Un paseo por la ciudad de los papas, antes y después de cenar.
Autor: Carlos
Viajes – Aviñón, Francia
Viajes[TV] Cosas de series; el diálogo más esperado de los Jennings y Beeman
TelevisiónSi algo hemos sabido siempre en los últimos cinco años, y seis temporadas, que hemos disfrutado de The Americans, es que tarde o temprano tendríamos un diálogo, una confrontación, entre los Jennings y su vecino, el agente especial del FBI Stan Beeman (Noah Emmerich). Por suerte o por desgracia, ya se ha producido. Por suerte, porque llegar a ver algo que siempre has deseado tiene su punto de satisfacción, y te puedes plantear otras cosas, dejar atrás unas vidas y adentrarte en otras. Por desgracia, porque significa que ha llegado a su fin una de las mejores series de los últimos años. Una de las mejores series que he visto en mi vida. Quizá no tan afamada como otras, pero de las que merecen una puesto destacado en la historia de la ficción televisiva.

La Guerra Fría enfrentó durante década a los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN contra la Unión Soviética y los suyos del Pacto de Varsovia. Pues nos iremos a Varsovia y otras bonitas ciudades polacas, porque de Washington DC, donde transcurre la mayor parte de la serie, no tengo fotos.
Alguna vez he dicho que pocas veces he tenido la ocasión de ver un primer episodio, o episodio piloto, como los llaman algunos, que me produjese un enganche inmediato e incondicional a una serie como cuando nos presentaron por primera vez a la pareja de espías soviéticos «durmientes» del KGB en Washington DC, Elizabeth/Nadezhda (Keri Russell) y Philip/Mischa (Matthew Rhys) «Jennings». Una serie que desde el principio ha tenido un ritmo propio, alejado del desenfreno habitual de la acción de espías, para procurar una visión más profunda y reflexiva sobre los personajes de la serie. Dos agentes que como equipo funcionan como un reloj, pocas veces los vemos fallar, especialmente en las primeras temporadas, pero como pareja matrimonial típica norteamericana con su parejita de vástagos, tienen sus más y sus menos. Iba a decir que como todas las parejas convencionales… pero claro, los «Jennings» son cualquier cosa menos convencionales. Como pareja, como personas, como espías,… como lo que queráis. Y encima, de vecino, un agente de contraespionaje del FBI, que tiene su correspondiente dosis de problemas cotidianos.

La serie es una historia de espías, por lo tanto de acción, o cierto grado de acción. Pero también es una serie sobre ética. El punto de partida de la ficción occidental es que durante la guerra fría hubo buenos, Estados Unidos y sus aliados, y malos, los Soviéticos y los suyos. Pero claro, este es un punto de vista, que puede no ser compartido por algunas de las personas que vivieron en el «otro lado». Y quien es un héroe para unos, es un criminal para otros. Sólo la historia decide, a través del juicio de los vencedores, juicio siempre parcial, quienes son «malos» y «peores». Si me preguntáis a mi, en una guerra no hay buenos y malos. Hay malos y peores. El obvio carácter dictatorial y totalitario del régimen soviético lo hace el más firme candidato a «peores» en esta historia. Pero no porque el otro bando carezca también de candidatos al título. En cualquier caso, esta no es una historia de blanco o negro, sino de una infinita gama de grises. Y lo paradójico, buscado y bien desarrollado, es que los fríos criminales que nos son presentados en el primer episodio de la serie… acaban siendo los «héroes» de la historia. No podemos dejar de empatizar con ellos de alguna forma. Aunque podamos odiar lo que representan. Gran mérito, lo diré una vez más y ya para siempre, del impresionante trabajo actoral de todo el elenco de la serie.

En cualquier caso, el constante equilibrio entre las tramas de espionaje y las relaciones interpersonales de los protagonistas, a los que se suma en un momento dado la hija de la pareja, Paige (Holly Taylor), un personaje complejo y que su joven actriz, no al mismo nivel que sus compañeros de reparto por experiencia, saca adelante con dignidad. Por el camino quedan otros entre los que destacan una habitualmente consistente Margo Martindale, y la chica de la que nos enamoramos todos, con permiso de la protagonista, Annet Mahendru. Pero estos sólo representan de los muchos y diversos secundarios que han desfilado por la serie como Richard Thomas, Frank Langella o el fenomenal personaje que construye Alison Wright.

Cuando termina una serie, se suelen hacer numerosas referencias al episodio final. Como si este pudiera decantar la balanza entre la bondad y la mediocridad del conjunto. En este caso, quizá el episodio final no ha tenido la espectacularidad que algunos esperaban. En vísperas de su emisión leí algunas cosas sobre las expectativas de algunos. Pero fue tremendamente coherente con el tono melancólico que ha dominado en el conjunto. Esa melancolía derivada de no saber nunca qué está bien o qué está mal por parte de muchos de los personajes de la serie. La confrontación final entre los «Jennings» y el agente Beeman se produce. Con una sensación compleja. Acorde a la ambigüedad moral del conjunto, nunca sabemos qué hay de verdad y de mentira en lo que ahí se dice. Sólo sabemos una cosa, Beeman es el personaje más íntegro de la serie,… incluso cuando no lo es. La serie comienza con la llegada al poder de Ronald Reagan y termina con Gorbachev al frente de la Unión Soviética y en vísperas de lo que nosotros, los espectadores, sabemos que es el final de una era. Pero los personajes no lo saben. Aunque saben que muchas cosas están cambiando en el mundo. Y ellos nunca serán lo nunca han sido.

