[Cine] Furiosa: A Mad Max Saga (2024)

Cine

Furiosa: A Mad Max Saga (2024; 28/202400602)

Llevo leyendo desde hace un par de semanas constantes referencia a una taquilla de cine en España en estado letárgico. La gente no va al cine. Es caro. Y la mayor parte de la oferta es mero entretenimiento que da igual ver ahora que después, en la sala de cine o en casa tranquilamente. Y las palomitas y la cocacola salen mucho más baratas en casa. Las puedes comprar donde quieras sin abusos. Y llevamos décadas enseñando un cine de consumo fácil, y el cine como disciplina artística cada vez interesa menos al público. Que cree que una «buena» película es una con mucho presupuesto y muchos efectos especiales. El fin de semana pasado me propusieron ir al cine, pero yo no veía en la cartelera, y en versión original, muchas posibilidades. Propusieron esta secuela/precuela de las películas de Mad Max/del personaje de Furiosa, que interpretó originalmente Charlize Theron. Aquella no la vi en el cine. En casa. En la tele. No me dijo gran cosa. Las dos terceras partes de la película, un montón de gente persiguiéndose, haciendo explotar cosas y matándose hasta llegar a un determinado punto. El tercio restante, lo mismo, pero para volver al punto de partida. No había nada más. De verdad.

No tenía a mano paisajes tan áridos como los de los desiertos australianos donde se ruedan estas películas. Pero en Aragón no faltan paisajes áridos, aunque en esta ocasión aliviados por la laguna de Gallocanta.

Pero la película fue un éxito de taquilla. Por lo que han sacado una precuela con Anya Taylor-Joy en el papel protagonista, dirigida, por supuesto, por George Miller que, aunque ha hecho alguna otra cosita, lleva viviendo de esta saga toda su vida. Taylor-Joy me gusta como actriz… pero ni aun así me apetecía mucho. No tenía otros planes alternativos, así que me apunté a la matinal. Y es más de lo mismo. Muchos efectos especiales, muchas explosiones, muchos muertos, para una historia esquemática, convencional, con unos caracteres esquemáticos, convencionales, apenas definidos. Y en este caso, ni siquiera podemos decir que esté bien hecha, porque en muchas ocasiones los efectos digitales cantan en exceso, y se nota que se ha rodado sobre fondo verde. Parece que el presupuesto no llegaba para una empresa digna de efectos digitales.

Indudablemente, esta película entretendrá a los deglutidores compulsivos de palomitas y cocacolas. Pero es una película absolutamente vacía. Un mero entretenimiento visual en la que incluso los villanos que podrían ser lo más interesante de la película, están desaprovechados y acaban siendo convencionales y poco interesantes. De verdad… o yo soy muy raro, o la falta de cultura cinematográfica en la población es tal… que no es de extrañar que no haya especial interés por el cine… porque en poco tiempo esto lo podrán ver apoltronados en sus casas sin tener que pensar mucho, echando kilos y promoviendo la diabetes, mientras ingieren hidratos de carbono con sal y aceites, y refrescos de soda con más hidratos de carbono y más sodio, sin esfuerzo alguno, ni físico ni mental. Ya está. No hay más.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

[Fotos] Miscelánea de temas con una cámara clásica… clásica de verdad

Fotografía

Hace unas semanas saqué a pasear a mi cámara más bonita. Una auténtica clásica que utilizó en sus tiempos gentes tan prestigiosas como Cartier-Bresson y otros. La Leica IIIf.

Para saber más de la cámara y las cuestiones técnicas fotográficas, pasaos por Pongámonos clásicos para pasear – Leica IIIf con Leitz Elmar 50 mm f3.5 y Kodak Pro Image 100. Aquí, simplemente, os dejo algunas fotos.

[Libro] Corto Maltese: La reine de Babylone – Martin Quenehen (guion) y Bastien Vivés (ilustración)

Literatura

Como ya he comentado en ocasiones anteriores, las aventuras de Corto Maltés siguen en la actualidad bajo la mirada y la escritura de autores actuales, que intentan mantener el espíritu del que Hugo Pratt dotó al marinero de La Valeta, pero actualizando los temas y las épocas. Llegue a este volumen como consecuencia de una discusión amistosa en un bar al que fuimos tras una sesión de cine. Aquel día se sumó un aficionado al aventurero, y que se mostraba muy en desacuerdo con la actualización de las coordenadas de tiempo y lugar para las nuevas aventuras del marinero. Yo le recordé que Hergé hizo de Tintín un aventurero atemporal. Sus aventuras progresaron con el tiempo, manteniéndose el personaje con su apariencia eterna a lo largo de las mismas. Incluso si empezó las mismas en la década de los años 20 con una visita al país de los Soviets, y un tiempo después adelantaba cómo podía ser un viaje a la luna, o las cuestiones relacionadas con el petróleo, que afectaron en las segunda mitad del siglo XX. A mí no me supone ningún problema actualizar el escenario de las aventuras de Corto, siempre que la esencia del personaje se mantenga.

La cuestión es que, tras ese debate amistoso, me puse a comprobar si recientemente se había publicado alguna nueva aventura. Y me encontré con esta, que estaba disponible en francés y en italiano. No estaba disponible, en ese momento, en castellano. Creo que ahora sí. De los distintos autores que han asumido la continuación de las aventuras de Corto Maltés, en esta ocasión son los franceses Martin Quenehen, escritor, y Bastien Vivés, ilustración. Recordemos que las nuevas aventuras desarrolladas por los españoles Canales y Pellejero sí que se intercalan en la línea temporal de las que concibió Hugo Pratt, mientras que las de Quenehen y Vivés, están actualizadas a las primeras décadas del siglo XXI. Quizá por ello no están numeradas dentro de la serie. Y las de Canales y Pellejero sí. Y asumí que el original del texto es en francés, claro, y me compré la versión francesa.

