[Libro] La carne – Rosa Montero

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Unas Impossible Project (actualmente Polaroid) Spectra, cuando se podía comprar todavía este formato para algunas de las mejores cámaras de Polaroid, tomadas en Madrid durante una visita a las exposiciones de PhotoEspaña.

Me cuesta leer ficción en español. No es que no haya buenas cosas, claro que las hay. La literatura en español, si uno lo analiza bien, no es ni mejor ni peor que la de otras lenguas. Y por supuesto que hay muy buenos escritores… y tampoco faltan, como en otras lenguas, los que venden mucho y se llevan la fama… pero no son especialmente buenos. Hay viene otro problema, la calidad de la industria editorial en España, un jardín en el que no me voy a meter hoy, pero que deja mucho que desear, especialmente entre los grandes grupos editoriales. Mi problema con los buenos escritores españoles no es su calidad al escribir sino de lo que hablan. Y con el tiempo, cada vez me ha interesado menos. O se retrotraen a las típicas historias de la guerra civil y la posguerra, cayendo una y otra vez en tópicos muy similares, sin que, a la vista de los resultados electorales, esto haya hecho mella en la percepción de los españoles sobre aquellos tiempos, o me hablan de pijos madrileños que tienen siempre los mismos perfiles, que parecen que son los mismos, siempre con nombres parecidos y con actitudes similares, trasplantados de una a otra novela.

Abogados, médicos y profesores universitarios entre ellos, frente a historiadoras del arte y otras licenciadas en humanidades o letras, clase media aburguesada siempre con los mismos problemas. ¿No se han dado cuenta los escritores patrios de su tendencia a contar constantemente historias tan similares unas de otras? ¿Que los caracteres que aparecen en ellas se parecen casi como gotas de agua? Que sí, que de vez en cuando alguno se desvía por los barrios obreros y los polígonos industriales, pero igualmente llenando la situación de lugares comunes. El caso es que desde la primera mitad de los 2000 y hasta este 2025, en esos 20 años, cada vez me han ido interesando menos y he ido dejando de leerlos. Y si hablamos de las novelas de género, como el policiaco y otros… pues tres cuartos de los mismo. Aunque en la literatura de género el tópico y las similitudes casi se dan por descontado, no importa la lengua que se use, y por eso soy poco aficionado. El auténtico aficionado a la novela de género (policiaco, terror, fantasía, ciencia ficción,…) muchas veces está encantado con pasear una y otra vez por los mismos territorios. Al único género que le dedico espacio lector de vez en cuando es la ciencia ficción, y cada vez me cuesta más encontrar satisfacción en él.

En cualquier caso, encontré de oferta hace unos meses esta novela de Rosa Montero en mi tienda de libros electrónicos habitual y decidí darle una oportunidad. Por qué no. Y además a muy buen precio. En su momento, hace tiempo, leí con cierta frecuencia sus artículos y me gustaban. Quizá por esa asociación de Montero con el periodismo no me atrajo en su momento, cuando más dispuesto estaba a leer obras de autores españoles, cuando estos suponían el 75 % de mis lecturas, no leí nada suyo. No suelen atraerme los periodista reconvertidos en novelistas. Hay algo en su estilo que no me suele convencer. Aunque no lo sé definir bien. Quizá sea algún tipo de prejuicio… porque al fin y al cabo cada será diferente… pero es lo que hay. Bueno. Pues tras unos meses teniendo la lectura de esta novela en espera, hace unas semanas me puse a ella. No me duró mucho… tampoco es muy larga. Pero siempre he pensado que no es necesaria mucha extensión para contar una buena historia. Pocas veces están justificadas las gran extensión de mucha de la narrativa actual. A veces sí. Pero pocas veces. Siempre he sido partidario de la economía de medios.

Montero, no descubro nada nuevo, nada que no supiese, escribe bien. Con soltura. Y eso favorece coger ritmo en la lectura. Nos presenta de forma rápida y clara a la protagonista. Una licenciada en historia del arte (ya estamos con el tópico), de 60 años, soltera, con una ruptura reciente con un amante, con un proyecto nuevo expositivo en la Biblioteca Nacional que va a comisariar, y con una crisis importante porque empieza a sentir de forma amenazadora el paso de los años. Siente que pierde la capacidad de atracción para los hombres, siente que profesionalmente viene gente joven que le esta pisando los callos. Y vamos descubriendo una inseguridad profunda en su interior por sus antecedentes familiares, que no destriparé. Y en estas está cuando toma la ¿descabellada? ¿absurda? ¿inmadura? decisión de contratar un «acompañante» masculino de 30 años para ir a un concierto en el que sabe que va a estar su ex-amante con su joven, flamante y embarazada esposa. Y algunas cosas pueden ir mal a partir de ese momento. Y como dice la ley de Murphy, si algo puede ir mal, eventualmente irá mal.

