[TV] Cosas de series; la persistencia de la «whodunit»

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están, más completas y sin palabras, en Fotos en serie. Hoy, o me tenía que ir a Nueva York o a Londres. Me he ido a Londres, al primer viaje que hice con una cámara digital.

La whodunit es un género que parece que no pasa de moda nunca. Utilizo el género femenino para un término de origen inglés, y por lo tanto sin género gramatical aparente, porque siempre lo he asociado a las novelas. La novela whodunit. Y por extensión también podría valer para la película whodunit o la serie de televisión whodunit. Por si alguien no se cosca, whodunit sería la contracción de la interrogativa inglesa Who has/had done it? ¿Quien lo ha hecho/lo hizo? No debe confundirse con el suspense, a veces conocido como thriller. Suspense está incorporado al castellano, vale decir también suspenso, aun siendo de origen inglés/francés; thriller no, aunque hay quien propone castellanizarlos como tríler. En el suspense, quién hizo lo que quiera que se hiciese importa mucho menos. A veces nada. A veces incluso lo sabemos desde el principio. Lo fundamental es acompañar al héroe (a veces antihéroe) en el camino tortuoso de las consecuencias de lo que se hizo, se hace o se hará. Eso lo explicaba muy bien Hitchcock en sus conversaciones con Truffaut.

La cuestión es que pareció a algunos que la whodunit era cosa del pasado, modas de antaño, representadas principalmente en la literatura más popular por las novelas de Agatha Christie. Novelas que en su mayor parte tenían/tienen estructuras muy similares, aunque hay honrosas excepciones que suelen ser las más interesantes. Existen otras variantes del género detectivesco que tienen otros objetivos. El género negro suele tener que ver más con el suspense y con poner de manifiesto las más bajas pasiones del ser humano que con el misterio detectivesco y la curiosidad por descubrir al asesino. Hercule Poirot se codea con la clase alta, muchas veces aristocráticos. Philip Marlowe se relacionaba con los gángsteres y las mujeres disipadas… eso sí, hermosas como Lauren Bacall. Bacall protagonizó películas tanto con Marlowe como con Poirot, por eso. El caso es que la whodunit sigue presente en el cine o en las series de televisión.

Una de las más divertidas whodunits que nos ofrece la televisión en estos tiempos es Only murders in the building. La comedia detectivesca que ha llegado a la quinta temporada, con el quinto asesinato/s, implicando en esta ocasión a peligrosos ricachones, y con pullas divertidas con las inteligencias artificiales, en forma de conserjes robotizados. La fórmula de la serie ya no sorprende como al principio. Ese trío de investigadores aficionados formado por Steve Martin, Martin Short y Selena Gomez, rodeados por una diversidad de secundarios y artistas invitados de gran solvencia, es una fórmula de garantía para pasar un rato agradable. Con humor, con alguna gotita de drama de vez en cuando, con su punto de crítica social, y con un edificio de apartamentos en Nueva York como cuarto protagonista, que a punto ha estado de desaparecer en esta ocasión para convertirse en… bueno… tendréis que verla vosotros. En cualquier caso, una agradable actualización moderna del género.

Mucho menos moderna y actualizada, salvo algún detalle que comentaré, es la versión televisiva de Agatha Christie’s Seven dials. Una más de las adaptaciones al cine o televisión de una de las novelas de la «Reina del Crimen» menos apreciada por la crítica. En origen, una novela perteneciente a la serie del superintendente Battle (Martin Freeman), una serie muy cortita, de sólo dos novelas, de las que esta historia es la segunda. Supongo que al ser poco apreciada en su momento y ser considerada un trabajo alimenticio por la propia escritora… no tuvo más recorrido. Anda… como si no tuvieran un carácter puramente alimenticio la mayor parte de las muchas obras de la británica. No he leído la novela original. Ni tengo la intención, si os he decir la verdad. Venía muy publicitada la serie, y a priori no me interesaba mucho. Pero siendo solo tres episodios, se ve en un pispás. Por lo que he comprobado, la serie tiene una premisa general y una serie de personajes en común con la novela, pero con algunos cambios.

El principal es que no es el mencionado Battle el protagonista de la fiesta, sino Lady Eileen «Bundle» Brent (Mia McKenna-Bruce), una dinámica veinteañera, heredera de un marquesado, pero marquesado venido a menos desde la muerte de su padre, y con el agravante de que el hermano mayor murió en la guerra. La Gran Guerra. La del 14-18. Que la trama sucede en los felices 20, en tiempos de charlestón. Y todo comienza cuando asesinan al simpático tipo que se le iba a declarar y con el que, probablemente, porque iba a contestar «sí», se iba a casar. Y así se convierte en una detective aficionada ante la indignación de que declaren la muerte como suicidio. Y no voy a contar mucho más. Otras diferencias es que en la novela la que está muerta es la madre, que aquí está bien viva (Helena Bonham Carter), y tiene un papel más destacado de lo que aparenta. Y que al final la protagonista no se compromete a casarse con nadie… porque el pretendiente en la novela es otro. Que no la palma.

Y… bueno. La serie está bien hecha, pero no tiene mucho interés ni mucha miga. El insistir como protagonista en la serie probablemente responde al deseo de alinearse con lo políticamente correcto. Hay cosas curiosas… parece ser que en la novela se describe a «Bundle» Brent como…

As a child she was «long-legged» and «impish», growing into a “tall, dark” adult with an “attractive boyish face”

Cuando era niña, era «de piernas largas» y «traviesa», y se convirtió en una adulta «alta y morena» con un «atractivo rostro infantil».

La actriz de la serie mide 1 metro 52 centímetros, no especialmente delgada, sí que puede tener un rostro juvenil, redondito, y sobre el color del pelo… más bien castaña. Aunque a saber. Con esto de los tintes… Vamos. Que se han tomado todo tipo de libertades. Y con un final que deja abierta la posibilidad de secuelas del personaje en un futuro, que ya no serían adaptaciones de novelas de Christie, porque esta no escribió ninguna secuela. Los dos personajes principales sí que aparecen en una novela previa, que queda fuera del canon de la serie televisiva, porque implicaría que han perdido la memoria o algo así, porque ya deberían conocerse. Y al menos la chica no tiene ni idea de quién es el policía. Todo esto es poco importante, porque dudo que vea ninguna secuela, incluso si Netflix la encarga. Porque esta es una de las series con las que estoy despidiendo mi suscripción a la plataforma. Además, parece que al público, ni a la crítica, les está entusiasmando esta miniserie, que es mucho ruido y pocas nueces.

