Como ya he comentado en alguna ocasión, me gusta llevar encima alguna cámara de fotos con película, generalmente negativos en color, aunque no exclusivamente, que me sirva como bloc de notas, como cuaderno de apuntes fotográficos. Y las de hoy corresponden a las primeras semanas de febrero. Nada especial, pero quedaron bien. Creo.
Hoy traigo dos series muy muy distintas. Una es documental y habla de la historia. La otra es ficción y habla de la historia… alternativa. Tras la excelente ucronía que nos ofreció Amazon Prime Video estos años atrás, ahora es Apple TV la que nos propone otra… cuando menos curiosa.
En un mundo tan patriarcal como el Japón tradicional, poco papel parecen tener las mujeres. Pero aun así, en los conflictos que narra la serie documental que traigo hoy, lo tuvieron y fue importante. Como la señora Nene [ねね], esposa principal de Toyotomi Hideyoshi, que sobrevivió a estos tiempos, se llevaba bien con Tokugawa Ieyasu. Y terminó en sus días en un templo en Kioto, que no pudimos visitar porque se nos hizo tarde y cerró, no lejos de donde está hecha la foto, por donde también está también la calle que lleva su nombre [ねねの道].
Empecemos por la serie documental de Netflix, Age of samurai: battle for Japan. Japón sufrió un amplio periodo de inestabilidad política y de numerosos conflictos bélicos entre señores feudales entre 1467 y 1615, denominado período Sengoku, o de los estados en guerra. La serie narra las fases finales de dicho período, entre 1560 cuando Oda Nobunaga se alza como un poder emergente, con la colaboración de Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu, hasta 1615, cuando muerto Hideyoshi, Ieayasu elimina a los últimos restos de su clan en el sitio al castillo de Osaka y deja pacificado el país durante 250 años, con la implantación del shogunato Tokugawa que da lugar al período Edo de la historia del país. La serie está realizada en forma de docudrama, en la que una serie de actores y extras encarnan a los personajes de la historia, en sus interacciones y batallas, mientras un locutor va narrando los hechos, con interrupciones de vez en cuando para que expertos en historia, tanto japoneses como occidentales, van dando su interpretación a los principales sucesos. En general, la serie es entretenida y, en lo que a mí se me alcanza, precisa, aunque uno percibe que hay partes de la historia que se soslayan, quizá por considerarlas secundarias a la historia central. Así los hechos narrados se centran en las acciones de los principales protagonistas de la historia, y en la invasión de Corea. Lo más criticable quizá sea el uso de un lenguaje sensacionalista a la hora de la narración, así como la constante repetición de decapitaciones, seppuku, y alguna escena de sexo con desnudos femeninos parciales que vienen poco al cuento. También faltan localizaciones reales. Se prefiere usar mucha escena en bosques y algunos interiores de construcciones de estilo japonés indefinida a mostrar las localizaciones tal y como se encuentran en la actualidad. Es muy entretenida, razonable precisa, aunque mejorable en su tono sensacionalista.
Pero también es importante el castillo de Osaka. Que en su versión de la época quedó destruido en el sitio que sufrió en 1516, con el que terminó la época de guerras, y en el que murieron el Hidetori, el hijo de Toyotomi Hideyoshi, y su madre, concubina del anterior, la señora Chacha [茶々]. Y es que esta, que conspiró a favor de su hijo… no se llevaba bien con el shogun Tokugawa como la señora Nene… y le costó la vida.
For all mankind es una ucronía que se puede ver en Apple TV. Ahora están emitiendo semana a semana la segunda temporada. Pero yo de momento he visto sólo la primera temporada. El punto en el que la historia que se cuenta diverge de la historia real de la segunda mitad del siglo XX es cuando en junio de 1969, un mes después de que el modulo lunar del Apollo 10 volase a algo más de 15 km sobre la superficie lunar, y un mes antes de que el Apollo 11 realizase el primer alunizaje sobre el satélite terrestre, una nave tripulada soviética toca tierra en la Luna y es un soviético el primer hombre en pisar la luna. La serie marca más diferencias todavía cuando poco después, una mujer soviética es la primera mujer en pisar la luna. A partir de ahí, se genera una historia alternativa en la que las prioridades políticas cambian, se inicia una carrera por establecer bases habitadas de forma permanente en la luna, y la NASA permite la entrada en el programa espacial de mujeres, con fines propagandísticos, unos cuantos años antes de que tal cosa sucedieran en realidad.
La serie no es perfecta en absoluto. Tiene algunas cosas excesivamente inverosímiles. Digamos que el universo alternativo es demasiado parecido al nuestro como para tragar determinadas cuestiones de los «políticamente correcto». Pero más allá de eso es una serie correctamente realizada, correctamente interpretada, con personajes suficientemente empáticos como para que te importe lo que pasa, y en suma… bastante entretenida. Con lo cual, para mí ya está bien.
