Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Tanto Saint-Exupéry como su alter ego perdido en el desierto de esta novela corta fueron aviadores, y por eso os traigo imágenes de «Les ailes anciennes» de Toulouse.
Comentaba hace unas semanas, a propósito de la lectura de otro clásico del siglo XX, que en los últimos años no hago eso. Releer libros. Pero después de redactar esa entrada pensé que igual no era mala idea dedicar de vez en cuando un momento a releer uno de estos clásicos que ya nos marcó en su momento. Y que más clásico del siglo XX que la obra más conocida de Saint-Exupéry. En alguna estantería de la casa, o en algún armario, estará mi versión traducida al castellano, que fue la primera que leí hace… ni me acuerdo. Un tiempo después, rondaría yo los 26 años recién cumplidos puesto que fue uno o dos meses de empezar a trabajar como médico residente, me prestaron la versión original en francés. Y desde entonces.
Ya sabemos… El piloto perdido en el desierto, su encuentro con el Principito, la historia de este recorriendo la galaxia de planeta enano en planeta enano… ¿Sabría el bueno de Antoine que algún día Plutón sería «degradado» a esa categoría? Plutón fue descubierto sólo 13 años antes de la publicación del libro. Bueno… Quizá no fueran planetas enanos, sino asteroides redondeados. Como (1) Ceres,… que fue asteroide, pero que ahora es planeta enano también. ¡Vaya por Dios! Resulta que si son redondos no pueden ser asteroides tampoco. El (1) que lleva el nombre de Ceres es porque fue el primero de los cuerpos menores del sistema solar en ser descubierto, el 1 de enero de 1801, hace 225 años y dos días. Y casi 45 años antes que el último de los planetas… Neptuno. Último desde el punto de vista actual, porque cuando leí por primera y segunda vez este libro, era el penúltimo en ser descubierto.
No me extenderé mucho en el comentario. Se ha escrito demasiado sobre él para ser mínimamente original. Por supuesto, es muy recomendable. Que si parece un libro para niños, pero es un libro sobre los adultos, etc, etc, etc. Y si les da a ustedes el conocimiento del idioma de nuestros vecinos de allende los Pirineos, léanlo en su versión original en francés. Merece la pena. Por buena que sea la traducción al castellano, hay sutilezas que se aprecian mejor en el idioma de Molière. Y aquí lo dejo, que no me quería poner muy sesudo. Comentaré más despacio el día de Reyes si todo va bien. Pero aún me quedan tres libros más por comentar de los que leí antes de terminar el 2025. El último de ellos finalizado a las seis de la tarde aproximadamente del 31 de diciembre. Ya llevo muy avanzado el primer libro del 2026…
En el año 2024 he registrada como vistas 60 películas de estreno a lo largo del año. La primera fue el 2 de enero y la última en el 29 de diciembre. De esas 60 películas, vi 44 en salas de cine, mientras que las restantes 14 fueron estrenos directos en plataformas en línea y un «estreno» a bordo de un avión intercontinental. Algunas de estas últimas tuvieron un estreno simbólico en salas de cines, de unos pocos días, generalmente una semana, con un número de sesiones limitado. Si es posible las veo en sala grande porque, sinceramente, aunque lo vaya a tener disponible en la televisión una o dos semanas más tarde, prefiero ver el cine en pantalla grande. Pero cada vez lo ponen más difícil. Como suele suceder, la inmensa mayoría de los estrenos que he visto en plataformas corresponden a Netflix, 12 películas, mientras que he visto una en Amazon Prime Video y dos en AppleTV+. Las fotografías acompañantes son las últimas que he hice en 2025… por lo menos con cámara digital.
Las películas que tengo registradas en mi base de datos desde el 28 de diciembre de 1997 hasta la fecha son un total de 1695. Con un promedio de unas 60.5 películas de estreno vistas al año, incluyendo también estrenos de antaño que se reestrenan en pantalla grande, cuando nunca vi previamente esa película en salas de cine. Para todas las películas que veo incluyo cuatro valoraciones: dirección, interpretación, subjetiva y global. Para conocer los criterios por los que valoro las tres primeras, visitad la explicación correspondiente. La valoración global es el resultado de aplicar una fórmula matemática de mi invención:
Global = (Subjetiva*3 + Dirección*2 + Interpretación)/6
–
Por supuesto, el dar más peso a unos elementos que a otros es algo totalmente personal. Pero es que si incluyo algo que se llama “valoración subjetiva” en la fórmula, pues es lo que podéis esperar; una valoración personal e intrasferible, aunque motivada, de lo que más me gusta. Que no necesariamente tiene que ser lo que le guste a otros. No hago crítica cinematográfica; solo comparto lo que veo y lo que me parece.
Hay otra cuestión. Si se contrasta la lista que ofrezco en la entrada de hoy con las valoraciones de cada una de las películas en el momento en que las vi y las comenté, pueden no ser iguales. Aunque este año sí lo son. La valoración personal de una película cambia con el tiempo. También puede suceder que visionados posteriores, por ejemplo en vídeo o televisión, hagan cambiar esa valoración.
