner en orden otras dimensiones de su vida. Encontrar un nuevo equilibrio. De alguna forma, los planteamientos de este libro me han convencido mucho más que los del primer libro que leí de Kakuta. Aunque eso sí… la historia de Aoi, contada de otra forma, daría para otra novela, potencialmente muy interesante.

[Libro] Agujero – Hiroko Oyamada

Literatura

En las últimas semanas me he hecho un lío con el comentario de los libros que he leído en los últimos tiempos. Como consecuencia de un tirón en mis ganas de leer que me dio en las semanas previas a las vacaciones y durante las mismas, tengo acumulados unos cuantos. Y al saltarme el orden cronológico en los comentarios con alguno, me olvidé de retomar los anteriores. En algunos casos… en otros no. Vamos. un desorden. Pero voy a ir acabando con el caos, y lo hago con esta novela, así me la vendieron, que más bien es una colección de tres relatos cortos, dos de ellos interrelacionados, de la escritora japonesa Hiroko Oyamada. El primer libro que leo de esta autora, que tampoco ha sido muy prolífica hasta ahora.

Propiamente dicha, Agujero es el primero de los tres relatos. En muchas reseñas la denominan novela, pero por su extensión, yo, ni siquiera la denominaría novela corta. Más bien un relato corto… un poco largo. En él, la protagonista es una mujer casada que deja su empleo con motivo de un cambio de destino laboral de su marido, que les lleva a aceptar vivir en una casa de la familia del marido, contigua a la familia de sus padres. En una zona rural. Allí, la protagonista empezará a tener problemas de adaptación. Para empezar, para encontrar un empleo, más por tener el tiempo dedicado a algo que por necesidad económica. Pero también de comunicación con su familia política y con sus vecinos. Un día ve a un extraño animal, y persiguiéndolo cae en un agujero. Aparentemente creado por el animal. Y a partir de ahí tendrá una serie de encuentros que le harán poner en dudas la realidad de lo que está viviendo. Los otros dos relatos se centran en la amistad y la relación entre dos matrimonios. Uno de ellos lleva bastante tiempo casados, ella no había tenido la necesidad de ser madre, pero va cumpliendo años, siente que o tiene ahora un bebé o no lo tendrá nunca. En el otro matrimonio, la mujer es bastante más joven y al poco de casarse queda embarazada. Los dos relatos nos hablan de dos encuentros entre los matrimonios, uno antes del nacimiento de la niña, el otro después. Y también tienen su punto de misterio.

Oyamada se mueve dentro del género del realismo fantástico. Sus relatos transcurren en un mundo de apariencia realista, similar al que vivimos, localizado en el Japón rural. Pero las vivencias de sus protagonistas se mueven en el terreno de la fantasía. Si no francamente, si bordeándola. ¿Existe o no existe el animal que ve la protagonista de Agujero, o el cuñado, o los niños del konbini? ¿Son reales las características de las comadrejas del segundo de los relatos? ¿Qué pasa con la niña, la comida y la tormenta de nieve en el tercero de los relatos? Los relatos, que tienen finales poco conclusivos, se alejan del esquema tradicional occidental del relato, planteamiento, nudo y desenlace, tiene un fuerte componente metafórico. Puede que de la vida de la propia escritora, no sé, puede que de la vida de muchas mujeres, al menos en el País del Sol Naciente. El papel de la mujer en la familia japonesa, en el mundo laboral, la maternidad, las jerarquías familiares, el miedo a establecer tus propios criterios y tus propias reglas, el aislamiento y el agobio del mundo rural,…

En la valoración que permite Goodreads para las obras que lees, una puntuación de 1 a 5, le puse 3. Pero con el tiempo he dudado en subirla a 4. No me he decidido a ello. Al menos todavía. Estos relatos crecen en la memoria y en la reflexión. Uno corre el riesgo de quedarse en un nivel anecdótico. Pero hay una profundidad no desdeñable en los textos de Oyamada. En el simbolismo de sus metáforas y sus planteamientos. Por ello, creo que es un libro de relatos interesante, recomendable, al que cada cual debe encontrar su propia enseñanza o reflexión. Lo leí un par de semanas antes del viaje a Japón. Quizá pensando que serviría para ir entrando en ambiente. Pero aunque con elementos muy propios de la cultura de aquel país, creo que las reflexiones que propone son bastante universales.

