Obituarios: Cornell Capa y Sidney Pollack

Cine, Fotografía

En estos últimos días, hemos tenido que escuchar la noticia de la muerte de dos figuras en dos de los temas que con más frecuencia aparecen por aquí; la fotografía y el cine.

El pasado día 23 de mayo, falleció Cornell Capa, el hermano también fotógrafo del mucho más recordado y afamado Robert Capa. Aunque menos conocido, sus fotografías tienen también un impacto notable y creo que el mejor homenaje que se le puede hacer es visitar su galería de imágenes en Magnum Photos. A la vista de lo cual, creo que hubiera alcanzado mayor renombre si no hubiese estado a la sombra de su mítico hermano. Algunas de las fotos que he visto en dicha galería eran conocidas por mí, pero no les había puesto nombre a su autor. Injusto.

Más conocido por el público general es Sidney Pollack, director de cine fallecido este 26 de mayo. No fue especialmente prolífico, y entre su filmografía podemos encontrar algún producto incomprensible, que nunca se debería haber filmado. Pero es responsable de películas como Out of Africa (Memorias de Africa), Three Days of the Condor (Los tres días del cóndor), They Shoot Horses, Don’t They? (Danzad, danzad, malditos), The Way We Were (Tal como éramos), y mi favorita de este director y una de mis favoritas de toda la historia del cine, Jeremiah Johnson (Las aventuras de Jeremías Johnson). Estos filmes ya bastan para considerarlo uno de los directores importantes de la historia. Estoy pensando que no tengo en mi videoteca particular esta última película. Esta tarde iré a mirar a ver si está publicada.

En cuanto a la foto de hoy, voy a seguir exponiendo imágenes de mi reciente viaje a Italia. Todavía voy por Trieste; estoy liado y no me he metido todavía a revelar los RAW de Venecia. Y al igual que este otro viajero, yo también admiré la cuca iglesia románica de San Silvestro, hoy templo de la iglesia evangélica.

Ante el siglo XII

(Pentax K10D; SMC-DA 21/3,2)

Antes que el diablo sepa que estás muerto (2007)

Cine

Antes que el diablo sepa que estás muerto (Before the Devil Knows You’re Dead, 2007), 25 de mayo de 2008.

En el día en que todo el mundo se fue a ver la última de Indiana (que no tardará en caer), veo una buena crítica de este film de Sidney Lumet, y a ello que nos vamos. Para empezar, porque Lumet empieza a ser uno de los pocos clásicos vivos que queda; además, porque el reparto prometía y mucho.

El filme parece un drama. Situado alrededor del atraco a un joyería, en el que mueren dos personas. A partir de ahí, y con una estructura temporal no lineal, en el que vamos hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, vamos conociendo los hechos que desencadenan la situación del atraco y sus consecuencias. Algunos hechos los conocemos desde el punto de vista de distintos personajes. Poco a poco, vamos comprendiendo que lo que estamos viendo no es una drama. Es una tragedia. Una tragedia que va envolviendo a los personajes de forma inexorables, ya que son incapaces de controlar las consecuencias de sus propias y nefastas decisiones.

El filme comienza con una sorprendente (en el cine americano) escena de cama, cuyo sentido se va entendiendo a lo largo del desarrollo de la trama, y poco a poco nos introduce en los elementos necesarios para comprender el desenlace final. El ritmo es lento al principio, y progresivamente se acelera, pero permitiendo al espectador asimilar las situaciones. La imagen es poderosa, con una iluminación dura, que nos envuelve en una atmósfera muy determinada.

La interpretación es de lo mejor que se puede ver hoy en día. Philip Seymour Hoffman, como ya he comentado en otras ocasiones, se muestra como uno de los mejores actores del momento, capaz de interpretar registros muy diversos con gran competencia. Y aquí lo demuestra una vez más. Ethan Hawke y Albert Finney, que son el resto de personajes protagonistas, componen asimismo personajes convincentes, llenos de matices. Saliéndose de cualquier ensillamiento. En un papel más pequeño, y no especialmente agredecido por la personalidad del personaje, Marisa Tomei nos muestra también que es una actriz sumamente capaz y desaprovechada en el cine actual.

