[Libro] El último verano – Ricarda Huch

Literatura

No puedo recordar en este momento dónde encontré recomendado este libro… espera que lo miro… Sip… este fue una recomendación Kindle Flash y me costó muy baratito. Después de hacer una breve investigación sobre quién fue Ricarda Huch, su autora, alemana, a la que le fue mal por la situación política tanto antes de la guerra mundial, la segunda, como después. Cosa más de estar en el sitio inadecuado en el momento inadecuado… aunque no vivió mucho tras el final de la contienda.

Sigo sin tener fotografías de Rusia, país que aún no he visitado, ni perspectivas que tengo en estos momentos. Así que lo sustituiremos por vistas de Tallin en Estonia, que en 1905 pertenecía al Imperio ruso.

El caso es que tenemos aquí una entretenida novela en forma de intercambios epistolares, cuya acción se desarrolla en la primavera y el verano de 1905, en la residencia de verano de quien sería gobernador de San Petersburgo, Imperio ruso, en medio de los movimientos revolucionarios que se dieron aquellos años en el gigante de la Europa oriental. Allí se ha refugiado el gobernador y su familia, esposa, hijo y dos hijas, todos ellos de poco más de veinte años, y un individuo contratado para proteger al gobernador, que ha ordenado el cierre de la universidad y otras medidas represivas, pero que en realidad está allí para asesinarlo. De lo que sucederá, nos enteraremos por el intercambio epistolar con otros familiares y amigos de la familia y con otros conspiradores.

Planteada como una obra menor, casi como un divertimento, la novela aparece como un interesante documento sobre el modo de vida y el modo de pensar de las clases altas europeas en los países más conservadores y autoritarios, y especialmente en Rusia. Y no deja de tener un tono ligero, tiene claramente forma de comedia, a pesar de la gravedad de los hechos históricos de fondo, así como de lo que puede suceder en la propia casa de campo en la que se mueven los personajes de la novela.

He de decir que me encantó, que la disfruté mucho. Que me parece una novela moderna, ingeniosa. Ágil. Como no tiene mucha extensión, no tardé mucho en leerla. E incluso el final, que no está claro durante el desarrollo de la trama, sorprende en su forma, aunque hay detalles en el desarrollo que lo avanzan. No por ello se disfruta menos. La novela no sólo es una comedia costumbrista, también implica un misterio. ¿Conseguirá el agitador asesinar al gobernador o será descubierto y capturado? Lo tendréis que leer. Algo que os recomiendo.

[TV] Cosas de series; ¿comedia negra?

Televisión

Hace tiempo que descubrí que la comedia pura cada vez se da menos en el cine y en la televisión. Que lo habitual es que se den mezclas de comedia y drama. Hasta el punto que los anglosajones ya hablan del género dramedy, dra(ma-co)media. Pero las series que hoy traigo aquí se han encuadrado de una forma u otra en otro género de la comedia, el de la comedia negra. El problema es que este apelativo, comedia negra, se otorga demasiado frecuentemente cuando hay una muerte en el argumento, sea importante, sea un mero macguffin, o sea accesoria. Pero no necesariamente es… como sucede con las dos series de esta semana.

No se me ocurrían fotos relacionadas con los temas de hoy, así que en lugar de los lugares idílicos en «la nube» de los cielos virtuales de una de los series de hoy, nos trasladaremos a lugares agradables, terrestres, de verdad, de materia y energía convencional.

Por un lado tenemos la segunda temporada de Dead to me, cuyo principal atractivo ha sido siempre la química entre sus dos protagonistas, Christina Applegate y Linda Cardellini, dos mujeres totalmente distintas entre sí, que en la primera temporada quedaban unidas en el duelo tras el fallecimiento del marido del personaje que interpreta la primera por… bueno, dejemos para otro rato lo de destripar la serie. La segunda temporada comienza también con otra muerte… «accidental» como la original, que lleva a dar nuevas energías a la extraña relación entre las dos mujeres, que a pesar de sus más y sus menos, siguen en un proceso de acercamiento personal. Realmente, la serie se ha lucido bastante cuando ha entrado en el género de la comedia negra, que ha sido a ratos, mientras desarrollaba otras líneas dramáticas relacionada con la maternidad, con las relaciones que acaban o empiezan, o con el sentimiento de culpa que muchos arrastran/arrastramos en algún u otro momento de su vida. Se ha mantenido a buen nivel; de hecho, creo que el guion y el ritmo de la serie incluso ha mejorado algo con respecto a la primera temporada. Bastante recomendable.