[Cine] Poor things (2023)

Cine

Poor things (2023; 07/20240127)

Esperábamos con expectación y muchas ganas la última película de Yorgos Lanthimos, un director excéntrico y con una forma muy personal de crear y rodar sus proyectos, que a mí siempre me ha atraído, aunque no siempre es de fácil digestión. Que además venga protagonizada por Emma Stone una de las mejores actrices de su generación, de las más auténticas y fieles a sí mismas, es un aliciente añadido muy importante. Con una carrera muy diversa en títulos y temas, siempre ha realizado una buena selección de trabajo, optando por la calidad sin despreciar el riesgo. Y con el tiempo que lleva dando guerra, y lo prolífica en sus trabajos, parece mentira que todavía tenga 36 años. Y además, se nos venía diciendo que la película venía a revisitar uno de los mitos literarios más queridos del cine, el del doctor Frankenstein y su criatura.

Lisboa es una de las localizaciones más interesantes de la película… en teoría. Porque la película se ha rodado en Hungría.

Sin embargo, aunque muy evidentemente influida por la obra de Mary Shelley y por su famoso doctor, la película adapta o se basa en la novela de Alasdair Grey de su mismo título,… más o menos… por que el del libro sería Poor Things: Episodes from the Early Life of Archibald McCandless M.D., Scottish Public Health Officer. Archibald McCandless se convierte en la película en Max McCandle (Ramy Youssef) un estudiante de medicina que entra a trabajar para el doctor Baxter (Willem Dafoe), con el fin de observar el desarrollo de su «hija adoptiva», Bella Baxter (Emma Stone). Esta es el resultado de resucitar el cadáver de una suicida, trasplantándole el cerebro de su hija nonata, por lo que al principio del filme tiene el aspecto de una bella mujer en la treintena, con el desarrollo mental de una niña. A lo largo de la película asistiremos al desarrolla de la personalidad de Bella, pasando por su etapa de adolescente que se fuga con el abogado sin escrúpulos Duncan Wedderburn (Mark Ruffalo), lo que le permitir viajar por el mundo y aprender cómo funciona, lo que le gusta y no le gusta, antes de volver a Londres con una personalidad ya desarrollada.

Fiel hasta cierto punto al original, que no he leído, Lanthimos sitúa la acción en una época victoriana alternativa, finales de la misma, con un importante toque de steam-punk, pero sin atiborrarnos de los elementos de esta estética, con una diversidad de escenarios de gran brillantez visual e imaginativa. Nuevas versiones de Lisboa, Alejandría o París se añaden a la Londres victoriana. Destacable además que tan atractivo espectáculo visual se haya rodado con película cinematográfica tradicional, en blanco y negro (Kodak Double-X) como en color (negativos, Kodak Vision3, o positivos directos, Kodak Ektachrome, para mayor brillantez visual) con Robbie Ryan en la dirección de fotografía. Un mundo imaginado que enmarca perfectamente una historia que trata de… vamos a ello porque aquí viene lo más interesante.

