[Libros, arte y fotografía] De los ciervos shika de Hokkaidō a la historia del arte en podcast, pasando por los grabados ukiyo-e

Arte, Fotografía

Recientemente fue mi cumpleaños, y eso siempre tiene su repercusión en mi biblioteca de libros diversos. Y ha habido otras cosas que también, en el ámbito del arte y la cultura, han llegado a mis tiempos de ocio en estas últimas semanas. Voy a comentar algunas de ellas. Por orden cronológico de llegada.

Nachikatsuura [Kii Katsuura], octubre de 2019.

Os hablaba hace unos días del taller de fotografía de autor que hice con ASAFONA Asociación aragonesa de fotógrafos de naturaleza. En él, la fotógrafa Isabel Díez, que comenzó su viaje por la creación artística como pintora, aparte de ejercer su profesión de bióloga marina, nos habló y recomendó del podcast Historia del arte con Kenza (instagram), que empecé a seguir en la mañana del día siguiente cuando me dirigía a la última sesión del taller. Estoy suscrito al podcast a través de la aplicación de podcasts de Apple. He escuchado cuatro de los programas, que duran entre 12 y 15 minutos; los dedicados al arte japonés en el período Edo con un biombo de Ōgata Kōrin (ver), a la pintura ukiyo-e propia de este periodo con una bijin-ga de Kitagawa Utamaro (ver), a La bañista de Valpinçon o La Gran bañista de Ingres, al surrealismo a través de Le fils de l’homme de Magritte (ver) y a una Surasundarī de la India que se conserva en el Met (ver). Si queréis desasnaros en temas relacionados con historia del arte, me parece un recurso altamente recomendable.

Recibí recientemente un libro de fotografía de una fotógrafa japonesa, que llevo siguiendo en instagram desde hace bastante tiempo, Shiraishi Chieko. El libro se titula Shikawatari 鹿渡り, que significa la migración de los ciervos. La fotógrafa siguió a una manada de ciervos por las regiones orientales, Dōtō 道東 (literalmente ruta del este), de la isla de Hokkaidō. A cierta distancia para no espantarlos, aunque en ocasiones consiguió acercarse, y fue fotografiándolos mientras se desplazaba junto a ellos. Lo hizo entre 2014 y 2020. El libro lo podéis hojear aquí.

Shiraishi fotografía con película tradicional en blanco y negro de 35 mm, Kodak Tri-X 400, una clásica entre los reporteros y documentalistas que en estos momentos tiene un precio imposible, lo que hace que la mayor parte de los aficionados opten por opciones más económicas y también de buena calidad. En mi caso, la Kodak T-Max 400 o la Ilford HP5 Plus 400. Pero frente al estilo contrastado que suelen mostrar los fotógrafos que usan esta película, Shiraishi dota a sus imágenes de un ambiente etéreo, con contrastes suaves, negros poco profundos. Usa una técnica propia de la primera mitad del siglo XX en Japón para tratar la copia fortográfica, el zōkin-gakke 雑巾がけ, un paño con el que se aplican aceites u otras sustancias para modificar el aspecto y el contraste de la copia. Independientemente de que se trate una fotografía en clave alta, en los paisajes diurnos nevados, o en clave baja, en las horas crepusculares. No sólo fotografía los ciervos. También el paisaje en general y otros animales que surgen por el camino. El resultado es una obra con grandes dosis de poesía que me gusta mucho, muy enraizada en la estética del arte y la fotografía japoneses… que es toma formas muy muy diversas. Pero esta es una de ellas. Me gusta mucho.

Como decía al principio, algunas de estás recomendaciones de hoy tienen que ver con mi cumpleaños, en el que recibí como regalo un libro… que ya tenía. No en la misma edición, no en el mismo idioma… pero que resultaba redundante. Si no lo hubiera tenido, me hubiera parecido un regalo estupendo, porque mi versión la disfrute mucho cuando la leí. Que conste. El caso es que me dirigí al comercio para cambiarlo y encontré en la sección de libros ilustrados uno que me llamó la atención. Creo que está mal clasificado en esa sección. Obviamente contiene ilustraciones… muchas. Pero en realidad es un libro de arte y estética. En la sección de arte hubiera estado mejor acomodado… pero de vez en cuando me sorprenden los criterios de muchas librerías a la hora de situar los volúmenes en sus estanterías. ¿Soy yo el raro? ¿O el personal de las librerías de hoy en día andan un poco justitos de entendederas o cultura?

Japón, un viaje silencioso de Sandrine Bailly, una profesora de literatura y cultura oriental, que parte del concepto de que, si abandonas las bulliciosas ciudades, el País del Sol Naciente es fundamentalmente un país callado, silencioso, donde no hay gritos ni bullicio. De sonidos delicados. Y esa sensación se traslada a las artes visuales, sea dibujo, pintura, grabados ukyo-e que he mencionado antes, o fotografías. Con una variedad de estilos, y con obras que vienen desde el periodo Edo hasta la época contemporánea, Bailly hace un repaso a la estética del país oriental. En cinco capítulos. Contemplar, huidiza y frágil, la belleza; errar, el mundo en sandalias de paja; trazar, al principio, el gesto; aparecer, la impronta de la sombra; y vagar, el canto de las voces del pasado. Algunos de los artistas representados ya los conocía… Hiroshige, Utamayo, que he mencionado antes, Rinko Kawauchi, Masao Yamamoto,… Otros me resultan nuevos. Pero ciertamente, puede ser una obra interesarte para iniciarte y abrirte el apetito por el arte y la estética japoneses.

