Después de leer varias críticas muy elogiosas de esta película dirigida por Mark Mylod, director que procede del medio televisivo donde ha participado en varias series prestigiosas, teníamos muchas ganas de verla. Especialmente porque además viene acompañada de un reparto interesante. Aunque no sabíamos muy bien qué íbamos a ver… ¿una de terror? ¿una comedia negra? ¿una de misterio? De todas estas formas y alguna más la habíamos visto calificada. En fin… que al final, al borde de la descalificación, pronta a desaparecer de cartelera, nos fuimos a verla.
Capri no es una isla privada. Pero por su carácter… de turismo de cierto nivel, aunque se llene de masas del «populacho» cotidianamente, nos servirá para ilustrar la entrada.
Una pareja formada por un comidista (Nicholas Hoult), o foodie para quienes no pueden pasar sin anglicismos, y su acompañante femenina (Anya Taylor-Joy) se dirigen a una cena extremadamente exclusiva, y extremadamente cara, a una isla privada, cocinada por el equipo de un famoso y extravagante chef (Ralph Fiennes). En el barco que les lleva a la isla coinciden con un exclusivo grupo de comensales, con quienes compartirán la cena. Pero la Margot, la acompañante del comidista, pronto sospechará que esta cena tiene gato encerrado y que algo va mal. Lo que pasa es que el chef también sospechará lo mismo. Que ella no es lo que parece.
De todos los calificativos que se le han puesto a esta película, creo que los que mejor se le ajustan son los de sátira y comedia negra. La película, como otras que están alcanzando el éxito en los últimos tiempos, enfila sus dardos contra las modas de los modernos ricos, celbridades y empresarios que son cáscaras vacías, ya que más allá de su capacidad de hacer dinero no tiene nada más y son más falsos que un duro de cuatro pesetas. Aunque el ritmo y el tono se diferencia de la reciente película del detective Benoit Blanc, en realidad son dos películas profundamente emparentadas, que ponen en solfa los mismos valores, o la misma carencia de valores.
No obstante, la película carece de la brillantez que se nos había prometido en las entusiastas críticas. Entendámonos, está bien, y cuenta con un sólido trabajo interpretativo. Pero su ritmo, a pesar de no ser excesivamente larga, para los estándares actuales, es irregular… y quizá padezca de un exceso de… palmadas. Cuando la película empieza a sorprender realmente, cuando descubre su auténtico, y sangriento, tono te pilla en frío. Pero se deja ver y es entretenida. Quien quiera verla imaginando las caras de sus celebridades preferidas sustituyendo los rostros de los sólidos intérpretes de este reparto, se lo pasará bien. Y creo que las interacciones entre Fiennes y Taylor-Joy, que prometían más, están desaprovechadas, y podrían haber generado más interés.
La películas de investigación periodística basadas en casos reales forman un género en sí mismo, que no se da todos los días, pero de vez en cuando hay surge alguna película que resulta interesante. Y en algunos casos se ha vuelto realmente célebre, y celebrada por los críticos y el público cinéfilo. Pero al mismo tiempo, es un género que puede ser carne de telefilm barato, de domingo por la tarde a la hora de la siesta. Dirigida por Maria Schrader, y con dos buenas actrices al frente, esta película que nos cuenta la investigación del caso con el que por fin se pudo llevar al otrora todopoderoso productor cinematográfico Harvey Weinstein a las páginas de un periódico y prestigioso, y a juicio donde fue declarado culpable de violación y otros delitos contra la libertad sexual. Se dice que es el caso que comenzó con el movimiento #metoo, pero en lo que yo entiendo este ya estaba en marcha porque las declaraciones públicas contra la conducta de Weinstein ya llevaban un tiempo sucediéndose, si bien sin la repercusión mediática debida y sin repercusión legal. Pero sin duda el artículo de The New York Times lo impulsó estratosféricamente.
La película nos presenta a dos periodistas de este conocido medio neoyorquino, Megan Twohey (Carey Mulligan) y Jodi Kantor (Zoe Kazan), que llevaban trabajando un tiempo en el tema de los abusos y los comportamientos inapropiados contra la mujeres en diversos medios, especialmente Twohey, aunque ambas eran ya unas bregadas reporteras. Tras recoger algunos testimonios de algunas mujeres que habían alegaban haber sido objeto de abuso sexual por Weinstein, dieron comienzo una investigación que culminó con un artículo en profundidad publicado a principios de octubre de 2017. La película nos narra la compleja y laboriosa investigación.
Lo cierto es que cuando salimos de las salas de cine estábamos muy contentos. La película nos había gustado, contaba con las buenas interpretaciones, contenidas pero profundas, de las protagonistas y diversos interpretes secundarios, y daba la sensación de que Schrader había conseguido una película bastante redonda. Sinceramente, un pensamiento posterior te deja con la sensación de que le falta algo. Quizá no sea todo lo contundente que podría haber sido en la denuncia, no de Weinstein sino del entorno y del conjunto de la sociedad y la industria del cine y los medios que habían colaborado a tapar unas conductas y unos hechos delictivos como estos. Por dar un dato, el artículo de Twohey y Kantor fue seguido cinco días más tarde por otro en The New Yorker, que realizó Ronan Farrow, único hijo biológico de Mia Farrow y Woody Allen, que no se dio a conocer antes porque una conocida cadena de televisión, la NBC, lo desechó tras conocer las investigaciones previas. Lo cual no les deja precisamente en buen lugar.
Aun con la sensación de que la excelente sensación inicial que deja la película se diluirá con el tiempo, no deja de ser un filme absolutamente recomendable. Cumple bien con su objetivo, tiene unos trabajos actorales muy buenos, y está bien hecho.
Este año tengo registradas como vistas entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2022 un total de 68 películas de estreno. Por ser más precisos, fue entre el 5 de enero y el 30 de diciembre de 2022. De esas 68 películas, vi 43 en salas de cine, mientras que las restantes 25 fueron estrenos directos en plataformas en línea. Algunas de estas últimas tuvieron un estreno simbólico en salas de cines, de unos pocos días, generalmente una semana, con un número de sesiones limitado, que salvo casualidades, que están registradas como vistas en salas de cine, impidió acudir a estas para verlas. Porque sinceramente, aunque lo vaya a tener disponible en la televisión una o dos semanas más tarde, prefiero ver el cine en pantalla grande. Pero cada vez lo ponen más difícil. De los estrenos en plataformas de contenidos, la inmensa mayoría corresponden a Netflix, 21 películas, mientas que Amazon Prime Video y Apple TV suman dos cada una.