[Cine] 2001: A Space Odyssey (1968) 50º aniversario
Cine2001: A Space Odyssey (1968; 31/20180603)
Esta mañana me he encontrado en mi agregador de noticias con una fotografía de Jápeto en la APOD (Astronomical Photography of the Day). Es la fotografía astronómica del día 3 de junio de 2018, y como es una fotografía de la NASA, entiendo que es de dominio público, por lo que me voy a permitir reproducirla aquí.

Saturn’s Iapetus: Painted Moon
Image Credit: NASA, ESA, JPL, SSI, Cassini Imaging Team
Cuando en abril de 1968 se estrenó esta película, fue seguida un par de meses después de la novela escrita por Arthur C. Clarke, coguionista del largometraje. Tratando básicamente de lo mismo, son dos productos distintos. Si el largometraje nos presenta una punto de vista visualmente poético de una idea filosófica sobre la evolución del ser humano desde el simio antropomorfo hasta el ser estelar o universal, la novela es más un producto de ciencia ficción dura en la que se nos describe con el estilo propio de Clarke, preciso, no carente de poesía a veces, pero de otro tipo, el viaje de la Discovery… a Jápeto, la luna de Saturno. En la película se queda en Júpiter, en cuya órbita encontramos al tercer monolito, no sobre la superficie del blanco y helado satélite del padre de los dioses. Algo que conviene, puesto que nos dio a conocer algunos aspectos del viaje espacial, como el efecto de «tirachinas» gravitatorio aprovechando la inmensa masa del gigante Júpiter.
En cualquier caso, son 50 años de una de las películas más emblemáticas de la historia del cine. Obra de referencia visual y filosófica, gran exploración del concepto de inteligencia artificial y singularidad tecnológica, y gran apuesta de sus autores por un futuro de exploración científica y expansión de las fronteras del ser humano.

Crepúsculo en los Monegros; encabezado, ocaso en la Sotonera.
Yo la vi por primera vez… no puedo precisar con exactitud, pero debía ser 1977. Durante toda mi infancia, había acudido regularmente a las sesiones del cine de barrio, el Rialto, para pasar la tarde de los domingos. En un movimiento curioso, con la apertura de la transición, el Rialto se convirtió en cine de arte y ensayo, y pasamos de ver peplums, spaghetti westerns y de más, a merendarnos algunas de las más interesantes obras cinematográficas. Les vacances de Mr Hulot, Solyaris, Dersu Uzala,… 2001: A Space Odyssey. He calculado la fecha a ojo, pero con cierta precisión, porque recuerdo que mi profesor de ciencias de octavo de EGB, el señor Ibarra, nos preguntó un día si alguien había visto la película. Fui el único. Me preguntó si me había gustado. Dije que sí. Me preguntó si sabía de qué iba. Y dije que no había entendido porqué los monos y el final. Nos contó su punto de vista. Que no he olvidado nunca. No voy a dedicarme aquí a explicar la película. Dejad de ser unos vagos, vedla y pensad.
Con posterioridad, pude verla en alguna otra ocasión en pantalla grande y en pantalla pequeña. Tengo el DVD por alguna parte. Es una película para verla en pantalla grande, sin lugar a dudas. En mi época universitaria, era una de las favoritas en los cineclubs de los colegios mayores. Y en algún otro aniversario volvió a haber algún reestreno que me llevó también a las salas de los cines. Ahora con el 50º aniversario, ha vuelto. Y hemos vuelto a alucinar con las imágenes, los sonidos, los silencios y las ideas que nos ofrece. Algunas cositas se han quedado desfasadas… los colorines del viaje final de Dave Bowman (Keir Dullea) a través de la puerta de las estrellas, están ampliamente superados por la tecnología. Pero en otros muchos aspectos sigue siendo más vanguardista y atrevida que la mayor parte del cine que se hace hoy en día.

Puesta de sol desde el Alto de Alcubierre.
Stanley Kubrick fue un genio. Incomprendido muchas veces, como todos los genios. Adelantado a su época… Bueno, este es un tópico frecuente cuando se refiere uno a los genios. Yo creo que, como especie, todavía no hemos llegado al punto donde estaban Kubrick y Clarke cuando idearon esta historia. Aunque haya habido otros creadores que se hayan situado al mismo nivel o hayan desarrollado ideas nuevas. Pero como especie, puede que estemos incluso en retroceso. Yo lo que espero es seguir viviendo aniversarios de la película, y que en cada uno de ellos alguna sala de cine se atreva a reponer este majestuoso espectáculo visual y conceptual, esta magistral obra de arte cinematográfica.
Y luego está HAL 9000… pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
Valoración
- Dirección: *****
- Interpretación: ****
- Valoración subjetiva: *****

