[Libro] El desajuste del mundo

Literatura

El principal problema de este ensayo de Amin Maalouf, que cogí de oferta, enorme oferta, en mi tienda de libros electrónicos habitual, es que el original en francés es de 2009. Recién elegido presidente de Estados Unidos Barak Obama. Y que por lo tanto, si bien advertía de determinados riesgos para la civilización humana, también mostraba una cierta esperanza en la capacidad del ser humano en ponerse a trabajar para evitar su derrumbe. Estamos en 2019. El cambio climático sigue igual peor. En Estados Unidos tienen a Trump como presidente. Los populismos, especialmente los de extrema derecha, están en alza. Ninguna de las causas que produjeron la crisis financiera de 2007-2008 se ha corregido. Y el conflicto entre la civilización occidental y la islámica está, si cabe, más lejos de resolverse.

Si una ciudad ha representado a lo largo de la historia el choque de civilizaciones entre el mundo islámico y el occidente cristiano es, aparte de Jerusalén, Estambul. Así que allí nos iremos a pasear.

Si le he de juzgar a partir de sus escritos, Maalouf me parece un tipo honesto y sensato. A lo largo de los últimos 30 años he disfrutado tanto de sus novelas como de sus ensayos. Y si tuviera que hacer un listado de mis diez libros favoritos, no sería de extrañar que Las cruzadas vistas por los árabes estuviera en esa lista. Comparto con él mi terror hacia los nacionalismos, pero mi respeto por todas las culturas, por todas la lenguas, por todas las formas de manifestación artística y del pensamiento, siempre que vayan acompañada de tolerancia y respeto hacia todas las personas. Llevo mal el relativismo cultural, como él, pero llevo también mal que la gente piense que sólo su cultura/religión/patria es la buena, la mejor. No comparto con él alguna de las visiones positivas que tiene del capitalismo, no sé si habrá cambiado de opinión en estos diez últimos años, pero el capitalismo es en buena medida culpable del cambio climático… es cuestión de física,… aumento de la entropía por el excesivo consumo de energía, y aunque respeto como cuestión de principios básicos las creencias de cada ser humano, no comparto su respeto por las jerarquías religiosas que las gestionan. Tampoco soy tengo una visión tan optimista como él de la evolución del gigante chino.

Dicho lo cual, en este libro Maalouf hace suya la tesis de quienes advierten que podemos estar en vísperas de un derrumbe de la civilización humana, con las tremendas consecuencias en retroceso del conocimiento, en progreso democrático y, sobre todo, en sufrimiento humano que eso conllevaría. No nos confundamos. No hablamos de un apocalipsis de los de las películas de Hollywood. En la historia hay varios casos de derrumbes de civilizaciones, siendo el más conocido y notorio el de la civilización clásica, la caída del imperio romano, que causó una profunda depresión demográfica en Europa, una pérdida de conocimiento, la aparición de epidemias que no se daban en el mundo clásico, una gran pérdida en años de vida… y otras cosas de las que no siempre se habla cuando hablamos de la transición del mundo clásico a la edad media. Agotamiento de los recursos, grandes movimientos de población, estructuras políticas endebles, absolutismos religiosos, falta de líderes,… son algunos de los elementos que se pueden identificar en aquella debacle histórica y que están presentes en la crisis que Maalouf identifica hoy. Y no sólo él. El problema es que aquel derrumbe fue un problema europeo y mediterráneo, especialmente. Pero un derrumbe de la civilización actual será un problema global.

Y las cosas no están mejor. Veo que este año ha publicado un libro que se titula El naufragio de las civilizaciones,… de desajuste a naufragio, simplemente este cambio en el título ya indica por dónde irán los tiros… No estoy de humos ahora para afrontar su lectura.

El libro está muy bien, pero te deja una gran sensación de desazón. Y por su puesto, muestra su gran conocimiento sobre el mundo árabe, que permite acercarte a ese punto de vista, a comprender mejor a todos esos cientos millones de personas que conforman el islam, punto de vista tan despreciado por el occidente europeo. No me atrevo a recomendarlo… porque está desfasado, no porque no sea bueno. Pero ahí esta para el que le interese.

[Cine] Tenki no ko [天気の子] (2019)

Cine

Tenki no ko [天気の子] (2019; 61/20191128)

Titulada en inglés con un Weathering with you, de difícil traducción simple al castellano, y en la versión doblada en castellano con un confuso El tiempo contigo, que genera la ambigüedad sobre cuál es el «tiempo» al que se refieren, el título japonés es mucho más sencillo y claro, ya que Tenki ni ko [天気の子] significa sencillamente La chica del tiempo o La chica del clima. Con esta película, el director Makoto Shinkai trata de mantener, quizá superar, la expectativas levantadas con su anterior largometraje. Una película que con el tiempo ha mejorado en mi consideración, especialmente tras haberla repasado con tranquilidad en Netflix. Pero mi apreciación por Shinkai viene de antes, así que… pues nos apuntamos al estreno adelantado en Zaragoza como unos otaku más. Extremo al que no llegamos a pesar de nuestra afición a la animación y a ciertos aspectos, no todos, de la cultura japonesa.

