[Libro] Si los gatos desaparecieran del mundo – Genki Kawamura

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Apartándonos de las atracciones turísticas de Matsumoto.

Esta semana he descontrolado un poco en mi organización y planificación de las entradas de este Cuaderno de ruta. Bueno… en realidad, esta semana he descontrolado en un montón de pequeñas cositas que han dotado a estos siete días de un sabor caótico, no siempre desagradable, pero, a la larga, muy cansado. Sin embargo, aunque en esta mañana de domingo me apetecía hacer el vago más que otra cosa, he decidido sacudirme la pereza y hablar de un libro que ya terminé de leer hace más de un mes. Y que tenía intención de haber dejado comentado hace ya unos días. Así que, en un domingo, día poco habitual para mis comentarios literarios, os vengo a hablar de este libro de Genki Kawamura (fr), un éxito de ventas en su país, fue adaptado al cine ya hace unos años, y que cuenta con abundantes traducciones a otros idiomas.

Como veréis en el enlace anterior, esa entrada de Wikipedia en francés que está muy incompleta, de lo que más se habla de su trabajo como productor cinematográfico. Tiene página web, en japonés principalmente, y si se revisa su página en IMDb, se confirma que como productor ha participado en bastantes películas, muchas de animación, y con un nivel promedio relativamente alto en calidad y éxito de público. No pocas de ellas han llegado con éxito a las pantallas españolas. Pero también ha dirigido alguna cosa y ha escrito algún guion. Como ya he mencionado sus novelas se venden, y parece que esta gatuna novela es la de más éxito y fue la primera que escribió, en 2012. Por lo tanto, un tipo importante en la cultura audiovisual y literaria contemporánea en Japón.

A pesar de eso, reconociendo que esta novela que os traigo aquí tiene no pocos méritos… al final no sé muy bien porqué, me dejó un poquito frío. Su protagonista es un hombre relativamente joven, a quien han diagnosticado un tumor cerebral inoperable, y que acabará con su vida en poco tiempo. Vive sólo, con un gato que heredó de su madre difunta, y vive extrañado de su padre. Tuvo una novia a quien quiso, pero de la que acabó separándose lo que le ha causado un vacío en su vida. En su apartamento, sólo, se le aparecerá un demonio con su misma apariencia que le propone un trato. Le quedan siete días de vida. Cada día puede elegir un objeto que desaparezca del mundo. El objeto singular, pero también todos los demás. Si escoge su teléfono móvil, desaparecerán todos los teléfonos móviles. Y por cada día en el que elija un objeto que desaparezca podrá prolongar su vida un día más. Y ahí comienza un recorrido que resuena más a un examen de conciencia de lo que ha sido su vida, y de los «qué hubiera pasado si en vez de…»

No es infrecuente en la literatura japonesa contemporánea el realismo fantástico. Se habla mucho de Haruki Murakami con el exponente de este género en el País del Sol Naciente. Pero, en realidad, su folklore con una rica tradición de historias con espíritus diversos, demonios, monstruos y demás elementos mágicos, es causa suficiente para explicar que el género esté arraigado en su literatura, o que con el tiempo se haya llegado a ello. Y a ello se añaden los temas tradicionales de la literatura contemporánea japonesa, especialmente la alienación de la persona en la gran ciudad. La tendencia a sentirse solo. O directamente a estar solo entre millones de persona. Y la incapacidad de permanecer unido a quienes nos podrían suponer una tabla de salvación para esta soledad.

Como ya he dicho, el libro tiene el tono de repaso a una vida y aquellos momentos en los que se tomaron decisiones, o dejaron de tomarse, de los que el protagonista se arrepiente. He visto no pocos comentarios sobre este libro en los que los lectores ven rayitos de esperanza para alcanzar una vida más satisfactoria. Pero no es mi filosofía la de la constante mirada atrás. Lo que ha sucedido y queda en el pasado, ya no puede cambiarse. Por lo que el arrepentimiento poco sentido tiene. Hay que vivir con las consecuencias y hacerlo de la mejor forma posible. Hay que tener cuidado también con las miradas atrás. El tiempo me ha enseñado que el pasado no está «fijado». Los acontecimientos del pasado cambian de significado con las experiencias posteriores, lo que pareció trascendente puede convertirse simplemente en una pequeña parte de los que somos. Pequeños acontecimientos del pasado, que muchas veces ignoramos, sin embargo, pueden ser la base de acontecimientos trascendentes en nuestro presente. Es difícil evaluar con objetividad, porque nuestras percepciones de lo pasado cambian. Así que no queda más remedio que vivir pensando en el presente y, un tanto, en el futuro. Y si no hay futuro, como al protagonista de la novela… en el presente, mientras dure.

[TV] Cosas de series; mujeres trabajadoras en las series surcoreanas

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Una mañana con buen tiempo en Seúl.

Llevaba casi dos meses sin redactar una entrada televisiva basada en alguna serie surcoreana. No es que hay dejado de verlas. Es que las últimas que he visto no me han motivado gran cosa. Las dos fuentes de este tipo de series, que se han convertido en el entretenimiento de pensar poco del fin de semana cuando no tengo cosas mejores que hacer, son Netflix y, en menor medida, Amazon Prime Video. Aunque en las últimas semanas estoy más con esta plataforma que con la anterior. El caso es que últimamente algunos de los estrenos, especialmente en Netflix, no me enganchan. Veo algunos minutos y me canso. No sé si estoy percibiendo un bajón en la calidad o, simplemente, que ya me he saturado. Porque la calidad es un concepto relativo con estas series. Ya he mencionado en muchas ocasiones que, cuando las veo, entran frecuentemente dentro de la categoría de placeres inconfesables. Guilty pleasures que dicen los anglófonos. Placeres culpables.

