[Fotografía] «Tetrapinhole Camera»,… ¿o tendría que haber sido «Hexapinhole Camera»? – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía

El sábado pasado estuvimos en Fotógraf@s en Zaragoza (FeZ) de taller de fotografía estenopeica, al igual que el año pasado, nos juntamos un grupo de aficionados bajo el liderazgo de Beatriz Aísa. Si el año pasado buscábamos iniciarnos en estas técnicas. Dentro de unos días os contaré la crónica completa de la actividad, que he preparado para el blog de FeZ, pero de momento, en el siguiente enlace, podréis conocer mi experiencia personal desde un punto de vista más técnico.

Origen: «Tetrapinhole Camera»,… ¿o tendría que haber sido «Hexapinhole Camera»? – Fotografía y otras artes visuales.

[Televisión] Cosas de series; lo más «british» de lo «bristish»

Televisión

¿Qué puede haber más británico que las aventuras de Sherlock Holmes y la reina de Inglaterra? ¿A alguien se le ocurre algo? «Objetos» incorporados en la cultura popular no ya del Reino Unido sino de todo el mundo, vendidos mil veces en sus diversas versiones y a través de miles de variantes de mercaderías, generalmente con la Union Jack como tercer gran símbolo, la logomarca que vende el concepto de lo británico. Y ambos «objetos» han sido recientemente objeto de translación a la ficción televisiva.

Carlos Carreter

Os traigo acompañando la entrada algunas de las escenas más típicamente londinenses que he podido encontrar; de un viaje a la capital británica en diciembre de 1994. Pentax P30N, un par o tres de focales fijas y película Ektachrome… la que ahora dicen que quieren resucitar los de Kodak…

Si Downton Abbey se configuró durante unos años en un fenómeno televisivo internacional a costa de vendernos un culebrón de relumbrón, ahora las televisiones están atacando a sus reinas favoritas o menos favoritas. Estos meses atrás ya tuvimos la ocasión de ver cómo nos vendían la juventud de la reina Victoria, una señora que hasta hace unos años, la cosa cambió con una película que pasó con cierta discreción por las carteleras, daba la impresión de haber sido siempre mayor, grandona y sin ningún sentido del humor. Ahora nos quieren vender a una joven menuda, pizpireta, romántica, enamoradiza y sonriente… ¿Están en campaña de imagen los británicos, buscando renovar su imagen? Justo ahora que con su «brexit» están desempolvando lo más rancio y apolillado de su naturaleza «patria».

Carlos Carreter

Es cierto que con su más famoso detective, de ficción, que algunos parecen que ya confunden lo que es real con lo que no lo es, ya habían iniciado hace unos años una operación de renovación, Sherlock, en la que el doctor Watson no escribe libros sino que es un bloguero, y las pistas para el televidente se suministran a base de mensajes de texto a través del móvil. Cierto es que esta serie fue recibida con entusiasmo. Pequeñas temporadas de tres largometrajes de 90 minutos en las que se recrean alguna de las más famosas aventuras del detective creado por Arthur Conan Doyle, o se inventan nuevas aventuras, más o menos en consonancia con el carácter del personaje, convenientemente actualizadas. Una combinación de saber hacer del equipo de guionistas, bastante tramposos, pero habilidosamente tramposos para hacernos tragar con gusto las marrullerías de los guiones, más dos protagonistas en estado de gracia y que se complementan perfectamente, dos de los mejores intérpretes británicos de la actualidad, consiguen hacer de esta serie un «must» del aficionado a la ficción televisiva.

1994, Londres, Inglaterra. Cuaderno de ruta: carloscarreter.com Paisajes sin figura: paisajessinfigura.wordpress.com Seguir en Twitter Los comentarios son bienvenidos. Los iconos llamativos, las animaciones chillonas y otras cosas de este tipo, no. Molestan y distraen la atención de lo importante; las fotos.

La cuarta temporada no ha cambiado gran cosa el panorama de las anteriores. Emitida ahora en combinación entre la BBC y Netflix, la distribución internacional está garantizada de forma inmediata en una jugada redonda para ambas entidades, rompiendo además con inteligencia el círculo vicioso de las descargas ilegales a un precio más que razonable. Como en las anteriores temporadas, hemos tenido momentos mejores y peores. En mi opinión dos episodios iniciales muy buenos, y un tercero, el de la hermana, más discutible. Pero como decía, obligatoria para el aficionado.

Carlos Carreter

Y la otra producción que traigo aquí también tiene que ver con la monarquía británica. Lo cierto es que ya hace unos meses que Netflix puso a disposición del público The Crown, una producción de época cuya primera temporada ha versado sobre los primeros años del reinado de Isabel II de Inglaterra, en la primera mitad de la década de los 50 del siglo XX. De entrada, no me interesó. Los Windsor me parecen y me han parecido siempre una panda de siesos de mucho cuidado, absolutos impresentables que me hacen plantearme que algo va mal en la mente de los británicos para no haberlos botado hace tiempo. Entiendo desde luego, que la monarquía británica forma parte del negocio. Y al fin y al cabo, la reina de Inglaterra es una de las principales terratenientes del país. Es decir, buena parte del país es literalmente suyo. Con estos antecedentes, no me atrajo la serie. Lo que pasa es que con posterioridad se han mostrado unas críticas buenísimas hacia esta producción propia de la cadena de vídeo bajo demanda, llegando al extremo de conseguir un éxito notable en los Globos de Oro recientemente concedidos, en los que resultó premiada como mejor serie dramática. Una recién llegada aupándose por encima de muchos pesos pesados con trayectoria.

