Libro: Frank Cappa

Literatura

Estos últimos días he ido leyendo en paralelo. Durante el día, en los autobuses, mientras me electrocutaba el fisioterapeuta, o en cualquier otro lugar donde disponer de un rato muerto, las historias cortas que os comentaba ayer. Y por la noche, las aventuras del reportero Frank Cappa. Me encontré el libro por casualidad mientras hacía tiempo en una librería a que llegara una amiga. Una portada con una cara sudorosa parcialmente oculta por una veterana réflex de las de toda la vida, de las que funcionaban con un carrete de película de 35 mm. Y no lo pude resistir. Ah, se me olvidaba. Son historietas.

Frank Cappa
Manfred Sommer
Ediciones Glénat; Barcelona, 2010
ISBN: 9788499470115

Dibujado y escrito por el español de origen alemán Manfred Sommer, que en los años 80 crea el personaje protagonista del libro. Cappa es un reportero integral. Escribe y fotografía recorriendo el mundo de guerra en guerra, donde se embarca en aventuras a las que siempre parte con intención de ser un mero espectador aséptico, pero en las que acaba teniendo un papel protagonista por su dificultad para mantenerse al margen de la injusticia, de la agresión al ser humano, de la arbitrariedad del poderoso. África, Afganistán en la época soviética, Vietnam, Nicaragua, la Amazonia brasileña, con algún interludio fuera de los escenarios de guerra que nos ayudan a entender mejor quien es este curioso reportero. El conjunto del libro no es una historia por entrega. Es la recopilación de todas las aventuras del reportero, aunque en su conjunto mantiene una admirable coherencia.

Lo cierto es que lo he leído con interés y con ganas. Realmente, las historias tienen acción, muy ágil, pero muy bien llevada, ya que no te pierdes en ningún momento. Con un dibujo que me parece muy claro al mismo tiempo que muy adaptado a los escenarios violento y a la vez bellos en los que muchas veces se mueve. Los guiones me parecen muy acertados.

Supongo que a la hora de poner el nombre al personaje habría cierta inspiración en el Capa, con sólo una pe, que existió en la vida real. Pero no identificas al personaje real en el protagonista de las aventuras; es muy distinto.

Resumiendo, un libro muy entretenido, que también te hace pensar un poco, y que me ha mostrado el buen hacer de algún historietista español.

Enjoy your water front

Historieta elemental en el frente del río Ebro alabando las bondades del espacio que quedó tras la Expo 2008 - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

Lecturas de vacaciones: Seis tumbas en Múnich y El asombroso viaje de Pomponio Flato

Literatura

Esto de llevarse algún libro para las vacaciones siempre es un tema delicado. Si es demasiado profundo y serio, corres el riesgo de que no te concentres dada la ligereza general de la situación, y si es demasiado superficial y leve, como ya me ha pasado en alguna ocasión, que sea malo. En cualquier caso, en esta ocasión me he decantado por cosas no demasiado profundas. Al fin y al cabo, mi previsión es que fundamentalmente me los iba a leer en los días de ida y vuelta, como así ha sido. Vayamos al grano.

1. Novela negra en la posguerra europea.

El autor de esta novela, Mario Puzo, es famoso esencialmente por una de sus novelas, El padrino, y por colaborar en el guion de la película que le dio fama. La novela la leí hace mucho años, y no me dijo gran cosa. Y la verdad es que, literariamente hablando, yo no le conocía más. Pero vi la novelita que hoy nos ocupa, baratita, de verano, y me la cogí.

Seis tumbas en Múnich
Mario Puzo
Edición Zeta Tapa Dura Limitada; Barcelona, 2010
ISBN: 9788498723755

Para empezar, el título en castellano es una mala traducción y no tiene sentido. No son “seis tumbas en Múnich”, sino “seis tumbas hasta Múnich”, me parece a mí aunque no soy un experto (six graves to Munich). Y así sí que tiene sentido.

La historia va de un antiguo agente de la inteligencia americana que salta para colaborar con la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, y que es apresado junto con su esposa embarazada francesa, trasladado a Múnich, donde esta muere y el es torturado y dado por muerto al final de la guerra. Años después comienza una historia de venganza contra los siete torturadores, en la que intervendrán, de un modo u otro, una prostituta con la que mantendrá un affaire y un agente de la CIA bastante cínico.

La novela me la merendé en el viaje de ida a Estrasburgo, porque es muy fácil de leer. Tampoco tiene mucha miga; está llena de tópicos. Da la impresión de encontrarse más cerca de la novela barata de crimen de estas que se hacían como churros con el fin de producir una evasión fácil al lector que de un relato de un escritor con pretensiones de calidad. Los personajes son estereotipados, y muchas de las situaciones poco creíbles.

Pero bueno, cumple con el fin de entretener las horas muertas de los trenes, los aeropuertos y los aviones. Y es muy barata. Hasta ahí llega. Más tras la foto.

Marienplatz

Marienplatz de Múnich, presunto escenario, aunque no está claro de algunos pasajes del libro - Canon Digital Ixus 860IS

2. “Investigaciones detectivescas” en la Galilea de principios del siglo I.

Hacía mucho que no leía una novela de Eduardo Mendoza, un escritor cuya seña de identidad es el humor, la ironía y la irreverencia general hacia las instituciones. Para mí siempre será el señor que me hizo desternillarme en el “año triunfal” con su Sin noticias de Gurb. Veamos que me ha parecido esta novela histórica de la que en su momento escuché muchas alabanzas cuando salió publicada por primera vez.

El asombroso viaje de Pomponio Flato
Eduardo Mendoza
Booket (Seix Barral); Barcelona, 2010
ISBN: 9788432250705

Mendoza nos traslada al siglo I de nuestra era, en tiempos del emperador César Augusto, cuando el personaje central, un filósofo romano de nombre Pomponio Flato, va por Oriente Medio buscando las aguas que remedien su mal crónico, relacionado con su nomen. Pero tras una serie de peripecias, pierde sus bienes, y acaba en un pueblo de Galilea, Nazaret, dónde es contratado por un niño, Jesús, para que investigue un asesinato del cual ha sido acusado y condenado, presuntamente de forma injusta, su padre, José. Bueno… supongo que ya sabéis por donde van los tiros.