Habiendo establecido de antemano, y habiéndolo confirmado durante la lectura del libro, que Rosa Montero es una escritora dinámica y muy capaz, mi problema con el libro es que aunque me obligué a marcar un ritmo de lectura razonable, leyendo todos los días, parando un poco cuando la evolución de la trama así lo pide para su correcta digestión, pensando un poco en lo que está pasando y lo que nos quiere contar la autora… lo cierto es que empecé a desinteresarme por su protagonista. He leído una diversidad de libros en los que la protagonista está en una situación vital similar a esta protagonista. Esa llegada a las estribaciones de la séptima década de la vida, la inseguridad de la decadencia física, el miedo a la soledad,…

No hay que desdeñar una reflexión sobre las actitudes sociales que suelen empezar a invisibilizar a estas mujeres simplemente porque yo no resultan atractivas físicamente o no puede «cumplir» los «roles» que esa sociedad impone a las mujeres en general. Es un tipo de crítica necesario. Pero desde muchos puntos de vista, la protagonista de esta novela, que ha pasado lo suyo como tantas mujeres, y también tantos hombres, es una privilegiada. Ha tenido una carrera profesional en la que ha recibido el respeto de sus pares, no tiene estrecheces económicas, hay que suponer que hasta ese momento no le ha importado llevar una vida en solitario (que no es lo mismo que estar en soledad), es culta y tiene capacidad para enriquecerse personalmente a través de la cultura… ¿Realmente es la realidad de las mujeres de 60 años en este país? ¿Puede ser representativa de algo? ¿O volvemos una vez más a lo que señalaba al principio, de que los escritores españoles tienen una preferencia para hablar de un sector de la población… que…? «Ahora» caigo… Dados los perfiles habituales de los lectores en España estamos ante un ejercicio de mirarse al ombligo una y otra vez de una determinada clase social en este país. Y son los consumidores de estas obras, puede haber un sentido comercial ahí. Y fuera de ese mirarse al ombligo… hay poco. Y mira que yo estos en los 60 años, soy un profesional universitario, razonablemente culto, viajado… y se supone que están hablando, en parte de mí. Pero me siento tan poco identificado… Por eso suelo arriesgarme con otras literaturas, que hablan de otras cosas, de otras gentes, de otros lugares, en otras lenguas… Es lo que hay.

[Cine] On swift horses (2024)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. La película transcurre, en su mayor parte en la californiana ciudad de San Diego… donde no he estado. Nos conformaremos con Sausalito, también en California, para ilustrar la entrada.

On swift horses (2024; 35/20250813)

Seguimos en un verano con una pobre cartelera cinematográfica en Zaragoza, con especial sufrimiento para las versiones originales, no dobladas, no adulteradas, salvo que te gusten el cine de superhéroes o el terror moderno. Mala suerte para mí, que no soporto el cine adulterado, no soporto a los superhéroes, y el terror contemporáneo… bueno… hay excepciones, muy honrosas e interesantes… pero me cuesta. He visto tanta basurilla en ese género a lo largo de las décadas… Y me fio tan poco del criterio de los modernos críticos con referentes limitados a las últimas décadas… Pero en un momento dado pensamos que esta película dirigida por Daniel Minahan e interpretada por actores y actrices al alza podría ser interesante.

Está basada en una novela de una tal Shannon Pufahl, publicada en 2019, y que debió tener cierto éxito de ventas. Yo no había oído hablar de la autora, que ni siquiera tiene página en la Wikipedia en inglés. La historia nos lleva a los primeros años de la década de los cincuenta, a las vidas de los hermanos Julius (Jacob Elordi) y Lee (Will Poulter), y de la joven esposa de este último, Muriel (Daisy Edgar-Jones). Ambos han servido en la guerra de Corea, y una vez licenciados deciden mudarse a iniciar una nueva vida, a ser posible más prospera, en California, dejando su Kansas natal, donde Muriel tiene una casa heredada de su madre recientemente fallecida. Pero Julius no llegará a San Diego, se detendrá en Las Vegas. Muriel empezará una vida doble, en la que será una jugadora de apuestas hípicas, gracias a la información privilegiada que consigue como camarera. Y ambos, que no dejan de sentir cierta atracción mutua, se sentirán atraídos por otras personas. Un joven mejicano (Diego Calva) en el caso de Julius, y la independiente vecina (Sasha Calle) de Lee y Muriel en el caso de esta última.

Había muchos elementos para hacer de esta historia una película interesante. Los años 50 del siglo XX en Estados Unidos son «muy cinematográficos». La estética de los atuendos, de los edificios y establecimientos, muchos de ellos se conservan, del estilismo de las personas, suele producir historias visualmente atractivas. Estilizadas y elegantes, incluso si los temas son crudos o sórdidos. Que no es exactamente el caso, aunque sus momentos tiene. Por otro lado, los temas son modernos. La expresión de la identidad personal y de las preferencias sexuales, alejada de los binomios en los que muchas veces se encuadra a las personas, no sólo por los miembros más conservadores y reaccionarios de la sociedad, también ocasionalmente por los más progresistas o miembros de los colectivos discriminados, es un tema compleja. No pocas veces las personas bisexuales se han quejado de que aunque la B de LGBTQ+ es poco apreciada dentro de estos colectivos. Y sin embargo, los sentimientos y las emociones son menos polares de lo que se nos representa. Hay matices, tiempos y lugares. Y eso es algo que explora la historia… pero que en la película, no sé qué pasa con la novela, no siempre funciona con la fluidez debida.

Ciertamente, la película es visualmente atractiva. Ya he mencionado que al ser película de época, esos años 50 son visualmente muy agradecidos. Las interpretaciones tienen buen tono, buen nivel. Los personajes protagonistas están convincentes, y los secundarios invitarían a un desarrollo más profundo de su trasfondo y de la relación que entablan con los principales. Desde ese punto de vista, hay un desequilibrio en la forma de presentar la relación de Julius con su amante jugador, y la de Muriel con su amante vecina. Esta última es más superficial, más bien hilvanada que cosida. Y al final… no tienes claro del todo hacia donde se dirige cada cual. O si realmente han avanzado lo que deberían haber avanzado después de la peripecia.