[Cine] Licorice Pizza (2021)

Cine

Licorice Pizza (2021; 07/20220127)

Siempre he tenido unas sensaciones ambivalentes con el cine de Paul Thomas Anderson. Considero que es un excelente director de cine, con una visión muy personal, muy expresiva… pero las cosas que cuenta, la mayor parte de las veces… no me interesan. Y mira que no ha hecho muchas cosas. En el ámbito del largometraje, digo. Y creo que las he visto, de una forma u otra, todas. Pero en alguna de sus películas, tan alabadas por la crítica y por el público más cinéfilo… pues me he aburrido. Así que cuando empecé a oír hablar de esta película me quedé frío. A la expectativa. Cierto es que pronto empezaron a lloverle las alabanzas. Y premios. Pero claro, ya he dicho que sus anteriores películas… No obstante parece que era «obligatorio» ir a verla.

Si no hubiese llegado la pandemia, es probable que a estas alturas ya tuviese fotos de California para ilustrar esta entrada. Pero no ha podido ser. Así que como Nueva York también está en la película, Central Park de la Gran Manzana tendrá que valer.

La ocasión surgió un par de semanas antes de su estreno, cuando anunciaron una sesión especial, con proyección de la película sobre película de 70 mm, a lo grande. En una de las pantallas de proyección más grandes de Zaragoza; la sala 4 de los Palafox. O sea, el Palafox de toda la vida, de cuando era niño, cuando no había multicines, y el paseo de la Independencia estaba salpicado de salas de cines o teatros que sólo hacían teatro en contadas ocasiones, la mayor parte de las ocasiones proyectaban películas de cine. Por supuesto, está rodada sobre película tradicional, no sobre digital… pero no está rodada sobre película de 65 mm, sino sobre películas Kodak Vision3, de distintas sensibilidades a la luz y al color, de 35 mm. Supongo que el copiar el fotograma de 35 mm sobre el de 70 mm para la proyección, sirve para aumentar también el tamaño del grano, que hace que la película tenga el aspecto de una película de principios de los años 70, época en la que se localiza la acción. Dentro de unas semanas volvemos a otro evento similar, con una película de la que temo me arrepentiré, que sí que está rodada con 65 mm (Sí, el formato «medio» del cine es película de 65 mm para rodar, y 70 mm para proyectar. El formato «pequeño» es de 35 mm para ambas acciones. Uso nomenclatura propia de la fotografía para denominar los formatos. Habría también formatos «subminiatura» de 16 mm, como en esta excelente película, o de 8 mm, de uso por aficionados, estudiantes y principiantes).

Transcurre en la película en los años 70, a principios, en torno a 1973, la crisis del petróleo de ese año que influye en el argumento de la película nos sitúa, en uno de los valles que conforman el área metropolitana de Los Ángeles, donde el día de la foto escolar un alumno de instituto de 15 años, Gary (Alana Haim), se enamora a primera vista y empieza a tirarle los tejos a Alana(Cooper Hoffman), una de las asistentes del fotógrafo, de 23 años. Y ahí empieza una peculiar historia de amor, improbable e incluso imposible si tenemos en cuenta las edades de los protagonistas. Él es además actor infantil, y los reencuentros frecuentes comienza cuando Alana es contratada como carabina para cuidar de los actores y actrices infantiles que van a participar en un programa de televisión en Nueva York. Y así, en una serie de episodios encadenados, más que en una historia única y lineal, van produciéndose los reencuentros de los protagonistas, con altibajos en la naturaleza de su relación.

La película, como decía, está rodada para que mantenga un aspecto en la luz y la estructura de la imagen similar a las películas de aquella época. Anderson es codirector de fotografía junto con Michael Bauman, en una trabajo realmente meritorio, muy notable. Es el primer trabajo en un largometraje como director de fotografía de Bauman, aunque ha trabajado en numerosas producciones dentro del equipo de iluminación como jefe de iluminación o electricistas. El tono es luminoso, muy angelino, muy californiano, y acompaña perfectamente una historia formada por una serie de historias pequeñas que mantienen un tono de comedia, realmente muy divertido. Yo me reí varias veces. El conjunto está perfectamente enlazado y se siente como una unidad a pesar de la naturaleza episódica del argumento. Hay una progresión en la relación.

Pero es que además la película está salpicada con la presencia de conocidos actores y actrices, mucho más famosos que los protagonistas, que interpretan a personajes reales, aunque con los nombres algo cambiados, pero muy reconocibles. Así Christine Ebersole es Lucy Doolittle, alter ego de Lucille Ball; Sean Penn interpreta a Jack Holden, protagonista de «Los puentes de Toko-san», alter ego de William Holden que protagonizó Los puentes de Toko-ri (The bridges at Toko-ri); Tom Waits, interpreta a Rex Blau, un director de cine basado en Mark Robson… que rodó entre muchos títulos conocidos lo mencionados «puentes»; Bradley Cooper es Jon Peters, sin el nombre cambiado, peluquero, o estilista capilar si lo preferís, y productor que mantuvo una cierta relación con Barbra Streissand. Por poner unos ejemplos. El reparto es muy coral, aunque dominado por los dos personajes protagonistas, y podemos decir que el trabajo del conjunto está a un alto nivel. De los dos protagonistas, me quedo con el trabajo de Alana Haim, que también se lo curra en el mundo de la música. Toda su familia sale en mayor o medida en la película. Anderson ha dirigido vídeos musicales para el grupo que forma con sus hermanas mayores. Su trabajo es más consistente… pero también es más madura en edad que su compañero de reparto, que también lo hace muy bien. Pero si se confirma que es una contendiente para los Oscars, lo tendrá merecido.

