[Viajes] Resumen fotográfico del viaje a Estocolmo

Viajes

A principio de años, sinceramente, no me hacía idea de que a mediados de agosto acabara visitando Estocolmo. Más bien alguna otra ciudad escandinava, pero a principios de septiembre, como hace dos años. Pero lo que son las cosas, un acontecimiento familiar me ha llevado de nuevo a la capital sueca, junto con mi hermana y mi sobrino, coincidiendo allí con otros miembros de la familia extensa. Ha estado bien. La verdad.

No había mucha presión para ver unas u otras cosas. Mi hermana y mi sobrino no conocían la ciudad, yo sí. Alojados en Sollentuna, a unos 15 kilómetros en línea recta de Estocolmo central, pero dentro del área metropolitana. Con fácil comunicación con un tren de cercanía de paso frecuente y precio más que razonable. El billete de transporte público es fijo en toda la red del área metropolitana, sin tarificación por zonas. Un poquito caro, 39 coronas = 3,30 euros, para trayectos cortos en el centro de Estocolmo, pero muy barato si te mueven por trayectos amplios de la región. Te permite hace cambios en los 75 minutos siguientes a su activación. Pero siempre que el último cambio lo hagas dentro de esos 75 minutos, puedes seguir viajando hasta el final de este trayecto. Conveniente y eficaz.

Allí en Sollentuna asistimos al bautizo de una joven señorita de 5 meses de edad, tremendamente simpática, en una iglesia de finales del siglo XI, muy arregladita. Hicimos otras actividades familiares durante estos días, pero en las que no voy a entrar.

Uno de los días lo dedicamos a visitar el ayuntamiento de Estocolmo, el del gran salón donde cenan los más de 1000 invitados a la cena de los Premios Nobel cada mes de diciembre y que es interesante de ver, así como el casco histórico y algunas de las islas de la ciudad. Un recorrido típico para conocer el paisaje urbano de la ciudad.

Al día siguiente nos repartimos. Yo me fui a visitar Fotografiska, museo de fotografía contemporánea, y Moderna Museet, museo de arte moderno y contemporáneo, mientras que mi hermana con mi sobrino de 14 años visitaban el Museo Vasa y el parque etnológico Skansen. Creo que todos lo pasamos bien, y nos dio tiempo para hacer un recorrido en barco por las bahías del mar Báltico que se infiltran tierra adentro formando las islas sobre las que ha ido creciendo Estocolmo.

La última visita turística fue al palacio de Drottningholm, uno de los palacios reales de la monarquía sueca, una de las muchas copias de Versalles, aunque más modesta en dimensiones, pero que está cualificada como Patrimonio Mundial por la Unesco. No soy muy partidario de estos lugares, me aburren un poco, pero no lo conocíamos ninguno, y pareció adecuado antes de volver a comer con el grupo familiar en Sollentuna.

[Cine] Call Jane (2022)

Cine

Call Jane (2022; 45/20230806)

Con una cartelera poco motivadora, el domingo por la tarde nos decidimos a ir a la versión original de esta película de Phyllis Nagy. Ópera prima según algunos comentaristas, aunque en IMDb aparece registrado un largometraje para televisión también dirigido por ella. En cualquier caso, Nagy fue guionista de una de las películas que más nos gustaron en la década pasada, y además, esta película cuenta con un reparto a priori muy estimable, por lo que presentaba su interés a pesar de una recepción favorable, pero no entusiasta, por parte de la crítica, y algo fría por parte del público. A España llega casi 10 meses después de su estreno en Estados Unidos.

La película parece surgir ante las consecuencias de la desprotección constitucional que sufrió el aborto por parte del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, una decisión que se empezó a debatir a finales de 2021, aunque la sentencia fue pública a mediados de 2022. No obstante, por las fechas, probablemente la película se gestó antes del debate y la sentencia de la corte suprema norteamericana, que también funciona como tribunal constitucional de ese país, no como en España en el que Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional son dos instituciones diferencias, y con distinto encaje en el entramado de los poderes del Estado. El Supremo forma parte de los órganos jurisdiccionales del Poder Judicial, mientras que el Constitucional es un órgano independiente de todos los demás órganos previstos en la Constitución Española. Así que cuidado con las comparaciones entre ambos países. En cualquier caso, la película resume o esquematiza la peripecia de la una organización clandestina en los años 60 y principios de los años 70, denominada Jane Collective.

