[Libro] La bandera invisible

Historia, Literatura

Estos días paso mucho tiempo metido en un hospital. Esto no es raro en mí, que trabajo en uno. Pero no. Estoy metido en «otro» hospital, y no precisamente por motivos de trabajo. Voy y vengo. Espero resultados. Atiendo necesidades. Y los ratos libres ando con pocas ganas de hacer nada. Así que leo. Es una de esas situaciones donde das gracias por la invención de los libros de bolsillo. Menos mal que hace unos días compré varios y tengo para leer unos días. Pero también es verdad que los acabo mucho más deprisa de lo habitual.

El que comento hoy era un misterio para mí. Me llamó la atención en la librería. Curiosamente, estaba entre las novedades de la sección de ficción, aunque se trata de las memorias de guerra de Curt Emmrich, un médico y periodista alemán, que sirvió como cirujano en un puesto de socorro avanzado de una división de la Wehrmacht, en el frente soviético. El libro está escrito bajo el seudónimo de Peter Bamm. Y bueno… ha resultado una lectura interesante. A continuación os la comento.

La bandera invisible
Peter Bamm
Libros del Asteroide; Barcelona, 2010
ISBN: 9788492663293

Para empezar, y para entender un poco mejor lo que vamos a leer, conviene explicar qué es para el autor «la bandera invisible» del título. Para él sería la bandera del humanismo bajo la cual actuaron algunas personas durante el terrible conflicto que enfrentó a la Alemania nazi con el régimen soviético de Stalin. Un enfrentamiento en el que el nivel de deshumanización fue tremendo, y en el que la barbarie campó a sus anchas en ambos bandos. Así pues, las memorias que nos ofrece el autor no son un registro preciso ni concreto de lo que contempló en el frente. Hay que decir que el periodo de tiempo que abarca, desde el verano de 1941, cuando el grupo de ejércitos Sur avanza por la llanura ucraniana hasta que es evacuado por los pelos de la Prusia Oriental en la primavera de 1945 con destino Copenague, donde el autor se rindió a las tropas británicas que liberaron Dinamarca. Entre medio, la terrible campaña en la península de Crimea, el avance alemán hasta el Caucaso, la retirada de la cabeza de puente de Kuban, la segunda campaña en Crimea, de donde sería evacuado poco antes del desastre, para finalizar en un hospital militar de Prusia Oriental, donde quedó cercado contra el Báltico, hasta su escapatoria.

Siegesaule

Buena parte de los compañeros de la compañía de sanidad en la que estuvo enrolado el autor eran berlineses; y seguramente, hubieran dado lo que fuera en muchas ocasiones por estar paseando bajo la columna de la victoria en el Tiergarten, en lugar de tragando polvo en la estepa ucraniana - Pentax *ist DS, SMC-A 50/2

Todas las anteriores campañas son narradas indirectamente, ya que en realidad cada capítulo es la narración de un hecho en el que se pone de manifiesto y se da preferencia a las acciones de aquellos que, en medio de la barbarie bélica, mostraron una determinación por mantener el respeto o la soladaridad hacia el ser humano, independientemente de su bando, nacionalidad, creencia, o religión. Por supuesto, no puede evitar hacer referencia a las barbaridades. Pero aunque menciona las matanzas de judíos, no entra a fondo en ellas. Ni en el trato que mayoritariamente se dio a los prisioneros rusos. Para él, los nazis son «los otros». De hecho, nunca menciona la palabra nacionalsocialista o nazi, o SS,… sólo «los otros». Ni menciona nunca a Hitler. Para él es «el hombre primitivo». De alguna manera, es como si él y el conjunto de buenos alemanes que luchan en la Wehrmacht fueran también víctimas en esa guerra, en la que los alemanes cultos representan la esencia de los valores y la cultura europea, tanto en sus raíces clásicas como cristianas. Y son frecuentes las referencias históricas y literarias que aparecen en el relato a ambas raíces. En un momento dado, se sienten como lacedemonios de Leónidas en las Termópilas,… la primera línea de defensa ante la barbarie oriental. Lo cual conlleva una paradoja terrible. Los propios nazis utilizaron esta comparación para definirse ante el mundo contra los soviéticos.

Así, el conjunto del libro te sume una profunda reflexión sobre las contradicciones internas de la sociedad alemana. Creo que el autor es sincero a la hora de sentir unos valores positivos en su cultura, amenazados tanto por el enemigo externo como por la dictadura en el poder. Pero es inevitable leer entre líneas que frente a la capacidad de algunos individuos para diferenciarse en sus actitudes y comportamientos del poder nazi, aun a riesgo de sus propias vidas, hay una mayoría de alemanes que colaboran y luchan hombro con hombro con la estulticia nazi que en su soberbia llevó a la catastrofe a toda Europa en general y a su propio país en particular.

En resumen, se trata de un libro muy entretenido de leer, muy ameno. Pero que sin duda llenará de interrogantes al lector informado, puesto que no hay una correspondencia entre lo que lee y la historia conocida en lo que se refiere a los comportamientos globales de las personas que allí estuvieron, independientemente de los ejemplos de humanismo que selecciona el autor. Para el lector no informado, debe tener cuidado en no caer en el embrujo del buenrollismo que muestra el autor. Los alemanes actuaron en el frente oriental con crueldad criminal en su conjunto. Y pareciera que esto no es así, leyendo este libro.

Recomendación musical:

El autor del libro, junto con dos compañeros de fatigas, tienen un momento para escuchar en la lujosa casa abandonada del director de una fábrica en Prusia Oriental la Sinfonía Nº 3 en re menor de Bruckner, salvo el cuarto movimiento, interrumpido por el comienzo de un bombardeo con obuses por parte de los soviéticos. Así que esa es la recomendación para hoy.

Playa - Sopot

No lejos de las playas de Sopot, actualmente Polonia, se encuentra el puerto de Hel, donde el autor del libro consiguió embarcar en un transporte que los llevó por el Báltico hasta Copenague - Canon EOS 40D, EF 24-105/4L IS USM

Libro: El nombre de la rosa

Literatura

stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus

El verso latino con el que encabezo esta entrada es el que a su vez cierra el libro que hoy voy a comentar. Por primera vez comento una relectura de un libro. Leí por primera vez la más celebrada novela del alessandrino Umberto Eco cuando tenía unos 22 ó 23 años. Recuerdo que un amigo lo iba leyendo mientras realizábamos un viaje interminable, un viernes por la tarde, entre Zaragoza y Jaca en el entrañable canfranero. Era la segunda vez que lo leía; decía que tendría que hacerlo varias veces para sacarle todo el jugo. A las pocas semanas, me hice con un ejemplar y lo leí. Siempre supe que, efectivamente, leerlo una vez no bastaba. Pero también supe que para sacarle el jugo adecuado, había que adquirir un bagaje de conocimientos históricos y culturales, que en ese momento no tenía. No sé si ahora los tengo, pero se presentó la ocasión y lo he vuelto a leer. Y aquí va lo que opino.

