Nausicaä del Valle del Viento (1984)

Cine

Nausicaä del Valle del Viento (Kaze no tani no Naushika, 1984), 13 de julio de 2010.

Hace ya un tiempo que oigo noticias que hablan de que esta película de animación que fui a ver ayer se podía calificar de obra maestra. De imprescindible en el género de animación, y de una de las importantes de la historia del cine en general. Cuando se estrenó por primera vez en el mundo occidental, según informa la Wikipedia, sufrió una serie de atentados monstruosos a base de tijera sobre el montaje original, que hizo que además de cambios absurdos en el título y en los nombres de los personajes, el filme tomara un sentido totalmente distinta. Como consecuencia de un cambio en los derechos de distribución del filme, desde 2005 se ha producido un reestreno del mismo que en este 2010 llega a nuestro país, y con dos meses de retraso respecto a Madrid, a mi ciudad, a Zaragoza. El número de copias circulantes debe ser escaso. Y además está en versión original subtitulada.

Nausicaä es la princesa, es decir la hija del jefe, de una pequeña población rural en el Valle del Viento. La Tierra vive una situación post-apocalíptica. 1000 años antes, una guerra devastó buena parte del planeta y, desde entonces, un bosque con elementos tóxicos poblado de extraños insectos potencialmente hostiles, se ha ido extendiendo, arrinconando a las poblaciones humanas que aún encuentran tiempo para guerrear entre sí. Esta historia nos cuenta como la joven princesa busca entender qué es lo que pasa y cómo convivir con el extraño ecosistema del bosque tóxico, mientras intenta salvar a su comunidad de un conflicto bélico en el que participan otras dos poblaciones más poderosas y mejor armadas.

Dirigida por Hayao Miyazaki, este filme de tema fundamentalmente ecologista y pacifista, desarrolla un mundo de gran belleza conceptual y visual. Si en lo conceptual, nos habla con gran maestría de la necesidad de mantener los equilibrios de los ecosistemas y con el resto de los seres vivos, por hostiles que aparezcan a nuestros ojos, en lo visual es un derroche de imaginación con imágenes de gran belleza y sensibilidad. Debieran aprender muchos de los que babean en estos momentos por los 3D y otras lindezas similares, que estos artificios no son más que meros reclamos propagandísticos en comparación con la limpieza de los dibujos y de la animación de este filme. Nunca he sido muy favorable a la animación japonesa, pero evidentemente, a la vista de este filme, es que no tenía toda la experiencia e información disponible para juzgar. He leído en algún sitio que esta copia restaurada no tiene la saturación y la vivacidad del original; no sé, a mi me ha parecido ideal.

Es también un filme en el que es una delicia escuchar las voces originales en japonés. A pesar de ser un idioma muy extraño al nuestro, al poco rato, puedes distinguir perfectamente las entonaciones y los sentimientos que las acompañan. Aunque difícilmente se puede hablar de interpretación en una película de animación, reconozco que ésta está ahí, y es excelente.

En resumen, una película que va a tener una difusión extremadamente limitada por tres motivos: su limitada distribución, su escasa publicidad, y por no estar doblada al castellano. Pero la encuentro absolutamente recomendable para todo el mundo. Estoy casi de acuerdo en que es una obra maestra del cine, y lo es sin duda alguna, para mí, del cine de animación. No os lo perdáis.

Dirección: *****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva:
*****

Champ du Feu

Aparentemente menos agresivos que el Fukai de la película, los bosques en los Vosgos son muy bellos, aunque también potencialmente peligrosos; especialmente si eres un "pato" como yo y vas tropezando con todas las raíces escondidas bajo los helechos - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

No dejes que la historia te estropee la «historia»; el caso de los Tudor

Televisión

Hace ya un tiempo, todavía en mi Cuaderno de Ruta V.1, comenté sobre la falta de rigor histórico de la serie televisiva The Tudors, una auténtica superproducción con ambientación histórica, que recientemente ha llegado a su cuarta y última temporada.

En aquella primera temporada, asistíamos al final del matrimonio de un todavía joven Enrique VIII con Catalina de Aragón, enamorado de la bella, al menos en la serie, Ana Bolena. Entonces decíamos que era una serie con acción, intriga, romance, su dosis de sexo,… lo adecuado para hacer de ella una serie de éxito. El principal problema es que los guionistas parecía que habían decidido que la historia tal cual fue no es lo suficiente interesante y había que modificarla para dar interés.

