[Libro] Los misterios de la taberna Kamogawa – Hisashi Kashiwai

Literatura

Otro de los libros que leí durante las vacaciones. Y uno de los que seleccioné, me apareció no hace mucho en oferta, para ponerme en situación para el viaje a Japón. Como se puede ver es de un autor japonés, que no conocía, Hisashi Kashiwai. Y me llamó la atención porque me pareció que estaba emparentado con alguna otra cosa que había leído previamente. Como cierta novelita y película sobre una cafetería en la que se puede viajar en el tiempo, o las historias de Tokio que transcurren en una tabernilla que abre al llegar la medianoche, una de las primeras series que vi en Netflix. Pues estas historias de Kashiwai, siendo distintas, son similares o me las recuerdan.

En el último viaje a Japón no pasamos por Kioto y no vimos el río Kamo. Así que nos conformaremos con los alrededores del río Nagara en Gifu.

La taberna Kamogawa [kamogawa shokudō 鴨川食堂, la taberna del río Kamo] es un pequeño establecimiento en Kioto, escondido entre callejuelas, difícil de encontrar, sin indicaciones en el exterior. Que se anuncia como una agencia de detectives gastronómicos. El cliente que los encuentra, habla con ellos, un cocinero y su hija, les cuenta lo que recuerda de un plato que comió en su momento y que se ha grabado en la memoria, ellos investigan, y unos quince días más tarde le preparan el plato… y siempre aciertan. Ese es el que buscaba la persona. Por supuesto, hay algo más que eso. Detrás de ello están las historias de las personas que, nostálgicamente, quieren volver a esos platos. Historias de un pasado con familia, cónyuges, amores frustrados, amistades… que quedó atrás, pero que como con el recuerdo de esos platos, queda un poso, que no quieren olvidar, o que quieren volver a recordar. En algunos casos, volver a conectar con esas personas que perdimos por el camino.

La novelita, que más bien es un conjunto de relatos cortos con un hilo conductor común, es simpática y entretiene. Pero tampoco esperemos mucho más de ella. Ni menos. Se puede recomendar, sin duda. Pero que nadie espere una obra maestra de la literatura japonesa. Correcta y entretenida, se lee enseguida.

[Libro] Corto Maltese: La reine de Babylone – Martin Quenehen (guion) y Bastien Vivés (ilustración)

Literatura

Como ya he comentado en ocasiones anteriores, las aventuras de Corto Maltés siguen en la actualidad bajo la mirada y la escritura de autores actuales, que intentan mantener el espíritu del que Hugo Pratt dotó al marinero de La Valeta, pero actualizando los temas y las épocas. Llegue a este volumen como consecuencia de una discusión amistosa en un bar al que fuimos tras una sesión de cine. Aquel día se sumó un aficionado al aventurero, y que se mostraba muy en desacuerdo con la actualización de las coordenadas de tiempo y lugar para las nuevas aventuras del marinero. Yo le recordé que Hergé hizo de Tintín un aventurero atemporal. Sus aventuras progresaron con el tiempo, manteniéndose el personaje con su apariencia eterna a lo largo de las mismas. Incluso si empezó las mismas en la década de los años 20 con una visita al país de los Soviets, y un tiempo después adelantaba cómo podía ser un viaje a la luna, o las cuestiones relacionadas con el petróleo, que afectaron en las segunda mitad del siglo XX. A mí no me supone ningún problema actualizar el escenario de las aventuras de Corto, siempre que la esencia del personaje se mantenga.

La cuestión es que, tras ese debate amistoso, me puse a comprobar si recientemente se había publicado alguna nueva aventura. Y me encontré con esta, que estaba disponible en francés y en italiano. No estaba disponible, en ese momento, en castellano. Creo que ahora sí. De los distintos autores que han asumido la continuación de las aventuras de Corto Maltés, en esta ocasión son los franceses Martin Quenehen, escritor, y Bastien Vivés, ilustración. Recordemos que las nuevas aventuras desarrolladas por los españoles Canales y Pellejero sí que se intercalan en la línea temporal de las que concibió Hugo Pratt, mientras que las de Quenehen y Vivés, están actualizadas a las primeras décadas del siglo XXI. Quizá por ello no están numeradas dentro de la serie. Y las de Canales y Pellejero sí. Y asumí que el original del texto es en francés, claro, y me compré la versión francesa.

En esta ocasión, nos encontramos a Corto en Venecia. Creo que eso es un punto fundamental para animarme a ella. Venecia. Habitualmente, las aventuras de Corto que empiezan o se desarrolla en Venecia me acaban gustando más. El mundo en el que se mueve es el de la resaca de las guerras en los Balcanes, y los preliminares a la guerra de Irak. La segunda. La de las «armas de destrucción masiva» que nunca existieron. Y entre medias, las mafias del tráfico de armas y la indecencia de los servicios de espionaje. Una aventura de Corto con tono muy muy muy melancólico. Más de lo habitual. Más oscuro. Pero no inapropiado para los tiempos que corrieron en esos primeros años del siglo XXI… que tal vez sigan corriendo hoy en día.

No voy a decir que el Corto Maltés de Quenehen y Vivés esté al nivel del de Pratt. Que no lo está. Pero esta historia me ha llegado. Más que la primera que desarrollaron estos autores franceses. Me ha parecido más engarzada con la realidad, al mismo tiempo que nos permite seguir soñando… al menos hasta cierto punto. Pero el mundo está muy perro para permitirse excesivas ensoñaciones.