Carlos Carreter

«Aprovechando» mi síndrome gripal o pseudogripal de hace unos días me la vi de tirón. Y puedo confirmar una cosa. Los Windsor son efectivamente un panda de siesos impresentables de mucho cuidado,… pero la serie es buenísima. Esta hecha con un tremendo esmero, los guiones son fenomenales, y las interpretaciones de primer nivel. Simplemente por ver el capítulo de John Lithgow como Winston Churchill interaccionando con Stephen Dillane en su papel del pintor modernista Graham Sutherland. De hecho… la serie es más interesante por el retrato que hace del viejo Churchill, un tipo que tuvo la suerte de que una atroz guerra mundial hiciera que pasase a la historia como una figura destacada, en lugar que como un político que cometió nos pocos errores, y que estaba mucho más cerca del fascismo que decía combatir de lo que él mismo podía reconocer.

Como dígo la serie es muy notable. De una calidad elevadísima. Aunque eso sí, no cambiará la percepción que de los personajes uno pueda tener. Al que le caigan simpáticos los Windsor, le seguirán cayendo bien. Quien opine que son unos pelmas… se mantendrá en su opinión también. Que anda que vaya panda de maulas que están hechos.

Carlos Carreter

[Cine] La La Land (2016), y el cine considerado como una de las bellas artes…

Cine

La La Land (2016; 042017-1701)

Llevo unos días pensando en cómo iba a enfocar el comentario de esta película. Película que desde que inaguró la mostra de Venecia en 2016 ha estado en boca de muchos como la gran película del año. Toda una revelación para la crítica que iba a lanzar al estrellato a todos los que en ella intervienen de un modo u otro… Elevadas fueron las expectativas, lo cual hizo que durante muchos meses declinara la posibilidad las noticias que se generaban en torno a este musical, con el fin de llegar a su estreno en nuestro país con las neuronas lo menos «sucias» que fuese posible.

Como sucede cuando periódicamente llega un musical, generalmente con tono de gran producción, que va a recuperar el género, que «no está muerto» para algúnos,… o sí, para otros, te encuentras con la eterna expresión. Es mucha la gente que te dice… «a mí es que el musical no me va mucho». Lo cual es casi como decir que el cine no te va mucho. Porque junto con el western son los eternos muertos, enterrados y periódicamente resucitados, pero fueron los géneros que hicieron en gran medida del cine lo que es.

Aunque es la ciudad de Los Ángeles la tercera protagonista de este drama musical, son numerosas las referencias a la ciudad de París. De la primera no tengo fotos, de la segunda, en abundancia.

Aunque es la ciudad de Los Ángeles la tercera protagonista de este drama musical, son numerosas las referencias a la ciudad de París. De la primera no tengo fotos, de la segunda, en abundancia.

No en vano la «primera» película sonora fue The Jazz Singer (El cantor de jazz)… un musical. Con el jazz como tema y con un aspirante a músico de jazz, anoten coincidencias,… y cuya línea inicial,

«Wait a minute, wait a minute. You ain’t heard nothing yet»

(Espera, espera un momento. No has oído nada todavía),

iba a revolucionar totalmente al que se iba a considerar el séptimo arte.

Pero en esas estamos, en que una mezcla de incultura musical y cinematográfica, prejuicios sobre lo que uno debe ver o no ver, sobre lo que es o no es un musical, el miedo «aterrador» del españolito medio a los idiomas ajenos y a los subtítulos en las película, el sexismo social que define lo que es apropiado para chicas y lo que es apropiado para machotes,… hace que mucha gente que no se cosca gran cosa de qué va la feria asegura muy seria… «a mí es que el musical no me va mucho».

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Luego llega y Cabaret se lleva 8 de 10 candidaturas a los oscars, Chicago se lleva 6 de 13, Les Miserables se lleva 3 de 8, Moulin Rouge se lleva 2 de 8, All That Jazz se lleva 4 de 9, Fiddler on the Roof se lleva 3 de 8, Yentl se lleva 1 de 5,… y no me meto con los éxitos de las películas de animación de Disney que son en muchas ocasiones también películas de carácter musical, o al menos peliculas con canciones. Sólo he mencionado películas posteriores a 1970, cuando el musical era un género «muerto». Y a la gente no le gusta el musical…

Luego está la otra. «Es que a mí no me gusta el jazz», cuando el 90-95 % de la música pop/rock actual es hija más o menos bastarda del mismo, y los mismo memos que aseguran que el jazz es un rollo se entusiasman en los conciertos de «rock» cuando el guitarrista se marca un solo que no será probablemente más que una mera sombra, un pálido reflejo, de las improvisaciones esenciales en el jazz que dieron origen a lo que vino después. Y esta película no sólo es un musical, sino que además manifiesta una marcada nostalgia por el género musical probablemente más influyente del siglo XX.

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Otra cuestión. Antes hemos mencionado al cine como el «séptimo arte». Mmmmmm… el cine puede ser arte, pero no todo lo que se hace en cine es arte.  Pero cuando lo es, necesariamente entra en diálogo con la historia del arte. En la historia del arte, muy de vez en cuando, nace un genio que lo revoluciona todo. Pero el estado esencial del arte es la inspiración, la copia descarada en ocasiones y la referencia a lo que se ha realizado previamente. Pocos artistas, casi ninguno, es genuinamente original. Y de algunos, por ejemplo Picasso, se dice que el mismo reconocía que no sólo copiaba,… robaba de las obras de los que le precedieron. Lo importante en el arte, y en otras disciplinas también, por ejemplo la ciencia, es la conversación global en la que se involucran los trabajos de los autores. Y son buenos aquellos autores, aquellos artistas que aportan algo nuevo a la conversación, aunque sea poco, aunque sean matices, aunque sean variaciones.

Para poder disfrutar plenamente de esa conversación, volvemos a hablar de cine, no podemos considerar la disciplina como un mero acto de entretenimiento aislado. Ha de ser un gusto cultivado e interiorizado. «Cultivado» y «cultura» tienen la misma raíz etimológica, una raíz que tiene su sentido original en labrar y hacer crecer en la tierra aquello que nos alimenta. Si nos alimentamos de comida basura, con abundancia de azúcares, grasas y salsas groseras, difícilmente apreciaremos los mejores platos de sabores sutiles, combinaciones a veces extrañas que nos resultan ajenas. Seremos siempre como esos niños de 6 años que se niegan a comer ciertos alimentos nuevos porque no los han probado y desconfían de todo aquello que han establecido como «lo que les gusta». Con el cine, con la música, con la cultura en general nos pasa algo parecido. Nos acostumbramos en la infancia a unos «sabores», productos de consumo rápido y fácil, y luego no salimos de ahí, salvo que crezcamos en un entorno cultural privilegiado, o realicemos un fuerte ejercicio de disciplina personal en abrirse a lo diferente y en comprender lo que no entendemos.