Sol de medianoche en las islas Lofoten.
[Fotos] Rebullida, gente y tiempo tormentoso
FotografíaPara acompañar mis recomendaciones fotográficas de esta semana, que encontraréis en Recomendaciones semanales – del 27 de mayo al 3 de junio de 2018, he incluido algunas fotos de nuestro paseo de ayer, en el que paramos a ver las exposición del pintor Rebullida en la Lonja de Zaragoza, paseamos entre las casetas de la feria del libro, aunque me pareció más interesante la fauna humana de los alrededores que la poca expectación que la feria producía, y contemplamos el paisaje del Ebro mientras amenazaba una tormenta que descargó poco después,… pero ya nos pilló en el autobús camino de la cena.
Si alguien tiene la curiosidad, salvo el marco que las separa del fondo, las fotos son JPEGs directos de cámara, sin procesado posterior. Salvo dos panorámicas en las que he unido entre 3 y 8 fotogramas para conformarlas.
[Cine] Disobedience (2017)
CineDisobedience (2017; 30/20180530)
La excesiva banalidad de la última propuesta galáctica nos hizo querer algo más, cinematográficamente hablando para esta semana que se ha pasado. Y hojeando la cartelera zaragozana, nos encontramos con esta propuesta del chileno Sebastián Lelio, un director que está en alza en los últimos años, pero de quien no había visto nada, adaptando una novela de Naomi Alderman (pongo el artículo de la wikipedia inglesa, por la española es excesivamente escueta). Es curioso que sea una película que sólo ha llegado a la cartelera en Zaragoza en versión original. Y de agradecer, porque ha ampliado las opciones horarias para verla. En cualquier caso, he de reconocer que el principal reclamo para llevarnos a la sala de cine fue el prometedor reparto.

No tengo ni idea de dónde se encuentran las comunidades ultraortodoxas judías en Londres, ni me importa; de todos modos nos vamos a dar un paseo por la capital británica.
La película nos cuenta como la fotógrafa Ronit Krushka (Rachel Weisz), alias «Ronnie Curtis», regresa a Londres desde Nueva York donde vive y trabaja, con motivo del fallecimiento de su padre, un influyente rabino, Rav Krushka (Anton Lesser) de la comunidad judía ortodoxa de la capital británica. Allí es recibida fríamente por esta comunidad, y acogida, aunque también con cierta frialdad, por un buen amigo de su infancia, Dovid Kuperman (Alessandro Nivola), rabino, sucesor espiritual de su padre. Y a quien se encuentra casado con otra amiga de su infancia, Esti (Rachel McAdams), con quien mantuvo una relación en la juventud, que motivó su extrañamiento de la comunidad judía.
Compleja historia en la que se mezclan dos temas, el amor homosexual entre dos mujeres, y la vida sectaria y la fuerte presión del grupo en una comunidad religiosa ortodoxa. Voy a poner un pequeño vídeo…
José F. Ortuño es un guionista y director que tiene un canal en Youtube que, desgraciadamente actualiza con mucha menos frecuencia de lo que nos gustaría. Pero que en pequeñas piezas que van de los 30 segundos a los dos minutos da unas impresionantes lecciones de cine. Aprendes un montón. Y como veis en el vídeo anterior, nos enseña cómo es importantísimo estar al loro de lo que se dice o se presenta al principio de cada película. Y el sermón del rabino muerto al principio de la película es fundamental, porque define el tema de la película. De la misma forma, que el sermón se cierra con las palabras del rabino vivo hacia el final. En esta ocasión, la relación lésbica entre las dos protagonistas no es el tema fundamental, aunque sea un tema importante. Es más bien el macguffin que mueve a los personajes. Un macguffin que no es nada banal, como los planteaba el inventor del término. Porque el tema, el meollo de la película es el derecho a decidir tu vida, el libre albedrío… algo a lo que se han opuesto, se oponen y se opondrán siempre las comunidades ortodoxas, sean religiosas, sean políticas, sean nacionales o tribales, que pretenden definir siempre de forma absoluta qué debe ser un ser humano.

No voy a entrar en los detalles. Pero cada uno de los tres personajes principales de la película ha de encontrar su camino y su lugar, marcados por las obras o las palabras del rabino muerto, que es el cuarto gran protagonista del filme. Ni que decir tiene, que si el objetivo se consigue es gracias a la sólida y consistente dirección de Lelio. Pero sobretodo, por la solidez interpretativa de un trío protagonista en estado de gracia actoral, destacando todos ellos, pero en especial McAdams, que nos muestra con solidez un fenomenal proceso de maduración lleno de matices.
Película que en estos momentos siento muy infravalorada por la crítica y el público. Y no lo acabo de entender. Es de esas películas que crecen en tu cabeza conforme pasan las horas y los días desde que se encienden las luces de la sala de cine. Ni que decir tiene que la encuentro totalmente recomendable. Menos para cenutrios que profesen cualquiera que sea su ortodoxia ideológica. Y aunque la película se presente como la historia de un amor lésbico, es eso y mucho mucho más.
Valoración
- Dirección: ****
- Interpretación: *****
- Valoración subjetiva: ****
Nota: creo que estoy pensando en elaborar una entrada con los vídeos de Ortuño para mostrar porqué, con sus imperfecciones, que las tiene en abundancia, el episodio VIII de Star Wars es una de las más interesantes películas de la saga y con ventaja, y que merece mucho la pena.