[Recomendaciones fotográficas] Fotógrafas adolescentes, psiquiátricos, tigres y champaña

Fotografía

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, comentadas, en Carlos en plata. Agfa Synchro Box con Ilford Pan F Plus en revelado desatendido con Kodak HC-110.

Una pequeña ronda de recomendaciones fotográficas con cosas que he encontrado esta semana. Como podréis comprobar, esta sección, antaño fija los domingos, se ha convertido en algo más esporádico. Pero siempre que tenga un grupo de posibles recomendaciones que me apetezca compartir, aquí volverá.

Me llamó la atención un artículo en el blog de noticias de Magnum Photos. Agencia fotográfica prestigiosa, que siempre ha presumido de independiente y comprometida, gestionada por fotógrafos para fotógrafos, aunque no cualquiera puede apuntarse a la misma, presume de haber denunciado las calamidades del mundo y sido testimonio de las injusticias sociales. Pero supongo que son tiempos complejos, y no siempre, por mucho prestigio que tengas, las financias navegan a tu favor. Por ello hace «creative commisions«,… «encargos creativos» que no dejan de ser participaciones publicitarias con marcas de prestigio. Como la de hace unos días con el conocido champaña Veuve Clicquot. El que piden los «refugiados» más prestigiosos en Rick’s Café Americain en Casablanca. Los «refugiados» de entonces sí que tenían estilo, no como los depauperados de hoy en día. El caso es que las fotografías, obras de varios fotógrafos de la agencia en 2023, y en la que los tonos cálidos, dorados, de la luz solar tienen una predominancia, me gustaron mucho. Y por eso, traigo esta historia, que no deja de tener su punto de crítica ante la invasión publicitaria de todos los ámbitos de la creatividad y la comunicación.

Por diversas circunstancias, tanto familiares como profesionales, yo he visitado en innumerables ocasiones algún que otro hospital psiquiátrico. Desde mi infancia hasta los tiempos recientes. Bueno… últimamente, trabajo de vez en cuando con algún profesional de estos centros sanitarios, pero hace bastante que no pongo el pie en uno de ellos, a pesar de trabajar a unos cientos de metros de los límites de uno de ellos. La mayor parte de la población no sabe qué pasa dentro de estos centros. No sabe cómo son realmente sus pacientes. O sus profesionales. Tiene ideas preconcebidas sobre lo que pasa entre sus paredes. Y muchas de estas ideas preconcebidas proceden del cine americano. Y no son precisamente nada representativas de la realidad. Al menos de la realidad española. No pasan cosas tan tétricas. No son prisiones, ni centro de tortura como algunos imaginan, estúpidamente. Pero sí que tienen su punto de tristeza, como cualquier hospital, se dedique a lo que se dedique, cuando estamos trabajando con enfermos crónicos. Es la fragilidad y la finitud de la persona como ser vivo,… como ser pensante, como ser con una personalidad diferenciada,… tenga la enfermedad que tenga, del cerebro, del hígado, de las articulaciones o de donde sea. Nuestro destino lo marca, pienso desde hace tiempo, el segunda ley de la termodinámica. En Oldskull, hace unos días, se publicaban las fotografías que realizó en 1930 el fotógrafo Alfred Eisenstaedt para la revista Life, en un hospital pisquiátrico de Nueva York. Un momento en el que la atención a estos enfermos era nefasta, por los escasos recursos, los prejuicios y la falta de conocimiento científico. Ahora, las cosas no son así. Pero las fotos están muy bien. Y las cosas… pueden volver así. Ustedes sigan votando como votan en las elecciones y ya lo comprobarán. Que no les toque.

Veía hace unos días un vídeo en Youtube sobre la fotógrafa japonesa Hiromix. Me pareció muy interesante. Os lo pongo aquí.

Hiromix, nacida Hiromi Tosikawa en 1976, sorprendió a mediados de los años 90, cuando era apenas una adolescente de 19 años, por su trabajo sobre la vida diaria de las chicas de diecisiete años. Un tema que luego se ha trillado mucho por fotógrafos adultos, en aquellos momentos suponía una mirada directa y desde dentro de lo que era ser una adolescente del Japón posterior a la burbuja financiera del País del Sol Naciente. En Japón, desde los años 70, había una generación muy potente de fotógrafos, que habían roto con muchas convenciones de la práctica fotográfica documental y artística, pero con una escasa presencia de mujeres entre sus filas. Hiromix rompió en gran medida esta situación y dio inicio a un impulso de las fotógrafas, chicas, mujeres, en la escena fotográfica nipona. Con una visión propia. Con unos temas propios. En mis recomendaciones fotográficas aparecen con frecuencia. Sin embargo, hoy en día, aparece poco con trabajo reciente. No he encontrado mucho.

Y la última recomendación de este domingo viene de una revista de fotografía de naturaleza en formato electrónico a la que estoy suscrito, Wild Eye. Se trata de un reportaje sobre la obra del fotógrafo ruso Sergey Gorshkov, que uriliza cámaras trampas para fotografiar a los grandes felinos del Asia Oriental, el tigre siberiano y el leopardo del Amur. Al borde de la extinción hasta hace unos años, hoy en día todavía no están fuera de peligro, el leopardo en peor situación que el tigre, su ámbito se encuentra en en el noreste de China, sudeste de Rusia y, antaño, la península de Corea. Ese rincón del mundo tan complejo, donde pasaban las cosas que nos contaba Kurosawa en Dersu Uzala. Probablemente no podáis acceder al artículo en Wild Eye Magazine, porque está reservado a suscriptores. Pero la cuenta en Instagram de Gorshkov presenta muchas de las fotos del artículo. Y esto es todo por hoy.

[Libro] Look Back – Tatsuki Fujimoto (manga)

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Paseando por la tranquilidad de Kibitsuhiko finja, cerca de Okayama.

Hacia finales de 2024, un domingo tras una excursión a Nocito, y sabiendo que al día siguiente tenía un día de fiesta, me relajé viendo un mediometraje de animación, un estreno en España, en Amazon Prime Video. Y a pesar de no tener grandes expectativas sobre la película, me llevé una agradable sorpresa. La película era una pequeña joya. Algo como lo que no veía desde que fui buscando los medio metrajes de Makoto Shinkai, aunque con un tono muy distinto. Y supe entonces que estaba basada en un manga de Tatsuki Fujimoto. Y hace unas semanas me enteré de que había una traducción al castellano. Frente a esa costumbre de la industria de la historieta japonesa de lanzar largas series por entregas en las revistas especializadas, agrupándolas luego en interminables series de tankobon, esta era un único volumen. Una historia cerrada en un solo libre, en la que se basaba una película que me gustó. La compre.

