A principios de esta semana, en mis últimos días de vacaciones, cogí mi nueva Canon EOS RP, le adapté algunos objetivos para Leica M y me fui a caminar largo rato, mientras probaba qué tal iban. Y bien, oye.
La entrada de hoy incluye dos estrenos recientes. Estrenos simultáneos en pantalla grande y en plataforma, Filmin. Y ambos son películas de Terrence Malick. Y ambas fueron rodadas con antelación a la última película de este particular director que pudimos ver. Una película que valoré muy bien, que me gustó mucho, que tenía mucha profundidad, acompañada por las singulares formas narrativas y visuales de este director americano, tan alejado de las convenciones.
Pero Malick no es un director comercial. Precisamente por ese alejamiento del cine más convencional. En su filmografía tiene grandes títulos, incluso obras maestras, pero también películas que pecan de excesivamente estilizadas, otras que están más vacías de mensaje de lo que aparentan y otras que son demasiado crípticas, salvo, supongo, para los iniciados en vaya usted a saber qué ciencias ocultas. Nunca sabes con qué te vas a encontrar. Por ello, hasta estas fechas, en la resaca de los confinamientos por la epidemia de covid-19, no han encontrado camino hasta las pantallas las dos películas que comento hoy.
No sabía muy bien cómo acompañar fotográficamente esta entrada, así que he optado por algunas de las fotos que he ido tomando últimamente por la ciudad con una de mis cámaras más recientes.
La película nos narra la vida y el entorno de un escritor, con amplios contactos en el mundo del cine y el espectáculo, principalmente a través de sus relaciones con una pléyade de mujeres, aunque también de su padre y de algún magnate del mundillo. Dividido en varios capítulos con títulos relacionados con las cartas del tarot, con localizaciones en Los Ángeles y Las Vegas, nos presenta un mundo de lujo y pretensiones, pero que constantemente deja un vacío existencial en el protagonista, que tampoco acaba de encontrar la forma adecuada de tratar con las mujeres con las que se topa, que son de lo más variadas. Desde una stripper a modelos y profesionales de fama y fortuna.
Rodada con el estilo habitual de Malick, grandes angulares, mucho movimiento de cámara en torno a los actores, diálogos a penas audibles, mucha improvisación y muchas horas de rodaje, para luego montar aquellos cortes que el director considera adecuados para contar su historia. Apenas se puede hablar de calidad de interpretación por la naturaleza de la forma de rodar, en los que los intérpretes son el objeto principal del encuadre, pero no podemos decir que existan unos diálogos realmente claros o unas direcciones claras de interpretación; prestan sus cuerpos y ademanes, son vestidos de una determinada forma… y a rodar.
Desde mi punto de vista está lejos de las mejores películas de Malick, pero al menos tiene un sentido, aprecias una evolución en la historia y en los personajes y tiene momentos interesantes en su excesivo metraje, para lo que cuenta. He de decir que los personajes de la película tampoco me interesaron mucho, sentí poca empatía por el protagonista y varios de los personajes secundarios, mientras que me hubiera gustado saber más de otros. Difícil de recomendar por las peculiaridades del cine de Malick.
Con menos retraso, pero aun así hace tres años desde que se estrenó en algún lugar del planeta, llega esta otra película de Malick. Mientras que la anterior la vi en las salas de cine, en esta estaba recién llegado de viaje, algo cansado y opté por verla en la plataforma de vídeo bajo demanda, en Filmin. Eso quizá sea un error con las cualidades visuales del cine de Malick.
El estilo de narración, rodaje, visual y sonoro de la película es totalmente similar al anterior. Sin embargo, en esta ocasión nos trasladamos a algún lugar de Tejas, Austin creo, en el ambiente de la música country del lugar, donde asistimos a una serie de relaciones, triángulo en algún caso entre varios personajes. También con un reparto de postín, con nombres como Rooney Mara, Ryan Gosling, Michael Fassbender, Natalie Portman, Cate Blanchett, y Holly Hunter, entre otros. Diría que el personaje central es el interpretado por Rooney Mara, aunque en los títulos de crédito, ya sabemos como van estas cosas en el mundo del cine, donde se negocia hasta el orden en que aperecen los intérpretes en los carteles, aparece en tercer lugar tras los dos machos. Qué sorpresa.