Upload es una novedad en Prime Video de Amazon. Una sociedad en la que los muertos puede aspirar a la «vida» eterna descargando su personalidad y sus recuerdos en forma de software y trasladándolos a entornos de vida virtual, en la «nube», donde incluso tienen capacidad para comunicarse con el mundo real. La serie se mueve en tres dimensiones, que quedan bien conectadas entre sí. (1) Un misterio, el de la muerte prematura y por accidente del protagonista masculino, Nathan (Robbie Amell). (2) El triángulo amoroso entre Nathan, su novia en vida, que le paga la estancia en el cielo virtual, Ingrid (Allegra Edwards), y Nora (Andy Allo), su «ángel», la empleada de la empresa de software responsable de gestionar su estancia en el cielo virtual. (3) Un crítica al capitalismo y al consumismo imperante, donde tanto tienes (y eres capaz de gastar), tanto vales. La serie funciona bien. Los personajes generan mucha empatía. Y en lo referente a los misterios, son menos evidentes de lo que parece. También hay un proceso de crecimiento personal en los personajes, que hace que la serie adquiera más interés de lo que su premisa de partida sugeriría. Probablemente uno de los simpáticos hallazgos televisivos de la temporada.

[Recomendaciones fotográficas] … además del «Black Lives Matter»

Fotografía

Indudablemente, una de las cuestiones que más acaparado los espacios dedicados a la actualidad, y también en las páginas dedicadas a la fotografía, es el asesinato por parte de policías de otra persona afroamericana. Cuestión especialmente desagradable, más todavía de lo habitual, por la actitud de la policía ante las justificadas protestas y por el envalentonamiento de los grupos racistas en determinados lugares. Supongo que muchos policías americanos están con los grupos racistas y fascistas. Y me temo que no sólo en Estados Unidos. Pero muchas de las referencias históricas en fotografía en la lucha por el respeto, los derechos civiles y la igualdad jurídica y social ya han ido apareciendo en estas páginas, así que no me extenderé por todas ellas. Por cierto, hay quienes se quejan del uso y abuso de los términos «fascismo» y «fascista» para denominar a muchas derechas populistas. Yo sugiero acudir a este ensayo de Umberto Eco, sobre el ur-fascismo, y quizá comprobarán que desgraciadamente no se abusa de estos términos.

Ya tenemos libertad de caminar cuando y por dónde queramos. También, desde mañana, para movernos en coche por toda la comunidad autónoma de residencia. Por lo menos en Aragón. A ver si para el fin de semana que viene pienso algo, ahora que tengo el coche recién revisado, con ruedas y batería nuevas, y otras cositas.

De lo que ha aparecido en estos días en las redes me quedaré con un artículo de Feature Shoot sobre el trabajo de Dawoud Bey, que no hace mucho que apareció por estas páginas, pero como es un fotógrafo del que todavía sé poco, no me importa volver a recomendar.

Y ahora, vamos a otros temas. Por ejemplo, otra recurrente de estas páginas es Francesca Woodman. Tal es la popularidad que ha adquirido una fotógrafa que hace casi 40 años que falleció, que no dejo de volver a ella por dos motivos. Porque muchas de sus fotografías y series me gustan mucho y porque, a pesar de ello, no es fácil de comprender. La exposición que pudimos visitar el año pasado en Madrid puso su granito de arena en este proceso de comprensión de la obra fotográfica de Woodman. Y el reciente artículo de Cartier-Bresson no es un reloj, que es mi recomendación de hoy, también.

Todos los años a principios de junio se recuerda la masacre de Tiananmen en Pekín, deleznable y sangrienta demostración de la auténtica naturaleza del régimen de la República Popular China, que parece ser admirado por la gestión de la crisis epidémica reciente en su territorio, tan «buena» (espooooiler… no ha sido buena ni de lejos). En Magnum Photos le han dedicado un artículo estos días atrás, a través de las fotografías de Stuart Franklin, especialmente la del hombre solitario con una bolsas que detuvo, momentáneamente, la columna de carros blindados. Pero hubo muchas más fotos. Sirva para recordar que un fascismo no tiene porqué estar liderado sólo por las derechas populistas; los partidos comunistas también se las han apañado muy bien a lo largo de la historia para recoger las esencias de ese fascismo original del que hablaba Eco.