La película se deja ver. Si quieres pasar un rato en el cine, y las alternativas son las que hemos sufrido durante este verano, es una propuesta adecuada. Pero que sabe a poco. Una ocasión perdida para haber filmado una historia con un tanto más de pasión, de calor, menos aséptica en ocasiones… o quizá para haber desmembrado la historia en varias con más profundidad. ¿En una serie de televisión tal vez? No sé. Últimamente, incluso yo me siento confuso a la hora de expresar mis opiniones sobre el cine que veo.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Paisaje ferroviario en Ayerbe con película para negativos en color.

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. El entorno de la estación de Ayerbe con Leica M2 y película Kodak Gold 200.

De esta escapada mañanera a Ayerbe un sábado de julio ya hablé en su momento, porque también llevé película para negativos en blanco y negro en formato medio. Recordaré que un conocido tenía cosas que hacer en esta población de la provincia de Huesca, le acompañé, yendo y viniendo en la misma mañana con el tren, pero yo me quedé en el entorno de la estación tomando paisajes ferroviarios, mientras él resolvía sus asuntos.

Ya lo dije hace unos días. Pensaba que tal vez su estación conservaría más elementos de la arqueología ferroviaria, y que el paisaje ferroviario en el entorno de la estación sería algo más interesante. Una impresión que había adquirido al pasar de vez en cuando por el lugar. Pero luego no fue para tanto. No nos engañemos. Tiene sus posibilidades. Difíciles de explotar en una mañana nublada, en la que al ir apareciendo el sol entre las nubles cerca de las 10 de la mañana… pues la luz que nos ofrecía venía bastante dura y contratada. En cualquier caso, aquí os dejo algunas fotografías realizadas sobre película fotográfica para negativos en color. Después de todo, ese rato que pasé deambulando por el lugar, lo pasé bien. Y me quedaron algunas fotos para terminar el rollo al día siguiente en el Parque Grande de Zaragoza.

[TV] Cosas de series; viajando por libre por la geografía de Japón

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. El pueblo de construcciones tradicional de Shirakawago, patrimonio de la humanidad según la Unesco, en blanco y negro.

Suelo dividir mis vacaciones anuales en dos periodos, de dos y tres semanas cada uno, en mayo y a principios de octubre, aunque la duración de los mismos en cada momento depende del destino que hayamos elegido para viajar. En este 2025, cogí tres semanas en mayo, con el fin de viajar a China, pero, como ya conté, surgieron problemas y acabe viajando a Sicilia. La cuestión es que eso nos descolocó de cara a los planes de octubre, y andamos deshojando la margarita. Porque no queríamos dejar de tener un viaje a Asia, aunque de momento no recuperamos el plan previsto para China, que estaba muy asociado a los tiempos de luz diurna de la primavera, notablemente más amplios que los del otoño. Tampoco tengo claro si viajaremos juntas varias personas, o si al final me iré yo por libre. Si me voy por libre, no me importaría ir unos días a algún punto de Asia, pero a un destino fácil de organizar. Y Japón es una posibilidad, aunque no tenía previsto volver tan pronto. Al fin y al cabo, estuvimos en mayo de 2024, las fotografías que ilustran esta entrada son de ese viaje.

La cuestión es que de cara a organizar algo sencillo, de siete u ocho días efectivos de viaje, sin contar los desplazamientos, hubo una serie en el segundo trimestre del año que puede servir de guía de lugares interesantes, pero menos conocidos, menos habituales de los circuitos turísticos habituales, aunque no menos interesantes. Que es lo que en un momento dado, si no es este año será otro, querría volver a hacer. Porque ya el año pasado fue en parte el estilo de viaje. Salirnos de las rutas más trilladas, sin renunciar a visitar lugares interesantes por su belleza o interés cultural, sin los agobios de las muchedumbres de turistas que van todos a los mismos sitios y a las mismas horas. La serie fue una serie de animación, Zatsu tabi [ざつ旅, viaje improvisado], que en inglés se ha denominado con una mezcla del original japonés y una expresión inglesa que no es la traducción literal de ese original; Zatsu tabi – That’s journey (eso es viaje).

La serie nos habla de Chika Suzugamori, estudiante universitaria de bellas artes, que está iniciándose en el mundo profesional del manga. Pero no consigue dar con el tono de sus obras, que son apreciadas por su potencial editora, pero que no acaban de dar el salto a lo publicable. Habiendo conseguido un dinero, decide intentar inspirarse viajando por Japón. Inicialmente, sola. Pequeños viajes de dos, tres o cuatro días, usando los transportes públicos. El destino, a partir de las indicaciones que recibe a través de pequeñas encuestas en redes sociales. Lo que empieza como viajes en solitario se transforma cuando va aceptando la compañía de su círculo de amistades; una joven estudiante más joven que ella, una mangaka ya consagrada, una buena amiga de su edad,… Con estos viajes ira adquiriendo experiencias y, sobre todo, empezará a compartir sus inquietudes con otras personas, y a escuchar las de estas. Eso le irá dando las claves para desarrollarse como persona y como artista. Al cabo, no es más que una joven de 18 o 19 años, con mucha vida por delante.