Estamos en 2010, y después de cuatro temporadas, el famoso monarca británico se ha ido a la tumba, y consecuentemente ha terminado la serie. Que ha seguido por los mismos derroteros. En total, se ha divorciado de dos, ha decapitado a dos, se le murió una por enfermedad, y la última, aunque con sobresaltos, le sobrevivió. Ha seguido habiendo intrigas palaciegas, romance, sexo,… y dosis todavía mayores de ausencia de rigor histórico. El caso es que una fórmula que funcionó muy bien en la primera temporada, donde esas veleidades históricas podían ser perdonables, han producido cierto cansancio. En un momento dado, te daba la impresión que todo eso ya lo habías visto. Que era una repetición constante de situaciones ya acaecidas con distintos personajes. Y es que quizá la historia de Enrique VIII a lo mejor da para una serie con un par de temporadas, con lo cual no es necesario inventarse hechos históricos no sucedidos, en lugar de estirar un éxito comercial inicial razonablemente merecido.

En resumen, una serie que ha terminado por cansar un poco, cuando empezó razonablemente bien. Por cierto que sigo pensando que Ana Bolena estaba como un queso. Que pena que la apiolasen tan pronto.

Yo os dejo alguna imagen de mis últimas vacaciones.

Metz desde el Centro Pompidou

Vista de Metz desde Centro Pompidou - Panasonic Lumix LX3

Inevitablemente, fútbol

Deporte, Política y sociedad

Pues eso; que aunque es un deporte que no me gusta, me aburre, que aunque la cultura popular que rodea a este espectáculo tampoco me gusta, siempre me ha parecido que tiene mucha caspa, al menos en este país, finalmente es prácticamente imposible sustraerse al fenómeno que en los últimos días nos ha rodeado por todas partes, informativamente hablando. Y lo que nos queda, por «culpa» de la victoria de la Selección Española de Fútbol.

Si habéis seguido mis andanzas en estas pasadas vacaciones, conoceréis cómo un partido de fútbol nos hizo atribularnos para encontrar la forma de ir a la estación de Baden-Baden a coger un tren, por la invasión de ciudadanos alegrándose de una victoria… en cuartos.

Esta alegría tan desbordada en un partido que no es en absoluto definitivo, que sólo es un paso más, me habla mucho de la necesidad que tiene la gente por sentirse feliz, por sentirse ilusionada, por agruparse en torno a algo. Y parece que no sólo sucede en Alemania. Que similares manifestaciones de alegría se dan en todos los países, incluso ante triunfos menores. Que se desborde la alegría ante la consecución de un campeonato,… pues normal. ¡Pero en un pase de eliminatoria…! Lo dicho, los tiempos deben ser más atribulados todavía de lo que nos parece, y la gente necesita cosas con las que ilusionarse.

Todos a las banderas y a los coches

Las gentes de Baden-Baden, locales y veraneantes, se subieron a los coches con sus banderas para celebrar la victoria de su selección sobre la de Argentina - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8

Aficionados ante la Trinkhalle

Aficionados con banderas ante la Trinkhalle de Baden-Baden - Panasonic Lumix LX3

Y además no es la primera vez que me pilla un evento mundialístico estando de vacaciones. Hace cuatro años me encontraba en Londres cuando se celebró la final en Alemania entre las selecciones de Francia e Italia. Nosotros pasamos la mayor parte de la duración del partido comiendo pato laqueado en un restaurante chino cercano al Soho, pero cuando terminó todo, el partido y nuestra cena, no pudimos evitar vernos rodeados por la alegría de los numerosos italianos de vacaciones en la capital británica que invadieron las calles con sus cantos de celebración y sus banderas.

En el recién terminado campeonato, ninguno de los dos equipos ha hecho un papel especialmente destacable. En Francia, se ha convertido la mala actuación de su selección en un asunto de estado (¡!), mientras que en Italia están muy entretenidos haciendo legal la censura y dando los pasos adecuados para volver al fascismo bajo el «duce» Berlusconi.

Sic transit gloria mundi. Apliquémonos la lección.

Aficionados italianos celebrando la victoria de su selección en Charing Cross Street - Fujifilm Finepix F10

Como ya he dicho, el fútbol es un deporte que me aburre. Así que no he visto partidos de este mundial, salvo algo de un partido de Argentina al principio del todo, en casa de unos amigos, y porque no me quedó más remedio, y anoche que cambié un par de veces de canal para ver cómo iban las cosas.