La valoración media ha sido de 3.34 puntos; la cuarta más alta de estos 27 años completos, pero con pocas diferencias con lo que sucede en los últimos años. La variabilidad en las puntuaciones ha sido la más baja de los 27 años completos. Es decir, suelo tener relativa buena intuición a la hora de evitar malas películas, aunque de vez en cuando me coma alguna de la que esperaba algo más y, al final, me resulta estomagante. En general, los estrenos directos en plataforma tienen puntuaciones inferiores. Siempre digo que voy a ver menos de estos, pero siempre caigo en alguna tarde-noche de aburrimiento. Y he evitado determinados estrenos en plataformas, con lo que antes me arriesgaba. Lo cierto es que me cuesta ponerme a ver largometrajes en la televisión.
Como digo habitualmente, podríamos decir que no selecciono mal las películas que voy a ver. Y como he mencionado en otras ocasiones, el rechazo a ir por sistema a ver determinados blockbusters, me ahorra películas malas. Por ejemplo, evito en líneas generales el cine de superhéroes. Que sistemáticamente… no me gustan. Por supuesto, como viene siendo norma en los últimos años, todas las películas han sido visto en versión original. Aunque la salas no siempre nos lo ponen fácil, por los horarios, por el número reducido de sesiones en versión original, por el escaso número de días en cartelera, no concebimos ya una película doblada. Nos suena horrible. Y no hemos visto algunas películas interesantes porque se nos han escapado. Es lo que hay.
¿Existen diferencias de calidad entre los distintos proveedores? Veamos una tabla.
Proveedor de películas
Número de películas vistas
Puntuación Global Media
Puntuación Subjetiva Media
Salas de cine
44
3.49
3.20
Netflix
12
2.94
2.92
Amazon Prime Video
1
4.00
4.00
Apple TV+
1
2.08
2.00
Totales
60*
3,34
3.13
(*) Sí, suman 59. Recuerdo que hay una que consideré «estreno», que vi en un desplazamiento en avión intercontinental. Y que valoré muy bien
Creo que las cosas están claras. Somos muy cuidadosos con lo que elegimos ir a ver al cine. Y suelen ser películas sobre las que nos hemos informado, y que garantizan un mínimo de calidad. Y a partir de ahí lo que sea. Mientras que lo que veo en plataforma, en muchas ocasiones son meros actos de divertimento en los que arriesgas más. Al fin y al cabo, la suscripción mensual la tienes pagadas. Pero hay que decir una cosa. Algunas de las mejores películas de las plataformas tienen un estreno limitado en cines, y si podemos vamos a verlas en pantalla grande, por lo que esos «puntos» extra que podía tener se quedan en las salas de cine.
Por cierto, no está incluida en la estadística, porque ya la habíamos visto en pantalla grande en varias ocasiones. Pero quizá uno de los momentos mejores y más emocionantes fue volver a ver en pantalla muy grande 2001, a space odyssey, proyectada a partir de una copia sobre película de 70 mm de época. Un verdadero síndrome de Stendhal cinematográfico en algunos momentos. Y mira por dónde, he localizado la vez anterior que vimos esta película en salas. Que no hace tanto como pensaba.
A continuación, las diez películas que más he valorado. He tenido que excluir la que lidera la clasificación, porque es un reestrenó de una película de 1992 de animación japonesa, una maravilla. No son 10. Son 12, porque hay puntuaciones repetidas. Este año sí que han entrado en la clasificación la tienen una puntuación global de 4.00, el mínimo para entrar en la lista.
Cosas que me llaman la atención. La primera es que hacía muchos años que no incluía tantas películas nortemericanas tan a gusto. En los últimos años me sentía despegado del cine que venía de Hollywood, e incluso del cine independiente norteamericano. Pero este año, las películas que hay en esta lista selecta son películas que realmente me llegaron muy adentro. Y llama la atención de que una de ellas sea una película de terror, pero que me encantó. me gustó mucho. Aunque está empatada en puntuación con la favorita de la temporada de premios, he de decir que la he colocado por delante intencionalmente. Llama la atención la inclusión de tres películas nórdicas. Y también son tres películas excelente. Y quizá llame la atención que este año no han llegado a la cartelera tantas propuestas desde Japón, que se solían colar en estos puestos altos. Pero ha sido por falta de oferta en la pantalla grande y no de calidad.
Y creo que con esto lo dejaré estar ya este año. Un saludo y mucho cine. Nos vemos en las salas de cine… suponiendo que el lamentable sistema de distribución y exhibición en salas no siga maltratando el cine de calidad y en versión original, como viene sucediendo últimamente.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Un día en blanco y negro en Nueva York, donde todo sucede cuando tiene que ver con el musical americano.