Resumiendo, estamos ante una película con la que lo pasamos muy bien. Una comedia romántica que rompe con todos los esquemas habituales del género, que da un repaso a una época ya en la historia y a su cultura popular, y que escondidos entre lo cómico y lo romántico, no deja de hablarnos de otros valores importantes, relacionados con la tolerancia, la amistad o la familia. Por poco convencionales que puedan ser en un momento dado. Muy recomendable. De lo mejor del último año.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Fotos] paseando con una cámara sencilla y película muy nítida pero muy poco sensible a la luz

Fotografía

El «dogma» de la fotografía callejera es usar películas de sensibilidades relativamente alta, para poder seguir fotografiando en cualquier circunstancia de luz que nos encontremos. Pero si privilegias el paisaje urbano, y conseguir un buen detalle de edificios y otros elementos de este paisaje, consigues más nitidez con películas de baja sensibilidad.

Si usas una cámara de sistema, con amplias prestaciones, de objetivos intercambiables, con elección de focales y aperturas, el problema es menor. Pero si usas una cámara sencilla, ligera, que no pese al caminar durante más de 10 kilómetros por la ciudad… más limitada en sus prestaciones, la cosa empieza a ser más delicada para conseguir ese objetivo de obtener paisajes urbanos detallados y nítidos.

Pero no necesariamente es imposible. Y hace unas semanas lo comprobé con una cámara de prestaciones muy sencillas, pero con una óptica bastante nítida, dentro de su sencillez. Los datos y argumentos técnicos los podéis encontrar en Olympus Trip 35, Rollei Ortho 25 Plus, SPUR Acurol N y la regla «sol f16». Pero como de costumbre, para quienes no estéis interesados en las cuestiones técnicas, aquí os dejo las fotos.

[TV] Cosas de series; de doctores alienígenas y otros psicópatas sangrientos

Televisión

Durante el mes de enero he acumulado muchos finales de temporada y de serie. Es lo que pasa cuando hay series que se emiten semana a semana en lugar de colgarse en una plataforma todos los capítulos a la vez. Y como todas las cadenas tienen ritmos estacionales similares, se acumulan finales. Entonces, con las que tengo acumuladas para comentar, tengo conflictos entre las que llevan más tiempo a la espera de este comentario frente a las de que realmente me apetece hablar. De momento seguiré con un criterio más o menos cronológico, las que terminé de ver hace ya unas semanas.

Ya que tenemos un producto tan británico como «Doctor Who», nos daremos una vuelta por Regent’s Canal en Camden, Londres. Aunque en esta ocasión se centran más en Liverpool…

Doctor Who es una serie muy entretenida. Un personaje de ciencia ficción/fantasía/terror británico que, con algunas interrupciones, desde 1963. Es tan «veterana» como yo. Para quienes no estén al tanto, la serie tiene un truco para renovarse. Cuando al Doctor, el personaje protagonista, se le para una de sus dos corazones… en lugar de morir de una vez para todas, se transforma físicamente. Así que… renovación asegurada de forma más o menos periódica. En la actualidad está encarnado por una mujer, interpretada por la actriz Jodie Whittaker, lo cual fue una novedad en la serie, donde el Doctor había sido siempre hombre. Como en inglés Doctor es invariable, el nombre de la serie o el apelativo del personaje no varía sea hombre o mujer. Y desde que Whittaker llegó, es una buena actriz, y creo que lo hace razonablemente bien, la serie se ha enfocado mucho en lo políticamente correcto; diversidad sexual, diversidad racial o étnica, diversidad en edades… Frente al modelo tradicional de protagonista masculino y más o menos maduro con acompañante femenina, frecuentemente joven, ahora se ha ido a una mayor diversidad. Lo cual me parece muy bien. Aunue para mí no condiciona en absoluto el resultado final, que depende mucho más de las historias que se cuentan y los guiones.

Entonces… creo que en esta última etapa de Doctor femenino (léase en inglés para mantener el invariable en género) femenino, la serie ha decaído un tanto. Si mezclas el conservadurismo de la audiencia, que no acaba de aceptar a los protagonistas femeninos en esta y en otras franquicias, es así de triste, y unos guiones más preocupados por las formas que por contar buenas historias, la valoración de la serie se ha resentido. Por lo que podríamos asegurar que la serie ha tenido mejores tiempos. Sin embargo, esta última temporada de seis episodios ligados argumentalmente, más un especial de Año Nuevo con una línea argumental separada, ha mejoradbastante en mi opinión. Y en líneas generales, la amenaza del fin del universo causado por el flux (el macguffin de turno) ha estado bastante bien, aunque algún episodio ha sido un tanto lioso y complejo de seguir. Y a pesar de que entre los villanos de la serie, los daleks son los que menos me gustan, el bucle temporal del especial de Año Nuevo estuvo también muy bien. Los tiempos de Whittaker como Doctor están contados. Parece que vienen dos o tres episodios especiales aislados para despedirla antes de su nueva reencarnación. Es una pena que no haya dejado más impacto en la serie; aunque materia para ello había.