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La La Land no es una película perfecta. Pero es una obra de arte. Es el fruto de la concepción y la creatividad de su director Damien Chazelle, que copia y roba a mansalva de un sinnúmero de referentes para contribuir a la conversación a través de un musical sumamente honesto y pensado. A través de la relación romántica entre Mia (Emma Stone) y Sebastian (Ryan Gosling), y en el marco del tercer protagonista de la historia, la Ciudad de Los Ángeles, es ciudad de estrellas que «todo venera y nada valora», citando a uno de los protagonistas, hace un ejercicio de reflexión sobre el acto de convertirse en creador o artista, y los costes personales que tal cosa conlleva. Especialmente si creemos firmemente en lo que queremos ser y hacer, y le echamos a la tarea la pasión y la dedicación necesarias para tener una oportunidad de éxito. Lo cual lleva, inevitablemente, a una historia fundamentalmente agridulce.

Con la excelente música compuesta por Justin Hurwitz, la excelente iluminación y fotografía de Linus Sandgren, la colosal dirección de arte de Austin Gorg, y con dos protagonistas en estado de gracia absoluta, que para colmo de bienes se compenetran y complementan como si fueran un engranaje de precisión, la película es una producción notable, que merece un puesto destacado en la historia del séptimo arte.

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El entrar en el detalle de todas las referencias de las que bebe el filme,… sería extraordinariamente prolijo para una entrada que ya me está quedando muy extensa. Daría para un comentario muy largo en sí mismo. Desde las desdichas de una paragüera en Cherburgo, a un niño que recorre las calles de París tras un globo rojo, el musical clásico norteamericano, la Bergman,… infinitas.

Se habla de ella como la gran triunfadora del 2016, la que va arrasando en la temporada de premios. ¿Los merece? Merece muchos. ¿Todos? No. El mundo del cine está lleno de conversaciones de nivel, y han sido varias las que nos han tocado la fibra en este 2016, o las que están por venir por culpa de lo que tardan en estrenarse en nuestro país. La película no es perfecta. Sufre alguna ruptura de ritmo entre su primera mitad y su segunda mitad… Hay una transición, conformada alrededor de una serie de escenas clave, que no acaba de tener la suavidad debida. Pero son problemas menores que no empañan el buen tono general del filme, que nos regala un epílogo final, con mucha, mucha, mucha chicha tanto artística como conceptual y que nos pone en paz con el mundo. El real y el de «La la land»… Ese país de los sueños o de los soñadores, que siguiendo el juego de palabras implícito en el título de la película, alguien ha situado en L.A., en las colinas de Hollywood.

Nota: aunque era algo que se venía fraguando desde hace un tiempo, me considerado ya total e incondicionalmente enamorado de Emma Stone.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

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Recomendaciones semanales – del 15 al 22 de enero de 2017 – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía

Una semana fea esta que ha pasado, probablemente debido a que he estado convaleciente de la infección vírica que padecí el último fin de semana. Ni he estado muy concentrado en la fotografía, ni en casi nada. En cualquier caso, traigo aquí mis recomendaciones semanales, junto con mi tablero en Pinterest dedicado a los paisajes con figura.

Y a continuación el enlace a las recomendaciones, con algunos paisajes urbanos recopilados ayer durante el taller de fotografía estenopeica del que hablaré más despacio otro día.

Origen: Recomendaciones semanales – del 15 al 22 de enero de 2017 – Fotografía y otras artes visuales.

[Libro] El fantasma de Anil

Literatura

Durante los días de las navidades poco antes de fin de año, hubo una tarde, un viernes, en la que íbamos a ir al cine, fuimos, pero previamente tenía que recoger un paquete,… que no pude recoger, porque el comercio donde se recogía, con un horario de apertura hasta las 20:00 horas, consideró que no se estaba comiendo un rosco comercialmente hablando, que se aburría y que cerraban. Cuando yo pasé, a las 19:25… estaban cerrados, y de nada me sirvió el salir con adelanto de casa, con respecto a lo hora en la que empezaba la película. Así, en una tarde de niebla y frío tuve que hacer tiempo hasta la hora a la que habíamos quedado. O me metía en un bar a tomar algo, que no me apetecía mucho, o visitaba algún otro comercio. Entre un momento en Cálamo, donde tenían el último número de Exit… y luego descubrí en el Paseo Fernando el Católico una librería de segunda mano. Todos los precios al mismo precio, tratasen de lo que tratasen. Del volumen que tuviesen. 1 libro, 3 euros. 2 libros, 5 euros. 5 libros, 10 euros.

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No he tenido ocasión de viajar a Sri Lanka,… pero sí a Ginebra, y estar ante la sede europea de las Naciones Unidas, desde donde envían a la protagonista del libro a hacer su trabajo.

Tras pasear un buen rato por las extanterías comprendí dos cuestiones. La mayor parte de los libros son best-sellers o de colecciones muy populares, pero realmente poco interesantes en general. Y no siempre adecuadamente clasificados en el estante adecuado. Además… me he acostumbrado a leer la ficción en el lector de libros electrónica. Pero aun así decidí coger cinco libros por 10 euros. Porque entre tanto libro, alguno te tiene que interesar. Tres de ficción. Dos de arte. De estos, uno dedicado a Georgia O’Keefe y otro a los fauvistas. Y vamos a empezar a comentar el primero de los de ficción.