Es tradición que dedique la primera entrada del año, el día de Año Nuevo, al comentario de la última o últimas películas del año, que se me han quedado en el tintero, y antes de que, al día siguiente, realice el resumen de lo que han sido los estrenos de cine del año para mí. Y en esta ocasión fue una escapada a una sesión matinal donde echaban esta supuesta película de carácter biográfico del letrista Lorenz Hart, que hizo fama por componer junto con el músico Richard Rodgers algunas de las canciones más conocidas y representativas del cancionero popular norteamericano del siglo XX, decenas de veces versionadas y con frecuencia incorporadas a los repertorios de los músicos de jazz, motivo este último por el que estoy familiarizado con ellas. Por ejemplo, hace unas décadas escuché repetidamente un álbum doble de Ella Fitgerald, Ella Fitgerald sings the Rodgers & Hart songbook, unas grabaciones, o quizá una recopilación de distintas grabaciones, de 1956.
Esta película dirigida por Richard Linklater, protagonizada por su actor favorito de muchas de sus peliculas Ethan Hawke, interpretando a Hart, se inspira en una docena de cartas, un intercambio epistolar que el letrista tuvo con una estudiante de escenografía de la ciudad de Nueva York, Elizabeth Weiland (Margaret Qualley), de la que poco se sabe más allá de esto. Linklater especula, porque nadie puede decir que existiera, con una enamoramiento no correspondido del letrista de 48 años con la estudiante de 20 años, pocos meses antes de la muerte de Hart, con complicaciones por el consumo de alcohol. Como he leído, Linklater se toma muchas libertades a la hora de imaginar las situaciones a partir de una cartas que no contaban lo que se cuenta en la película.
Nos sitúa Linklater en la noche del estreno del musical Oklahoma!, que Rodgers (Andrew Scott) ha compuesto con la colaboración del letrista Oscar Hammerstein II (Simon Delaney), el primero de una serie de éxitos que marcaron la historia del musical en Estados Unidos durante el tercer cuarto del siglo XX. Hart se encuentra en un bar donde conversa con el camarero (Bobby Cannavale), Weiland, y un soldado de permiso (Jonah Lees) que toca el piano. Estamos en plena Segunda Guerra Mundial. 1943. Y Hart esta evidentemente dolido de que Rodgers le haya abandonado por Hammerstein, al mismo tiempo que, irónicamente, todo el mundo le recuerde por Blue Moon, que según él es su peor canción.
La película tiene sabor a obra de teatro trasladada al cine, aunque no lo es. En un número de escenarios reducidos, en el bar del hotel donde transcurre la acción, tenemos tres actos, la espera de Hart, Weiland, el camarero y el soldado pianista, en el que Hart desgrana su visión sobre su vida pasada y sobre la «traición» actual. En el segundo acto, llegan los invitados que celebran el éxito del musical recién estrenado, e intercambia sentimientos con Rodgers que sigue sintiendo simpatía y amistad con el perjudicado (por el alcohol) letrista. En el tercer acto, se sincera con la joven universitaria, en un intento de volver a tener… lo que ya no puede tener. El planteamiento no está mal, y Linklater se apoya en las interpretaciones, sólidas, de sus actores para que la cosa salga adelante.
Sin embargo, no conseguí entrar en la película. Que es correcta, pero que se encuentra lejos de las obras más inspiradas de Linklater. Con demasiada frecuencia sentimos a Hart como una persona patética. No llega a ser risible, pero tampoco inspira la simpatía necesaria. Más que sentir la «traición» de su compañero y amigo de toda la vida, sentimos que es él mismo quien se ha arruinado la vida. No sé si esta era la intención del director. Por otro lado, la forma en que se plantea su cuelgue por la joven universitaria también chirría mucho. Es de los momentos en los que el patetismo se acerca demasiado a la parodia. Y ya digo que no creo que sea la intención del Linklater. Así como la forma en que se plantea la posible homosexualidad del protagonista, que contrastaría con el enamoramiento con la chica. No sé si me estoy explicando bien, pero no conseguí entrar del todo en la película, ni creerme la situación, ni a los personajes, que tienen más de ficción de lo que nos parece. No obstante no voy a decir que sea una mala película, a pesar de que es, hasta cierto punto, fallida.
Con esta será la 19ª ocasión en la que publico en mi Cuaderno de ruta mis 12 fotos para los 12 meses del año que se va.
Como de costumbre, no he buscado fotos representativas. Aunque alguna hay. Ni que fuesen las “mejores” fotos de cada mes, signifique lo que signifique eso. Simplemente, pequeños momentos, emociones, cosas que pasaron, o simplemente una foto que me había pasado desapercibida en su momento… Este año, también son todas digitales. Pero realmente, eso es algo que importa poco. Y en la entrada de ayer se pudo ver el equivalente a esta entrada, pero basada en la fotografía con película tradicional. Y en la de antes de ayer, el repaso a los viajes. Tradiciones personales para los fines de año. Que nunca son mi época favorita.
Y aquí van. Sin pies de foto explicativos. Simplemente, el mes en que fueron hechas las fotos. En esta ocasión, sólo una por mes.
