[Fotocomentario] La dependencia de las pilas/baterias… no olvides llevar de repuesto

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Pues sí. O no. En estos tiempos, dependemos de baterías, recargables o no, para casi todos los cachivaches con los que vamos de un lado para otro. Una de las tareas más pesadas cuando preparo un viaje, al hacer el equipaje, no son los calcetines, las camisetas, la ropa interior y esas cosas tan poco motivantes, sino llevar organizadas, disponibles y cargadas las baterías de las cámaras de fotos, y los cables para cargarlas y para cargar el teléfono, la tableta, el lector de libros electrónicos… y megabatería de reserva por si hay que recargar algo en marcha. No es difícil. Pero es un rollo. Por eso, me siento muy libre cuando uso cámaras mecánicas, que no necesitan pilas o batería para funcional. Como mucho para el fotómetro. Pero en las que puedes estimar la exposición correcta si tienes un poco de experiencia.

Pero de vez en cuando hay accidentes. Desde hace años, es un rollo con las baterías de las cámaras Olympus digitales que tengo o he tenido. Tienden a hincharse. Y se atascan en el compartimento de la batería. O nunca sabes cuándo te las vas a encontrar cargadas o descargadas cuando hace tiempo que no las usas. Y en las cámaras de película tradicional que usan baterías de ion-litio no recargables… sabes que duran mucho, pero nunca te acuerdas cuánto hace que las llevas puestas (es un decir, porque cuando no uso las cámaras las suelo extraer del compartimento por seguridad). Recientemente, en el viaje en el día a Agoncillo y Logroño, me pasó. La batería de la Canon EOS 650 se agotó a la media hora de llegar a Agoncillo. No pude terminar el rollo de película, del que hablo en Nueva denominación para una película Kodak – Canon EOS 650 con EF 35-70 mm f3.5-4.5 y 1Hundred Film 100, hasta unos días después en Zaragoza. Así que… no olvidéis nunca tener y llevar con vosotros las baterías de repuesto para vuestras cámaras, bajo riesgo de quedaros con los brazos cruzados.

[Libro] Il parco dei cervi – Kazuo Kamimura

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Este es el segundo de los fumetti que compré en La Feltrinelli de la estación de Torino Portanova el día que regresábamos a Zaragoza durante nuestras vacaciones, como os comenté hace unos días. Y lo compré tras un pique con mis compañeras de viaje que no voy a relatar. En cualquier caso, es más bien un manga que un fumetto, con guion e ilustraciones de Kazuo Kamimura, un mangaka que murió muy joven, demasiado tabaco, a partir de una historia del prolífico cineasta japonés Norifumi Suzuki.

Para mí, el parque de los ciervos por excelencia en Japón es el popular parque de Nara, al pie del Monte Kasuga.

Este relato gráfico pertenece al género del terror erótico, muy en línea que las abundantes películas de bajo presupuesto pinku eiga con toques de violencia y terror de la productora Toei en los años 70 del siglo XX, en la que estuvo encuadrado Suzuki. En esta ocasión nos movemos además en el entorno del mundo del cine. En una productora que puede ser una versión de ficción de la Toei, un veterano y ya anciano director está en sus horas bajas, pero todavía tiene poder, mientras que el protagonista de la historia es una ayudante de dirección con aspiraciones a algo más. La oportunidad surgirá cuando aparezca una adolescente, viva imagen de una estrella del pasado, que murió en extrañas circunstancias. Al parecer su hija. A partir de ahí se desata una intriga por ver quien dirigirá la primera película de la bella y misteriosa joven. Y algo más.

El relato es una historia de venganza con toques fantásticos. No es un género que a mí me vaya mucho, pero la historia está bien construida, y las ilustraciones son interesantes, aunque con un aspecto que resulta algo anticuado, lo cual no es de extrañar, puesto que el original debió de ser publicado hace como 50 años. En cualquier caso es entretenido. No apto para mojigatos, puesto que es bastante explícito tanto en sus escenas sexuales como en las de violencia. ¿Es recomendable? Exclusivamente para aficionados al género, entre los que no me encuentro a priori. Aunque en cualquier género se pueden encontrar obras notables. Pues eso. Sin más. Una lectura que quedará más que otra cosa como una curiosidad en mi historial lector. La próxima vez que entremos en un pique me pensaré si sigo la corriente o no. Aunque creo que las obligaciones contraídas por la contraparte del pique puede que lo tengan más difícil. Por cierto, el título de la obra es una clara referencia a The Deer Park de Norman Mailer.

[Recomendaciones fotográficas] Algún obituario, algunos clásicos y algunas cosas más

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Llevo más de un mes sin escribir una entrada de recomendaciones fotográficas en su debida forma. Entre viajes y otros entretenimientos, no he tenido ocasión. Por lo tanto, voy a hacer una rápida revisión de cosas que he ido recogiendo en el último mes. Sólo una parte de ellas, porque una mes… da para mucho. En fin. A ver si ahora durante el invierno, sin muchos viajes a la vista, la cosa recupera su rutina.

Traigo hoy como complemento a mis recomendaciones fotográficas algunas fotografías realizadas sobre película en blanco y negro a la hora de la recogida del mercado de Porta Palazzo en Turín, Italia.