Pero hace unas semanas me llamó la atención un estreno reciente en Netflix, Mijiui Seoul [미지의 서울, Seúl desconocido], titulado en inglés/castellano como Nuestro Seúl por descubrir/Our unwritten Seoul. Y es la historia de dos hermanas gemelas, Mi-ji y Mi-rae, idénticas de aspecto pero con personalidades diferentes. Originarias de una pequeña ciudad de ambiente rural. Mi-rae, cuyo nombre 미래 significa futuro, estuvo enferma buena parte de la infancia, recibió la atención principal de la familia, y eso le llevó a refugiarse en los estudios. Mi-ji, cuyo nombre 미지 significa desconocida o incógnita, tuvo que apañárselas sola, sintió falta de atención, y se orientó a los deportes. Pero mientras Mi-rae progresó en los estudios, fue a la universidad, y entró a trabajar en una prestigiosa empresa pública del ámbito de las finanzas, en Seúl, Mi-ji tuvo una lesión que truncó su carrera deportiva y sus esperanzas de entrar en la universidad, sufriendo un revés del que le costó recuperarse y tira adelante como buenamente puede. Con 30 años, Mi-rae sufre una crisis por acoso en su empresa, y se intercambia con Mi-ji para tomar un descanso. Mi-rae vuelve al pueblo haciéndose pasar por Miji, y esta va a Seúl a la inversa.

Ambas están interpretadas por la misma actriz, Park Bo-young, muy popular, que ya ha aparecido varias veces en estas páginas. Generalmente en comedias, más o menos románticas, en esta ocasión opta por un(os) papel(es) dramático(s). Obsérvese que el nombre de una de ellas, Mi-ji, se encuentra presente en el título de la serie, y ciertamente se siente que este personaje es más importante y goza de más minutos que la hermana gemela. Es frecuente que en las comedias y dramas románticos surcoreanos haya dos parejas, la protagonista y otra formada por complementarios o antagonistas. Mi-rae sería la fémina de la pareja complementaria. Los chicos son un abogado (Park Jin-young), amigo del instituto de las chicas, que también arrastra sus conflictos del pasado, es el principal, y un ejecutivo de fama que durante un tiempo se refugia en el campo (Ryu Kyung-soo), plantando fresas y que sería el complementario. No son antagonistas.

La serie desarrolla una diversidad de tramas. El concepto de familia, las relaciones familiares, tanto materno-filiales, como entre hermanas, las dificultades de la comunicación entre personas que se quieren bien, pero que se malinterpretan con frecuencia. Y el simbolismo de Seúl como el lugar donde alguien se abre al gran mundo, frente al pueblo, donde uno se refugia en los seguro, pero con menos horizonte. Pero el macguffin que pone en marcha los hechos, y que supera el concepto de macguffin al ser también un tema de fondo importante, es el acoso laboral que sufre Mi-rae, una profesional concienzuda, competente e inteligente, pero que cae en desgracia cuando se pone de parte de una compañera que ha sufrido acoso sexual por parte de un superior, algo que luego va afectar de forma similar a la coprotagonista de la serie. Las dificultades de las relaciones laborales en las empresas surcoreanas, especialmente para las mujeres, es un leitmotiv habitual en los dramas de este país.

Hay varios factores que parecen influir en ello. El primero es el origen confucianista del sistema de valores de la sociedad surcoreana. Esto conlleva que en la misma el patriarcado, la situación de dominancia social, e incluso legal hasta no hace muchos años, sea omnipresente en la sociedad del país asiático. Leí hace unos años una dura novela de una autora surcoreana que exponía las consecuencias de este hecho para un mujer desde el momento en que nace y hasta que forma una familia. Por otro lado, es una sociedad fuertemente jerarquizada, en la que un superior tiene un gran poder sobre sus subordinados, y más si son mujeres. Los criterios de edad y posición predominan sobre los de mérito y valor aportado. Esta jerarquización es importante en el sector público, mientras que en el privado, con un predominio de empresas en mano de grupos familiares, se establece una aristocracia plutocrática que condiciona la escala social. Por lo tanto, la palabra y el testimonio de una mujer joven, procedente de provincias del medio rural, por muy preparada e inteligente que sea, carecerá de valor ante un hombre mayor y jerárquicamente superior, que además podrá difamarla sin repercusiones. Por supuesto, esto se puede agravar con abusos sexuales que raramente serán denunciados, por la vergüenza social. Y con la complicidad de los propios iguales de la víctima que no querrán enemistarse con el superior.

En esta serie es tema principal, pero no es la primera vez, y sospecho que no será la última, que aparezca de forma importante o secundaria en otras series o ficciones audiovisuales del país asiático. Un país con un alto nivel tecnológico, con un alto porcentaje de titulados universitarios, con unos indicadores buenos en temas de salud, dentro de la OCDE se encuentra entre los peor clasificados en el índice de desigualdad de género, al mismo nivel que Turquía o Méjico, por poner unos ejemplos, países mucho peor situados en otros indicadores de desarrollo. Por lo tanto, una fuerte asignatura pendiente en el país asiático, que con cierta frecuencia se cuela en sus series televisivas, aunque quizá no con la contundencia que la seriedad del problema merecería.

[Libro] Ajisai – Aki Shimazaki

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. He visitado Kamakura en dos ocasiones. Y aun me quedo con las ganas de volver a esta agradable ciudad japonesa, cargada de historia y cultura… y quizá de demasiados turistas, aunque yo nunca sufrí los agobios en ninguna de las dos visitas.

De la japonesa Aki Shimazaki, afincada en Canadá, nacionalizada canadiense, que escribe en francés, pero que sigue escribiendo después de 21 novelas cortas, incluida la de hoy, sobre Japón y sus gentes, he hablado ya con frecuencia en estas páginas. Veintiuna novelas cortas, puesto que este es su estilo, que se agrupan en quintetos con historias entrelazadas, con personajes relacionados, y que constituyen una gran historia más amplia. Cada una de sus novelas cortas tienen sentido en sí misma. Pero adquiere más sentido cuando has leído el quinteto en su conjunto. Hasta el momento, por necesidad o por preferencia, he leído los quintetos más o menos agrupados. Los dos primeros se publicaron traducidos al castellano como un único volumen. Así que no se percibían como cinco libros distintos sino como una novela en cinco partes. Pero los dos siguientes sí que los leí con cada novela corta por separado, pero separadas por breves intervalos de tiempo.