La primera fue en algún momento cerca del final de la primera parte. Y lo que más me llamó la atención fue la violencia, a veces desaforada, con la que se comportaban los jugadores holandeses. Uno de ellos dio una patada directa, claramente intencional, en el pecho de un jugador español que me dejó absolutamente espantado. Y el árbitro le dejó seguir jugando. Después del descanso, la tónica siguió más o menos igual. Pero allí no pasaba nada realmente interesante. Se supone que el objetivo del juego es marcar goles. Pero cuando volví a cambiar de canal por aburrimiento y porque debido a una tormenta, la señal del satélite se recibía mal y no podía disfrutar de la transmisión en alta definición, se llevaban cerca de 70 minutos de juego y nada. Este deporte siempre me ha parecido muy rancio.

La segunda conexión fue cuando escuché al vecindario en su conjunto dar alaridos de alegría. Finalmente, tras 114 minutos de juego, según el cronómetro que aparecía en la esquina del televisor, la selección española había marcado un gol. Era obvio suponer, que dado lo que les cuesta conseguir este objetivo y puesto que sólo faltaban seis minutos de juego, la probabilidad de que el resultado se alterase era muy baja. Y así fue. Finalizó el partido, y España ha sido campeona por primera vez en su historia.

Mantuve la retransmisión y mientras miré en la Wikipedia las estadísticas del campeonato. Me choca que el vencedor del campeonato, sobre el cual muchos aseguran que es el equipo nacional que mejor juega en estos momentos al fútbol, ha metido ocho goles en siete partidos. Teniendo en cuenta que ha jugado alguna prórroga, prácticamente le cuesta 90 minutos meter un gol. Me parece escasísimo. Sin embargo, la derrotada Alemania, metió 16 goles en siete partidos. Es decir, consigue el objetivo del juego con una frecuencia que es en la práctica el doble que la campeona. Algo más por la ausencia de prórrogas.

Lo dicho. O yo soy muy cenutrio para entender este deporte, o es que realmente es un deporte muy rancio.

Luego vino ya la alegría desbordada, la emotividad, los periodistas deportivos intentado conseguir que los jugadores contestaban lo que ellos querían que contestasen a sus escasamente informativas preguntas, etc. Y un misterioso asunto sobre un pulpo que parece que estos días que he estado fuera ha ocupado portadas, y que incluso ya tiene su entrada en la Wikipedia. Evidentemente, lo de que el ser humano es un ser racional no deja de ser un humorismo, ¿verdad? Básicamente es un ser supersticioso.

Y bueno… se acabó el panem et circenses de turno. Hasta que llegue el siguiente. Mientras tanto, intentaremos «disfrutar» de las alertas por calor que se suceden en estos días en el Valle del Ebro.

Composición de Kandinski (Museo de Arte Moderno y Contemporáneo)

En fin, ondeemos las banderas de nuestro país en homenaje a nuestra selección... ¡uy, que me parece que no es la de la imagen la que está en vigor ahora! ¡mecachis! (Composición de Wassily Kandiski en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Estrasburgo) - Panasonic Lumix LX3

Lecturas de vacaciones: Seis tumbas en Múnich y El asombroso viaje de Pomponio Flato

Literatura

Esto de llevarse algún libro para las vacaciones siempre es un tema delicado. Si es demasiado profundo y serio, corres el riesgo de que no te concentres dada la ligereza general de la situación, y si es demasiado superficial y leve, como ya me ha pasado en alguna ocasión, que sea malo. En cualquier caso, en esta ocasión me he decantado por cosas no demasiado profundas. Al fin y al cabo, mi previsión es que fundamentalmente me los iba a leer en los días de ida y vuelta, como así ha sido. Vayamos al grano.

1. Novela negra en la posguerra europea.

El autor de esta novela, Mario Puzo, es famoso esencialmente por una de sus novelas, El padrino, y por colaborar en el guion de la película que le dio fama. La novela la leí hace mucho años, y no me dijo gran cosa. Y la verdad es que, literariamente hablando, yo no le conocía más. Pero vi la novelita que hoy nos ocupa, baratita, de verano, y me la cogí.

Seis tumbas en Múnich
Mario Puzo
Edición Zeta Tapa Dura Limitada; Barcelona, 2010
ISBN: 9788498723755

Para empezar, el título en castellano es una mala traducción y no tiene sentido. No son «seis tumbas en Múnich», sino «seis tumbas hasta Múnich», me parece a mí aunque no soy un experto (six graves to Munich). Y así sí que tiene sentido.