Me hace gracia que se haya hablado tanto del feminismo de Barbie, cuando en realidad es una película tan pegada a las conveniencias comerciales, y con un feminismo de recetario, de lo establecido como políticamente correcto, mucho menos rompedor de lo que nos hacen creer y nada transgresor. Lanthimos se mete de lleno en el barro de lo que es la emancipación de una mujer. Una mujer, sea Bella Baxter o quien fuera antes de suicidarse, que quiere ser dominada por los hombres que la rodean. Por su «padre adoptivo», a quien le cuesta darle la libertad que anhela, por su amante, Wedderburn, mujeriego posesivo, o por su antiguo marido, un militar inflado de la hipocresía victoriana. Pero Bella se rebela. Se hace dueña de su propio cuerpo, mientras va desarrollando su mente y su ingenio, y va superando los obstáculos para su propio desarrollo en sus papeles como «hija», amante, esposa, prostituta, llegado el caso, los reduccionismos a los que los hombres que la rodea la quieren someter. Sin renunciar a su sensualidad y sexualidad, al disfrute simultáneo de su cuerpo y de su mente. Al final alcanzará un estado de autosuficiencia, en la que todos estos hombres, si quieren acompañarla en su vida, será bajo sus propias premisas y condiciones. Mucho más intensa, transgresora y directa en su mensaje.

En lado positivo, aparte de los aspectos visuales, también sonoros, están las interpretaciones del conjunto del elenco con Stone y Ruffalo como más destacados. En lo negativo, que algo hay, es la excesiva duración del segundo de los cuatro actos en los que se divide la película, hay un momento, en el periplo que hace Bella con Wedderburn en la que la película parece no avanzar, tras un excelente principio antes de un inspirado final. Pero en su conjunto es realmente una película muy notable, que merece la pena la atención de los espectadores. Mucho más profunda que otros títulos más mediáticos, sin renunciar al espectáculo cinematográfico. No os la perdáis.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Libro] Please Look After Mother – Shin Kyung-sook

Literatura

Empecé a leer este libro cuando regresaba de mi viaje a San Sebastián, a mediados de octubre. Pero me estanqué. Sigo con la tónica de los últimos años. Cuando estoy de vacaciones me relajo y leo a buen ritmo, pero cuando no,… me estanco, no encuentro concentración para la lectura, y me cuesta terminar los libros. Así es que este libro de la surcoreana Shin Kyung-sook conseguí terminarlo durante los días de permiso que tomé al empezar diciembre, coincidiendo con las múltiples fiestas laborales que salpican esos días. Básicamente, en los trayectos en tren en los viajes en el día a Calatayud y Barcelona. El libro que traigo hoy se puede encontrar traducido al castellano como Por favor, cuida de mamá. Pero debe estar descatalogado, y no existe en versión electrónica que yo sepa. Sólo le he visto de segunda mano y con precios exorbitantes. En inglés existen dos versiones, una de una editorial inglesa que es el que yo he leído, y otra de una editorial americana, con un sutil cambio en el título, Please Look After Mom.

Shin Kyung-sook es una escritora nacida en 1963, en un entorno de familia humilde, en provincias, aunque se trasladó a Seúl a vivir con su hermano mayor cuando era una adolescente, donde, simultaneando trabajos y estudios consiguió una educación y llegar a convertirse en escritora. Pertenece a lo que se ha dado en llamar la generación 386, una generación de escritores que vivieron su juventud en los años 80 del siglo XX, que participaron en esa época en la transición democrática del país, y suponen el grupo calificado como de izquierda liberal, sea lo que sea eso en Corea del Sur. Me imagino que algo parecido a las posiciones más progresistas de los Demócratas americanos… o quizá haya alguna postura más a la izquierda, en un país fundamentalmente conservador. En cualquier caso, doy estos datos biográficos por ser importantes para la novela que nos ocupa.