[TV] Cosas de series; cansándome de las series orientales…
TelevisiónSe me está pasando un poco el gusto por echar un vistazo de vez en cuando a las series orientales, generalmente japonesas o coreanas, de las que ahora disponemos con más facilidad gracias a las plataformas de vídeo bajo demanda. En los últimos años he visto unas cuantas, y algunas que he empezado a ver y he abandonado en seguida. Las que más abundan son los dramas coreanos y la animación japonesa.
Los dramas coreanos son en general malos. Normalmente prefabricados, llenos de clichés, sólo he llegado al final en series donde había algo que las hacía destacar. Generalmente, alguna interpretación o cuando se toman las cosas con humor, lo cual a veces, no siempre, hace llevadera, e incluso entretenida, la serie. La animación japonesa suele estar a buen nivel, aunque hay muchas series muy orientadas hacia el público adolescente que carecen de interés. Pero hay verdaderas joyas por ahí escondidas de las que eventualmente os he hablado. Como lo haré con la que llevo ahora al retortero, viendo algún artículo de vez en cuando, las aventuras de los cazarrecompensas de la Bebop. Una verdadera obra maestra.

La protagonista de una de nuestras series de hoy va recorriendo a lo largo de su vida distintos distritos y vecindarios de Tokio, modesto o exclusivos; nosotros nos alojamos en un hotel de Shinjuku, y por allí daremos un paseo fotográfico.
También he de reconocer que estoy irremediablemente enganchado al reality nipón de moda en el mundo, Terrace House, ahora en su edición Opening New Doors, en los montes cerca de Nagano. Mucho más «japonés» que su anterior edición hawaiana, se demuestra que Japón es el paraíso de los pasivos-agresivos. Y esa mezcla de «nunca pasa nada» con destellos de «aquí está pasando algo», aderezado por el cachondeo del panel de comentaristas convierte la visión del reality en un ansiolítico de primer nivel sin mayor efectos secundarios. La pena es que las tandas de ocho episodios de media hora o poco más saben a poco, y luego hay que pegarse dos meses esperando a la siguiente.
Ya había comentado en entradas anteriores que en Amazon Prime Video estrenaron de repente un buen grupo de series japonesas de pelajes de lo más variados. Me quedaban algunas por ver, y he visto dos.

はぴまり〜Happy Marriage!?〜 es una serie que procede del manga y que nos trae una premisa que he percibido que es muy normal en las series japonesas… y ya me empieza a cansar. En general consiste en que una chica monilla, pero no espectacular, no excesivamente inteligente, pero de muy buen corazón, se involucra con un tipo guapo, muy inteligente, con mucho éxito social,… y bastante sieso. En contra de lo previsible, claro, acabarán enamorándose. Moralina conservadora y bastante machista las de estas series, que parece que abundan en diversos formatos en los tebeos y en las televisiones niponas. Pueden tener su gracia,… pero cansan y al final resultan ridículas y retrógradas. Esta que menciono hoy se mezcla con una trama de tensiones familiares tipo dinastía, bastante ridícula.

Y bastante más interesante ha sido esa guía para chicas de Tokio, 東京女子図鑑 [Tōkyō Joshi Zukan], estilada en su versión internacional como Tokyo Girl. Protagonizada por Aya (Asami Mizukawa), una chica que desde la adolescencia sueña con abandonar su ciudad de provincias para llevar una vida de éxito en Tokio. Y tras pasar por la universidad allí se trasladará e irá pasando por una serie de etapas, con éxitos y fracasos, tanto en lo laboral como en lo personal, hasta llegar a los cuarenta años. A favor tiene el carisma y la buena interpretación de Mizukawa, y que se aleja de las relaciones edulcoradas, propensas a la diabetes, de muchas series niponas. Ahora bien, no siempre consigue salirse de los tópicos para entrar en una reflexión más profunda de la vida de un mujer independiente. Pero se deja ver bastante bien. Mizukawa me parece buena actriz y una mujer muy atractiva.
Bueno… creo que a partir de ahora voy a ser mucho más exigente con lo que veo procedente de extremo oriente. Hasta que se me pase el efecto del empacho reciente, por lo menos.

