No puedo recordar en este momento dónde encontré recomendado este libro… espera que lo miro… Sip… este fue una recomendación Kindle Flash y me costó muy baratito. Después de hacer una breve investigación sobre quién fue Ricarda Huch, su autora, alemana, a la que le fue mal por la situación política tanto antes de la guerra mundial, la segunda, como después. Cosa más de estar en el sitio inadecuado en el momento inadecuado… aunque no vivió mucho tras el final de la contienda.
Sigo sin tener fotografías de Rusia, país que aún no he visitado, ni perspectivas que tengo en estos momentos. Así que lo sustituiremos por vistas de Tallin en Estonia, que en 1905 pertenecía al Imperio ruso.
El caso es que tenemos aquí una entretenida novela en forma de intercambios epistolares, cuya acción se desarrolla en la primavera y el verano de 1905, en la residencia de verano de quien sería gobernador de San Petersburgo, Imperio ruso, en medio de los movimientos revolucionarios que se dieron aquellos años en el gigante de la Europa oriental. Allí se ha refugiado el gobernador y su familia, esposa, hijo y dos hijas, todos ellos de poco más de veinte años, y un individuo contratado para proteger al gobernador, que ha ordenado el cierre de la universidad y otras medidas represivas, pero que en realidad está allí para asesinarlo. De lo que sucederá, nos enteraremos por el intercambio epistolar con otros familiares y amigos de la familia y con otros conspiradores.
Planteada como una obra menor, casi como un divertimento, la novela aparece como un interesante documento sobre el modo de vida y el modo de pensar de las clases altas europeas en los países más conservadores y autoritarios, y especialmente en Rusia. Y no deja de tener un tono ligero, tiene claramente forma de comedia, a pesar de la gravedad de los hechos históricos de fondo, así como de lo que puede suceder en la propia casa de campo en la que se mueven los personajes de la novela.
He de decir que me encantó, que la disfruté mucho. Que me parece una novela moderna, ingeniosa. Ágil. Como no tiene mucha extensión, no tardé mucho en leerla. E incluso el final, que no está claro durante el desarrollo de la trama, sorprende en su forma, aunque hay detalles en el desarrollo que lo avanzan. No por ello se disfruta menos. La novela no sólo es una comedia costumbrista, también implica un misterio. ¿Conseguirá el agitador asesinar al gobernador o será descubierto y capturado? Lo tendréis que leer. Algo que os recomiendo.
Encontré hace un tiempo un artículo que hablaba de la literatura de la japonesa Uno Chiyo [宇野 千代]. Os recuerdo que en la medida de lo posible intento respetar el orden de la onomástica asiática, en la que el apellido va delante. Cuando un nombre está muy establecido y reconocido en occidente, en esos artículos uso el orden occidental, pero no es el caso en esta ocasión. Así Uno, es el apellido o nombre familiar de un mujer cuyo nombre otorgado fue Chiyo. Uno fue una mujer polifacética. Joven moderna y actual en los años previos a la guerra mundial, fue una moga o modan gāru (モダンガール, modern girl) hasta el punto de desafiar las convenciones sociales de su país en lo que se refiere a sus romances y actividad sexual, tras la guerra se asentó como artista polifacética, puesto que tanto escribía como se dedicaba al diseño de kimonos.
Para ilustrar el comentario de una novela con geisha, nos iremos al mundo de las geiko y maiko de Gion en Kioto. Aunque son escurridizas y poco predispuestas a posar para los turistas curiosos.
Se dice que Ohan, el nombre de una de las protagonistas de la novela, es una de sus mejores obras si no la mejor. E incluso no pocos incluyen a esta novela corta entre las principales obras de la literatura japonesa del siglo XX. No se escribió con intención de crear una gran obra, de gran profundidad. Pero la naturaleza de sus temas y su trama la convirtió en eso. Su obra traducida al castellano tiene precios elevados y no ha sido trasladada a versión electrónica. Como a mí me da igual leer una traducción que otra del japonés a un idioma occidental, opté por adquirir la traducción al francés, en versión electrónica y con un coste de una tercera parte de las obras de la autora disponibles en castellano. No soy partidario del «pirateo» literario, pero tampoco me gustan que me tomen demasiado el pelo con las políticas de precios de la editoriales, y su serpiente que se muerde la cola; tengo pocos lectores por lo que tengo que poner precios caros para obras que no son de autores superventas, lo que hace que tengan menos lectores, entonces me quejo del pirateo, pero no hago nada por romper los círculos viciosos y acercar las obras al público, pido ayudas públicas, me quejo si no me las dan… Conclusión, cada vez leo más obras en otros idiomas, pero a precios razonables.