El nombre de la rosa
Umberto Eco
Círculo de lectores; Barcelona, 1984
ISBN: 8422616467

Nos encontramos en Italia, en noviembre de 1327, en algún lugar no revelado entre el centro y el norte de la península, no lejos del mar, pero introducidos en las montañas, donde una abadía benedictina impone su ley sobre los territorios circundantes, y su influencia política sobre distintas facciones de las luchas entre el papado de Aviñón y el emperador del Sacro Imperio. Estamos en la Baja Edad Media, y ya el Renacimiento empieza a asomar en la península italiana. Es un periodo de crisis, y tanto las estructuras políticas como religiosas que han cohesionado Europa tras la caída de la civilización clásica se tambalean. Las ciudades surgen, los idiomas vernáculos triunfan, y las nuevas ideas se transmiten con mayor facilidad. Hacía la abadía se dirige un franciscano inglés, Guillermo de Baskerville y su ayudante, Adso de Melk, un novicio benedictino de familia noble alemana que actúa como su secretario. Es este último quien narra la historia en primera persona. Al llegar a la abadía, donde se va a celebrar un encuentro político de alto nivel entre representantes del papado, de los franciscanos y del emperador, el abad decide confiar en Guillermo la resolución del misterio de una muerte, que pronto son dos y aun más. Y todo ello, bajo el riesgo de que el encuentro político fracase.

Aunque con los años he adquirido mucho más conocimiento histórico y mucha más cultura que cuando tenía 22, no me consideraré capacitado para hacer reflexiones sesudas sobre los múltiples significados y referencias que encontramos en el libro. Para mí básicamente hay cuatro elementos de interés. Que no son pocos:

  1. Por un lado, el libro nos cuenta una historia de intriga en el que se homenajea a un personaje real, Guillermo de Ockham, y a otro ficiticio, Sherlock Holmes, en la figura del protagonista principal de la novela, el franciscano de Baskerville. Me parece una de las historias detectivescas más apasionantes que he leído nunca. Esto lo podría haber dicho ya la primera vez que leí el libro.
  2. Por otro lado, está la intriga política, con las luchas de poder entre papado, imperio y otros actores, que representan la dinamización de un periodo histórico, tras los años de relativa oscuridad que supusieron los siglos medievales. Sí, yo soy de los que opinan que estos siglos supusieron un paso atrás en la civilización occidental, un travesía en el desierto. Aunque se me enfaden los acérrimos defensores de este periodo. No obstante, considero también un periodo apasionante desde diversos puntos de vista.
  3. Es un fresco magnífico de la vida en la Europa occidental de aquella época, de su economía, de su política, de su paisaje, de sus costumbres. Se aprende mucho sobre cómo se vivía en aquel momento y sobre cómo eran sus gentes.
  4. Es un homenaje espléndido a la historia del pensamiento humano, de las interrelaciones de distintas corrientes filosóficos, del avance de nuestra especie en el conocimiento del mundo que nos rodea.

Por todo ello, no lo considero sólo un libro recomendable, sino que lo considero un libro fundamental, que debiera leer todo aquel que quiera presumir de un cierto amor hacia la literatura, hacia la historia y hacia el pensamiento humano.

Por cierto, el largometraje realizado en 1986, que habitualmente es tan bien valorado, incluso entusiásticamente, por muchos de los que lo han visto, a mí nunca me gustó. Ciertas concesiones al público y a lo comercial desvirtúan por completo la historia que el libro nos narra. Para mí es una película proscrita que nunca he vuelto ni no volveré a ver.

Danubio

El Danubio en Szentendre, Hungría; unos 300 kilómetros más al oeste, río arriba y en sus mismas orillas, se encuentra la abadía de Melk, desde la que Adso no cuenta esta historia de su juventud - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8

Vuelven las rutinas, pero no el buen cine; a cambio, algo de buena televisión: Conspiracy (La solución final)

Cine, Televisión

Hasta cierto punto vuelve las rutinas. Es la primera semana de octubre. Definitivamente estamos en otoño, aunque hoy disfrutemos a las seis de la tarde de unos envidiables 24ºC. No es que hablemos de rutinas plenas. Al fin y al cabo, estoy de vacaciones. Me quedaban dos semanas. Y el jueves saldré de viaje por una semana. Ya os cuento mañana. Pero, poco a poco, las cosas de siempre están aquí de nuevo.

Por ejemplo, hoy es el primer martes de octubre. Eso quiere decir que vuelvo a jugar al tenis dos días a la semana. Si es que mi tendón de Aquiles lo permite; que lleva ya varios meses dándome la tabarra. Veremos. En cualquier caso, hoy me acercaré, dentro de un ratito, saludaré, diré aquí estoy, y si las cosas van bien jugaré un rato.

Otra de las rutinas semanales es ir al cine en lunes. Y el martes, en estas páginas comentar la película. No es que en verano no lo haga. Pero el día de la semana oscila más. Puede ser un martes, un jueves, rara vez un miércoles para evitar el relativo bullicio del día del espectador. Pero lo cierto es que, si se supone que con el otoño llega una temporada de estrenos, potencialmente interesantes, de momento estos brillan por su ausencia. Ayer, nos pegamos media hora mirando como idiotas la cartelera, para decidir que nos tomábamos unas cervezas charrábamos un rato y nos íbamos a casa. Un erial el cine actual.

Así que llegué por la tarde a casa relativamente pronto. Y me puse a ver algo que tenía por ahí grabado. Y os lo voy a contar. Como si fuese la película de todas la semanas. Aunque no sea lo mismo que ir a la oscuridad y a la gran pantalla de las salas de cine. No obstante, no es un largometraje realizado para la gran pantalla. Fue realizado para la televisión. Veamos.

Conspiracy (La solución final, 2001)

Uno de los episodios más horribles de la historia de la Segunda Guerra Mundial, y de la historia en general, fue el exterminio de judios, gitanos y otras minorías por parte de los nazis. Sin embargo, aunque el atropello que estas gentes sufrieron comenzó en los años 30, la decisión de aplicar toda la eficiencia de la ingeniería alemana a la tarea de exterminio fue algo que tardó en madurar, y la decisión y la planificación no se hizo realidad plenamente hasta 1942, cuando se convocó la Conferencia de Wannsee. Y esta coproducción británico-norteamericana de la BBC y la HBO, dirigida por Frank Pierson, nos cuenta precisamente esto. Lo que sucedió en aquella malhadada conferencia en uno de los lugares más bellos de Berlín.