Un obituario, el de Luis Baylón (1958 – 2023), no muy mayor, un fotógrafo documental, de los que ahora muchos llaman, pendantemente street photographers. Gente que, cuando va en serio, se patea las calles, no para obtener instantáneas robadas de extraños, más o menos a la moda, sino para dar fe de los temas trascendentes, humanos, que están en las calles. O para dar rienda suelta a su apreciación estética de lo cotidiano. Nos lo contaban, entre otros sitios, en Clavoardiendo.

El autorretrato es un género muy presente en la fotografía contemporánea. También en la menos contemporánea; pero ahora encontramos una diversidad de fotógrafos, y sobre todo fotógrafas, que centran su actividad artística en este género. Otros, otras casi deberíamos decir, lo hacen de forma añadida o concurrente con otro tipo de fotografía. En AnOther Magazine hablaron de los autorretratos de la neerlandesa Viviane Sassen. Una fotógrafa que se ha movido sobre todo en el terreno de la moda, aunque no únicamente.

Irving Penn es uno de los grandes nombres de la historia de la fotografía. Un clásico y un referente de los grandes, aunque tengo la impresión de que empieza a ser olvidado por los más jóvenes, enfrentados a un bombardeo de imágenes, que les hace difícil distinguir lo auténtico de lo que está de moda. También en AnOther Magazine nos hemos encontrado de sus retratos de una compañía de danza que a finales de los años 60 ofrecían su espectáculo y su arte bailando desnudos en las calles de San Francisco. Enorme dominio de la forma, la composición, las texturas, las luces y las sombras. Enorme. Dicen que, estos grandes fotógrafos, si estuvieran en activo hoy como en aquellos tiempos, pasarían desapercibidos, aplastados por los miles de millones que cada día inundan las redes. Difícil decir quienes serán los clásicos de la fotografía del siglo XXI… Supongo que de alguna forma acabarán destacando. No lo sé.

Paz Errázuriz en un fotógrafa chilena, especialmente comprometida con los sectores marginales de la sociedad de su país. Aunque también se ha movido por otros países de la América latina. En Blind Magazine nos ofrecieron hace unas semanas algunos ejemplo de su capacidad para el retrato con alma y con significado.

El francés Pierre-Elie de Pibrac apareció también hace unos días en las páginas de Blind Magazine, con fotografías de varias de sus series realizadas en Japón. Desde el blanco y negro de aquellos que es efímero, con una belleza que no durará, hasta la lujuriante vegetación y naturaleza de algunos paísajes del país salpicada aquí y allí del rastro de la obra del ser humano, hasta los retratos de aquellos que han quedado al margen de la sociedad, que van desde los miembros de la yakuza hasta los que perdieron sus hogares en Fukushima. Fotografías serenas pero profundas.

Jiatong Lu es una fotógrafa china nacida en el gigante asiático, pero establecida en Nueva York. Hace unos años contrajo la Enfermedad de Lyme, una enfermedad de origen infeccioso, una bacteria transmitida por garrapatas, con reservorio en los roedores y herbívoros salvajes. Aunque se puede dar en algunos países de Europa, es más frecuente en Norteamérica. Aunque hay muchos casos asíntomáticos, o que transcurren con un síndrome similar a una infección vírica inespecífica, eventualmente pueden causar enfermedad grave en el sistema musculoesquelético y en el sistema nervioso. La enfermedad puede cronificarse, y genera mucho sufrimiento y discapacidad en los afectados. Lu, afectada por una forma grave de la enfermedad, encontró una comunidad de afectados con los que estableció contacto y realizó un proyecto para superar mentalmente la enfermedad y para reflexionar y trasladar al público la gravedad de la enfermedad. Nos lo contaron en Lenscratch.

[Fotocomentario] La seguridad del aficionado a la fotografía

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Para algunas personas, ir con una cámara fotográfica te hace sospechoso. No sé muy bien de qué. A lo largo de mi vida como aficionado a la fotografía me han pasado todo tipo de situaciones con todo tipo de gente. Desde fuerzas policiales o guardas de seguridad con ganas de propasarse en su trabajo y en sus atribuciones, gentes con una preocupante tendencia al autoritarismo dado los trabajos que realizan, hasta personas comunes que deciden cuándo y cómo los demás pueden o no hacer fotografías en la vía pública. No hablo de lugares privados. Ni estoy hablando de hacer fotos de personas en contra de su voluntad ni nada por el estilo. Simplemente, estar en la calle y hacer una fotografía del paisaje urbano. Sin más. Pues puede salirte un energúmeno o una energúmena y arruinarte el paseo.

La foto que supuestamente hice los individuos de los que hablo en el texto. Han salido favorecidos ¿verdad?

Recientemente,… bueno, hace dos meses ya,… estuve haciendo fotos en una mañana lluviosa en el paseo del Canal de Zaragoza. Los detalles técnicas de las fotos los podéis ver en Formato medio y chubascos  – Fujifilm GS645S Wide 60 con Kodak Gold 200. De repente, se me acercaron dos personas, hombre y mujer de entre 50 y 60 años, o más bien de una edad imprecisa dado su aspecto, y me empezaron a imprecar de porqué les había hecho fotos. No les había hecho ninguna foto. Y no era consciente de que aparecieran personas en ninguna de las que había hecho. Ciertamente procuraba evitar que hubiera personas, o si no había más remedio, que pasaran desapercibidas, integradas en el paisaje urbano. Así intente explicarlo, sin ningún éxito, porque no atendían a razones. Imposible llevar a cabo ningún tipo de conversación racional. La mujer en especial era muy agresiva en su verborrea. Lo que más me sorprendió es que el individuo dijo, confesó, que no quería fotos porque estaba en busca y captura. ¡¡¡Y por qué lo confiesas en voz alta???