[Libro] Japón 1941
Historia, LiteraturaCuando leí hace unos meses la excelente novela de Jun’ichiro Tanizaki dedicada a la vida de una familia japonesa en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, me entró una curiosidad notable por saber cómo es posible que una sociedad culta y civilizada, si bien de rasgos muy conservadores, pudo llevar al pacífico occidental a semejante catástrofe. Y especialmente, cómo pudo Japón provocar una guerra en la que las posibilidades de éxito parecieron siempre extremadamente bajas, por no decir nulas.
Encontré no hace mucho ese libro que os presento hoy, un ensayo histórico de la tokiota Eri Hotta, sobre los meses que transcurrieron previos al ataque japonés a Pearl Harbor. Varios son los factores que me llevaron a interesarme por el libro. En primer lugar, lo mencionado anteriormente; a través de mi contacto con la narrativa de ficción japonesa, había surgido en mí una curiosidad por el periodo histórico. En segundo lugar, que estuviera escrito por una japonesa. Es fácil acceder a ensayos históricos sobre el escenario del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial; pero habitualmente están escritos por autores occidentales, norteamericanos o ingleses. La visión desde una autora nipona hacía de este libro doblemente atractivo. Bien es cierto que Hotta, aunque realizó su formación inicial en Japón, con posterioridad ha circulado tanto en su carrera académica como profesional por universidades occidentales, tanto de la historia como de las relaciones internacionales. Ahora mismo está casada con otro historiador especializado en asuntos asiáticos, y viven en Nueva York. Pero bueno… menos da una piedra.

Ilustro la entrada de hoy con un paseo por los templos budistas de Nanzen-ji y Eikan-dō (o Zenrin-ji), en Kioto.
Desde el primer momento, la tesis del libro está orientada a demostrar que el comienzo de la guerra con Estados Unidos fue un fenomenal error colectivo de las clases politicas y militares japonesas, que no supieron estar a la altura de las necesidades. Errores que venían desde el comienzo del «incidente con China», eufemismo por el que conocían los nipones la segunda guerra sinojaponesa, la cual, estando marcada por las atrocidades del ejército imperial y por la incapacidad de obtener una derrota definitiva de la coalición china que se les oponía, nacionalista y comunista, era un problema económico, militar y político de primer orden. También venía de su acercamiento al bloque fascista europeo, que culminó en la gran metedura de pata que fue suscribir el pacto que constituía el eje Berlín-Roma-Tokio. En medio de una catástrofica guerra en Europa, y con el profundo sentimiento antinazi presente en Estados Unidos, fue un error garrafar que le quitó mucha credibilidad a la diplomacia nipona. También fue un error continuado las ambiciones de expansión hacia Indochina, que presentaban al País del Sol Naciente como una potencia imperialista y agresiva por naturaleza.
No conviene olvidar que el mundo occidental también echó leña al fuego. El tradicional racismo del mundo anglosajón hacia los países no «blancos», la forma en que Estados Unidos había forzado la entrada de Japón en la modernidad, utilizando la diplomacia de los «cañones navales», la actitud de Estados Unidos, teóricamente partidarios de la descolonización y de la liberalización del comercio, pero que tras la guerra con España se había comportado en Filipinas como una potencia colonias, así como la imcomprensión mutua en las formas propias de cada cultura,… colaboró a generar un sentimiento de orgullo nacionalista japonés que sirvió para alimentar a los sectores más belicosos de la sociedad y del ejército nipones. No podemos olvidar que el comportamiento que tuvo la administración norteamericana con sus nacionales de origen japonés, a los que privó de todos sus derechos constitucionales y ciudadanos por decreto y de forma apabullante, no hizo más que confirmar que algo de razón llevaban quienes acusaban a los Estados Unidos de llevar una trayectoria política y legal de carácter racista y discriminatoria. Existen otros ejemplo previos en el tiempo de ello.

Es difícil evaluar la religiosidad de los japoneses, aunque creo que no es muy arriesgado decir que son, de promedio, relativamente conservadores y algo superticiosos. Cosas que desde mi punto de vista guardan una cierta relación con el hecho religioso.
Hotta es rigurosa. Y se ha dedicado a desenterrar un sinnúmero de actas de un sinnúmero de reuniones de mayor o menor calado que se sucedieron en la esfera del gobierno y las fuerzas armadas japonesas durante los meses inmediatos al 7 de noviembre (hora de Hawai), 8 de noviembre (hora de Tokio). También sobre reuniones del espionaje activo y de las cancillerías de otros países. Indudable, el trabajo es meritorio. Y las conclusiones que sacas, en la medida que puedes entender el sorprendente desarrollo de muchas de esas reuniones son más o menos las siguientes.
El propio carácter y cultura japoneses supuso un freno a un intercambio de opiniones sincero y rotundo sobre la conveniencia de no ir a la guerra, lo que favoreció el camino hacia la misma.
La inteligencia japonesa sobre las intenciones de sus futuros enemigos, sobre su carácter, y sus capacidades era malísima. Incluso si habían un cierto número de personajes implicados que habían mantenido contactos previos de mayor o menor calado con occidente.
En un momento dado, todos se preocuparon más por salvar su culo y las apariencias, que las del país.
La influencia de los militares de menor graduación, más jóvenes, pero para quienes su ambición convertía las empresas guerreras en algo deseable, fue excesiva. Voy a a hacer un inciso de carácter personal.

