Estas semanas atrás procedí a evaluar el error que cometía el fotómetro de una de las cámara para película fotográfica tradicional que más uso, especialmente cuando salgo de viaje. Las fotos que adjunto corresponden a esa evaluación, cuyos detalles podéis encontrar en Siempre conviene conocer la precisión de los fotómetros – Minox 35 GT-E con Ilford FP4 Plus. Y esto me ha hecho pensar en los errores que cometemos con frecuencia cuando observamos y valoramos lo que pasa en el mundo.
Lo voy a decir de una forma muy clara, concreta y absoluta. Nuestros sentidos nos engañan. La vista principalmente, es el sentido del que más dependemos, al menos de forma consciente, pero también los demás. Que son más de cinco… aunque ahora no voy a entrar en eso. Otro día, tal vez. Nos son útiles para defendernos en nuestra vida cotidiana. Pero evolucionaron para la supervivencia de un primate recolector siempre, carroñero en bastantes ocasiones, y cazador eventualmente, que surgió en la sabana africana hace unos cientos miles de años. Nada que ver con el entorno en el que nos movemos actualmente. Y no es que lo diga yo, hay abundantes estudios, con el método científico correctamente aplicado en ellos, que así nos lo muestran. Y sin embargo los seres humanos tendemos a realizar afirmaciones o negaciones categóricas, muchas veces dogmáticas, a partir de experiencias sensoriales individuales, y muchas veces únicas. Y así, erramos. Sin embargo, incluso con nuestros instrumentos de medición corrientes, cometemos errores, más o menos grande al evaluar la magnitud de un fenómeno. Por falta de precisión, los valores que nos ofrecen medidas repetidas de un fenómeno varían mucho entre sí, están dispersos, o por un sesgo, los valores que nos ofrecen medidas repetidas de un fenómeno se alejan en promedio del auténtico valor que debería evaluar. Por ello, seamos humildes. Y estemos abiertos a la posibilidad que la forma en que nos cuentan el mundo otras personas puede estar menos sesgada o ser más precisa que la nuestra. No seamos cabezones. Escuchemos a los demás. Especialmente a aquellos más mesurados, que reconocen desde el principio que pueden haberse equivocado. Seguro que estos tienen sus errores mejor controlados que los que afirman con seguridad y dogmatismo. Huid de esos.
Me llamó mucho la atención algo que me pasó hace unas semanas. Durante un tiempo a principio del otoño de este 2022, en la plaza de Santa Engracia de Zaragoza estuvieron expuestas una docena de grandes busto, cabezones, del pintor Francisco de Goya, decorados con estilos de pintura contemporánea o técnicas mixtas por distintos artistas contemporáneos. El año pasado hubo algo similar por toda la ciudad con figuras completa a tamaño natural del mismo pintor. Y hace unos meses, unas especies de calaveras de estilo mejicano, también decoradas de forma similar en el paseo de la Independencia. El caso es que publiqué algunas fotos realizadas con cámara digital en un grupo de aficionados a la fotografía, y suscitaron comentarios negativos por parte de algunos miembros del grupo. Entiendo que los comentarios negativos se referían a las obras de arte en la calle y no a las fotos. Me quedé sorprendido por la acritud de los mismos. No contesté nada.