El caso es que por donde estábamos pasan con cierta frecuencia coches de la policía local que vienen de su cuartel en el Tercer Cinturón. A algunos los he visto parar a tomar café en unos bares no muy alejados, en ocasiones con policías nacionales. Por lo tanto, este individuo, montando el pollo corría el riesgo de atraer sobre sí una atención policial obviamente muy indeseable para él. Cuando conseguí alejarme de ellos, dado lo desagradable del asunto, llegué a plantearme decir algo a algún vehículo policial si pasaba. Pero no sucedió. Ya no pude centrarme en nada y me fui a casa. En unos tiempos en que el 90 % o más de la población lleva una cámara de fotos en el bolsillo en algo que llama «teléfono móvil» y te pude hacer fotos cuando quiera, se preocupan de los que llevamos a la vista una cámara de fotos sin escondernos. Atavismos autoritarios, restos de un pasado fascista que no ha abandonado todavía a nuestra ciudadanía.

[TV/Libro] Revisitando a Isaac Asimov de una forma u otra… todos estos años después

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En su momento, entre los 18 y los 26 años, si no leí todo lo escrito por Isaac Asimov en el ámbito de la ficción, poco lo faltó. Incluso leí algún ensayo sobre historia. De la historia de Roma, si no recuerdo mal. Realmente, me gustaba. Aunque hace mucho mucho mucho tiempo que ya empecé a comprender que dentro de su obra había que diferenciar las cosas realmente buenas, las cosas interesantes… aunque menos buenas, y las cosas… meh. Pues bien, en estas semanas atrás he revisitado algunos elementos de la obra de Asimov de un modo u otro. En televisión y en libro. Vamos con ello. Aunque intentaré no enrollarme mucho.

Cuando se imaginan civilizaciones extrañas de colonias humanas establecidas en planetas dispersos por la galaxia, es frecuente que alguna de ellas se inspire en culturas asiáticas, especialmente Japón. Pero creo que no ha salido nadie vestido con indumentarias inspiradas por los kimonos. Como los que podemos ver desde ayer expuestos en el Museo de Zaragoza y hasta el mes de noviembre.

TV – Segunda temporada de Foundation

Pues sí. Aunque la primera temporada de esta serie no me acabó de cuadrar, uno de los proyectos estrella de Apple TV, decidí darle una segunda oportunidad, y me puse a ver la segunda temporada. Que sí que me ha gustado. Bastante. Mucho, a ratos. ¿Qué ha pasado? Mmmmm… Nada y muchas cosas. Veamos.

Primera. Una de las cuestiones que más me molestó en la primera temporada es que la serie se aparta tanto de la famosa trilogía de Asimov en la que se inspira, pero que decididamente NO ADAPTA, que mi opinión en ese momento es que desvirtuaba las esencias de aquellas novelas escritas en los años 40 del siglo XX, pero que aguantaban notablemente el paso del tiempo. Y aquellas novelas no me parecen la octava maravilla en calidad literaria, aunque la tienen en suficiente cantidad, pero sí que proponían conceptos muy interesantes que en esta serie se perdían, se han perdido, por completo. Pero en esta segunda temporada he aceptado que es una propuesta dispuesta, y he decidido aceptar esta propuesta. Y de repente, simplemente, es una historia nueva, con algunos parecido superficiales con aquella, que usa los nombres de los personajes y de los planetas de aquella, pero nueva. Distinta. Y me vale.

Segundo. No conseguí empatizar con ninguno de los personajes principales. Ni Gail Dornik, ni Hari Seldon, ni Cleon, ni Demerzel (que no debería aparecer por aquí), ni Salvor Hardin… Nop. Me daban igual. Si se hundía el Imperio Galáctico, como si llegaba la muerte térmica del Universo entero. Sin embargo, de repente, en esta segunda temporada, toda esa gente, que ya no tiene gran cosa que ver con los personajes de Asimov, se han convertido en los protagonistas de una aventura espacial de acción de lo más interesante. Adiós a la filosofía de la trilogía literaria, pero bienvenido un universo espacial estupendo. Flop. Ahora hay un montón de gente en pantalla que me interesa un montón. Los anteriores más Poly Verisof, Hober Mallow (nombres tomados del original), una tal «Brother» Constant, o una tal reina Sareth, que son inventados para la serie. Estupendos.

Tercero. La serie está bien hecha. Está muy bien hecha. Hay unos mundos estupendos. Hay unas estupendas naves espaciales. Hay un efectos especiales/visuales decentes para ser televisión, siempre menos vistosos que en el cine. Y oye; que los que salen actúan bien. Son buenos intérpretes.

Así pues,… ¿necesito decir más? No es realmente Asimov, aunque tome cosas de él y a veces se le parezca. Pero está bien. Decían que la Trilogía de la Fundación o Ciclo de Trantor, cuando se incluyen las secuelas y precedas tardías, era inadaptable. Puede ser, de momento nos quedamos sin saberlo, porque esto es otra cosa. Aunque muy interesante.