Las películas que tengo registradas en mi base de datos desde el 28 de diciembre de 1997 hasta la fecha son un total de 1498. Pensaba que iba a llegar a la película en 1500 en 25 años, pero cuando llegó ese aniversario me había quedado corto por tres. Como hoy 2 de enero de 2023 he visto la primera película de este nuevo año, la siguiente que película de estreno que vea, sea en salas de cine o en plataforma en línea, será la 1500. Existe una probabilidad alta que sea una película de plataforma en línea. Ya veremos.
De las dos películas en primer lugar, he decidido homenajear fotográficamente las tierras irlandesas. Además del sabor irlandés de la película británica de Branagh, tenemos que considerar también que hay una película irlandesa en la lista que también dejó un excelente sabor de boca.
Para todas las películas que ve incluyo cuatro valoraciones: dirección, interpretación, subjetiva y global. Para conocer los criterios por los que valoro las tres primeras, visitad la explicación correspondiente. La valoración global es el resultado de aplicar una fórmula matemática de mi invención:
Global = (Subjetiva*3 + Dirección*2 + Interpretación)/6
–
Por supuesto, el dar más peso a unos elementos que a otros es algo totalmente personal. Pero es que si incluyo algo que se llama “valoración subjetiva” en la fórmula, pues es lo que podéis esperar; una valoración subjetiva, aunque motivada, de lo que más me gusta. Que no necesariamente tiene que ser lo que le guste a otros. No hago crítica cinematográfica; solo comparto lo que veo y lo que me parece.
Hay otra cuestión. Si se contrasta la lista que ofrezco en la entrada de hoy con las valoraciones de cada una de las películas en el momento en que las vi y las comenté, pueden no ser iguales. La valoración personal de una película cambia con el tiempo, y también puede suceder que visionados posteriores, por ejemplo en vídeo o televisión, hagan cambiar también esa valoración.
La valoración media ha sido de 3,35 puntos; lo que me ha sorprendido, porque es la puntuación media más alta de estos 25 años, cosa que no esperaba. Con una variabilidad en las puntuaciones que es la segunda más baja de toda la serie. Como digo habitualmente, podríamos decir que no selecciono mal las películas que voy a ver, aunque me he tragado algún pestiño que otro. Como he mencionado en otras ocasiones, el rechazo a ir por sistema a ver determinados blockbusters, me ahorra películas malas. Por ejemplo, evito en líneas generales el cine de superhéroes. Que sistemáticamente… no me gustan. Este año… no he visto ninguna. Y digo que me ha sorprendido, porque todo este año hemos estado incómodos con la oferta cinematográfica. Como ya he comentado en otras ocasiones, sólo vamos a ver versiones originales. El doblaje nos parece una aberración y una adulteración de la obra cinematográfica. Pero, en Zaragoza, aunque parece que se estrena el mismo número de películas en versión original subtitulada que desde hace unos años, la verdad es que duran mucho menos en cartelera y lo hacen en horarios que no siempre vienen bien, especialmente para personas que madrugan para ir a trabajar o tienen responsabilidades domésticas, como sucede a casi todos los de nuestro grupo de amigos aficionados al cine. En algún momento, me he tenido que ir solo para ver algo que me interesaba. Cierto es que la cultura cinematográfica en nuestra ciudad es mala, y en alguna ocasión hemos estado solos en la sala de proyección. La gente no aprecia las versiones originales. No quiere pensar, no quiere esforzarse, no ama realmente el cine. Solo le gusta pasar el rato y atiborrarse de palomitas de maíz con abundancia de sal y grasa, con litros de cocacolas y similares, dispuestos a hacer ruidos con la boca y la garganta durante toda la película, y a promover la incidencia y la prevalencia de enfermedades cardiovasculares y diabetes. Y los exhibidores lo fomentan porque por poco gasto sacan dinero. Luego hablan de que fomentan la cultura.
¿Existen diferencias de calidad entre los distintos proveedores? Veamos una tabla.
Proveedor de películas
Número de películas vistas
Puntuación Global Media
Puntuación Subjetiva Media
Sala de cine
43
3,53
3,35
Netflix
21
3,04
2,88
Apple TV
2
3,58
3,00
Amazon
2
2,50
2,50
Totales
68
3,35
3,05
Parece que hay más calidad habitualmente, o por lo menos desde mi punto de vista, en las salas de cines. Valorar la oferta de Apple TV en aislado es complejo por que sólo he visto dos películas de cada una de ellas; pero subjetivamente creo que la compañía de la manzana cuidad más la calidad, mientras que en Prime Video prima el entretenimiento. El caso de Netflix es más fácil de valorar. Por haber producido películas muy interesantes en los últimos años, existe la sensación en algunos de que hace buenas películas. Pero lo cierto es que esas 21 películas son una pequeña fracción de lo que estrena. Produce mucho, y mucho de calidad básica en el ámbito del entretenimiento. Sólo unas pocas películas tienen nivel alto. Si en promedio las películas que he visto de la plataforma aprueban es porque selecciono lo que veo. Aun así, algunas de las películas que he visto de esta plataforma son de lo peor valorado. En series de televisión, Netflix alcanzó un gran prestigio en sus primeros tiempos como plataforma de contenidos en internet. La plataforma existía anteriormente con otros modelos de negocio, no hablo de esos tiempos. Pero en la actualidad también emite mucha morralla. Luego se quejan de que no les salen las cuentas.
A continuación, las diez películas que más he valorado. Que no son diez, por los múltiples empates en la puntuación de cuatro; son catorce. Y otra cosa… he excluido las que he visto en sesiones únicas del ciclo de cine surcoreano. Cuatro de ellos se habían colado en la lista, alterando la realidad del año.
Vamos con la lista de diez, que en realidad son quince:
Título
Nacionalidad
Dirección
Interpretación
Subjetiva
Global
Belfast
Reino Unido
5
4
5
4,83
Drive my car
Japón
5
4
5
4,83
Licorice Pizza
EE.UU.