La historia va de un antiguo agente de la inteligencia americana que salta para colaborar con la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, y que es apresado junto con su esposa embarazada francesa, trasladado a Múnich, donde esta muere y el es torturado y dado por muerto al final de la guerra. Años después comienza una historia de venganza contra los siete torturadores, en la que intervendrán, de un modo u otro, una prostituta con la que mantendrá un affaire y un agente de la CIA bastante cínico.

La novela me la merendé en el viaje de ida a Estrasburgo, porque es muy fácil de leer. Tampoco tiene mucha miga; está llena de tópicos. Da la impresión de encontrarse más cerca de la novela barata de crimen de estas que se hacían como churros con el fin de producir una evasión fácil al lector que de un relato de un escritor con pretensiones de calidad. Los personajes son estereotipados, y muchas de las situaciones poco creíbles.

Pero bueno, cumple con el fin de entretener las horas muertas de los trenes, los aeropuertos y los aviones. Y es muy barata. Hasta ahí llega. Más tras la foto.

Marienplatz

Marienplatz de Múnich, presunto escenario, aunque no está claro de algunos pasajes del libro - Canon Digital Ixus 860IS

2. «Investigaciones detectivescas» en la Galilea de principios del siglo I.

Hacía mucho que no leía una novela de Eduardo Mendoza, un escritor cuya seña de identidad es el humor, la ironía y la irreverencia general hacia las instituciones. Para mí siempre será el señor que me hizo desternillarme en el «año triunfal» con su Sin noticias de Gurb. Veamos que me ha parecido esta novela histórica de la que en su momento escuché muchas alabanzas cuando salió publicada por primera vez.

El asombroso viaje de Pomponio Flato
Eduardo Mendoza
Booket (Seix Barral); Barcelona, 2010
ISBN: 9788432250705

Mendoza nos traslada al siglo I de nuestra era, en tiempos del emperador César Augusto, cuando el personaje central, un filósofo romano de nombre Pomponio Flato, va por Oriente Medio buscando las aguas que remedien su mal crónico, relacionado con su nomen. Pero tras una serie de peripecias, pierde sus bienes, y acaba en un pueblo de Galilea, Nazaret, dónde es contratado por un niño, Jesús, para que investigue un asesinato del cual ha sido acusado y condenado, presuntamente de forma injusta, su padre, José. Bueno… supongo que ya sabéis por donde van los tiros.

El libro está escrito, como es costumbre de forma muy irónica, criticando a todo y a todos, a los judíos, a los romanos, a los griegos, y de forma derivada a los países que en la actualidad han adquirido el papel de aquellos. No faltan las risas, especialmente en los primeros capítulos, y se ponen en solfa constantemente el papel de las creencias y las organizaciones religiosas.

No obstante, la historia va perdiendo fuelle conforme pasan los capítulos. Es como si hubiese un idea inicial buena, pero que luego no se sabe muy bien como acabar, resultándome floja la historia en comparación con otros relatos del autor, y en general. Pero no deja de mantener una sonrisa en tu boca, además de alguna eventual carcajada. Cumple con su misión de lectura veraniega, para rellenar tiempos muertos, que en un viaje desde Colmar hasta Madrid son muchos.

Ponts couverts

Una mujer musulmana pasea por los Ponts Couverts de Estrasburgo; el libro de Mendoza nos recuerda que los originales árabes, creían en Alá, pero no fueron monoteístas hasta la llegada de Mahoma - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8

Epílogo: Surrealistas en Madrid, y algunos buenos fotógrafos más

Cine, Fotografía, Viajes

Cuando estuve en París a principios de diciembre, una de las cosas que me apetecía mucho hacer era visitar el Centro Pompidou, y especialmente una exposición temporal de campanillas, «La Subversion del Images», la fotografía y el cine en el movimiento surrealista. Pero me quedé con las ganas. Una huelga de funcionarios de los museos nacionales franceses me aguó la fiesta; aunque me traje el catálogo.

Pues bien, esta exposición ha venido a España, a la sala Recoletos de la Fundación Mapfre, así que decidí, ya que el avión llegaba a la capital a última hora de la tarde, mal para coger un tren decente, pasar una noche en la villa y corte, e ir a visitar la exposición. Y dicho y hecho.

Y me lo he pasado fenomenal. Muchas y buenas fotos. Muchas y buenas historias. Mucho y buen arte. Y para finalizar la visita, dos cortometrajes de lujo: «L’étoile de mer» de Man Ray, y «Un chien andalou» de Luis Buñuel. Creo que a estos dos filmes les dedicaré un día de éstos una entrada.

La exposición, que abrió el 18 de junio, cerrará sus puertas el 12 de septiembre, así que aun hay tiempo.