En esta ocasión, nos encontramos a Corto en Venecia. Creo que eso es un punto fundamental para animarme a ella. Venecia. Habitualmente, las aventuras de Corto que empiezan o se desarrolla en Venecia me acaban gustando más. El mundo en el que se mueve es el de la resaca de las guerras en los Balcanes, y los preliminares a la guerra de Irak. La segunda. La de las «armas de destrucción masiva» que nunca existieron. Y entre medias, las mafias del tráfico de armas y la indecencia de los servicios de espionaje. Una aventura de Corto con tono muy muy muy melancólico. Más de lo habitual. Más oscuro. Pero no inapropiado para los tiempos que corrieron en esos primeros años del siglo XXI… que tal vez sigan corriendo hoy en día.

No voy a decir que el Corto Maltés de Quenehen y Vivés esté al nivel del de Pratt. Que no lo está. Pero esta historia me ha llegado. Más que la primera que desarrollaron estos autores franceses. Me ha parecido más engarzada con la realidad, al mismo tiempo que nos permite seguir soñando… al menos hasta cierto punto. Pero el mundo está muy perro para permitirse excesivas ensoñaciones.

[Cine] Shēnhǎi [深海] (Deep sea) (2023)

Cine

Shēnhǎi [深海] (2023; 26/20240527)

Esta fue la última película que vi antes de irme de viaje de vacaciones, en una matinal de domingo por la mañana. Una película de animación china, bien vista por la crítica, aunque la opinión de los espectadores en distintas plataformas fuese un poco más fría. Dirigida por Tian Xiaopeng, sobre una historia escrita por el mismo, parece un intento más de la industria cinematográfica china de encontrar un hueco entre los grandes del medio a nivel mundial. También en la animación, un ámbito dominado por Estados Unidos y Japón, con incursiones de otras nacionalidades. Y teniendo en cuenta el enorme potencial de espectadores que tiene el gigante chino. El problema es que las producciones chinas con gran éxito en su país pocas veces consiguen abrirse paso a nivel global. Y hay muchos motivos para ello.

En este caso nos encontramos con la historia de una niña que está de vacaciones en un crucero con su familia. Una familia formada, además de ella misma, por su padre, que se casó en segundas nupcias con otra mujer tras la separación y el divorcio de la madre de la niña, y un bebé fruto del nuevo matrimonio, que atrae toda la atención de los progenitores. Así pues, tenemos una situación de «princesa destronada», que se siente abandonada por su madre, relegada a un segundo plano por su padre y su madrastra, y sin encontrar su lugar en el mundo. Una noche en el crucero, durante una tempestad, la niña cae al agua, para entrar en un mundo alternativo de fantasía y acción, con la promesa de encontrar a la madre de la mano de un extravagante personaje que gobierna un peculiar mundo marino.

La película ha alcanzado las salas de cines occidentales por su buena acogida en la Berlinale de 2023; como ya he dicho, la película ha sido bien acogida por la crítica. El esfuerzo artístico y técnico de producción es considerable. Con una ilustración fuertemente expresionista en su trazo y en su colorido, nos invita a explorar un mundo de fantasía oceánico. Tal es el expresionismo de la película que puede ser abrumadora visualmente en ocasiones, lo cual puede sacar al espectador de la película. Pero indudablemente hay mérito en la realización de este largometraje. Sin embargo, en lo que se refiere a su historia, a su argumento, no deja de ser un pastiche, razonablemente bien ensamblado eso sí, de ideas que ya se han explorado en otras películas. Los temas son el abandono, el duelo, la supervivencia,… pero llega un momento en la película que las piezas empiezan empiezan a encajar y la película comienza a ser predecible. Empiezas a pensar… «ah, esto ya se lo vi hacer a Miyazaki, o esto se lo vi hacer a Ang Lee, aunque los temas sean muy distintos… o esto…», y eso desinfla en parte el interés inicial del film

Al final, y resumiendo, es una película que tiene su interés, pero no acaba de siendo la película redonda, de referencia, la demostración de poderío de la cinematografía china, y que claramente pretendía ser. Incluso su potencial público infantil puede quedar excesivamente abrumado por lo visual, pero también por los temas, aparte del presunto happy end que los responsables del film se sacan de la manga en los títulos de crédito tras el final de la película. Y que no está en el devenir natural de la historia y la película, que conlleva siempre a cuestas sus dosis de drama, e incluso de tragedia. En realidad no es una película amable, aunque al final la quieran convertir en eso. Creo que los chinos siguen sin encontrar su punto, más allá de la películas de artes marciales de época que hace un par de décadas sorprendieron, o producciones puntuales de directores independientes, pero que no van a alcanzar al gran público. Cuando aspiran al blockbuster se nota que no tienen el oficio de los norteamericanos.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Qué lejos se me hacen los tulipanes de marzo…

Fotografía

Este año llevo mucho retraso comentando mis experiencias fotográficas. Y entre unas cosas y otras, estamos ya en junio cuando he llegado a las fotografías con película tradicional de los tulipanes de marzo. Las fotos son del 24 de ese mes. Y están un poco pasaditas de saturación, consecuencia de la película elegida. Pero… es lo que hay.

Si queréis saber más sobre las cuestiones técnicas de las fotografías, os remito a Tulipanes en el Parque Grande con película fotográfica – Canon EOS 650 con EF 200 mm f2.8L USM II y Kodak Ektar 100 (invitado, Pentax Takumar SMC 35 mm f2). Por lo demás, poco más hay que contar. Flores en primavera.