5
4
4
4,33
È stata la mano de Dio
Italia
5
4
4
4,33
Broker
Corea del Sur
4
5
4
4,17
Corsage
Austria
4
4
4
4,00
Soseolgaui Yeonghwa [소설가의 영화] (The Novelist’s Film)
Corea del Sur
4
4
4
4,00
Aftersun
Reino Unido
4
4
4
4,00
The Wonder
Irlanda
4
4
4
4,00
Im Westen nichts Neues
Alemania
4
4
4
4,00
Dangsin eolgul ap-eseo [당신 얼굴 앞에서] (Delante de ti)
Corea del Sur
4
4
4
4,00
Bergman Island
Francia
4
4
4
4,00
Introduction
Corea del Sur
4
4
4
4,00
The tragedy of Macbeth
EE.UU.
5
5
3
4,00
Vaya. Sin el año pasado la primera de la serie fue una película japonesa que realmente me gustó mucho, en este año en el primer puesto, empatada con una británica, hay otra, y es del mismo director, Ryūsuke Hamaguchi. De las cuatro películas surcoreanas, una está dirigida por el Japonés Hirokazu Koreeda, y las otras tres por el extremadamente prolífico Hong Sang-soo, que este año ha estrenado tres películas en nuestro país, incluida la última del año. No ha entrado ninguna película española; cierto es que he visto pocas,… porque los temas que trata en la actualidad el cine español suelen interesarme poquito. Y sólo entran dos de Estados Unidos, cuyo cine anda escaso de imaginación. El resto es una mezcla de cine europeo, con Kenneth Branagh a la cabeza en una película cuya nacionalidad es el Reino Unido, aunque mucho sabor irlandés, ya que se centra en el norte de la isla, que en cuanto a nacionalidades no cuenta como Irlanda, por esas aberraciones de la historia y la política.
Hasta hace dos años hacía la distribución por meses… pero no merece la pena. Las cosas están claras. Las mejores películas están en los últimos meses del año, cuando se estrenan películas que optan a algo en la temporada de premios, o en los primeros meses, cuando los distribuidores traen las películas que tienen éxito en la mencionada temporada de premios. Pero eso suele valer para las películas norteamericanas o británicas. Para otras nacionalidades, la cosa está más repartida, porque suelen encontrar hueco en salas cuando las anteriores no llegan.
Y creo que con esto lo dejaré estar ya este año. Como el año pasado, lo voy a hacer más corto que en anteriores ocasiones. Porque lo esencial ya ha quedado dicho. Un saludo y mucho cine.
Como casi todos los años, la entrada del Año Nuevo se dedica a las últimas películas vistas en el año anterior para, al día siguiente, comentar en conjunto el cine del año. Vamos con ello.
Desde hace unos años, no suelo perderme las películas de Hirokazu Koreeda, que afortunadamente en estos momentos se distribuyen sin problema en nuestro país. La primera que le vi fue definitiva para aficionarme al cine de este autor. Aquel milagro me gustó tanto que no he dejado de querer saber más sobre la visión y las reflexiones que sobre la familia nos ofrece el realizador japonés. Hay varias que me han gustado mucho. La que menos, su incursión en el cine francés. Y que conste que me gustó bastante. La que más, una película absolutamente fenomenal, que está muy emparentada con la que hoy comento, y que nunca recibió toda la atención que merecía. El boom del cine asiático comenzó al año siguiente, y procedió de Corea del Sur. Donde se ha ido ahora a rodar.
Empieza la película con una joven (Lee Ji-eun) ante el torno de una iglesia para renunciar y entregar a su bebé. Dos grupos de personas están al tanto. En el exterior, vigilando desde un coche, una correosa policía (Bae Doona) y su compañera. En el interior, unos traficantes de bebés (Song Kang-ho y Gang Dong-won), que utilizan el torno para llevarse bebés que venden a familias que tendrían difícil la adopción por medios tradicionales. A partir de hay, comenzará un viaje por toda Corea del Sur en el que, junto un chavalillo que se escapa de un orfanato, todos formarán una curiosa, poco convencional, pero más unida familia que muchas de las reales.
Bastantes escenas en mercadillos y mercados del pescado de ciudades costeras coreanas en la película de Koreeda. Así que el mercado del pescado de Busán servirá para ilustrar la entrada de hoy.
Entre la comedia y el drama profundo, que bordea, pero nunca cae, en la tragedia. Koreeda, al igual que hizo con su familia de descuideros de tiendas, subvierte por completo el concepto de familia, formando una que, por provisional que pueda parecer, representa perfectamente los fines para los que suponemos que existe esta institución, al apoyo mutuo, la entrega y recepción de afecto, una vía para el crecimiento personal en una pequeña comunidad. Koreeda siempre nos lleva por lugares complejos y difíciles, pero consigue salir adelante sin adentrarse nunca demasiado ni en lo cursi ni en lo excesivamente melodramático, dosificando perfectamente un humor que nunca busca hacer sangre, y abriendo al final siempre puertas a la esperanza.
Pero probablemente, además del excelente guion del propio Koreeda, nada funcionaría tan bien sin el estupendo reparto de la película. Con mi exposición frecuente al cine y las series de televisión coreanas, ya me he familiarizado con varios de ellos. Song Kang-ho ha contribuido a algún Oscar y lo he visto bordar un papel de policía tosco e incompetente. Gang Dong-won se las ha tenido que ver con zombis. Lee Ji-eun demuestra constantemente que no sólo canta muy bien y es muy mona, tanto en dramedias románticas televisivas como en esta película. Y Bae Doona… desde su película con los/las Wachoski la he visto en demasiados sitios, siempre bien, como para detallarlos. Y entre todos funcionan como un reloj. Los surcoreanos, en cine, hacen cosas fenomenales, y sólo por las interpretaciones ya merece la pena el riesgo.
Película altamente recomendable, que conviene ver. Y conviene ser vista en idioma original que es como se aprecian muchos de los matices de las excelentes interpretaciones. Lo que pasa es que en estos momentos, en Zaragoza, las versiones originales apenas duran una semana en cartelera, y muchas veces en horarios inconvenientes. Pero, aunque les parezca mal a las gentes del cine, siempre queda internet para encontrar la industria nos racanea de forma mísera. Esperando ya con ganas lo próximo de Koreeda.