Y de repente nos reencontramos con Dexter Morgan en una nueva miniserie, Dexter: New Blood, que rescata el personaje del psicópata y asesino en serie favorito de muchos de nosotros, después de que se despidiera de nosotros en 2013, tras ocho entretenidas temporadas acompañando sus aventuras y desventuras como especialista de laboratorio forense para la policía metropolitana de Miami. Sinceramente, para mí el personaje estaba cerrado. Había dado de sí lo que había de ser y ya está. Así que afronté con cierta desconfianza el regreso del personaje, que sonaba más a oportunismo para hacer ingresos que a una necesidad creativa real.

Encontramos a Dexter (Michael C. Hall) viviendo con el nombre de Jim Lindsay en una comunidad rural en el norte del estado de Nueva York, en la que hay también una reserva de nativos americanos de la tribu séneca, a la que pertenece la jefa de policía del lugar (Julia Jones), que es la novia de Jim/Dexter. Por supuesto, sin conocer la auténtica identidad del protagonista. Pero la pacífica vida de Dexter se trastoca cuando en un altercado con el malcriado hijo de un ricachón local tiene un encontronazo con el antiguo técnico de laboratorio y acaba… muerto, claro. Y al mismo tiempo, se presenta en casa de Dexter su hijo (Jack Alcott), que dejó al cuidado de una vieja amiga, que ha fallecido. El adolescente y su padre tendrán un difícil reencuentro. Y el padre del malcriado fallecido tampoco es ningún santito. Y hay una serie de misteriosas desapariciones de mujeres jóvenes… Mmmm… mézclese en una coctelera, agítese y adivinad qué sale. Relativamente previsible si conoces los antecedentes. Una serie probablemente innecesaria, porque no aporta gran cosa al personaje. Pero por lo menos está bien hecha, bien interpretada y la trama tiene un razonable interés, por lo que se puede ver sin problemas.

[Viajes] escapada en el día a Madrid

Viajes

Ayer martes me cogí un día de fiesta. En Zaragoza tuvimos festivo oficial el lunes, y como vengo haciendo en estas fechas en los últimos años, me cogí un día extra. Cuatro días seguidos de descanso, que no es lo mismo que de no hacer nada. Si el domingo pasamos la tarde en Olite, como ya os conté el lunes, ayer nos fuimos a pasar el día en Madrid.

Tradicionalmente, todos los años voy a pasar un día o dos en la capital. Tengo allí algunas amistades que se remontan al invierno de 2000, a quienes me gusta ver de vez en cuando. También se acercan cuando pueden por Zaragoza. Pero desde que comenzó la pandemia de covid-19 sólo he ido a Madrid de paso para coger algún avión con otro destino. Ya tocaba una escapada, que hice con otra amiga, que luego ya salió hacia su casa en Sevilla en un AVE a las siete de la tarde, a la misma hora en que yo volvía a Zaragoza.

Por la mañana nos dimos un paseo por el parque del Retiro, donde había un par de exposiciones, una de ellas de arte contemporáneo, en el palacio de Velázquez, que interesaba a mi amiga. Cosas de ser historiadora del arte, pero que no me viene mal. Lo curioso es que aunque visito Madrid, como he dicho, prácticamente todos los años, no visitaba el Retiro desde que pasé un año estudiando en la capital en 1990. Es que nunca ha sido un parque que me llamara en exceso la atención.

Tras hacer un par de compras que nos venían bien ya que estábamos en la capital, fuimos al restaurante en el que habíamos quedado para comer con nuestras amistades madrileñas. Y tras los correspondientes cafés, nos dimos un amplio paseo por el centro de la ciudad, sin un destino concreto, simplemente conversando de nuestras cosas.

Nos despedimos con las vistas del parque de la Montaña, donde se encuentra el templo de Debod, una de esas rapiñas de los países occidentales. Aunque según creo en esta ocasión fue una donación voluntaria de Egipto, por ser uno de los monumentos condenados a ser sepultados por obras hidráulicas «faraónicas». Así que borro lo de rapiña.

No tuvimos tiempo de ver la puesta de sol. Tuvimos que escaparnos antes a la estación de Puerta de Atocha, para no hacer tarde al tren. Si hubiéramos estado en Zaragoza, a lo mejor hubiéramos podido aguantar, porque el sol se pone quince minutos antes que en Madrid… pero… es lo que hay. Hasta la próxima.

[Fotos – viajes] Evaluando la cámara de la excursión a Olite

Viajes

Ayer ya comenté el viaje en el día que hicimos el domingo a Olite y su bonito palacio castillo real (del reino de Navarra). Aquí vuelvo a poner, mientras hago una escapada de un día a Madrid, he programado esta entrada con antelación, unas cuantas fotos de la excursión.

Las he utilizado en mi evaluación como cámara viajera de mi reciente adquisición de formato medio digital. Quien esté interesado en los detalles, puede visitar Viajando con formato medio digital – Fujifilm GFX 50R en Olite. Para los demás, os dejo las fotos.

