A finales del mes de febrero he llevado encima mi Leica M2, una de las cámaras a la que tengo más cariño con un rollo de película negativa en color. Pero de este rollo de película negativa en color no estoy demasiado satisfecho. Porque cometí un error sistemático al exponer todo el rollo. Igual le tengo que dar una vuelta de nuevo…
En las últimas semanas he procurado agrupar las series que comentaba bajo algún criterio más o menos coherente. Saltándome para ello en alguna ocasión el orden en las que las había visto o terminado de ver. En esta ocasión me ceñiré al orden cronológico. De las que tengo pendientes de comentar, estas son las series que antes finalicé de ver. Una me llevo mi tiempo, la otra fue cosa de un fin de semana. Me explicaré enseguida. Vayamos con lo más sencillo de comentar.
Recientemente se estrenó en Netflix la segunda temporada de la surcoreana Joahamyeon Ullineun [좋아하면 울리는, avisa si a alguien le gusto o algo así], popularmente conocida en el resto del mundo como Love Alarm. La primera temporada, que nos hablaba de los amoríos de instituto que desembocaron en que un joven desarrollara una applicación para los móviles que avisa de que a alguien en un radio de 10 m le gusta el portador/a del móvil, y a los problemas que esto trajo para la protagonista, Kim Jojo, interpretada por Kim So-Hyun, una estrella joven en ascenso dentro de la televisión y el cine coreanos. Terminaba en un notable cliffhanger, que demostraba que en el más puro triángulo rectángulo, la joven hipotenusa era pretendida por dos apuestos catetos, uno de ellos con novia oficial, mientras que una modificación en su móvil impedía que nadie pudiera hacer saltar la alarma en el mismo. Habían sido ocho episodios con una historia, aunque serias deficiencias en la interpretación. No entiendo porqué la actriz esta, más allá de que sea más o menos monilla, sea un valor en alza en la interpretación. Porque lo que en la primera temporada era un razonable acierto de reparto, que prometía a pesar de sus limitaciones, en la segunda se ha convertido en un lastre de inexpresividad, empeorado por el hecho de que los giros argumentales debidos a las innovaciones en la trama, se habían convertido en la mínima tensión de un triángulo amoroso, tópico, mal desarrollado y mal interpretado, también por las limitaciones de los dos catetos. Supongo que estaba prevista otra tanda de ocho episodios para completar los 16 tradicionales de las series surcoreanas. Pero imagino que la pandemia a impuesto restricciones en los rodajes, y se han quedado en seis. Que como son de poco más de 40 minutos en lugar de los 60 a 80 tradicionales de las series coreanas,… sirvió para liquidarla en un fin de semana. Una serie que va a la baja, y cuya valoración final, para mí… es que no vale mucho la pena.
Hoy, Tokio,… claro.
Pero mucho más interés despertó para mí Paranoia Agent, título internacional, o sea, en inglés, de la serie de animación Mōsō Dairinin [妄想代理人, agente delirante]. Es razonable, la traducción del título, en esta ocasión. Lo que me atrajo de esta serie de 13 episodios de media hora de duración que se puede ver en Filmin es que es la única serie que salió de la privilegiada creatividad del director japonés Kon Satoshi, prematuramente fallecido a los 46 años, tras una larga enfermedad (eufemismo tradicional para (no) decir cáncer), que en realidad no duro mucho. La cosa fue rápida. Kon es considerado uno de los genios de la animación mundial. Pero no dejó una obra extensa, además de participar como director en algunos episodios de series creadas por otros, y algunos cortos, rodó cuatro largometrajes y creó una serie, la que hoy nos ocupa. Hasta hace unas semanas, yo sólo había visto tres de sus películas en televisión, una de ellas también en la gran pantalla, hace poco más de un año en un evento especial. Con la visualización de esta serie, y la de la película que me faltaba en otro evento especial, la semana pasada, ya he visto todo lo que define a Kon como autor. Y realmente, sí, opino que es uno de los grandes, de la animación, y del cine en general. De la película que vi la semana pasada hablaré pronto.
En cuanto a la serie que nos ocupa, se nota por su factura, sus temas y su argumento que ha salido de la cabeza de Kon. Especialmente, por la mezcla del mundo real y mundos que pueden estar en la fantasía, en lo onírico o en la mente de las personas. Qué vamos a decir si en el título de la serie, tanto en el internacional como en el japonés, aparecen conceptos como paranoia o delirio. La trama circula alrededor de unos ataques que se producen en el distrito de Mushashino en Tokio, en los que un joven que se mueve sobre patines en línea a gran velocidad, agrede con un bate de beisbol doblado a personas que quedan gravemente heridas. Y todas estas personas, antes de la agresión, se encuentran en una situación altamente estresante y con sensación de estar en su vida en un callejón sin salida. La primera de las agredidas es una diseñadora gráfica joven, que tras conseguir el éxito con un personaje con forma de perrito, se encuentra presionada para repetir este éxito con otras creaciones. Pronto comprobaremos que es un personaje central y no meramente la primera de la lista entre los agredidos. Y también tienen un papel central los dos policías que se encargan en principio de caso, sin éxito.
La serie no es sencilla. Está llena de simbología diversa, y a partir del episodio 5 empieza a incluir elementos procedentes de los distintos puntos de vista de los implicados, entrando en el mundo de la fantasía… o de las ideas delirantes. Por lo tanto, quedan como dominantes tres grandes temas. El sentido de culpa que puede surgir cuando alguien mete la pata hasta dentro hasta dentro; la sociedad actual que arrincona a las personas, las estresa y las lleva al extremo con grandes dosis de despersonalización; y el trastorno mental delirante. No me atrevo a decir que sea una serie para todos los públicos, porque no lo es, desde luego no para un público infantil, pero creo que es obligada para los amantes de la animación y del cine/audiovisual en general.
Con el fin del invierno, el sol, en su recorrido por la bóveda celeste, ya lleva la suficiente altura durante un ratito para iluminar mi balcón… que está orientado al norte. De momento es poquito rato. Media hora o así. Por lo que he vuelto a hacer cianotipias. Por que sin los rayos ultravioletas del sol… no es posible.