En resumen, buen cine; muy buen cine. Altamente recomendable. Yo le pongo un ocho a este filme, con la misma nota en la dirección y un nueve en la interpretación.

La imagen de hoy, la lluvia en la ciudad de Trieste, en mi último viaje.

Piso mojado

(Fujifilm Finepix F10)

Una chica cortada en dos (2007)

Cine

Una chica cortada en dos (La fille coupée en deux, 2007), 18 de mayo de 2008.

Me quedaba pendiente de comentar esta película francesa de Claude Chabrol, que se me quedó en el tintero por salir de viaje durante toda la semana. A mí, las películas de este director francés me dejan siempre una sensación rara. Tiene cosas que me gustan, pero por otro lado son películas que no me acaban de resultar redondas.

En este caso nos encontramos con la historia de Gabrielle (Ludivine Sagnier), una chica del tiempo en una televisión local de Lyon, que se debate entre elegir a un viejo escritor, algo calavera (François Berléand) o a un rico heredero de extraño y violento pasado (Benoît Magimel). Se decide por el primero, que le lleva por una relación poco comprometida y, podríamos decir, libertina, y que terminará cuando ella pida más compromiso. A continuación, será recogida por el joven heredero y todo transcurrirá dentro de una historia de extraños celos hacia una tragedia con extrañas resoluciones.

A mí, el conjunto de la historia me parece que no tiene mucho sentido, o tal vez, no tiene gran interés. El personaje central es el de Gabrielle, que para concitar la atención de semejantes pretendientes, debería tener una personalidad notable. Pero al fin te planteas que todo lo que le pasa es simplemente porque está buena, que lo está, y es algo tonta, que a mí me parece que lo es. Y claro, la historia de una chica mona y tonta,… pues tiene un interés muy limitado.

Los actores son buenos, aunque siempre penalizados en la versión doblada por el mal doblaje que tradicionalmente tienen las películas francesas. Pero como la película tampoco me da mucho más de sí, tampoco me entusiasman.

En resumen, lo del principio. Se ve alguna cosa interesante, pero sin que me llegue a interesar el tema. Ni veo a quien el puede interesar. Le pongo un cinco, con un seis en la dirección y otro seis en la interpretación.

En la imagen, sigo con alguna de las que he tomado en estos días de viaje. En concreto, la ciudad de Trieste, en la orilla del mar.

(Pentax K10D; SMC-DA 21/3,2)

Último día y medio en Venecia y vuelta a la dura realidad

Viajes

En el segundo día de mi estancia en Venecia, me armo de valor, pienso en que no queda más remedio, y me encamino a la plaza de San Marcos, donde si de algo estoy seguro es de que estará hasta arriba de gente. En un momento dado me planteo que la única forma de apreciar los detalles de los monumentos es fijándome en los dibujos que alguna artista confundida entre la multitud hace.

Pero bueno, en una mañana con nubes y claros, uno se arma de paciencia y buen humor, y va viendo los distintos hitos de la plaza. Uno de los momentos mejores es subir al Campanile, por la bella vista que se aprecia desde lo alto, que dará lugar a bonitas panorámicas,… cuando encuentre un rato para revelarlas.

Después de visitar la plaza, otra obligación, la de visitar el palacio ducal. Siempre me ha llamado la atención esa costumbre que tienen los turistas de tirar monedas a los pozos. Aunque estén tapados por una rejilla y no caigan al agua. Un poco absurdo. Pero mejor nos centramos en la visita, con las bellas estancias del gobierno de la antigua República de Venecia, y las vistas hacia la Catedral. A la salida, como es de rigor, foto de las góndolas en primer término, con vistas de San Giorgio Maggiore.