Shimazaki viene a publicar una de sus novelas cortas al año. La primera es de 1999, la última que ha publicado, en mayo de 2025. Esos son 27 años, de los que sólo ha fallado en 2003, 2004, 2007, 2009, 2011 y 2020. En enero de este año me enteré que la publicación de la primera novela corta de su quinta serie, esta Ajisai [アジサイ, hortensia], que comento hoy. El nombre de la flor del género del género Hydrangea tiene una escritura en kanji en japonés [紫陽花], pero es costumbre en el País del Sol Naciente que los nombres comunes de las plantas y animales se escriban en katakana. Como curiosidad, la escritura en kanji está tomada del chino, pero no se correlaciona en absoluto con su lectura, con el nombre común de la planta en japonés. La lectura habitual de esos kanji no tiene nada que ver. En katakana, sí que es una lectura fonética directa. Terminaré esta disgresión que tiene poco que ver con el libro recordando que todos los títulos de las novelas cortas de Shimazaki tienen nombres de plantas o pequeños animales. Que aparecen de un modo u otro en el relato.

El protagonista del relato es un joven estudiante de lo que aquí llamaríamos filología, pero que en el texto aparece simplemente como un estudiante universitario de japonés o lengua y literatura japonesa, en sus últimos años antes de graduarse. Es un joven de una familia acomodada, el pequeño de tres hermanos. Frente a sus hermanos que han estudiado empresariales, el mayor, y derecho, la mediana, carreras útiles y prácticas, a este joven protagonista, más mimado, se le ha permitido estudiar algo… «poco útil». Está empezando a orientar su futuro hacia el doctorado y hacia una carrera de profesor universitario. También ha empezado una novela. Y en estas está cuando le llega la noticia de que la empresa familiar, unos grandes almacenes, va a declararse en quiebra. Y su familia no podrá apoyarlo económicamente como antes. Tendrá que abandonar su cómodo apartamento en Kamakura, buscarse trabajos a tiempo parcial y apretarse el cinturón. Una familia acomodada de Tokio que tiene una casa en esta agradable ciudad costera, le ofrece alojamiento gratis a cambio de cuidar de la casa cuando ellos falten, que es la mayor parte del tiempo, sólo van los fines de semana y en vacaciones. Aceptará. Y empezará una amistad con la esposa, una mujer atractiva, en la mitad de la treintena, que evolucionará a algo más que una amistad.

Nos encontramos ante una novela iniciática. El desarrollo emocional y social del joven, que ha vivido entre algodones y consentido, se había quedado en una especia de eterna despreocupada adolescencia, a pesar de que veía en sus amigos que el mundo y la vida no tienen que ver con la suya. Poco dado al compromiso con las chicas, centrado en sus lecturas y su actividad intelectual, tendrá que madurar a marchas forzadas. Y también tendrá que madurar emocionalmente ante una relación que le romperá los esquemas.

Esta pequeña historia está bien. No es la más interesante de las novelas cortas de Shimazaki… pero de alguna forma, al ser la primera de la quinta serie, es una puesta en escena de una historia más amplia. Desconozco quienes serán los protagonistas de los siguientes relatos, a los que iremos acompañando durante cuatro años más por lo menos. ¿Los amigos? ¿Sus padres y hermanos? ¿Su atractiva amante casada y su familia? Ni idea. Tendremos que esperar. Pero sin duda si nada lo impide, ya lo leeré cuando llegue el momento.

[Cine] The last showgirl (2024)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Ya que no he visitado ni tengo pensado visitar Las Vegas, dejo a la inteligencia del lector averiguar por qué he elegido estas fotografías de Times Square en Nueva York para ilustrar la entrada.

The last showgirl (2024; 28/20250624)

Otra película, la enésima en este 2025 en el que pocas hay en cartelera que me atraigan en los últimos meses, que tampoco me llamaba la atención. Aunque sé que a finales del año pasado algún listo de la cosa del cine en internet llegó a decir que su protagonista, la antaño neumática y siliconada protagonista florero de algunos telefilmes Pamela Anderson, merecía alguna que otra candidatura en la temporada de premios… cosa que me costaba creer. Y por otro lado, en el título aparece la palabra inglesa showgirl, que también estaba en el título de una de las peores películas que he visto en mi vida en una sala de cine. Seguro que hay peores… pero no las he visto. O no las recuerdo porque las vi siendo muy niño. ¿Será que Verhoeven quería hacer una parodia y nadie lo entendió así como cuando habló del militarismo fascista? Pero me dejé convencer y fui.

Esta no está dirigida por Verhoeven. La firma Gia Coppola, nietísima, sobrinísima y primísima de directores e intérpretes bien conocidos en el mundo del cine, pero de la que no había visto todavía nada. En ella seguimos a una veterana corista de un espectáculo de un casino en Las Vegas, que con sus cincuenta y tantos años conoció mejores tiempos, y ha quedado relegada a la última fila de este espectáculo que se basa en sacar (más o menos) bailando a a varias decenas de mujeres medio desnudas y adornadas con lentejuelas y plumas brillantes. Y en estas está cuando anuncian que, tras décadas en cartel, el espectáculo va a cerrar tras la compra del establecimiento por otros empresarios. Y que se van a la calle. Por lo que se encuentra con un futuro incierto, al mismo tiempo que las relaciones familiares y personales también le hacen agua por todas las parte, como durante toda su vida, en la que ha vivido un espejismo sobre lo que era su profesión.

La película está bien hecha y bien interpretada. Anderson me ha sorprendido. Pero reconozcámoslo,… el tema me interesaba poco. O nada. De los posibles lugares famosos o turísticos que podría visitar en los Estados Unidos, Las Vegas y su mundo muy probablemente se sitúa en el último puesto. No hay nada que me atraiga, como no hay nada que me atraiga sobre este mundo de explotación económica de personas y cuerpos. Pero realmente entiendo que no falten las alabanzas hacia esta película. Y que si la directora se pone con cosas que me interesen algo más de base, le preste atención. Y hasta aquí me da el comentario de este corto largometraje.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***

[Libro] La cigarra del octavo día – Mitsuyo Kakuta

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Últimas horas de la tarde en mi visita a Nara en 2014.

A pesar de que la primera novela que leí de Mitsuyo Kakuta me dejó en un punto intermedio, con cosas que estaban bien y otras que me convencían menos, la verdad es que esta es ya la tercera novela que leo de esta autora japonesa. Así que… algo tendrán la guapa cuando la peinan. Su forma de ver el mundo de las mujeres, al menos de las mujeres japonesas, tiene su cosa. Sus novelas no dejan de tener un trasfondo feminista, pero puede que muchas feministas no lo sintieran así. Porque no carga las tintas (en exceso) sobre los agentes externos a las propias mujeres, sino que no deja de poner sobre ellas las responsabilidades de sus propios actos. Incluso si en el fondo son víctimas de una sociedad que les puede ser hostil en no pocas ocasiones. Pero eso no obsta para que no la «caguen» también.

