[Libro] 1984 – George Orwell

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Hoy, Londres, donde transcurre la novela, con una cámara fabricada cuando se escribió la novela, Zeiss Ikon Ikonta 521/16 con Ilford HP5 Plus.

Desde hace ya una década, por lo menos, es raro que haga relecturas. Hay demasiados libros en el mundo como para volver repetidamente a lo que ya fue leído. Lo curioso es que en mis primeras décadas de vida como lector no era infrecuente que volviese a leer libros que me habían gustado, o que sentía que precisaban más de una lectura para ser digeridos, o incluso libros que no me habían gustado demasiado pero que tenían un yo que sé, qué sé yo. Hace unos meses apareció como oferta a un precio ridículo la versión en libro electrónico de la más famosa obra de George Orwell, y la cogí. No sabia si la iba a volver a leer. Por tenerla. Porque es uno de esos libros que hay que tener. Al final la he vuelto a leer. Por lo menos 30 años desde la última vez que la leí.

La última vez que la leí, porque si no recuerdo mal, en mi juventud leí tres veces esta novela. La primera vez no tendría más de 16 a 18 años. Estaba en una colección de 100 libros que publicó la editorial Salvat por entregas. Más padrinos la tenían. Supongo que por iniciativa de alguna de sus hijas, mis tatas. Tato o tata es la forma en que en Aragón se llama al hermano o hermana mayor, pero también a figuras que ejercen una función social o familiar similar aunque no sean hermanos de sangre. Bueno, no sé si es exclusivo de Aragón, pero no he conocido personas de otras regiones españolas que lo hayan usado, al menos con la asiduidad que se usa por aquí. Creo que fui la persona que más libros leyó de aquella colección. Algunos varias veces. Como este. O la versión literaria de Arthur C. Clarke de 2001, una odisea del espacio. Entre otros libros muy interesantes. La segunda vez fue cuando se estrenó la adaptación cinematográfica de la novela, coincidiendo con el año del título, año en el que respiramos aliviados de no vivir en el mundo que Orwell imaginó. Tiempos de optimismo social y político en esta España mía, esta España nuestra que cantaba Cecilia. Dicen que en la versión original de la cantante decía esta España viva, esta España muerta, pero la censura fascista del régimen de Franco no la permitió. Pero ahí estábamos en 1984, optimistas porque creíamos que habíamos o estábamos dejando atrás ese fascismo.

La leí por tercera vez en torno a 1994 o 1995. Y por algún motivo, quizá por la crisis económica que siguió a la burbuja de los fastos de 1992, los primeros escarceos públicos con la corrupción de los partidos políticos, y la deriva hacia la derecha, todavía muy moderada, de los partidos políticos españoles, en aquella lectura sentí que había más cosas en el contenido de la novela de las que había percibido con anterioridad. Aquellos defectillos de la democracia española, que tenían su equivalente en la situación global tras el derrumbe de la Unión Soviética, la primera Guerra del Golfo y el desastre de las guerras de los Balcanes, fueron consolidándose y evolucionando. Y las primeras décadas del siglo XXI del que ya hemos consumido una cuarta parte, han puesto tristemente de actualidad los temas que la novela de Orwell trata. Quizá hoy no estemos ante los regímenes totalitarios que imaginaba el escritor británico a imagen y semejanza de los regímenes alemán y soviético de la primera mitad del siglo XX. Hoy en día los hermanos mayores… Bueno, lo tenía que decir. Big Brother no se debería haber traducido nunca al castellano como Gran Hermano. Esa es una expresión inglesa para hablar del hermano mayor de una persona. Pero el mal ya está hecho, y parece irremediable. Con las connotaciones diferentes que conlleva la expresión. Volviendo, los hermanos mayores de hoy en día no son misteriosos y distantes dictadores de aspecto más o menos estalinista. Nop. Hoy en día son plutócratas, dueños de grandes conglomerados empresariales que acceden al poder por sí mismo, o a través de marionetas que surgen en los partidos políticos tradicionales, cada vez más irrelevantes a la hora de proponer modelos de sociedad claros y de referencia para los ciudadanos de un país.