Tras la visita a los monumentos principales, decido alejarme del follón de las multitudes y tras comer en una cuca trattoria poco frecuentada por turistas, me dedico a callejear en dirección a San Zanipolo, entre Largos con sus puestos de venta, recoletos rincones entre los canales, con lluvia incluida, y alguna sorpresa en la rotulación de las calles. Y no, los venecianos no rotulan sus calles en español. Pero en su dialecto particular, no llaman a sus callejones vías, sino calles, como en estos lares.

Finalmente, visita a San Zanipolo (o de forma más precisa San Giovanni y San Paolo), último hito callejero antes de dirigirme a la Fundamenta Nuove con el fin de embarcarme en un vaporetto para visitar algunas islas en la Laguna Veneta.

En una tarde, nublada, con chubasquillos suaves de vez en cuando, me dirijo a Murano, donde paseo entre las factorías de vídriro y las múltiples tiendas con productos… de diverso gusto… unos monos y otros no. En cualquier caso, aprovecho para comprar algún detalle.

Vuelvo a embarcarme, esta vez con destino a Burano, con sus casitas pintadas de vivo colores, que resaltan con el suave sol del atardecer, una vez desaparecidas las nubes que han incordiado buena parte del día. Parece que a estas horas los turistas se han ido, y la isla está tranquila. En la terraza de algún bar, unos ancianos del lugar, entonan canciones tradicionales, especialmente motivados por los vinos del lugar,… o de algún otro lugar. Eso sí, producen el arrobamiento de un par de turistas americanos que siente que por fin han dado con la quintaesencia del ser italiano o veneciano. Pues bueno,… si eso les hace felices. En cualquier caso, la escena es divertida. Especialmente cuando uno de los ancianos, todavía más motivado por el vino o la cerveza, comienza a declarar su amor por la californiana de mediana edad, que no acaba de pescar el exacto significado de los «i love you».

Vuelta con el vaporetto a la ciudad, lo que permite disfrutar del atardecer en la Laguna Veneta en todo su esplendor. Está muy bien.

Después de cenar algo, con la noche ya cerrada, me acerco al Puente de Rialto, hasta ahora ignorado. Será la última visita del día, al mismo tiempo que la primera visita del día siguiente. Es el último día, y tengo tres horas para dar una vuelta antes de coger el vaporetto en dirección al aeropuerto.

Tras la visita al Puente de Rialto, vuelta a callejear que es lo más divertido de la ciudad. Unas máscaras, alguna bonita iglesia de fachadas de marmol blanco, nuevos rincones recoletos entre los canales.

Finalmente, llego no sin problemas, tras perderme un par de veces en el laberinto de callejuelas y canalillos, al Arsenal, donde hago las últimas fotos en plan turístico.

Para el aeropuerto cojo el vaporetto rápido, más caro, pero que me permitirá comer algo antes de meterme en la maraña de facturaciones, control de pasaporte y embarque que suelen ser los aeropuertos italianos. Sólo vamos dos pasajeros en el vaporetto, aparte del piloto, un asiático y yo. El asiático va preocupado por los botes que da el vaporetto, más rápido que los habituales, al cruzar las olas que provocan en la laguna las otras embarcaciones. Yo voy preocupado porque en los 40 minutos que dura la travesía, el piloto va más preocupado de hablar por el telefonino que de pilotar el barco. Pero al final, llegamos con bien.

Y aquí acaba la historia. Una escapada tranquila, casi relajada (salvo por las multitudes en algún momento), que ha merecido, y que ha sido reflejada con mi Pentax K10, con SMC-DA 21/3,2, SMC-A 50/2 y SMC-A 100/4 Macro, con el apoyo de mi Fujifilm Finepix F10.

Todas las entradas de este viaje, se han reunido en un artículo único en mi página De viaje con la cámara al hombro.

Venecia con buen tiempo, muchos turistas… pero da igual

Viajes

Finalmente, fuera trabajo y bienvenidas unas mini-vacaciones de dos días. Y aprovechando que el Adriático pasa por Trieste, me vengo a Venecia a pasear un poco. De momento, no va mal. El hotel es aceptable. Está bien arreglado, es caro como todos en esta ciudad, y tiene vistas a un canal. Vamos que como haya una acqua alta, me ahogo porque me entra el agua del canal.