[Libro] La experiencia de leer – C. S. Lewis

Literatura

Los domingos no suelo hablar de libros. Suelo hablar de fotografía. De la que hacen otros, mucho mejores que yo. En los que creo que hay que fijarse para intentar, muchas veces sin éxito, mejorar. Pero con estas semanas pasadas viajando, no tengo mucho preparado. Y por otro lado, con el de hoy, tengo nueve libros ya leídos pendientes de comentario. Un montón. Este año voy mucho más entonado con esto de la lectura. Esperemos que dure. En vacaciones leo mucho. Y cuando no estoy de vacaciones, he cambiado algunas rutinas para permitirme espacios para la lectura. Pero vamos con lo de hoy… que es un ensayo. Apareció de oferta en algún sitio, y su tema me pareció interesante. Y se lee en seguida. Su autor, el escritor británico C. S. Lewis, muy conocido por sus libros de Las crónicas de Narnia, y menos por otros que se mueven en la ciencia ficción. Hasta el momento, no me ha atraído mucho. Y no he leído ninguna obra de ficción suya. Pero es que sus adaptaciones al cine me han alejado de ellas.

En un viaje en agosto de 1989 por París y la Gran Bretaña, visitamos Oxford. Pero no tengo ninguna foto escaneada de este lugar. Sí de otros puntos del viaje. Tengo que revisar aquellos negativos. O volver a Oxford y hacer algunas fotos. Pero últimamente el Reino Unido no apetece mucho…

En otro orden de cosas, fue un académico que ejerció su actividad como profesor de literatura en la Universidad de Oxford. Y en ese ámbito hay que contemplar este ensayo. El título en castellano no se corresponde con el original en inglés. An experiment in criticism. En cualquier caso, el debate que plantea es que la calidad de los libros no se mide sobre la forma en que están escritos sino sobre la forma en que son leídos. El autor diferencia dos tipos de lectores. Uno de ellos sería el intelectual, el que lee pausadamente, con abundante reflexión y que, llegado el caso, vuelve una y otra vez al texto, extrayendo todo el potencial del mismo. Si un libro atrae este tipo de lectura sería un buen libro. Por otro lado, existe el lector que busca un entretenimiento, que lee su libro una vez, sin darle muchas vueltas, que raramente vuelve a releerlo, porque quiere pasar a la siguiente aventura. Si un libro sólo atrae este tipo de lectores… pues sería, literariamente hablando, flojito.

El ensayo contiene algunas ideas interesantes. Es obvio que existen libros, de ficción o de no ficción, que tienen diversos fines. Los libros de literatura más popular, los superventas, tiene claramente el objetivo de procurar entretenimiento a un número alto de personas, potenciales lectores. Y de hacer mucho dinero. Por el contrario, hay otros libros que buscan atraer un lector más reflexivo, provocar una reacción, un debate, o que el lector lo perciba como un obra realmente artística por la belleza de su lenguaje. Pero la división que hace Lewis de los lectores es demasiado binomial. O se es de unos o de los otros. Y clasista. Es obvio que desprecia a determinado tipo de lector. Y consecuentemente las obras que lee. Y yo no estoy de acuerdo.

En la literatura, como en el cine o en otras artes, existe productos de consumo que pueden tener una alta calidad, que pueden atraer a lectores de niveles de cultura más básicos, pero también al lector culto y más instruido. Entretenimiento y calidad artística no tienen por qué estar reñidos. Aunque es difícil que autores que publican libros como churros puedan mantener esa calidad. Existe en el mundo editorial demasiadas obras formulaicas, carentes de originalidad, que repiten esquemas, y que sin embargo son leídas con avidez por cierto público. Como pasa en la ficción televisiva o cinematográfica. Pero los límites no son precisos entre la lectura como entretenimiento y la lectura como reflexión artística o filosófica. Es más, no deben serlos. Y se debe aspirar a la calidad en todo el campo. Y de esa forma el lector puede progresar, y poco a poco acceder a una mayor variedad de obras literarias. Esa es la forma también para acabar con el clasismo de Lewis entre los lectores como el y sus colegas intelectuales, y todos los demás. Lewis se aparta en realidad de la sociedad. Es el ejemplo por excelencia del académico universitario que no vive la realidad social.

Fuera de la literatura, y a propósito de mi reciente viaje a Japón, podemos considerar un cierto fenómeno en el ámbito de la pintura. Hokusai. O Hirosige. U otros artistas del período Edo que practicaron el grabado en madera. Hoy en día se los considera grandes artistas, cuyas exposiciones o sus obras en los museos atraen muchos visitantes y sesudos comentarios académicos. Pero en su momento, eran más bien artesanos populares, que vendían sus obras a través de los estampadores, obras que se reproducían indefinidamente mientras hubiera demanda, a la burguesía comerciante de las grandes ciudades japonesas. Lo curioso es que en una sociedad de castas, tan jerarquizada como la japonesa del periodo Edo, donde los militares, los samurais, estaban en la cúspide de la pirámide social, los comerciantes estaban en la base. Eran casta baja. Pero tenían dinero. Estos artistas que hoy están tan bien considerados, trabajaban para decorar las casas de la casta más baja. Eran productos de consumo. Quizá el C. S. Lewis japonés de la época los hubiera despreciado, por la extracción social de sus consumidores. No nos engañemos, nivel cultural y educativo siempre está correlacionado con el nivel socioeconómico. Hoy en día, sin embargo… son admirados. Qué cosas, no.

