[Fotos] Paisaje urbano y ferroviario con Polaroids blanco y negro

Fotografía

La verdad es que tengo bastantes rollos de película y otras cosas, también en el mundo de la fotografía digital, que comentar en estas páginas. Especialmente desde que me llegaron revelados los siete rollos de película del mes de enero que mandé a revelar a Carmencita Film Lab con el cambio de mes. Pero todo llegará. Como hoy no voy con mucho tiempo, voy un cartucho de fotografía instantánea reciente. Cambié a Fujifilm Instax hace algo menos de un par de años por el coste de la película Polaroid. En ocasiones es casi el doble por ocho fotos, mientras que las Instax ofrecen diez por cartucho. Pero claro, las fotos Instax son más chiquitas. Y por otro lado, la tecnología de Fujifilm está madura, las fotos se revelan pronto y tienen gran estabilidad en el tiempo… las de Polaroid…

Aquí os presento las últimas realizadas en blanco y negro mientras tomaba otras fotografías en formato digital. Paisaje urbano y ferroviario. Y si queréis conocer los motivos, más técnicos, por los que vuelvo a Polaroid, sin abandonar Instax, los podéis leer en Polaroid en blanco y negro; por la ciudad y en paisaje ferroviario.

[Cine] Moreolsenseu 모럴센스 (2022)

Cine

Moreolsenseu 모럴센스 (2022; 10/20220114)

Confieso que en las dos últimas semanas hemos sufrido un cierto desconcierto con nuestra actividad cinematográfica. No hemos encontrado tiempo para acercarnos a las salas de cine, a pesar de que hay unas cuantas películas que nos gustaría ver, y al mismo tiempo tampoco sentimos entusiasmos especiales por casi nada. Y en los dos próximos meses nos atraen más los eventos especiales de reestrenos de películas de hace un tiempo que los posibles estrenos. En fin… Para paliar un poco la cosa, tiro de plataformas en línea. Y como el cine asiático, y en concreto el surcoreano, están en alza, me lío hace unos días a ver una comedia romántica de este último país en Netflix, dirigida por Park Hyeonjin. Por aclararnos, es una directora, no un director. Y no tiene mucho recorrido. La traducción del título sería sentido moral, pero en castellano recibe el título de Amarrados al amor y en inglés el de Love and leashes (amor y correas).

Escenas nocturnas en Seúl para ilustrar la entrada de hoy.

Estrenada claramente con intención de estar disponible para el día de San Valentín, la historia nos habla de la relación entre dos compañeros de trabajo. Ella, Jung Jiwoo (Seohyun), seria, eficiente, crítica con el ambiente sexista del lugar de trabajo. El, Jung Jihoo (Lee Joonyoung), popular, cordial, superior en el escalafón, atractivo para las mujeres. Pero por la similitud de nombres, ella recoge un día un paquete que llega para él. Lo abre… y encuentra que al tipo le va el rollo BDSM. Lo cual… le da igual. Pero a partir de ahí, se planteará la posibilidad de una relación muy especial, con ella como figura dominante y el como figura sumisa. Pero todo consensuado.

La película parte de una premisa que a nosotros se queda corta. La sociedad surcoreana es muy conservadora, y los previos a la película indicaban que allí había cierta expectación por este tipo de temas, poco adecuados para sus ídolos del espectáculo, que suelen presentar una imagen de moralidad intachable. Pero lo cierto es que su contenido es muy poco transgresor, y hace décadas que está superada este tipo de cuestiones en el cine en nuestro medio. Parece ser que ambos protagonistas proceden de grupos musicales de K-pop; a ella la vi en una serie, también de Netflix,… pero es de las flojitas. Es una chica mona, pero no es una actriz que destaque en lo que le he visto. Pero es este tipo de perfil lo que aparece en la serie.

De todos modos, la película no acaba de despegar, pero no es culpa de los intérpretes. Creo que tiene un guion flojo y un ritmo irregular. Está correctamente filmada, pero le falta garra. En parte por las diferencias culturales entre su público oriental y el público occidental. Pero también porque no acaba de desarrollar plenamente su premisa de partida, quedándose en una comedia romántica de corte relativamente tradicional en su desarrollo, que hace que no destaque por nada. No especialmente recomendable, sin ser ninguna catástrofe. Entre el telefilme y la película convencional de salas de cine, de las que se estrenan en verano.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **/***

[Fotos] Experimentando (fallidamente) con película de muy baja sensibilidad

Fotografía

De vez en cuando llegan a mi poder muestras de películas fotográficas exóticas. Algunas me las dan, algunas las compro, otras las «heredo»… En cualquier caso, me llegó un lote de películas de origen diversos reenvasadas en Lituania. Cuatro rollos de distintas características. He empezado con el de muy baja sensibilidad. Pero no estos contento con los resultados. Muy muy muy subexpuestos.