Uno de los carteles de la exposición, con una de mis fotografías favoritas de Man Ray.

En una de las salas de la exposición, un aviso... "material no apto para menores y mentes sensibles",... ya se sabe,... desnudo,... pornografía; una de las imágenes, la famosa fotografía "La Priere" de Man Ray en una copia original de minúsculo tamaño (la que está al lado de la pantalla)... por cierto que tan maravillosas nalgas eran las de la modelo y tambien estupenda fotógrafa Lee Miller.

Como mi tren no salía de vuelta a Zaragoza hasta las 15:30, aún me ha dado tiempo a ver algunas exposiciones cercanas a Recoletos del certamen PhotoEspaña 2010. Así, por ejemplo, el Instituto Cervantes vuelve a mostrar fotógrafos emergente de América Central y del Sur, bajo el título genérico en esta ocasión de «Encubrimientos». O en Alcalá 31, de la Comunidad de Madrid, la exposición «Calves & Thighs» del alemán Juergen Teller. O la sensible Hellen Levitt, con su «Lírica urbana» en el Museo Colecciones ICO.

Imágenes pasan por una pantalla en la exposición "Encubrimientos" en el Instituto Cervantes.

No es Juergen Teller uno de mis fotógrafos favoritos, pero todo hay que conocerlo.

Las modestas, en tamaño que no en calidad, fotografías de Hellen Levitt atraen mucha gente a las salas del ICO.

Pero la que más me ha gustado, la que ha resultado mi favorita, la que me ha llevado a comprar el catálogo para disfrutar con frecuencia de las imágenes, es la retrospectiva de László Moholy-Nagy, «El arte de la luz», uno de mis fotógrafos favoritos de la década de los veinte, en ese mágico entorno creativo que fue la Bauhaus. Y miento al decir «fotógrafo», ya que también fue pintor, dibujante, diseñador, escenógrafo,… un artista completo, en busca de lo más puro del arte.

Fotomontajes y diseños de László Moholy-Nagy en el Círculo de Bellas Artes.

En el Círculo de Bellas Artes también hay un mini-exposición de Fernando Sánchez-Castillo, con tres fotografías y un filme sobre las estatuas de Franco que por la geografía española han pululado.

En fin; en PhotoEspaña 2010 hay mucho, mucho, mucho más que ver. Como me queda todavía una semana de vacaciones, intentaré escaparme un día a ver unas cuantas exposiciones más. Aunque con el calorcito que hace en la capital, es una actividad agotadora.

Y para finalizar un paseito por Colmar, y una visita «bajo los tilos»

Viajes

En la última mañana en tierras alsacianas, me doy un paseo por Colmar; siempre es posible encontrar algún nuevo rincón interesante y mono, como este patio de las tres épocas, con la medieval en la imagen.

En el antiguo convento de los dominicos, visito también la "Virgen del rosal", uno de los mejores ejemplos de la pintura gótica alemana; aunque no dejan hacer fotos,... bueno, la LX3 es muy discreta y no hace ruido.

Pero el plato fuerte del día es la visita al Museo Unterlinden (bajo los tilos en alemán), que se encuentra rodeando el claustro del antiguo monasterio del mismo nombre.

La obra más notable de las que alberga el museo es el retablo de Isenheim; situado en la antigua capilla del monasterio, es una obra maestra del renacimiento alemán.

En la misma capilla, encontramos una restauradora haciendo su trabajo, lo cual es agradable de contemplar; por cierto, ni se inmuta ante la expectación que causa entre los visitantes.

Pero no sólo arte de siglos ha, también hay arte moderno y contemporáneo; en estos días, hay una exposición dedicada al norteamericano Joe Downing.

Tras una cervecita, una visita a la Colegiata de San Martín,... y fin de visitas turísticas.

Así que finalmente, un par de trenes, y al aeropuerto de Enzheim, vía Estrasburgo.

Alguna cosita más en Fotos porque sí, como todos estos días.

Trenes, coches, y un poquito de Mulhouse

Viajes

Vamos a ver, si me he venido a Mulhouse (se pronuncia algo así como "milhus" y no "muljaus" como he oído por ahí, que estamos en Francia), es porque hay un museo del ferrocarril, la Cité du Train, del copón; y no me ha decepcionada en absoluto.

El primer pabellón es absolutamente excepcional, con todo tipo de sensores de movimiento que hacen que, cuando se acerca el visitante, los objetos expuestos cobren vida; como expulsar vapor por algún sitio.