Al igual que sucedía con la película, conviene no extenderse en exceso sobre la trama de la historia para no destripar el final. Aunque puedo, sin mucho riesgo, que estamos ante «dos versiones» o «dos variantes» de una misma historia con distintos finales… y un desarrollo intermedio que las conecta, más o menos sorprendente. Dos niñas japoneses de los últimos años de educación primaria que empiezan a dibujar y escribir historietas, tiras cómicas, para el boletín escolar. Una es popular, está normalmente escolarizada y cuanta historias muy animadas. La otra es retraída, se refugia en su casa y dibuja bellísimas historias, muy adelantadas formalmente para su edad. La primera siente celos de la segunda… pero tardará años en comprender que la rivalidad que siente es unilateral, que la otra la admira también. Se harán amigas y colaborarán hasta un momento dado en que separan sus caminos. Y entonces pasará algo trágico.

Como ya conté al hablar de la película, y es aplicable al manga porque aquella era muy fiel en su adaptación de este, la principal virtud de la obra es que tiene corazón. Una obra con corazón que habla del trabajo y la dedicación, de la superación de las debilidades propias, del aprovechamiento. de las fortalezas, pero también de la amistad y la colaboración, de la preocupación por el otro, por su destino. Con un toque de fantasía, pequeño, lo justito, para contar lo que tiene que contar. Aunque ya sabia lo que iba a pasar, lo he disfrutado tanto como la película. Que me planteo volver a ver. La película sigue en Amazon Primer Video, y ahora que me quito la estúpida «presión» de la suscripción a Netflix, probablemente me sentiré más libre para ver lo que quiera, como quiera y cuantas veces quiera. El librito, totalmente recomendable para los adeptos al género.

[Cine] Nouvelle vague (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. París en blanco y negro, claro; qué otras fotos podría poner .

Nouvelle vague (2025; 02/20260111)

Domingo tonto que nos vamos al cine a ver la segunda película de Richard Linklater que se estrena en la cartelera española en pocas semanas. Siendo un cineasta que habitualmente me resulta atractivo, la película que vimos de él recientemente nos dejo un poco fríos. En ella hacía homenaje a una de las figuras claves de la música popular estadounidense del siglo XX. En esta ocasión vamos con otro homenaje. A uno de los movimientos cinematográficos más influyentes también del siglo pasado. La nouvelle vague francesa, ese momento maravilloso a finales de los años cincuenta en el que los críticos y escritores de cine de Cahiers de Cinéma deciden que ya vale de hablar y se ponen a hacer. A hacer películas. Y empiezan a debutar creando algunas de las películas más influyentes y maravillosas de la historia del cine.

Y para ello, Linklater se va a Francia, y rueda en francés, en blanco y negro y en formato académico, y con los medios justos, con película en blanco y negro, Kodak Double-X e Ilford HP5 Plus. La película relata el rodaje de Á bout de souffle, primer largometraje de Jean-Luc Godard (Guillaume Marbeck), a partir de unos textos de Chabrol y Truffaut. Fue uno de los últimos de aquellos creadores en estrenar un largometraje, aunque había hecho ya algún corto previamente. En alguno había contado con un desconocido Jean-Paul Belmondo (Aubry Dullin), con el que vuelve a contar, lanzándolo al estrellato. De la misma forma que consigue contratar a la norteamericana Jean Seberg (Zoey Deutch), que ya se había hecho un nombre con Bonjour, Tristesse y Joan of Arc, ambas dirigidas por Otto Preminger. El rodaje, en 20 días, en modo de guerrilla, y sin apenas guion, se convertirá en una leyenda de la historia del cine. Como lo será la película, conocida en España como Al final de la escapada, o Sin aliento en otros países de habla hispana.

Los primeros compases de la película no invitan a concentrarse. Linklater quiere homenajear y recordar a mucha gente, y constantemente van saliendo en pantalla aquellos intérpretes que personifican a figuras claves de aquellos tiempos; directores, guionistas, productores, directores de fotografía, intérpretes, responsables de vestuario,… Y esto distrae en esos primeros momentos hasta que poco a poco se acerca el momento de empezar el rodaje. Y a partir de ese momento, la película es muy divertida. Es muy divertida, porque las cosas que pasaron en el rodaje fueron divertidas. Es divertida la incapacidad para entender las intenciones de Godard por parte de Seberg, que venía de saltar a la fama con un director tan preciso y controlador, tan germánico, como Preminger. Que conste que tiene cosas estupendas en su filmografía. Muy estupendas. Y que me cae bien, que fue uno de los primeros directores en ignorar las directrices de la «caza de brujas» en Hollywood. No llegó a ganar un Oscar, pero fue tres veces candidato. Es divertida la tensión entre el productor, que quiere las cosas claras, y el director que gusta del caos. Es divertido ver a Belmondo y al director de fotografía, Raoul Coutard (Matthieu Penchinat), aceptar las cosas como vienen, con una mezcla de pasotismo y estoicismo. Es divertida por un montón de detalles, y porque Linklater es un buen director y sabe reproducir un ambiente y un estilo que nos traslada a aquellos años 1959 y 1960 cuando se gestó la película.

Apoyada por una más que notables interpretaciones que hacen que realmente veas a los personajes y no a los actores, la película es un canto a la libertad creativa en el cine en particular y en el arte en general, que contrasta con las soluciones formulaicas que imperan en la creación actual, donde todo tiene un manual o una solución que seguramente está en algún video de Youtube donde te dicen cómo lo tienes que hacer para tener éxito… y para hacer exactamente lo mismo que hacen todos los demás. La historia de una película y de un movimiento de gran influencia en lo formal, pero que no tiene su reflejo en la influencia en cómo los creadores actuales afrontan su proceso creativo. Te das cuenta hasta qué punto, todas esas soluciones que se nos ofrecen en la red de redes no son más que una colección de recetas que limitan más que impulsan la creatividad personal… de todos esos que se denominan a sí mismo «creativos». Viva el cine… aunque difícilmente la industria del cine pueda en estos momentos dar paso a otra generación de oro como aquellos franceses que por encima de cualquier cosa amaban el cine.