Las fotos parecen estar realizadas casi en el crepúsculo, cuando había sol radiante por el anticiclón que tuvimos durante todo el mes de enero. Los detalles técnicos están en Experimento fallido – NocolorStudio nº 5 High Contrast con Pentax MX y SMC-M 40 mm. Aquí os dejo las fotos más «salvables» tras digitalizar los casi transparentes negativos, que a pesar de todo aun conservaban una cierta información. Lástimas que al extraerla también se hayan exagerado los pequeños defectos, habitualmente invisibles, de los negativos.

[TV] Cosas de series; al espacio, a por la aventura

Televisión

Dos series centrarán nuestra entrada de aventuras espaciales de esta semana. Con una no nos detendremos mucho… con la otra… ya veremos.

Sol y futurismo en las fotos que acompañan a la entrada de hoy. Desgraciadamente, de este sistema solar en el que vivimos, sólo tengo fotos de un planeta. Y no creo que pueda resolver esta carencia en mi vida actual… ¿Quizá en la siguiente?

The Book of Boba Fett se puede considerar como un derivado, spin-off que se dice en inglés, de las aventuras del Mandaloriano y Baby Yoda (me niego a llamarlo por su nombre que, al menos en castellano, es H O R R I B L E). Boba Fett, en la trilogía original, era un villano instrumental, que no tenía mucho tiempo en pantalla, y que finalmente se convertía en un personaje chusco por su final en las azarosas manos de un Han Solo cegato. Sinceramente, nunca tuvo más trasfondo, un personaje utilitario dentro de la historia. La flojísima trilogía de los episodios I, II y III lo presentaba de niño, como un clon del mercenario original del ejército de clones, cuyo actor, el adulto (Temuera Morrison), ha sido rescatado para dar cara al Boba Fett adulto… como son clones. El personaje ya apareció en la interesante que precedió a esta, y Disney vio una oportunidad de explotar al personaje, acompañándolo de otro personaje, que no aparece en las películas, la asesina Fennec Shand, interpretada por una mucho más interesante Ming-Na Wen. Y aquí viene mi principal crítica a la serie. Aparte de estar rodada claramente con menos medios que sus predecesora, ni el personaje principal ni su actor tiene el nivel para arrastrar esta serie. Si además la historia no está especialmente bien trenzada, con idas y venidas a base de flashbacks,… pues ha tendido en muchas ocasiones al aburrimiento. Lo cual… es una lástima, por que una serie con más acción, y buenas dosis de humor e ironía protagonizada por Wen, hubiera funcionado sin duda mucha mejor. Pero se está viendo que los fans de Star Wars son en su mayoría misóginos… muy lamentablemente, y Disney dosificará los protagonismos femeninos lo justito para no ser acusada de ser poco diversos. Creo que sus creadores eran tan conscientes de las debilidades de la serie, que acabaron cediendo el protagonismo de dos de los siete episodios al muñequito más famoso de la actualidad y al cara de metal brillante que le acompaña. Producto fallido, aunque no catastrófico.

Y hemos asistido a la temporada final de The Expanse. Sin duda, la mejor aventura espacial televisiva desde la versión renovada de Battlestar Galactica. No es casualidad que el creador de estas aventuras rebautizase la abandonada MCRN Tachi como Rocinante, el jamelgo sobre el que Don Quijote, acompañado del realista Sancho inició sus aventuras por las llanuras manchegas y más allá en el llamado Siglo de Oro español. Siglo de Oro en la cultura, porque al final significó el retroceso de la capacidad política del país a unos niveles de los que nunca se ha acabado de recuperar, gracias a una tradición de gobernantes incompetentes, sólo salpicada por breves y honrosas excepciones en estos últimos 400 años. Y hago este comentario al parecer no pertinente, porque la serie en cuestión es ante todo una reflexión sobre la política y la dirección de los asuntos humanos como especie social, como la sociedad que conformamos. Una sociedad que, en este universo imaginado, se ha extendido por el Sistema Solar y comienza su expansión más allá.