Por cierto, Magnum Photos ha iniciado estos días atrás algo que llama #Flow o #MagnumFlow… y que explica de formas complicadas y elevadas… Bueno, después de darle varias vueltas, parece más que nada un blog con noticias de actualidad, con la ilustración gráfica de los fotógrafos de la agencia. Eso sí, menciona a la covid-19 y otros términos de moda para explicar lo que es. Realmente parece que puede ser interesante de seguir.

Para finalizar, algo más relajante. En Photography of China nos han presentado los bellos paisajes de Mongolia del fotógrafo suizo Marc Progrin, en todo tipo de situaciones, de estaciones, y entorno, desde la estepa a las montañas. Me han gustado, oye. Que ganas de volver a viajar…

[Fotos] Al caminar, comprobando que una cámara funciona bien

Fotografía

Es simplemente eso. Lo que dice el título. Tenía que comprobar que una de mis cámaras más antiguas y queridas, una Leica IIIf de 1951, funcionaba correctamente. Así que una mañana de lluvia, camino del trabajo, le puse un rollo de película y fui haciendo fotos. Y la cámara funcionó correctamente. Los detalles técnicos los tenéis en Algún problema, ya resuelto, con Leica IIIf + Ilford FP4 Plus 125 a IE 400.

[Cine en TV] The song of names

Cine

The song of names (2020; 28/20200530)

Estamos ante otra película canadiense, o al menos de director canadiense, François Girard, que se puede ver en Netflix. Pero en esta ocasión no se trata de una producción de Netflix, sino de una película que probablemente podríamos haber visto en salas durante esta primavera. Creo. Y como eso no ha podido ser, pues supongo que han decidido estrenarla en una plataforma en línea. Y con un reparto a priori atractivo. Me parecía una propuesta distinta de lo que hemos ido viendo desde que cerraron las salas de cine. Desesperados por encontrar una mínima calidad en cine de estreno. En cine que no es de estreno… pues sí que es posible ver mucho cine bueno en las plataformas en línea. Pero de estreno…

Aunque el campo de exterminio mencionado en la película es Treblinka, de donde tengo fotografías es de Auschwitz, que servirán para ilustrar los pasajes más ominosos de la historia que nos cuenta esta película.

Estamos ante la historia de dos hermanos «adoptivos», por decirlo de alguna forma. Por un lado Dovidl (Clive Owen, adulto; Jonah Hauer-King, joven; Luke Doyle, niño), polaco judío, que en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, y siendo niño prodigio con el violín, es llevado a Londres por su familia y acogido en un familia como si fuera un hijo propio. Más cuando durante la guerra su familia, desaparece. Por otro lado Martin (Tim Roth, adulto; Gerran Howell, joven; Misha Handley, niño), el hijo de la familia de acogida, que tras un periodo de adaptación acaba aceptando a Dovidl como hermano. Ya en su juventud, Dovidl va a dar su gran concierto de presentación tras una grabación de un disco con gran éxito. Pero no se presenta al concierto, desaparece, al mismo tiempo que causa la ruina de la familia que lo ha acogido. Martin, ya adulto, decide que es hora de encontrar a Dovidl y aclarar las cosas. La película es la historia de su búsqueda.

No obstante, la película va moviéndose temporalmente hacia delante y atrás en el tiempo, entre la infancia, la juventud y la madurez de los personajes, hasta que vamos encajando las piezas de lo que sucede. Salvo la ausencia de linealidad temporal en el guion, la realización es relativamente académica. Con sabor más a película británica de época que otra cosa. Y podemos decir que su reparto tiene nivel suficiente para sacar adelante la historia sin problemas.

Otra cosa es si el director consigue un tono general que provoque una respuesta emocional en el espectador, y de qué tipo es esta respuesta. Con el tema central el olvido de las personas individuales, víctimas de los asesinatos masivos causados por los alemanes durante aquel triste período de la historia, la necesidad de recordar, obviamente se busca una respuesta emocional. Y a mí, por el contrario, me dejó un poco frío. Basada en una novela en la que se aventuró, con éxito por lo que se ve, el periodista comentarista musical Norman Lebrecht, no puedo juzgar en qué medida el material de origen puede ser responsable o no del resultado fílmico o si es que la adaptación no funciona. Como curiosidad, la única película del director tengo registrado haber visto me gustó tan poco como mucho me gustó el libro en el que se basaba.