Valoración

Dirección: ****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ****

[Fotos] En blanco y negro un día de niebla

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Fotografías de paisaje urbano con Leica M6, Brightin Star 28 mm e Ilford FP4 Plus.

Tres fueron las ópticas fotográficas que me llegaron a casa a lo largo del mes de diciembre. Dos de ellas pensadas para ser usadas con cámaras digitales; algunas fotografías ya he ido poniendo por aquí. Y aquí. Y otra óptica, aunque se puede usar en digital, realmente la quería para usar con cámaras para película tradicional. Y aquí van algunas fotografías del primer rollo que hice con ella, en un día de niebla, pero con imágenes de las que no estoy descontento.

[TV] Cosas de series; asesino psicópata vasco, la gota que colma el vaso

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. Hablando del País Vasco, hace algo más de tres año en la ría de Mundaka.

Echarle la culpa de que haya decidido cancelar mi suscripción a Netflix a una serie española protagonizada por Elena Anaya, Imanol Arias y Emma Suárez sería una estupidez por mi parte. Pero decir que ha sido la gota que colma el vaso,… o la que colma una bañera, no. Ayer por la noche, cuando ya estaba acostado, desde la aplicación de la tableta que me informaba que mi suscripción está activa desde marzo de 2016, es decir, desde 10 años menos dos meses, realicé las operaciones oportunas, que no son muy complejas para darme de baja. Es algo que llevaba pensando desde hace tiempo, y que al terminar de ver Innato, serie española sobre asesinos en serie psicópatas, decidí ejecutar.

Sobre la serie… no hay mucho que decir. Un asesino en serie (Arias), un psicópata como es calificado, sale de la cárcel tras veinticinco años cumpliendo condena. Antiguo bombero, asesinó a tres personas incinerándolas. Su hija (Anaya), una adolescente (Celia Lopera; Joana Vilapuig en sus veintitantos) en aquellos tiempos, cambió de identidad, estudio psicología y tiene una vida y una familia normalizadas, y no quiere saber de su padre. Mientras, coincidiendo con la excarcelación, se produce un crimen con las mismas características. Y con un detalle. El muerto fue un policía implicado en la detención del asesino. Es el principal sospechoso. Pero no hay pruebas. Al frente de la investigación una policía (Suárez), que ya estuvo implicada en los crímenes 25 años antes (Aura Garrido).

Elena Anaya se dio a conocer en un par de película estrenadas en 1996, hace 30 años. Las dos bien, pero muy especialmente aquella adolescente llena de desparpajo que aparecía en la ópera prima como director de largometrajes de León de Aranoa. Una película que para mí sigue siendo lo mejor del director. En aquellos momentos, Emma Suárez e Imanol Arias eran ya intérpretes conocidos y respetados. Muchas veces, suficiente reclamo para ir a ver una película. Si a final de 1996 me dicen que si quiero ver una película o una serie protagonizada por los tres, hubiese sido el primero en acudir a verla. Así de claro. Nunca hubiera pensado que pudiera acabar una serie en la que salen los tres y que acabara diciendo que lo que menos que me ha convencido ha sido la interpretación. No son los únicos culpables. Y creo que hay un problema fundamental en la serie de planteamiento y dirección. Los guiones son manifiestamente mejorables. Y algunos de los intérpretes de soporte, incluso alguno con peso en la trama como el hijo/nieto de dos de los protagonistas, me ha parecido especialmente flojo en algunos momentos. Pero creo que la serie en su conjunto pincha en muchos aspectos. Si he cargado la tinta en los intérpretes es porque fueron los que me arrastraron a ver la serie.

No insistiré más en ella. Pero durante su visualización llegué a una conclusión. La oferta actual de Netflix me da más «disgustos» y aburrimientos que otra cosa. Su especialización en el «terror», «fantástico», «sobrenatural» ya es algo que me tira para atrás. Sus constantes estrenos cinematográficos suelen ser producciones de escasa calidad. Meros consumos pasivos en sus mejores condiciones, con sólo un par de producciones al año con cierto prestigio. Llegó un momento en que las principales recomendaciones que me ofrece la plataforma son los dramas coreanos o japoneses, que en estos diez años he visto con una mezcla de curiosidad y placer culpable, pero que ya me producido un profundo cansancio, y alguna que otra animación japonesa. Pero, ¿cuántas veces voy a volver las películas de Studio Ghibli? En el último mes y medio he empezado seis o siete y los he abandonado todos. Y otros estrenos que voy buscando no me llaman la atención. Es una plataforma con una personalidad y una oferta muy distinta que la que me suscribí. Y llevaba mucho tiempo planteándome si merecía la pena seguir suscrito. Y la serie que hoy comento, sin ser especialmente más catastrófica que otras, aunque francamente mediocre ha sido la que ha desencadenado la decisión. Punto final.

En los últimos tiempos veo menos televisión que ese máximo que se produjo en los años entorno a la pandemia. Tengo otras cosas que hacer. Y tengo otras dos suscripciones que me compensan más. Amazon Prime Video viene con la suscripción a los envíos gratis del gigante de la venta a distancia por internet. Y aunque su catálogo no es mucho mejor,… pues está ahí. Para rellenar horas de entretenimiento. Es un gasto que ya tengo hecho. No me supone mayor problema. Y luego está Apple TV+, que con el conjunto de servicios que tengo de la marca de la manzana (almacenamiento en la nube, música, etc), tampoco me supone un importante gasto mensual. Y aunque la oferta de esta plataforma es bastante más reducida, su calidad promedio es bastante más alta. Especialmente en series. Si calculo el coste aplicable a estos servicios, la suma de ambos es menor que la suscripción a Netflix. Y tengo oferta suficiente para entretenerme. Son habas contadas. El valor añadido a mi vida por la suscripción a Netflix es ridículo en relación al coste. Fuera. Adiós. ¡Sayonara, baby!

[Libro] 2001: A Space Odyssey – Arthur C. Clarke (relectura)

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Un acontecimiento astronómico familiar, pero siempre bello, la puesta de Sol .

Cuando hace unos días comentaba Le Petit Prince y decía que estaba considerando como muy probable que siguiese releyendo libros que son «clásicos» para mí, independientemente de si lo son para otras personas o para los «eruditos», realmente no pensaba que hoy estaría ya comentando otra de esas relecturas. De hecho, ya comenté que me quedaban algunos libros por comentar de los que leí en el 2025. Y después se añadió el primero de los 2026. Pero el segundo del 2026 es una de esas relecturas. Y tras terminarla hace un par de día, decidí que tenía que comentarla ya. Ahora me explico.