En cualquier caso, no carecen de códigos morales inspirados o derivados de los credos más o menos tradicionales, shintoismo y budismo, que son más populares o frecuentes en el país.
En 1993, en el ámbito de mi actividad profesional entablé relación con una joven oficial, una teniente, de las fuerzas o cuerpos de seguridad del estado. No voy a dar indicaciones concretas de dónde estaba. Es alguien por quien siento respeto, y no quiero emitir nada que se pueda interpretar como una crítica negativa. Aquella relación no desembocó en algo más serio o profundo por la diferencia de valores que vivíamos cada uno, pero la considero una persona honesta. En cualquier caso, tuve ocasión de estar presente en alguna ocasión en alguna reunión informal, tomando unas cervezas o unas copas, con algunos de sus compañeros de promoción y profesión. Todos ellos militares jóvenes en distintos destino. En aquellos momento, en los Balcanes se producía el desastre humano de la guerra étnica que siguió a la desmembración de la antigua Yugoslavia. En más de una ocasión escuché a alguno de aquellos oficiales expresiones de alegría, por las oportunidades de acción y de ascenso que les podía producir aquella guerra cuando Naciones Unidas o la OTAN interviniese… Aquellas expresiones me dejaban helado. Y me ayudaron a comprender que si existe un ejército, existirá siempre una tensión a entrar en conflicto, por absurda, inconveniente o desaconsejable que sea la situación. Con posterioridad, he encontrado nuevas situaciones similares, o he leído de situaciones históricas que favorecieron estos impulsos. Vuelvo al texto principal.
El miedo es una fuerza motriz en contra de la razón muy importante. De la misma forma que en 1914 muchos militares alemanes tenían miedo de los deseos revanchistas franceses y del poderío militar ruso que se produciría si el imperio de los zares prosperaba, los militares japoneses y algunos políticos civiles tenían mucho miedo del surgimiento de un nuevo equilibrio regional y mundial que los relegara, o les hiciera perder lo conseguido en las década que habían seguido a sus éxitos en la primera guerra sinojaponesa, seguida de la guerra rusojaponesa y de la alineación en la Primera Guerra Mundial del lado aliado.
La diplomacia japonesa era mala. Muy mala. Estaba mal dirigida. Por su ministro y por sus primeros ministros.
Los principales líderes del gobierno, desde el emperador hasta los ministros más importantes, carecían de la personalidad y de la autoridad para llevar al país por el camino adecuado. Y los mecanismos constitucionales de control eran deficientes, a lo que se sumó la deriva autoritaria, el desprecio por las instituciones parlamentaria y la destrucción de cualquier oposición política.

El emperador fue siempre una figura más asociada al poder espiritual que al político, y el shintoismo era el sistema de creencias que sujetaba este poder; por otro lado, mucha de la nobleza, terrateniente y militar, abrazó desde tiempo inmemorial el budismo que trajeron los misioneros chinos.
Me resulta sorprendente que haya tantos admiradores de las formas de hacer japonesas en los negocios. Que se hable tanto del sentido del honor, de códigos ancestrales para hacer lo correcto, del deseo de no ofender al adversario,… de muchos mitos que oigo de vez en cuando. Si existen, en aquellos meses se tomaron unas vacaciones, o simplemente no funcionaron en absoluto. El egoísmo personal se sobrepuso casi siempre a las necesidades colectivas del país; contradicción absoluta de la afirmación de que al japonés se le educa para considerar las necesidades de la sociedad, de la comunidad o de la institución por encima de las personales.
El libro es muy revelador. Especialmente por la impresionante cantidad de documentación referenciada por una autora que, por su dominio del idioma es capaz de desentrañar correctamente lo que aquellos documentos transmiten. El idioma japonés es muy distinto a los idiomas occidentales no es tan fácil realizar traducciones correctas cuando se ponen en juego conceptos complejos.
Aunque globalmente satisfactorio, deja lagunas de insatisfacción en lo que se refiere a lo que pensaban, conocían y sabían los adversarios. Los Estados Unidos ¿quisieron la paz? ¿o alimentaron los mecanismos que llevaron a la guerra? Si bien la actuación de la diplomacia japonesa fue absolutamente nefasta en el incidente de Pearl Harbor, hubo que diplomáticos nipones que trabajaron por la paz. La sensación de que fueron engañados por ambas partes, y que ninguna de las dos parte quisieron llegar nunca a un acuerdo pacífico es grande. Japón fue el gran culpable de meter a su país en una guerra despreciable, cruel, inhumana, donde floreció el racismo y lo peor de la especie humana. Pero Estados Unidos tenía unos intereses demasiado poco claros como para liberarlos de toda responsabilidad en este embrollo. Y esa parte no queda tratada con suficiente profundidad en el libro. La gran ironía es que al final de la guerra, Japón estaba totalmente destruido, se había desencadenado el terror al uso del arma nuclear, y en Asia, lejos de instalarse ni la esfera de coprosperidad propugnada por Japón, ni el concierto de naciones libres y liberales, comerciantes, que buscaban los norteamericanos, lo que hubo fue un escenario de nuevos regímenes totalitarios. Nuevas guerras en Corea e Indochina. Y el surgimiento de una nueva potencia tan totalitaria o más, en China, que lo que fue Japón. Y mucho más peligrosa. Una gran éxito para los dos contendientes principales.