Eso sí… sólo me da tiempo a hacer dos en cada mañana. Conforme avance la primavera, y especialmente en verano, el tiempo de insolación aumentará y habrá más posibilidades de pensar mejor lo que hago. Aunque no me quejo de mis primeras cianotipias del año.
Hace un poco más de un mes terminé de ver el ciclo de películas del director chino Wong Kar-wai, que se proyectaron en uno de los cines de Zaragoza desde principios de año. Siete películas en siete martes consecutivos, que abarcan su periodo más hongkonés desde su primer largometraje en 1988 hasta el octavo de su carrera en 2004. Es un ciclo de películas que se está distribuyendo por todo el mundo, en las que se restauraron los originales y se digitalizaron a una resolución 4K. Sólo una de las películas que rodó en ese periodo de tiempo no está incluida en el ciclo. Fue un wuxia que rodó en 1994, que recibió el título en inglés de Ashes of time, siendo su título original en mandarín/cantonés Dōng Xié, Xī Dú/Dung1 Ce4 Sai1 Duk6 東邪西毒. Como de costumbre, nada que ver el título original con el «internacional» en inglés, ya que entre el «mal del este, veneno del oeste» y «cenizas del tiempo» no hay mucho en común.
Como las últimas películas que he repasado del director incluyen el «wuxia», y de alguna forma nos llevan al pasado de China, ilustraré la entrada con un paseo por la tumba del emperador Ming en Nanking.
Para no liarnos mucho… utilizaré en el resto de la entrada los títulos «internacionales», o sea, en inglés. El caso es que desde hace ya un tiempo que me apetecía hacer una entrada de resumen sobre mis impresiones del cine de este director chino, que ha desarrollado buena parte de su carrera en Hong Kong.
Hay que decir una cosa. Si en el periodo mencionado fue un director relativamente prolífico, ocho películas en 16 años da una película cada dos años, desde entonces y hasta la fecha sólo ha rodado dos largometrajes más. No es que haya permanecido inactivo. Pero ha estado en otro ámbitos como la publicidad, los videos musicales o los cortometrajes. Ambos largometrajes, My Blueberry Nights y The Grandmaster, los vi en su momento en las salas de cine. Por lo que sólo me quedaba sin conocer el mencionado wuxia de los años 90. Durante las semanas que han pasado desde que termino el ciclo de películas en las salas de cine hasta hace unos días, me he dedicado a encontrar la forma de ver la película que me faltaba antes de escribir este resumen. Al final, lo conseguí. Y ahora ya puedo decir que he visto todo el cine. Como ya he comentado en semanas pasadas las películas del ciclo, voy a hacer un breve de las otras tres.
My Blueberry Nights (mis impresiones en su momento) es su primera película, y creo que única entre los largometrajes, rodada integramente en inglés y con un diagnóstico, de cierto prestigio, de intérpretes norteamericanos y británicos. Norah Jones, Jude Law, Natalie Portman, David Strathairn, Rachel Weisz, Cat Power,… una mezcla de cantantes y actores. Con la peculiaridad de que su protagonista era una Norah Jones que estaba pegando fuerte en el mundo de la música, y que pretendía dar frescura y aire diferente a la película. En su momento me gustó mucho, aunque probablemente ahora la vería con una visión más crítica. Probablemente ahora quede simplemente como una «obra menor» del director. Sus temas no se desviaban mucho de los que había presentado, estaba impecablemente rodada, sus intérpretes lo hacían bien, pero comparada con sus anteriores obras, resulta que le falta la profundidad que aquellas ofrecía. Especialmente las más maduras.
Con The Grandmaster (mis impresiones en su momento) estamos en otra historia. Un wuxia de alto presupuesto basado en el maestro de las artes marciales Ip Man, rodado en mandarín y cantonés, con aspiraciones a conquistar el mercado mundial. Entre sus grandes atractivos está su pareja protagonista, Tony Leung y Zhang Ziyi, que tan buen sabor de boca nos dejaron con sus interacciones en 2046. Bien interpretada, con la magistral dirección de Wong… a mí me aburre soberanamente. La he intentado volver a ver en Filmin… y no la he terminado. Cosas que pasan.
Y debo hacer un comentario sobre Ashes of time, que he visto en su versión redux de 2008, ya que el material original con el que se rodó sufrió algunos percances y en esa fecha la remontaron y restauraron. Siendo también un wuxia, pero esta vez de una época antigua, casi legendaria, ya que está basada en una popular novela sobre el tema, temía que no me atrajese gran cosa. Pero reconozco que me enganchó y me intrigó. Con un notable reparto en el que encontramos muchos de los nombres que aparecen en sus películas de la época hongkonesa, Brigitte Lin, Leslie Cheung, Maggie Cheung, Tony Leung, Carina Lau, entre otros, estamos ante una película dividida en episodios sobre un asesino que intermedia en el límite del desierto con las personas que buscan contratar a otros asesinos. Y todos estos cargan sobre sí sus propios dramas y conflictos. Alguien la ha definido como una película distópica de ambiente postapocalíptico, pero que en lugar de estar ambientada en un futuro, está ambientada en un pasado indefinido. No es fácil de ver, pero creo que muchos cinéfilos la disfrutarán.
Y a partir de aquí… ¿cuáles son mis preferidas de entre las diez películas del director?
Hay cuatro películas que para mí destacan por encima de las otras. Y son, según mi orden de preferencia, In the mood for love, 2046 y Chunkgking Expressex-aequo, y Happy Together. Estas cuatro películas, desde mi punto de vista están en un nivel superior, y están entre el mejor cine que podría seleccionar del que he visto a lo largo de mi vida. Todos ellos tienen profundidad, una factura impecable, con más o menos medios, interpretaciones de primer orden, caracteres que te importan, con los que sufres y/o te alegras, y te cuentan una historia que trasciende la película. Es lo más que le puedes pedir al arte cinematográfico. Son películas que me apetece ver regularmente de nuevo. Que si dentro de un año me las ofrecieran de nuevo en una gran pantalla, me iría de cabeza.