Y la última película del año también nos llega de Corea del Sur. Y también de un director habitual desde hace unos años, Hong Sang-soo, con su actriz favorita, Kim Min-hee, en más de un sentido. Y también una de mis favoritas, aunque sólo en un sentido. Lamentablemente. Y como siempre con una película sencilla, rodada con cuatro perras, en un par de semanas, con su peculiar forma de entender los encuadres y los movimientos de cámara … siempre parcos, más bien ausentes, salvo sus zooms en momentos significativos. Heredero de la Nouvelle vague en muchos aspectos, sus películas suelen ser minoritarias, pero entusiasman a los que las ven.
Como de costumbre, sus protagonistas son creadores. En esta ocasión encontramos a una escritora (Lee Hye-yeong) que visita a una antigua colega (Seo Younghwa), que dejó la escritura para regentar una pequeña librería. Y a partir de ahí se producirán una serie de encuentros casuales, con un director de cine (Kwon Hae-hyo) que no quiso adaptar una de sus novelas, con una actriz a la que admira (Kim Min-hee) y que a su vez la admira a ella, y a un joven aprendiz de director de cine con quien aceptará rodar un cortometraje, con la actriz como protagonista. Y otros personajes que participan también en los diálogos. Literatura dentro del cine, cine dentro del cine.
Una película sobre los encuentros casuales, azarosos, sobre la interconexiones entre seres humanos de una comunidad, sobre cómo nos afectan en nuestras decisiones actuales los encontronazos o los encuentros del pasado, sobre evolucionar, no estancarse, hacer cosas distintas. Y como de costumbre, sobre el proceso creativo… y en el caso de los varones, probablemente como cataríes, sobre la variedad de formas en que la cagan. Como otros directores de esos que se llama «culto», los mismos temas una y otra vez, pero evolucionando y con distintos enfoques.
En general, muy bien. Aunque reconozco que atraerá a poco público, porque el público actual no está acostumbrado ni educado en este tipo de cine. Pero bueno, ellos se lo pierden. Como Hong es muy prolífico… ya estamos esperando la siguiente, que ya está estrenada en festivales. Se vio en Gijón en septiembre.
Sinceramente, no había hecho intención de ver esta película. Vi la original en su momento. Hace mucho menos tiempo del que yo pensaba, tenía la sensación de que era más antigua. Y en aquel momento, es una película que me entretuvo, pero no me entusiasmó. Un pastiche con múltiples préstamos argumentales de otras películas realmente originales. Nada realmente original ahí, salvo los adelantos tecnológicos en imágenes generadas por computadora; una película que era más animación que otra cosa, pero con un alma prefabricada, de consumo fácil y rápido. Eso es algo que caracteriza el cine de James Cameron, incluso en sus mejores momentos. Mucha espectacularidad, pero todo muy superficial, en realidad. Lo que sucede es que me encontré con una sesión matinal, y más barata, en versión original en un domingo por la mañana en el que no tenía especiales planes.
La película transcurre con abundancia de escenas submarinas con los indígenas de Pandora buceando. Lo cual me ha llevado a ilustrar la entrada con las mujeres «ama» de la prefectura de Mie, que se ganaban la vida buceando para recolectar de alimentos y perlas de los fondos submarinos de las costas de Japón.
La primera sorpresa es que en una película de tanto relumbrón… fui el único espectador en la sala de cine. El nivel de alergia a las versiones originales, a otros idiomas, en este/a triste país/ciudad… lleva a esta situación. Triste herencia del franquismo y de los espíritus carpetovetónicos. Pero bueno… por lo menos no vino un empleado de las salas de cines a cancelar la proyección con la excusa de problemas técnicos como me pasó un par de veces en el pasado en situaciones similares. y a partir de ahí, más de tres horas de animación generada por computadora, con alguna presencia de escenas de acción real, de más de lo mismo. Nada nuevo con respecto a lo que se pueda decir de la primera película de la saga, salvo que los adelantos tecnológicos hacen que sea animación más realista. Porque estamos ante eso. Animación. Aunque la matriz de la misma se ruede con actores. Es algo que ya se hacía con las técnicas de rotoscopia, dentro de las formas de animación tradicional. Para los quisquillosos, ya sé que la captura de movimiento no es lo mismo que la rotoscopia,… pero me refiero a las esencias. Pero en fin. Unos malos muy malos, codiciosos, que matan «a modo de ballenas inteligentes», militarotes que dicen «uhaaa», e indígenas buenos buenísimos, muy armoniosos y muy majos. El mito del buen salvaje, que es un mito, nunca ha sido una realidad, volando y bajo el agua, sacando la lengua como los maoríes neozelandeses. Porque seguimos con el pastiche en el que nada es original en realidad, todo es cortar y pegar de otros sitios.
Dicho lo cual, la película podría recibir muy buena nota si no fuera por algunos problemas. El primero es que los diálogos están estereotipados hasta la saciedad. Son absolutamente previsibles. Una enorme colección de clichés, de frases hechas, que se emplean hasta la saciedad en multitud de películas. Cualquier día de estos, se reunirán todas en una base de datos, se despedirá a todos los guionistas, y un programa de inteligencia artificial las combinará de forma más o menos convincente y obtendremos un guion parecido. El segundo es que es demasiado larga. Empieza muy bien, con ritmo, muy entretenida, y después entra en una fase desesperante, la convivencia de los indígenas arborícolas entre los indígenas acuáticos, en la que los elementos que hacen avanzar la película se suministran con cuentagotas, o se cuentan de forma prolija y en ocasiones aburrida. Y como ya he dicho, tópica y previsible. Finalmente, llegamos a la última hora de película, en la que la acción vuelve a la película… y está muy bien. Es realmente muy entretenida y te lo pasas muy bien. Una lástima que entre medias hayas tenido una hora o más que se podría haber resumido en quince o veinte minutos, y así comer en casa a una hora más civilizada, ya que era una sesión matinal.
Sobre las interpretaciones, poco se puede decir. Una película que básicamente es animación, con un montón de diálogos absolutamente prefabricados, no permite valorar realmente el trabajo interpretativo de los numerosos actores y actrices que han participado en esta supermegaproducción que ha costado muchísimo dinero, para un espectáculo tecnológicamente y visualmente apabullante, pero con un fondo que es poco más que una aventureta de serie B más o menos bien planteada. Se deja ver con agrado. Pero me pasará como la otra. Que al cabo de un par de años, recordaré haberla visto, recordaré las sensaciones que me dejó, pero no me acordaré de nada de lo que pasa en la película. Pero seguro que los amantes del cine palomitero y de fácil digestión se lo pasarán bien, y no deja de ser recomendable en ese espíritu.