Por supuesto que hay obras buenas y malas. Pero cuidado con cargar esa definición por el objetivo que persiguen o por la «calidad» de sus lectores. A mí eso me huele a un cierto elitismo, un poquito rancio.

[Libro] Círculos infinitos: Viajes a Japón – Cees Nooteboom

Literatura

Hace unos meses, a final de año, se jubiló un buen compañero de trabajo. Un tipo excelente. Y unas semanas más tarde, algunos de los que disfrutamos de su compañerismo, no muchos, pero selectos, nos reunimos a comer y a desearle toda clase de parabienes en «su nueva etapa» que se suele decir. Y le regalamos algunas cosas. Entre ellas un par de libros. Como en los meses previos surgió en conversación el tema de los viajes que le gustaría hacer en un futuro, uno de ellos era un viaje a Japón. Por ello, pareció apropiado regalarle este libro de viajes del neerlandés Cees Nooteboom, escritor del que he leído alguna cosa, y del que creo que debería leer alguna cosa más.

El caso es que unas semanas más tarde sucedieron dos cosas. Se confirmó que este año, cinco años después, volvíamos al País del Sol Naciente, a nuestro tercer viaje. Y en mi tienda de libros electrónicos habitual apareció de oferta el mencionado de Nooteboom. Y como me pareció que era una buena forma para ponerse en forma mental para el viaje, lo compré. Y lo empecé a leer unos días antes del viaje. No lo terminé antes de empezar el viaje… pero lo terminé en las muchas horas que dura el viaje hasta el otro extremo del continente eurasiático. Y más con la imposibilidad de sobrevolar territorio ruso los vuelos comerciales por culpa del conflicto bélico de este país con Ucrania.

He regresado del viaje. He llegado esta mañana mismo a casa, hacia el mediodía. Cansado. Somnoliento por el mal dormir en los red-eyes que nos han devuelto a casa vía Abu Dabi. Pero me niego a echar siesta por el riesgo de desvelarme cuando llegue la noche, y arrastrar un feo desfase horario durante unos días. Dicen que el desfase horario malo es el que se produce cuando viajas hacia el este, pero la verdad es que la llegada a Japón la llevé bien. Sin embargo, el regreso de Corea en 2017 lo llevé tan de pena, que me quedé dormido en el cine… en una película que me interesaba. Así que he decidido comentar el libro. Aunque saltándome la lista de espera de libros que tengo a la espera de comentario.

El libro es un conjunto de relatos de los viajes que realizó el autor entre la segunda mitad de los años 70 del siglo XX y el principio de los años 2010, si no recuerdo mal. Un período de tiempo en el que muchas cosas han cambiado. Y otras no. A través de estos relatos sobre sus propias experiencias, lo mismo nos movemos por la locura de Tokio, o asistiendo como muchos japoneses al parque del palacio imperial para el cumpleaños de Hiro Hito, como asistimos a una sesión de la Dieta, el parlamento japonés. O recorremos en peregrinación los templos budistas de Kansái. O nos alojamos en un modesto ryokan, perdiéndonos cuando nos acercamos al pueblo vecino caminando, porque las señales son siempre imprecisas para el occidental, que además no se defiende con la grafía de la escritura japonesa.

El tono y la profundidad de los diversos episodios varía. Y unos llegan más al lector que otros. Pero en general, creo que reflejan muy bien el impacto de la cultura nipona en el occidental. Siempre entre la admiración y el recelo hacia las «soluciones» cotidianas que los japoneses ofrecen a los problemas habituales. Refleja también la distancia en la comunicación, por la mutua incapacidad para hablar el idioma del otro. El japonés es un idioma difícil. Y para los japoneses, lo de hablar otros idiomas, no se les da bien. O probablemente, no se lo han propuesto en serio. Porque cuando adoptan algo de fuera, y les gusta les suele salir muy bien.

La forma en que se viaja hoy en día, en 2024, es muy distinta de la de 1974. Es más probable encontrar indicaciones en inglés, o algún japonés que se defienda mínimamente con algo que no sea su idioma natal. Y si a eso sumas que no hay mejor dinero gastado en uno de estos viajes que una eSIM que permita llevar el teléfono conectado a internet permanentemente, pues todo es más fácil. Te pierdes menos. Y es que, además, dejando de lado los problemas de comunicación, es un país civilizado, organizado, próspero, aunque parece que están de bajón, lo cual es un chollo para el viajero por el bajo valor del yen, y tecnológicamente avanzado. Y es un país de gente cortés, muy educada. Incluso los más jóvenes. Aunque siempre nos ha quedado una duda. Y esto es una cosa nuestra y no del escritor. Siempre nos hemos preguntado si tanta cortesía, más que para evitar los conflictos entre personas, que es una de las utilidades básicas de la cortesía y las buenas maneras, no servirá también para levantar barreras de impenetrabilidad para el extraño. Es algo que a veces hemos sentido en Japón. Que es un país que nos gusta para viajar. Que si podemos, volveremos. Pero eso no significa que seamos unos fans incondicionales del país. Lo pasamos bien. Es bonito. Aprendemos cosas. Pero a veces… lo dejo para otro rato que me muero de cansancio.