En su momento, os hablé de la experiencia de volver la película de Kubrick, 2001: A Space Odyssey. Realmente, esa experiencia me marcó mucho más de lo que esperaba. Yo nunca he «sufrido» eso que se da en llamar síndrome de Stendhal, conjunto de síntomas vasovagales y cognitivoemocionales que se dan cuando se siente una fuente impresión ante una obra de arte u otros conceptos sublimes del saber humano. Algunos psiquiatras lo han estudiado y lo han descrito, pero en estos momentos no está oficialmente incluido en las clasificaciones de enfermedades más reconocidas y utilizadas en medicina. Pero sus síntomas se asocian con frecuencia a los trastornos de ansiedad o de pánico, y estaría ahí incluido. En cualquier caso… a mí no se me ha dado. Pero reconozco que la contemplación de determinadas obras de arte, lugares del mundo, o conocimientos del saber humano, no sólo en las artes y las humanidades, también en las ciencias, me han impresionado y han modificado mi forma de entender algunas cosas. Pero sin síntomas vasovagales. Y esta visualización de la película de Kubrick me afectó. Positivamente. Me hizo recuperar las motivaciones por las que soy aficionado irredento al arte cinematográfico desde mi infancia, incluso si Hollywood y las plataformas de contenidos se empeñan con denuedo en evitarlo. Y una de las derivadas de esa sensación es que decidí volver a leer el libro, la novela, que Arthur C. Clarke publicó unos meses después del estreno de la película. A finales de 1968. Meses antes de que el ser humano pisase por primera vez la Luna. Pero en plena carrera espacial entre los imperios dominantes de la época, el USAmericano y el Soviético.

La historia que cuenta Clarke en el libro es muy similar a la que cuenta Kubrick en su película, de la que Clarke, al fin y al cabo, fue coguionista. Se dice con frecuencia que la película está basada en la novela de Clarke. Y no es así. La película es un proyecto original conjunto de Kubrick y Clarke, según creo a iniciativa del primero, aunque sería el segundo el que propondría inspirarse en uno de sus relatos cortos. Clarke trabajó simultáneamente en ambos proyectos, pero la película se estrenó antes de la publicación de la novela. Varios meses antes. Y presenta diferencias. Algunas más importantes que otras.

Algunas de las diferencias son cosméticas y no entraré en ellas. Entre las esenciales, considero que la película es una obra más filosófica. Aunque se da por hecho la existencia de una civilización extraterrestre que interviene en la evolución de la especie humana, no hay un debate sobre esta civilización. Simplemente es el macguffin que permite plantear la naturaleza y las consecuencias de esta evolución. Inicialmente biológica, como la de cualquier otra especie, pero después también cultural, por la capacidad del ser humano de comunicar conceptos complejos y de conservar memoria del pasado, así como ser capaz de prever el futuro, hasta cierto punto. Si la película empieza con el salto del simio a los primeros eslabones de la humanidad, el final simboliza el nacimiento de una nueva especia, un Homo stellaris, como tantos autores han especulado. Un concepto muy en auge en los años 60 como consecuencia de la carrera espacial que he mencionado. Cuando el salto del ser humano al espacio exterior se percibía como inmediato. El libro especula menos sobre el concepto de evolución, aunque esté ahí, y se enfoca más sobre la existencia de especies inteligentes de ámbito galáctico, consecuencia de diversos saltos evolutivos. Y el punto en el que el ser humano se encuentra en una disyuntiva que puede llevar, o no, a seguir avanzando en ese camino, dentro de un experimento de ámbito también galáctico.

Un tema común y que, más allá de algunas diferencias argumentales, se trata de forma similar es el de la inteligencia artificial representada por HAL 9000. Inteligencia que entra en conflicto ético entre las instrucciones recibidas, el objetivo de la misión y su relación con seres humanos ignorantes del alcance de la misma. Y que siendo incapaz de hipocresía como el ser humano, sin mecanismo de defensa del yo como los adquiridos por la inteligencia biológica a lo largo de milenios y milenios, acaba entrando en una espiral de errores intencionados o no que llevan a la crisis argumental de la novela. He de decir que tanto me gusta la variante argumental de la película como la del libro. Y desconozco que aspectos prácticos de la realización de la película llevaron a que fuese diferente. Aunque como ya he dicho, equivalente en la práctica.

Y luego está la cuestión de que la Discovery-1 viaja a Júpiter en la película, mientras que en el libro llega hasta Saturno y hasta quedar aparcada en órbita de Jápeto, la luna del gigante anillado, con extraña órbita y fuertes diferencias de albedo entre uno y otro hemisferio, que son ingeniosamente aprovechadas por Clarke para dotar de simbolismo al cuerpo celeste. Como curiosidad, la parte sur del hemisferio más brillante se denomina Saragossa Terra (tierra de Zaragoza, mi ciudad), ya que estos accidentes geológicos del satélite tienen una nomenclatura extraída del Cantar de Roldan, en la que Zaragoza tiene un cierto papel de importancia en la trama. La verdad es que siempre me ha gusto mucho esta variante del argumento. Junto con las que le acompañan. El encuentro con el asteroide, el impulso usando la asistencia gravitatoria de Júpiter para alcanzar la órbita de Saturno, la maniobra de frenado usando la asistencia gravitatoria de este último, y el encuentro con Japeto… qué bella anticipación a lo que con posterioridad ha venido sucediendo con las diversas sondas que se han enviado a los diversos confines del Sistema Solar y más allá. Pero también entiendo que en la película se simplificase la historia… que se podría haber hecho eterna, sin aportar nada esencial a la historia. Es la diferencia entre las formas narrativas en cine y en literatura.

