[Cine] Museo (2018)

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Museo (2018; 54/20181128)

En 1985, se produjo uno de los robos más sorprendentes de la historia y, probablemente, el robo más importante realizado en un museo. Fue asaltado por la noche el Museo Nacional de Antropología de Méjico y fueron robadas un cierto número de piezas, que no sé muy bien si situar en las 140 o las 170, o algo entre medias, porque ambos valores he visto reflejados por ahí. El valor de las piezas robadas es absolutamente incalculable, aunque la mayoría fueron recuperadas con el tiempo. Y no está clara la intención de los ladrones para robar estas obras. Luego no las vendieron. O no las consiguieron vender. Sorprende también que en 1985 un museo de esta trascendencia careciera de sistemas de alarmas y basase su seguridad en las rondas de los vigilantes.

Como todavía no he tenido la oportunidad de visitar Méjico y sus maravillas artísticas, me conformaré con un museo igualmente o más interesante que he visitado este años, el Museo del Palacio Nacional en Taipéi, donde no faltan tampoco piezas de valor absolutamente incalculable.

El caso es que el director mejicano Alonso Ruiz Palacios (habitualmente “estila” sus apellidos como Ruizpalacios, pero parece que en esta ocasión aparecen separados en los títulos de crédito; realmente no sé muy bien cómo son) aprovecha el caso para hacer una recreación no necesariamente basada en la realidad, en la que sigue a Juan (Gael García Bernal) y Wilson (Leonardo Ortizgris), dos estudiantes de veterinaria, el primero de familia bien, que andan bastante desorientados por el mundo, y que deciden dar el golpe para “ganarse el respeto” de aquellos que no los valoran adecuadamente. A partir de ahí, seguiremos sus peripecias hasta la devolución de las obras robadas, en una road movie que se mueve entre el humor, el drama y la tragedia; entre el patetismo y el absurdo. Siempre señalando la falta de objetivos reales de estos chicos, más allá de su necesidad de reconocimiento y respeto por los demás.

Todo ello montado en una película, que sin ser redonda del todo, tiene sus altibajos en el ritmo, tiene también momentos sublimes. Filmada con el aspecto sucio, más granuloso de las películas de la época o incluso de algunos años antes, con un estilo de cámara en mano que señala el buen hacer del director de fotografía Damián García, las secuencias del atraco al museo son una maravilla. También lo son la recuperación de las obras, y otros momentos de la películo. Que además se apoya en un trabajo actoral absolutamente sobresaliente.

Una película que corre el peligro de pasar por la cartelera, muy competitiva en estas fechas, con poco impacto, cuando probablemente es mejor que la inmensa mayoría de los productos más comerciales que llegan de sus vecinos gringos. No se la pierdan. Es de la que ganan en la memoria conforme pasan los días.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine] Victoria (2015)

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Victoria (2015); vista el 26 de octubre de 2015.

Aunque este viernes voy a estar muy liado como para subir ninguna entrada elaborada en este Cuaderno de ruta, voy a dejar programada esta reseña cinematográfica, porque no quiero dejar colgado el comentario de esta película que realmente me parece algo de lo más interesante de lo que llevamos de año. No es perfecta, pero es distinta. Y se agradece.

En Zaragoza sólo está estrenada en versión original subtitulada. Muy bien. Hubiera sido absurdo el doblaje. El idioma en que hablan los personajes en cada momento es trascendente, mucho. Y se perdería sentido de la trama y las situaciones con una película doblada, o mal doblada. Que es lo habitual, por mucho que presuma la industria del doblaje en España.

Las fotografías de hoy, claro está, son instantáneas recogidas en la capital alemana.

Las fotografías de hoy, claro está, son instantáneas recogidas en la capital alemana.

La película dirigida por Sebastian Schipper nos cuenta en tiempo real lo que sucede a una joven española, de unos veinte años, emigrada a Berlín, Victoria (Laia Costa) durante las últimas horas de la noche, un día en que se va a un club berlinés a bailar. Al salir del club, conoce a Sonne (Frederick Lau) y tres de sus amigos que celebran un cumpleaños, con quien empieza un flirteo que parece que no va a ir mucho más allá. Son más de las cuatro de la mañana, y ella tiene que abrir a las siete la cafetería donde trabaja, y pretende dormir un par de horas. Tras un poco de ese flirteo y alguna gamberradilla sin trascendencia aparente, tienen un momento de intimidad, no física, en la cafetería donde trabaja la chica, y parece que se van a despedir. Quien sabe si para siempre. Pero en ese momento, algo cambia, y se meterán en una frenética aventura que cambiará para siempre sus vidas.