Puedo entender que a alguien le gusten más o menos determinados estilos o expresiones artísticas. Entiendo que las personas son variadas. A unos les cuesta más y a otros menos adaptarse a las novedades estéticas, estilísticas o artísticas. Pero la acritud, la desaprobación áspera,… eso no lo entiendo. Además, deberíamos haber aprendido de la historia. Los pintores impresionistas despertaron la furia de los «críticos» y «entendidos» de la época. La denominación «impresiones» de sus obras empezó siendo negativa o despectiva, aunque luego la hicieran suya y se convirtiera en la marca del movimiento artístico. En los años 50 del siglo XX se censuraba el uso de pantalones vaqueros, en los años 60 el pelo largo en los chicos, en los años 70 los tatuajes eran cosa de marineros, patibularios y legionarios y estaba mal vistos… todos son ahora comunes. Incluso por las personas que ocupaban el mismo sector de la población que los censuraban en su momento. Deberíamos haber aprendido a que, no estando obligados a que nos guste todo, no tiene sentido enfadarse por los cambios. Y más en una época donde lo «políticamente correcto» hace raras las auténticas transgresiones. Que desde mi punto de vista, también vienen bien de vez en cuando para remover conciencias y sensibilidad. En fin. Que no aprendemos, que seguimos tropezando en las mismas piedras.
Algunas fotos más de los rollos de película de aquella mañana.
Creo que hoy no voy a dedicar mucho tiempo a esta entrada. Aunque no creo que salga mucho a la calle. El tiempo está muy desapacible. Lloviznea. La temperatura está por debajo de los 5 ºC. Así que no apetece mucho. Pero mi Capture One Pro me está dando mucha guerra. Creo que el catálogo se ha hecho demasiado grande. Así que voy a dedicarme a fraccionarlo en cataloguitos más pequeños. Por años. Por décadas más bien. Ahora mismo, se está configurando el de los años 1989 a 1999. En fin. Vamos con algunas recomendaciones fotográficas.
Fotos del viaje en Dacia 1310 por Rumania en 1995, que menciono más abajo en la entrada.
Hace unos años, una fuente interesante de recomendaciones fotográficas era Fraction Magazine. Y su primo asiático, Fraction Magazine Japan. Presentando periódicamente el trabajo de fotógrafos contemporáneos, era una forma de estar al día con las tendencias en fotografía. Las de verdad. Tendencias. No modas dictadas por las redes sociales o intereses comerciales. Pero no sé porqué, dejaron de aparecer sus actualizaciones en mis sistemas de alerta habituales. Recientemente me apareció en algún sitio la actualización del último número de Fraction Magazine Japan, dedicado a fotógrafos asiáticos. Y eso me llevó a buscar el último número de su primo occidental. No he tenido mucho tiempo para hojearlos virtualmente, pero me alegro de que hayan aparecido de nuevo. Y voy a asegurarme de que me aparezcan habitualmente.
Lenscratch es uno de los sitios que de alguna forma sustituyó a los anteriores, aunque no es lo mismo exactamente. Publica prácticamente todos los días de la semana. Y con frecuencia, cada semana es temática. Esta semana que termina hoy, la Germany Week, lo ha dedicado a nuevos fotógrafos alemanes. Pero no me han entusiasmado demasiado. Me pasa con frecuencia con los fotógrafos contemporáneos de esa nacionalidad. No acabo de conectar con ellos.
También Blind-Magazine es de los que han venido a sustituir a los mencionados antes. Pero en esta ocasión abarca fotógrafos contemporáneos, pero también fotógrafos clásicos. En cualquier caso esta semana me ha llamado la atención el artículo que han dedicado a la serie Inside Views de la fotógrafa francesa Floriane de Lassée. Fotografías nocturnas de larga exposición realizadas con cámara de gran formato, claramente inspiradas por Rear Window de Alfred Hitchcock, en las que aparecen paisajes urbanos, pero con escenas domésticas en las ventanas iluminadas de los edificios con personas en su interior. Son fotografías preparadas, claro, no es una mera actividad casual, de una acosadora visual. Con tiempos de exposición de hasta 30 minutos, no funcionaría. Me han gustado.
Otro recursos, Booooooom, apuesta más por fotógrafos poco conocidos, pero que consideran interesantes. De vez en cuando hay alguno que me llama la atención. En esta ocasión es una fotógrafa belga, Youqine Lefèvre, pero nacida en China en la época de la política de hijo único, que tan desastrosa fue para tantas niñas, abandonadas, entre otras cosas. Mezclando los documentos y las fotografías de la época en que sus padres la adoptaron con las fotografías que ella mismo ha tomado en China durante varios años, ha configurado un trabajo que me parece muy interesante. Tanto que me he encargado el libro.