Pero lo que define una distopía, o dictadura, incluso si esta se disfraza de democracia, orwelliana, no es su carácter de régimen totalitario. Esa es la forma que toma en el libro de Orwell, porque estaba muy reciente la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial y alza de los totalitarismos nazi y comunista. 1984 fue escrita en 1949, que no se nos olvide. Lo que caracteriza la distopía/dictadura orwelliana es la alteración del lenguaje, la alteración de la historia, la alteración de la verdad. El concepto de verdad desaparece. La historia es la que se decide que sea, no lo que sucedió. Y modificamos el vocabulario y la forma en la que hablamos de forma planificada para ajustarlo al dogma político y social. Obsérvese que algunas de estas características abarcan a todo el espectro político de nuestros tiempos, no son exclusivos del sector más conservador populista del mismo como algunos creen. Y fíjense, los destinatarios de la represión, de la vigilancia y del control no es el conjunto de la población. Es la clase media de la distopía, los burócratas del partido único que curiosamente colaboran cotidiana y activamente a mantener el sistema, al mismo tiempo que arriesgan todos los días su vida simplemente si les da por pensar. O hablar en la lengua tradicional. Da mucho que pensar. La masa poco formada y obrera, si tienen una ración mínimamente suficiente de pan y circo… no es peligrosa. La élite es la élite… no hay más que decir. Es la clase media a quien hay que controlar. O quizá acabar con ella. Es ahí donde surgen los riesgos para los regímenes políticos. Entre los que piensan y tienen una educación, y un sentido crítico. Como decía, si superas la anécdota de la ambientación que propone Orwell, el libro da mucho que pensar.

No. No he hecho un resumen del argumento del libro. Para qué. Es muy conocido por quienes puedan tener interés en este relato. O es indiferente para la masa que no se interesa ni se interesará nunca por él. A pesar de todo, con los muchos defectos que tenía Orwell, un escritor, una persona llena de contradicciones internas, es un libro imprescindible. Que hay que leer al menos una vez en la vida. Aunque es de lo que quizá sea preciso leer más de una vez. Y que hoy, más que nunca, sigue estando de rabiosa actualidad, aunque no se lo parezca a muchas personas.

[Libro] Nostalgie – Kanae Minato

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Otra isla del mar interior de Seto en las fotografías de hoy, Itsukushima, famosa por su santuario, su torii sumergida en la marea alta y su bosques primarios. No muy lejos de Hiroshima también.

Poco a poco me he ido aficionando a las historias que nos cuenta Kanae Minato. Con frecuencia, misterios o casos más o menos criminales cuyo desarrollo suele llevar una notable carga de crítica social. Referida a la sociedad de su país, Japón, en particular, pero que con facilidad se puede extrapolar a la de cualquier sociedad desarrollada en la que se combinen los egoísmos personales con las desigualdades sociales, en mayo o menor medida.

En esta ocasión me he ido a una colección de relatos cortos, que he leído en su versión traducida al francés, ya que no se encuentra traducida al castellano. Son seis narraciones con seis narradores. Seis personas que tienen algo en común, si bien los seis relatos son independientes unos de otros. Todos nacieron y crecieron en una isla ficticia del Mar Interior de Seto en Japón. Todos abandonaron el lugar al llegar a su juventud y rehicieron sus vidas en uno u otro lugar de la isla de Honsu, la principal del país. Y llegado cierto momento de su vida tienen que regresar a la isla, tienen que reencontrarse con sus familias, con sus compañeros de colegio, con su pasado. Que no fue fácil. Y comienza en proceso en el que, incluso a su pesar, habrán de reconciliarse con lo que dejaron atrás. A veces, descubriendo secretos que dan una nueva interpretación a los acontecimientos que les llevaron a escapar de la claustrofóbica vida isleña.

Minato nació en la isla de Innoshima, en la prefectura de Hiroshima, en el Mar Interior de Seto. Una isla que formaba un municipio, que con el tiempo se fusionó con otro municipio próximo en la isla principal, de la misma forma que sucede en la isla ficticia de los relatos de esta colección. Al igual que en el caso de alguno de los protagonistas de los relatos, su familia vivía de la agricultura, de los mandarineros. Por lo tanto, estamos en un medio que conoce. También ella se fue a estudiar a una universidad más o menos lejos de su isla. Y aprovecha con estos relatos a seguir con su análisis de las lacras de la sociedad japonesa. Los celos y envidias, los abusos al desfavorecido, la pobreza de las mujeres que viven solas o con algunas hijo, los ambientes opresivos, donde todos se conocen y los prejuicios se reproducen constantemente. En una mezcla de estilos. Desde una misterio criminal a los abusos escolares, las infidelidades, los abandonos, un poco de todo.