Como viene sucediendo en los últimos años, la fotografía con película fotográfica tradicional es un componente importante, esencial diría yo, en la práctica de mi afición a la fotografía. Con una cámara para película fotográfica, especialmente las de cierta época y ergonomía, el ponerse a hacer fotos es inmediato. Sin las decenas de opciones que hay que configurar en una cámara digital. E inmediatamente te centras en la foto, y no en el chisme. En el último año he utilizado con mucha más frecuencia el formato medio en la Hasselblad 500CM, probablemente a costa de la Fujifilm GS645S Wide 60. Y, especialmente en el último cuatrimestre, la Leica M6, con nuevos planteamientos por mi parte. También he experimentado mucho menos en lo que se refiere a tipos de película. Poco a poco he ido configurando una panoplia de emulsiones que me vienen bien habitualmente, con resultados previsualizables.
Fujifilm Instax SQ6.
Y por supuesto, como podéis ver entre estos párrafos, no he descuidado la fotografía instantánea. Nada de Polaroid. Me cansé de las consistencias de esa película. Como ya comentaba en años anteriores, la Instax es una película muy superior, pero sus cámaras son una porquería. Así que, a mitad de año, me decidí a encargar el respaldo NONS Instant para la Hasselblad 500CM. Y así, mientras en la primera mitad del año las fotos están hechas con la Fujifilm Instax SQ6, una vez probado el respaldo en la cámara de formato medio, ya no ha habido vuelta atrás, no he usado otra cosa. Ya no dependo de los azares y limitaciones de una mala cámara.
Hasselblad 500CM con NONS Instant Back.
Antes de hacer un rapaso mes a mes del año os recordaré que mi actividad en fotografía instantánea la podéis encontrar en @carlos.carreter.instant, y que el resto de actividad fotográfica con película tradicional está en @carlosenplata. Y que suelo comentar mis experiencias fotográficas, tanto las exitosas como los fracasos en una nueva plataforma, Substack y Carlos en plata. Así que vamos con un repaso, mes por mes.
Enero – Hasselblad 500CM con Lomography Color Negative 800. Ana, Anu y Marta en una fotografía irrepetible, porque Marta nos ha abandonado para siempre hace pocas semanas. Es el motivo de elegir esta fotografía para este mes.
Febrero – Olympus Pen F con Kodak Ektar 100. Muchos desplazamientos a los barrios rurales y pueblos del área metropolitana de Zaragoza, especialmente hasta el verano. En la fotografía, la Cartuja Baja de Zaragoza.
Marzo – Hasselblad 500CM con Kodak Gold 200. En primavera no pueden faltar las flores. Y desde hace unos años son clásicos los tulipanes del Parque Grande de Zaragoza.
Abril – Ondu Pinhole 612 Multiformat con Fujifilm Neopan 100 Acros II. Abril suele estar marcado por la celebración del Día Mundial de la Fotografía Estenopeica a final de mes. Este año no pudo ser la celebración colectiva. Pero igualmente salí a primera hora de la mañana para celebrarlo.
Mayo – Camara Safari Indiana Jones con Ilford FP4 Plus y un pequeño flash Viltrox. El fiasco del viaje a China lo compensé en parte asistiendo a un taller de fotografía con flash, antes de iniciar el viaje alternativo a Sicilia. Además de equipos más serios, me llevé esta pequeña Werlisa cosméticamente modificada para introducir un toque lúdico a la actividad. Pero siguiendo las pautas del taller.
Junio – Hasselblad 500CM. En este mes aún aprovechaba el final de la primavera para fotografiar en la naturaleza, incluso en la que encontramos en el medio urbano.
Julio – Leica M2 con Adox HR50 y filtro IR720. El curioso anuncio de Leica de que iba a comercializar una película en blanco y negro bajo su marca hizo que inmediatamente los sabios dedujesen bajo que otra marca se vendía. Lo más probable esta que usé en la estación de Alagón con un filtro IR720 para aprovechar su sensibilidad extendida al infrarrojo cercano.
Agosto – Hasselblad 500CM con Harman Phoenix. Harman sacó la segunda versión de su película experimental para negativos en color. No me he sentido con ganas de usarla. Pero me quedaba algún rollo de la primera versión en formato 120, y la usé en el recinto de la Expo 2008.
Septiembre – Leica M6 con Adox HR50. Pese a la vistosidad de los resultados en el infrarrojo cercano, como más me gustó usar esta pelícual fue con un sencillo filtro amarillo. Con su grano fino y su buen contraste, da buenos resultados.
Octubre – Leica M6 con Ilford FP4 Plus. Como decidí usar esta cámara en viajes, la usé mucho también en otros entornos, para estar plenamente familiarizado con su uso. Y eso supuso también la vuelta al uso frecuente de la FP4 Plus como más me gusta, con una subexposición de un paso y un revelado prolongado.
Noviembre – Hasselblad 500CM con Lomography Color Negative 800. Las películas ISO 800 expuestas a IE 500 me gustan mucho para usar con formato medio. Ofrecen colores sutiles, y son muy usables con carácter general. Si hay mucha luz, se pone un filtro gris neutro y se ajustan los parámetros de exposición al gusto.
Diciembre – Leica M6 con 8Hundred Film. Esta variante de la película cinematográfica de Kodak reenvasada para uso fotográfica me ha dado una mezcla de alegrías y resultados discutibles a lo largo del año. También expuesta a IE 500, para un grano más fino que otras películas de la misma sensibilidad nominal.