[Libro] La experiencia de leer – C. S. Lewis

Literatura

Los domingos no suelo hablar de libros. Suelo hablar de fotografía. De la que hacen otros, mucho mejores que yo. En los que creo que hay que fijarse para intentar, muchas veces sin éxito, mejorar. Pero con estas semanas pasadas viajando, no tengo mucho preparado. Y por otro lado, con el de hoy, tengo nueve libros ya leídos pendientes de comentario. Un montón. Este año voy mucho más entonado con esto de la lectura. Esperemos que dure. En vacaciones leo mucho. Y cuando no estoy de vacaciones, he cambiado algunas rutinas para permitirme espacios para la lectura. Pero vamos con lo de hoy… que es un ensayo. Apareció de oferta en algún sitio, y su tema me pareció interesante. Y se lee en seguida. Su autor, el escritor británico C. S. Lewis, muy conocido por sus libros de Las crónicas de Narnia, y menos por otros que se mueven en la ciencia ficción. Hasta el momento, no me ha atraído mucho. Y no he leído ninguna obra de ficción suya. Pero es que sus adaptaciones al cine me han alejado de ellas.

En un viaje en agosto de 1989 por París y la Gran Bretaña, visitamos Oxford. Pero no tengo ninguna foto escaneada de este lugar. Sí de otros puntos del viaje. Tengo que revisar aquellos negativos. O volver a Oxford y hacer algunas fotos. Pero últimamente el Reino Unido no apetece mucho…

En otro orden de cosas, fue un académico que ejerció su actividad como profesor de literatura en la Universidad de Oxford. Y en ese ámbito hay que contemplar este ensayo. El título en castellano no se corresponde con el original en inglés. An experiment in criticism. En cualquier caso, el debate que plantea es que la calidad de los libros no se mide sobre la forma en que están escritos sino sobre la forma en que son leídos. El autor diferencia dos tipos de lectores. Uno de ellos sería el intelectual, el que lee pausadamente, con abundante reflexión y que, llegado el caso, vuelve una y otra vez al texto, extrayendo todo el potencial del mismo. Si un libro atrae este tipo de lectura sería un buen libro. Por otro lado, existe el lector que busca un entretenimiento, que lee su libro una vez, sin darle muchas vueltas, que raramente vuelve a releerlo, porque quiere pasar a la siguiente aventura. Si un libro sólo atrae este tipo de lectores… pues sería, literariamente hablando, flojito.

El ensayo contiene algunas ideas interesantes. Es obvio que existen libros, de ficción o de no ficción, que tienen diversos fines. Los libros de literatura más popular, los superventas, tiene claramente el objetivo de procurar entretenimiento a un número alto de personas, potenciales lectores. Y de hacer mucho dinero. Por el contrario, hay otros libros que buscan atraer un lector más reflexivo, provocar una reacción, un debate, o que el lector lo perciba como un obra realmente artística por la belleza de su lenguaje. Pero la división que hace Lewis de los lectores es demasiado binomial. O se es de unos o de los otros. Y clasista. Es obvio que desprecia a determinado tipo de lector. Y consecuentemente las obras que lee. Y yo no estoy de acuerdo.

En la literatura, como en el cine o en otras artes, existe productos de consumo que pueden tener una alta calidad, que pueden atraer a lectores de niveles de cultura más básicos, pero también al lector culto y más instruido. Entretenimiento y calidad artística no tienen por qué estar reñidos. Aunque es difícil que autores que publican libros como churros puedan mantener esa calidad. Existe en el mundo editorial demasiadas obras formulaicas, carentes de originalidad, que repiten esquemas, y que sin embargo son leídas con avidez por cierto público. Como pasa en la ficción televisiva o cinematográfica. Pero los límites no son precisos entre la lectura como entretenimiento y la lectura como reflexión artística o filosófica. Es más, no deben serlos. Y se debe aspirar a la calidad en todo el campo. Y de esa forma el lector puede progresar, y poco a poco acceder a una mayor variedad de obras literarias. Esa es la forma también para acabar con el clasismo de Lewis entre los lectores como el y sus colegas intelectuales, y todos los demás. Lewis se aparta en realidad de la sociedad. Es el ejemplo por excelencia del académico universitario que no vive la realidad social.

Fuera de la literatura, y a propósito de mi reciente viaje a Japón, podemos considerar un cierto fenómeno en el ámbito de la pintura. Hokusai. O Hirosige. U otros artistas del período Edo que practicaron el grabado en madera. Hoy en día se los considera grandes artistas, cuyas exposiciones o sus obras en los museos atraen muchos visitantes y sesudos comentarios académicos. Pero en su momento, eran más bien artesanos populares, que vendían sus obras a través de los estampadores, obras que se reproducían indefinidamente mientras hubiera demanda, a la burguesía comerciante de las grandes ciudades japonesas. Lo curioso es que en una sociedad de castas, tan jerarquizada como la japonesa del periodo Edo, donde los militares, los samurais, estaban en la cúspide de la pirámide social, los comerciantes estaban en la base. Eran casta baja. Pero tenían dinero. Estos artistas que hoy están tan bien considerados, trabajaban para decorar las casas de la casta más baja. Eran productos de consumo. Quizá el C. S. Lewis japonés de la época los hubiera despreciado, por la extracción social de sus consumidores. No nos engañemos, nivel cultural y educativo siempre está correlacionado con el nivel socioeconómico. Hoy en día, sin embargo… son admirados. Qué cosas, no.

Por supuesto que hay obras buenas y malas. Pero cuidado con cargar esa definición por el objetivo que persiguen o por la «calidad» de sus lectores. A mí eso me huele a un cierto elitismo, un poquito rancio.

[TV] Cosas de series; dictadores feudales japoneses y el fin del mundo van bien para las vacaciones

Televisión

Tengo unas cuantas series de televisión pendientes de comentario de antes de cogerme las vacaciones. Pero en la tónica de estos días, me apetece comentar cositas que he visto durante, o aprovechando, estas vacaciones. Porque en un viaje largo siempre hay tiempos muertos, o un rato antes de dormir, en los que aparte de la posibilidad de leer algo, puedes ver algo de lo que llevas en tu tableta por si acaso. Las dos series que comento las llevaba empezadas de antes del viaje a Japón, pero las he terminado durante el viaje.