Mi sensación general es que la película parte de una serie de premisas muy interesantes, incluso con subtramas paralelas muy interesantes, que podrían haber dado una historia muy interesante y se queda a medio camino. De hecho, el camino de Dovidl para llegar al final de la película, que se cuenta pero de forma colateral, me parece más interesante que el camino de Martin para llegar a Dovidl.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Nostalgia] ¿Cuál fue tu primer hogar? – Ciudad jardín

nostalgia

Cuando eres un niño, tu primer hogar es donde viven tus padres, donde vive tu familia. Para una elevada proporción de las personas. Aunque a lo largo de la historia ha habido, hay y seguirá habiendo excepciones, generalmente por causas nefastas; pérdida de los progenitores, abandonos, guerras, catástrofes, y otras que en estos momentos no se me ocurren. Conocí a alguien que no sufrió, en teoría, ninguna de las anteriores, pero que siempre nos contaba que su primer hogar fue la casa de sus abuelos. No la de sus padres. No puedo, ni quiero, entrar en esa historia. Tampoco es alegre, precisamente. El caso es que yo siempre creí que tuve claro cuál fue mi primer hogar. Mis primeros recuerdos son de un primer piso en la calle López Landa número 4, en el barrio de Torrero de Zaragoza. Pero mis padres siempre me dijeron que, durante unos meses, y hasta que les entregaron las llaves de este diminuto piso, el primero que compraron, vivimos de alquiler en el entresuelo del número 1 de la misma calle.

Y ahí quedó la cosa… hasta que un tiempo después de morir mi padre, hace muy poquitos años, empecé a remover los papeles y las fotografías del baúl de los recuerdos familiar. Y me encontré con el documento que veis a continuación, en compañía de una foto que me realizaron en Foto Madrid, en aquella época en la popularmente conocida como calle San Gil, aunque su nombre oficial era y es calle Don Jaime I. Estas fotos nos las hacían gratis, por una promoción cuando comprabas algo que no recuerdo qué decía mi madre qué era. Todavía existe el estudio fotográfico. Pero desde hace muchos años se encuentra al final de la calle Tomás Bretón, cerca de la avenida de Valencia.

Según mi Cartilla de puericultura, expedida por la Jefatura Provincial de Sanidad de Zaragoza con fecha 6 de julio de 1963, con el número 9.614, y donde consta mi registro de vacunas durante mis dos primeros años de vida, mi domicilio en aquel momento era la calle de Pedro López de Luna, en la Ciudad Jardín de Zaragoza. A apenas ocho minutos caminando del lugar donde trabajo ahora.

Siempre supe, desde que tengo recuerdos, que mi madre vivió en la Ciudad Jardín. Y cuando pasábamos por allí, a visitar a su amiga Filo, o a mi tía Pilarín, me mostraba la casa, que nunca conseguía recordar de una vez para otra. Las ciudades jardín fue un movimiento urbanístico de principios del siglo XX, que trataba de humanizar el hábitat de los seres humanos, tan brutalmente degradado por la revolución industrial, sin que estuviese fuera del alcance de las clases trabajadoras. La de Zaragoza es una idea de las fuerzas de izquierda durante la Segunda República y a ella debemos también el haber disfrutado de una línea de trolebuses de dos pisos, de aspecto absolutamente británico, incluso con el volante a la derecha, durante un tiempo. Ya que las ciudades jardines eran periféricas y debían contar con un buen y limpio medio de transporte para llevar a los trabajadores al centro de la ciudad o a sus lugares de trabajo.

Hoy en día está integrada en una ciudad que ha crecido mucho desde que se construyó. Es agradable paseare entre sus calles. Muchas de las casitas, parcelas que hemos llamado tradicionalmente en Zaragoza, eran de construcción regular, al fin y al cabo se concibió para clases trabajadoras y el gasto fue el justo, pero se han rehabilitado. Está considerada como BIC (bien de interés cultural), lo que permite su preservación, a salvo de la especulación urbanística. A veces pienso que me hubiera gustado vivir allí. Pero tampoco fui infeliz en Torrero, durante algo más de cuatro años, en otro fenómeno urbanístico característico en esta ocasión de la posguerra civil. La viviendas de protección oficial, también de construcción regular, pero en esta ocasión tirando a mala, que el régimen dictatorial construyó para las clases obreras. Y que se ven por los barrios socioculturalmente más modestos de la ciudad.