De lo que más ilusión me ha hecho ha sido ver las dos locomotoras eléctricas a las que se acreditó el pasar por primera vez de 300 km/h, allá en los años cincuenta; en la foto una de ellas, la BB.

El caso es que por un poco más, te sacas la entrada conjunta con el museo del automóvil, montado sobre la base de la colección particular de un diletante del lugar; alguno coches, parecen auténticos coches... pero de caballos.

De lo que más hay en este museo son Bugattis, que para eso la fábrica estuvo cerca; se echan a faltar vehículos ingleses, americanos y japoneses.

Como de coches no entiendo, supongo que la calidad es importante; pero impresiona la cantidad, como por ejemplo de fórmulas 1 alineados como en un parrilla de salida.

Por lo demás, Mulhouse tiene poco más que ver; el ayuntamiento es muy mono, y llama la atención que tiene en la fachada escudos de algunos cantones suizos... bueno en realidad estamos a un paso de Basilea.

También tiene una zona comercial peatonal muy entretenida,... y eso que a las seis de la tarde todo chapado; que austeros estos calvinistas,... porque sí, sí, cuando se adhirió la ciudad a la República Francesa resulta que ya eran prácticamente todos protestantes.

Y a la caída del sol, uno se coge el TER Alsace de turno, y de vuelta a Colmar... que mañana es último día en tierras francesas.

Y ya sabéis, alguna imagen más en Fotos porque sí.

El pueblo donde nació Schweitzer, un campo de concentración y muchos montes con muchos arbolicos y praderas

Viajes

Hoy he empezado mi recorrido visitando Kayserberg, un pueblecito alsaciano donde nació el famoso teólogo, médico y misionero, premio Nóbel de la Paz, Albert Schwaitzer; muy bonito, aunque la foto muestra la batalla incesante del día de hoy entre la cámara de fotos y el sol de justicio que parecía lucir por todos los puntos cardinales.

Además de lo mono que es el pueblo, es interesante por un retablo en la iglesia, aunque lo que te impresiona es un inmenso señor colgado del techo de la iglesia; por cierto, por primera vez en ocho días, he oído hablar a dos lugareñas en el dialecto germánico local,... ya ancianas las señoras, ya.

Aunque mi idea original era pasar el día en los montes más altos de los Vosgos, una inscripción en Kayserberg me ha hecho considerar la posibilidad de visitar el campo de concentración se Struthof-Natzweiler; y aunque me ha hecho perder mucho tiempo allí he ido.

Pocos visitantes, aunque el lugar es interesante; lo que más, grupos de adolescentes alemanes, que activamente participaban en la visita... parece que la educación alemana quiere prevenir, y una pena que esa actitud no se extienda por todo el mundo.

Y cómo no, un recuerdo para los combatientes republicanos españoles, 80 de los cuales murieron en este campo; sigue pareciéndome que se conserva mejor la memoria histórica de estos combatientes antifascistas fuera de nuestro país, que en el interior,... que ya sabemos lo que pasa, jueces del Supremo incluidos.

Y por fin, la parte más alta de los Vosgos, la carretera de las Crestas, con sus estaciones de esquí incluidas.

Como he empezado el recorrido muy tarde, y con mucho consumo de kilometraje del coche, me he limitado a una parte de las crestas; aun así, he podido admirar algunas vistas interesantes.

Un año menos dos días hace que andaba subido por el Jungfraujoch; y desde este lugar se divisaba entre la bruma unos picos lejanos en los Alpes, blancos en sus cimas, que según una mesa de orientación se corresponderían con el mítico macizo alpino.

He vuelto a Colmar por el valle de Munster, nada especial pero bonito en su conjunto, donde elaboran un queso muy rico del mismo nombre.

Hoy sólo he añadido una imagen a Fotos porque sí,… tanto coche…

Tras un triste percance, recorro los viñedos de Alsacia y los Vosgos

Viajes

Pues no ha empezado bien el día. Mis compañeros de viaje con los que iba a estar hasta el día ocho, han tenido que volverse de improviso por un triste tema familiar. Y me han dejado sólo para el resto del viaje. Qué se le va a hacer.

Hoy alquilábamos coche, y así lo he hecho; para mí sólo, y gracias por la comprensión de la agencia de alquiler a la hora de cambiar el modelo previsto, con un Twingo es suficiente, que es pequeño, pero se maneja muy bien.

La primera parada era el castillo de Haut-Koenigsberg, una fortaleza militar en los Vosgos, cuyo origen se remonta a la edad media.

En el siglo XIX estaba totalmente en ruinas, pero los prusianos lo reconstruyeron como símbolo de su restablecido dominio sobre la Alsacia.

