[Viajes] escapada por Andalucía… por los pelos

Viajes

Uno de los efectos que ha tenido la epidemia de covid-19 es que he empezado a gastar mis días de vacaciones y asuntos propios muy tarde en el año. Algún día suelto en julio, sin mucho que hacer, y primera tanda de días de vacaciones en agosto. Segunda en septiembre… y a principios de octubre, haciendo balance, me encuentro con que no me quedan seis días para imprevistos y navidades sino ocho días.

Por las calles de Sevilla.

Ante esta situación, decido que me cojo un par de días antes del cambio de la hora oficial para que, si es posible viajar, poder tener más tiempo de luz por las tardes. Finalmente, me pongo de acuerdo con una buena amiga, compañera de muchos viajes, que actualmente reside en Sevilla, y decido que me voy del 22 al 25 de octubre a la capital andaluza. Sé que hay un AVE directo sin pasar por Madrid que hace el recorrido entre Zaragoza y Sevilla en poco más de tres horas y media.

Plaza de España de Sevilla, sorprendentemente desprovista de gente. Sin turistas, está vacía.

El día que voy a sacar el billete de tren desde casa, por internet, compruebo que hay dos trenes a Sevilla en esas condiciones; uno por lo mañana, que era el que pensaba coger y otro por la tarde, a las 17:30, aproximadamente. Decido que para aprovechar mejor los días, y puesto que a esas hora ya he abandonado el trabajo, me iré el miércoles 21.

Jardín del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo.

Todo eso supeditado a que se pueda viajar… claro. Porque todas las informaciones indican que la segunda ola de la epidemia de covid-19 está avanzando en toda Europa, incluido España, a toda velocidad. Ingenuo de mí, creo que las restricciones comenzarán en vísperas del puente festivo del 1 de noviembre. Pero no es así… el Gobierno de Aragón decide adelantar las restricciones.

Centro Andaluz de Arte Contemporáneo en la antigua Cartuja de Santa María de las Cuevas, cerca del antiguo recinto del Exposición Universal de 1992.

La cosa se empieza a pone curiosa para mí… porque empiezo a no saber cuándo van a empezar las restricciones, cual será su alcance y si ponen en peligro mi viaje. La semana se estrena con dos decretos-leyes que permiten aplicar legalmente restricciones que hasta el fin de semana del Pilar eran tumbadas por los tribunales de justicia. Que a veces son fieles al espíritu de la ley, y entienden que la salud y las vidas de los ciudadanos están por encima de intereses particulares, y otras son fieles a la letra pura y dura y tiran por el otro lado. En Aragón… fieles a la letra… da igual lo de la salud y las vidas. En otras comunidades no es así. Cuando los tribunales superiores de justicia de distintas comunidades autónomas fallan de forma distinta ante similares propuestas… algo falla en el sistema legal o en la justicia en España. Sin entrar en el debate de «jueces haciendo política».

Doñana nos recibe con una fuerte niebla, que se levantó a media mañana.

Según los últimos datos que he leído, publicados y comentados por profesionales de la salud pública, no por políticos o prensa, el 30 % de los casos se transmiten en el seno de las familias, y otro 30 % en actividades sociales (bares, restaurantes, celebraciones,…). Para los que se quejan de la ocupación de los transportes públicos, el grupo de entornos varios en el que están estos transportes y otros entornos diversos, supondrían alrededor de un 10 % de los contagios. Pero los españoles,… «antes muertos que sin bares». Y una semana después de la «no celebración» de las fiestas del Pilar, en Zaragoza hay un pico considerable de casos.

Variedad de aves entre la niebla en los arrozales pr´óximos a Doñana.

Finalmente, las decisiones trascendentes son conocidas en la mañana del miércoles 21 de octubre. Zaragoza quedará sometida a confinamiento perimetral a partir de las 0:00 horas del jueves 22 de octubre. Seis horas y media DESPUÉS de que salga mi tren hacia Sevilla. Dos horas y media después de que llegue a la capital andaluza.

Un joven ciervo entre los alcornoques de Doñana.