Jongmar-ui babo [종말의 바보, el tonto del fin del mundo] es una serie surcoreana preapocalíptica, que en inglés se ha titulado Goodbye Earth y en castellano Adiós, Tierra. O sea, lo mismo que en inglés. Es una producción de Netflix que se basa en una novela japonesa que estoy dudando si leer o no, creo que no adapta exactamente la historia, se inspira en ella, y que en en doce episodios nos cuenta lo que pasa en una ciudad coreana en los 200 días que faltan para que quede destruida por la colisión con la Tierra de un asteroide. Pero antes de seguir, quiesiera hacer algunas puntualizaciones terminológicas. Que últimamente el personal adjetiva la ficción cinematográfica o televisiva.

En primer lugar, sí, he dicho preapocaliptica. No posapocalíptica como se puede leer en algunas reseñas o comentarios. La catástrofe no ha sucedido. Sucederá. Incluso se puede prever minimizar las consecuencias de la misma. Pero lo que analiza la serie no es lo que pasa después de la catástrofe. Lo que analiza es la descomposición de la sociedad cuando hay amenazas graves sobre la misma. Y eso puede ser de carácter catastrófico natural, pero podría ser por otros motivos. A lo largo de la historia de la humanidad, las sociedades, aparentemente estables y prósperas, se han desmoronado, los tejidos sociales destruidos, y la civilización se ha venido abajo. Sucedió en Mesoamérica con los mayas, sucedió en muchos lugares de Europa con el derrumbe del Imperio Romano, sucedió en el Mediterráneo oriental en la Edad de Bronce,… civilizaciones potentes, avanzadas para su época, que se desmoronan, hay un declive demográfico, y un abandono de la grandes ciudades y vuelta a la subsistencia básica. Pero antes de que eso suceda, hay un periodo de advenimiento del caos social.

En segundo lugar, el maldito término distopía/distópico que ahora se aplica a todo. Sobre la película sobre una hipotética guerra civil en Estados Unidos que comenté recientemente vi y comenté, la mayor parte de los medios hablan de una situación distópica. No tal. Es un escenario histórico alternativo o teórico, más bien una ucronía a futuro. Pero sobre una sociedad no diferente en esencia de la actual. Y a la serie actual también se le aplica en algunos medios el término distópica. No tal. Es un derrumbe social. No una distopía. Aunque ahora ha degenerado el término para abarcar muchas situaciones muy distintas, incluso los artículo en inglés y en castellano se lían mucho, originalmente la distopía se refería a sociedades que bajo la apariencia de una utopía, o sociedad ideal, se trata de sociedades o sistemas sociales y políticos deshumanizadores, que anulan la persona. Por lo tanto, relatos posapocalípticos, preapocalípticos, ucronías, o relatos sobre dictaduras hechas y derechas, sobre todo derechas, no son distopías. Lo importante, filosóficamente, de la distopía es su apariencia de sociedad ideal… cuando es todo lo contrario. No estamos en la situación.

Cuando comienza la serie, hace más de 150 días que se sabe que un asteroide colisionará contra la Tierra en algún lugar muy próximo a la península de Corea, por algún mapa que sacan en lo que la mayor parte del mundo llama el mar de Japón, y que ellos llaman el mar del Este… denominación que sólo tiene sentido para ellos, claro. Pero bueno, también al mar del Norte se le llama así aunque sólo tenga sentido para los europeos occidentales que no viven en los países escandinavos. En fin, no nos extenderemos mucho sobre el hecho de que la nomenclatura cartográfica está condicionada por el histórico impulso colonizador de la Europa occidental. Aquí estamos de nuevo. En esos 150 días, sabiendo que Corea, ambas Coreas, van a desaparecer como nación, en la del sur se ha producido una guerra civil y una descomposición del tejido social. Algunos coreanos son acogidos como refugiados en otros países, pero los criterios son egoístas, arbitrarios, injustos,… y no van a alcanzar a toda la población. Al mismo tiempo, mafias criminales campan por el país, y es infame la trata de personas, especialmente de niños y adolescentes.

En ese entorno, nos encontramos con cuatro amigos. Una profesora de educación intermedia, Ahn Eun-jin, el equivalente a la ESO, que vive con dificultad la desaparición o muerte de todos menos tres alumnos de su clase, víctimas de esas mafias. Su novio, un científico brillante, Yoo Ah-in, que se encuentra en Estados Unidos. Una capitana del ejército, Kim Yoon-hye, con un alto sentido del deber y que pretende proteger a la población de la ciudad. Y que en secreto es lesbiana, y está colada por la profesora. Y un sacerdote católico, Jeon Sung-woo, que tiene que confortar a su parroquia cuando el párroco titular desaparece. Y luego hay una pléyade de secundarios, más o menos habituales en los dramas coreanos, haciendo de buenos vecinos, o de malvados. En los doce episodios, desarrolla una serie de tramas personales, y otras globales, que ponen énfasis en como sobrevivir cuando no hay esperanza, o como mantener una cierta cohesión social, cuando las desigualdades y los egoísmos personales sobresalen en el «sálvese quien pueda». La propuesta es muy interesante, y la serie se deja vez con interés. Especialmente por el buen trabajo de muchos de sus intérpretes. Pero la historia no está siempre bien hilvanada, el peso de la trama está muy desequilibrado a lo largo de los episodios, y algunas situaciones caen en el tópico previsible. Pero algunos de los conflictos éticos que se plantean son interesantes. Al público no le ha gustado mucho. Aparte de los defectos señalados… la gente quiere finales felices. Siento haber destripado el final. Pero es que es obvio y consecuente. Es lo que hay.