La serie no es nada especial. Pero a la vez tiene bastante encanto. Especialmente porque los personajes han sido pensados y diseñados para que resulten chicas y mujeres simpáticas para cualquiera. Tiene buen rollo, y buenas intenciones, y en general consigue entretener sin complicarse la vida y sin complicársela a los espectadores. Es recomendable como entretenimiento ligero, gracias a sus episodios de poco más de 20 minutos que podemos encajar en cualquier momento tonto, mientras cenas, mientras esperas a alguien,… no exigen una gran concentración para introducirse en la acción.

Pero claro, ahora he decidido hacer un listado de los lugares que visita Chika sola o con sus amigas. Porque puede resultar una guía relativamente interesante para visitar en un futuro. Especialmente, porque en su mayor parte se trata de lugares a los que uno se puede desplazar en transporte público, tren o autobús, en alguna ocasión cogiendo un barco. Hasta ahora no he encontrado ningún lugar en internet donde se listen y describan todos los destinos. Y los intentos que he hecho de que algún motor de los llamados de inteligencia artificial me haga el listado han fracasado. Ninguno consigue listar todos los destinos, aunque algunos se acerca bastante, con ocho o nueve de los lugares visitados. Tendré que volver a hacer una revisión de los episodios y construirme mi propia tabla, con indicaciones de cómo acceder. Quizá alguno de esos lugares acabe formando parte de mis vacaciones en octubre. O igual acabamos en otro país distinto. Quién sabe.

[Recomendaciones fotográficas] Fotógrafos italianos y algunos otros que me han llamado la atención

Fotografía

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en Fotos en serie. Ola de calor. Temperaturas que rondan, y a veces sobrepasan, los 40 ºC. Antaño eventos puntuales a lo largo del verano, actualmente cada vez más frecuentes. Las altas presiones y la llegada del aire caliente de África dejan polvo en suspensión en la atmósfera. Y a las 9:30 de la mañana, el tono de la luz es mucho más cálido de lo habitual. Parece el tono de la hora dorada inmediatamente después de la salida del sol o inmediatamente antes de su puesta.

Esta semana pasada he estado con bastante trabajo, que me ha dejado cansado. No físicamente, pero si mentalmente. Por la tarde, cuando quedo libre de mis obligaciones profesionales, y más con el calor del verano, no tengo muchas ganas de hacer cosas. Me siento pasivo. Pero aun así, de los Substacks que me llegan por correo electrónico recojo algunas entradas sobre fotógrafos que me apetece recomendar. Los de hoy proceden de Photosnack y de Flakphoto. Yo mantengo dos líneas de publicación en Substack; Carlos en plata, en la que hablo de mis propias experiencias fotográficas, y Fotos en serie, cortas series de fotografías relacionadas, las más de las veces de mis viajes, pero no necesariamente, que luego enlazo en estas páginas. Como las de hoy que son fotografías que he realizado esta misma mañana, en la que he salido a caminar un rato antes de que el calor haga desagradable permanecer en el exterior haciendo ejercicio.

En primer lugar, he de hablar de Gianni Berengo Gardin (1930 – 2025) que falleció hace unos días, en los primeros de este mes de agosto en la ciudad de Génova. El fotógrafo italiano nació no lejos de la capital ligur, en Santa Margherita Ligure… podría haber seleccionado algunas fotografías de esa población costera del mar de Liguria para ilustrar la entrada. Si la memoria no me falla, aunque tengo recursos de las fotografías de Gardin desde hace por lo menos 30 años, fue en 2006 en Milán cuando conocí más a fondo la obra de este fotógrafo documentalista, en una exposición dedicada a su obra.Es de estos fotógrafos de los que se dice «es el Cartier-Bresson italiano» y lugares comunes similares. Porque tienen personalidad propia, visión propia y un trabajo original. ¿Por qué no decir que Cartier-Bresson fue el Gardin francés o alguna chorrada por el estilo? Lo importante es que fue un fotógrafo dedicado a su profesión, con una impresionante ética personal y laboral, que nos ha dejado un legado de cientos de miles de fotografías, que pueden sobrepasar el millón, y que es una fuente fundamental para entender visualmente como fue el siglo XX, especialmente en Italia y el conjunto de Europa. Una selección de su trabajo en Peter Fetterman Gallery.

Otro fotógrafo italiano que también me ha llamado la atención desde hace 25 años por lo menos… probablemente más, porque ya mis referencias temporales se van volviendo difusas. Franco Fontana, puro color, intenso. El que daban las diapositivas de antaño y la impresión sobre cibachrome/ilfochrome. Geometrías paisajísticas llenas de contraste cromático. Durante los años 90 era visitante frecuente de las revistas de fotografía, una década en las que había muchas, que poco a poco desaparecieron, porque se las comió el monstruo internet. Y con ello se perdió profundidad en la forma en la que conocías y llegabas a apreciar al artista. En el palacio de la Aljafería de Zaragoza hubo hace ya… no sé ¿quince años? ¿veinte años?… lo he encontrado, menos, en 2013, una exposición con algunas de sus obras, quizá de las menos conocidas pero interesantes aun así.