Sinopsis

Adolf Eichmann (Stanley Tucci), el equivalente a un coronel de las SS, es el encargado de preparar una reunión de representantes de la administración civil, policial y militar de la Alemania nazi. Quince de ellos se van a reunir a orillas del lago de Wannsee en la capital alemana. Presenciamos cómo todo es detalladamente supervisado de forma precisa y perfecta. Pronto van llegando los distinto componentes de la reunión. El último de ellos, quien la presidirá, uno de los principales jerarcas de las SS, Reinhard Heydrich (Kenneth Branagh). Durante dos horas, se producirán las discusiones que llevarán a decidir no sólo qué se va a hacer con los judíos, algo que en realidad ya estaba decidido. Sino a quién se va a aplicar y el método.

Dirección y producción

En primer lugar hay que decir que la ambientación y la producción es absolutamente admirable. Esta es una de esas producciones donde se ve la mano y el estilo tanto de la BBC como de la HBO. Siempre cuidadas, pensadas hasta el último detalle. La realización es ligera, y presenta en algo más de hora y media con un gran ritmo y al mismo tiempo con rigor, lo que pudo ser la reunión. De las actas de la misma se conservó una copia a pesar de que había orden de destruirlas. Pero a pesar de ese conocimiento, también hay conciencia que no todo lo que se habló se reflejó en las mismas. Y ahí viene un esfuerzo dramatizador sobre cómo pudieron ser las discusiones que está meritoriamente conseguido, fuese como fuese la realidad.

Interpretación

Un grupo de actores británicos y norteamericanos, más o menos conocidos, pero todos ellos muy solventes dan vida a una serie de caracteres en los que están representados los principales vicios del régimen nazi. El fanatismo, el antisemitismo, por supuesto, la lucha por el poder, los celos interdepartamentales, la burocracia, el militarismo,… A los dos intérpretes mencionados se podrían mencionar todos los demás que se pueden ver en el enlace en IMDb que he puesto anteriormente. Quizá mencionar entre los más conocidos a Colin Firth (Wilhelm Stuckart) o a David Threlfall (Wilhelm Kritzinger). Pero en conjunto, el elenco es excelente.

Conclusiones

Aunque un producto obviamente realizado para televisión, se puede calificar como de cine de muy buena calidad. Interesará especialmente al amante del cine histórico, pero debería gustar a cualquiera que aprecie una buena dramatización y una buena interpretación. Tiene algo de teatro; tiene más de obra teatral adaptada al cine o televisión que otra cosa. Es ese tipo de producción. A mí me ha gustado. En principio no la voy a puntuar, porque no es una película habitual al uso de las que reseño por aquí. Pero supongo que si lo hiciera andaría cerca de las cuatro estrellas.

Memorial del Holocausto

Un joven se abre a la tarde sobre la estelas del Memorial del Holocausto en Berlín - Canon Digital IXUS 860IS

El Tres Naciones de Rugby, una historia de batallas clásicas

Deporte, Historia

Si los meses de febrero y marzo es el gran momento del rugby internacional en el hemisferio norte, entre julio y principios de septiembre es la gran cita del deporte del ovoide en el hemisferio sur. El Torneo de las Tres Naciones de rugby se disputa entre las selecciones nacionales de Nueva Zelanda, los All-Blacks, Australia, los Wallabies, y Sudáfrica, los Springboks.

La mecánica del torneo es la siguiente. Cada selección se enfrenta con las otras dos en tres ocasiones. Con una de ellas tiene a favor el factor de campo ya que juega dos partidos en casa y uno fuera, y con la otra en contra, con un partido en casa y dos fuera. De esta forma, cada equipo juega seis partidos, tres en casa y tres fuera. En total, hay 9 jornadas, en cada una de las cuales se juega un partido entre dos de las selecciones, y la tercera descansa. Dada la lejanía en las zonas horarias entre Sudáfrica y los países oceánicos, los partidos se agrupan en giras. Así, este año, los primeros partidos correspondieron a la gira sudafricana por Australia y Nueva Zelanda, y en estos momentos ha comenzado la gira de los países oceánicos por Sudáfrica. Los partidos entre Australia y Nueva Zelanda se pueden programar con más flexibilidad.

El sistema de puntuación es distinto a la competición europea, y similar al de la Copa de Mundo de Rugby. El equipo que gana se lleva 4 puntos. Si ambos empatan, se reparten los puntos; dos para cada uno. El equipo que pierde no se lleva nada salvo que lo haga por siete tantos o menos, en cuyo caso tiene un bonus defensivo de un punto. Cualquier equipo que marque más de cuatro ensayos, gane o pierda, tiene un bonus ofensivo de un punto. De este modo, las estrategias son más complejas, se favorece el rugby de ataque y se mantiene una emoción más allá del ganar o perder.

Pero lo cierto es que este año la emoción se ha acabado a falta de tres jornadas para el final del torneo, ya que ha ganado todos sus partidos, a falta del que le resta por jugar en Australia, y además en tres de ellos ha conseguido punto bonus ofensivo. Es decir, ha ganado arrasando a dos de las mejores selecciones del mundo, especialmente a una de ellas Sudáfrica, actual campeona del mundo y última ganadora del torneo. Impresionante.

Ayer vi el último partido por televisión. Los retransmiten a través del satélite por Sportmania y Canal + Deportes. En diferido, así que he tenido que evitar las noticias al respecto para mantener la emoción personal. Lamentablemente no en alta definición como el Seis Naciones. Se celebró en el Soccer City de Johannesburgo. Este campo sonará en España, ya que fue donde se celebró la final del Mundial de Fútbol. Pero aquí no hablamos de la mediocridad de un deporte que necesita de 120′ para que alguno de los equipos marque un gol. Aquí hablamos del enfrentamiento entre las que son probablemente las dos mejores selecciones del mundo de rugby, muy fuertes, muy agresivas, muy rápidas.

Siempre me ha parecido que la forma de enfrentarse dos equipos de rugby entre sí tenía algo de batalla de las épocas clásicas. El paquete de delanteros de un equipo de rugby que encaran al paquete de delanteros contrarios siempre me han recordado de alguna manera a las formaciones de hoplitas griegos, infantería pesada de las polis de la Grecia clásica que luchaban codo con codo como un todo contra el enemigo. Desde este punto de vista, los tres cuartos vendrían a ser la caballería auxiliar. Pero el último partido de Nueva Zelanda contra Sudáfrica, me recordó más a la batalla de Gaugamela, aquella en la que el macedonio Alejandro el Grande se impuso al rey persa Darío III, y dio paso a uno de los grandes imperios de la antigüedad clásica.  Mientras la infantería pesada macedonia, la famosa falange, embestía una y otra vez a la infantería y a los carros persas, la caballería macedonia de élite, los Hetairoi, se preparaban para aprovechar los espacios abiertos en las líneas enemigas para cargar al galope contra el centro persa y romper al ejército de Dario que acabó por ceder el campo a los macedonios.