El domingo pasado llegó la primavera. Y este domingo se nota. Ya desde mediados de semana empezaron a subir las temperaturas. Así que las flores de los cerezos ornamentales del Parque Grande de Zaragoza, que el lunes apenas habían asomado media docena entre todos los arbolitos (les falta mucho por crecer), este domingo ya habían reventado en mayor número. Aunque aun quedan muchas por hacerlo. Las sakura de los japoneses… incluso había una pareja haciendo su hanami particular, desayunando en la hierba junto a los cerecitos. Quizá ella tuviera rasgos orientales,… pero con la cosa de las máscaras y estas cosas… El caso es que ya he dedicado un par de ratos a hacer fotografías. Este año, además, han plantado unos narcisos y unos tulipanes muy vistosos en las riberas de una pequeña acequia que atraviesa el parque en el paseo de los Bearneses. Cuando he llegado era pronto y estábamos cuatro gatos. Pero cuando me iba, aquello era una invasión humana de proporciones considerables.
Así pues, ilustraré esta entrada sobre los últimos libros de fotografía que me han llegado con algunas fotografías de «sakura», tulipanes y narcisos,… y así me quedará muy primaveral. Pero vamos con los libros que es a lo que iba en principio.
Hace unas semanas leí sobre la publicación de un libro de la fotógrafa norteamericana Deanna Templeton, titulado What She Said. Un libro de fotografías no actuales. Más bien un álbum de fotografías personales de sus tiempos de adolescente en los años ochenta, en el que además de fotografías propias y de sus amigas (y también algún chico) adolescentes, encontramos todo tipo de recortes, panfletos, cartas, entradas de conciertos… y todo tipo de recuerdos que una persona puede recopilar por las memorias que le aportan. Me pareció curioso, interesante. Pero en ese momento no me atrajo su compra. Pero…
Unos días después me enteré que el fotógrafo Alec Soth (instagram), un autor que me gusta mucho, había abierto un canal en Youtube y que lo estaban recomendando mucho. Así que me fui a el y vi el vídeo más reciente que había publicado. Y,… ¿a que no sabéis de qué libro estaba hablando? Efectivamente. Del álbum de fotografías de adolescencia de Templeton. Os pongo el vídeo.
Después de escuchar el comentario de Soth, ya no me cupo la menor duda, tenía que tener ese libro. Y lo pedí. Y me llegó enseguida. Y llevo varios días con él. Porque no se trata de ver y mirar las fotos solamente. Todos los textos, todos los recortes, todas las entradas, todos los folletos reproducidos tienen su historia y su interés. Un mirada íntima, profunda y sincera al mundo de la adolescencia. Dura en ocasión. Muy dura. Y tierna y esperanzadora en otras.
Por otro lado, me ha llegado un nuevo trío de cuadernos de la colección Field Notes de la editorial británica Another Place Press, que ha remodelado su página web. Normalmente estas remodelaciones me hacen temblar… pero en esta ocasión parece que ha sido para bien. Todavía es más claro y sencillo el proceso de localización y compra de la publicación que te interesa. Si os interesan estos cuadernos, están todos en la sección Zines.
El número 022 es de Casey Bennett, fotógrafo canadiense de la Columbia Británica, con su cuaderno Singing Their Weird Song, una exploración de una pequeña isla pantanosa, en el centro de la ciudad de algo menos de 10 hectáreas, protegida por ser santuario de fauna local. El proyecto surgió entre los paseos cotidianos durante el periodo de confinamiento por la pandemia actualmente en curso.
El número 023 también llega desde Canadá, de Saskatchewan, de la mano de la fotógrafa Vera Saltzman (instagram), que se ha fijado en los vistosos silos de grano que flanquean las líneas ferroviarias del lugar, cada vez más en desuso, y que quedan como arqueología agrícola moderna, reflejo de una época. El nombre del cuaderno… The Elevators. Me encantan este tipo de fotos.
El número 024 es el más misterioso, porque no se acompaña de mucha información, por lo que queda al criterio del lector de las fotografías otorgarles parte de su significado. Realizado por el fotógrafo polaco Adam Wilkoszarski (instagram). Es en esta red social donde encontramos las claves a estos paisajes desérticos, salpicados de desechos, y en los que de vez en cuando vislumbramos edificios en estado de mayor o menor abandono. Todo indica que las fotos de When The Dust Settles proceden de las zonas limítrofes del estado de Israel, fronteras siempre complejas y conflictivas.
Sigo probando cosas con la cámara llegó recientemente a mis manos. En esta ocasión, con un teleobjetivo corto, una focal de 90 mm, cuyo correcto funcionamiento con la cámara quería comprobar. Los detalles técnicos los podéis encontrar en Segunda ronda con la Leica M6; con el Leitz Elmar-C 90/4.
Por lo demás, tranquilo paseo de seis kilómetros el domingo por la mañana, atravesando el centro de Zaragoza, antes de comer un picoteo con queso, paleta ibérica, y otras delicatessen.
Última novela publicada en castellano de la prolífica escritora estadounidense Joyce Carol Oates, una autora que entró en su momento con firmeza en mi lista de autores preferidos, y de momento no me arrepiento en absoluto. Aunque es mucho lo que se puede leer de la escritora nacida en el norte del estado de Nueva York, que ha entrado ya en los ochenta y tantos, pero que parece bastante en forma. Insistiendo en sus temas habituales. Escritora claramente feminista, crítica con la sociedad patriarcal, no descarga sin embargo de responsabilidad a las mujeres que protagonizan sus obras de su propio destino. La cuestión de la identidad personal también está presente. No obstante, eso no impide que sus obras sean diversas en estilo, en extensión y en contenidos. No le importan entrar en temas escabrosos. Y no es infrecuente que durante las lecturas de sus obras tengas que detenerte un tiempo para asimilar lo leído, puesto que hay momentos duros o intensos de los que pueden conmocionar.