Y aquí vuelve a llevar a una de estas mujeres, que es a la vez sufridora y culpable de sus propias desdichas, a una situación extrema. Una mujer relativamente joven, que se cuela en un domicilio cuando el matrimonio que lo habita sale para ir a trabajar y hacer una compra, dejando sola a una niña, una bebé de pocos meses. Y esta mujer, en un pronto, decide llevarse a la niña. Y comenzar una huída por el país, que la llevará a convivir con distintas personas y en distintos ambientes, como si fueran madre e hija, incluida una temporada con una secta exclusivamente femenina. Una huída que durará años. La novela terminará con un capítulo final donde escucharemos la voz de la niña, siendo ya adolescente.

Es posible que, tras las semanas que han pasado desde que lo terminé, este haya sido el libro que más me ha convencido de la autora japonesa. Es una potente reflexión sobre la maternidad. Sobre los valores que conlleva, sobre las presiones que presenta, tanto internas como externas, sobre las diversas formas que tiene de manifestarse. Puede haber formas de entender la maternidad tantas como mujeres. Y de la forma que en ocasiones se ha reflexionado sobre la familia a través de falsas familias, en esta ocasión se usa una maternidad que no es… o sí es, pero no debería ser. Incluye también algunas reflexiones, en las distintas etapas de la huída de esta mujer, sobre lo que es la hermandad entre las mujeres, sobre las distintas formas de entender el apoyo mutuo, ante las dificultades que las sociedades les presentan por el hecho de ser mujeres.

Me parece una novela que, sin ser perfecta, está muy bien. Engancha, a veces conmueve, y no deja de mezclar la crítica social con un relato de acción. De «acción» si queréis, con comillas, porque no hablamos, salvo algún momento puntual en que las cosas se aceleran, de acción trepidante, pero esas huidas,… no deja de ser acción. Y sobretodo, ese tramo final, en el que cambia el foco de la novela de la «madre» a la hija, y con su mirada y sus sentimientos nos ayuda a reinterpretar toda la historia. Yo la recomendaría.

[Libro] When we were orphans – Kazuo Ishiguro

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Las últimas fotografías que realicé en Shanghái en el viaje de 2019.

Kazuo Ishiguro es un autor que se ha convertido en un habitual en mi lecturas. Y poco a poco voy recuperando su bibliografía. No tremendamente extensa, pero que me dará para un tiempo. Japonés de nacimiento, británico de adopción, vive en Inglaterra desde niño, por lo que su lengua literaria es el inglés, y premio Nobel en 2017, sus relatos tienen siempre situaciones imprevistas o sorpresas para el lector. Especialmente cuando opta por un relato en primera persona. Técnica literaria que siempre nos debe hacer dudar de la veracidad de lo que se nos está contando. Y que a mí, cuando está bien desarrollada, me encanta.

Y este es uno de esos casos. El narrador es un hombre cuya infancia transcurrió en Shanghái, donde fue feliz, hasta que sus padres desaparecieron. Al parecer secuestrados. Trasladado a Inglaterra al cuidado de una tía con dinero, llevará una buena vida hasta, que ya graduado en la universidad, optará por dedicarse profesionalmente a las labores de investigador privado. Ámbito en el que alcanzará el éxito. Pero siempre con una obsesión; volver a la ciudad asiática a buscar a sus padres. Cosa que hará en 1937, justo cuando los invasores japoneses y los defensores chinos se disputan la ciudad en los primeros compases de la Segunda Guerra Chino-japonesa, uno de esos conflictos que salpicaron el mundo en el final de los años 30, y que si no fuese por la visión eurocentrista de la historia situarían el comienzo de la Segunda Guerra Mundial varios años antes a su comienzo oficial en 1939. Durante sus años de juventud, en sus 20 y sus 30, se irá encontrando con otra joven con un ansia desesperada por triunfar en sociedad. También huérfana. Y a pesar de su obvia atracción mutua no reconocida por ninguno de los dos, sus vidas se cruzarán repetidamente, pero sin llegar a cuajar una relación.

Estamos ante un libro complejo, en su planteamiento y en su desarrollo. Como ya he dicho, o insinuado, es el propio protagonista quien narra la historia. Pero siempre con la duda de si lo que nos cuenta es cierto o no. ¿Nos podemos fiar de sus recuerdos infantiles, cuando sucedió la tragedia de sus padres? ¿Nos podemos fiar de cómo vive su vida social, ante la inseguridad perpetua del huérfano que no tiene clara su lugar en el mundo? Este es un tema central. Él es huérfano. La joven que aparece y desaparece de su vida es huérfana. La niña canadiense que acoge y cría como si fuera su padre es huérfana. Y sobre todo, en las sobrecogedoras escenas de la guerra en Shanghái, ¿nos podemos fiar de que lo que nos cuenta es lo que realmente sucede? Incluso cuando conocemos el desenlace de lo que sucedió con los padres, algo que no esperas, algo con un punto tremendo, todavía más dramático que lo que creíamos conocer, te planteas dudas de qué es verdad y qué es mentira. Quien dice o cree decir la verdad y quien no. Como digo un relato complejo.

La novela, indudablemente bien escrita, tiene un argumento que nunca sabemos claramente dónde nos lleva. A mí me desconcertó en varias ocasiones. Y quizá por ello sea una de las obras más discutidas del autor. Alguno la califican de las más flojas, el propio Ishiguro dice no estar del todo satisfecho de ella, aunque la mayor parte de las revisiones la sitúan bien. Ishiguro es buen escritor, muy buen escritor, por lo que incluso sus obras más flojas pueden tener más interés y ser mejores literariamente hablando que las mejores obras de otros autores, bien conocidos, pero claramente inferiores. Por mi parte, cuando fui superando los desconciertos, y teniendo en cuenta que hace más de un mes desde que la terminé, lo cierto es que es una novela que ha ido creciendo poco a poco en mi memoria, y caba vez valoro mejor los valores que contiene. Así que me parece muy recomendable. En fin, llevo mucho retraso comentando cosas leídas, después de este comentario me quedarán cuatro lecturas pendientes, y voy por la mitad de otro libro… pero no me quiero precipitar acumulando comentarios, no vaya a ser que me entre algún parón lector de los que me suceden de vez en cuando y me quede sin libros de los que hablar.