Tengo muchas ganas de ver lo último del director surcoreano Park Chan-wook. Con más razón al estar interpretada la película por la actriz china Tang Wei, siempre interesante. Nos dicen que se estrena en España el 20 de enero de 2023. Viene pegando realmente fuerte, con numerosos premios en su país de origen, en Asia y en festivales occidentales. Y propuesta surcoreana para los Oscar, aunque no sabemos si acabará entre las candidatas. Muchos opinan que sí. En Booooooom se han sentido interesados por ella… y por su fotografía. Y nos han enseñado un muestrario de instantáneas de la película. Estoy por adelantarme al estreno… porque parece que se puede ver en Mubi. Eso sí… no aparece acreditado el foto fija que supongo será el autor de las fotos. Mal. Salvo que sean fotogramas extraídos del film.
Finalmente, procedente de Lensculture, me ha hecho gracia el artículo con las fotografías de Horatiu Sava, dedicadas al Dacia 1300, un clon del Renault 12 que durante los tiempos de la dictadura reinaba en las carreteras rumanas. Un coche absolutamente infame. Con una de sus variantes, un Dacia 1310, en 1995, tuve la oportunidad de recorrer el país. Una experiencia única y muy interesante. Pero lo que llegamos a aborrecer al maldito trasto. Y la cantidad de veces que pinchamos. Llevaba neumáticos con cámara… sip… con cámara. Y el negocio más boyante de las carreteras rumanas eran los vulcanizare, donde reparaban los neumáticos y sus cámaras. Ver para creer. En 1995.
Y sin embargo, habitualmente asignamos determinados color a las estaciones del año. La primavera es la estación verde, puntuada aquí y allá por las notas de color de las flores. El verano es el amarillo de los trigales listos para la siega, del estío. El otoño son los colores cálidos, ocres, rojizos, de las hojas a punto de caer… incluso si este tipo de árboles son más propios de la América del norte o del Asia oriental que de la Europa occidental. El invierno es frío, azulado, o gris azulado. y con eso nos quedamos. Satisfechos de saber la estéticas del momento.
Sin embargo… eso no es necesariamente así. Ya he cuestionado los colores del otoño. Salvo que subamos a las montañas, a algún bosque de hoja caduca como un hayedo, en los valles, en las mesetas, donde dominan olmos, chopos, álamos,… rara vez estos adquieren esos colores ocres rojizos. Los vemos verdes, amarillean… y en cuanto llega noviembre con las lluvias y algún vendaval, caen y desaparecen. Esa es la realidad de los campos. Y no digamos ya si intentamos reflejar el paisaje con las limitaciones físicas de los sistemas ópticos y de registro de la luz.
En las fotografías que os traigo, y cuyo comentario podéis encontrar en Fotografía instantánea y dominantes de color (deseadas o no) – Fujifilm Instax SQ6 con Instax Square Black Frame, cualquier diría que reflejan unos paisajes propios de un frío invierno. Y sin embargo corresponden a un templado otoño… pero al caer la tarde, cuando ya el sol no tiene fuerza para imponer el color de su luz, y la bóveda azul del cielo impone sus tonos fríos. Engañándonos. Y engañando al medio fotográfico y al espectador. Es el cristal con el que miramos el que determina el color del mundo. Y muchas veces no lo elegimos, y así, no entendemos que el mundo lo vemos con colores equivocados. Y así, no distinguimos con precisión lo que es verdad y es mentira.