Las comunidades estadounidenses de las orillas del Niágara sólo las he visto en la distancia, desde la orilla canadiense del río con sus famosas cataratas. Pero la ficticia ciudad de South Niagara no debe de andar muy lejos de la real Niagara Falls, y la ficticia Port Oriskany no debe ser muy distinta de la real Lockport, lugar de nacimiento de la autora de esta novela.
En cualquier caso, he leído 8 de sus libros, de los que uno es una colección de relatos cortos, dos son novelas cortas, una es una biografía muy sui generis, y el resto novelas de cierta extensión y profundidad. Incluyo entre estas últimas la última publicada en castellano y la última que he leído, que es la que traigo aquí hoy. Como otras de sus novelas, la acción transcurre en el estado de Nueva York, especialmente en el norte, en ciudades en la frontera con Canadá o próximas a ella. Es el lugar donde nació la autora. Entre las comunidades de origen irlandés católico, Violet Rue es la más hija más joven de una familia de siete hermanos. Aparentemente la preferida de su padre, y con una madre prematuramente avejentada y amargada, una serie de situaciones provocadas por sus dos hermanos mayores en los que muere un joven de diecisiete años, negro y brillante en los estudios y los deportes, de la población. Estos acabarán en la cárcel porque, tras un incidente violento con el más joven de los dos mayores, declarará en la enfermería de su colegio la participación de sus hermanos en la muerte del joven. Y eso hará que la niña de 12 años sea expulsada de la familia, enviada con otros parientes, por «rata» (el título original en inglés es My life as a rat), que es el apelativo que dan a los delatores, a los chivatos.
Nuevamente, Oates escribe una novela profundamente social, en la que hay un entorno sociofamiliar muy determinado, condicionado por unas tradiciones, por la incultura, por la religión, en la que una joven, una niña de 12 años al empezar la novela, una mujer joven de 26 al final de la misma, ha de pelear intensamente por encontrar su lugar en el mundo, una vez que se ve expulsada del entorno en el que a los 12 años alguien puede sentirse seguro, su propia familia. Se exploran diversos temas. La violencia intrafamiliar, el acoso o el abuso sexual a menores, las relaciones tóxicas con hombres aparentemente exitosos, la violación,… pero sobretodo, constantemente estamos ante la carencia de una identidad definida en una joven que ha perdido sus referentes, sin ser capaz de aferrarse a otros. Es característico, representativo, y condiciona mucho de lo que le pasa, que se ve a si misma como escasamente atractiva físicamente, cuando constantemente se ve sometida a los riesgos del deseo sexual que despierta en los hombres que la rodean. Por lo que estamos ante una joven con una visión deformada de sí misma, no sólo en lo físico, también en sus capacidades intelectuales o morales, por su condición de expulsada de su propia familia.
No es la novela que más me ha gustado de las que he leído de la autora, pero está muy bien escrita, y aunque bastante predecible en lo que se refiere a su resolución final, es razonablemente recomendable.
Os hablaba el lunes de la única serie que concibió el director de cine de animación japonés Kon Satoshi (recordemos que en los nombres japoneses, el apellido va por delante). Y hoy voy con la película de este director que vi por primera vez, y en pantalla grande, el pasado jueves en un evento especial en un cine de Zaragoza. Hace algo más de un año, antes de los confinamientos por la pandemia de covid-19, ya pudimos ver en un evento similar la más famosa y alabada de las películas de Kon. Y lo cierto es que esperábamos que siguieran estos eventos con el resto de su filmografía que, lamentablemente, no es muy extensa. Cuatro largometrajes. De los que, antes del evento de enero del año pasado, sólo había visto tres en televisión, y ninguno en pantalla grande. Coincide que la película del pasado jueves es la única que nunca había visto del director, ni en televisión ni, por supuesto, en pantalla grande. Así que estreno para mí, 20 años después de su estrenos en festivales. En España nunca se estrenó en cines, fue directa a DVD, y sólo se ha podido ver en eventos especiales en salas de cine, y la versión digitalizada en 4K actual es una celebración de ese vigésimo aniversario. De momento no parece anunciada la programación del resto de las películas de Kon, en forma de ciclo.
He elegido unas cuantas fotos de Arashiyama en Kioto, porque al final del famoso bosque de bambúes es posible visitar la casa del actor de cine de época Ōkōchi Sansō, y de alguna forma, en la película de hoy, la casa donde vive retirada la actriz protagonista me la recordó.
La película nos cuenta cómo un director de documentales, junto con su videógrafo, se dirige al lugar donde vive retirada desde hace 30 años, alejada del mundo, la actriz Fujiwara Chiyoko. La que durante décadas fue una de las reinas de la pantalla, desapareció de repente, y Fujiwara quiere resolver el misterio de lo que pasó, al mismo tiempo que le entrega un objeto que encontró y que le pertenece, una pequeña llave… que es la clave para entender la vida de la actriz de los mil años. Porque a partir del momento en que le entrega la llave, la actriz le cuenta su vida de una forma absolutamente apasionante.