No tenemos héroes en esta novela corta. Ubicada, probablemente, en Iwakuni, la ciudad natal de la escritora, o al menos donde pasó su infancia, nos habla de un hombre separado de su mujer legítima, Ohan, viviendo a costa de Okayo, un geisha que regenta un local con un par de geishas más a su cargo. Básicamente no hace nada, tiene un hijo al que no trata. Un parásito. En un momento dado, reconecta con Ohan, y empiezan a verse en una tratienda. Engaña a su amante que lo mantiene, con su mujer legítima. Y conoce a su hijo, entrándole ganas de repente de ser padre, aunque este mantiene cierta distancia. Mientras, Okayo se trae a casa protegida una sobrina de 12 o 13 años que le empieza a llamar papá. Todo se «desorganiza» encaminándose inevitablemente a la tragedia.
La novela está escrita en primera persona, por el protagonista masculino del trío, el cual, constantemente advierte al lector de que se trata de un sujeto indigno, amoral, carente de principios y de vergüenza. Es capaz de identificar las fuentes de su indignidad, pero no hace absolutamente nada para evitarla. Dispuesto a ser mantenido por una u otra mujer, cuando no por ambas al mismo tiempo si se diese la ocasión. Y con una hipócrita visión de la paternidad. Uno hace un retrato de una sociedad, la de las décadas previas a la guerra mundial, totalmente, corrompida no sólo a un nivel macrosociológico, sino también a nivel microsociológico, a nivel de la institución familiar, en la que persisten comportamientos tóxicos en los que se mezclan las peores cualidades de la sociedad tradicional japonesa y las peores de las innovaciones que trae la modernidad. Relato duro, mordaz, implacable, no deja títere con cabeza. Y si alguien quiere leer entre líneas una crítica al patriarcado nipón, tampoco las mujeres quedan especialmente bien paradas. Y todo ello con una calidad literaria innegable. Por algo será que, a pesar de ser una lectura potencialmente incómoda, es uno de los superventas japoneses del siglo XX.
No perderé mucho el tiempo comentando este policíaco de Donato Carrisi. Me llegó recomendado de rebote, tras escuchar unas referencias al autor en una serie de televisión coreana que me parecieron curiosas, supongo que publicidad encubierta. Pero aparte de eso, realmente me lo recomendaron. El autor, más que este título en concreto.
Roma en octubre de 2008, tres años antes de la primera edición de esta novela en su idioma original, el italiano.
Dos personas que no se conocen llevan a cabo sendas investigaciones de crímenes reales o potenciales, y acabarán confluyendo en un mismo caso de un asesino en serie en Roma. Ella es una joven policía de la división científica en Milán, fotógrafa, cuyo marido, reportero gráfico, perdió la vida al caer de un edificio en construcción en la capital italiana. El es un sacerdote con amnesia y que pertenece a una extraña orden de dominicos cuyo fin es castigar los pecados más horrendos (ale, a tomar por el saco el famoso secreto de confesión de la iglesia católica).
Sinceramente, la investigación avanza de forma morosa, sin elementos de originalidad que la hagan destacar de otros productos parecidos, con dos personajes protagonistas a los que el autor de complejidad personal y emocional, pero que acaban siendo innecesariamente complicados más que complejos, y que, al menos en mi caso, fracasan a la hora de generar ningún tipo de empatía.
No siendo especial aficionado al género policíaco/género negro, de vez en cuando intento asomarme al mismo e intentar comprender porqué atrae a tanta gente y porqué se publican tantos títulos dentro del mismo. Y las más de las veces me quedo tristemente sorprendido de que sea así, y no entiendo el fenómeno. No es ninguna catástrofe, pero sólo para amantes del género. Supongo.
Así que, suscrito como estoy a su blog en Tumblr y a su cuenta en Instagram, cuando me interesan algunas de sus publicaciones, que son una mayoría, a precios razonables y una presentación sencilla pero razonablemente cuidada, las pido. Y me las mandan por correo al cabo de unas semanas. El tiempo que pasa hasta que me llegan depende de si es una publicación ya impresa y en existencias o si es una reserva. Poco antes del establecimiento del estado de alarma en España, y su equivalente como se llame en el Reino Unido, país de origen de la editorial, tenía encargadas algunas novedades. Y han tardado en llegar. Más de la cuenta, como era de esperar. Pero ya están aquí. Y ya tengo encargadas algunas otras, propuestas en las últimas semanas. Me gustaría que hubiera propuestas editoriales similares en España, para apoyar a fotógrafos de por aquí… pero yo no las encuentro. A precios razonables. Por cierto, el responsable del asunto es el fotógrafo y editor escocés Iain Sarjeant (instagram).
Al igual que muchos fotógrafos que trabajan con Another Place Press, yo también investigo fotográficamente el paisaje cercano a mi domicilio, a mi entorno vital, a mi hábitat.
Recibí en primer lugar los tres primeros cuadernillos de una colección que han lanzado recientemente denominada Field Notes (cuadernos de campo). Y estos tres cuadernillos son:
The Militarisation of Dartmoor de Nicholas J. R. White (instagram), en el que el autor reflexiona fotográficamente sobre la incongruencia que supone que un determinado lugar sea a la vez un campo de maniobras militar y un parque nacional, como sucede con Dartmoor National Park.