[Libro] Menudas historias de la Historia – Nieves Concostrina

Literatura

Hoy ando con poquito tiempo, pero no quería dejar de poner una entrada en el blog, en esta ocasión dedicada a uno de los últimos libros que he leído. Como no es un libro que me haya entusiasmado precisamente, no le dedicaré mucho espacio. Está escrito por una periodista, Nieves Concostrina, que al parecer ha participado en varios programas de radio a lo largo de su carrera. Y en una hora del café, los compañeros del trabajo me la sugirieron bajo la idea de que me gusta la historia y que, por lo tanto, me podría gustar sus libros de divulgación histórica.

Algún episodio dedica la autora a las guerras napoleónicas en la Península Ibérica. Pero al igual que en los tiempos del régimen… cositas anecdóticas como lo del tambor del Bruch, o el cañonazo de Agustina… y cositas de esas. Este país se quedará para siempre sin que alguien cuente de verdad lo que pasó en aquella desgraciada guerra.

El libro, que lleva como subtítulo Anécdotas, despropósitos, algaradas y mamarrachadas de la humanidad, es una colección de pequeños artículos que hablan de algún hecho histórico más o menos destacable, curioso o potencialmente interesante. Muchos. Y de muchas épocas. Y de muchos países. Y agrupados temáticamente de una forma que no me ha acabado de convencer, pero que hace que relatos muy relacionados aparezcan dispersos por el libro, por lo que pierde profundidad.

No es que tenga mucha en ningún momento. Profundidad, digo. Cada relato es como una introducción a algo que sucedió, y muchas veces destaca más la anécdota que el fondo. Y como veréis en el subtítulo, no esconde la intención. Es honesta en eso. Pero a cambio queda excesivamente superficial. Realmente, intenta ser tan para todos los públicos, y abierta a muchos niveles culturales, que al final te quedas con un montón de cosas… tantas… que te acabarás olvidando de ellas. Lo terminé hace ya tres semanas o así… y ya he olvidado mucho. Me queda la sensación general. Y encima, de cosas que ya sabía,… pues he encontrado alguna que otras inexactitud. O interpretación de los hechos que no me convence gran cosa. Así pues… no me ha gustado en exceso. No lo recomiendo. Ni siquiera para introducirse de forma amable en la historia, para alguien que ha rehuido la materia. A la postre, me parece tan ineficaz como las clases de historia tipo tocho del colegio o del instituto, de los que algunos se quejan. Aunque yo tuve suerte… y un buen profesor de historia en el bachillerato. Unificado. Y polivalente.

[Libro] El chico y el perro – Seishū Hase

Literatura

Se van acercando mis vacaciones de primavera, que este año serán las más sustanciosas y prolongadas del año. Y como hace cinco años que estuvimos por segunda vez en Japón, volveremos al País del Sol Naciente. La primera vez en 2014, la segunda, cinco años más tarde, en 2019, la tercera, si nada se interpone, tras otro período de cinco años, en 2024. Esperemos que todo vaya bien en 2029 podamos volver. Así que en las últimas semanas he ido pensando ya en leer alguna cosa de autores japoneses para irme poniendo a tono. No es que yo sea ajeno a la literatura del país asiático, como sabrán los asiduos de estas páginas. Pero bueno… cualquier excusa es buena.

Y voy con esta novela de Seishū Hase, que me venía muy recomendada. Hase es conocido especialmente por sus novelas de género negro, variante japonesa, es decir, sus bandas de gánsteres son yakuza. Pero esta novela no va de yakuzas. Bueno… un poco sí. Me explico. Más que una novela, es un conjunto de relatos con un denominador común. Un perro que es encontrado en el primero de los relatos en la prefectura de Fukushima, unos meses después del desastre del seísmo y tsunami de 2011, presuntamente abandonado como consecuencia de este. A lo largo de los relatos, y de varios años, el perro va cambiando de dueño, mientras va viajando hacia el sur del país. Fukushima esta en el nordeste de la isla de Honshu, por lo tanto relativamente al norte del país, y el último de los relatos transcurre durante el terremoto de Kumamoto de 2016, en la isla de Kyushu, que es la más sureña de las cuatro grandes del archipiélago.

Son por lo tanto seis relatos, que transcurren consecutivamente en el tiempo, conforme el perro se va desplazando. El primero, con un hombre joven que se ha metido en negocios turbios para mantenerse a sí mismo y a su madre y familia tras el desastre del tsunami. El segundo, con un ladrón de origen latinoamericano que huye de la yakuza. El tercero, un matrimonio sin hijos que está entrando en crisis por la mala cabeza del marido que vive su afición a la montaña con la despreocupación de un veinteañero. El cuarto, una joven prostituta que ha asesinado al que creía su novio, pero que simplemente la chuleaba, y se ve obligada a huir. El quinto, un anciano cazador, gravemente enfermo, que vive en soledad con los remordimientos de no haber sido un buen marido y padre. El sexto, un niño que vive en el sur, desplazados tras el tsunami de Fukushima, alterado psicológicamente por las secuelas del trauma. Y que ya conocía al perro.

El conjunto de los relatos tiene un toque buenrollista, aunque los desenlaces no son necesariamente felices para los protagonistas humanos de estos episodios. Todos ellos viven situaciones de crisis, creadas por ellos mismos, y de las que les resulta difícil salir. El perro, durante el tiempo que vive con ellos les aporta algún alivio, independiente del final de cada uno de ellos. Es una de estas obras con cierto tono melancólico que surgieron tras la desazón por el desastre de 2011, que tanto impactó en la mentalidad japonesa.