En fin, ya se sabe que esta ciudad va de canales, góndolas y palacios en las orillas de los canales, y a los que se llega con las góndolas. O con lo que se quiera que navegue. Y puestos a navegar, en cualquiera de los innumerables vaporettos que surcan arriba y abajo el gran canal. En eso consiste el turismo en Venecia. Y tener cuidado de no caerse al canal, claro.

Lo de los palacios me impresiona mucho. Sí, por bonitos también. Pero ahora no estaba pensando en eso. Estaba en que no ganarán para pintura. Por que con esta humedad, no habrá techo que no se desconche. Pero bueno. Son bonitos. Y es la gracia de los canales. Porque si en vez de palacios hubiera chabolas, ya veríamos quien venía de visita a ver esta ciudad.

También hay un considerable número de museos. Ayer visité dos. La Gallería dell’Academia, que no está nada mal, y la siempre cuca Fundación Peggy Guggenheim. Claro que Miss Peggy debía ser una cochina,… porque vaya obscenidad de esculturas que se compraba.

La puesta de sol me ha pillado paseando por las orillas del Canal de la Giudecca. Todas las fachadas iluminadas por un sol que no ha aguantado mucho, porque unos nubarrones lo han ocultado prematuramente. De momento, sin mayores consecuencias.

Así que me he ido hacia el Campo Santa Margherita, donde me he tomado tranquilamente un spritz, y después me he ido a cenar. Antes de irse al hotel un paseíto. El primer paso por la Piazza de San Marco, donde pequeños grupos de músicos actuaban como reclamo para las carísimas terrazas de la plaza.

Y esto es todo por ahora. Probablemente, el resto de la estancia en Venecia os la cuente ya llegado a Zaragoza. Hasta la próxima.

Por fin Trieste con sol

Viajes

Ayer, por fin salió el sol en Trieste. Con lo que la cara de la ciudad méjoro notablemente. La mañana la pasamos en nuestras reuniones de trabajo. Pero aun encontramos un momento para hacernos una fotillo los que íbamos desde Aragón con el simpático Marco. No el que fue a buscar a su mamá; otro mucho más divertido.

Elemento importante a considerar en nuestra estancia, la trattoria en la que medio por azar medio por propia voluntad, hemos ido a cenar sistemáticamente todas las nochas, haciéndonos buenos amigos del tipo que la lleva, y que nos ha ofrecido unas insalatas, unos risottos, una pasta, y unos pesci fritti o al griglio, absolutamente excelentes.

Por supuesto, como vengo diciendo desde hace años, si en una ciudad hay tranvías, esa ciudad me suele gustar. Y Trieste, pasado los primeros grises y húmedos momentos, me ha resultado una ciudad destartalada pero agradable. Y tan competente como cualquier otra ciudad italiana a la hora de ofrecer sus salumerie con sus quesos, sus pastas, sus setas, sus… mmmmmmm, que bueno.

El lugar más emblemático es la Piazza della Unitá d’Italia, con edificios magníficos como el antiguo palacio del gobierno de Trieste. Esta ciudad fue un estado independiente durante siete u ocho años tras la Segunda Guerra Mundial. También conviene acercarse del mar a la hora del atardecer, ya que el ambiente es magnífico.

Por el interior de la ciudad, encontraréis otras atracciones; sencillas pero coquetas, como el teatro romano. Cuestión de darse un paseo, sin muchas prisas, y disfrutando.

Ahora he llegado ya a Venecia, donde todo será muy bonito, pero lleno de gente y de follón. En fin. Ya os contaré. Ahora saldré a comer algo y a dar un laaaaaaaargo paseo hasta la noche.

Estoy en Trieste, trabajando (o reunido, vamos) y llueve… mucho

Viajes

Pues eso, que ayer salí de Zaragoza en dirección a Trieste. Hasta hoy no he podido informar de la cuestión, pero bueno aquí estoy. Como el tiempo es malo, y me he pegado casi todo el día reunido, pocas fotos hay. Pero algo es algo y menos es nada.