Me hacen gracia algunas ideas que aparecen en la novela de Clarke basadas en los conocimientos científicos de la época. Aunque la novela ha aguantado muy muy bien el paso del tiempo. Mucho mejor que otras de los años 60. Hay varias, en las que no voy a entrar por no extenderme demasiado. Pero hay una que me ha hecho mucha gracia. Asegura Clarke en el texto que las muestras recogidas en la Luna confirmaron que el satélite terrestre no tiene el mismo origen que el planeta y que debió formarse en otra región del Sistema Solar, siendo capturado por la Tierra un tiempo después. Por el uso de esta idea en otras obras de los años 60 y de principios de los 70, esta hipótesis debía ser la más popular en aquel momento. Lo cierto es que el análisis de las muestras recogidas en la Luna por las misiones Apollo llevaron a la hipótesis contraria. Hoy en día se considera como más probable que la Luna sea el resultado del impacto de un cuerpo celeste del tamaño de Marte contra una proto-Tierra más pequeña que la actual, formados en la misma órbita alrededor del Sol y que colisionaron. El cuerpo pequeño alcanzó al mayor, formándose la Luna como resultado de los escombros que quedaron alrededor del planeta Tierra tras la colisión. La hipótesis se había planteado ya en 1946, pero no se hizo caso de ella, hasta que el análisis de las muestras lunares la puso de moda, se relanzo a mediados de los años 70 y la aupó como preferida en los años 80 del siglo XX. Pero cuando Clarke escribió la novela… pues no.

La novela de Clarke no es la mejor de las que le he leído. Probablemente, Cita con Rama sea mi preferida. Y hay otras como Cánticos de la lejana Tierra, que me resultan más emotivas. Pero está muy bien, y la considero muy recomendable. Me lo he pasado muy bien. Y me he dado cuenta que el conocimiento acumulado a lo largo de mi vida en diversas áreas de la ciencia y las humanidades me ha hecho disfrutar de la novela mucho más que cuando la leí en la adolescencia o en mi juventud temprana. Sin duda. Uno se da cuenta con el tiempo que la madurez tiene sus ventajas a la hora de leer obras de cierto calado. Y esta es una de estas.

[Fotos] Naturaleza muerta con película instantánea

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Hasselblad 500CM con respaldo NONS Instant Back y película Instax Square Monochrome.

El día de Reyes, festivo tradicional en España, día en el que se ofrecen regalos a los niños,… aunque ahora esto se ha desplazado mucho al día de Navidad,… además de comer el tradicional roscón, acompañado en nuestro caso de unas tazas de chocolate caliente, tenía pensado salir a hacer unas fotos por la tarde. En la confianza de que habría luz adecuada y no haría (demasiado) frío. Pero hizo demasiado (frío). Más que nada porque además el vendaval hacía que la sensación térmica fuera bastantes grados menos… y por debajo del nivel de congelación. Del agua… y de las manos de los fotógrafos incautos.

Pero yo tenía preparada ya una cámara de formato medio con el respaldo para fotografía instantánea y un cartucho de película monocroma instalado. Sinceramente, pensar en salir de casa, huir del agradable calor de la calefacción, me horrorizó. Por lo que deseché la idea, conformé otros planes… y pensé a ver qué hacía con el cartucho que había cargado ya en el respaldo. Una imprudencia haberlo cargado antes de salir y empezar a hacer las fotos.Entonces decidí que con este equipo se podrían hacer naturalezas muertas con más facilidad que con las cámaras propias de Fujifilm, imprecisas a la hora de encuadrar. Y aquí os dejo algunos ejemplos… bueno… las ocho fotos que salieron, dos se estropearon por una tontada que hice al colocar el respaldo.

[Cine] 100M (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Nos vamos a Japón, a Kamakura, para ilustrar la entrada de hoy.

100M (2025; 01/20260102)

No ha empezado fuerte cinematográficamente este año. Una mezcla de circunstancias, en las que no voy a entrar, me han mantenido alejado de las salas de cine. A ver si la cosa mejora con los estrenos de mañana viernes. De todos modos, con la llegada del nuevo año hubo un estreno de animación japonesa en Netflix que tenía marcado para ver. Una película que llegaba con buenas críticas y bien valorada por los espectadores de su país. En pocos otros países se había podido ver antes del estreno en la plataforma de contenidos. Dirigida por Kenji Iwaisawa, veamos lo que da de sí este drama de superación en el ámbito del deporte de competición.

La película está basada en una serie de manga, no demasiado extensa. Sólo cinco volúmenes (tankōbon) para recopilar todos sus capítulos, que fueron publicados entre 2018 y 2019. Poco en comparación con algunas de las series más conocidas del manga, que se van pubicando durante años. La historia se centra en una serie de atletas, especializados en las carreras de velocidad, específicamente en los 100 metros lisos, de donde viene el título del manga y de la película. Seguimos a dos de los protagonistas desde que son niños y empiezan a destacar en los deportes del colegio, y conforme avanzan en su vida, se van cruzando o encontrando otros atletas. La historia se sigue hasta que el protagonista principal, ya adulto, decide que va siendo hora de retirarse, pero antes tendrá que correr una última prueba con el que fue su amigo de la infancia y su principal rival durante años.

En lo positivo, hay que decir que es una animación de muy buen nivel, muy expresiva. Que se sale de las fórmulas trilladas de la animación japonesa, para mostrarnos unos personajes que evolucionan físicamente conforme avanzan en su edad. Con frecuencia, los personajes adolescentes y adultos jóvenes del anime tienen un aspecto demasiado aniñado, especialmente las chicas/mujeres. Y la representación del esfuerzo y de las tribulaciones de los personajes está muy bien representada.

Sin embargo, creo que la historia tiene un ritmo inconsistente. Creo que, por corta que sea la serie de manga, es complejo meter los 42 episodios o capítulos que recopilan los cinco volúmenes en los 106 minutos que oficialmente dura el largometraje. Resta los títulos de crédito y probablemente se queda en 100 minutos. Las primeras etapas de los personajes están bien hiladas, desde la niñez hasta el instituto. La parte relativa al club de atletismo del instituto, cuando interaccionan dos de los personajes con las dos chicas que formaban el club inicialmente, está bastante bien. Y da variedad y más riqueza a la narración. Y sin necesidad de romances forzados que, además, no vienen al caso. Mientras, el resto de las partes, más centradas en los chicos y en sus competiciones, me resultan menos atractivas, menos ricas en su descripción del entorno.

Por lo tanto, aunque bien hecho, mi valoración final de este aime no es tan positiva. Es una película de animación correcta, que se puede ver sin ningún problema, salvo que el tema no te interese especialmente. Pero creo que hubiese hecho falta un esfuerzo más importante en el guion a la hora de adaptar la historia, dejarse de tantas carreras, y entrar más en la psicología y en las interacciones de los personajes. O haber hecho una serie de animación, en lugar de condensar la historia en esos 100 minutos. Pero, como ya he dicho, se deja ver.

Valoración

Dirección: ****
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Un paseo con película fotográfica que parece que da problemas

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Fotografías de paisaje urbano con Leica M6 y 8Hundred Film.