[Viajes] Escapada a Olite y su palacio real (de Navarra)

Viajes

Desde hace unos años, en torno a estos fechas tenemos la costumbre, un pequeño grupo de amigos, de realizar una pequeña excursión en el día. Para celebrar… cosas. Tradicionalmente nos dirigíamos al norte, al Pirineo, hasta que llegábamos a la frontera francesa, y pisábamos algo de nieve. Pero también hicimos algunas excursiones a la provincia de Teruel. Según venía el tiempo.

El año pasado no se pudo. No se podía salir de Zaragoza. Por la pandemia. Medidas, que vista la laxitud de estas últimas semanas, parecen exageradas. Se podrá decir que las variantes dominantes en la actualidad son menos virulentas, especialmente dada la alta cobertura vacúnale. Pero si hacemos casos a las últimas estadísticas publicadas, y a falta de confirmación, parece que el número de casos recientes ha sido de tal magnitud que en esta ola ha habido tantos fallecidos por la enfermedad como en la onda epidémica de hace un año. Las estadísticas de mortalidad tienen que madurar un tiempo antes de valorarlas. Pero algo de eso parece que hay.

El caso es que ayer sí que hicimos nuestra pequeña excursión. Eso sí… ni nos apetecía madrugar, ni nos apetecía conducir. Cada vez me apetece menos el coche. Así que revisando horarios de trenes y comparándolos con posibles destinos, vimos que pasar la tarde en Olite, visitando el Palacio Real de Navarra, un edificio palaciego tipo Exín-Castillos, que está muy bien.

Yo ya conocía el lugar. Pero hace 30 años que lo visité. Visita que, según recuerdo, fue muy agradable. En la Semana Santa de 1992. Esta ha sido muy distinta, pero también muy agradable. En aquellos momentos llevaba mi primera réflex, Pentax P30N con un par de objetivos zoom, 28-70 y 70-200 de Sigma, bastante malos, con película diapositiva barata con revelado incluido. Ayer llevé mi nueva cámara digital de formato medio, Fujifilm GFX 50R con una focal sencilla de 50 mm. Muchas cosas han cambiado en este ámbito. Para bien. Pero no he olvidado la fotografía con película tradicional. Me llevé también la Olympus mju-II con un par de rollos de película en blanco y negro.

Las fotografías que os presento ahora son de la cámara digital… Ah… se me olvidaba, llevaba también la compacta digital Fujifilm Finepix XF10. También hay alguna foto hecha con ella. Las fotos de los rollos en blanco y negro tardarán todavía unos días en verse. Ah… y es muy posible que este año hagamos una segunda excursión. Mañana mismo. Me he cogido un día extra de fiesta. Porque hoy… es fiesta local en Zaragoza, y aquí ando, relajado, antes de salir a comer en familia. Tranquilamente. Fotos, viajes y buena compañía. ¿Quién necesita más?

[Cine] Drive my car ドライブ・マイ・カー (2021)

Cine

Drive my car ドライブ・マイ・カー (2021; 06/20220125)

El comentario de esta película dirigida por Ryūsuke Hamaguchi estaba previsto para ayer sábado. De forma tranquila, reposada. Pero estuve tan atareado, que no encontré el momento. Así que en esta mañana de domingo en la que no tengo previsto salir de casa hasta pasado el mediodía, será más propicia. La película la vimos en un sesión especial de preestreno, hasta el 4 de febrero no entrará en la cartelera normal, en versión original, por supuesto, y en una buena sala, con pantalla grande y buena imagen y sonido. Y diré una cosa para orientar mis impresiones finales. No sabíamos cuanto duraba cuando empezó a las siete y media de la tarde. Salimos con la idea de que serían las nueve y cuarto o nueve y media… cuando en realidad eran ya las diez y media. Tres horas de película que se nos pasaron en un vuelo. Y eso que estoy seguro que los aficionados al cine palomitero opinarán que es una «película lenta». Qué sabrán ellos.

La mayor parte de la película transcurre en Hiroshima. Y allí nos desplazaremos fotográficamente para ilustrar esta entrada.

La película comparte título con una canción de los Beatles de su álbum Rubber Soul. Y no es casualidad, porque está basada en un relato corto de Haruki Murakami, de su colección Hombres sin mujeres, que leí ahora hace cuatro años. Me parecía más reciente… cómo se pasa el tiempo. Y los títulos de las novelas y cuentos del autor japonés hacen alusión con frecuencia a títulos de canciones. Véase el título original de una de sus más celebradas novelas, y algunos otros relatos de la misma colección. La película toma elementos de otros relatos de la misma colección, especialmente Sherezade, esto está claro… la historia de la lamprea, y dicen también que Kino… aunque yo he sabido decir cuáles en este caso.

Kafuku (Hidetoshi Nishijima) es un actor y director teatral de éxito en Tokio, casado con Oto (Reika Kirishima), una madura pero guapa guionista de televisión, con quien tiene una buena vida marital a pesar de dos cuestiones; viven con el duelo de su niña pequeña muerta tiempo atrás, y su mujer le es infiel con otros hombres de vez en cuando. Un día encuentra a su mujer desvanecida en el suelo de su casa… y esta muere. Dos años más tarde, invitado a una residencia en un festival de teatro en Hiroshima, donde pondrá en escena una versión multinacional y multilingüe de Tío Vania de Chejov, deberá convivir en los trayectos en coche con una conductora muy joven y reservada (Tōko Miura), y se encontrará con uno de los antiguos amantes de su mujer (Masaki Okada). Y los fantasmas de un pasado con cuestiones sin resolver volverán a acecharlo.