Salí de Madrid, de la temida T4, que no resultó para tanto. Es grande. Y todo está lejos. Pero por lo demás, despejada y con poco follón.

En Venecia, notas el caos al que tienden los italianos, pero como llegamos puntuales y el transporte en autobús a Mestre fue bien, a la hora prevista estaba en la bulliciosa estación de esta ciudad satélite de Venecia para coger el tren hacia Trieste. Como de costumbre, los trenes italianos tienen ese aspecto cutre indefinible, pero hay muchos, y no van mal… para ser regionales.

Desde que llegué a Trieste, el tiempo ha estado muy nublado y hoy ha llovido todo el día. Ayer lunes, por la noche aún me dio para tomar alguna toma nocturna de la Piazza dell’Unitá d’Italia.

Hoy, todo el día reunido. El entorno del lugar donde nos encontramos, perteneciente a la administración pública de salud del lugar, es muy agradable, pero tan apenas me ha dado tiempo a tomar ninguna imagen. Y además, no sé si lo he dicho, todo el día lloviendo. A ver si mañana os puedo contar algo más.

Deporte, pintura y escopeteros

Política y sociedad

Como anunciaba ayer, hoy salgo camino de Italia. Desconozco cuándo y cómo volveré a mandar nuevas entradas. Mi intención cuando salgo de viaje es aprovechar las posibles conexiones a internet para ir contando como me va y mostrando imágenes. Pero nunca se sabe…

En cualquier caso, este domingo salí por la mañana con la cámara, porque la primavera estaba muy animada en Zaragoza, y aprovechando que el sol lucía, pues nada… a ello.

En primer lugar, me topé en la Plaza de Aragón con algunos corredores de una de estas carreras populares que proliferan con el buen tiempo. Una carrera para todas las edades… si se está en forma.

Carrera popular para todas las edades

Después, en el Paseo de la Independencia, un campeonato de baloncesto callejero «tres contra tres», ocupaba una buena parte del espacio. Casi todo adolescentes y críos; pero tenían aspecto de estar pasándoselo muy bien.

¡¡¡Canasta!!!

Al pasar por la Plaza de Ariño, los pintores que todos los domingos se instalán aquí y en la Plaza Santa Cruz estaban muy animados y con bastante concurrencia de público, aunque no sé si de ventas.

Pintora entre pinturas

Llegado al Arrabal, poca gente había por las calles y plazas, alguna tan recogida como esta Plaza del Rosario que casi no parece estar en una ciudad del tamaño de Zaragoza.

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Finalmente, en el Parque del Tío Jorge, se celebraba un homenaje a dicho personaje y a los escopeteros del Arrabal en el marco de las fiestas populares de dicho barrio. Y allí estaban jugando a soldaditos y tirando algunos tiros.

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En fin, que una mañana de lo más entretenida, con mi Canon EOS 40D y los objetivos EF 24-105/4L IS USM y EF 200/2,8L USM.

Día internacional de los museos, la tetera de Russell y me voy a Italia

Ciencia, Política y sociedad, Viajes

Proclaman hoy en las radios que es el Día Internacional de los Museos. Por ello, organizan actividades especiales y se entra gratis o a precio reducido. Me ha producido cierta amargura esta noticia. Recuerdo que en 1990, año en el que viví en Madrid, cualquier ciudadano de la Comunidad Europea (todavía no se llamaba Unión Europea entonces) entraba a los museos públicos españoles gratis en cualquier momento simplemente mostrando el DNI o el pasaporte. Cualquier día era el Día de los Museos. Pero llegaron los burócratas de Bruselas y decidieron que eso no podía ser. Que qué tontería lo de la cultura. Que toda actividad económica tenía que ganarse la vida por si misma, sin subvenciones, y que había que cobrar. Es el problema. No hemos superado todavía la Europa de los Mercaderes. No hemos sido capaces de avanzar hacia la Europa del Ciudadano, de las Culturas, de las Ausencia de Fronteras, de…

En otro orden de cosas, un amigo me manda una nota sobre la Tetera de Russell. Russell es Bertrand Russell, uno de esos filósofos de los que muchos hablan pero a los que casi nadie lee. Os pongo un párrafo que muestra la idea.

Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se la enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se la instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara ameritaría la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores.

Bertrand Russell

Hoy día se han propuesto analogías similares para luchar contra la superstición en tono divertido, como el Unicornio Rosa Invisible o el Monstruo Volador de Espagueti. Yo soy especialmente adepto a este último. Aunque siempre me provoca cierta tristeza que en la sociedad actual se encuentre en desventaja quien utiliza la razón y la experimentación para adquirir conocimiento, frente a quien transmite creencias basadas en supersticiones, en mitos, en… nada.

Pero nadie me va a amargar el día. Porque mañana salgo de viaje hacia Italia. Que a pesar de su deriva política, sigue siendo un país bellísimo. Estaré seis días. La mitad de ellos tengo una reunión de trabajo. En Trieste. La otra mitad, aprovecharé para darme unos paseos por Venecia. Si no se hunde mientras tanto, claro. Os dejo una foto de la ciudad ducal.

(Pentax P30N; Sigma 28-70/3,5-4,5)

SoFoBoMo

Fotografía personal

Hace un tiempo encontré una iniciativa en internet. Se trataba de SoFoBoMo. La cuestión que se planteó es que hay mucho fotógrafo dedicado a procrastinar. Procrastinar es una palabra de moda, que básicamente significa hacer el vago buscando excusas para no hacer algo. Para ello, han propuesto que durante el plazo de un mes, un fotógrafo realice un proyecto que se convierta en un libro susceptible de ser impreso.

Y he decidido participar. Por ello, y en el plazo de un mes, escaso, he preparado un librio con fotografías del reportaje sobre El mercado de los Sitios (PDF; 13,2 Mbytes), que tomé el pasado 4 de mayo.

No es que yo necesitase el estímulo. Elaboro fotolibros a partir de los reportajes de mis viajes, y también de las fotografías que tomo cotidianamente cada tres o cuatro meses. Pero me apetecía solidarizarme con la iniciativa. Así que ya está. ¡Qué social me estoy volviendo!

La foto de hoy, como no podía ser de otra forma, tomada en dicho mercado.

Estrellas

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

Experimento abandonado y canción de la semana

Música, Páginas personales

Hace unas semanas comencé con un fotoblog bajo el nombre 50mm. Pues bien. No me convence mucho como iba marchando y he decidido dejarlo en stand-by. Es decir, parado. Cosas que pasan. De momento, ya me vale con mantener este.

Pasando a algo más alegre, ayer miércoles volvía a escuchar el espacio de La Ventana en el que Jaime Urrutia y Ariel Rot nos proponen redescubrir canciones de antaño. Rot nos propuso una sosa canción de Paul McCartney titulada Fine Line. Un poco rollo. Como mucho de lo que nos ha ofrecido a lo largo de su trayectoria post-beatle el bueno de Sir Paul. Pero he aquí que Urrutia nos devolvió lo suficientemente para atrás para suscitar un divertido debate y para evocar no menos divertidos o entrañables recuerdos. Propuso El gato que está triste y azul de Roberto Carlos (para los más jóvenes, un señor brasileño que no se dedicaba a jugar al fútbol sino a cantar), una de las canciones más machacadas por las radiofórmulas y la televisión española (y única) de los 70s. Algo quedo claro. Nadie sabía muy bien por qué el gato estaba azul. A mi se me da que procede de una mala traducción del original en italiano Un gatto nel blu, en el que la palabra blu adoptaría el mismo significado que el blue en inglés norteamericano. Ese estado de tristeza melancólica… con lo que el título en español sería totalmente redundante.

En cualquier caso, a continuación os ofrezco un vídeo con el look tardosetentero del cantante, que por supuesto es impagable. Y qué romantico… oche.

Ya sé que no llega al cachondeo del soldadito, pero menos da una piedra. Y a mí también me parece gracioso.