[Libros] Ohan

Literatura

Encontré hace un tiempo un artículo que hablaba de la literatura de la japonesa Uno Chiyo [宇野 千代]. Os recuerdo que en la medida de lo posible intento respetar el orden de la onomástica asiática, en la que el apellido va delante. Cuando un nombre está muy establecido y reconocido en occidente, en esos artículos uso el orden occidental, pero no es el caso en esta ocasión. Así Uno, es el apellido o nombre familiar de un mujer cuyo nombre otorgado fue Chiyo. Uno fue una mujer polifacética. Joven moderna y actual en los años previos a la guerra mundial, fue una moga o modan gāru (モダンガール, modern girl) hasta el punto de desafiar las convenciones sociales de su país en lo que se refiere a sus romances y actividad sexual, tras la guerra se asentó como artista polifacética, puesto que tanto escribía como se dedicaba al diseño de kimonos.

Para ilustrar el comentario de una novela con geisha, nos iremos al mundo de las geiko y maiko de Gion en Kioto. Aunque son escurridizas y poco predispuestas a posar para los turistas curiosos.

Se dice que Ohan, el nombre de una de las protagonistas de la novela, es una de sus mejores obras si no la mejor. E incluso no pocos incluyen a esta novela corta entre las principales obras de la literatura japonesa del siglo XX. No se escribió con intención de crear una gran obra, de gran profundidad. Pero la naturaleza de sus temas y su trama la convirtió en eso. Su obra traducida al castellano tiene precios elevados y no ha sido trasladada a versión electrónica. Como a mí me da igual leer una traducción que otra del japonés a un idioma occidental, opté por adquirir la traducción al francés, en versión electrónica y con un coste de una tercera parte de las obras de la autora disponibles en castellano. No soy partidario del «pirateo» literario, pero tampoco me gustan que me tomen demasiado el pelo con las políticas de precios de la editoriales, y su serpiente que se muerde la cola; tengo pocos lectores por lo que tengo que poner precios caros para obras que no son de autores superventas, lo que hace que tengan menos lectores, entonces me quejo del pirateo, pero no hago nada por romper los círculos viciosos y acercar las obras al público, pido ayudas públicas, me quejo si no me las dan… Conclusión, cada vez leo más obras en otros idiomas, pero a precios razonables.

No tenemos héroes en esta novela corta. Ubicada, probablemente, en Iwakuni, la ciudad natal de la escritora, o al menos donde pasó su infancia, nos habla de un hombre separado de su mujer legítima, Ohan, viviendo a costa de Okayo, un geisha que regenta un local con un par de geishas más a su cargo. Básicamente no hace nada, tiene un hijo al que no trata. Un parásito. En un momento dado, reconecta con Ohan, y empiezan a verse en una tratienda. Engaña a su amante que lo mantiene, con su mujer legítima. Y conoce a su hijo, entrándole ganas de repente de ser padre, aunque este mantiene cierta distancia. Mientras, Okayo se trae a casa protegida una sobrina de 12 o 13 años que le empieza a llamar papá. Todo se «desorganiza» encaminándose inevitablemente a la tragedia.

La novela está escrita en primera persona, por el protagonista masculino del trío, el cual, constantemente advierte al lector de que se trata de un sujeto indigno, amoral, carente de principios y de vergüenza. Es capaz de identificar las fuentes de su indignidad, pero no hace absolutamente nada para evitarla. Dispuesto a ser mantenido por una u otra mujer, cuando no por ambas al mismo tiempo si se diese la ocasión. Y con una hipócrita visión de la paternidad. Uno hace un retrato de una sociedad, la de las décadas previas a la guerra mundial, totalmente, corrompida no sólo a un nivel macrosociológico, sino también a nivel microsociológico, a nivel de la institución familiar, en la que persisten comportamientos tóxicos en los que se mezclan las peores cualidades de la sociedad tradicional japonesa y las peores de las innovaciones que trae la modernidad. Relato duro, mordaz, implacable, no deja títere con cabeza. Y si alguien quiere leer entre líneas una crítica al patriarcado nipón, tampoco las mujeres quedan especialmente bien paradas. Y todo ello con una calidad literaria innegable. Por algo será que, a pesar de ser una lectura potencialmente incómoda, es uno de los superventas japoneses del siglo XX.