Libro – The Gods Themselves

Leí hace muuuucho tiempo esta novela, en la época que he mencionado al principio, en castellano, con el título Los propios dioses. Es una novela de 1972, y fue muy reconocida y premiada. Fue escrita más de veinte años después de Foundation y sus secuelas originales. Y en ella Asimov se ponía al día con los últimos (para la época) hallazgos en física, aunque hoy en día nos parezca que está bastante superada. Su principal motivo, el intercambio de materia entre universos (para que diga que el multiverso es una moda actual) se relacionaba con la interacción nuclear fuerte, que se suponía e intuía desde tiempo atrás, pero que estaba recibiendo sus fundamentos más potentes desde los años 60. Creo. A partir de ahí, se especula con las consecuencias para los distintos universos si se intercambia energía/materia entre ellos, partiendo de la base de que tienen distintas constantes físicas universales. Consecuencias catastróficas, claro, para que haya emoción. Por otro lado, se nota que hay conceptos que no han madurado lo que han madurado hoy en día. El estado inicial del universo tal antes del Big Bang no tiene que ver cómo se propone en el libro a cómo se propone hoy en día. O los cuásares, que hoy en día sabemos que son galaxias lejanas con un núcleo extraordinariamente activo y energético, y para Asimov era algo parecido a una supernova, u otro cataclismo similar.

El título viene de una cita extraída de una obra de teatro de Schiller sobre Juana de Arco; «Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens.» O en castellano, «Contra la estupidez, los propios dioses se afanan en vano.» Desde hace un tiempo, con la estupidez reinante en las organizaciones, laborales incluidas, esta expresión me ha parecido dogma de fe. Y es que en la obra, dividida en tres partes 1) Against stupidity, 2) The gods themselves y 3) Contend in vane?, trata el tema de las mezquindades humanas, también en el ámbito de la ciencia, que hace que se perpetúen los errores, se desprecie el valor y el saber de hacer de algunos de los mejores, y se ponga en peligro el avance inmediato del conocimiento científico y el progreso humano.

Este es uno de esos libros que considero… literariamente no tan buenos, aunque con propuestas interesantes. Y creo que, aunque no es muy extenso… para lo que cuenta, podría serlo menos. Hay conceptos sociales y morales que hoy en día parecen bastante ingenuos, especialmente en la última parte que transcurre en un colonia lunar, y eso hace que no, paradójicamente, por ser más moderno, me parezca que hay envejecido peor que la Trilogía de la Fundación. Pero me ha alegrado volver a leerlo, con una nueva perspectiva. No está mal.

[Recomendaciones fotográficas] Un clásico y otras cosas interesantes

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Indudablemente, Richard Avedon es considerado como uno de los grandes de la fotografía de moda del siglo XX. De la segunda mitad del siglo XX. Fue una fotógrafo excelente. En la concepción de sus fotografías, en la forma en que las llevaba a la práctica, en su composición, en la humanización de sus modelos… Muy bueno. Pero para mí, su mejor trabajo no estuvo en el mundo de la mola. Cuando cogió su cámara y un tela blanca que le sirviera de fondo absolutamente neutro para sus retratos y se dedicó a recorrer el Oeste americano para mostrar y comprender a las gentes que lo conforman, más allá de mitos y prejuicios, es cuando quedó ya claro que es uno de los mejores de la historia de la fotografía. Esta semana nos lo han recordado en Blind. Y si alguien quiere saber más, recomiendo este vídeo de Ted Forbes, en su canal The Art of Photography, que conoció momentos mejores en lo que se refiere a su interés, pero que tiene un archivo de vídeos muy recomendable.

El sencillo blog de Elizabeth Avedon siempre ha sido fuente de inspiración, aunque hace tiempo que no se le mencionaba en estas páginas. Sí. Tiene que ver con el Avedon de la recomendación anterior. Pero tiene méritos de sobra en el ámbito de la cultura y de la fotografía para ser reconocida, no como fotógrafa, pero si como conservadora, editora, estudiosa, diseñadora… lo que queráis. El caso es que esta semana nos ha traído uno de los nuevos trabajos de Nick Brandt, un fotógrafo por el que siento debilidad y que no deja de reinventarse a sí mismo, pero sin perder su línea de pensamiento y su coherencia personal a la hora de denunciar las agresiones al medio ambiente y de defender la necesidad de ser activos para preservar lo que debe ser preservado. Ahora ha lanzado su mirada sobre las poblaciones que ven en riesgo sus hogares y su medio de subsistencia por el incremento de los niveles de los mares, que inundarán costas, islas y esperanzas. Siempre necesario, Nick Brandt.

Olivia Arthur es fotógrafa de Magnum Photos. La fotógrafa británica se aleja del tópico del fotógrafo reportero que se mete en todos los saraos donde caen bombas y vuelan balas, para acercarse a una diversidad de sujetos sobre los que hay algo interesante que contar. Y para mí es importante que esto se haga con amplias dosis de empatía, que las fotografías muestren sin ambages la humanidad de la persona que aparece en ellas, algo en común con los anteriores. La conozco ya desde hace años, pero definitivamente me interesé más por ella a raíz de su participación en el proyecto en el que con otras siete fotógrafas seguían los pasos de Inge Morath en el pasado, recorriendo el Danubio desde sus fuentes hasta su desembocadura en el mar Negro. Esta semana, la página oficial de Magnum Photos ha dado un repaso a su recorrido profesional.