Pues así discurrió de alguna forma la historia del partido, emocionante y divertido. Tras un intercambio de golpes en los que los sudafricanos sacaron ventaja gracias al poco acierto del pateador neozelandés en los lanzamientos a palos. Todo estaba muy igualado, y parecía que los sudafricanos se iban a llevar el partido, salvando su maltrecho honor tras el desastre de su visita a Oceanía, y sólo quedaba saber si los All-Blacks iban a conseguir el bonus defensivo que les otorgaría matemáticamente el torneo. Pero la táctica puesta en marcha una y otra vez y que había desarbolado completamente a los rivales en las primeras jornadas del torneo, volvió a ser efectiva a falta de tres minutos para el final del partido. La delantera all-black fijó a la delantera springbok, desequilibró las líneas sudafricanas como hiciera la falange de Alejandro con las líneas persas, y comenzó la cabalgata de los tres cuartos neozelandeses que supieron encontrar los huecos por los que entrar y ensayar. Lo curioso es que el ensayo lo consiguió uno de los gordos, el pilier all-black que se sumó a la carrera y entró a gran velocidad pero casi desfondado en la línea de marca sudafricana. Impresionante, bonito. Era el empate. Habían compensado los fallos previos. En los tres minutos restantes, con las líneas rotas por el esfuerzo y el desánimo a pesar de ser 15 más los miles de aficionados que llenaban las gradas, los neozelandeses hicieron una acción más propia de la blitzkrieg, entrando por velocidad y potencia y superando directamente a los sudafricanos y consiguiendo el ensayo de la victoria.

¿Quién quiere ver un gilipollez como 300 y chorradas similares, carentes de todo tipo de sentido, tanto histórico como común, cuando la verdadera recreación de la épica de la antigüedad clásica está en los campos de rugby? La pena es que la efectividad de la «falange» neozelandesa ha quitado emoción a los tres partidos que restan. Pero seguro que los equipos saben buscarla en algún sitio.

Bajos relieves asirios

No recuerdo si estos relieves en el Pergamon Museum de Berlín, correspenden a soldados asirios o persas; tal vez los antecesores de los inmortales de Darío III que cayeron ante el impetu macedonio - Panasonic Lumix LX3

En un 24 de agosto, hace muchos, muchos, muchos años…

Historia

Es curioso lo de consultar de vez en cuando en Wikipedia el día de la fecha en el que te encuentras. Funciona a modo de efemérides. Aunque eso sí, varía según la versión idiomática que mires. No son igualmente importantes ciertos acontecimientos en el mundo anglosajón, que en el francófono, que en el hispano-parlante. En cualquier caso, es interesante mirarlo de vez en cuando. Te pone en perspectiva con la historia, y con la relatividad de cómo vemos las cosas los nacionales de cada lugar.

Por ejemplo, si hablamos de masacres. Las versiones francesa e inglesa nos recuerda que tal día como hoy en 1391 se produjo una masacre de judíos en Palma de Mallorca. Lo cual no aparece en la versión española, que sin embargo no simplemente denomina masacre a lo sucedido en Francia el día de San Bartolomé en 1572, sino que aporta cifras de asesinados hugonotes. Los francófonos se limitan a mencionar que hubo una masacre.

En todas las versiones aparece en los primeros puestos, una gran catástrofe. La erupción del Vesubio en el año 79 que acabó con las ciudades de Pompeya y Herculano. Lógico que aparezca en los primeros puestos, los acontecimientos de la efemérides están ordenados por fecha, de más antiguo a más moderno. En cualquier caso, es de los acontecimientos más notables.

Pintura erótica en el lupanar

Pinturas eróticas conservadas tras la erupción del Vesubio en los lupanares pompeyanos - Canon EOS 40D, Tokina AT-X Pro 12-24/4

Me parece curioso que la versión francófona se preocupe de recordar una batalla en Vélez-Málaga de 1704 durante la Guerra de Sucesión española, mientras que la versión española la ignore por completo. Pero bueno, es una de las varias batallas mencionadas entre las diversas versiones. Parece que cualquier fecha ha sido un buen momento para la guerra en la historia de la humanidad.

La versión francesa no considera oportuno reseñar ningún hecho importante relacionado con la Segunda Guerra Mundial, a pesar que tanto la española como la inglesa nos cuenta ¡el comienzo de la liberación de París! Es el único punto que reseñan ambas versiones relacionado con este infausto periodo de la historia del mundo, los demás son distintos.

À la memoire de tous les espagnols morts pour la liberté - memoria histórica

Monumento en memoria de los españoles muertos en la Segunda Guerra Mundial luchando contra el fascismo en el Cementerio del Pére Lachaise de París - Panasonic Lumix LX3

Las tres versiones hacen mención a un hecho acaecido durante la Guerra Civil española. Tal día como hoy, en 1937, el Partido Nacionalista Vasco llegaba a un apaño con las fuerzas italianas para rendir su posición en el frente norte. Alguna cosa se ha escrito cuestionando la fidelidad a la República Española de los nacionalistas vascos; yo creo que no hay nada que cuestionarse. Nunca fueron fieles a la República. De hecho eran gente mayoritariamente conservadora, y católica, cuya única diferencia con Franco era el territorio respecto al cual eran fieles. Es una opinión muy subjetiva… o no tan subjetiva si leemos con cuidado la historia del nacionalismo vasco.

Pero no nos pongamos trascendentes y alegremos los corazones. Que la versión española nos recuerda un acontecimiento realmente capital en la historia universal. En 2003, Fernando Alonso ganó su primer gran premio. Esto si que es importante, y lo de antes naderías.

Y finalmente, un acontecimiento, este sí trágico y catastrófico. En 2006, la Unión Astronómica Internacional decidió que Plutón no era un planeta. Y esto, sí que no. Descubrí que mi personalidad escéptica y racional tiene sus límite. Y somos una generación entera que nunca aceptaremos que el oscuro y frío mundo que vaga perdido en la inmensidad del espacio, en un punto donde el Sol apenas es una frío candela algo más brillante que los millones de millones de estrellas que lo rodean, no se un planeta. Porque, ¿cómo pueden recitar los niños de ahora la lista de los planetas sin el final rotundo y agudo que suponía el dios de los infiernos romano?

Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y PluTÓN.

Es de sentido común. No puede acabar la lista en Neptuno. Queda desequilibrada. Y luego, allí tan solo, despreciado por esos fríos y desalmados astrónomos, degradado… Uiigggg, que me pongo triste.

Bien. Mi recomendación. De vez en cuando, pasaos por las efemérides del día en las wikipedias. No en las que vienen en portada, muy limitadas. Sino en la página dedicada al día de la fecha. Os dará una cierta visión, relativa, de la historia.

Pabellón puente

Un modesto creciente sobre el Pabellón Puente, es el único objeto astronómico distinto del Sol que se puede ver a las 8 de la tarde en Zaragoza en agosto; de Plutón ni rastro, ni en los cielos, ni en los corazones de los desalmados astrónomos - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Conviene no olvidar,… y hay bombas en el mundo como para destruirlo varias veces

Historia

Hoy hace 65 años del lanzamiento de la bomba atómica de Nagasaki. Generalmente se recuerda más la de Hiroshima. Ya se sabe; en el deporte, nadie se acuerda de los segundones. Pues aquí, lo mismo. Por eso, este año, he decidido recordar el comienzo de la era de terror nuclear el día 9 de agosto y no el 6. Antes de pasar a comentar algunos aspectos sobre este acontecimiento, permitidme que os recomiende las fotos publicadas en el Denver Post como recuerdo de ambos bombardeos. Son 55 fotografías, algunas de ellas muy significativas.

Para ver el reportaje completo pulsa en la imagen.

Generalmente, la excusa dada por los partidarios del lanzamiento de la bomba fue que el número de vidas que se hubieran perdido en el caso de que hubieran tenido que invadir las islas principales del Japón hubiese sido enorme, a la luz de las experiencias previas, especialmente en Okinawa.

Sin embargo, creo que hay que considerar otras cuestiones. Desde luego, el planteamiento ético de lo que supone un bombardeo indiscriminado sobre población civil, que si ya había alcanzado condiciones dantescas a lo largo de la guerra en distintos escenarios. Y todo hay que decirlo, si los ejemplos más conocidos de barbarie por parte de los agresores son Coventry o Rotterdam, con un número de muertes estimados que puede estar en torno a las 1600 personas, los bombardeos aliados más notables como pudieron ser Dresde, Hamburgo, o los barrios de Tokio con edificaciones de madera, produjeron un número tremendamente superior de víctimas mortales. De los 20.000 o 35.000 de las dos ciudades alemanas, a los 100.000 reconocidos oficialmente, probablemente más, de la capital japonesa. Mayoritariamente civiles. ¿Sirvieron para acortar la guerra? ¿Sirvieron para desmoralizar a los ejércitos y que dejaran de luchar? Tengo serias dudas. Si me habéis leído en articulos similares previamente, conoceréis mi opinión. Hay ejércitos malos y ejércitos perversos. Los alemanes y los japoneses, u otros similares, pertenecerán al segundo tipo. Pero todos los demás, incluidos los que luchan por los «más nobles ideales», tarde o temprano ejecutan su propia ración de desmanes, y son como mínimo del primer tipo.

Si todo lo anterior se refiere a los bombardeos «con armas convencionales»… ¿es necesario que exponga mi opinión sobre el bombardeo atómico?

Las otras cuestiones. Para empezar, una reflexión que hacía ayer sobre la caída de Berlín. Las últimas batallas de la Segunda Guerra Mundial debemos considerarlas como las primeras de la Guerra Fría. Si uno de los intereses de los soviéticos en alcanzar primero Berlín estaba en apoderarse del saber hacer alemán en materias científicas y de ingeniería que les permitiesen recuperar parte del retraso que llevaban frente a los Estados Unidos, para muchos estrategas militares norteamericanos, conscientes de que la guerra con el Japón estaba ganada y que todo era cuestión de tiempo, los bombardeos atómicos sobre ciudades japonesas tenían mucho de campo de experimentación. Los ciudadanos japoneses se convirtieron en tristes conejillos de indias con el fin de conocer qué podían esperar de la acción de las nuevas armas, en caso de conflicto posterior con los soviéticos. Ambas bombas fueron de distinto tipo. De uranio 235 la de Hiroshima, de plutonio 239 la de Nagasaki, los efectos y el funcionamiento de ambas fueron abundantemente documentados con vistas al futuro. No hubo lamentaciones por el terror desencadenado. Hubo previsiones para el futuro. Fue el comienzo de la carrera armamentística nuclear. La carrera más loca y absurda que se ha celebrado sobre el planeta ya que nos puede llevar en cualquier momento a la extinción. No sólo como especie. Sino como planeta que alberga vida.

Hoy en día, los arsenales nucleares siguen siendo suficientes para destruir la vida sobre la Tierra varias veces. El cinismo político de quienes mantienen estos arsenales les hace calificar como terroristas a quienes quieren sumarse al siniestro club atómico, mientras se arrogan el papel de protectores de la libertad y de la humanidad. Cuando son ellos quienes pueden arruinar al planeta.

No sé. Siempre me deprimen un poco estos aniversarios. Porque no entiendo que la historia nos haya enseñado nada. Triste.

Binnenhof

Turistas japoneses en el Binnenhof de La Haya; Holanda capituló inmediatamente tras el bombardeo de Rotterdam, pero no ocurrió lo mismo con los fanatizados regímenes de las potencias agresoras tras los terribles bombardeos sobre su población civil - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8

No dejes que la historia te estropee la «historia»; el caso de los Tudor

Televisión

Hace ya un tiempo, todavía en mi Cuaderno de Ruta V.1, comenté sobre la falta de rigor histórico de la serie televisiva The Tudors, una auténtica superproducción con ambientación histórica, que recientemente ha llegado a su cuarta y última temporada.

En aquella primera temporada, asistíamos al final del matrimonio de un todavía joven Enrique VIII con Catalina de Aragón, enamorado de la bella, al menos en la serie, Ana Bolena. Entonces decíamos que era una serie con acción, intriga, romance, su dosis de sexo,… lo adecuado para hacer de ella una serie de éxito. El principal problema es que los guionistas parecía que habían decidido que la historia tal cual fue no es lo suficiente interesante y había que modificarla para dar interés.