La verdad es que lo dejaron muy bien, y es muy visitado; de hecho lo difícil es no sacar algún turista en la foto,... y no quedan nada bien.

Después he recorrido la Carretera del Vino, una entretenida ruta automovilística entre viñedos y pueblos muy majos.

He llegado hasta Obernai, una población fortificada, con un casco antiguo muy mono.

En esa estupenda casona estaba el restaurante donde me he comido una deliciosa "flambé" con queso Munster (a modo de pizza alsaciana, sin tomate, sin mozarella, pero con otras cosas).

A continuación he cogido las carreteras que se internan en los Vosgos, parando en primer lugar en Le Hohwald, una estación turística que estaba bastante muerta de ambiente a esa hora de la tarde.

Después he subido hasta el Champ de feu, el punto más alto de esa zona, donde he paseado por los magníficos bosques.

También he encontrado restos de una estación de esquí, de aspecto más bien obsoleto, pero con un bonito paisaje.

Cayendo ya la tarde, de nuevo a los viñedos, esta vez en dirección sur, que estaban iluminados por la agradable luz de la tarde.

He terminado la ruta en Riquewihr, uno de estos pueblos super-pintorescos, con tres estrellas en la guía Michelín, que están llenos de turistas y tiendas y son un agobio; pero como he llegado pasadas las siete de la tarde, se habían ido casi todos, y las tiendas estaban cerradas,... ¡ideal para darse una vuelta y cenar tranquilamente!

Ya sabéis, puede que haya alguna imagen más en Fotos porque sí.

Amaina el calor, nos vamos de Estrasburgo, y paseamos por Colmar, para acabar cenando como curas

Viajes

La idea era ver algún museo que nos apetecía y ver tiendas; pero es lunes, y en Francia, en provincias, los lunes, casi todo cierra, así que a callejear.

También nos hemos vuelto a meter en la catedral, ya que el otro día, por la hora, se nos pasó un reloj astronómico muy chulo que tiene en el interior; los cabritos de ellos, para verlo en funcionamiento te hacen pagar entrada, una vez al día, a las 12.

Y luego, hemos hecho algo que el primer día, después de acaloradas discusiones, decidimos no hacer; dar una vueltecita en el barco por los canales, con los jubilados y los colegios de adolescentes.

Así que, llegado el momento adecuado, hemos recogido los equipajes, nos hemos comido unos bocatas, y hemos cogido el tren hacia Colmar, que total son 40 minutos de viaje escasos.

Después de descansar un rato la hora del calorazo, que aunque hace menos, hace, hemos dado una vuelta por Colmar; una ciudad muy, muy mona, algo sosona, pero maja y fotogénica.

Hemos dado un par de vueltas, una con nublado, y otra con el sol de final de tarde, que es la que nos ha permitido tener las fotos más majas, claro.

Además es asquerosamente civilizada, todo está limpio, todo en orden, todo indicado y explicado; es la ciudad para turistas tontos, de fácil que es recorrerla.

Hemos hecho una opípara cena, con unos "picones" de aperitivos, un excelente "pinot blanc" para el plato principal, y unos "coloneles" (sorbete de limón con vodka) para finalizar; así que ha habido que bajar el tema dando un nuevo paseo, intentando no caernos a ningún canal.

Pero todo ha ido bien, y hasta nos ha dado ocasión para hacer algunas fotos más; mañana alquilaremos un coche y recorreremos los Vosgos,... o algo.

Y ya sabéis, algunas imágenes más en Fotos porque sí. Hoy menos que otros días. Ya he dicho. Esto es más soso.

Hoy nos hemos ido al Centro Pompidou… aprovechando que han abierto una sucursal en Metz

Viajes

En Metz, lo más notable es la catedral, por lo que es lo primero que hemos ido a ver en cuanto hemos llegado; una catedral gótica de naves altísimas, muy elegantona.

Presumen de vidrieras, de esas que hacen unos reflejos estupendos por las paredes de las naves; pero la verdad es que, sin desmerecerlas, las he visto mejores en otros sitios.

Con esto se nos han dado las horas centrales del día, y aunque ha amanecido nublado, ha aparecido el sol y el calor; así que nos hemos refugiado en la nueva sede del Centro Pompidou, recién inaugurada hace poco más de dos meses, y con un edificio muy majo de un arquitecto japonés, con la estructura en madera, muy original.