La película toma como personaje conductor a una ficticia ama de casa (Elizabeth Banks) a la que se le niega un aborto terapéutico, posible en Chicago tras la consideración de una junta de médicos del hospital, cuando su vida corre peligro por una cardiopatía. Al final, encontrará una solución en el Jane Collective. Y por iniciativa de su lider, una feminista dura (Sigourney Weaver), acabará implicándose mucho más de lo que su condición de ama de casa de un entorno muy conservador haría suponer. La acción comienza en el verano de 1968, con los altercados en Chicago durante la convención del Partido Demócrata, y duró hasta la redada que dio con siete miembros acusadas de diversos delitos, que no fueron juzgadas por la decisión de 1973 del Supremo de otorgar la protección constitucional al aborto. Por supuesto, la organización fue tolerada durante ese tiempo, hay un episodio en la película que se relaciona con un policía, que así lo insinúa. Y entre los dilemas éticos se encuentra el hecho de que se practicaban abortos realizados por mujeres que no tenían titulación como médicos u otros profesionales sanitarios. La organización siempre presumió de que ninguna mujer murió como consecuencia de sus procedimientos.

La realización de la película es eficaz y funcional, aunque no destaque por nada en especial. Pero bueno, hay oficio de sobre en los Estados Unidos para sacar adelante sin problemas y con dignidad una película de este tipo. Y también cuenta con el valor de sus intérpretes. No sólo de su protagonista, Banks destaca especialmente, sino del conjunto del reparto. Sin embargo flojea en el planteamiento y el desarrollo de la historia. Aunque se plantean algunos dilemas interesantes, en realidad se resuelven de forma muy simple, y queda más bien la película como un homenaje a aquella organización, sin entrar a debatir a fondo las cuestiones que suscita una organización clandestina de este tipo. Sus fines pueden ser comprensibles. E incluso defendibles por una buena parte de la población. Pero determinadas decisiones éticas, y las consecuencias que derivaron… Es cierto que no existen informes de fallecimientos de mujeres por estos procedimientos, pero si se han conocido visitas a los servicios de urgencia posteriores, e incluso la realización de histerectomías por infecciones postquirúrgicas. No. Una interrupción quirúrgica del embarazo, aunque sea considerada un procedimiento quirúrgico menor, no está exenta de riesgos importantes y debe realizarse por una persona bien entrenada y conocedora. No me parece oportuna la visión frívola de que un ama de casa aprenda sobre la marcha el procedimiento y todos tan contentos. Eso se pasa por alto. Por mucho que las reflexiones políticas, sobre la equidad, las oportunidades, las decisiones patriarcales sobre la salud de las mujeres, la tradicional doctrina cristiana que antepone la salud y la vida del feto sobre la de la madre, me parezcan muy oportunas.

La película se deja ver. Y como ya he dicho se mantiene especialmente por el buen trabajo interpretativo. Esto es algo que cada vez aparece con más frecuencia en mis apreciaciones, en este tipo de comentarios. Los actores y actrices, actualmente en huelga en Estados Unidos, salvando producciones descuidadas en la escritura de sus guiones, también en huelga los escritores, o trabajos de dirección correctos pero sin rasmia. En fin… tampoco será del agrado de los sectores conservadores y ultraconservadores de la sociedad, claro. Mientras que en el polo opuesto, habrá quien encuentre tonterías algunos de mis reparos éticos. Es lo que hay cuando intentas mantener posturas prudentes y reflexionadas; acabas «enemistado» con todo el mundo.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Algunas instantáneas por distintos puntos de la ciudad

Fotografía

No tengo mucho tiempo para dedicar a escribir hoy. Estoy en vísperas de salir unos días fuera, y estoy con prisas todo el día, porque por la mañana hay que ir «a la escuela» como los niños buenos. Un comentario más amplio de las fotos en Algunas instantáneas del fin de semana – Fujifilm Instax SQ6 con Instax Square Color.