[Libro] El libro de las hermanas – Amélie Nothomb

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. La fotos, indefectiblemente, París. En primavera. Aunque en blanco y negro.

En su momento leí mucho de Amélie Nothomb. Autora belga, nacida en Kobe, Japón, muy querida también en Francia, escribe en francés, muy prolífica. Y he disfrutado mucho con sus libros. Aunque con tantos que ha escrito los hay mejores y peores. La constancia en la calidad y la mucha publicación no siempre van acompañadas. En cualquier caso, sus novelas, nunca muy extensas, tiene elementos característicos. A mí me suelen gustar, aunque hace unos años me cansé, y llevaba un tiempo sin leer nada nuevo de ella.

Un tema habitual en sus novelas es la familia. Y sobre ello va esta que comento hoy. Narrada en primera persona por una mujer que nació de un matrimonio que se amaban tanto que se bastaban a sí mismos. Tuvieron a sus hijas, porque es lo que tocaba, pero las descuidaron. Se cuidaron a sí mismas, puesto que de nada serviría llamar la atención de sus padres. A partir de ahí las hermanas se volvieron inseparables durante la infancia, y sólo al llegar a la edad adulta entraron en un eventual conflicto. Y también contó la protagonista con la caótica hermana de su madre y su prima.

Novela entre sarcástica y amarga. Centrada en el desencuentro con los progenitores. Cuando el interés de estos no coincide necesariamente con el interés de los hijos, o lo que realmente conviene de los hijos. Especialmente compleja, como se muestra hacia el final de la novela, la relación con la madre. Un libro que engaña, ya que bajo cierta apariencia de comedia, esconde un profundo drama.

No voy a decir que sea la obra que más me haya gustado o convencido de Nothomb. Pero es buena escritora, y siempre tiene interés. Lo he pasado bien, y me ha hecho pensar. Por lo tanto me parece razonablemente recomendable.

[TV] Cosas de series; matrimonios, suegras, amigos con hijos y otras tentaciones

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Visitando el templo de Lady Linshui en Tainan. Dedicado a la hija de la bodhisattva Guanyin, Lady Linshui, es protectora de las madres, especialmente de las gestantes. Lo cual pega mucho con la entrada de hoy, donde la maternidad/paternidad tiene su protagonismo en un momento dado. Dicen que es el templo más antiguo de la ciudad.

Visité Taiwán en el 2018. Un viaje un tanto improvisado, que no preparamos con suficiente antelación, pero del que, a pesar de todo, guardamos un excelente recuerdo. Aunque no estuvo exento de algún percance que otro, ninguno grave. La cuestión es que lo pasamos bien. Fue mi segundo contacto con la cultura china, después de Hong Kong. Después vino otro más, en la China continental, y se viene otro, dentro de pocas semanas, con el recorrido que tuvimos que cancelar por culpa de la pandemia de covid-19 en 2020. El caso es que Taiwán fue un lugar que me cayó bien. Simpático. De los países del Asia oriental que he visitado me gusta por dos motivos aparentemente contrapuestos. Por un lado es posible encontrar numerosos elementos de la cultura propia, fundamentalmente la cultura china, pudiendo aprender y disfrutar de los aspectos más lúdicos de la misma. Pero por otro lado es un país democrático, un estado de derecho, aunque no reconocido por el resto de la comunidad internacional como tal, que ha evolucionado a una sociedad respetuosa como en ningún otro lugar de esa parte del mundo. Taiwán es una democracia plena, con mejor puntuación que España, por ejemplo, que también está en la primera división de las democracias, aunque en nuestro caso por los pelos.

En Netflix hay una cierta oferta de películas y series taiwanesas. Pero hasta el momento la suerte que he tenido con ellas es diversa. Las hay que están muy bien, pero otras… pues no sé. Tengo que investigar mejor la oferta que ofrece el país, porque a lo peor me estoy perdiendo cosas interesantes. La cuestión es que, en este espíritu, decidí ver una serie de reciente estreno en la plataforma. Se trata de Tóng hùa gù shì xìa jí [童話故事下集, el próximo episodio del cuento de hadas], que en castellano/inglés se titula Casada, ¿pero a qué precio?/I am married… but!. A mí me hubiera gustado que en las versiones extranjeras hubieran conservado el sentido del título original chino. Es un título que nos viene a decir, «ahora os vamos a contar lo que viene después de la comedia romántica tradicional; cuando se casan».

Los protagonistas son I-ling (Ko Chia-Yen como Alice Ko) y Xue-you (Jasper Liu), un matrimonio que lleva tres años casados. Su noviazgo se nos resume brevemente. Dos jóvenes profesionales que se conocen, se caen bien, se van a la cama juntos, se lo pasan bien en esto y en otras cosas, y deciden casarse. Y tres años después los tienes viviendo con la suegra de I-ling, una señora tradicional, a quien su hijo, Xue-you, es incapaz de contrariar, y que está empezando a quebrar la confianza del matrimonio. I-ling quiere tener su propia casa, vivir su propia vida, con su marido, disfrutar de la vida, de su profesión. La suegra preferiría que estuviera en casa, que tuviera hijos, que la cuidase (no es que necesite cuidados en ese momento, precisamente, más bien es de cuidado)… y comienzan los pequeños roces cotidianos, con el desgaste del joven matrimonio. Si a eso añades que ambos son todavía lo suficientemente jóvenes y bien parecidos como para que les surjan tentaciones de diverso tipo por el camino…

Está narrada en clave de comedia. Ella es dinámica, moderna, inteligente, rápida en sus ideas y en sus emociones, pero buena gente. Él es un niño de mamá, un buenazo que no quiere quedar mal con nadie, de reacciones más lentas, un tanto despistado y descuidado en el hogar,… aunque está total e irremediablemente enamorado de su esposa. De hecho, siempre tenemos en mente que es el más emocionalmente comprometido con la relación. Que I-ling es la que se plantea con más frecuencia si no debería acabar con ella para retomar su vida en libertad. Y así, a lo largo de 12 episodios no especialmente largos, entre los 30 y los 50 minutos, irán surgiendo los temas que ponen en riesgo las relaciones de pareja.