A partir de ahí, cuatro días de descanso y relax. Las zonas turísticas de Sevilla están vacías. No hago vida social, más allá de alojarme con mi amiga que vive sola. Como mucho, ver a su hermano y su cuñada prudentemente picando algo antes de coger el tren el domingo. Todo con mucho cuidado, sin efusiones y con mucha solución hidroalcohólica por medio. Manteniendo las distancias a pesar de lo mucho que nos alegramos de vernos.

Separación en la playa de Matalascañas entre el Parque Nacional de Doñana y la zona turística de la playa.

Quienes sigan habitualmente este Cuaderno de ruta, conocerán mi recorrido por tierras andaluces, tras una visita de rigor a Sevilla, siempre hermosa, aunque creo que me resultaría difícil a vivir en ella, hago una estupenda visita a Doñana. Desde los arrozales próximos, por las dehesas y bosques, hasta las dunas en las playa y con una parada en la «aldea» del Rocío, un lugar que me parece surrealista.

En la plaza de la Catedral… que no es la iglesia que vemos en la foto, sino el edificio que proyecta la sombra que cubre la plaza.

El sábado no escapamos también a Cádiz. Había estado en una ocasión, pero muy poquito rato y hace veinte años, y conservaba poco recuerdo del lugar. Una ciudad muy bonita. Y en la que la gente, como en el resto de España, lo de la recomendación de evitar las concentraciones sociales en los bares se lo pasan por… allí.

Alegría de la buena en los chiringuitos de la playa de la Caleta.

Por lo menos, tuvimos un tiempo privilegiado, pude probar unos de los más ricos salmorejos que he comido en mi vida, muy fino y con trocitos de atún rojo, y disfrutar de una bella puesta de sol, de las que te ilumina un poco en estos tiempos tan achuchados.

Puesta del sol junto al castillo de San Sebastián en Cádiz.

La última mañana en Sevilla la dediqué, acompañado, a recorrer de nuevo el barrio de Santa Cruz, muy lluvioso el primer día de estancia. Y a buscar algún sitio donde comprar recuerdos para mis allegados. Y con tranquilidad, al tren. Y a Zaragoza. A encerrarse durante vete tú a saber cuánto tiempo. Por lo menos de momento podemos caminar por la calle para algo más que para ir a trabajar. Podemos caminar. Que no es poco.

[Fotos] Haciendo fotos, experimentando con película en blanco y negro y paseando la ciudad

Fotografía

Este año, para los «días del Pilar» y por culpa/gracias a la pandemia de covid-19, la ciudad ha estado mucho más tranquila de lo que corresponde habitualmente. Yo soy de los que gustan más de la tranquilidad y el silencio que de las muchedumbre y el bullicio sonoro… así son las cosas. Así que aproveché unas mañanas, frescas, algo ventosas, pero soleadas, para hacer algunos «experimentos» con película fotográfica, buscando las mejores soluciones para mi forma de hacer.

Los detalles técnicos en Ilford FP4 Plus 125 a IE 400 – En Hasselblad 500CM. Para los no interesados en la técnica, como de costumbre, os dejo algunas fotos.

[TV] Cosas de series; coreanas protagonizadas por la misma actriz

Televisión

No sé muy bien cuándo apareció en la programación de Netflix, quizá en algún momento de septiembre. Yo no me puse a verla hasta unas semanas más tarde, cuando volví de mis vacaciones portuguesas. Pero hay una serie surcoreana en esta plataforma televisiva en internet que es una rara avis en comparación con lo que es habitual en las series de aquel país asiático.

Se trata de The School Nurse Files, en el original Bogeongyosa An Eunyeong [보건교사 안은영; Enfermera escolar An Eunyeong]. Atípica por varios motivos. Por una lado, sólo seis episodios, frente a los 16 habituales. Hasta ahora las había conocido con algunos menos o con algunos o muchos más, pero sólo seis,… no es habitual. En segundo lugar, se trata de una adaptación televisiva a una novela. Uno de los motivos por los que la duración de la serie estará ajustada a la historia que cuenta la novela. Además el director de la serie ya participó en otra serie distinta surcoreana, una antología, Persona, que me pareció interesante aunque no del todo conseguida. O más bien, irregular, con episodios muy buenos y otros más flojos. Y luego está el tema. Es una serie fantástica, en la que la enfermera escolar de un instituto privado lucha contra fantasmas y otros seres sobrenaturales armada con una espada de plástico plegable de colorines. Seres sobrenaturales gelatinosos que se convierten en corazoncitos rojos, también gelatinosos al ser tocados con la espada. Pero no nos equivoquemos. No es una comedia. Es un drama de personajes desarraigados y perdidos en el mundo y en la sociedad. Es una curiosidad, que me llamó la atención, que vi con atención, no entra en mi categoría de guilty pleasures coreanos, y en la que destaca el trabajo de su actriz protagonista, Jung Yu-mi.