Hoy en día, es fácil leer en diversos medios sobre el resurgimiento de la fotografía con película tradicional. «Fotografía analógica» como se le llama como contraposición a la fotografía digital. Pero nunca me ha gustado ese término. Creo que no es adecuado. La fotografía digital es una captura electrónica usando una señal digital para la información, y hubo una fotografía electrónica analógica en el pasado… esa fue la fotografía analógica real… Pero bueno, es batalla terminológica perdida. Lo dicho. El mercado de las cámaras de segunda mano para película tradicional ha visto como los precios subían mucho en los últimos años. Y los fabricantes de película, que habían reducido mucho su capacidad productiva, no dan abasto, y encima, por la ley de la oferta y la demanda, los precios de la película se han puesto en pocos años por las nubes.
Pero soy pesimista con el futuro de este tipo de fotografía a largo plazo. Esos precios del material sensible no me parecen sostenibles a la larga. La gente se cansa de pagar tanto dinero por la película. Cuando se pase la moda,… es fácil que volvamos a la situación de hace unos años, por una nueva contracción de la demanda. Pero puede darse un equilibrio en un futuro, que pudiera llevar a unos precios asumibles para una demanda estabilizada. Quiero pensar que tal cosa puede darse, aunque lo digo con no poca dosis de escepticismo. No confío en las empresas. Demasiado rapaces con el dinero, han perdido la visión del pasado de ganar dinero, pero también prestigio e influencia. Parecía que ahora van a hacer la caja rápidamente… sin preocuparse por el futuro. Es como las iniciativas de financiación colectiva. Desarrollar un producto, más o menos original, que se venda en un lote inicial, recaudando dinero que permita su fabricación y deje unos beneficios, pero abandonándolo después. Mejor sacar otra cosa repitiendo el ciclo. Nada queda de forma permanente.
Pero lo peor es que no se hacen cámaras decentes nuevas para la película tradicional. Hay algunos talleres más o menos artesanos, de más o menos nivel, haciendo cámaras de gran formato. Muy caras, salvo alguna iniciativa británica. Hay iniciativas diversas de cámaras de plástico de escasa calidad con colores llamativos para aprovechar la moda peliculera. Y como cuento en La nueva Leica M6 frente a la vieja M6 y lo que podría/debería haber sido – Leica M6 con Kodak Ektar 100, Leica saca modelos para los más adinerados. Pero no hay cámaras decentes, de nueva fabricación para el aficionado avanzado y para el nuevo aficionado que quiera ir más allá de los juguetes de plástico. Así que… soy pesimista. Es cierto que hay muchísimas cámaras fabricadas hasta hace quince o veinte años esperando que alguien les dé una segunda vida. Pero no tienen reparación, y se irán agotando o estropeando poco a poco. En fin. A lo que eso suceda… probablemente a mí ya no me importará. Pero me da pena.
La oí anunciada hace unas semanas, pero me había olvidado de ella. Pero el viernes pasé por el Parque Pignatelli de Zaragoza, actualmente en obras de ampliación, y la vi en la sala de exposiciones Depósitos Pignatelli. Entre un ratito y me gustó. Ayer sábado volvía a pasar, pero esta vez con una cámara apropiada para guardarme algunos recuerdos visuales de la exposición, y tener material para volver a pensarla de nuevo. La exposición era un homenaje, recordatorio y reflexión en el 30º aniversario de la película Jamón Jamón, probablemente la más conocida del cineasta Bigas Luna, quizá la mejor, aunque eso puede ser opinable. También es cierto que la carrera del director catalán ya fallecido hace casi una década, fue importante, pero más irregular de lo deseable, en mi humilde opinión.
Pero Jamón Jamón llegó en un momento interesante en mi recorrido como aficionado al séptimo arte. Al contrario a mi situación actual, en la que siento un profundo desapego del cine español, cuyas causas hoy no me apetece comentar, aquel triunfal 1992 era un momento en el que el cine de este país me parecía importante. Que tenía mucho que decir, con muchas voces, especialmente directores, pero también actores, directores de fotografía, guionistas… que tenían mucho que decir y sobre temas muy variados. No faltarán las voces que digan que hoy también… y sin embargo yo no lo siento así. Y lo siento. Lo siento mucho. La película de Bigas Luna, rodada en las duras y áridas tierras monegrinas fue una de las importantes de aquel momento. Y si ahora me obligaran, a punta de pistola, porque no es algo que quiera o me apetezca hacer, a escribir mis diez películas favoritas del cine español, creo que Jamón Jamón estaría entre ellas.