Organised Recreation de Alishia Farnan (instagram I, instagram II) fue realizado en la ciudad ucraniana de Dnipro, donde se encontraba como artista residente cuando se votó el Brexit en el Reino Unido. La exploración del interior de los centros recreativos heredados de la época soviética le sirve para reflexionar fotográficamente sobre el auge de los nacionalismos excluyentes y el aislacionismo que está surgiendo en épocas actuales. Y eso que la fotógrafa no era conocedora todavía de lo que podía pasar con una pandemia a cuestas.
El tercero, Alpes-Maritimes, es del propio editor, ya mencionado, Iain Sarjeant. Y para él es un block de notas visual sobre un lugar que le resulta poco familiar, en el sur de Francia, pero por el que le gusta vagar y observar.
Finalmente me llego otro libro de la misma editorial con más entidad como obra. Se trata de Suicide Machine de Dan Wood (instagram). Para entrar en contexto con la obra, es necesario saber que en torno a la ciudad y el condado de Bridgend surgió la noticia sensacional(ista) de que existió entre 2007 y 2009 una epidemia de suicidios. Lo cual conllevó mucha atención mediática, e incluso la realización de un documental. Sin embargo, no está claro que los datos de suicidios de esta zona estén, con eventuales variaciones propias de los números pequeños en estadística, dentro de las tasas propias del resto de la región y del país. El fotógrafo, por lo tanto, con su cámara va a buscar la realidad del lugar y de los emplazamientos donde se produjeron los suicidios, así como entra en contacto con personas relacionados con los suicidas. El fotógrafo nació y vive en Bridgend. El libro viene acompañado de una copia en papel de alta calidad de una de las fotografías en tamaño DIN-A4. No la que yo hubiera elegido, pero no está mal.
No sé muy bien por qué, había olvidado comentar este libro. Una novela corta de Hanne Østarvik que terminé de leer hace varias semanas y que tendría que haber comentado hace por lo menos tres. Despistes relacionados con las anómalas rutinas que he llevado en los últimos meses, que se van paliando poco a poco, aunque todavía persisten, debido a la epidemia de covid-19.
La acción transcurre a lo largo de una noche. Los protagonistas son una mujer relativamente joven y su hijo, que está a punto de cumplir los 9 años. Desde un tiempo, no mucho, se han trasladado a vivir a una ciudad, pequeña, en el norte de Noruega, más allá del Círculo Polar Ártico. Hace frío. Pero la mujer se arregla y sale a dar una vuelta, a tomar algo, a conocer gente. El niño también sale a dar una vuelta y también entra en contacto con otra gente. Y va pasando la noche, con ambos fuera de casa, con mucho frío, los dos suponiendo lo que hace el otro y sin encontrarse.
Paisajes noruegos, lo adecuado para ilustrar el libro de hoy.
Es una narración compleja. Por los muchos matices. Una familia de sólo dos personas, que se quieren y se necesitan, pero que tienen un problema de base. No se comunican. No saben qué lo que el otro quiere, no saben qué es lo que el otro necesita, no saben dónde encontrar al otro. Todos lo suponen, nada saben realmente y, por lo tanto, se equivocan. Un delicado y estremecedor canto sobre la incomunicación y la incomprensión de dos personas que se quieren.
La novela tiene un tono pesimista, oscuro, que se ve confirmado en su final. Cuando dos vidas toman caminos divergentes, las consecuencias son imprevisibles. La soledad de la mujer, que no encuentra suficiente confort en su hijo, acaba afectando al niño, que por el contrario mantiene la confianza en la madre. Una novela desasosegante, recomendable, pero con el estado de ánimo adecuado.
No sé cuantos de mis posibles lectores conocen o han oído hablar de Richard Feynman. Fue un físico teórico que vivió entre 1918 y 1988 que, aunque menos conocido que otros físicos del siglo XX, tuvo un papel fundamental en el desarrollo de la mecánica cuántica y especialmente de la electrodinámica cuántica en los años 40 y 50. Si quizá no es demasiado conocido por el gran público, sí que lo es, y muy admirado, por el mundo de la ciencia, y por todas aquellas personas interesadas en el desarrollo de la misma. Y además es considerado como un tipo carismático y un gran comunicador, muy alejado del estereotipo de científico introvertido y refugiado en sus investigaciones. En la actualidad es considerado como uno de los grandes físicos del siglo XX.
Algunas fotos más del rollo de negativos en color de la prueba de cámara de la que hablaba ayer.