El libro está escrito, como es costumbre de forma muy irónica, criticando a todo y a todos, a los judíos, a los romanos, a los griegos, y de forma derivada a los países que en la actualidad han adquirido el papel de aquellos. No faltan las risas, especialmente en los primeros capítulos, y se ponen en solfa constantemente el papel de las creencias y las organizaciones religiosas.

No obstante, la historia va perdiendo fuelle conforme pasan los capítulos. Es como si hubiese un idea inicial buena, pero que luego no se sabe muy bien como acabar, resultándome floja la historia en comparación con otros relatos del autor, y en general. Pero no deja de mantener una sonrisa en tu boca, además de alguna eventual carcajada. Cumple con su misión de lectura veraniega, para rellenar tiempos muertos, que en un viaje desde Colmar hasta Madrid son muchos.

Ponts couverts

Una mujer musulmana pasea por los Ponts Couverts de Estrasburgo; el libro de Mendoza nos recuerda que los originales árabes, creían en Alá, pero no fueron monoteístas hasta la llegada de Mahoma - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8

En tierra hostil (2008)

Cine

En tierra hostil (The Hurt Locker, 2008), 8 de marzo de 2010.

Es curioso que en la entrega de premios de los Oscar de principios de 2010, el premio a la mejor película se lo lleve una película independiente, aunque dirigida por una directora de campanillas, Kathryn Bigelow, que ya fue presentada en distintos festivales en el año 2008. Sin embargo, no se pudo estrenar comercialmente, no deberían confiar mucho en ella las distribuidoras, hasta el 2009. Pero veamos de que va el filme con el que su directora le ha birlado las estatuillas y la gloria a su ex.

El filme trata sobre una unidad de desactivación de explosivos en los primeros años de la invasión de Iraq. Se centra en las misiones que tienen que llevar a cabo un sargento, interpretado por Jeremy Renner, y sus dos compañeros. El filme va descontando los días que faltan para la finalización de la misión y el retorno a casa, con la tensión de si van a conseguir finalizar el período o no, ya que constantemente se encuentran en peligro de morir.

A pesar del escaso presupuesto que parece que tenía la cinta, la película parece muy bien ambientada y los escenarios resultan convincentes. Sin embargo, ha habido críticas de veteranos del conflicto que critican la falta de fidelidad a la realidad. El espectador poco enterado de las cosas militares, como yo mismo, no se enterará y su atención se centrará en los sentimientos de los personajes, lo cual por otra parte creo que es la intención de la directora. Una directora que muestra el oficio que ya sabíamos que tenía.

La interpretación es bastante correcta, con protagonistas poco conocidos, procedentes del mundo de la televisión. Supongo que es cosa de la escasez de presupuesto. Tienen pequeños papeles algunos nombres conocidos más cinematográficos como Guy Pierce, ultimamente especializado en apariciones fugaces, Ralph Fiennes, David Morse, o la “perdida” televisiva Evangeline Lily. En general, todos tienen buen tono.

Resumiendo, una película bélica correctamente realizada y que sigue un esquema ya visto con frecuencia en este género de películas, acompañando a un grupo de militares en distintas peripecias a lo largo de un período de tiempo. Sin embargo, más allá de esta corrección, no me ha entusiasmado como ha sucedido con otros, incluidos los académicos de Hollywood. En 2008 se estrenó una serie de televisión, Generation Kill, sobre temas hasta cierto punto parecidos que me pareció mucho más atractiva. En cualquier caso, un filme que se deja ver de sobra, especialmente por quien guste del género bélico.

Mis notas:

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva:
***

Buckingham Palace

Los militares de la película no son tan monos ni van tan puestos como los Guardias Coldstream del Palacio de Buckingham en Londres - Pentax P30N, SMC-A 50/2

Hermanos de sangre (TV)

Televisión

Hermanos de sangre (Band of Brothers, 2001). Serie de televisión.

Desde hace tiempo tenía pendiente de ver esta serie de 10 capítulos, que para muchos está considerada como una de las mejores de televisión de la historia, y del género bélico en particular. Bueno, tampoco es que haya muchas de este género, pero… Al mismo tiempo, sentía una cierta reticencia debida a los productores ejecutivos de la serie, Steven Spielberg y Tom Hanks. Este dúo fue clave en la película bélica por excelencia del director norteamericano, Salvar al soldado Ryan, que fue protagonizada por el oscarizado actor.

Salvar al soldado Ryan siempre ha sido una película que ha generado en mí sensaciones contradictorias. Por un lado, es innegable que hay mucho, muchísimo cine en este filme, de una factura formal impecable, con una excelente dirección de actores, y elevando el cine bélico a un nivel no visto hasta ese momento, que ha marcado otras películas posteriores. Pero por otro lado, la ambigüedad ética de los planteamientos del director, a ratos parece que denosta la guerra por las atrocidades que se cometen, a ratos la glorifica y glorifica los comportamientos de los militares siempre que sean “los míos”, los de su bando, me dejó un sabor de boca amargo, especialmente intensificado por el nefasto final de la película. En realidad, Spielberg es un gran director especializado en finales nefastos, desde mi humilde punto de vista. Y con estos prejuicios, me he enfrentado a esta serie de televisión tan prestigiada y ya convertida en un clásico.