Nos moveremos entre los túmulos y las antiguas pagodas de Gyeongju, para ilustrar el mundo sobrenatural de una de las series de hoy.

Me llamó la atención, como digo el trabajo de Jung Yu-mi en la serie comentada anteriormente. Y me pareció que ya me era familiar de alguna otra serie o película. Busqué en IMDb… y efectivamente ya me la había cruzado en alguna película. Y vi que protagonizaba otra serie en Netflix, que hasta ese momento no me había interesado. Se trata de Live [라이브; Laibeu que es la forma como transcriben «live» a su idioma los coreanos], que no hay que confundir por semejanzas de título con una drama de hospitales que comenté hace poco. A priori, una serie sobre los problemas cotidianos de una comisaría de policía no me interesaba mucho. Pero por la aparición en la actriz mencionada en un papel importante me puse a verla. Y me sorprendió de una forma razonablemente grata. Aunque con un guion manifiestamente mejorable, dada la simpleza de las situaciones presentadas, y cierto tono de publirreportaje alabando el trabajo de los agentes de policía normalitos, los altos mandos… todos corruptos parece ser, la serie está razonablemente bien hecha y competentemente interpretada. De hecho, quizá la actriz que me arrastró a ella resulta de las más flojas de los roles principales, sin que esté mal. Entretiene. Y es de las típicas series que puedo reservar para el fin de semana, cuando no quiero pensar en nada serio.

[Libro] Los años de espera – Enchi Fumiko

Literatura

La segunda de las novelas de autora japonesa que leí durante mis vacaciones en Oporto fue una auténtica sorpresa. En el sentido positivo. El libro me lo prestaron. Creo que no es posible encontrarlo nuevo en estos momentos, ni está disponible en formato digital. Al menos de forma legal. Todo lo que he mirado por ahí son de segunda mano.

Recorrido fotográfico por Tokio, con fotos realizadas con la Ilford desechable con película HP5 Plus 400.

Se ha dicho de Enchi Fumiko [円地文子] (1905 – 1986) que es una de las escritoras más relevantes de la literatura japonesa. Tanto desde el punto de vista miope, de los que separan por un lado hombres y mujeres, como de los que ven la literatura en su conjunto. En ambos casos, sería una de las plumas más destacadas del país nipón. Procedía de una familia culta, que trabajaba en el mundo académico, lo cual le permitió, a pesar de los problemas de salud que le impedía acudir regularmente a clase, alcanzar un alto nivel de formación, especialmente en el ámbito de las letras. La novela que hoy nos ocupa, y que me ha impactado mucho, fue escrita entre 1949 y 1956, después de los duros años 40, en los que sufrió mucho durante la guerra y posguerra inmediata. Y en japonés tiene un título que me parece más sugerente y apropiado, después de lo que he leído; Onna zaka [女坂], la cuesta, pendiente o subida de las mujeres. Especialmente relevante en el último capítulo de la novela que, en la traducción al castellano, se titula La cuesta de las mujeres, supongo que el Onna zaka del título general del libro.