Philippe Halsman fue un fotógrafo divertido y optimista. O así lo hacían parecer sus dinámicas fotografías en las que la persona retratada, un famoso por algún motivo en general justificado, no como hoy en día que hay gente famosa sin que, yo al menos, sepamos por qué. Aquellos saltos intentaban reflejar la personalidad del retratado. En sus jumpologies, el retratado, preocupado por el salto, no puede impostar una expresión, un rostro, que enmascare quien realmente es. Esa es la teoría. Pero lo mejor es que miréis los retratos para ver qué descubrís del saltador de turno. No puedo olvidar tampoco de un retrato que hizo de Elizabeth Taylor, sin saltar, en color, con los típicos tonos de la Kodachrome, en el que siempre me ha parecido que es, fue, será la mujer más hermosa del mundo. En algunos de sus retratos, con o sin saltos, abrazó las influencias del surrealismo. Y uno de ellos, el más representativo de esta tendencia, el que hizo de Salvador Dalí, es el que me ha llevado a recordar a Halsman en estas páginas. Aunque dudo que Dalí no estuviese también actuando, a pesar del salto. No creo que Dalí se presentase ante el mundo de forma natural… nunca. Un genio como artista… ¿un imbecil como persona?

Termino con una nota breve sobre el fotógrafo Cyrus Mahboubian. Siempre he sentido la frustración de mi incapacidad para haber trabajado con la película instantánea en su época dorada. No las Polaroid o la Instax actuales. No. Más bien aquellas Polaroid y Fujifilm peel-apart, que daban una calidad exquisita en 9 x 12 cm, color o blanco y negro. Ahora… se hace lo que se puede con lo que hay, y siempre ha sido un medio que se ma ha atragantado. Pero el trabajo que realiza este fotógrafo con material que ha estas alturas debe estar caducado, pues hace años que dejó de fabricarse, me parece notable. Envidia cochina la que me da…

[Viaje] Otro caluroso día de excursión, en Fitero y Tudela

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Excursión de muy caluroso festivo en viernes a Fitero y Tudela con Fujifilm X100VI.

Estamos en el fin de semana largo de mediados de agosto. Tradicionalmente es un fin de semana en el que me escapo siempre que puedo a algún sitio. Por diversos motivos. Uno de ellos es que es uno de los fines de semana más aburrido para pasarlo en Zaragoza. Calor, mucha gente de vacaciones, escasísimas actividades culturales, una cartelera de cine que da pena… Salvo que seas un asocial o tengas muchas granas de tranquilidad es un tostón.

Este año no ha surgido por motivos que no vienen al caso la posibilidad. A cambio, me escaparé un fin de semana largo a final de mes. Pero dicen que no hay mal que por bien no venga, y hace unos días, con unos amigos, empezamos a pergeñar la posibilidad de hacer alguna actividad… algún viaje en el día. Lo que pasa es que la predicción del tiempo, con alertas cubriendo buena parte del espectro visible en sus longitudes de onda más largas, tampoco invitaba mucho…

Después de mucho debatir por la típica aplicación de mensajería la cosa quedó en que íbamos a salir a algún sitio para comer. Carnuza, parecía ser, a ser posible. Y de forma extraña al final acabamos visitando Fitero y su monasterio y baños, y Tudela y su casco viejo, comiendo en esta última ciudad. Yo ya estuve en Tudela hace unos meses, y os lo conté aquí, por duplicado… no, por triplicado.

Inmediatamente nos metimos en el coche con aire acondicionado y nos dirigimos a Sos del Rey Católico. Donde hacía niveles de calor similares, pero las estrechas y umbrías calles de su casco histórico medieval aliviaban notablemente el paseo. Eso sí, tras visitar el palacio de Sada, lugar donde quedó registrado el nacimiento del Rey Católico, nos encontramos que se habían cerrado las nubes y amenazaba tormenta. Así que terminamos la visita y nos volvimos a Zaragoza, que al fin y al cabo eran ya las ocho de la tarde.

[TV] Cosas de series; comedia romántica en el gran norte canadiense

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. No he visitado el gran norte de Canadá, así que nos conformaremos con Tadoussac, a orillas del estuario del San Lorenzo.

Hay más series canadienses de lo que parece. Lo que pasa es que la mayor parte de las veces nos creemos que son estadounidenses. O están hechas en colaboración con los vecinos del sur de Canadá, o son encargos de estos, o bien son series estadounidenses que, por cuestiones prácticas y económicas se ruedan en Canadá. Siempre recordaré que en la versión moderna de Battlestar Galactica había varios intérpretes canadienses, como Nº 8, una de mis cylon favoritas, y que los exteriores de Caprica City estaban rodados en Vancouver, si no recuerdo mal. Es un ejemplo. Pero hay bastantes más…

Luego descubrí que los canadienses son capaces de realizar comedias de situación de nivel altísimo que nada tienen que envidiar a las yanquis. Cierta tienda de conveniencia regentada por una familia de coreanocanadienses era un ejemplo muy claro. Una de las mejores comedias de situación que he visto en plataforma de contenidos en internet… y en cualquier otro tipo de plataforma o tipo de emisión. Buenísima. Por lo tanto, me he preguntado muchas veces porque no encuentro con más frecuencia este tipo de producciones disponibles en esas plataformas. Supongo que debería llegar y las podríamos ver… pero, ¿quedan sepultadas entre la inmensa oferta sin que se las promocione adecuadamente? ¿O es que no me encargo yo de buscarlas? No lo sé. Los sistemas de búsqueda en las plataformas no siempre son idóneos. Por ejemplo, los de Amazon Prime Video son realmente nefastos e inútiles en la mayor parte de las ocasiones. Los de Netflix son algo mejores, aunque manifiestamente mejoreables,… Apple TV+ tiene una oferta mucho menor y es más fácil encontrar cualquier cosa.