Tengo la sensación que los directores de cine españoles de aquella época eran más libres. No me refiero a libertad social o política o cosas de esas. Me refiero a que eran más libres de imaginar. De crear. De innovar. Creo que se sentían menos obligados a hacer determinado tipo de cine o a demostrar nada. Creo que arriesgaban más. Y Bigas Luna siempre fue de los que fue por libre, y de los que nunca anduvo escaso de ideas o imaginación. En un año que se presentó tan política y socialmente trascendente, el famoso 1992 de expos, juegos olímpicos y quintocentenarios, el año que suponía la reválida como país de España entre las democracias occidentales europeas tras haber salido del oscurantismo de la dictadura militar, nacional y católica, Bigas Luna nos hablaba a través de dos triángulos de relaciones de la transición de la España bruta y profunda hacia la España europea y refinada. Pero sin conceder ventaja a ninguna de las dos. Cada una con sus defectos. Y con un enfrentamiento que siempre fue, es, y será inevitable. Porque aunque en aquel momento pareció que España superó aquella reválida, en los últimos años no siempre parece que fue así, o fue por la mínima, o por la autocomplacencia de quienes dictaron aquel aprobado. Aquel enfrentamiento no desapareció. Sólo se hizo inaparente, para volver 25 años más tarde renovado con brío. Para desgracia de todos nosotros.
La exposición es muy maja. Y gustará no solo a los aficionados al cine, sino también a la fotografía. 1992 todavía estaba a una década de la explosión de la fotografía digital. Aunque había alguna cámara de captura electrónica en el mercado, pero no de captura digital sino analógica, el still video que se llamaba entonces, prácticamente todo absolutamente todo era fotografía con película tradicional. Y es una gozada ver las polaroid de las pruebas de vestuario de Penélope Cruz y Anna Galliena, hija y madre en la película, o las estupendas panorámicas realizadas con varias fotos impresas por el propio Bigas Luna. Una demostración más de que siempre ha sido posible hacer cosas creativas y significativas sin depender del ordenador. Seáis cinéfilos, seáis aficionados a la fotografía, si estáis o pasáis por Zaragoza, no os la perdáis. Y el público general también podrá disfrutar de la exposición. Recordando. Añorando, tal vez.
No me da tiempo ha redactar un fotocomentario como con las fotos en blanco y negro de la misma ocasión. Voy con mucha prisa, que tengo que salir de casa a las 19:00 horas y son las 18:59. Pero os dejo las fotos.
No. No voy a hablar de una de las historietas más divertidas de la historia del cómic español, protagonizada por Mortadelo y Filemón entre 1969 y 1970. Pero voy a hablar de «cazar» animales por la ciudad. En concreto, por las riberas de los ríos y canales. En Zaragoza, por la ribera del río Ebro, aunque quizá también por la del Huerva o del Gállego, o por la ribera del Canal Imperial de Aragón. No falta la fauna medio silvestre medio doméstica en las orillas de estos cursos de agua, especialmente las aves. Hace tiempo que me pica el gusanillo por ir registrando fotográficamente esta realidad.
Pero tengo carencias en este ámbito. Tanto en el conocimiento de las especies implicada como en mi equipo y habilidades fotográficos, más orientados a otros temas y estilos de fotografía. Pero esto último lo he paliado en parte con mi última adquisición a buen precio de una pieza óptica que me puede convenir para pasear por estos entornos verdes ciudadanos. Lo cuento con más detalle en Teleobjetivo largo para viajar y pasear – Olympus M.Zuiko Digital ED 75-300 mm 1:4,8-6,7 II. Aquí, simplemente, os dejo algunas fotos.