Hablar sobre la mentira hoy en día es más pertinente y conveniente que nunca. El engaño, la mentira, la decepción son comportamientos que se dan en muchas especies del reino animal. Pero alcanzan su cima en los grandes primate antropomorfos, con el ser humano en la cúspide de los mentirosos. Y el italiano Carlo Collodi nos legó uno de las más hermosas obras de la literatura para hablarnos de la mentira y los mentirosos, con su Storia di un burattino (Historia de un títere), más conocida después y universalmente como Las aventuras de Pinocho. Una obra que acabó siendo publicada como colección de cuentos infantiles, pero cuyo origen era mucho más adulto, con final poco feliz para el protagonista. Pero finalmente fue edulcorado por el propio Collodi, y finalmente definitivamente almibarado por la factoría Disney. Que conste que la versión animada que acabo de mencionar no me parece mala. Es mucho mejor que otras películas de la productora de más éxito popular. Y aunque edulcorada, como he dicho, más fiel que otras de sus producciones al material original.
Pinocho, Pinocchio en su original italiano, pues está fabricado a partir de un trozo de madera de pino, afronta numerosas aventuras en el material literario básico, que leí hace mucho mucho mucho tiempo, y difícilmente podría ser encajado tal cual en un largometraje de alrededor de dos horas, como la versión de Guillermo del Toro que nos ocupa hoy. Por lo tanto, han de hacerse concesiones argumentales en la adaptación. Codirigida por Mark Gustafson, que pone el oficio en las tareas de animación, la nueva versión de la universal marioneta de madera que adquiere vida propia gracias al Hada Azul, un hada de cabellos turquesa en el original literario, el espíritu de la madera en la versión actual, pero también muy azul, utiliza las técnicas de la animación en volumen, o fotograma a fotograma, más conocida por su apelativo inglés de stop motion. Al puro estilo de del Toro, la riqueza visual e imaginativa de la película es notable, y el esfuerzo de producción detrás de la película es notable.
Quizá el gran cambio de la película es su traslación cronológica a la época del régimen fascista de Mussolini en Italia. Lo cual introduce un profundo mensaje político en la película. Sin ser infiel al mensaje de Collodi, del Toro lo eleva y convierta la película en algo que trasciende la animación para niños, siendo el público adulto un objetivo preferente de la misma. De esta forma, engarza con otras películas del director, siendo su excelente película fantástica situada en la Guerra Civil española un antecedente claro. Aquella fue, para mí, la mejor película del director mejicano, por su trayectoria posterior, considero que puede acercarse a la misma, pero difícilmente superarla. En cualquier caso, todo mensaje antifascista es bienvenido en la filmografía de hoy. En la de siempre, pero dado el auge de los populismos y nuevos disfraces del fascismo, pues especialmente pertinente hoy.
La película es de la que crecen en la memoria. Conforme voy escribiendo estas líneas, aprecio más el valor de la película que cuando terminé de verla. Me hubiera gustado verla en la gran pantalla. Pero cuestión de horarios y de disponibilidad de tiempos lo impidieron por lo que no pude atender a su breve carrera comercial en salas de cine, y la vi en Netflix, plataforma que ha producido la película y tiene los derechos principales de explotación. Es muy recomendable. Pero que nadie espere una película ligera. Tiene elementos ligeros, de comedia, pero tiene también un toque oscuro, acorde a lo que fueron las intenciones iniciales de Collodi. No voy a entrar en la larga nómina de prestigiosos intérpretes que han prestado su voz a los muñecos animados del filme, pero su labor es correcta en general.
Con el título original de Corsage, corsé en castellano, lo cual tiene mucho sentido viendo la película, ha llegado a las pantallas españolas con el tonto tantísimo título de La emperatriz rebelde, la última película de la austriaca Marie Kreutzer, que vuelve a revisar la figura y personalidad de una figura histórica tan maltratada por el cine como fue la emperatriz consorte Isabel de Austria. Las audiencias de todo el mundo tienen una visión altamente deformada de esta aristócrata bávara, que realizó un matrimonio de conveniencia con el emperador Francisco José I de Austria. Un matrimonio cuya realidad estuvo muy alejada del cuento de hadas que nos contaron en las películas protagonizadas por Romy Schneider en los años 50 del siglo XX dirigidas por Ernst Marischka. Por supuesto, la más famosa fue Sissi, en la que se multiplicaban las eses del sobrenombre popular de la emperatriz, Sisi, aunque es más que probable que el sobrenombre familiar fuese el más alemán Lisi. Hasta eso puede que sea falso.
Para ilustra la película me traslado a los jardines del Belvedere y del palacio de Schönbrunn en Viena.
En cualquier caso Kreutzer nos trae a una emperatriz que cumple 40 años, encarnada por Vicky Krieps, una actriz muy de moda en las producciones germánicas, todavía hermosa, pero preocupada por el inefable paso de la edad y su repercusión en el físico de las personas. Con un marido que realmente la quiere, pero harta y cansada de la almidonada corte austriaca, y probablemente también del marido. Más anhelante de conocer el mundo y la modernidad que de sostener las desfasadas tradiciones de la casa Habsburgo.
La película ofrece una peculiar lectura de la personalidad del personaje, y ofrece un relato basado en hechos reales, pero altamente ficcionalizado, en el que no faltan numurosas anacondas, como escuchar el As tears go by de Mike Jagger en forma de cuarteto de cuerda en ese momento del siglo XIX, o conocer el cinematógrafo con filmación sobre película biperforada de 35 mm, cuando este tipo de película fue desarrollada entre Edison, que fabricaba cámaras, y Kodak que fabricaba películas a principios de los años 90 del siglo XIX, y que fue usada por los hermanos Lumière en 1995 para la primera película proyectada de la historia después de filmarla con un aparato similar al que aparece en este largometraje, supuestamente unos 15 a 20 años de lo que le corresponde. Hay más. En cualquier caso, la película no pretende realizar un retrato fiel del personaje histórico sino realizar una reflexión psicológica del personaje como mujer, madre y emperatriz, y como colisionan estas dimensiones entre sí para conflictuar a la persona. Y no deja de haber potentes críticas a la hipocresía de la época, cuando se organiza que el emperador tenga una amante adolescente, que a pesar de su joven edad ya se encuentra casada. Que el emperador tuvo dicha amante es real, que empezaría con la adolescente recién casada con catorce años y hasta que esta rondaba los veintinueve, incluso con más que probable descendencia fruto de esa relación.