Estamos en 2010, y después de cuatro temporadas, el famoso monarca británico se ha ido a la tumba, y consecuentemente ha terminado la serie. Que ha seguido por los mismos derroteros. En total, se ha divorciado de dos, ha decapitado a dos, se le murió una por enfermedad, y la última, aunque con sobresaltos, le sobrevivió. Ha seguido habiendo intrigas palaciegas, romance, sexo,… y dosis todavía mayores de ausencia de rigor histórico. El caso es que una fórmula que funcionó muy bien en la primera temporada, donde esas veleidades históricas podían ser perdonables, han producido cierto cansancio. En un momento dado, te daba la impresión que todo eso ya lo habías visto. Que era una repetición constante de situaciones ya acaecidas con distintos personajes. Y es que quizá la historia de Enrique VIII a lo mejor da para una serie con un par de temporadas, con lo cual no es necesario inventarse hechos históricos no sucedidos, en lugar de estirar un éxito comercial inicial razonablemente merecido.

En resumen, una serie que ha terminado por cansar un poco, cuando empezó razonablemente bien. Por cierto que sigo pensando que Ana Bolena estaba como un queso. Que pena que la apiolasen tan pronto.

Yo os dejo alguna imagen de mis últimas vacaciones.

Metz desde el Centro Pompidou

Vista de Metz desde Centro Pompidou - Panasonic Lumix LX3

60 años de la Guerra de Corea, y sigue uno de los muros que en el mundo han sido

Historia

Hoy hace 65 años comenzó oficialmente, por lo menos según las cuentas del mundo occidental, la Guerra de Corea. Una guerra de la que hoy en día se habla mucho menos que otras, probablemente tapada por el recuerdo de la Guerra de Vietnam, pero que en su relativamente corta duración fue notablemente brutal por ambos bandos.

Corea estuvo bajo dominio japonés hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, en el que tras la oportunista intervención soviética en la guerra con el Japón, quedó dividida en dos áreas de ocupación divididas por el paralelo 38º. A partir de 1948 quedó confirmada la división de la península coreana en dos repúblicas, una apoyada por Estados Unidos en el sur y otra por la Unión Soviética en el norte.

Si bien el régimen norcoreano habla de una agresión por parte de la república del sur, lo cierto es que el 25 de junio de 1950 tropas masivas del norte atravesaron la frontera, arrollando al ejército del sur y a sus mal pertrechados aliados estadounidenses, que quedaron en una situación precaria, sosteniendo apenas una pequeña porción del territorio en torno a Pusán. Tras conseguir estabilizar la situación, el contraataque norteamericano fue igualmente contundente y en octubre de ese mismo año habían llegado al norte de la península a punto de hacerse con el control de la misma, unificando el país bajo el gobierno de la república del sur. Sin embargo, en ese mismo momento una intervención masiva de tropas chinas volvió a empujar a los surcoreanos y norteamericanos hacia el sur, perdiendo la capital, Seul. Finalmente, hubo cierta estabilización del frente en torno al mencionado paralelo 38º. Todo ello en el plazo de menos de un año. A partir de ahí fue un mantenimiento del statu quo, hasta la firma del alto el fuego en julio de 1953. No se ha firmado la paz; oficialmente, persiste el estado de guerra.

Lo cierto es que fue una guerra extremadamente cruel y sangrienta, con un elevadísimo número de víctimas civiles, provocadas por ambos bandos. Incluso Picasso pintó su particular versión de las muertes de civiles por el ejército norteamericano. Sin embargo, tengo la sensación de que es una guerra más desconocida que otras. Entre la euforia de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, y la turbidez de los años del Vietnam, da la sensación de que ha quedado poco entendida. No son muchas las referencias populares a este conflicto. Por supuesto, está esa delicia de filme que fue M.A.S.H., donde con mucho sarcasmo se pone en solfa la institución militar en el marco de este conflicto, y la serie derivada de ella, mucho más correcta políticamente. Hubo también algunos filmes propagandísticos por parte de Hollywood, pero de calidad muy diversa.

En cualquier caso, hace unos días el fotoblog de The Denver Post publicó una colección de 119 fotografías de aquel conflicto que merecen la pena ser vistas, y que aprovecho como excusa para recordar tan relevante hecho histórico.

En la playa de Sopot

Hoy comienzo las vacaciones; hace dos años fue en dirección a Polonia, en la imagen la playa de Sopot, este año... ya os lo contaré - Fujifilm Finepix F10

Libro: La caída del Japón

Humor, Literatura

Como ya comenté hace unos días, ver la serie de televisión The Pacific sobre la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico despertó mi interés sobre la historia de esta guerra desconocida en gran medida para mí en muchos de sus detalles. Y si hace unas semanas mi interés se centraba en algunas campañas bélicas, hoy voy a comentar un título en el que se discuten los aspectos políticos de la rendición del Japón.

La caída del Japón
William Craig
Caralt, Cultura Histórica; Barcelona, 2005
ISBN: 8421757415

Con una introducción en el que se narran con grandes trazos las consecuencias de la invasión de las Filipinas, Iwo Jima y Okinawa, estas dos últimas islas ya pertenecientes al territorio original del Imperio del Japón, el libro nos va narrando los acontecimientos que sucedieron desde poco antes del lanzamiento de las dos primeras bombas atómicas hasta la rendición final en el acorazado Missouri. Por el camino, se nos cuentan las vicisitudes de los prisioneros de guerra aliados ante el final de la guerra, las tensiones internas en el gobierno japonés, los peligros de un golpe de estado militar que pudiese prolongar la matanza, el lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, la capitulación del ejército y el comienzo de la ocupación norteamericana de las islas interiores del Japón, y de forma más sucinta, la declaración de guerra de la Unión Soviética a Japón al cumplirse los 90 días de la terminación de la guerra en Europa y coincidiendo con el lanzamiento de las bombas atómicas. Es decir, se nos cuentan muchas cosas, muy diversas, y desde enfoques muy diferentes.

Si bien es cierto que el libro es suficientemente informativo sobre muchos de los hechos que sucedieron en el mes de agosto de 1945, el salto entre diferentes escenarios para contar sucesos interrelacionados por la común situación de estar encuadrados en la guerra, pero no necesariamente entre sí directamente, hace que al libro le falte una continuidad suficiente. En algunas cuestiones se nos cuentan cosas con mucho detalle. Lo que pasa con un comando que se lanza sobre Manchuria para proteger prisioneros de guerra, si se suicidó o no haciendose el harakiri tal o cual oficial del ejército japonés,… Sin embargo, te da la sensación que te falta información sobre lo que sucedía en muchos sitios, como el cuartel general aliado, la Casa Blanca, el Kremlin o, en algunas ocasiones, en el propio palacio del Mikado.