[TV] Cosas de series; placeres culpables de diverso tono

Televisión

Seguimos colaborando con nuestros amigos, como decía hace unas semanas, repasando series de animación en las plataformas de televisión en línea. Tanto Netflix como Amazon Prime Video tienen una cierta variedad, la primera con producciones «propias». En realidad, las más de las veces, series en colaboración con productoras japonesas para las que adquieren el derecho de emisión en el resto del mundo, fuera de Japón y algún otro país asiático, y les ponen el sello de la plataforma. Por otra parte, empiezo a tener la consideración que, como promedio, Prime Video tiene series de más calidad. Aunque ambas comparte algunas. A mí me ha tocado asomarme a un drama romanticón con viajes en el tiempo bastante sosete, en Prime Video, pero en el que los protagonistas forman parte de un club escolar de fotografía. Bastante sosete, insisto, pero con una calidad visual notable. Y también a una delirante versión de Romio y Jurieto, que es… delirante, pero divertida de vez en cuando. Y que, no, no está destinada a adolescentes femeninas romanticonas. Por el fan service de la misma, más están pensando en sus hermanos y novios. Como ya comenté, no necesariamente nos merendamos toda la serie,… que uno no está para excesos. Echamos un vistazo. «Calificamos», y recomendamos o no.

Durante mi estancia en Seul, recorrí Ingwasan, un monte con sus atractivos naturales y que está salpicado de templos budistas, minisantuarios animistas, con presencia de chamanes y otros similares, rocas sagradas, etc… muy propio para ilustrar la entrada de hoy.

Tradicionalmente, siempre llevo alguna serie coreana a cuestas, en Netflix, generalmente como entretenimiento para no pensar en los fines de semana. La última que vi fue Hi bye mama [하이바이, 마마!]. Un drama romántico, con algún toque de comedia, de fantasmas, que hace algún crossover con alguna otra serie de fantasmas previa. Para los no iniciados en las cosas de Asia, parece ser que dentro del budismo existe la creencia de que el alma del recién fallecido vaga por el mundo durante 49 días para que pueda cerrar sus asuntos con los vivos. O algo así. Pues la protagonista de esta serie (Kim Tae-hee) es un fantasma que 5 años después de su muerte sigue vagando por el mundo, preocupada por su hija y su marido, que se ha vuelto a casar. Y tras una serie de acontecimientos, «el» o «los dioses» le devuelven su naturaleza humana plena durante 49 días… para encontrar «su sitio». No voy a entrar en las tramas más o menos delirantes que tienen estas series. Esta es llevadera porque los intérpretes no lo hacen mal, porque varios personajes no dejan de tener su carisma, y porque cuando entra en modo comedia puede ser bastante divertida. Por lo demás, arrastra los defectos que tienen la mayor parte de las series coreanas.

Por cierto, después de esta, no he vuelto a encontrar otra que me enganche. Cuando se toman demasiado en serio a sí mismos, estos coreanos me aburren. Mejor cuando entran en modo comedia. Generalmente, romántica.

Y también me he visto una de tono superheroico. Quien me lo iba a decir, me he merendado los 20 episodios de Batwoman en HBO. Para que luego digan que es el canal de las series de prestigio. Porque estas series son un guilty pleasure de tomo y lomo, bastante deficientes y muchas veces ridículas en sus guiones. Incluso entre los votantes de IMDb, que suelen incluir gente para todo tiene una consideración baja bajísima. Nunca duro mucho con estas series. Y si la hubiera tenido que ver más o menos de seguido, seguro que no. Pero como ha sido un episodio a la semana o menos… La chica protagonista, Ruby Rose, que hacía un papel bastante majete en cierto drama carcelario, ha salido pitando después de la primera temporada. Aunque oficialmente, nadie ha dado las razones para su salida. Pero si esta chica apuntaba a hacer algo de interés con su carrera interpretativa… puedo entender que quiera irse de algo así. Mucho peor que las series coreanas. Y con unos diálogos para sonrojar. Como decía, puro guilty pleasure. En cuanto ha terminado esta su primera temporada han empezado con otra que puede ser peor incluso, si cabe. Aunque en IMDb tiene el doble de puntuación. Ya digo que hay gente pa’tó.