Debemos considerar que toda la historia de la protomolécula no es más que el enorme macguffin que sirve para desarrollar lo que realmente importa en esta serie sobre la expansión de la serie humana en el espacio y en el humano. Que lo que importa realmente es hablar de los desequilibrios del poder, de las desigualdades de la especia humana en el acceso a los recursos, a la riqueza, de la carencia de ética de los políticos, del militarismo como peligro constante para la resolución justa de los asuntos, de la importancia de la diversidad cultural y humana… esos son los temas importantes de la serie. Y Holden (Steven Strait) a bordo de la Rocinante, junto con su conflictiva pero leal tripulación de sanchos más o menos juiciosos, se convierte en el quijote idealista que intenta ofrecer un punto de vista ético, justo y equitativo a las soluciones a la sucesión de crisis que amenazan constantemente a la especie humana. Sin pararse en concesiones a las consecuencias de los actos injustos, que ocasiones millones de víctimas humanas. Y sin maniqueísmos, pues el presunto canalla criminal puede tomar la decisión ética adecuada si se le da la oportunidad, mientras que el respetable político u hombre de negocios, en el fondo, y también muchas veces en la superficie, es y siempre será un desalmado sin escrúpulos. Mención especial a algunos intérpretes de un reparto muy coral como para hacer justicia a todos; Shohreh Aghdashloo en uno de los más complejos e interesantes papeles, la secretaria general de Naciones unidas Avasarala, Thomas Jane en su limitado papel de detective Joe Miller, unos de los impulsores de la acción inicial, y Cara Gee, la cinturiana Camina Drummer, de cuyo personaje no me importaría nada ver un buen spin-off. Muy recomendable. Altamente recomendable. Aunque hay que verla con paciencia y atención para encontrarle la sustancia. Porque, en muchas ocasiones, es un buen guiso que se cuece a fuego lento.

[Fotos] Trenes, arte, paisaje y ciudad con mi formato medio digital ampliado

Fotografía

Como ya adelantaba ayer, este fin de semana he extendido las capacidades fotográficas de mi nueva cámara de formato medio digital, gracias a un adaptador que me permite usar ópticas de otros sistemas.

Los escenarios donde lo he utilizado han sido tan variados como los alrededores de la estación de ferrocarril de Casetas, el recinto de la Expo 2008 en Zaragoza y el Museo de Zaragoza en la exposición dedicada a la estancia de Francisco de Goya en Italia, en su juventud, con motivo del 275º aniversario de su nacimiento.

Los detalles técnicos de las fotografías los podéis encontrar en Adaptadores de objetivos para la Fujifilm GFX 50R – Fringer EF-GFX [Canon EF]. Aquí, como de costumbre, simplemente las fotos.

[Recomendaciones fotográficas] Repaso rápido a de todo un poco

Fotografía

Voy a ir un poco rápido con las recomendaciones de este domingo. Tengo guardadas bastantes, de más de una semana, pero no tengo mucho tiempo para dedicarles. Así que vamos allá.

En Blind Magazine nos recuerdan el trabajo de Gaston Paris, un fotógrafo hoy en día poco conocido, que trabajó principalmente en la primera mitad del siglo XX, claramente influido por las vanguardias. Algunas de sus fotos me gustan mucho. Una mezcla de temas modernos y estética de su época.

Comentaré dentro de unos días la serie de fotografías de las que extraigo las de esta entrada. Pero ya va siendo hora que haga este recorrido con una luz de este tipo y con película Kodak Ektar 100. Sea en formato medio o pequeño. O los dos.

Varios fotógrafos en Booooooom

En AnOther Magazine nos hablan del nuevo trabajo publicado de la brasileña de origen alemán, afincada en Estado Unidos, Mona Kuhn. Tengo unos cuantos libros de esta fotógrafa. Parece que su estilo está cambiando. He pedido el libro; cuando llegue os cuento más.

Nos dicen en Lenscratch que las fotografías de Iris Wu reflejan su estado mental de sentirse perdida en el mundo cotidiano que la rodea. No sé… a mí me han llamado la atención poderosamente. Aunque todavía estoy descifrándolas.