La novela transcurre en la era Meiji (1868 – 1912). En el primer capítulo, estamos en los primeros años del emperador Meiji, y en el último, hemos entrado en la primera década del siglo XX. La novela se puede considerar como tal, o también como una serie de relatos cortos, ordenados cronológicamente, en los que se nos van contando los eventos relevantes de una familia acomodada, de un antiguo samurai y alto funcionario del antiguo régimen del final del periodo Edo que, enriquecido, se retira de la vida pública cuando llega el nuevo régimen. El personaje central de la novela, no obstante, no es el patriarca, sino su esposa legal y principal. Esta, considerablemente más joven que su marido, sufre durante su vida las humillaciones de las aventuras y amoríos de este, que llegan al punto de tomar a varias de sus criadas como concubinas, o incluso mantener relaciones con otras mujeres de la familia. Se genera por lo tanto un peculiar universo en la familia en la que pocas de sus mujeres puede considerarse felices, ya que todas llevan a cabo su propia carga en el patriarcado tradicional de la familia japonesa.

Probablemente, cuando Enchi escribió esta novela nadie hablaba en Japón de feminismo. Ni en casi ninguna parte del mundo, ya que la palabra está en uso desde finales del siglo XIX, el concepto viene de antes, pero no se populariza hasta los años 60 del siglo XX. Pero es una novela que busca claramente denunciar la situación tradicional de las mujeres en la sociedad y en las familias del País del Sol Naciente. Enchi, con un estilo depurado y elegante, no deja de hablar de todos los temas, incluidos los más complejos. Como pueden ser las violaciones en el seno de la familia, el incesto, la degradación de la mujer sometida a concubinato, que no deja de ser una variante de la esclavitud sexual, si lo miramos bien, y otros elementos dentro de una familia respetada, y considerada respetable, en su entorno social. Al mismo tiempo que no deja de dignificar a las mujeres, representadas por esa esposa que, mil veces humilladas, es el soporte en la gestión de los bienes y el bienestar del resto de los miembros de la familia. Paralelamente, no deja de emitir críticas al papel alienante de otros elementos de la sociedad japonesa. Siendo especialmente crítica con la religión budista. Esa que tan buena prensa tiene en estos momentos en occidente y a la que, desde mi punto de vista, se le pueden achacar en Asia muchos de los problemas que las religiones cristianas han generado en eso que hemos dado en llamar Occidente.

La novela tiene momentos duros. Muy duros. Incluso si la forma en que Enchi cuenta los acontecimientos más ásperos permite mantener la elegancia en su prosa. La novela va poco a poco alzándose hasta llegar a su climax perfecto en el último capítulo. Donde Tomo, la sufrida esposa, deberá superar su ultima y difícil pendiente, metáfora perfecta de lo que ha sido su vida y la de muchas de las mujeres de la familia, y que en el título de las traducciones a las lenguas europeas se ha convertido en «años de espera». A mi, esta novela me ha impresionado. Me ha parecido de lo mejor que he leído. No digo ya en el año, o en los últimos años, sino en general. La recomendaría vivamente… pero no es fácil de encontrar. Tal vez si buscáis algún pirateo por ahí… No sé.

[Cine] Mad Max: Fury Road Black and Chrome Edition (2015/2020)

Cine

Mad Max: Fury Road Black and Chrome Edition (2015/2020; 50/20201015)

Nunca había visto una película de la saga Mad Max en el cine. Nunca me he sentido atraído por las macarradas de coches y motos. Y si alguna vez se asomó alguna a mi televisión, nunca me llamaron la atención demasiado o, sinceramente, me parecieron malas, con Tina Turner incluida. Por supuesto, cuando hace cinco años se estrenó la versión original de la película de hoy… ni nos lo planteamos. Aunque luego se asomó a mi televisión, unos años más tarde. Su argumento me pareció absurdo. Y me pregunté que hacía algún ilustre nombre de la interpretación en el reparto… sin más. Pero a lo largo de estos años sólo he leído críticas positivas de esta película. Algunas muy bien argumentadas. Y una cosa curiosa. Las tres primeras película de la saga no llegan en la valoración de los votantes de IMDb al siete, lo cual, tratándose de película de puro entretenimiento, las hace sospechosas. La «furia en la carretera» (no sé de dónde se sacan que hay una «carretera») sobrepasa ligeramente el ocho. Así que cuando anunciaron el evento especial en un cine de Zaragoza de la versión en blanco y negro de la película dirigida por George Miller, me apunté.