En ella, un matrimonio de personas mayores, que vive en una ciudad pequeña de provincias, que vivieron en su juventud la guerra contra la mitad norte comunista de la península, viajan a Seúl para pasar unos días. Y al ir a coger el metro en la estación central de trenes a la que han llegado, se separan. El esposo se introduce en el tren metropolitano, mientras la esposa se queda en el andén. Y desaparece, ya no la encuentran. Sabremos al ir leyendo que esta afectada de cierto grado de deterioro cognitivo. En cuatro partes, con distintos puntos de vista, vamos recorriendo los esfuerzos de la familia para encontrar a la mujer, pero sobretodo conoceremos su pasado y el pasado de la familia. La primera parte es narrada desde la perspectiva de la hija escritora, culta, viajada, que se curró los estudios viviendo en la capital con su hermano mayor (a que resuena con lo que he comentado en el párrafo anterior). La segunda parte es narrada desde la perspectiva del hijo mayor, el preferido de la madre, como era tradicional en la sociedad patriarcal coreana, tema que ya se exploró en otra novela coreana que me gustó mucho, un hombre de éxito profesional, aunque no al nivel que le hubiera gustado. La tercera es la perspectiva del marido, que se casó en matrimonio de conveniencia con la desaparecida cuando esta tenía 17 años, y vivía pobremente en una aldea de montaña. La cuarta mezcla el punto de vista de la hija pequeña, la que fue cariñosa y alegría de la madre, farmacéutica que despuntó y acabó yendo a Estados Unidos y teniendo tres hijos, por lo que ha renunciado a su carrera, con el hipotético punto de vista de la madre, que observa externamente a sus hijos que la buscan.

La novela, en principio de ficción, no sé hasta qué punto la autora se inspira en su propia biografía para escribirla, en parte sí, está claro, es una reivindicación de una generación de mujeres en un época difícil, en un país profundamente patriarcal y conservador. Mujeres que vivieron en su juventud una guerra durísima y cruel, una posguerra en pobreza y dictadura, incultas, analfabetas incluso, con complejas relaciones familiares por el patriarcado oficial del país, y que a pesar de ello engendraron la generación mucho más culta que ha dado lugar a la Corea del Sur actual, una democracia liberal entre las de mayor calidad del mundo, con altos niveles de educación y de desarrollo tecnológico. Es un cuestionamiento también sobre las actitudes que los hijos de esas mujeres han mantenido hacia esa generación, a la que le deben mucho, pero que también les avergüenza porque les recuerda las miserias y la incultura en las que vivió el país.

Es un libro duro. Sin una resolución satisfactoria, pero con unos personajes que a pesar de todo están obligados a seguir con su vida, siempre con la sombra amarga de dónde estará la madre perdida. Un libro muy recomendable, bien escrito, profundo, engarzado en la realidad, alejado del glamour que desprenden los productos habituales de la cultura popular que nos llegan del país asiático como son los dramas televisivos o la música pop, que habla de contradicciones y de patrones sociales profundamente negativos para las mujeres, que en mayor o menor medida se dan en muchos países del mundo. No siempre es fácil de leer. Obliga a hacer pausas, y quizá ese sea uno de los motivos por los que me ha costado encontrar los momentos de concentración para seguir adelante con él. Pero es un oportunidad innegable de acercarse con veracidad a una realidad que en nuestro país quizá resuene menos entre los lectores más jóvenes, pero que sonará más a los que tuvieron padres que vivieron la guerra civil española y la posguerra en dictadura posterior, especialmente si vivieron en medio rural.

[Libro] Una mujer y la guerra – Yōko Kondō

Literatura

Ayer, 6 de agosto, fue el aniversario del lanzamiento y explosión de una bomba nuclear sobre la ciudad de Hiroshima. La segunda explosión nuclear de la historia de la humanidad, la primera cuyo objetivo fue destruir una ciudad y asesinar a sus habitantes. Muy de moda en estos tiempos por una película cinematográfica muy interesante y de gran calidad, las reflexiones éticas y políticas derivadas de haber utilizado un arma de este tipo, especialmente sobre la población civil, cosa que se repitió tres días más tarde sobre Nagasaki, nunca deberían pasar de moda. Nunca se juzgaron ni nunca se juzgarán en un tribunal de justicia los desmanes de los vencedores de las guerras. Pero si los militares y políticos japoneses que empujaron a su país y a muchos otros a una guerra sin sentido fueron considerados criminales, y merecen nuestro más firme reproche como responsables del sinsentido bélico, los militares y políticos norteamericanos que llevaron a estos bombardeos, también merecerían esta consideración como criminales y este reproche. Dos errores, graves, nunca son un acierto. ¿Verdad?