Las personas con trastornos mentales graves generan fuertes disrupciones en su entorno familiar. En FK Magazine nos hablan de Glorija Lizde, fotógrafa croata que tuvo que lidiar en la infancia con un padre con uno de estos trastornos.

Siempre me fascinan los paisajes suburbanos de las grandes metrópolis chinas. Típica locura inmobiliaria de países en desarrollo con régimen autoritario donde el desorden en el crecimiento ansiosamente buscado, desmedido y desequilibrado genera absurdos y desarraigos. En Photography of China nos muestran el trabajo de Cyrus Cornut en Chongqing.

En Pen ペン Magazine nos hablan del trabajo de Atsushi Fujiwara, en el que el fotógrafo acompaña una mujer joven, madre soltera, de camino a su isla de nacimiento, donde murió su padre suicidándose, y donde viven sus hijos con la abuela. Una mujer atormentada, que trabaja en los límites de la sociedad como ama de kinbaku 緊縛, una forma de ataduras corporales propia de Japón. Trabajo muy intimista y complejo.

Y finalmente Leire Etxezarra, en su Instagram, aquí y aquí, nos ha remitido al trabajo de dos clásicos contemporáneos de la fotografía española, que siempre viene bien revisar, Alberto García Alix e Isabel Muñoz.

[Cine] Kamiarizuki no kodomo 神在月のこども (2021)

Cine

Kamiarizuki no kodomo 神在月のこども (2021; 09/20220108)

Comprendí a mediados de semana que iba a ser difícil escaparse a las salas de cine en cualquiera de los últimos siete días. Así que decidí dar una oportunidad a un largometraje de animación japonés, muy reciente estreno en Netflix, firmado por Takana Shirai. Es su primer trabajo como directora, pero ha participado en el departamento de animación de películas con prestigio como esta y esta.

La película nos habla de Kanna, una niña en su último curso de la escuela primaria, que perdió a su madre un año antes, y que de repente se entera de que su madre pertenecía a una especie de seres preternaturales que trabajaban con y para los dioses. Y que cuando llega el mes de octubre de suplir a su madre en sus tareas, llevándoles presentes a la reunión que hacen todos los años en ese mes en el santuario de Izumo, desde un santuario en Tokio, cerca de donde vive. Y lo hará acompañada de dos curiosos seres, un conejo que habla… y un demonio… bueno.

Película que dan una vuelta más, no se cansa de ello en Asia, al viaje al oeste, epopeya de inspiración budista muy popular en aquella región del mundo. Para los japoneses, Tokio es el este, y las regiones donde para Izumo es el oeste. En el original chino, es un monje quien viaja acompañado de un mono, un cerdo y un duende… Y aquí… pues lo dicho. Y la niña es la enésima versión de la niña en duelo por algo o alguien que ha perdido, y que emprende una aventura para superar ese duelo y seguir adelante más madura. Lo que pasa es que una vez que has conocido a Chihiro… todas las demás parecen de segunda división.

Película familiar digna, a la que no puedes encontrar graves defectos, pero tampoco excesivas virtudes. Se puede ver bien, especialmente acompañando a los más pequeños de la casa, y ya es mejor que la mayor parte de las tonterías de animación occidental que se estrenan a bombo y platillo. Pero sin más.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Paisaje suburbano con viejas ópticas de los años 80/90 del siglo XX

Fotografía

De vez en cuando me gusta recuperar los objetivos de mis primeros años en la fotografía. Cuando todavía estaba definiendo mis necesidades. Pero desde muy al principio, ha habido dos tipos de objetivo que siempre me ha gustado tener, un objetivo estándar, fijo, razonablemente luminoso, y un gran angular, que no tiene que ser extremo pero tampoco muy largo, también luminoso. O no. Suelen ser ópticas cómodas de transportar y mucho más capaces de lo que los fans de los objetivos zoom creen.

Recientemente hice un rollo de blanco y negro de película ortocromática de baja sensibilidad utilizando dos de esas viejas ópticas. Con buenos resultados globales. Al menos con uno de ellos. Los detalles técnicos en Veteranos objetivos de enfoque automático con montura Canon EF – Canon EOS 650 con Rollei Ortho 25 Plus. Aquí, algunas fotos.