Se trata de una edición en libro de bolsillo de una novela de Michael Ondaatje. Ondaatje es un escritor canadiense nacido en Sri Lanka, de etnica cingalesa, que se hizo bastante conocido con motivo del éxito de su novela The English Patient (El paciente inglés), que fue adaptada al cine con gran éxito, siendo desde mi punto de vista una de las películas más interesantes de la década de los noventa, aunque el personal no la recuerda mucho. Y que me llevó a leer la novela en que se basaba. Que me gustó, al igual que la película. Siempre me quedé con las ganas de leer más de este autor. Pero supongo que sus libros no llegaban con facilidad a nuestro país cuando me interesé,… y ya lo olvidé.

Cuando vi este libro en ocasión recordé todo ello. Y tras las vacaciones, decidí afrontar con calma la lectura del mismo, aunque al final me costó mucho menos de lo que esperaba, porque como se dice coloquialmente, «me enganchó».

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Anil es una antropóloga forense que dedica una buena parte de su vida profesional a identificar y descubrir las causas de la muerte de cadáveres de desaparecidos en zonas de conflicto. Cingalesa que lleva desde la niñez viviendo en Occidente, es enviada por las Naciones Unidas a Sri Lanka que sufre desde hace casi veinte años las consecuencias de una guerra civil, a la que se unen otras facciones con diversos intereses, y en la que se producen frecuente abusos contra la población civil, con asesinatos indiscriminados y desapariciones. Anil, junto con un arqueólogo puesto por el gobierno srilankés irá pasando por distintos escenarios del conflicto, conocerá distintas personas con distintas visiones del mismo, e incluso sufrirá ella misma el miedo, ante la actitud obstruccionista de ambas partes, especialmente del gobierno.

La novela, al igual que lo era The English Patient no deja de ser un alegato contra la violencia, la intolerancia étnica y el desprecio por el valor de la vida humana. Un alegato que no es nervioso y exaltado, sino tranquilo, reflexivo. En algunos pasajes del libro incluso poético. Muy enraizado con las tradiciones culturales del país. A mí me ha gustado bastante. Y por dos euros… ¿quién puede pedir más?

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Y dónde encontramos también «La Silla Rota», un monumento en homenaje a las víctimas de las minas antipersona.

[Cine] La tortue rouge (2016)

Cine

La tortue rouge (2016; 032017-1301)

Me tomaban el pelo el sábado unos amigos mientras dialogábamos a través del iPad/ordenador, estando yo malito con fiebre el sábado. La película de este fin de semana era un esperadísimo musical del que os hablaré pronto porque ya está visto, pero el viernes, que no había plan para juntarse el grupo de ir al cine, tomé la decisión de irme yo solito a ver la película de animación que nos ocupa hoy. Me tomaban el pelo porque yo les explicaba que había visto la versión original, pero no subtitulada,… porque es una película sin palabras. Que no muda, como he leído en algún sitio. Tiene sonido propio, los personajes emiten sonidos propios, y suponemos que entre ellos conversan. Pero no emiten durante la película palabra alguna en idioma alguno. Entonces sobran los subtítulos. Saben que el título que otorgo a las entradas sobre cine dependen de si la versión que hemos visto es la doblada o la original. Y por eso me decía que qué iba a hacer. Pues como no es versión doblada, sino original, conservar el título original. En castellano se ha presentado con el título literalmente traducido de La tortuga roja (a partir de hoy voy a intentar ceñirme lo más posible a la ortotipografía de títulos de publicaciones recomendada formalmente, que siempre he siso un poco caótico con las curisvas y las comillas,… o nada).

La isala

La isla donde transcurre la acción de la película se caracteriza por su frondoso bosque de bambú. Así que os traigo fotos del más notable que conozco en persona, el de Arashiyama en Kioto.

Lo cierto es que sabía que era difícil que nadie me acompañase a ver esta película de animación, a pesar de que representa un hecho importante. El regreso del Studio Ghibli a la producción de largometrajes de animación a pesar de su retirada anunciada hace unos años. Y de verdad que considero que esto es una gran noticia. Ghibli es la productora responsable de algunas de mis películas de animación favorita, de haberme ayudado a abrirme a otra cultura como es la nipona, lo que no siempre es fácil a pesar de la mucha información de la que disponemos hoy en días, y de haber defendido un estilo de animación diferente al de la todopoderosa Disney. Preocupación por la ecología, preferencia por personajes femeninos protagonistas, fuertes e independientes, respeto por las historias que adapta, manteniendo sus esencias, respeto por las culturas de las que proceden, incluso si sufren cierto tipo de japonización, opción por la elegancia y la sencillez en el dibujo, aunque vengan dotadas sus películas de gran riqueza visual, admisión de propuestas alternativas a las dominantes,… Como digo, un referente en este tipo de cine y en el cine en general. Y su regreso viene con un añadido. Por primera vez, coproduce un película de origen occidental. Director holandés, Michael Dudok de Wit, fuerte participación francesa, títulos de créditos con nombre y apellidos de todo el mundo, especialmente de la diversa Europa.

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Todo al servicio de lo que cada vez estoy más convencido de que es una sencilla pero destacable obra de arte de 80 minutos de duración. Una historia sencilla, pero llena de metáforas, con la aventura entre un náufrago e una isla perdida del Pacífico, y una tortuga marina roja, que se transformará en … el tema de la transformación de los seres marinos en otro tipo de seres es lago no vemos por  primera vez  en Ghibli, y que también aparece en la leyendas de todo el mundo. Pero todo ello, contribuye a un canto de integración en la naturaleza, en sus ciclos de vida y muerte, en lo que tiene de bello y de aterrador.