Por la película es realmente apasionante, divertida, emocionante, trepidante en algunos momentos. Al más puro estilo de Kon, constantemente mezcla la realidad con la ficción de las películas de la actriz. La vida de la actriz se enmarca entre dos famosos seísmos, el primero de ellos identificado claramente como el Gran terremoto de Kanto de 1923, día en el que nació, y menos claramente identificado, al final de su vida el Gran terremoto de Hanshin-Awaji o de Kobe de 1995. Ya digo que no creo que este último esté claramente mencionado, pero es el evento más famoso de este tipo en aquella época, y que marcó el imaginario nipón en cuestiones de catástrofes, hasta el Terremoto y tsunami de Tōhoku en 2011, con la catástrofe nuclear añadida. Al principio de su adolescencia, en la convulsa época de los años 30, dos eventos marcan su vida. Su encuentro con un joven pintor que huye de la infame kenpeitai por sus ideas políticas, que le entrega una llave y del que se enamora, y la propuesta de un estudio para debutar como actriz, lo cual acepta como forma de salir a buscar al pintor a Manchuria. El resto de su vida, hasta su retirada como actriz se ve marcada por estos dos sucesos. Por un lado la búsqueda del pintor, que adquiere caracteres dramáticos en los peores años de la represión durante las guerras de finales de los 30 contra China y contra el mundo en los 40; por otro lado, su prolífico trabajo como actriz interpretando heroínas en todo tipo de papeles y películas, películas que abarcan la historia de Japón desde la época Heian hasta la conquista espacial, pasando por el cine de samuráis o de monstruos tipo Godzilla. Mil años de historia, que dan origen al título, junto con la maldición de cierta bruja de ficción, y que además coinciden con el cambio del milenio durante la realización y el estreno de la película.
Mucho más sencilla de entender que otras películas de Kon Satoshi, conserva no obstante el sello del director. La constante mezcla de escenas de la realidad, con las escenas de sus películas, abren la puerta a una riqueza visual y conceptual impresionante, junto con una acción trepidante en la búsqueda de la actriz de su pintor amado. La diversión está asegurada. Y también la emoción, por las traiciones, por las fidelidades, por los sentimientos puestos en marcha… y especialmente ese cierre final tan espléndido, esa cita final «だって私…あの人を追いかけてる私が好きなんだもの。» [«Porque yo… lo que realmente he amado ha sido la búsqueda»]. Hay quien la ha incluido en listado de las 10 películas de animación que todo aficionado al cine debe ver. Y aunque eso es opinable porque hay mucho donde elegir, tampoco diría yo que no tuviese un lugar digno en esa decena de obras de referencia.
Fujiwara Chiyoko es una actriz ficticia. Los listos de la cosa dicen que está basada en dos actrices reales. A una la conozco, Hara Setsuko, por interpretar a las distintas Noriko de la denominada «trilogía de Noriko» de Ozu Yasujirō. Tres películas independientes entre sí, de la posguerra mundial, en las que Hara interpretaba tres personajes distintos, tres mujeres modernas de la época, de nombre Noriko, que asumían los valores positivos de la tradición nipona al mismo tiempo que se incorporaban a la modernidad como mujeres trabajadoras y que toman sus propias decisiones. La otra es Takamine Hideko, que no recuerdo haberla visto en ninguna película, aunque tiene una filmografía muy extensa. Ambas nacieron a principios de los años 20, ambas se retiraron en los años 70 mucho antes de su muerte y siendo relativamente jóvenes. Y entre las dos rodaron todo tipo de películas abarcando toda la gama que aparece en la película de Kon.
Concluyendo, creo que mi opinión se deduce fácilmente de lo comentado hasta ahora. La película es muy divertida, muy entretenida. Como además no es muy larga, no llega a los 90 minutos, se te pasa en un vuelo. Es emocionante, empatizas con los caracteres. Es un homenaje al cine enorme, que cualquier aficionado al cine agradecerá. Y además tenemos la estupenda animación de Kon Satoshi en su versión más asequible a todos los públicos. Totalmente recomendable.
A finales del mes de febrero he llevado encima mi Leica M2, una de las cámaras a la que tengo más cariño con un rollo de película negativa en color. Pero de este rollo de película negativa en color no estoy demasiado satisfecho. Porque cometí un error sistemático al exponer todo el rollo. Igual le tengo que dar una vuelta de nuevo…
En las últimas semanas he procurado agrupar las series que comentaba bajo algún criterio más o menos coherente. Saltándome para ello en alguna ocasión el orden en las que las había visto o terminado de ver. En esta ocasión me ceñiré al orden cronológico. De las que tengo pendientes de comentar, estas son las series que antes finalicé de ver. Una me llevo mi tiempo, la otra fue cosa de un fin de semana. Me explicaré enseguida. Vayamos con lo más sencillo de comentar.