Al margen de su trabajo investigador, también desarrolló una importante labor docente, fundamentalmente entre posgraduados y doctorados. Pero las que se hicieron especialmente famosas fueron las lecciones de introducción a la física que dictó a principio de los años 60 en el Instituto de Tecnología de California (CalTech), que fueron compiladas, corregidas y publicadas, siendo un gran éxito, no solamente por los estudiantes a los que iba dirigido, sino por muchos otros profesionales y estudiantes, al hacer muy accesibles temas muy complejos. Hoy en día siguen teniendo gran éxito. El libro que aquí nos ocupa recopila seis de estas lecciones, que se dirigen a algunos de los temas más fundamentales de la física moderna; la naturaleza de los átomos, la física básica, la conservación de la energía, la teoría de la gravitación, el comportamiento cuántico y las relaciones de la física con otras ciencias.
Yo soy un chico de ciencias, al que se le daban bastante bien las matemáticas y la física durante sus años de bachillerato (en aquellos tiempos, unificado y polivalente), pero que al final optó vocacionalmente por las ciencias de la salud, por la medicina en especial. El mundo, que como todos deberíamos saber, siguiendo las leyes de la física, da muchas vueltas, me llevó por caminos insospechados, pero de los que estoy razonablemente satisfecho. Pero siempre mantuve la curiosidad por aquellas disciplinas que tan bien se me daban a los 17 años, hasta el punto que algún intento hubo por parte de mis docentes de que cambiase mi vocación por la medicina por otra más orientada a las ciencias fundamentales. El vértigo ante ese camino en un país en el que, yo intuía muy claramente, no es muy apreciado ni por la gente ni por los responsables políticos o educativos, me llevó a renunciar al mismo y mantener mi idea original. Consecuencia de esa curiosidad, siempre he seguido leyendo textos relacionados con los avances de la física con mayor o menor complejidad. Fundamentalmente divulgativos, pero con seriedad. Por lo tanto, no dejo de apreciar en estas seis lecciones la genialidad docente de quien las impartió, al mismo tiempo que las veo más como una curiosidad histórica. Porque desde 1964 hasta la fecha los avances en el mundo de la física han sido importantes, incluso si se han realizado sobre los fundamentos que pusieron científicos como Feynman.
Ese ha sido mi principal interés. El de la curiosidad histórica. Y conocer alguna forma ingeniosa de explicar y entender algunos fenómenos complejos, que quizá ya conocía, pero que siempre viene bien comprender mejor. Recomendable para los amantes de las ciencias. Que deberían ser la mayor parte de las personas, pero no caerá esa breva. Especialmente en este país, donde se sigue impulsando más las vías rápidas y sin esfuerzo hacia medios de vida como los relacionados con el turismo, la construcción y la hostelería, ignorando la ciencias y la tecnología que son la base para unas economías más sólidas y estables. Y así nos va. Con datos lamentables en la calidad de nuestro sistema educativo, en el fracaso escolar, en el nivel de nuestro graduados, y en la emigración de los mejores de entre ellos, que no sería grave si también fuésemos polo de atracción para los de otros país, cosa que no sucede.
Hacía días que quería hacer esta entrada, que no sé si me quedará breve o larga. Si un libro me parece apropiado para los tiempos que corren son los cuentos del Decamerón de Giovanni Bocaccio, uno de los padres de la literatura italiana. Especialmente si consideramos que el italiano moderno actual deriva del toscano, idioma en el que escribieron tanto Bocaccio, como Dante Alighieri y Petrarca. Alighieri fue el precurso, Bocaccio y Petrarca sus seguidores y ambos contemporáneos entre sí.
Ciudades toscanas para ilustrar la entrada; Florencia, Arezzo, San Giminiano, Siena…
Es necesario conocer el trasfondo histórico. En 1348, Europa, así como otras parte del mundo, se ve devastada por una grave epidemia de peste bubónica, que tuvo una gran letalidad, con un fuerte mortalidad en el conjunto de Europa. Hoy en día, las tradicionales estimaciones de que pudo morir la tercera parte de la población europea, unos 25 millones de personas, se consideran demasiado optimistas. Y hay muchas sospechas de que la Yersinia que produjo la epidemia fuese una variante desconocida, ya que su avance, capacidad de transmisión y letalidad es claramente muy superior a otras epidemias conocidas de peste bubónica. Se habla de 1348, pero la epidemia parece que se extendió entre 1347 y 1353. Pandemia fue, ya que también afectó a Asia, Oriente medio y norte de África. Por otra parte el Trecento, el siglo XIV en la cultura italiana fue el de la transición del medievo al renacimiento, acontecimiento que en el resto de Europa llegó más tarde.