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Dibujos de trazo sencillo, muy limpio, muy claros, pero muy elegantes. Fiel hasta el extremo de que en el cine, si lo puedes contar con imágenes, sobra la verborrea. Obliga al espectador a mantener una conducta activa, expectante, no tanto porque sea compleja de entender la historia base, sino porque la comprensión total de la misma viene de los pequeños detalles. Del reconocimiento de los paisajes, del comportamiento de los seres vivos, de los ciclos de la luna… Una integración absoluta de la naturaleza como un personaje protagonista más de la acción. Absolutamente recomendable, aunque supongo que iremos cuatro gatos a verla. La gente se mueve con muchos prejuicios y todavía hay una mayoría que asocia animación con productos o subproductos infantiles. Desgraciadamente. Una forma como otra de desaprovechar un estilo de expresión artística y narrativa tan válido como cualquier otro.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: No aplicable
  • Valoración subjetiva: ****

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[Televisión] Cosas de series; fantasías y monstruos, en la tierra y en las estrellas

Televisión

Con este fin de semana que llevo de no poder salir de casa por culpa de un Malvirus febrilis (a todos que me acusáis de tener la gripe, no es algo que se pueda asegurar, estoy vacunado, y conociéndome, no me lo parece; en estas fechas hay muchos otros bichos que te hacen estar malito), estoy viendo episodios de series de televisión por un tubo. Largometrajes no. Los episodios de las series duran menos, en caso de desgana. Tal es la cuestión, que estoy casi seguro de que en los próximos días, podría escribir un par más de entradas seriéfilas. En fin… iré espaciándolas para no cansar con el tema.

Pero esta sí que toca. Por aquí voy a hablar de algunas series que han ocupado los momentos intrascendentes del periodo navideño y del fin de año. Esas series que no te hacen pensar mucho, entretienen… esas cosas. Pero en esta ocasión he decidido arriesgar un poco, conociendo otro mundo.

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Como es lógico, me voy fotográficamente a Japón… donde sinceramente, hay de todo… y para todos los gustos, por raros que sean.

Ese mundo es el de la animación japonesa, versión televisiva. Sinceramente, he probado varias y la mayor parte de ellas no han pasado del primer episodio. Pero ha habido dos que han llegado hasta el final. En cada una de ellas hablamos de entre 10 y 12 episodios de 20 minutos cada uno. La verdad es que ven en un momento. Al final te quedas con la idea general de que lo que cuentan no da para más allá de la duración de un largometraje de dos horas.

Uno de ellos es Sidonia no Kishi (シドニアの騎士, Caballeros de Sidonia) y es una «space opera», género que algunos sabréis que me gusta bastante tanto en cine, como en televisión, como en literatura de ciencia ficción. Plantea un futuro en el que la vida en la Tierra ha desaparecido por el ataque de una raza de monstruos alienígenas, y no consta que la especie humana exista fuera de una nave refugio, «Sidonia», de carácter gigantesco, donde se han adaptado a vivir transitando por el espacio. Y desde la que se defienden de los gauna, estos terribles monstruos. Como la serie es japonesa, juegan con la idea de que se trata de la nave refugio que trataba de conservar la cultura nipona. Claro. Es tremendamente fantasiosa y melodramática, y pretende ofrecer abundante espectacularidad, y un cierto tono de seriedad, aunque tenga algún momento de relajo cómico. Pocos.

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El otro es Nanatsu no taizai (七つの大罪, Los siete pecados capitales) y nos lleva a una versión mágica de uno de los reinos de Britannia (si, bueno, parecido), llamado Liones. Una serie de caballeros mágicos proscritos tendrán que pelear para devolver la paz y restaurar en el trono al rey, teniendo en contra al resto de los caballeros mágicos y una buena porción de monstruos y demonios. Es menos intensa, más humorística, más pícara también (tendrías que ver los atuendos de la «princesa», lo sobón que es el protagonista, y especialmente en lo que han transformado a Merlín el Mago, en este caso la Maga), tiene en general un tono más de divertimento.

Por lo que he visto, al menos en Netflix que es donde las he buscado, la ficción para adultos no se da. Y para adultos no quiero decir pornográfica, quiero decir con temas adultos. Estas dos series están dedicadas claramente al público adolescente masculino. Y ambas tienen tonos muy distintos, que ya he comentado, pero características similares. Personajes que, salvo casos puntuales, tienen un aspecto muy juvenil, especialmente los femeninos que son muy aniñados, aunque al mismo tiempo suelen estar hipersexualizados. No me voy a dar de entendido sobre cultura japonesa, ni de lejos. Pero por lo que he podido ver allí o desde aquí, a esta gente le pasa algo raro con su sexualidad, algo que dado que tiene que ver con su afición a las colegialas o a las chicas con aspecto de colegialas, me parece un poco grimoso. De todas formas, ambas son entretenidas, y la segunda, la de la «Britanni» mágica, muy divertida en ocasiones.

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También me he visto los diez episodios de una serie con personajes de carne y hueso, perteneciente asimismo al género fantástica. En realidad, hace ya tiempo vi los dos primeros capítulos que no me parecieron gran cosa. Se trata de The Shannara Chronicles (Las crónicas de Shannara). Nuevamente perteneciente al género medieval fantástico, aunque con tono apocalíptico, ya que sitúa la acción en un futuro indefinido en el que la civilización humana, la nuestra, se ha destruido, y de hay han surgido las estirpes de los elfos, los trolls, los gnomos y los hombres… Vamos, los sospechosos habituales en este tipo de cosas, siguiendo la línea que marcó Tolkien basándose en las antiguas sagas nórdicas y célticas. El problema es que la historia es en realidad una cagarriña… unos que van y vuelven a un sitio, para que al final pase lo que tenía que pasar si no se hubieran movido del lugar, y con menos esfuerzo. Una melonada de tomo y lomo vista en su conjunto. Y esto sin hablar de la lamentable calidad del reparto, donde predominan un grupo de jóvenes a los que les hacen comportarse como adolescentes de instituto vestidos para una fiesta de disfraces con la Tierra Media como tema. Sí, hay una españolita por ahí, que se dio a conocer hace unos años en una película notable, pero Ivana Baquero no levanta la media. Supongo que ganará más dinero que por aquí, pero no creo que aumente su prestigio como intérprete. Nop. Serie absolutamente prescindible y lamentable. Y si he visto toda su primera temporada es por dos motivos… porque es corta,… y porque puede ser un «guilty pleasure».