Recientemente se estrenó en Netflix la segunda temporada de la surcoreana Joahamyeon Ullineun [좋아하면 울리는, avisa si a alguien le gusto o algo así], popularmente conocida en el resto del mundo como Love Alarm. La primera temporada, que nos hablaba de los amoríos de instituto que desembocaron en que un joven desarrollara una applicación para los móviles que avisa de que a alguien en un radio de 10 m le gusta el portador/a del móvil, y a los problemas que esto trajo para la protagonista, Kim Jojo, interpretada por Kim So-Hyun, una estrella joven en ascenso dentro de la televisión y el cine coreanos. Terminaba en un notable cliffhanger, que demostraba que en el más puro triángulo rectángulo, la joven hipotenusa era pretendida por dos apuestos catetos, uno de ellos con novia oficial, mientras que una modificación en su móvil impedía que nadie pudiera hacer saltar la alarma en el mismo. Habían sido ocho episodios con una historia, aunque serias deficiencias en la interpretación. No entiendo porqué la actriz esta, más allá de que sea más o menos monilla, sea un valor en alza en la interpretación. Porque lo que en la primera temporada era un razonable acierto de reparto, que prometía a pesar de sus limitaciones, en la segunda se ha convertido en un lastre de inexpresividad, empeorado por el hecho de que los giros argumentales debidos a las innovaciones en la trama, se habían convertido en la mínima tensión de un triángulo amoroso, tópico, mal desarrollado y mal interpretado, también por las limitaciones de los dos catetos. Supongo que estaba prevista otra tanda de ocho episodios para completar los 16 tradicionales de las series surcoreanas. Pero imagino que la pandemia a impuesto restricciones en los rodajes, y se han quedado en seis. Que como son de poco más de 40 minutos en lugar de los 60 a 80 tradicionales de las series coreanas,… sirvió para liquidarla en un fin de semana. Una serie que va a la baja, y cuya valoración final, para mí… es que no vale mucho la pena.
Hoy, Tokio,… claro.
Pero mucho más interés despertó para mí Paranoia Agent, título internacional, o sea, en inglés, de la serie de animación Mōsō Dairinin [妄想代理人, agente delirante]. Es razonable, la traducción del título, en esta ocasión. Lo que me atrajo de esta serie de 13 episodios de media hora de duración que se puede ver en Filmin es que es la única serie que salió de la privilegiada creatividad del director japonés Kon Satoshi, prematuramente fallecido a los 46 años, tras una larga enfermedad (eufemismo tradicional para (no) decir cáncer), que en realidad no duro mucho. La cosa fue rápida. Kon es considerado uno de los genios de la animación mundial. Pero no dejó una obra extensa, además de participar como director en algunos episodios de series creadas por otros, y algunos cortos, rodó cuatro largometrajes y creó una serie, la que hoy nos ocupa. Hasta hace unas semanas, yo sólo había visto tres de sus películas en televisión, una de ellas también en la gran pantalla, hace poco más de un año en un evento especial. Con la visualización de esta serie, y la de la película que me faltaba en otro evento especial, la semana pasada, ya he visto todo lo que define a Kon como autor. Y realmente, sí, opino que es uno de los grandes, de la animación, y del cine en general. De la película que vi la semana pasada hablaré pronto.
En cuanto a la serie que nos ocupa, se nota por su factura, sus temas y su argumento que ha salido de la cabeza de Kon. Especialmente, por la mezcla del mundo real y mundos que pueden estar en la fantasía, en lo onírico o en la mente de las personas. Qué vamos a decir si en el título de la serie, tanto en el internacional como en el japonés, aparecen conceptos como paranoia o delirio. La trama circula alrededor de unos ataques que se producen en el distrito de Mushashino en Tokio, en los que un joven que se mueve sobre patines en línea a gran velocidad, agrede con un bate de beisbol doblado a personas que quedan gravemente heridas. Y todas estas personas, antes de la agresión, se encuentran en una situación altamente estresante y con sensación de estar en su vida en un callejón sin salida. La primera de las agredidas es una diseñadora gráfica joven, que tras conseguir el éxito con un personaje con forma de perrito, se encuentra presionada para repetir este éxito con otras creaciones. Pronto comprobaremos que es un personaje central y no meramente la primera de la lista entre los agredidos. Y también tienen un papel central los dos policías que se encargan en principio de caso, sin éxito.
La serie no es sencilla. Está llena de simbología diversa, y a partir del episodio 5 empieza a incluir elementos procedentes de los distintos puntos de vista de los implicados, entrando en el mundo de la fantasía… o de las ideas delirantes. Por lo tanto, quedan como dominantes tres grandes temas. El sentido de culpa que puede surgir cuando alguien mete la pata hasta dentro hasta dentro; la sociedad actual que arrincona a las personas, las estresa y las lleva al extremo con grandes dosis de despersonalización; y el trastorno mental delirante. No me atrevo a decir que sea una serie para todos los públicos, porque no lo es, desde luego no para un público infantil, pero creo que es obligada para los amantes de la animación y del cine/audiovisual en general.
Con el fin del invierno, el sol, en su recorrido por la bóveda celeste, ya lleva la suficiente altura durante un ratito para iluminar mi balcón… que está orientado al norte. De momento es poquito rato. Media hora o así. Por lo que he vuelto a hacer cianotipias. Por que sin los rayos ultravioletas del sol… no es posible.
Eso sí… sólo me da tiempo a hacer dos en cada mañana. Conforme avance la primavera, y especialmente en verano, el tiempo de insolación aumentará y habrá más posibilidades de pensar mejor lo que hago. Aunque no me quejo de mis primeras cianotipias del año.