En su conjunto, siendo correcto en general, me ha dejado un tanto insatisfecho. Demasiadas casualidades, demasiados flirteos con los sobrenatural, sin atreverse a ser abiertamente una novela fantástica o a abrazar todas las consecuencias del realismo fantástico que encontramos en otros autores japoneses contemporáneos. Quizá me hubiera dejado mejor sabor de boca si el último relato no hubiese desencadenado un agridulce happy end demasiado forzado y, hasta cierto punto, fuera del tono general del libro, por mucho que sea relativamente previsible como conclusión del conjunto. Pero se deja leer. Es lo que hay.

[Libro] La canción de las sombras – John Connolly

Literatura

Las pequeñas vacaciones de Pascua supusieron un cambio en mi dinámica lectora. Junto con algunos cambios en mi rutina diaria, que también contribuyen a encontrar algún rato más para concentrarme en la lectura, aunque sea media hora. Por ello, se me han acumulado varios libros para comentar. Poco a poco irán apareciendo en estas página. Además, en mayo disfrutaré de tres semanas de vacaciones. Y en los viajes siempre leo más… especialmente cuando pasas muchas horas metido en un avión, como espero que suceda a partir del mediados de mayo. Pero ahora vamos con un libro que debí comprar de oferta, muy de oferta, hace ya tres años, y que se había quedado en lista de espera de un modo más o menos indefinido. Es del irlandés John Connolly, y pertenece a una larga serie de libros dedicados al detective privado Charlie Parker. Es, nada más y nada menos, el número 14 de 23, y fue publicado en 2014. Nada que ver con el saxofonista de jazz del mismo nombre. Mucho más interesante para mí como ya comentaré.

El campo de concentración de Auschwitz servirá para orientar el tema de la novela de hoy.

El tal Parker es un detective privado, antiguo policía, que está convaleciente de unas graves heridas de bala que casi se lo llevan al otro barrio. Y para recuperarse, alquila una casita en la costa de Maine, Estados Unidos. Allí se instala también una madre joven, soltera, con su hija. Y allí aparece un cadáver, sobre el que se duda si es un suicidio o un asesinato. Al mismo tiempo, una familia muere en un incendio en otra localidad de la región; toda la familia menos el hijo mayor de 17 años, que es principal sospechoso. Pero entre la colonia de inmigrantes alemanes de la zona, algunos judíos que huyeron de la Alemania nazi, otros… los que llegaron por diversas rutas tras la debacle del régimen nazi, hay secretos y mentiras en abundancia que pueden explicar lo sucedido. Y Parker, que parece que atrae los problemas, se encuentra en medio de un caso mucho más complejo de lo que parece.

Como hace ya más de tres años que lo adquirí en las ofertas del día de mi tienda de libros electrónicos habitual, no puedo recordar qué me hizo comprarlo. Además del precio. Relativamente económico. Pero es uno de esos libros de novela negra que pretenden inspirarse en los clásicos del género, pero que son formulaicos. Hay párrafos o diálogos que me dan la impresión de que ya los he leído con antelación. Esas frases, esos dichos, esas descripciones que parecen ser utilizados por un cierto tipo de autores de forma sistemática para rellenar sus relatos. Y esas descripciones detalladas de los sitios y las cosas que hacen y que no tienen absolutamente nada que ver con la trama, ni aportan nada a la comprensión del entorno, ni de la personalidad de los que interactúan. ¿Qué me importa a mí si toma tal o cual otra marca de cerveza si eso no tiene nada que ver con nada de lo que está pasando y no tengo ni idea de qué marcas de cerveza se consumen en Nueva Inglaterra y se me va a olvidar? El detalle tonto.

Cuando lo acabé y lo indiqué en Goodreads le puse un aprobado porque cumplió su misión básica de entretener los tiempos muertos y los desplazamientos durante los viajes de las vacaciones. Pero así, pensándolo bien, este libro es más bien malo, por mucho que haya vendido mucho y tenga sus fans. Con un tema sensacionalista, pero que ha sido ya muy trillado en la ficción, la de los malvados nazis que se refugiaron en los Estados Unidos, y los judíos que van a por ellos, la originalidad brilla por su ausencia. Y encima… en medio de la violencia, que no falta, aparecen fantasmas que protegen al protagonista del festejo… Para mear y no echar gota. Si me pierdo me encontrarán escuchando los maravillosos solos de Charlie Parker, pero no interesado en las aventuras del detective Charlie Parker.

[Libro] Sostener el cielo – Liu Cixin

Literatura

Tengo pendiente de comentar la adaptación de Netflix de la más famosa novela de Liu Cixin. La que le gustó a Obama, entre otros muchos. Que mira tú qué narices tendrá Obama, un abogado de Chicago, para que su opinión sobre una novela de ciencia ficción sea más importante o interesante que la de otros. En fin… la tontería del personal. El caso es que mientras iba viendo la serie, apareció en oferta esta colección de relatos cortos de Liu. Y la cosa es que con antelación, yo, había llegado a la conclusión que Liu es mejor cuentista que novelista. Así que me animé con ella, y me la leí durante las vacaciones de Pascua.

Démonos un paseo por China, para ilustrar la entrada. Por la bonita ciudad de Suzhou. Bonita por lo menos en su centro histórico. Que es una «pequeña» ciudad de diez millones de habitantes, que a saber cómo será en sus barrios más modernos.