Quizá estos relatos no atrapen tanto como los misterios que se desarrollan en sus novelas más famosas. Pero volvemos, con una nueva fórmula, a una descripción de una realidad social desde distintos puntos de vista, desde el reencuentro con el pasado, desde el «regreso al país natal». Me sigue gustando bastante esta escritora. Incluso me atrevería a decir que cada vez más.

[Libro/historieta] Solanin – Inio Asano

Literatura

No sé muy bien cuál es el criterio por el cual, cuando transcriben una palabra con alguna de las moras del grupo ra, re, ri, ro, ru del japonés a un idioma indoeuropeo, como el inglés o el castellano, a veces conservan la «r» y otras lo transcriben como «l». En japonés, esas moras se pronuncia con un fonema intermedio, que a veces nos suena «r» y otras «l». El caso es que el título original de este relato gráfico de Inio Asano, Soranin ソラニン, nos lo ofrecen en español o en inglés o en otros idiomas como Solanin. Que es el título de una canción ficticia de la que se habla en la historia. Ficticia hasta que un grupo de rock japonés, con letra del propio Asano, la que aparece en la historia, le puso música y la grabó. Y se usó en la adaptación al cine que hubo en su momento de esta historia.

Como consecuencia de la buenísima impresión que me dejó la lectura reciente de la serie de ciencia ficción de Asano que recientemente se adoptó como serie de anime, decidí que quería leer más de este autor. Y me puse a buscar y di con dos de sus obras, el relato gráfico que nos ocupa hoy, y una antología de relatos cortos de la que hablaré en otro momento. Solanin es una historia publicada originalmente de forma serializada entre 2005 y 2006. Yo la he leído en un volumen único, aunque originalmente se recopiló en forma de dos tankōbon. Y los temas que trata son algunos de los más queridos por los autores japoneses; aquellos relacionados con la alienación que genera la sociedad en las grandes ciudades, especialmente Tokio, entre las gentes. Y en este caso, la rebelión contra la misma de unos jóvenes que se debaten contra las «obligaciones» impuestas por el paso pleno a la edad adulta.

Meiko (ella) y Taneda (él) son dos jovenes en la mitad de su veintena. Se conocieron y se enamoraron como estudiantes en la universidad, y llevan juntos varios años. Viven juntos, y salen adelante con el salario de ella como oficinista y los magros ingresos de él como ilustrador a tiempo parcial en una editorial. Se quieren. Pero están insatisfechos. Meiko es consciente que a este paso, se van a quemar, y su relación peligrará. Por ello toma una decisión. Aprovechando sus ahorros, deja su trabajo para replantearse su vida, y anima a Taneda para que retome sus sueños de universitario; la música y su grupo de rock. Sin embargo, una tragedia cambiará por completo los planteamientos de Meiko.

Hay varias cosas que me gustan, y mucho, en esta historia de Asano. La primera, importante, es que los personajes, los dos principales, pero también el grupo de amigos y familiares que les rodea, se sienten reales. Vivos. Auténticos. No son héroes. Tampoco antihéroes. Son gente. Gente maja. Pero con problemas. Meiko es una chica corriente. Y sin embargo, en su autenticidad de veinteañera que profundiza con reticencias, y con resistencias, en las responsabilidades de la vida adulta, se percibe especial. Y atractiva. Otra cosa importante es el entorno. También se siente real. Da la impresión que las vivencias de los personajes tienen que ver con la percepción real de Asano sobre la sociedad en la que vivía en ese momento. Tendría entre 24 y 26 años cuando publicó la historia, los mismos que sus personajes. Es una historia de ficción que rezuma autenticiadad.

La historia no resuelve la vida de sus protagonistas. En el mejor estilo de la literatura asiática, no hay un desenlace propiamente dicho. Durante un tiempo, pasan cosas, cosas importantes, cosas trágicas, cosas buenas, y pequeñas cosas. Pero al final no hay cierres. Porque la vida sigue. Y cada día hay que tomar nuevas decisiones y tirar para adelante. Cada uno, como mejor entienden. Es una historia excelente, con una realización no menos excelente. Distinta a la de las chicas de DeDeDeDe, pero engarzada en las mismas preocupaciones y en los mismo temas. Y probablemente mejor. Aunque eso depende de los gustos de cada cual. En cualquier caso, muy recomendable. Lo más curioso es que, 20 años después de publicarse la historia por primera vez, los temas siguen siendo totalmente actuales y válidos. Parece que en esos 20 años, las sociedades actuales, poco han evolucionado en el fondo.