En la plataforma Disney+ han celebrado recientemente su estreno estrella de los tiempos recientes. La producción es de FX, uno de los canales que distribuyen en la plataforma. Y se trata de la segunda adaptación televisiva de una novela superventas de los años 70 del mismo título, Shōgun. La primera fue en los años 80, cuando estaban de moda las series con cierto componente épico que, en TVE, solían venir agrupadas como Grandes relatos, aunque esta denominación se usó también para otros programas. Fue la época de (usaré las denominaciones en España) Raíces, Holocausto, Norte y sur (esta acabó teniendo varias temporadas), Séptima avenida, Hombre rico, hombre pobre, y otras que ahora no me vienen a la memoria. Eran muy populares… porque sólo había una televisión con dos canales, o sea que no podíamos elegir ver otras cosas. Así que eran objeto de comentario habitual por parte de todos tras la emisión del episodio semanal. Todas o casi todas eran adaptaciones de novelas del tipo superventas. O best-sellers para los que no son incapaces de prescindir de la superflua denominación inglesa. Novelas formulaicas, muy entretenidas, aunque de valores literarios discutibles en ocasiones, que seguían esquemas similares. Y que mucha gente, tras la serie, acababa comprando en el Círculo, aunque la mayor parte de esta gente no la llegaba a leer. Pero quedaban bien en las bibliotecas domésticas.

Pues bien, algunas de aquellas historias se están actualizando en nuevas series, más ambiciosas, con más medios técnicos y con la intención de atrapar al espectador para la plataforma de contenidos de turno. Shōgun es una ficcionalización de los acontecimientos históricos que rodearon la llegada al poder de Tokugawa Ieyasu como primer shōgun de su dinastía, que entre 1603 y 1868 procuró un periodo, llamado periodo Edo, por instalarse la sede del gobierno del shogunato en esta ciudad, hoy conocida como Tokio, en el que el país estuvo en paz. La capital oficial del país, donde residía el emperador, sin poder real, seguía siendo Kioto. Fue una dictadura militar, con una sociedad dividida en castas, pero que gozó de estabilidad, y se caracterizó por el mantenimiento de un sistema feudal en el territorio, al mismo tiempo que surgía una casta de comerciantes en las ciudades. Casta que combinaba la contradicción de estar en la base del sistema social, pero que era muy próspera económica y manejaba mucho dinero. Y por ello, aunque supuso un parón en el desarrollo tecnológico del país, fue un periodo de esplendor en la cultura y las artes.

El advenimiento al poder de Tokugawa Ieyasu, del clan Matsudaira, el tercero de los unificadores del país, y el definitivo, tras el convulso periodo Sengoku, se produjo cuando fue expulsado (o se rebeló) del consejo de cinco regentes del que formaba parte, durante la minoría de edad del heredero de Toyotomi Hideyoshi (en la serie Toranaga Yoshii, Hiroyuki Sanada), el segundo de los unificadores, tras Oda Nobunaga, el primero de ellos. Ieyasu fue lugarteniente de ambos, pero en un momento dado sintió que le llegaba el turno. Esta rebelión genero una serie de tensiones que amenazaban el desencadenamiento de una nueva guerra civil entre las dos facciones; el ejército del Este, al mando de Ieyasu, con base en Edo, y el ejército del Oeste, al mando de Ishida Matsunari (en la serie Ishido Kazunari, Takehiro Hira), con base en Osaka. El casus belli fue el intento de Ishida Matsunari de retener como rehenes en el castillo de Osaka a familiares de los señores feudales que apoyaban a Ieyasu en el ejército del Este. En este intento, murió la esposa de uno de los lugartenientes de confianza de Ieyasu, general destacado en su ejército, una mujer de origen noble que había adoptado la religión católica, originalmente llamada Akechi Tama, aunque pasaría a ser conocida como Hosokawa Gracia (en la serie Toda Mariko, Anna Sawai). La serie es ficción, y los nombres de los personajes son distintos pero basados claramente en estos personajes históricos. Y narra una sucesión de acontecimientos ficticia, que no se corresponde con la realidad histórica, que llevan a la muerte de la dama noble en Osaka y el desencadenamiento de la guerra. Mezclados con la llegada a Japón de un piloto naval inglés al servicio de los comerciantes neerlandeses, John Blackthorne (Cosmo Jarvis), que se basa en un la figura del marino William Adams, y que no consta que interviniese en modo alguno en los asuntos históricos que he comentado.

La serie es entretenida. Muy entretenida. Pero no me ha gustado tanto como a la peña. De verdad que no. Hay algunos «errores» de reparto. Anna Sawai no lo hace mal. En lo que yo la había visto hasta ahora… la consideraba una actriz mediocre, como en cierta serie de monstruos de Apple TV+. Me dicen que también salía en la excelente Pachinko, pero no en un papel de los más destacados. También salía en una serie de yakuzas en Londres que vi hace un tiempo, pero ni siquiera la mencioné en la reseña, porque no tenía un papel muy trascendente. Se ha movido sobretodo en el cine de acción, y en la serie se le nota más cómoda en las secuencias de acción que le ofrecen. Lo curioso es que hay dos actrices japonesas en la serie, en papeles secundarios, que desde mi punto de vista tenían más potencial, y en lo que les toca lo hacen mejor, como son Saeko Kimura y, especialmente, Fumi Nikaidō. Esta última sería una potencial antagonista para Toranaga en caso que decidieran por una segunda temporada, no prevista inicialmente. Ieyasu y Yodo-dono, la madre del heredero de Toyotomi Hideyoshi, acabaron enfrentándose en el castillo de Osaka catorce años después de la batalla de Sekigahara que fue el punto final a la historia original en la que se basa la serie. Y sobretodo… el inglés no pinta nada en todo esto. Incluso el relato fuerza una relación romántica entre la dama noble católica y el piloto inglés que está fuera de carácter por completo para una noble japonesa de la época, especialmente siendo una católica convencida. Eso me ha chirriado como pocas cosas. La necesidad del escritor original de poner un protagonista occidental para atraer lectores hace que la historia baje un montón de enteros. Existió una personaje real que estuvo por allí. Pero con nula trascendencia real, más allá de lo que algunos quieran ver en el posterior permiso a los holandeses para establecer un puerto franco en una isla frente a Nagasaki. Y hay elementos insuficientemente tratados, o con poca sutileza. Como la influencia del clero católico jesuita predominantemente portugués, pero que sería expulsado años más tarde, y prohibidas las religiones cristianas. Hemos de recordar por otra parte, parece que los ingleses y americanos no se han enterado, que en 1600 Portugal estaba integrado en la Monarquía Hispánica junto con el resto de los reino peninsulares, varios dominios por el resto de Europa y las correspondientes colonias por el resto del Mundo. En aquel momento, durante el periodo entre 1580 y 1640, no tenía sentido de hablar de «España» y «Portugal» como dos entidades políticas distintas en cuestiones internacionales.