Hace un poco más de un mes terminé de ver el ciclo de películas del director chino Wong Kar-wai, que se proyectaron en uno de los cines de Zaragoza desde principios de año. Siete películas en siete martes consecutivos, que abarcan su periodo más hongkonés desde su primer largometraje en 1988 hasta el octavo de su carrera en 2004. Es un ciclo de películas que se está distribuyendo por todo el mundo, en las que se restauraron los originales y se digitalizaron a una resolución 4K. Sólo una de las películas que rodó en ese periodo de tiempo no está incluida en el ciclo. Fue un wuxia que rodó en 1994, que recibió el título en inglés de Ashes of time, siendo su título original en mandarín/cantonés Dōng Xié, Xī Dú/Dung1 Ce4 Sai1 Duk6 東邪西毒. Como de costumbre, nada que ver el título original con el «internacional» en inglés, ya que entre el «mal del este, veneno del oeste» y «cenizas del tiempo» no hay mucho en común.
Como las últimas películas que he repasado del director incluyen el «wuxia», y de alguna forma nos llevan al pasado de China, ilustraré la entrada con un paseo por la tumba del emperador Ming en Nanking.
Para no liarnos mucho… utilizaré en el resto de la entrada los títulos «internacionales», o sea, en inglés. El caso es que desde hace ya un tiempo que me apetecía hacer una entrada de resumen sobre mis impresiones del cine de este director chino, que ha desarrollado buena parte de su carrera en Hong Kong.
Hay que decir una cosa. Si en el periodo mencionado fue un director relativamente prolífico, ocho películas en 16 años da una película cada dos años, desde entonces y hasta la fecha sólo ha rodado dos largometrajes más. No es que haya permanecido inactivo. Pero ha estado en otro ámbitos como la publicidad, los videos musicales o los cortometrajes. Ambos largometrajes, My Blueberry Nights y The Grandmaster, los vi en su momento en las salas de cine. Por lo que sólo me quedaba sin conocer el mencionado wuxia de los años 90. Durante las semanas que han pasado desde que termino el ciclo de películas en las salas de cine hasta hace unos días, me he dedicado a encontrar la forma de ver la película que me faltaba antes de escribir este resumen. Al final, lo conseguí. Y ahora ya puedo decir que he visto todo el cine. Como ya he comentado en semanas pasadas las películas del ciclo, voy a hacer un breve de las otras tres.
My Blueberry Nights (mis impresiones en su momento) es su primera película, y creo que única entre los largometrajes, rodada integramente en inglés y con un diagnóstico, de cierto prestigio, de intérpretes norteamericanos y británicos. Norah Jones, Jude Law, Natalie Portman, David Strathairn, Rachel Weisz, Cat Power,… una mezcla de cantantes y actores. Con la peculiaridad de que su protagonista era una Norah Jones que estaba pegando fuerte en el mundo de la música, y que pretendía dar frescura y aire diferente a la película. En su momento me gustó mucho, aunque probablemente ahora la vería con una visión más crítica. Probablemente ahora quede simplemente como una «obra menor» del director. Sus temas no se desviaban mucho de los que había presentado, estaba impecablemente rodada, sus intérpretes lo hacían bien, pero comparada con sus anteriores obras, resulta que le falta la profundidad que aquellas ofrecía. Especialmente las más maduras.
Con The Grandmaster (mis impresiones en su momento) estamos en otra historia. Un wuxia de alto presupuesto basado en el maestro de las artes marciales Ip Man, rodado en mandarín y cantonés, con aspiraciones a conquistar el mercado mundial. Entre sus grandes atractivos está su pareja protagonista, Tony Leung y Zhang Ziyi, que tan buen sabor de boca nos dejaron con sus interacciones en 2046. Bien interpretada, con la magistral dirección de Wong… a mí me aburre soberanamente. La he intentado volver a ver en Filmin… y no la he terminado. Cosas que pasan.
Y debo hacer un comentario sobre Ashes of time, que he visto en su versión redux de 2008, ya que el material original con el que se rodó sufrió algunos percances y en esa fecha la remontaron y restauraron. Siendo también un wuxia, pero esta vez de una época antigua, casi legendaria, ya que está basada en una popular novela sobre el tema, temía que no me atrajese gran cosa. Pero reconozco que me enganchó y me intrigó. Con un notable reparto en el que encontramos muchos de los nombres que aparecen en sus películas de la época hongkonesa, Brigitte Lin, Leslie Cheung, Maggie Cheung, Tony Leung, Carina Lau, entre otros, estamos ante una película dividida en episodios sobre un asesino que intermedia en el límite del desierto con las personas que buscan contratar a otros asesinos. Y todos estos cargan sobre sí sus propios dramas y conflictos. Alguien la ha definido como una película distópica de ambiente postapocalíptico, pero que en lugar de estar ambientada en un futuro, está ambientada en un pasado indefinido. No es fácil de ver, pero creo que muchos cinéfilos la disfrutarán.
Y a partir de aquí… ¿cuáles son mis preferidas de entre las diez películas del director?
Hay cuatro películas que para mí destacan por encima de las otras. Y son, según mi orden de preferencia, In the mood for love, 2046 y Chunkgking Expressex-aequo, y Happy Together. Estas cuatro películas, desde mi punto de vista están en un nivel superior, y están entre el mejor cine que podría seleccionar del que he visto a lo largo de mi vida. Todos ellos tienen profundidad, una factura impecable, con más o menos medios, interpretaciones de primer orden, caracteres que te importan, con los que sufres y/o te alegras, y te cuentan una historia que trasciende la película. Es lo más que le puedes pedir al arte cinematográfico. Son películas que me apetece ver regularmente de nuevo. Que si dentro de un año me las ofrecieran de nuevo en una gran pantalla, me iría de cabeza.