La semana que viene hablaré de series interesantes. Lo juro.

[Recomendaciones fotográficas] Parr, Ray y otros varios

Fotografía

En las últimas semanas he ido recogiendo bastantes recomendaciones. Pero como últimamente no incluyo muchas en estas entradas, se me han acumulado muchas. Hoy comentaré algunas telegráficamente, y el resto… caerán momentáneamente en el olvido, que la vida sigue.

Martin Parr es un fotógrafo británico que me cae muy bien, aunque nunca he acabado de cogerle el gusto a su fotografía. Cosas que pasan. Para darle una segunda vuelta a su significación, repasemos el artículo de Cartier-Bresson no es un reloj sobre este fotógrafo, y sobre la rareza que supuso en Magnum Photos cuando solicitó su entrada en la prestigiosa agencia.

Conocí la obra de Man Ray cuando estaba empezando en la fotografía, y desde entonces ha sido uno de mis favoritos. En las páginas del MoMA nos cuentan cómo se hace/hizo uno de su famosos fotogramas. O «rayogramas» como los denominaba él.

Las estaciones de tren, por lo menos las de antaño, que las modernas y funcionales son demasiado frías e impersonales, son lugares muy interesantes para practicar la fotografía. En American Suburb X nos hablaron de la obra de Helga Paris, fotógrafa de la vida cotidiana en la antigua RDA, la Alemania comunista, que realizó una interesante serie en la estación central de Leipzig al principio de los años 80 del siglo XX.

Me gustó mucho el minimalismo acompañado de un excelente dominio del color de la serie The In-Between, del fotógrafo Jacob Howard (instagram), que nos mostraron en Booooooom.

Aunque su estilo es distinto, también me ha llamado la atención por similares razones el trabajo Cry sadness into the coming rain de la fotógrafa namibia Margaret Courtney-Clarke, en el que explora la vida y el paisaje de su árido país de nacimiento. Nos lo han contado en Lensculture.

Y por hoy lo voy a dejar. Las fotos que acompañan la entrada son de la rosaleda del Parque Grande de Zaragoza, que no está tan llena de flores como otros años. Quizá por el descuido relacionado con los confinamientos por el covid-19. O quizá es que empieza a ser tarde y están ya marchitándose. Hemos perdido las relaciona temporales que teníamos tradicionalmente…

[Fotos] Paseo fotográfico a primeras horas de la mañana

Fotografía

Pasada el ansia paseante de mucha gente en los primeros momentos del desconfinamiento, cuando entramos en la fase 1 de la llamada «desescalada» en el regreso a la «nueva normalidad» (cómo odio todo este lenguaje), salir a caminar un domingo a las siete y media de la mañana vuelve a ser una actividad tranquila, solitaria y segura. Hasta el punto en que ya me animé a salir con una aparatosa Hasselblad a hacer fotos.

Los detalles técnicos los encontraréis en Paisaje periurbano con Hasselblad 500CM + Ilford FP4 Plus 125 a IE 400.

[Cine en TV] Jusqu’au declin (2020)

Sin categorizar

Jusqu’au declin (2020; 27/20200523)

Este fin de semana pasado estuve muy apático. Tanto en cuestiones televisivas como cinematográficas. Y no dediqué mucho tiempo a rastrear en las distintas plataformas en internet para buscar algún estreno interesante. El sábado, después de comer, vi en Netflix esta película de acción canadiense, francófona, dirigida por el desconocido (al menos para mí) Patrice Laliberté.

La acción, bastante previsible, una de las características de la película que lastran la película, se centra en torno a un grupo de supervivencialistas que se reúnen en algún lugar boscoso, más o menos remoto, frío y nevado, para una especie de seminario en el que van a aprender técnicas de supervivencia en caso de catástrofe apocalíptica. Como conseguir comida y recursos y como defenderse de los otros. Pero poco a poco las cosas empezarán a ir mal, y esas técnicas se van a ir volviendo en contra de los «alumnos».

Imágenes del viaje a Canadá de hace cuatro años… ¿Cuándo de nuevo?

Correctamente realizada desde un punto de vista técnico. La historia es muy previsible, los diálogos muy planos, y los personajes muy estereotipados. En algún momento en concreto funciona como película de acción modesta, destinada a matar ratos en los que no apetece pensar. Con un guion tan plano, los intérpretes poco pueden hacer para destacar.