Como muchas otras religiones, estas transmiten valores de piedad y compasión hacia el semejante; como los fieles de muchas otros religiones a lo largo de la historia, durante la guerra que dio comienzo con los acontecimientos narrados en este libro, los japoneses se comportaron de forma cruel, despiadada y atroz, hasta generar un rechazo solo ensombrecido por los crímenes nazis. Son difíciles de comprender las culturas humanas y las contradicciones entre los valores positivos comunes y los comportamientos depredadores habituales en tiempo de conflicto.
[Fotos] Fotografía compuestas con cámara sobre trípode
FotografíaEntrada muy escasamente glamurosa hoy, con fotos resultado de probar un accesorio que he adquirido recientemente (Zapata en L baratita para mi trípode más ligero), y que permite usar más cómodamente la cámara en composiciones verticales y para tomar series de fotografías para una imagen compuesta más grande o un panorama, como el caso de las de hoy. Sin más.

Original, fotografía cuadrada de 37 megapíxeles a partir de tres fotografías más sencillas verticales de 21 megapíxeles. En el encabezado, fotografía horizontal de 49 megapíxeles a partir de cuatro fotografías sencillas verticales de 21 megapíxeles.
[Fotos] Un 23 de mayo, hace 10 años
ViajesHe estado varios días pensando si redacta o no esta entrada. Quizá lo suyo es que lo hubiese hecho hace seis días, coincidiendo con el aniversario. Pero hay cosas que te apetece, pero no te apetece hacer. Ver esta mañana colgada en una pared de mi entorno laboral una de las fotografías que veréis a continuación me ha decidido.
Hace diez años tuvimos una primavera no muy distinta que esta. Todavía más lluviosa y tormentosa. La ciudad, Zaragoza, esta envuelta en el frenesí de la inauguración a mitad de junio de la Exposición Internacional 2008. Pero yo iba muy a lo mío. Por motivos de trabajo, me surgió un viaje a Trieste hacia la tercera semana de mayo. Y aproveché para prolongarlo con una estancia de fin de semana en Venecia. Os puedo asegurar que si hubiese sido cualquier otra ciudad, igual sería uno de los más importantes que tengo en mi vida. Pero tuve suerte y fue Venecia. Y la tarde noche de aquel 23 de mayo será siempre una tarde para el recuerdo. Por muchas cosas. El lugar, la luz, las convesaciones, con propios y estraños, porque que no había follón, porque los turistas, que unas horas antes lo inundaban todo, de repente se habían retirado todos. La laguna, las islas, las calles y los canales de la Serenissima eran para nosotros solos. Y los aprovechamos.










[Cine] Solo: A Star Wars Story
CineSolo: A Story of Star Wars (2018; 29/20180524)
Visita obligada a las salas de cines para todos los que iniciamos en nuestra adolescencia una aventura en un mundo absolutamente nuevo y desconocido hasta el momento. Hoy en día, los niños y adolescentes alternan entre una diversidad de franquicias en lo que se refiere al cine de aventuras. Pero en aquella época, a mediados de los años 70, la aventura clásica, la ciencia ficción y el western estaban prácticamente desaparecidos o condenados a las series B… o Z… Y fueron la mano de George Lucas, Star Wars, y Steven Spielberg, Indiana Jones, con Harrison Ford como presencia común a ambas historias las que rescataron para el cine con mayúsculas el género de la aventura. También con mayúsculas.
Dejando aparte su protagonismo absoluto en las aventuras del arqueólogo, Harrison Ford es una de las piedras angulares del éxito de de la saga galáctica. Han Solo, un personaje secundario, el fiel compañero del héroe, se ganó inmediatamente por aclamación de los espectadores el derecho a ser considerado uno de los grandes protagonistas de la serie. Especialmente, dada la sosería innata con la que vinieron al mundo sus dos compañeros más jóvenes. No es infrecuente en el género de aventuras que el malo y el compañero del héroe sean los personajes que realmente sazonen y conviertan en algo digno de ser contado el camino del protagonista hacia esa condición heroica. La segunda película de la saga confirmó a Solo como un el gran canalla de buen corazón que muchos varones quieren ser y con el que muchas señoras quieren ligar.