Cuando empecé a verla me vino a la memoria que hace unos años leí un artículo sobre el proyecto de esta película y el principio de su rodaje. Fue poco después de ver Carol, protagonizada por Blanchett y Mara, y pensé que me haría ilusión verla, después del buen trabajo y la buen química de ambas en aquella excelente película.
Pero nada en esta película funciona conmigo. No engancho ni con la historia, ni con los personajes, ni con nada. Conforme va pasando el rato me voy desenganchando, y al final, las algo más de dos horas que dura el largometraje se me hacen eternas. Salvo que se confirma que Mara y Blanchett son dos actrices elegantes que llenan la pantalla con facilidad… poco más saco en claro de la película, que me supera desde casi el principio.
Difícilmente la puedo recomendar. No sé. Tal vez si la hubiese visto en pantalla grande, el resultado pudiera ser distinto. Aunque lo dudo.
Una ronda de series que están vistas desde antes de mis vacaciones y viaje a Portugal. Son muy diversas. Vamos con ellas.
Lucifer, 5ª temporada,… no sé muy bien cuando saltó el tiburón esta serie que tan buenos momentos nos ha deparado. Pero lo ha saltado. En su segunda ronda de capítulos en Netflix, la serie ha perdido la frescura y el desparpajo que tenía. La ruptura de la tensión sexual no resuelta entre sus dos protagonistas también suele ser un problema; hay muchas series que lidian mal con esta situación. Supongo que seguiremos viendo la serie hasta que culmine. ¿Una temporada más? Supongo. Esperemos que al final le den un buen cierre.
Away, 1ª temporada… y quizá lo sensato es que fuera la última. Porque si algo tengo seguro es que si los miembros de una expedición tripulada a Marte se comportaran como los de esta serie, si los ingenieros de la nave espacial a Marte hicieran un nave como la de esta serie,… el fracaso sería absoluto. Más que ciencia ficción es ciencia aflicción. Nos aflige el bajo nivel científico y técnico de la serie, no voy a entrar en los detalles, nos aflige ver a los protagonistas constantemente afligidos por problemas familiares… ¿para qué coño se van a Marte si no pueden lidiar con lo que pasa en casa? Tripulación modelo «Benetton», de todos los colores, etnias y orientaciones sexuales, ante todo, todo políticamente correcto, con unas interacciones absolutamente ridiculas. Su única virtud es que entretiene un tanto… pero lo que queda en el recuerdo es catastrófico.
Memorias de Idhún, 1ª temporada, es una serie de animación basada en una saga literaria de fantasía con el mismo nombre. Tanto la saga literaria como la serie son de factura nacional, española. Pero las hechuras de la serie de animación se han acomodado al estilo de la animación japonesa… o anime. Palabra japonesa que viene del francés desin animé, por lo que me parece absurdo usarla… pero las cosas son como son. La serie llego a Netflix rodeada de una polémica sobre el nivel del doblaje en español. Al parece se han buscado para el mismo actores conocidos, pero que no son actores de doblaje especializado. Realmente, empecé a ver el primer episodio con el doblaje en castellano, pero inmediatamente cambié al inglés. Catastrófico. Por lo demás… es una serie aceptable, pero sin nada en especial. Entre los anime de verdad, los japoneses, hay productos con temáticas similares mucho más interesantes y mejor hechos.
Bueno, aquí y ahora, en Oporto. Porque las de los «alrededores» están reveladas pero todavía no están digitalizadas. En cualquier caso, quien quiera conocer los detalles y tribulaciones técnicas de la experiencia pueden dirigirse a En Oporto (y más) con Pentax MX + Ilford HP5 Plus 400.