En un segundo nivel están películas que reúnen muchas de las características de las anteriores, pero que no están tan redondas. Que no me importaría ver de nuevo, pero que no llegan a la emoción de las anteriores. Son, también por orden, Days of being wild, Ashes of time y Fallen angels.
Finalmente quedan las tres películas que a mí… me dicen menos. As tears goes by es una película con indudables méritos para ser una ópera prima, pero no deja de ser una película de pandilleros con una historia de amor relativamente convencional entre medio. Majeta, pero ya está. Aunque en ella el director apuntaba maneras y a base de bien. My blueberry nights es una película que me resultó simpática y de la que guardo buen recuerdo… pero ya está. Está un poco al margen de todo lo anterior. Y The Grandmaster… pues me pasa como con las películas de mafiosos de Scorsese,… impresionantemente realizada… pero me aburre como una ostra. Es lo que hay.
Animaos a conocer el cine de Wong Kar-wai. Es uno de los grandes autores de la historia del cine. No os dejéis llevar por lo prejuicios del idioma, la cultura o la nacionalidad… que los hay. A ello.
Me han prestado una cámara. Por un tiempo, relativamente, indefinido. Mientras me pienso si me interesa o no. La he probado en un paseo al vuelo, casi improvisado, después de salir de trabajar. Antes de que llegue esa borrasca que anuncian. Y los resultados, de momento son muy buenos. Pero el jurado todavía está deliberando, y pasará tiempo antes de que llegue a una conclusión, sobre mi merece la pena o no la adquisición. Es que no es barata. Y ya tengo algo muy parecido.
Como digo en el encabezado de esta entrada, Minari es una película muy bella. Realmente. Desde muchos puntos de vista. Simplemente, por la forma en que está planteada, rodada, por la belleza de sus sencillos personajes, por la belleza de muchos pequeños detalles… ya merece la pena acercarse a las salas de cine a verla. En versión original, por favor. Es una película bilingüe, coreano e inglés, en la que las transiciones entre los dos idiomas, usados «indistintamente» por la familia protagonista ES importante. Pero también tiene un grave problema. Está repleta de pequeñas inconsecuencias que afectan sobre todo a su tramo final… que a las personas que me acompañaron al cine y a mí… nos dejaron un poco… ¡meh! Incomprensibles para mí. Quizá su comentario desvele parte de su argumento, así que como se dice hoy en día… cuidado… posibles espoilers.
La película ha despertado mucha expectación y ha levantado muchas expectativas. Ayer se anunciaron las candidaturas a los Oscars, y acumula unas cuantas, muy significativas. Muchos dicen que habla del sueño americano… bueno… el que esto escribe no cree que exista el «sueño americano». Es un concepto puramente propagandístico. Desde hace muchas décadas, las posibilidades y probabilidades de ascenso en la escala social son mucho mayores en Europa, especialmente en países con un fuerte desarrollo de estado del bienestar, que en Estados Unidos. Es mucho más importante un acceso los menos inequitativo posible a la educación que el mito del trabajo duro. Si fuera por eso… no tendría interés. Pero si hablamos del desarraigo, de la pérdida de referentes, del riesgo de ruptura de los puentes intergeneracionales,… hay estamos en un tema distinto. Y sobre el cual la película tiene mucho más que decir, y lo dicen. Y lo dice bastante bien. Al fin y al cabo, la planta que da título al film, minari (Oenanthe javanica), actúa como bella metáfora de la capacidad de aguante y la capacidad de echar raíces en un suelo distinto del propio.
Ya que estamos ante una pelíicula familiar, la playa de Haeundae en Busan fue uno de los entornos de ambiente más familiar que encontré en Corea del Sur.
Aunque el director, Lee Isaac Chung, es un inmigrante de segunda generación, es decir, sus padres son nacidos en Corea del Sur, pero él es nacido ya en los Estados Unidos, hace un planteamiento mas frecuente, en mi experiencia, en la ficción asiática que en la occidental. Frente al conocido planteamiento, nudo y desenlace de la narrativa tradicional occidental, estamos ante un fragmento de las vidas de los componentes de la familia Yi. Como curiosidad. Yi es el apellido más frecuente en el mundo, aunque no en Corea, donde es Kim, pero, por esas causas y azares de las transcripciones entre lenguas con distintas grafías, lo podemos encontrar como Yi, I, Li, Lee, Ri, Rhee, y probablemente alguna otra forma de la que no me acuerdo o desconozco. Un fragmento marcado por dos momentos… pero aunque vamos conociendo algunos de los antecedentes de la familia antes de que se establezcan en una región agrícola de Arkansas, nada sabemos sobre lo que pasa después del final de la película. He leído por ahí que hablaban de ella como de un «drama con final feliz»… yo diría que al final de la película le da su director y guionista, inspirado por sus propias vivencias y las de su familia, un tono optimista. Pero bueno… Las ganas que tenemos de finales felices.
El equipo de la película, encabezados por Chung, consigue introducirnos en un ambiente calmado, bello, tranquilo, en el que transcurre el drama de vivir de la familia Yi. Fotografía, banda sonora, sonido, diseño de producción, ambientación, son de muy buen nivel, al mismo que relativamente atemporales. Algunos detalles nos sitúan en los años 80 del siglo XX,… pero podríamos estar en cualquier momento del último medio siglo o más. Muy alto nivel. Pero donde destaca también es en el reparto… y en especial en la dirección de actores. Toda la familia raya a un nivel muy alto. La mayor parte de la crítica se ha fijado en los dos personajes más llamativos. El niño (Alan S. Kim) y la abuela (Youn Yuh-jung). Pero eso es lo fácil. Tienen la parte del guion más jugosa, las interacciones más entrañables y el juego con el sentimentalismo del espectador. No quiero desmerecer el trabajo de ambos intérpretes, pero hay que ajustarlo por las variables mencionadas. La segunda es candidata al Oscar, improbable… pero en un año loco y con determinadas modas y tendencias… cualquier cosa es probable.