[Libro] Una mujer y la guerra – Yōko Kondō

Literatura

Ayer, 6 de agosto, fue el aniversario del lanzamiento y explosión de una bomba nuclear sobre la ciudad de Hiroshima. La segunda explosión nuclear de la historia de la humanidad, la primera cuyo objetivo fue destruir una ciudad y asesinar a sus habitantes. Muy de moda en estos tiempos por una película cinematográfica muy interesante y de gran calidad, las reflexiones éticas y políticas derivadas de haber utilizado un arma de este tipo, especialmente sobre la población civil, cosa que se repitió tres días más tarde sobre Nagasaki, nunca deberían pasar de moda. Nunca se juzgaron ni nunca se juzgarán en un tribunal de justicia los desmanes de los vencedores de las guerras. Pero si los militares y políticos japoneses que empujaron a su país y a muchos otros a una guerra sin sentido fueron considerados criminales, y merecen nuestro más firme reproche como responsables del sinsentido bélico, los militares y políticos norteamericanos que llevaron a estos bombardeos, también merecerían esta consideración como criminales y este reproche. Dos errores, graves, nunca son un acierto. ¿Verdad?

Sin embargo, no hizo falta la bomba atómica para que estos defensores de «la libertad y la democracia», pero que plantearon la guerra contra Japón como una guerra racial, contra el ser inferior que se había atrevido a subirse a las barbas del tío Sam, no hubo tanta diferencia entre la actitud de los soldados norteamericanos en el Pacífico respecto a los soldados japoneses, ciertamente fanatizados estos últimos y sometidos a una propaganda falaz, con la de los soldados alemanes respecto a los untermensch eslavos, las razas inferiores, en el frente oriental de la guerra en Europa. No hay más que ver la diferencia de trato que se dio a los ciudadanos americanos de origen japonés respecto a los ciudadanos americanos de origen alemán. Adivinad cuáles fueron recluidos en campos de concentración en el desierto. Y el bombardeo norteamericano con más víctimas directas no fue ninguno de los dos bombardeos atómicos, sino el bombardeo con bombas incendiarias de los barrios populares y obreros de Tokio, barrios con casas construidas de madera y papel, a principios de mayo de 1945, y que ya demostró el talante de los líderes estadounidenses con Truman a la cabeza. Quizá las víctimas acumuladas, en los meses posteriores, como consecuencia de la radiación, llegase a ser mayor en los bombardeos atómicos. Pero en lo que se refiere a calcinar seres humanos… demostraron los norteamericanos que no necesitaban bombas atómicas para generar un terror inhumano.

En la novela gráfica que traigo hoy, los hechos transcurren en los últimos meses de la guerra en la ciudad de Tokio. Y veremos cómo los protagonistas de la historia sobreviven al bombardeo incendiario de Tokio. Yōko Kondō traslada a este formato dos relatos relacionados entre sí del escritor japonés Ango Sakaguchi, uniéndolos en una sola narración. La protagonista de la historia es una atractiva mujer, que fue prostituta, y que ahora vive con su amante en Tokio, en el caos y la desesperación de una guerra que se sabe perdida. Con el miedo a la invasión y a los desmanes del invasor. Y con la amenaza continua de los bombardeos, que pasan en el refugio construido en el suelo del jardín de su casa. Y sólo durante los momentos de tensión, miedo y excitación que se suceden durante estos bombardeos, y dentro del refugio, son capaces los amantes de mantener relaciones, cuando por otra parte, en otras circunstancias, es una mujer incapaz de sentir nada en las relaciones físicas como consecuencia de sus años como prostituta y de las consecuencias de la guerra. Una convivencia hasta punto forzada, pues no confían en que cuando todo acabe sean capaces de seguir juntos y no volver a sus vidas anteriores.

Con un dibujo sencillo y austero, alejado de cualquier preciosismo, pero tremendamente eficaz, Kondō es capaz de transmitirnos cómo pudo ser la vida en la capital japonesa durante ese periodo de tiempo. La lucha cotidiana por la supervivencia, el razonamiento, el hambre, el mercado negro, la rígida moral en las costumbres impuesta por el régimen, los impulsos de solidaridad entre las gentes, alternados por el egoísmo, según el momento. Y en el plano íntimo, la desilusión vital, el pesimismo existencial, que sólo se mitiga ante el miedo de las bombas que, paradójicamente, despierta el deseo vital de los protagonistas, y los acerca en la intimidad de los cuerpos.