Llegamos al final de 2024. Un año… marcado por el fiasco del viaje a China, que iba a ser el viaje principal del año, y quedó sustituido por un viajecito de una semana por Sicilia. Que no está mal. Y como relativa compensación, un viaje inesperado, no previsto, a Japón, el cuarto que hacemos, y que estuvo muy bien. Fuera de los destinos más masificados y trillados del País del Sol Naciente. Y así comienzo hoy el repaso de fin de año, fundamentalmente un repaso fotográfico, que es lo que me apetece, como de costumbre desde hace ya un buen montón de años en este Cuaderno de ruta. En mi carpeta con fotografías de viaje he registrado quince subcarpetas, es decir, quince viajes de mayor o menor duración. Van desde la excursión en el día a algún pueblo aragonés, incluso de la propia provincia de Zaragoza, en cuya capital vivo, hasta algún viaje intercontinental saltando al otro extremo del continente euroasiático durante una o dos semanas. Así que mi concepto de lo que es viajar con la cámara al hombro es muy amplio. Así que sin más, vamos con el repaso. Con fotos.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Noruega, claro, navegando por uno de los fiordos y en el ferrocarril de Flåm.
Probablemente la última entrada cinematográfica del año, aunque espero ver al menos una película de estreno más antes de acabar el año, para alcanzar las 60. Pero en los últimos días, a pesar de haber comenzado el disfrute de mis últimos festivos del año, no he encontrado momento para ir a las salas de cine. A lo que hay que sumar otro fenómeno. Las salas de Zaragoza que programan en versión original, han eliminado buena parte de esta oferta para atraer a los estudiantes de vacaciones, no vaya a ser que se interesen por los idiomas extranjeros y por el cine sin adulterar. España y las exhibidores de cine que dicen «fomentar la cultura» «semos» así. En fin. Vamos con esta interesantísima película del danes Joachim Trier, con sabor a Bergman, aunque con formas actualizadas al siglo XXI.
Ambientada en Noruega, comenzamos la película siguiendo las peripecias de una actriz de teatro noruega (Renate Reinsve) que aúna un tremendo terror escénico con un notable éxito en sus actuaciones. Mantiene relaciones familiares con su hermana historiadora (Inga Ibsdotter Lilleaas). Todavía en duelo por la muerte de su madre, de repente llega un día el padre, director de cine sueco (Stellan Skarsgård), del que se encuentran relativamente extrañadas, y le hace la oferta a la actriz de protagonizar una película sobre su madre, la del director, una antigua combatiente noruega contra los nazis que se suicidó después años después de la guerra. Esto levantará ampollas familiares y la hija actriz rechazará la oferta, por lo que el director buscará a una actriz internacional reconocida (Elle Fanning) para atraer financiación. Pero esto no arreglará necesariamente las cosas.
Como ya he mencionado, y se puede deducir del argumento que he esbozado, y de lo que no he contado para no destripar la película, los temas son profundamente bergmanianos. Familias disfuncionales, que arrastran traumas y deudas del pasado, conflictos no resueltos, cuando se presenta la ocasión que servirá… o para romper del todo la familia, o para redimir los pecados y reunir a aquellos ligados por la sangre y separados por el carácter. La realización que hace Trier es mucho más meritoria de lo que parece. Todo parece sencillo y directo, pero es una realización sutil, acompañada de un guion preciso, milimétrico, una excelente fotografía, sonido y diseño de producción.
Y todo ello al servicio de un reparto que está en absoluto estado de gracia. Intérpretes poco conocidos en nuestras latitudes con las excepciones de Skarsgård y Fanning, pero que muestran una sutileza, una versatilidad y una capacidad interpretativa muy notable, dentro de las mejores tradiciones del cine nórdico, cuando se dedicaban a más cosas que a los asesinatos tipo nordic noir. Todavía se dedican a ellas, pero no nos llegan, mientras nos machacan con los típicos muertos en paisajes gélidos. No hay paisajes gélidos, no hay muertos… sí hay muertas, pero no asesinadas,… y otras cosas,… hay un paisaje cálido con emociones revueltas y reflexiones profundas sobre la familia.
Sinceramente, esta película, aun sabiendo que venía respaldada por buenas críticas y por el éxito en festivales como Cannes, ha sido una muy agradable sorpresa. De las que me gustaría que llegasen muchas más a las pantallas de cine. Es película multilingüe, razón de más para verla en versión original.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Fotografías de aves en las zonas verdes de Zaragoza con Panasonic Lumix G9 II y Panasonic Leica 100-400 mm f4-6.3 II.
Como he sido muy buena persona, Papanuel me ha traido un nuevo «ojo» para mis cámaras micro cuatro tercios. Que son las viajeras y las de naturaleza. Y ya lo he empezado a usar, con aves muy comunes, que normalmente no atraen la mirada de los más aguerridos fotógrafos pajareros, pero que a mí me han venido bien para hacer las primeras fotos con el nuevo objetivo. Y para ir entrenando, porque me falta mucho todavía para ser un fotógrafo de naturaleza habilidoso en distintas disciplinas.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Los de la catedral de Canterbury no son católicos como los de la película; pero también sufren separaciones, como cuando ellos se montaron su chiringuito a más gloria de un rey polígamo.