Bocaccio sitúa el escenario general de los cuentos del Decamerón en una villa a cierta distancia de Florencia, donde se refugian diez jóvenes, siete damas y tres caballeros, demostrando que el concepto de distancia social no es nuevo, huyendo de la capital toscana, donde la epidemia se cebó especialmente. Y allí durante diez días, los jóvenes se entretienen contando cada día una historia cada uno de ellos, hasta llegar a los cien cuentos del Decamerón [del griego déka, diez, y hēméra, día]. Cada día hay un tema. Y nueve de las historias se ajustan al tema. La décima no. Y suele tener un carácter más moral. Y los cuentos, de todo tipo, humorísticos, dramas, tragedias, paródicos, eroticofestivos,… muestran la transición del pensamiento medieval al renacimiento. Por ejemplo, los clérigos dejan de ser el referente moral para convertirse en el personaje cómico, que recibe las puyas de la historia. Incluso en el ambiente de la terrible epidemia, el libro se escribió poco después de la misma, hay optimismo por el futuro y confianza en el ser humano. Confianza en lo profano, en el buen sentido de la palabra. Es decir, de lo secular, de lo que no tiene relación con lo sagrado o la religión.
Este libro no lo he leído recientemente, ni mucho menos. Cuando yo era un adolescente de unos catorce años, como mucho quince, había un copia de mi madre, de las adquiridas en el Círculo de lectores. Le pregunté si lo podía leer, se me quedó mirando un momento,… y contestó que sí. Afortunadamente, mi madre tenía más confianza en mi criterio que obsesión con la edad y los rombos de la época. Y de vez en cuando me preguntaba que qué tal. Y yo le decía que bien. Que como eran muchos cuentos, me leía uno de vez en cuando. Por aquel entonces me señaló que también había un ejemplo de los Cuentos de las Mil y una noches. Tuve suerte con mi madre. Y sí, es muy recomendable. Muy muy recomendable. Y muy apropiado para los tiempos que corren.
La semana pasada conseguí superar, al menos temporalmente, el bloqueo lector que me ha ido afectando desde que empezó el año, y que, paradójicamente, porque se supone que tenemos más tiempo, ha empeorado desde que nos sumergimos en la crisis del nuevo coronavirus. Y en una tarde me merendé este título de la japonesa Banana Yoshimoto, de la cual ya había leído algunas cosas, una novela y un libro de relatos. Como en otros libros de la autora, especialmente los que tienen ya cierta trayectoria, y este fue publicado en 1994 por primera vez, suele tener como tema central las vivencias de mujeres jóvenes.
No he visitado la península de Izu en Japón, aunque la línea Tokaido shinkansen pasa cerquita. No está lejos de Tokio. Así que el ambiente costero lo representaré con la península de Kii, en el golfo de Ise. Y también con una representación de las gentes en Tokio, localización secundaria de la novela.
Y en este caso son dos. La narradora, Maria (adaptación del nombre tradicional occidental al japonés, まりあ), una joven de 19 años en sus primeros años de universidad, que aporta el punto de vista, junto con sus vivencias personales, y Tsugumi, su prima, un año menor, y personaje central de la novela. Tsugumi lleva arrastrando toda su vida las consecuencias de una enfermedad crónica, con periódicas recaídas, y la amenaza constante de una vida corta. Maria culpa a esta circunstancia el carácter caprichoso, tiránico y algo borde de Tsugumi. Durante una buena parte del libro, se nos narran acontecimientos que explican el carácter de Tsugumi y su relación con Maria y, de forma más secundaria, con la hermana la primera, Yoko, la mayor de las tres por poco. En la segunda mitad, conocedores del contexto se nos narra las vacaciones de verano de Maria, las últimas que pasará en el hostal familiar de una localidad costera de la península de Izu, donde ha vivido su infancia, hasta que su padre se divorció de su primera mujer y reunió a la familia formada con la madre de Maria, hasta entonces su amante, y la propia joven, realojándose en Tokio. Y en ese mes en la vida de las jóvenes pasarán muchas cosas.
La novela no es muy extensa, y tiene un tono que tiene una apariencia relativamente ligera. Pero que está llena de cargas de profundidad hacia muchos convencionalismos sociales; la relación de los padres de Maria, la tolerancia hacia el carácter cuasi sociopático de Tsugumi, el contraste entre el mundo provinciano y la gran ciudad, la enfermedad como excusa y como metáforas, la formación del carácter, la esencia de lo que constituye una amistad,… y varios otros más que se nos pueden ir ocurriendo. Yoshimoto no es convencional, y lo demuestra en varios momentos, en principio situando como heroína de la novela a una joven que normalmente consideraríamos odiosa y que sin embargo acaba resultando enormemente atractiva. Pero también con el giro final que da una bofetada a las convenciones del género de historias con persona enferma y destino infausto.
Todo ello, junto con el hecho de que Yoshimoto conoce su oficio, y la traducción la siento de buen nivel, hace de esta novela una lectura interesante, que avanza deprisa y te deja con buen sabor de boca. A pesar de no ser una novela con grandes pretensiones. Pero que no os engañe la ligereza de la puesta en escena; hay más chicha de la que parece en esta historia.