Resumiendo, un libro un poco irregular, que si bien cumple con su misión de informar sobre el asunto, tiene a ratos un tonillo sensacionalista, y a ratos aburrido. Seguramente habrá algún otro volumen más interesante sobre el tema. Pero si os interesa la cuestión y no tenéis a mano otra cosa, bienvenido será.

Nubes

Alejo de mí las tribulaciones de la guerra con un tranquilo paisaje en el Parque Nacional de Connemara en Irlanda - Canon Powershot G6

Libro: La batalla de Leyte

Historia, Literatura

Desde hace unas semanas voy siguiendo la nueva serie bélica producida por Steven Spielberg, The Pacific. Como sólo quedan dos capítulos para que termine hablaré de ella de aquí a 10 días o poco más. Esta serie va acompañando las peripecias de tres infantes de marina estadounidenses en el escenario de guerra del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. El caso es que me viéndola me ha entrado el interés por conocer un poco más como fue ese duro escenario bélico, del cual he leído menos que del europeo. Por razones obvias; Europa me queda «más cerca».

Entre los hechos que más me han interesado está la reconquista de Filipinas. Esta campaña, que comenzó con el desembarco del ejército de MacArthur en Leyte, tuvo especial interés por diversos motivos. Hubo mucha política en la decisión de realizarla. También porque se discutieron ampliamente los motivos económicos y estratégicos de la misma. En resumen, su conocimiento da muchas pistas sobre las condiciones que lleva a que una potencia gane o pierda una guerra.

Visitando hace unos días la FNAC encontré este libro que habla sobre la batalla naval que, aunque es conocida por diversos nombres, creo que el más conocido es Batalla del Golfo de Leyte; aunque su escenario real fue mucho más amplio que este accidente geográfico, abarcando amplias zonas de los mares que rodean las islas Filipinas y los estrechos que las separan entre sí. Así que aprovechando que terminé de leerlo ayer, en el 65º aniversario del final de la guerra en el escenario europeo, os comentaré qué me ha parecido.

La batalla de Leyte
Jean-Jacques Antier
Inédita Editores; Barcelona, 2008
ISBN: 9788496364929

Antes de nada he de decir que los libros sobre la historia de las guerras o las batallas siempre me dan un poco de miedo. Me gusta la historia, y los hechos bélicos forman parte de la historia. Así que necesariamente, de vez en cuando leo algo sobre la historia de las guerras. Pero he comprobado que en ocasiones me siento incómodo con este tipo de literatura. A veces, el autor ofrece un enorme cantidad de datos sobre unidades militares con sus numeraciones y sus múltiples denominaciones que hacen difícil seguir con precisión lo que se está narrando. Otras, el autor es un militar que analiza de «forma científica» los hechos, friamente, lo cual es algo que me cuesta asimilar. Soy de los que opinan que en las guerras no pelean los buenos contra los malos. Siempre creo que en las guerras está el «ejército de los malos» contra «el de los peores». Y obviar que en las batallas el ser humano deja de tener importancia como persona para ser un mero instrumento de la política, de la ambición, del odio racial, etc., reduciéndolo a un visión presuntamente objetiva de los hechos, me incomoda y mucho.

En esta ocasión, el autor es un periodista que se ha especializado en la historia de la guerra naval. Y su condición de periodista se nota por la agilidad de la narración, que no llega a ser novelesca, pero casi. Se agradece su habilidad para narrar sin confusión una serie de hechos, algunos de los cuales sucedieron simultáneamente, de forma clara, estableciendo con precisión las causas y los efectos de las decisiones de los principales responsables militares de ambos bandos, el japonés y el norteamericano. De este modo, el libro se lee fácilmente y con rapidez. Es ameno.

No obstante he encontrado alguna debilidad. Una, por ejemplo, que desconozco si es culpa del escritor o del traductor, es la falta de uniformidad a la hora de ofrecer algunos datos. Y así, en algunos capítulos las medidas se ofrecen en el sistema métrico decimal (bombas de 453 o 906 kilogramos), mientras que en otros se ofrecen en el sistema imperial (bombas de 1000 o 2000 libras). Creo que también hay líos con los metros, los kilómetros, las millas náuticas, etc.

Contrastando su narración con alguna otra fuente, parece que su relato tiene bastante rigor histórico. Es preciso. Sin embargo, es complaciente con algunos personajes. Su descripción de las motivación del MacArthur para recuperar las Filipinas con prioridad a otros objetivos incluye ciertas observaciones del general que le hace parecer a él y su padre, que fue gobernador de las islas bajo el dominio norteamericano durante un tiempo, como si los norteamericanos fueran liberadores y paternales tutores de los isleños. La realidad nos dice que tras la independencia de España, se declaró una primera república independiente en las Filipinas que fue abolida por los EE.UU. tras una guerra de más de 10 años, tras la cual pasó a ser un colonia de la potencia norteamericana. Dicha guerra incluyó un gran número de muertes civiles con frecuentes represalias de los norteamericanos contra la población civil y el uso frecuente de la tortura; vamos, lo habitual en las guerras de ocupación, las haga quien las haga. Así que esta complacencia del autor hacia el general norteamericano y sus motivaciones, me hace sospechar de otras opiniones sobre otros protagonistas más importantes en los sucesos relatados. Porque no creo que sea un indocumentado e ignore la realidad de la historia filipina. O sí. Vaya usted a saber.

Por otra parte, MacArthur es un secundario en esta historia. Los actores principales fueron diversos almirantes de ambas armadas con distintas responsabilidades en los fracasos y en los éxitos de ambos bandos. Éxitos parciales de los japoneses, porque la operación en su conjunto fue un gran éxito para la armada norteamericana sólo empañada por las decisiones de alguno de sus más destacados almirantes. Lo que si es de destacar es que esta batalla, o más apropiadamente este conjunto de batallas, pasará a la historia como la última confrontación naval en la que los buques de guerra se enfrentaron a cañonazos, siendo además la de más envergadura de la historia por el número, tamaño y potencia de los buques puestos en acción.

Al final de la misma, se puede asegurar que ni la marina ni la aviación japonesa podían poner ya en serio riesgo a las tropas aliadas, y el Japón quedó aislado de la posibilidad de recibir materias primas con las que sostener el esfuerzo bélico. Lo cual habla de la importancia de la acción.

El libro, en su conjunto, gustará a los aficionados a la historia, y en especial a los de la historia bélica o del conflicto mundial. Para el resto, supongo que no tendrá mayor interés.