También es candidato al Oscar Steven Yeun, el padre de familia. También es un ganador improbable, me parece a mí. Este actor no es nuevo, aunque poco conocido. Se ha dedicado más a la televisión, y en especial a poner voz en películas y series de animación… así que… difícil que sea conocido. Pero quiero destacar que hizo un papel muy interesante en una buenísima película coreana que paso más desapercibida de lo que merecía en su momento, adaptación de un cuento de Haruki Murakami. Y las intérpretes que les toca la peor parte, es decir los papeles menos vistosos, son las otras dos féminas de la familia. De la jovencita Noel Cho, poco se puede decir, pero cumple a la perfección con el papel de hermana mayor, noona, y creo que su trabajo, que pasará totalmente desapercibido, es bastante meritorio. Y luego está la esposa y madre de familia, la estoica mujer no carente de carácter que interpreta Han Yeri. Creo que la primera serie de televisión coreana que vi en Netflix fue Cheongchunsidae [Hello, my twenties!], y además una de las que más me ha convencido. Y allí conocí a esta actriz, que interpretaba a la mayor de las cinco compañeras de piso universitarias cuyas vidas acompañábamos en la serie. También un papel de chica seria y estoica. El caso es que me parece que esta intérprete, en la película que comento, lo borda. Pero la crítica, los comentaristas, la gente en general valora poco los papeles contenidos, poco vistosos, sin grandes frases grandilocuentes. Pero está realmente muy bien.
Y el comentario sobre el papel que hace Han Yeri me da paso a lo de las inconsecuencias que mencionaba al principio. Voy con algunas tonterías. Nos proponen una educación sensata y racional del padre hacia el hijo cuando desecha contratar a un zahorí para encontrar dónde instalar un pozo para obtener agua, fiándose mejor de la observación y lo que la naturaleza nos dicta… lo cual está muy bien… para al final generar un «fracaso» y acabar contratando al zahorí. La rabdomancia de los zahoríes es una pseudociencia, sin base alguna, pura superstición en sí misma… así que maldita la lección que nos da la película.
Otra… la familia, en un momento determinado, está formada por papá y mamá en sus treintaitantos, una hija de 10 u 11 años, sensata pero así de jovencita, y un niño de 4 o 5 años, junto con una anciana en sus 70 y que acaba de sufrir un ictus quedando parcialmente discapacitada en sus movimientos y en su habla. Sabemos que ambos miembros del matrimonio tienen capacidad para conducir un coche. Tienen que llevar al niño pequeño a una revisión cardiológica por una malformación congénita, por lo que se deben desplazar en el coche desde Arkansas a California en un viaje que será largo. ¿Cuál de las dos siguientes opciones elegirían ustedes? a) Uno de los esposos se va con el niño en el coche a California, mientras que el otro se queda tranquilamente en la granja supervisando a la abuela con la ayuda de la sensata y bien dispuesta niña; b) El matrimonio coge el coche y los dos niños y se van todos a California discutiendo sobre el final de su matrimonio, mientras dejan sola a la discapacitada anciana, en un entorno donde los accidentes son posibles. Ya. Lo suponía. Yo también. Pero el guion de esta película dispone lo contrario. Y sí, si algo puede pasar, al final pasa.
Y la última… En un momento dado, la esposa, con miedo por la inseguridad de la situación para la familia, y en especial para sus hijos, anuncia que los coge y se vuelve a Californa, a conseguir un trabajo asalariado que le permita mantener a sus retoños. Y si él quiere ir, vale, pero si no, hasta aquí ha llegado el matrimonio. Unas escenas más adelante,… cuando la calamidad derivada del párrafo anterior se produce… pelillos a la mar, todos contentos y a seguir. ¿De verdad que el futuro de esta familia tal y como se plantea en la película es optimista? Lo dudo. Inconsecuencias. Una cosa es que la ficción soporte cosas basadas en la suspensión parcial de la incredulidad y otra es la incongruencia y la inconsecuencia en lo narrado.
Por todo lo anterior, una película que en su mayor parte iba destinada a las cuatro o las cinco estrellas de mi valoración subjetiva… se queda en tres. Creo que es una película razonablemente recomendable. Tiene muchas cosas muy buenas, muy buenos valores cinematográficos… pero nunca he tenido capacidad para comulgar con ruedas de molino. Una pena.
He entrado en una época televisiva extraña en la que predominan los productos asiáticos, aunque hasta cierto punto lo he matizado con series de las que hablaré cuando las termine, de factura occidental. Pero vamos con mis placeres inconfensables coreanos. Bueno,… o confesables. Porque al menos una de las seres de hoy considero que, sin ser ninguna obra maestra, se defiende con dignidad en su estilo, y está por encima de esos placeres inconfensables, guilty pleasures, a los que suelo adjudicar estas producciones.
Hoy tocaban fotos de Corea del Sur, claro. Como no sabía muy bien cuales, he optado por el paseo por el monte de Inwangsan con sus templos, chamanes, murallas y vistas de la ciudad.
Private lives tiene este como título internacional, o sea en inglés, aunque en castellano aparece como Privacidad. Su título original, el coreano, es 사생활 Sasaenghwal, que significa… redoble de tambor… privacidad. Ganamos los hispanohablantes, aunque en esta ocasión todo es muy similar. La serie no acaba de saber qué quiere ser de mayo. Está hecha a mayor gloria de su protagonista femenina, Seohyun, una cantante de un famoso grupo femenino coreano, que poco a poco se ha introducido con éxito en el mundo de la interpretación. Y es que hay que prever que la tierna juventud dura lo que dura, y una vez que sobrepasas la avanzada edad de los veintimuchos… estas chicas lo tienen muy difícil. Le han buscado un galan adecuado, guapetón y musculoso, Go Kyung-Pyo, y a partir de ahí… Pues no sabe lo que es. ¿Es comedia romántica? ¿Es una comedia de timadores? ¿Es un drama criminal? ¿Es una trama de espionaje industrial? ¿Es una conspiranoia? Pues quiere ser de todo a la vez… y no acaba haciendo casi nada bien. Es relativamente entretenida, pero la trama es un lío y acaba por importarte poco, por lo que todo se queda en buscar algún momento divertido, y admirar lo guapas/guapos que salen los chicos/chicas. Pero poco más. Tarde en empezar a verla, precisamente porque no estaba claro qué iba a ver. Tiene secundarios muy entretenidos y divertidos. Pero también hay mucho personaje estereotipado y de cartón piedra. Una serie de tantas, sin mucho que reseñar.