La narración termina con el final de la guerra. Que alivia en cierta medida los corazones de las gentes, aunque no elimina del todo los miedos, las incertidumbres. Y sobretodo, en nuestros protagonistas, no elimina el pesimismo existencial, desapareciendo al mismo tiempo aquellos momentos en los que las ganas de vivir se imponen, por el miedo a la muerte inminente. La novela gráfica me ha gustado. Pero creo que sobretodo me gusta el planteamientos de la historia, la tesis que subyace en ella. Por ello, quizá, dejando pasar un tiempo, para madurar la idea, igual busco los relatos originales de Sakaguchi. Tengo la curiosidad.

[Recomendaciones fotográficas] PHotoESPAÑA 2023 en Zaragoza

Fotografía

Como todos los años desde hace más de un cuarto de siglo, en los sofocantes días del verano ibérico se celebra PHotoESPAÑA, el principal festival fotográfico de la península. No hablo sólo de España, porque también hay actividades del festival en Portugal, aunque el nombre del festival sólo hace referencia al país grandote de la península. En rachas, he asistido en bastantes ocasiones a las principales exposiciones que el festival presenta en Madrid, la sede principal del festival. En rachas, porque asistí varios años consecutivos durante los primeros años del festival, luego dejé de ir, y en los 2010 volví a ser asiduo. Pero ahora, vuelvo a ser renuente a visitar la capital. Entre el calor agobiante y los demenciales precios del tren de alta velocidad si no programas el viaje con mucha antelación… Tengo otras cosas más interesante en las que gastar 110 euros de viaje en tren. Pero siempre nos quedan las exposiciones en Zaragoza, que viene siendo sede secundaria del festival desde hace unos años.

He visitado cuatro de las seis exposiciones que hay programadas. Una se me escapó. Había programadas dos exposiciones relacionadas con el centenario de la Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza, una en el Palacio de los Morlanes, que ya terminó, y no pude acercarme a verla, y otra en el Museo de Zaragoza, que sí que visité hace unos días. La ya terminada parece que recogía fotografías que simbolizan la historial de la Fotográfica, como simplifican sus socios el rimbombante nombre de la sociedad, mientras que la del museo son fotografías contemporáneas de los socios actuales. Una exposición en la que es posible encontrar fotografías muy interesantes, pero que es demasiado heterogénea e irregular. Lo que sucede con las exposiciones colectivas de las asociaciones fotográficas es que no hay una selección crítica de las obras. Por no despreciar a nadie, se aceptan fotos de todos los que presentan obras, pero no todas están al mismo nivel. Y creo que en esta exposición les pasa algo de esto. Y en el marco en que se celebra, y vinculada al festival, creo que tendrían que haber sido algo más selectivos. Pero bien, oye. Que hay gente que trabaja muy bien en la Fotográfica.

La primera exposición que vi fue la de Rosa Muñoz en los antiguos depósitos de agua del Parque Pignatelli. Titulada Lugares en movimiento, la fotógrafa trabaja con el color, la forma geométrica, la luz y el movimiento. Imágenes proyectadas, abstractas en muchas ocasiones, a caballo entre la abstracción y la figuración en otras, aunque partiendo de lugares, de arquitecturas, que se descomponen, se deconstruyen, adquieren nuevas formas y nuevos significados. Es una exposición en la que es más complejo entrar, porque siempre es más complejo compartir el código del mensaje del artista cuando la abstracción entra en juego, pero que si le das una oportunidad puede resultar bastante más satisfactoria de lo que parece en un principio.

Ha sido tradicional en la relación entre Zaragoza y PHotoESPAÑA que se reserve la Lonja para la exposición con más tirón popular de las que se presentan en la ciudad. Y este año con mayor razón porque se presenta una retrospectiva de la obra fotográfica del recientemente fallecido director de cine nacido en Huesca, Carlos Saura. Mucho se presume en esta tierra de que Saura es un cineasta aragonés. Ciertamente Aragón ha dado al mundo una diversidad de gentes del mundo del cine muy interesantes. Pero la propia exposición nos habla de un Saura que, a lo largo de su recorrido como fotógrafo, y como cineasta también, ha sido un ciudadano del mundo, que trasciende mucho los localismos reduccionistas, sin desdeñar nunca el dirigir la mirada hacia lo básico, hacia el pueblo, hacia los lugares de siempre, hacia las raíces.