Mi más valorada película del año pasado, como os contaba el segundo día de este año, fue otra película reciente de Hamaguchi. Me encantó. Me pareció que, independientemente de la cultura, la lengua, las formas y el entorno que envolvía la película me hablaba de cosas con las que todos podemos identificarnos de una forma u otra, sean o no nuestras vivencias personales similares a las de los personajes de la película. Pero la cuestión es que una de mis películas más valoradas de 2020 fue un estreno directo en plataforma en línea del mismo director, que vi en Filmin en medio del desastre que supuso para la exhibición cinematográfica la pandemia de covid-19. Por aquel entonces vi también en la misma plataforma Happy Hour, una impresionante película de más de cinco horas de duración, del mismo director, que también me pareció bastante notable; sobresaliente diría. Y todas estas películas tienen elementos temáticos comunes. Y en todas ellas el director muestra una maestría notable en la narración pausada, pero sin distracciones ni elementos superfluos, a pesar de la duración de los largometrajes, y con una visión cinematográfica, alejada por completo de los efectismos contemporáneos, pero muy solvente, muy eficaz, y que permite que las imágenes cuenten tanto o más que las palabras.

Un elemento importante de las películas de Hamaguchi es el buen trabajo de sus intérpretes. Sean profesionales o aficionados (Happy hour). Sean veteranos o jóvenes. Creo que es un excelente director de actores, extrayendo emociones profundas de sus rostros, de sus miradas, de sus expresiones. Además de los protagonistas de la película, que están fenomenales. Hay personajes secundarios que tienen un importancia determinante en la película, entre quienes destacaría a la coreana Park Yoo-rim, en su papel de actriz muda, que se expresa en el lenguaje de signos de su país, y que nos ofrece algunas de las escenas más emotivas y magníficas de la película. Especialmente, aunque no únicamente, ese escena final del Tío Vania, que ilumina no sólo a los protagonistas de la película, especialmente a lo joven conductora a la que conducirá a un peculiar y esperanzador happy end, sino también a los espectadores, si a estas alturas de la película no se habían coscado todavía de los paralelismos.

Y es que el diálogo entre la película de Hamaguchi y el Tío Vania de Chejov es fundamental. Lo que en el relato de Murakami es una mención de pasada, aquí establece unos paralelismos y unas capas de comprensión y desarrollo de los conflictos y emociones que enriquecen mucho la película. El arte es un diálogo constante entre las obras del pasado y las del presente; una conversación permanente en la que nadie está aislado, sino que está subido a los hombros de quienes lo precedieron. Y Hamaguchi cabalga aquí sobre los hombros de dos literatos, Murakami que le ofrecen la historia base y un conflicto, y Chejov que le ofrece una profundización que va mucho más allá de lo que un relato corto, que releí hace un par de días en un rato, puede permitir. Y además, no hace falta conocer la obra de Chejov. Hamaguchi ofrece más que suficientes claves durante los ensayos de la obra para que comprendamos este diálogo.

Esta película la veremos cuatro gatos. La entenderán/entenderemos tres. Se alejan muchísimo de los gustos de la masa. Y sin embargo está muy próxima a ser una obra maestra. Te deja una sensación de plenitud. De reconciliación total con lo que es o puede llegar a ser el séptimo arte. La cinematografía considerada como una de las bellas artes. Ética y estética. Personas y emociones. Imagen, sonido,… y cuando es pertinente, diálogos. No palabrería vacía como se estila en muchos blockbusters actuales. Monólogos en los que todas y cada una de las palabras que se dicen tienen sentido y son imprescindibles. No lo duden, si realmente les gusta el cine, vean esta película. Y lean el relato de Murakami. En este caso, la película es superior al relato original, pero también está a buen nivel… especialmente si se lee la colección completa de relatos dedicados a esos hombres que sufren la pérdida de las mujeres. O mejor dicho, dedicada a las mujeres que nos dejan profundos vacíos en nuestros corazones o almas. Kokoro 心 llaman en japonés a ese lugar ficticio donde reside lo más íntimo de la persona.

Curiosidades: 1) A la joven Tōko Miura la había visto ya en alguna cosa en televisión, pero no la recordaba. Pero sí recordaba que es la voz femenina que acompaña a RADWIMPS en las canciones de la banda sonora de la última película estrenada de Makoto Shinkai. RADWIMPS fueron los autores de la banda sonora de la película más conocida de Shinkai. 2) La atractiva Reika Kirishima, cuya presencia en la película nos sabe a muy poco… necesidades del guion, ya estuvo en el reparto de otra película que adaptaba a Murakami. 3) Con cierta frecuencia, en las novelas y relatos de Murakami el protagonista acaba dando unas vueltas por la isla de Hokkaidō, la más norteña de las grandes islas del archipiélago nipón. En el relato de Murakami en el que se basa la película sólo se menciona que la conductora es una joven de Hokkaidō. Pero Hamaguchi sí que traslada a los dos protagonistas a esta fría, en invierno, isla.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: *****

[Fotos] Mirando largo y de lejos… paisaje urbano con tele corto

Fotografía

Si bien es cierto que las cámaras telemétricas de enfoque manual se prestan más y mejor a trabajar con focales cortas en modo reportaje, nada impide usar un teleobjetivo corto o medio para retratos, paisajes selectivos o aislamiento de escenas u objetos. 