Así que en esas estaba con este tema cuando hace unos meses veo que en Netflix anuncian una comedia canadiense, North of north, cuya acción transcurre en el territorio de Nunavut, uno de los tres territorios que no tienen categoría de provincia en Canadá. Las provincias canadienses son más bien como los estados federados de un estado federal, no como las entendemos en las administraciones locales en España. Los territorios carecen de autonomía, y sólo ejercen poderes delegados por el gobierno federal canadiense. Pero vamos… Nunavut es como el 20 % de la superficie de Canadá, eso es como cuatro veces más extensa que España, pero vive un número de personas similar a algo más de los que viven en la ciudad de Soria, la segunda más pequeña de España, entre 35 000 y 40 000 habitantes. Un territorio vacío en el que el 85 % de la población son inuits (lo que antaño se llamaba esquimales, pero ahora no es una denominación correcta) o miembros de otras etnias de las primeras naciones (indígenas americanos antes de la invasión europea).

En una pequeña comunidad vive la protagonista de la serie, una joven inuit (Anna Lambe), madre de una niña y que todos consideran como la gran afortunada al haberse casado con el tipo más codiciado por las mujeres en edad casadera del lugar. Piloto de avión (Kelly William), y un machote. Y un machista. Y un mujeriego, lo que lleva a la protagonista a pedir el divorcio por las infidelidades. A partir de ahí, tiene que aprender a valerse por sí misma, encontrar un trabajo, y resituarse en la sociedad reducida y cerrada, que no aprueba sus decisiones, en general, porque la consideraban una privilegiada. Y esa es la base para las dificultades y vivencias de la joven, con algún que otro posible amorío en perspectiva. En paralelo, habiéndose criado como hija única de una madre soltera (Maika Harper), muy independiente, de repente se encontrará con el hecho de que hay un padre biológico (Jay Ryan), que no la abandonó, porque nunca supo que tuvo una hija.

La serie se deja ver… pero no entusiasma. Prometía maneras, pero es relativamente previsible. Y los personajes no tienen una profundidad suficiente como para que nos acabemos de entregar por completo a sus padeceres y a sus alegría. Yo, personalmente, sólo he visto dibujada con trazos muy groseros los problemas que se intuyen para el desarrollo personal de una mujer joven en una comunidad aislada, pequeña y con valores conservadores. No sé… ya veremos si le doy una segunda oportunidad si llega la segunda temporada.

[Libro] Hotel Splendide – Ludwig Bemelmans

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. El Splendide es un trasunto del Ritz-Carlton Hotel, en Nueva York. Ya desaparecido; el actual es otro y en otra localización. Así que pasearemos fotográficamente por Manhattan para ilustrar esta entrada.

Ludwig Bemelmans quizá no dice mucho en España. Sin embargo, fue muy activo en dos ámbitos; la literatura infantil, en la que destacó la serie de libros dedicados a las aventuras de Madeline, una huérfana que vive en una escuela en régimen de internado en París, y la ilustración, siendo ilustrador de sus propios libros, así como de otras obras de otros autores. Nacido en Austria, en el Tirol del Sur, actualmente la región de Alto Adige en Italia, vivió durante muchos años en Regensburg, Alemania, ciudad que aparece en alguno de los capítulos de este libro. Siendo adolescente emigró a Estados Unidos, tras un incidente en un hotel donde era aprendiz, y consiguió la nacionalidad alistándose en el ejército en 1917, aunque no llegó a ir a la guerra en Europa por su origen austroalemán. Y cuando se licenció poco después…

Bemelmans empezó a trabajar en hoteles mientras intentaba hacerse un hueco en el mundo del diseño y la ilustración. Y uno de esos hoteles fue el Ritz-Carlton de Nueva York, de donde extrae el conjunto de episodios… ¿autobiográficos?, que constituyen la espina vertebral del libro. Cada uno de los episodios es una pequeña aventura relacionado con alguno de los pintorescos personajes que trabajaban o frecuentaban el hotel. Cada uno de ellos se podría leer de forma independiente, pero están interrelacionados, y de alguna forma ordenados cronológicamente, por lo que es conveniente leerlos en el orden en que se presentan al lector.

Este libro se considera habitualmente unas memorias altamente ficcionalizadas. Es obvio que el autor tiene un interés humorístico, y ciertamente las historias son divertidas y, en ocasiones hilarantes. El escenario de las mismas suele ser los comedores y las habitaciones del hotel, con ocasionales incursiones por Nueva York, y un viaje a Regensburg y Múnich con un compañero, en el que ambos de alguna forma «ajustan cuentas» con su pasado. La época son los felices 20, pero no faltan los elementos de crítica al ambiente social de la época, en la que contrastan las fortunas que frecuentan el hotel con la picaresca utilizada por sus trabajadores para ir medrando y sobreviviendo.

Publicado en 1941, tiene su punto de revisión de una parte de la historia de los Estados Unidos (y del mundo occidental), en la que el liberalismo económico hizo estragos, llenó de oropel y apariencias las interacciones sociales, al mismo tiempo que introducía las causas y habría el camino a la Gran Depresión y al auge de los totalitarismo que el mundo habría de sufrir en los años 30 del siglo XX. Considero que su lectura es pertinente. No en vano, estamos en época de nuevo liberalismo económico, en el que las apariencias de los poseedores de las grandes fortunas o los influencers de las redes sociales enmascaran realidades, y el nuevo progreso de ideologías populistas y potencialmente autoritarias. No voy a decir que sea una obra maestra, una de las pocas del autor dedicadas al público adulto, pero es divertida e interesante. Es recomendable, sin duda.