No tenía muy claro si quería o me interesaba ver esta película. La primera de la saga fue estupenda, divertida, con miga, bien interpretada, una sorpresa ver como se actualizaba el género del whodunit. La segunda fue entretenida, lo pasé razonablemente bien, pero sin que levantara en mí los entusiasmos que tantos expresaron. Me extrañaron mucho las muestras de admiración ante un producto adecuado para una noche de diversión en casa, pero sin más. No tenía el mismo carisma. De hecho, mi recuerdo de ella es mucho más difuso. Así que una nueva entrega del detective Benoit Blanc (Daniel Craig) dirigida por Rian Johnson, pues bueno… ya veríamos si tal.
Si la primera entrega metía el dedo en el ojo del racismo en la sociedad norteamericana, y la segunda en el mundo de los muchimillonarios, en esta ocasión la cosa va con los fanáticos religiosos de extrema derecha. La historia se cuenta fundamentalmente desde el punto de vista de un joven sacerdote católico (Josh O’Connor), que es enviado por el obispado para controlar, si puede, los excesos de un viejo sacerdote (Josh Brolin), responsable de varios escándalos por sus excesos, y que no hace más que perder parroquia, salvo un pequeño grupo de extraños adeptos de lo más variopinto, con la sacristana (Glenn Close) al frente. Pero en estas estamos cuando el viejo sacerdote es asignado en una peculiar versión del asesinato en una habitación en el que nadie pudo entrar y nadie pudo salir.
Vamos a ver… lo explicaré por la vía rápida, esta película me parece inferior a la primera y ligeramente superior a la segunda, pero con un ligero agotamiento de la fórmula. Se deja ver sin mayores problemas, y entretiene. Tiene un nivel de realización similar, y un nivel de interpretación no tan interesante. Me da la impresión de que muchas de las figuras que aparecen en el cartel, acuden por un interés más alimenticio que por interés artístico. Y hay nombres interesantes, ademas de los mencionados… Mila Kunis, Jeremy Renner,… entre otros. Llama la atención que en la temporada de premios estén considerando a O’Connor como actor de reparto frente a Craig como principal, cuando da la impresión de que aparece más en pantalla el cura que el detective. No he minutado las presencias, así que puedo estar equivocado.
Conclusión… lo dicho para la segunda película. Un producto adecuado para una noche de entretenimiento en casa, en las frías noches del invierno. Ha durado más de lo que pensaba en cartelera, probablemente para nutrirse de los no abonados a Netflix. Porque no tardó en ser estrenada en la plataforma que la financia. Y ahí se que tendrá tirón entre los abonados. Entretenimiento para las fiestas de Navidad, con una crítica hacia los extremismos religiosos llena de tópicos con poca profundidad real.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. Últimas horas de la tarde y primeras de la noche en Bilbao; donde de alguna forma acaba en un momento dado nuestra protagonista de hoy.
Muy probablemente, Apple TV+ está realizando algunas de las series más estimulantes de la actualidad. Especialmente en el ámbito de la ciencia ficción y las distopías. Si ya es un evento largamente esperado las nuevas temporadas de Severance, hay otras varias, aunque yo no haya visto todas, que merecen el aplauso de crítica y público. No mucho público, porque de las plataformas de contenidos que existen en la actualidad no es de las que tengan más número de suscriptores. Pero globalmente estos reciben un plus de calidad. Y en esas estamos cuando llega en el último trimestre del año una de las más sorprendentes e interesantes; Pluribus.
La serie venía precedida de cierta expectación puesto que su creador y uno de los productores es Vince Gilligan. Si os vais al enlace y comprobáis en que otras series ha participado, lo entenderéis. Aunque son series que, por mucha calidad que tengan, a mí nunca me habían enganchado. Cosas mías. En cualquier caso, si sumas estos antecedentes con la premisa original, desde luego tenía que probar a ver. Y probé y me quedé. Es una de las series con las que mejor me lo he pasado este año. Una vez más, la buena ciencia ficción es aquellas que nos habla, no de marcianos o aventuras interestelares y cosas de esas, sino de nosotros mismos. De la naturaleza, de las fortalezas y debilidades del ser humano. Aunque para hacerlo incluya marcianos, o aventuras interestelares, o cosas de esas.
La premisa de la serie que he mencionado… Mmmmm… Pluribus procede de uno de los lemas de los Estados Unidos, E pluribus unum. O en castellano, De muchos, uno. Originalmente hace referencia a la naturaleza federal de los Estados Unidos en el momento de su independencia del Reino Unido. A partir de las treces colonias de la costa atlántica de Norteamérica que se rebelaron, se conformó un único y fuerte país, que ganó su independencia. Pero se ha aplicado en otros contextos. No se va mucho filosóficamente del lema belga, L’union fait la force; la unión hace la fuerza. Lo curioso es que parece que la frase original en latín, hacía referencia a una receta de cocina, indicando que un determinado plato resulta mejor o más exquisito que el conjunto de sus ingredientes por separado. Qué cosas no.