En otro orden de cosas, el ambiente tétrico, brumoso permanentemente, oscuro, frío, con unos viñeteos en la fotografía muy excesivos… tampoco me ha convencido mucho. Da la impresión de que de un momento a otro van a empezar a salir dragones, elfos, orcos y demás… por allí. O sus equivalentes nipones. Y es que no es la imagen que tengo yo de un país que ya he visitado en tres ocasiones, y que, aunque llueve con cierta frecuencia… es bastante luminoso. Como decía, muy entretenida… pero no me parece tan maravillosa como algunos la ponen. Ni de lejos.

[Cine] Suki demo kiraina amanojaku [好きでも嫌いなあまのじゃく] (Mi querida oni) (2024)

Cine

Suki demo kiraina amanojaku [好きでも嫌いなあまのじゃく] (2023; 27/20240527)

Después de haber estado quince días fuera de España, viajando, evidentemente, últimamente, no he ido mucho al cine. Más bien nada. Pero justo cuando estábamos preparando las maletas para abandonar Tokio y volver a Zaragoza, no teniendo mucho sueño, abrí la aplicación de Netflix en la tableta y vi que había un nuevo largometraje de animación japonesa de estreno. Y como estaba muy en situación… en el país apropiado y tal,… me puse a ello. Cuando viajo, llevo activada una aplicación VPN en la tableta y en el teléfono móvil, con objeto de mantener la privacidad de mis datos en las wifis de hoteles y otros establecimientos públicos. Y lo hago a través de un servidor español, por lo que la oferta que me aparece en Netflix es la española. Sin la VPN sería la japonesa… y a saber. Alguna vez le he dado alguna oportunidad. Pero no en esta ocasión. Para que al usar Google Maps, la aplicación más usada durante las vacaciones, y otras, me aparezcan siempre en un idioma comprensible. Que si se me adaptan al entorno empezamos a no entendernos.

El título original de esta película dirigida por Tomotaka Shibayama viene a significar algo así como este demonio me gusta pero no. En español y en inglés lo han simplificado con ese Mi querida oni o My oni girl. Un oni 鬼 es una criatura de folclore de japonés que se traduce muchas veces por demonio y otras por ogro. Según algunas versiones serían demonios encargados de castigar a las personas malvadas, por lo que no serían seres malvados en sí mismos. Pero hay muchas películas y series, de animación o no, en las que los oni son los adversarios malvados de los protagonistas. Una muy famosa en los últimos años es Kimetsu no yaiba 鬼滅の刃, título que hace referencia a la espada del protagonista, una matadora de oni (en inglés, la serie es Demon slayer). Pero en este caso, la oni, porque es una encantadora chiqueta preadolescente con un cuernillo en el lado derecho de la frente, va a ser el revulsivo para el chico protagonista, un tímido de edad similar que es incapaz de decir que no a nada, por lo que los demás se aprovechan o nunca puede hacer lo que le gusta. La chica le pedirá que le acompañe en una aventura para encontrar a su madre que la abandonó con su padre en la aldea secreta de los oni. Y además estarán bajo la amenaza de unos peligrosos kami de las nieves…

A ver… la película tiene un pase, pero muy por los pelos. No hay elementos originales destacables en esta aventura que da la impresión que de una forma u otra la hemos visto ya en alguna ocasión. O que es un refrito de situaciones y propuestas ya vistas. Su director ya dirigió otra película para Netflix, que tampoco destacaba por nada en especial, aunque se veía mejor que esta. Vamos, que en la animación japonesa se hacen cosas mucho mejores, aunque en cualquier otra cinematografía con menos tradición en la animación podría ser un producto entre simpático y casi destacable. Pero claro… es que hay mucho donde comparar. Se deja ver. Nada más.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Viajes] Resumen del viaje a Japón – mayo de 2024

Viajes

Nuestro primer viaje a Japón fue en 2014. Iba a ser en 2011. Pero en aquel año, pasaron muchas cosas. En Japón, y en nuestras vidas privadas. Así que quedó demorado indefinidamente, hasta que la indefinición terminó tres años más tarde. Disfrutamos mucho de aquel viaje. Y nos propusimos seguir visitando Asia oriental y volver al País del Sol Naciente. Como objetivo,… cinco años más tarde. Y lo hicimos. En 2019. Y otros cinco años más tarde… y lo hemos hecho. Diez años después del primer viaje, hemos vuelto. Y ya hemos regresado. Por lo que voy a resumir el viaje de forma somera y con las cosas más destacable. Si queréis revisar el itinerario, en las dos últimas semanas he ido subiendo fotografías de los lugares visitados… así que esas entradas os remito. Si enlazáis en el mes de mayo de 2024 de este Cuaderno de ruta seguro que os aparecen al principio del todo. Como de costumbre también, acompaño el resumen del viaje con fotografías del mismo. Para saber más de las cuestiones técnicas fotográficas del viaje, os sugiero visitar Tercer viaje a Japón; fotografía digital – Panasonic Lumix G9 II con varias ópticas y Sony ZV-1. En unos 10 a 15 días, se verán las fotos hechas con película fotográfica tradicional.