Se trata de una colección de once cuentos. Y les voy a llamar cuentos en lugar de relatos cortos, para algunos son términos sinónimos, porque varios de ellos llevan consigo la sensación de ser, eso, como uno de los cuentos con más o menos moral añadida que nos contaban en la infancia. Hay contactos con extraterrestres más o menos avanzados, hay desastres naturales, hay guerras tecnológicas, pero con muertos de verdad con balas y bombas, y hay alguna que otra paja mental, elucubración más o menos tonta a partir de conceptos físicos. Como eso de que si estuviésemos en un universo con big bang y big crunch, en el momento en que se produjese el final de la expansión y comenzase la contracción… bueno, no lo voy a destripar. Además, parece que no este no acabará en un un big crunch, que parece que se morirá de aburrimiento y frío.

La cuestión es que me parece que es una colección hecha de retales. Relatos cortos que no fueron incluidos en colecciones anteriores. Muy diversos y de épocas diversas. Porque en algunos casos maneja o especula con conceptos científicos hoy en día poco considerados, aunque hace un tiempo tuvieran sus quince minutos de fama. Y que no son los relatos cortos más brillantes del autor. Alguno hay majete, o ingenioso. Pero también hay alguno que roza lo infumable. Te quedas con la sensación de que su editor le ha dicho, «mira majo, vendes; vamos a exprimir la gallina de los huevos de oro y vamos a publicar todo lo que has escrito».

Particularmente chirriante resultan aquellos en los que a Liu Cixin se le ve el plumero y se pone en plan «pelota» del Partido Comunista Chino. O del comunismo en general. La tesis habitual del todopoderoso PCCh que dice que puede haber algún corrupto en el partido, que recibirá su merecido, pero que el partido es sagrado y no se pueden decir sobre él nada más que alabanzas. Lo cual es falaz. Cualquier organización que adquiere un poder omnímodo en un determinado entorno social y político acaba siendo corrupta por definición, por no existir elementos de control reales. Eso se vislumbra en varios relatos, incluso si al mismo tiempo critica alguna de las situaciones sociales del gigante asiático. Y anda que no chirría ese relato en el que hay una guerra entre una hipotética Rusia renovadamente comunista que se defiende contra los malísimos capitalistas de la OTAN de forma heroica… Chirría especialmente cuando vemos la realidad sobre las guerras que impone la Rusia de Putin, que es de todo menos heroica y justa. Muy inoportuno… salvo que el escritor, como el PCCh, esté encantado del rifirrafe entre Rusia y el resto de Europa porque suponen que eso «les beneficia a ellos». Por estos detalles, esta colección no me ha dejado especial buen sabor de boca.

[Libro] Nocturnes: Five Stories of Music and Nightfall – Kazuo Ishiguro

Literatura

Ya he leído varias novelas de Ishiguro en el pasado. No hace mucho de la última. Y es un escritor que me gusta. Muy diverso en sus temas. Y en sus tonos. Aunque siempre con un cierto toque de melancolía. En esta ocasión me aproximé a su faceta como escritor de relatos cortos; cinco de ellos. Publicado originalmente en inglés, idioma en el que lo he leído, en 2009, desconozco en qué momento de la vida de Ishiguro fueron escritos cada uno de ellos.

Estos relatos empiezan y terminan en la piazza San Marco de Venecia al atardecer. Así que allí nos vamos.

Vuelvo a decir que aunque Ishiguro es muy diverso en sus temas y tonos, siempre le noto un toque de melancolía o nostalgia. Y ese toque es el tono general de esta colección cinco relatos. Todos ellos vinculados entre sí por la música. Y por el crepúsculo. Como el título nos avisa. Un matrimonio que se desmorona en los románticos canales de Venecia. Un profesor inglés de inglés en España vuelve a Londres a casa de unos amigos, y se encuentra en medio de una situación realmente incómoda. Un joven músico de rock que no atina con el tono recibe una lección de amor a la música de dos suizos de mediana edad en un café de una comarca rural inglesa. Un saxofonista se recupera de una cirugía estética y mantiene un extraño encuentro con una celebridad ya madura que ha ido a lo propio. Un joven violonchelista en Venecia se deja guiar por una peculiar «virtuosa» del instrumento. Los relatos son independientes, pero algunos de ellos tienen vidas cruzadas, personajes o escenarios comunes.

Sinceramente, no es mi obra favorita de Ishiguro, entre las que he leído. Pero los relatos tienen su intriga. Tienen corazón. Por supuesto, están bien escritos, que se nota la maestría del autor. Quizá no sea mi colección de relatos cortos favorita. Pero sin duda me parece recomendable. Me acompañaron bien durante una parte del viaje al lago Constanza durante mis cortas vacaciones de Pascua.

[Libro] The Gentle Giants of Ganymede – James P. Hogan

Literatura

Esta es la segunda novela de la serie de los Gigantes de James P. Hogan. Recientemente leí la primera entrega y me resultó simpática. Por lo que he investigado, la serie consta de cinco novelas, y las tres primeras son majas. Las dos últimas no tienen tan buenas críticas o consideración. Así que decidí dar una oportunidad a esas dos novelas. Las características generales de estas novelas las podéis leer en mi reseña de la primera de ellas, así que aquí no me extenderé mucho. Es que además no tengo mucho tiempo hoy.