Conocía desde hace tiempo la obra fotográfica de Saura, al igual que he visto muchas de sus películas, y hace mucho que descubrí la calidad artística y la excelente, profunda y aguda visión del artista que es. Con una cámara cinematográfica o con una cámara fotográfica, ambas actúan de forma complementaria, sin competir entre sí. Una visión directa, sin tapujos, con un mensaje directo sobre lo que se contempla y se siente. Dejando bastante libertad al espectador para que analice desde su punto de vista la realidad que se ofrece. Imprescindible.

Me llamó la atención que se incluyera como sede de una exposición la vieja fábrica de La Zaragoza, cervecera local, dominante en Aragón, aunque en ocasiones también me la he encontrado fuera de la comunidad autónoma. Una fábrica que ha sido una constante histórica en el barrio de San José, donde he vivido la mayor parte de mi vida, aunque ahora la producción se haya trasladado a unas modernas instalaciones en la carretera de Castellón. La exposición, Gigantes: espacios, memoria y tiempo, es una selección de fotografías de fotógrafos premiados con el Premio Nacional de Fotografía. Con 120 años de antigüedad, la idea de que la antigua fábrica fuese sede de eventos culturales me sonó bien. Aunque desconocía que tuviese un espacio apropiado para la celebración de las exposiciones. Había visitado anteriormente la fábrica. Cuando era estudiante y estaba en plena actividad, y más recientemente, en las visitas guiadas que organizan para explicar la producción de cerveza. Y no tiene. Quizá podría tener, pero no tiene un espacio adecuado. La exposición consiste en una fotografías murales que se distribuyen por los muros exteriores de la fábrica. Tanto los que dan a los patios como los que dan a las calles exteriores. De hecho, dado que suelo pasar con frecuencia por la calle María Moliner de Zaragoza, ya había visto prácticamente la mitad de las fotografías de la exposición.

No es una forma que me agrade de ver una exposición de fotografía. No cabe el acercamiento íntimo a las obras. Que además son dispersas en tema y formas. Y encima te cobran cuatro euros por una actividad que más parece de autopromoción de la fábrica que de enriquecimiento cultural. Me da igual que te inviten luego a tomar una cerveza sin coste añadido, porque no se puede decir que sea «gratis». De hecho, es probable que pudieran sacar más rendimiento dejando el acceso libre, y el bar abierto a tomarse una cervecita. Entraría más gente, muchos picarían y probablemente acabarían recaudando más. De esta forma, tres personas contándome a mí vi en esa tarde haciendo la visita a la exposición. Había otro grupo más numeroso que visitaban la fábrica. No me convenció la cosa. Sinceramente. Un destello más del cutrerío con el que con frecuencia se desempeñan los empresarios aragoneses.

No me queda más que mencionar que hay una sexta exposición en la sala de exposiciones de la Torre DKV de la fotógrafa Greta Alfaro. Pero no sé si la veré. Me queda muy a desmano. Y el año pasado que fui ex profeso a una hora en la que se suponía que estaba abierta, no lo estaba, y encima la única persona que había fue un guarda de seguridad malencarado que se negó a suministrarnos ninguna información. Así que… ya veremos.

[Cine] They cloned Tyrone (2023)

Cine

They cloned Tyrone (2023; 44/20230731)

Tras el súper fin de semana del Barbenheimer, que tan entretenidos y motivados tuvo a los aficionados al cine de todo tipo, los estrenos de la cartelera volvieron al fin de semana siguiente a la inane situación previa. Especialmente, porque pocos querrán competir en la cartelera mientras dichas películas estén de actualidad todavía. Así que nos dedicamos a otras historias, y dejamos lo de ir al cine para otra ocasión. Parece que hubo algún estreno que pudo interesar a nivel nacional… pero no llegó a Zaragoza, con un cartelera cada ver más conservadora y rácana. Pero es a lo que se va en este país… y en otros. Así que el lunes a la hora de cenar me puse a ver qué estrenos había habido en los últimos tiempos en las plataformas. Por si acaso. Hay un problema (uno más). Los críticos y comentaristas de cine no dedican tiempo ni ganas a los estrenos en plataformas, salvo de vez en cuando, con títulos muy determinados. Por lo que hay poca guía para optar. Y uno empieza a estar escamado de la escasa calidad de la mayor parte de estrenos, la mayor parte de ellos entretenimientos inanes sin mucho interés. En fin…