[Cine] The Sweet East (2023)

Sin categorizar

The Sweet East (2023; 43/20240821)

No tenía muy claro qué iba a ver cuando fuimos a esta película dirigida por Sean Price Williams, un director con poco recorrido como realizador, aunque ha trabajado bastante como director de fotografía, sin que me suenen la mayor parte de sus trabajos. Era la semana tras el puente en el que hice la escapada a Hamburgo, y no había hecho repaso de los estrenos y la oferta de la cartelera zaragozana esa semana. Pero me llamaron proponiéndome la correspondiente visita a las salas de cine, y por no quedarme en casa acepté. Me comentaron que había críticas favorables hacia el largometraje, y que poco más había que rascar en la cartelera en ese momento.

Sip. Nueva York es una de las ciudades por las que pasa Lillian en su recorrido por el «dulce» este de los Estados Unidos.

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En la película seguimos las andanzas de Lillian (Talia Ryder) una adolescente de instituto, en sus últimos años, que está en un viaje escolar a Washington D. C. Procede de algún lugar de los estados del sur de los Estados Unidos. En un momento dado, durante una escapada a una fiesta en un garito donde la gente beba, baila y se mete lo que haga falta, se escapa con unos que conoce por ahí, y empieza un recorrido por distintos lugares, ciudades y estados, de la costa este de los Estados Unidos. Y durante este periplo se relacionará con supremacistas blancos, con gente realizando películas alternativas e independientes, con una misteriosa colonia islámica, escapará de intentos de asesinato y matanzas, y conocerá a gente de lo más diversa, hasta que acabe regresando a su lugar de origen, tras pasar un tiempo en un extraño monasterio.

Es evidente desde el momento en que la protagonista abandona su grupo en la fiesta que la película es un peculiar trasunto de la Alicia de Lewis Carroll. En ese lugar, junto con los tipos que ha conocido, atraviesa una puerta camuflada tras un espejo, y tras recorrer un pasillo oscuro, llega al mundo que recorrerá a partir de ese momento. La actitud de la protagonista será siempre displicente. No se compromete con las personas con las que se encuentra, pero disfruta de las ventajas de sus encuentros. No duda en robar y engañar. Y siempre se muestra despreocupada y sonriente. Es consciente de que es atractiva. Pero al mismo tiempo pasiva, se deja llevar y aprovecha las circunstancias.

Rodada sobre película cinematográfica en formato 16 mm, la imagen tiene una falta de definición y una granulosidad propia del medio, que ayuda a acentuar la expresividad de la película, situándonos como ajenos al mundo en el que se mueve Lillian. Pero no es un mundo ajeno. Hay intolerancia racial, hay robos, hay integrismo religioso, hay hipocresía. Y a pesar de los hurtos y engaños que eventualmente ejerce la protagonista sobre las personas que encuentra, siempre desprende un aura de inocencia. Un mundo entre la maravilla, la dura realidad y el absurdo. Algunos mencionan el adjetivo surrealista aplicándolo a la película, pero creo que si la obra de Carroll sí que tenía su punto de precursora de este movimiento ideológico, estético y artístico, en general se abusa de su uso… y creo que el absurdo es donde mejor encaja la película. Que tiene a su favor un buen trabajo general de sus intérpretes.

He de reconocer que no me entusiasmó, pero que me pareció interesante. Como un experimento para contar cosas sobre la sociedad norteamericana, en una situación compleja en estos momentos, y con muchos complejos, ya que estamos, que muchas otras obras literarias o visuales está analizando o contando. ¿Aporta algo nuevo a la reflexión, al debate? ¿O se queda más en un ejercicio de estilo? Pues creo que se acerca un poco a esto último. Se deja ver, sobre todo si entras en su juego. Pero queda a cada cual el decidir si le puede interesar o no.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***

[Fotocomentario] La falta de personalidad de las ciudades españolas

Política y sociedad

Sí. Hay ciudades españolas con núcleos urbanos muy bonitos y con mucha personalidad, especialmente ciudades pequeñas, de interior. Pero las grandes ciudades, aunque puedan tener elementos interesantes que atraigan a visitantes, turistas o lo que sea, suelen tener una acusada falta de personalidad. Y mi ciudad, Zaragoza, es un ejemplo. Como en muchas otras, en las últimas décadas se han hecho esfuerzos para mejorar la «paseabilidad» de la ciudad. Pero muchas veces notas que faltan cosas. O que sobran otras. No percibes la coherencia y armonía de los cascos urbanos en el centro de la ciudad que encuentras en otros países.