Finalmente, hoy mismo, en la cuenta de Instagram de Tokyo Camera Style, he encontrado la interesante propuesta del fotógrafo japonés Yoshihiko Ueda (Instagram) y su libro de 600 páginas con las fotografías de sus viajes a China durante dos décadas. Son muchas fotografía las que caben en 600 páginas, pero en lo que he podido ver, hay cosas, enfoques, muy interesantes. Y sobretodo, una ocasión para analizar visualmente los cambios que el gigante asiático, en continua transformación, ha sufrido en veinte años. Si lo pudiese pillar a un precio razonable, es decir, no demasiado penalizado por gastos de transporte y aduanas, no me importaría tener el libro. Después del paréntesis debido a la pandemia y otras circunstancias que no vienen al caso, hay ganas de volver al Asia oriental. Muchas ganas.

[Fotocomentario] Se acerca una nueva «ola de calor». Pero…

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… el calor de estos días, ¿qué es pues? Salí hacia Estocolmo el jueves de la semana pasada con temperaturas relativamente altas. Y los que se quedaron en Zaragoza me iban diciendo que hacía mucho calor. Llegué el martes… y sigue haciendo mucho calor. Con temperaturas nocturnas más altas de lo que habíamos tenido en todo el verano hasta este momento, «olas de calor» incluidas. Y ahora… nos dice que llega una nueva «ola de calor». Es decir, en lugar de los 39 ºC de estos días tendremos 40 o 41 ºC de máxima. Y en lugar de los 24 ºC de mínima, tendremos… 24 ºC de mínima… ¡¡¡???

Bueno. Simplemente, es verano. Y los veranos cada vez son más cálidos. Ya circula la broma esa desde hace unos años. Ya sabéis… «Alégrate y disfruta, que este será el verano más fresquito del resto de tu vida». En cualquier caso, desde los peores momentos de la pandemia, ya he cogido la costumbre durante el verano de salir a caminar muy pronto por la mañana. Porque el resto del día no apetece, y no es plan estar apoltronado todo el día, salvo cuando hay que ir a trabajar o quedas en algún lugar fresquito a tomar algo con unos amigos. Cada vez menos en terrazas y cada vez más en interiores con aire acondicionado. En cualquier caso, ese el plan, madrugar, pasear cuando la temperatura es más agradable, salir sólo para ir al cine o a tomar algo, e intentar hacer alguna foto. Como las que aquí os presento y de las que podéis saber más en Caminar en verano a primera hora de la mañana – Pentax MX con SMC-M 40 mm f2.8 y Adox Color Mission.

[Libro] On a red station, drifting – Aliette de Bodard

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Quién iba a decir que me acabaría enganchando, hasta cierto punto, al peculiar universo creado por Aliette de Bodard, el Universo de Xuya, consecuencia de una historia alternativa de la civilización humana que ha terminado con un imperio interplanetario con una cultura inspirada por la vietnamita y otras de la esfera cultural del Asia oriental, y específicamente en el confucianismo. Recordemos. De Bodard es una escritora francoamericana, con ascendencia vietnamita, que escribe en inglés obras en el ámbito de la fantasía y la ciencia ficción. Algunas de sus obras, fundamentalmente una novela, varias novelas cortas y algunos relatos cortos, transcurren en el llamado Universo de Xuya cuyas características ya he mencionado. Algunas de sus obras tienen un carácter de literatura romántica, de las que no he leído ninguna, ni me siento especialmente atraído, mientras que otras son aventuras espaciales con otros temas. Las dos que había leído hasta el momento eran historias detectivescas, una inspirada por Sherlock Holmes, y la otra inspirada por Arsène Lupin. Esta última es la que más me había convencido hasta el momento.

Fotografías realizadas en Zhouzhuang, no lejos de Shanhái o Shuzou para ilustrar una novela con ambiente del Asia oriental, aunque sea en una estación espacial en el frío espacio.

A un precio muy ajustado encontré la novela corta de hoy, que fue la primera que transcurría en el Universo de Xuya, aunque es posible que previamente hubiese escrito algún relato corto en ese universo de ficción. Y no es una novela detectivesca. El imperio interplanetario Dai Viet (me disculpo si no sé colocar los diacríticos oportunos en las palabras de origen vietnamita) está en guerra civil. Y una facción rebelde a invadido y ocupado el planeta nº 23, del que era magistrada una de las protagonistas de la novela. Esta huye y se refugia en una estación espacial, dirigida y gestionada por miembros de su familia, siendo la principal administradora una prima lejana suya, que la acoge por los lazos familiares pero con frialdad. Aunque en la jerarquía y en la sociedad de inspiración confuciana el puesto alcanzado por la refugiada fuera superior al de una mera administradora. Pero además algo empieza a funcionar mal en la estación, especialmente en inteligencia que la gobierna; y otros problemas asuelan la familia de la administradora, que van poner en riesgo las vidas de toda la familia.