En los cuatro meses que llevamos de año, aun no se han cumplido, llevo dos bloqueos lectores. Cuando pensaba que estaba superando el primero que empezó a acontecerme hacia final de enero, llegó el nuevo coronavirus y puso mi cabeza en rompan filas con poca capacidad para concentrarme en la lectura. Y con mis tiempos habituales de lectura desordenados. Me pilló la cosa comenzando apenas la lectura de este conocido libro de José Luis Sampedro, un libro que data ya de hace más de 30 años, cosa que hay que tener en cuenta a la hora de valorarlo.
Sampedro nos habla de Salvatore Roncone, un sexagenario calabrés, diagnosticado de cáncer, cuyo hijo Renato se lo lleva a Milán para ser tratado, ciudad donde se ha casado con Andrea, profesora universitaria y hace poco ha tenido un niño, Brunettino. Comenzamos la novela con Salvatore, alias «Bruno» cuando fue partisano en la guerra mundial, contemplando el sarcófago de Los Amantes en el museo etrusco de Villa Giulia en Roma. Y a lo largo de la novela asistiremos a la transformación que se da en los últimos meses del anciano antes de que la Rusca, como llama a su enfermedad le lleve a su final.
Casi toda la novela de hoy transcurre en Milán, y allí me voy fotográficamente. A mi inolvidable primer viaje a la capital lombarda. Visita incluida a la Pietà Rondamini de Michelangelo en el palacio Sforzesco, que al igual que yo, admiró también el protagonista de la novela.
Adquirí el libro electrónico en una oferta de mi tienda habitual de los mismos. Por supuesto, había oído hablar mucho y bien tanto del autor como del libro, pero por motivos… los que sean, nunca se me había puesto a tiro un volumen de Sampedro. Salvo que he de decir, que según mis registros, muchos años ha intenté leer esta novela a partir de un ejemplar de una biblioteca pública y me atraganté. Comenté en su momento que empezaba a leer el libro, e inmediatamente recibí muchas opiniones positivas de diversas personas, casi todas algo mayores que yo, de forma muy entusiasta, lo que elevó mis expectativas. Que además se veían confirmadas por la trayectoria del primer tercio de la novela.
Sin embargo, poco a poco me di cuenta que mis sensaciones empezaban a divergir de las de quienes aplaudían mi elección. Primero, Sampedro cuenta desde la mirada del anciano, cuya «autenticidad» popular puede ser tan cuestionada como la presunta «maldad» de la urbanita de su nuera. Empecé a imagina la historia desde la mirada de Andrea, empecé a empatizar con ella, pese a que Sampedro lo pone difícil, y empecé a ver las cosas de una forma muy distinta a la de todos aquellos, especialmente aquellas, que entusiasmadas me alababan mi decisión de leer el libro. Segundo, cuando llegamos a un cierto punto de la novela y durante no pocas páginas… no aparecen ideas nuevas en ellas. Sampedro se dedica a dar vueltas una y otra vez a los mismos conceptos sin hacer avanzar la historia que, para lo que cuenta o lo que nos quiere hacer sentir, se hace innecesariamente prolongada. Y eso me lleva a que me descuelgue hasta cierto punto de la misma, contribuyendo a mi bloqueo lector. Aún se me hace más difícil seguir adelante con la lectura.
No creo que Sampedro sea honesto. En una recta final donde se vuelve a poner las pilar y a desgranar nuevas ideas y sensaciones, va poniendo en su sitio y haciendo justicia con los distintos personajes que pueblan las páginas del libro. No sé si con la debida intensidad, pero razonablemente. No podemos andar con falsos maniqueísmos a estas alturas. Y Salvatore Roncone, dejando a un lado la compasión que nos despierte o la simpatía por su evolución como abuelo y galán algo más que otoñal, no deja de ser un duro ejemplar de una cultura rica, pero también retrógrada, violenta, supersticiosa y bruta.
Sin duda un libro interesante, pero que hay que leer con mayor sentido crítico y con mayor perspectiva histórica y sociológica de lo que nos puede parecer sino queremos ser arrastrado a un simplismo en la interpretación de la historia, que no creo que sea lo que pretendía su autor.
No consigo recordar cómo llegué a este libro. A pesar de que fue algo que sucedió hace sólo dos semanas. Al terminar de leer algo o de ver algo, encontré una referencia a esta novela de Dazai Osamu, y me interesó. Me enteré en ese momento de que es la segunda novela más vendida en Japón después de Kokoro de Sōseki Natsume, que ya leí en su momento.
La novela nos habla de un joven de buena familia, que siempre ha encontrado enormes dificultades para comunicarse con sus semejantes y presentarse tal cual es, por lo que se esconde tras una actitud burlona, realizando payasadas que provocan la risa de los demás, que esconden su miedo hacia la interacción humana, pero que también hace que sea poco tomado en serio. Se traslada joven a Tokio donde vive en un ambiente de relaciones complejas con mujeres de todo tipo, de consumo de alcohol y finalmente de otras drogas. Con vocación de pintor, acaba viviendo de dibujar caricaturas y tiras cómicas. Intenta suicidarse varias veces y acaba ingresando en un centro psiquiátrico.