La película está excelentemente interpretada, ya he comentado que Krieps es una actriz bien valorad en la actualidad, que es fácil ver en la pantalla o en la televisión incluso fuera de su país de origen. Dispone de reparto multinacional, y aunque la película tiene financiación mayoritariamente austriaca, creo que predominan los intérpretes alemanes, con presencia de algunos de otras nacionalidades (húngara, francesa, inglesa,…)
La película me pareció interesante cuando la vimos, pero me dejó un poco cariacontecido. El sorprendente final, en el cual también podemos encontrar algún que otro notable anacronismo, nos llevó también a que saliésemos de la sala de cine rascándonos la cabeza, pensando en cual sería realmente la tesis de esta directora a la hora de hacer la película. De todos modos, con el tiempo y el pensamiento sobre ella, mi valoración ha ido en aumento. Y en la actualidad estoy convencido de haber presenciado una excelente película. La crítica la pone por las nubes, pero el público votante en IMDb, como suele suceder con estas producciones menos comerciales, más de autor, es más tibio en su valoración. Pero eso no es mala señal necesariamente. Sencillamente, si eres de los que te gusta el cine para ver pirotecnia y atiborrarte de palomitas y cocacola,… esta no es tu película.
Probablemente, para los castellano parlantes, la transcripción más correcta del título japonés de esta película, 犬王, sería inuoo o inuō, el Rey de los Perros. Esa hache es lo que usan los angloparlantes para no pronunciar ou, lo que los japoneses hacen como un o larga. Pero bueno, el inglés es la lengua del imperio dominante… de momento. Cuando vi anunciada esta película de animación japonesa dirigida por Masaaki Yuasa he de reconocer que me intrigó. Pero a punto estuvo de escapárseme. Menos mal que una sesión matinal en versión original lo evitó. Es una película peculiar. Vamos a ver el porqué.
En el viaje del joven ciego desde el estrecho de Shimonoseki hasta la sede del poder, que podría ser Kamakura, donde se instaló el shogunato que surgió de la batalla naval mencionada, reconozco su paso por el Itsukushima-jinja, uno de los santuarios sintoístas más vistosos y visitados de Japón.
La película está inspirada en hechos reales. Una famosa batalla naval de hace 900 años, la batalla de Dan-no-ura, una lucha entre clanes rivales por el shogunato, que sucedió en el estrecho de Shimonoseki es el desencadenante lejano de los hechos. Tres siglos después, unos individuos contratan a unos pescadores para que se sumerjan en los restos de la flota perdedora para recuperar los símbolos del poder imperial hundidos con el bando perdedor. Y como consecuencia, el pescador muere y su hijo pierde la vista. Este decide vengarse, y se convertirá en un monje de los que narran sus historias acompañados de sus biwas. Paralelamente, los miembros de una compañía de teatro noh, asesinarán a los monjes que cuentan la historia del bando perdedor en aquella guerra. Pero de entre ellos, el hijo deforme de su lider se rebelará, se unirá al joven ciego, y juntos atraerán a las gentes con sus historias, uniendo la música de las biwas con el teatro nō, y dando lugar al favorito de las gentes, el Rey Perro, Inu-oh.
La primera mitad de la película me encantó. Con una animación elegante, muy expresiva, que varía en sus texturas y formas según lo que se cuenta y a quien se cuenta, nos va metiendo en la historia del hijo del pescador y el inicio de su búsqueda. Pero cuando en un momento dado se une al joven deforme,… la película entra en una espiral de anacronismos, que son, a la vez, visualmente fascinantes, pero acústicamente desconcertantes. La música que tocan los músicos es más propio del glam metal, que de la música propia de las biwas y el nō. Me pregunto si el personaje Inu-oh estará inspirado más por gente como Alice Cooper y similares que por el personaje histórico en el que se basa. La consecuencia, en mi caso, es un cansancio auditivo que me desconcentró de la película y casi me saca de ella.
No soy contrario a los anacronismos. Recuerdo lo frecuente que eran en una de mis series de anime favoritas, Samurai Champloo, y lo bien que le sentaban a una historia que era muy profundamente oriental, al remedar de alguna forma el célebre Viaje al oeste de la mitología budista. Pero en este caso, creo se cae en el exceso, y al mismo tiempo en la monotonía musical, frente a la vistosidad y la fantasía de la animación. Por lo tanto, mis sensaciones sobre la película son… raras. Y si al final le doy el aprobado en mi valoración subjetiva es por la brillantez de su animación y de sus imágenes. Pero no me atrevería a recomendarla con carácter general. En general, esta muy muy bien valorada por la crítica, y razonablemente bien valorada por el público afín a la animación. Pero no sé… a mí… lo dicho.
Con un título en mandarín que viene a significar Al borde del precipicio, no muy distinto en sentido del que han dado a la película para su distribución internacional, nos llegó hace unos días a la cartelera española una de las últimas películas del prestigioso director chino Zhang Yimou. Más prestigiosos por su pasado que por su presente, lleno de flirteos con los mandamases del régimen dictatorial del gigante asiático (y mundial). Pero siempre Zhang siempre ha tenido oficio a raudales, y una sesión matinal de domingo, una de las escasas en versión original que se han podido disfrutar en Zaragoza, fue una excusa perfecta para acercarnos a este trabajo.
Situada la acción en los años 30 del siglo XX, cuatro agentes del Partido Comunista Chino llegan desde la Unión Soviética para lanzarse sobre Manchukuo, la república títere de los japoneses en el nordeste de China. Su objetivo es liberar a un espía que ha sido detenido y que tiene conocimiento sobre los tejemanejes que los japoneses se llevan en este territorio. Pero hay topos que pondrán en riesgo su misión, que acabará siendo la de sobrevivir entre las numerosas trampas que les tenderán en las calles de Harbin.
No he visitado Harbin… Shanghái tendrá que ser.