Pues bien, muchos de los pros y muchos de los contras que le pongo a la película comentada en el párrafo anterior valen para la serie que nos ocupa. La factura de la serie es impecable. Estructurada en 10 episodios de gran coherencia interna y elevada (aunque no total) coherencia global, nos muestra las andanzas de la compañía E (“easy”) del 2º batallón del 506º regimiento de infantería paracaidista de la 101º división aerotransportada del ejército de tierra de los Estados Unidos durante la 2ª Guerra Mundial. Desde su formación y entrenamiento en los EE.UU. hasta el final de la guerra. Esta compañía era una unidad de infantería de asalto, lo que hizo que se viera metida en los ajos más gordos de las operaciones del ejercito norteamericano en el frente occidental del teatro europeo, desde el Desembarco en Normandía, pasando por la Operación Market-Garden y la Batalla de las Ardenas, hasta la toma de Berchtesgarden, y su actividad como unidad de ocupación en Zell am Zee (Austria).

Cada uno de los episodios narra una de las peripecias más importantes de la compañía, pero centrándose en alguno de los componentes. En una en el teniente que se ve obligado a tomar el mando de la compañía tras la desaparición del oficial al mando en el lanzamiento sobre Cotentin, en otra en las dificultades del sanitario para atender a los numerosos heridos en el cerco a Bastogne, en aquella en el oficial de inteligencia con problemas de alcoholismo cuando descubren los campos de exterminio alemanes, etc.

La realización es impecable. Los diversos directores de los 10 episodios, ninguno de ellos dirigido por Spielberg pero si por Tom Hanks, mantienen una coherencia visual y rítmica muy notable. El diseño de producción es perfecto, con una ambientación envidiable, y un realismo absoluto, que impacta pero no suscita rechazo en los momentos más sangrientos y más crudos gracias a la juiciosa fotografía, basada en tonos desaturados, siguiendo la estela de Salvar al Soldado Ryan.

Por supuesto, el problema me viene cuando me presentan la idea de un grupo humano como “hermanos de sangre”, adaptación del inglés band of brothers, tomado del discurso de Enrique V en la obra del mismo título de Shakespeare, cuando arenga a las tropas británicas, aparentemente muy inferiores a las francesas, antes de la batalla de Agincourt, en plena Guerra de los 100 años. Esta serie es una glorificación de la vida y de la camaradería militar, apenas manchada por las ocasionales apariciones de ejecuciones de prisioneros arbitrarias, de la acumulación del botín de campaña, etc. Incluso las relaciones sexuales con las alemanas de los territorios tomados parecen consecuencia de lo majos que son los soldados, y no de la necesidad de las mujeres de obtener comida y protección, y del aprovechamiento por parte de los militares de esta necesidad. Parece que sólo violan y prostituyen los “malos”. Los “buenos” son “tan majos” que “ligan” con cualquiera. Falta un sentido crítico hacia lo que es un militar en guerra, que hace que al final parece que te hayan contado un cuento de aventuras más que la realidad de una guerra, dura y cruel como fue la que nos presenta la serie. Volvemos a la ambigüedad moral de Spielberg y compañía. Volvemos a esa necesidad de los norteamericanos de idealizar a sus “héroes”, en lugar de presentar el auténtico carácter del ser humano en guerra, que en contadas ocasiones está revestido de nobleza. Digan lo que digan. Yo es que lo de los héroes no me lo acabo de creer.

No obstante, la serie en su conjunto es un espectáculo televisivo de primer orden y digno de verse. Sin embargo, me quedo con la honestidad que han mostrado recientemente otros directores como Malick en La delgada línea roja, o Eastwood poniéndose en el lugar del enemigo en Cartas desde Iwo Jima. O en el campo de la televisión, la más reciente Generation Kill sobre la Guerra de Iraq.

Por cierto, que ante el éxito de la serie, ahora viene otra similar situada en el otro gran teatro de operaciones, El Pacífico.

Alpes

Paisajes alpinos en Baviera, cerca de Garmisch-Partenkirchen, como los que los soldados de la Compañía Easy encontraron en Berchtesgarden - Pentax K10D, SMC-DA 70/2,4

Libro: Esperando a Robert Capa

Literatura

Este año he tenido muy presente las figuras de Robert Capa y Gerda Taro. O Andrei Friedmann y Gerta Pohorylle. Como prefiráis. Exiliado, fotógrafos, amantes, idealistas,… Allá por el mes de junio tuve la ocasión de leer, y disfrutar, del Ligeramente desenfocado del fotógrafo húngaro. En septiembre, disfruté también de la exposición de ambos fotógrafos en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Y me compre el catálogo de las fotografías de Taro. De Capa ya tenía hace tiempo algún libro.

Por todo ello, cuando hace unas semanas me enteré de la publicación de una novela se Susana Fortes sobre la relación de la pareja, y a pesar de que suelo esperar a que este tipo de relatos lleguen a su edición de bolsillo, me compré el libro y en las dos últimas semanas he procedido a su lectura.

Esperando a Robert Capa
Susana Fortes
Editorial Planeta, Barcelona 2009
ISBN: 9788408087250

El relato es una novelización de la vida de Gerda Taro desde que la encontramos en el tren que la lleva, exiliada, desde Alemania al París de los años 30 hasta su muerte en la Batalla de Brunete en 1937, centrándose especialmente en la relación que mantuvo con el fotógrafo de origen húngaro, también exilado, Robert Capa.

He de decir, que a pesar del interés que sentía a priori por los personajes, me ha costado terminar de leer la novela. Normalmente, una novela de esta extensión que me enganche la leo en menos de una semana, y esta me ha durado casi dos semanas. No es que esté mal escrita, ni nada de eso. No dudo de las cualidades lingüísticas de la autora. Pero no me ha convencido lo que me ha contado y cómo me lo ha contado. Tengo la sensación de que más que una historia, me ha descrito una serie de imágenes tópicas, basadas muchas veces en fotografías de la época, como postales. Aquí Taro y Capa se conocen/se emborrachan/discuten (táchese lo que no proceda) en tal o cual café/bar/lugar de París que sea. Ahora lo vemos relacionándose con este o aquel intelectual de la época, o en medio de uno u otro acontecimiento social o político del momento. Y así hasta el momento de la contienda civil española. Lo dicho, todo me ha resultado muy tópico. No me ha generado o transmitido las emociones que deberían haber estado ahí.