Frente a las historias detectivescas que había leído hasta ahora de esta autora y en este universo, nos encontramos ahora en una intriga familiar, un choque entre personas y mentalidades, especialmente entre las dos mujeres, la administradora y la refugiada, que desconfían entre sí. Pero al mismo son familia y sienten obligaciones la una hacia la otra. Y de fondo, una situación política y una serie de dilemas éticos. Es una novela corta dividida en tres actos, y va de menos a más. No voy a decir que me haya entusiasmado. Pero sí que ha ido aumentando en interés poco a poco. Creo que el universo que ha creado de Bodard es muy interesante, más de lo que sus capacidades como escritora, decentes pero no extraordinarias, son capaces de desarrollar. Si en el futuro vuelvo a encontrar ofertas razonables, puede que lea alguna obra más de esta autora. Si no… pues no.

[Recomendaciones fotográficas] Poquita cosa, pero más interesante de lo que pensaba

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Teníamos una conversación curiosa hace unos días. Cuando yo era un adolescente o un joven de veintipocos, las personas con tatuajes no eran frecuentes. Y además, quienes los llevaban no eran precisamente aquellos a quienes las madres de la época querrían como yernos; legionarios, carcelarios, marineros… Era así la cosa. Simplemente, la generación de mi hermana, que es nueve años más joven, ya empezó a llevar tatuajes. Al principio, pequeños, discretos. Poco a poco más amplios y característicos, como cuando se pusieron de moda en las mujeres los de la zona lumbar, y luego llegaban los anestesistas y no querían poner la epidural en los partos para no arrastrar las partículas de tinta al líquido cefalorraquídeo en el espacio subaracnoideo junto con el anestésico, montándose el pollo con las quejas de las parturientas. Y hoy en día, lo raro es encontrar a una persona de ciertas edades, un amplio intervalo de edades, que no lleve uno, o varios, o muchos. Y no son distintos de cómo éramos nosotros cuando teníamos 20 años y mirábamos con aprensión a las personas tatuadas. Durante mi primer viaje a Japón no visitamos ningún onsen 温泉, típicos baños de aguas termales de origen volcánico, frecuentes en el país por la geología del archipiélago nipón. Durante el segundo sí, porque nos alojamos en algunos ryokan 旅館, alojamientos tradicionales japoneses, que incluían ondeen. Y allí nos encontramos con una norma frecuente en estos establecimientos… prohibidos los tatuajes. Y es que en Japón, los tatuajes se suelen asociar a la yakuza, el crimen organizado del lugar, y eso es así porque fueron prohibidos tras la restauración Meiji, por motivos de imagen nacional, y así fue durante años. Volvieron a estar permitidos tras la guerra mundial. Pero la consideración de mal gusto permanece en la mentalidad del país, por lo que hoy en día todavía son raros. En Another Magazine nos muestran el trabajo de Akimitsu Takagi, un escritor que escribió novela negra con personas tatuadas, pero que también se documentó fotográficamente, durante varias décadas del siglo XX, unas fotografías que no eran conocidas y que recientemente han visto la luz, mostrando ese mundo de bajos fondos donde sucedían los tatuajes en el País del Sol Naciente.

Llevo un tiempo enyando con el uso del flash en la fotografía de aproximación. En esta ocasión con un flash anular al que he podido acceder, un tipo de accesorio al que nunca había accedido. Y que puede ser muy interesante, aunque no en cualquier situación.

Como contraste a lo anterior, me han gustado los retratos del dúo de fotógrafos contemporáneos Fotómetro, Rona Bar y Ofez Avshalom, la mayor parte de ellos jóvenes, aunque no exclusivamente, en los que ponen de relieve aquellos detalles del atuendo, los complementos, o las alteraciones corporales, por ejemplo los tatuajes, que sirven para marcar la individualidad de cada una de las personas, en el entorno que constituye su espacio personal más íntimos, con los pequeños detalles que significan el ejercicio de la libertad personal del retratado. Los retratos me han resultado estéticamente interesantes y agradables, y en un plano más subjetivo, creo que resaltan la humanidad de aquellos que en ocasiones viven fuera de los cánones estéticos que las costumbres y las modas imponen. Lo hemos visto en Booooooom. Me quedo con las ganas de saber por que este duo de israelíes que vive y trabaja en Londres, usan un nombre para su dúo en castellano, con la tilde incluida.

Al igual que no soy muy partidario de enlazar recomendaciones de los sitios patrocinados por las marcas de cámaras, por su obvios sesgos, tampoco las recomendaciones de los medios oficiales de las redes sociales o de los servicios en internet, por idénticas razones. Promocionan a sus clientes principales. Pero curiosamente, Irene del Pino, protagonista de un artículo con entrevista en el blog de 100ASA, curiosamente trasnochado nombre, no parece ser cliente de este servicio de portafolios compartidos, al estilo de 500px, pero algo más serio. Aunque muy enojoso de usar. Ni siquiera tiene cómo buscar a un fotógrafo,… o yo no he encontrado la forma. De hecho, del Pino no parece tener presencia propia en internet, hay que encontrar su trabajo en otros lugares. El enlace que he puesto en su nombre corresponde a los Encuentro Fotográficos de Gijón, porque me ha parecido razonablemente completo. Del Pino se define como fotógrafa documental, que registra los cambios en el paisaje, natural o urbano, con o sin presencia de personas, aunque el factor humano está presente habitualmente. Su estilo me ha gustado. Obviamente es una fotógrafa reflexiva, que camina, que recorre, que regresa a los lugares, para encontrar el mejor ambiente, la luz adecuada, la forma en que refleja adecuadamente sus sentimientos sobre el lugar.