[TV] Cosas de series; la chica de «La Bruja», auténtica robaescenas…

Televisión

Comentaba hace unos días la sorpresa que me di al ver una película coreana en Netflix que había desechado hasta el momento, porque tenía una confusión sobre el género al que pertenecía, e incluso, correctamente encuadrada, no era un tipo de película que habitualmente disfruto. Sin embargo, la película, sin ser una gran maravilla, funcionaba muy bien como entretenimiento. Y buena parte de su mérito radicaba en la idoneidad de su protagonista principal, una joven actriz surcoreana de nombre Kim Da-mi o Kim Dami. Yo creo que habría que escribirlo de la segunda manera, pero se suele ver de la primera. En cualquier caso, recordar que en Corea, como en otros muchos países asiáticos, el apellido, Kim, va delante del nombre propio, Dami. La cuestión es que esta actriz ha trabajado muy poquito todavía, pero siempre con éxito. Y tiene dos series en Netflix que paso a comentar, porque las he visto en las últimas semanas.

El barrio por donde se mueven los protagonistas de la segunda de las series que comento hoy recuerda al Bukchon Hanok, donde abundan las casas de estilo tradicional coreano. Por ello traigo algunas fotografías de ese barrio de Seúl para ilustrar esta entrada.

Itaewon Class 이태원 클라쓰 es una serie distribuida por Netflix fuera de Corea de Sur, lleva el apelativo de «una serie de Netflix», que lleva ya un tiempo en programación, a muchos les alivió el confinamiento por la pandemia de la primavera de 2020. Cuando se estrenó, vi el primer episodio, en el que no aparecía Kim Dami, y no me enganchó. Me parecía la típica serie de tipo pobre y desgraciado (Park Seo Jun) que se enfrenta al ricachón poderoso y sumamente malvado (Yoo Jae-myung)… todo lleno de tópicos… y, no sé… en aquellos tiempos me apetecía algo más ligero. De hecho, parecía que la chica protagonista e interés romántico del chico era otra (Kwon Nara, nombres cogidos de IMDb, obsérvese la falta de homogeneidad en como transcribir el nombre de pila, casi siempre bisílabo; a esta actriz volveré cuando termine una serie que tengo ahora en marcha). Lo dejé… y se me olvidó. Pero con el tiempo me sorprendió la cantidad de buenas referencias que había a la serie, y los premios y reconocimientos que había recibido en su momento. Tras ver la película mencionada de Kim Dami, le di una segunda oportunidad y…

… la serie gana muchísimos enteros cuando entra en escena nuestra protagonista de hoy. Que incluso al principio parece ser un personaje secundario que funciona como una auténtica robaescenas, en las que siempre destaca sobre sus interlocutores, sea el protagonista de la película, sea su rival femenina, la ya mencionada Kwon Nara. Su papel es la de una jovencita influencer en las redes sociales, de buena familia, que asume el papel de gerente en la empresa de ocio y restauración que ponen en marcha el protagonista junto con un par de marginados sociales, para pelear y desbancar al malvado ricachón. Su presencia en pantalla hace que la serie funcione a un nivel superior que cuando no está. La serie, en su conjunto, resulta bastante entretenida. Como casi todas las series coreanas, dieciséis episodios de 70 minutos son excesivos para lo que ha de contar… pero se sostiene bastante bien. Y se nota el interés de tentar a otros mercados, planteando temas de mayor diversidad e integración, con un personaje transexual, interpretado por una mujer, eso sí, y un coreano de piel negra, que nadie reconoce como tal coreano. Sin provocar demasiado al conservador público de su país eso sí. Hay una tensión sexual no resuelta entre el personaje transexual y un compañero de trabajo masculino, no formalmente declarada, y que mantienen dentro de los límites de la amistad… sin atreverse a dar el paso siguiente. Nunca sabré si realmente estaba planteado que Kim Dami fuese la coprotagonista femenina de la serie, o que fuese Kwon Nara, como parecía al principio. Quizá fuese este segundo caso, pero los responsables de la serie, viendo como funcionaban, la adaptaron para dar el protagonismo a la primera. Esa es la sensación que me da en ocasiones. El caso es que funciona. Y la serie es perfectamente visible, sin necesidad de incluirla en el cajón de los placeres inconfesables.