La piqueta en los tiempos del desarrollismo franquista hizo estragos. En busca de la «modernidad», se tiraron por los suelos muchos edificios interesantes, para construir, al menor precio posible y sacando el mayor beneficio posible, otros edificios más grandes que en muchas ocasiones podemos calificar simplemente como feos. A mi tía Lola, que vivía en Barcelona, le oí decir en una ocasión que el paseo de Sagasta en Zaragoza era como una paseo de Gracia en pequeño, comparándolo con la conocida vía pública de la capital catalana. Pero es un ejemplo de los estragos que hizo la piqueta. Sigue siendo un paseo agradable, pero con notables engendros arquitectónicos en su recorrido.

La reflexión me viene de unas fotos que hice a finales de agosto, en el eje entre la puerta del Carmen y el Mercado Central por la avenida de César Augusto. Hablo de ellas en La Color Mission es para el amanecer y el atardecer – Minox 35 GT-E con Adox Color Mission. Un eje que, aunque carece de la armonía necesaria, tiene elementos que nos hablan de la ciudad de antaño. Como oí decir a otra persona, Zaragoza no es todo lo bonita que podría es porque no ha necesitado conservar para atraer dinero, y en un momento dado, la burguesía zaragozana, bastante mediocre culturalmente, prefirió el dinero fácil al estilo, la estética y la cultura. Es lo que hubo, y es lo que tenemos.

[Fotocomentario] En este mundo capitalista, ¿quién fabrica qué?

Fotografía, Política y sociedad

Hoy, en mi diario de viaje fotográfico he estado comentando las fotos realizadas con una «nueva» película para negativos en color. Lo podéis leer en La “nueva” película para negativos en color de Lomography – Canon EOS 650 con EF 85 mm f1.8 USM y LomoChrome Color ’92. Pero el comentario me ha llevado a una pequeña investigación por la red de redes. Porque los resultados eran tan parecidos a los encontrados con otra película fotográfica que no he podido otra cosa que sospechar que eran lo mismo, pero vendidas bajo distintas marcas. Incluso una tercera marca esta involucrada en el asunto. Y en un mundo en el que cada vez quedan menos fabricantes de película fotográfica en color, esto es algo habitual. Y sinceramente, me molesta no saber con qué estoy fotografiando, más allá de la palabrería publicitaria del reenvasador y distribuidor de la película, más dirigida a los hispsters millenials que a los aficionados a la fotografía seria.

Recientemente tuve que dedicar una mañana a la compra de un nuevo frigorífico para mi hogar. El que tenía llevaba un tiempo haciendo cosas raras, y esto se agudizó de repente en medio de la última ola de calor que hemos sufrido. La cuarta del verano, dicen. Y última. Espero. Bueno, ahora nos dicen que ya estamos en el otoño climatológico, aunque falten un par de semanas para el otoño astronómico. En el comercio, hablando de los distintos modelos, de repente el vendedor me habló de tres modelos distintos de características muy similares… y me le quedé mirando,… Me entendió y cambió el tono de la conversación. Se dio cuenta que sabía que las tres marcas mencionadas eran del mismo grupo fabricante alemán, aunque con fábrica en Zaragoza, y confesó que se trataba en la práctica del mismo aparato con distinta cosmética. A partir de ahí decidió que no quería perder el cliente, me trató con el respeto debido a una persona con un mínimo de inteligencia, y no perdió el tiempo en chorradas. Fue al grano de las características buscadas. Bien por su cambio de actitud, pero me molesta este juego de confusión bajo el juego de las marcas, que no deja de ser una forma de embaucar al personal.