Empecemos por lo importante. Como digo a muchos de mis amigos, el gatete regordete con la patita levantada que muchos llaman el gato de la suerte chino, no es chino. Es japonés. Se le llama manekineko 招き猫, y su aparición en el folclore japonés, desde donde se extendió a otros países del Asia oriental, y después al mundo, se atribuye a la ciudad de Edo. Hoy popularmente conocida como Tokio. Y una de las (diversas) teorías es que es surgió en el entorno de Gōtoku-ji, templo budista en Setagaya, uno de los distritos especiales de Tokio, donde el manekineko actúa como intermediario de la persona ante los dioses, budas, o seres preternaturales o sobrenaturales en los que que crea. Para dar fe, visitamos Gōtoku-ji y comprobamos la popularidad del bobtail japonés.

Japón es en estos momentos un destino popular en el mundo. Es bonito, diverso, distinto en muchos aspectos a las culturas occidentales, animado, técnicamente avanzado, conserva mucho de su patrimonio histórico y artístico, su cultura tiene una enorme proyección e influencia en el mundo,… y el yen se ha devaluado mucho y está barato. Como un 30 % más barato al cambio que hace cinco años. Por lo tanto, no sólo ha recuperado los visitantes que tenía antes de la pandemia, sino que los ha superado. Y por ello, algunos de sus destinos más significativos están sobresaturados. Verdaderas tourist traps, que pueden resultar muy agobiantes. Donde se forma filas y filas para hacerse el selfi que todo el mundo se hace, exactamente igual, porque lo han visto en las redes sociales. Por lo tanto, la experiencia puede ser decepcionante. Y además están surgiendo paquetes turísticos que abarcan mucho y aprietan poco. Trabé conocimiento en el avión de ida con dos mozas que iban en uno de estos paquetes. A la vuelta volvimos a coincidir. Estaban contentas. Pero se han chupado muchas horas de autobús. Y como detalle, visitaron Nara. Un lugar imprescindible. Patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Nosotros estuvimos durante todo un día en 2014, y nos dejamos algunos templos muy interesantes al sur de la ciudad. Estuvieron algo más de una hora ¡¡?? En mi opinión, eso no es visitar Japón.

En 2019, ya nos salimos de las rutas más densamente saturadas. Especialmente visitando las rutas de peregrinación de la península de Kii en Kansái, desde Kojasan hasta Ise. Y mereció mucho la pena. En esta ocasión hemos recorrido la región central de Japón. Entre Gifu y Kanazawa. Una región llena de sitios interesantes, en la que se puede optar entre la naturaleza, especialmente las montañas de los Alpes Japoneses, y el patrimonio histórico y artístico de esta región. Fundamentalmente, nos hemos centrado en la parte del patrimonio histórico y artístico, con las montañas de Hida y algunas otras como telón de fondo. Un par de castillos originales, no reconstruidos, el de Hikone y el de Matsumoto, y varios reconstruidos. La aldea de Shirakawa-go, patrimonio de la humanidad. Las ciudades de Gifu, Toyama, Takaoka, Kanazawa, y la mas destacable, Takayama. Los cascos históricos con edificios del periodo Edo y la era Meiji de algunas de estas ciudades, de Gujō-Hachiman y de Mino. Los templos y cementerios históricos de Higashiyama en Takayama. La pesca con cormorán en Gifu. El ferrocarril de la garganta de Kurobe. En fin… bien. Lugares muy interesantes de conocer y visitar, donde se come bien, y donde hay poca aglomeración turística. En algunos de estos sitios, ninguna. Algunos japoneses con días libres, pocos en esas fechas, y poco más.

Como en el viaje de 2019, terminamos el viaje en Tokio. De los sitios más populares, la tarde que llegamos, soleada y agradable, visitamos dos de nuestros lugares favoritos, el parque de Ueno y Asakusa, con Sensō-ji. Pero el día que en su integridad le dedicamos a la capital, también nos salimos de los caminos trillados. Y con la línea Chiyoda de metro como referencia, recorrimos Gōtoku-ji en Setagaya, que ya he mencionado, los santuarios sintoístas de Nogi y Hikawa en Akasaka, y el de Nezu en… Nezu. Por la tarde, los bellos jardines Kiyosumi en Fukagawa y el santuario sintoísta Hachiman-gu en Tomioka. Antes de dar un paseo por tiendas de fotografía y otras cosas en Ginza. El último día también recorrí tiendas de fotografía en Nakano y Shinjuku. Algunas de ellas, curiosísimas, caóticas, como para pasarse el día explorándolas a pesar de ser de reducido tamaño en un tercer piso o en un sótano.

Una de las compañeras de viaje no conocía Kamakura, y aunque no queríamos repetir visitas pasadas, accedimos a un compromiso. Por la mañana visitamos el santuario Hakone en las orillas del lago Ashi y el castillo de Odawara, y por la tarde fuimos a Kamakura, a saludar a su gran buda en Kotoku-in, y visitar Hase-dera y Tsurugaoka Hachiman-gu. A estas alturas ya nos habíamos vuelto expertos en localizar y disfrutar los pequeños izakaya donde podíamos cenar sashimi, buenísimo, especialmente el de pescado azul, a precios sorprendentemente económicos, para lo que suele ser la cosa en los restaurantes especializados, como tres veces más caros. Y el de Kamakura tenía un dueño especialmente simpático, con un salmón especialmente sabroso.