El caso es que en Netflix me llamó la atención una película dirigida por Juel Taylor, desconocido para mí, pero con un reparto que podría ser interesante, y algunas premisas que quizá convendría explorar. Taylor nos lleva a un gueto afroamericano en alguna ciudad de Estados Unidos, donde la pobreza es la norma, y la gente, especialmente los jóvenes se refugian en la droga, en la prostitución y demás sospechosos habituales en los entornos socialmente degradados. Tras la sorprendente «resurrección» de un capo de camellos (John Boyega) tras un tiroteo, este, junto con un chulo (Jamie Foxx) y una de las prostitutas que chulea (Teyonah Parris) iniciarán unas pesquisas que les llevarán a descubrir una sorprendente conspiración del gobierno sobre el gueto afroamericano.

Película del género conspiranoico con elementos de ciencia ficción, que no deja de ser una razonablemente imaginativa crítica al abandono en el que el sistema social, político y económico de los Estados Unidos tiene a determinados sectores de la sociedad. No en vano una de las imágenes que más nos impactó en nuestra reciente visita a San Francisco son los nutridos grupos de usuarios de drogas, sumidos en la pobreza, con graves problemas de salud física y metal, que se pueden encontrar en torno a algunas estaciones de metro del centro de la ciudad. Una realidad de la que decidí no hacer fotografías, pero indicadora de una degradación social más importante de lo que parece en una ciudad en la que hay grandes contrastes con otros agradables, aseados y caros distritos, disfrazados de progresismo social, poco eficaz y poco eficiente. La cosa es que sin ser la octava maravilla, la película está realizada de forma correcta, eficaz, entretenida, ya que no falta la aventura y el humor, y con unas interpretaciones un peldaño por encima de lo correcto.

Película que se deja ver muy bien, que es perfectamente recomendable, que en mi caso crece en el recuerdo, aunque probablemente no vaya mucho más allá y no trascienda en exceso. Pero para los abonados de la plataforma que no sepan que ir a ver en el cine o que no les apetezca, puede ser una opción perfectamente razonable. Mejor de lo que esperaba.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotocomentario] Recorriendo lo que hace décadas que no recorría

Fotografía, sociedad

Hace unas semanas, hacia mediados de junio, hice una caminata amplia que incluyo algunas zonas de la ciudad, en el entorno de la avenida de Cataluña de Zaragoza, que hacía décadas que no recorría. Las fotografías que hice se comentan en Desde Alemania (creo) una nueva película – Canon EOS 650 con Orwo Wolfen NC500. Pero sobre lo que aquí quiero reflexionar brevemente es sobre los recuerdos, siempre menos claros y más confusos de lo que creemos, y el retorno a otras épocas.

En mi caminar por la ciudad, hay amplias zonas de la ciudad, y entre ellas en torno a la larguísima avenida de Cataluña de Zaragoza, que pateo con frecuencia. Pero hay un tramo de esta avenida que cuando era muy jovencito, niño o preadolescente, visitaba con cierta frecuencia, cosas familiares, que ahora tan apenas piso. Entre el barrio de la Jota y el río Gállego. Una zona entre suburbial, industrial y agrícola, con una organización del terreno escasamente definida en su conjunto. No creo que hace cuarenta o cincuenta años estuviese mejor definida, pero a mí me lo parecía. Había alguna zona industrial, pero la mayor parte eran terrenos agrícolas, salvo en el eje de la avenida, avenida que se continuaba, y se continúa, con la carretera nacional N-II, la radial que une Madrid con Barcelona pasando por Zaragoza. En ese eje, el ambiente era más propio de un pueblo que de la quinta ciudad más poblada de España. Ahora… está un poco dejado. Y tienen un aspecto desangelado que no era el que recordaba cuando nos llegábamos hasta allí con el trolebús del Gállego. En fin, el tiempo pasa. Algunas cosas mejoran, otras no. Pero pocas permanecen realmente inalteradas. Si es que alguna lo hace.