Así pues, película no demasiado recomendable, aunque tampoco pasa nada especial se la ves, cosas peores han tenido éxito. De fondo, por ser benevolentes, subyace el mensaje sobre el hecho de que motivaciones egoístas, ver a los demás como rivales o enemigos, complican más la supervivencia que la búsqueda de colaboración, ver a los demás como potencial apoyo mutuo en situaciones difícil. Pero estos movimientos, tan propios de Norteamérica, parecen nutrirse de gentes de pensamiento ultraconservador y no especialmente cultivados. Yo pienso dos cosas. Que según cómo sean las condiciones de una catástrofe, igual vale más terminar pronto que intentar seguir adelantes. Que el egoísmo que muestran estas gentes es fácil ver en las calles de nuestras ciudades hoy en día, cuando la gente no ha entendido que el secreto para frenar la epidemia vigente es realizar acciones para proteger a los demás y no la visión egoísta de protegerse a sí mismo y allá cuentas los demás.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

[TV] Especial cosas de series; Westeros… un año después

Televisión

El 20 de mayo de 2019 terminaba una de las series más emblemáticas de la televisión, Game of Thrones. No sólo de los últimos tiempos; de la historia de la misma. Con un presupuesto elevadísimo, adaptación de una compleja obra literaria, con un amplísimo reparto con gente con mucha calidad, y unos temas muy adultos y complejos. Tenía de todo para darse el batacazo y de todo para ser un acontecimiento único. Un hito histórico. Y fue esto último. Pero… Hoy hace un año y una semana del acontecimiento. La semana es lo que me costó decidir cómo iba a redactar esta semana. La decisión de hacerlo la tomé ese mismo día del primer aniversario del final de los finales.

Algo que me ha pasado con algunas series, no muchas, no voy a decir cuales exactamente, es que cuando me dejan un impacto importante en mí pensamiento, en mi imaginario, en mis sensaciones… más pronto que tarde las reviso. Puede ser que las vuelva a ver enteras (Battlestar Galactica, Northern Exposure, Firefly), puede que sea una antología de sus episodios (Mad Men, House MD, Twin Peaks), pero inevitablemente vuelvo a ellas. La lista no es exahustiva. Necesito rescatar el detalle fino, necesito volver a saborear los mejores momentos,… necesito volver a sentir ese universo en el que he vivido eventualmente durante la emisión de los episodios.

El final de esas series pudo ser bueno (Mad Men, simplemente genial) o malo (Northern Exposure, no aguantó la pérdida de su protagonista principal). Adecuado (House MD, ah, la química entre sus dos principales personajes) o inadecuado (Battlestar Galactica, un drama político reconvertido a última hora en rollo teológico). Pero como la mayoría de las veces lo que importa es el viaje, poco importa el final. O no demasiado.

Un par de meses después de terminar Game of Thrones, en pleno verano, fresquito en casa con el aire acondicionado puesto, a gusto conmigo mismo y con el mundo en ese momento, me dispuse a ver el primer episodio de la serie de nuevo. No sabía si para volver a ver la serie o siendo el primero de una selección de episodios antológicos. Lo que no imaginaba es que tras 20 minutos de visualización, lo apagué. Y nunca he vuelto a sentir la necesidad de volver a Westeros. La última temporada de la serie, que para mí es la suma de las llamadas séptima y octava, que no fue más que una temporada dividida en dos, realmente se cargó todo lo que significaba aquella serie. Los posibles motivos por lo que sucedió eso son complejos. Y de algunos de ellos me di cuenta a posteriori. Desde luego el ceder la prioridad a la acción espectacular sobre el diálogo y la cocción lenta pero sin pausa de las motivaciones de los personajes y los acontecimientos. Desde luego la simplificación del carácter de los personajes, frente a sus dilemas y complejidades pasadas. Desde luego la precipitación y pésima gestión del tiempo interno de la acción. Pero había más cosas.

Recientemente vi un vídeo en Youtube realizado por Lindsay Ellis. No voy a decir que esté al 100 % de acuerdo con todo lo que dice. O que repase todo aquello que no me gustó. Pero sí en un 90 %. Y como ella lo cuenta mejor y de forma muy divertida. Aquí os lo dejo. Eso sí… en inglés. Y es más de una hora. Yo me lo vi en tres partes, para evitar la indigestión.