En fin. No creo que esto se resuelva a corto plazo. Es el capitalismo. ¿Es malo el capitalismo? Hay opiniones. La mía es que sin una debida regulación y con contrapesos en favor de los ciudadanos, los consumidores, sí, es malo. Con la debida regulación… ya veremos. Las olas de calor también parecen indicar que el clima del planeta no se lleva bien con los excesos productivos de los sistemas capitalistas. Y otras cuestiones.

[Fotocomentario] Recorriendo lo que hace décadas que no recorría

Fotografía, sociedad

Hace unas semanas, hacia mediados de junio, hice una caminata amplia que incluyo algunas zonas de la ciudad, en el entorno de la avenida de Cataluña de Zaragoza, que hacía décadas que no recorría. Las fotografías que hice se comentan en Desde Alemania (creo) una nueva película – Canon EOS 650 con Orwo Wolfen NC500. Pero sobre lo que aquí quiero reflexionar brevemente es sobre los recuerdos, siempre menos claros y más confusos de lo que creemos, y el retorno a otras épocas.

En mi caminar por la ciudad, hay amplias zonas de la ciudad, y entre ellas en torno a la larguísima avenida de Cataluña de Zaragoza, que pateo con frecuencia. Pero hay un tramo de esta avenida que cuando era muy jovencito, niño o preadolescente, visitaba con cierta frecuencia, cosas familiares, que ahora tan apenas piso. Entre el barrio de la Jota y el río Gállego. Una zona entre suburbial, industrial y agrícola, con una organización del terreno escasamente definida en su conjunto. No creo que hace cuarenta o cincuenta años estuviese mejor definida, pero a mí me lo parecía. Había alguna zona industrial, pero la mayor parte eran terrenos agrícolas, salvo en el eje de la avenida, avenida que se continuaba, y se continúa, con la carretera nacional N-II, la radial que une Madrid con Barcelona pasando por Zaragoza. En ese eje, el ambiente era más propio de un pueblo que de la quinta ciudad más poblada de España. Ahora… está un poco dejado. Y tienen un aspecto desangelado que no era el que recordaba cuando nos llegábamos hasta allí con el trolebús del Gállego. En fin, el tiempo pasa. Algunas cosas mejoran, otras no. Pero pocas permanecen realmente inalteradas. Si es que alguna lo hace.

[Fotocomentario] El horror del calor y la muchedumbre

sociedad

Cuando en la primeros años de los 2000 se empezó a popularizar el mercado de las Tres Culturas en Zaragoza, denominado así por la hipotética convivencia pacífica de judíos, musulmanes y cristianos… hipotética, como digo,… era razonablemente agradable bajarse al entorno de la plaza de la Seo, pasear entre los puestos de artesanos, ver alguna exhibición de cetrería y otras artes, y tirar algunas fotos. Pero en los últimos tiempos, para mí, se ha convertido en una actividad que no me planteo ni de borracho.

En estos momentos, en las fechas en las que se celebra, suele hacer un calor horrible. Las temperaturas del mes de junio en Zaragoza se parecen más a las de los julios de antaño que al final de la primavera. A lo que hay que sumar el calor que despiden los hornos y las brasas de las parrillas en los puestos de comida. Y por otro lado, va tanta gente, es tal la muchedumbre que se forma a las horas más civilizadas, por la tarde cuando hay más sombra y no pega el sol de canto… que se convierte en una actividad agobiante.

Este año pasé por allí circunstancialmente, mientras probaba un rollo de película fotográfica del que hablo en Hay una chica nueva en el vecindario – Fujifilm GS645S Wide 60 con Foma Ortho 400. Eran las 11 de la mañana, el calor no estaba en todo su apogeo, las muchedumbres no habían llegado… pero aun así no me apeteció quedarme mucho rato. Pasé, hice alguna foto, y seguí mi camino. Este tipo de eventos no son para mí.

[Fotocomentario] Las desigualdades en el transporte público entre ciudades

Política y sociedad

Las fotografías que acompañan este fotocomentario proceden de un rollo que expuse en la segunda mitad del mes de abril pasado. Los detalles técnicos los podréis encontrar en Cuestionable ISO 200 para todo uso – Canon EOS 650 y Tamron 35 mm con Adox Color Mission. La cuestión es que una parte del rollo de película lo usé en unos viajes por trabajo a Madrid a finales de ese mes. Fueron dos días seguidos. Como el tiempo de duración del viaje en tren de alta velocidad, no hice noche en la capital. A mi administración pública le salía más económico, por evitar el coste del hotel y de las dietas, las comidas que hice allí fueron gentileza del Ministerio de Sanidad, y yo descansaba tranquilamente en mi casa y en mi cama.