Otra cosa es Lovestruck in the city, título internacional, o sea en inglés, que en castellano nos ha llegado como Amor en la ciudad. Parecidos. El original coreano es… redoble de tambores de nuevo,… 도시남녀의 사랑법 Dosinamnyeoui salangbeob, que viene a significar Cómo es el amor entre hombres y mujeres en la ciudad. Nuevo formato, relativamente, para una serie coreana en Netflix. En lugar de lo tradicionales, y a veces pesados, episodios de 65-70 minutos, tenemos 16 episodios de alrededor de 30 minutos. En realidad, 17… pero luego comento eso. Y está planteado, especialmente en los primeros episodios, como un programa de entrevistas, falso documental. Una serie de gente entre vista a un grupo de jóvenes, tres chicos y tres chicas. De los que poco a poco nos va quedando claro que dos, interpretados por Kim Ji-Won, ella, y Ji Chang-Wook, él, han tenido un ligue mutuo. Que por algún motivo se terminó. Poco a poco vemos que los seis personajes esta relacionados. El protagonista masculino tiene un primo más joven que está saliendo con una amiga de la protagonista. Ambas tienen una buena amistad con una antiguo compañero del colegio, que fracasó en una relación con la tercera chica. Las interpretaciones son buenas, las situaciones algo más realistas, los besos son de verdad, como todas las parejas que se enrollan, se enrollan del todo, también en la cama, vamos lo normal. La cuestión es porqué fracasó la relación tan intensa de dos meses de verano, y si volverá a resurgir. A mí me entretuvo mucho. La serie queda resuelta en 16 episodios, siendo de tono agridulce. Algunas parejas se arreglan y otras se desarreglan. Permitiendo continuaciones con cambios de protagonistas en un mismo universo. El 17º episodio prácticamente es un capítulo piloto para una secuela a partir de dos personajes secundarios, un joven policía que interacciona con los protagonistas y la guapa actriz que empieza a conocer el éxito y de la que siempre ha estado enamorado. A mí en conjunto me ha gustado, me ha divertido, en algún momento me ha emocionado. Tiene algún defectillo, pero no es un placer inconfesable. Es un producto al menos digno. Así que si queréis arriesgar un poco en televisiones extrañas, es un buen producto para introducirse en la coreana.
Comenzó la semana con el Día Internacional de la Mujer, así que hubo muchos artículos en la red de redes sobre el tema y la fotografía. Pero no mucho realmente novedoso que no se hubiera comentado en años anteriores. Así que, comprobando que muchas de las recomendaciones ya estaban comentadas en este Cuaderno de ruta o en carloscarreter.es, mi blog sobre técnica fotográfica… me quedé con la recomendación de Cartier-Bresson no es un reloj que nos hablaba de una mujer, fotógrafa, que vivió a caballo entre los siglox XIX y XX. Se trata de Christina Broom. Frente a la costumbre de la época en la que la mayor parte de los fotógrafos, y especialmente las pocas mujeres, trabajaban en estudio con su grandes cámaras de placas, Broom la cargó a cuestas y la sacó a las calles. Dejando fotografías documentalmente muy interesantes. Dedicó no poco tiempo y placas fotográficas al movimiento sufragista, pionero de los movimientos feministas.
En la cuenta de Instagram de Landscape Stories Magazine he podido hojear algunas páginas de What she said, libro de la fotógrafa Deanna Templeton, que explora fundamentalmente el mundo de las chicas adolescentes. Empezó en la fotografía muy joven, documentando el mundo de la escena punk en California en aquellos momentos. Ganas me entraron de adquirirlo, pero de momento no tal.
Fue de la cuestión del Día Internacional de la Mujer, he tenido la oportunidad de visitar en la sala de exposiciones del Torreón Fortea, del Servicio de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, la exposición Fronteras del Mundo. Una reflexión colectiva de varios fotógrafos sobre la arbitrariedad de las fronteras entre países, la negación de la libertad de movimientos de las personas, el egoísmo de unos sobre el sufrimiento de otro, la construcción de muros para separar gentes con criterios puramente arbitrarios o para beneficio de unos pocos, si de alguien en realidad. Como dice la nota de prensa del ayuntamiento, «Oier Gil, Oscar Rodríguez Vila, Maysun, Juan Valbuena y Rubén Martín de Lucas son los artistas que participan en la muestra, que estará abierta hasta el 4 de abril». Estilos muy distintos de fotografía para abordar temas similares o complementarios. Desde los que responden al oficio de reportero gráfico puro y duro hasta los más conceptuales, a caballo entre la fotografía y la intervención o la performance. Pero todos interesantes.
También encuentro en otra cuenta de instagram, la de Leire Etxazarra, la mujer fotógrafa y periodista que está detrás de Cartier-Bresson no es un reloj, una recomendación sobre la obra del francés Julien Coquentin (instagram) en un bello ejercicio de nostalgia, recuerdo y homenaje a su abuela. He estado revisando su página web… y la verdad es que me gustan el conjunto de sus fotógrafías, tanto en contenido como en estética.
Termino con la entrada en Booooooom dedicada a Tamara Raynolds (instagram), fotógrafa nacida en Nashville, EE.UU. y que ha ido recogiendo en sus fotografías la experiencia de residir en el sur de los Estados Unidos, intentando escapar de los calificativos peyorativos de esta amplia región (incultura, fanatismo religioso, racismo, ultraconservadurismo) y enfocándose en las virtudes de la tierra y de las gentes. No sé si lo consigue del todo, sin caer en tópicos, pero las fotos me han gustado.