Vayamos a lo positivo en primer lugar. El diseño de producción, la fotografía, el sonido… todos los apartados técnicos, así como algunas de las facetas artísticas de la película son de primer orden. Algo que era de esperar. Un director que ha demostrado de sobra sus capacidades para mover abundantes recursos en espectáculos visualmente muy atractivos, en el cine y en otras áreas, no falla. Ya he mencionado los buenos términos en los que parece estar con el régimen político, así que financiación no le faltará. Y además, cuenta con un reparto, desconocido en estos lares, pero evidentemente de gran solvencia interpretativa. Mucho positivo.
Pero se pierde en las formas, ya que estas están al servicio de una historia que ya hemos visto, y que se ve mejor servida de un tratamiento argumental austero, incidiendo en los aspectos psicológicos del riesgo de los protagonistas. Vamos. Que lo que necesita es a Hitchcock para el suspense con un poco de Wilder para la acción y el ingenio. Pero Zhang opta por elaborar una trama complicada en la que no es difícil perderse, con un exceso de dispersión en subtramas para cada grupito de personajes que pululan por la peligrosa Harbin. Y esto hace que al final te quedes con la sensación de que hay mucho ruido para pocas nueces.
Se ha acusado a la película de ser un objeto propagandístico del régimen chino, glorificando a los valientes y osados agentes del PCCh contra las fuerzas fascistas… Y sí,… por qué no. Pero eso sucede con el 95 % de las películas bélicas y de espías de las cinematografías mundiales, incluidas la de los Estados Unidos. Glorifican lo propio y convierten en villanos a los enemigos de forma simplona y descarada. Incluidas muchas de las grandes películas de la historia de cine. Oye tú… que Casablanca fue concebida como película propagandística en tiempos de guerra. Por supuesto, los villanos de la historia son los japoneses. Porque objetivamente hablando, los japoneses hicieron barbaridades en Manchuria. Aunque no aparecen en el filme. No sé si no querían sacar a gente hablando en japonés, o no hubo nadie en Japón dispuestos a participar, pero entiendo que los malos que aparecen en la película son el ejército y las fuerzas de seguridad chinos del gobierno títere de Manchukuo.
En fin… ¿es recomendable? Pues no está mal. Se deja ver. Pero podría haber sido mejor.
Después de quejarme hace unos días de la falta de ocasiones para ver buen cine en las salas, va y acumulamos tres visitas a las mismas en diez días. Por lo que ahora llevo un retraso considerable en mis comentarios cinematográficos. Hace dos jueves, por poco nos quedamos sin ir a ver la versión original de esta película. Porque las versiones originales cada vez aguantan menos en cartelera. Y si lo hubiésemos dejado para el día siguiente, como pensábamos, no la hubiéramos visto. El caso es que el reparto era atractivo, las críticas leídas sobre ellas muy interesantes… y lo único que nos tiraba para atrás era el tema. Dirigida por James Gray, es la enésima película en los últimos tiempos en la que un director echa la vista atrás, a su infancia y adolescencia, para, en un ejercicio de nostalgia, contarnos sus cosas. Y aunque es cierto que las más de las veces son películas majas… empiezan a cansar un poquito.
Una visita escolar al Museo Solomon R. Guggenheim tiene una gran importancia en la vida del joven protagonista. Define su vocación artística latente en su inquieta personalidad.
Aunque se nos avisa que la historia es ficción, también se nos avisa que está directamente basada en las vivencias del director, por lo que asumimos que el chaval protagonista, Paul Graff (Banks Repeta), nacido en una familia judía que no son ricos, pero viven cómodamente en Queens, es el alter ego del director. Un chaval muy inquieto, muy movido, que escucha poco y hace mucho, con inquietudes artísticas, que tras meterse en varios líos en su escuela pública, especialmente en compañía de un alumno repetidor afroamericano (Jaylin Webb), es transferido a un colegio privado, muy elitista.
El director tira de artillería pesada a la hora de configurar la familia del chaval. Con Anne Hathaway y Jeremy Strong como padres y Anthony Hopkins como abuelo materno, y con un excelente diseño de producción y fotografía, nos traslada con facilidad al Nueva York del cambio de década, en vísperas de la elección presidencial que llevó a Ronald Reagan al poder. Lo cual, para muchos supone el punto de inflexión hacia la deriva populista de los partidos conservadores. De todo el mundo, puesto que coincidió con la llegada de Thatcher al poder en el Reino Unido. Gray saca a la luz todo el abanico de prejuicios raciales, étnicos y sociales que arrastra la sociedad norteamericana, incluida la supuestamente más cosmopolita sociedad neoyorquina.
La película es bastante recomendable,… pero me ha pasado algo diferente a lo que me pasa habitualmente. Cuando salimos de las salas de cine, hay película que me han gustado y otras que no. Y otras indecisas. Y las indecisas suelen crecer en mi interior después con cierta frecuencia, para luego valorarlas mejor que cuando salí del cine. Por eso tardo unos días en comentar las películas en este Cuaderno de ruta. Pero es raro el movimiento contrario. Que una película que me haya gustado, luego disminuya en mi consideración. Y con esta película me ha pasado un poco. Y tiene que ver con lo que decía al principio. Estas películas nostálgicas, sobre los años mozos de los autores, están bien… pero empiezan a cansar. Y si no aportan algo realmente especial, se quedan en ejercicios de estilo y añoranza, que luego ya no se quedan con facilidad en la memoria. A pesar del buen hacer del estupendo reparto.
La oí anunciada hace unas semanas, pero me había olvidado de ella. Pero el viernes pasé por el Parque Pignatelli de Zaragoza, actualmente en obras de ampliación, y la vi en la sala de exposiciones Depósitos Pignatelli. Entre un ratito y me gustó. Ayer sábado volvía a pasar, pero esta vez con una cámara apropiada para guardarme algunos recuerdos visuales de la exposición, y tener material para volver a pensarla de nuevo. La exposición era un homenaje, recordatorio y reflexión en el 30º aniversario de la película Jamón Jamón, probablemente la más conocida del cineasta Bigas Luna, quizá la mejor, aunque eso puede ser opinable. También es cierto que la carrera del director catalán ya fallecido hace casi una década, fue importante, pero más irregular de lo deseable, en mi humilde opinión.