La cuestión es que los temas que van surgiendo, aunque aderezados con el contexto cultural y las tradiciones del país, no son esencialmente distintos de los que se podrían encontrar en cualquier pareja de muchos países del mundo con unas características similares de adelante tecnológico, sociocultural, educativo y económico. La historia general que se nos cuenta, con algunas diferencias cosméticas se podría trasladar a nuestro país sin problemas. Lo que pasa es que no transcurre en una ciudad española, sino en Tainán, una de las ciudades más grandes de Taiwán, y una de las que arrastran una historia más rica al haber sido capital de la isla en diversos momentos de la historia. «Capital del sur» frente a Taipéi, «Capital del norte». Con sus muy diversos templos, muy entretenidos de visitar, y otras atracciones. Los temas son universales, el contexto es particular.

La serie es muy disfrutable. Al hecho de que es fácil identificarse con los temas y las situaciones, la historia está bastante bien contada, los guiones son buenos, y los intérpretes están en estado de gracia y generan mucha empatía. La mayor parte del peso la llevan la pareja protagonista, especialmente ella, pero es imprescindible la presencia de una colección de secundarios a buen nivel para que la cosa funcione. Relaciones familiares complejas, maternidad/paternidad, infidelidades potenciales, malos entendidos… aunque contados en tono de comedia, son un muestrario de hechos reales que ponen a prueba un matrimonio, a lo que hay que sumar la vajilla sin fregar, el regalo que no llega, un día que uno bebe una copa de más, ¿quién es esa chica que trabaja contigo y te pone ojitos?,… etc. Me parece bastante recomendable.

[Libro] Nostalgie – Kanae Minato

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Otra isla del mar interior de Seto en las fotografías de hoy, Itsukushima, famosa por su santuario, su torii sumergida en la marea alta y su bosques primarios. No muy lejos de Hiroshima también.

Poco a poco me he ido aficionando a las historias que nos cuenta Kanae Minato. Con frecuencia, misterios o casos más o menos criminales cuyo desarrollo suele llevar una notable carga de crítica social. Referida a la sociedad de su país, Japón, en particular, pero que con facilidad se puede extrapolar a la de cualquier sociedad desarrollada en la que se combinen los egoísmos personales con las desigualdades sociales, en mayo o menor medida.

En esta ocasión me he ido a una colección de relatos cortos, que he leído en su versión traducida al francés, ya que no se encuentra traducida al castellano. Son seis narraciones con seis narradores. Seis personas que tienen algo en común, si bien los seis relatos son independientes unos de otros. Todos nacieron y crecieron en una isla ficticia del Mar Interior de Seto en Japón. Todos abandonaron el lugar al llegar a su juventud y rehicieron sus vidas en uno u otro lugar de la isla de Honsu, la principal del país. Y llegado cierto momento de su vida tienen que regresar a la isla, tienen que reencontrarse con sus familias, con sus compañeros de colegio, con su pasado. Que no fue fácil. Y comienza en proceso en el que, incluso a su pesar, habrán de reconciliarse con lo que dejaron atrás. A veces, descubriendo secretos que dan una nueva interpretación a los acontecimientos que les llevaron a escapar de la claustrofóbica vida isleña.

Minato nació en la isla de Innoshima, en la prefectura de Hiroshima, en el Mar Interior de Seto. Una isla que formaba un municipio, que con el tiempo se fusionó con otro municipio próximo en la isla principal, de la misma forma que sucede en la isla ficticia de los relatos de esta colección. Al igual que en el caso de alguno de los protagonistas de los relatos, su familia vivía de la agricultura, de los mandarineros. Por lo tanto, estamos en un medio que conoce. También ella se fue a estudiar a una universidad más o menos lejos de su isla. Y aprovecha con estos relatos a seguir con su análisis de las lacras de la sociedad japonesa. Los celos y envidias, los abusos al desfavorecido, la pobreza de las mujeres que viven solas o con algunas hijo, los ambientes opresivos, donde todos se conocen y los prejuicios se reproducen constantemente. En una mezcla de estilos. Desde una misterio criminal a los abusos escolares, las infidelidades, los abandonos, un poco de todo.

Quizá estos relatos no atrapen tanto como los misterios que se desarrollan en sus novelas más famosas. Pero volvemos, con una nueva fórmula, a una descripción de una realidad social desde distintos puntos de vista, desde el reencuentro con el pasado, desde el «regreso al país natal». Me sigue gustando bastante esta escritora. Incluso me atrevería a decir que cada vez más.

[TV] Cosas de series; buen rollo cafetero y una pequeña gema de Koreeda

Televisión

Las series de fotografías que ilustran las entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie.

Para terminar/empezar el año, surgió la posibilidad de ver dos series japonesas que prometían bastante por motivos diferentes. Ambas son originales de Netflix, es decir, no son adquisiciones a otras cadenas japonesas para su distribución en el resto del mundo. Y aunque tienen tonos y temas distintos, ambas comparten la simpatía y comprensión por el ser humano. Una es más bien buenista, mientras que la otra destila a ratos unas saludables dosis de ironía y mala baba… pero también congracia con la especie humana. Y esta última, nada más y nada menos, está dirigida por Hirokazu Koreeda.

Sayounara no tsuzuki (さよならのつづき, lo que sigue al adiós) es un drama romántico que en inglés/castellano encontramos bajo el título Beyond goodbye/Más allá del adiós, que por una vez son bastante aproximados. Es una serie sobre el duelo ante la pérdida del ser querido, con tonos fantásticos. En la serie seguimos a Saeko (Kasumi Arimura), una joven que trabaja en una empresa cafetera, que pierde a su prometido (Tōma Ikuta) cuando sufren un accidente en el autobús en el que viajaban, un día de invierno, en la isla de Hokkaido, donde viven. Saeko sufre un duelo profundo, con el único consuelo de que los órganos de su prometido han servido para salvar otras vidas. Una de esas vidas es la de Naruse (Kentarō Sakaguchi), casado con la fiel Miki (Yuri Nakamura), que recibe el corazón cuando ya estaba casi desahuciado. Y dos cosas pasarán que marcarán el destino de Naruse y Saeko. Naruse empezará a revivir las memorias del promedito de Saeko, y a adquirir rasgos de su carácter y, un día, en un aeropuerto en Hawái, ambos se encontrarán y comenzarán a relacionarse. La serie es fundamentalmente serie-cebolla, destinada al melodrama más o menos lacrimógeno, que se apoya sobretodo en el encanto de su actriz protagonista, que ya pudimos ver en una película original de Netflix. Pero aunque se deja ver con razonable agrado, sientes constantemente que le falta algo más de emoción y de empuje para que te interese más allá de la mera curiosidad. Sí que te deja con ganas de visitar Hokkaido. Y también Hawái.