Las expectativas eran elevadas. Habiendo recibido algún que otro premio, y con reseñas favorables en determinados medios, esperaba más de la novela. Pero, yo soy así. El hecho de que las intenciones sean buenas, de la mayor o menor afinidad ideológica con los personajes o con la autora, para mí no bastan para decidir que un libro me gusta. Y este me ha dejado frío. Es más, por mi simpatía con los personajes, me parece una ocasión perdida.

Una pena. ¿Verdad?

Cementerio Père Lachaise

El cementerio Père-Lachaise de París, donde fue enterrada la fotógrafa alemana con honores de heroína republicana - Panasonic Lumix LX3

Libro: Maus

Literatura

Esta semana me he dedicado a un género que no frecuento; la historieta seria. O la novela gráfica o relato gráfico que llaman algunos. Allá por mis veintipocos compraba con frecuencia revistas de comics.

Nunca me ha gustado mucho la palabra comic. Su etimología que nos dirige directamente a la comedia hace que mucha gente no sea consciente de que se pueden contar historias serias, dramas o tragedias utilizando este medio. A mucha gente le quita seriedad esa apelación. En España, se ha utilizado mucho, y de hecho está recogido en el diccionario de la RAE, el término tebeo cuyo origen estaba en la revista TBO, que yo leí ocasionalmente en mi infancia y que creo que era una pequeña joya no suficientemente reconocida. Pero este término, por asociación con su origen nos remite más a las revistas de historietas infantiles más que a otra cosa. A un niño se le compran tebeos, pero ningún adulto aficionado al género reconoce leer tebeos. En algunas ocasiones, con la intención de darle carta de respetabilidad y seriedad, para las historietas largas y con un contenido dramático, se utiliza el término de novela gráfica. Aunque parece ser que algunos consideran el término un poco presuntuoso. Entonces, a pesar de que el término historieta, a pesar de ser un diminutivo de historia con las connotaciones que ello conlleva es el término más adecuado.

Retomo la cuestión. Allá por mis ventipocos compraba con frecuencia revistas de historietas, pero lo dejé porque… no sé,… nunca he sido lo suficientemente friqui para engancharme a la mayor parte de las historias que contaban aquellas revistas. Algunas cosas estaban bien,… el Torpedo de Abuli y Bernett lo recuerdo con cariño,… y otras cosillas. Pero durante muchos años, mi único contacto con el género fue mi colección íntegra de Astérix en su idioma original, el francés, que siempre he disfrutado, especialmente mientras la escritura estuvo a cargo del fallecido y difunto Goscinny. Por cierto que tengo que hablar algún día del 50º aniversario del personaje. Posteriormente, por la mala influencia de un buen amigo, me hice también con la colección completa de las historietas de Tintin, también en su idioma original. Pero nada más.

Y he aquí que me he animado a leer lo que algunos llaman un “novela gráfica”. Os lo cuento.

Maus: Relato de un superviviente
Art Spiegelman
Ramdon House Mondadori, Reservoir Books
7ª edición, Barcelona 2009
ISBN: 978-84-397-2071-3

El autor, Art Spiegelman, nos lleva a través de sus dibujos a la historia de como su padre, un judío polaco, sobrevivió al holocausto después de pasar por una terrorífica odisea donde de puso en juego constantemente una mezcla de capacidad personal y suerte. Es una narración de la historia real de la familia del autor, pero el tema real del relato, más que una reflexión sobre el propio holocausto es el sentimiento de culpa del superviviente. Un sentido de culpa que en esta ocasión se transfiere de alguna forma del padre al hijo, aunque este nació tras la guerra, por la sombra que sobre su vida proyecta la muerte de su hermano mayor en uno de los guetos de la Polonia ocupada por los alemanes. La historia se cuenta en forma de flashbacks, en los cuales el padre del autor, ya anciano y residiendo en los EE.UU., va relatándole a lo largo de un cierto tiempo sus vivencias durante la guerra. Mientras tanto, asistimos también a los problemas familiares que como consecuencia de aquellas vivencias, sufren en el tiempo actual (años setenta y principios de los ochenta) los protagonistas de la historia.

Uno de los aspectos más curiosos e importantes de la historia es que el autor dibuja a las personas como animales diversos según su nacionalidad o etnia. Los judíos, sea cual sea su nacionalidad, son ratones. Los alemanes, consecuentemente, son gatos. Los polacos no judíos son dibujados como cerdos; lo cual nos habla también de los sentimientos de los protagonistas hacia sus anteriores compatriotas no judíos. No olvidemos que para los judíos el cerdo es un animal impuro. El relato permite comprender un poco mejor el porqué de esto. Otras nacionalidades aparecen eventualmente representadas. Los norteamericanos son perros, un francés aparece representado como una rana (hay una cierta explicación al respecto, ya que la esposa del autor es una francesa, que sin embargo es representada como ratón al estar convertida al judaísmo; pero hay una cierta discusión al respecto en la propia historia), los suecos son renos. Cuando un judío en la Polonia ocupada oculta su condición y se hace pasar por polaco étnico, aparece dibujado con una careta de cerdo. Creo que en su conjunto el recurso es de una potencia tremenda, e influye poderosamente en cómo se va siguiendo y sintiendo el relato.

No me siento muy cualificado en comentar los aspectos estilísticos del dibujo, más allá de lo dicho en el párrafo anterior. No tengo experiencia ni conocimientos suficientes para ello. En cualquier caso, lo que me ha sucedido a mí es que me he metido de lleno en el relato que me ha parecido interesantísimo, y he disfrutado a pesar del dramatismo notablemente de las andanzas de la familia Spiegelman. No me queda por lo tanto otra conclusión que animar a todo el mundo a que se adentren en esta forma literaria y lean este relato de indudable calidad.