En la foto, un gato. Que no está azul. Más bien aburrido. En Medinaceli, provincia de Soria.

(Canon EOS D60; EF 24-105/4L IS USM)

Iron Man (2008)

Cine

Iron Man (2008), 13 de mayo de 2008.

Segundo fin de semana que vamos a ver película intrascendente, por mero entretenimiento. Y esta va de uno de los superhéroes de la Marvel. Llevan ya unas cuantas películas hechas a partir de estos personajes, pero supongo que les quedan un buen puñado todavía.

Yo de niño consumí moderadamente estos tebeos. Entonces no los llamábamos cómics. Era tebeos. Cuando digo de niño me refiero a que comencé a leer alguno allá a los ocho años, y no creo que leyese ninguna más pasados los diez u once años. Compré muy pocos. Los intercambiábamos. Con lo cual, las historias que se continuaban nunca las leía en el orden adecuado. Me daba igual. Nunca tuve un superhéroe favorito, pero en los tebeos de los Vengadores, salía un personaje que se llamaba Wanda, la Bruja Escarlata, que me producía una extraña desazón, que sólo algunos años más tarde identifique inequívocamente con el deseo sexual. Pero de esto tenía yo poca conciencia entonces. No fui un retrasado en mi desarrollo sexual, pero tampoco precoz. Cada cosa a su tiempo. Y estos son casi todos los recuerdos notables que de aquella época y sobre aquellos tebeos me quedan.

Así que este tipo de películas las he recibido siempre con la debida distancia y frialdad. También dándoles las debidas oportunidades como a cualquier otro filme de aventuras. Lo que pasa es que con casi todas me pasa lo mismo que con este, dirigida por Jon Favreau. Con líneas argumentales básicas:

  • Tipo que descubre o adquiere «superpoderes».
  • Tipo que las pasa canutas cuando los empieza a usar.
  • Tipo que mejora la cosa.
  • Tipo que se enfrenta finalmente a uno muy malo, más fuerte y más rápido, pero al que vence.

Entre medio, puede tener amoríos, o al menos algún tipo de tensión sexual con una bella moza, y algún que otro conflicto familiar o social, según la naturaleza de sus poderes… pero no hay más. Bueno sí… un despliegue absurdo y atronador de pirotecnia y otros efectos especiales, que aseguran que la historia nunca sea lo importante en la película.

En la que aquí nos ocupa, se han preocupado de que el reparto sea de campanilla. El héroe es Robert Downey Jr. El malvado, un irreconocible Jeff Bridges. ¿Os acordaís de cuando le tocaba el piano o lo que sea a Michelle Pfeiffer, o cuando era el Gran Lebowsky? Pues ya ves. El florero de turno, Gwyneth Paltrow con su carrera como actriz en caída libre.

En el argumento nada original. Y ya cansa el tema de los árabes/afganos o similares que son malísimos y tontos. No son originales ni para buscar nuevos villanos. Queda pueril. Sin embargo, la película cumple con el objetivo de entretener. Y el Downey consigue hacer un personaje un poco más simpático y con un poquito más de personalidad que en otras por el estilo. Al final, buscas dónde vomitar la dosis de maniqueismo barato que destilan estos productos, y te vas a casa o donde sea a buscar un poco de estímulo intelectual.

Yo le pongo un cinco en la valoración subjetiva, con otro tanto en la dirección, y un seis en la interpretación, porque me cae simpático el protagonista. Y ya está. A olvidarse de la cuestión.

En la película me queda la duda de si el protagonista es un gran científico. Pero lo que sí resulta ser es un notable herrero; como el que había recientemente en el Mercado de los Sitios en el Barrio de San Gregorio.

En el fuego al rojo

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

Nota geek: Los monitores de los ordenadores del bueno son de Apple. Lo del malo son de Dell. ¿Ambas empresas hacen product placement? ¿O sólo lo hace Apple, desacreditando también los productos rivales? ¿O es cosa del diseño de producción de la película que identifica una marca con lo bueno y la otra con lo malo? Rediez,… me carcome la duda.