[Fotos] Paisaje ferroviario en Ayerbe con película para negativos en blanco y negro.

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. El entorno de la estación de Ayerbe con Plaubel Makina 67 y película Ilford Ortho Plus.

Tengo la sensación de que ya lo he comentado en algún sitio. El paisaje ferroviario, que tradicionalmente era un objeto fotográfico interesante por su estética, sus texturas, sus formas, se está volviendo cada vez más aburrido. Lo practiqué bastante con mis cámaras fotográficas hace 25-30 años, en un momento en que muchas infraestructuras tradicionales se mantenía en estaciones y líneas ferroviarias, y había una amplia diversidad de vehículo ferroviarios, en color y formas. Pero en un país en el que la piqueta hace estragos con los edificios singulares, y hay poco interés en la conversación de la arqueología industrial… todo va desapareciendo. No sólo en lo ferroviario, en general, los paisajes españoles se están empobreciendo a marchas forzadas. Algún día tendría que hablar de ello con más profundidad.

En cualquier caso, un conocido me informó hace unas semanas de que tenía que ir a Ayerbe por un asunto particular, un fin de semana, y que ya que el Canfranero está de nuevo en funcionamiento, y teniendo en cuenta que vive cerca de la estación de Zaragoza-El Portillo, iba a ir en tren. Ir y volver por la mañana. Que si me quería apuntar. Ayerbe en sí mismo, aunque tiene algún rincón curioso, no me atraía en especial. Pero pensé que tal vez su estación conservaría más elementos de esa arqueología industrial, ferroviaria, que he mencionado. Algo queda, pero no tanto como pensaba. En cualquier caso, aquí os dejo algunas fotografías realizadas sobre película fotográfica monocroma en cámara de medio formato. También hice en color. Eso… otro día.

[Recomendaciones fotográficas] Con rapidez, intento publicar unas recomendaciones este domingo

Fotografía

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en Fotos en serie. Estos días estoy de pruebas con una Fujifilm X100VI, una de las cámaras más populares del mercado. ¿Estará a la altura de las expectativas? En unos días os lo cuento. Aquí, comprobando sus capacidades para la fotografía de aproximación.

Hoy quería dejar escrita una entrada con recomendaciones fotográficas recogidas en las últimas dos semanas, pero ando con muy poquito tiempo. De todas formas, aunque sea de forma telegráfica, lo voy a intentar. Si estás leyendo esto, es que lo he conseguido.

Por algún motivo, en Historia del arte con Kenza, un blog y podcast sobre arte que sigo de forma irregular, pero fiel, desde hace unos años, consideran a Marc Riboud un pionero de la fotografía. Yo no lo consideraría así. Es un fotógrafo de reportaje muy interesante, que ha estado presente en muchos lugares donde pasaban cosas durante el siglo XX. Pionero, tal vez no, pero uno de los que sentaron las bases de una forma de hacer fotografía que, al mismo tiempo, nos contaba historias y nos acercaba a otros seres humanos, sí. Hay fotografías muy famosas, que conocerás, que no sabes que las hizo Riboud.

En Youtube me recomendaron hace unos días un vídeo de Toshiki Yukawa en el que nos introduce y nos convence de las bondades del fotógrafo japonés Ihei Kimura, uno de los más prestigiosos del País del Sol Naciente, Muy activo entre los años 20 su fallecimiento en los años 70, es otro de esos fotoperiodistas que pusieron las bases para generar una cultura visual del mundo y de los acontecimientos. Uno de los premios más prestigiosos que se conceden en Japón a fotógrafos lleva su nombre.

En Aperture, hace unos días, nos hablaban de un libro de Richard Misrach, Cargo, una reflexión fotográfica sobre el comercio global, y su impacto en la navegación y en el paisaje. Misrach ha basado su obra en el paisaje como lugar de reflexión sobre la presencia y los actos humanos. Y un libro de la interesante serie y pedagógica serie The Photographic Workshop está dedicada a su obra. Un libro muy recomendable, que quizá no sea fácil de conseguir hoy en día. Yo lo tengo.

Terminaré con otro fotógrafo japonés, Yosuke Morimoto, y su serie Yoyogi Park, Shibuya-ku, Tokyo (Parque Yoyogi, distrito de Shibuya, Tokio). El parque Yoyogi se encuentra cerca de Shibuya y Harajuku, zonas de Tokio muy visitadas por los turistas, adyacente al Santuario Meiji, otro de los lugares más visitados por turistas y locales en Japón. La serie es un intento de superar el duelo por la ruptura con su novia, que le costó superar. Para ello, en la zona del Parque Yoyogi y alrededores comenzó a pedirles a jóvenes con un parecido al de su novia para que posasen en un retrato sencillo. Al mismo tiempo, tomaba imágenes de los alrededores. Más de 1000 mujeres se han prestado a lo largo de los años, en este ejercicio en el que trata de superar el duelo con la fotografía. Los dípticos de paisaje urbano y retratos me han parecido muy interesantes. Lo hemos visto en Lenscratch.

[Fotos] Zaragoza nublada, Utebo soleada, con película para negativos en color y un poquito de frustración.