El argumento es sencillo. Una individua llamada Imperator Furiosa (Charlize Theron) junto con un grupo de jovencitas de buen ver, el harén de un caudillo guerrero en el mundo apocalíptico de la saga, se escapan con un gran camión en dirección a una especie de tierra prometida. Como por allí ha pasado Max Rockatansky (Tom Hardy), tras una serie de peripecias, se une a las chicas. Todo en medio de persecuciones constantes por el desierto con vehículos imposibles y muchos tiros y explosiones. Hasta que llegan a cierto punto. Entonces se dan la vuelta por el mismo camino, con el mismo estilo. Sin más.

Con la historia de esta película, sea en color o en blanco y negro, me pasa siempre lo mismo. La huida y su peripecia me parece bien. No es mi estilo de cine favorito, pero está indudablemente muy bien rodado e interpretado. Hay un macguffin que mueve a los protagonistas, más o menos coherente, y pasan las cosas que pasan en las películas de acción. Vale. Pero cuando se dan la vuelta, lo que pasa a continuación, aunque parece más de lo mismo… a mí me parece enormemente absurdo e incoherente. A ver, por poner un caso. Si a la ida un montón de rocas no impide a los perseguidores continuar la persecución,… ¿por qué a la vuelta sí, y es definitivo? El guion se va a cascarla de forma escandalosa.

Reconozco que sí. Que el rodaje y producción de la película rozan la excelencia. Que los intérpretes lo hacen francamente bien. Muy bien. Que el blanco y negro le sienta estupendamente, especialmente en determinados momentos. Mérito de los coloristas que transforman una cinta rodada inicialmente en color, con distintos medios, aunque en digital. Dicen que al director y al director de fotografía, el muy interesante John Seale, les apetecía rodar desde el principio en blanco y negro, pero que el estudio se negó por razones comerciales. Pero ya digo… probablemente mejor esta versión que la de color. Aunque no soy justo, porque la de color la vi en la televisión. Pero la historia que nos cuenta me chirría por todos los lados y me sabe a serie B. O Z. En fin. Tampoco lo pasé mal. Porque tiene momentos muy divertidos, por lo que todo en su conjunto, aún le doy el aprobado global.

Ahora me entero que quieren rodar una película derivada con el personaje de Furiosa de jovencita… pufff…

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] En el infrarrojo, por el centro de la ciudad

Fotografía

Este domingo pasado, con un tiempo fresco, ventoso, pero despejado y con abundante luz solar, decidí pasear con la cámara y un rollo de película en blanco y negro con sensibilidad extendida al infrarrojo. Que siempre muestran un aspecto peculiar. Nada de ‘fotosop’ ni otros trucos digitales en las fotos. Los detalles técnicos los podéis leer en Buscando contraste y comodidad de uso – Ilford SFX 200 a un IE 800.

Para los no interesados en lo técnico, os dejo las fotos, como de costumbre.

[Libro] Algo que brilla como el mar – Hiromi Kawakami

Literatura

Cuando estoy a punto de terminar el libro con el que estoy ahora, y viendo que tengo varios para comentar, se me han acumulado con las vacaciones, he decidido que esta semana, hasta que tenga nuevos contenidos en el ámbito de la fotografía o el cine, me vendrá bien hablar de uno de esos libros.

Esta novela de Hiromi Kawakami la leí durante mis vacaciones en Oporto. Este es mi cuarto libro de Kawakami. Reconozco que es una novelista que me gusta bastante, especialmente en la forma en que trata las relaciones humanas. El primer y el segundo libro que leí de Kawakami fueron novelas; el tercero, más bien un conjunto de relatos cortos con un protagonista en común. Como es frecuente en los novelistas orientales, más que una historia con la estructura clásica de la narración occidental, de presentación, nudo y desenlace, asistimos a un fragmento o fragmentos en la vida de los protagonistas de sus historias.

El mar, santuarios sintoistas, barcos que se escapan, las caóticas calles de una ciudad… todo en Japón. Como en la novela.