En un segundo nivel están películas que reúnen muchas de las características de las anteriores, pero que no están tan redondas. Que no me importaría ver de nuevo, pero que no llegan a la emoción de las anteriores. Son, también por orden, Days of being wild, Ashes of time y Fallen angels.
Finalmente quedan las tres películas que a mí… me dicen menos. As tears goes by es una película con indudables méritos para ser una ópera prima, pero no deja de ser una película de pandilleros con una historia de amor relativamente convencional entre medio. Majeta, pero ya está. Aunque en ella el director apuntaba maneras y a base de bien. My blueberry nights es una película que me resultó simpática y de la que guardo buen recuerdo… pero ya está. Está un poco al margen de todo lo anterior. Y The Grandmaster… pues me pasa como con las películas de mafiosos de Scorsese,… impresionantemente realizada… pero me aburre como una ostra. Es lo que hay.
Animaos a conocer el cine de Wong Kar-wai. Es uno de los grandes autores de la historia del cine. No os dejéis llevar por lo prejuicios del idioma, la cultura o la nacionalidad… que los hay. A ello.
Me han prestado una cámara. Por un tiempo, relativamente, indefinido. Mientras me pienso si me interesa o no. La he probado en un paseo al vuelo, casi improvisado, después de salir de trabajar. Antes de que llegue esa borrasca que anuncian. Y los resultados, de momento son muy buenos. Pero el jurado todavía está deliberando, y pasará tiempo antes de que llegue a una conclusión, sobre mi merece la pena o no la adquisición. Es que no es barata. Y ya tengo algo muy parecido.
Como digo en el encabezado de esta entrada, Minari es una película muy bella. Realmente. Desde muchos puntos de vista. Simplemente, por la forma en que está planteada, rodada, por la belleza de sus sencillos personajes, por la belleza de muchos pequeños detalles… ya merece la pena acercarse a las salas de cine a verla. En versión original, por favor. Es una película bilingüe, coreano e inglés, en la que las transiciones entre los dos idiomas, usados «indistintamente» por la familia protagonista ES importante. Pero también tiene un grave problema. Está repleta de pequeñas inconsecuencias que afectan sobre todo a su tramo final… que a las personas que me acompañaron al cine y a mí… nos dejaron un poco… ¡meh! Incomprensibles para mí. Quizá su comentario desvele parte de su argumento, así que como se dice hoy en día… cuidado… posibles espoilers.
La película ha despertado mucha expectación y ha levantado muchas expectativas. Ayer se anunciaron las candidaturas a los Oscars, y acumula unas cuantas, muy significativas. Muchos dicen que habla del sueño americano… bueno… el que esto escribe no cree que exista el «sueño americano». Es un concepto puramente propagandístico. Desde hace muchas décadas, las posibilidades y probabilidades de ascenso en la escala social son mucho mayores en Europa, especialmente en países con un fuerte desarrollo de estado del bienestar, que en Estados Unidos. Es mucho más importante un acceso los menos inequitativo posible a la educación que el mito del trabajo duro. Si fuera por eso… no tendría interés. Pero si hablamos del desarraigo, de la pérdida de referentes, del riesgo de ruptura de los puentes intergeneracionales,… hay estamos en un tema distinto. Y sobre el cual la película tiene mucho más que decir, y lo dicen. Y lo dice bastante bien. Al fin y al cabo, la planta que da título al film, minari (Oenanthe javanica), actúa como bella metáfora de la capacidad de aguante y la capacidad de echar raíces en un suelo distinto del propio.
Ya que estamos ante una pelíicula familiar, la playa de Haeundae en Busan fue uno de los entornos de ambiente más familiar que encontré en Corea del Sur.
Aunque el director, Lee Isaac Chung, es un inmigrante de segunda generación, es decir, sus padres son nacidos en Corea del Sur, pero él es nacido ya en los Estados Unidos, hace un planteamiento mas frecuente, en mi experiencia, en la ficción asiática que en la occidental. Frente al conocido planteamiento, nudo y desenlace de la narrativa tradicional occidental, estamos ante un fragmento de las vidas de los componentes de la familia Yi. Como curiosidad. Yi es el apellido más frecuente en el mundo, aunque no en Corea, donde es Kim, pero, por esas causas y azares de las transcripciones entre lenguas con distintas grafías, lo podemos encontrar como Yi, I, Li, Lee, Ri, Rhee, y probablemente alguna otra forma de la que no me acuerdo o desconozco. Un fragmento marcado por dos momentos… pero aunque vamos conociendo algunos de los antecedentes de la familia antes de que se establezcan en una región agrícola de Arkansas, nada sabemos sobre lo que pasa después del final de la película. He leído por ahí que hablaban de ella como de un «drama con final feliz»… yo diría que al final de la película le da su director y guionista, inspirado por sus propias vivencias y las de su familia, un tono optimista. Pero bueno… Las ganas que tenemos de finales felices.