La foto de hoy no podía ser de otro sitio…

Cambio de agujas en las vías de acceso al campo de Auschwitz II - Birkenau, Polonia - Canon EOS 40D, EF 24-105/4L IS USM

Cambio de agujas en las vías de acceso al campo de Auschwitz II - Birkenau, Polonia - Canon EOS 40D, EF 24-105/4L IS USM

11-11-1918, 11:00

Historia

Ayer se me pasó. Por la mañana, trabajando, no caí en la fecha. Por la tarde, llevaba en mente el comentario de la película recién vista, y cuando caí ya era tarde. Ayer era el 90º aniversario del final de la Primera Guerra Mundial. Y creo que el tema puede merecer un comentario.

En el otoño de 1918, tras cuatro años de una guerra cruenta como nunca se había visto, Alemania mostraba alarmantes señales de desgaste. Con Austria y Turquía agotadas, se encontraba prácticamente sola contra el mundo. Su único alivio había sido el derrumbe del régimen zarista en Rusia, que terminó con la guerra en dos frentes. Pero en el frente occidental, se empezaba a notar el refresco de la presencia estadounidense, y habían empezado a retroceder tras el fracaso de las ofensivas de primavera.

Con una situación interna también preocupante, la monarquía desprestigiada, el hambre de la población, la petición de un apertura más democrática, los militares desorientados, en la partida pintaban bastos. Con la abdicación del kaiser Guillermo II, el alto mando militar pidió un armisticio que llevara a un alto el fuego y a las negociaciones de paz. La Entente se lo concedió. El alto el fuego comenzaría a las 11 horas de la mañana del 11 de noviembre.

Las últimas horas de hostilidades en esa malhadada contienda fueron un ejemplo claro de hasta qué punto fue cruel e inhumana. Fueron muchos los mandos, que sabiendo que en pocas horas todo se habría acabado, desataron ofensivas que conllevaron la muerte o la mutilación de soldados de forma totalmente absurda. El último muerto de la guerra fue un canadiense que cayó a las 10:58 de la mañana. Perdió la vida por dos miserables minutos.

La barbarie todavía más extrema de la Segunda Guerra Mundial ha llevado a que su antecesora sea muy desconocida para la población mundial. Sin embargo, en esta contienda de principios del siglo XX se puede ver ya un adelanto de la capacidad homicida del ser humano. Las naciones no fueron capaces de aprender ninguna lección, y tuvo que venir una nueva catástrofre de dimensiones planetarias 21 años después para que determinadas zonas del mundo adquiriesen un poco de humildad, al mismo tiempo que se completaba el vuelco hacia un nuevo orden mundial.

El momento final de la guerra puede ser discutido. Ciertamente, el 11 de noviembre de 1918 es el momento en el que Alemania deja de luchar, y cesan los cruentos y tremendos combates del frente occidental. Pero quedan focos de tensión bélica en otros puntos. Rusia se encuentra en plena guerra civil que se extiende al territorio de la renacida Polonia hasta 1921. En otra área del mundo, el derrumbe del Imperio Otomano no fue sencillo, y la pelea de la República de Turquía por existir en unas condiciones más dignas que las que se auguraban en 1918 fue dura. Las hostilidades duraron hasta septiembre de 1922. El último de los tratados que finiquita la contienda fue el de Lausana en 1923. Casi cinco años después del alto el fuego.

Entre los tratados que pusieron fin a la contienda, el de Versalles de 1919 fue quizá clave en el desarrollo de la contienda posterior. En el momento en que el alto mando alemán solicita el armistico no siente, al igual que el pueblo germano que hayan perdido la guerra militarmente. Desde fuera, y con las perspectiva histórica, cualquiera puede ver que era cuestión de tiempo, y que la petición de armisticio fue una medida sabia, que ahorró más vidas inútiles. Pero en ese momento, el sentimiento era otro. Y lo que sucedió fue que lo que pensaban que iba a ser una negociación acabó convirtiéndose en un imposición por parte de los aliados de unas condiciones que resultaron muy humillantes para Alemania. Esto permitió el mantenimiento del rencor y el auge del nacionalismo fascista que junto con la crisis económica de la Gran Depresión creó las condiciones para el fracaso de la República de Weimar y el desencadenamiento del segundo gran conflicto mundial del siglo XX. Los aliados, y el mundo en general, pagaron muy caro su prepotencia en la victoria.

Creo pues conveniente, como un ejercicio de gimnasia mental y ética, mantener el recuerdo del derrumbe de una época. Por si alcanzamos algún día el talento suficiente para dejar de cometer siempre los mismos errores. Aunque soy escéptico.

El final de la Primera Guerra Mundial supuso el final de la dinastía prusiana de los Hohenzollern, cuyo núcleo de poder se asentaba en torno a la Puerta de Brandemburgo en Berlín.

Puerta de Brandemburgo

Puerta de Brandemburgo, Berlín - Pentax *ist DS; SMC-A 100/4 Macro

Caballería roja, de Isaak Babel

Historia, Literatura

Hay guerras que se llevan todos los titulares y hay guerras que pasan desapercibidas y son olvidadas. Esto sucede hoy en día, en el que hay guerras que son prácticamente televisadas en directo, mientras tremendos conflictos armados son olvidados y quedan enquistados en las sociedades que los padecen.

Todo el mundo sabe de la I Guerra Mundial; pero pocos saben que las actividades bélicas no terminaron con la armisticio solicitado por los imperios centrales. Varios focos bélicos quedaron durante varios años, y una inestabilidad general se mantuvo, lo cual acabaría abocando al tremendo conflicto de la II Guerra Mundial.

Una de las situaciones bélicas poco conocidas en los países de la Europa Occidental derivó de la caída del Imperio Ruso, la subida al poder de los soviets y la (re)creación de Polonia como país independiente tras más de un siglo de reparto de sus territorios y su población entre los imperios ruso, alemán y austriaco.