Geu hae urineun 그 해 우리는 (Aquel año, nosotros…), titulada en inglés y castellano respectivamente Our beloved summer o Aquel verano inolvidable es una serie muy reciente también en Netflix. Comedia romántica en la que los protagonistas son dos personas de 28, 29 años, que fueron pareja durante cinco años, desde que terminaron el instituto y hasta que ella cortó cinco años antes de la época actual. Se conocieron en el instituto cuando protagonizaron un documental debido a sus caracteres opuestos, siempre discutiendo. Ambos arrastraban complejos desde la infancia, por pérdidas importantes en su vida. Él, poco ambicioso, tranquilón (Choi Woo-sik), mal estudiante, ha acabado por tener éxito y dinero como dibujante e ilustrador. Ella, muy ambiciosa, nerviosa (Kim Dami), con calificaciones altas, trabaja con intensidad por su salario en un empresa de relaciones públicas. Diez años más tarde, por el éxito del antiguo documental en las redes sociales, un amigo y compañero común, les propone rodar un nuevo documental.

De Kim Dami ya he hablado. Su coprotagonista fue conocido por ser uno de los personajes de la afamada película coreana que triunfó en los Oscar. Y ambos coincidieron en la película a la que me he referido al principio de esta entrada,… donde se hicieron novios. Son pareja en la vida real. Y eso se nota. La serie es una comedia romántica amable, sobre personas que arrastran sus lastres emocionales y tienen que encontrar su rumbo. Todos los personajes, principales o secundarios, arrastran consigo la tristeza de la pérdida o el abandono. Con dificultades. Pero también con buen rollo, en realidad. Son buena gente. Todo el reparto cumple muy bien con su tarea, aunque sea con personajes más o menos estereotipados. Pero que despiertan la empatía del espectador. La gran baza de la serie es la enorme química que hay entre los dos protagonistas. Supongo que el ser pareja en la vida real hace que se sientan cómodos interactuando, y eso se nota. Todavía faltan de emitir dos episodios, para el 14 de febrero, casualmente, pero yo he tenido la oportunidad de verlos ya. Tiene un final muy típico de las comedias románticas coreanas. Muchos piden una segunda temporada. Pero yo lo dejaría como está. Aunque la vería.

[Blog] 17º aniversario de este Cuaderno de ruta

Páginas personales

Ayer fue un día muy atareado. Salí por la mañana a las siete menos cuarto de la mañana y no llegué de nuevo hasta casi las siete y media de la tarde, siendo responsable de esto el trabajo. Como lo sabía de antemano, programé el día anterior la entrada cinematográfica de este Cuaderno de ruta. Por cierto, parece que a los responsables de los Oscar les gusta más la película que a mí. Sin acordarme de que ayer es el aniversario de este Cuaderno de ruta.

Lo comencé a redactar en 2005, un 8 de febrero, claro, en la plataforma Blogger, que hoy en día forma parte del entramado de servicios de la empresa de publicidad Google. En realidad, ya entonces pertenecía a Google, pero yo había abierto mi cuenta un tiempo antes, cuando no era así, en unos primeros escarceos fallidos. Porque no tenía claro de qué iba a ir la cosa. El 24 de enero de 2008 abrí cuenta en WordPress, y el 8 de febrero de ese año, coincidiendo con el tercer aniversario del Cuaderno de ruta, la convertí en la cuenta principal del mismo. Con el tiempo, importé todas las entradas de la plataforma Blogger a la de WordPress.

Una de las cuestiones que me propuse cuando comencé hace 17 años, una vez que me había ya adaptado a la fotografía digital, fácilmente explotable para su uso en redes sociales, fue que en todas las entradas habría al menos una fotografía realizada por mí. Y fue algo que vino bien para impulsar mi afición fotográfica. Me motivaba a hacer fotografías y a hacerlas bien, para presentarlas públicamente. Durante muchos años, alojé las fotos en Flickr, desde donde las insertaba en el Cuaderno de ruta. Hace tiempo que tengo desatendida esa cuenta de Flickr, servicio que fue empeorando o quedando anticuado con el tiempo, o hizo cambios contractuales que dejaron de hacerlo interesante. Y con el tiempo, muchas de las fotos que aparecen no están realizadas con aparatos digitales puesto que volví a la fotografía con película tradicional. Que me motiva y divierte más. Por cierto, como los temas más técnicos de fotografía no son interesantes con carácter general, salvo que seas aficionado, creé otro blog específico para ello en carloscarreter.es. Cuyo cumpleaños no celebro.