Para los que pasáis de la técnica fotográfica y sólo os interesan las fotos, aquí las dejo.
Me encuentro con que, poco después de mi vuelta de viaje, entre la que vi antes del mismo y las que he visto después, tengo tres películas de estreno para comentar. Una es una aventureta ligera y las otras dos, dos estrenos tardíos de Terrence Malick. Como hoy no tengo la cabeza para comentar películas de Malick, voy con la aventureta ligera. Aunque no sea la película que tengo en espera desde hace más tiempo.
Desde su éxito en la primera temporada de Stranger Things, la adolescente Millie Bobby Brown se ha convertido en un valioso recurso para Netflix a la hora de atraer espectadores. Yo no tengo claro todavía que la niña de aquella primera temporada de la serie de éxito en la plataforma de vídeo bajo demanda se vaya a convertir en una gran actriz. Tampoco tengo claro que no vaya a ser así. Es cierto que aquella niña tenía presencia visual. Pero tampoco se le pedía mucho más desde el punto de vista interpretativo. El caso es que la niña, inglesita nacida en Málaga, y que con sus dieciséis añitos ya no es tan niña, parece que tiene vista para los negocios. Y se fijó en un pastiche literario, producto de una espabilada que se inventó una hermana de Sherlock Holmes para atraer a los lectores adolescentes y, como tantas sagas de libros para este público, susceptible de ser adaptada a la gran pantalla. Y ahí tenemos a la Brown. No sólo como protagonista absoluta del filme, sino como productora. Es decir. Se llevará un porcentaje de taquilla además de lo que haya cobrado. Pensada la película para su estreno en salas, gracias a la pandemia de marras, cayó inmediatamente en las garras de Netflix, ya que se ajusta como anillo al dedo a su estilo. Y ale… a presumir de taquillazo virtual.
Nos daremos un paseo por Londres con Enola, pasando por Baker Street, presunto hogar de su hermano Sherlock, aunque no sale. Parece que ni siquiera ha conocido todavía al Dr. Watson.
Y así tenemos la película dirigida por Harry Bradbeer, director que se mueve más por la televisión, en buenas series, que en las producciones para la gran pantalla. Enola (Brown) es la hermana pequeña de Sherlock (Henry Cavill) y Mycroft Holmes (Sam Claflin), que son mucho más mayores, y vive con su escéntrica madre (Helena Bonham Carter). La repentina desaparición de esta será el mcguffin que llevará a la jovencita a sus primeras aventuras, especialmente protegiendo a un joven lord (Louis Partridge) de un malo de opereta (Burn Gorman) que lo quiere apiolar.
No hagáis mucho caso de los nombre famosos en el reparto. Salen poco y con poca trascendencia. Su creadora decidió que fuese la hermana de Sherlock Holmes, pero lo mismo podría haber sido la hija de Oscar Wilde, la sobrina de Jack el Destripador, la bastarda del príncipe Eduardo o la nieta de las Brönte… cualquier personaje más o menos famoso de la segunda mitad del siglo XIX, cercano al XX. La cuestión era crear un pastiche con una chavalilla aventurera, darle un tono «progre» feminista con sufragistas por medio (lo justo para no molestar a los sectores más conservadores, aunque muy agresivas para el tono familiar de la película), generar un rollete entre adolescentes seudoromántico porque la cosa no pasa de posar una mano sobre otra, y «demostrar» que la chica es tan lista o más que cualquier hombre. Todo ello con una realización correcta, es lo que tienen los británicos, que las películas de época las hacen bien, y unas interpretaciones… normales. Sigo sin decantarme sobre la calidad interpretativa de la Brown. No lo hace mal. Pero tampoco lo hace tan bien. Normal.