Finalmente, en Lenscratch nos han mostrado otro trabajo de una fotógrafo documental, la neoyorquina Sant Khalsa, pero criada en California, y que ha recorrido el sudoeste americano donde proliferan los establecimientos destinados… a vender agua. Sin más. Exclusivamente agua. Sin propiedades. Sólo, con adjetivo tipo «cristalina», «pura», «paradisiaca»… La mercantilización del bien común, sin más. Y que también refleja una realidad social. La deficiente calidad de los suministros de agua potable a través de los grifos de los hogares, especialmente en los lugares donde la pobreza es más rampante. Lo cual afecta todavía más a estas magras economías, con la curiosa paradoja de que muchos de estos establecimientos están regentados por inmigrantes, latinoamericanos, coreanos, chinos,… que de esta forma parasitan a sus propios congéneres. Un trabajo sencillo… y sin embargo notable en su profundidad.

[Libro] Hōzuki, la librería de Mitsuko – Aki Shimazaki

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No hace tantos años que empecé a leer los libros de Aki Shimazaki. Japonesa de nacimiento, canadiense de adopción, vive en Montreal y escribe y publica sus novelas en francés. Escribe novelas cortas, que tienen sentido en sí mismas, de forma individual. Pero agrupadas de cinco en cinco, como quintetos, conforman historias más amplias, de vidas cruzadas, con tiempo que pueden abarcar décadas, más profundas, y con más sentido todavía. Inicialmente, los derechos de publicación de sus novelas en España lo tenía editorial Lumen, que las publicaba reunidas en dichos, por lo que sólo publicó dos libros, El quinteto de Nagasaki (2018), el primero, con novelas cortas que fueron publicadas originalmente por Shimazaki entre 1999 y 2005, y El corazón de Yamato (2019), el segundo, con historias publicadas originalmente entre 2006 y 2013. Leí el primero de ellos en 2019, y el segundo en 2020.

No he estado en Nagoya, la cuarta ciudad japonesa por población, tras Tokio, Yokohama y Osaka. Bueno… si he estado. En la estación, para cambiar de tren en el viaje entre Ise y Tokio. Pero no la he visitado. Así que os dejo algunas fotografías realizadas con película en blanco y negro, en los días que estuvimos en la capital nipona, tras ese desplazamiento en el que hicimos transbordo en Nagoya, donde transcurre buena parte de la novela de hoy.

Me gustaba leer sus novelas cortas así, como una novela más amplia y con más profundidad de contenido. Para mí tenía más sentido. Pero supongo que comercialmente será más rentable hacerlo como en su idioma original, en francés, donde siempre se han publicado cada novela por separado. El precio conjunto de las cinco novelas cortas por separado es 2,5 veces superior al de los libros que las reúnen. Los derechos de las siguientes novelas de Shimazaki en español han ido a parar a otras editoriales. Y por ello, paradójicamente, la siguiente que leí, Luna llena, que me gustó mucho, es la segunda novela corta de la cuarta serie, publicada por Tusquets en 2022. Pero con algún disgusto que otro. Por ejemplo, que no se han saltado la publicación de la primera novela corta de la serie. Y también porque han roto la tradición de conservar el título original de la novela corta en japonés, que hace referencia a algún animal o planta. El título de la novela original, el que esperaba que se conservase en la traducción, como había sucedido hasta el momento, o como sucede en las versiones originales en francés, pero con el título en japonés, es Semi 蝉, cigarra. Odio esta costumbre de las editoriales españolas de no respetar los título originales o de respetar su sentido. Como ese absurdo Tokio blues para el Norwegian Wood de Haruki Murakami, cuando la canción de los Beatles tiene tanta relevancia en la novela.

Con la novela de hoy, cuyo título original Hōzuki 鬼灯, se refiere a una planta del género Alkekengi, con frutos en forma de farolillo chino, y que encontré de oferta recientemente en versión electrónica, es la segunda novela corta de la tercera serie de cinco. Y esta serie está publicada por Nórdica… para acabar de complicar la cuestión editorial de la autora en español. Ya he decidido que voy a ignorar las traducciones y que iré poniéndome al día con la obra de Shimazaki con los originales en francés. Si no hay ventaja económica, como la publicación en conjunto que hacía Lumen, pues nos dejaremos de las tontadas con las que maltratan las editoriales españolas los libros traducido. En ello se nos habla de una mujer, que regenta una librería de lance, que vive con un hijo de siete años sordomudo y su madre anciana. Su vida no ha sido fácil. Cuando el niño era muy pequeño se vio obligada a prostituirse para salir adelante durante dos años, en una ciudad lejos de Nagoya, su ciudad de origen. Y ahora, para pagar la educación especial que necesita el pequeño, trabaja una noche a la semana en un hostess bar. No lo traduzco como bar de alterne, como en el libro, porque en español, la chica de alterne implica prostituta, y en Japón no. Dado que diferencia su actividad del pasado de la del presente, doy por descontado que en este momento no se prostituye. Un día entra en su librería una elegante mujer de buena posición, esposa de un diplomático, a comprar libros encargados por su marido. Con su hija de cuatro años. Los niños juega y se hacen amigos. La mujer del diplomático quiere entablar relación y amistad con la librera. Pero esta está reticente. Porque, quizá, algo del pasado las une.