En cuestiones prácticas, los hoteles están a buenos precios, con habitaciones dobles más que decentes y servicios adecuados por entre 60 (Gifu) y 80 (Tokio) euros la noche, bastante más baratos que los equivalentes por Europa. El Japan Rail Pass para moverse en tren ha subido mucho de precio y sólo merece la pena si haces muchos desplazamientos en shinkansen, la alta velocidad japonesa. A nosotros no nos salió a cuenta. Ni de lejos. Gastamos como entre un 50-60% de lo que nos hubiera costado el pase de 15 días. Lo que viene muy bien es llevar la tarjeta SUICA o una similar del protocolo IC (integrated circuit card) para pagar en transportes públicos de todo el país. No es universal, pero la utilizamos en un 85 % de los desplazamientos en trenes locales, metros o autobuses urbanos. Y si tienes iPhone la llevas en la wallet, donde la recargas en el acto con alguna de tus tarjetas incorporadas. Muy cómoda. Los que usan Android, tienen que buscarse alguna alternativa de plástico, porque sólo son compatibles con los terminales japoneses. Las de plástico son convenientes también, pero es más engorroso el recargarlas. Tienes que ir a una estación, parada de metro o konbini de propio para ello. También puedes pagar con ella en los konbini, en algunas máquinas dispensadoras de bebidas y alimentos y en algunos restaurantes y tiendas.

Por lo demás, sin problemas en el viaje. Lo hemos disfrutado… y ¿volveremos? Pues si la salud y las finanzas lo permiten, nos hemos citado para dentro de otros cinco años, para no perder la tradición. En 2029. Esperemos que sea así.

[Libro] Círculos infinitos: Viajes a Japón – Cees Nooteboom

Literatura

Hace unos meses, a final de año, se jubiló un buen compañero de trabajo. Un tipo excelente. Y unas semanas más tarde, algunos de los que disfrutamos de su compañerismo, no muchos, pero selectos, nos reunimos a comer y a desearle toda clase de parabienes en «su nueva etapa» que se suele decir. Y le regalamos algunas cosas. Entre ellas un par de libros. Como en los meses previos surgió en conversación el tema de los viajes que le gustaría hacer en un futuro, uno de ellos era un viaje a Japón. Por ello, pareció apropiado regalarle este libro de viajes del neerlandés Cees Nooteboom, escritor del que he leído alguna cosa, y del que creo que debería leer alguna cosa más.

El caso es que unas semanas más tarde sucedieron dos cosas. Se confirmó que este año, cinco años después, volvíamos al País del Sol Naciente, a nuestro tercer viaje. Y en mi tienda de libros electrónicos habitual apareció de oferta el mencionado de Nooteboom. Y como me pareció que era una buena forma para ponerse en forma mental para el viaje, lo compré. Y lo empecé a leer unos días antes del viaje. No lo terminé antes de empezar el viaje… pero lo terminé en las muchas horas que dura el viaje hasta el otro extremo del continente eurasiático. Y más con la imposibilidad de sobrevolar territorio ruso los vuelos comerciales por culpa del conflicto bélico de este país con Ucrania.

He regresado del viaje. He llegado esta mañana mismo a casa, hacia el mediodía. Cansado. Somnoliento por el mal dormir en los red-eyes que nos han devuelto a casa vía Abu Dabi. Pero me niego a echar siesta por el riesgo de desvelarme cuando llegue la noche, y arrastrar un feo desfase horario durante unos días. Dicen que el desfase horario malo es el que se produce cuando viajas hacia el este, pero la verdad es que la llegada a Japón la llevé bien. Sin embargo, el regreso de Corea en 2017 lo llevé tan de pena, que me quedé dormido en el cine… en una película que me interesaba. Así que he decidido comentar el libro. Aunque saltándome la lista de espera de libros que tengo a la espera de comentario.

El libro es un conjunto de relatos de los viajes que realizó el autor entre la segunda mitad de los años 70 del siglo XX y el principio de los años 2010, si no recuerdo mal. Un período de tiempo en el que muchas cosas han cambiado. Y otras no. A través de estos relatos sobre sus propias experiencias, lo mismo nos movemos por la locura de Tokio, o asistiendo como muchos japoneses al parque del palacio imperial para el cumpleaños de Hiro Hito, como asistimos a una sesión de la Dieta, el parlamento japonés. O recorremos en peregrinación los templos budistas de Kansái. O nos alojamos en un modesto ryokan, perdiéndonos cuando nos acercamos al pueblo vecino caminando, porque las señales son siempre imprecisas para el occidental, que además no se defiende con la grafía de la escritura japonesa.

El tono y la profundidad de los diversos episodios varía. Y unos llegan más al lector que otros. Pero en general, creo que reflejan muy bien el impacto de la cultura nipona en el occidental. Siempre entre la admiración y el recelo hacia las «soluciones» cotidianas que los japoneses ofrecen a los problemas habituales. Refleja también la distancia en la comunicación, por la mutua incapacidad para hablar el idioma del otro. El japonés es un idioma difícil. Y para los japoneses, lo de hablar otros idiomas, no se les da bien. O probablemente, no se lo han propuesto en serio. Porque cuando adoptan algo de fuera, y les gusta les suele salir muy bien.

La forma en que se viaja hoy en día, en 2024, es muy distinta de la de 1974. Es más probable encontrar indicaciones en inglés, o algún japonés que se defienda mínimamente con algo que no sea su idioma natal. Y si a eso sumas que no hay mejor dinero gastado en uno de estos viajes que una eSIM que permita llevar el teléfono conectado a internet permanentemente, pues todo es más fácil. Te pierdes menos. Y es que, además, dejando de lado los problemas de comunicación, es un país civilizado, organizado, próspero, aunque parece que están de bajón, lo cual es un chollo para el viajero por el bajo valor del yen, y tecnológicamente avanzado. Y es un país de gente cortés, muy educada. Incluso los más jóvenes. Aunque siempre nos ha quedado una duda. Y esto es una cosa nuestra y no del escritor. Siempre nos hemos preguntado si tanta cortesía, más que para evitar los conflictos entre personas, que es una de las utilidades básicas de la cortesía y las buenas maneras, no servirá también para levantar barreras de impenetrabilidad para el extraño. Es algo que a veces hemos sentido en Japón. Que es un país que nos gusta para viajar. Que si podemos, volveremos. Pero eso no significa que seamos unos fans incondicionales del país. Lo pasamos bien. Es bonito. Aprendemos cosas. Pero a veces… lo dejo para otro rato que me muero de cansancio.