¿Es recomendable? Pues oye… si estáis suscritos a Netflix, se deja ver con agrado. Es un poco larga. Más de 120 minutos para contar una historia muy básica en el género de aventuras. Pero siendo en Netflix, aunque suene a herejía a los cinéfilos más talibanes, se puede ver como una miniserie, dividiéndola más o menos en tres episodios de 40 minutos. En este caso, no pasa nada por ello. Y ahora,… temamos por posibles secuelas…
Nota: En los «carteles» virtuales que pone la plataforma para anunciar la película, el rostro de Millie Bobby Brown aparece muy retocado y «embellecido», hasta tal punto que casi no parece ella. Como si una adolescente de quince años necesitara tal cosa. Ahí se viene abajo todo el mensaje presuntamente feminista de la película.
A pesar de los frecuentes bloqueos de lectura que he sufrido a lo largo del año, en estos momentos llevo bastante retraso en el comentario de los que he llevado a buen término. En concreto, aparte del de la entrada de hoy, tengo otros cuatro a la espera de comentario. Así que me tendré que poner las pilas de alguna forma, porque si no, acabaré por olvidarme de lo que tengo que contar sobre ellos.
El fenómeno cultural de las «idols» siempre ha sido de los que más repelús o rechazo me ha causado de la cultura japonesa. Como ya he comentado en alguna ocasión, en Osaka nos encontramos con un grupo de ellas, varias noches, realizando acciones de promoción en Dotonbori.
El libro de hoy es una curiosidad que leí en poco más tiempo de lo que fue el viaje de regreso de mis vacaciones en la isla de la Palma, a finales de agosto. A principios de año, en enero, tuve la ocasión de ver por primera vez en pantalla grande de cine una de las mejores películas de animación que conozco y que ya había visto previamente un par de veces en vídeo. La obra maestra de Kon Satoshi (hoy estoy usando la convención oriental de colocar primero el apellido) se basa, muy libremente, en el libro que comento hoy. Y que tuve la curiosidad de adquirir en su formato electrónico, y en idioma inglés, que yo sepa no está disponible en castellano, por el precio era muy razonable. Pero luego me costó meses encontrar un momento para leerla, había otras cosas que me interesaban más.
Entendámonos. Las premisas de partida de este libro no son de las que normalmente me lleven a leer un libro. Sólo la curiosidad de compararla con la obra cinematográfica de animación me llevó al texto escrito. En principio, la película comparte con la novela en que se basa algunos elementos. La «pop idol» [アイドル, aidoru], cantante japonesa de música pop ligera y de poca calidad, que por su aspecto inocente y aniñado atrae a una pequeña legión de fans, en general maromos entre la treintena y la cuarentena, y que llevada por su propia inquietud y la de la agencia que le representa, quiere dar un giro a su carrera, buscando unas canciones de más calidad y una imagen más adulta. En la película de Kon, la «pop idol» deja su carrera musical por una dedicada a la interpretación. Y esto atrae la atención de uno de sus fans que quiere evitar la pérdida de la inocencia de la joven de 20 años. Lo que pasa es que este fan… es un sociópata.
Las chicas, muchas de ellas adolescentes o poco más; sus fans, señores ya talluditos que podrían ser sus padres. ¿A que sí que da repelús?
El libro difiere de la película de animación en que, mientras esta llevaba la trama por el conflicto psicológico, por la confusión de realidades y por la múltiple interpretación posible de lo narrado, el material escrito es sota, caballo y rey. Y lleva la trama al ámbito del terror gore, con momentos realmente estremecedores por su grafismo… «sangriento». El resultado es muy distino.
Como digo, normalmente, no es un libro que me hubiera interesado y llamado la atención. Pero lo cierto es que no lo pasé mal leyéndolo, me entretuvo. Tiene unas bases argumentales muy simples, pero consigue un tercer acto de acción bastante trepidante, también bastante inverosímil si he de ser sincero, pero muy entretenido. No es especialmente recomendable. Pero tampoco me ha parecido ningún horror más allá del que con intención pretende producir en el lector con su argumento.