Durante un tiempo en la cronología interna de la novela, los gentiles gigantes de Ganímedes se establecen en una colonia especialmente diseñada para ellos a orillas del lago Lemán, cerca de la ciudad suiza de Lausana. Un sitio realmente muy agradable. Que he visitado un par de veces.

La novela de hoy es continuación inmediata la anterior. Si habíamos dejado a los protagonistas investigando la misteriosa nave alienígena encontrada en Ganímedes, la luna de Júpiter, una nave con 25 millones de antigüedad, se van a llevar la sorpresa mayúscula de que mientras están en ello aparecerá en el Sistema Solar una nave de esta especie que intenta regresar a su planeta de origen tras un viaje con graves incidencias y a velocidades relativísticas. Si para esos gigantes gentiles su odisea ha durado algo más de 20 años, por los efectos de la relatividad, en el Sistema Solar han pasado esos 25 millones de años. La novela tiene poca acción, básicamente se dedica a describir, especular, el encuentro entre ambas especies.

La novela es simpática en general. Pero altamente inverosímil. Por la fuerte antropomorfización de los alienígenas, que facilita enormemente el contacto. Y la sorprendente analogía de sus biologías, que les permite compartir comida y bebida. Lo más curioso es la existencia de una inteligencia artificial, que no llama así, la novela es de 1978 y en aquel momento el estado de la informática no tenía nada que ver con el actual, que es capaz de realizar una diversidad de tareas. Y sí… de una forma u otra Hogan prevé internet. En 1978 había embriones de lo que sería la red de redes, pero nadie la imaginaba todavía, salvo unos poquitos enterados. No se hablaba de ello. Hubo que esperar a los principios de los años 90 del siglo XX.

Pero bueno, en general es una novela con fuerte sabor retro, un tipo de planteamientos muy optimistas que ya no se estilan en la ciencia ficción actual, que mezcla cuestiones de ciencia ficción dura con casualidades prácticamente imposibles y convergencias evolutivas difíciles de digerir. Me parece que la biología no es el fuerte de Hogan. Pero me ha parecido entretenida. Oye. Que no es poco.

[Libro] The Remains of the Day – Kazuo Ishiguro

Literatura

El premio Nobel británico de origen japonés Kazuo Ishiguro es uno de los escritores que más me convencen habitualmente. Me suele gustar cómo escribe y me suele gustar sobre lo que escribe. Me parece un escritor sensible, de prosa clara pero no banal o simple. Sus temas son profundos. Y suelen tener no sólo un componente psicológico o ético, respecto a las reacciones o los comportamientos del individuo, sino que su reflexión ética alcanza el nivel de las decisiones o consecuencias políticas. No es un escritor muy prolífico. En 40 años de carrera sólo ha escrito ocho novelas de las que, con esta que comento hoy, he leído cinco. Pero ha diversificado su actividad literaria. Ha escrito cuentos y relatos cortos, ha escrito guiones de cine, ha escrito letras de canciones. Dos de sus novelas se han adaptado al cine, la que hoy voy a comentar, y la emotiva distopía que tanto me gustó en su momento. La versión literaria; la versión cinematográfica estuvo bien, pero un peldaño por debajo.

Las cortas vacaciones del mayordomo protagonista, Mr. Stevens, lo encaminan hacia Cornualles, donde pasé unos días hace casi 18 años.

Recuerdo muy claramente cuando vi la película que adaptaba la historia de la novela que traigo hoy, dirigida por James Ivory, especialista en rodar con elegancia películas de época, y con las impresionantes actuaciones de Anthony Hopkins y Emma Thompson demostrando que en ese momento ya eran de lo mejorcito que podíamos encontrar en la interpretación británica y mundial. La película, que recibió ocho candidaturas a los Oscar, aunque no ganó ninguno, adaptaba con fidelidad la novela de Ishiguro. Lo tuvo difícil… la del 93 fue una de las mejores cosechas cinematográficas que se puedan encontrar. Fue el año del triunfo de Belle epoque, que se las tuvo que ver con tres candidatas asiáticas (Hong Kong, Taiwan y Vietnam) absolutamente impresionantes. Quizá hoy en día, con unos votantes más sensibles hacia las cinematografías orientales, no hubiese tenido las mismas oportunidades. Estoy dispersándome de lo que quería contaros.

La historia nos lleva, en los años 50 del siglo XX, a una gran mansión aristocrática británica que ha conocido mejores días. En el momento presente de la narración, un adinerado americano es su propietario, y tiene a su servicio un reducido equipo de sirvientes, con un mayordomo que lleva décadas en la casa. Este sabe que los niveles de calidad del servicio no son los que fueron. Y una carta de la antigua ama de llaves, con quien coincidió antes de la guerra mundial durante bastantes años, le hace imaginar que tal vez pueda repescarla para el puesto. Para ello pide permiso para realizar unas cortas vacaciones en Cornualles. Durante el viaje, rememorará los años de gloria de la mansión, y los acontecimientos grandes, de la política mundial, que sucedieron en ella, así como las pequeñas alegrías o desdichas de los que trabajaron en ella en el servicio.