El Imperio Ruso fue sustituido por la hoy extinta Unión Soviética, quedando sumida al final del conflicto mundial en una sangrienta guerra civil entre el Ejército Rojo y los rusos blancos, partidarios de la monarquía o simplemente contrarios a los bolcheviques. Conforme se fueron imponiendo estos últimos, entraron en colisión con el nuevo estado polaco. Los polacos ambicionaban recuperar todos los territorios al este de su indefinida frontera oriental que les pertenecieron antes de los repartos del siglo XVIII. Los soviéticos, por su parte, deseaban recuperar las fronteras occidentales del Imperio Ruso, previas a la ofensiva alemana de 1914 y a los desastres de Tannenberg y los Lagos Masurianos., y especialmente de la ofensiva de Gorlice. La imprecisión de los límites nacionales en el nefasto Tratado de Versalles colaboró a desencadenar las hostilidades.

La lucha fue dura y cruel, y así queda reflejado en el conjunto de relatos cortos de Isaak Babel publicados bajo el título de Caballería Roja. El autor, un ruso de origen judío, fue adscrito al célebre Primer Ejército de Caballería del general Budyonny. Probablemente, esta fue una de las últimas guerras en las que la caballería tradicional tuvo alguna influencia. El conjunto de relatos tiene un estilo directo, con descripciones de ambientes y situaciones crudas. Babel está representado por Liutov, uno de los personajes que actúa como observador en la mayor parte de las ocasiones, pero también como actor en alguno de los relatos. Oscila entre descripciones una vez de la crueldad de la guerra, otras de la miseria del ser humano, a veces del heroísmo, y en ocasiones de la comicidad y ridiculez del comportamiento de los hombres y mujeres. No siempre es fácil de leer. Desde luego, se atragantó en las mentalidades de los rígidos dirigentes soviéticos. Babel se ganó nos pocos enemigos y acabo muriendo en las purgas estalinistas en 1940. El libro termina con algunos extractos de los Diarios de 1920 del propio escritor, que son la base para los relatos cortos de Caballería Roja.

La guerra polaco-soviética, en principio favorable a los bolcheviques bajo el empuje de la caballería de Budyonny, cambió de tornas en la batalla de Varsovia, donde el mejor conocimiento del terreno y una mejor preparación táctica concedieron una victoria decisiva a los modestos polacos, que siguió de la retirada soviética, y permitió la supervivencia de Polonia como estado hasta 1939.

En resumen, un libro muy interesante que nos permite acercarnos por un lado a una literatura muy desconocida para los europeos occidentales en general y para los españolitos en particular, y por otro lado a un período histórico cuya herencia tanto condicionó la Europa del siglo XX e incluso la Europa actual.

Caballería roja. Diario de 1920. Isaak Babel
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
ISBN: 9788497593250
Colección: CONTEMPORANEA DEBOLSILLO
Nº Edición:1ª 
Año de edición:2003
Plaza edición: BARCELONA 

La imagen de hoy, una vista de Varsovia hacia el Vístula y su orilla oriental donde se desarrolló la decisiva batalla que salvó al estado polaco.

Tras los edificio feos esta el Stare Miasto (Ciudad vieja)

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

Lecturas de vacaciones – Ciberiada y Una mujer en Berlín

Literatura

Terminan hoy mis vacaciones. La primera y más sustanciosa parte de ellas. Tres semanas repartidas en dos tercios de viaje y un tercio de asuntos domésticos y dolce far niente. La vida contemplativa. Qué bien viene de vez en cuando. Y con la vida contemplativa, la ocasión de leer de forma más reposada.

En estas vacaciones han caídos dos libros; Ciberíada de Stanisław Lem y el anónimo Una mujer en Berlín. Dos libros muy distintos en el género, en el fondo y en la forma.

El primero de ellos me lo llevé de viaje a Polonia. Tengo la costumbre de intentar que la lectura que me llevo a los viajes tenga que ver de una forma u otra con el lugar donde viajo. Y en esta ocasión, la elección recayó sobre Ciberíada, una de las obras más conocidas del más famoso escritor polaco de ciencia ficción, Stanisław Lem. Nos cuenta las aventuras de Trurl y Klapaucio, dos constructores que van recorriendo la galaxia ofreciendo sus servicios por doquier, y metiéndose en unos líos considerables de los que siempre salen más o menos airosos. No es ciencia ficción dura. No hay una plausibilidad científica en las cosas que suceden, aunque refleja un notable interés por la revolución cibernética que el autor supone con buen criterio que está a punto de producirse. El libro, por ponernos en situación, es de 1967, momento en el que todavía no se había desarrollado como hasta el momento el mundo de los ordenadores. También es un libro que reflexiona sobre las virtudes y los defectos del ser humano, y especialmente sobre la búsqueda de la felicidad, eso sí, por medios bastante extravagantes. Es un libro entretenido, siempre y cuando estés dispuesto a admitir variantes imaginativas sobre los trillados caminos de la ciencia ficción.

El segundo libro lo he leído en la última semana. La verdad es que me ha durado poco. Me enganchó. Lo cogí con interés. Una mujer en Berlín es un diario autobiográfico escrito por una editora y periodista alemana entre el 20 de abril y el 22 de junio de 1945 en Berlín, durante la invasión soviética de la capital alemana y las semanas que siguieron al götterdämmerung nazi. El libro se publicó de forma anónima, ya que una de las cuestiones que más marca el contenido del diario es las violaciones repetidas que sufrieron las mujeres alemanas por parte de los soldados del ejército soviético. Entre las mujeres violadas en repetidas ocasiones, la propia autora del libro. Sin embargo, a pesar de la barbarie que nos cuenta, el estilo de la redacción consigue mantenerse relativamente frío. Muy descriptivo. Y evidentemente, la autora se pone de parte de las mujeres que en su conjunto quedan definidas como las auténticas heroínas en la demencia de la guerra. No obstante, permanecer en consideraciones sobre el aspecto más morboso del relato no nos debe confundir. El diario es un estupendo relato de un ambiente y de unos hechos que quizá no han sido contados y difundidos lo suficiente. El miedo a morir, el miedo al hambre, el miedo al otro; todo ello mezclado con ejemplos de solidaridad ciega o interesada. No hay reflexiones de naturaleza política. La autora, que claramente no pertenece al partido nacionalsocialista, no define con claridad su posición política. Simplemente, se limita a ser una observadora de una realidad. La escritura del diario, casi con toda seguridad, le sirve también como escape a la barbarie que la rodea. En general, me parece un libro recomendable.