Nos iremos a las atestadas calles de Shibuya, Tokio, a principios de octubre del año pasado. Dejaré para otro rato mi mosqueo sobre porqué Japón declara tan pocos casos de enfermedad por coronavirus.
La novela es ficción, pero toma elementos reales de la vida de Dazai. Este tuvo una compleja relación con las mujeres, tuvo problemas con el consumo de alcohol y drogas, militó en el partido comunista en su juventud, por lo que fue detenido y torturado por el militarista estado japonés ultranacionalista de derechas, y tuvo varios intentos de suicidio, hasta que realmente se suicidó en 1948, padeció adicciones y tuberculosis, y procedía de una familia bien, con muchos hermanos.
La novela es dura. Nos presenta una vida dura, de incomunicación e incomprensión mutua, entre el protagonista y las personas que le rodean. Salvo algunos casos concretos, la visión de esas personas a través de la distorsionada del protagonista, nos impide conocer si tienen buenas o malas intenciones hacia el joven.
La novela se presenta con una introducción y un cierre de un escritor no identificado (que parece que se refiere a sí mismo como watashi, 私, una de las formas del pronombre de la primera persona en singular), y con un desarrollo central, aparentemente escrito por el protagonista de la novela (que parece ser se refiere a sí mismo en el original como jibun, 自分, yo mismo). Pero todo indica que la novela es una reflexión sobre sí mismo del propio escritor. La novela se publicó en 1948, en la cumbre de su éxito y de su carrera, pero poco después se suicidó tirándose a un ramal del río Tama, crecido por las lluvias de principio de junio, junto con su amante, una joven viuda de guerra, atados el uno al otro por una cuerda roja. Si después del éxito que tuvo cierta película de animación reciente, todavía no habéis pillado el sentido de las cintas o cordones rojos en el entorno de la ficción nipona… hacéoslo mirar.
Es buena, muy buena. Pero difícil de leer. Y más si no estás en un estado de ánimo adecuado.
No ando con mucho tiempo, así que reseña breve del último libro que he terminado de leer.
Se trata de una novela corta, la última del escritor británico Ian McEwan. Cuando la adquirí no estaba disponible todavía en castellano, así que la leí en inglés. Ahora ya está disponible en castellano, a 12,34 euros en versión electrónica, por 10,69 euros la versión electrónica original en inglés.
McEwan arremete con una ácida sátira inspirada por La Metamorfosis de Kafka, aunque en versión «disléxica». En la versión de Kafka, un ser humano se convierte en cucaracha. En este caso es una cucaracha la que se convierte en primer ministro del Reino Unido con el fin de sacar adelante un proyecto de ley «reversalista», que propone invertir el flujo del dinero. No voy a contar que es esto, lo leéis si os interesa; simplemente es una idea absolutamente demencial y populista, que representa todos los desmanes que los partidos políticos, no sólo los más populistas, están haciendo en el mundo actual con fines oscuros y egoístas, al servicio de grupos de interés no bien identificados, para los cuales consiguen la colaboración del público, que no alcanza a entender nunca el alcance negativo que las medidas tienen para ellos. Bajo las banderas de los nacionalismos y otras demagogias, las comunidades se ven arrastradas por medidas políticas que progresivamente limitan sus derechos y empeoran su calidad de vida.
Con el protagonista de la novela como peculiar alter ego del actual primer ministro británico, y otros personajes, como el presidente de EE.UU. Archie Tupper fácilmente reconocibles como dobles de sus alternativas reales, toda la historia del «reversalismo» no es más que una clara alusión al sin sentido de los políticos y ciudadanos del Reino Unido al abrazar el brexit como «solución» a la recuperación de la «grandeza», «independencia» y «prosperidad» de este país.
A pesar de su tono paródico y humorístico, el libro no levanta risas, sino auténtica preocupación por la situación de la política actual, no sólo en el Reino Unido, sino en todo el mundo. Y me atrevería a decir que la crisis del coronavirus, tan actual, todavía va a dejar entrever más todavía las costuras de los sistemas políticos y sociales actuales. La literatura de McEwan siempre tiene calidad y es recomendable, y en esta ocasión, la condición de novela corta, hace que se lea casi de un tirón y con facilidad.
Hace unas semanas, haciendo tiempo antes de acudir a un compromiso, estuve con unas amistades en una librería de viejo y ocasión. Compré alguna cosita. Pero una de estas amistades encontró un libro que compró y que le pedí prestado. Es el que traigo aquí hoy. Se trata de la edición de la traducción de Ise monogatari [伊勢物語], un anónimo japonés de relatos cortos del siglo IX, el periodo Heian, que parece tener una gran relevancia en la historia de la literatura japonesa… y que ha resultado ser una lectura muy entretenida.