No sé muy bien cómo acabamos viendo esta película de nacionalidad belga, dirigida por el director y músico Hendrik Willemyns, pero que está rodada íntegramente en japonés, con intérpretes japoneses y en Tokio. El caso es que ya adelanto que es una caso típico y tópico de cine schmaltz, fenómeno que se atribuye con frecuencia al cine nipón… pero no olvidemos que el director y la producción del film son fundamentalmente… belgas.
Sí… claro… nos daremos una vuelta por Tokio, ya que la película está rodada en la capital nipona.
¿Qué es eso del cine schmaltz? El término lo leí no hace mucho y me llamó la atención. El schmaltz es un tipo de grasa, extraída de aves, pollos o gansos, que parece tener su origen en la cocina centroeuropea, popular en la gastronomía judía. De alguna forma, es similar al confit de pato de los franceses… pero a un nivel más popular. Y realmente es una forma de meter calorías en el cuerpo, a base de grasas abundantes… pero sin más sustancia. Sin proteínas, sin hidratos de carbono, sin componentes esenciales de la alimentación… dando a los platos una apariencia de ser algo… sin ser nada. Y en algunos ambientes, la palabra es equivalente a nuestro empalagoso, aunque sustituyendo el empalago del dulce por el de lo grasiento. Así pues música, cine o literatura schmaltz o schmalzig sería aquella que sin aportar realmente mucho contenido o mucha sustancia, es pretenciosa, empalagosa o difícil de digerir.
Y sí… el calificativo le viene a esta película al pelo. Enganchándose a las películas que empiezan a surgir explotando el fenómeno #metoo, de denuncia de los abusos y acosos sexuales en el mundo del espectáculo, nos habla de una mujer de clase social modesta (Natsuko Kobayashi), que trabaja en el turno de noche de la limpieza de una empresa musical, y que en su momento soñó con dedicarse a la música. En un momento dado, consigue una prueba en un popular programa de búsqueda de talentos de la empresa en la que trabaja, y se convierte en sospechosa en un caso de muerte de un famoso músico un tiempo atrás, que le dio clases. A partir de la investigación interna de la empresa, la mujer destapara un negocio encubierto en la misma de prostitución y abusos sexuales.
El problema es que todo pretende ser tan estético, tan simbólico, tan minimalista… que en no pocas ocasiones roza el absurdo. Con una banda sonora basa en lo que se supone debe ser música high concept, y mezclado con ensoñaciones más o menos fantásticas, y con la representación visual de las composiciones musicales, entramos en una espiral de sin sentidos, acompañada de unas interpretaciones que no despegan en absoluto… esencialmente porque no los intérpretes, que no sé si son buenos, malos o todo lo contrario, no tienen dónde agarrarse. La película se mantiene la mayor parte dentro del insinuar y no mostrar, hasta que al final decide desmelenarse con un desnudo integral de la protagonista, hasta ese momento muy recatada, y una tórrida escena de sexo con una presunta colegiala de preparatoria (el equivalente al bachillerato nuestro), de las que visten uniforme y eso. A falta de otra cosa, supongo que los responsables de la película habrán decidido «premiar» a los que hayan aguantado la película hasta ese momento.
Ya digo que no sé muy bien cómo acabamos en esta película. Desconfío de las aventuras niponas de directores occidentales. Sinceramente, la mayor parte de las que recuerdo son fiascos… o en el mejor de los casos mediocridades pretenciosas. Pero parece que un cierto número de críticos o plumillas de la cosa del cine se dejan arrastrar por este tipo de producciones pretenciosas y es posible encontrar algún artículo apoyando esta película. Sinceramente… no. Ni por asomo. Olvidadla. Quizá no sea una catástrofe. Pero sí un aburrimiento.
Hay mucha gente que alaba la luz y el sol de este país, España. Especialmente cuando llega la primavera y el verano. No deben ser aficionados a la fotografía. Para mí, la luz entre los dos equinoccios, en estas latitudes, y con un clima seco en el que las nubes no están ahí para matizarla, es demasiado dura y agresiva. Soy una persona que necesita la luz, pero que se abruma por la luz intensa y dura.
Por eso, me gusta la luz del resto del año… desde un par o tres semanas después del equinoccio de otoño hasta dos o tres semanas antes del equinoccio de primavera. Cuando el sol viaja más bajo sobre el horizonte y la luz no es tan dura, y la más frecuente presencia de nubes en el cielo la matiza además. Salvo cuando llegan las nieblas, claro… momentos en los que acabo por deprimirme si se prolongan muchos días… semanas. Por eso, me gusta aprovechar las últimas semanas de febrero. Por que ya hay días en las que la luz se hace demasiado dura y pesada. Los detalles técnicos de las fotos en Ilford HP5 Plus 400 en su punto justo – con Fujifilm GS645S Wide 60.
Alguna vez he comentado lo que me gustan los relatos ilustrados de los Libros del Zorro Rojo, de los que tengo los que publicaron de Haruki Murakami, ilustrados por Ket Menschik. Aunque luego, los relatos ilustrado de Murakami cambiaron de editorial al menos en una ocasión. Relatos interesantes, ilustraciones de muy buen nivel, presentación del libro cuidada, moderna. El caso es que hace unas semanas leí que esta interesante editorial había publicado una versión de la famosa Guerra de los mundos de H. G. Wells, con las ilustraciones del brasileño Alvim Corrêa, de la edición en francés publicada en Bélgica en 1906, que probablemente fueron un hito de los más importantes en la ilustración de la ciencia ficción. El libro incluye enlaces en forma de códigos QR para las grabaciones originales de la adaptación radiofónica de Orson Welles, así como las transcripciones de esta. Vamos… todo un pequeño conjunto de pequeñas (o grandes maravillas) en torno a a la obra de Wells. Un autor mucho más importante de lo que a veces se piensa.
Pero vamos con la obra literaria. La novela de Wells fue publicada por primera vez en forma de serial de revista en Pearson’s Magazine en el Reino unido entre abril y diciembre de 1897. Y ese mismo año, se publicó también serializado, en Estados Unidos en Cosmopolitan. Sí… esa revista orientada a las mujeres, que he visto criticar tanto por las derechas cristianas, que consideran sus contenidos pecaminosos, como por feministas de izquierdas que consideran que «enseña» a las mujeres su lugar en la sociedad capitalista bajo un disfraz de liberal, en el sentido norteamericano de la palabra.