Shimazaki vuelve a contarnos una historia con corazón y con profundidad, con personajes que nos enganchan, con los que empatizamos, a los que acabamos apreciando, en lo que se insinúa una continuación de su estilo de construir sus grandes historias a partir de las pequeñas (o no tan pequeñas) historias de algunas personas y de las vidas cruzadas de las mismas. No tardaré mucho en ponerme a la tarea de recuperar el resto de las historias de esta tercera serie. Ya las tengo localizadas y preparadas. Pero como ya he comentado, me he pasado al idioma original, el francés. Acabo de terminar un libro hoy mismo, continuación de una novela japonesa que leí el año pasado, algo ligero, y he comenzado una libro de relato cortos de una autora española, desconocida hasta ahora para mí, que espero no me dure mucho. Después, dedicaré una parte del verano a ese tercer quinteto de Shimazaki, L’ombre du chardon, la sombra del cardo.

Shimazaki se lee bien. Como he dicho, cuenta historias con sentimiento, y crea personajes que te interesan. A pesar de que escribe en francés, sus historias se enraízan con fuerza en su Japón natal y en su cultura de origen. Hoy en día, sin embargo, tiene la nacionalidad canadiense y esta establecida en el país norteamericano. Me parece curioso que no aprendió el francés hasta los cuarenta años, en 1994, cuando ya llevaba tres viviendo en Montreal. Ella se expresaba fluidamente en inglés hasta ese momento. Y que eligiese escribir sus novelas cortas en francés, publicando la primera en 1999. Por ello, realmente tengo curiosidad por leer a partir de ahora sus novelas en su versión original. Lo voy a hacer. Y como ya podéis suponer, sus libros me parecen muy recomendables.

[Cine] Master Gardener (2022)

Sin categorizar

Master Gardener (2022; 35/20230614)

Escapada al cine entre semana, aprovechando que parece que la cartelera se ha animado… un poquito… con respecto a la falta de interés de las últimas semanas junto con los malos horarios o las mala oferta en los exhibidores zaragozanos. Y es que esta película norteamericana dirigida por Paul Schrader, tenía diversos niveles de atractivo, empezando por un director que tiene cosas interesantes en su haber, un reparto prometedor y algunas críticas previas positivas. Sin embargo, le ha costado llegar a los cines. En todo el mundo. Tras una largo paseo por festivales. Lo cual hablaba de un producto con poco atractivo comercial, lo cual, en los tiempos que corren, no es necesariamente una mala referencia.

En algún lugar de los estados del sur de los Estados Unidos, un maestro jardinero (Joel Edgerton) trabaja para los reputados jardines de una excéntrica ricachona del lugar (Sigourney Weaver). Jardines cuidados de forma exquisita, un motivo de orgullo local, y para su dueña, claro. Un día, la señor anuncia al maestro jardinero que va a acoger a una sobrina nieta, una joven de unos 20 años (Quintessa Swindell), que ha llevado una «mala» vida, al igual que su difunta madre. Y que además es de «mixed blood». O sea, procedente de un relación entre la madre blanca y un padre negro. Lo cual choca en principio con los prejuicios de la señorona,… y con los secretos de la vida pasada del jardinero, incluido en un programa de protección de testigos por acontecimientos de un pasado oscuro.

Me llama la atención la escasa valoración del público hacia esta película, que sin embargo ha sido bien recibida por la crítica. A lo mejor no con entusiasmos, pero no se puede negar que existe una realización exquisita, una puesta en escena y un diseño de producción excelentes, a los que se reúnen los excelentes trabajos interpretativos del conjunto del reparto, incluida la joven protagonista, que se tiene que enfrentar a gente con nombre y prestigio, en mayor o menos medida. Sin embargo,… claro, hay «sin embargos». La historia es sencilla en su planteamiento, pero compleja en su fondo. Y en algunas ocasiones difícil de digerir. El planteamiento general es la redención mutua basada en la relación entre dos personas cuya vida descarriló en algún momento, con dificultades para retornar a un camino con futuro. No es algo original, no es algo que no hayamos vista. La retroalimentación positiva entre dos personas aparentemente muy distintas. Pero quizá Schrader, que firma también el guion, lleva esa relación a un punto demasiado lejos como para no poner en riesgo la suspensión voluntaria de la incredulidad del espectador, con un final que no acaba de convencer. A mí, no me acaba de convencer. No lo compro con facilidad.

Es difícil decir si la película es recomendable o no. Creo que tiene muchas virtudes positivas, aunque no es «apta» para público palomitero, ávido de pirotecnias banales, y acción sin ton ni son. Pero también es cierto que, como ya he insinuado, tal y como está planteada, y no doy detalles por no desvelar más de la cuenta, la evolución de la película, la definición de los personajes, las características básicas de estos, hace que el desenlace final me resulte un non sequitur, aunque haya material para un producto más redondo, sin perder el mensaje que nos quiere lanzar Schrader.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***