Estación de Atocha, Madrid.

Pero ese viaje, y otros recientes me han hecho pensar en las desigualdades sociales implícitas al modelo actual de transporte público entre ciudades. Lo más económico son los autobuses de línea. Pero son bastante más lentos que la alta velocidad, cuando esta existe, aunque más rápidos si tienen que competir con trenes convencionales, «gracias» a la triste realidad en frecuencias y velocidad promedio de los trenes que no circulan por la alta velocidad. Pero vamos a los trenes de alta velocidad… Si eres un afortunado que te coges vacaciones y viajas, que te planificas el viaje con antelación, y todo eso, te puede salir relativamente económico. A mitad de agosto me voy a Estocolmo, saliendo el avión de Barcelona. Cogido con tiempo, el viaje en tren en alta velocidad desde Zaragoza a Barcelona apenas llega a 45 euros. Rápido y cómodo. Mucho mejor que el autobús, que es algo más barato, pero no exceso. Ahora bien, si eres una persona que necesita por las tribulaciones de su vida hacer un viaje semejante que surge de improviso… el tren de alta velocidad puede sobrepasar sin ningún problema los 110 euros en su modalidad más económica sin derechos de cambio de billete ni de reembolso por cancelación del viaje. En los horarios que suelen ser útiles a los ciudadanos, me refiero. Un precio que no es adecuado para cualquiera, un precio que es un lujo. El transporte público como lujo. Un sinsentido, que los sucesivos gobiernos permiten sin problemas y aun sacan pecho de los trenes españoles. Porque además, últimamente las plazas de transporte público entre las relaciones más usadas pueden escasear… y ser problemático disponer de plaza cuando el viaje te surge a corto plazo. No debería ser así. El transporte público deberías ser más asequible a todas las economía, con ofertas razonables para todos.

[Fotocomentario] Obras electorales

Política y sociedad

Hace ya casi un año hablaba de las obras de ampliación del parque Pignatelli, una zona verde y recreativa de Zaragoza íntimamente vinculada a mi infancia, y que de un modo más casual, por su proximidad a mi domicilio, ha estado presente a lo largo de toda mi vida. Hacia finales del mes de abril hice unas fotos tras su «inauguración», cuyo comentario técnico podéis encontrar en Paisaje urbano con película ortocromática – Plaubel Makina 67 con Ilford Ortho Plus.

Entrecomillo lo de «inauguración», porque claramente son unas obras inacabadas. Probablemente lo que quede no sea obra de envergadura, pero son frecuentes las vayas de obras y los elementos a medio terminar. Sin hablar de los raquíticos árboles, de los parterres sin apenas vegetación y de la enorme cantidad de cemento propia de la obra pública barata. Pero había que inaugurar, porque estamos en año electoral, y hay que hacerse la foto aprisa y corriendo antes de que se prohibiesen las inauguraciones por la proximidad de la cita electoral que ya fue este domingo. Que sensación de cutredad y poco nivel dan los políticos de este país. De cualquier color o partido.

[Fotocomentario] Luz de la mañana

Política y sociedad

Comento hoy en Formato medio en color en 6 x7 de nuevo – Plaubel Makina 67 con Lomography Color Negative 800 unas fotografías que tomé a mediados de marzo. Estaba comprobando el funcionamiento de una cámara de formato medio recién reparada. Y me animé a aprovechar la caminata que hago casi todos los días entre mi domicilio y mi lugar de trabajo, entre las siete menos diez y las siete y media de la mañana, aproximadamente. Hacia el veinte de marzo pasado, ya había luz suficiente para poder hacer unas cuantas fotos con una película de sensibilidad relativamente alta.