La cosa es que, en un planeta Tierra muy similar al nuestro, se recibe en un momento dado una señal de radio potente y claramente extraterrestre, que es descifrada, comprobándose que se trata del código en bases púricas y pirimidínicas de una secuencia de ARN. El ARN, ácido ribonucleico, tiene distintas funciones en la biología de las células vivas, pero en algunos casos, especialmente en virus, es el código genético de los mismos. En las células procariotas y eucariotas, el código genético viene codificado en el ADN, ácido desoxirribonucleico. Y claro, en lugar de desconfiar y tomar extremas precauciones, alguien monta la mencionada cadena de ARN y da lugar a una infección vírica que se extiende por todo el mundo y cuyos efectos, aparte de matar a unos cuantos millones que reaccionan mal a la infección, es que hace que todos los seres humanos del planeta queden integrados en un única mente colmena, perdiendo su individualidad. Afirmando que nunca han sido tan felices. Toma ya distopía sin necesidad de un dictador.
Pero hay trece personas no afectadas. Que reaccionan de forma muy distinta. Puesto que los «otros» están dispuestos a satisfacer sus intereses, alguno (Samba Schutte) decide llevar adelante una vida hedonista de placeres. Parece que la mente colmena, muy ética en determinados aspectos, no mata animales o plantas para alimentarse, lo cual es un obvio problema de subsistencia a medio y largo plazo, no tiene inconvenientes en prostituir a algunas de sus miembros al servicio del individuo. Qué cosas. Otros de los trece, quieren integrarse en la mente colmena. Pero hay dos que no, y que quiere resistirse y revertir la situación. Una de ellas, una americana de Nuevo Méjico (Rhea Seehorn), la protagonista, además está muy cabreada porque uno de los muertos en el proceso de infección es su pareja, su esposa. Aunque algunas de sus percepciones se modificaran cuando conozca a una mujer (Karolina Wydra) que actúa como interlocutora, y por la que se sentirá atraída. El otro es un paraguayo (Carlos-Manuel Vesga), con una actitud casi paranoica. Y a partir de este punto de partida, cualquier cosa puede pasar.
Lo primero que hay que considerar es que los creadores de la serie, inspirándose en diversos clásicos de la ciencia ficción, en lo que se producen invasiones de cuerpos por entes extraterrestres, o situaciones posapocalípticas con un único superviviente, consiguen hacer un producto realmente original. A partir de ahí, los temas que trata la serie son diversos unos más claros que otros, y algunos susceptibles a la interpretación del televidente. Puede ser una situación muy abierta, no siempre dirigida por los creadores. Obviamente, en lo inicial está el duelo y la ira por lo perdido por parte de la protagonista, que mueve sus primeras reacciones y motiva sus principales decisiones. Matizadas por otras cuestiones como es la necesidad de interacción humana, la difícil carga de la soledad, incluso en una mujer tan ferozmente individualista como es esta escritora de Albuquerque.
Por otro lado, como ya he mencionado, estamos ante una sociedad tremendamente distópica. No hay dictadores, no hay sufrimiento, aparentemente existe la felicidad, pero no hay individuo y no existe la libertad. Las acciones vienen determinadas por el deseo de los lejanos creadores del virus, a 640 años-luz de distancia, de crear una única mente biológica. Al cabo, el objetivo final de la nueva situación es desarrollar las nuevas herramientas para seguir propagando el virus por la galaxia, por el universo. El fin del individuo y del libre albedrío, suponiendo que desde el punto de vista físico este exista. Una mente colectiva que se presenta como ética, pero que dará suficientes muestras de que el fin justifica los medios para llegar a su objetivo final. Muchos pueden ver en ese virus una metáfora de los distintos regímenes o ideologías políticas que pretenden negar la individualidad del ser humano, o incluso podría verse como una metáfora de la inteligencia artificial que llegaría a suplantar y suprimir la toma de decisiones por parte de los individuos. Como digo, es muy susceptible a interpretaciones.
Todo lo anterior viene apoyado por una realización impecable, unos guiones milimetrados y por unas interpretaciones más que notables. La serie tiene garantizada una segunda temporada. Y como en muchas de estas producciones, la primera temporada es un establecimiento de la situación. Lo que venga a continuación es la autentica lucha, en este caso entre dos individuos, muy dispares entre sí, contra la mente colmena en que se ha convertido el resto de la humanidad. Y los últimos minutos del noveno y último episodio son una declaración de principios de que, a partir de ahora, todo vale. Altamente recomendable.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. De cómo llegó a mis manos una Pentax MX y fotos realizadas con ella y película Kodak UltraMax 400.