Como ya he comentado muchas veces, nunca he tenido interés en tener una gran audiencia, con muchas visitas y muchos «me gusta». Lo concebí como una forma de frenar todos los días durante media hora del estrés de actividad en el que estaba sumido en aquella época, al mismo tiempo que me comunicaba con gente amiga. En aquellos momentos los blogs estaban de moda. Ahora se visitan mucho menos. La inmediatez de otras redes sociales puede más. Aunque sus mensajes sean mucho más superficiales y banales como promedio. Ahora hay más comunicación,… pero es más pobre. Y sujeta a los intereses publicitarios y económicos de las plataformas. Pero esta mañana mismo, convirtiéndome en improvisado mirón y cotilla, contemplaba cómo un par de personas usaban sus teléfonos móviles para revisar contenidos en sus plataformas sociales… y estaban encantadas con esa banalidad y ese interesarse por contenidos similares a los de la telebasura. Las plataformas sociales son pobres en contenidos, son banales, porque muchos espectadores/consumidores están encantados en esa pobreza. Hace unos días, en un grupo en una de ellas, un usuario me reprochaba que un concepto lo había expresado yo con dos palabras y le resultaba «rebuscado». Para el mismo, el proponía una frase con siete palabras de gran simplicidad semántica… ¡¡¡??? Viva la pobreza del léxico cotidiano.

Desde 2011, los contenidos se limitan a mis actividades relacionadas con el tiempo libre. Durante un tiempo, todos los sábados hablaba de temas de la actualidad, a través de los cuales expresaba mi opinión sobre ellos. No tengo ni tenía intereses en ninguna formación política, incluso si sus posturas declaradas se acercan a mi visión de la sociedad, todas me resultan desagradables por igual por ser plataformas de acceso al poder más que de transformación positiva de la sociedad. El caso es que empecé a recibir mensajes muy desagradables y hostiles de todo el espectro político. Además, soy funcionario público. Y comprobé que algunos empleados públicos eran represaliados por sus opiniones que aparecía en internet. Tal cosa sucedió también con responsables públicos procedentes de todo el espectro político, de derecha a izquierda. No estoy aquí para sufrir, sino para relajarme y disfrutar. Así que oculté esas entradas. Si algún día mejora la educación democrática de nuestra sociedad ya volveré a expresarme… si no… eso es trabajo de otros. Creo. No me parece percibir en el periodismo mucha independencia y calidad en las informaciones y las opiniones.

Por lo tanto, en este Cuaderno de ruta hay un total de 6206 entradas, esta incluida, de las que son públicas un total de 5972. Están ocultas, salvo que conozcas el enlace a la misma, que remito a personas conocidas y concretas, un total de 232. Esto hace un promedio de casi casi casi una al día. También hay varias páginas, fuera de lo que es la sucesión cronológica, pero cuyos contenidos, salvo el que se refiere a cómo valoro las películas de cine que veo, está periclitado. Pongo el enlace al significado de la palabra para quienes me acusan de rebuscado por tener más léxico que el promedio de los hispanohablantes. Lo cual, si es homenaje a algo es… a la constancia. La calidad tiene altibajos, como mi estado de ánimo, el tiempo que dispongo para elaborar una entrada, mi inspiración a la hora de escribir, o si mi vida en esos momentos incluye actividades más o menos interesantes.

Espero seguir un tiempo más. La fotografías acompañantes, todas realizadas desde el 8 de febrero de 2021… pero con película tradicional… que como ya he dicho, me divierte más que lo digital.

[Cine] Nightmare Alley (2021)

Cine

Nightmare Alley (2021; 08/20220103)

A priori… ver una nueva versión de una película de 1947 protagonizada por Tyrone Power… no es algo que necesariamente me haga ir al cine. No es mi actor preferido precisamente, incluso si aparece en alguna película que me gusta mucho. Y además me cansé mucho en su momento de un casposo chascarrillo frecuente en cierto individuo, cuando en la televisión única en blanco y negro programaban alguna película de aventuras del galán, sobre si murió de «una angina de pecho» o por «un pecho de la Gina (Lollobrigida)» durante el rodaje de un peplum en España. «Humor» del franquismo, con artículo determinado delante de nombre propio incluido. Pero cuando la empezamos a considerar como una nueva adaptación de una novela de William Lindsay Gresham dirigida por Guillermo del Toro, y que en el reparto aparecen nombres como Bradley Cooper (divertidísimo en su papel en la película de la semana pasada), Cate Blanchett y Rooney Mara (reunidas de nuevo después de aquella maravilla injustamente tratada en la temporada de premios), Toni Collette, Willem Dafoe… entre otros nombres prestigiosos… pues empezamos a pensar que esta película, después de todo había que verla.