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Recomendaciones semanales – del 8 al 15 de enero de 2017 – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía

Lo que ayer pensaba que era una infección viral totalmente banal, hoy domingo se ha convertido en un algo bastante más pesadito. Así que en todo el día he tenido muchas ganas de ponerme ante el ordenador. Me produce un tremendo dolor de cabeza. De momento, os dejo con mi tablero en Pinterest sobre los fotocollages. Aviso a puritanos… sale gente sin ropa. Luego no me deis el tostón con el que no aviso.

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Y después ya, unas pocas pero interesantes recomendaciones, y algunas fotos que he seleccionado para un posible fotolibro, que todavía no he decidido si haré. Sin más pretensiones que tenerlo yo para mi disfrute personal, que siempre es mejor ver las fotos en papel que la pantalla del ordenador.

Origen: Recomendaciones semanales – del 8 al 15 de enero de 2017 – Fotografía y otras artes visuales.

[Cine] Silencio (2016)

Cine

Silencio (Silence, 2016; 022017-0901)

Siempre me da miedo el ir a ver una película de Martin Scorsese. Siendo uno de los maestros del cine desde hace varias décadas, siendo un señor que me cae muy bien y con el que he disfrutado mucho leyendo alguno de sus libros, por algún motivo, sus películas, no importa lo bien hechas que estén, no me suelen llegar. Por algún motivo, no estamos en la misma honda. Existen películas suyas que me parecen maravillosas desde luego. Por no necesariamente disfruto de su cine por sistema. A esto hay que añadir que el tema religioso me da mucho miedo… Hay muy muy muy muy pocas películas que hablen sobre la creencias religiosas que me hayan llegado. Y encima, los horarios de las sesiones en versión original eran tan malos e inconvenientes, que acabamos acudiendo a la versión doblada. Que de verdad, no os podéis imaginar hasta que punto el doblaje de las película es una calamidad…

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Por supuesto, fotográficamente nos vamos a Japón… en el que las mezcla de creencias es considerable y uno cree apreciar que entran más en el ámbito de las supersticiones que en el de los credos organizados.

Pero bueno. Es obligatorio ir a ver las películas de Scorsese. En este caso, estamos hablando de la segunda adaptación que se realiza para la gran pantalla de una novela del mismo título de Shusaku Endō. En ella, se nos cuenta las peripecias de dos jesuitas portugueses, Rodrigues (Andrew Garfield) y Garrpe (Adam Driver) a finales de la década de 1630 e inicios de la de 1640, cuando se dirigen a Japón desde Macao con el fin de conocer el paradero y situación de otro jesuita que les precedió, Ferreira (Liam Neeson), este último una figura histórica. También buscarán apoyar a las comunidades cristianas clandestinas en la abrupta costa de la región de Nagasaki. Y tendrán que evitar a los inquisidores del samurai Inoue (Issei Ogata).

La película tiene tres partes claras, la llegada de los jesuitas a Japón, su interacción con los campesinos y pescadores cristianos y, finalmente, el tira y afloja de Rodrigues e Inoue, representado muchas veces por su intérprete (Tadanobu Asano), cuando el samurai busca conseguir la apostasía de Rodrigues. El ritmo del filme es pausado, de acuerdo a la naturaleza reflexiva del mismo, representada en las dudas de Rodrigues. Es no es malo en sí mismo. Lo que si sucede es que a partir de determinado momento, la película entra en una situación repetitiva, recreándose en los tiras y aflojas entre los principales oponentes mediados por las escenas de tortura a los campesinos cristianos. Se llega a hacer pesada, sin que realmente se aporte nada a expuesto.

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La película, con su mensaje, nos desconcertó. Durante buena parte del metraje, el mencionado tira y afloja entre las dos posturas irreconciliables, es llevada con cierta ecuanimidad. Es cierto que las escenas de torturas reiteradas pueden condicionar al espectador poco informado en contra de los argumentos de los japoneses. Pero hemos de  recordar al respecto, si quieres mantener la ecuanimidad ante lo que ves, que hay una serie de hechos históricos que ponen en perspectiva la situación. Los repasaremos:

La motivación principal de Japón para oponerse al cristianismo viene dada de dos aspectos. Mientras que sus religiones propias, la tradicional sintoísta y la importada budista, no se oponen unas a otras y conviven de forma sincrética, el cristianismo y especialmente su versión católica es exclusivista. No admite sincretismo alguno con otros credos. Aunque este exista. Siempre he pensado que el catolicismo español es un politeísmo camuflado, que probablemente esté en su origen relacionado con las religiones politeístas indoeuropeas. Aunque formalmente un solo dios, las devociones a la virgen o a los santos han sido practicadas de forma confusa por muchas gentes iletradas a lo largo de los siglos como un politeísmo encubierto. Por otro lado, los japoneses ya habían constatado una cosa. Una vez introducida la religión católica en un país, a continuación llegaba la dominación económica y política… Por lo tanto, esta religión extranjera fue rechazada por motivos básicamente políticos.

Eso mismo estaba sucediendo en Europa. Tras una Edad Media de uniformidad religiosa en Europa, la llega de la Edad Moderna trajo la reforma protestante que surgió en paralelo a los principios de la formación de los estados modernos, que se culminaría más tarde tras la ilustración. Inglaterra había conformado su credo anglicano para potenciar su independencia política. La Monarquía Hispánica, en esos momentos un mismo rey de la casa de los Habsburgo o Austrias como se les llamaba en la península, reunía bajo su corona todos los reinos hispánicos y varias posesiones por el resto de Europa. Y el denominador común de los mismos era su férrea defensa de la fe católica. En los principados del Sacro Imperio, se va a estar en guerra durante 30 años, y una de las causas de alineamiento entre los estados involucrados va a ser el mantenerse fieles a la ortodoxia católica u optar por hacer oficial en los mismos una forma alternativa derivada de las reformas protestantes. En Francia, Enrique IV, el rey para el que París bien vale una misa, había promulgado el Edicto de Nantes por el que permitía cierta permisividad ante el calvinismo, aunque con el catolicismo como religión dominante. Pero en 1630 ya estaba en cuestión su eficacia, recordad las aventuras de los Tres Mosqueteros, y acabaría con el Edicto de Fontainebleau, promulgado por Luis XIV unas décadas más tarde.