Y la que llegó por sorpresa, con poca publicidad, y me ha parecido de lo mejor que ha estrenado Netflix en los últimos tiempos es Ashura no gotoku (阿修羅のごとく, como asuras), en inglés/castellano simplemente Asura. Es una adaptación de una novela de una autora japonesa, la segunda en formato de serie, y la tercera si incluimos un largometraje. Y como ya he comentado, es una creación y está dirigida por Hirokazu Koreeda. La serie es del género de recuentos de la vida, en la que conocemos la vida cotidiana y las relaciones entre sí y con sus parejas de cuatro hermanas, interpretadas, de mayor a menor edad, por Rie Miyazawa, Machiko Ono, Yuu Aoi y Suzu Hirose. Cada una tiene sus problemas cotidianos. Y sus problemas con los hombres. La mayor vive sola y tiene un amante casado. La segunda, casada con dos hijos adolescentes, está convencida de que su marido la engaña (nunca se confirma esta sospecha). La tercera está soltera, es mojigata y conservadora, y reticente a las relaciones, aunque un investigador privado al que contrata para investigar a su padre está interesado en ella. Y la más joven es la novia de un boxeador prometedor, a quien quiere y apoya. Cuando empieza la serie, se reúnen porque han descubierto que su padre tiene una relación extramatrimonial con una mujer madre soltera. Y a partir de ahí seguimos a la familia durante varios años, pudiendo dividir la serie en dos partes, con una elipsis temporal de dos años entre ellas. Antes y después de la muerte de la madre de las hermanas.

Koreeda se ha especializado a lo largo de su carrera en hacer películas y series sobre la familia. Familias de todo tipo, convencionales y no convencionales. A mí, hace tiempo que me tiene enganchado, y varias de sus películas me parecen pequeñas o grandes maravillas. A veces subestimadas. Es la segunda serie que hace para Netflix, la primera sobre la vida de las maiko en Kioto ya me gustó mucho, y ya hizo una película hace años sobre cuatro hermanas, que también me gustó bastante. Y con alguna de las protagonistas de aquella película presente en la serie actual. La serie actual no deja de recordarme en todo momento a una de las mejores novelas que he leído de la literatura japonesa, que también nos hablaba de cuatro hermanas. En aquella ocasión situada la acción en los años previos a la Guerra del Pacífico, en la serie actual, en el final de los años 70 del siglo XX. Y ambas combinan el costumbrismo bien entendido, con la reflexión sobre las relaciones entre las hermanas y con un cierto humor irónico que permea toda la historia, incluso en sus momentos dramáticas, pero sin hacer nunca sangre, siempre con cariño hacia los personajes. La forma en que está rodada la serie sabe a buen cine. Y a cine clásico japonés, por la forma en que se mueve la cámara o se encuadran las conversaciones. Finalmente, explicar el título. Los asuras son semidioses del budismo que derivan de los seres míticos del mismo nombre del hinduismo y otras religiones similares. Entre los caracteres de los asuras budista están el orgullo, la belicosidad, la ira o la vanidad. Y para el marido de una de las protagonistas, comentando con el resto de los hombres de la familia, si bien no pueden dejar de quererlas, no pueden negar que en ocasiones son como asuras. Un momento más de ironía y humor en la historia.

[Libro] Le llamé Corbata – Milena Michiko Flašar

Literatura

No recuerdo muy bien cómo llegó a mis manos este libro, en formato electrónico, que ha estado varios meses en lista de espera. Bueno, no recuerdo las circunstancias; seguro que fue una oferta en mi tienda de libros electrónicos habitual, pero no recuerdo qué me llamó la atención y qué me llevó a comprarlo. Probablemente un impulso del momento, del que luego me olvidé, motivo por el que permaneció tanto tiempo en un relativo olvido hasta que lo rescaté como la primera lectura de este 2025.

El Jardín Nacional Shinjuku Gyoen, frecuente escenario de obras de ficción ambientadas en Tokio, me servirá para ilustrar el parque en el que se encuentran los dos protagonistas de esta novela. Un parque que no recuerdo haber identificado, en el supuesto de que exista en la realidad.

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Su autora, Milena Michiko Flašar, es una escritora de nacionalidad austriaca, de padre austriaco y de madre japonesa, y escribe habitualmente en alemán, aunque es bilingüe con el japonés heredado de su madre. Desarrolla su actividad profesional en el mundo académico, en el ámbito de la lingüistica y la literatura comparada, de distintos grupos lingüísticos. Creo que su único libro traducido al castellano es este que os presento hoy. Y me ha sorprendido por su calidad y su profundidad.

Aunque escrita en alemán, la acción de la novela se sitúa en Tokio. Dos personajes son protagonistas de este relato. Un joven apenas salido de la adolescencia, que con 16 o 17 años se convirtió en un hikikomori, término japonés que designa a personas con un trastorno de ansiedad social agudo o grave, que las lleva a aislarse por completo en sus domicilios, cortando el contacto con otras personas, incluso con su propia familia. La frecuencia con la que se observa este cuadro en Japón ha llevado a la popularización del término en japonés, que se ha incorporado a los diccionarios de otras lenguas (no la española). Tras una serie de eventos que llevaron a la pérdida de dos personas de su propia edad en distintas circunstancias, se recluyó. Y ahora en torno a los 19 o 20 años ha comenzado a salir de casa. Pero sin relacionarse con otras personas. Hasta que en un banco de un parque conoce a un oficinista de cincuenta y muchos, que ha perdido su trabajo. Y avergonzado, no se atreve a contárselo a su esposa, por lo que todos los días finge salir a trabajar, con la fiambrera de comida que le prepara esta, y pasa el día, trajeado con corbata, en el banco del parque. Entre ambos se establece una comunicación, que servirá también de confesión y de catarsis para ambos.