Como digo en el encabezado, en mi segunda mitad de vacaciones, he hecho una escapada a la bonita ciudad portuguesa de Oporto. Ya la había visitado hace 22 años, en un viaje más largo que nos llevó desde Valença do Minho en la frontera con Galicia hasta la Lisboa de la Exposición Internacional de 1998. Un viaje que recuerdo con cariño, pero del que conservo una memoria muy selectiva. Hay cosas de aquel viaje de las que me acuerdo mucho y con detalle y de otras que apenas recuerdo. No sé muy bien cómo me funciona la memoria.
Estación de São Bento, Oporto.
En esta ocasión, aunque la posibilidad de volver a la ciudad de la desembocadura del Duero la llevaba en mente desde hace tiempo, la decisión la tomé sobre la marcha, tres días antes de salir de viaje. Estamos en lo que estamos. Y nos dejan entrar en pocos países con facilidad a los españoles en estos momentos. En muy pocos. En la mayor parte de Europa, o hay que autoaislarse unos días al llegar, o llevar certificados con PCR negativas u otros incordios. Así que la cosa era entre Francia, Portugal… o España. Pero sinceramente, después de vivir todo el año en este país,… me cansa. Y mientras pueda… me voy de vacaciones a otro.
Visitando bodegas de vino de Oporto y arte callejero en los parques de la ciudad.
No es que crea que otros países sean mejores o peores. Como decía un amigo, viajando se curan dos graves enfermedades; el nacionalismo y los complejos de inferioridad. Siempre y cuando viajes con los ojos y los oídos abiertos y dispuestos, claro. Otro problema con el turista español por el mundo, y en este viaje me he encontrado con algún ejemplo, es cuando se empeña en que el resto del mundo funcione como está acostumbrado en su pueblo. Y como no es así,… va y se enfada. En fin… Que cansadico estoy de la idiosincrasia nacional…
Plaza de Almeida Garrett, Oporto.
El viaje ha ido bien. El tiempo ha sido bastante más que razonablemente bueno. En los primeros días del otoño siempre es de esperar en esas latitudes de la Península Ibérica algo de lluvia. Bueno… pues tan apenas. No he llegado a abrir el paraguas. Y sólo el último día, en el que se levantó el viento, hube de poner una chaqueta cortavientos. Temperaturas máximas entre 18 y 22 ºC son muy agradables para viajar. El 80 % del tiempo con sol o nubes y claros.
Fachadas pintadas en Costa Nova, ría de Aveiro.
La nota negativa la puso mi afición a la fotografía. El jueves, dos días antes de volver, extravié mi cámara digital, prácticamente nueva, en Aveiro. Me lie con las cosas que llevaba encima, creía que la llevaba dentro de la mochila, y me la dejé en un banco en una parada de autobús. Así que perdí las fotos de cuatro días de viaje. Me quedan los seis rollos de película en blanco y negro que he ido haciendo y que ya he empezado a revelar, y las fotos que hice ese día y al siguiente con el teléfono móvil. Y las dos docenas que subí a redes sociales en los días anteriores. Si lo siento es por las fotos y por el objetivo que llevaba la cámara en ese momento. Un recuerdo que me traje de Tokio en 2014 y que iba muy bien. Ya veremos cómo lo suplo, si lo suplo. Igual que la cámara… que a lo mejor no me molesto en sustituirla… Aunque tenía sus ventajas para estas escapadas urbanitas, por su poco volumen y peso.
Praia da Barra, ría de Aveiro.
Decir que además de Oporto he visitado Guimaraes y Aveiro con alguna localidad en el entorno de la ría del mismo nombre. Todo muy tranquilo. Sin prisas, sin agobios. Sin batir records de visitar atracciones turísticas. Además ya había estado por allí. Comer y cenar bien, pasear, ver alguna cosa nueva y relajarse. He dormido como un tronco todos estos días… ya veremos ahora a la vuelta.