Con posterioridad a su lectura, he averiguado que la segunda edición en Alemania, de la que es traducción la que yo he leído, sólo se produjo tras la muerte de la autora, que ante la frialdad y las críticas negativas que recibió en su primera edición en los años 50, se negó a que se volviera a publicar en vida. En la actualidad, el libro parece haber tenido una acogida mucho mejor, probablemente porque la distancia sobre los hechos acontecidos, el progresivo mejor papel de la mujer en la sociedad y el cambio en las condiciones políticas lo han permitido. Incluso conocemos ya quién fue la autora. Y como no creo que nada de lo que narra sea un oprobio para su honor, todo lo contrario, diremos quién fue. La periodista alemana Marta Hillers.

Al igual que Berlín quedó destruida por la guerra, también lo fueron muchas de las ciudades que he visitado en mis vacaciones. Afortunadamente, se ha reconstruido con fidelidad partes de sus cascos históricos, para que podamos disfrutar de cómo fueron. Como el bello Rynek de Wrocław, durante la guerra la alemana Breslau, totalmente destruida en los últimos meses del conflicto bélico. Fue una de las últimas ciudades alemanas en rendirse; lo hizo seis días después que Berlín, y sólo un día antes de la rendición incondicional alemana. Alguna de las personas que salen en el libro son refugiados de la región de Silesia, donde se encuentra esta hermosa ciudad.

Rynek - Wroclaw

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

Expiación – La novela

Literatura

No suelo comentar las lecturas que leo. Es algo con lo que no me siento tan cómodo como con otras cosas. Pero hoy me apetece compartir mis impresiones sobre lo último que he leído. Se trata de la novela Expiación (Atonement) de Ian McEwan. El motivo para leer este relato de ficción es la película que se estrenó recientemente con guion adaptado a partir de esta novela, y que me dejó un buen sabor de boca. Aunque también cierta insatisfacción. Uno siente que no se ha enterado de toda la historia. Que le falta algo. Así que, viendo una edición de bolsillo de la Colección Quinteto en la que participa la Editorial Anagrama, que posee los derechos de la traducción al español, la compré y me puse a la obra.

En primer lugar, he de decir que la adaptación cinematográfica es excelente. Casi todo lo que transmite la lectura también lo encuentras en el filme. Una de las adaptaciones más fieles que conozco. Con una muy buen representación de los personajes y los ambientes. Y los ambientes son importantes en esta historia. Porque básicamente transcurre en tres ambiente muy marcados por el espacio y el tiempo.

  • Una casa solariega en la campiña inglesa en el año 35, donde suceden los hechos desencadenantes que conllevan al drama; la acusación de violación sobre el hijo de la sirvienta de una familia adinerada inglesa, que hasta el momento ha financiado su educación.
  • La retirada británica hacia Dunkerke, donde encontramos al acusado, que se ha alistado para redimir su condena en prisión.
  • El hospital donde la niña, ya convertida en una joven, comienza sus estudios de enfermera, y en la que nos encontramos con la verdad sobre la acusación.

Finalmente, encontramos casi a modo de epílogo, un desenlace que da sentido, o da otro sentido, a todo lo que hemos leído, situado ya en el presente.

La historia no es compleja, aunque sí lo son los personajes y sus motivaciones. Pero es importante para entenderlos y para comprender lo que les pasa, esas descripciones ambientales, que acompañan el devenir de los protagonistas. Particularmente me han gustado las vivencias del joven soldado en los campos belgas y en el caos de las playas de Dunkerke. Constituyen un excelente retrato de lo que supone una guerra. También las tribulaciones de la joven estudiante de enfermería, Briony, auténtica protagonista del relato en el hospital donde comienza a ser adulta, a comprender la magnitud de sus actos y de sus consecuencias, mientras entra en contacto con la miseria del ser humano enfermo o destrozado por la guerra.

En ocasiones, se ha presentado esta obra como una obra de amor. Sin embargo, siendo importante y necesaria la historia de amor, el tema del libro es la culpa y la redención de esa culpa. Y está muy bien.

El libro me ha gustado. Es de esas lecturas que entra poco a poco; que hay que dar tiempo a ir penetrando en la situación. Pero una vez que estás dentro te apetece quedarte. Y te quedas insatisfecho. Te quedas insatisfecho, porque sientes que la injusticia no queda resuelta. Que el mundo es cruel, y que no siempre ganan los buenos. Que la vida no es una comedia romántica de Hollywood. Y esto es adecuado. Pero, a veces. triste.

Un pero. La traducción. No es buena. Es especialmente notorio en los capítulos que transcurren en el hospital donde Briony se forma como enfermera. En la organización victoriana de la enfermería británica, a las profesionales equivalentes a las actuales supervisoras de enfermería, se les denominaba “sisters“. El traductor se hace un lío, no sabe esto, y empieza a traducir sister por sor o monja. Esto es un error. A partir, se me genera una desconfianza con el conjunto de la traducción. Me pregunto si algún día debería hacerme con la versión original, y leerlo en el inglés original. Algún día. Tal vez. Puede.

En el relato, Briony y su amiga Fiona, se dan un paseo por St. James’s Park en Londres, poco antes de que comiencen a llegar los heridos del desastre del norte de Francia. Tal vez, allí contemplaran las evoluciones de alguna antepasada de esta ardilla, fotografíada en ese mismo parque… 66 años más tarde.

(Canon EOS D60; EF 28-135/3,5-4,5 IS USM)

Una fotografía, ¿un asesino, un héroe?