Flašar realiza un análisis profundo de los problemas de la sociedad contemporánea urbana, especialmente agravados en una megalópolis como la tokiota, que le viene bien para ambientar unas situaciones no exclusivas del País del Sol Naciente, pero en el que se hacen más visibles y agudas por los valores y costumbre de esa sociedad. Dos personas de generaciones distintas, con problemas distintos, que aparentemente tienen poco que ver. Pero las causas de sus problemas están, probablemente, muy relacionadas. Las exigencias que la sociedad impone a los individuos, sin que estos encuentren soporte o empatía cuando las cosas se tuercen. Cuando son incapaces de responder al estrés de situaciones que viven como fracasos, como fallos personales, de los que son incapaces de perdonarse, incluso si difícilmente se les pudiera achacar toda la responsabilidad o la mayor parte de la responsabilidad de estas situaciones vitales.

No obstante, la autora ofrece una visión esperanzadora. La apertura de una vía de comunicación entre estas dos personas será el principio para que sean capaces de abrir vías de comunicación con sus entornos. Y tal vez, sólo tal vez, no necesariamente siempre, alcanzar una redención, o mejor dicho una recuperación, sobre su situación de aislamiento. Es un libro que te va atrapando poco a poco. Sin hacer mucho ruido, progresivamente se van abriendo ante ti las realidades vitales de ambos personajes, conocemos sus historias, nos vamos interesando en ellas y sus matices, y acabamos sufriendo con ellos y comprendiéndolos. Notable la habilidad de la autora para construir este relato, que no es muy extenso, pero muy bien aprovechado, con excelente gestión de los recursos narrativos y literarios de los que dispone. Muy recomendable. Una excelente forma de comenzar el año de lectura.

Las series de fotografías que ilustran las entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie.

[Cine] A real pain (2024)

Cine

A real pain (2025; 03/20250116)

Sensaciones muy contrapuestas las que tengo con esta película dirigida por uno de sus protagonistas, Jesse Eisenberg. Y aquí viene una de las cosas que no me han gustado, porque en los créditos se ha puesto delante del otro protagonista, Kieran Culkin, por lo menos en los del final de la película, cuando el que realmente importa, y el que realmente levanta y eleva la película es Culkin. No sé… igual fueron créditos de los de «por orden de aparición», pero que no lo indicaron. Pero lo que me causa sensaciones contradictorias son otras cosas. Ya me explicaré. Primero, veamos de qué va.

Dos primos (Eisenberg y Culkin), en el pasado muy cercanos entre sí, gracias al vínculo a través de su abuela fallecida, actualmente algo extrañados uno del otro, inician un viaje a Polonia para retomar sus raíces y, especialmente, recordar y celebrar la figura de su abuela. Judíos descendientes de supervivientes de los campos, inicia un recorrido en un viaje organizado en un grupo pequeño, con el que recorrerán algunos lugares significativos asociado con el exterminio de judíos y otras etnias y condiciones habitualmente no mencionadas, durante el viaje se pondrán de manifiestos sus distintas personalidades y distintos puntos de vista sobre la vida. Uno (Eisenberg) es un hombre hogareño, enamorado de su esposa y su hija a quienes echa de menos, que no quiere complicaciones en la vida. El otro (Culkin) va por libre por la vida, con tropiezos frecuentes, pero con la intención de vivirla lo más intensamente posible,… cuando su propia salud mental se lo permite.

Las fotografías, de mi visita a Cracovia, en el año 2008.

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Mi ambivalencia con esta película viene por su dos dimensiones. Por un lado, es la enésima película de un director judío que habla del tema del genocidio provocado por la Alemania nazi… lo cual en principio es totalmente legítimo, ya que fue un acontecimiento que nos abrió los ojos ante las peores dimensiones de la especie humana, cuando es capaz de los actos más animales y antihumanos que se puedan concebir. Que nadie lo dude, aborrezco esos hechos, creo que como especie deberíamos haber aprendido algo y ser mejores, y no deben caer en el olvido. Yo mismo he visitado en Polonia y otros países algunos de los lugares asociados a esa barbarie con el fin de interiorizar lo sucedido. Pero en estos tiempos en los que un estado confesionalmente judío, como es el estado de Israel, caiga en excesos similares a los de aquella Alemania nazi, de forma impune, ver una película sobre este tema, teniendo claro que no sólo no hemos aprendido nada, sino que los descendientes de los que fueron víctimas se convierta en asesinos verdugos… y nadie en Hollywood hace películas sobre ello. Pues me molesta. Me molesta mucho. Mucho. Mucho. Mucho.

Pero por otro lado, en el aspecto humano, el camino para reconstruir puentes entre dos personas que habiendo sido más que primos, hermanos-amigos, por sus vínculos familiares, pero también por vivencias comunes en su infancia y adolescencia, los conflictos por su forma de ver la vida distinta, muy distinta, pero también el profundo cariño que se profesan y el deseo de reconstruir la relación, hace de esta película una propuesta muy interesante. Especialmente cuando, con gran habilidad, se juega muy bien con el equilibro entre el drama y la comedia, sin caer en el exceso en ningún momento, y manteniendo ambas vertientes del film con mucha elegancia. Para lo que es fundamental el buen quehacer de ambos protagonistas.

Con otro trasfondo que me desagradase menos por la situación sociopolítica del mundo actual, esta película subiría varios enteros en mi valoración y querencia personal. Porque en la escasa hora y media que dura, un ejemplo de que se pueden contar buenas y profundas historias sin caer en el exceso horario, nos transmite valores importantes en lo que se refiere a las relaciones interpersonales y familiares. De las buenas. No de las de «cuñaos». Pero durante el tiempo que permanecimos en la sala de cine, no dejé de sentirme incómodo por esa enésima propaganda judía, en un momento en que los fascismo racistas y xenófobos están creciendo… incluidos los que radican entre los propios judíos… que no son distintos en realidad de los de otras etnias. Es complicado ver cine hoy en día… es complicado sentirse ciudadano responsable y comprometido hoy en día… es complicado el mundo hoy en día. Uno ya no sabe qué pensar y qué sentir. O sí lo sabe, pero se siente impotente por la evolución de las cosas.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***