Quienes se hayan informado de la película a priori, conocerá su logro. Está rodada en un único plano-secuencia. En una única toma de casi 140 minutos de duración. La película, tras una cuidadosa planificación, se rodó tres veces, con un esfuerzo físico e intelectual notable para todo el equipo, especialmente los intérpretes y el director de fotografía y cámara, el noruego Sturla Brandth Grøvlen, quien, en un reconocimiento de su mérito, ocupa el lugar de honor en los créditos de la película, el que habitualmente se reserva al director, que se sitúa en segundo lugar. Filmada con una ligera Canon EOS C300, aunque no con la montura EF propia de la marca, sino con la PL más estándar en el sector cinematográfico. Me gustaría saber el objetivo utilizado. No lo he encontrado. El formato de la película es 2,35:1, así que tal vez sea un objetivo anamórfico. No me pensé en fijarme en ese detalle. Es realmente una virguería.

No nos muestran el Berlín más turístico, sino las calles más normalitas... aunque algún paisaje urbano sí que reconozco en el filme.

No nos muestran el Berlín más turístico, sino las calles más normalitas… aunque algún paisaje urbano sí que reconozco en el filme.

Pero de nada serviría el virtuosismo técnico si no hubiese una historia que contar detrás. Es cierto que el planteamiento de la película tiene algunas flojeras. Es difícil entender porque una chica pija de Madrid, desencantada con la vida por una profesora de música borde, acaba juntándose con cuatro notas de este tipo a las cuatro de la madrugada en Berlín. La química con el chico protagonista cuesta en aparecer… y yo me lo creí a ratos. Incluso la escena en la que ella toca el Mephisto-Walz de Liszt, por estupenda que parezca en el momento, tiene algo de raro. Pero es justamente es a partir de ese momento, cuando la película se vuelve incluso más demencial e inverosímil, cuando te enganchas a ella, y al frenesí de película de acción que ya habíamos sentido en alguna otra película alemana rodada en Berlín previamente. Sin duda, hay un parentesco entre esta película de Schipper, y aquella estupenda de Tom Tykwer, que además sirvió para que conociésemos a la estupenda Franka Potente.

Y es que en Victoria tenemos también que reconocer la importancia de la protagonista, esta catalana de treinta años haciendo de madrileña de veinte, sola en Berlín. Laia Costa está realmente convincente, se echa a sus espaldas la película, sale adelante de forma estupenda con sus diálogos en parte improvisados, con su inglés imperfecto (es cierto que se le nota un tanto el acento catalán… le podría haber conservado la “barcelonesidad” en lugar de hacerla madrileña) y su desconocimiento del alemán. Factores importantes en el desarrollo de la película y en la difícil verosimilitud de su personaje. Perfectamente acompañada por los actores locales, y sería injusto reconocer sólo el mérito del personaje masculino protagonista, ya que el resto de aventureros de la noche están también muy bien.

Aunque como ya he dicho, contemplé… contemplamos con escepticismo la parte de la película que juega a drama romántico, en el momento en que se convierte en un drama de acción desenfrenada nos engancha totalmente, y pasamos, sufriendo, uno de los momentos más estupendos cinematográficamente hablando de los últimos tiempos. No es una película perfecta, pero merece mucho reconocimiento por lo arriesgado, por su dinamismo, por la ilusión que esta gente a puesto al hacerla, dando un formidable sopapo en los morros al conformismo del cine comercial.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

Especialmente al final de la película, cuando se rueda en el interior del Westin Grand Hotel... donde me alojé la primera vez que visité Berlín.

Especialmente al final de la película, cuando se rueda en el interior del Westin Grand Hotel… donde me alojé la primera vez que visité Berlín.

[Cine] Ahora me ves… (2013)

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Ahora me ves… (Now you see me, 2013), 29 de julio de 2013.

Teóricamente, nuestra intención de ayer tenía fácil solución. Ir al cine por mero entretenimiento, un poco de escapismo de la realidad. Y se supone que la cartelera de verano es la más propicia para este fin. Los distribuidores dejan las películas con cierta consistencia temática se dejan para otros momentos del año. Pero a pesar de ello, no fue fácil la elección. Pasando de más absurdos superhéroes… Las comedias están cortadas todas por el mismo patrón… grosero o de humor facilón, simplón. Pasando de las de miedo… es que no me gustan ni los miedos, ni los sustos, ni de que pasen por honestas las “historias reales” transformadas en fenómenos paranormales, por bien hechas que estén… Así que nada. Nos vamos a ver una de ladrones de guante blanco disfrazados de ilusionistas. Aunque también es preocupante la continua confusión entre el concepto de “magia” y de “ilusionismo” que muestra esta película de Louis Leterrier.