El equipo de la película, encabezados por Chung, consigue introducirnos en un ambiente calmado, bello, tranquilo, en el que transcurre el drama de vivir de la familia Yi. Fotografía, banda sonora, sonido, diseño de producción, ambientación, son de muy buen nivel, al mismo que relativamente atemporales. Algunos detalles nos sitúan en los años 80 del siglo XX,… pero podríamos estar en cualquier momento del último medio siglo o más. Muy alto nivel. Pero donde destaca también es en el reparto… y en especial en la dirección de actores. Toda la familia raya a un nivel muy alto. La mayor parte de la crítica se ha fijado en los dos personajes más llamativos. El niño (Alan S. Kim) y la abuela (Youn Yuh-jung). Pero eso es lo fácil. Tienen la parte del guion más jugosa, las interacciones más entrañables y el juego con el sentimentalismo del espectador. No quiero desmerecer el trabajo de ambos intérpretes, pero hay que ajustarlo por las variables mencionadas. La segunda es candidata al Oscar, improbable… pero en un año loco y con determinadas modas y tendencias… cualquier cosa es probable.
También es candidato al Oscar Steven Yeun, el padre de familia. También es un ganador improbable, me parece a mí. Este actor no es nuevo, aunque poco conocido. Se ha dedicado más a la televisión, y en especial a poner voz en películas y series de animación… así que… difícil que sea conocido. Pero quiero destacar que hizo un papel muy interesante en una buenísima película coreana que paso más desapercibida de lo que merecía en su momento, adaptación de un cuento de Haruki Murakami. Y las intérpretes que les toca la peor parte, es decir los papeles menos vistosos, son las otras dos féminas de la familia. De la jovencita Noel Cho, poco se puede decir, pero cumple a la perfección con el papel de hermana mayor, noona, y creo que su trabajo, que pasará totalmente desapercibido, es bastante meritorio. Y luego está la esposa y madre de familia, la estoica mujer no carente de carácter que interpreta Han Yeri. Creo que la primera serie de televisión coreana que vi en Netflix fue Cheongchunsidae [Hello, my twenties!], y además una de las que más me ha convencido. Y allí conocí a esta actriz, que interpretaba a la mayor de las cinco compañeras de piso universitarias cuyas vidas acompañábamos en la serie. También un papel de chica seria y estoica. El caso es que me parece que esta intérprete, en la película que comento, lo borda. Pero la crítica, los comentaristas, la gente en general valora poco los papeles contenidos, poco vistosos, sin grandes frases grandilocuentes. Pero está realmente muy bien.
Y el comentario sobre el papel que hace Han Yeri me da paso a lo de las inconsecuencias que mencionaba al principio. Voy con algunas tonterías. Nos proponen una educación sensata y racional del padre hacia el hijo cuando desecha contratar a un zahorí para encontrar dónde instalar un pozo para obtener agua, fiándose mejor de la observación y lo que la naturaleza nos dicta… lo cual está muy bien… para al final generar un «fracaso» y acabar contratando al zahorí. La rabdomancia de los zahoríes es una pseudociencia, sin base alguna, pura superstición en sí misma… así que maldita la lección que nos da la película.
Otra… la familia, en un momento determinado, está formada por papá y mamá en sus treintaitantos, una hija de 10 u 11 años, sensata pero así de jovencita, y un niño de 4 o 5 años, junto con una anciana en sus 70 y que acaba de sufrir un ictus quedando parcialmente discapacitada en sus movimientos y en su habla. Sabemos que ambos miembros del matrimonio tienen capacidad para conducir un coche. Tienen que llevar al niño pequeño a una revisión cardiológica por una malformación congénita, por lo que se deben desplazar en el coche desde Arkansas a California en un viaje que será largo. ¿Cuál de las dos siguientes opciones elegirían ustedes? a) Uno de los esposos se va con el niño en el coche a California, mientras que el otro se queda tranquilamente en la granja supervisando a la abuela con la ayuda de la sensata y bien dispuesta niña; b) El matrimonio coge el coche y los dos niños y se van todos a California discutiendo sobre el final de su matrimonio, mientras dejan sola a la discapacitada anciana, en un entorno donde los accidentes son posibles. Ya. Lo suponía. Yo también. Pero el guion de esta película dispone lo contrario. Y sí, si algo puede pasar, al final pasa.
Y la última… En un momento dado, la esposa, con miedo por la inseguridad de la situación para la familia, y en especial para sus hijos, anuncia que los coge y se vuelve a Californa, a conseguir un trabajo asalariado que le permita mantener a sus retoños. Y si él quiere ir, vale, pero si no, hasta aquí ha llegado el matrimonio. Unas escenas más adelante,… cuando la calamidad derivada del párrafo anterior se produce… pelillos a la mar, todos contentos y a seguir. ¿De verdad que el futuro de esta familia tal y como se plantea en la película es optimista? Lo dudo. Inconsecuencias. Una cosa es que la ficción soporte cosas basadas en la suspensión parcial de la incredulidad y otra es la incongruencia y la inconsecuencia en lo narrado.
Por todo lo anterior, una película que en su mayor parte iba destinada a las cuatro o las cinco estrellas de mi valoración subjetiva… se queda en tres. Creo que es una película razonablemente recomendable. Tiene muchas cosas muy buenas, muy buenos valores cinematográficos… pero nunca he tenido capacidad para comulgar con ruedas de molino. Una pena.