Un domingo más, y una entretenida colección de recomendaciones fotográficas que paso a comentar sin mucha demora.
En Blind Magazine nos han refrescado la memoria en lo que se refiere a clásicos de la fotografía.
Nos han recordado la obra de David Seymour, conocido como Chim, uno de los miembros fundadores de la agencia Magnum Photos, quizá el menos conocido, el menos mediático. Pero probablemente también el más humanista, el más cálido en su acercamiento a los seres humanos. Especialmente a los niños. Creo que todos debemos adquirir una buena dosis de la empatía que mostraba Chim hacia el resto de la humanidad, especialmente en tan cínicos tiempos como los que nos toca vivir. Nacido polaco, murió joven, con sólo 44 años, uno de los motivos por los que en la actualidad no es tan conocido. Y al igual que Robert Capa, murió en una guerra. Una pena.
También nos han acercado a la obra de Ralph Gibson. Un fotógrafo muy personal, formado con gente tan potente como Dorothea Lange y Robert Frank. Muy introspectivo. En alguna ocasión se lo ha calificado como surrealista. Aunque siempre me da miedo la ligereza con la que se aplica esta etiqueta. En cualquier caso, un fotógrafo que necesariamente ha de conocer todo aficionado al arte de pintar con luz.
En los próximos días os contaré el origen de las fotografías que ilustran la entrada… consecuencia del «viernes negro».
Por terminar con las recomendaciones que nos llegan desde Blind-Magazine,… Últimamente me ha entrado cierta inquietud por explorar el ámbito de las bellas artes, especialmente el dibujo y la pintura. Pero de momento no me meto en ello. Mi vida ya se complica en ocasiones por las muchas cosas que me interesan y al final pierdo el objetivo, y acaba desorientado y sin resultados prácticos. Como para meterme en otras cosas. Pero quizá por este interés reciente, me interesó el artículo sobre las fotografías del francés Gérard Rondeau en el mundo de las bellas artes. Retratos de artistas y de sus estudios, los lugares donde crean. Pintores, escultores, músicos,… la plasticidad de las bellas artes trasladada a bellos negativos en blanco y negro. Rondeau ya falleció, en 2016.
Nobuyoshi Araki y Daido Moriyama son probablemente los dos fotógrafos japoneses más conocidos internacionalmente, los más citados y comentados en la red de redes. Aunque no necesariamente los que más me gusten del país nipón, siempre he encontrado en su obra cosas que me han atraído mucho. En AnOther Magazine nos han mostrado sus Polaroids. No es raro que ambos fotógrafos usen cámaras no profesionales, sencillas, compactas, populares para realizar sus fotografías. Y como no, la instantánea también les ha interesado y han aprovechado con ventaja.
El Instagram de Photography of China me lleva al trabajo retratista de Guoman Liao. Comentábamos recientemente con unos compañeros que últimamente se ven en las calles de Zaragoza mucho jóvenes, chicas en su mayoría, asiáticas, chinas, que en sus modos y apariencia difieren de las personas que han inmigrado habitualmente a nuestras ciudades y que trabajan en sus tiendas, en sus restaurantes especializados o, más recientemente, adquiriendo bares y cafeterías de las de toda la vida. Llaman la atención porque se nota que tienen un nivel socioeconómico más elevado. Nos confirmaban que últimamente viene muchos estudiantes, entre otras actividades para el aprendizaje de la cultura y el idioma. Y por eso me llamó la atención el trabajo de este fotógrafo chino, establecido en Canadá, que ha ido buscando y retratando a algunos de los cientos de miles de estudiantes chinos que se pueden encontrar en las ciudades occidentales. Y que muestran la variedad de estas personas, y hace saltar por los aires los estereotipos, no pocas veces racistas y xenófobos, que existen sobre los migrantes de esta nacionalidad. En su obra, también se refleja una mayor proporción de chicas que de chicos.