La novedad en este libro es que el protagonista es un adolescente. En los relatos de Los amores de Nishino ya había algunos en los que el personaje se encontraba en su adolescencia. Pero el punto de vista siempre era el de las chicas o las mujeres que con él trataban, o del que se enamoraban. Aquí el protagonista, cuyo punto de vista acompañamos, es Midori Edo(*), un chico adolescente de 17 años, en sus últimos cursos de instituto Vive con su madre, soltera, de unos 40 años, y su abuela. Pero su padre biológico no ha perdido contacto y se pasa de vez en cuando por la casa donde viven. Y tiene dos amigos, Hanada, un chaval que quiere vestirse de mujer por la calle, y Mizue, su novia. Quien le pide algo más, que no sabe lo que es y que no sabe cómo afrontar. Así, en este peculiar microcosmos, asistiremos a una transición, a una maduración del personaje, que llega a su climax con la excursión que hacen con Hanada durante las vacaciones de verano a una remota isla en los archipiélagos que rodean Nagasaki.

Volvemos a lo mismo que he comentado antes sobre los libros que antes he comentado de Kawakami. Es una maestra en desarrollar con sutileza los detalles más preciso e íntimos que pueblan y condicionan las relaciones humanas. Partimos de un adolescente en estado de perpetuo despiste, y a quien le cuesta entusiasmarse con nada. Bueno… con casi nada… porque Mizue le pone mucho. Aunque no la entienda. Pero es que todos los que le rodean, podrán parecer más o menos seguros o inseguros de sí mismos, pero lo cierto es que también acarrean su propio despiste vital. Es frecuente en la literatura japonesa contemporánea que venga reflejada la alienación de la persona en los entornos urbanos, megaurbanos a veces, donde encuentran difícilmente su lugar.

Me la leí en un periquete. Y sin embargo, se me quedaron muchos detalles. Muchos de ellos, emotivos. Porque acabas encariñándote, y mucho, de este pequeño microcosmos de familia y amigos en el que se mueve Midori. Muy recomendable.

(*)[Me desconciertan con frecuencia los nombres de pila japoneses; Midori puede ser nombre tanto de chico como de chica. De hecho, pensaba que era nombre sólo de chica. Pero no. También significa «verde» con el kanji 緑, que no siempre es el que aparece en el nombre. he averiguado que en el original de esta novela «Midori» se escribe con el kanji 翠, que también significaría «verde», pero sólo en nombres de persona. Creo.]

[TV] Cosas de series; pandemias, criminales y enfermeras

Televisión

Tenía varias posibilidades temáticas para organizar la entrada televisiva de la semana. Por ejemplo, las que he visto primero frente a las que he visto después, el orden cronológico. Otra, las que salen enfermeras con más o menos protagonismo y las que no. Y finalmente, la que al final va a ser, series occidentales, dejando para la semana que viene las asiáticas.

Nunca he sido seguidor de la políticamente incorrecta South Park, que lleva más de 20 años en pantalla. Aunque vi en el cine el largometraje que realizaron (Blame Canada!!!). Es un humor que está bien para un ratito… pero enseguida me cansa. Más cuando esta lleno de referencias a una realidad, la norteamericana, que en muchos detalles me es ajena. Pero cuando me enteré que antes de comenzar su temporada actual iban a realizar el South Park «The Pandemic Special»… tuve la curiosidad. Pues lo dicho, es divertido, para un rato, y algunas de las referencias y chascarrillos los pillas más y otros… pues no, porque no vivo en Estados Unidos. Una curiosidad. Salen enfermeras, pero sin mucho protagonismo. Cronológicamente, creo que también le hubiera tocado hoy.

Como hoy tenemos serie británica, nos daremos un paseo fotográfico por Londres.

El año pasado, Netflix estrenó… no sé si decir una serie policiaca con cuatro variantes nacionales, o cuatro miniseries con el mismo esquema y escenarios pero en cuatro idiomas/nacionalidades distintas. Probablemente esto último. De momento, la única que ha tenido una segunda temporada ha sido Criminal: UK. Casi seguro es que la idea de la serie fue británica y es la que tenía continuidad. Aunque no lo sé; no lo he investigado. El caso es que hemos tenido una nueva tanda de cuatro nuevos interrogatorios, en la estilizada sala que ya nos presentaron el año pasado. Lo bueno es que los interrogados son actores conocidos. Pero a veces en versiones casi desconocidas. Sophie Okonedo, muy habitual del cine y la televisión británica y que también tiene un papel en la última de las series de hoy; el soso de Kit Harington, que lo hace mucho mejor aquí que en todos sus episodios de «tronado»; Sharon Horgan, a quien hemos estado siguiendo los últimos años en una comedia «romántica»; y Kunal Nayyar, desconocido en el buen sentido con respecto al papel que hacía en la serie que le dio la fama. La verdad es que esta nueva tanda de casos e interrogatorios ha estado muy bien. Bastante recomendable. He hecho un inciso mientras escribía y parece que se confirma que no habrá más episodios criminales españoles.