Para paisajes urbanos, un teleobjetivo corto va bien para captar detalles, seleccionar motivos despejando elementos que no aportan nada, y evitar el exceso de líneas convergentes en edificios tomando una cierta distancia, si es posible. Va muy bien. 

Los detalles técnicos de las fotografías los podéis encontrar en Con las telemétricas también funcionan bien los teleobjetivos – Leica M6 con Kodak Ultra Max 400. Aquí os dejo las fotos. No todas están hechas con un teleobjetivo corto. Hay algunas realizadas con una óptica estándar o un angular moderado. A ver si sois capaces de distinguirlas.

[Cine] Munich: The edge of war (2021)

Cine

Munich: The edge of war (2021; 05/20220121)

Película de transición en mi serie de estrenos de este 2022, vista en vísperas de una semana en la que acudiremos al estreno de dos películas muy esperadas, con muchas expectativas. De hecho, cuando me pongo a redactar este comentario, ya he visto la primera de ellas… Que solo diré que su proyección eran las 19:30 y cuando salimos creía que serían las 21:15 o las 21:30… cuando en realidad habían pasado tres horas de proyección… y ni nos revolvimos en el asiento. Ya contaré. Pero centrémonos en este drama basado en hechos históricos dirigido por el alemán Christian Schwochow, y cuyo final sabíamos antes de empezar la película.

Dejando de lado el triste papel que tuvo la capital bávara en el auge del nazismo, hoy en día un enclave progresista en una región católica y conservadora, y en los hechos históricos narrados, me gustaría volver a visitarla. Me agradó mucho la visita que hicimos en 2008. Quizá este verano…

El entorno fue la infame cumbre a finales de septiembre de 1938 entre los primeros ministros/cancilleres de Alemania (Hitler (Ulrich Matthes)), Italia (Mussolini), Francia (Daladier) y Reino Unido (Chamberlain (Jeremy Irons)), donde se llegó a los Acuerdos de Múnich, que llevaron a la anexión inicial de los Sudetes por parte de la Alemania nazi y, posteriormente, a la desaparición de la Checoslovaquia como estado independiente. Los checos conocen estos acuerdos como «la traición de Múnich», puesto que Francia y el Reino Unido estaban comprometidos inicialmente en la defensa de su integridad. Formó parte de la política de apaciguamiento que Chamberlain y Daladier llevaron a cabo ante Hitler, pero que no impidió la debacle de la guerra un año más tarde. Y que había estado precedida por cesiones al fascismo como el no menos infame Comité de No intervención, creado para que nadie interviniera en la Guerra Civil española, que no impidió que hubiera combatientes fascistas alemanes e italianos en el bando fascista español, mientras las llamadas «democracias» miraban para otro lado. En esta película se monta una trama ficticia entre dos jóvenes diplomáticos, ingles (George MacKay) y alemán (Jannis Niewöhner), compañeros de estudios en Oxford, extrañados por sus diferencias políticas, y que se acercan para impedir que Hitler se salga con la suya, incluso con la posibilidad de acabar con el dictador.

La película es entretenida, pero sin más consecuencias. Busca dejar en buen lugar la figura de Chamberlain, como algunos historiadores recientes, que abogan por asegurar que la política de apaciguamiento sirvió para llegar a la guerra mejor preparados. No compro la idea. La guerra fue perdida por Alemania por querer abarcar más de lo que podía. Si hubiera afianzado sus conquistas en la Europa continental, y hubiera evitado a la Unión Soviética, con quien había firmado los no menos infames pactos von Ribbentrop-Mólotov, y a los Estados Unidos, aislando al Reino Unido… el final de la contienda hubiese sido menos glorioso para unos británicos incapaces por sí mismos de derrotar a Alemania, tras la debacle de Francia.

Pero la película está correctamente realizada, correctamente interpretada y es lo suficientemente dinámica como para que los suscriptores de Netflix la vean sin problemas y sin arrepentirse, aunque no baste ni de lejos para sumar suscriptores a la plataforma. Pues eso. Si sois suscriptores,… podéis echarle un vistazo sin arrepentiros.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Añoro la luz de principios de diciembre…

Fotografía

Parece mentira lo que cambia la luz en Zaragoza entre diciembre y enero. Lo llevo observando desde hace varios años. Y cuando contemplo las fotografías de los últimos cinco o seis años, también lo noto. La atmósfera es distinta. Aunque enero todavía es invierno, y el sol todavía no se levanta demasiado sobre el horizonte, sin embargo esas semanas de alejamiento sobre el solsticio de diciembre se notan. Y el resultado es que la luz es más dura. Menos agradable para hacer fotos.

El otro día, unos profanos de la fotografía con quienes conversaba se sorprendían. Llevamos bastantes días de temperaturas frías y tiempo despejado y claro. Soleado. Y creían que yo estaría encantado con tanta luz, a la hora de hacer fotos. Y les tuve que explicar que no. Que tanta luz incrementaba el contraste y la dureza de la imagen. Que añoro algo de bruma, nubes que tamicen la luz del sol… la luz de finales de otoño.