Este rollo de película que expuse a principios del mes de diciembre fue una consecuencia de los resultados obtenidos con uno de los rollos de película en el viaje a Andalucía de finales de octubre. En los negativos de ese rollo, expuesto el 25 de octubre entre Málaga y Álora, aparecían lo que con el tiempo he decidido considerar como filtraciones de luz. Que no entiendo muy bien por qué están ahí. Así que decidí salir a pasear un día de diciembre con la misma combinación de cámara, objetivo, filtro fotográfico y película fotográfica para ver qué pasaba.

[Libros] El año 2025 en libros

Literatura

Desde que abrí mi cuenta en Goodreads, a final de año realizo un resumen de mis lecturas durante la ronda solar que termina. Y lo suelo hacer el día de Reyes,… porque es un día tranquilo para escribir este tipo de entradas. Para el año 2025, me dicen en GoodReads que son 62 los libros que he leído. Que son 8 menos que el año pasado. ero… como decía en el resumen del año 2023, todo es matizable. Pero sí que he mejorado con respecto a estos últimos años en los que me ha costado concentrarme mucho en la lectura. Normalmente ilustraba esta entrada con las primeras fotos del año… pero son todas realizadas con película fotográfica y están sin revelar. Por eso me voy a la Biblioteca Pública de Nueva York, que me parece un motivo adecuado a la entrada.

En 2025, 62 libros frente a los 70 de 2024 que acaba de terminar. ¿Muy similar o poco similar? Pero si este año han supuesto un total de 13094 páginas, 224 páginas por libro de promedio, en 2024 fueron un total de 17063 páginas, con un promedio de 243 páginas por libro. Sí… he leído menos. Un 88 % de volúmenes, un 77 % de las páginas. Sigo con mi tendencia a leer libros no excesivamente largos. Siempre he sido partidario de cierta economía de medios a la hora de contar historias.

De los libros que he leído, 17 son cómics, frente a 25 en 2023. Por lo tanto, o sea que los libros que he leído que no son cómics son los mismos en ambos años. De alguna forma, mi ritmo de lectura ha sido más o menos el mismo, porque cuando leo relato gráfico lo hago de forma distinta a las novelas u otros relatos. Todos los años leo varios relatos gráficos. Pero este año he abandonado la lectura de los volúmenes de Dandadan de Yukinobo Tatsu, curiosamente coincidiendo con la adaptación en serie de animación de estas aventuras. Sólo a principio de año leí una serie larga, de doce volúmenes, de manga. Todo lo demás ha sido la dosis periódica de Astérix, de Saga, y los dos primeros volúmenes, más potentes que los tankobon del manga japonés, de la coreana Yudori escribiendo en francés. Tengo pendiente comentar un relato gráfico que me interesó por su adaptación cinematográfica en animación.

A lo anterior hay que añadir otros extremos. El libro más corto, las 48 páginas de las aventuras de los irreductibles galos en tierras lusitanas. Hay, como todos los años, varios libros que son relatos cortos largos o novelas cortas. Por ejemplo, la primera entrega del nuevo quinteto de Aki Shimazaki. Aunque es un concepto cuya definición es algo imprecisa. El libro más largo que he leído en 2025 tiene 612 páginas, un ensayo histórico sobre la batalla de Midway poniendo el énfasis en lo que sucedió en el lado japonés.

Mis puntuaciones con cinco estrellas han ido a parar a la japonesa Kiyoko Murata, a la coreana Han Kang, a la austriaca de madre japonesa Milena Michiko Flašar, y a un muy desconocido francés Hubert Mingarelli, por un libro que parece que solo he leído yo entre los suscritos a Goodreads. Aunque a mí me estremeció contundentemente si novela corta sobre un fotógrafo en el final de la guerra mundial. La Segunda. Mi puntuación media de lo leído es de 3.8/5. Suelo informarme lo más posible sobre las posibilidades de lo que leo, aunque en un 30 % de los libros me dejo llevar por la intuición.

Más datos:

  • Libro más popular en Goodreads: una relectura de la obra más famosa de George Orwell. Es una novedad de este final de año, releer «clásicos», siendo «clásicos» desde mi perspectiva personal.
  • Libro menos popular: el citado de Mingarelli. A pesar de lo mucho que me impresionó, Goodreads me dice que soy el único en la plataforma que lo ha escogido y leído. Curiosamente, al ser el único en leerlo, y ponerle cinco estrellas, es el más valorado de los que he leído en la plataforma. Los sesgos estadísticos debidos a los números pequeños.

En cualquier caso, he conseguido sobrepasar el reto de 40 libros que me había propuesto de forma muy sobrada. Como el año pasado los periodos vacacionales han sido fundamentales para dar un empuje a mi actividad lectora, ya que son momentos en los que me relajo y me animo con las lecturas. Que además me cunden mucho en los desplazamientos viajeros, si no me enredo a hablar demasiado con mis compañeros de viaje.. Para 2026… me he propuesto la misma meta, 40 libros. Aunque espero sobrepasarla. Pero quien sabe lo que puede pasar a lo largo del año. No pongo más. No vaya a ser que caigan menos aventuras cortas y cómics en mis manos este año que viene. En cualquier caso, en estos momentos estoy en los percentiles más elevado en Goodreads en cuanto a libros leídos al año. Y es que la gente lee poco…

[TV] Cosas de series; turno de día en las urgencias de Pittsburg

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. Un paseo por el campus de la facultad de medicina y hospital de la Charité en Berlín. Bastante más agradable que el «hoyo» donde trabajan los protagonistas de la serie de hoy.

Cuando yo era niño, los médicos de las películas eran perfectos. Vestidos y peinados de forma impecable, ya fuera Marcus Welby, como médico de familia al estilo antiguo de toda la vida, o el doctor Joe Gannon, como infalible cirujano en un gran hospital, eran perfectos en todos los aspectos de su vida. Sí… había algunos conflictos, diversas formas de hacer que generaban el conflicto de la serie, pero todos los médicos eran gente dedicada, pulcra, de apariencia impecable. Y las enfermeras… eficientes. Ese es el adjetivo más habitual de la enfermera de aquellas series. Siempre estrictamente a las órdenes del médico perfecto, ejecutaba el tratamiento y cuidaba de los pacientes con una alto grado de precisión y eficiencia. Al fin y al cabo, los asesores médicos de aquellas seres se solicitaban a la muy poderosa A. M. A. (American Medical Association). Y si los productores no dejaban a los médicos en buen lugar, acordes al prestigio de la profesión, no colaboraban y ejercían presión en contra. Las cosas eran así. Y como la mayoría de las asociaciones profesionales médicas, véanse los colegios oficiales en España, es considerablemente conservadora y, en algunas cuestiones, retrógrada.