No sabía muy bien cómo ilustrar esta entrada. Ni tenía mucho tiempo para explorar mi fototeca. Así que he optado por algunas escenas neoyorquinas, ciudad que ha sido escenario de obras del género negro diversas,… aunque no en esta ocasión. Pero bueno, la acción transcurre en Buffalo, que está en el mismo estado.

Nos habla de la historia de un hombre que huye de lo que parece la escena de un homicidio, y se reúne con una troupe de feriantes ambulantes, donde se lía de con la «clarividente» (Collette), se enamora de «la mujer eléctrica» (Mara), aprende los trucos del «mentalismo» de un viejo «mentalista» (estupendo David Strathairn, como de costumbre), se horroriza del destino del geek de la feria a manos de un desalmado (Dafoe), y acaba huyendo con su enamorada para triunfar como artista del mentalismo. Hasta que conoce a una arrebatadora psiquiatra (Blanchett), prototipo de femme fatale, que descubrirá sus secretos y explotará su ambición para llevar a término sus propios planes de venganza.

Un fatalismo propio de la novela y el cine negros clásicos impregna el largometraje, dirigido en sus aspectos más técnicos y visuales con maestría por del Toro. Poco hay que objetar a este punto. Sin embargo, aunque la película empieza con interés, preguntándonos qué es lo que hay detrás de ese individuo callado, introvertido y curioso que se refugia en el particular universo de los feriantes, pronto evoluciona a una serie de situaciones que van por otros derroteros, y lo hace de una forma un tanto morosa y un tanto estereotipada. En algún momento, tras el primer tercio de la película empecé a perder interés, para seguir rutinariamente un argumento y llegar a un desenlace que encontré, ambos, muy predecibles. Más propio de un cine negro de serie B, que de un cineasta como Guillermo del Toro al que se le suponen mayores ambiciones.

El reparto cumple sobradamente con sus obligaciones, porque hay oficio interpretativo para dar y vender en esta película. Pero hay mucho nombre ilustre en papeles que tienen poco lustre, que son meramente instrumentales en el devenir del protagonista. La misma Rooney Mara tiene un papel con poco desarrollo, bastante plano, que le impide lucirse, siendo Blanchett la reina de la fiesta en un papel que le viene como anillo al dedo, pero que tampoco tiene todo el desarrollo y profundidad que podría haber tenido. Son intérpretes buenos, pero no levantan en esta ocasión el nivel del largometraje.

Entendámonos, no es una película mala, y se puede ver, e incluso disfrutar, sin problema. Siempre que ajustes tus expectativas. Que en nuestro caso eran demasiado elevadas, dados los mimbres con los que se tejió esta cesta. Una pena que el resultado final no tuviera la brillantez y profundidad que esperábamos.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Formato medio digital contemporáneo con ópticas de hace 30, 40 o 50 años

Fotografía

Voy disfrutando, con tranquilidad, con parsimonia, de mi nueva cámara de formato medio digital. No la compré para un uso de todos los días . Para llevar en la mochila, prefiero su prima chiquitita y compacta. Que además tiene una buena calidad de imagen. Si ya os comenté que la disfruté en nuestra escapada en el día a Olite (y aquí), también la he estado utilizando con ópticas pensadas para formato medio con película tradicional, que tienen ya unas décadas de existencia.

Como de costumbre, los detalles técnicos, que pueden ser largos y tediosos para quién no esté interesado en esos aspectos de la fotografía, los podéis leer en Adaptadores de objetivos para la Fujifilm GFX 50R – Hartblei HV [Hasselblad V]. Pero aquí os dejaré las fotos de un par de amplios paseos ciudadanos. Con algunas fotos que, a falta de una nitidez cuasiperfecta, como con las ópticas contemporáneas, son muy agradables y estéticamente conseguidas, creo, gracias a la calidez de la luz y al suave contraste que proporcionan estas lentes de antaño.