Por la zona donde «aterrizaron» los cilindros marcianos en los alrededores de Londres, doy por supuesto que Windsor y su castillo no sobrevivieron a la invasión. Pero en diciembre de 1994 se podían visitar con una agradable luz invernal.
Mi primer contacto con la obra fue en mi adolescencia. En 1978 apareció el albúm Jeff Wayne’s Musical Version of the War of the Worlds, una ópera rock a base de rock progresivo y rock sinfónico, que se hizo relativamente célebre en aquel momento y algunas de cuyas piezas sonaban en forma de sencillos en las radiofórmulas musicales. Supongo que para aprovechar esa celebridad, algún avispado distribuidor cinematográfico colocó en los cines la versión cinematográfica de 1953, donde los marcianos aterrizan en California, y que se aparta de diversas formas del original, convirtiéndose en una alegoría de una invasión soviética en la época de la guerra fría, con uso de bombas atómicas incluidas. Aunque creo que nunca se ha reconocido oficialmente este hecho. En cualquier caso, aprovechó en su estreno esa psicosis de invasión y guerra atómica de los años 50 en Estados Unidos. La película no se había estrenado previamente en España, según creo, y lo hizo en 1979 a rebufo del éxito discográfico. Fui con unos amigos a verla pensando que la banda sonora sería la música a la que nos habíamos acostumbrado… pero nos llevamos un chasco. Así que fui el único que salí relativamente satisfecho. Era el único realmente aficionado al cine y a la ciencia ficción, los otros dos compañeros de clase lo eran al rock.
Desde hace mucho tiempo estaba autoconvencido de que a final de mi adolescencia o en mis veintipocos leí la novela original de Wells. Que me dejaron el libro o lo saqué en préstamo de alguna biblioteca. Tenerlo, no lo tenía en casa con antelación a comprar la edición de los Libros del Zorro Rojo. Pero después de la lectura de esta, ya no lo tengo tan claro. Tengo la sensación ahora de que mis recuerdos de la obra proceden de sus adaptaciones cinematográficas y de alguna posible adaptación a historieta. Nada puedo asegurar. Me baila la memoria. Malditos falsos recuerdos, que todos sufrimos de una otra forma. En cualquier caso, adaptaciones cinematográficas sólo había visto una, hasta la de Spielberg de 2005. Que no me gustó gran cosa. En gran medida por uno de sus mayores defectos… su protagonista, Thomas C. Maphoter IV. Eso sí, tengo un recuerdo agradable de haber visto en televisión la película The night that panicked America, que ficcionaliza los terrores causados por la emisión radiofónica de Orson Welles. Fue una película realizada para su emisión directa en televisión, y ganó un Emmy de tres candidaturas que tenía.
Para quien no se haya enterado aún, la novela narra una invasión marciana. Marte se está convirtiendo en inhabitable, bajo la suposición de que Sol es cada vez más frío (es justo lo contrario), y sus habitantes deciden venirse a nuestro planeta, más cálido por estar más cerca de nuestra estrella. Y por ello lanzan, aparentemente a cañonazos, unos cilindros que contienen los pulposos marcianos y materiales para construir sus gigantescas y trípodes máquinas de guerra. Los primeros cilindros, que llegan a un ritmo de uno por día, caen en los alrededores de Londres, que al fin y al cabo, para la Inglaterra victoriana era la capital de la principal potencia y el principal imperio mundial. La novela está contada parcialmente en primera persona, por un innominado narrador, escritor interesado en diversos temas de actualidad tecnológica y científica, que nos cuenta su peripecia bajo la invasión, así como en tercera persona la de su hermano. Puesto que la narra desde un futuro tranquilo, desde el principio sabemos que la invasión marciana, de alguna forma, fracasará.
La novela es de una oportunidad tremenda, y demuestra que Wells tenía los pies bien puestos en la tierra y que era un observador de la actualidad. Muchas de las observaciones que realiza sobre los marcianos muestran que era un firme adepto de la teoría de la evolución. Obviamente, era uno de los que se había atraído por las especulaciones realizadas por Percival Lowell a partir de las observaciones realizadas en 1894, que a su ver fueron impulsadas por la descripción de los «canales» de Marte por Schiaparelli en 1877. También adelanta las consecuencias de las guerra que están por llegar. Y que en aquellos momentos, en plena Belle époque, parecen lejanas para tantos, aunque tras la muerte de la reina Victoria, escalarán rápidamente las tensiones de la Paz armada, periodo que ya había comenzado tras la derrota de Francia a manos de los prusianos en 1871, y que culminarán con la Primera guerra mundial en 1914. Las guerras previas, desde Crimea en los 1850 y tantos, pasando por las batallas de la unificación italiana o la Guerra civil americana, habían mostrado la cada vez más destructiva capacidad de las armas fruto de la revolución industrial y de que el paradigma de guerra llevado a su mayor exponente en las guerras napoleónicas estaba periclitado. Elementos como el atrincheramiento de tropas, las máquinas de guerra móviles con gran capacidad destructiva o la guerra química son adelantados en este libro. Y lanza previsiones sobre el uso futuro de máquinas voladoras. El fenómeno de los desplazados y los refugiados, el comportamiento rapaz de las poblaciones receptoras de los mismos, también está anticipado.
También lleva la historia implícito el mensaje de que las civilizaciones no son eternas. Y que los imperios se derrumban. Y hay quienes han señalado que Wells, que era un socialista no revolucionario, no marxista, critica a los imperios occidentales, superiores tecnológicamente, por usar esta mayor potencia tecnológica para subyugar a otras culturas del mundo. Si uno repasa bien, salvo las acciones del acorazado de guerra (ignorado en la mayor parte de las adaptaciones de la novela), no hay acciones heroicas. Hay acciones imprudentes de diversos personajes civiles y militares. Y el tono general de los personajes con los que se cruzan el protagonista y su hermano, es de egoísmo, cobardía y sálvese quien pueda. Por otro lado, hay que señalar que si la novela se publica en 1897, la acción se sitúa de forma imprecisa en los primeros años del siglo XX. En un futuro no muy lejano respecto al lector del momento.