Fotografía, Política y sociedad

Ayer 14 de febrero, los chicos de Xataka Foto se sentía poco románticos, y dedicaron una entrada de su blog al comentario de una célebre fotografía de tiempos de guerra. Es aquella en la que vemos a un militar survietnamita disparando a la cabeza de un prisionero del Vietcong ante la mirada de otros militares. La foto fue realizada por Eddie Adams, y el militar que dispara era una general de la policia de Vietnam del Sur llamado Nguyễn Ngọc Loan. En la página en Wikipedia del fotógrafo, cuyo enlace aparece con anterioridad o en la entrada de Xataka Foto, encontraréis la imagen.

La imagen es muy conocida. Tuvo una gran repercusión a la hora de establecer corrientes de opinión en los Estados Unidos en particular y en todo el Mundo en general sobre el conflicto del Vietnam. De alguna forma, fue el inicio del fortalecimiento de los movimientos antibélicos.

Lo que más me ha llamado la atención es que el fotógrafo, ante la caída en desgracia del general debido a la foto, siente lástima y se arrepiente de su fotografía. Siente que acaba con la vida del militar. Lo justifica. Llega incluso a considerarlo un héroe de una causa perdida, en parte, por su culpa. Adams nunca perdió el reconocimiento por su imagen y por las que tomó con posterioridad. Se le otorgaron diversos premios.

Mujer velada

Particularmente, creo que la acción del general es mala en sí misma, y además creo que sí que representa la maldad de la guerra en su expresión más clara. El fotógrafo habla de sus buenas obras antes y después, y justifica la ejecución sumaria del prisionero por la muerte previa de policías que trabajaban a las órdenes del general. Es un estado de tensión lo que le lleva a esa situación. Por este razonamiento, muchos de los crímenes de guerra que se juzgaron contra oficiales alemanes, que acabaron con condenas contra ellos, no debieran haber sido considerados como tales. Los cometieron por que se lo habían ordenado, porque estaban bajo tensión, porque su unidad había sido masacrada… muchos motivos para actuar brutalmente, irracionalmente. Así no vamos más que a la barbarie. El general de la foto no es el responsable de la guerra en su conjunto. Pero siempre será responsable de sus actos. Y por su grado de los de sus subordinados. Y en cualquier caso, la imagen sí que representa lo que significa la guerra. Aunque luego se arrepintiera de ella de alguna forma, la foto de Adams mereció la pena que fuese tomada, y mereció la pena que fuese publicada. En mi humilde opinión.

Con un tema como el de hoy, me tengo que volver al reportaje en el cementerio de Zaragoza (Pentax K10D; SMC-A 50/2).

En el Valle de Elah (2008)

Cine

En el Valle de Elah (In The Valley of Elah, 2008), 27 de enero de 2008

Cuando uno se entera de que estrenan una película protagonizada por Tommy Lee Jones, Charlize Theron y Susan Sarandon, le entran muchas ganas de ir al cine. Si además te enteras que el director es Paul Haggis, quien ya nos ofreció una cinematográficamente interesante aunque ideológicamente confusa Crash,… pues aún parece que te interesa más todavía. Si las críticas que lees son muy positivas,… entonces empieza a dar miedo la cosa. Se crean unas expectativas muy elevadas, y el riesgo de desilusión aumenta exponencialmente. Son las cosas del cine. Pero es necesario ir. Y si hay que ir, se va.

La historia es la de la investigación de la muerte violenta de un soldado recién llegado de Iraq en los alrededores de la base donde se encuentra acuartelado. La investigación se lleva a cabo en diversos momentos por la policía militar, para pasar luego a la jurisdicción civil por una iniciativa de una inspectora de policía con problemas de integración laboral (Charlize Theron), y en todo momento por el padre del soldado (Tommy Lee Jones), un militar retirado, que quiere recuperar la memoria del hijo, de quien se sospecha pudiese estar relacionado con el consumo y el tráfico de drogas. La acción transcurre pausadamente mientras nos enteramos de cosas,… que no necesariamente tienen que ver con el investigación. Esta pasa a ser un marco adecuado para que realizar un reflexión sobre las consecuencias éticas y morales de la Guerra de Iraq en particular, y de cualquier guerra en general. La película va poniendo en cuestión la pérdida de valores de una sociedad desorientada y con problemas. El plano final de la película con una bandera norteamericana ondeando al viento de una determinada forma es una auténtica declaración de lo que concluye el filme. Por cierto, debe ser la única ocasión de que un final con bandera al viento me ha gustado. Y mucho.

La película está basada en hechos reales, aunque los nombres y las circunstancias están alterados. En esta ocasión, no hay confusión ideológica. Está claro que Haggis promueve una intensa crítica de lo que pasa en torno a ese disparate que es la invasión de Iraq por parte de los EE.UU. y sus aliados, así como en lo que se está convirtiendo el ejército norteamericano.

Un elemento importante en la credibilidad del filme es la impecable actuación de los intérpretes. Jones se mueve con la soltura y competencia que le caracteriza. Aparece mayor, triste, casi derrotado. Ha perdido a dos hijos en el ejército. Sólo le quedan las profundas y conservadoras convicciones del viejo sargento de la policía militar. Convicciones que pasarán una dura prueba conforme vaya tomando conciencia de lo que en estos momentos es la institución en la que sirvió. De fondo tiene a su esposa (Susan Sarandon) como amarga voz de la conciencia. También es muy convincente el papel de Theron como inspectora de policía. La sudafricana abandona el glamour de muchos de sus papeles, se recoge el pelo, evita el maquillaje, y a cara descubierta intenta reencontrar su punto de honestidad, su razón de ser, demostrar a los demás que es algo más que un capricho, abandonado, de su jefe.

En resumen, una película de gran calidad, altamente recomendable salvo por los que entiendan que el cine es algo para pasar el rato comiendo palomitas. Yo le pongo un ocho, con idéntica nota en la interpretación y un siete en la dirección.

Con una muerte por el medio, no parecerá mal que ilustre esta entrada con una de mis recientes fotografías en el cementerio de Zaragoza.

Cruces y cipreses

(Pentax K10D; SMC-A 100/4 Macro)