La exposición de apertura, que estará hasta el año que vine, es absolutamente impresionante; se llama "Chef d'Oeuvres", y efectivamente son obras maestras, principalmente del arte contemporáneo, que formarían colas en cualquier capital europea, ¡y mira, no se han olvidado de la fotografía, ni mucho menos!

Además también es muy lúdica, con algunas obras con cierta interactividad, más o menos buscada.

Yo me lo he pasado pipa haciendo fotos a un vídeo que estaban proyectando, en blanco y negro; pero por algún motivo que todavía desconozco, las imágenes fijas que yo iba tomando aparecían de diversos colores, muy vistosos.

Después de la visita, ya nos hemos dedicado ha darnos un largo paseo por la ciudad para ver el ambiente y el conjunto.

Lo cierto es que estaba tranquila, muy de domingo, con las calles casi desiertas, y sin mucha presencia de turistas.

Así que después de ver algunos monumentillos, como esta Puerta de los Alemanes, y de callejear un rato, nos hemos tomado la cervecita de rigor, y nos hemos ido hacia el tren.

En la estación nos hemos comprado unas "quiches lorraines", que es lo propio, y nos las hemos zampado en el tren mientras veíamos pasar el pasaje de Lorena al atardecer. Y hasta mañana.

Recordad que en Fotos porque sí, habrá algunas imágenes extra, con otra mirada.

En Baden-Baden, además de más calor, damnificados por los malditos mundiales

Viajes

La verdad es que la cosa se presagiaba; hoy que nos hemos ido a pasar el día a Baden-Baden, como los pijos de hace 100 años, el invierno en París y el verano en Baden-Baden, no hemos hecho más que ver coches ornamentados con los colores alemanes.

De hecho, por la tarde, en cuanto ha empezado el partido, nos hemos quedado solos por las calles; estaban todos en casa o en los bares viendo el partido ¡Vamos, que pocas diferencias hay con los españolitos!

Cuando ya faltaba poco para terminar el partido, nos hemos sentado en una terraza con unas paulaners, para ver cómo se lo pasaban los "tedeschi" cada vez que su selección metía un gol.

Y cuando han empezado ha salir a la calle con los coches, si se ponen así en cuartos que pasará si ganan la final, hemos empezado a temer alteraciones en el tránsito del transporte público, ¡y la estación está a cinco kilómetros del centro de la ciudad! Calcetinada a la vista.

Al final no ha sido tanto, y sólo hemos caminado como un 40% del trayecto; en ese momento han empezado a pasar autobuses, con frecuencia irregular y gran afluencia. Pero empecemos por el principio.

Hemos llegado por la mañana con el calor de estos días con el que ya empezamos a familiarizarnos; Baden-Baden estaba muy animada, con mercadillos, música al aire libre, actividades deportivas,... de todo.

Lo más mono del lugar es la Lichtentaler Allée, un camino con parques a su alrededor, que partiendo desde el casino, llega hasta un abadía; así que hemos empezado entrando en el vestíbulo del casino y echando un vistazo.

Por el camino, además de muchas otras cosas monas, hemos podido comprobar los "chabolos" que se gastan por aquí los pijos-pijos, cuando vienen a veranear a Baden-Baden.

La abadía de Lichtental no tiene gran cosa, pero como decía el poeta, no recuerdo cual pero alguno, lo importante es el camino; en este caso sin duda.

Después de volver al centro, y comer estupendamente con un servicio estupendo y en un sitio muy mono, como hacía mucho calor, se había nublado, se oían truenos,... vamos, cualquier cosa podía pasar, nos hemos ido a visitar el Museo Frieder Burda; éste es un museo de arte contemporáneo, cuyas salas de exposición se encuentran ocupadas en este momento por obras de Miró. No es mi favorito, pero dadas las circunstancias, no ha estado mal.

Como no se ha arrancado a llover, nos hemos ido a pasear por el casco viejo, con iglesias, estátuas, jardines, antiguas termas romanas, y la terraza junto a un castillo que no se visita porque es privado; el colmo de la casita de verano para pijos.

Como ha vuelto a salir el sol, y la luz estaba bonita, hemos paseado un ratito más por la Lichtentaler Allée, hasta que hemos comenzado nuestra odisea para intentar llegar a la estación antes de la salida del tren.

Lo hemos conseguido, y nos hemos relajado un poquito en los 40 minutos escasos que le ha costado al Intercity directo que nos ha traído a Estrasburgo; como hoy hemos terminado realmente cansados, nos hemos quedado en el hotel tomando algo, mientras charramos y escribo estas líneas.

Ya sabéis, otra forma de ver el día en las entradas de Fotos porque sí.