Pero Jamón Jamón llegó en un momento interesante en mi recorrido como aficionado al séptimo arte. Al contrario a mi situación actual, en la que siento un profundo desapego del cine español, cuyas causas hoy no me apetece comentar, aquel triunfal 1992 era un momento en el que el cine de este país me parecía importante. Que tenía mucho que decir, con muchas voces, especialmente directores, pero también actores, directores de fotografía, guionistas… que tenían mucho que decir y sobre temas muy variados. No faltarán las voces que digan que hoy también… y sin embargo yo no lo siento así. Y lo siento. Lo siento mucho. La película de Bigas Luna, rodada en las duras y áridas tierras monegrinas fue una de las importantes de aquel momento. Y si ahora me obligaran, a punta de pistola, porque no es algo que quiera o me apetezca hacer, a escribir mis diez películas favoritas del cine español, creo que Jamón Jamón estaría entre ellas.
Tengo la sensación que los directores de cine españoles de aquella época eran más libres. No me refiero a libertad social o política o cosas de esas. Me refiero a que eran más libres de imaginar. De crear. De innovar. Creo que se sentían menos obligados a hacer determinado tipo de cine o a demostrar nada. Creo que arriesgaban más. Y Bigas Luna siempre fue de los que fue por libre, y de los que nunca anduvo escaso de ideas o imaginación. En un año que se presentó tan política y socialmente trascendente, el famoso 1992 de expos, juegos olímpicos y quintocentenarios, el año que suponía la reválida como país de España entre las democracias occidentales europeas tras haber salido del oscurantismo de la dictadura militar, nacional y católica, Bigas Luna nos hablaba a través de dos triángulos de relaciones de la transición de la España bruta y profunda hacia la España europea y refinada. Pero sin conceder ventaja a ninguna de las dos. Cada una con sus defectos. Y con un enfrentamiento que siempre fue, es, y será inevitable. Porque aunque en aquel momento pareció que España superó aquella reválida, en los últimos años no siempre parece que fue así, o fue por la mínima, o por la autocomplacencia de quienes dictaron aquel aprobado. Aquel enfrentamiento no desapareció. Sólo se hizo inaparente, para volver 25 años más tarde renovado con brío. Para desgracia de todos nosotros.
La exposición es muy maja. Y gustará no solo a los aficionados al cine, sino también a la fotografía. 1992 todavía estaba a una década de la explosión de la fotografía digital. Aunque había alguna cámara de captura electrónica en el mercado, pero no de captura digital sino analógica, el still video que se llamaba entonces, prácticamente todo absolutamente todo era fotografía con película tradicional. Y es una gozada ver las polaroid de las pruebas de vestuario de Penélope Cruz y Anna Galliena, hija y madre en la película, o las estupendas panorámicas realizadas con varias fotos impresas por el propio Bigas Luna. Una demostración más de que siempre ha sido posible hacer cosas creativas y significativas sin depender del ordenador. Seáis cinéfilos, seáis aficionados a la fotografía, si estáis o pasáis por Zaragoza, no os la perdáis. Y el público general también podrá disfrutar de la exposición. Recordando. Añorando, tal vez.
Tras un brevísimo paso en la pantalla grande con el fin de que la película optase a premios, nos llega a Netflix la última película, filmada en Irlanda, del chileno Sebastián Lelio. Un director que se ha ganado un justo prestigio en su país de origen y que parece dispuesto a dar el salto a la cinematografía internacional, como otros directores latinoamericanos. Y para esta película hablada en inglés se ha buscado un buen reparto, que la hacía muy interesante a priori.
Las ruinas del monasterio paleocristiano de Conmacnoise se encuentran en las Midlands irlandesas, la misma región en la que se desarrolla esta historia, en la que la religión católica tiene un papel tan tristemente importante.
La acción se sitúa en los años 60 del siglo XIX, en algún lugar de la isla de Irlanda, en aquel momento colonizada por el Reino Unido, y no muchos años después de la tremenda hambruna que asoló la isla a finales de los años 40 del mismo siglo, y que condicionó para siempre la relación de los irlandeses con los ingleses. Una enfermera inglesa (Florence Pugh) es llamada al lugar para dar fe de lo que está pasando con una niña de once años de edad (Kíla Lord Cassidy), que aparentemente lleva cuatro meses sin comer y sin que nada le suceda por ello. Un fiebre de exaltación religiosa de los católicos habitantes del lugar puede levantarse. Pero la enfermera, formada con Nightingale en el frente de Crimea, es racional y busca la verdad. Por lo cual tomará medidas, tras las cuales, la niña comenzará a deteriorarse de su ayuno. Con la ayuda de un periodista (Tom Burke), intentará desentrañar lo que pasa y salvar a la niña.
La película es un canto potente contra la sinrazón, contra la superstición y las creencias irracionales que surgen y derivan de la incultura y la pobreza. De los patriarcados religiosos, que prefieren sacrificar a las personas a dar su brazo a torcer, a reconocer que no son poseedores de verdades absolutas, a reconocer que están equivocados. En el frío y húmedo ambiente de la bella isla, pero con paisajes que se nos aparecen desolados en ocasiones, la principal fuente de desolación procede de los propios habitantes. La película está rodada austeridad, con economía de medios, pero sin perder expresividad y su capacidad en ningún momento.
A su favor cuenta con una protagonista en estado de gracia interpretativa. Pugh ha demostrado en varias ocasiones que es una excelente actriz, en alguna ocasión robando el protagonismo a sus protagonistas. Y aquí demuestra también que tiene oficio para dar y vender, siendo capaz de sostener por sí misma una película de por sí bien armada. Pero es que el resto del reparto, de sólidos intérpretes irlandeses y británicos, con oficio para dar y vender a sí mismo, apoyan con solidez el trabajo de la protagonista. No sólo los mencionados, también la madre de la niña, y su madre en la vida real, Elaine Cassidy, o gente bien conocida como Toby Jones, el médico, y Ciarán Hinds, el cura, estos últimos los principales representantes de la sinrazón.
Una película bien hecha que además se viene a más en la memoria una vez que han pasado unos días desde su visualización. Plenamente recomendable. Aunque quizá no sea cómoda para el público más palomitero, lo cual se aprecia en su modesta apreciación por parte del público votante en distintas plataformas en la red de redes. Pero en cuestión de grandeza cinematográfica, la democracia no siempre funciona, ni el público tiene siempre la razón. Allá ustedes.