Hoy, los paisajes urbanos tokiotas vienen obligados por la propia naturaleza de la película que comento. Sean las calles, los jardines, las gentes, los santuarios, las estaciones de tren,…

Lo adelanto. Desde cierto punto de vista, esta película es casi una actualización del argumento de su película anterior, variando los elementos sobrenaturales o fantásticos de la misma. He oído referirse a Kimi no na wa como película de ciencia ficción, pero creo que eso es un despiste monumental; dejémoslo en cine fantástico. Aquí también tenemos una pareja de adolescentes, Hina (Nana Mori) y Hodaka (Kotaro Daigo), de orígenes muy distintos que acaban reunidos en Tokio en un verano en el que la estación de las lluvias se vuelve anómalamente intensa, larga y fría. Y pronto descubriremos dos cosas; que la chica tiene cierta capacidad de actuar sobre el tiempo atmosférico y que ambos… ¿se gustan?

En esta película hay un tercer protagonista, además de los dos mencionados, y al margen del interesante grupo de personajes secundarios. Y ese protagonista es Tokio. Si por algo destaca la película de forma sobresaliente es por los maravillosos paisajes animados de la capital japonesa que Shinkai y su equipo nos ha regalado. Un juego de luces y sombras, naturales y artificiales, unido al detalle y minuciosidad con el que son retratadas las calles y jardines de la ciudad. Buena parte de los escenarios corresponden a Shinjuku y Yoyogi, pero nos moveremos también por otros distritos tokiotas. Esto sólo, ya me basta para otorgar una muy buena nota a la dirección de esta película. Pero… la historia no tiene la misma fluidez que la anterior y celebrada película del director. Resulta, a ratos más anecdótica, a ratos menos cohesionada. Nos brinda momentos muy divertidos, aunque amenaza con abusar en otros del cine cebolla.

A eso hay que unir una interpretación que puede ser del gusto nipón, estos gritos al manifestar emociones y estos llantos sonoros no serán extraños a los aficionados al cine japonés que vean las película en versión original, pero que van en contra de mi preferencia por las interpretaciones contenidas. Hay que decir que en Japón, los seiyū, actores de voz en las películas de animación, son muy apreciados y pueden alcanzar niveles de popularidad similares a los actores convencionales. En fin… que es un punto que a mí me tiene un poco así así… especialmente con los masculinos. Muy gritones.

Dentro del anecdotario, anotaremos que el universo en el que transcurre la acción es el mismo que en sus películas anteriores. Si en Kimi no na wa (Tu nombre…) era la profesora Yukari Yukino, protagonista de Kotonoha no niwa (El jardín de las palabras), hacía un pequeño papel, en esta ocasión son la propia Mitsuha y el propio Taki, protagonistas de Kimi no na wa, los que hacen respectivamente un pequeño cameo y un breve papel. Ya adultos.

La película está bien. Es entretenida. Y es muy bonita de ver. Pero no estamos ante la obra maestra que esperábamos ver en un director en alza. Incluso cuando toma prestados de sus propias obras anteriores algunos elementos, como por ejemplo un viaje en tren con tiempo infernal, probablemente una de mis secuencias favoritas del cine de animación presente en Byōsoku go senchimētoru (5 centímetros por segundo), no alcanza ni de lejos el impacto y la emoción que nos dejaba entonces. Una película razonablemente interesante, pero que deja un regusto amargo porque las expectativas eran muy altas. Aunque la productora de la película se está poniendo las botas porque se está vendiendo un montón…

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Comparando películas negativas en blanco y negro mientras camino y hago ejercicio

Fotografía

Recientemente Ilford sacó al mercado una nueva presentación de una de sus emulsiones para película fotográfica. Y se me ocurrió compararla con otra de Rollei, con la que comparte algunas características, mientras que se diferencia mucho en otras. Los detalles técnicos los dejo en «Nueva» Ilford Ortho Plus; comparándola con la Rollei Retro 80S, para quienes estén interesados. Para los que no, algunas fotos.

Ilford Ortho Plus

Rollei Retro 80S

[TV/TV en pantalla grande] Cosas de series; el final del j***do mundo en Downton Abbey

Televisión

Hoy va de series inglesas. Una muy buena y otra que nos dejó momentos interesantes y que hoy se ha convertido en una anécdota.