Y además de todo lo anterior… es muy entretenida. La peripecia, no por conocida en sus diversas versiones, deja de ser adictiva, lo que hace que el libro se lee en un plis-plas. Lo que más chirría, no sé si para bien, para mal o para todo lo contrario, es la traducción del libro. La obra de Wells ha tenido distintas ediciones en español con diversos traductores. Pero el primer traductor de la obra fue Ramiro de Maeztu en 1902. No sé si este autor varió o realizó nuevas traducciones, o si sólo realizó aquella primera que ha sido utilizada en ediciones posteriores hasta la actualidad. El caso es que el castellano de 1902 es perfectamente comprensible por los lectores de 120 años más tarde, pero a veces es «raro». Lo cual es interesante o curioso en algunas ocasiones, pero resulta rancio o casposo en otras. No todas las «rarezas» suenan o se valoran igual. Hay diversas teorías sobre la cuestión de las traducciones. Pero yo soy de la opinión de que las traducciones hay que actualizarlas periódicamente, porque el idioma evoluciona, aunque deben ser fieles al sentido de la obra original en su idioma original. No se debe perder la ingenuidad del autor inglés sobre determinados conocimientos científicos, sociales o políticos de su época, pero debe hacerse con un lenguaje apropiado al lector al que se le ofrece la traducción, sin caer en la vulgarización que he observado en alguna ocasión en el ámbito de la ciencia ficción. Pero no me considero, ni de lejos lejísimos, alguien con autoridad en este tema. Simplemente un lector habitual que ha generado una opinión con el tiempo. En cualquier caso, supongo que la traducción de de Maeztu habrá pasado al dominio público puesto que el fallecimiento de este autor se produjo, en las tristes circunstancias de tantas muertes violentas de aquellos tiempos, en las primeras semanas de la guerra civil española en 1936. Y creo que en 2021 pasan a dominio público las obras de los autores fallecidos en 1941. Así que si está en dominio público, es la más barata de usar. Estoy suponiendo; no tengo certeza. Porque si buscas en Proyecto Gutenberg… no hay versiones de La guerra de los mundos en español.
En cualquier caso, la lectura de esta obra de ciencia ficción es altamente recomendable. Y yo me lo he pasado muy bien.
Hoy voy con tres series cuyo resultado final ha quedado muy por debajo de las expectativas que había puesto en ellas. Por lo que no me cabe la posibilidad de recomendárselas a nadie con carácter general.
Bonding llegó discretamente, sin hacer mucho ruido, a su segunda temporada en Netflix. La primera temporada me gustó bastante como reflexión sobre las soledades y las mochilas emocionales que arrastramos en la vida. Y con la curiosidad de transcurrir en ese peculiar mundillos de dominas y sumisos del fetichismo SM. La segunda temporada… no es que esté mal. Ni mucho menos. Pero por algún momento me he despegado de los personajes. Si en la primera me sentía capaz de empatizar con ellos, en esta segunda los he visto desde una perspectiva más exterior y neutra. Y no he llegado realmente a conectar con la serie. Ya digo. No está mal. La realización y las interpretaciones son correctas, pero no me han enganchado.
La serie británica de la semana transcurre entre localidades y paisajes de Inglaterra y Escocia. Pues por Escocia pasearemos fotográficamente.
Behind her eyes es una miniserie inglesa, que se estrenó hace no mucho en Netflix, aparentemente con bastante éxito. En principio, la premisa inicial no era especialmente original, pero podía desarrollarse en algo interesante. Un triángulo entre una mujer divorciada, madre de un niño, y el matrimonio formado por su nuevo jefe, un psiquiatra, y su atractiva mujer. Lo que pasa es que empieza a derivar hacia un tono fantástico, por mucho que lo quieran disfrazar de pseudociencia en algún momento, para llegar a un último episodio que es simplemente un despropósito. No me voy a extender por si alguien se quiere animar, no pisarle el desenlace. Pero sinceramente, no lo recomiendo. Podemos comprobar que los británicos también son capaces de hacer series malas.
Y luego llegó WandaVision, un título más que apropiado y que me parece absurdo que en la versión doblada traduzcan como es Bruja Escarlata y Visión. Antes de nada… no soy nada nada nada aficionado a los superhéroes de Marvel. Tampoco a los de DC… pero estos últimos pueden tener un punto de placer inconfesable en ocasiones. Raras ocasiones, pero puede darse. Pero lo de Disney y Marvel con los superhéroes y la capacidad de atraer a tantos espectadores,… nunca lo he entendido y me hace dudar de la presunta inteligencia del género humano. No voy ahora a extenderme en los motivos. Quizá en otra ocasión. Pero como hubo alguna experiencia muy positiva de series del universo Marvel como Agent Carter o Jessica Jones, especialmente su primera temporada, tuve la curiosidad. Además con el antecedente del éxito de The Mandalorian en Disney+. Para mí, la bondad de las dos series mencionadas estaba en la capacidad de sus protagonistas, incluido el malo en el caso de la segunda, para caer bien y generar empatía. Con buen trabajo interpretativo. Y además con protagonistas femeninas. Y escasez total de disfraces de superhéroes de colorines. Decidí dar una oportunidad a una serie en la que trabaja Elizabeth Olsen, actriz que merece mucho respeto, y que podía ser algo distinto de lo de las películas. Además… las peculiaridades en la puesta en escena de los primeros episodios, imitando series clásicas de la televisión americana de los últimos 60 años… pues oye. Pero nada. A partir de un momento dado, se convirtió en un producto típico de la casa. Y además, para rematarlo, en un momento dado se pusieron a mezclar en la trama la tontá de las brujas de Salem. Y cada vez que en una serie americana salen las brujas de Salem… me entran ganas de salir corriendo. Nada. Que no. Que el universo Marvel y yo somos incompatibles. Vaya tontá.