Cuatro personas que trabajan como pueden en el mundo del ilusionismo son reclutados por un misterioso tipo mediante unas cartas de tarot para un fin que desconocemos inicialmente. Pero un tiempo después los vemos en un gran espectáculo en Las Vegas convertidos en Los cuatro jinetes (Jesse EisenbergWoody HarrelsonIsla FisherDave Franco), representados por el millonario Arthur Tressler (Michael Caine),donde prometen que van a robar un banco, en París, durante la actuación. Y parece que así es. Serán perseguidos por Rhodes (Mark Ruffalo), agente del FBI, que contará con la colaboración de Alma Dray (Mélanie Laurent), agente francesa de la Interpol. También intentarán contar con la colaboración de Thaddeus Bradley (Morgan Freeman), una antiguo ilusionista que se dedica a destripar los trucos de otros ilusionistas, ganando una pasta gansa en el proceso. Pero Los cuatro jinetes prometen nuevas espectaculares “actuaciones”, en las que serán perseguidos implacablemente por los agentes policiales.

Pont des Arts

En un momento de la película, la “poli” francesa le cuenta al “memo” del FBI una historia sobre el Pont des Arts en París.

Vamos a ver… Entre 2004 y 2012 se emitió en el Reino Unido una simpática serie de timadores que se titulo Hustle, y que era realmente muy entretenida, con unos personajes muy simpáticos, encantadores y granujas, que se dedicaban a estafar a auténticos gilipollas, con lo que a pesar de ser delincuentes, te caían muy bien, y esperabas que tuvieran éxito en sus golpes. No eran ilusionistas profesionales, pero sus estafas siempre tenían su punto de ilusionismo, de aparentar ante el primo una realidad que no era, de desviar su atención, y de aprovecharse de su codicia u otros defectos. Cada capítulo solía contar una estafa y duraba alrededor de una hora. Yo la disfruté. Pues bien, esta película es como una capítulo de Hustle, con dos horas de duración, con muchos medios y espectacularidad, y con unos protagonistas bastante menos simpáticos, con menos encanto. No hay más, lo mires como lo mires.

Es cierto que comienza con buen ritmo, y el primer golpe, incluso el segundo, son relativamente entretenidos. Luego ponen a dura prueba la suspensión temporal de la incredulidad, que en varias escenas se viene completamente abajo. Eso sin contar con que el desarrollo de las tramas en los interludios entre los golpes, en los momentos de calma, pueden llegar a momentos cercanos al ridículo. Los diálogos están realmente poco cuidados, y la evolución de la relación entre el patoso e irascible agente del FBI y la chica mona francesa es casi menos creíble que las escenas de acción.

Pont des Arts

En dicha historia, le cuenta como una tradición parisina propia y trascendente de París lo de los candaditos del amor en los puentes de Europa, aunque hace menos de cuatro años tan apenas había algún candadito en dicho puente. En una escena posterior aparece plagado de ellos.

Las interpretaciones son lo de menos. De los cuatro intérpretes que encarnan a los ilusionistas, lo único que importa es que salgan guapos y caigan simpáticos. Sin más. Los prestigiosos, CaineMorgan, disfrutan a sus avanzadas edades de papeles alimenticios en los que explotan sus logros de antaño. La chica francesa es el típico florero. Y el auténtico protagonista de la película, Ruffalo, hace lo que puede con el personaje que le han puesto.

Estamos ante una película que cumple con el objetivo de entretener. Pero como ya digo, sin ningún tipo de pretensión. Será perfectamente olvidable. De hecho, probablemente se pueda considerar como inferior a buena parte de los episodios de la serie que he mencionado. Tanto por la coherencia de su trama como por el nivel de interpretación de sus protagonistas. Dicho lo cual, salimos de la sala de cine sin guardar rencor alguno por los defectos del filme, que ya nos esperábamos y que cumplió con buena parte de las limitadas expectativas que llevábamos.

Valoración

  • Dirección: ** Más allá de la espectacularidad de algunas escenas, es una historia no especialmente bien ligada y contada.
  • Interpretación: *** No se les piden maravillas interpretativas, y todos cumplen, más o menos.
  • Valoración subjetiva: *** Un poco justas las tres estrellas, pero acorde a las expectativas que teníamos.

Puente Hohenzollern

Mucho más acusado era el fenómeno de los candados en el Puente Hohenzollern de Colonia, apenas unos meses después de mi visita a París. Creo que para hacerlo más preciso, igual tenían que haber hecho que la inspectora de la Interpol fuera alemana, o italiana… qué se yo. Como si tuviera importancia.