La serie británica realmente buena es The End of the F***ing World. Si la primera temporada fue una excelente road movie de dos adolescentes (Jessica Barden y Alex Lawther) con problemas, serios problemas, de adaptación a su entorno o a sus familias, que se convertía en una historia de amor, no menos bella por poco convencional, y que nos dejaba un final que no sabíamos si era un drama o una tragedia, en esta segunda temporada, que comienza unos años después de los hechos acontecidos en la primera, poco se ha aclarado en la cabeza de estos chicos. Porque todavía viven el impacto de lo sucedido unos años antes. Porque todavía no saben cómo asumir la separación. Porque no saben qué sienten realmente el uno por el otro. Y encima aparece un tercer personaje, que no conocíamos, pero que también sufrió las consecuencias de aquellos actos (Naomi Ackie). Con sólo ocho episodios de apenas 25 minutos, esta serie casi se puede ver como una película de tres horas de duración. Si tienes ese tiempo, todo seguido. Y sigue contando con las solidísimas interpretaciones de sus protagonistas. A lo que, por raros que parezcan, no puedes dejar de cogerles un inmenso cariño. Y por muy pesimista que sea la visión de la sociedad que nos muestra, no deja de ponerle una vela de esperanza a la calidad individual de los seres humanos. Muy recomendable. No habrá tercera temporada. No tendría sentido.

Pompa y boato para un país, el Reino Unido, que parece no asumir que su papel en el mundo no es el que fue, y se aferra a unas tradiciones que a unos les resultan vistosas y otros casposas, al menos conceptualmente. Mientras les asaltan problemas que no tienen en absoluto el glamour que nos venden desde Downton Abbey.

En otro frente, llevamos ya un par o tres de años hablando de si las producciones de largometrajes de las cadenas de vídeo bajo demanda cuentan como cine. Hay muchos intereses en mantener el modelo de exhibición actual de los largometrajes cinematográficos, al mismo tiempo que las nuevas tecnología provocan nuevos modos, nuevos tiempos. No voy a entrar en el debate, aunque dejaré las cosas claras en lo que se refiere a mi postura. Me gusta más ver una buena película en la pantalla grande, pero entre que se vea y no se vea una buena película, acepto gustoso las nuevas propuestas. Y hoy estamos ante el fenómeno inverso. Y de hecho, de la misma forma que aquellos largometrajes que me parecen cine aunque se estrenen en la pequeña pantalla los incluyo en mis entradas sobre cine, hoy voy a incluir uno que se ha estrenado en pantalla grande en una de mis entradas televisivas.

Porque el largometraje Downton Abbey me ha parecido eso. Un episodio más de la serie. Una especia de especial de navidad pero sin temática navideña. Un producto destinado a contentar a los fans de la serie, en la que se puede disfrutar de toda la pompa y el boato de estas series del caduco sistema nobiliario británico a principios del siglo XX, con visita real incluida. Más allá de narrar la mencionada visita real, este episodio de lujo de la serie no tiene un argumento definido. Es un producto del tipo un momento en el tiempo. La vida venía y la vida seguirá. Hay pequeñas líneas argumentales, algunas de las cuales ni siquiera aguantan las dos horas largas que dura la película. Un terrorista por aquí, un romance que surge por allá, un problema conyugal por otro lado, una herencia que no sabemos donde va a parar por acullá… y los sirvientes de la casa haciendo el papel de bufones de la función más que nunca, mientras que los señores se dedican a ponerse guapos y pasearse por la pantalla con carísimos vestidos sin que pase absolutamente nada trascendente. Eso sí, mucha pompa, mucho boato, con parada y revista a los húsares reales incluida. Lo dicho. Episodio de lujo al servicio de los incondicionales de la serie, que poco más aporta a la misma. ¿Donde quedará el ingenio de episodios tales como el del diplomático turco?

[Recomendaciones fotográficas] Extraña semana, con libro incluido

Fotografía

Pues sí… ha sido extraña. Fotográficamente hablando, en lo que se refiere a mi afición por la fotografía en su conjunto. No sólo a hacer fotos. Me llegó un libro… que no recordaba muy claramente haber pedido… Y bueno, ya llegaré a eso.

En primer lugar tenemos que hablar del fallecimiento de Carlos Jurado (1927 o 1929 – 2019), un fotógrafo que probablemente sea muy poco conocido para la mayor parte de los aficionados. La noticia la proporcionó su compatriota Óscar Colorado, y pocos medios más se han hecho eco. Y ¿por qué destaco a un fotógrafo que parece haber tenido poca repercusión? Pues porque fue uno de los impulsores de la fotografía estenopeica, modalidad que practico con no demasiada frecuencia, pero que me ha dado algunas alegrías importantes. Para conocer un poco más a este fotógrafo, podemos acudir a un artículo del propio Óscar Colorado, de hace ocho años, nada menos. Y que además profundiza en las razones y los modos de este tipo de fotografía. Al mismo tiempo que nos muestra que la fotografía de Jurado fue algo más.