La novela nos cuenta, por lo tanto dos historias, la del presente, un mayordomo ya mayor, tremendamente nostálgico de unos tiempos que idealiza, y la de ese pasado idealizado. Y es un magnífico ejemplo de la narración en primera persona, que suele ser un indicador de un narrador poco fiable. Un narrador que quizá nos engaña, quizá se engaña a sí mismo. Y este segundo caso es el que afecta a la narración. El mayordomo protagonista, obsesionado por su sentido del deber y de la dignidad en el ejercicio de su trabajo, de mentalidad conservadora, incapaz de asumir el concepto que su noble empleador pudiera estar equivocado, tiene los valores sociales y políticos puestos del revés y anclados en un pasado, quizá el de la Inglaterra victoriana, cuando el mundo avanza por otros derroteros. No entiende la política, como tal vez no la entienda su aristocrático empleados,… o quizá sí y es todavía menos inocente de lo que sospechamos en sus flirteos con el fascismo. No entiende las relaciones humanas, y acaba alejando de sí aquellas persona, aquella mujer, que podría haber terminado por dar sentido a su vida. Pero cuando él se ha anclado voluntariamente en el pasado, y la mujer avanza con los tiempos… no pueden caminar juntos.

Ishiguro, después de un par de novelas escritas en inglés, siempre ha escrito en inglés, pero sobre su Japón natal, con esta novela se hizo un puesto indudable entre los mejores de una generación de escritores británicos muy destacados. También he sido asiduo a la literatura de alguno de sus contemporáneos. Aunque algunos críticos lo han situado, aunque escriba en inglés, entre determinados autores japoneses que trasciende fronteras, como otro de mis habituales. La novela tiene un nivel literario alto; pero, como decía al principio, su prosa es clara. Lo he leído directamente en inglés. Y tengo otras novelas de Ishiguro en espera. También en su idioma original. Se confirma como uno de mis autores de referencia, y lo encuentro altamente recomendable.

[Cine] American Fiction (2023)

Cine

American Fiction (2023; 14/20240306)

Esta película de Cord Jefferson, que acaba de ganar un Oscar al mejor guion adaptado, fue estrenada en España directamente en plataforma de contenidos, en Amazon Prime Video. Así que sólo era cuestión de encontrar un ratito para verla. Dos horas después de cenar era lo más adecuado, como así sucedió el miércoles pasado. La película está basada en una novela con cierto toque experimental de Percival Everett, que no he leído. Y después de ver la película,… sinceramente no me han quedado muchas ganas de hacerlo. Lo que me ha llamado la atención es que es una novela de hace más de 20 años, a pesar de que trata temas que parecen estar hoy en día mucho más en boga.

El protagonista Thelonious «Monk» Ellison (Jeffrey Wright) es un escritor y académico universitario, afroamericano, erudito, que cuida su nivel literario, y que ha conocido con sus novelas un moderado éxito. Pero que choca contra las generaciones más jóvenes y su sentido de lo políticamente correcto. Tiene algunos problemas familiares, con una madre que empieza con una demencia, un hermano que se divorcia al salir involuntariamente del armario y una hermana médica que está hasta las narices de ser la cuidadora de la familia por ser mujer y médica. Y de repente se encuentra con que quien tiene éxito literariamente en la literatura afroamericana es una escritora (Issa Rae), cuyo nivel literario es muy bajo, pero todos, crítica y público, alaban por ser muy representativo de lo que es la cultura negra. Así que decide escribir, bajo pseudónimo como broma, una novela en el mismo estilo, una novela que el mismo desprecia… y que se convierte en un inesperado éxito de público y crítica, ante su atónica mirada, mientras su vida familiar y de relación se complica.

La película pretende ser una sátira, una crítica más o menos ácida, a los convencionalismos que rodean la cultura de los políticamente correcto, por un lado, y de lo que es ser o no ser, una escritor «negro», o qué es la literatura «negra». Frente a la propuesta del escritor de ficción, y supongo que del escritor real y el director de la película, que se preocupan por el fondo, sin renunciar a mantener un buen nivel literario, la moda es admitir lo que en su forma parece «negro», por superficial que sea en su fondo, o por ínfima que sea su calidad literaria. La película, en mi opinión, lo consigue… a ratos. Es una película bien hecha en sus aspectos formales, bien interpretada, pero que no acaba de resonar en mí, probablemente por ser una realidad que no vivimos en España, aunque haya algunos otros fenómenos similares, aunque probablemente no tan acusados. Para colmo, en sus tramo final, más allá de la intertextualidad general del argumento, abraza también la metaficción, al convertirse en una obra autorreferente, ofreciéndonos un final indefinido mientras asistimos a cómo va a ser la adaptación de la novela de ficción al cine, en una vuelta de tuerca más de la sátira.

Si estás suscrito de una forma u otra a Prime Video, creo que puede ser una película recomendable. Si al final no os gusta… has perdido un rato, poco más. Seguro que todos hemos perdido el tiempo, o lo hemos gastado, en cosas mucho peores. Pero tiene sus valores. Me parece excesivo el número de candidaturas que tenía a los Oscar… pero bueno… los Oscar es algo muy americano… Y por otro lado, no dejaría de tener gracia que su inclusión en los premios estuviera debida a las mismas cuestiones que la película satiriza. En los Oscar ha tenido un moderado éxito con ese premio al guion adaptado. Pero en la temporada de premios ha conseguido algún que otro éxito en algunos festivales y algunos premios de la crítica en algunas de las grandes ciudades estadounidenses o canadienses.

Nota: Al protagonista le llaman familiarmente «Monk». Esto es un juego de palabras con su nombre de pila, Thelonious, ya que Thelonious Monk es un célebre pianista de jazz, muy asociado al bebop, aunque su carrera abarca un lapso de tiempo suficientemente amplio como para abarcar una diversidad de estilos.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***