En fin. Los datos técnicos de las fotos de hoy, y una reflexión de qué cámara comprar a buen precio para introducirse en la fotografía con película tradicional, los encontraréis en La inestimable eficacia de las réflex de enfoque automático para película tradicional – Canon EOS 650 con Kodak Pro Image 100. Aquí… fotos.

[TV] Cosas de series; la diversidad en la animación japonesa

Televisión

Entre finales de octubre y principios de enero fui siguiendo algunas series de animación de estreno en Netflix, así como recuperando en la misma plataforma alguna otra relativamente antigua que en su momento tuvo bastante éxito y tuve curiosidad por el motivo de ese éxito. Y me encontré con una serie de impresiones contradictorias,… lo cual es frecuente que me pase con la cultura nipona. Entre las cosas que me gustan, a veces muchos, y las cosas que no… o incluso me horrorizan. Pero un tema recurrente en estas series es que tienen un componente pedagógico importante sobre la diversidad… y esa es la parte buena.

Para ilustrar una entrada de producciones japonesas, un paseo por los alrededores de monte Kurama, al norte de Kioto.

Fruits basket [フルーツバスケット, Furūtsu Basuketto] es una serie de 2001 que, como muchas otras está basada en una serie de historietas. Esta serie de historietas fue muy popular y ha dado lugar no a una sino a dos adaptaciones animadas. Narra las aventuras y desventuras de una joven adolescente que ha quedado huérfana que es acogida por una extraña familia de gente,… que son la encarnación de los signos del horóscopo chino, popularizado por toda el Asia oriental. Y con una trama principal a propósito de porqué la rata forma parte de los signos del horóscopo y no el gato. En sus aspectos positivos, la serie trata de la aceptación de los demás, con sus diferencias y particularidades, y no importando sus orígenes o su pasado. En sus aspectos negativos… es patriarcal como no te puedas imaginar. A la chica la acogen en la casa… pero porque les trabaja de chacha a los tres maromos que allí residen, limpiando, haciendo la comida, cuidándoles enfermos… al mismo tiempo que tiene que estudiar en el instituto y trabajar limpiando en un edificio de oficinas para sacar algo de dinero, porque de ellos nada. Y encima ¡está encantada! No sé cómo será la versión más reciente… pero la de hace 20 años combina buenas intenciones y pedagogía con una cierta casposidad.

Komi-san wa, Komyushō desu (古見さんは、コミュ症です; Komi no puede comunicarse) también está basada en una serie de historietas japonesas. Su personaje central es una joven adolescente, atractiva, inteligente, deportista, admirada por todos sus compañeros… pero que padece un trastorno de ansiedad social que le impide comunicarse correctamente con el resto de las personas, incluidos sus compañeros. Hasta que conecta con un compañero de clase, aparentemente anodino, pero que la comprende. Y que será el vínculo para ir adquiriendo otros contactos en su entorno escolar. La serie funciona como una serie de sketchs, entre dos y cuatro por cada episodio de 23 minutos, cómicos en general, al final del cual la joven supera alguna situación o contacta con alguna nueva persona, por lo que es muy dinámica. Y está planteada de tal forma que muestra que no existe una persona diferente y el resto «normales»… sino que todo el mundo tiene sus puntos débiles o sus variantes de carácter más o menos acusadas, más o menos aceptadas socialmente. Y que incluso la chica más popular y con más amigos tiene sus momentos en los que mete la pata y la caga. Es por lo tanto una serie pensada para orientar en la tolerancia y en la diversidad, en la aceptación del prójimo con sus peculiaridades, más allá de los aspectos superficiales que percibimos de los demás, que nos atraen o nos repelen. Es más moderna que la anterior. Aunque con elementos culturales que pueden resultar más o menos marcianos desde el punto de vista occidental. En general, está bastante bien. Y parece que tendrá una segunda temporada. Teniendo en cuenta que su público diana son los niños mayores y los adolescentes más jóvenes, me parece que es recomendable.

La tercera y última serie de hoy tiene un tono algo distinto. Aunque también trata el tema de la diversidad, pero como un elemento secundario. Blue Period (ブルーピリオド, Burū Piriodo – Periodo azul), por supuesto, también está basada en una serie de historietas. Muy prolífica la industria del manga, que suministra material para todo tipo de adaptaciones. Y nos cuenta la historia de un adolescente, popular, fiestero, no mal estudiante, pero desorientado en su vida. Hasta que un encuentro con la obra de una compañera perteneciente al club de arte del instituto hace que le entre el gusanillo de la pintura. Su interés irá progresando hasta el punto que aspirará a superar las difíciles pruebas de ingreso a la Geidai (Universidad Nacional de Bellas Artes de Tokio, un centro muy prestigioso en este ámbito). En el camino se relacionará con un conjunto de jóvenes con su misma meta, pero con personalidades y objetivos muy diversos, y con formas de entender el arte y la expresión artística muy diversa. Creo que esta serie, que no está mal, resume en exceso los posibles contenidos de la historieta original, que no conozco, en los 12 episodios de 23 minutos que dura. Y no consigue profundizar de forma adecuada en los diversos conflictos que presenta, tanto del protagonista como de su entorno.