Las actividades inquisitoriales eran tradicionales en la Iglesia Católica y fueron acogidas también con cierto entusiasmo en algunos principados protestantes. Durante la Edad Media se formaron diversos cuerpos inquisitoriales para la represión de las herejías. Algunas de ellas mucho más sangrientas que cualquier persecución que haya sufrido la Iglesia Católica, como la de los cátaros en el sur de Francia. En los reinos hispánicos funcionaba la Santa Inquisición. Calvino se empleaba con saña en churruscar disidentes religiosos en Ginebra. Y en muchos países de Europa, e incluso al otro lado del Atlántico, se produjo el curioso y cruel fenómeno de la caza de brujas en el que murieron miles de personas víctimas de la intolerancia, fundamentalmente mujeres.

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Como vemos, la actitud nipona no se desviaba gran cosa de lo que la civilizada Europa estaba haciendo incluso a una escala muy superior. Por lo tanto, el cargar las tintas en el tema de la tortura me parece que sin apartarse de la verdad, sí que da una visión exagerada del fenómeno e introduce una carga tendenciosa. Por lo tanto, lo realmente importante podría ser el debate entre los protagonistas. Especialmente ante la ausencia de ese Dios, que con su silencio provoca las dudas del protagonista. Rodrigues no identifica a Dios en ninguna parte. La crisis de fe es un hecho plausible.

Sin embargo, la escena final y las dedicatorias de Scorsese rompen la ecuanimidad del debate y la reflexión del espectador, tomando partido y convirtiendo la película de repente en un producto de propaganda, no muy distinto de ciertos péplums de los años 50. Así lo veo yo, y me defrauda.

La película, por supuesto, está excelentemente realizada en los aspectos técnicos, con una excelente cinematografía. Pero nadie ha negado nunca el oficio a Scorsese y los equipos que forma para realizar sus películas. Las interpretaciones las suponemos correctas, aunque el nefasto doblaje nos impide apreciarlas. Especialmente en su protagonista. Aprecio más las interpretaciones de los actores nipones. No los doblan, y los escuchamos en su natural ser. Y lo hacen realmente bien.

Globalmente, no he quedado satisfecho con este filme, que me parecía una buena ocasión para retomar el material de origen, y darle una vuelta adaptada al siglo XXI. Pero no es allí donde desde mi punto de vista ha llegado Scorsese que, a sus 74 años, más parece que viendo su vida ya bastante avanzada, quiera ponerse a buenas con su dios. Que dándole una vuelta a algo que dijo una vez Richard Dawkins, no sería más que uno más a parte de los «ocho millones» que tiene el panteón sintoísta nipón, o de los muchos y permanentemente enfrentados que se reparten a lo la largo y ancho del planeta. Eso sí me parece un buen motivo de reflexión.

Para que quede claro,… aborrezco de todas las confesiones religiosas, japonesas, españolas, germánicas, indias, itálicas, hebreas, árabes, o de donde sea, que en cualquier momento de la historia hayan usado la violencia para imponerse. Aborrezco la violencia en cualquiera de sus formas.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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[Televisión] Cosas de series; entre nazis, japoneses y cazurros del sur profundo de los EE.UU.

Televisión

Dos series traigo hoy a comentario. Y dos de las buenas. Una que se nos ha despedido. Y otra que a la que al menos queda otra temporada. Es posible que no más… Posiblemente, da para un tercer acto, pero a veces es bueno saber cómo cerrar bien y a tiempo una historia. Empecemos por esta.

The Man in the High Castle (temporada 2ª)

Esta serie basada en una novela de Philip K. Dick, que tuve ocasión de leer hace unos meses, fue uno de los hallazgos de la navidades de 2015. Una ucronía sobre qué podría haber sucedido en el caso de que las potencias del eje hubiesen ganado la Segunda Guerra Mundial y se hubiesen repartido el mundo en áreas de influencia. Europa, África y la costa atlántica de las Américas para el Reich alemán, Asia y el Pacífico, incluido la costa este de las Américas, para el Imperio del Sol Naciente.

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Entre las localizaciones más importantes de la ucronía que presento hoy están Berlín, Nueva York y… una San Francisco ocupada por los nipones. A falta de esta última, unas vistas de los parques y santuarios de la ancestral ciudad de Nara en Japón.

La historia, tanto en la novela, como sobretodo, poco a poco, en la serie de televisión. Tiene dos vertientes. Por un lado, la especulación política sobre lo que podría ser el estado del mundo a principios de los años sesenta, quince años después del final de la guerra. Y con una nueva guerra entre las dos potencias en ciernes, cuestión que explora especialmente esta segunda temporada de la serie televisiva. Por otro lado, especula con el concepto de realidades alternativas que discurren en paralelo. En este caso, nuestro universo con la historia como la conocemos, y la del universo alternativo, la de la historia como nos la presentan en la ficción. Con puntos de contacto entre ambas realidades. Muy interesante. Y bien manejado como dispositivo argumental que mueve a los personajes, o los condiciona.

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Y por supuesto, como toda buena ficción especulativa, lo importante son los personajes, ya que no deja de ser una exploración de la humanidad, y de lo que tiene de noble o lo que tiene de vil. Sin maniqueísmos. Aunque el personaje clave alrededor del cual giran los acontecimientos es Juliana Crane, una muy solvente Alexa Davalos, aunque estaba mejor en la primera temporada, el que resulta realmente apasionante es el Obergruppenführer John Smith, con la sobresaliente interpretación de Rufus Sewell, un ambivalente personaje en el que reconocemos la maldad de los totalitarismos fascistas y policiales (hoy en día camuflados bajo el paraguas de las derechas nacionalistas populistas, que tanto tirón están adquiriendo en diversos países), pero que al mismo tiempo se ve empujado por las circunstancias a actuar en un sentido que al final resulta aparentemente ético. O con consecuencias positivas para el mundo. Estas sutilezas me encantan. Mi reconocimiento también a los personajes e intérpretes Inspector Kido (Joel de la Fuente) y Ministro de Comercio Tagomi (Cary-Hiroyuki Tagawa).