De vez en cuando, alguna página en Internet nos muestra el trabajo fotográfico de una persona que no es fotógrafo, pero que lleva consigo una cámara de fotos a su medio laboral habitual. Y gracias al profundo conocimiento de su entorno y a sus buenas habilidades fotográficas, acaba generando un cuerpo de trabajo interesantísimo que documenta ese entorno. En Oldskull nos han mostrado el trabajo paralelo del Corey Arnold (instagram), pescador profesional, que ha documentado con sus fotografías el mundo de la pesca, especialmente en las frías tierras de Alaska. Actualmente compagina estacionalmente su trabajo de pescador con el de fotógrafo. Ambos le apasionan. Me han gustado sus limpias fotografías.
Terminemos con un poco de humor, tal y como nos lo han mostrado también en Oldskull. El ucraniano Danilo Polevoy (instagram) juega con las imágenes históricas, fotografías antiguas, en las que sustituye elementos o rostros por los de objetos o personajes reales o de ficción, pero totalmente ucrónicos, dándoles un tono de humor. Incluso cuando se corresponden con momento tenebrosos de la historia. Sinceramente, merece la pena reírse un poco incluso sobre cuestiones tan serias.
Desde hace unos meses, a partir de las fotografías de mis experiencias con película fotográfica, vengo realizando comentarios sobre temas diversos que se me ocurren a partir de las imágenes. Pero hoy estoy de bajón. Cuando «hoy» es «desde hace unos días». Empiezo a notar el tiempo gris del otoño avanzado. Así que me limitaré a compartir algunas fotos.
Con un fin de semana un día más largo de lo habitual por haberme cogido el viernes fiesta, he sufrido un tremendo ataque de vagancia en estos tres días que ha hecho que me hayan cundido más bien poco. Me enmendaré un poco redactando esta entrada que he estado a punto de dejar para otro siglo. Tampoco me enrollaré mucho. Aunque no sería la primera vez que digo esto… y me enrollo mucho.
Un obituario. El de Ron Galella (1931 – 2022). No voy a decir que sea mi fotógrafo favorito. Si no fuera por el que el estereotipo de los paparazzi era un personaje de La Dolce Vita de Fellini, Paparazzo (Walter Santesso), Galella sería el estereotipo perfecto. Bueno. Quizá no. Galella tuvo éxito, le montaban exposiciones y vendía mucho. Lo que no sucede con la mayor parte de los fotógrafos que se dedican a ese oficio. En realidad, Galella palmó allá por finales de abril, saltando a las noticias los primeros días de mayo. Pero no me enteré… y por eso lo menciona ahora.
En el Instagram de Revela’T Festival, me ha gustado la entrada que han dedicado a Ragnar Axelsson, un fotógrafo documental islandés dedicado durante décadas a fotografiar el ártico. La vida cotidiana en un entorno extremadamente poco cotidiano. Salvo que seas un inuit.
Lo que antes se llamaban azafatas de vuelo, hoy personal de cabina porque ya no está limitado al sexo femenino y se considera que lo de azafata ya no es apropiado, solían ser un símbolo de lujo y sofisticación. Elegidas entre las mujeres jóvenes más guapas, eran un gancho típico para los hombres de negocios y un modelo para las otras mujeres; eran los años 50 y 60 del siglo XX. Hoy día, con esto del low-cost, de las rebajas generales de costes en todas las compañías, de que queda mal despedir a una mujer simplemente porque ya no es una jovencita, y otras cosas del progreso,… ya no es lo mismo. Aunque por lo que me cuentan, no faltan las chicas que siguen mirando la profesión con los mismos ojos que hace todas esas épocas. En OldSkull nos muestran el trabajo de Brian Finke, que se centra en lo cotidiano del trabajo del personal de cabina. Formación, simulacros, horarios intempestivos, conciliación de sus turnos de trabajo con la vida personal y familiar… vamos, que no todo es glamour y oropel. Que conste que todavía hay compañías que todavía basan sus contrataciones en criterios similares a los de hace cuatro, cinco o seis décadas, ¿verdad Korean Air?