Batallador

Monumento a Alfonso I "el Batallador" en el Parque Grande de Zaragoza; uno de los grandes líderes militares del Reino de Aragón, y al mismo tiempo un nefasto político, que a punto estuvo de acabar con el emergente reino a su muerte por culpa de sus desastrosas disposiciones testamentarias - Panasonic Lumix GF1, Canon-S 50/1,8 II

Primavera en las esclusas del canal

Historia

He estado dudando sobre si era coherente escribir esta entrada hoy. Porque lo primero que iba a decir es que parece que la primavera ya va llegando y los almendros empiezan a mostrarse floridos. Sí, sí, ya he visto unos cuantos.

En flor

Almendro en flor a orillas del Canal Imperial de Aragón - Panasonic Lumix GF1, Leica Elmar-C 90/4

Pero es que hoy han bajado las temperaturas notablemente, prácticamente 8 o 9ºC con respecto a ayer, y encima ha estado lloviendo buena parte del día. Desde luego, toda la tarde. En cualquier caso, el pasado domingo hizo realmente bueno, y decidí dar un largo paseo hasta las esclusas de Valdegurriana en el Canal Imperial de Aragón.

El Canal Imperial de Aragón, concebido y construido en el último tercio del Setecientos, recorre la margen derecha del río Ebro entre un poco más abajo de Tudela (Navarra) y Zaragoza. Su fin era suministrar riegos y permitir la navegación de personas y mercancías, y pretendía imitar obras de ingeniería similares en Francia. La ilustración nos trajo esto. Luego, nunca se llegó a crear la red de canales que se pretendía. España no tiene la orografía que tiene nuestros vecinos, más favorable para estas obras.

El caso es que se realizaron una serie de obras de ingeniería notables para permitir la navegación. En Zaragoza, probablemente las más conocidas sean las esclusas de Casablanca.

Las esclusas de Casablanca y la Casa Blanca

Las esclusas de Casablanca y la casa blanca que da nombre al barrio - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Menos conocidas y sin embargo notables son también las esclusas de Valdegurriana. Primero una aclaración. Sí, es con g aunque suene paleto y no con b. Mucha gente dice Valdeburriana por miedo a meter la pata, pero no. Así no es. El caso es que me acerque caminando hasta las mismas. Es un paseo agradable. Además en la orilla derecha del canal han organizado un paseo con zonas para ejercicio deportivo y esas cosas. Son entre 5 y 5,5 kilómetros caminando desde mi casa. Y claro, me llevé la cámara y tomé unas cuantas fotografías.

Esclusas de Valdegurriana

Estructura de las esclusas de Valdegurriana - Panasonic Lumix GF1, Leica DG 45/2,8 Macro

Se me fue haciendo de noche, menos mal que llevé el trípode. Lo cual me permitió fotografiar las esclusas correctamente, y tomar alguna fotografía nocturna al atardecer.

Almenara de San Antonio

Almenara de San Antonio - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Libro: El factor humano

Literatura

Si habéis seguido los últimos días de este Cuaderno de Ruta, sabréis que el lunes pasado estuve viendo Invictus, la película de Clint Eastwood sobre la reconciliación sudafricana y la Copa del Mundo de Rugby de 1995. La película me interesó aunque dista mucho de ser de los mejores trabajos de su director, pero sobre todo sirvió para que me picase la curiosidad sobre cómo fue la transición a la democracia en la difícil situación de partida de la Sudáfrica tras el apartheid. Y pensé que sería una buena idea comenzar leyendo el libro en el que estaba basado el filme. Y dicho y hecho. Aquí están mis impresiones.

El factor humano. Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación.
John Carlin.
Seix Barral, Barcelona, 2009.
ISBN: 9788432209109.

En primer lugar, hay que decir que el libro no es un libro de historia ni está escrito por un historiador. Por otra parte, quizá falte todavía un poco de distancia temporal para tener una visión histórica del conjunto de una de las transiciones a la democracia exitosas más difíciles que ha habido. El autor es un periodista, y el tono del libro es periodístico. El autor nos dice que lo que escribe, además de sus propias vivencias, ya que estuvo destinado en el país sudafricano desde 1989 hasta 1995, está basado en entrevistas con los distintos actores de aquellos acontecimientos.

En segundo lugar, mientras que la película que motiva mi curiosidad se sitúa en torno al partido final de la Copa del Mundo de Rugby, comenzando la narración un año antes de dicha final, el libro nos sitúa en 1985, con eventuales flashbacks a acontecimientos anteriores. Y el elemento central indiscutible es la estrategia de Nelson Mandela para conseguir una transición lo más suave y pacífica posible desde la enrocada dictadura afrikaner hasta un estado multirracial, social y de derecho.

La principal virtud del libro es también su principal defecto. Básicamente se trata de un panegírico al talante del dirigente africano, tolerante y dispuesto al perdón frente a la intransigencia inicial de sus enemigos afrikaners, y su habilidad para conseguir lo que quiere de estos últimos para plegarse a los deseos y conveniencias de Mandela, incluso durante su estancia en la cárcel. Pero claro, también nos presenta un personaje excesivamente libre de defectos, una especie de santo moderno, un líder político y espiritual sin fallos, y por lo tanto, aun en vida, mítico. Porque es un mito la persona líder que carece de defectos. Eso no existe. Todos tenemos debilidades. Aquí se obvian. Apenas se mencionan algo las dificultades en el plano familiar, que quedan perdonadas o explicadas por la complejidad de su tarea política. No soy yo de héroes y santos; tiendo más a admirar a la persona común con sus defectos presentes y notorios, pero que trabaja para que las cosas salgan adelante a pesar de todo.

Pero por lo demás, la lectura del libro es muy entretenida y agil. Cumple de sobras para situarse en el ambiente del país en momentos tan difíciles. La personificación de los conflictos en una serie de personas reales y trascendentes en los sucesos de la época ayuda al lector a situarse y humanizar las situaciones.

En cuanto al tema del rugby, en realidad sólo es central en los últimos capítulos del libro. Lo realmente importante en la historia ha pasado antes. El campeonato de rugby y la unión de todas las comunidades sudafricanas en torno a la selección springbok, que previamente había sido un símbolo de la supremacía blanca, no es más que un corolario a la difícil transición del país y a los esfuerzos y concesiones que todas las parte tuvieron que hacer para sacar adelante la situación.

Resumiendo, un libro interesante para quien quiera conocer algo más de la historia de esa parte del mundo con una lectura cómoda y entretenida, a falta de una mayor matización o rigor histórico. Que no digo que no lo tenga, pero el tono periodístico es como es.

Buckingham Palace

El libro establece comparaciones entre los sentimientos de los negros de 1990 con los de los boer de 1902, derrotados por los británicos, cuando perdieron su república independiente y pasaron a formar parte del Imperio Británico; aquí vemos a los casacas rojas británicos desfilando ante Buckingham Palace - Pentax P30N, SMC-A 50/2