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He disfrutado mucho también con esta segunda temporada que no puedo dejar de recomendar. Desde luego.

Rectify (temporada 4ª y final)

Cuatro temporadas, con treinta episodios, han sido precisas para desarrollar esta historia sobre un recluso que, tras diecinueve años en el corredor de la muerte, acusado del asesinato y violación de un joven de su edad al final de su adolescencia, es liberado porque una muestra de ADN pone en duda la autoría del hecho. Y juega durante una parte de la serie con la duda de si es el autor o no.

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Pero la serie, localizada en una pequeña población del estado de Georgia, en el sur de los Estados Unidos, es una disección de una sociedad aparentemente conservadora, moral y religiosa, pero en el fondo podrida por la hipocresía y los secretos. Y al mismo tiempo, una reivindicación de la familia como entorno de soporte y de tolerancia cuando las cosas pintan mal.

La cuarta temporada me ha parecido muy complaciente. Existían otros finales u otros derroteros por los que podría haber circulado la historia, más oscuros, dramáticos e incluso trágicos. Pero no por ello ha dejado de ser emotiva. Porque como digo, al mismo tiempo que denuncia, es una serie que propone valores. Y finalmente, esperanza. Esperemos que no peque de optimista.

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Mencionar todos los intérpretes que lo hacen de sobresaliente en esta serie, empezando por el protagonista, Daniel Holden (Aden Young), sería absolutamente prolijo y aburrido. Leeros el reparto en IMDb y sabréis quienes son. Pero ya puedo decir que esta serie, absolutamente excelente, es una afortunada combinación de un trabajo conceptual y de escritura de guion concienzuda y bien hecha, con unas interpretaciones de primer nivel.

Para cualquier seriéfilo,… para cualquier cinéfilo,… es obligatoria. Los «palomiteros» que busquen en otro lado, salvo que busquen la redención como espectadores.

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[Libro] Almóndigas del espacio

Literatura

Sí. Almóndigas. Supongo que han decidido traducir «dumplin» por «almóndiga» en lugar de «albóndiga», porque la forma inglesa correcta en inglés es «dumpling», con «g». Pero el título original de esta entretenida historieta de Craig Thompson es «Space Dumplins». Sin la «g». De vez en cuando, oigo eso de que «en el diccionario de la RAE aparece la voz ‘»almóndiga'», y que es tan válida como «albóndiga». A ver… se recoge como voz en desuso o como vulgarismo. Por otro lado, un «dumplin» puede ser más parecido a un «tortellone» que a una albóndiga o bola de carne… pero hay muchas variantes de «dumplins» como para meterse en ese fregado. Por ejemplo, cuando comimos en Hong Kong los típicos «wantán» de gambas se parecían a albóndigas cubiertas con un saquito que recordaba a algunas formas de pasta rellena italiana… pero mucho más grande. Tuvimos que atinar con la forma adecuada de comerlas usando los palillos y la cuchara… Pero estoy divagando. La cosa no va de comida sino del espacio.

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Si ha todo esta disgresión sobre los dumplings y los wantán, se añade el follón del universo de Thompson,… me viene a la memoria el bullicio, los olores y colores de Hong Kong hace unos meses, y allí nos vamos. Prometo que en cuanto pueda me voy a hacer unas fotos al cinturón de asteroides.

Y es que estamos ante una gran aventura espacial, que como digo ha salido de la cabeza y arte de Thompson, con los colores de Dave Stewart, y la traducción al castellano de Gonzalo Quesada para Astiberri. Una «space opera» en un universo que es tan sorprendentemente extraño como extrañamente familiar. Un lugar donde hay desigualdades sociales, discriminación por sexo, raza o especie, donde hay privilegios en función del nacimiento, o donde un desliz en los antecedentes policiales de un hombre puede condicionar el futuro bienestar de una familiar para siempre. Esto suena, ¿verdad? También hay desastres ecológicos, corrupción política y económica,… Pues no es muy extraño ¿o sí?… Pues sí. Porque se vive en los asteroides, se viaja en naves o triciclos espaciales, y hay enormes ballenas que vagan por el éter alimentándose de planetas. Y en este universo, una pequeña, Violet, junto con un pequeño grupo de héroes imposibles, tendrá que encontrar a su padre, reunir a su familia, e intentar llevar juntos una vida razonablemente feliz.

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Dibujos llenos de color, con un abigarramiento que resulta agradable a la vista, alegre, sin que ello recorte el tono de cada momento, que puede ser de suspense, de alegría, de cachondeo, de nostalgia, de drama, de miedo… o de lo que sea.

En general, una aventura que es tremendamente entretenida y que nos hará deleitarnos con esta odisea espacial para niños, pero con temas de fondo muy adultos. Y universales. Y todo con un regusto muy ochentero… que parece que está de moda.

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[Fotografía] Polaroid Image System SE – La poco valorada serie currante de Polaroid – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía

El mundo tiene sus ironías. Y el de la fotografía, igual o más. Os hablaba hace unas semanas de cómo había desempolvado mi Polaroid Supercolor 635 y la había ido utilizando. Y ahora me llega otra Polaroid… Como nueva… aunque tendrá unos cuantos añitos. Y funcionando la mar de bien. Quien quiera conocer los detalles técnicos que siga el enlace. Los demás, podéis ver algunas de las fotos que he hecho probándola. Las redonditas no son de la nueva, son de la que ya tenía.

Origen: Polaroid Image System SE – La poco valorada serie currante de Polaroid – Fotografía y otras artes visuales.