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Con cámaras Canon EOS 3 y EOS 650, objetivos Tamron 90 mm f2.8 Macro y 35 mm f1.8 y película Kodak UltraMax 400

En la parte positiva, es el segundo rollo de nueva factura que he digitalizado integramente en casa por mí mismo y los resultados han resultado no sólo satisfactorios, sino que en la mayor parte de los fotogramas del rollo de película para negativos en color mejores que lo que me llega de los laboratorios comerciales, que cobran una pasta gansa por la tarea. Y el fichero de imagen tiene bastante más resolución, diría que excesiva, no necesito tanto, y mucha más profundidad de color para trabajar con él. Fenomenal. Especialmente las soleadas fotografías realizadas en Utebo. Da igual que una película para negativos en color sea de poca o mucha sensibilidad, a todas les gusta que haya abundancia de luz.

En la parte negativa, el nuevo teleobjetivo corto para macrofotografía que compre de ocasión hace unas semanas no funciona bien con las cámaras teóricamente compatibles para película fotográfica. Su comportamiento con las cámaras digitales en impecable… pero con las cámaras más antiguas… va a trancas y barrancas y su uso no es nada práctico. No es ningún drama. Suponía que podría ser así. Pero las primeras pruebas, sin rollo de película en cámara, parecían optimistas. Nada… no funciona bien. Bueno seguiremos como estábamos, que al fin y al cabo la mayor parte de la macrofotografía que hago, la hago sobre cámara digital por varias cuestiones de orden práctico.

[Libro] Mis días en la librería Morisaki / Una velada en la librería Morisaki – Satoshi Yoshigawa

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. En 2019, durante una estancia en Tokio, me acerqué a Jinbōchō, el barrio de las librerías, buscando las especializadas en fotografía.

Hoy toca un dos por uno. Con pocas semanas de diferencia, aunque no seguidos, leí estas dos novelas de Satoshi Yagisawa, que se pueden considerar las dos partes de una misma historia… aunque con alguna matización a esta afirmación. Ya que, desde mi punto de vista, la primera novela no necesitaba una continuación. No obstante, la segunda parte cayó en mis manos y decidí dedicarle mi tiempo a su lectura.

La protagonista de las novelas es una joven que vive en Tokio, es de provincias, tiene su trabajo en una empresa, y tiene un novio que también trabaja en una empresa. Hasta que descubre que según él no son novios, sólo un entretenimiento, y que tiene una novia de verdad con la que se va a casar. Ha estado jugando a dos bandas bastante tiempo. La chica se deprime, deja la empresa,… ya he dicho que trabajan juntos… y sólo sale de su depresión cuando su madre, preocupada, manda a su hermano y tío de la chica a interesarse. El tío heredó una librería en Jinbōchō, el barrio de Tokio donde se concentra un gran numero de librerías de todo tipo, muchas de ocasión, de lance o para coleccionistas, y otras especializadas en temas diversos. A 15-20 minutos del Palacio Imperial, pero por el lado opuesto a la estación de Tokio, que esta a media hora por lo menos. Y con la librería vive y se apaña. Ahora está solo, porque su esposa lo dejó de forma un tanto misteriosa, y le ofrece que se quede a vivir en el piso encima de la librería y le ayude con esta. Allí, la joven empezará a recuperarse, en un nuevo ambiente, conociendo a nueva gente, y reconectando con quien fue su tío favorito 15 años atrás.

No hay mucho que contar. Es un tipo de historia que ya he encontrado con cierta frecuencia en la literatura japonesa y también en la coreana, aunque con esta he tenido mucho menos contacto. Un sitio donde la gente tiene buen rollo, y aquellos que sufren encuentran calor humano y la posibilidad de sanar sus heridas emocionales. Está razonablemente bien narrada y es una lectura fácil, amable, que se acaba de forma rápida por que no hay mucho sobre lo que discurrir. Suelen tener finales felices, aunque puede haber excepciones, donde el final sea más melodramático. No me pronunciaré sobre lo que pasa en esta… porque puede haber algún interesado en leerla y no quiero destriparla. No es una gran obra literaria de gran profundidad, pero puede ser una lectura agradable para el verano.

Y tiene una segunda parte. En la que la joven tiene un trabajo, va desarrollando una relación con novio que parece que no es un caradura, tiene alguna amiga que otra, y visita regularmente a su tío, que vive con su mujer de nuevo, porque reapareció en algún momento de la primera novela, sin entrar en más detalle de momento. Y no entraré en mucho más detalles de lo que sucede en esta segunda parte. Sólo diré que es… mucho más melodramática. Y esto… en gran medida, y aunque se veía venir desde el momento en que retomas la lectura y sabiéndote lo que pasa en la primera parte, lastra la novela. No está igual de conseguida. No consigue el autor poner el foco de forma adecuada en quién es el personaje importante de la historia. ¿La chica? ¿El tío? ¿La mujer del tío? Me parece una continuación un tanto forzada.

No obstante, no nos compliquemos la vida. Si la primera parte es razonablemente recomendable… la segunda es… optativa. Si quieres seguir un rato más en ese universo de libreros peculiares, con clientes todavía más peculiares, aunque no tenga el mismo nivel, en mi humilde opinión, tampoco pasa nada. Se deja leer. Estilísticamente, es más de lo mismo. Luego ya, si te convence más o te convence menos lo que cuenta en esa segunda parte, es otra cuestión. O algo que depende de tus gustos y preferencias personales.