Hoy es dos de mayo, «fiesta» en España según los madrileños, que desde hace unas década viven convencidos de la identidad matemática Madrid = España, o recíprocamente Madrid = España. Pues no… esta identidad no se da, y no… fuera de Madrid no tenemos fiesta hoy. Y además, por culpa del cambio de hora anual, hasta el jueves o el viernes de la semana pasada no fue posible volver a disfrutar de esos niveles de luz a esas horas. Soy contrario al cambio de hora en los meses «de verano». Será que por la crisis climática global, el verano ya no es del 21 de junio al 23 de septiembre, sino que abarca desde el 26 de marzo, recién empezada la primavera, hasta el 29 de octubre, bien entrado el otoño. No me gusta que me roben horas de luz a primera hora de la mañana cuando camino a trabajar. Y como tengo que madrugar, si quiero dormir lo suficiente, no puedo acostarme tarde, no me gusta que haya luz cuando me voy a acostar. Los ciclos circadianos humanos no van así. Y eso sin entrar en las desventajas de disfrutar de buena luz de atardecer a horas civilizadas… En fin, que me gusta la luz de la mañana. A ver si ahora ya en mayo podemos volver a disfrutarla.

[Fotocomentario] La agresividad de las entidades bancarias y empresariales aragonesas

Política y sociedad

Es domingo y normalmente tocaría hacer una entrada de recomendaciones fotográficas. Pero no tenía muchas reservadas de esta semana pasada. He estado muy liado con diversas cosas y no he prestado mucha atención a navegar por internet buscando inspiración fotográfica. Así que hoy he hablado en Sensibilidad alta para tiempo incierto – Canon EOS 3 con Lomography Color Negative 800 de un rollo de película negativa en color de finales de febrero y principios de marzo que tenía un poco olvidado.

Y me he encontrado con algunas fotos tomadas en el Pabellón-puente de Zaha Hadid cuando lo reabrieron con la exposición sobre movilidad y sostenibilidad que han acordado las instituciones públicas con la principal entidad bancaria de Aragón. Una entidad bancaria que cada vez me cae menos simpática.

IberCaja ya no es una caja de ahorros. Es un banco. Pero se supone que sus dividendos van a parar a las fundaciones de las cajas de ahorros que lo formaron, directamente o por fusiones/adquisiciones. Han desaparecido en la práctica las cajas de ahorro en España, cuyos fines eran sociales, para apoyar al territorio y a las personas. Aunque indirectamente los bancos que las sustituyeron busquen que sus beneficios vayan a parar unos fines similares… los principios de gestión por los que se rigen son mucho más rigurosos empresarialmente. Me comentaban hace unos años cómo esta situación había limitado la disponibilidad de crédito para muchas empresas durante la crisis financiera que se inició en 2007, mientras que en otros países, como Alemania, la permanencia de las cajas de ahorros había permitido que las empresas aguantaran mejor. Dejando aparte que estaban mejor preparadas para aguantar de forma estructural.

Después de años de desperdicio de algunas de las obras que se hicieron para la Exposición Internacional de 2008, ahora Ibercaja da nuevo uso al Pabellón-puente. Hay una zona de paso, con una exposición que tiene mucho de propaganda de las marcas que exponen, que es de libre acceso. Pero hay un museo sobre movilidad y sostenibilidad que es de pago. Y son 10 euros. Que con los precios que llevan los museos por el mundo no es mucho en lo absoluto, sí que es en lo relativo dado el panorama museístico de Zaragoza. Flojo, disperso, y desde luego con precios mucho más asequibles. Los museos más caros son los que gestiona Ibercaja. A través de la fundación no del banco… pero es que es difícil separar uno de otro.

Y eso que no me voy poner a debatir los intereses de Ibercaja en el despropósito de arruinar el valle de Canal Roya para unir estaciones de esquí, en los que la entidad bancaria tiene unos intereses directos, por ser propietaria de las estaciones de esquí, pero también indirectos por la enorme cantidad de préstamos para compra de segunda vivienda en los Pirineos que realiza y que dan lugar a una enorme especulación urbanística en unas comarcas de gran riqueza natural que deberían estar más reguladas y controladas y no sometidas a especulación del suelo, de la vivienda y de otras cuestiones que tarde o temprano revientan en las burbujas bancarias y de la construcción. Y es que no aprendemos en este país, no importa las crisis que nos asuelan de vez en cuando. Las ganancias de Ibercaja deberían apoyar el país y las personas, pero se comporta agresivamente como un empresario más con avidez de dinero rápido y sin pensar en el futuro y en la sostenibilidad del país y las gentes. Con el visto bueno de muchos políticos. Mal vamos.

Para alegrar un poco la cosa, dejo fotografías con otros temas que venían en el mismo rollo de película fotográfica.