Ya advierto que no soy un buen lector de poesía. La poesía es, evidentemente, como muchas otras formas artísticas, un gusto adquirido. No es un gusto innato. Necesita ser cultivado para ser correctamente apreciado y para que apetezca su consumo. Nuestras lecturas habituales son en prosa y prosaicas, y tanto las formas como los conceptos que maneja el arte poético precisan dedicación. Que no he tenido en grado suficiente. Eso no quiere decir que eventualmente no haya disfrutado de obras poéticas. Y este es uno de esos casos. Que debe tener una explicación previa.
Tuvimos ocasión de visitar Ise durante nuestro último viaje a Japón, y por supuesto, su antiquísimo santuario, que es derribado y reconstruido cada 20 años.
La edición que llegó a nuestras manos es la traducción de 1987 debida a Antonio Cabezas, a quien también debemos la presentación y el epílogo de la obra, que nos ayudan a entenderla mejor. No olvidemos que estamos hablando de fechas en las que en la Península Ibérica se estaba produciendo la transición desde el latín vulgar de la Hispania visigoda a los romances medievales de los cuales algunos como el castellano, el aragonés, el catalán, el asturleonés o el gallegoportugués estaban en sus fases iniciales en rincones del norte de la península, mientras que en la mayor parte de ella se usaba de forma cotidiana el árabe como lengua culta, con los dialectos mozárabes como continuación de la evolución de la lengua latina vulgar. Así que el japonés se encuentra también en proceso transformación lingüística hacia formas más tardías. Aunque uno se queda con la sensación de que aquel japonés sería más semejante al actual, que los romances de la época al castellano actual. No sé si es una conclusión acertada por mi parte.
La obra está formada por una serie de relatos, escritos por un autor anónimo, que narran sucesos diversos, aunque en una gran parte de ellos, el protagonista de los mismos es el que es llamado «un hombre», «el hombre» o «nuestro hombre». Este hombre, coinciden los estudiosos, que es Ariwara no Narihira. En castellano sería, Narihira de Ariwara. Nieto de emperadores, tanto por parte de su madre como de su padre, tuvo distintas posiciones en la corte de Kioto, aunque sin llegar a alcanzar especial prominencia política. Pero destacó por ser un consumado poeta y por sus amoríos. Parece que tuvo relaciones con damas prominentes como Fujiwara no Takaiko, hija de emperador, Fujiwara no Takako, que llegó a consorte principal del emperador Seiwa, y de la señora de Ise, la princesa Yasuko, sarcedotisa virgen del mencionado santuario, hija también de emperador. Y que puede ser el origen del nombre la compilación. Cada relato contiene uno o dos poemas, en ocasiones más, cuya autoría, en su mayor parte, se atribuye a Narihira. La relatos que los contienen, que serían del autor anónimo, mezclan lancen galantes, aventuras, historias sobrenaturales o reflexiones de carácter más o menos filosófico.
El traductor hace un esfuerzo por trasladar el espíritu de los poemas a la lengua castellana, advirtiendo en su presentación de las dificultades. Por las diferencias entre los dos idiomas, y por las diferencias entre las formas poéticas de los dos idiomas. La forma poética más habitual de los poemas japoneses sería el tanka, cuya métrica es 5-7-5-7-7, donde el número se refiere a las moras, algo parecido a las sílabas, pero no exactamente lo mismo. En japonés, la poesía no se rima. El autor opta, por una serie de razones que explica en la introducción, por trasladarlas a poemas de cinco versos también, del tipo 6-6a-5-6-6a. Es decir, hace rimar en asonante el segundo y el quinto. Un tipo de poema que tendría cierto parentesco con las seguidillas. No estoy cualificado para valorar esta decisión, pero el resultado no me disgusta. La forma más popular en nuestros días de la poesía japonesa es el haiku, de 17 moras repartidas en 5-7-5. Como se deduce, es un tanka sin los dos últimos versos de 7 moras cada uno. Son muchos los que intentan usarla en nuestro idioma, con resultados que pocas veces me resultan convincentes. No hay más que ver la escasez de verbos que suelen tener esos intentos.
La lectura me ha resultado amena. Y la única pega que le encuentro a la traducción, no quiero decir que no tenga más, es que yo no soy capaz de verlas, es que transcribe los nombres de personas y los topónimos con una aproximación fonética al castellano que… es, eso, una aproximación. Estoy acostumbrado a la transcripción más o menos oficial actual al romanji de los caracteres japoneses, y conozco sus valores fonéticos. Así que ver Fujiwara como Fuyiuara, o Yasuko como Iásuko, entre otras formas, me resulta raro. Por lo demás, la verdad es que he disfrutado más de lo que pensaba de las aventuras y lances galantes de Narihira. Y me ha sorprendido el obvio despendole sexual que había en el antiguo Yamato.