Sin embargo, no hizo falta la bomba atómica para que estos defensores de «la libertad y la democracia», pero que plantearon la guerra contra Japón como una guerra racial, contra el ser inferior que se había atrevido a subirse a las barbas del tío Sam, no hubo tanta diferencia entre la actitud de los soldados norteamericanos en el Pacífico respecto a los soldados japoneses, ciertamente fanatizados estos últimos y sometidos a una propaganda falaz, con la de los soldados alemanes respecto a los untermensch eslavos, las razas inferiores, en el frente oriental de la guerra en Europa. No hay más que ver la diferencia de trato que se dio a los ciudadanos americanos de origen japonés respecto a los ciudadanos americanos de origen alemán. Adivinad cuáles fueron recluidos en campos de concentración en el desierto. Y el bombardeo norteamericano con más víctimas directas no fue ninguno de los dos bombardeos atómicos, sino el bombardeo con bombas incendiarias de los barrios populares y obreros de Tokio, barrios con casas construidas de madera y papel, a principios de mayo de 1945, y que ya demostró el talante de los líderes estadounidenses con Truman a la cabeza. Quizá las víctimas acumuladas, en los meses posteriores, como consecuencia de la radiación, llegase a ser mayor en los bombardeos atómicos. Pero en lo que se refiere a calcinar seres humanos… demostraron los norteamericanos que no necesitaban bombas atómicas para generar un terror inhumano.

En la novela gráfica que traigo hoy, los hechos transcurren en los últimos meses de la guerra en la ciudad de Tokio. Y veremos cómo los protagonistas de la historia sobreviven al bombardeo incendiario de Tokio. Yōko Kondō traslada a este formato dos relatos relacionados entre sí del escritor japonés Ango Sakaguchi, uniéndolos en una sola narración. La protagonista de la historia es una atractiva mujer, que fue prostituta, y que ahora vive con su amante en Tokio, en el caos y la desesperación de una guerra que se sabe perdida. Con el miedo a la invasión y a los desmanes del invasor. Y con la amenaza continua de los bombardeos, que pasan en el refugio construido en el suelo del jardín de su casa. Y sólo durante los momentos de tensión, miedo y excitación que se suceden durante estos bombardeos, y dentro del refugio, son capaces los amantes de mantener relaciones, cuando por otra parte, en otras circunstancias, es una mujer incapaz de sentir nada en las relaciones físicas como consecuencia de sus años como prostituta y de las consecuencias de la guerra. Una convivencia hasta punto forzada, pues no confían en que cuando todo acabe sean capaces de seguir juntos y no volver a sus vidas anteriores.

Con un dibujo sencillo y austero, alejado de cualquier preciosismo, pero tremendamente eficaz, Kondō es capaz de transmitirnos cómo pudo ser la vida en la capital japonesa durante ese periodo de tiempo. La lucha cotidiana por la supervivencia, el razonamiento, el hambre, el mercado negro, la rígida moral en las costumbres impuesta por el régimen, los impulsos de solidaridad entre las gentes, alternados por el egoísmo, según el momento. Y en el plano íntimo, la desilusión vital, el pesimismo existencial, que sólo se mitiga ante el miedo de las bombas que, paradójicamente, despierta el deseo vital de los protagonistas, y los acerca en la intimidad de los cuerpos.

La narración termina con el final de la guerra. Que alivia en cierta medida los corazones de las gentes, aunque no elimina del todo los miedos, las incertidumbres. Y sobretodo, en nuestros protagonistas, no elimina el pesimismo existencial, desapareciendo al mismo tiempo aquellos momentos en los que las ganas de vivir se imponen, por el miedo a la muerte inminente. La novela gráfica me ha gustado. Pero creo que sobretodo me gusta el planteamientos de la historia, la tesis que subyace en ella. Por ello, quizá, dejando pasar un tiempo, para madurar la idea, igual busco los relatos originales de Sakaguchi. Tengo la curiosidad.