Pero poco a poco, en la ficción televisiva comenzaron a aparecer discrepancias sobre el modelo «oficial» tradicional. No he visto muchas series médicas. Quizá más de las que era mi intención, pero durante muchos años las evitaba… porque bastante tenía ya sobre el tema con mi entorno laboral. Pero algunas fueron obligadas. ¿Se puede afirmar que las aventuras de Joel Fleischman en un lejano pueblo de Alaska es una serie médica? Quizá no. Quizá sí. Pero no era convencional. Y quizá la primera ruptura, al menos en parte, con el paradigma fue ER, que si bien mantenía al médico como protagonista «heroico» de un servicio de urgencias razonablemente realista, hablaba también de los problemas inherentes a este tipo de servicios, al estrés, a los conflictos, a la falta de recursos… y otras cuestiones. Claro… también llegó el modelo de serie médica en el que lo que pasa en el centro hospitalario se diferencia poco de lo que pasa en un instituto de bachillerato mixto, entre dimes y diretes, amoríos, rencores… y alguna que otra catástrofe en cada temporada, durante más de veinte. O una versión cómica y paródica, pero inteligente, de lo que es un médico residente. Entre otras cosas. No mencionaré las versiones españolas de estas series porque me da un sonrojo, una vergüenza ajena, casi insoportable por los engendros que se han producido, tuvieran o no éxito.

Tengo mis criterios propios para juzgar estas series, distintos del telespectador general. Soy del gremio. Y aunque no con una actividad profesional convencional para lo que se entiende en un médico, con suficiente conocimiento de causa. Y en estas estábamos cuando en una reunión de trabajo, muy seria, con temas de fondo, alguien habló y recomendó algunos episodios de una serie reciente, que yo no había visto por no estar suscrito a la plataforma de turno… y porque ya he dicho que, salvo excepciones, no suelo seguir las series médicas. Se trata de The Pitt, una serie muy premiada en los Emmy, más otros premios y candidaturas más o menos prestigiosos. Y tal me la pusieron que, durante mis recientes festivos por Navidad y Año Nuevo, me hice una especie de maratón y me vi los quince episodios que constituyen la primera temporada. Como dato, la segunda temporada vuelve el próximo jueves 8 de enero. Y de entrada me hizo gracia una cosa. El protagonista es Noah Wyle, que apareció en 254 de los 331 episodios de ER, el que más presencia tuvo en la serie. Desde que era un estudiante, hasta convertirse en un médico hecho y derecho y experimentado.

La estructura de la serie es original. Generalmente, en este tipo de series, se tiende a una trama continua que abarca días o semanas o meses, o bien cada episodio es un turno de trabajo o unos pocos en el que pasan cosas con una trama central y otras secundarias en paralelo. Vamos a las peculiaridades de esta serie que transcurre en el servicio de urgencias de un hospital de Pittsburg, lo que participa en el juego de palabras del título de la serie, que es homófono con la palabra pit, fosa o mina, o, coloquialmente, el servicio de urgencias de una hospital. Los quince episodios abarcan el turno de día en estas urgencias hospitalarias, empezando a las 7:00 de la mañana. Cada episodio es lo que sucede durante una hora. No rodado en tiempo real, exactamente, pero casi. Aunque el turno dura 12 horas, por motivos que no desvelaré se prolonga… y llegamos a los quince episodios. También se da la circunstancia de que es el primer día de trabajo para nuevos médicos residentes de primer (les llaman internos en EE. UU.) y segundo años y para un par de estudiantes de los últimos años de sus estudios médicos

Evidentemente, en un periodo de tiempo según la cronología interna de la serie tan corto, las tramas de cada episodio no son autoconclusivas. Algunas, especialmente las que afectan a las relaciones entre los profesionales, se extienden durante toda la serie. La referidas a los pacientes se extienden en varios episodios más o menos según el caso. Y existen tramas secundarias que suceden puntualmente en el desarrollo de un episodio. Pero van surgiendo temas. Además de la tensión dramática que impulsa la acción, con varios macguffins para el coral reparto, hay situaciones en los que la serie hace pedagogía; la voluntades o directrices anticipadas del paciente, la donación de órganos, la importancia de la vacunación, los modelos de gestión de los centros sanitarios y sus consecuencias, el abuso de sustancias en pacientes y profesionales, diversos dilemas éticos, las formas de llevar a cabo la comunicación médico-paciente, el equilibrio en urgencias entre dedicación al paciente y la necesidad de cerrar casos para atender a nuevos paciente,… una diversidad de ellos. En general, el tono de la serie es «progresista»,… desde el punto de vista de los Estados Unidos, que en estos momentos están en un retroceso social, político y ético de décadas. ¿O no veis la prensa y las noticias?

¿Cuál es mi impresión general de la serie? Positiva. Aunque quizá no tan entusiasta como otras opiniones. Puntúa 8.9 de promedio entre los votantes de IMDb, con abundancia de elogios entre la crítica especializada. Ciertamente la calidad de la producción, la realización y la interpretación de la serie es muy alta. Pero yo no me pondría en niveles de valoración tan elevados. Siendo muy recomendable, que lo es, tengo la intención de ver la segunda temporada de alguna forma, no es perfecta. Sus debates éticos son menos profundos de lo que parecen. Los conflictos entre profesionales traspasan el drama para situarse en varias ocasiones en el melodrama. Y en el exceso. El conjunto de lo que pasa en las quince horas es tan excesivo, que llega un momento que abotarga un poco la experiencia. Especialmente si ves los quince episodios en pocos días. Me cuentan que la intención inicial es que fuera una secuela directa de ER, que el personaje de Wyle fuera el mismo que en aquella serie. Pero las dudas sobre los derechos sobre la misma hizo que se optara por crear una secuela «espiritual». Creo que son dos series que, aunque tratan de lo mismo, son distintas. Yo me apunté a ER cuando ya habían pasado varias temporadas. hacia la séptima temporada o así. No recuerdo exactamente. pero en general, sigo prefiriendo aquella serie, ya que conseguí empatizar más con aquellos personajes que con los de la actual. Pero bueno… lo dicho. Recomendable. Juzgadla vosotros mismos.