En 1997 nos visitó el gran cometa Hale-Bopp, un espectáculo visual que duró mucho tiempo sobre los cielos de la Tierra. Este cometa se anunció con antelación, aunque fuera difícil prever que se viese con tanta vistosidad. Y en aquel momento pensé que sería bueno dedicarse un poquito a la fotografía astronómica de alguna forma. Y a mí se me ocurrió que la mejor solución para fotografiar el cielo, sin depender de las pilas de una cámara, era una cámara réflex mecánica, con la que se pudiese fotografiar en modo bulb B. La gran paradoja es que, aparte de las fotografías del Hale-Bopp que hice en aquellos momentos, y que tengo que rescatar, nunca la usé para fotografía astronómica. Con el tiempo, muchas cosas pasaron. Y el mundo de la fotografía cambió y evolucionó. Pero es una de las cámaras que más me gusta usar.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. El sol se pone sobre Madrid, como metafóricamente se puso en España y llegó la oscuridad con el comienzo de la guerra civil.
He empezado a recopilar distintas lecturas que, de una forma u otra, podemos considerar como «clásicos», aunque esta es una categoría que siempre me ha costado un poco definir. A nivel personal. Lo que para algunos son títulos clásicos, para mí son libros de antaño, sin más. Claro. Son los que sobrevivieron al paso del tiempo… de lo mucho o poco que se escribiera en la época. Quizá eso es lo que defina mejor un «clásico»; el libro que es capaz de sobrevivir al paso del tiempo. Porque, de lo muchísimo que se publica hoy en día… ¿qué sobrevivirá al paso de los años? ¿Qué se estudiará en los institutos de educación secundaria y bachillerato dentro de unas décadas? ¿Se les llamará «clásicos»? Pero para otros lectores y eruditos, los clásicos son otra cosa. El caso es que entre los volúmenes que he recuperado, he leído este que algunos consideran un «clásico», aunque en realidad, en su época, no se publicó ni se leyó. Fue un inédito que se publico en 1987, 35 años después de la muerte de su autora.
Muchos consideran clásicos los libros para niños y adolescentes de Elena Fortún, pseudónimo de Encarnación Aragoneses Urquijo. Una mujer moderna de la primera mitad del siglo XX que vivió conflictuada por las tensiones sociales respecto al papel de la mujer en su tiempo, y por los propios conflictos sociales y políticos que asolaron España (y buena parte del mundo) en esa época. Y especialmente se consideran clásicos los de la serie Celia, en los que va siguiendo el desarrollo de una mujer desde niña y adolescente hasta que se hace mujer. Aunque los relatos relativos a la adultez del personaje… muchos no los consideran como propios, puesto que contradicen el carácter original de la joven, y son el resultado de ser escritos bajo el régimen y la censura del fascismo militar y católico español. Por otra parte, ¿son realmente «clásicos» en el sentido de que han sobrevivido al tiempo y siguen siendo leyendo por el público para el que fueron pensados? Mira tú que lo dudo. Y más tras leer este libro. El lenguaje utilizado difícilmente conectaría con los niños y adolescentes actuales. Este libro es fundamentalmente un libro adulto, a pesar de que su protagonista, la Celia de todos los previos de la serie, tiene 16 años al comienzo del libro y 19 años al final.
Dicen que en este caso, Celia tiene una peripecia similar a la que sufrió la autora durante la guerra civil española. Si la autora paso inicialmente la guerra en Madrid, mientras su marido se alistaba en la aviación republicana y era destinado a Barcelona, en el libro es la joven adolescente la que se queda en Madrid mientras su padre, militar republicano de aviación, se va a Valencia y Barcelona destinado tras recuperarse de una herida, y finalmente la joven abandonará Madrid con estancias en esas ciudades, hasta que al final de la guerra, separada del padre y sus hermanas pequeñas, acabará embarcándose en un barco de exilados en Valencia con destino a Francia, con intención de reunirse en el país vecino con su familia. Y así termina, embarcando y desconociendo su destino futuro.
El libro que he leído corresponde a la edición de 2016, con prólogo de Andrés Trapiello, un escritor que no es especialmente santo de mi devoción, y que integra la escritora y al personaje en lo que llama la «tercera España», un concepto que parte de la idea de que entre los fascistas y los revolucionarios de izquierdas estuvieron los sufridos moderados. Ese concepto de una «tercera España» no me acaba de convencer. Pero ahora no voy a entrar en ello. Tenemos que ver en Celia simplemente la visión del español que se ve sorprendido por un conflicto que no quiere, que no ha buscado, pero en el que se ha obligado a vivir. La autora refleja en Celia los horrores que vive en el conflicto. Los horrores inherentes a la barbarie bélica y al conflicto civil, en el que el enemigo es el vecino. No creo que Fortún fuese «tercera España»; parece por lo que he leído que estaba más bien próxima al Frente Popular, y su marido se alistó al ejército republicano. Tampoco creo que fuese extremista, pero sí una mujer educada, moderna y demócrata.
En cuanto a la lectura del libro… me ha costado mucho acostumbrarme a su lenguaje, propio de aquella época. Y eso ha condicionado un poco incluso el tiempo que me ha costado leerlo. No es particularmente extenso. Creo que tiene un lenguaje que no aguanta el paso del tiempo, porque está dirigido a un público hipotético, sigue expresándose para los jóvenes de aquella época, aunque los temas sean muy adultos, un público que ya no existe. Es propio de un momento y un lugar. Sin embargo, tiene un interés indudable como testimonio histórico, de una época, y cómo se desarrolló.