Y finalmente, una serie por la que sentía curiosidad y miedo. Y que está protagonizada por una enfermera. Ratched. Para los que no se lo sepan… La enfermera Ratched era la antagonista principal del protagonista de One flew over the cuckoo’s nest (Alguien volo sobre el nido del cuco), tanto en la novela original, como en la magnífica adaptación al cine que hizo Milos Forman, con Jack Nicholson como protagonista. De hecho, la película se ha hecho más famosa que la novela, y hay mucha gente que no sabe que es una adaptación de una obra literaria de Ken Kesey, que yo he leído y está bastante bien. Escrita a finales de los años 50, la novela funcionaba a dos niveles. Como una denuncia específica de la situación de la atención mental y los hospitales psiquiátricos en la posguerra mundial en Estados Unidos, pero también como una metáfora de la hipócrita sociedad de la época, época de crecimiento y prosperidad, pero en la que se machacaban los derechos civiles de las minorías y donde la disensión política era perseguida, cazas de brujas incluidas. La enfermera Ratched, magníficamente interpretada por Louise Fletcher, que se llevó una estatuilla dorada por su trabajo, representaba a la sociedad convencional, blanca, protestante de los Estados Unidos. Y curiosamente algunas veces la he visto en las listas de los mejores villanos de la lista del cine. Especialmente aquellas más inteligentes que dejan de lado los absurdos villanos del cine de superhéroes. La enfermera Ratched, nurse Ratched, nunca tuvo nombre de pila, ni en la novela ni en la película.

Y he aquí que nos anuncian y ya tenemos entre nosotros una serie… una «precuela» de aquella historia, con la enfermera Ratched como protagonista. Que resulta que ahora se llama Mildred. Siendo un personaje emblemático en la historia del cine, miedo me daba. Pero por otro lado, llegaba con elementos atractivos. Con Sarah Paulson al frente del reparto que contiene otros nombres conocidos como Cynthia Nixon, Judy Davis, Vincent D’Onofrio o Sharon Stone. O Sophie Okonedo, que mencionaba antes. Así que decidí que para bien o para mal… había que verla. Y nos encontramos con que Ratched es la hermana del asesino de unos sacerdotes a los que su «hermano» ha asesinado brutalmente, y que está internado en un psiquiátrico a la espera de determinar si está cuerdo y se le puede juzgar. Por favor, nunca traduzcáis asylum como «asilo»; hospital psiquiátrico. Y allí consigue entrar a trabajar Mildred Ratched, con la idea de salvar a su hermano. Y con medios poco convencionales.

Con una presentación visual muy atractiva, copiando mucho a directores conocidos que van desde Hitchcock a otros más modernos, tenemos una historia… irregular. Empieza un poco morosa, indecisa, tiene momentos muy buenos, muy divertidos, entre el drama, la comedia negra y el gore ligero entre medias, para llegar a un final un poco desfondada. Sobre todo porque resuelven buena parte de las tramas en el penúltimo episodio, al modo «juego de tronos», para dejar un último episodio que sirva de preludio para futuras aventuras de la enfermera Ratched. ¿Funcional la series? Razonablemente bien, aunque con un amplio margen de mejora. ¿Precuela del «cuco»? No. Le habrán dado el mismo nombre. La habrán convertido en enfermera. Pero esta Ratched no es aquella Ratched. Es otra cosa.

Nota: una curiosidad. Cuando se estrenó «el cuco» Louise Fletcher tenía 41 años. En el momento del estreno de «Ratched», Sarah Paulson tiene 46 años. Y su personaje se supone que es varios años más joven… cosas del «cine»…