Tengo pendiente de publicar una comparación entre dos películas negativas en blanco y negro de sensibilidad ISO 80. De momento, os muestro algunas de ellas realizadas con mi Leica M2 calzada con el Zeiss ZM Biogon-C 35/2,8 y el carrete de Rollei Classic 80S, una película pancromática con sensibilidad extendida al infrarrojo cercano.

Ya lo he dicho. Para que veáis como llevo la cabeza. Recibí esta semana un libro que no recordaba haber pedido. Se trata de Yumi and the Moon, de Alexandra Leese (instragram). Hace ya un tiempo que seguía la cuenta en instagram de esta fotógrafa sinobritánica. Supongo que la idea de comprar el libro vino de esta entrevista a la autora que publicaron en Dazed hace unas semanas. En ella nos explicaba cómo el libro venía inspirado por una antigua leyenda japonesa, Taketori Monogatari (El cuento del cortador de bambú), donde se nos habla de una niña que viene de la Luna a habitar en la Tierra y cuyos padres adoptivos llaman Kaguya-hime, la princesa resplandeciente. Esta historia fue adaptada por Isao Takahata, uno de los directores del Studio Ghibli, en una de las más bellas películas de la productora, llena de poesía, y con un estilo visual diferenciados, aunque también de las menos comerciales. El libro que recibí me sorprendió por su formato, obviamente no leí las especificaciones del mismo, ya que tiene un tamaño que está en el orden de una Din A3, aunque no tenga estas exactas proporciones. No tiene texto en la práctica, y es una serie de retratos, muchos de ellos desnudos, de Yumi Carter, la artista que le contó la historia a la fotógrafa y que acabó posando para este libro-revista. Se complementa con fotografías y vistas diversas de la luna, y alguna otra de paisajes o lugares, complementaria. Todavía no sé si me gusta o no… creo que esperaba algo más parecido a los trabajos de Lena C. Emery… Bueno, la verdad es que no está mal. No confundir la leyenda que he mencionado con el cuento de Jinichirō Tanizaki El cortador de cañas. Es también muy bello, pero no tiene nada que ver. Yo lo leí dentro de la colección Cuentos de amor, donde se denominaba El segador de cañas.

La lectura de otro artículo de Óscar Colorado me llevó a reflexionar y a interesarme por el concepto de autoría de una fotografía. Que no siempre está vinculada al hecho de pulsar el disparador de una cámara. Al igual que en el cine el autor de la película es el director y no el director de fotografía, también denominado antiguamente el operador de cámara, también es posible que el autor de la fotografía, quien la idea, de quien nace el concepto, y el operador de la cámara fotográfica, quien pulsa el disparador, no sean la misma persona. Y nos propone dos ejemplos muy distintos.

El primero de ellos es Gregory Crewdson, un fotógrafo bastante conocido hoy en día por sus espectaculares puestas en escena de aspecto muy cinematográfico. Y para cuya realización Crewdson dispone de un potente equipo de iluminadores y operadores, actuando él como la persona que idea la fotografía, que coordina la puesta en escena, que cuida hasta los más mínimos detalles de la misma en su composición y en su iluminación, aunque al final sea un operador quien dispare el obturador de la cámara. Por lo tanto, las fotografías de Crewdson se corresponde en gran medida con el concepto de tableau vivant, en cierta medida. Óscar Colorado también le dedicó un artículo hace cuatro años.

Pero por espectaculares y perfectas que me parezcan las puestas en escena de Crewdson, me interesó más las propuestas de la surcoreana Nikki S. Lee. Aunque la presentemos como fotógrafa, la surcoreana afincada en Estados Unidos, su nombre original es Lee Seung-hee, es más bien una artista conceptual que busca reflejar en una fotografía una performance o un happening. Su largo primer trabajo, Projects, la llevó a integrarse de forma secuencial en las distintas subculturas neoyorkinas, modificando su identidad, su estilismo, su forma de comportarse, incluso el color de su piel o su peso corporal. Una vez conseguida la integración, entregaba una sencialla cámara compacta para que un amigo suyo o alguien que estuviese por allí y realizase fotografías que poco se diferencia de las que cualquier grupo de amigos se hace eventualmente. Por lo tanto, estamos ante un trabajo complejo, un estudio sobre la identidad o la pluralidad de identidades, pero que no pasa por la meticulosa planificación de la toma de Crewdson, sino que no deja de otorgar un papel al azar a la hora de entregar su cámara a otra persona que puede incluso ser un desconocido. Fotografía que pueden ser defectuosas técnicamente, pero que en su conjunto conforma un cuerpo de obra potentísimo. A mí, este trabajo que Colorado comenta también en su blog, me parece impresionante, y con mucho más impacto y significación que el de Crewdson, que por sí, también es estupendo.

Espero que os hayan interesado estas propuestas.