No es infrecuente que en los sitios donde se habla de fotografía aparezca de vez en cuando algún trabajo dedicado al metro de la ciudad que toque. De tal modo que ya no me llaman la atención. Aunque el que han publicado en Lenscratch dedicado al trabajo de Chris Maliwat sí la ha hecho, quizá porque por su colorido se sale de los caminos trillados de estas series.
El puente Golden Gate de San Francisco es un hito turístico de la ciudad, que espero visitar en algún momento. Por culpa de la pandemia, es algo que no sucedió en el otoño de 2020. En cualquier caso, la realidad es que una estructura funcional con una función tan cotidiana como es el hecho de que personas, fundamentalmente en coche, pero también caminando, circulen de un lado a otro de la bahía de San Francisco. Y según nos cuentan en LensCulture, el fotógrafo Jake Ricker se ha dedicado durante un tiempo a fotografiar esta versión cotidiana del puente.
Finalmente nos saldremos en parte de lo cotidiano. En parte. Por que los lugares donde el artista contemporáneo Li Wei realiza sus fotografías desafiando la gravedad son muy cotidianos. Lo que no lo son son sus performances que refleja en fotografías, como las que nos muestran en Nowness Asia.
La revolución industrial en el siglo XIX vino impulsada por el desarrollo de la máquina de vapor. En este caso me refiero a cualquier motor que transforma energía térmica producida al quemar un combustible en energía mecánica a través del vapor que se genera en una caldera que calienta el agua líquida. Pero es frecuente que haya gente que use el término «máquina de vapor» como sinónimo de locomotora de vapor, un vehículo ferroviario automotor que usa una máquina de vapor para generar el movimiento del vehículo, y que suele arrastrar un conjunto de coches de pasajeros o vagones de mercancías que llamamos tren. En cualquier caso, la revolución industrial vino apoyada por el aumento de la capacidad y la velocidad en las comunicaciones terrestres y marítimas a través de las máquinas de carbón que se incorporaron a trenes y barcos.
La revolución industrial es una etapa notable en la historia de la humanidad. En estos últimos días nos han recordado que se estima que en torno al 1800 la población mundial era de 1000 millones de personas. Este número se multiplicó por seis cuando llegamos a 2000. En 200 años. Pero en 2011 había sumado 1000 millones más de personas, y en 2022, otros 1000 millones más para llegar a los 8000 millones. El incremento exponencial de la población vino en gran medida favorecido por la revolución industrial que genero recursos suficientes para permitir el incremento y el sustento de estos crecimientos, aun con las enormes desigualdades que existen en el mundo. También es una de las causas, no la única pero probablemente la principal, de la crisis climática por calentamiento global debida a la acción del hombre en la que estamos sumidos. En estos 200 años se han generado un sinnúmero de edificios y estructuras, muchas de ellas ya obsoletas, que reflejan esta revolución industrial. Y que constituyen el patrimonio de la arqueología industrial. Y ferroviaria.
En la excursión que hicimos a la Comarca del Jiloca en septiembre vimos y caminamos por los restos del antiguo Ferrocarril Central de Aragón. Lo he recordado al repasar uno de los rollos de película que usé en aquella excursión y que comento en Regreso al formato subminiatura – Kodak Pocket A-1 con Lomography Tiger Color Negative 200. Creo que merece la pena conservar aquellos edificios y estructuras más significativos de es época. Lo que antes he denominado como arqueología industrial. Y ferroviaria. Forma parte de la memoria histórica de la humanidad. Y no podemos ni debemos olvidar el pasado, si queremos tener un futuro.