Toda historia «Star Wars» va acompañada de nuevos paisajes planetarios, que suelen oscilar entre los fríos helados y los desierto abrasadores. En esta ocasión los fríos helados se corresponden con una de las más entretenidas secuencias de la película, el asalto al tren del dinero… uy, perdón,… del «coaxium». Parece que rodada en los Dolomitas, lo sustituiremos por paisajes nevados de los Pirineos a efectos de ilustrar esta entrada.
Pero desde entonces han pasado unas cuantas décadas. Nos hemos puesto un poco mayores. Y las reglas del cine y su mercadotecnia han evolucionado. Tras una trayectoria más irregular que lo que muchos quieren admitir, Harrison Ford se nos ha hecho mayor, y ya no está en las aventuras galácticas actuales. Y frente al cuentagotas con el que nos fueron llegando las películas iniciales de la saga, hoy en día, la forma en que se desarrollan las películas de las más notables franquicias llevan otros ritmos y otros planes. Y eso se nota en la saga galáctica. Desde que en diciembre de 2015 volvió con el episodio VII de las aventuras de los Skywalker, nos han llegado ya cuatro películas. Algo más de una al año. Muchos consideran que esto es un exceso. Pero fíjense, de películas de superhéroes de la Marvel, sólo en 2018 habrá cuatro películas de las que controla directamente Marvel Studios, bajo el paraguas directo de Disney. Sin contar aquellas cuya producción es controlada por Fox y Sony. Las cosas han cambiado mucho en los últimos cuarenta años en la forma de hacer cine de aventuras. Y es difícil que los que renacimos a este cine de la mano de Harrison Ford, tras nuestra época infantil de cine de reestreno, peplums y spaghetti western, nos acostumbremos a esta situación. Yo, por ejemplo, nunca me he hallado cómodo con el cine superheroico. Sinceramente, todas las películas de este género me parecen absolutamente iguales y, tras ver alguna, superfluas. Pero sus fans están encantados de ver una vez tras otra la misma película con cambios cosméticos en su argumento y sus personajes.

De la mano de Ron Howard, tras «diferencias artísticas» con los directores previstos inicialmente, llega de nuevo a las pantallas Han Solo, pero no Harrison Ford. Howard es un director irregular, con muchos éxitos de taquilla, alguna película buena, y muchas sobrevaloradas. Mostrando el interés del estudio por que la cosa saliese bien, los guionistas de la película son los Kasdan, padre e hijo. Al fin y el cabo, el padre participó en el guion de la película más valorada de la saga, la que consagró a Han Solo con su dramático final en la carbonita. La gran cuestión era… ¿y a quién ponemos como Han Solo… ahora que no podemos contar con Harrison Ford?
La historia no tiene mucho misterio. Han cogido las diferentes referencias que en las películas originales y en algún otro producto colateral había al pasado de Solo (Alden Ehrenreich, finalmente), y las han fundido en un argumento clásico de aventuras. Que si nacido en Corellia, que si tuvo un pasado en el ejército imperial, que si le gano a Lando (Donald Glover, en la actualidad) el Halcón Milenario en una partida de naipes, que si hizo el corredor de Kessel en 12, o 14, pársecs… suponiendo que los guionistas supieran en su momento lo que era un pársec (unidad de longitud equivalente a 3,26 años luz, más de 30 billones de kilómetros). La única innovación es que el macguffin de la historia es que al héroe lo mueve una mujer, Qi’ra (Emilia Clarke, madre de dragones, nacida de la tormenta, khaleesi de los…. ¡a no que eso es otra historia!), de dudosa afiliación política, sociológica y ética.

¿El resultado? Pues para qué creéis que he hecho una introducción tan larga. Para poder afirmar que es una película de aventuretas al uso, que no tiene ni puede tener un protagonista con un carisma comparable al Han Solo original. Que el estudio no se ha atrevido a arriesgar, ha ido a jugar sobre seguro en lo que se refiere a la historia, sin un ápice de innovación, especialmente después de la división de opiniones del respetable en el episodio VIII. Y que por lo tanto pasará a la historia como un ni fu ni fa cinematográfico. Ni tan catastrófico como los más críticos proclaman, ni tan estupendo como los más entregados al modelo de cine de franquicias nos van decir. Y que lo peor con ventaja es la presencia de Emilia Clarke, una chica monísima, pero de un mediocridad interpretativa notable. El chico nuevo… pues un pardillo haciendo de pardillo. Ni se nota, ni se mueve, ni… Punto positivo para Woody Harrelson y, si le hubiesen dado más cancha, para Thandie Newton. Indiferencia absoluta por mi parte para Glover, cuyo androide favorito L3 roza en algún momento el ridículo, convirtiéndolo caso en un sustituto de Jarjar Binks en mi odio galáctico.
Nos han dejado las puertas abiertas a muchas secuelas. ¿Seguiremos viendo nuevas aventuras de Han Solo? Quizá deberíamos dejar al personaje en paz ¿Será la ambigüa Qi’ra, con la sorprendente revelación final de quién es su jefe, la que de lugar a una rama colateral en la saga galáctica? Con una actriz más consistente, no me importaría… pero esta chica tan sosa… O quizá nada de eso. Porque parece que las taquillas no van a dar los réditos previstos. Quizá porque la franquicia Star Wars no se ajusta a la de los héroes Marvel… y en Disney no lo tienen claro.
Valoración
- Dirección: ***
- Interpretación: ***
- Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Imágenes ferroviarias para mis reocmendaciones fotográficas de este domingo
Fotografía, TrenesSe acerca mi primera parte de las vacaciones reglamentarias. Y ya tengo los billetes. De tren en esta ocasión. Nada de aviones. Y por ello, las recomendaciones fotográficas de estas semana, que encontraréis en Recomendaciones semanales – del 20 al 27 de mayo de 2018, están ilustradas con mis recorridos ferroviarios por, hacia o desde Francia o Suiza.

